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Commemoratio Professorum Burdigalensium
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Original: Perseus Lat2

Praefatio Vos etiam, quos nulla mihi cognatio iunxit, set fama et carae relligio patriae, et studium in libris et sedula cura docendi, commemorabo viros morte obita celebres, fors erit, ut nostros manes sic adserat olim, exemplo cupiet qui pius esse meo.

Spanish Gemini
praef
Prefacio: A vosotros también, a quienes ningún parentesco me unió, sino la fama y la devoción por la querida patria, y el estudio de los libros y el diligente cuidado de enseñar, os recordaré, varones célebres tras haber muerto; será el destino que así reivindique algún día mis manes, quien desee ser piadoso con mi ejemplo.
1
Tiberio Víctor Minervio, orador: Minervio, columna de Burdeos, tú que fuiste otro Quintiliano de la toga retórica. Bajo tu magisterio fueron ilustres antaño Constantinopla, Roma y, después, la patria; no ciertamente compitiendo con la majestad de las dos primeras, sino superior solo por el nombre, el de patria: aunque Calagurris reivindique siempre a Fabio como su alumno, no sea la cátedra de Burdeos inferior; mil jóvenes dio este a su foro, dos mil añadió al número del senado y a las togas púrpuras; a mí también: pero como es mucha la toga pretexta, callaré y cantaré de ti por ti, no por mi honor. Si place competir con libros panegíricos, en los Panatenaicos serás tú numerado; si place desarrollar las ficticias disputas de los juegos, Quintiliano tiene la palma dudosa; tú posees una torrencial abundancia de elocuencia, que sin embargo arrastraría oro, no también el lodo cenagoso. Y lo que aquel llamó tres veces primero, lo demosténico, floreció en ti de tal modo que él mismo te cedería.¿ Acaso añadiré también los bienes naturales de un don divino, cuán memorioso fuiste, de modo que lo escuchado o leído una sola vez lo retenías como fijado, para que hubiera una sola fe en los oídos y en los libros? Vimos también antaño, en el largo certamen de la tabla, que habías contado todos los lances que hubo, cuántos arrojan en turnos alternos, por el giro precipitado, los grados tallados a través de los bujes huecos: narrando con fiel recorrido punto por punto, cuáles fueron dados, cuáles revocados tras largas demoras. Sin hiel alguna tu mente lívida, y con mucha sal tu lengua mordaz en bromas amables y sin disputa, mesa brillante, que no censuraría la regla censoria ni se negaría a llamar suya el Frugi Pisón: a veces poderoso en linaje y en festín, sin embargo, no para agotar las escasas riquezas. Aunque falto de heredero, habiendo cumplido doce lustros, eres llorado por nosotros como padre y como joven. Y ahora, si algo sobrevive tras los últimos destinos, vives aún recordando el tiempo que pereció: si nada sobrevive ni los largos descansos tienen sentidos, tú viviste para ti: a nosotros nos ayuda tu fama.
2
Latinus Alcimus Alethius, retórico: Ni los nietos impíos me llamarán reo de silencio, Alcimo, ni te considerarán menos digno, ni olvidado de tu memoria al ministro, a quien la edad del tiempo reciente opone como único a los varones anteriores, ornamento del foro y de las musas, ejemplar único en las letras que la docta Grecia cultivó en Atenas o que Roma cultiva por el Lacio.¿ Hablaré de tus costumbres y del tenor de tu regla hasta el término de la vida?¿ De que, célebre por la alabanza, trabajaste en las letras y evitaste toda ambición? Nadie fue más grave que tú, o más amable, o liberal con los necesitados, dando salud si el foro lo exigía; o con el estudio de enseñar, si la escuela. Vivirán por toda la memoria de los posterios aquellos a quienes diste fama sagrada, y tú darás más fama a Juliano que los cetros que sostuvo brevemente. Tus libros conferirán más a Salustio de lo que añadió el consulado; diste a tus hijos la forma de tus costumbres, de tu decoro y de tu elocuencia. Perdona a nuestro estilo, herido por la obediencia: este es el crimen de tu amor, que, no pudiendo ofrecer lo digno, cultivo el deber, injuriosamente diligente. Descansa plácido y compensa con la gloria el daño del cuerpo caduco.
3
Luciolo, retórico: Con triste endecha recuerda a Luciolo, retórico, condiscípulo, maestro y luego colega, hombre elocuente y docto, ya fuera que compusiera leyes de metros o que resolviera discursos en modos de prosa, a quien Laquesis arrebató al padre con funesta muerte, dejando dos hijos de ambos sexos: a quien su heredero oscuro no respondió en absoluto con sus méritos, aunque ahora tu fama ayude. Amable amigo, buen hermano, fidelísimo esposo, hijo piadoso, progenitor: pesa que hayas sido. Amable con los convidados, nunca gritar a los clientes, nunca decir palabras tristes a los siervos, así como cultivaste costumbres plácidas, cultiva los tranquilos manes y acepta de Ausonio el regalo, amigo, adiós.
4
Attius Patera, retórico: Aunque hayas superado en edad a los mencionados antes, Patera, noble en el hablar; sin embargo, porque floreciste en la edad próxima y te vi joven siendo anciano, no carecerás del honor de la triste endecha, doctor de poderosos retóricos. Tú, nacido de la estirpe de los druidas bayocases, si la fama no engaña a la fe, derivas tu linaje del templo consagrado a Beleno, y de ahí vuestros nombres: el tuyo, Patera: así llaman a los ministros apolíneos los místicos. Al hermano y al padre les fue dado el nombre por Febo, y a tu hijo por los Delfos. Doctrina ninguna tanta en aquel tiempo y tantas carreras y giros del hablar: memorioso, elocuente, dotado de clara elocuencia, de sonoridad, de cultura, modesto en las sales sin hiel alguna, abstemio de vino y comida, alegre, pudoroso, hermoso, incluso en la vejez como la senectud de un águila o de un caballo.
5
Attius Tiro Delphidius, retórico: Elocuente, docto, rápido en lengua e ingenio, ameno en bromas, Delfidio, sé incluido en el fúnebre treno del padre, como subías a la alabanza como rival, tú que casi desde los mismos pañales, poeta noble del dios, prefiriendo el ramo de la corona olímpica, de niño celebraste a Júpiter: pronto desde allí, velozmente a la manera de un mar torrencial, ligaste el epos métrico, de modo que ningún libro de poemas tejiera el discurso con igual ley. Cuya elocuencia celebrada de diversas maneras brilló en casa y fuera: ya fueras tú quien cultivara al jefe de la cohorte pretoriana o a los jueces de las provincias, añadido para defender a los clientes heridos en su fama y salud, feliz si hubieras permanecido en la tranquila literatura cultivando la obra de las Musas, y el odio provocado por grandes litigios no hubiera armado tu ímpetu vengador, ni te hubieras alzado en el inquieto palacio de un tiempo tiránico. Mientras buscas siempre para ti una esperanza remota, desdeñoso de lo que está al alcance, y prefieres que sea tuyo antes que un bien del destino, deseaste muchas cosas, errante por todas las fórmulas de las dignidades y mereciendo más de lo que ejercías. De donde, tras el grave movimiento de crímenes que siguió, dotado con las penas del padre, pronto desde allí retórico, y no pertinaz en enseñar, engañaste el cuidado de los padres, menos experimentado en el don de los males de Dios, porque fuiste arrebatado en la mitad de la vida, herido por el error de una hija que no se desvía y por el castigo de la esposa.
6
Alethio Minervio, hijo, retórico: Oh flor de los jóvenes, esperanza alegre del padre y no segura dada a tu patria, retórico Aletio: tú, doctor en años tempranos: en el tiempo en que no sería vergonzoso para ti aprender siendo adulto, siendo un adolescente, ya habías sido comparado con tu progenitor y después preceptor de Patera. Aquel aumentó las murallas de la soberbia Roma, ilustre por fama y méritos: tú, mayor que ambos, nacido en Burdeos, rigiendo las claras banderas de la patria, tuviste todas las comodidades del destino, no sin el mordisco de la grave envidia: la fortuna precoz te dio todo y te arrebató: tanto la retórica carente de fruto en las Horas del adulto, como el noble matrimonio con suegros sin la paz del padre, y las riquezas de ambas casas sin heredero. Como suele ser la hierba solsticial, mostrado y arrebatado al mismo tiempo, en la edad pubescente abandonaste los votos de los tuyos, adornado con bienes que no han de durar. Como se dice en el fatídico dicho de los versos de Horacio:" Nada es feliz por todas partes".
7
Leontius, gramático, de sobrenombre Lascivo: Tú que cultivas costumbres alegres y joviales, que los días festivos, bromas, votos, juegos, recuerda con el nombre de Leoncio el treno anual cumplido. Este, paciente de ser llamado Lascivo, nunca rechazó el nombre indigno de la probidad de su vida, porque era grato a los oídos amigos. Solo alcanzó el título en las letras, cuanto es suficiente para una cátedra exiliada, para que pudiera parecer insertado en el número de los gramáticos.¡ Tú, siempre compañero de mi juventud, aunque colmado de más años, ahora también te calientas en mis entrañas, amable Leoncio! Y ayuda celebrar con triste cuidado el fúnebre canto de la queja memoriosa: regalo ingrato debido a ti por nuestro poema.
8
A los gramáticos griegos de Burdeos:¿ A quién recordaré después de estos, a Rómulo, o al de Corinto, o al de Esperqueo, y a los hijos de Menesteo, gramáticos de las musas áticas? Diligente estudio de enseñar para todos, fruto exiguo y discurso tenue: pero, porque enseñaron en nuestra época, deben ser recordados. El tercero de estos no fue mi maestro, los otros enseñaron en los primeros años, para que yo no fuera rudo en las voces o en el hablar así sin cultura: porque se opuso, creo, el sentido más lento de nuestra mente y el error dañino de la edad infantil no me llevó a las disciplinas griegas. Que el césped ligero os cubra y los techos del sepulcro defiendan las cenizas cubiertas y que el título de mi voz rinda el último honor.
9
Iucundus, gramático de Burdeos, hermano de Leoncio: Y a ti, a quien dicen que usurpaste temerariamente la cátedra y piensan que no mereciste el nombre de gramático, te llamaré sin embargo con mi voz, simple, buen amigo, compañero, Iucundo, más querido por este mismo estudio: porque, aunque desigual, amaste un nombre tan noble, debes ser recordado entre los varones merecedores.
10
A los gramáticos latinos de Burdeos: Macrino, Sucurón, Concordio, Febicio, Amonio, Anastasio, gramático de los pictones: Ahora expondré como el religioso honor del fúnebre deber me sugiera a cada uno, quienes, aunque de humilde estirpe, lugar y mérito, introdujeron sin embargo el estudio de la gramática en los rudos ingenios de los hombres de Burdeos. Que esté MACRINO entre ellos: a este fue confiada mi infancia al principio; y SUCURÓN, de estirpe liberta, sobrio y útil para los ingenios de los niños, y tú, CONCORDIO, que fugitivo de la patria cambiaste la cátedra estéril por otra ciudad. Y no callaré al anciano de nombre FEBICIO, quien, sacristán de Beleno, no obtuvo ayuda de allí; pero sin embargo, como era grato, nacido de la estirpe de los druidas de la gente armoricana, obtuvo la cátedra de Burdeos por obra de su hijo: que permanezca la serie. Y cantaré a AMONIO— pues es religioso recordar al gramático de mi patria— quien daba los primeros elementos a los niños rudos, escaso en doctrina, de costumbres desagradables: por tanto, como era su mérito, tuvo una fama tenue. Compón también, Musa, un canto fúnebre para ANASTASIO y recuerda al gramático con una endecha tenue. La ambición lo engendró en Burdeos y lo dio a la pictonense, pobre allí y cultivando un sustento y hábito tenues, perdió en la vejez una pequeña gloria tanto de la patria como de la cátedra, pero sin embargo nuestro honor recordó a este, para que el túmulo no cubra por igual el nombre y los huesos.
11
Herculano, hijo de la hermana, gramático de Burdeos: Herculano, que, habiendo partido de nuestro regazo y escuela, ofreciste a tu tío más esperanza que una realidad para disfrutar, partícipe de la escuela y casi sucesor de mi cátedra, si el giro de la resbaladiza juventud no te hubiera dado precipitado, no manteniendo el camino recto del sendero pitagórico: sé plácido y con quietas manos calienta el asiento, ya recordado entre los nombres hace tiempo parientes míos.
12
Thalassus, gramático latino de Burdeos: Tu deber y tu nombre, Thalasso de la primera edad, escuché de pequeño, apenas recuerdo qué forma o mérito tuviste, de qué estirpe de padres, la edad posterior no celebra nada de ti. La fama te llevaba solo como gramático joven, entonces también tan tenue, como ahora ninguna permanece. Pero quienquiera que seas, sin embargo, porque viviste como doctor en nuestra época, ten este regalo nuestro, adiós.
13
Citarius, siciliano de Siracusa, gramático griego de Burdeos: Y tú, Citario, amado, serás recordado por mí, digno de ser celebrado entre los buenos gramáticos, si el honor antiguo siguiera, tendrías la gloria de Aristarco y de Zenodoto de los griegos, en los poemas que fueron compuestos en tus primeros años, cede la musa de Simónides de Ceos. Nacido en la ciudad siciliana, viniste peregrino a la nuestra, que habías hecho florecer rápidamente con estudios. Habiendo conseguido pronto un matrimonio noble y rico, no mueres progenitor por la envidia del destino. Pero nosotros celebramos al difunto con honor memorioso, como alimentamos al vivo con el regalo de la amistad.
14
Censorio Atticus Agricius, retórico: Por el mérito de la elocuencia, Agricio, debiste ser igualado a los primeros, puesto en lugar posterior: porque, nacido y habiendo vivido en la edad reciente, fuiste diferido para nosotros, pero no omitido. En cualquier número, serás recordado en el triste treno: un solo honor del túmulo, tardío y dado antes. Tan alto el ápice de tu linaje como la gloria del hablar, gloria conocida en la sede del lugar del Ateneo: conferida a Nazario y al otrora claro Patera, educó egregiamente a muchos jóvenes. Con la esposa y los hijos supervivientes y el yerno, calientas los manes y los monumentos de los antepasados.
15
Nepotiano, gramático y el mismo retórico: Faceto, amable, anciano con ánimo juvenil, cuya mente, sin hiel alguna, rebosante de mucha miel, no mezcló nada amargo a través de toda la edad, medicina de nuestro pecho, Nepotiano, partícipe tanto de las cosas serias como de las bromas, taciturno, que venciste a Amiclas callando: Ulises no te dejaría charlando, quien dejó a las vírgenes melodiosas que cantaban: probo y pudoroso, parco, frugal, abstemio, elocuente, no cediendo en estilo a ninguno de los retóricos y disputador hasta Cleantes el estoico: conociendo a Escauro y a Probo en lo íntimo del corazón y más memorioso que Cineas el epirota: compañero y conviviente, huésped constantemente: poco que huésped, agitador de mi mente. Nadie dio consejos con mente tan pura ni los ocultó con más alta reserva una vez dados. Ilustre por el honor de la gestión del prefecto, habiendo cumplido noventa años, dejando dos hijos, mueres con muerte, con mucho dolor tanto de los tuyos como mío.
16
Aemilius Magnus Arborius, retórico de Tolosa: Entre los manes ya llorados de los parientes, tío, ahora serás recordado entre los retóricos; que la piedad tenga esa obra, y los nombres reverendos de los varones por la religión de la patria, celebremos con doble honor al padre Arborio, merecedor dos veces, con el padre Arborio y el abuelo Argicio. El linaje de tu padre fue eduico, el origen de tu madre Maura fue tarbélico: ambos linaje de próceres, esposa noble y dotada, casa y escuela, cultas amistades de los príncipes llegaron al joven, mientras los hermanos de Constantino retenían en la opulenta Tolosa a los apartados con apariencia de exilio. De allí la fama de tuya te impulsó a la fortaleza de Bizancio y a la ciudad de la Tracia Propóntide, Constantinopla, allí rico en bienes y honrado allí por el docto César, mueres con los padres, Magno, supervivientes. Pero la piedad del príncipe Augusto te restituyó a la patria, a la sede y a los monumentos de los tuyos, de aquí renueva la causa para las lágrimas y el fúnebre regalo el día anual con ingrata religión.
17
Exuperius, retórico de Tolosa: Exuperio, digno de ser recordado por mí, elocuente sin arte, grave en el caminar y con palabras inmensas, hermoso de rostro y hasta el final con movimiento y porte agraciado: cuya abundancia de hablar, la más hermosa con mucho, si la recibieras solo de oído, desinflada agradaría, sabrías que, examinada, no producía nada de sentido sólido. La toga de la Paladia Tolosa te veneró primero, pronto te impulsó con igual levedad. De allí te recibió Narbona, allí formaste como retórico a los nacidos de Dalmacio, nombres fatales de reyes, entonces niños, cerca del límite de la edad pubescente, con gran recompensa por enseñar. Quienes pronto desde allí obtuvieron el nombre de César, el honor de prefecto y te atribuyeron el tribunal hispano, terminaste los plácidos tiempos de la vida y las tranquilas costumbres, muy rico en la sede cadurca. Pero las leyes de la patria y el origen de los padres te llaman. Para que de nuevo devuelvas el nombre de retórico a Burdeos.
18
Marcellus, hijo de Marcelo, gramático de Narbona: Ni a ti, Marcelo, nacido de Marcelo, callaré, a quien la madre áspera impulsó fuera de la ciudad y de la casa: pero la fortuna poderosa pronto devolvió todo y aumentó: Narbona dio primero la patria perdida, aquí el noble huésped Clarentio, movido por tu egregia índole, te atribuyó a su hija en matrimonio. Pronto la escuela y el auditor numeroso y la juventud pretexta te dieron el nombre de gramático y riquezas, pero la fortuna nunca favorece un curso continuo, especialmente habiendo encontrado a un hombre de perverso ingenio. Pero no deben ser cargadas por mí, recibí los destinos que deben ser recordados; basta con haber dicho que todo pereció al mismo tiempo: no obstante, el nombre, del cual no te defraudo, recibido entre los gramáticos de muy tenue mérito.
19
Sedatus, retórico tolosano: Es religión, si te dejara callado, Sedato, aunque obtuviste el deber de enseñar fuera, la patria común es contigo para mí: por suerte del destino poderoso obtuviste la sede de la escuela en Tolosa. Allí matrimonio e hijos y una vejez opulenta y fama, tal cual es para un gran retórico. Aunque sin embargo de una región externa te devuelve la patria y te reclama como ciudadano tras haber muerto, y cuando habiendo gastado tu errante trabajo en una ciudad dividida, el origen toma su arbitrio sobre ti. Y tu descendencia ahora, siguiendo la costumbre del padre, ennoblece a Narbona y a Roma con estudios; pero¿ qué nos quejamos? Después de mucho tiempo, la fama, quiera o no, los devolverá a Burdeos.
20
Staphylius, retórico, ciudadano auscio: Hasta aquí la ley de recordar a los ciudadanos observada por mí, ya sea que enseñaran en casa o fuera, pero es lícito unir a un externo con los ciudadanos, tú, Estafilio, nacido de la estirpe de los Nueve Pueblos, tú para mí, porque padre, porque tío, uno ambos, uno como Ausonio, otro como Arborio. Gramático hasta Escauro y Probo, retórico prontísimo, conociendo la historia de Livio y de Heródoto. Todo el método de la doctrina te es conocido, cuanto Varrón esconde en seiscientos volúmenes. Mente áurea, voz persuasiva para ti, luego discurso tranquilo: ni era vacilador, ni era apresurador. Hermosa vejez, hábito brillante, lejos la ira y el dolor; y la meta de la vida plácida fue congruente.
21
Crispus y Urbicus, gramáticos latinos y griegos: Tú también, Crispo, vendrás recordado al tiempo futuro con el regalo del triste treno. Quien enseñabas los primeros signos de los nuevos elementos a los niños y a los rudos en el hablar: creído antaño arder en vino, para que llevaras a los lugares de Virgilio y Flaco como rival. Y a ti, pospuesto a los comienzos latinos, Urbico, célebre entre los griegos, cantaré así el lamento. Pues tú, unido a tu Crispo, solías hablar en prosa y en verso con el mismo ímpetu, para que pronto recordaras a los antiguos héroes antaño recordados en el poema de Homero al hablar: como al dulce Plisténida en pocos, y como los dichos nevados del torrencial Duliquio, y al rey Néstor cantando palabras dulces al hablar con el néctar de la voz melosa. Ambos fáciles de hablar, ambos doctos en todos los poemas, conociendo las plasmaciones de los mitos y la historia, ambos de linaje liberto, pero a quienes convendría haber merecido obtener, para que brillaran como padres ingenuos.
22
Victorius, subdoctor o proscholo: Víctor, estudioso, memorioso, rápido, asiduamente en libros ignorados y no leyendo sino lo oculto, devorar papeles carcomidos por polillas y oscuros, mayor cuidado para ti que en los estudios prontos, qué ley de los pontífices, qué tratados, qué linaje hubo antaño antes de Numa del sacrificador en Cures: qué Castor sobre todos los reyes ambiguos, qué Rodope publicó de los libros del esposo: qué ley de los pontífices, qué decretos de los antiguos, qué consultas de los padres, qué decretó Dracón o Solón y qué leyes dio Zaleuco a los locrios, qué Minos bajo Júpiter, qué Temis antes de Júpiter, conocidos para ti más bien que Tulio y nuestro Marón y lo que sea que se condensa en la historia latina, quizás la larga lectura te habría dado también a esos, si Laquesis no hubiera apresurado el último camino. Teñido con el honor exiguo de nuestra cátedra, con el nombre de gramático libado tenuemente: después de esto muerto en las lejanas costas de Cumas, a las cuales habías pasado desde el litoral siciliano. Pero ahora alégrate recordado en el ejército de los nobles, si el cuidado piadoso llega a tus manes.
23
Dynamius, de Burdeos, quien enseñó en España y murió: Pero ni a ti, Dinamio, defraudaré con la triste queja, munícipe de mi patria y abogado, a quien la fama herida por el crimen de adulterio hizo huir, a quien la pequeña Ilerda alimentó en sus escondites, a quien la esposa hispana enriqueció estando oculto; pues allí eras retórico con nombre cambiado, retórico disimulado con el sobrenombre de Flavino, para que la culpa no pudiera traicionar a su fugitivo. Aunque la voluntad tardía de la patria te había devuelto, pronto la casa de Ilerda te atrajo de nuevo ocioso. Cualquiera que haya sido la huida y la fama de tu vida, te unes a mí con antigua amistad, y mi deber, si hay algún sentido en los manes, acéptalo ya tardío tras haber muerto, Dinamio. Aunque yazcas muerto en diversas costas, el cuidado piadoso te recuerda con tristes elegías.
24
Acilius Glabrio, gramático joven de Burdeos: Por la brevedad igual de la doctrina y de la vida, Glabrio, te recordaré con tristes elegías, nombre derivado de la estirpe de los nobles antepasados, Glabrio Acilino, progenie dardana. Tú, antaño compañero para mí de niño, pronto discípulo, y después gramático cuando yo me hice retórico, y en el foro tutor para los reos y cultivador en los campos, digno, que disfrutaste por mucho tiempo de los bienes obtenidos: cómodo, alegre, benigno, abstemio, tan bueno siempre dando consejos como taciturno en los dados, tan ornamento todo para los tuyos como pronto dolor, arrebatado todo por funesta muerte, Glabrio, abandonas: dejando a la esposa y a los hijos, al padre y a la madre,¡ ay, con cuántos nombres perdidos! Llorad por mucho tiempo por nosotros, nunca suficiente, acepta el amargo, Glabrio, recordado eternamente, adiós.
25
Coronis: Los que lees deducidos desde el primer mes del libro, sabe que fueron doctores de mi patria, gramáticos en el estudio o retórico o en ambos, a quienes recordar me es suficiente tras haber muerto. La alabanza es el halago de los vivos: bastará solo llamar con la voz los nombres a sus túmulos, por tanto, tú que lees los tristes descansos de mi papel, no busques la elocuencia, sino el deber, con el cual el cuidado piadoso rinde culto a los varones claros y doctos, mientras recuerda los adornos de la egregia patria.
26
Poeta: Adiós, manes de los ilustres retóricos: adiós, doctores probos, a quienes la historia o el estilo poético o el foro hicieron nobles, o el dogma de la medicina o el platónico dio gloria perenne: y si algún cuidado de los vivos agrada a los difuntos y ayuda el honor de los supervivientes: aceptad el triste culto de mi poema tejido con fúnebre queja. Que la ceniza inmóvil guarde la sede del sepulcro, que viva la memoria de los nombres, mientras regresa aquel siglo común a todos, por don del juez Dios.

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