Orationes 43
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Original / primary: Spanish Gemini
539.p1
Hombres de Rodas que habéis sobrevivido, no es fácil olvidar lo ocurrido ni tampoco sobrellevarlo con moderación al recordarlo. Pues, no ya para vosotros, que en otro tiempo deseabais habitar Rodas, sino incluso para quienes en absoluto se cuentan entre los helenos,¿ qué mayor calamidad podría haber que la presente, al haberse perdido el ornamento del linaje común? Pero uno se lamentaría sobremanera al considerar que, anteriormente, esto era lo más importante que decir al hablar de la ciudad: que, mientras en otros lugares es posible escuchar relatos y ver algún resto de trofeo, un monumento o una fuente, y el guía muestra entre rasgos tenues:« este es el tálamo de Sémele, este el de Harmonía, o el de Leda, o algo semejante», entre vosotros, en cambio, era posible ver con precisión, no solo oír, qué era la ciudad. Pues todo parecía como si hubiera sido acabado recientemente, de modo que el asunto no se asemejaba a un lamento, sino que causaba asombro y envidia a todos los que lo veían. Al entrar navegando, de inmediato, tantos y tan grandes puertos, con escolleras de piedra que se alzaban hacia el mar, unos recibiendo a los de Jonia, otros a los de Caria, otros a los de Egipto, Chipre y Fenicia, como si cada uno hubiera sido construido para la acogida de una ciudad distinta. Y los astilleros situados sobre los puertos,¡ cuántos y cuáles eran cuando dominabais el mar!, y no menos con el paso del tiempo, ni obligaban a conjeturar dónde habrían estado, sino que, al ser vistos, causaban asombro. De ellos, si alguien observaba los techos desde arriba, los habría comparado con una especie de llanura suspendida. Y, además de esto, era posible ver trirremes de dos y tres órdenes de remos, y hasta de siete y nueve