Original: 11301 Instru3
Instructio Primo studeat, quantum potest, se vilissimum reputare et indignum beneficio Dei. Ipse sibi displiceat. Soli Deo placere cupiat. Ab aliis velit vilis et non humilis reputari: et cum sit vilis ex se, Dei clementiam recognoscat, quod tam vilem hominem, et quasi promptum ad omne malum et tardum ad omne bonum dignatur sibi in servum assumere, et quod majus est, in filium adoptare. Non ergo reputes magnum, quod Deo servis: sed maximum reputa, quod ipse dignatur te in servum assumere sibi. Secundo, ut de nihilo nisi de peccato, et ad peccatum inducente, et a bono retrahente doleat; imo de qualicunque tribulatione, injuria et afflictione gaudeat. Instantissime inimicos diligat, et specialem orationem pro eis faciat. Deinde Deo copiosas laudes referat de eo, et ad regratiandum de tanto beneficio insufficientem se recognoscat; quia quem Deus diligit, corripit et flagellat. Ipsae enim tribulationes ad Deum nos ire compellunt. Tertio, ut de temporalibus nihil nisi stricte 797 propter necessitatem suam requirat, aut quocunque modo appetat, sed Christo domino in omni dejectione corporalis consolationis se corformari studeat: et hoc debet maximum reputare, quia Rex regum et Dominus dominantium Christus sic vilem servum suis ornamentis non dedignatur induere, et sibi lutum foedum assimilare. Ideoque quanto videt se ditiorem, et in pluribus corporis consolationibus abundare, tanto debet profundius et intimius contristari, cernens se eo magis a Christi similitudine elongatum. Quarto, ut in his quae indifferenter bona aut mala sunt, alterius potius, quam suam adimplere studeat voluntatem: imo semper in exterioribus actibus se sibi studeat abnegare; aliorum beneplacita affectans, cum omni vigilantia omne licitum adimplere. Et sic circa omnes, maxime tamen circa suos superiores, studeat id ipsum observare. Quinto, ut nullum quantumcunque miserum despiciat: sed erga omnes materno moveatur affectu; ut sic omnibus compatiatur intime, sicut compateretur mater unico filio suo. Omnes eorum miserias reputet esse suas, et sicut sibimetipsi, si tamen possit, subveniat. Omnes etiam pauperes ut patronos revereri debet; quia ipsi sunt qui alios recipiunt in aeterna tabernacula. Sextum est, ut nullum judicet de peccato, cum ignoret quid in anima divina operetur miseratio. Sed si aliquem per signa manifesta conjectarit esse peccatorem, prius de peccato illius doleat, ac si proprio corpori mors immineret. Recogitet quod pretiosior est anima quae sic lethaliter vulneratur, quam omnia corpora totius universi per se considerata. Et sicut corpus meum a morte, sic, imo multo magis deberem proximum cum omni diligentia custodire, et a peccato retrahere oratione, exhortatione, exemplo. Septimum est, ut bonum proximi diligat sicut suum: et sicut mater bonis filiis jucundatur, sic ipse in bonis omnium jucundari debet, et maxime de his quae spiritualia sunt, et ad spiritualia inductiva. Et sicut sua, aliorum bona procuret, et procurata studeat promovere: et semper plura bona de proximo credat, quam possit ipse intueri. Octavum est, ut nihil praeter Deum diligat: ut in omnibus solus Deus sincere sine socio diligatur. Nec eum alliciat quantacunque sanctitas alicujus, aut beneficiorum immensitas, aut aliquem diligat amore singulari, sed amore omnium, scilicet charitate in Deum omnes referens: magis alioquin diligat meliorem. Potest tamen beneficia pro beneficiis rependere, et pro ipsis beneficiis orationes Deo offerre. Nonum est, ut quisquis quibuscunque negotiis implicetur, Deum in corde memoriter studeat habere: et semper honorem Dei omnibus anteponat. Sed adhuc praecipue nitatur, ut sic semper Deum praesentem intelligat, ac si ipsum qui praesens est, in sua essentia videret: sicque eum timeat et revereatur, et intenso amore in eum feratur, eoque pro ut potest in via fruatur, et in ipso non in alio requiescat. Decimum est, ut si praedicta assequi possit, esse haec Dei beneficia recognoscat. Debet etiam caeterorum beneficiorum secundum poterit reminisci. Primo, quia sua eum signavit imagine. Secundo, quod naturam ejus assumpsit, et pro ipso Deus mori dignatus est. Tertio, quod se praebet in cibum, et in futuro se praebebit in praemium. Et quia nondum assecutus est in praemium, in via tamen aspiciat eum in patibulo; sicque illi compatiatur, ac si omnia vulnera Christi in suo corpore sustineret: et de hoc praecipue debet dolere, quia tot videt frustrari beneficio hoc immenso.
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En primer lugar, que se esfuerce, tanto como pueda, en considerarse a sí mismo como el más vil e indigno del beneficio de Dios. Que se desagrade a sí mismo. Que desee agradar solo a Dios. Que quiera ser considerado por los demás como vil y no como humilde: y, siendo vil por sí mismo, que reconozca la clemencia de Dios, porque se digna tomar a un hombre tan vil, y casi pronto para todo mal y lento para todo bien, como su siervo, y, lo que es más, adoptarlo como hijo. No consideres, pues, gran cosa que sirvas a Dios: sino considera como lo máximo que Él mismo se digne tomarte como siervo para sí. En segundo lugar, que no se duela de nada sino del pecado, de lo que induce al pecado y de lo que aparta del bien; es más, que se alegre de cualquier tribulación, injuria y aflicción. Que ame con la mayor insistencia a sus enemigos y haga una oración especial por ellos. Luego, que dirija a Dios abundantes alabanzas por ello, y que se reconozca insuficiente para agradecer un beneficio tan grande; porque a quien Dios ama, lo corrige y lo azota. Pues las mismas tribulaciones nos obligan a ir hacia Dios. En tercero, que no requiera nada de las cosas temporales, ni las desee de ninguna manera, sino estrictamente por su propia necesidad, sino que se esfuerce en conformarse a Cristo Señor en toda privación de consuelo corporal: y esto debe considerarlo como lo máximo, porque Cristo, Rey de reyes y Señor de los señores, no se desdeña de vestir a un siervo tan vil con sus ornamentos y de asimilarse a sí mismo a un lodo inmundo. Y por eso, cuanto más se vea más rico y más abundante en consuelos corporales, tanto más profunda e íntimamente debe entristecerse, al ver que está más alejado de la semejanza de Cristo. En cuarto lugar, que en aquellas cosas que son indiferentemente buenas o malas, se esfuerce en cumplir la voluntad de otro antes que la suya: es más, que siempre en los actos exteriores se esfuerce en negarse a sí mismo; buscando los deseos de los demás, cumpliendo con toda vigilancia todo lo lícito. Y así, respecto a todos, pero especialmente respecto a sus superiores, que se esfuerce en observar lo mismo. En quinto lugar, que no desprecie a nadie, por miserable que sea: sino que se mueva hacia todos con afecto materno; para que así se compadezca íntimamente de todos, como una madre se compadecería de su único hijo. Que considere que todas sus miserias son suyas y que, si puede, les socorra como a sí mismo. También debe venerar a todos los pobres como a patronos; porque ellos son quienes reciben a los demás en las moradas eternas. Lo sexto es que no juzgue a nadie por su pecado, ya que ignora lo que la misericordia divina obra en el alma. Pero si conjeturara que alguien es pecador por signos manifiestos, que primero se duela de su pecado, como si la muerte fuera inminente para su propio cuerpo. Que reflexione que el alma que es herida tan mortalmente es más preciosa que todos los cuerpos del universo entero considerados por sí mismos. Y así como debería proteger a mi cuerpo de la muerte, así, y mucho más, debería proteger al prójimo con toda diligencia y apartarlo del pecado mediante la oración, la exhortación y el ejemplo. Lo séptimo es que ame el bien del prójimo como el suyo propio: y así como una madre se alegra de los bienes de sus hijos, así él debe alegrarse de los bienes de todos, y especialmente de aquellos que son espirituales y que inducen a las cosas espirituales. Y así como procura los suyos, que procure los bienes de los demás y se esfuerce en promover los que ya han sido procurados: y que siempre crea que hay más bienes en el prójimo de los que él mismo puede ver. Lo octavo es que no ame nada fuera de Dios: para que en todas las cosas solo Dios sea amado sinceramente sin compañero. Ni que le atraiga la santidad de nadie, por grande que sea, o la inmensidad de los beneficios, ni que ame a alguien con amor singular, sino con el amor de todos, es decir, refiriendo a todos a Dios mediante la caridad: de lo contrario, que ame más al mejor. Sin embargo, puede devolver beneficios por beneficios y ofrecer oraciones a Dios por esos mismos beneficios. Lo noveno es que, quienquiera que esté implicado en cualquier negocio, se esfuerce en tener a Dios en su corazón de manera constante: y que siempre anteponga el honor de Dios a todas las cosas. Pero que se esfuerce aún más, especialmente, en entender a Dios siempre presente, como si viera en su esencia a Aquel que está presente: y así que le tema y le venere, y sea llevado hacia Él con amor intenso, y disfrute de Él en el camino tanto como pueda, y descanse en Él y no en otro. Lo décimo es que, si puede alcanzar lo dicho, reconozca que estos son beneficios de Dios. Debe también recordar los otros beneficios tanto como pueda. Primero, porque lo marcó con su imagen. Segundo, que asumió su naturaleza y que Dios se dignó morir por él. Tercero, que se ofrece a sí mismo como alimento y en el futuro se ofrecerá como premio. Y porque aún no lo ha alcanzado como premio, que lo mire en el camino en el patíbulo; y así que se compadezca de Él, como si soportara todas las heridas de Cristo en su propio cuerpo: y de esto debe dolerse especialmente, porque ve a tantos frustrarse por este beneficio inmenso.