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Original: 7744 Testim13

Testimonia Quamvis non idem fuerit saeculorum, quae a Boetio ad nos usque fluxerunt, in litteras amor, saepiusque idcirco interrupta fuerit virorum litteratorum memoria, singulari tamen Dei privilegio factum, ut sua sint quibuslibet his saeculis de meritis Boetii testimonia. Praecipua seligemus.

Spanish Gemini
1
Testimonios
1
Aunque el amor por las letras no haya sido el mismo en los siglos que han transcurrido desde Boecio hasta nosotros, y por ello la memoria de los hombres de letras se haya visto interrumpida con frecuencia, ha sido, sin embargo, por un privilegio singular de Dios que existan testimonios de los méritos de Boecio en cada uno de estos siglos. Seleccionaremos los principales.
2
SIGLO V, ES DECIR, DESDE EL NACIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE BOECIO HASTA EL AÑO 500 DE CRISTO.
2
Prisciano el Gramático, natural de Cesarea, hombre versadísimo no solo en gramática y retórica, sino también en filosofía y matemáticas, dice en su libro De ponderibus et mensuris: Boecio alcanzó la cumbre de la probidad y de todas las ciencias.
3.1
SIGLO VI, ES DECIR, DESDE EL AÑO 500 HASTA EL 600.
3.1
Enodio, o como algunos leen, Evodio, obispo de Pavía, hombre ilustrísimo tanto por su oratoria estricta como por la suelta, en el libro séptimo de sus epístolas, en la decimotercera dirigida a Boecio, dice: Tú, el más irreprochable de los hombres a mis ojos, te dignas alabar las virtudes de quien, en sus años infantiles, sin perjuicio de su edad, la laboriosidad hizo antiguo: tú, que mediante la diligencia colmas todo lo que se requiere; para quien, entre los albores de la vida, el juego es la asiduidad en la lectura, y las delicias, el sudor ajeno. En cuyas manos brilla con doble fuego la antorcha con la que resplandecieron los antiguos. Pues lo que apenas alcanzó a los mayores hacia el final de su vida, a ti te abunda en el umbral.
3.2
Del mismo obispo, en el libro octavo de las epístolas, primera epístola al mismo Boecio tras haber sido nombrado cónsul. Lleno de la mejor esperanza, dice, hacia aquel a quien deseo favorecer, aspiro al cuidado del oficio epistolar. Pues conviene que vuestras fasces sean honradas con este prefacio; y entre las púrpuras que crecen con la luz del poseedor, no abstenerse de cualquier coloquio.¿ Acaso el amor solo se reconoce por los beneficios de la doctrina, y no se debe creer que es lícito que salgan a la luz los deseos de quien vive en el campo? Los votos se conocen más sencillamente cuando no están velados por ningún prestigio de pericia. Por tanto, somos con esta boca lo que somos con el corazón. No podemos cambiar la amargura de las entrañas con discursos halagadores. Es un laudador honesto aquel a quien la mente sugiere lo que debe decirse en la composición de un halago. Gracias, pues, a Dios todopoderoso, que en vosotros, mientras custodia los antiguos bienes de vuestra familia, multiplica los nuevos; y, lo que es más, por la cima de la dignidad, hace que seáis dignos de las cumbres. Esta gloria se devuelve ciertamente a vuestro origen, pero lo que es más claro, por el mérito que obtiene la persona. Fue costumbre de los antiguos comprar la altura de la silla curul con el sudor del campo, y resplandecer con la luz de los honores mediante el desprecio de la luz; pero se busca otro género de virtud, después de que Roma se convirtió en el premio de los vencedores. Nuestro candidato, tras una manifiesta contienda, obtiene el debido triunfo sin haber visto jamás las guerras. Exige los laureles por juicio, y no consideró necesario enfrentarse a los armados. Brilló entre las espadas de Cicerón y de Demóstenes, y reunió los agudos propósitos de ambos, como si hubiera nacido en la misma paz de las artes. Nadie tema la disonancia entre la perfección ática y la romana; ni dude que los bienes principales de las naciones pueden unirse en sociedad. Eres el único que abarca ambos, y lo que distribuido individualmente podía ser suficiente, tú, ávido poseedor de las cosas más grandes, lo incluyes. Al imitar la elocuencia de los antiguos, la superas. Concedes la forma de hablar a los más doctos, mientras la buscas. Está en mi poder la venerable composición de vuestra epístola, que da fe de este asunto.¡ Ojalá las que enviáis fueran tan frecuentes como dulces! Quizás se diga: era justo alabar a un pariente que trabaja por el aumento común: porque no es propio lo que parece conferirse de manera singular. Ciertamente me llega una porción de la curul; pero si me lo permitís, me siento más erguido por el genio y los estudios del que ha sido sublimado. A veces estas cosas llegaron por azar, aquellas otras solo le ocurrieron a la virtud. Casi indigente es llevado al bastón del sufragio consular quien solo se gloría de sus padres. Tú tienes ambos en tu peculio: la ciencia latina y la vena de las púrpuras.
4.1
II.
4.1
Casiodoro, quien unió la inteligencia de lo sagrado con el conocimiento de lo profano, ambas con suma santidad, en nombre del rey Teodorico, de quien era canciller, envió muchas epístolas a Boecio. Una es la cuadragésima quinta del libro primero de las epístolas de Casiodoro, y se expresa así:
4.2
Teodorico rey a Boecio, varón ilustre y patricio:
4.3
No deben despreciarse las cosas que, por motivo de presunción, son solicitadas por reyes vecinos, puesto que a menudo las cosas pequeñas prevalecen más al ofrecerse que lo que pueden obtener las grandes riquezas. Frecuentemente, lo que las armas no pueden lograr, lo imponen los deleites de la suavidad. Que sea, pues, por la república, incluso cuando parezca que jugamos. Pues buscamos cosas voluptuosas para, a través de ellas, completar las serias. Por tanto, el señor de los burgundios nos ha pedido encarecidamente que le enviáramos un reloj, que se regula mediante aguas que fluyen bajo una medida, y que se distingue por la iluminación captada del inmenso sol, junto con los maestros de tales cosas. Para que, disfrutando de las delicias obtenidas, lo que para nosotros es cotidiano, a ellos les parezca un milagro. Con razón, si es que desean contemplar lo que les deja atónitos por los relatos de sus legados. Hemos aprendido que tú, nutrido de mucha erudición, conoces esto de tal manera que has bebido en la misma fuente de las disciplinas las artes que otros ejercen vulgarmente sin conocerlas. Pues así entraste, estando lejos, en las escuelas de los atenienses; así mezclaste la toga con los coros de los que visten el palio, de modo que hiciste que los dogmas de los griegos fueran doctrina romana. Aprendiste con qué profundidad se piensa lo especulativo con sus partes; con qué razón se aprende lo activo con su división; llevando a los senadores de Rómulo todo lo que los descendientes de Cécrope habían hecho singular en el mundo. Pues gracias a tus traducciones, Pitágoras el músico y Ptolomeo el astrónomo son leídos por los italianos. Nicómaco el aritmético y Euclides el geómetra son escuchados por los ausonios. Platón el teólogo y Aristóteles el lógico discuten con voz quirinal; incluso has devuelto a los latinos al mecánico Arquímedes de Sicilia. Y todas las disciplinas o artes que la fecunda Grecia produjo a través de hombres individuales, Roma las recibió en su propia lengua gracias a ti como único autor. A quienes hiciste claros con tanta elocuencia de palabras, conspicuos con tanta propiedad de lengua, que ellos mismos habrían podido preferir tu obra si hubieran aprendido ambas. Tú entraste en el arte mencionado, nacido de las nobles disciplinas, a través de las cuatro puertas de la Mathesis. Tú, con la luz del corazón, conociste ese arte que reside en las profundidades de la naturaleza, invitándote los libros de los autores: a quien el uso de conocer milagros arduos, el propósito de mostrar, se esfuerza por demostrar lo que asombra a los hombres que ha sucedido: y de manera maravillosa, al cambiar las naturalezas, resta fe a los hechos, cuando muestra la visión ante los ojos. Hace que las aguas que surgen desde el fondo caigan precipitadas, que el fuego corra por pesos, que los órganos suenen con voces roncas; y llena las cañas con soplos extraños para que puedan cantar con arte musical. Vemos a través de ella las defensas de ciudades que ya vacilaban surgir de repente con tal firmeza que, con la ayuda de las máquinas, se vuelve superior quien se encuentra desesperado por sus fuerzas. Las fábricas húmedas se secan en el agua marina; las cosas duras se disuelven con ingeniosa disposición; los metales mugen: las grullas de Diomedes trompetean en el bronce: la serpiente de bronce silba: las aves simuladas gorjean; y las que no conocen voz propia, demuestran emitir dulzura de melodía desde el aire. Referimos poco de aquello a lo que le es lícito imitar al cielo: pues esto hizo correr al sol en la esfera de Arquímedes: esto fabricó otro círculo zodiacal con consejo humano. Esto mostró a la luna, reparable en su defecto, con la iluminación del arte: y una pequeña máquina, preñada del mundo, un cielo transportable, compendio de las cosas, espejo de la naturaleza, la hizo girar con incomprensible movilidad a semejanza del éter. Así, los astros, cuyo curso aunque conozcamos, sin embargo, con ojos que fallan, no veremos salir. Hay un tránsito en ellos que permanece: y lo que por verdadera razón conoces que corre velozmente, no ves que se mueva.¿ Qué es esto, que el hombre pueda hacer incluso lo que ha podido entender que es maravilloso? Por tanto, como os adorna la loable noticia de tales cosas, enviadnos relojes, a expensas públicas, sin gasto vuestro. Que el primero sea aquel donde el estilo, índice del día, acostumbra a mostrar las horas mediante una sombra exigua. Por tanto, un radio inmóvil y pequeño, realizando lo que recorre tan maravillosa magnitud del sol, iguala la huida del sol, lo cual siempre ignora el movimiento. Los astros envidiarían tales cosas si sintieran, y quizás desviarían su curso para no estar sujetos a tal burla.¿ Dónde está ese milagro singular de las horas que vienen de la luz, si esto también lo demuestra la sombra?¿ Dónde la loable rotación infatigable, si esto también lo realizan los metales, que se contienen en situación perpetua? Oh virtud del arte inestimable, que mientras dice jugar, prevalece en divulgar los secretos de la naturaleza. Que el segundo sea donde, más allá de los rayos del sol, se distingue la hora, dividiendo las noches en partes: lo cual, para no deber nada a los astros, convierte la razón del cielo más bien a los flujos de las aguas: cuyos movimientos muestra lo que se mueve en el cielo: y el arte, concebido con audaz presunción, confiere a los elementos lo que la condición del origen negó, todo el trabajo de los prudentes de toda disciplina busca la potencia de la naturaleza para que al menos puedan conocerla. Solo el mecanismo es lo que busca imitarla a partir de los contrarios: y si es lícito decirlo, en algunas cosas incluso se esfuerza por querer superar. Pues esto es lo que se reconoce que hizo volar a Dédalo. Esto, que el Cupido de hierro cuelgue en el templo de Diana sin ninguna atadura. Esto hace hoy que los mudos canten, que los insensibles vivan, que los inmóviles se muevan. El mecánico, si es lícito decirlo, es casi socio de la naturaleza: desvelando lo oculto, convirtiendo lo manifiesto, jugando con milagros; simulando tan bellamente que lo que no se duda que es compuesto, se estima como verdad. Como hemos comprobado que has leído esto con más estudio, te apresurarás a enviarnos los relojes mencionados cuanto antes. Para que te hagas conocido en aquella parte del mundo donde no podías llegar de otra manera. Que las naciones extranjeras reconozcan a través de ti que tenemos nobles tales como los que se leen en los autores.¿ Cuántas veces no creerán quienes lo vean?¿ Cuántas veces pensarán que esta verdad son sueños lúdicos? y cuando se hayan convertido del estupor, no se atreverán a decirse iguales a nosotros, entre quienes saben que los sabios han pensado tales cosas.
4.4
La otra epístola del mismo Casiodoro es la cuadragésima del libro segundo, que se presenta así:
4.5
Teodorico rey a Boecio patricio.
4.6
Como el rey de los francos, atraído por la fama de nuestro banquete, nos había pedido con grandes ruegos un citaredo, prometimos cumplirlo por la única razón de que sabíamos que tú eres experto en la erudición musical. Pues os corresponde a vosotros elegir al docto que pudo alcanzar la disciplina misma colocada en lo arduo.¿ Qué hay más excelente que aquello que modula la máquina del cielo con sonora dulzura, y comprende la conveniencia de la naturaleza dispersa por todas partes gracias a su propia virtud? Y poco después: Pero puesto que hemos hecho una digresión voluptuosa( porque siempre es grato hablar de doctrina con los expertos), que vuestra sabiduría elija en este tiempo al mejor citaredo, aquel que hemos dicho que nos fue pedido, para que haga algo de Orfeo, cuando con dulce sonido amansó los corazones feroces de los gentiles. Y cuantas gracias nos sean dadas, otras tantas os serán referidas a vosotros por nuestra equitativa compensación, que obedecéis a nuestro imperio y hacéis lo que puede clarificaros.
4.7
El mismo Casiodoro, al final del libro de la Dialéctica, habla así sobre el mismo Boecio: Hemos juzgado competente, dice, recapitular brevemente por cuyo trabajo llegaron estas cosas al Lacio, para que no perezca su gloria para los autores y para que a nosotros se nos dé a conocer plenamente la verdad del asunto. El patricio Boecio tradujo la Isagoge, dejando sus comentarios gemelos. El mismo patricio Boecio tradujo las Categorías, cuyos comentarios él mismo formó también en tres libros: el mencionado patricio Boecio tradujo al latín el Peri hermeneias, cuyos comentarios trató él mismo por duplicado con una disputa muy minuciosa... El mencionado patricio Boecio trató con mucha claridad sobre los silogismos hipotéticos, etc.
5.1
III.
5.1
Procopio, cesariense de Palestina, retórico y sofista, entre sus diversas historias escribió tres libros sobre la Guerra de los Godos, en cuyo primero, lo que dijo en griego sobre Boecio, se traduce así al latín:
5.2
Símaco y su yerno Boecio, patricios, de alta sangre de antepasados, fueron príncipes del senado romano y cónsules; habían estudiado filosofía y equidad por encima de los demás mortales, y ayudaron con sus riquezas a muchos necesitados, tanto romanos como extranjeros. Estos, elevados a una gloria inmensa, incitaron a los peores contra sí por envidia: persuadido por estos delatores, el rey Teodorico mató a hombres ilustrísimos como si estuvieran tramando cosas nuevas, y confiscó todos sus bienes. Pero pocos días después, cuando sus servidores le habían servido la cabeza de un pez enorme mientras cenaba, a Teodorico le pareció que aquella era la cabeza de Símaco, recientemente asesinado, con los dientes clavados en el labio inferior, y con los ojos mirando torva y furiosamente, parecía amenazarle mucho. De donde, aterrorizado por la novedad del prodigio, y temblando y horrorizándose sus miembros más de lo debido, se retiró a su lecho con paso apresurado y, ordenando repetidamente que se le aplicara una gran cantidad de togas, descansó un poco. Luego, habiendo explicado todo al médico Elpedio tal como había sucedido, lloraba el crimen cometido por él contra Símaco y Boecio: finalmente, deplorado esto, afectado por un dolor inmenso por la calamidad recibida, muere poco después: habiendo ejercido este primer y último ejemplo de injuria contra sus súbditos, porque no había juzgado a tan grandes hombres tras haber investigado diligentemente la causa, como solía hacer.
5.3
El mismo autor, en el libro tercero de la historia mencionada, hablando de la esposa superviviente de Boecio, dice esto: De donde, incluso para Rusticiana, antigua esposa de Boecio e hija de Símaco, lo que le quedó para la vida y para el cúmulo de miserias fue que, vestida con hábito servil y rústico, ella que había distribuido sus facultades a los necesitados, mendigara pan y otras cosas necesarias para el sustento de los enemigos: pues recorriendo las casas y golpeando las puertas, suplicaba humildemente que se le diera comida, sin que nada de esto le trajera ignominia. Y ciertamente los godos habían conspirado para la muerte de Rusticiana, reprochándole que, dando dinero a los jefes del ejército romano, había derribado las estatuas de Teodorico, vengando la matanza de su padre Símaco y de su marido Boecio. Totila, sin embargo, no permitió que se le hiciera ninguna injuria, sino que la conservó a ella y a todas las demás inmunes de contumelia.
6
SIGLO VII, ES DECIR, DESDE EL AÑO 600 HASTA EL 700.
6
Beda, llamado venerable por la santidad de su vida y la gravedad de sus costumbres, valoró tanto a Boecio y su doctrina que escribió comentarios sobre el libro de Boecio De Trinitate. Sobre el mismo Boecio, este autor alaba muchas cosas aquí y allá de manera honrada y honorífica.
7
SIGLO VIII, ES DECIR, DESDE EL AÑO 700 HASTA EL 800.
7
Pablo el Diácono, quien a petición de Adelburga, hija del rey Desiderio, añadió muchas cosas a la historia de Eutropio, en el libro séptimo de este apéndice, después de haber dicho que el papa Juan, Teodoro, Importuno y Agapito, varones consulares, y otro Agapito, patricio, enviados como legados ante Justino, se habían demorado en el camino, añade: Teodorico, estimulado por la rabia de su iniquidad, mató a espada a Símaco, ex cónsul y patricio, y a Boecio, anciano y ex cónsul, varones católicos.
8
SIGLO IX, ES DECIR, DESDE EL AÑO 800 HASTA EL 900.
8
Adón, arzobispo de Viena, quien compuso un breviario de crónicas desde el origen del mundo hasta sus propios tiempos, hablando del sumo pontífice Juan, dice: Cuando regresando llegó a Rávena, Teodorico lo mató junto con los demás compañeros en la aflicción de la cárcel, llevado por la envidia, porque Justino, defensor de la piedad católica, lo había recibido honoríficamente. En cuyo tiempo el mismo Teodorico mató a Símaco y a Boecio, varones consulares, por la piedad católica.
9
II.
9
Anastasio, custodio e instaurador de la biblioteca apostólica, quien por ello es llamado Bibliotecario, en su Historia de los pontífices, escribe esto sobre Boecio respecto a Juan I: En el mismo tiempo, dice, cuando los arriba escritos, es decir, el papa Juan con los senadores Teodoro ex cónsul, Importuno ex cónsul, Agapito ex cónsul (habiendo muerto el patricio Agapito en Tesalónica) estaban en Constantinopla, el rey hereje Teodorico retuvo a dos senadores ilustres y ex cónsules, Símaco y Boecio, y los mató degollándolos con la espada.
10
SIGLO X, ES DECIR, DESDE EL AÑO 900 HASTA EL 1000.
10
Como los huesos de Boecio yacían desde hace muchos siglos menos honrados por el descuido de los tiempos, el emperador Otón III ordenó que fueran incluidos en mármol: con un elogio inscrito, que compuso Gerberto, arzobispo de Rávena, maestro en otro tiempo de Augusto, aquel que creado sumo pontífice fue llamado Silvestre II, y quien, no menos que Boecio, fue tenido falsamente por mago por los envidiosos debido a su exquisita ciencia de las cosas recónditas. Ese elogio lo expresó con estos versos: Mientras la poderosa Roma declara las leyes en su orbe, tú, padre y luz de la patria, Severino Boecio, dispones las riendas de las cosas con el oficio de cónsul, infundes luz a los estudios y no sabes ceder ante los ingenios de los griegos, sino que la mente divina coacciona el imperio del mundo. Con la espada desenfrenada de los godos perece la libertad romana: tú, cónsul y exiliado, dejas insignes títulos con una muerte preclara. Ahora el decoro del imperio, que supera las artes supremas, Otón III te juzga digno de su aula; y establece monumentos eternos de tu trabajo, y adorna al bien merecedor con méritos honestos.
11
SIGLO XI, ES DECIR, DESDE EL AÑO 1000 HASTA EL 1100.
11
Sigeberto, monje de Gembloux, de la orden de San Benito, quien no ocupa el último lugar entre los historiadores, en su obra sobre los escritores ilustres, duda si Boecio debe ser comparado o preferido a los filósofos tanto seculares como eclesiásticos. Boecio, dice en el cap. 37, varón consular, debe ser comparado o preferido a los filósofos tanto seculares como eclesiásticos; porque nos hace estar ambiguos sobre si fue más ilustre entre los escritores seculares o entre los eclesiásticos. Que lo alaben los seculares porque tradujo del griego al latín y expuso las Isagogas, las Perihermenias, las Categorías; porque expuso los Tópicos de Cicerón, porque escribió los Antepredicamentos, los libros sobre las Diferencias Tópicas, sobre el Conocimiento de la dialéctica y la retórica, y la Distinción de los lugares retóricos, sobre la Predicación común de la potencia y la posibilidad, libros sobre los Silogismos Categóricos e Hipotéticos y escribió muchas otras cosas, porque escribió la Aritmética y la Música para los latinos. Nosotros, los eclesiásticos, lo alabamos porque escribió el libro sobre la Santa Trinidad, porque, exiliado por Teodorico, rey de los godos y de los italianos, por querer defender la libertad de la ciudad romana, escribió el libro sobre la Consolación de la filosofía. Este fue asesinado por el mismo rey Teodorico.
12
II.
12
Honorio de Autun, presbítero de la Iglesia, en su Crónica: Boecio, dice, patricio o cónsul, escribió el libro sobre la Santa Trinidad, y otro sobre la Consolación, y tradujo el quadrivium del griego, es decir, Aritmética, Música, Geometría, Astronomía. La Dialéctica, en cambio, la explicó. Es asesinado en Milán por Teodorico, rey de los godos.
13
SIGLO XII, ES DECIR, DESDE EL AÑO 1100 HASTA EL 1200.
13
Juan de Salisbury, de nación inglesa, obispo de Chartres, quien entre otras obras escribió el Policraticus o sobre las Bagatelas de los cortesanos y las Huellas de los filósofos, en esta misma obra, libro séptimo, capítulo decimoquinto, recomienda mucho este libro de Boecio sobre la Consolación de la filosofía. Si no me crees, dice, que se revise atentamente el libro sobre la Consolación de la filosofía, y será claro que estas cosas ceden a lo contrario. Y aunque ese libro no exprese el Verbo encarnado, sin embargo, entre aquellos que se apoyan en la razón, es de no poca autoridad; puesto que para reprimir cualquier dolor de una mente ulcerada, prepara medicamentos congruentes para cada uno. Ni el judío ni el griego, bajo pretexto de religión, declinen el uso de la medicina, puesto que para los sabios que desvarían en la fe y en la perfidia, la confección de la razón vívida es tan provechosa y artificiosa que ninguna religión se atreve a abominar lo que mezcla, a menos que uno carezca de razón. Sin dificultad es profundo en las sentencias, en las palabras es conspicuo sin levedad, orador vehemente, eficaz demostrador. Hacia lo que debe seguirse, ahora se desliza persuadiendo, ahora impulsando como con el aguijón de la necesidad.
14
II.
14
A esto se puede añadir el autor del libro sobre el Espíritu y el Alma, que se refiere entre las obras de San Agustín: si es que es verdadera la conjetura de Vicente en el Speculum historiale, y del abad Trithemius, quienes afirman que este autor es Hugo de San Víctor, puesto que florecía en el año de Cristo 1130: pues este autor, quienquiera que sea, no solo considera un honor referir los pensamientos y palabras de Boecio diciendo en el capítulo undécimo: La mente ahora inserta su cabeza en las cimas, ahora desciende a lo más bajo, y lo demás que se tiene en el metro 4 del libro quinto de la Consolación de la filosofía; sino que en el capítulo trigésimo séptimo utiliza la autoridad del mismo Boecio: Boecio, dice, afirma que la inteligencia de Dios solo es propia de muy pocos hombres.
15
SIGLO XIII, ES DECIR, DESDE EL AÑO 1200 HASTA EL 1300.
15
Santo Tomás, mayor que toda nuestra predicación, recomienda de manera maravillosa los méritos de Boecio, no ciertamente en sus comentarios a los libros sobre la Consolación filosófica: puesto que estas, como hemos probado, no son obras genuinas de santo Tomás, sino más bien por su frecuente alabanza de este autor, con la cual, igualando a Boecio con los sumos doctores de la Iglesia, utiliza su autoridad para dar fe. Así, en la 1 p, q. 10, a. 1, explica detalladamente la definición de eternidad, que él mismo dice puesta por Boecio, posponiendo las demás: La eternidad, dice, es la posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable, como se tiene en el V de Consol., prosa 2, cerca del principio. Así, en la q. 29 de la misma parte, en el argumento Sed contra, aporta la definición de persona que dice ser de Boecio en el libro De Duabus Nat., y la expone detalladamente: Persona, dice, es la sustancia individual de naturaleza racional. Y así de las demás.
16
SIGLO XIV, ES DECIR, DESDE EL AÑO 1300 HASTA EL 1400.
16
Felipe el Hermoso, rey de los francos, como refiere Pedro Bertius en el prefacio a los libros de Boecio De Consol., valoró tanto estos libros de la Consolación de la filosofía que, aunque él mismo entendía el latín, sin embargo, tuvo como un beneficio que Juan de Meung, poeta, erudito como permitían los tiempos, los hubiera inscrito traducidos por él al francés: un ejemplar de esa obra se conserva todavía hoy en Lutecia en la biblioteca de los agustinos.
17
II.
17
Máximo Planudes, monje constantinopolitano, sin preocuparse por la soberbia costumbre de los griegos, que no suelen traducir libros latinos al griego, valoró tanto los libros de Boecio sobre la Consolación de la filosofía que los interpretó en lengua griega. Y este ejemplar se conserva en la biblioteca del rey.
18
SIGLO XV, ES DECIR, DESDE EL AÑO 1400 HASTA EL 1500.
18
Lorenzo Valla, patricio romano, hombre él mismo eruditísimo, no solo dice que Boecio habla latín, como refiere Julio Escalígero, sino que llama al mismo Boecio el último de los eruditos, en el prefacio a sus libros Dialécticos. Ni, dice, piensa de otra manera Boecio, el último de los eruditos, más, como me parece, platónico que aristotélico: quienes prometió que enseñaría en cierto lugar que apenas distan entre sí como autores.
19.1
II.
19.1
San Antonino, arzobispo florentino, de la orden de Predicadores, en la 2 parte de la Historia, titul. 11, cap. 2, § 4, escribió de manera honorificadísima sobre Boecio. Cuando, dice, Teodorico, rey de los godos, oprimía la república en Italia en tiempos anteriores, Boecio, senador clarísimo, como se dirá abajo sobre su sabiduría, amante de la república, se oponía al rey en muchas cosas por la justicia, y como también por la nobleza de su linaje y su elocuencia había una gran opinión sobre él ante todos, incluso era temido por el mismo rey: por lo cual, como se cree, habiendo sobornado a algunos para que lo acusaran del crimen de lesa majestad, dijeron que él, habiendo traicionado a la ciudad romana, había convocado al príncipe Anastasio a Italia para que liberara a la república de la mano de Teodorico: por lo cual, tomada la ocasión, lo relegó al exilio en Pavía con otros nobles romanos, donde, puesto en la cárcel, escribió el libro sobre la Consolación de la filosofía: donde finalmente es asesinado por él.
19.2
Y en el capítulo 15, citando a Sigeberto: En ese tiempo, dice, Símaco patricio ilustró la república romana, y con él su yerno Boecio, varón consular, conspicuo en ambas lenguas, por la erudición de todas las artes liberales, las cuales casi todas tradujo del griego al latín.
20
III.
20
Jacobo Felipe de Bérgamo, de la orden de Ermitaños de San Agustín, en el suplemento de las Crónicas al año 500 de Cristo. Boecio, dice, Anicio Manlio Severino, varón cristianísimo e insignificado con la dignidad consular, poeta y filósofo celebérrimo, y yerno del patricio Símaco, fue clarísimo en Roma en esos mismos tiempos. Algunos llaman a este Manlio, por el hecho de que transmiten que tomó su origen de Manlio Torcuato. Quien, siendo verdaderamente católico, y no queriendo obedecer a los arrianos incluso siendo rogado muy a menudo, es ordenado por el rey Teodorico, bajo el velo de la libertad afectada, exiliarse en Pavía después de su suegro, y después, instigando los herejes, es condenado a cárcel perpetua: en cuya calamidad constituido, para recrear su ánimo, como era doctísimo en matemáticas, ideó y talló por primera vez el chiterino de nervio, que ciertamente en los tiempos modernos se tiene como instrumento célebre entre los músicos. Allí también constituido, publicó para utilidad de muchos innumerables y preclarísimos opúsculos, y los que han llegado a las manos son estos mismos. Y después: Finalmente, a este varón óptimo y santo, el rey Teodorico, cuando no pudo ser doblado en absoluto a su sentencia, incitado por la rabia de los arrianos, tras el largo horror de la cárcel, reinando Justino el mayor Augusto, es decir, en el año 520 de nuestro Señor, ordenó que fuera asesinado en Pavía por la fe católica: cuyo cuerpo todavía se tiene allí enterrado en el templo del divino Agustín. Y hay quienes dicen que por esa razón fue incluido en el catálogo de los santos, y llamado santo Severino.
21
IV.
21
Hermolao Bárbaro, patricio veneciano, arzobispo y patriarca de Aquilea, en su prefacio que tuvo cuando comenzó a leer los libros de Aristóteles en casa. Quienes, dice, piensan que este acceso no está abierto a nadie que nunca haya entrado en esas escuelas de filosofía, se mueven en un gran error: puesto que tales escuelas no las ingresaron ni Marco Varrón, ni Bruto, ni Plancio, ni Calcidio, ni Boecio: no fueron Alejandro, no Temistio, no Porfirio, no Jámblico, no Simplicio, filósofos sin embargo eminentísimos, e intérpretes juradísimos de Aristóteles.
22
V.
22
Ángel Poliziano, quien excelente tanto como poeta como orador, publicó muchas obras tanto en griego como en latín, en sus Misceláneas, cap. 1, habla así sobre Boecio: ¿Quién más agudo que Boecio incluso en dialéctica? ¿O más sutil en matemáticas? ¿O más rico en filosofía? ¿O más sublime en teología? A quien los filósofos más jóvenes, incluso los más perspicaces de todos (creo), valoraron tanto que mereció tener como comentadores a Tomás de Aquino, hombre divino, y a aquel gran preceptor de Tomás (¡Dios bueno, qué hombres!): ciertamente en estas, dice Vallinus, que santo Tomás escribió sobre los libros de Boecio De Trinitate y De Hebdomadibus; porque los comentarios a los libros de Boecio sobre la Consolación de la filosofía, que vulgarmente se atribuyen a santo Tomás, no son de este santísimo doctor.
23.1
SIGLO XVI, ES DECIR, DESDE EL AÑO 1500 HASTA EL 1600.
23.1
Juan Trithemius, abad de Spanheim, en el Catálogo de escritores eclesiásticos. Boecio, dice, Manlio Severino, cónsul ordinario en Roma, filósofo, orador y poeta insigne, docto en las divinas Escrituras, y en las letras seculares el más erudito de todos en su tiempo, fue yerno del patricio Símaco. Varón copiosísimamente imbuido de elocuencia griega y latina, puesto que tradujo muchos volúmenes tanto de Aristóteles como de otros filósofos de la lengua ática a la latina: sutil de ingenio, pronto de sentido, y católico; en el discurso no inferior a Tulio, de quien consta que tuvo la amistad de san Benito, y que comió en su mesa en el monte Casino con Tertulio, senador, padre del monje Plácido. Escribió muchos volúmenes preclaros, de los cuales yo encontré los sujetos. Sobre la Unidad de la Trinidad lib. I, comienza: Pregunto si el Padre. A Símaco su suegro, patricio de la ciudad romana, sobre la Santa Trinidad lib. I, comienza: Investigado largamente, etc. y el Hijo, etc. Sobre las Dos Naturalezas en Cristo lib. I, Ansiosamente tú ciertamente, etc. Sobre la Fe a Juan diácono lib. I, La fe cristiana conozco. Sobre la Unidad y el Uno lib. I, La unidad es por la cual, etc. Sobre las Eisagogas de Porfirio lib. II, En el tiempo del invierno. En la segunda edición del mismo lib. I, Este segundo. En las Categorías de Aristóteles lib. II, Expedidas estas, etc. En el Perihermenias del mismo lib. I, Grande ciertamente del libro. En la segunda edición del mismo lib. VI, Alejandro en. Sobre las Divisiones lib. I, Cuán grandes estudiosos. Sobre las Definiciones lib. I, De decir y disputar. Introducción a los silogismos categóricos lib. I, Muchos filósofos antiguos. En los Tópicos de Cicerón lib. VI, Por tu exhortación, etc. Sobre las Diferencias tópicas lib. IV, Toda razón de discurrir. Sobre el Silogismo categórico lib. II, Muchos griegos antiguos. Sobre el Silogismo hipotético lib. II, Cuando en todas. Sobre las Hebdomadas lib. I, Pides que de las hebdomadas. Sobre la Aritmética lib. II, Entre todas la antigua. Sobre la Música lib. V, La percepción de todas ciertamente. Sobre la Consolación filosófica lib. V, Los cantos que en otro tiempo. En la Geometría de Euclides lib. III, Quien ciertamente, mi Patricio. Sobre la disciplina de los escolares, como algunos quieren, lib. I, Vuestra. Indigno es ese libro de ser atribuido a tan gran varón, ni tampoco los doctos atribuyen esto a Boecio. Sobre los Lugares retóricos lib. I. Sobre la Predicación de la potencia lib. I. De epístolas a diversos lib. I.
23.2
Se dice también que escribió otras cosas no pocas: pero no llegaron a mi noticia. Muere el mismo año que el patricio Símaco y el papa Juan bajo el emperador Anastasio, degollado en la cárcel en Rávena por orden del rey Teodorico tras un largo exilio, el año del Señor 524, indicción 2, y se dice que fue insertado en el catálogo de los santos bajo el nombre de Severino.
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II.
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Julio César Escalígero, varón celebérrimo en la república literaria, alaba frecuentísimamente a Boecio: como en el Hypercriticus. El ingenio, la erudición, el arte, la sabiduría de Boecio Severino, dice, provoca fácilmente a todos los autores, ya sean griegos o latinos. Por la barbarie del siglo, su oratoria suelta se encuentra peor: pero lo que le gustó jugar en poesía, son ciertamente divinos, nada más culto, nada más grave: ni la densidad de las sentencias quitó el encanto, ni la agudeza quitó el candor. Ciertamente opino que pocos pueden ser comparados con él. Valla enseña que él habla latín: pero Boecio que Valla sabe bien. De aquí el mismo Escalígero canta sobre el mismo Boecio en los Divos: Enumeres las inmensas semillas de la mente divina: que a las dotes se añadan la Curia, la lengua, los lares. No es suficiente: añade el polo, parte de Boecio habrá comenzado a ser: pero aún no captas todos los dones.
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III.
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Lilio Gregorio Giraldi, también muy conocido entre los doctos, ensalza igualmente a Boecio con los mayores elogios en su De Poetar. Histor. dial. 5. Pero, dice, traigamos a otros de esta época, entre los cuales se encuentra Anicio Manlio Severino Boecio, patricio y ex cónsul romano, a quien la mayoría de los nuestros incluye en el catálogo de los mártires. Este, junto con Símaco, también patricio y, según cuentan casi todos, suegro de Boecio, fueron primero relegados a Pavía por Teodorico, rey de los godos, y después ejecutados, por parecer que querían restituir la libertad al pueblo romano. Boecio fue, como sabéis, extraordinariamente docto en toda disciplina, lo cual os puede constar claramente por sus monumentos. Pero en lo que respecta a la materia presente, utilizó una facilidad admirable en la composición de versos. Recopilar más cosas sobre él es superfluo, puesto que sus volúmenes son conocidos por todos. Ciertamente, su ingenio para aquellas artes que están por encima de las letras es celebrado de manera admirable por su verdugo, el rey Teodorico.
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IV.
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Los de Magdeburgo, en la centuria 6, cap. 10 sobre los Obispos y Doctores, dicen: Boecio, Anicio Manlio Severino, patricio y cónsul, fue un hombre doctísimo en griego y latín, y dejó a la posteridad muchos libros escritos en filosofía y otras disciplinas, tanto en prosa como en verso.
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V.
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Justo Lipsio, quien es honrado tanto por los doctos como por los hombres de bien, no solo por su extraordinaria doctrina, sino sobre todo por la ingenua candidez de su ánimo, no solo alaba a Boecio en su doctrina civil y en sus otras obras, sino que, escribiendo a su pariente Jano Bernartio sobre la Consolación ilustrada y enmendada por este, compuso estos falecios: He aquí aquel Boecio, que se jacta de ser el primero entre los sabios: quien publicó este escrito, demasiado docto y bastante elocuente, a juicio de todos los hombres de bien. Pero esto tenía sombras, por la época o por su propio ingenio; las cuales aquel Bernartio, flor de mis belgas, disipó, y puso ante sí una antorcha clara: síguela tú, quienquiera que seas, cultivador de la doctrina y la sabiduría, que desea no oír, sino ser.
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SIGLO XVII, DESDE EL AÑO 1600 HASTA NUESTRA ÉPOCA ACTUAL DE 1779.
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Sería interminable si quisiera enumerar todo lo que se ha dicho en alabanza de Boecio en este siglo nuestro; pues no hay historiador ni teólogo que no haya hablado de aquel ilustrísimo autor de manera elegante y honrosa. Consulta, si te place, a Baronio, Annal. ecclesiast. tom. VII, al año 522; al P. Pedro de San Rómualdo en el Tesoro cronológico, tom. II, al año 510; y a todos los demás historiadores; mira al reverendo Padre Caussin en el libro que tituló la Cour sainte, donde, al proponer la idea del hombre que llama "hombre de Estado", trata extensamente sobre la nobleza, la doctrina, los consejos y la muerte de Boecio. Lee también, si quieres, a Gerardo Juan Vossio en su De Poetis Latinis, cap. 5: En aquellos tiempos, dice, en los que Zenón y después Anastasio reinaron en Oriente, y Odoacro y luego Teodorico en Italia, floreció Anicio Manlio Severino Boecio, hombre doctísimo en latín y griego, excelente en todo género de disciplinas, y a quien Roma no tuvo otro más docto desde los tiempos de Varrón. Cuánto valió el mismo en la poesía, lo muestran los cinco libros de la Consolación de la filosofía, que escribió exiliado en Pavía. Absolutamente nada tuvo aquella época, o incluso la que le precedió inmediatamente, más encantador en la poesía.

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