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Original: 8652 Tesvet5

Ex venerabilis Bedae presbyteri canonibus de Remediis peccatorum, cap. 1. Deinde sancti Patres et sanctus Paphnutius: deinde canones sanctorum Patrum, deinde alii atque alii, ut Hieronymus, et Augustinus, et Gregorius, et Theodorus. Ex quorum omnium ista descripsimus dictis et sententiis veraciter, ut salvi sint omnes, etc.

Spanish Gemini
1
De los cánones sobre los Remedios de los pecados del venerable presbítero Beda, cap. 1.
1
Después, los santos Padres y el santo Pafnucio; después, los cánones de los santos Padres; después, otros y otros, como Jerónimo, Agustín, Gregorio y Teodoro. De los dichos y sentencias de todos ellos hemos transcrito esto verazmente, para que todos sean salvos, etc.
2
Extracto editado por el beato papa Gregorio III a partir de los dichos de los Padres y las sentencias de los cánones. En el prefacio.
2
Por lo cual, a partir de muchas flores de alegorías, y de tratados y sermones pronunciados por grandes hombres, de los dichos de los Padres y de las sentencias de los cánones, esto es, de Isidoro, Agustín, Gregorio, Beda, Gelasio, Inocencio, Teodoro, Casiano, Egberto o de otros, nos hemos esforzado por reunir este libro Penitencial para el trabajo de nuestros consacerdotes, a partir del cuerpo de textos y en conjunto. Y con razón se llama Penitencial, por ser conveniente para la penitencia.
3
De la epístola de Rabano a Humberto obispo, tom. VI de las Obras de Rabano, p. 165.
3
De igual modo, en los capítulos del arzobispo Teodoro de la nación de los ingleses, que escribió sobre asuntos necesarios, encontramos que en el tercer grado de consanguinidad según los griegos es lícito casarse, y en el quinto según los romanos. Quienes, sin embargo, no disolverían los matrimonios contraídos en el tercer grado si hubieran sido concertados previamente por personas ignorantes, y el hombre se uniría equitativamente en matrimonio con aquellas que son consanguíneas suyas, y con las consanguíneas de su esposa después de la muerte de esta. A este Teodoro, nacido en Tarso de Cilicia, el papa Vitaliano, al ordenarlo obispo en Roma, lo envió a Britania. De donde había sido plenamente instruido en las costumbres tanto de las Iglesias orientales como de las occidentales. Y no pudo ocultársele nada de lo que los griegos o romanos tenían en aquel tiempo en sus observancias legítimas, especialmente al estar perfectamente instruido en ambas lenguas, etc. Por tanto, ya que has querido que mi pequeñez te escribiera lo que pensaba sobre este asunto, debido a la fragilidad del tiempo presente, considero que se debe seguir más lo que el obispo Teodoro, caminando entre Gregorio e Isidoro, definió en sus capítulos, de modo que en la quinta generación ya sea lícito el matrimonio: porque ni la ley divina contradice esto, ni tampoco los dichos de los santos Padres lo prohíben.
4
Del libro I de Reginón sobre las Disciplinas eclesiásticas. Interrog. 95.
4
Si tiene el Penitencial Romano, o el editado por el obispo Teodoro, o por el venerable presbítero Beda.
5
Nota del doctísimo varón Juan Morino, lib. IV de Penit., cap. 18.
5
Pues se ordenaba a los presbíteros en todas partes observar diligentemente las antiguas fórmulas de penitencia. Por ello, insertó dentro de su colección un Penitencial compuesto a partir de los Penitenciales de Teodoro y Beda.
6
De Burchardo, lib. XIX, cap. 8.
6
Ahora pues, oh hermanos, quien quiera tener el nombre de sacerdote, piense primero por Dios en aprender las cosas que le sean necesarias antes de que la mano del obispo toque su cabeza: esto es, el Salterio, etc.; además de esto, su Penitencial, que sea ordenado tanto según la autoridad de los cánones como según las sentencias de los tres Penitenciales: del obispo Teodoro, de los pontífices romanos y de Beda.
7
Renano en el argumento del libro sobre la Penitencia, en Tertuliano.
7
Al Penitencial de Teodoro imitaron el presbítero Betano, Rabano y otros antiguos, cuyas obras sobre tema similar existen por doquier en las bibliotecas antiguas, no del todo indignas de ser leídas, especialmente por aquellos que son curiosos investigadores de la antigüedad cristiana.
8
Antonio Agustín, ilustrísimo arzobispo de Tarragona. En el prefacio al Penitencial Romano.
8
Se mencionan tres libros Penitenciales: el de Teodoro, arzobispo de Canterbury, el del presbítero Beda, y el que se llama Penitencial Romano. Teodoro fue griego de nación, enviado por el papa Vitaliano a la isla de Britania, en la cual, entre otras muchas cosas, estableció estas reglas de penitencia. A este le siguió, no mucho tiempo después, Beda, de quien se dice que también vio el libro romano y que a partir de él aumentó el libro de Teodoro, habiendo tomado otras cosas de otras fuentes. Confieso que nunca he leído estos libros, sino que solo he encontrado ciertos fragmentos de ellos en las colecciones de Burchardo de Worms y de Ivo de Chartres.
9
Juan Morino en el lib. VII de Penit., cap. 1, núm. 15.
9
Teodoro era un monje griego nacido en Tarso de Cilicia, a quien el papa Vitaliano ordenó obispo en el año de Cristo 668. Y lo envió a Britania, a donde llegó en el segundo año de su ordenación. Ocupó la sede de Canterbury durante 21 años, 3 meses y 26 días, como escribe Beda en el libro IV, c. 1 y 11 de la Historia de los ingleses. Murió en el año 690. Por tanto, dentro de ese tiempo, Teodoro compuso su Penitencial, en el cual impuso penitencias detalladamente para cada pecado y describió los ritos de confesión y absolución. De todos los libros penitenciales entre los latinos, aquel es el primero que se alaba, por cuya imitación se compusieron después muchos, entre los cuales los más alabados fueron el Romano y el que llevó el nombre de Beda, etc.
10
Ibíd., núm. 16.
10
Por tanto, el origen y la primera ocasión de la innovación que se hizo en la Iglesia Latina, y que se ha propuesto describir en este lugar, fue aquel libro Penitencial de Teodoro, compuesto a imitación de los griegos, editado en Inglaterra veinticinco años o poco menos antes del setecientos, y poco después divulgado y celebrado por toda la Iglesia Latina. Nadie, creo, se maravillará de una divulgación tan pronta y rápida si considera diligentemente la diferencia entre el Penitencial y la Colección de cánones, y ciertas otras circunstancias conectadas tanto con los Penitenciales como con la hipótesis dada, etc.
11
Ibíd., núm. 17.
11
De aquí juzgará fácilmente el lector cuán oportuna y cómoda fue para cada sacerdote esa nueva redacción de libros penitenciales. Pues así, cada presbítero tenía a mano un índice como representado en una tabla, según el cual debían asignarse las penitencias a cada pecado; cómo debían ser moderadas, conmutadas y redimidas según las diversas condiciones de las personas, edades, impedimentos y enfermedades. Por lo cual, no es de extrañar si el libro Penitencial del arzobispo Teodoro, varón doctísimo en su siglo y, por la autoridad del sumo pontífice de quien había sido consagrado y enviado a Inglaterra, aceptadísimo por todos, se difundió en poco tiempo por casi todo Occidente, y muchos otros obispos lo imitaron, no solo aprobando su Penitencial, sino también componiendo otros más cómodos y amplios a su semejanza: tampoco es de extrañar si los concilios y asambleas sinodales celebrados cada año después del siglo séptimo establecieron siempre severamente que cada presbítero tuviera a mano el Penitencial de Teodoro, para que, según su prescripción, impusieran penitencias a los pecadores.
12
En el apéndice del libro sobre la Penitencia.
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De estos libros Penitenciales, tres fueron los más célebres en Occidente. El primero de todos es el de Teodoro, arzobispo de Canterbury. A este le sigue muy de cerca el Penitencial de Beda, que se inscribe sobre los Remedios de los pecados. Sin embargo, suele ser citado por los antiguos bajo el título de Penitencial. Pues, en verdad, es un libro penitencial: ya que los libros penitenciales comprenden principalmente los remedios de los pecados. El tercero es el Penitencial Romano. Estos son los Penitenciales más antiguos, celebrados y alabados por todos los colectores de cánones y por la mayoría de los concilios; y por ellos se ordenó más de una vez que las penitencias se impusieran a los pecados según las definiciones de estos Penitenciales. Aquel Penitencial de Teodoro, tan celebrado, aún no ha sido editado; muchas cosas se refieren de él por Burchardo, Ivo, Graciano y la colección manuscrita de Reginón. No me ha tocado leer hasta ahora a nadie que profesara haber visto el Penitencial de Teodoro, excepto a Henry Spelman, colector de los Concilios Anglicanos, quien testifica que el manuscrito se conserva en la célebre biblioteca de San Benito de Cambridge, del cual solo transcribió los títulos de los capítulos. Ciertamente, son muchos los títulos que presentan una materia muy conveniente y útil para nuestro propósito, y dignísimos, tanto por la materia como por la antigüedad, de ser hechos de dominio público por alguien. Sin embargo, valdría la pena considerar el carácter de la escritura, si es antiguo o más reciente, y después comparar lo que de él refieren los antiguos. Pues, como hemos advertido a menudo, suelen añadirse a tales libros algunas cosas adaptadas al uso del tiempo en que se transcriben.

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