Parentalia
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Original: Perseus Lat2
Scio versiculis meis evenire, ut fastidiose legantur: quippe sic meritum est eorum, sed quosdam solet commendare materia et aliquotiens fortasse lectorem solum lemma sollicitat tituli, ut festivitate persuasus et ineptiam ferre contentus sit. hoc opusculum nec materia amoenum est nec appellatione iucundum, habet maestam religionem, qua carorum meorum obitus tristi adfectione commemoro. titulus libelli est Parentalia. antiquae appellationis hic dies et iam inde ab Numa cognatorum inferiis institutus: nec quidquam sanctius habet reverentia superstitum, quam ut amissos venerabiliter recordetur.
Spanish Gemini
pr1
Sé que mis versos tienen el inconveniente de ser leídos con fastidio: ciertamente es lo que merecen, pero a veces la materia suele recomendarlos y, en ocasiones, tal vez solo el lema del título atrae al lector, de modo que, persuadido por su atractivo, se contenta con soportar la mediocridad. Este opúsculo no es agradable por su materia ni placentero por su título; posee una triste religiosidad, con la que conmemoro con doloroso afecto la muerte de mis seres queridos. El título del libro es Parentalia. Es este un día de antigua denominación, instituido ya desde tiempos de Numa para las ofrendas a los parientes; y la reverencia de los supervivientes no tiene nada más sagrado que el recuerdo venerable de los que han partido.
pr2
Prefacio anotado en verso: Los nombres de mis seres queridos, ya depositados en el justo funeral, llorados antes con lágrimas, ahora los recordaré con versos, desnudos, sin adorno y carentes de la elegancia del discurso: basta para las ofrendas el honor exequial, el lamento, suficientemente solícito con las quejas funerarias, para que no pases por alto los dones anuales, que Numa dedica a las sombras de los parientes, según lo exige el grado de la muerte o del parentesco; esto es suficiente para los túmulos, suficiente para los necesitados de tierra: invocar a las almas con la voz tiene el carácter de un funeral. Las cenizas reposadas se alegran de que se pronuncien sus nombres: esto ordenan las inscripciones en las lápidas y los monumentos; aquel incluso, a quien faltó la urna de un triste sepulcro, al ser nombrado tres veces, estará casi sepultado. Pero tú, quienquiera que seas, lector, que te dignas conmemorar los destinos de los míos con tristes elegías, recorre los tiempos de tu vida sin contratiempos y no llores más funerales que los justos.
1
JULIO AUSONIO, PADRE: Primero entre estos, mi padre Ausonio, a quien el orden manda poner el primero, aunque el hijo vacile, cuidado de un dios, pues cumplió con el honor de una plácida vejez y vivió veintidós olimpiadas. Vio todo lo próspero que deseó: le sucedió todo lo que anheló, tal como quiso, no por excesiva indulgencia de los hados, sino porque los deseos de aquel hombre fueron muy moderados. Su época lo comparó con los siete sabios, cuya doctrina cultivó con sus costumbres, para vivir más que para hablar, con el arte de los sofistas, aunque no carecía de un ingenio elocuente, y estaba dotado para prolongar la vida de los hombres con el razonamiento médico y para ampliar las demoras de los hados; de ahí que permanezca esta reverencia por la vida cumplida, y que nuestra época le haya dado este título: así como Ausonio no tuvo a nadie a quien seguir, así no tiene a nadie que ahora lo imite.
2
EMILIA EONIA, MADRE: A continuación tú, madre Eonia, de sangre mezclada, de madre tarbela y padre eduico. A quien correspondió toda la virtud de una esposa obediente, la fama de la castidad y de las manos tejedoras, la fidelidad conyugal, el cuidado de dirigir a los hijos y una gravedad amable y una alegría seria. Abrazando eternamente las plácidas sombras de tu marido, tú que fuiste su lecho en vida, cuida ahora su túmulo tras haber cumplido tu destino.
3
EMILIO MAGNO ARBORIO, TÍO: Culta es para mí la piedad, invocando primero al padre y a la madre, pero el tercero, Arborio, se resiste a ser nombrado, pues me parece un sacrilegio recordarlo primero después del padre, y casi un sacrilegio no ponerlo el primero; hay que aplicar la mesura, y debe ser llamado el siguiente antes que los demás, aunque será el segundo después del padre. Tú, hermano de mi madre y unánime con mi progenitor, y quien fuiste para mí lo que mi padre y mi madre, que me adornaste, lactante, niño, joven y hombre, con las artes que es grato haber aprendido; a ti te prefirió la toga docta de la Paladia Tolosa, a ti te antepuso la Galia Narbonense, cuyo tribunal adornaste con el habla latina, así como los foros de los íberos y los de los Nueve Pueblos; hasta allí, con fama creciente, buscaste Europa; Constantinopla floreció contigo como retórico; tú, docto y elocuente en mil modos y mil oráculos del habla, tú, veloz y memorioso, tú, después de que te complací al serte entregado en mis primeros años, dijiste que yo era suficiente para ti. Profesando que yo era un claro honor para ti y para mis padres, dictaste las palabras que debían marcar mis destinos. Por tanto, adiós, tío, habiendo obtenido la sede elísea: te ofrezco estos poemas de tus Musas.
4
CECILIO ARGICIO ARBORIO, ABUELO: No abandones, página, el piadoso deber: conmemoremos después de estos a mi abuelo materno, Arborio, nombre derivado del linaje eduico, que abarcó muchas casas por su nobleza, tanto en la provincia lugdunense como entre los poderosos eduos, y donde Viena se extiende por la cresta alpina. Pero una aflicción demasiado envidiosa se abatió sobre su linaje y sus orgullosas riquezas; pues mi abuelo y mi padre fueron proscritos cuando Victorino tenía el mando y el imperio recayó en los Tétricos. Entonces, la condición de la pobre Emilia envolvió al fugitivo en las tierras por donde irrumpe el Adour y resuena el furor del océano tarbelo, temeroso de los dardos de una fortuna que ya entonces avanzaba. Pronto, el dinero buscado con mucho esfuerzo fue un consuelo para el cansado, aunque no le trajo riquezas; tú conocías los números del cielo y las estrellas conocedoras del hado, ejerciendo el estudio disimuladamente; no te era desconocida la fórmula de nuestra vida, que habías guardado en tablas selladas, nunca revelada; pero el cuidado de la madre la desveló, cuidado solícito que el tímido abuelo ocultaba. Cuando hubiste vivido noventa años, habiendo experimentado los dardos de la diosa Fortuna que deben evitarse, lloraste durante tres décadas a tu hijo perdido, herido: por esta muerte habías quedado privado de luz. Pero decías que te alimentaban largos consuelos, porque un honor destacado aguardaba mis destinos, y ahora, mezclado con las asambleas de las almas anteriores, ciertamente conoces los destinos de tu nieto. Sientes que, como cuestor, como prefecto y también como cónsul, te conmemoro con un cargo honorífico.
5
EMILIA CORINTIA MAURA, ABUELA: Habla ahora de la abuela Emilia, piadoso cuidado del nieto, que fue esposa del mencionado Arborio. Se le dio este nombre jocoso, porque por su piel oscura fue llamada Maura entre sus iguales. Pero no era oscura de alma, que era más brillante que el cisne y más blanca que la nieve no hollada. Y no pronta a perdonar los deleites vergonzosos, se mantuvo a sí misma y a los suyos a plomo; ella, con sus halagos bajo austeras órdenes, me instruyó desde la cuna y desde el pecho de mi madre. Conceded tranquilidad a las cenizas de mi abuela, descansad eternamente, sombras, si pronuncio palabras piadosas.
6
EMILIA HILARIA, TÍA VIRGEN DEVOTA: Y tú, tía por grado de parentesco, pero que debes ser conmemorada con el afecto de un hijo en lugar de madre, Emilia, que en la cuna obtuviste el sobrenombre de Hilaria, porque eras alegre y amable a imagen de un niño, devolvías a un efebo verdadero sin disimulo, experimentando a la manera de los hombres con artes médicas; de ahí creció siempre en ti el odio al sexo femenino y el amor a la virginidad devota. La cual fue cultivada por ti durante nueve veces siete años, y el fin de tu vida fue el fin de tu castidad. A esta, porque me alimentaste con consejos y amor como una madre, se la devuelvo como hijo en las exequias supremas.
7
CL. CONTEMTO Y JULIO CALIPIO, TÍOS: Y recordad, elegía, a mis tíos en el canto, a Contemto, a quien cubre la tierra rutupina; cuyo dinero, buscado con gran y variada suerte, perece sin nombre de heredero; pues fue arrebatado en años alegres y aún florecientes, y murió más allá del mar, sin que sus hermanos lo supieran. Julio prolongó sus destinos hasta una larga vejez, afectado por innumerables pérdidas, quien, amable y halagador y complaciente en la mesa servida, nos tuvo como herederos solo de nombre. Ambos piadosos, parecidos en el rostro, mezclando bromas y cosas serias, no tuvieron la misma fortuna en la vida, aunque yacéis separados por los túmulos y el honor, tened este don común para vosotros, adiós.
8
ATUSIO LUCANO TALISIO, SUEGRO: Quien quiera celebrar a los próceres y al antiguo senado y a los claros linajes desde el origen de Burdeos, que mencione a ti y a tu linaje, Lucano Talisio, que adornaste a tus antiguos antepasados con tus costumbres. Hermoso por el honor de tu rostro, amable por tu tranquilo pecho, aunque mayor por tu ingenio elocuente: pasando toda tu vida en la caza, el cultivo del campo y la elegancia del sustento, despreciando lo público: deseando ser conocido entre los primeros, rehusando ser el primero, viviendo tú mismo segregado según tu arbitrio. Deseabas que yo fuera tu yerno en mi floreciente juventud: desear esto solo, no se te dio tenerlo, los dioses aprueban los votos y los hados cumplen lo que favorece a las mentes santas, lo que los hombres buenos quisieron. Y ahora sientes bajo el honor del sepulcro perpetuo cuán reverente permanezco hacia tu hija y hacia ti. Pues, yerno célibe, pago ahora estos piadosos dones, pues célibe nunca dejaré de ser y de ser yerno.
9
ATUSIA LUCANA SABINA, ESPOSA: Hasta aquí, mi lamento ha cantado con piadosos modos a los queridos, llorados con justo funeral; ahora el dolor y los tormentos y la herida intocable, la muerte de mi esposa arrebatada debe ser recordada por mí. Noble por sus antepasados y de clara estirpe senatorial, Sabina, más clara aún por sus costumbres y sus bienes, te lloré engañado en mis primeros años de juventud y te lloro célibe durante nueve olimpiadas. Y no es lícito adormecer con la vejez el dolor inveterado; pues siempre se me vuelve casi reciente. Otros admiten los consuelos del tiempo enfermo: el largo día hace más graves estas heridas. Torturo mis canas engañadas con una vida célibe, y cuanto más solo, más triste actúo. Alimenta la herida que la casa esté muda y el lecho esté frío, que no comparto con nadie ni los males ni los bienes. Me lamento si a otro le van bien las cosas de su esposa; me lamento al contrario si le van mal: siempre estás presente para mí como ejemplo. Tú vienes a mí como un tormento por ambos lados: ya sea que sea malo, porque tú fuiste diferente; o bueno, porque eres semejante. No lloro las riquezas vanas y los goces vacíos, sino que, joven, me fue arrebatada a mí, joven, mi esposa. Alegre, casta, grave, ilustre por su linaje e ilustre por su forma, dolor y gloria del esposo Ausonio, que hace poco, a punto de cumplir cuatro veces siete diciembres, dejaste a dos hijos, nuestras prendas. Ellos, por el favor de Dios, tal como fueron tus votos, florecen, colmados de los bienes deseados, y rezo para que prosperen y, finalmente, sobreviviendo ambos, nuestra ceniza anuncie esto a la tuya.
10
AUSONIO, HIJO PEQUEÑO: No te defraudaré, hijo, llamado primero con mi nombre, sin ser llorado con una queja memoriosa: a quien, meditando balbucear en sus primeras palabras, lleno de índole, lloramos en las exequias. Tú fuiste colocado en el regazo de tu abuelo para un funeral común, para que no sufrieras la envidia de tu túmulo.
11
PASTOR, NIETO POR PARTE DE HIJO: Tú también, niño inmaduro, interrumpiste los maduros dolores del abuelo, Pastor, querido nieto, de quien habrías sido una esperanza cierta, tercera progenie de tu padre hesperio, nombre que el azar había dado( porque la flauta entonó primero una melodía pastoral al nacer), comprendido tarde como argumento de una vida breve: que el espíritu huye al soplar por las cañas, mueres golpeado por el peso de una teja lanzada, que la mano del artífice arrojó desde el techo. No fue la mano del artífice esta: aquella mano fue la segura del hado sangriento para buscar un culpable.¡ Ay, qué votos, qué alegrías rompes, Pastor! Aquella teja lanzada buscó mi cabeza,¡ más digno habrías sido tú de gemir los destinos de mi vejez y de quejarte triste en mis exequias!
12
JULIA DRÍADA, HERMANA: Si hubo alguna virtud que una mujer prudente deseara que fuera suya, la hermana Dríada no careció de ella, es más, tuvo muchas que la nobleza de los hombres y el sexo más fuerte desearían tener, lo suficientemente docta para cuidar su vida, su fama y su reputación, docta enseñando las buenas costumbres a sí misma y a los suyos, y para quien la verdad era más cara que la vida y cuyo único cuidado era conocer a Dios y amar a su hermano por encima de los demás. Careció de esposo siendo aún joven, pero evitando las cosas serias, igualó con sus costumbres a las ancianas austeras y prolongó una vida alegre durante seis décadas, y murió en la casa y el techo donde estaba su padre.
13
AVITIANO, HERMANO: Avitiano, Musa, dona a mi hermano con una queja funeraria; este, menor que yo en edad, pero superior en ingenio, imitó las artes paternas. Pero la hostil Átropos prohibió disfrutar del alegre florecimiento de la juventud y salir de los límites de la edad púber.¡ Ay, qué dolor para los compañeros!¡ Ay, qué decoros de vida, qué cultivo de esperanza, hermano, abandonas en la pubertad, hermano por la ley de la carne y el origen de la sangre, casi un hijo por el amor!
14
VAL. LATINO EUROMIO, YERNO: Oh gloria de un linaje claro, oh funeral amargo para mí, Euromio, yerno elegido de la cohorte de los jóvenes, mueres arrebatado para mí en la flor de la primera juventud, padre apenas conocido de un hijo alegre, tú, nacido de la estirpe de los próceres, y habiendo superado a ellos mismos, de donde provenía el linaje de clara nobleza, decente de rostro, bueno de ingenio, elocuente y vigoroso con toda destreza y destacado por tu fidelidad. Sin embargo, nada de alabanza te fue quitado por la brevedad de la vida: maduro en índole, mueres con un funeral amargo.
15
POMPONIO MÁXIMO, PARIENTE: Y a ti, hermano no por sangre, sino en lugar de hermano, Máximo, muerto, mi lamento cantará, pues tú, asociado a mi hermana, dejas viuda a la esposa con el fruto de tu vida; no solo tu casa sintió esto: lo sintió amargamente, herida,¡ ay!, la curia de Burdeos, floreciente contigo como jefe, decayendo al faltar tú y cayendo al morir tú en Valentín,¡ ay!,¿ por qué, Máximo, no disfrutas de tu hijo, que, arrebatado de nosotros, no disfrutas del fruto y la flor de tus nietos? Pero disfrutas, si la porción divina habita en las sombras y se da a conocer qué goces futuros habrá, aquí se tiene incluso un fruto más largo de los alegres: haber anticipado durante mucho tiempo lo que ahora compartes.
16
VERIA LICERIA, ESPOSA DEL HIJO DE MI HERMANA: Tú también, ya sea que te llame nuera o en lugar de hija, Veria, recibe el canto del honor supremo. Si ahora hubiera que alabar tu probidad, tu forma, tu fama, tu fidelidad de esposa obediente y tus manos tejedoras, habría que buscar la voz del abuelo Eusebio desde lejos y desde las profundidades de las manos. Quien, puesto que hace tiempo que fue depositado en una vida cumplida, transcribió sus partes en mis palabras, recibe las quejas funerarias, nieta llorada, esposa de mi Arborio que debe ser conmemorada, a quien, dejando pequeños consuelos de un inmenso dolor, abandonas a tus hijos, con lo que más atormentas. Pero para que no te falte el cuidado de tu amado marido, unida al lecho, cultivas ahora los monumentos en el tuyo. Aquí, donde fue el primer himeneo, allí está la sede triste del sepulcro: más puedes ser llamada casada que sepultada.
17
POMPONIO MÁXIMO HERCULANO, HIJO DE MI HERMANA: Y que el lamento triste no te deje sin honor, hijo de mi hermana, sobre cuya índole de adulto hay una gran abundancia de alabanza. Pero será más decoroso recordar que alabar al muerto. Esta gloria mía y de tu madre, en el tiempo de la edad púber, la fuerza envidiosa del hado la abatió.¡ Eheu!, qué fruto, Máximo, elocuente y músico y agudo, bueno de mente, inmenso de ingenio, veloz de pie, hermoso de cuerpo, astuto de lengua, sonoro de rostro. Recibe los dones tristes de tus padres, los comienzos de una queja lacrimable, que tu triste tío te ofrece con modulación funeraria.
18
FL. SANCTO, MARIDO DE PUDENTILA, QUE ERA HERMANA DE MI SABINA: Tú que cultivas las bromas y la alegría, que condenas las cosas tristes y no temes a nadie ni actúas siendo temible, que no atrapas a nadie con insidias ni provocas con litigios, sino que llevas una vida justa, clemente y sabia, venera con rostro piadoso y buenas palabras las tranquilas sombras y los suaves restos de Sancto, que ejerció la milicia sin ninguna turbulencia, alegrándose de que el campo rutupino fuera gobernado por él, cuya tranquila vejez de ochenta años no cambió ningún día por otro peor. Por tanto, reza favorablemente, para que, tal como fueron los tiempos de su vida, tal sea también el descanso que Sancto pase en las sombras.
19
NAMIA PUDENTILA, PARIENTE: Y tú, dirígete a Pudentila con palabras supremas, tú que tienes cuidado de la fama y de la probidad, esta noble, ahorradora, proba, alegre, casta, decorosa, tuvo este matrimonio con Sancto continuamente. Manteniendo inviolados los pregones de una vida casta, dirigió sus propios bienes mientras su marido disfrutaba del ocio: no por ello reprochando o con el rostro fruncido al marido, porque la mujer sola llevara toda la casa.¡ Ay, demasiado joven, pero alegre al sobrevivir a su hijo y a su marido, sufrió los destinos supremos y murió: unánime con nuestra Sabina y antaño hermana, y llamada hermana por mí con nombre inofensivo. Ahora también el piadoso cuidado retrae las plácidas sombras y honra a Pudentila con el honor de quien habla.
20
LUCANO TALISIO, HIJO DE ELLOS: Y tú ya no serás olvidado, única esperanza de tu madre, efebo Talisio, primo mío, arrebatado en los primeros años de la edad floreciente, ya sin embargo esposo, ya padre apresurado, podrías pensar que el hado se apresuró, para que el padre no llamara a este funeral amargo, hecho abuelo tan pronto.
21
ATUSIA LUCANA TALISIA Y MINUCIO RÉGULO, PARIENTES: Escasa fue nuestra relación contigo, Atusia, y con tu esposo ninguna en absoluto. Pero tú eres hermana de nuestra Sabina, y tú también, Régulo, tienes el nombre de pariente, por tanto, estrechemos los nombres tan queridos que nos han tocado con el obsequio de un triste poema, aunque yacentes lejos en la tierra santónica, el honor exequial llega a las sombras.
22
SEVERO CENSOR JULIANO, CONSUEGRO: Dejad, oh antiguos, los nombres de Calpurnia, que Frugi tenga este honor como propio de vuestra estirpe, y que no solo el censor Catón ni solo el justo Arístides se complazcan con estos títulos, pues cualquier sabio que haya sido y que haya cultivado la verdad y la fe, que se haga compañero tuyo, Censor. Tú, grave y amable, y relajado con la justicia, docto en unir la templanza a lo austero, tú, sin que yo te lo pidiera y sin estar unidos por la sangre, deseaste asociar nuestras casas. Ciertamente, alguna imagen de tus costumbres en nosotros la ofreció la efigie de nuestro ingenio; o ya el vértigo de la Fortuna giraba de tal modo, que tales buenos votos daban peso a los hados, si sientes algo ante las sombras, esto reconforta tu mente, que lo que habías deseado que sucediera, eso quiso Dios.
23
PAULINO Y DRÍADA, HIJOS DE PAULINO Y DE MEGENTIRA, HIJA DE MI HERMANA: Tú que llevabas el nombre y el rostro de tu padre, Paulino, que eras el espécimen del padre perdido; por quien el luto de la miserable madre había comenzado a disminuir, cuando tu forma ofrecía al padre, y devolvía las costumbres y añadía a las costumbres aquello de lo que carecía el padre Paulino: la elocuencia: eres arrebatado en años alegres y púberes y todavía inquietas los pechos crudos de tu madre. Pues lloramos también a la hermana arrebatada de la sede del tálamo,¡ ay!, con un funeral no maduro, Dríada. Lloramos, yo en primer lugar, que soy tío de la madre, y os amo como a la progenie de mis hijos, ella murió entre las manos de su madre y los besos de su padre, tú lejos en la región hispana,¡ qué tierno y en la primera edad eres arrancado como una flor, efebo, aún no ceñido de mejillas purpúreas! Cuatro partos había dado ya la parturienta cumplida, pero ya ha dado funerales duplicados a los túmulos. Que esto sea suficiente, padre Paulino; la división está hecha: el resto de la progenie se debe a la madre.
24
PAULINO, YERNO DE MI HERMANA: Quien ama el ingenio alegre, las costumbres justas y quien cultiva la fe con santa piedad, venerando conmigo las sombras de Paulino, que rocíe con lágrimas amigas llevando dones anuales, de la misma edad que yo, Paulino, y habiendo obtenido a la hija de mi hermana en el tálamo: así casi yerno para mí, la estirpe aquitana materna para ti: pues para tu progenitor Cosio, el linaje municipal de los Vasates. Mereciendo los archivos del prefecto, encargado de las cuentas libias, recibes premios opiosos. Pues el tribunal de la Tarraco ibérica te ofreció la corrección, deseando ser tu cliente. Tú, cultivando a la suegra como a una madre, no podías ser tenido como pariente, cuando disfrutabas del lugar de un hijo. Viviste fiel entre amigos concordes, cumpliendo dieciocho olimpiadas.
25
EMILIA DRÍADA, TÍA: A ti también, Dríada, tía, te venero con rostro piadoso, nacido de mi hermana, casi un hijo, con modos llorosos, a quien la muerte envidiosa arrebató del tálamo y de las antorchas conyugales; y cambió el lecho por el honor exequial en lugar de féretro, aprendías en mí cómo llegar a ser madre, tía; de donde ahora te ofrezco este triste deber como hijo.
26
JULIA CATAFRONIA, TÍA:¿ Por qué no también, Musa, incluir en las quejas funerarias a la tía Catafronia? Que cultivó el amor a la virginidad devota y a la anciana ahorradora: y a mí, lo que pudo, aunque de una suma pobre, me atribuyó como una madre. Por tanto, conmemorada, adiós, y llamada triste en lugar de madre, adiós.
27
JULIA VENERIA, TÍA: Y la tía Veneria murió apresuradamente: a quien recito breves melodías modificadas: para que la ceniza, como plácida, florezca tras la obra, y de pies veloces llegue a los lugares tácitos del Érebo.
28
JULIA IDALIA, PRIMA: También fue pequeña Idalia, dotada con el nombre de la Pafia y que mereció la forma de Venus; la cual nació casi como hermana para mí, pues fue hija de mi tía, a quien el lamento celebra bajo el honor piadoso con un canto funerario.
29
EMILIA MELANIA, HERMANA: Y tú, hermana apenas conocida para mí, Emilia, recibe las quejas que te debe la triste elegía a tus cenizas. La infancia de la misma edad unió nuestras cunas, aunque eras mayor por un cónsul. Pero la envidiosa Láquesis cumplió demasiado apresuradamente los tiempos y dio funerales amargos a las sombras, por tanto, enviada antes, adiós y venera las sombras de los padres, que viene con mayor edad y con menor.
30
POMPONIA URBICA, CONSUEGRA, ESPOSA DE JULIANO EL CENSOR: Como mujer de linaje claro, así de antiguas costumbres, Urbica, ennoblecida por el lecho del Censor; poderosa por virtudes innatas y aumentada también por aquellas que enseñó el esposo, que enseñó el padre y la madre— que tuvo Tanaquil, que la pitagórica Teano y la que murió sin ejemplo en la muerte de su marido. Y si el hado te hubiera dado cambiar así, viviría todavía el Censor en nuestro tiempo, pero ni tú, atormentada durante mucho tiempo en una vida viuda, seguiste inmediatamente al marido con el fin deseado. Ahora llevamos los dones anuales a tus tristes quejas, con el yerno y los hijos, el consuegro Ausonio.