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Orationes 15
Aristides, Aelius15 229.p1 · spanish-geminiMore by Aristides, Aelius
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Original / primary: Spanish Gemini
229.p1
El discurso no es equitativo entre la ciudad y los demás; pues ellos no podrían mostrar nada tan grande como lo que podrían decir, mientras que nosotros no podríamos decir nada tan grande como lo que está a la vista. Es necesario cumplir con la ley, puesto que también ellos lo ordenan. Sin embargo, hay provecho en esto para la ciudad y casi ningún peligro para quien habla. Pues, cuanto más hermosas parezcan las cosas visibles, tanto más parecerá que lo razonable ha quedado atrás, de modo que, al mismo tiempo, será puesto a prueba y obtendrá el perdón a partir de las pruebas; para la ciudad, en cambio, surge un motivo de orgullo si, siendo tales y tantas las cosas que puede mostrar, no se aferra solo a lo que se ve, sino también a los relatos sobre sus tradiciones. Pues nuestra ciudad no es afortunada desde hace poco, sino desde sus antepasados, y se ha establecido a sí misma en una configuración de colonia y metrópolis; pues es la tercera desde la antigua. Pues, al igual que las estatuas y los discursos elaborados con precisión se establecen por una segunda y una tercera mano, así también es necesario que la ciudad, fundada por una tercera mano, precise su belleza, y ha llegado a ser, en efecto, la más antigua y la más nueva a la vez, renovándose a sí misma, tal como dicen del ave sagrada. La ciudad más antigua, pues, se funda en el Sípilo, donde dicen que están los lechos de los dioses y las danzas de los Curetes en torno a la madre de Zeus. Y era desde el principio tan amada por los dioses que los poetas dicen que los dioses solían banqueteaban allí mezclados con los héroes. Aquella, pues, la reciben las Ninfas, y ahora está sumergida, habiendo quedado bajo el lago, según dicen. La segunda, después de esto, estaba habitada bajo el Sípilo, junto a la escollera de la costa, en medio de la antigua y la actual, la

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