De unitate et uno
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Original / primary: Spanish Gemini
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Sobre la unidad y lo uno
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La unidad es aquello por lo cual cada cosa es llamada una: pues, ya sea simple, compuesta, espiritual o corpórea, la cosa es una por la unidad, y no puede ser una sino por la unidad, así como no es blanca sino por la blancura, ni cuantificable sino por la cantidad. Pero no solo es una por la unidad, sino que cualquier cosa es lo que es mientras la unidad esté en ella. Cuando deja de ser una, deja de ser lo que es; de donde proviene esto: todo lo que es, es porque es uno, lo cual se demuestra así. Pues todo ser en las cosas creadas proviene de la forma, pero ningún ser proviene de la forma a menos que la forma esté unida a la materia. Pues el ser no existe sino por la conjunción de la forma con la materia. De donde los filósofos, al describirlo, dicen: el ser es la existencia de la forma en la materia. Cuando la forma se une a la materia, de la conjunción de ambas se constituye necesariamente algo uno. En cuya constitución, ese uno no permanece sino mientras la unidad mantiene la forma con la materia. Pero la destrucción de una cosa no es otra cosa que la separación de la forma de la materia; mas la separación y la unión son contrarias, por tanto, si la cosa se destruye por la separación, ciertamente en su ser no se conserva sino por la unidad. La unión, sin embargo, no se produce sino por la unidad por la cual es; por la unión se disuelve lo que era uno. Disuelta la unión, se destruye su esencia, que provenía de la unión de ambas, y se convierte en no uno. Por lo cual, así como por la unidad la cosa es conducida al ser, así también es custodiada en ese ser. El ser uno y el ser se acompañan inseparablemente, y parecen ser lo mismo por naturaleza, pues dado que el creador es uno, por eso dio a las cosas que fundó este don, para que cada una fuera también una. Y por esto, desde que la cosa tiene ser, es una: por ello el movimiento de las sustancias es hacia lo uno y a causa de lo uno, y nada de lo que existe apetece el ser, sino que todas las cosas apetecen como apetecen. Pero no pueden tener ser sino siendo una, por eso todas tienden a lo uno. Pues la unidad es la que une todas las cosas y mantiene todas las cosas difundidas en todo lo que existe. Por lo cual, dado que la materia no tiene ser sino por la unión de sí misma con la forma, y la forma no mantiene la unidad con la materia a menos que haya unidad, por eso la materia necesita de la unidad para unirse a sí misma, y por su naturaleza tiende a multiplicarse, dividirse y dispersarse. La unidad, en cambio, retiene, une y recoge, y por esto, para que la materia no se divida y se disperse, es necesario que sea retenida por la unidad. Pero lo que no se une por sí mismo, ciertamente se dispersa por sí mismo, porque todo lo que hace una cosa contraria al agente, hace lo contrario a la cosa hecha. Pues de los contrarios son los efectos contrarios: dado que la unidad hace lo uno, ciertamente la materia hace la división, y por esto la unidad retiene por sí misma a la materia. Pero lo que retiene por sí mismo no puede causar la separación. Por tanto, la forma existente en la materia es la que perfecciona y custodia la esencia de cualquier cosa. La unidad desciende de la primera unidad que la creó. Pues la primera y única unidad, que es unidad para sí misma, creó otra unidad que está por debajo de ella. Pero dado que todo lo creado es diferente de aquello por lo cual fue creado, ciertamente la unidad creada debió ser totalmente diferente de la creadora, y como opuesta. Pero dado que la unidad creadora no tiene principio ni fin, ni permutación, ni diversidad, por eso a la unidad creada le sucede la multiplicidad, la diversidad y la mutabilidad, de tal modo que en cierta materia tiene principio, como en los seres generados, y fin, y en otros, como en los seres creados, principio y fin, porque en algunos está sujeta a la permutación y a la corrupción. Pues en algunos la materia es sutil, simple, alejada de la contrariedad y la separación, y la unidad se perfecciona en ella y se une con ella como esta y aquella. Como lo no divisible en acto, como en los cuerpos celestes, en algunos la unidad es inseparable de la materia, y por ello carecen de fin, porque son perpetuos. Pero en aquellos en los que la materia es densa, la unidad no se iguala a ellos, sino que se debilita al unir su esencia, y por esto se disuelve su esencia, porque no es retenida por la unidad como en los seres generados que tienen principio y fin. Pues cuanto más cercana sea cada unidad a la primera y verdadera unidad, tanto más una y simple será la materia formada por ella; y a la inversa, cuanto más remota sea de la primera unidad, tanto más múltiple y compuesta será, y por esto la unidad que condujo al ser la materia de la inteligencia es más una, y simple, y no múltiple, ni divisible esencialmente; pero si es divisible, esto es ciertamente accidental, y por ello esta unidad es más simple y más una que todas las unidades que conducen al ser a las demás sustancias, por el hecho de que se adhiere inmediatamente a la primera unidad que la creó. Pero dado que la unidad que subsiste en la materia de la inteligencia es unidad de simplicidad, por eso necesariamente la unidad que subsiste en la materia del alma, porque está por debajo de ella, crece y se multiplica, y le sucede mutación y diversidad, y así descendiendo poco a poco desde lo superior por un grado de materia, la unidad inferior aumenta y se multiplica hasta llegar a la materia que sostiene la cantidad, es decir, la sustancia de esta, la cual, por ser remotísima de la primera unidad, y por su espesura y densidad, es opuesta a la sustancia superior que es sutil y simple, puesto que aquella es sujeto del principio y del inicio de la unidad. Pero el fin dista mucho del principio, puesto que el fin no es llamado sino defecto de la virtud del principio y término, de donde, según el descenso de la unidad de lo superior a lo inferior, se produce la degeneración, o bien de la simplicidad y minoración de su virtud, a semejanza del agua que en su nacimiento nace sutil y clara, pero fluyendo poco a poco hacia abajo en pantanos y estanques se espesa y se oscurece: así poco a poco varía la unidad debido a la variedad de la materia que la sostiene; pues dado que algo de la materia es espiritual y algo corpóreo, algo de ella es puro y lúcido y algo de ella es espeso y oscuro, y esto debido a la cantidad, sus partes en algunos son más raras, como en el aire; en otros, en cambio, más estrictas, como en la piedra. Por ello, cada cosa de la materia, según el grado de su alejamiento, recibe de la primera fuente de la unidad la unidad que es más digna según su aptitud: de ahí que veamos las partes del fuego sumamente unidas, simples e iguales, tanto que su forma parece una, no teniendo en sí diversidad. Pero las partes del aire y del agua las encontramos más diversificadas y separadas, tanto que sus partes y unidades pueden discernirse. En los cuerpos duros y densos, en cambio, hay ya mayor diversidad y oscuridad en la unidad. Por tanto, dado que la materia en los seres supremos está formada por la forma de la inteligencia, y luego por la forma del alma racional, después por la forma del alma sensible, luego por la forma del alma vegetativa, después por la forma de la naturaleza, y al final el fin es la forma del cuerpo, esto no sucede por la diversidad de la virtud del agente, sino por la aptitud de la materia que recibe. Pues la forma es como una luz, dado que así como por la luz se ve la cosa, así por la forma se tiene el conocimiento y la ciencia de la cosa, no por la materia; pero esta luz en algunos es más clara, en otros más oscura, según la materia a la que se infunde la forma sea más clara o más oscura. Pues cuanto más sublime sea la materia, se vuelve más sutil y es penetrada totalmente por la luz, y por ello la sustancia misma es más sabia y perfecta, como la inteligencia y el alma racional. Y a la inversa, cuanto más inferior sea la materia, se vuelve más espesa y oscura, y no es tan penetrada por la luz; cuanto más desciende la materia, como ya se ha dicho arriba, se constriñe, se espesa y se hace corpórea, y sus partes medias impiden que las últimas sean penetradas perfectamente por la luz. Pues no es posible que tanta luz penetre a la segunda como a la primera, ni que a la tercera llegue tanta luz como a la media, y así poco a poco hasta llegar a la parte más ínfima de la materia. La cual, por ser remotísima de la fuente de la luz, la luz se debilita en ella, mas no, como se ha dicho, por la luz en sí, sino por la mucha debilidad y oscuridad de la materia en sí. Así como la luz del sol, cuando se mezcla con el aire tenebroso, no tiene la virtud que tiene cuando está mezclada con el aire claro; o como cuando un paño blanco finísimo es cubierto por un cuerpo negro, su blancura se oculta por la abundancia de la negrura; o como si tres o más ventanas de vidrio se dispusieran una tras otra directamente contra el rayo del sol en orden, consta ciertamente que la segunda recibe menos luz que la primera, y la tercera menos que la segunda; y así hasta la última se produce el defecto de luz no por la luz en sí, sino por el alejamiento de la ventana de vidrio de la luz: así, la luz de la forma de la unidad que ha sido infundida en la materia, al descender, se vuelve débil y oscura, de modo que su principio discrepa mucho del medio, y el medio del último, y debido a esta diversidad de la forma de la unidad, no de un modo, sino de muchos, se dice que algo es uno por la unidad. Pues una cosa es ser uno por la simplicidad de la esencia, como Dios; otra es ser uno por el conocimiento de los simples, como el ángel y el alma, cada uno de los cuales es uno por la conjunción de materia y forma. Otra cosa es ser uno por continuidad, como el árbol y la piedra. Otra cosa es ser uno por composición, como de muchas tablas un arca, o de muchas paredes una casa. Otras cosas son llamadas una por agregación, como un pueblo, un rebaño, un montón de piedras o un montón de trigo. Otras son llamadas una por preposición, como el capitán de una nave y el gobernador de una ciudad son llamados uno por semejanza de oficio. Otras son llamadas una por accidente, como diversos sujetos de la misma cualidad son llamados uno en esa cualidad, así como la nieve y el cisne son uno por la blancura. Otras son llamadas una por número, como diversos accidentes que están en el mismo sujeto son llamados uno por número, es decir, al contar, como este dulce y este azul, o este largo o este ancho. Otras son llamadas una por razón, pero esto de dos modos, ya sea por razón de consorcio, como el ente, el intelecto y la cosa, algo y el vocablo son un género; o por razón de un sacramento, como el espíritu, el agua y la sangre son llamados uno. Otras son llamadas una por naturaleza, como por participación de la especie muchos hombres son uno. Otras son llamadas una por nación o lengua, como muchos hombres son llamados una nación o una tribu. Otras son llamadas una por costumbre, pero esto de dos modos, o bien porque según el consenso de la virtud y el amor, como la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. O según el consenso del mismo vicio muchos hombres son llamados uno, como el que se adhiere a una meretriz se hace un solo cuerpo. Así todas las cosas apetecen la unidad, de modo que incluso aquellas que son muchas quieren ser llamadas una. Pues cualesquiera cosas que son lo mismo que son, se esfuerzan por ser con verdadera unidad, como simulándola. Pues cualquier cosa o es una o es muchas. La pluralidad, sin embargo, no es sino por la agregación de unidades; las cuales unidades, si están disgregadas, hacen multitud; si, en cambio, fueran continuas en la materia, hacen magnitud. Por lo cual, entre las unidades de cantidad discreta y las unidades de cantidad continua que subsiste en la materia no hay diferencia, porque aquellas están disgregadas y estas son continuas. El género continuo no es sino a partir del discreto, porque el intelecto de la continuidad no está en lo continuo, sino en la continuación de lo disgregado. Pero por esto es necesario que la cantidad continua no sobrevenga en la sustancia sino a partir de las unidades. Pues cuando hayas señalado una parte de la cantidad, es necesario que sea una o muchas. Pero toda pluralidad (como se ha dicho) es a partir de las unidades. De donde se da a entender claramente que la raíz de la cantidad discreta y continua es una, por el hecho de que están compuestas de una cosa y se resuelven en lo uno. Y también porque las partes del cuerpo, cuanto más estén unidas y constreñidas entre sí, el cuerpo mismo será más espeso y más cuantificable, como el de la piedra; y a la inversa, cuanto más disueltas y extendidas estén las partes del cuerpo, el mismo será más sutil, más ligero y menos cuantificable, como el aire. Es verdad, por tanto, que la cantidad continua no llega a la sustancia sino por la conjunción y construcción de las unidades en ella. La unidad, por tanto, es aquello por lo cual cada cosa es una, y es lo que es.