De diffinitione
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Original / primary: Spanish Gemini
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Sobre la definición
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Sobre la definición
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Sobre la definición
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El primer discurso de la oratoria y la dialéctica es siempre, como advierten a menudo los autores dialécticos y el propio M. Tulio, lo que se llama definición. Pues bien, dado que nada puede ser llevado a juicio o disputa (siempre que consista en el discurso) sin que aquello sobre lo que va a ser la lucha haya sido fijado primero en una definición, de modo que pueda ser manifiesto entre ambos contendientes qué es aquello sobre lo que se tratará en la futura cuestión; de ahí que no solo deba observarse la virtud de definir por el género de utilidad, porque mediante este discurso la cosa siempre se desarrolla y es lo que explica aquello sobre lo que se pregunta, sino también porque, al ser aplicada siempre como principal, produce la mayor luz y claridad sobre la cosa que, al ser llevada a la contradicción, tiene una cuestión. En efecto, si las palabras fueran conocidas por todos o mantuvieran siempre un único significado y no engañaran a los oyentes con un dicho ambiguo u oscuro, ni confundieran a los hablantes bajo una interpretación diversa, la definición no se creería en absoluto necesaria. Pero como los nombres impuestos a las cosas y las voces individuales han sido instituidos y compuestos con tal arte, según el juicio de quien consideró que las cosas debían llamarse así, que conducen a los oyentes mediante una cierta nota en la significación de las cosas, no por una declaración abierta, considero muy necesario conocer qué es la definición y con qué especies y partes se completa, para que pueda mostrar con la mayor facilidad la cosa que declara y, una vez conocidos los modos, elimine el fastidio en el discurso por su variedad. Y primero, para que parezca que guardamos el orden mediante preceptos, debe aplicarse la definición de la definición misma. La definición es un discurso que explica qué es aquello que define; esto es tan evidente y es necesario entenderlo de tal modo que parezca que debe declararse en qué género está la definición, qué comprende y de qué modo la misma definición ha sido definida perfectamente. Los nombres o voces significan a veces cosas, a veces hechos, a veces dichos individuales, a veces discursos, y aunque parezca que el género de todos estos hechos, dichos y discursos es lo que llamamos, sin embargo, la cosa, por su nombre propio y significación cierta, parece ser otra cosa que el hecho, otra que el dicho, y otra, singular y única, que el discurso. Por tanto, la definición no es la voz de un hecho, ni de una cosa corporal o incorporal, sino que es un discurso. En efecto, tal dicción que expresa qué es aquello sobre lo que se pregunta, sin duda se llama discurso, como el discurso es el exordio, la narración y el resto de lo que decimos que son partes del discurso. Así, pues, la definición también es un discurso. Pero como este es un nombre general que, como hemos dicho, conviene también a la exposición, la narración, la invocación, la oración y a los demás elementos individuales que se dice que son discursos, para que lo que se ha aplicado generalmente pueda ser llevado a aquello sobre lo que se pregunta, se ha añadido la especie. Pues preguntábamos qué era la definición, para cuya declaración M. Tulio añadió: la que explica qué es aquello que define; tal discurso no es sino definición. Pues la narración es ciertamente un discurso que no explica lo que define, sino lo que ha sido hecho, e igualmente los otros discursos individuales, constituidos en sus oficios y acciones, son otra cosa que este discurso que explica qué es aquello que define; así se ha añadido la especie, de modo que, siendo el género arriba el discurso, la especie sea lo que define aquello. Finalmente, se ha añadido aquello por lo que declara más ciertamente y más propiamente lo que se ha dicho: explica qué es. Pues hay otros discursos que explican más bien qué clase de cosa es o cuánta es. Pero este no explica nada de esto, sino solo qué es; pues la cognición es diversa en esta partición, ya que es una cosa saber qué clase es y otra explicar qué es, pues esto último se contiene en la percepción de la sustancia de la cosa, y aquello en el conocimiento de la cualidad, y esta es la definición aplicada por Cicerón. Nosotros, sin embargo, hagamos más claramente qué es la definición con nuestra explicación. Todo lo que se demuestra con el discurso se muestra o si es, o qué es, o qué clase es; cuando se aplica, el discurso para la declaración de si alguna cosa es, no es definición. Igualmente, cuando se muestra con el discurso qué clase es algo, de igual modo no será definición. Pero cuando se muestra qué es, que es el medio entre si es y qué clase es, de tal modo medio que ya no haya duda sobre si es, e igualmente que el qué clase es esté colocado en la ciencia no de quien requiere, sino de quien define; este género medio, digo, que muestra aquello mismo sobre lo que se pregunta qué es, se denomina definición. Toda definición tiene una cosa incierta en la cuestión. Toda cosa, si es cierta, no necesita definición; si es incierta, no es una cosa y busca ser mostrada por la definición. Pues toda cosa, si es que ya es una cosa, como hemos dicho, es cierta. Pero cuando ya es cierta y tiene sus cualidades con las que es comprendida fácilmente, se reconoce fácilmente qué es. Pues nunca puede entenderse qué es si no se ha comprendido qué clase es. Toda definición se asume o por causa de probar la cosa, o, si la cosa se encuentra en cuestión, de aumentarla, o si la cosa ya es conocida, ya sea ante el adversario o ante el auditor, de confirmarla. Sin embargo, la definición se aplica para que la misma cosa que es conocida, cierta y fija, sea retenida. Toda definición es o un discurso retórico o dialéctico. Si es retórica, tomando su origen de la contención, se dividirá en sus partes según la cosa sobre la que se pregunta, ni consistirá toda en el tratado de una sola cosa, de modo que, cuando la plena y cierta perfección de cada cosa sea conocida, los dichos de los contendientes distribuyan toda la misma cosa en partes para sí. Retenemos la violación de sepultura como una cosa también cierta, plena y perfecta, cuando en el sepulcro excavado está también el ánimo y el hecho del que viola, de modo que alguien parezca haber acometido esto con el afán de excavar y profanar los manes. Por tanto, como hemos dicho, la violación de sepultura consiste en el ánimo y en el hecho, y la cosa misma de sepulcro violado es plena por estos dos; alguien abrió el sepulcro para llevarse los ornamentos. El mismo reo de sepulcro violado es llamado a juicio; sin duda, la causa necesita necesariamente un discurso definitorio y una contención que exprese qué es la violación de sepultura; pero los oradores usan partes individuales del hecho total y pleno, de modo que uno ponga la violación de sepultura porque el sepulcro fue abierto, mientras que otro diga que la violación de sepultura se contiene en el ánimo: así surge este tratado del discurso definitorio, de modo que, cuando todo lo que se reconoce en la violación de sepultura ha sido distribuido por sus partes, y los oradores individuales han retenido esas partes, parecen usar la definición en el género de contención. Pero no se dice correctamente definición de este tipo, pues no es cierta, no es plena, no es íntegra, a menos que el discurso haya declarado todo lo que es de la cosa misma sobre la que se pregunta, expresando qué es; en verdad, esta es capciosa y falsa, no la definición cierta de los retóricos. Hay otra también que se conoce como acomodada a los retóricos, que se separa lejos de la virtud de definir, la cual no muestra qué es mediante la comparación, sino que concluye con el discurso que estas cosas son por semejanza, cuando es otra cosa, como cuando se pregunta qué es recibir, ciertamente en la cosa propia, verdadera, cierta, no es otra cosa que tomar con la propia mano algo ofrecido por alguien. Mediante la comparación, M. Tulio define que Verres recibió dinero, cuando sus compañeros, socios y ministros recibieron dinero. Esos compañeros tuyos, dice, eran tus manos. Igualmente, en otro ejemplo, cuando se pregunta qué es un enemigo, decimos que el enemigo es aquel que ha tramado algo malo; y Cicerón, usando la comparación, dice: Enemigo es quien actúa contra la cosa, la voluntad, el honor y la dignidad de todos. De lo cual deducimos que las definiciones de este tipo convienen sobremanera a la contención de los oradores, aunque están lejos de la virtud de la definición; pero estas definiciones que son aptas para los oradores y poetas contienen un orden cierto en el discurso por su explicación. Sobre este asunto, los preceptos han sido establecidos por M. Tulio en los Retóricos, de modo que toda definición, esto es, el discurso que explica qué es aquello sobre lo que se pregunta, se mantiene por estos miembros y partes: primero, que nuestro discurso contenga brevemente qué es aquello sobre lo que se pregunta, y esto se llama definición; después, que se suponga la aprobación de esa definición, con la cual mostramos que aquello mismo que pusimos brevemente en la definición es así mediante razones de argumentos; después, en tercer lugar, introducimos la deducción de la misma definición a la especie sobre la que es la cuestión y sobre la que se ha constituido el juicio, de modo que, cuando hayamos definido la cosa generalmente y hayamos dicho que es así aquello sobre lo que se pregunta, y después hayamos constituido mediante la aprobación que es verdadero lo que definimos, en tercer lugar hayamos mostrado que esto es lo que ha sido hecho, o aquello sobre lo que se pregunta, cuya parte del discurso se llama deducción del género a la especie; en cuarto lugar, pondremos en nuestro discurso la destrucción de la definición de la parte adversa, esto es, que propongamos cómo los adversarios definieron aquello mismo sobre lo que constituimos la definición arriba, y enseñemos que esa definición de los adversarios es viciosa, lo cual declararemos después cómo es viciosa. Pues tiene sus partes ciertas, íntegras, sobre las cuales ahora dejamos de hablar. Hay una definición de enemistades en M. Tulio breve, así colocada: ¿Acaso piensas que hay mayores enemistades que las voluntades contrarias de los hombres y los estudios disímiles? Esta, como hemos dicho, es una definición retórica, y un discurso breve concluido sobre qué son las enemistades. Después de esta definición se aplica la aprobación: Quien piensa que la fe y la religión son santísimas en la vida, ¿puede no ser enemigo de aquel que ha saqueado todos los templos? A continuación, lo que sigue, en lo cual ciertamente se puede observar que se pueden conjugar tanto la aprobación de la definición como la deducción de la definición a la especie. Pues aquí Marco Tulio aprueba que las enemistades son estudios contrarios y voluntades disímiles de tal modo que incluye en las palabras la especie misma sobre la que se preguntaba que había sido hecha: pues la aprobación pudo hacerse, que esas son enemistades que contienen voluntades contrarias, y componerse tal dicción al suponer las razones, cuando uno guarda la fe y otro es infiel. No hay duda de que con tal ánimo, según cómo estén afectados entre sí, se cree que son enemigos. Igualmente, para el hombre religioso, el irreligioso es enemigo. Por tanto, si se dijeran otras cosas supuestas a partir de diversos estudios y voluntades, solo habría aprobación, no también deducción del género a la especie; pero cuando ahora se conecta la dicción así: quien piensa que la fe es santísima en la vida, consideráis que la religión debe ser cultivada, sin duda es enemigo de aquel que saqueó los templos, violó todos los templos, profanó los santuarios. Aquí también el mismo hecho de Verres sobre el que se pregunta se contiene y se incluye tan especialmente que, junto con la aprobación y la deducción del género a la especie, se mantiene cerrado; después se añade, como hemos dicho, la destrucción de la definición de la parte adversa, pero mediante la concesión, esto es, de los semejantes: ¿acaso si alguien hubiera hecho una injuria contra mi cosa, profesaría que por derecho le soy enemigo? Pongamos, pues, la definición de la parte adversa tal: Las enemistades son cuando alguien hizo o dijo una injuria contra mi cosa. M. Tulio destruye esta definición de tal modo que, concedido aquello que así está definido, no obstante, las enemistades son también de otro modo, cuando alguien actúa contra la cosa, el honor y la dignidad de todos. Tal es, pues, siempre el discurso que se atestigua sobre la definición retórica mediante cuatro miembros: que haya definición, aprobación de la definición, deducción de la definición a la especie, y después la última destrucción de la definición de la parte adversa; pero esto parece apto para los retóricos, no también para los filósofos. Aquella, sin embargo, que es propia de los filósofos, también conviene a los oradores, y el orador la añade para sí, tanto para su materia como para el ornamento de su propia dicción. Pues el orador expresa correctamente todas las cosas que están en el decir de los filósofos. Pues usa también el argumento verdadero, que es propio de los filósofos, y usa también el necesario. Pero, por el contrario, el filósofo en sus disputas propias condena todas las cosas de los retóricos, pues no añade nunca un signo, ni lo que se dice creíble, y excluye todo lo probable profundamente de la virtud de su discurso. Por tanto, expondremos la definición que es propia de los filósofos al expresar las cosas que explica qué es, qué clase es, y cómo debe consistir en sus miembros. Que las definiciones son principios de disputar lo dijimos arriba, y M. Tulio lo prueba, tanto en todos los diálogos como también en ese libro que se inscribe Tópicos, en el cual enseña que el primer lugar de los argumentos es la definición, esto es, desde el todo, a cuyo lugar que se llama desde el todo debe aplicarse necesariamente la definición, de modo que así el lugar del argumento desde el todo sea la definición. Además, como dijimos arriba, se llama definición la explicación del argumento que es desde el todo. Por tanto, por los preceptos de los dialécticos y de todos los filósofos debemos retener esto: que no hay definición, sino solo la que, en la cosa que queremos definir, antes de que entendamos que es de esa cosa, declare y muestre la sustancia. Para que esto se haga más claramente, enseñaremos que no hay ninguna definición cierta, íntegra, aprobable, sino la que los filósofos llaman sustancial, en griego se llama ούσιῶδης. Qué sea, sin embargo, sustancial, debe explicarse en otro lugar. Para el conocimiento, entretanto, que acceda esto: cuantas veces se pregunta sobre algo qué es, entonces puede haber una definición cierta y sustancial, cuantas veces ponemos el género de la cosa sobre la que se pregunta, como dijimos, y desde allí añadimos lo demás mediante diferencias en el discurso. No parece ajeno poner un ejemplo, y así pasar a lo demás que es oscuro. Se pregunta qué es el hombre, para este ciertamente el género es animal. Cuando, pues, en la definición en la que explicaré qué es el hombre, haya dicho animal, y después conecte lo demás, será una definición sustancial. Pues he declarado la sustancia del hombre cuando dije animal. Igualmente, cuando pregunto qué es blanco o negro, si dijera que el blanco es color, porque color es género para esto sobre lo que pregunto, blanco o negro, ya será una definición sustancial que comienza desde el género, y así conecta lo demás. Esta se dirá que es sustancial, y esta propia, y esta íntegra. Esta es aprobada por los filósofos, de modo que nunca se diga que es definición la hecha de otro modo; pero por algunos este nombre se transfiere a menudo también a otras cosas que se definen de otro modo. Por tanto, esta definición sustancial es explicada así por M. Tulio. Que debemos, puesto el género de la cosa sobre la que se pregunta, subyugar las especies, para que separemos otras que puedan ser vecinas mediante comuniones discretas, e interpongamos diferencias tanto tiempo cuanto lleguemos a lo propio de aquello sobre lo que se pregunta con su expresión señalada. Él mismo puso ejemplos en los Tópicos. Nosotros, sin embargo, para que no se haga confusión al lector en los ejemplos por derecho, propongamos este ejemplo: el hombre es un animal racional, mortal, terrestre, bípedo, capaz de risa. Cuando se ha dicho animal, se ha declarado la sustancia del hombre. Pues es, como dijimos arriba, animal el género para el hombre, y todo género es declaración sustancial de su especie; pero aquí animal, porque se extendía ampliamente, se ha añadido la especie terrestre, ya está excluido lo que es aéreo o húmedo. Bípedo, sin embargo, se ha puesto por otros animales que se apoyan en muchos pies. Igualmente racional por aquellos que carecen de razón. Mortal, sin embargo, por aquello que es Dios. A todos los cuales animales que podían convenir a los superiores puestos en el discurso, discretos y excluidos, se ha añadido lo propio en la parte última, pues es solo del hombre lo que ríe. Así la definición es perfecta en toda parte para declarar al hombre, cuando, puesto el género, excluidos todos mediante las diferencias que podían convenir, el discurso llega a la propiedad de aquello sobre lo que se preguntaba. Y este es el precepto tuliano, que quien defina debe interponer y añadir diferencias en el discurso hasta que el discurso llegue a la propiedad que ya no pueda ser común. Pero Aristóteles dice que la definición perfecta y plena consiste en el género y las diferencias. Desde el género también y las diferencias esto mismo enseñamos nosotros arriba, cuando la especie interpuesta separaba con su diferencia otras que pueden ser semejantes. Algunos, sin embargo, más cautos y más plenos al enseñar la definición misma, de la cual constituyen ciertos miembros, dicen que esa definición perfecta que llamo sustancial debe consistir en cinco partes, esto es, género, especie, diferencia, accidente, propio. Pero el accidente vale lo mínimo en la definición, lo propio vale lo máximo. Y ciertamente y verdaderamente conmemoran esto, ni deben ser juzgados ajenos, ni al príncipe de estas artes, Aristóteles, ni a M. Tulio, quien transmitió preceptos sobre estas cosas. Pues la definición íntegra consiste en estas cinco partes como en sus miembros; pero también Aristóteles, en los libros que llamó Tópicos, enseñó qué es género, qué especie, qué diferencia, qué propio y qué accidente. Y muchísimos filósofos además, en sus libros, comprendieron la fuerza y potencia de estas cosas y las declararon. Nosotros, porque ya disputamos plenísimamente sobre estas cinco cosas en un libro, para que la cosa interpuesta a la cosa no produzca oscuridad, o repitamos lo dicho, queremos que el lector vaya al libro que ya está escrito, si tiene necesidad de ello, ahora advierta que no le es impedimento lo que aquí se ha omitido. Pues eso, conocidas todas esas cosas, lo retendrá por la necesidad de los preceptos. En ese discurso sustancial debemos interponer especies y diferencias tanto tiempo cuanto, excluidos todos los que pueden ser esto mismo, se llegue a que la propiedad ya se retenga cierta. M. Tulio en los Tópicos quiso definir el derecho civil, y, como debió, comenzó desde el género: dijo, pues, en el principio: El derecho civil es equidad, este es el género del derecho. Pero como la misma equidad es a veces constituida, a veces natural, y el derecho civil es equidad instituida por los hombres, por eso añadió: El derecho civil es equidad constituida. Puesto el género, añadida la especie, separó otra especie, a saber, la natural. Pero como también el derecho de gentes es equidad constituida, y sin embargo no es civil, se añadió aquello que hubiera podido separar el derecho de gentes: de aquellos, dice M. Tulio, que son de la misma ciudad. Cuya especie interpuesta, describió el derecho civil. Hay todavía lo que puede ser común con otro, esto mismo que se ha dicho arriba universal. En efecto, conviene al derecho de las religiones y de todos los sagrados. Pues el derecho de las religiones es equidad, y equidad constituida, y de todos aquellos que son de la misma ciudad. Pero no llamamos derecho civil a aquel que es de los pontífices, esto, pues, para que pudiera excluirlo, y definir el derecho civil hasta lo propio, añadió: para obtener sus cosas. Demos otro ejemplo puesto en los discursos, por el cual la cosa se explique más fácil y manifiestamente. M. Tulio define qué es la gloria, con estas palabras, según creo: La gloria, dice, es la fama ilustre y extendida de los hechos rectos y grandísimos, ya sea hacia sus ciudadanos, ya hacia la república, o hacia todo el género de hombres, fama de méritos. La gloria, pues, ha sido definida sustancialmente cuando se ha dicho fama. Pues el género de la gloria es la fama, la cual, porque a veces es de cosas malas, a veces de buenas, por eso es género, al cual se ha añadido la especie, ilustre, que es alabanza: pues la fama que es de cosas buenas es alabanza, e ilustre. Por esta cosa, pues, se ha excluido la fama deterior: y como esta fama laudatoria puede ser a veces por mérito, a veces más allá del mérito, pues frecuentemente ha emanado una opinión sobre alguien de otro modo que como fue hecho el hecho, por eso dice fama de méritos, pues esos son los méritos que, cuando los prestamos, nos hacen merecer la gloria. Por tanto, Cicerón, que quería entonces dar gloria a César cuando había presidido la república, por eso dividió esos hechos o méritos puestos generalmente en especies, y añadió: cuando hacia sus ciudadanos, entonces hacia la república o hacia todo el género de hombres, las cuales, a saber, especies de hechos rectos subyacentes, convienen hasta la propiedad de la gloria. Pues tiene ahora una propiedad cierta y verdadera en las partes de la gloria. Pues todo lo que prestamos, o lo damos como debido, o como no debido, cuando actuamos rectamente, si solo son hechos los que son como debidos, se dice fama ilustre de hechos. Cuando, sin embargo, hacemos más allá de lo que es debido, con benevolencia de prestar y benignidad de dar, estos se denominan méritos. Concluyó, pues, ambos géneros de prestar cuando dijo: fama ilustre y extendida de hechos y grandísimos, cuando hacia la república, entonces hacia todos los ciudadanos fama de méritos. De todas estas cosas considero que es abierta esa definición, que debe ser sustancial, que debe decirse así: que, propuesto el género de la cosa sobre la que se pregunta, y añadidas las especies con la diferencia hasta su propio, excluida totalmente la comunión, lleguemos. Y si quisiéramos seguir el juicio de la verdad por los autores filósofos, no se dirá ninguna otra definición. En efecto, las restantes atribuyen más bien el intelecto de la cosa, no declaran plenísimamente qué es esa cosa mediante el discurso aplicado; sin embargo, como por nombre trasladado también los restantes discursos que retienen esto mismo con dicción imaginaria se denominan con nombre igual, de modo que se llamen definiciones, considero que deben ponerse las restantes especies, por lo cual podamos conocer más fácilmente lo que dicen los demás, y, conocida la definición de modo múltiple, como se ha dicho arriba, se descubra la verdad de definir. M. Tulio en los Tópicos, tratando sobre los tres primeros lugares, desde el todo, desde las partes, desde la nota, cuando el argumento es desde el todo, como enseñamos arriba, dice que debe aplicarse la definición, pues allí se pone el género para que se explique qué es la cosa misma sobre la que se pregunta. Pero cuando el argumento es desde las partes, también ella misma se llama ciertamente definición, pero por nombre trasladado, cuando desde todas las partes enumeradas se reconoce el todo, así lo que es el todo, en esta cosa casi no hay diferencia si conocemos todas las partes del todo desde la definición que es desde el todo, o si, recogidas todas las partes, captamos lo que es el todo desde la enumeración de las partes. Cicerón llama a tal definición enumeración de partes, pero atribuyéndola a la definición, puesto que también la enumeración de las partes muestra aquello mismo sobre lo que se pregunta qué es, y esto mismo hace la definición puesta arriba, cuando el discurso que muestra qué es se llama definición, de donde para nadie es duda que también esta se diga que es definición; puso, pues, M. Tulio explicando qué es libre, o en lo contrario qué es no libre. Puesto que la libertad se da por censo, se da por vindicta, se da por testamento, y estas son las partes de dar la libertad; si ni, dice, por censo, ni por vindicta, ni por testamento es libre, no es, pues, libre. Así, puestas las partes por las cuales se hace libre, sigue la negación de la libertad, si ninguna de estas partes precedió en dar la libertad. Ni os mueva que qué es no libre se ha constituido en la definición, no qué es. Pues igual es la razón y la misma fuerza de definir, y cuando se muestra qué no es, y cuando se desnuda qué es mediante la definición aplicada. Aunque M. Tulio dice de otro modo en el mismo libro de los Tópicos que hay dos géneros de definiciones: primero, cuando se define lo que es, segundo, cuando se define lo que no tiene su sustancia, esto es, lo que no es, y este género de partición lo cerró y atenuó en las cosas que dije arriba. Pero quiso que hubiera otras que decía que son, otras que no son. Pues dice que son aquellas cuyo cuerpo subyace, como cuando definimos qué es agua, qué fuego. No quiso, sin embargo, que se entendieran como que son aquellas para las cuales no parece haber ninguna sustancia corporal, como son la piedad, la virtud, la libertad. Pero nosotros consideramos que todas esas, o las que son con cuerpo, o las que son, a saber, en el cuerpo, si se aceptan en él, de modo que parezcan o ser por sí, o ser en algo, deben numerarse en un género, de modo que se entienda que todas esas son, para todas las cuales puede haber su sustancia, ya sean esas corporales, ya, como es certísimo y pueden llamarse con nombre recto, cualidades. Pero además de estas hay definición cuando se muestra algo que no es. Pues hay necesidad de definición para que podamos enseñar qué no es. Por tanto, si mediante partición, enumeradas las partes, decimos qué es la libertad, mediante la misma partición mostraremos qué no es la libertad. Se hará, pues, también definición desde las partes, como si dijera: si ni es masculino, ni femenino, no es hombre. Igualmente si ni es esclavo, ni libre, no es hombre. Ciertamente aquí considero que debe advertirse que las partes a menudo se toman del todo mismo sobre el que se pregunta para su definición, a menudo no del mismo, sino de lo que le sucede, de modo que la enumeración de las partes del accidente pueda definir lo que es el todo. Pues cuando el todo es el hombre sobre el que se pregunta qué es, no son sus partes esclavo y libre, sino accidentes al hombre. Cuya enumeración, cuando ha sido constituida, se muestra qué es el hombre. Ciertamente también considero que debe advertirse aquí esto: cuando se hace la definición desde las partes, puede suceder que a veces el todo se recoja de todas las partes, como mostramos arriba, a veces las partes se enumeren en la definición de modo que en las individuales esté el todo, como aquello que está en las controversias: prestar auxilio es decidir, partir enviando, venir incluso si no has luchado, atemorizar a los enemigos para que no luchen. Así M. Tulio en muchos lugares, y él mismo en pro Cornelio, donde se pregunta qué es disminuir la majestad, trata, porque promulgó una mala ley: porque leyendo el códice suprimió la intercesión, porque hizo sedición. En todas las cuales se define la majestad lesionada. Pero son tan individuales que en las mismas individuales puede mostrarse el todo, esto es, la majestad lesionada. Esto también lo mantiene en pro M. Celio, donde mediante la enumeración de los males por los cuales se hace dolo malo, la definición se hace de modo que mediante las especies individuales pueda reconocerse el dolo malo. Cuando entendemos esto puesto abiertamente, entonces también es manifiesto que una cierta noción se contiene en esa definición, no la cosa plenísima, y que aquella definición que pusimos arriba, cuando, colocado el género, se trae el discurso indicando su sustancia para la declaración de la cosa que se define, es muy superior. Ciertamente considero que debe añadirse que no hay una cierta necesidad en esa enumeración de partes, donde hay de algún modo definición, si las partes hubieran sido infinitas, o muchísimas especies, cuya enumeración debe hacerse mediante partición; no, digo, considero que en esa enumeración no debe concluirse todo lo que es infinito. Pues basta que se haga la enumeración de al menos muchísimos, cuando en los infinitos no es vicioso omitir algo: esto colocó Cicerón en los Tópicos, que podemos definir el derecho civil mediante enumeración. Lo cual consiste en leyes, costumbre, equidad, pero no todo el derecho ha sido enumerado, puesto que está, y en los senadoconsultos, y plebiscitos, está en los edictos, y está en las órdenes de los príncipes, quizás todavía y en otros. Pero cuando, enumeradas algunas partes de las infinitas, se haya dado la noción del derecho, pensaremos qué es el derecho civil en los semejantes. Por tanto, mediante división o partición se hace esa definición de la que hablamos, pues así también mediante la misma definición y la misma partición, enumeradas o todas, si son pocas, o muchas, si son infinitas, o especies, o partes, somos conducidos al conocimiento de la cosa sobre la que se pregunta y a la noción. Sepamos, sin embargo, que la definición es desde el género cuando se enumeran las especies, partición cuando las partes. Por lo cual definamos animal, para este, como las especies son infinitas en número, como hombre, buey, caballo, león, pez, igualmente lo demás, podemos declarar qué es animal enumeradas pocas especies. Pero si tocara aquellas especies que son más bien diferencias, que ellas mismas pueden ser tres, húmedo, terrestre, celeste, mediante la enumeración de todas estas cosas animal sea definido. Esto mismo observarás también en la enumeración de las partes, como si dijéramos: el mundo es mar, tierra, cielo, mediante la enumeración de las partes, pero no sin embargo de todas, se ha explicado qué es el mundo. Y si quisiéramos definir qué es el mundo mediante la enumeración aplicada por otras partes infinitas, puesto que, como dice M. Tulio, la enumeración de las partes es a menudo más infinita, nos es dado ese precepto, que no creamos que hay algún vicio en la enumeración cuando omitimos algo, solo en aquella cosa donde las partes son infinitas, por tanto podremos decir: El mundo es sol, luna, astros, aire, y todo lo que está en él, esto es, tierra y lo demás, lo cual, aunque lo expongamos no enumeradas las partes, mostramos qué es el mundo comprendido por la semejanza de las partes dichas a todas. De este modo, pues, la definición se tratará también mediante la enumeración de las partes, es licencia racional que las partes se pongan por las especies, como el todo por el género, nunca sin embargo el género se nombra por el todo, o la especie por la parte. Todo género de cada cosa es como el todo para sus especies, de donde decimos con derecho el todo por el género. Y del mismo modo nombraremos las partes por la especie. Pues si a ese género y vocabulario que se llama todo se asocia con derecho, igual razón es enumerar las partes como bajo la apelación del todo por las especies. Sin embargo, quiero que esto sea bien advertido: como hay dos géneros de cosas, corporales e incorporales, en ambos se acepta tanto el género como el todo, y del mismo modo se nombran las partes y las especies, pero separada por la sección de la razón propia, de modo que cuando el género haya sido nombrado a modo de cualidad, debamos entender las especies supuestas a él. Cuando, sin embargo, el todo, no por el cual se advierta su cualidad que se significa siempre en el género, sino como un cierto cuerpo sustancial, de modo que, cortado en sus partes y distribuido, haya recibido la sección de una cierta cantidad. Ya sea ese cuerpo, ya (como dijimos) incorporal, mediante la advertencia de ambas cognaciones, que está o en la cualidad o en la cantidad. Si quisiéramos que la cosa llamada sea por cualidad, digamos que es género, y que a este le son supuestas las especies. Si comprendemos una cierta cantidad en aquello que es el todo, merecida y justamente decimos que las partes están en la sección. Concedido aquello para el uso y aceptado libremente, que nombremos las especies con el nombre de partes, y pronunciemos el género mismo que dijimos sobre la cualidad con la apelación de todo sin vicio, nunca sin embargo pronunciemos el género de lo que es de cualidad donde debe decirse todo, ni bajo el todo nombraremos nunca las especies, sino siempre las partes. La tercera definición es la que se dice desde la nota, cuando la fuerza de la palabra o del nombre, que está situada en la composición, designa su cosa mediante una cierta separación hecha. La fe, dice M. Tulio, es cuando se hace lo que se dice. Aquí, pues, se puede observar, como si el nombre simple fuera ficticio y compuesto, de modo que resuene en sus cosas aunque con oscura composición, pues casi desde las mismas sílabas que dicen su cosa conocemos el verbo compuesto hacia lo que significa desde la discreción, pero a menudo el verbo simple y puro, conectado sin ninguna composición, se llevará en la definición desde la nota, donde está la fuerza de aquello que los griegos llaman έτυμολογίαν, pero Cicerón veriloquio. Pero no puede mostrarse desde la discreción, que no hay ninguna, de la composición, sino que, aplicada la declaración y denominación, se explique de algún modo qué es aquello sobre lo que se pregunta, como de la bondad bueno, y de la malicia malo, y de la sabiduría sabio. En efecto, cuando la cosa es conocida en otro nombre, fácilmente esto que es derivado de él y de algún modo denominado conduce al conocimiento, para que muestre qué es, como en contra Pisón Cicerón dice que cónsul fue dicho de consultar, y sobre todo, dice, porque la fuerza misma de ese nombre prescribe consultando a la república, y este género de definición debe decirse que es. Aunque M. Tulio en los Tópicos hizo un lugar de argumento que denominó conjugado, que es limítrofe al lugar que es desde la nota, nosotros sin embargo no de otro modo ni contra, sino con igual precepción diremos con derecho la definición, guardando el precepto de que cuando entendamos el nombre compuesto mediante la división en sus cosas que suena aceptada aquello que significa, se hace la definición desde la nota. Cuando, sin embargo, comenzamos a aceptar de dónde ha sido denominado el verbo simple, hemos aceptado el argumento desde el conjugado, como puso M. Tulio, sin embargo digamos que es definición, porque muestra qué es, lo cual es propio de la definición. Estas son las tres principales definiciones sustanciales puestas ahora por mí, la que es desde el todo, desde la enumeración de las partes, y la nota, de modo que aquella que es anterior, sola se denomine verdaderamente definición, estas, sin embargo, dos, por el honor y la honestidad del nombre, porque muestran qué es aquello sobre lo que se pregunta, no verdaderamente, pero sin embargo se dirá que son definiciones. Ahora volvamos a aquella definición que es desde el todo, porque ella misma puede recibir en sí muchísimas formas. Pero de estas, las que pudimos recoger, las partiremos (pues hay también otras quizás), después diremos las razones y las diferencias y los ejemplos. Es, pues, la primera la que en griego puede llamarse οὐσιώδης, en latín sustancial. La segunda es ἐννοηματικὴ, que subyuga solo la noción. La tercera ποιότης, que recibe el nombre desde la cualidad. La cuarta ὑπογραφικὴ, que es llamada descripción por M. Tulio. La quinta κατὰ ἀντίλεξιν, en latín podemos decir palabra por palabra. La sexta κατὰ διαφοράν, los latinos nombran sobre lo mismo y sobre lo otro, que puede decirse diferencia. La séptima es κατα μεταφοραν, esto es, mediante la traslación. La octava es κατὰ ἀφαίρεσιν τοῦ ἐναντίου, esto es, mediante la privancia de su contrario. La novena es κατὰ ὑποτύπωσιν, esto es, mediante una cierta imaginación. La décima es ὡς τύπος, en latín como. La undécima es κατὰ ἔνδειαν πλήρους ἐκ τοῦ αὐτοῦ γένους, esto es, mediante la indigencia de lo pleno desde el mismo género. La duodécima es κατὰ ἔπαινον, esto es, mediante la alabanza. La decimotercera es κατὰ ἀναλογίαν, esto es, junto a la razón, que se dice proporción. La decimocuarta es κατὰ τὸ πρός τι, esto es, mediante aquello que es hacia algo. La decimoquinta es αἰτιώδης, atribuyendo la causa. Sobre la primera definición se ha terminado el discurso pleno en los superiores, cuando mostramos qué es la definición sustancial y con qué partes se completa. La segunda se dice ἐννοηματικὴ, la cual podemos decir noción no por nombre propio sino común. Pues en todas las restantes definiciones se pronuncia la noción de la cosa, no se declara la explicación sustancial, pero esta que es segunda, se hace siempre de este modo: cuando, propuesto aquello que debe definirse, sin decir su género, conduciendo al oyente con palabras hacia el sentido de la cosa, se explica qué es aquello sobre lo que se pregunta. Y es casi familiar para esta definir las cosas propuestas mediante nombres superpuestos, como si dijera: el hombre es lo que con concepción racional y ejercicio preside a todos los animales; aquí ciertamente no dije aquello mismo que es, sino diciendo qué hace, como con un cierto signo lo conduje a la noticia. Hay muchas otras cosas en M. Tulio en los Retóricos, como que lo honesto es un género de causa, al cual favorece inmediatamente sin nuestro discurso el ánimo del auditor, e igualmente lo admirable, del cual está alienado el ánimo de aquellos que van a escuchar. Así, cuando aplica las restantes definiciones en el segundo libro al declarar las virtudes. Primero cuando dice qué es la virtud misma, y pone su definición: hábito conforme al modo y a la razón de la naturaleza; aquí, porque puso el género para decir hábito, es definición sustancial. Pero cuando dice: la memoria es por la cual el ánimo repite aquellas cosas que habían sido, e igualmente la inteligencia es por la cual mira aquellas cosas que son, y de igual modo la providencia es por la cual se ve algo futuro, es bastante claro que esa no es una definición sustancial, sino, como dijimos, la que en griego se dice ἐννοηματική, cuando la noción de la cosa no se percibe por razón sustancial, sino que se pronuncia la cosa conocida por acto. La tercera especie de definición es la que se dice ποιότης, esta muestra qué clase es diciendo, y como pusimos arriba nuestro ejemplo, para que aparezca fácilmente que sobre lo mismo uno pueden hacerse muchas definiciones, definimos primero sustancialmente al hombre. Después expresamos su noción al modo de la segunda definición. Ahora mediante la tercera definición explicaremos qué es el hombre. El hombre es donde la piedad, donde la justicia, donde la equidad, donde la continencia, donde de nuevo la malicia, la astucia, y los demás vicios se encuentran, que vale por ingenio, destaca por artes, y por el conocimiento de las cosas o ama lo que debe hacer, o por advertencia desprecia, repudia, rechaza lo que es inútil. Por estas cualidades ha sido expresado el hombre, pues no exige la vida ningún otro animal con estos movimientos de la mente que designan la cualidad, sino solo este animal, que es el hombre, con las cualidades puestas y constituidas en la mente, como un cierto artífice natural o gobernador de la vida, se llena. Esta ciertamente tercera y aquella segunda pueden parecer a algunos que son comunes: pues a menudo basta en cualquiera de estas para la definición de la cosa sobre la que se pregunta nombrar solo su propio, como si dijera: el hombre es lo que ríe, pues esto es propio del hombre y de ningún animal; dicho lo cual y calladas todas las demás cosas por las cuales el hombre pueda mostrarse, sin embargo, ha sido declarado solo por su propio. Y esto dijo Cicerón sobre la propiedad, que es un género de definición que puede aplicarse a la noción, como a algunos les parece, puede también a esta definición que ha obtenido el nombre de cualidad. De donde algunos censuran que estas dos, no discretas entre sí por ningún fin, son más bien una, cuando aparece bastante que aquella noción, sin puestas cualidades, como enseñamos arriba, puede completarse, esta, puestas las cualidades, puede mostrar qué es la cosa, callado también su propio. La cuarta definición la dijimos ὑπογραφικὴν, no colocando el número como propio, sino asociando el vocabulario a la razón exhibida ahora por orden instituido para un conocimiento más fácil: pues no debe decirse que la cuarta, que es ὑπογραφὴ, que fue dicha descripción por nosotros, es la cuarta. Pero porque el orden de la proposición lo había exigido, por eso colocamos el nombre del número en este lugar. Pues el que es cuarto, Cicerón puso la definición sobre lo mismo y lo otro, y así constituyó la quinta ὑπογραφικὴν; pero nosotros, omitida la numerosidad, enseñaremos mediante la razón propuesta qué es ὑπογραφικὴ, que es llamada descripción por M. Tulio, y mediante ejemplo, qué discurso no dice más bien qué es, sino que declara mediante la circuición de los dichos y hechos qué es cada cosa mediante descripción. Se dice que esta definición es descriptiva, como cuando se pregunta qué es un avaro, qué un cruel, qué un lujurioso, y se describe la naturaleza universal del avaro, lujurioso, cruel. Cuya especie de definición se dice descripción por género de exhortación, como: el lujurioso es el que apetece un sustento no necesario, sino suntuoso y oneroso, que fluye en delicias, propenso a la libido. Estas y otras definen al lujurioso, y definen mediante descripción, esta definición es siempre apta para el orador. Pues a esta se atribuye la alabanza de decir mediante circuito por la honestidad, no aquel discurso más apto y determinado que es como familiar a la definición que preceptuamos arriba que es sustancial. Por eso en muchos lugares M. Tulio, cuando dice que algo debe definirse, no preceptuó que debe definirse sustancialmente, sino más bien describirse, y usa este nombre, como cuando se pregunta, dice, qué es un ladrón, y qué es un sacrílego, debe mostrarse por su descripción. La quinta especie de definición es la que dijimos κατ' ἀντιλέξιν, en latín podemos decir palabra por palabra. Esta designa aquella voz sobre cuya cosa se pregunta con otro discurso uno y singular, y de algún modo lo que es aquello puesto en una palabra lo declara en otra palabra, como conticescere es callar, igualmente latus haurit apertum, esto es, golpea, igualmente cuando decimos término fin, o interpretamos que populatas son devastadas, y en absoluto cuando declaramos la cosa de una palabra con otra palabra más manifiesta, esta será la quinta definición de la que hablamos. M. Tulio usó esta en los Tópicos, cuando, definiendo el lugar del argumento, dijo que es sede, así mostró mediante la definición qué era el lugar con nombre uno cuya cosa buscaba con otra apelación puesta palabra por palabra, diciendo sede, esta los griegos la llaman κατ' ἀντιλέξιν, como ἀνὴρ ἐστὶν ὁ ἄνθρωπος. La sexta κατὰ διαφορὰν, es especie de definición, esta la decimos mediante la diferencia. Los escritores de artes, sin embargo, nombran sobre lo mismo y sobre lo otro, como cuando se pregunta qué hay entre rey y tirano, añadida la diferencia, se define qué es cada uno, y toda definición, como enseñamos arriba, no expresa qué es aquello sobre lo que se pregunta sino con las diferencias puestas y comprendido su propio; no parecerá sin embargo que este modo del que hablamos ahora es lo mismo, puesto que cuando se ha puesto solo la diferencia entre dos, sobre los cuales se pregunta qué es, se conoce cada uno: pues en los superiores se definen solo cada uno, aquí dos como conocidos, pero confundidos por una cierta comunión entre sí, añadida la diferencia se separan, mediante la cual se conoce qué es cada uno, como: el rey es modesto y templado, el tirano, sin embargo, cruel. De esto es aquello de Terencio: pienso que es mejor retener a los hijos con pudor y liberalidad que con miedo, esto diferencia al padre y al señor. Igualmente M. Tulio en pro Sexto Roscio: Y entre esta vida pulida por la humanidad y aquella inmensa no hay diferencia que el derecho y la fuerza. La séptima es κατὰ μεταφορὰν, esto es, mediante la traslación, como Cicerón en los Tópicos: Litoral es lo que el flujo lava. Igualmente la adolescencia es la flor de la edad, la vejez el ocaso de la edad; esta puede tratarse variadamente. Pues a veces para que amoneste, a veces para que designe, a veces para que vitupere, o alabe: para que amoneste, la nobleza es la carga de la virtud de los mayores ante los posterios; para que designe, la cabeza es la ciudadela del cuerpo; para que vitupere, las riquezas son el largo viático de la breve vida; para que alabe, la adolescencia es la flor de la edad. Por estos y otros modos puede pronunciarse esta definición, en cuyo género sin embargo debe evitarse esto, que la traslación no sea o lejos buscada, o torpe. La traslación lejos buscada es, como turbulencia de la república, caos de las leyes, lo cual Cicerón temperó en pro Sexto Roscio. Como si fuera una noche sempiterna, dice, en lo cual incluso si es como para que sea por semejanza, la definición puede aceptarse, aceptando el temperamento de la partícula de semejanza. La traslación torpe se hace de dos modos, cuando definimos cosas honestas con torpes, o torpes con honestas, como si alguien definiendo la patración, dijera lágrimas de Venus fatigada, lo cual llamaría mejor sudor. O al contrario alguien diga, las lágrimas son patración del dolor, a este vicio ni la partícula superior le atribuye temperamento. Por tanto, debemos evitar grandemente esto. La octava especie de definición κατ' ἀφαίρεσιν τοῦ ἐναντίου, esto es, mediante la privancia de su contrario de lo que se define, como: el bien es lo que no es mal; con este género de definición debemos usar cuando el contrario es conocido. Pues estas dos, cuando se entienden de modo que una no pueda ser sin la otra, ¿cómo se hará el conocimiento de la otra, a menos que se hayan comprendido ambas? Cuando, pues, se pregunta sobre una qué es, ciertamente no puede comprenderse con esta definición, cuando se desconoce ambas, lo cual se liga tan naturalmente, que conecta la cognición necesaria para sí mediante la comprensión de una. Peligra, pues, tal definición, de donde debemos saber si su contrario es conocido, para que, eliminado esto, se haga el conocimiento de aquello que se define. Por lo cual a menudo se hace mejor si, buscando algo que deba definirse, definimos su contrario, con lo cual eliminado declararemos aquello que se busca, como si el bien es lo que aprovecha con honestidad, aquello que no es tal es mal. Cicerón en los Retóricos: Se demuestran necesariamente aquellas cosas que de otro modo como se deben ni pueden hacerse ni probarse. Pongamos, pues, necesario y no necesario como contrarios, de modo que entiendas que ponemos aquí todos los contrarios cuya eliminación defina aquello que se busca. Por tanto, lo que no es necesario puede definirse así: lo que de otro modo como se dice puede hacerse y probarse: esto cuando lo elimino, constituyo la definición de lo necesario. Por tanto, puede hacerse correctamente una definición de este tipo, pero de este modo como enseñé. Y esto es lo que M. Tulio preceptuó en las Particiones, que a menudo debe definirse desde los contrarios. Bajo esta definición caen también las nociones, cuando se eliminan los accidentes, y todas las demás cosas que son diversas, y cuando se elimina el contrario del accidente o del accidente consecuente, como si alguien dijera que la sustancia es lo que no sea ni cualidad, ni cantidad, ni los restantes accidentes, cuando se eliminan otras cosas que son diversas; tal es la definición, como si alguien definiendo al hombre eliminara todos los animales, o generalmente, o especialmente. Con qué género de definición puede definirse Dios. En efecto, cuando no podamos saber de ningún modo qué es Dios, mediante la eliminación de todos los existentes que los griegos llaman ὄντα, supone el conocimiento de Dios, circunscrito y eliminado para nosotros el conocimiento de las cosas conocidas. Dios no es ni cuerpo, ni ningún elemento, ni alma, ni mente, ni sentido, ni intelecto, ni algo que pueda captarse desde estas cosas. Eliminadas tales cosas, podrá definirse qué es Dios, más si añades que tampoco puede definirse que eso sea Dios. Cuando se elimina el contrario del accidente o del consecuente, tal es la definición: Velar es usar los sentidos, dormir es no usar los sentidos; naturalmente pueden parecer que las definiciones de este tipo convienen a aquella definición que dijimos arriba ἐννοιματικήν. Pero aquella consiste en los accidentes de la cosa que definimos, o en los consecuentes; esta en los contrarios, por tanto, desde aquella que es ἐννοιματική se hace desde los accidentes, como enseña M. Tulio que Pisón no fue cónsul así: ¿O acaso en el tiempo restante alguien te consideró cónsul? ¿Alguien se levantó ante ti viniendo a la curia, alguien pensó que debía responderte consultando? Y el discurso superior de este lugar y el consecuente consiste en esta definición, con la cual explica de varios modos que él no fue cónsul, enseñando también mediante las cosas que repugnan al cónsul desde los dichos, hechos, pensados; desde los consecuentes define así al cónsul: debe ser en ánimo, consejo, fe, gravedad, vigilancia, cuidado, en todo finalmente el oficio del consulado, hasta aquí desde los consecuentes. Pues todas son cosas consecuentes desde esto que dije oficio del consulado, de donde esta será la definición ἐννοηματική; para que esto se haga más claramente, daré otro ejemplo. M. Tulio en la misma: ¿Qué es otra cosa enfurecer que no conocer a los hombres, no conocer las leyes, no el senado, no la ciudad, ensangrentar su cuerpo? Por tanto, recoger los accidentes consecuentes es de la definición ἐννοηματικής, eliminar el contrario de aquello que definirás, esta es aquella que dijimos arriba octava definición. La novena especie de definición es κατὰ ὑποτύπωσιν, esto es, mediante una cierta imaginación, como: Eneas es hijo de Venus y Anquises; esta se encuentra siempre en los individuos, que los griegos llaman ἄτομα. Se desea, sin embargo, esta definición sobre los nombres que son homónimos, individuos solamente, como Áyax y Oileo y Telamonio. Igualmente ayuda en ese género de dicción, donde hay pudor o miedo de nombrar a alguien: A mí, ciertamente, dice M. Tulio, me describían esos sicarios; sobre su casa así. Pero en pro Fundanio así: ¿describiste a su necesario nuestro competidor este mismo; por cuyo estudio, y gracia, toda esa acusación ha sido fortificada. Había estado en miedo de nombrar, por eso, pues, fue descrito. Igualmente en pro Cornelio: Son de la majestad misma, leed como leíais, desde aquí entenderéis que Cornelio no es descrito ni significado con ninguna tenuísima sospecha. Esto solo sobre los nombres propios: aquella otra sea la que dijimos arriba definición ὑπογραφικήν. Por tanto, desde el género, patria, cuerpo, hechos, dichos, o casos, y desde el ánimo declaramos a aquel uno que no queremos con el género de definición. La décima especie es ὡς τύπος, esta dijimos como, como si se preguntara qué es animal, se responda como hombre. Así Aristóteles dice οὐσία ἐστι ὡς ἄνθρωπος, pues el ejemplo subyugado declara la cosa buscada, y esto es propio de la definición, declarar qué es aquello que se busca. La undécima especie de definición es κατ' ἔνδειαν τοῦ πλήρους ἐκ τοῦ αὐτοῦ γένους, esto es, mediante la indigencia de lo pleno desde el mismo género, como si se preguntara qué es cuadrante, se responda al cual le falta dodrante, para que sea as. La duodécima especie de definición es κατ' ἔπαινον, esto es, mediante la alabanza, como M. Tulio en pro Cluencio: La ley es mente, y ánimo, y consejo, y ciencia de la ciudad; y nosotros ciertamente, para que mostráramos la definición, pusimos así el ejemplo. Pues esto mismo M. Tulio diciendo no aplicada la oración de la definición, lo colocó simplemente: Mente, dice, y ánimo de la ciudad y consejo, y ciencia está puesta en las leyes; y, como enseñamos arriba, no quiso que la definición fuera otra cosa que un discurso. Por tanto, de modo diverso M. Tulio pronunció lo que recibió de nosotros de modo convertido en su discurso la forma de definición, y esto dista lejos de aquel modo que se hace mediante la metáfora, pues no es traslación, cuando la ley se dice mente de la ciudad, ni sin embargo es género para que se tenga por sustancial οὐσιώδης, pues es consecuente que también se ponga mediante vituperación, pero sin traslación; así puede parecer definido por Tulio: La servidumbre es el último de los males, no solo por guerra, sino también por muerte debe rechazarse. Aunque ciertamente haya comenzado así: la paz es libertad tranquila, pero entre la paz y la servidumbre hay mucha diferencia, de modo que parezca que la definición es mediante la diferencia; sin embargo, porque no mostró aquel artículo brevemente por el cual distaba, sino que definió cada cosa por su género, mediante comparación mostró más bien por qué distaban, no por el género de definición mediante la diferencia. Será, pues, la anterior definición de la paz ἐννοηματική, desde los consecuentes de la cosa que definía: La paz es libertad tranquila. Esta segunda más bien mediante vituperación: pues no es o su consecuente, o algo de estas cosas que dimos a la definición ἐννοηματική, sino que es solo vituperación la que dice que la servidumbre es el último de todos los males. Ni se acepta de nuevo mal como si fuera género para la servidumbre, pues mal es cualidad, servidumbre hacia algo; de donde, como son cosas diversas, mal no puede ser género para la servidumbre. Justamente, pues, se dice que la definición supuesta de la servidumbre está hecha mediante vituperación. La decimotercera especie de definición es κατὰ ἀναλογίαν, esto es, junto a la razón, que se dice proporción, cuando algo que se permite disputar con otro se dice que es lo que es aquel otro por razón de semejanza; pero esto sucede cuando se define el inferior con el nombre de la cosa mayor, y lo que se añade esto qué es el inferior. Los griegos definen así: Ἄνθρωπός ἐστι μικρόκοσμός τις, esto es, el hombre es un mundo menor. Cicerón usó esto así: Quienes atribuyen mucho al edicto, dicen que la ley es el alma más allá del edicto. La decimocuarta especie de definición es κατὰ πρός τι, esto es, hacia algo, como Padre es, de quien es hijo. Cicerón en los Retóricos: Así género es lo que abraza muchas partes. Igualmente parte es lo que subyace al género. La decimoquinta especie es αἰτιωδὴς. Los latinos llaman según la razón de la cosa, como día es el sol sobre las tierras; noche, el sol bajo las tierras: pues para que o sea día o noche, la causa es o el sol sobre las tierras o bajo las tierras. Hay también otras quizás especies de definición, pero si alguien encontrara, añada al número, solo que atienda diligentemente, no sea que quizás a alguna de estas especies pueda añadirse aquello que haya encontrado. Ni nosotros de nuevo alguien piense que en vano hemos separado tantas especies, porque pueden convenir algunas entre sí. Pues mediante la consideración aplicada más plenamente, verá todas separadas entre sí por gran diferencia; retenga solo lo que preceptué a menudo arriba, que solo aquella se denomina definición, la cual tomando el exordio desde el género desciende hasta lo propio de la cosa que se define, separando mediante las diferencias las cosas que podían ser comunes. Ahora ya sobre los vicios de la definición, como se prometió, expliquemos. La definición sustancial que enseñamos primero, que dijimos que es la única definición, recibe dos vicios principales. Si ese discurso que define, o ha comprendido más, o menos de lo que la cosa plena ha declarado. Pues es necesario que el discurso definitorio se componga así hacia el nombre cuya cosa define, que preste igual potencia de expresar que el mismo vocabulario, y convertidamente el nombre y la definición comparados entre sí se declaren. Como si preguntaras qué es el hombre, correctamente se responda animal terrestre, racional, mortal, bípedo, capaz de risa. Esto de nuevo si conviertes, el hombre sea la declaración óptima. Pues a quien pregunta qué es animal terrestre, racional, mortal, bípedo, capaz de risa, se haga la respuesta recta: el hombre es. Pero si definieras así: el hombre es sustancia animada sensible, es ciertamente declaración del hombre, pues el hombre es todas estas cosas; pero si conviertes, no valdrá. Pues sustancia animada sensible, no es solo el hombre; peca, pues, la definición por abundancia, porque contiene más de lo que se preguntaba. Y en absoluto peca la definición que pone el género que está más allá de sí; pues decimos que lo que está arriba declara más el género. Igualmente peca conteniendo menos de lo que es necesario, como: la codicia es el deseo de apetecer lo ajeno, lo cual convertido de igual modo no permanece, porque es menos comprensivo en la definición de lo que la cosa del nombre postulaba. Pues la codicia se extiende ampliamente, ni la avaricia es la única; por tanto, es viciosa la definición menos comprensiva de lo que se preguntaba, como si dijera: la codicia es avaricia; la cual si diera ejemplo y transmitiera al auditor al todo que la codicia es mediante la proposición de semejanza, como de la avaricia, sería esa especie de definir que colocamos décima ὡς τύπος. Ahora no transmitió el ejemplo al todo, sino como conteniendo el todo, pecó omitiendo muchas cosas desde el todo, de donde no podía hacerse la conversión al nombre desde la definición. Si se evitan estos dos vicios, la definición es íntegra, ni solo esta que es sustancial, sino también las restantes especies. Ahora esto sobre los vicios. Cicerón cuando enseñó en los Retóricos que hay tres vicios, dice, la mala definición se hace cuando o describe cosas comunes de este modo: Sedicioso es aquel que es malo, e inútil ciudadano. Pues esto no describe más la fuerza del sedicioso, que del ambicioso, que del calumniador, que de algún hombre improbo: esta definición dijimos que es viciosa por abundancia. Añade otro vicio, de modo que diga algo falso de este pacto: la sabiduría es la inteligencia de buscar dinero: este vicio añadió Cicerón además de aquellos dos que dije. Pues el tercero lo puso él mismo que por nosotros es constituido segundo. Pues dice así que sea algo que no contiene lo grave ni lo grande: La estulticia es la codicia de inmensa gloria. Esto peca por eso, porque comprende menos lo que expresa así M. Tulio. Esta es ciertamente estulticia, pero desde una parte cierta, no definida desde todo el género. Además de estas el mismo M. Tulio en el segundo de los Retóricos añadió dos vicios, si la definición es o torpe o inútil, eso sin embargo (como él mismo dice) se aprueba desde las partes de la honestidad y la utilidad. Y sobre la definición torpe dijimos en los superiores cuando tratábamos la definición mediante traslación, pero ese vicio está en la palabra; puede hacerse sin embargo que todo discurso contenga esas cosas deshonestas o comprenda las inútiles. En las Filípicas M. Tulio en el primer discurso enseñaba que los actos de César eran subvertidos por Antonio, y eso lo negaba Antonio. Ambos trajeron la definición, para mostrar qué es el acto de aquel que se encuentra en la ciudad con potestad vestido de toga. Enseñé en los superiores que las partes de la definición que debe afirmarse son cuatro: la primera ser la definición, la segunda la aprobación de la definición, la tercera la deducción de la definición a la especie, la cuarta la destrucción de la definición de la parte adversa. Cicerón define el acto de aquel que está en la república con potestad como leyes; Antonio, autógrafos. Por tanto, Cicerón con su discurso define, y aprueba, y deduce a la especie, y destruye la definición de la parte adversa. La definición de Cicerón es esta: ¿Y qué es lo que puede decirse tan propiamente acto de aquel que vestido de toga se ha encontrado en la república con potestad e imperio, como la ley? después se subyuga la aprobación de esa definición de este modo: Busca los actos de Graco, se proferirán las leyes Sempronias. Busca las de Sila, las Cornelias, ¿qué el tercer consulado de Cn. Pompeyo, en qué actos consiste? ciertamente en las leyes; esta es la aprobación. Después se añade la deducción de la definición a la especie. Si buscaras de César mismo qué habría hecho en la Ciudad y vestido de toga, responde que él promulgó muchas leyes y preclaras. Sigue la reprensión de la definición de la parte adversa, y esa se hace bipartitamente: o pues desde todos esos vicios se concluye algo en esa reprensión, o concedido aquello que dicen los adversarios mediante comparación, aprobamos que esto es más lo que nosotros decimos. Aquí M. Tulio hace ambas cosas. Pues pone aquellas cosas sobre los vicios para enseñar que la definición es falsa, y torpe, e inútil. Y después concediendo confirma más su definición, y dice que es más potente. Cicerón prueba así la definición falsa examinando lo que es consecuente; pues mediante estas se prueba la definición falsa, si no tiene su propio, si tiene más el contrario, si no tiene su consecuente, si ha sido dicha de otro modo como está en la opinión del vulgo. Aquí, pues, como se pregunta qué es el acto del ciudadano vestido de toga en la república con potestad, y se ha dicho que no es otra cosa que las leyes, advirtiendo que Antonio había dicho que eran autógrafos, advirtiendo diligentemente los consecuentes enseña que la definición es falsa así: Aquel que está en potestad, está en la república; cuando haya hecho algo, no puede cambiar el acto, esto compite a la ley, que cuando ha sido promulgada nunca sea cambiada por el promulgador. Pero los autógrafos, porque es acto doméstico, tienen esta consecuencia, y que se cambien, y a menudo no se proferirán. Por tanto, M. Tulio reprende así que los autógrafos no son acto, porque no tienen consecuentemente actos, diciendo: Los autógrafos ciertamente o los cambiaría, o no los daría; o si los hubiera dado, no diría esas cosas en sus actos: pero porque mediante la concesión de los reprendidos, pero concedo esas mismas cosas, y en algunas cosas incluso disimulo; en las cosas máximas, sin embargo, esto es, en las leyes, no pienso que deba tolerarse que los actos de César sean disueltos. Añade después de estas la reprensión igualmente doble, una desde los vicios para decir que la definición es torpe, e inútil. Después conceda que va a concluir desde la comparación que la suya es más potente, diciendo que es torpe e inútil en dicho de este tipo que es: a menos que por suerte, si algo ha traído al libelo por causa de memoria, eso se numerará en los actos. Y aunque sea inicuo e inútil, se defiende: La equidad es virtud; la virtud sin embargo misma es honesto, por tanto la iniquidad es torpe, porque la torpeza es contraria a la honestidad. Así, pues, reprende la definición torpe e inútil con las mismas palabras. Después añadió lo último mediante la concesión de este modo: lo que promulgó al pueblo en comicios centuriados, eso no se tendrá en los actos de César. Consideré que esto era también bastante agudo.
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El primer discurso de cualquier argumentación o debate, como advierten a menudo tanto los autores dialécticos como el propio M. Tulio, es lo que se denomina definición. Pues bien, nada puede ser llevado a una disputa o controversia (siempre que esta consista en el discurso) a menos que aquello sobre lo que va a ser la lucha haya sido fijado previamente en una definición, de modo que para ambos contendientes sea manifiesto qué es aquello sobre lo que se tratará en la futura cuestión; de ahí que no solo deba considerarse la virtud de definir por el tipo de utilidad, ya que mediante este discurso la cosa siempre se desarrolla y se explica qué es aquello sobre lo que se pregunta, sino también porque, al ser aplicada siempre como principio, produce la mayor claridad y manifiesta la cosa que, al ser llevada a la contradicción, tiene la cuestión. En efecto, si las palabras fueran conocidas por todos o mantuvieran siempre una única significación, y no engañaran a los oyentes con términos ambiguos u oscuros, ni confundieran a los hablantes bajo una interpretación diversa, la definición no se consideraría en absoluto necesaria. Pero como los nombres impuestos a las cosas y las voces individuales han sido instituidos según el juicio de quien consideró que las cosas debían llamarse así, y han sido compuestos con tal arte que conducen a los oyentes mediante una cierta nota en la significación de las cosas, no mediante una declaración abierta, considero muy necesario saber qué es la definición y con qué especies y partes se completa, para que pueda mostrar con la mayor facilidad la cosa que declara y, al conocerse los modos, elimine el hastío en el discurso por su variedad. Y primero, para que parezca que guardamos el orden mediante preceptos, debe aplicarse la definición de la propia definición. La definición es un discurso que explica qué es aquello que define; esto es tan evidente y es necesario entenderlo de tal modo que parezca que debe declararse en qué género está la definición, qué comprende y de qué modo la misma definición está definida perfectamente. Los nombres o voces significan a veces cosas, a veces hechos, a veces dichos individuales, a veces discursos, y aunque en todos estos hechos, dichos y discursos parezca haber un género que llamamos, sin embargo, la cosa por nombre propio y cierta significación parece ser otra cosa que el hecho, otra que el dicho, y otra, singular y única, que el discurso. Por tanto, la definición no es la voz de un hecho, ni de una cosa corporal o incorporal, sino que es un discurso. En efecto, tal dicción que expresa qué es aquello sobre lo que se pregunta, sin duda se llama discurso, como el discurso es el exordio, la narración y los demás elementos que decimos que son partes del discurso. Así, pues, también la definición es un discurso. Pero como este es un nombre general que, como hemos dicho, conviene también a la exposición, a la narración, a la invocación, a la plegaria y a los demás elementos individuales que se dice que son discursos, para que aquello que se ha aplicado generalmente pueda ser llevado a aquello sobre lo que se pregunta, se ha añadido la especie. Pues preguntábamos qué era la definición, para cuya declaración M. Tulio añadió: que explica qué es aquello que define; tal discurso no es sino una definición. Pues la narración es ciertamente un discurso que no explica lo que define, sino lo que ha sido hecho, y asimismo los otros discursos individuales, constituidos en sus oficios y acciones, son otra cosa que este discurso que explica qué es aquello que define; así se ha añadido la especie, de modo que, siendo el género arriba el discurso, la especie sea la que define aquello. Por último, sin embargo, se ha añadido aquello por lo que declara con más certeza y más propiamente lo que se ha dicho: explica qué es. Pues hay otros discursos que explican más bien qué clase de cosa es o cuánta es. Pero este no explica nada de esto, sino solo qué es; pues la cognición es diferente en esta partición, ya que es una cosa saber qué clase es y otra explicar qué es, pues esto último se contiene en la percepción de la sustancia de la cosa, aquello en el conocimiento de la cualidad, y esta es la definición aplicada por Cicerón. Nosotros, sin embargo, hagamos más claramente qué es la definición con nuestra explicación. Todo lo que se demuestra mediante el discurso se muestra o si es, o qué es, o qué clase es; cuando se aplica, el discurso para la declaración de alguna cosa sobre si es, no es una definición. Asimismo, cuando se muestra mediante el discurso qué clase es algo, de igual modo no será una definición. Pero cuando se muestra qué es, que es el medio entre si es y qué clase es, de tal modo medio que sobre si es ya no haya duda, y asimismo sobre qué clase es, no esté en la ciencia de quien requiere, sino de quien define; este género medio, digo, que muestra aquello mismo sobre lo que se pregunta qué es, se denomina definición. Toda definición tiene en la cuestión una cosa incierta. Toda cosa, si es cierta, no necesita definición; si es incierta, no es una cosa y busca ser mostrada mediante la definición. Pues toda cosa, si es que ya es una cosa, como hemos dicho, es cierta. Pero cuando ya es cierta y tiene sus cualidades con las que se comprende fácilmente, se reconoce fácilmente qué es. Pues nunca puede entenderse qué es, a menos que se haya comprendido qué clase es. Toda definición se asume o por causa de probar la cosa, o, si la cosa se encuentra en cuestión, de aumentarla, o, si la cosa ya es conocida tanto ante el adversario como ante el oyente, de confirmarla. No obstante, la definición se aplica para que la misma cosa que es conocida se mantenga como cierta y fija. Toda definición es o un discurso retórico o dialéctico. Si es retórica, tomando su origen de la contención, se dividirá en sus partes sobre la cosa sobre la que se pregunta, y no consistirá totalmente en el tratado de una sola cosa sobre sus propias cosas, de modo que, cuando la plena y cierta perfección de cada cosa sea conocida, los discursos de los contendientes la distribuyan toda por partes. Retenemos la violación de sepultura como una cosa también cierta, plena y perfecta, cuando en el sepulcro excavado está también el ánimo y el hecho del que viola, de modo que por el estudio de excavar y profanar los manes alguien parezca haberlo acometido. Por tanto, como hemos dicho, la violación de sepultura consiste tanto en el ánimo como en el hecho, y la cosa misma de la violación de sepultura es plena a partir de estos dos; alguien abrió el sepulcro para llevarse los ornamentos. El mismo reo de violación de sepultura es llevado a juicio; sin duda la causa necesita necesariamente un discurso definitorio que exprese qué es la violación de sepultura; pero los oradores usan las partes individuales del hecho total y pleno, de modo que uno ponga la violación de sepultura porque el sepulcro fue abierto, el otro diga que la violación de sepultura se contiene en el ánimo: así surge ese tratado del discurso definitorio, de modo que, cuando todo lo que se reconoce en la violación de sepultura ha sido distribuido por sus partes, y los oradores individuales han retenido esas partes, parecen usar la definición en el género de contender. Pero no se dice correctamente definición de este tipo, al no ser cierta, no plena, no íntegra, a menos que el discurso haya declarado qué es aquello que expresa todo lo que es de la propia cosa sobre la que se pregunta; en verdad, esta es captiosa y falsa, no la definición cierta de los retóricos. Hay otra también que se reconoce acomodada a los retóricos, que se separa plenamente de la virtud de definir, que mediante la comparación no muestra qué es, sino que concluye mediante el discurso que esto es por semejanza, cuando es otra cosa, como cuando se pregunta qué es aceptar mediante la cosa propia, verdadera, cierta, no es otra cosa sino tomar con la propia mano algo ofrecido por alguien. Mediante la comparación, M. Tulio define que Verres aceptó dineros, cuando sus compañeros, socios y ministros aceptaron dineros. Esos compañeros tuyos, dice, eran tus manos. Asimismo, en otro ejemplo, cuando se pregunta qué es un enemigo, decimos que el enemigo es aquel que ha tramado algo malo; y Cicerón, usando la comparación, dice: Enemigo es quien actúa contra la cosa, voluntad, honor y dignidad de todos. De lo cual colegimos que las definiciones de este tipo convienen sobremanera a la contención de los oradores, aunque están lejos de ser discretas de la virtud de la definición; pero estas definiciones que son aptas para los oradores y poetas contienen un orden cierto en el discurso mediante su explicación. Sobre esta cosa los preceptos han sido constituidos en los Retóricos por M. Tulio, de modo que toda definición, esto es, el discurso que explica qué es aquello sobre lo que se pregunta, se mantiene por estos miembros y partes: primero, que nuestro discurso contenga brevemente qué es aquello sobre lo que se pregunta, y esto se llama definición; después, que se suponga la aprobación de esa definición, por la cual mostramos que aquello mismo que pusimos brevemente en la definición, lo aprobamos mediante las razones de los argumentos de modo que sea así; después, en tercer lugar, inducimos la deducción de la misma definición a la especie sobre la que es la cuestión y sobre la que se ha constituido el juicio, de modo que, cuando hayamos definido la cosa generalmente y hayamos dicho que es aquello sobre lo que se pregunta, y después mediante la aprobación hayamos constituido que es verdadero lo que definimos, en tercer lugar hayamos mostrado que esto es lo que ha sido hecho, o que es aquello sobre lo que se pregunta, cuya parte del discurso se llama deducción del género a la especie; en cuarto lugar, en nuestro discurso pondremos la destrucción de la definición de la parte adversa, esto es, que propongamos de qué modo los adversarios definieron aquello mismo sobre lo que constituimos la definición arriba, y enseñemos que esa definición de los adversarios es viciosa, lo cual declararemos después de qué modo sea viciosa. Pues tiene sus partes ciertas, íntegras, sobre las cuales ahora dejamos de hablar. Hay una definición de enemistades en M. Tulio breve, colocada así: ¿O acaso piensas que las enemistades mayores son las voluntades contrarias de los hombres y los estudios disímiles? Esta, como hemos dicho, es una definición retórica, y el discurso concluido brevemente qué son las enemistades. Después de la cual definición se aplica la aprobación. Quien piensa que la fe y la religión son lo más santo en la vida, ¿puede no ser enemigo de quien ha expoliado todos los templos? A continuación, lo demás que sigue, en lo cual ciertamente es lícito advertir que se puede conjugar tanto la aprobación de la definición como la deducción de la definición a la especie. Pues aquí Marco Tulio aprueba que las enemistades son estudios contrarios y voluntades disímiles de tal modo que incluye en las palabras la especie misma sobre la que se preguntaba: pues la aprobación pudo hacerse, que esas son enemistades que contienen voluntades contrarias, y en las razones a suponer componerse tal dicción, cuando uno guarda la fe, otro es infiel. No hay duda de que con tal ánimo, según estén afectados entre sí, se crea que son enemigos. Asimismo, para el hombre religioso, el irreligioso es enemigo. Por tanto, si se dijeran otras cosas supuestas a partir de diversos estudios y voluntades, sería solo aprobación, no también deducción del género a la especie; pero cuando ahora se teje la dicción así: quien piensa que la fe es lo más santo en la vida, consideráis que la religión debe ser cultivada, sin duda es enemigo de quien expolió los templos, violó todos los templos, profanó los santuarios. Aquí también el mismo hecho de Verres sobre el que se pregunta se contiene y se incluye tan especialmente que, junto con la aprobación y la deducción del género a la especie, se mantenga cerrado; después se añade, como hemos dicho, la destrucción de la definición de la parte adversa, pero mediante la concesión, esto es, de los semejantes: ¿o si alguien hubiera hecho una injuria contra mi cosa, profesaría que soy justamente su enemigo? Pongamos, pues, la definición de la parte adversa tal: Las enemistades son cuando alguien hizo o dijo una injuria contra mi cosa. Esta definición la destruye M. Tulio de tal modo que, concedido aquello que está definido así, no obstante, las enemistades son también de otro modo, cuando alguien actúa contra la cosa, honor y dignidad de todos. Por tanto, tal discurso siempre testifica alrededor de la definición retórica mediante cuatro miembros: que sea la definición, la aprobación de la definición, la deducción de la definición a la especie, después la última destrucción de la definición de la parte adversa; pero esto parece apto para los retóricos, no también para los filósofos. Aquella, sin embargo, que es propia de los filósofos, conviene también a los oradores y el orador la añade a sí mismo, tanto a su materia como al ornamento de su propia dicción. Pues el orador expresa correctamente todas las cosas que están en el decir de los filósofos. Pues usa también el argumento verdadero, que es propio de los filósofos, usa también el necesario. Pero, por el contrario, el filósofo en las disputaciones propias condena todas las cosas de los retóricos, pues no añade nunca un signo, ni lo que se dice creíble, y excluye profundamente todo lo probable de la virtud de su discurso. Por tanto, expondremos la definición que es propia de los filósofos en expresar las cosas que explica qué es, qué clase es, de qué modo debe constar por sus miembros. Ya dijimos arriba que las definiciones son principios de disputar, y M. Tulio lo prueba, tanto en todos los diálogos como también en ese libro que se inscribe Tópica, en el cual enseña que el primer lugar de los argumentos es la definición, esto es, a partir del todo, a cuyo lugar que se llama a partir del todo debe aplicarse necesariamente la definición, de modo que así el lugar del argumento a partir del todo sea la definición. Además, como dijimos arriba, se llama definición la explicación del argumento que es a partir del todo. Por tanto, por los preceptos tanto de los dialécticos como de todos los filósofos debemos retener aquello, que no hay definición, sino solo la que, en esa cosa que queremos definir, antes de que entendamos que es de esa cosa, declare y muestre la sustancia. Para que esto se haga más claramente, enseñaremos que no hay ninguna definición cierta, íntegra, que deba aprobarse, sino la que los filósofos llaman sustancial, en griego se llama ούσιῶδης. Qué sea, sin embargo, sustancial, debe explicarse en otro lugar. Acceda entretanto a la cognición aquello, cuantas veces se pregunta sobre algo qué es, entonces puede haber una definición cierta y sustancial, cuantas veces ponemos el género de esa cosa sobre la que se pregunta, y de ahí añadimos lo demás mediante las diferencias en el discurso. No parece ajeno poner un ejemplo, y así pasar a lo demás que es oscuro. Se pregunta qué es el hombre, para este ciertamente el género es animal. Cuando, pues, en la definición que explicaré qué es el hombre, haya dicho animal, y después conecte lo demás, será una definición sustancial. Pues he declarado la sustancia del hombre cuando dije animal. Asimismo, cuando pregunto qué es blanco o negro, si hubiera dicho blanco es color, porque color es género para esto sobre lo que pregunto, blanco o negro, ya será una definición sustancial que comienza por el género, y así conecta lo demás. Esta se dirá que es sustancial, y esta propia, y esta íntegra. Esta aprobada por los filósofos, de modo que hecha de otro modo la definición nunca se diga que es; en verdad, por algunos este nombre se transfiere a menudo también a otras cosas que se definen de otro modo. Por tanto, esta definición sustancial es explicada así por M. Tulio. Que debemos, puesto el género de la cosa sobre la que se pregunta, añadir las especies, de modo que separemos otras cosas que puedan ser vecinas mediante comuniones discretas, e interpongamos diferencias tanto tiempo cuanto lleguemos a lo propio de aquello sobre lo que se pregunta con su expresión señalada. Él mismo en la Tópica añadió ejemplos. Nosotros, sin embargo, para que no se haga confusión al lector en los ejemplos por derecho, propongamos este ejemplo: el hombre es animal racional, mortal, terreno, bípedo, capaz de risa. Cuando se ha dicho animal, se ha declarado la sustancia del hombre. Pues es, como dijimos arriba, para el hombre el género animal, todo género, sin embargo, es declaración sustancial de su especie; pero aquí animal, porque se extendía ampliamente, se ha añadido la especie terreno, ya está excluido lo que es aéreo o húmedo. Bípedo, sin embargo, se ha puesto por otros animales que se apoyan en muchísimos pies. Asimismo racional por aquellos que carecen de razón. Mortal, sin embargo, por aquello que es Dios. Con los cuales todos los animales que podían convenir a los superiores puestos en el discurso discretos y excluidos, se ha añadido lo propio en la parte última, pues es solo del hombre lo que ríe. Así la definición es perfecta por toda parte para declarar al hombre, cuando, puesto el género, excluidos todos mediante las diferencias que podían convenir, el discurso llegó a la propiedad de aquello sobre lo que se preguntaba. Y este es el precepto tuliano, que aquel que defina debe interponer y añadir diferencias en el discurso hasta que el discurso llegue a la propiedad que ya no pueda ser común. Pero Aristóteles dice que la definición perfecta y plena consiste en el género y las diferencias. A partir del género también y las diferencias esto mismo nosotros enseñamos arriba, cuando la especie interpuesta separaba mediante su diferencia otras cosas que pueden ser semejantes. Algunos, sin embargo, más cautos y más plenos en enseñar la definición misma, de la cual constituyen ciertos miembros, dicen que esa definición perfecta que llamo sustancial debe consistir en cinco partes, esto es, género, especie, diferencia, accidente, propio. Pero el accidente en la definición vale lo mínimo, lo propio lo máximo. Y ciertamente correcta y verdaderamente conmemoran esto, ni deben juzgarse ajenas, ni por el príncipe de estas artes Aristóteles, ni por M. Tulio que transmitieron preceptos sobre estas. Pues consta por estas cinco partes como por sus miembros la definición íntegra; en verdad también Aristóteles, en los libros que llamó Tópica, enseñó qué es género, qué especie, qué diferencia, qué propio y qué accidente. Y muchísimos filósofos además, en sus libros, comprendieron la fuerza de estas cosas y declararon su potencia. Nosotros, porque ya en un libro disputamos plenísimamente también sobre estas cinco cosas, para que la cosa interpuesta a la cosa no prepare oscuridad, o repitamos lo dicho, queremos que el lector vaya al libro que ya está escrito, si tiene indigencia, ahora advierta que no es impedimento para sí lo que aquí se ha omitido. Pues eso, conocidas también todas aquellas, lo retendrá por la necesidad de los preceptos. En ese discurso sustancial debemos interponer tanto tiempo especies y diferencias cuanto, excluidos todos los que pueden ser esto mismo, se llegue a que la propiedad ya se mantenga cierta. M. Tulio en la Tópica quiso definir el derecho civil, y, como fue oportuno, comenzó por el género: dijo, pues, en el principio, el derecho civil es equidad, este es el género del derecho. Pero como la misma equidad ahora está constituida, ahora natural, el derecho civil, sin embargo, es equidad instituida por los hombres, por eso añadió: el derecho civil es equidad constituida. Puesto el género, añadida la especie, separó otra especie, a saber, la natural. Pero como también el derecho de gentes es equidad constituida, y no es, sin embargo, civil, se añadió aquello que hubiera podido separar el derecho de gentes: de estos, dice M. Tulio, que son de la misma ciudad. Cuya especie interpuesta, describió el derecho civil. Hay todavía lo que con otro puede ser común, esto mismo que se ha dicho arriba universal. En efecto, conviene al derecho de las religiones y de todos los sagrados. Pues el derecho de las religiones es equidad, y equidad constituida, y de todos estos que son de la misma ciudad. Pero no llamamos derecho civil a aquel que es de los pontífices, esto, pues, para que pudiera excluirlo, y definir el derecho civil hasta lo propio, añadió: para obtener sus cosas. Demos otro ejemplo puesto en los discursos, por el cual la cosa se explique más fácil y manifiestamente. M. Tulio define qué es la gloria, con estas palabras, según creo: La gloria, dice, es la fama ilustre y extendida de los hechos rectos y grandísimos, o hacia sus ciudadanos, o hacia la república, o hacia todo el género de los hombres, fama de los méritos. La gloria, pues, está definida sustancialmente, cuando se ha dicho fama. Pues es género de la gloria la fama, la cual, porque a veces es de cosas malas, a veces de buenas, por eso es género, al cual se ha añadido la especie, ilustre, que es alabanza: pues la fama que es de cosas buenas es alabanza, e ilustre. Por esta cosa, pues, se ha excluido la fama deterior: y como esta fama laudatoria puede ser a veces por mérito, a veces más allá del mérito, pues frecuentemente emanó sobre alguien una opinión de otro modo que como fue hecha la cosa, por eso dice fama de los méritos, pues esos son los méritos que, cuando los prestamos, nos hacen merecer la gloria. Por tanto, Cicerón, que quería entonces dar gloria a César cuando había presidido la república, por eso dividió esos hechos o méritos puestos generalmente en especies, y añadió: cuando hacia sus ciudadanos, entonces hacia la república o hacia todo el género de los hombres, las cuales, a saber, especies de los hechos rectos, convienen hasta la propiedad de la gloria. Pues tiene ahora propiedad cierta y verdadera en las partes de la gloria. Pues todo lo que prestamos, o lo damos como debido, o como no debido, cuando hacemos rectamente, si solo son hechos que son como debidos, se dice fama ilustre de los hechos. Cuando, sin embargo, hacemos más allá de lo que es debido, con benevolencia y benignidad de prestar, estos se denominan méritos. Concluyó, pues, ambos géneros de prestar cuando dijo: fama ilustre y extendida de los hechos y grandísimos, cuando hacia la república, entonces hacia todos los ciudadanos fama de los méritos. De todas estas cosas considero que es abierta esa definición, que debe ser sustancial, que debe decirse de modo que, propuesto el género de la cosa sobre la que se pregunta, y añadidas las especies con la diferencia hasta su propio, excluida totalmente la comunión, lleguemos. Y si quisiéramos seguir el juicio de lo verdadero por los autores filósofos, no se dirá otra definición. En efecto, las restantes atribuyen más bien el intelecto de la cosa, no declaran plenísimamente qué es esa cosa mediante el discurso aplicado; sin embargo, como trasladadas por el nombre también las restantes oraciones que retienen esto mismo mediante una dicción imaginaria se denominan con nombre igual, de modo que se llamen definiciones, considero que deben ponerse las restantes especies, por lo cual podamos conocer más fácilmente lo que dicen los demás, y conocida la definición de modo múltiple, como se ha dicho arriba, se descubra la verdad de definir. M. Tulio en la Tópica, tratando sobre los tres primeros lugares, a partir del todo, a partir de las partes, a partir de la nota, cuando el argumento es a partir del todo, como enseñamos arriba, dice que debe aplicarse la definición, allí pues se pone el género para que se explique qué es la cosa misma sobre la que se pregunta. Pero cuando el argumento es a partir de las partes, también ella misma ciertamente se llama definición, en verdad con nombre trasladado, cuando de todas las partes enumeradas se reconoce el todo, por esta cosa casi nada importa si mediante la definición que es a partir del todo conozcamos todas las partes del todo a partir de la definición, o si, recogidas todas las partes, captemos qué es el todo a partir de la enumeración de las partes. Cicerón llama a tal definición enumeración de partes, pero atribuyéndola a la definición, puesto que también la enumeración de partes muestra aquello mismo sobre lo que se pregunta qué es, y esto mismo hace la definición puesta arriba, cuando el discurso que muestra qué es se llama definición, de donde para nadie es duda que también esta se diga que es definición; puso, pues, M. Tulio explicando qué es libre, o en lo contrario qué es no libre. Puesto que la libertad se da por el censo, se da por la vindicta, se da por testamento, y estas son las partes de dar la libertad; si ni, dice, por censo, ni por vindicta, ni por testamento es libre, no es, pues, libre. Así, puestas las partes por las que se hace libre, sigue la negación de la libertad, si ninguna de estas partes precedió en dar la libertad. Ni os mueva que qué no es libre está constituido en la definición, no qué es. Pues igual es la razón y la misma fuerza de definir, tanto cuando se muestra qué no es como cuando se desnuda qué es mediante la definición aplicada. Aunque M. Tulio en el mismo libro de la Tópica dice que hay dos géneros de definiciones: el primero, pues, cuando se define lo que es, el segundo cuando se define lo que no tiene su sustancia, esto es, lo que no es, y este género de partición lo cerró y atenuó en aquellas cosas que dije arriba. Pero quiso que hubiera otras que decía que son, otras que no son. Pues dice que son aquellas cuyo cuerpo subyace, como cuando definimos qué es agua, qué fuego. No quiso, sin embargo, que se entiendan que son aquellas a las que no parece haber ninguna sustancia corporal, como son la piedad, la virtud, la libertad. Pero nosotros todas esas, o las que son con cuerpo, o las que son, a saber, en el cuerpo, si se aceptan en él, de modo que parezcan o ser por sí, o ser en algo, las consideramos numerables en un género, de modo que se entienda que todas esas son, a las cuales todas puede haber su sustancia, ya sean aquellas corporales, ya, como es certísimo y pueden llamarse con nombre recto, cualidades. En verdad, además de estas, la definición es cuando se muestra algo que no es. Pues hay necesidad de definición para que podamos enseñar qué no es. Por tanto, si mediante la partición, enumeradas las partes, decimos qué es la libertad, mediante la misma partición mostraremos qué no es la libertad. Se hará, pues, también la definición a partir de las partes, como si dijera: si ni es macho, ni hembra, no es hombre. Asimismo, si ni es esclavo, ni libre, no es hombre. Ciertamente aquí considero que debe advertirse que las partes a menudo se aceptan a partir del todo sobre el que se pregunta para su definición, a menudo no a partir del mismo, sino a partir de lo que le sucede, de modo que la enumeración de las partes del accidente pueda definir qué es el todo. Pues cuando el todo es el hombre sobre el que se pregunta qué es, no son sus partes esclavo y libre, sino accidentes al hombre. Cuya enumeración, cuando ha sido constituida, se muestra qué es el hombre. Ciertamente también aquello considero que debe advertirse aquí, cuando la definición se hace a partir de las partes, que puede suceder que a veces el todo se recoja a partir de todas las partes, como mostramos arriba, a veces las partes se enumeren en la definición de tal modo que en las individuales esté el todo, como aquello que está en las controversias: prestar auxilio es decidir, partir enviando, venir también si no hubieras luchado, atemorizar a los enemigos para que no luchen. Así M. Tulio en muchos lugares, y él mismo para Cornelio, donde se pregunta qué es disminuir la majestad, trata, porque trajo una mala ley: porque leyendo el códice suprimió la intercesión, porque hizo sedición. En todas las cuales se define la majestad lesionada. Pero así son las individuales, que en las mismas individuales puede mostrarse el todo, esto es, la majestad lesionada. Esto también lo mantiene para M. Celio, donde mediante la enumeración de los males por los que se hace el dolo malo, la definición se hace de tal modo que mediante las especies individuales pueda reconocerse el dolo malo. Cuando entendemos esto puesto abiertamente, entonces también aquello es manifiesto, que una cierta noción se contiene en esa definición, no la cosa plenísima, y que aquella definición que pusimos arriba, cuando puesto el género se trae el discurso indicando su sustancia para la declaración de la cosa que se define, supera largamente. Ciertamente considero que debe añadirse que no hay una cierta necesidad en esa enumeración de partes, donde hay de algún modo definición, si las partes hubieran sido infinitas, o muchísimas especies, cuya enumeración debe hacerse mediante partición; no, digo, considero que en esa enumeración no debe concluir todas las cosas que son infinitas. Pues basta que se haga la enumeración de las más, cuando en las infinitas no es vicioso omitir algo: esto lo colocó Cicerón en la Tópica, que podemos definir el derecho civil mediante enumeración. Lo cual consiste en las leyes, costumbre, equidad, no obstante, no todo el derecho ha sido enumerado, puesto que está, y en los senadoconsultos, y plebiscitos, está en los edictos, y en los mandatos de los príncipes, quizás todavía y en otros. Pero cuando mediante las partes enumeradas a partir de las infinitas se haya dado la noción del derecho, qué es el derecho civil lo estimaremos en los semejantes. Por tanto, mediante división o partición se hace esa definición de la que hablamos, así pues también mediante la misma definición y la misma partición, enumeradas o todas, si son pocas, o muchas, si son infinitas, o especies, o partes, somos conducidos a la cognición y noción de la cosa sobre la que se pregunta. Sepamos, sin embargo, que la definición es a partir del género, cuando se enumeran las especies, partición cuando las partes. Por lo cual definamos animal, para este, como las especies son infinitas en número, como hombre, buey, caballo, león, pez, asimismo lo demás, podemos declarar qué es animal enumeradas pocas especies. Pero si hubiera tocado aquellas especies que son más bien diferencias, que ellas mismas pueden ser tres, húmedo, terreno, celeste, mediante la enumeración de todas estas cosas animal esté definido. Esto mismo observarás también en la enumeración de las partes, como si dijéramos: el mundo es mar, tierra, cielo, mediante la enumeración de las partes, pero no obstante todas, se ha explicado qué es el mundo. Y si hubiéramos querido definir qué es el mundo mediante la enumeración aplicada a través de otras partes infinitas, puesto que, como dice M. Tulio, la enumeración de las partes es a menudo más infinita, nos ha sido dado ese precepto, que no creamos que hay algún vicio en la enumeración cuando omitimos algo, solo en esa cosa donde las partes son infinitas, por tanto podremos decir: El mundo es sol, luna, astros, aire, y todas las cosas que están en él, esto es, tierra y lo demás, las cuales, aunque las traigamos enunciadas sin las partes enumeradas, mediante la semejanza de las partes dichas comprendidas todas, mostramos qué es el mundo. De este modo, pues, la definición se tratará también mediante la enumeración de las partes, es licencia racional poner las partes por las especies, como el todo por el género, nunca, sin embargo, se nombra el género por el todo, o la especie por la parte. Todo género de cada cosa es como el todo para sus especies, de donde decimos justamente el todo por el género. Y del mismo modo nombraremos las partes por la especie. Pues si a ese género y vocablo que se llama todo se asocia justamente, igual razón es enumerar las partes por las especies como bajo la apelación del todo. Aquello, sin embargo, quiero que sea advertido correctamente, cuando hay dos géneros de cosas, corporales e incorporales, en ambos se acepta tanto el género como el todo, y del mismo modo se nombran las partes y las especies, pero con sección separada de la razón propia, de modo que cuando se haya nombrado el género solo de cualidad, debamos entender las especies supuestas a él. Cuando, sin embargo, el todo, no por el cual se advierta su cualidad que se significa siempre en el género, sino como un cierto cuerpo sustancial, de modo que ese, cortado en sus partes y distribuido, haya recibido la sección como de una cierta cantidad. Ya sea ese cuerpo, ya (como dijimos) incorporal, mediante la advertencia de ambas cognaciones, que está o en la cualidad o en la cantidad. Si quisiéramos llamar a la cosa por la cualidad, digamos que es género, y que a este le están supuestas las especies. Si comprendemos una cierta cantidad en aquello que es el todo, decimos merecida y justamente que las partes están en la sección. Concedido aquello para el uso y aceptado libremente, de modo que nombremos las especies con el nombre de partes, y el género mismo que dijimos alrededor de la cualidad lo profiramos sin vicio bajo la apelación de todo, nunca, sin embargo, profiramos el género por lo que es de cualidad, donde debe decirse todo, ni bajo el todo nombraremos nunca especies, sino siempre partes. La tercera definición es la que se dice a partir de la nota, cuando la fuerza de la palabra o del nombre, que está situada en la composición, designa su cosa hecha una cierta separación. La fe, dice M. Tulio, es cuando se hace lo que se dice. Aquí, pues, es lícito observar, como si el nombre simple fuera ficticio y compuesto, de modo que resuene en sus cosas aunque con composición oscura, pues casi a partir de las mismas sílabas que dicen su cosa conocemos el verbo compuesto a aquello que significa a partir de la discreción, pero a menudo el verbo simple y puro, conectado sin ninguna composición, se llevará en la definición a partir de la nota, donde está su fuerza que los griegos llaman έτυμολογίαν, pero Cicerón veriloquio. Pero no puede mostrarse a partir de la discreción, que no es ninguna, de la composición, sino que debe explicarse mediante la declaración y denominación de algún modo qué es aquello sobre lo que se pregunta, como de la bondad bueno, y de la malicia malo, y de la sabiduría sabio. En efecto, cuando la cosa es conocida en otro nombre, fácilmente esto que es derivado de él y de algún modo denominado conduce a la cognición, de modo que muestre qué es, como en el cónsul Pisón Cicerón dice que fue dicho a partir de consultar, y sobre todo, dice, porque la fuerza de ese nombre prescribe ella misma consultando a la república, y este género de definición debe decirse. Aunque M. Tulio en la Tópica hizo un lugar de argumento que llamó conjugado, que es limítrofe al lugar que es a partir de la nota, nosotros, sin embargo, no de otro modo ni contra, sino con igual precepto diremos justamente la definición, guardando el precepto de modo que cuando el nombre compuesto, aceptada la división en sus cosas que suena, entendamos aquello que significa, se hace la definición a partir de la nota. Cuando, sin embargo, comenzamos a aceptar el verbo simple de dónde ha sido denominado, aceptamos el argumento a partir del conjugado, como puso M. Tulio, digamos, sin embargo, que es definición, porque muestra qué es, lo cual es propio de la definición. Estas son las tres principales definiciones sustanciales puestas ahora por mí, la que es a partir del todo, a partir de la enumeración de las partes, y la nota, de modo que aquella que es anterior, sola se denomine verdaderamente definición, estas, sin embargo, dos por el honor y honestidad del nombre, porque muestran qué es aquello sobre lo que se pregunta, no verdaderamente, pero sin embargo se dirá que son definiciones. Ahora volvamos a esa definición que es a partir del todo, porque ella misma puede recibir en sí muchísimas formas. Pero de estas, las que pudimos recoger, partiremos (pues hay quizás otras), después diremos las razones y diferencias y ejemplos. Es, pues, la primera que en griego οὐσιώδης, en latín puede llamarse sustancial. La segunda es ἐννοηματικὴ, que somete solo la noción. La tercera ποιότης, que recibe el nombre a partir de la cualidad. La cuarta ὑπογραφικὴ, que es llamada descripción por M. Tulio. La quinta κατὰ ἀντίλεξιν, en latín podemos decir palabra por palabra. La sexta κατὰ διαφοράν, los latinos nombran sobre lo mismo y sobre lo otro, que puede decirse diferencia. La séptima es κατα μεταφοραν, esto es, mediante traslación. La octava es κατὰ ἀφαίρεσιν τοῦ ἐναντίου, esto es, mediante privación de su contrario. La novena κατὰ ὑποτύπωσιν, esto es, mediante una cierta imaginación. La décima es ὡς τύπος, en latín como. La undécima es κατὰ ἔνδειαν πλήρους ἐκ τοῦ αὐτοῦ γένους, esto es, mediante indigencia de lleno a partir del mismo género. La duodécima es κατὰ ἔπαινον, esto es, mediante alabanza. La decimotercera es κατὰ ἀναλογίαν, esto es, junto a la razón, que se llama proporción. La decimocuarta es κατὰ τὸ πρός τι, esto es, mediante aquello que es hacia algo. La decimoquinta es αἰτιώδης, atribuyendo la causa. Sobre la primera definición se ha terminado el discurso pleno en las superiores, cuando mostramos qué es la definición sustancial y por qué partes se completa. La segunda se dice ἐννοηματικὴ, que podemos decir noción no por nombre propio sino común. Pues en todas las restantes definiciones se profiere la noción de la cosa, no se declara la explicación sustancial, en verdad esta que es la segunda, se efectúa siempre de este modo, cuando propuesto aquello que debe definirse, y no dicho su género, mediante palabras que conducen al oyente al sentido de la cosa, se explica qué es aquello sobre lo que se pregunta. Y es casi familiar a esta definir las cosas propuestas mediante nombres superpuestos, como si dijera: el hombre es lo que por concepción racional y ejercicio preside a todos los animales, aquí ciertamente no dije aquello mismo que es, sino diciendo qué hace, como mediante un cierto signo lo llamé a la noticia. Hay otras muchas en M. Tulio en los Retóricos, como lo honesto es un género de causa, al cual inmediatamente sin nuestro discurso favorece el ánimo del oyente, y asimismo lo admirable, del cual está alienado el ánimo de aquellos que van a escuchar. Así, cuando aplica las restantes definiciones en el segundo libro en declarar las virtudes. Primero cuando dice qué es la virtud misma, y pone su definición: hábito consentáneo al modo y razón de la naturaleza; aquí, puesto que puso el género para decir hábito, es definición sustancial. Pero cuando dice: la memoria es mediante la cual el ánimo repite aquellas cosas que habían sido, y asimismo la inteligencia es mediante la cual mira aquellas cosas que son, y de igual modo la providencia es mediante la cual se ve algo futuro, es bastante claro que esa definición no es sustancial, sino, como hemos dicho, la que en griego se dice ἐννοηματική, cuando se profiere la noción de la cosa no percibida por razón sustancial, sino la cosa conocida por acto. La tercera especie de definición es la que se dice ποιότης, esta muestra diciendo qué clase es, y como arriba propondremos nuestro ejemplo, para que aparezca fácilmente que de la misma una pueden hacerse muchas definiciones, primero definimos sustancialmente al hombre. Después expresamos su noción mediante el modo de la segunda definición. Ahora mediante la tercera definición explicaremos qué es el hombre. El hombre es donde la piedad, donde la justicia, donde la equidad, donde la continencia, donde de nuevo la malicia, la astucia, y los demás vicios se versan, quien vale por ingenio, florece por artes, y por cognición de las cosas o ama lo que debe hacer, o por advertencia desprecia, repudia, rechaza lo que es inútil. Por estas cualidades está expresado el hombre, pues no exige la vida ningún otro animal con estos movimientos de la mente que designan la cualidad, sino solo este animal, que es el hombre, se llena con cualidades puestas y constituidas en la mente, como un cierto artífice natural o gobernador de la vida. Estas ciertamente, la tercera y esa segunda, pueden parecer a algunos que son comunes: pues a menudo basta en cualquiera de estas para la definición de esa cosa sobre la que se pregunta nombrar solo su propio, como si dijera: el hombre es lo que ríe, pues esto es propio del hombre y de ningún animal; dicho lo cual y calladas todas las demás por las que el hombre pueda mostrarse, sin embargo, ha sido declarado solo por su propio. Y esto dijo Cicerón sobre la propiedad, que es un género de definición que puede aplicarse a la noción, como a algunos parece, puede también a esta definición que ha obtenido el nombre de cualidad. De donde algunos censuran que estas dos, no discretas entre sí por ningún fin, sean más bien una, cuando aparece bastante que aquella noción, sin puestas cualidades, como enseñamos arriba, puede completarse, esta, puestas las cualidades, puede mostrar qué es la cosa, callado también su propio, mostrar. La cuarta definición la llamamos ὑπογραφικὴν, no colocando el número como propio, sino asociando el vocablo a la razón exhibida ahora por orden instituido para más fácil cognición: pues no debe decirse cuarta la cuarta, que es ὑπογραφὴ, que por nosotros ha sido dicha descripción. Pero porque el orden de la proposición lo había exigido, por eso colocamos el nombre del número en este lugar. Pues el que es cuarto, Cicerón puso la definición sobre lo mismo y lo otro, y así constituyó la quinta ὑπογραφικὴν; pero nosotros, omitida la numerosidad, enseñaremos qué es ὑπογραφικὴ, que es llamada descripción por M. Tulio, mediante la razón propuesta, y mediante el ejemplo, cuyo discurso no dice más bien qué es, sino que mediante la aplicación de la circuición de los dichos y hechos declara qué es cada cosa. Esta se dice que es definición descriptiva, como cuando se pregunta qué es un avaro, qué un cruel, qué un lujurioso, y se describe la naturaleza universal del avaro, lujurioso, cruel. Cuya especie de definición se dice descripción por género de exhortación, como: el lujurioso es el que apetece un sustento no necesario, sino suntuoso y oneroso, que fluye en delicias, propenso a la libido. Estos y otros definen al lujurioso, y definen mediante descripción, esta definición es apta siempre para el orador. Pues a este se atribuye la alabanza de decir mediante circuito por la honestidad, no aquel discurso más apto y determinado que es como familiar a la definición que arriba preceptuamos que es sustancial. Por eso en muchos lugares M. Tulio, cuando dice que debe definirse algo, no preceptuó que deba definirse sustancialmente, sino más bien describirse, y usa este nombre, como cuando se pregunta, dice, qué es un ladrón, y qué es un sacrílego, debe mostrarse mediante su descripción. La quinta especie de definición es la que dijimos κατ' ἀντιλέξιν, en latín podemos decir palabra por palabra. Esta designa esa voz sobre cuya cosa se pregunta con otro discurso uno y singular, y de algún modo declara qué es aquello puesto en una palabra mediante otra palabra, como conticescere es callar, asimismo latus haurit apertum, esto es, golpea, asimismo cuando decimos término fin, o interpretamos que populatas son devastadas, y en absoluto cuando declaramos la cosa de una palabra mediante otra palabra más manifiesta, esta será la quinta definición de la que hablamos. M. Tulio usó esta en la Tópica, cuando, definiendo el lugar del argumento, dijo que es sede, así mostró mediante la definición qué era el lugar con un nombre con el que buscaba la cosa mediante otra apelación puesta palabra por palabra, diciendo sede, esta los griegos la llaman κατ' ἀντιλέξιν, como ἀνὴρ ἐστὶν ὁ ἄνθρωπος. La sexta κατὰ διαφορὰν, es especie de definición, esta la decimos mediante la diferencia. Los escritores de artes, sin embargo, nombran sobre lo mismo y lo otro, como cuando se pregunta qué hay entre rey y tirano, añadida la diferencia, se define qué es cada uno, y toda definición, así como enseñamos arriba, no expresa qué es aquello sobre lo que se pregunta sino mediante las diferencias puestas y comprendido su propio; no parecerá, sin embargo, que este modo del que ahora hablamos sea lo mismo, puesto que cuando se ha puesto solo la diferencia entre dos, sobre los cuales se pregunta qué es, se conoce cada uno: en efecto, en las superiores se definen solo cada una, aquí dos como conocidas, pero confundidas por una cierta comunión entre sí, se separan mediante la diferencia añadida, mediante la cual se conoce qué es cada uno, como: el rey es modesto y templado, el tirano, sin embargo, cruel. De esto es aquello de Terencio: pienso que es mejor retener a los hijos por el pudor y la liberalidad que por el miedo, esto diferencia al padre y al señor. Asimismo M. Tulio para Sexto Roscio: Y entre esta vida pulida por la humanidad y aquella inmensa no hay diferencia sino la ley y la fuerza. La séptima es κατὰ μεταφορὰν, esto es, mediante traslación, como Cicerón en la Tópica: Litoral es lo que el flujo lava. Asimismo la adolescencia es la flor de la edad, la senectud el ocaso de la edad; esta puede tratarse variadamente. Pues a veces para que amoneste, a veces para que designe, a veces para que vitupere, o alabe: para que amoneste, la nobleza es la carga de la virtud de los mayores ante los posterios; para que designe, la cabeza es la ciudadela del cuerpo; para que vitupere, las riquezas son el largo viático de la breve vida; para que alabe, la adolescencia es la flor de la edad. Por estos y otros modos, pues, puede proferirse esa definición, en cuyo género, sin embargo, debe cuidarse aquello, que la traslación no sea o buscada de lejos, o torpe. La traslación buscada de lejos es, como turbulencia de la república, caos de las leyes, lo cual Tulio templó para Sexto Roscio. Como si fuera una noche sempiterna, dice, en lo cual, aunque sea como si fuera mediante semejanza, puede aceptarse la definición, aceptando el temperamento a partir de la partícula de semejanza. La traslación torpe se hace de dos modos, cuando definimos cosas honestas mediante torpes, o torpes mediante honestas, como si alguien definiendo la patración, dijera lágrimas de Venus fatigada, a lo cual llamaría mejor sudor. O al contrario alguien dijera, las lágrimas son patración del dolor, a este vicio ni la partícula superior atribuye temperamento. Por tanto, debemos evitar grandemente esto. La octava especie de definición κατ' ἀφαίρεσιν τοῦ ἐναντίου, esto es, mediante privación de su contrario de lo que se define, como: el bien es lo que no es mal; debemos usar este género de definición cuando el contrario es conocido. Pues estas dos, cuando se entienden de tal modo que una no pueda ser sin la otra, ¿cómo se hará la cognición de la otra, a menos que se haya comprendido cada una? Cuando, pues, se pregunta qué es la otra, de ningún modo puede comprenderse mediante esta definición, cuando se desconoce cada una, lo cual se liga de tal modo naturalmente, que conecta la cognición necesaria a sí mediante la comprensión de una. Peligra, pues, tal definición, de donde debemos saber si su contrario es conocido, para que, quitado esto, se haga su cognición de lo que se define. Por lo cual a menudo se hace mejor si, buscando algo que debe definirse, definamos su contrario, quitado lo cual declararemos aquello que se busca, como si el bien es lo que aprovecha con honestidad, aquello que no es tal es mal. Cicerón en los Retóricos: Se demuestran necesariamente aquellas cosas que de otro modo como se deben ni pueden hacerse ni probarse. Pongamos, pues, necesario y no necesario como contrarios, de modo que entiendas que aquí ponemos todos los contrarios cuya supresión defina aquello que se busca. Por tanto, lo que no es necesario puede definirse así: lo que de otro modo como se dice puede hacerse y probarse: cuando quito esto, constituyo la definición de lo necesario. Por tanto, correctamente puede hacerse definición de este tipo, pero de este modo como enseñé. Y esto es lo que M. Tulio preceptuó en las Particiones, que a menudo debe definirse a partir de los contrarios. Bajo esta definición caen también las nociones, cuando se quitan los accidentes, y todas las demás cosas que son diversas, y cuando se quita el contrario del accidente o del accidente consecuente, como si alguien dijera que es sustancia, lo que no es ni cualidad, ni cantidad, ni los restantes accidentes, cuando se quitan las otras cosas que son diversas; tal es la definición, como si alguien definiendo al hombre quitara todos los animales, o generalmente, o especialmente. Por este género de definición puede definirse Dios. En efecto, cuando de ningún modo podemos saber qué es Dios, mediante la supresión de todos los existentes que los griegos llaman ὄντα, supone la cognición de Dios, circunscrita y quitada para nosotros la cognición de las cosas conocidas. Dios no es ni cuerpo, ni ningún elemento, ni alma, ni mente, ni sentido, ni intelecto, ni algo que pueda captarse a partir de estos. Quitadas tales cosas, podrá definirse qué es Dios, más si añades que también no puede definirse que eso sea Dios. Cuando se quita el contrario del accidente o del consecuente, tal es la definición: Velar es usar los sentidos, dormir es no usar los sentidos; naturalmente pueden parecer que las definiciones de este tipo convienen a esa definición que arriba dijimos ἐννοιματικήν. En verdad aquella consta a partir de los accidentes de la cosa que definimos, o de los consecuentes; esta a partir de los contrarios, por tanto, a partir de aquella que es ἐννοιματική se hace a partir de los accidentes, como enseña M. Tulio que Pisón no fue cónsul así: ¿O acaso en el tiempo restante alguien te consideró cónsul? ¿alguien se levantó ante ti viniendo a la curia, alguien pensó que debía responderte consultando? Y el discurso superior de este lugar y el consecuente consiste en esta definición, por la cual explica de varios modos que él no fue cónsul, enseñando también mediante aquellas cosas que repugnan al cónsul a partir de dichos, hechos, pensamientos; a partir de los consecuentes define así al cónsul: debe ser de ánimo, consejo, fe, gravedad, vigilancia, cuidado, en fin, de todo el cargo del consulado, hasta aquí a partir de los consecuentes. Pues todas las cosas son consecuentes a partir de esto que dije cargo del consulado, de donde esta será la definición ἐννοηματική; para que esto se haga más abiertamente, daré otro ejemplo. M. Tulio en la misma: ¿Qué es otra cosa enfurecer que no conocer a los hombres, no conocer las leyes, no el senado, no la ciudad, ensangrentar su cuerpo? Por tanto, recoger los accidentes consecuentes es de la definición ἐννοιματικής, quitar, sin embargo, el contrario de lo que definirás, esta es esa definición que dijimos arriba que es la octava. La novena especie de definición es κατὰ ὑποτύπωσιν, esto es, mediante una cierta imaginación, como: Eneas es hijo de Venus y Anquises; esta se versa siempre en los individuos, que los griegos llaman ἄτομα. Se desea, sin embargo, esta definición alrededor de los nombres que son homónimos, individuos solamente, como Áyax y Oileo y Telamonio. Asimismo ayuda en ese género de dicción, donde hay pudor o miedo de nombrar a alguien: A mí, ciertamente, dice M. Tulio, me describían esos sicarios; sobre su casa así. Pero para Fundanio así: ¿describiste a su necesario nuestro competidor a este mismo?; por su estudio ahora, y gracia, toda esa acusación ha sido munida. Había estado en miedo de nombrar, por eso, pues, ha sido descrito. Asimismo para Cornelio: Son de la misma majestad, leed como leíais, de aquí entenderéis que Cornelio no es descrito o significado por ninguna tenuísima sospecha. Esto tanto sobre los nombres propios: otra sea aquella que dijimos arriba definición ὑπογραφικήν. Por tanto, a partir del género, patria, cuerpo, hechos, dichos, o casos, y a partir del ánimo declaramos a ese uno al que no queremos por género de definición. La décima especie es ὡς τύπος, esta dijimos como, como si se preguntara qué es animal, se responda como hombre. Así Aristóteles dice οὐσία ἐστι ὡς ἄνθρωπος, pues declara la cosa buscada mediante el ejemplo subjuntivo, y esto es propio de la definición, declarar qué es aquello que se busca. La undécima especie de definición es κατ' ἔνδειαν τοῦ πλήρους ἐξ αὐτοῦ γένους, esto es, mediante indigencia de lleno a partir del mismo género, como si se preguntara qué es cuadrante, se responda a quien le falta dodrante, para que sea as. La duodécima especie de definición es κατ' ἔπαινον, esto es, mediante alabanza, como M. Tulio para Cluencio: La ley es mente, y ánimo, y consejo, y ciencia de la ciudad; y nosotros ciertamente, para que mostráramos la definición, pusimos así el ejemplo. Pues esto mismo M. Tulio diciendo no aplicado el discurso de la definición, lo colocó simplemente: La mente, dice, y el ánimo de la ciudad y el consejo, y la ciencia está puesta en las leyes; y, como nosotros enseñamos arriba, no quiso que la definición fuera otra cosa que discurso. Por tanto, de modo diverso M. Tulio profirió lo que por nosotros conversamente recibió la forma de definición por su discurso, y esto dista lejos de aquel modo que se hace mediante metáfora, pues no es traslación, cuando la ley se dice mente de la ciudad, ni, sin embargo, es género para que se tenga como sustancial οὐσιώδης, pues es consecuente que también se ponga mediante vituperación, pero sin traslación; así puede parecer definido por Tulio: La servidumbre es el último de los males, no solo por la guerra, sino también por la muerte debe ser repelido. Aunque, pues, haya comenzado así: la paz es la tranquila libertad, pero entre la paz y la servidumbre hay mucha diferencia, de modo que parezca que la definición es mediante diferencia; sin embargo, porque no mostró brevemente aquel artículo por el que distaba, sino que definió cada cosa por su género, mostró más mediante la comparación por la que distaban, no por el género de definición mediante diferencia. Será, pues, la anterior definición de la paz ἐννοηματική, a partir de los consecuentes de la cosa que definía: La paz es la tranquila libertad. Esta segunda más mediante vituperación: pues no es o su consecuente, o algo de estas cosas que dimos a la definición ἐννοηματική, sino que es solo vituperación la que dice que la servidumbre es el último de todos los males. Ni se acepta de nuevo el mal como género para la servidumbre, pues el mal es cualidad, la servidumbre hacia algo; de donde, como son cosas diversas, el mal no puede ser género para la servidumbre. Justamente, pues, se dice que la definición supra puesta de la servidumbre ha sido hecha mediante vituperación. La decimotercera especie de definición es κατὰ ἀναλογίαν, esto es, junto a la razón, que se llama proporción, cuando algo que es lícito disputar con otro se dice que es lo que es aquel otro por razón de semejanza; pero esto acontece cuando se define el inferior con el nombre de la cosa mayor, y que esto se añade qué es el inferior. Los griegos definen así: Ἄνθρωπός ἐστι μικρόκοσμός τις, esto es, el hombre es un mundo menor. Cicerón usó esto así: Quienes atribuyen muchísimo al edicto, dicen que la ley es el alma fuera del edicto. La decimocuarta especie de definición es κατὰ πρός τι, esto es, hacia algo, como: Padre es, a quien es hijo. Cicerón en los Retóricos: Así el género es lo que abraza más partes. Asimismo la parte es lo que está bajo el género. La decimoquinta especie es αἰτιωδὴς. Los latinos llaman según la razón de la cosa, como: el día es el sol sobre las tierras; la noche, el sol bajo las tierras: pues para que o sea día o noche, la causa es o el sol sobre las tierras o bajo las tierras. Hay también otras quizás especies de definición, en verdad si alguien hubiera encontrado, añada al número, solo que atienda diligentemente aquello, no sea que quizás a alguna de estas especies pueda añadirse aquello que hubiera encontrado. Ni nosotros de nuevo alguien piense que en vano hemos separado tantas especies, porque pueden convenir entre sí algunas. Pues mediante la consideración acomodada más plenamente, verá todas separadas entre sí por gran diferencia; mantenga solo lo que arriba preceptué a menudo, que solo aquella se llame definición, que tomando el exordio a partir del género desciende a lo propio de la cosa que se define, separando mediante las diferencias que podían ser comunes. Ahora ya expliquemos sobre los vicios de la definición, como se ha prometido. La definición sustancial que enseñamos que es la primera, que dijimos que es la única definición, recibe dos vicios principales. Si ese discurso que define, o ha comprendido más, o ha declarado menos de lo que la cosa es plena. Pues es necesario que el discurso definitorio se componga de tal modo al nombre cuya cosa define, que preste igual potencia de expresar que el propio vocablo, y conversamente el nombre y la definición se declaren comparados entre sí. Como si preguntaras qué es el hombre, correctamente se responda: animal terreno, racional, mortal, bípedo, capaz de risa. Esto de nuevo si conviertes, sea la mejor declaración del hombre. Pues a quien pregunta qué es animal terreno, racional, mortal, bípedo, capaz de risa, se haga la respuesta recta: es hombre. Pero si definieras así: el hombre es sustancia animada sensible, es ciertamente declaración del hombre, pues el hombre es todas estas cosas; en verdad si conviertes, no valdrá. Pues no es sustancia animada sensible, solo el hombre; peca, pues, la definición por abundancia, porque contiene más de lo que se buscaba. Y en absoluto peca la definición que pone el género que está más allá de sí; pues decimos, lo que está arriba es el género que declara más. Asimismo peca conteniendo menos de lo que es necesario, como: la codicia es el deseo de apetecer lo ajeno, lo cual convertido de modo semejante no permanece, porque es menos comprensivo por definición de lo que postulaba la cosa del nombre. Pues la codicia se extiende ampliamente, ni es solo avaricia; por tanto, es viciosa la definición menos compleja de lo que se buscaba, como si dijera: la codicia es avaricia; la cual si diera ejemplo y transmitiera al oyente al todo que es la codicia mediante la proposición de semejanza, como de la avaricia, sería esa especie de definir que colocamos la décima ὡς τύπος. Ahora no transmitió el ejemplo al todo, sino como conteniendo el todo, pecó omitiendo muchas cosas a partir del todo, de donde no podía hacerse la conversión al nombre a partir de la definición. Si se evitan estos dos vicios, la definición es íntegra, ni solo esta que es sustancial, sino también las restantes especies. Ahora esto sobre los vicios. Cicerón, cuando enseñó en los Retóricos que hay tres vicios, dice: la mala definición se hace cuando o describe cosas comunes de este modo: Sedicioso es aquel que es malo, e inútil ciudadano. Pues esto no describe más la fuerza del sedicioso, que del ambicioso, que del calumniador, que de algún hombre impropio: esta definición dijimos que es viciosa por abundancia. Añade otro vicio, de modo que diga algo falso de este pacto: la sabiduría es la inteligencia de buscar dinero: este vicio Cicerón añadió además de aquellos dos que dije. Pues el tercero lo puso él mismo que por nosotros ha sido constituido como segundo. Pues dice así, de modo que contenga algo no grave ni grande: La estulticia es la codicia de la inmensa gloria. Esto peca por eso, porque comprende menos lo que expresa así M. Tulio. Esta es ciertamente estulticia, pero definida a partir de una parte, no a partir de todo el género. Además de esto, el mismo M. Tulio en el segundo de los Retóricos añadió dos vicios, si la definición es o torpe o inútil, eso, sin embargo (como él mismo dice), se aprueba a partir de las partes de la honestidad y utilidad. Y sobre la definición torpe dijimos en las superiores cuando tratábamos la definición mediante traslación, pero ese vicio está en la palabra; puede suceder, sin embargo, que todo discurso contenga esas cosas deshonestas o comprenda cosas inútiles. En las Filípicas M. Tulio en el primer discurso enseñaba que los actos de César eran subvertidos por Antonio, y Antonio lo negaba. Ambos trajeron definición, para mostrar qué es el acto de aquel que se versa en la ciudad togado con potestad. Enseñé en las superiores que las partes de la definición que debe afirmarse son cuatro: la primera ser la definición, la segunda la aprobación de la definición, la tercera la deducción de la definición a la especie, la cuarta la destrucción de la definición de la parte adversa. Cicerón define que el acto de aquel que está en la república con potestad es las leyes; Antonio, los quirógrafos. Por tanto, en su discurso Cicerón tanto define, como aprueba, y deduce a la especie, y destruye la definición de la parte adversa. La definición de Cicerón es esta: ¿Y qué es lo que tan propiamente pueda decirse acto de aquel que togado se ha versado en la república con potestad e imperio, que la ley? después se subyuga la aprobación de esa definición de este modo: Busca los actos de Graco, se proferirán las leyes Sempronias. Busca los de Sila, los Cornelios, ¿qué el tercer consulado de Cn. Pompeyo, en qué actos consiste? ciertamente en las leyes; esta es la aprobación. Después se añade la deducción de la definición a la especie. Si buscaras del mismo César qué habría hecho en la Urbe y en la toga, responde que él trajo muchas leyes y preclaras. Sigue la reprehensión de la definición de la parte adversa, y esa se hace bipartitamente: o pues se concluye algo en esa reprehensión a partir de todos esos vicios, o concedido aquello que dicen los adversarios mediante comparación, aprobamos que es más esto lo que nosotros decimos. Aquí M. Tulio hace ambas cosas. Pues tanto pone aquellas cosas sobre los vicios para enseñar que la definición es falsa, y torpe, y inútil. Y después concediendo, confirme más su definición, y diga que es más potente. La definición falsa la prueba Cicerón así, sacudiendo lo que es consecuente; pues mediante estas se prueba la definición falsa, si no tiene su propio, si tiene más el contrario, si no tiene su consecuente, si ha sido dicha de otro modo como está en la opinión del vulgo. Aquí, pues, como se pregunta qué es el acto del ciudadano togado que se versa en la república con potestad, y se ha dicho que no es otra cosa que las leyes, debe advertirse que Antonio había dicho que son quirógrafos, advirtiendo diligentemente los consecuentes enseña que la definición es falsa así: Aquel que está en potestad, está en la república; cuando ha hecho algo, no puede cambiar el acto, esto compete a la ley, de modo que cuando ha sido traída nunca sea cambiada por el que la trajo. Pero en verdad los quirógrafos, porque es acto doméstico, tienen esta consecuencia, y que se cambien, y a menudo no se profieran. Por tanto, M. Tulio reprehende así que los quirógrafos no sean acto, porque no tienen consecuentemente los actos, diciendo: Los quirógrafos en verdad o los cambiaría, o no los daría; o si los hubiera dado, no diría esas cosas en sus actos: pero porque reprehendidos mediante concesión, pero concedo esas mismas cosas, y en algunas cosas también conniveo; en las cosas máximas, sin embargo, esto es, en las leyes, no pienso que deba tolerarse que los actos de César sean disueltos. Añade después de estas la reprehensión de modo semejante doble, una a partir de los vicios para que diga también que la definición es torpe, e inútil. Después conceda que va a concluir a partir de la comparación que la suya es más potente, diciendo que es torpe e inútil en tal dicho que es: a menos que por suerte, si algo refirió a causa de memoria en el libelo, eso se numerará en los actos. Y aunque sea inicuo e inútil, se defiende: La equidad es virtud; la virtud, sin embargo, es honesta, por tanto la iniquidad es torpe, porque la torpeza es contraria a la honestidad. Así, pues, reprehende la definición torpe e inútil con las mismas palabras. Después añadió lo último mediante concesión de este modo: lo que trajo al pueblo en los comicios centuriados, eso no se tendrá en los actos de César. Pensé que estas cosas eran también bastante agudas.
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El primer discurso de la oratoria y de la argumentación es siempre, como advierten a menudo tanto los autores dialécticos como el propio M. Tulio, lo que se llama definición. Puesto que nada (que consista en el discurso) puede ser llevado a una disputa o controversia sin que aquello sobre lo que versará la lucha haya sido fijado previamente en una definición, de modo que sea manifiesto para ambos contendientes qué es aquello sobre lo que se tratará en la futura cuestión; de ahí que la virtud de definir deba ser examinada no solo por el género de utilidad, porque mediante este discurso la cosa siempre se desarrolla y es lo que explica aquello sobre lo que se pregunta, sino también porque, al ser aplicada siempre como principio, produce la mayor luz y claridad sobre la cosa que, al ser llevada a la contradicción, tiene una cuestión. En efecto, si las palabras o bien hubieran sido conocidas por todos, o bien mantuvieran siempre una única significación propia, y no engañaran a los oyentes con un discurso ambiguo u oscuro, ni confundieran a los hablantes bajo una interpretación diversa, la definición no se consideraría en absoluto necesaria. Pero como los nombres impuestos a las cosas y las voces individuales han sido instituidos y compuestos con tal arte, según el juicio de quien consideró que las cosas debían llamarse así, que conducen a los oyentes mediante una cierta nota en la significación de las cosas, y no mediante una declaración abierta, considero muy necesario conocer qué es la definición y con qué especies y partes se completa, para que pueda mostrar con la mayor facilidad la cosa que declara y, al conocerse los modos, elimine el fastidio en el discurso por su variedad. Y primero, para que parezca que guardamos el orden mediante preceptos, debe aplicarse la definición de la propia definición. La definición es un discurso que explica qué es aquello que define; esto es tan evidente, y es necesario entenderlo de tal manera, que parece que debe declararse en qué género está la definición, qué comprende y de qué modo la misma definición está definida perfectamente. Los nombres o voces significan a veces cosas, a veces hechos, a veces dichos individuales, a veces discursos, y aunque en todos estos hechos, dichos y discursos parece haber un género que llamamos, sin embargo, la cosa, por nombre propio y significación cierta, parece ser algo distinto de lo que es un hecho, algo distinto de lo que es un dicho, y algo singular y único distinto de lo que es un discurso. Por tanto, la definición no es la voz de un hecho, ni de algo corporal o incorporal, sino que es un discurso. En efecto, tal dicción que expresa qué es aquello sobre lo que se pregunta, sin duda se llama discurso, como el discurso es el exordio, la narración y las demás cosas que decimos que son partes del discurso. Así, pues, también la definición es un discurso. Pero puesto que este es un nombre general que, como hemos dicho, conviene también a la exposición, a la narración, a la invocación, a la oración y a las demás cosas individuales que, en cualquier caso, se dicen que son discursos, para que aquello que se ha aplicado generalmente pueda ser llevado a aquello sobre lo que se pregunta, se ha añadido la especie. Pues buscábamos qué era la definición, para cuya declaración M. Tulio añadió: tal discurso que explica qué es aquello que define, no es sino una definición. Pues la narración es, ciertamente, un discurso que no explica lo que define, sino lo que ha sido hecho, e igualmente otros discursos individuales constituidos en sus funciones y acciones son algo distinto de este discurso que explica qué es aquello que define; así se ha añadido la especie, de modo que, siendo el género arriba el discurso, la especie sea la que define aquello. Finalmente, sin embargo, se ha añadido aquello por lo que declara con más certeza y más propiamente lo que se ha dicho: explica qué es. Pues hay otros discursos que explican más bien qué clase de cosa es, o cuánta es. Pero este no explica nada de esto, sino solo qué es; pues la cognición es diversa en esta partición, puesto que una cosa es saber qué clase es y otra explicar qué es, pues esto último se contiene en la percepción de la sustancia de la cosa, aquello en el conocimiento de la cualidad, y esta es la definición aplicada por Cicerón. Nosotros, sin embargo, hagamos más abiertamente qué es la definición con nuestra explicación. Todo lo que se demuestra mediante el discurso se muestra o si es, o qué es, o qué clase es; cuando se aplica, el discurso para la declaración de si algo es no es una definición. Igualmente, cuando se muestra mediante el discurso qué clase es algo, de igual modo no será una definición. Pero cuando se muestra qué es, que es el medio entre si es y qué clase es, de tal modo medio que ya no haya duda sobre si es, e igualmente que el qué clase es no esté colocado en la ciencia de quien requiere, sino de quien define; este género medio, digo, que muestra aquello mismo sobre lo que se pregunta qué es, se denomina definición. Toda definición tiene en la cuestión una cosa incierta. Toda cosa, si es cierta, no necesita definición; si es incierta, no es una cosa y busca ser mostrada mediante la definición. Pues toda cosa, si es que ya es una cosa, como hemos dicho, es cierta. Pero cuando ya es cierta y tiene sus cualidades con las que es comprendida fácilmente, se reconoce fácilmente qué es. Pues nunca se puede entender qué es, a menos que se haya comprendido qué clase es. Toda definición se asume o por causa de probar la cosa, o, si la cosa se mueve en la cuestión, de aumentarla, o si, ya sea ante el adversario o ante el auditor, cualquier cosa es ya conocida, de confirmarla. Sin embargo, la definición se aplica para que la misma cosa que es conocida, cierta y fija, sea mantenida. Toda definición es o un discurso retórico o dialéctico. Si es retórica, tomando su origen de la contención, se dividirá a través de las partes de la cosa sobre la que se pregunta, y no consistirá totalmente en el tratamiento de una sola cosa a partir de sus propias cosas, de modo que, cuando la plena y cierta perfección de cada cosa sea conocida, los discursos de los contendientes la distribuyan toda a través de sus partes. Retenemos la violación de sepultura como una cosa también cierta, plena y perfecta, cuando en el sepulcro excavado está también el ánimo y el hecho del que viola, de modo que alguien parezca haber acometido con el estudio de excavar y profanar los manes. Por tanto, como hemos dicho, la violación de sepultura consiste tanto en el ánimo como en el hecho, y la cosa misma de la sepultura violada es plena a partir de estos dos; alguien abrió el sepulcro para llevarse los ornamentos. El mismo reo de sepultura violada es llamado a juicio; sin duda, la causa necesita necesariamente un discurso definitorio y una contención que exprese qué es la violación de sepultura; pero los oradores usan las partes individuales de todo el hecho y pleno, de modo que uno ponga la violación de sepultura porque el sepulcro fue abierto, otro diga en contra que la violación de sepultura se contiene en el ánimo: así surge ese tratamiento del discurso definitorio, de modo que, cuando todo lo que se reconoce en la violación de sepultura ha sido distribuido a través de sus partes, y los oradores individuales han mantenido esas partes, parecen usar la definición en el género de contender. Pero no se dice correctamente tal definición, puesto que no es cierta, no es plena, no es íntegra, a menos que el discurso haya declarado todo lo que es de la propia cosa sobre la que se pregunta expresando qué es; en verdad, esta es capciosa y falsa, no la definición cierta de los retóricos. Existe también otra que se reconoce adaptada a los retóricos, que se separa plenamente de la virtud de definir, la cual mediante la comparación no muestra qué es, sino que concluye mediante el discurso que estas cosas son por semejanza, cuando es otra cosa, como cuando se pregunta qué es aceptar ciertamente por cosa propia, verdadera, cierta, no es otra cosa que tomar con mano propia algo ofrecido por alguien. Mediante la comparación, M. Tulio define que Verres aceptó dineros, cuando los compañeros, socios y ministros aceptaron dineros. Esos compañeros tuyos, dice, eran tus manos. Igualmente, en otro ejemplo, cuando se pregunta qué es un enemigo, decimos que el enemigo es aquel que ha tramado algo malo; y Cicerón, usando la comparación, dice: Enemigo es quien hace contra la cosa, voluntad, honor y dignidad de todos. De lo cual deducimos que las definiciones de este tipo convienen sobremanera a la contención de los oradores, aunque están lejos de la virtud de la definición; pero estas definiciones que son aptas para los oradores y poetas contienen un orden cierto en su explicación en el discurso. Sobre cuya cosa los preceptos han sido establecidos por M. Tulio en los Retóricos, de modo que toda definición, esto es, el discurso que explica qué es aquello sobre lo que se pregunta, se mantiene por estos miembros y partes: primero, que nuestro discurso contenga brevemente qué es aquello sobre lo que se pregunta, y esto se llama definición; después, que se suponga la aprobación de esa definición, con la cual mostremos aquello de modo que aprobemos mediante razones de argumentos que aquello mismo que pusimos brevemente en la definición es así; después, en tercer lugar, inducimos la deducción de la misma definición a aquella especie sobre la que es la cuestión y sobre la que se ha constituido el juicio, de modo que, cuando hayamos definido la cosa generalmente y hayamos dicho que es así aquello sobre lo que se pregunta, y después hayamos constituido mediante la aprobación que es verdadero lo que definimos, en tercer lugar hayamos mostrado que esto es lo que ha sido hecho, o que es aquello sobre lo que se pregunta, cuya parte del discurso se llama deducción del género a la especie; en cuarto lugar, pondremos en nuestro discurso la destrucción de la definición de la parte adversa, esto es, que propongamos del mismo modo que los adversarios definieron aquello mismo sobre lo que constituimos la definición arriba, y enseñemos que esa definición de los adversarios es viciosa, lo cual declararemos después de qué modo es viciosa. Pues tiene sus partes ciertas e íntegras, sobre las cuales ahora dejamos de hablar. Existe una definición de enemistades en M. Tulio breve, colocada así: ¿O acaso piensas que las enemistades mayores son las voluntades contrarias de los hombres y los estudios disímiles? Esta, como hemos dicho, es una definición retórica, y un discurso breve concluido sobre qué son las enemistades. Después de la cual definición se aplica la aprobación. Quien piensa que la fe y la religión son santísimas en la vida, ¿puede no ser enemigo de aquel que ha saqueado todos los templos? A continuación, lo demás que sigue, en lo cual ciertamente es lícito advertir que se puede conjugar tanto la aprobación de la definición como la deducción de la definición a la especie. Pues aquí Marco Tulio aprueba que las enemistades son estudios contrarios y voluntades disímiles de tal modo que incluye en las palabras la especie misma sobre la que se preguntaba que había sido hecha: pues la aprobación pudo hacerse, que esas son enemistades que contienen voluntades contrarias, y en las razones que se suponen componerse tal dicción, cuando uno guarda la fe, otro es infiel. No hay duda de que con tal ánimo, según cómo estén afectados entre sí, se crea que son enemigos. Igualmente, para el hombre religioso, el irreligioso es enemigo. Por tanto, si se dijeran otras cosas supuestas a partir de diversos estudios y voluntades, sería solo aprobación, no también deducción del género a la especie; pero cuando ahora se teje la dicción así: quien piensa que la fe es santísima en la vida, estimáis que la religión debe ser cultivada, sin duda es enemigo de aquel que saqueó los templos, violó todos los templos, profanó los santuarios. Aquí también el mismo hecho de Verres sobre el que se pregunta se contiene y se incluye tan especialmente que, junto con la aprobación y la deducción del género a la especie, se mantiene cerrado; después se añade, como hemos dicho, la destrucción de la definición de la parte adversa, pero por concesión, esto es, de los semejantes: ¿acaso si alguien hubiera hecho una injuria contra mi cosa, profesaría que soy enemigo suyo por derecho? Pongamos, pues, la definición de la parte adversa tal: Las enemistades son cuando alguien ha hecho o dicho una injuria contra mi cosa. Esta definición la destruye M. Tulio de tal modo que, concedido aquello que está definido así, no obstante, las enemistades son también de otro modo, cuando alguien hace contra la cosa, honor y dignidad de todos. Tal es, pues, siempre el discurso que testifica alrededor de la definición retórica a través de cuatro miembros: que sea definición, aprobación de la definición, deducción de la definición a la especie, después la última destrucción de la definición de la parte adversa; pero esto parece ser apto para los retóricos, no también para los filósofos. Aquella, sin embargo, que es propia de los filósofos, conviene también a los oradores y el orador la añade a sí mismo, tanto a su materia como al ornamento de su propia dicción. Pues el orador expresa rectamente todas las cosas que están en el decir de los filósofos. Pues usa también el argumento verdadero, que es propio de los filósofos, usa también el necesario. Pero, por el contrario, el filósofo en sus propias disputaciones condena todas las cosas de los retóricos, y no añade nunca un signo, ni lo que se dice creíble, y excluye totalmente todo lo probable de la virtud de su sermón. Por tanto, expondremos la definición que es propia de los filósofos al expresar las cosas, qué explica qué es, qué clase es, de qué modo debe consistir en sus miembros. Que las definiciones son principios de disputar lo dijimos arriba, y M. Tulio lo prueba, tanto en todos los diálogos como también en aquel libro que se inscribe Tópicos, en el cual enseña que el primer lugar de los argumentos es la definición, esto es, a partir del todo, a cuyo lugar que se llama a partir del todo debe aplicarse necesariamente la definición, de modo que el lugar del argumento a partir del todo sea la definición. Además, como dijimos arriba, se dice definición la explicación del argumento que es a partir del todo. Por tanto, por los preceptos de los dialécticos y de todos los filósofos debemos mantener aquello, que no hay definición, sino solo la que, en aquella cosa que queremos definir, antes de que entendamos que es de esa cosa, declare y muestre la sustancia. Para que esto se haga más abiertamente, enseñaremos que no hay ninguna definición cierta, íntegra, que deba ser aprobada, sino aquella que los filósofos llaman sustancial, en griego se llama ούσιῶδης. Qué sea, sin embargo, sustancial, debe explicarse en otro lugar. Acceda entretanto al conocimiento aquello: cuantas veces se pregunta sobre algo qué es, entonces puede haber una definición cierta y sustancial, cuantas veces ponemos el género de aquella cosa sobre la que se pregunta, como hemos dicho, y desde allí añadimos lo demás a través de las diferencias en el discurso. No parece ajeno poner un ejemplo, y así pasar a las demás cosas que son oscuras. Se pregunta qué es el hombre, para este ciertamente el género es animal. Cuando, pues, en la definición que explicaré qué es el hombre, haya dicho animal, y después conecte lo demás, será una definición sustancial. Pues he declarado la sustancia del hombre cuando dije animal. Igualmente, cuando pregunto qué es blanco o negro, si dijera blanco es color, porque color es género para esto sobre lo que pregunto, blanco o negro, ya será una definición sustancial que comienza por el género, y así conecta lo demás. Esta se dirá que es sustancial, y esta propia, y esta íntegra. Esta es aprobada por los filósofos, de modo que nunca se diga que una definición hecha de otro modo lo sea; en verdad, por algunos este nombre se transfiere a menudo también a otras cosas que se definen de otro modo. Por tanto, esta definición sustancial es explicada así por M. Tulio. Que debemos, puesto el género de aquella cosa sobre la que se pregunta, añadir las especies, para que separemos otras cosas que puedan ser vecinas con comuniones discretas, e interpongamos las diferencias tanto tiempo cuanto lleguemos a lo propio de aquello sobre lo que se pregunta con su expresión señalada. Él mismo en los Tópicos añadió ejemplos. Nosotros, sin embargo, para que no se haga confusión al lector en los ejemplos por derecho, propongamos este ejemplo: el hombre es animal racional, mortal, terreno, bípedo, capaz de risa. Cuando se ha dicho animal, se ha declarado la sustancia del hombre. Pues es, como dijimos arriba, para el hombre el género animal, y todo género es declaración sustancial de su especie; pero aquí animal, porque se extendía ampliamente, se ha añadido la especie terreno, ya está excluido lo que o es aéreo, o húmedo. Bípedo, sin embargo, se ha puesto por causa de otros animales que se apoyan en muchísimos pies. Igualmente racional por causa de aquellos que carecen de razón. Mortal, sin embargo, por causa de aquello que es Dios. Con todos los cuales animales que podían convenir a los superiores puestos en el discurso discretos y excluidos, se ha añadido lo propio en la parte última, pues es solo del hombre lo que ríe. Así, la definición está perfecta por toda parte para declarar al hombre, cuando, puesto el género, excluidos todos mediante las diferencias que podían convenir, el discurso llegó a la propiedad de aquello sobre lo que se preguntaba. Y este es el precepto tuliano, que aquel que defina debe interponer y añadir diferencias en el discurso hasta que el sermón llegue a la propiedad que ya no pueda ser común. En verdad, Aristóteles dice que la definición perfecta y plena consiste en el género y las diferencias. A partir del género también y las diferencias esto mismo enseñamos nosotros arriba, cuando la especie interpuesta separaba con su diferencia otras cosas que pueden ser semejantes. Algunos, sin embargo, más cautos y más plenos al enseñar la definición misma, de la cual constituyen ciertos miembros, dicen que esa definición perfecta que llamo sustancial debe consistir en cinco partes, esto es, género, especie, diferencia, accidente, propio. Pero el accidente vale lo mínimo en la definición, lo propio lo máximo. Y ciertamente conmemoran esto recta y verdaderamente, y no deben ser juzgados ajenos, ni al príncipe de estas artes, Aristóteles, ni a M. Tulio, que transmitieron preceptos sobre estas cosas. Pues la definición íntegra consiste en estas cinco partes como en sus miembros; en verdad, también Aristóteles, en los libros que llamó Tópicos, enseñó qué es género, qué especie, qué diferencia, qué propio y qué accidente. Y muchísimos filósofos además, en sus libros, comprendieron la fuerza y potencia de estas cosas y las declararon. Nosotros, porque ya en un libro disputamos plenísimamente también sobre estas cinco cosas, para que la cosa interpuesta a la cosa no produzca oscuridad, o repitamos lo dicho, queremos que el lector vaya al libro que ya está escrito, si tiene indigencia, ahora advierta que no es impedimento para sí lo que aquí se ha omitido. Pues eso, incluso conocidas todas aquellas cosas, lo retendrá por la necesidad de los preceptos. En ese discurso sustancial debemos interponer especies y diferencias tanto tiempo cuanto, excluidos todos los que pueden ser esto mismo, se llegue a ello, de modo que la propiedad ya cierta sea mantenida. M. Tulio en los Tópicos quiso definir el derecho civil, y, como fue oportuno, comenzó por el género: dijo, pues, en el principio, el derecho civil es equidad, este es el género del derecho. Pero puesto que la misma equidad a veces está constituida, a veces es natural, y el derecho civil es equidad instituida por los hombres, por eso añadió: el derecho civil es equidad constituida. Puesto el género, añadida la especie, separó otra especie, a saber, la natural. Pero puesto que también el derecho de gentes es equidad constituida, y sin embargo no es civil, se añadió aquello que podría separar el derecho de gentes: a estos, dice M. Tulio, que son de la misma ciudad. Cuya especie interpuesta, describió el derecho civil. Existe todavía lo que puede ser común con otro, esto mismo que se ha dicho arriba universal. En efecto, conviene al derecho de las religiones y de todos los sagrados. Pues el derecho de las religiones es equidad, y equidad constituida, y para todos estos que son de la misma ciudad. Pero no llamamos derecho civil a aquel derecho que es de los pontífices, esto, pues, para que pudiera excluirlo, y definir el derecho civil hasta lo propio, añadió: para obtener sus cosas. Demos otro ejemplo puesto en los discursos, por el cual la cosa se explique más fácil y manifiestamente. M. Tulio define qué es la gloria, con estas palabras, según opino: La gloria, dice, es la fama ilustre y extendida de los méritos de los hechos rectos y grandísimos, ya sea hacia sus ciudadanos, ya hacia la república, ya hacia todo el género de hombres. La gloria, pues, está definida sustancialmente, cuando se ha dicho fama. Pues el género de la gloria es la fama, la cual, porque a veces es de cosas malas, a veces de buenas, por eso es género, al cual se ha añadido la especie, ilustre, que es alabanza: pues la fama que es de cosas buenas es alabanza, y es ilustre. Con esta cosa, pues, se ha excluido la fama peor: y puesto que esta fama laudatoria puede ser a veces por mérito, a veces más allá del mérito, pues frecuentemente ha emanado una opinión sobre alguien de otro modo que como fue hecho el hecho, por eso dice fama de los méritos, pues esos son los méritos que, cuando los prestamos, nos hacen merecer la gloria. Por tanto, Cicerón, que quería entonces dar gloria a César cuando había presidido la república, por eso dividió esos hechos o méritos puestos generalmente en especies, y añadió: cuando hacia sus ciudadanos, entonces hacia la república o hacia todo el género de hombres, las cuales, a saber, especies de hechos rectamente puestos, convienen hasta la propiedad de la gloria. Pues tiene ahora una propiedad cierta y verdadera en las partes de la gloria. Pues todo lo que prestamos, o lo damos como debido, o como no debido, cuando hacemos rectamente, si solo son hechos que son como debidos, se dice fama ilustre de los hechos. Cuando, sin embargo, hacemos más allá de lo que es debido, con benevolencia de prestar y benignidad de atribuir, estos se denominan méritos. Concluyó, pues, ambos géneros de prestar cuando dijo: fama ilustre y extendida de los hechos y grandísimos, cuando hacia la república, entonces hacia todos los ciudadanos, fama de los méritos. De todas estas cosas considero que es abierta esa definición, que debe ser sustancial, que debe decirse así, de modo que, propuesto el género de la cosa sobre la que se pregunta, y añadidas las especies con la diferencia hasta su propio, disuelta totalmente la comunión, lleguemos. Y si quisiéramos seguir el juicio de los verdaderos filósofos autores, no se dirá otra definición. En efecto, las restantes atribuyen más bien el intelecto de la cosa, no declaran plenísimamente qué es esa cosa mediante el discurso aplicado; sin embargo, puesto que, trasladado el nombre, también los restantes discursos que retienen esto mismo con dicción imaginaria se denominan con nombre igual, de modo que se digan definiciones, considero que deben ponerse las restantes especies, por lo cual podamos conocer más fácilmente lo que dicen los demás, y, conocido el modo múltiple de la definición, se descubra fácilmente, como se ha dicho arriba, la verdad de definir. M. Tulio en los Tópicos, tratando sobre los tres primeros lugares, a partir del todo, a partir de las partes, a partir de la nota, cuando el argumento es a partir del todo, como enseñamos arriba, dice que debe aplicarse la definición, pues allí se pone el género para que se explique qué es la cosa misma sobre la que se pregunta. Pero cuando el argumento es a partir de las partes, también ella misma se dice ciertamente definición, en verdad con nombre trasladado, cuando de todas las partes enumeradas se reconoce el todo, casi no hay diferencia en esta cosa si conocemos todas las partes del todo a partir de la definición que es a partir del todo, o si, recogidas todas las partes, captamos qué es el todo a partir de la enumeración de las partes. Cicerón llama a tal definición enumeración de partes, pero atribuyéndola a la definición, puesto que también la enumeración de las partes muestra qué es aquello sobre lo que se pregunta, y esto mismo hace la definición puesta arriba, cuando el discurso que muestra qué es se llama definición, de donde para nadie es duda que también esta se diga que es definición; puso, pues, M. Tulio explicando qué es libre, o en lo contrario qué es no libre. Puesto que la libertad se da por censo, se da por vindicta, se da por testamento, y estas son las partes de dar la libertad; si ni, dice, por censo, ni por vindicta, ni por testamento es libre, no es, pues, libre. Así, puestas las partes por las que se hace libre, sigue la negación de la libertad, si ninguna de estas partes precedió en dar la libertad. Ni os mueva que qué no es libre está constituido en la definición, no qué es. Pues igual es la razón y la misma fuerza de definir, y cuando se muestra qué no es, y cuando se desnuda qué es aplicada la definición. Aunque M. Tulio en el mismo libro de los Tópicos dice de otro modo que hay dos géneros de definiciones: primero, pues, cuando se define lo que es, segundo cuando se define lo que no tiene su sustancia, esto es, lo que no es, y este género de partición lo cerró y atenuó en aquellas cosas que dije arriba. Pero quiso que hubiera otras que decía que son, otras que no son. Pues dice que son aquellas cuyo cuerpo subyace, como cuando definimos qué es agua, qué fuego. No quiso, sin embargo, que se entendieran como que son aquellas para las cuales no parece haber ninguna sustancia corporal, como son la piedad, la virtud, la libertad. Pero nosotros consideramos que todas esas, o las que son con cuerpo, o las que son, a saber, en el cuerpo, si se aceptan en él, de modo que parezcan o ser por sí, o ser en algo, deben contarse en un género, de modo que se entienda que son todas esas cosas para todas las cuales puede haber su sustancia, ya sean aquellas corporales, ya, como es certísimo y pueden llamarse con nombre recto, cualidades. En verdad, además de estas, hay definición cuando se muestra algo que no es. Pues hay necesidad de definición para que podamos enseñar qué no es. Por tanto, si mediante partición, enumeradas las partes, decimos qué es la libertad, qué no es la libertad lo mostraremos mediante la misma partición. Se hará, pues, también definición a partir de las partes, como si dijera: si ni es masculino, ni femenino, no es hombre. Igualmente, si ni es esclavo, ni libre, no es hombre. Ciertamente, aquí considero que debe advertirse que las partes a menudo se toman del todo mismo sobre el que se pregunta para su definición, a menudo no del mismo, sino de aquello que le sucede, de modo que la enumeración de las partes del accidente pueda definir qué es el todo. Pues cuando el todo es el hombre sobre el que se pregunta qué es, no son sus partes esclavo y libre, sino accidentes al hombre. Cuya enumeración, cuando ha sido constituida, se muestra qué es el hombre. Ciertamente, también considero que debe advertirse aquí aquello, cuando se hace la definición a partir de las partes, que puede suceder que a veces el todo se recoja de todas las partes, como mostramos arriba, a veces las partes se enumeren de tal modo en la definición, que en las individuales esté el todo, así como aquello en las controversias: prestar auxilio es decidir, partir enviando, venir incluso si no has luchado, atemorizar a los enemigos para que no luchen. Así M. Tulio en muchos lugares, y él mismo en favor de Cornelio, donde se pregunta qué es disminuir la majestad, trata, porque promulgó una mala ley: porque leyendo el códice suprimió la intercesión, porque hizo sedición. En todas las cuales se define la majestad lesionada. Pero así son las individuales, que en las mismas individuales puede mostrarse el todo, esto es, la majestad lesionada. Esto también lo mantiene en favor de M. Celio, donde mediante la enumeración de los males por los cuales se hace el dolo malo, la definición se hace de tal modo, que en las especies individuales puede reconocerse el dolo malo. Cuando entendemos esto puesto abiertamente, entonces también aquello es manifiesto, que una cierta noción, no la cosa plenísima, se contiene en esa definición, y que aquella definición que pusimos arriba, cuando, colocado el género, se trae el discurso indicando la sustancia de la cosa que se define para la declaración de la cosa, es muy superior. Ciertamente considero que debe añadirse que no hay una cierta necesidad en esa enumeración de partes, donde hay de algún modo definición, si las partes hubieran sido infinitas, o muchísimas especies, cuya enumeración debe hacerse por partición; no, digo, considero que en esa enumeración no debe concluir las universales que son infinitas. Pues basta que se haga la enumeración de incluso muchísimas, cuando en las infinitas no es vicioso omitir algo: esto lo colocó Cicerón en los Tópicos, que podemos definir el derecho civil mediante enumeración. Lo cual consiste en las leyes, costumbre, equidad, pero no todo el derecho está enumerado, puesto que está, y en los senadoconsultos, y plebiscitos, está en los edictos, y está en las órdenes de los príncipes, quizás todavía y en otros. Pero cuando, enumeradas algunas partes a partir de las infinitas, se haya dado la noción del derecho, qué es el derecho civil lo estimaremos en los semejantes. Por tanto, mediante división o partición se hace esa definición de la que hablamos, así pues, también mediante la misma definición y la misma partición, enumeradas o todas, si son pocas, o muchas, si son infinitas, o especies, o partes, somos conducidos al conocimiento de la cosa sobre la que se pregunta y a la noción. Sepamos, sin embargo, que la definición es a partir del género, cuando se enumeran las especies, partición cuando las partes. Por lo cual definamos animal, para este, como las especies son infinitas en número, como hombre, buey, caballo, león, pez, igualmente lo demás, podemos declarar qué es animal enumeradas pocas especies. Pero si tocara aquellas especies que son más bien diferencias, que ellas mismas pueden ser tres, húmedo, terreno, celeste, mediante la enumeración de todas estas cosas animal estaría definido. Esto mismo observarás también en la enumeración de las partes, como si dijéramos: el mundo es mar, tierra, cielo, mediante la enumeración de las partes, pero no sin embargo de todas, qué es el mundo, está explicado. Y si quisiéramos definir qué es el mundo mediante la enumeración aplicada a través de otras partes infinitas, puesto que, como dice M. Tulio, la enumeración de las partes es a menudo más infinita, nos es dado ese precepto, que no creamos que hay algún vicio en la enumeración cuando omitimos algo, solo en aquella cosa donde las partes son infinitas, por tanto podremos decir: El mundo es sol, luna, astros, aire, y todas las cosas que están en él, esto es, tierra y lo demás, las cuales, aunque las pronunciamos no enumeradas las partes, mostramos qué es el mundo mediante la semejanza de las partes dichas comprendidas todas. De este modo, pues, la definición se tratará también mediante la enumeración de las partes, es licencia racional poner partes por especies, como el todo por el género, nunca sin embargo el género por el todo, o la especie por parte. Todo género de cada cosa es como el todo para sus especies, de donde decimos con derecho el todo por el género. Y del mismo modo denominaremos partes por especie. Pues si al género y vocabulario que se llama todo se asocia con derecho, igual razón es enumerar partes como bajo el nombre del todo por las especies. Quiero, sin embargo, que se advierta bien aquello, cuando hay dos géneros de cosas, corporales e incorporales, que en ambos se acepta tanto el género como el todo, y del mismo modo se denominan partes y especies, pero con sección separada de la razón propia, de modo que cuando el género de cualidad haya sido nombrado, debamos entender las especies supuestas a él. Cuando, sin embargo, el todo, no por el cual se advierta su cualidad que se significa siempre en el género, sino como un cierto cuerpo sustancial, de modo que aquel, cortado en sus partes y distribuido, haya recibido la sección como de una cierta cantidad. Ya sea aquel cuerpo, ya (como dijimos) incorporal, mediante la advertencia de ambas cognaciones, que está o en la cualidad o en la cantidad. Si quisiéramos que la cosa llamada por cualidad sea género, digamos que es género, y que a este le son supuestas las especies. Si comprendemos una cierta cantidad en aquello que es el todo, merecida y justamente decimos que las partes están en la sección. Concedido aquello para el uso y aceptado libremente, que denominemos especies con nombre de partes, y el género mismo que dijimos alrededor de la cualidad lo pronunciemos sin vicio con apelación de todo, nunca sin embargo pronunciemos el género por lo que es de cualidad, donde debe decirse todo, ni bajo el todo denominaremos nunca especies, sino siempre partes. La tercera definición es la que se dice a partir de la nota, cuando la fuerza de la palabra o del nombre, que está situada en la composición, designa su cosa mediante una cierta separación hecha. La fe es, dice M. Tulio, cuando se hace lo que se dice. Aquí, pues, es lícito prever, como si el nombre simple fuera ficticio y compuesto, de modo que resuene en sus cosas aunque con oscura composición, pues casi a partir de las mismas sílabas que dicen su cosa conocemos el verbo compuesto hacia aquello que significa a partir de la discreción, pero a menudo el verbo simple y puro, no conectado por ninguna composición, se llevará en la definición a partir de la nota, donde está la fuerza de aquello que los griegos llaman έτυμολογίαν, pero Cicerón veriloquio. Pero no puede mostrarse a partir de la discreción, que no existe, de la composición, sino aplicada la declaración y denominación de algún modo explicarse qué es aquello sobre lo que se pregunta, como de la bondad bueno, y de la malicia malo, y de la sabiduría sabio. En efecto, cuando la cosa es conocida en otro nombre, fácilmente esto que es derivado de él y de algún modo denominado conduce al conocimiento, de modo que muestre qué es, como en contra de Pisón Cicerón dice que cónsul fue dicho a partir de consultar, y sobremanera, dice, porque la fuerza misma de ese nombre prescribe consultando a la república, y este género de definición debe decirse que es. Aunque M. Tulio en los Tópicos hizo un lugar de argumento que denominó conjugado, que es limítrofe al lugar que es a partir de la nota, nosotros sin embargo no de otro modo ni en contra, sino con igual precepción diremos la definición con derecho, guardando el precepto de que cuando entendamos el nombre compuesto mediante la división en sus cosas que suena aceptado aquello que significa, se hace la definición a partir de la nota. Cuando, sin embargo, comenzamos a aceptar el verbo simple de donde ha sido denominado, hemos aceptado el argumento a partir del conjugado, como puso M. Tulio, sin embargo digamos que es definición, porque muestra qué es, lo cual es propio de la definición. Estas son las tres principales definiciones sustanciales puestas ahora por mí, la que es a partir del todo, a partir de la enumeración de las partes, y la nota, de modo que aquella que es anterior, sola se denomine verdaderamente definición, estas dos, sin embargo, por el honor y honestidad del nombre, porque muestran qué es aquello sobre lo que se pregunta, no verdaderamente, pero sin embargo se dirán que son definiciones. Ahora volvamos a aquella definición que es a partir del todo, porque ella misma puede recibir en sí muchísimas formas. Pero de estas, las que pudimos recoger, las partiremos (pues hay también otras quizás), después diremos las razones y diferencias y ejemplos. Es, pues, la primera la que en griego puede llamarse οὐσιώδης, en latín sustancial. La segunda es ἐννοηματικὴ, que somete solo la noción. La tercera ποιότης, que recibe el nombre a partir de la cualidad. La cuarta ὑπογραφικὴ, que es denominada descripción por M. Tulio. La quinta κατὰ ἀντίλεξιν, en latín podemos decir palabra por palabra. La sexta κατὰ διαφοράν, los latinos denominan sobre lo mismo y sobre lo otro, que puede decirse diferencia. La séptima es κατα μεταφοραν, esto es, mediante la traslación. La octava es κατὰ ἀφαίρεσιν τοῦ ἐναντίου, esto es, mediante la privación de su contrario. La novena κατὰ ὑποτύπωσιν, esto es, mediante una cierta imaginación. La décima es ὡς τύπος, en latín como. La undécima es κατὰ ἔνδειαν πλήρους ἐκ τοῦ αὐτοῦ γένους, esto es, mediante la indigencia de lo pleno a partir del mismo género. La duodécima es κατὰ ἔπαινον, esto es, mediante la alabanza. La decimotercera es κατὰ ἀναλογίαν, esto es, junto a la razón, que se dice proporción. La decimocuarta es κατὰ τὸ πρός τι, esto es, mediante aquello que es hacia algo. La decimoquinta es αἰτιώδης, atribuyendo la causa. Sobre la primera definición se ha terminado el discurso pleno en las superiores, cuando mostramos qué es la definición sustancial y con qué partes se completa. La segunda se dice ἐννοηματικὴ, la cual podemos decir noción no con nombre propio sino común. Pues en todas las restantes definiciones se presenta la noción de la cosa, no se declara la explicación sustancial, en verdad esta que es la segunda, se hace siempre de este modo, cuando, propuesto aquello que debe definirse, sin decirse su género, conduciendo al oyente con palabras hacia el sentido de la cosa, se explica qué es aquello sobre lo que se pregunta. Y es casi familiar a esta definir las cosas propuestas mediante nombres superpuestos, como si dijera: el hombre es lo que con concepción racional y ejercicio preside a todos los animales, aquí ciertamente no dije aquello mismo que es, sino diciendo qué hace, como con un cierto signo lo llamé a la noticia. Hay muchas otras cosas en M. Tulio en los Retóricos, como lo honesto es un género de causa, al cual inmediatamente sin nuestro discurso favorece el ánimo del auditor, e igualmente lo admirable, del cual está alienado el ánimo de aquellos que van a escuchar. Así, cuando aplica las restantes definiciones en el segundo libro al declarar las virtudes. Primero cuando dice qué es la virtud misma, y pone su definición: hábito conforme al modo y razón de la naturaleza; aquí, puesto que puso el género para decir hábito, es definición sustancial. Pero cuando dice: la memoria es mediante la cual el ánimo repite aquellas cosas que habían sido, e igualmente la inteligencia es mediante la cual mira hacia aquellas cosas que son, y del mismo modo la providencia es mediante la cual se ve algo futuro, es bastante claro que esa definición no es sustancial, sino, como dijimos, aquellas que en griego se dice ἐννοηματική, cuando se presenta la noción de la cosa no percibida por razón sustancial, sino la cosa conocida por el acto. La tercera especie de definición es la que se dice ποιότης, esta muestra qué clase es diciendo, y como propusimos nuestro ejemplo arriba, para que aparezca fácilmente que de lo mismo uno pueden hacerse muchas definiciones, definimos primero al hombre sustancialmente. Después, mediante el modo de la segunda definición, expresamos su noción. Ahora mediante la tercera definición explicaremos qué es el hombre. El hombre es donde la piedad, donde la justicia, donde la equidad, donde la continencia, donde de nuevo la malicia, la astucia, y los demás vicios se mueven, quien vale por ingenio, destaca por artes, y por la cognición de las cosas o ama lo que debe hacer, o mediante la advertencia desprecia, repudia, rechaza lo que es inútil. Expresado por estas cualidades es el hombre, pues no exige la vida ningún otro animal con estos movimientos que designan la cualidad de la mente, sino solo este animal, que es el hombre, con las cualidades puestas y constituidas en la mente, como un cierto artífice natural o gobernador de la vida, se llena. Esta tercera y aquella segunda pueden parecer a algunos que son comunes: pues a menudo basta en cualquiera de estas para la definición de aquella cosa sobre la que se pregunta nombrar solo su propio, como si dijera: el hombre es lo que ríe, pues esto es propio del hombre y de ningún animal; dicho lo cual y calladas todas las demás cosas por las que el hombre pueda mostrarse, sin embargo, solo por su propio ha sido declarado. Y esto Cicerón dijo sobre la propiedad que es un género de definición que puede aplicarse a la noción, como a algunos les parece, puede también a esta definición que ha obtenido el nombre de cualidad. De donde algunos censuran que estas dos, no discretas entre sí por ningún fin, son más bien una, cuando aparece bastante que aquella noción, sin puestas cualidades, como enseñamos arriba, puede completarse, esta, puestas las cualidades, puede mostrar, callado también su propio, qué cosa es. La cuarta definición la dijimos ὑπογραφικὴν, no colocando el número como propio, sino asociando el vocabulario a la razón ahora presentada por orden instituido para una cognición más fácil: pues la cuarta, que es ὑπογραφὴ, que fue dicha descripción por nosotros, no debe decirse cuarta. Pero porque el orden de la proposición lo había exigido, por eso colocamos el nombre del número en este lugar. Pues quien es cuarto, Cicerón puso la definición sobre lo mismo y lo otro, y así constituyó la ὑπογραφικὴν quinta; pero nosotros, omitida la numerosidad, enseñaremos qué es ὑπογραφικὴ, que es denominada descripción por M. Tulio, mediante la razón propuesta, y mediante el ejemplo, qué discurso no dice más bien qué es, sino aplicada la circuición de los dichos y hechos declara mediante descripción qué es cada cosa. Esta se dice que es definición descriptiva, como cuando se pregunta qué es un avaro, qué un cruel, qué un lujurioso, y se describe la naturaleza universal del avaro, lujurioso, cruel. Cuya especie de definición se dice descripción por el género de exhortación, como el lujurioso es el que apetece un sustento no necesario, sino suntuoso y oneroso, que afluye en delicias, propenso en la lujuria. Estas y otras definen al lujurioso, y definen mediante descripción, esta definición es siempre apta para el orador. Pues a esta se atribuye la alabanza de decir mediante circuito por la honestidad, no aquel sermón más apto y determinado que es como familiar a la definición que preceptuamos arriba que es sustancial. Por eso en muchos lugares M. Tulio, cuando dice que debe definirse algo, no preceptuó que debe definirse sustancialmente, sino más bien describirse, y usa este nombre, como cuando se pregunta, dice, qué es un ladrón, y qué es un sacrílego, debe mostrarse mediante su descripción. La quinta especie de definición es la que dijimos κατ' ἀντιλέξιν, en latín podemos decir palabra por palabra. Esta designa aquella voz sobre cuya cosa se pregunta con otro sermón uno y singular, y de algún modo declara qué es aquello puesto en una palabra con otra palabra, como conticescere es callar, igualmente latus haurit apertum, esto es, golpea, igualmente cuando decimos término fin, o interpretamos que populatas son devastadas, y en absoluto cuando declaramos la cosa de una palabra con otra palabra más manifiesta, esta será la quinta definición de la que hablamos. M. Tulio usó esta en los Tópicos, cuando, definiendo el lugar del argumento, dijo que es sede, así mostró mediante la definición qué era el lugar con nombre uno cuya cosa buscaba con otra apelación puesta palabra por palabra, diciendo sede, esta los griegos la llaman κατ' ἀντιλέξιν, como ἀνὴρ ἐστὶν ὁ ἄνθρωπος. La sexta κατὰ διαφορὰν, es especie de definición, esta la decimos mediante la diferencia. Los escritores de artes, sin embargo, denominan sobre lo mismo y lo otro, como cuando se pregunta qué hay entre rey y tirano, añadida la diferencia, se define qué es cada uno, y toda definición, así como enseñamos arriba, no expresa qué es aquello sobre lo que se pregunta sino con las diferencias puestas y comprendido su propio; no parecerá, sin embargo, que este modo del que hablamos ahora sea lo mismo, puesto que, cuando se ha puesto solo la diferencia entre dos, sobre los que se pregunta qué es, se conoce cada uno: en efecto, en las superiores se definen solo cada una, aquí dos como conocidas, pero confundidas por una cierta comunión entre sí, se separan añadida la diferencia, mediante la cual se conoce qué es cada uno, como el rey es modesto y templado, el tirano, sin embargo, cruel. De esto es aquello de Terencio: pienso que es mejor retener a los hijos con pudor y liberalidad que con miedo, esto interesa al padre y al señor. Igualmente M. Tulio en favor de Sexto Roscio: Y entre esta vida pulida por la humanidad y aquella inmensa no hay diferencia que el derecho y la fuerza. La séptima es κατὰ μεταφορὰν, esto es, mediante la traslación, como Cicerón en los Tópicos: Litoral es lo que el oleaje lava. Igualmente la adolescencia es la flor de la edad, la vejez el ocaso de la edad; esta puede tratarse variadamente. Pues a veces para que amoneste, a veces para que designe, a veces para que vitupere, o alabe: para que amoneste, la nobleza es la carga de la virtud de los mayores ante los posterios; para que designe, la cabeza es la ciudadela del cuerpo; para que vitupere, las riquezas son el largo viático de la breve vida; para que alabe, la adolescencia es la flor de la edad. Por estos y otros modos puede presentarse esta definición, en cuyo género, sin embargo, debe evitarse aquello, que la traslación no sea o buscada de lejos, o torpe. La traslación buscada de lejos es, como la turba de la república, el caos de las leyes, lo cual Cicerón templó en favor de Sexto Roscio. Como si fuera una noche sempiterna, dice, en lo cual incluso si es como si fuera mediante semejanza, la definición puede aceptarse, aceptando el temperamento de la partícula de semejanza. La traslación torpe se hace de dos modos, cuando definimos cosas honestas con torpes, o torpes con honestas, como si alguien definiendo la patración, dijera lágrimas de Venus fatigada, lo cual mejor nombraría sudor. O al contrario alguien dijera, las lágrimas son la patración del dolor, a este vicio ni la partícula superior le atribuye temperamento. Por tanto, debemos evitar grandemente eso. La octava especie de definición κατ' ἀφαίρεσιν τοῦ ἐναντίου, esto es, mediante la privación de su contrario de lo que se define, como el bien es lo que no es mal; debemos usar este género de definición cuando el contrario es conocido. Pues estas dos, cuando se entienden de modo que la una no pueda ser sin la otra, ¿cómo se hará el conocimiento de la otra, a menos que se haya comprendido cada una? Cuando, pues, se pregunta qué es la una, ciertamente no puede comprenderse con esta definición, cuando se desconoce cada una, lo cual se liga tan naturalmente, que conecta la cognición necesaria a sí mediante la comprensión de una. Peligra, pues, tal definición, de donde debemos saber si su contrario es conocido, para que, suprimido esto, se haga el conocimiento de aquello que se define. Por lo cual a menudo se hace mejor si, buscando algo que deba definirse, definimos su contrario, con lo cual suprimido declararemos aquello que se busca, como si el bien es lo que aprovecha con honestidad, aquello que no es tal es mal. Cicerón en los Retóricos: Se demuestran necesariamente aquellas cosas que de otro modo como se deben no pueden ni hacerse ni probarse. Pongamos, pues, necesario y no necesario como contrarios, de modo que entiendas que ponemos aquí todos los contrarios cuya supresión defina aquello sobre lo que se pregunta. Por tanto, lo que no es necesario puede definirse así: lo que de otro modo como se dice puede hacerse y probarse: esto cuando lo suprimo, constituyo la definición de lo necesario. Por tanto, puede hacerse rectamente tal definición, pero de este modo como enseñé. Y esto es lo que M. Tulio preceptuó en las Particiones, que a menudo debe definirse a partir de los contrarios. Bajo esta definición caen también las nociones, cuando se suprimen los accidentes, y todas las demás cosas que son diversas, y cuando se suprime el contrario del accidente o del accidente consecuente, como si alguien dijera que es sustancia, lo que no sea cualidad, ni cantidad, ni los restantes accidentes, cuando se suprimen otras cosas que son diversas; tal es la definición, como si alguien definiendo al hombre suprimiera todos los animales, ya sea generalmente, ya especialmente. Con cuyo género de definición puede definirse Dios. En efecto, cuando de ningún modo podemos saber qué es Dios, mediante la supresión de todos los existentes que los griegos llaman ὄντα, supone la cognición de Dios, circunscrita y suprimida para nosotros la cognición de las cosas conocidas. Dios no es cuerpo, ni ningún elemento, ni alma, ni mente, ni sentido, ni intelecto, ni algo que pueda captarse a partir de estos. Suprimidas tales cosas, podrá definirse qué es Dios, más si añades que también no puede definirse que eso sea Dios. Cuando se suprime el contrario del accidente o del consecuente, tal es la definición: Velar es usar los sentidos, dormir es no usar los sentidos; naturalmente pueden parecer que convienen tales definiciones a aquella definición que dijimos arriba ἐννοιματικήν. En verdad, aquella consiste en los accidentes de la cosa que definimos, o en los consecuentes; esta en los contrarios, por tanto, a partir de aquella que es ἐννοηματική se hace a partir de los accidentes, como enseña M. Tulio que Pisón no fue cónsul así: ¿O acaso en el tiempo restante alguien te consideró cónsul? ¿alguien se levantó ante ti viniendo a la curia, alguien pensó que debía responderte consultando? Y el discurso superior de este lugar y el consecuente consiste en esta definición, con la cual explica de varios modos que él no fue cónsul, enseñando también mediante aquellas cosas que repugnan al cónsul a partir de dichos, hechos, pensamientos; a partir de los consecuentes define así al cónsul: debe ser de ánimo, consejo, fe, gravedad, vigilancia, cuidado, en fin, de todo el cargo del consulado, hasta aquí a partir de los consecuentes. Pues todas son cosas consecuentes a partir de esto que dije cargo del consulado, de donde esta será la definición ἐννοηματική; para que esto se haga más abiertamente, daré otro ejemplo. M. Tulio en la misma: ¿Qué es otra cosa enfurecer que no conocer a los hombres, no conocer las leyes, no el senado, no la ciudad, ensangrentar su cuerpo? Por tanto, recoger los accidentes consecuentes es de la definición ἐννοηματικής, suprimir, en verdad, el contrario de aquello que definirás, esta es aquella que dijimos arriba octava definición. La novena especie de definición es κατὰ ὑποτύπωσιν, esto es, mediante una cierta imaginación, como Eneas es hijo de Venus y Anquises; esta se mueve siempre en los individuos, que los griegos llaman ἄτομα. Se desea, sin embargo, esta definición alrededor de los nombres que son homónimos, individuos solamente, como Áyax y Oileo y Telamonio. Igualmente ayuda en ese género de dicción, donde hay pudor o miedo de nombrar a alguien: A mí, ciertamente, dice M. Tulio, me describían esos sicarios; de su casa así. Pero en favor de Fundanio así: ¿describiste a su necesario nuestro competidor a ese mismo?; por su estudio, y gracia, toda esa acusación ha sido fortificada. Había estado en miedo de nombrar, por eso, pues, fue descrito. Igualmente en favor de Cornelio: Son de la majestad misma, leed como leíais, de aquí entenderéis que Cornelio no es descrito o significado por ninguna sospecha tenuísima. Estas cosas tanto sobre los nombres propios: aquella otra sea la definición superior que dijimos ὑπογραφικήν. Por tanto, a partir del género, patria, cuerpo, hechos, dichos, o casos, y a partir del ánimo declaramos a aquel uno que no queremos con el género de definición. La décima especie es ὡς τύπος, esta dijimos como, como si se preguntara qué es animal, se responda como hombre. Así Aristóteles dice οὐσία ἐστι ὡς ἄνθρωπος, pues declara la cosa buscada con el ejemplo añadido, y esto es propio de la definición, declarar qué es aquello que se busca. La undécima especie de definición es κατ' ἔνδειαν τοῦ πλήρους ἐξ αὐτοῦ γένους, esto es, mediante la indigencia de lo pleno a partir del mismo género, como si se preguntara qué es cuadrante, se responda a quien le falta dodrante, para que sea as. La duodécima especie de definición es κατ' ἔπαινον, esto es, mediante la alabanza, como M. Tulio en favor de Cluencio: La ley es mente, y ánimo, y consejo, y ciencia de la ciudad; y nosotros ciertamente, para que mostráramos la definición, pusimos así el ejemplo. Pues esto mismo M. Tulio diciendo no aplicado el discurso de la definición, lo colocó simplemente: Mente, dice, y ánimo de la ciudad y consejo, y ciencia está puesta en las leyes; y, como nosotros enseñamos arriba, no quiso que la definición fuera otra cosa que un discurso. Por tanto, de modo diverso M. Tulio presentó lo que recibió de nosotros inversamente en su discurso la forma de definición, y esto dista mucho de aquel modo que se hace mediante la metáfora, pues no es traslación, cuando la ley se dice mente de la ciudad, ni sin embargo es género para que se tenga como sustancial οὐσιώδης, pues es consecuente que también se ponga mediante vituperación, pero sin traslación; así puede parecer definido por Tulio: La servidumbre es el último de los males, no solo por la guerra, sino también por la muerte debe rechazarse. Aunque ciertamente haya comenzado así: la paz es libertad tranquila, pero entre la paz y la servidumbre hay mucha diferencia, de modo que parezca ser definición mediante diferencia; sin embargo, porque no mostró aquel artículo brevemente por el que distaba, sino que definió cada cosa por su género, mediante comparación mostró más bien por qué distaban, no por el género de definición mediante diferencia. Será, pues, la anterior definición de la paz ἐννοηματική, a partir de los consecuentes de la cosa que definía: La paz es libertad tranquila. Esta segunda más bien mediante vituperación: pues no es o consecuente de ella, o algo de estas cosas que dimos a la definición ἐννοηματική, sino que es solo vituperación la que dice que la servidumbre es la última de todos los males. Ni se acepta de nuevo el mal como si fuera género hacia la servidumbre, pues el mal es cualidad, la servidumbre hacia algo; de donde, como son cosas diversas, el mal no puede ser género hacia la servidumbre. Con derecho, pues, se dice que la definición supra puesta de la servidumbre está hecha mediante vituperación. La decimotercera especie de definición es κατὰ ἀναλογίαν, esto es, junto a la razón, que se dice proporción, cuando algo que es lícito disputar con otro se dice que es lo que es aquel otro por razón de semejanza; pero esto sucede cuando se define el inferior con el nombre de la cosa mayor, y lo que se añade esto qué es el inferior. Los griegos definen así: Ἄνθρωπός ἐστι μικρόκοσμός τις, esto es, el hombre es un mundo menor. Cicerón usó esto así: Quienes atribuyen muchísimo al edicto, dicen que la ley es el alma fuera del edicto. La decimocuarta especie de definición es κατὰ πρός τι, esto es, hacia algo, como Padre es, de quien es hijo. Cicerón en los Retóricos: Así el género es lo que abraza más partes. Igualmente parte es lo que está bajo el género. La decimoquinta especie de definición es αἰτιωδὴς. Los latinos llaman según la razón de la cosa, como el día es el sol sobre las tierras; la noche, el sol bajo las tierras: pues para que o sea día o noche, la causa es o el sol sobre las tierras o bajo las tierras. Hay también otras quizás especies de definición, en verdad si alguien encontrara, añada al número, solo que atienda diligentemente aquello, no sea que quizás a alguna de estas especies pueda añadirse aquello que encontró. Ni nosotros de nuevo alguien crea que en vano separamos tantas especies, porque pueden convenir algunas entre sí. Pues aplicada más plenamente la consideración, verá todas separadas entre sí por gran diferencia; mantenga solo lo que preceptué a menudo arriba, que se denomine definición solo aquella verdadera, que tomando el exordio a partir del género desciende hasta lo propio de la cosa que se define, separando mediante las diferencias las cosas que podían ser comunes. Ahora ya expliquemos sobre los vicios de la definición, como se prometió. La definición sustancial que enseñamos primero, que dijimos que es la única definición, recibe dos vicios principales. Si aquel discurso que define, o ha comprendido más ampliamente, o menos que lo que la cosa plena ha declarado. Pues es necesario que el discurso definitorio se componga de tal modo hacia el nombre cuya cosa define, que preste igual potencia de expresar que el propio vocabulario, e inversamente el nombre y la definición se declaren comparados entre sí. Como si preguntaras qué es el hombre, rectamente se responda animal terreno, racional, mortal, bípedo, capaz de risa. Esto de nuevo si conviertes, sea la óptima declaración del hombre. Pues para quien pregunta qué es animal terreno, racional, mortal, bípedo, capaz de risa, se haga la respuesta recta, es hombre. Pero si definieras así: el hombre es sustancia animada sensible, es ciertamente declaración del hombre, pues el hombre es todas estas cosas; en verdad si conviertes, no valdrá. Pues no es solo hombre la sustancia animada sensible; peca, pues, la definición por abundancia, porque contiene más de lo que se preguntaba. Y en absoluto peca la definición que pone el género que está más allá de sí; decimos, pues, que lo que está arriba es género que declara más. Igualmente peca conteniendo menos de lo que es necesario, como la codicia es el deseo de apetecer lo ajeno, lo cual convertido de igual modo no permanece, porque es menos comprensivo en la definición de lo que la cosa del nombre pedía. Pues la codicia se extiende ampliamente, ni es solo avaricia; por tanto, es viciosa la definición menos comprensiva de lo que se preguntaba, como si dijera, la codicia es avaricia; la cual si diera ejemplo y transmitiera al auditor al todo que es la codicia mediante la proposición de semejanza, como de la avaricia, y fuera aquella especie de definir que colocamos décima ὡς τύπος. Ahora no transmitió el ejemplo al todo, sino como conteniendo el todo pecó omitiendo muchas cosas a partir del todo, de donde no podía hacerse la conversión al nombre a partir de la definición. Si se evitan estos dos vicios, la definición es íntegra, ni solo esta que es sustancial, sino también las restantes especies. Ahora esto sobre los vicios. Cicerón cuando enseñó en los Retóricos que hay tres vicios, dice, la mala definición se hace cuando o describe cosas comunes de este modo: Sedicioso es aquel que es malo, e inútil ciudadano. Pues esto no describe más la fuerza del sedicioso, que del ambicioso, que del calumniador, que de algún hombre impropio: esta definición dijimos que es viciosa por abundancia. Añade otro vicio, de modo que diga algo falso de este pacto: la sabiduría es la inteligencia de buscar dinero: este vicio Cicerón añadió además de aquellos dos que dije. Pues el tercero lo puso él mismo que fue constituido segundo por nosotros. Pues dice así que sea conteniendo algo no grave ni grande: La estulticia es la codicia de la inmensa gloria. Esto peca por eso, porque comprende menos lo que expresa así M. Tulio. Esta es ciertamente estulticia, pero definida a partir de una cierta parte, no a partir de todo el género. Además de estas, el mismo M. Tulio en el segundo de los Retóricos añadió dos vicios, si la definición es o torpe o inútil, eso, sin embargo (como él mismo dice), se aprueba a partir de las partes de la honestidad y utilidad. Y sobre la definición torpe dijimos en las superiores cuando tratábamos la definición mediante traslación, pero ese vicio está en el verbo; puede hacerse, sin embargo, que todo discurso contenga esas cosas deshonestas o comprenda cosas inútiles. En las Filípicas M. Tulio enseñaba en el primer discurso que los actos de César eran subvertidos por Antonio, y eso lo negaba Antonio. Ambos trajeron definición, para mostrar qué es el acto de aquel que se mueve en la ciudad vestido de toga con potestad. Enseñé en las superiores que las partes de la definición que debe afirmarse son cuatro: que la primera es la definición, la segunda la aprobación de la definición, la tercera la deducción de la definición a la especie, la cuarta la destrucción de la definición de la parte adversa. La definición de Cicerón de aquel que está en la república con potestad es que son leyes; la de Antonio, documentos. Por tanto, Cicerón con su discurso define, y aprueba, y deduce a la especie, y destruye la definición de la parte adversa. La definición de Cicerón es esta: ¿Y qué es lo que pueda decirse tan propiamente acto de aquel que vestido de toga se ha movido en la república con potestad e imperio, como la ley?; después se subyuga la aprobación de esa definición de este modo: Busca los actos de Graco, se proferirán las leyes Sempronias. Busca los de Sila, las Cornelias, ¿qué el tercer consulado de Cn. Pompeyo, en qué actos consiste?; ciertamente en las leyes; esta es la aprobación. Después se añade la deducción de la definición a la especie. A partir del mismo César si preguntas qué habría hecho en la Urbe y vestido de toga, responde que él promulgó muchas leyes y preclaras. Sigue la reprensión de la definición de la parte adversa, y esa se hace bipartitamente: o pues se concluye algo en esa reprensión a partir de todos esos vicios, o concedido aquello que dicen los adversarios mediante comparación, aprobamos que es más esto lo que decimos nosotros. Aquí M. Tulio hace ambas cosas. Pues pone aquellas cosas sobre los vicios para enseñar que es una definición falsa, y torpe, e inútil. Y después concediendo confirma más su definición, y dice que es más potente. Cicerón prueba así la definición falsa sacudiendo lo que es consecuente; pues mediante estas se prueba la definición falsa, si no tiene su propio, si tiene más bien el contrario, si no mantiene su consecuente, si se ha dicho de otro modo como está en la opinión del vulgo. Aquí, pues, puesto que se pregunta qué es el acto del ciudadano vestido de toga que se mueve en la república con potestad, y se ha dicho que no es otra cosa que leyes, advertido que Antonio había dicho que son documentos, advirtiendo diligentemente las cosas consecuentes enseña que la definición es falsa así: Aquel que está en potestad, está en la república; cuando ha hecho algo, no puede cambiar el acto, esto compite a la ley, de modo que cuando ha sido promulgada nunca sea cambiada por el promulgador. Pero en verdad los documentos, porque es acto doméstico, tienen esta consecuencia, y que se cambien, y a menudo no se proferirán. Por tanto, M. Tulio reprende así que los documentos no son acto, porque no tienen consecuentemente los actos, diciendo: Los documentos, en verdad, o los cambiaría, o no los daría; o si los hubiera dado, no diría estas cosas en sus actos: pero porque por concesión de los reprendidos, pero concedo esas mismas cosas, y en algunas cosas incluso disimulo; en las cosas en verdad máximas, esto es, en las leyes, no pienso que deba tolerarse que los actos de César sean disueltos. Añade después de estas la reprensión de igual modo doble, una a partir de los vicios de modo que diga que la definición es torpe, e inútil. Después conceda que concluirá a partir de la comparación que la suya es más potente, diciendo que es torpe e inútil en el dicho de este tipo que es, a menos que por suerte, si algo por causa de memoria refirió en el libelo, eso se numerará en los actos. Y aunque sea inicuo e inútil, se defiende: La equidad es virtud; la virtud, en verdad, es honesta, por tanto la iniquidad es torpe, porque la torpeza es contraria a la honestidad. Así, pues, reprende la definición torpe e inútil con las mismas palabras. Después añadió aquello último mediante concesión de este modo: lo que promulgó ante el pueblo en los comicios centuriados, eso no se tendrá en los actos de César. Consideré que estas cosas eran suficientes también para el agudo.