Orationes 36
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Original / primary: Spanish Gemini
457.p1
Es natural, atenienses, que quienes hablan en favor de los lacedemonios hayan necesitado muchos argumentos, pues resulta que sus asuntos no eran tan sencillos como los de los tebanos, sino que requerían, a mi parecer, de un orador más refinado. Yo, atenienses, soy de los que no juzgaron a los tebanos como amigos antes que todos vosotros, pero veo que en los lacedemonios existe, para justificar la ayuda, el hecho de que no deben guardar rencor, mientras que en los tebanos existe esto mismo y, además, el deber de recordar los beneficios recibidos. De modo que, si hay que dejar de odiar, hace tiempo que hemos dejado de odiar a los tebanos; y si para los lacedemonios es un argumento sólido el que ya no pueden haceros daño, mucho más sólido es para los tebanos el hecho de que, deseando hacer el bien, se han mostrado así desde hace mucho tiempo. Estos, pues, aconsejan no considerar ya enemigos a aquellos, pero yo veo que estos ya son amigos incluso antes de que los llamemos. Y si tanto poder tiene el deponer la enemistad como para teneros inmediatamente como aliados,¿ dónde situaremos el haber tenido antes a los otros, lo cual ahora estos se esfuerzan por conseguir? Y no digo, atenienses, que vosotros debáis gratitud a los tebanos y a los argivos, pues considero que los tebanos os deben mucho más a vosotros, sino que afirmo que esto es coherente y apropiado con lo que habéis hecho unos por otros. Me asombra que alguien tema que los tebanos sean amigos y aliados nuestros por considerarlos poderosos, y que, en cambio, juzgue conveniente ponerse como enemigos y adversarios