Epistulae
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Original / primary: Spanish Gemini
1.p1
Habiendo ya desfallecido ante las contrariedades de la llamada fortuna, de la cual siempre ha surgido algún obstáculo para no reunirme contigo, me has llamado y consolado de una manera maravillosa con tus cartas. Pues, de algún modo, ya estaba reflexionando conmigo mismo si acaso es verdad lo que muchos pregonan: que existe una necesidad y un destino que guía tanto las cosas pequeñas como las mayores de nuestra vida, y que nosotros, los hombres, no somos dueños de nada; o, si no es esto, que una suerte cualquiera dirige sin falta la vida humana. Y tendrás mucha indulgencia con estos pensamientos cuando conozcas las causas por las que fui llevado a ellos.
1.p2
Yo abandoné Atenas por la fama de tu filosofía, despreciando lo que allí había. Pasé de largo la ciudad del Helesponto, como ningún Odiseo ante los cantos de las Sirenas. Y aunque admiré Asia, me apresuraba hacia la metrópoli de los bienes que en ella hay. Pero cuando llegué a la patria y te busqué a ti en ella, el gran beneficio, no te encontré; desde entonces, me han sobrevenido las muchas y variadas ocasiones de impedimentos inesperados. Pues o bien tenía que estar enfermo y por eso quedarme atrás, o bien, al marchar hacia Oriente, no podía partir contigo; y cuando tarde, tras mil fatigas, llegué a Siria, no pude reunirme con el filósofo que había partido hacia Egipto. De nuevo, pues, tenía que ir a Egipto, un camino largo y penoso, y ni siquiera allí tener lo que anhelaba. Pero estaba tan enamorado que o bien tenía que marchar contra los persas y avanzar hasta lo más lejano de los bárbaros( pues también fuiste allí; tal era la rivalidad del destino) o sentarme aquí en la ciudad de Alejandro, que es lo que sucedió. Pues me parece que, si no hubiera desfallecido como una cría que sigue un brote que se le muestra, habrías sido llevado más allá de Nisa de la India y, si hubiera algún lugar extremo de nuestra tierra habitada, habrías vagado incluso hasta allí.
1.p3
¿ Y qué necesidad hay de decir mucho? Pero, por último, ahora que paso el tiempo en la patria, no ha sido posible reunirme contigo, impedido por largas enfermedades; las cuales, si no se vuelven más moderadas en el futuro, ni siquiera durante el invierno estaremos con tu elocuencia.¿ No son estas obras del destino, como tú mismo dirías?¿ No son de la necesidad?¿ No superaron estas, por poco, incluso los mitos de los poetas sobre Tántalo? Pero, como dije, me he vuelto más tranquilo con tus cartas y ya no soy de la misma opinión. Digo que es necesario dar gracias a Dios cuando concede los bienes, y no disgustarse cuando los reserva. Y así, pues, si nos concediera reunirme contigo, consideraremos esto a la vez como lo mejor y lo más agradable. Pero si lo pospusiera, sobrellevaremos la pérdida con mansedumbre. Pues es mejor, sin duda, que como nosotros elegiríamos, que Él administre nuestras cosas.