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On Virtues and Vices
Aristotle (aristotle)Vice 1249 · spanish-geminiMore by Aristotle (aristotle)
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Original / primary: Spanish Gemini
1249
Lo noble es digno de alabanza, mientras que lo vergonzoso es digno de reproche. Las virtudes presiden lo noble, y los vicios lo vergonzoso. Son dignas de alabanza tanto las causas de las virtudes como lo que acompaña a las virtudes, lo que surge de ellas y sus obras; lo contrario, en cambio, es digno de reproche. Al considerar el alma como tripartita según Platón, la virtud de la parte racional es la prudencia; la de la parte irascible, la mansedumbre y la valentía; la de la parte concupiscible, la templanza y la continencia; y la de toda el alma, la justicia, la liberalidad y la magnanimidad. El vicio de la parte racional es la insensatez; el de la parte irascible, la irascibilidad y la cobardía; el de la parte concupiscible, el desenfreno y la incontinencia; y el de toda el alma, la injusticia, la iliberalidad y la pusilanimidad. La prudencia es la virtud de la parte racional, preparatoria de lo que contribuye a la felicidad. La mansedumbre es la virtud de la parte irascible, mediante la cual se vuelven difíciles de mover por la ira. La valentía es la virtud de la parte irascible, mediante la cual son difíciles de asustar ante los temores relacionados con la muerte. La templanza es la virtud de la parte concupiscible, mediante la cual se vuelven indiferentes a los goces de los placeres viles. La continencia es la virtud de la parte concupiscible, mediante la cual retienen con el razonamiento el deseo que se lanza hacia los placeres viles. La justicia es la virtud del alma que distribuye según el mérito. La liberalidad es la virtud del alma que gasta generosamente en lo noble. La magnanimidad es la virtud del alma mediante la cual uno es capaz de soportar la buena y la mala fortuna, así como el honor y el deshonor. La insensatez es el vicio de la parte racional, causa de vivir mal. La irascibilidad es el vicio de la parte irascible, mediante la cual se vuelven fáciles de mover hacia la ira. La cobardía es el vicio de la parte irascible, mediante la cual se asustan ante los temores, y especialmente ante los relacionados con la muerte. El desenfreno es el vicio de la parte concupiscible, mediante el cual eligen los placeres viles. Sobre la incontinencia no hay nada; pero tú puedes definirla así: la incontinencia es el vicio de la parte concupiscible, mediante la cual arrastran con la irracionalidad el deseo que empuja hacia los goces de los placeres viles. La injusticia es el vicio del alma mediante el cual se vuelven codiciosos más allá del mérito. La iliberalidad es el vicio del alma mediante el cual codician la ganancia de cualquier parte. La pusilanimidad es el vicio del alma mediante el cual son incapaces de soportar la buena y la mala fortuna, así como el honor y el deshonor. De la prudencia es deliberar, juzgar lo bueno y lo malo y todo lo elegible y evitable en la vida, usar bien todos los bienes existentes, tratar correctamente, comprender las ocasiones, usar con agudeza tanto la palabra como la obra, y tener experiencia de todas las cosas útiles. La memoria, la experiencia y la agudeza mental provienen de la prudencia o acompañan a la prudencia; o bien algunas de ellas son como causas conjuntas de la prudencia, como la experiencia y la memoria, y otras son como partes de ella, como la buena deliberación y la agudeza mental. De la mansedumbre es ser capaz de soportar moderadamente las ofensas y los desprecios, no lanzarse rápidamente a las venganzas, no ser fácil de mover hacia la ira, ser de carácter no amargo y no contencioso, manteniendo la calma y la estabilidad en el alma. De la valentía es ser difícil de asustar ante los temores relacionados con la muerte, ser valeroso en los peligros, ser audaz ante los riesgos, preferir morir noblemente a salvarse vergonzosamente, y ser causa de victoria. Además, de la valentía es también esforzarse, resistir y elegir actuar con nobleza. A la valentía la acompañan la audacia, el buen ánimo, la confianza, la intrepidez, y además la laboriosidad y la resistencia. De la templanza es no admirar los goces de los placeres corporales, ser indiferente a todo goce de placer vergonzoso, temer incluso el justo descanso, y estar ordenado en la vida tanto en lo pequeño como en lo grande. A la templanza la acompañan el orden, la decencia, el pudor y la cautela. De la continencia es ser capaz de contener con el razonamiento el deseo que se lanza hacia goces y placeres viles, resistir y ser paciente ante la carencia y el dolor naturales. De la justicia es ser distributivo según el mérito, preservar las costumbres patrias y las leyes, preservar las leyes escritas, decir la verdad en lo que importa y mantener los acuerdos. La primera de las justicias es hacia los dioses, luego hacia los demonios, luego hacia la patria y los padres, luego hacia los difuntos; en esto consiste la piedad, ya sea como parte de la justicia o como algo que la acompaña. A la justicia la siguen la santidad, la verdad, la lealtad y el odio al mal. De la liberalidad es ser pródigo en dinero para lo digno de alabanza, ser espléndido en lo que debe gastarse en lo necesario, ser servicial en lo que importa y no recibir de donde no se debe. El hombre liberal es limpio en el vestir y en la vivienda, constructor de cosas superfluas, nobles y que proporcionan una vida agradable sin necesidad de utilidad, y criador de animales que tienen algo propio o admirable. A la liberalidad la acompañan la afabilidad de carácter, la docilidad, la filantropía, ser compasivo, amante de los amigos, hospitalario y amante de lo noble. De la magnanimidad es soportar noblemente tanto la buena como la mala fortuna, el honor y el deshonor, y no admirar ni el lujo, ni el servicio, ni el poder, ni las victorias en los certámenes, sino tener cierta profundidad y grandeza de alma. El magnánimo no es quien valora mucho la vida ni quien es amante de la vida. Es sencillo de carácter y noble, capaz de ser agraviado y no vengativo. A la magnanimidad la acompañan la sencillez y la verdad. De la insensatez es juzgar mal las cosas, deliberar mal, tratar mal, usar mal los bienes presentes, opinar falsamente sobre lo noble y bueno en la vida. A la insensatez la acompañan la inexperiencia, la ignorancia, la incontinencia, la torpeza y el olvido. De la irascibilidad hay tres tipos: la irascibilidad súbita, la amargura y la pesadez de carácter. Del irascible es no ser capaz de soportar ni los pequeños desprecios ni las disminuciones, ser castigador y vengativo, y fácil de mover hacia la ira tanto por una acción como por una palabra cualquiera. A la irascibilidad la acompañan el carácter irritable y voluble, la amargura al hablar, entristecerse por pequeñeces, y sufrir esto rápidamente y en poco tiempo. De la cobardía es ser fácil de mover por los temores fortuitos, y especialmente por los relacionados con la muerte y las mutilaciones corporales, y suponer que es mejor salvarse de cualquier modo que morir noblemente. A la cobardía la acompañan la blandura, la falta de hombría, la falta de esfuerzo y el apego a la vida. Subyace cierta cautela y la falta de contención del carácter. Del desenfreno es elegir los goces de los placeres dañinos y vergonzosos, suponer que son más felices quienes están en tales placeres, ser amante de la risa, amante de las burlas y amante de la broma, y ser frívolo en las palabras y en las obras. Al desenfreno lo acompañan el desorden, la desvergüenza, la falta de decoro, el lujo, la pereza, el descuido, el desprecio y la laxitud. De la incontinencia es elegir los goces de los placeres cuando el razonamiento lo impide, suponer que es mejor no participar de ellos pero participar no obstante, y pensar que se debe hacer lo noble y lo conveniente, pero apartarse de ello debido a los placeres. A la incontinencia la acompañan la blandura, el arrepentimiento y la mayoría de las mismas cosas que al desenfreno. De la injusticia hay tres tipos: la impiedad, la codicia y la insolencia. La impiedad es la falta de respeto hacia los dioses, hacia los demonios, hacia los difuntos, hacia los padres y hacia la patria; la codicia es en los contratos, eligiendo lo que importa más allá del mérito; la insolencia es mediante la cual se procuran placeres para sí mismos, llevando a otros al oprobio, de donde Eveno dice sobre ella:' que ganando nada, sin embargo, comete injusticia'. De la injusticia es transgredir las costumbres patrias y las leyes, desobedecer las leyes y a los gobernantes, mentir, perjurar, transgredir los acuerdos y la lealtad. A la injusticia la acompañan la calumnia, la arrogancia, la filantropía fingida, la malicia y la astucia. De la iliberalidad hay tres tipos: la ganancia deshonesta, la tacañería y la mezquindad. La ganancia deshonesta es mediante la cual buscan ganar de todas partes y valoran más la ganancia que la vergüenza; la tacañería es mediante la cual se vuelven no gastadores de dinero en lo necesario; la mezquindad es mediante la cual gastan, pero poco y mal, y se perjudican más por no hacer lo que importa en el momento oportuno. De la iliberalidad es valorar el dinero por encima de todo, no considerar ninguna vergüenza en quienes obtienen la ganancia, una vida servil, esclava y sucia, ajena a la ambición y a la libertad. A la iliberalidad la acompañan la mezquindad, la pesadez de carácter y la pusilanimidad, la humildad, la falta de medida, la falta de nobleza y la misantropía. De la pusilanimidad es no ser capaz de soportar ni el honor ni el deshonor, ni la buena ni la mala fortuna, sino que, al ser honrado, se hincha, al tener una pequeña buena fortuna se retira, no es capaz de soportar ni el más mínimo deshonor, juzga el fracaso como una gran desgracia y desdicha, y se lamenta y se aflige por todo. Además, tal es el pusilánime que llama a todos los desprecios insolencia y deshonor, incluso los que ocurren por ignorancia u olvido. A la pusilanimidad la acompañan la mezquindad, la queja, la desconfianza y la humildad. En general, de la virtud es hacer que la disposición del alma sea excelente, usando movimientos tranquilos y ordenados, concordando en todas sus partes; por eso también parece que la excelente disposición del alma es un ejemplo de una buena constitución política. De la virtud es también hacer el bien a los merecedores, amar a los buenos, y no ser ni castigador ni vengativo, sino clemente, benévolo y comprensivo. A la virtud la acompañan la bondad, la equidad, la gratitud y la buena esperanza. Además, también cosas como ser amante de la casa y amante de los amigos, amante de los compañeros, hospitalario, filántropo y amante de lo noble; todas las cuales son de las cosas alabadas. De la maldad son las contrarias.

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