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Orationes 55
Aristides, Aelius55 1 · spanish-geminiMore by Aristides, Aelius
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Homero, al referirse a la confluencia de los torrentes, dice:« y el pastor escucha desde lejos el estruendo en los montes»; y afirma que, estremecido, conduce a sus ovejas hacia la cueva. Yo, sin embargo, aunque tan alejado de vosotros, al escuchar ahora la llegada del agua y cuánto ornato se ha añadido a la ciudad, no podía permanecer tranquilo de puro placer, sino que profería lo que profería, sentía el cuerpo más ligero y no me faltaba alegría alguna, incluso dos días antes de enterarme; pues quizá no sea malo contároslo, ya que escucharéis con gusto, por gracia del dios que lo preanunció y, al mismo tiempo, por la buena nueva. Una visión de sueños que tuve me mostraba la ciudad como duplicada, habiéndose añadido a ella continuamente un lugar, y habiéndose sumado adornos públicos muy parecidos a los que rodean al dios amigo. Por esto, pues, me alegraba en sueños y, al despertar, lo tomaba como un buen augurio para la ciudad y para mí mismo. Al tercer día de esto, llega un mensaje de uno de mis allegados contándome que, en efecto, toda Asia celebra con vosotros la fortuna, buena en todos los aspectos. Pues el agua es, en cantidad, la más abundante y, en belleza, la más hermosa de cuantas han obtenido las ciudades. Celebraba, pues, no solo un día primaveral, sino uno como es natural celebrar ante la buena nueva de Zeus y de Asclepio, el salvador, honrado en todas partes. Y me congratulaba con la ciudad por lo que se le había añadido, y conmigo mismo por haber sido digno de escucharlo de antemano, pues es evidente que a nadie le incumbe tanto como a mí lo que es de la ciudad. Después de esto, reflexionaba que, si bien el alegrarse es común a todos, hombres, niños y mujeres, dado que la visión procuraba el placer, adornar con el discurso el don de las Ninfas sería, tal vez, tarea de alguien que se haya dedicado al Peán y a las tareas propias de la palabra. Recordaba a los poetas, que siempre asocian de algún modo a las Ninfas y a las Musas. Y a Hermes, a quien siempre llaman guía de las Ninfas; y, a su vez, a Apolo, guía de las Musas; y este mismo dios vuestro tenía el apelativo de« de bellos hijos», a causa de su padre. Por todas partes, pues, parecía apropiado y no inoportuno mezclar con la gracia de las Ninfas la que proviene de la música. Pues a todos los dioses que he mencionado les correspondería actuar. Desde el principio, al parecer, se otorgaron las cosas más bellas a la ciudad, tanto por parte de los dioses como de los hombres. Se dice que los más antiguos de los seres divinos aquí fueron los Cabiros, y existen para ellos ritos y misterios que se cree tienen tal fuerza que, ante tormentas extraordinarias...

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