Hymn to Apollo
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/callimachus" aria-label="More works by Callimachus">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
¡ Cómo se estremeció la rama de laurel de Apolo!
2
¡ Cómo se estremeció todo el templo!¡ Lejos, lejos quien sea impío!
3
Y, sin duda, Febo golpea las puertas con su hermoso pie.
4
¿ No lo ves? La palmera de Delos asintió dulcemente
5
de repente, y el cisne canta hermosamente en el aire.
6
¡ Abrid ahora vosotros mismos, cerrojos de las puertas,
7
y vosotras, llaves! Pues el dios ya no está lejos.
8
Y vosotros, jóvenes, preparaos para el canto y para la danza.
9
Apolo no se aparece a todos, sino solo al que es noble.
10
Quien lo ve, ese es grande; quien no lo vio, ese es insignificante.
11
Te veremos, oh Hecaergo, y nunca seremos insignificantes.
12
Que los hijos de Febo no tengan ni cítara silenciosa
13
ni paso sin ruido cuando él visita la ciudad,
14
si es que pretenden celebrar un matrimonio y cortarse el cabello canoso,
15
y que el muro permanezca sobre sus antiguos cimientos.
16
Admiro a los jóvenes, pues la lira ya no está ociosa.
17
Guardad silencio al escuchar el canto de Apolo.
18
Hasta el mar guarda silencio cuando los aedos celebran
19
ya sea la cítara o el arco, las armas de Febo Licoreo.
20
Ni siquiera Tetis, la madre de Aquiles, entona lamentos fúnebres
21
cuando escucha el'¡ hie paieon, hie paieon!'.
22
Incluso la piedra llorosa pospone sus dolores,
23
la roca húmeda que está erigida en Frigia,
24
mármol en lugar de una mujer que exhala un lamento lastimero.
25
¡ Hie, hie! Proclamad: es malo contender con los bienaventurados.
26
Quien lucha contra los bienaventurados, que luche contra mi rey;
27
quien lucha contra mi rey, que luche también contra Apolo.
28
Apolo honrará al coro, según lo que cante a su gusto;
29
pues él puede hacerlo, ya que se sienta a la derecha de Zeus.
30
Y el coro no cantará a Febo por un solo día,
31
pues es digno de muchos himnos.¿ Quién no cantaría fácilmente a Febo?
32
Son de oro para Apolo el vestido, el broche,
33
la lira, el arco licio y el carcaj,
34
de oro son también las sandalias; pues Apolo es muy rico en oro.
35
Y es también muy adinerado; podrías comprobarlo por Pitón.
36
Siempre hermoso y siempre joven; nunca sobre las mejillas de Febo
37
ha aparecido ni siquiera un poco de vello masculino.
38
Sus cabellos destilan aceites fragantes sobre el suelo;
39
no es grasa lo que destilan las guedejas de Apolo,
40
sino la panacea misma; y en la ciudad donde aquellas
41
gotas caen a tierra, todo se vuelve indemne.
42
No hay nadie tan versado en las artes como Apolo;
43
él tiene al arquero, él tiene al aedo
44
( pues a Febo se le confían tanto el arco como el canto),
45
suyas son las adivinas y los profetas; y de Febo
46
los médicos han aprendido el aplazamiento de la muerte.
47
Llamamos a Febo' Nomio' desde aquel entonces,
48
desde que en el Anfriso criaba los caballos de yugo
49
quemado por el amor del joven Admeto.
50
Fácilmente el rebaño de bueyes sería mayor, y las cabras
51
no carecerían de crías, si Apolo dirigiera su mirada
52
a las que pastan; y no habría ovejas sin leche
53
ni estériles, sino que todas tendrían corderos,
54
y la que pare una sola cría, pronto tendría gemelos.
55
Siguiendo a Febo, los hombres midieron las ciudades;
56
pues Febo siempre se complace en las ciudades
57
que se fundan, y él mismo teje los cimientos.
58
A los cuatro años, Febo fijó los primeros cimientos
59
en la hermosa Ortigia, cerca del lago circular.
60
Ártemis, mientras cazaba, traía continuamente las cabezas de las cabras
61
del Cinto, y Apolo tejía el altar.
62
Construyó los cimientos con cuernos, y erigió el altar
63
a partir de cuernos, y levantó muros de cuernos alrededor.
64
Así aprendió Febo a levantar los primeros cimientos.
65
Febo también indicó mi ciudad de tierra profunda a Bato,
66
y un cuervo guio al pueblo que entraba en Libia
67
a la derecha del fundador, y juró que daría murallas
68
a nuestros reyes; y Apolo siempre cumple sus juramentos.
69
Apolo, muchos te llaman Boedromio,
70
y muchos, Clario, y tu nombre es múltiple por todas partes;
71
pero yo te llamo Carneo; así es ancestral para mí.
72
Esparta es para ti, Carneo, el primer asentamiento,
73
el segundo, Tera, y el tercero, la ciudad de Cirene.
74
Desde Esparta, el sexto descendiente de Edipo
75
te llevó a la fundación de Tera; y desde Tera
76
el ilustre Aristóteles te estableció en la tierra de Asbistis,
77
y te construyó un palacio muy hermoso, y en la ciudad
78
instituyó una celebración anual, en la que muchos
79
toros caen sobre su cadera, oh señor.
80
¡ Hie, hie, Carneo, muy invocado! Tus altares
81
llevan tantas flores en primavera como las Horas
82
traen variadas cuando el Céfiro sopla el rocío,
83
y en invierno, el dulce azafrán. Siempre hay fuego eterno para ti,
84
y la ceniza nunca consume la brasa del día anterior.
85
Ciertamente Febo se alegró mucho cuando los hombres
86
ceñidos de Enio danzaron con las rubias libias,
87
cuando llegaron para ellos las legítimas Horas Carneas.
88
Ellos aún no habían llegado a las fuentes de Cirene,
89
los dorios, y habitaban la densa Azilis, llena de valles.
90
El señor los vio él mismo, y se los mostró a su ninfa
91
estando de pie sobre la cornuda Mirtusa, donde el león
92
fue matado por Hipseo, el que devastaba los bueyes de Eurípilo.
93
Apolo no vio otro coro más divino que aquel,
94
ni otorgó tantos beneficios a una ciudad como a Cirene,
95
recordando su antiguo rapto. Y ni siquiera los mismos
96
Batiadas honraron a otro dios más que a Febo.
97
Escuchamos'¡ hie, hie, paieon!', porque este
98
himno lo inventó primero el pueblo delfio,
99
cuando mostraste la puntería de tus arcos de oro.
100
Al bajar a Pitón, te salió al encuentro una bestia divina,