Orationes 29
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Original / primary: Spanish Gemini
363.p1
Cedo a otro, atenienses, la tarea de acusar a Nicias y de decir que ni desde el principio quería zarpar de aquí, y que ahora, o bien exagera las dificultades con sus palabras, o bien, si las cosas son realmente así, él es el único responsable. Pues no es propio de un hombre sensato querer acusar a la ligera a cualquiera de los ciudadanos, y a Nicias, por lo que ya existe, le debemos todos nosotros una mayor parte de benevolencia, si es que actuamos con justicia. Y para que sepáis, atenienses, cuán lejos estoy de la rivalidad o de envidiar al hombre, empezaré por esto. Pues habiendo dos cuestiones sobre las que deliberáis, una y la principal, si es necesario hacer volver al ejército o enviar refuerzos, y la otra, si se debe relevar o no a Nicias del mando, si prevalece la opción de enviar refuerzos, digo que Nicias debe seguir al mando junto con quienes elijáis ahora, y no hacer nada sin él. Pero escuchad por qué no es posible llamar a los que están allí y por qué es necesario enviar a quienes los socorran. Lo primero, atenienses, para el consejo, es abandonar el desánimo actual, considerando que la situación allí no es tan mala para nadie como para nosotros. Pues ni hemos sido derrotados por los enemigos en cuanto a preparativos, ni diríamos que somos inferiores por naturaleza; al contrario, por estas razones el asunto habría tenido un final hace tiempo, y no habría sido peor de lo que cualquiera habría deseado. Pero el hecho de que la empresa no fuera rápida ni que los generales navegaran directamente contra las propias Siracusas,