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De Fato
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Puesto que se refiere a las costumbres, lo que ellos llaman ethos, solemos denominar a esa parte de la filosofía como la de las costumbres, pero conviene que la lengua latina, en su crecimiento, la llame moral; también debe explicarse la fuerza y la razón de los enunciados, que los griegos llaman axiomas; qué fuerza tengan cuando dicen algo sobre un hecho futuro y sobre aquello que puede o no puede suceder es una cuestión oscura, que los filósofos llaman peri dunaton, y es toda ella lógica, a la que llamo razón de discurrir. Pero lo que hice en otros libros, los que tratan sobre la naturaleza de los dioses, y asimismo en los que publiqué sobre la adivinación, a saber, que se explicara un discurso continuo en ambos sentidos para que cada uno pudiera aprobar más fácilmente lo que a cada cual le pareciera más probable, un cierto azar me impidió hacerlo en esta disputa sobre el destino.
2
Pues cuando yo estaba en Puteoli y nuestro Hirtio, cónsul designado, se encontraba en los mismos lugares— un hombre muy amigo nuestro y dedicado a estos estudios en los que hemos vivido desde la infancia—, estábamos mucho tiempo juntos, buscando sobre todo aquellos planes que pudieran contribuir a la paz y a la concordia de los ciudadanos. Pues como parecía que se buscaban todas las causas de nuevas perturbaciones tras la muerte de César y pensábamos que debíamos hacerles frente, casi todo nuestro discurso se consumía en estas deliberaciones, y esto, a menudo en otras ocasiones y en un día algo más libre de lo habitual y más vacío de visitantes, cuando él vino a verme, primero tratamos sobre lo que nos era cotidiano y casi legítimo, sobre la paz y el descanso.
3
Terminado esto, dijo él:¿ Qué entonces? Ya que tú, según espero, no has abandonado los ejercicios oratorios, pero ciertamente has antepuesto la filosofía a ellos,¿ puedo escuchar algo? Tú, ciertamente, dije, puedes escuchar o hablar; pues no he abandonado esos estudios oratorios, como bien crees, con los cuales incluso te encendí, aunque ya te había recibido muy apasionado, ni los que ahora trato disminuyen, sino que más bien aumentan, esa facultad. Pues con este género de filosofía que seguimos, el orador tiene una gran alianza; pues toma prestada la sutileza de la Academia y, a su vez, le devuelve la riqueza de la elocuencia y los adornos del decir. Por lo cual, dije, puesto que nuestra posesión es de ambos estudios, hoy, que sea tu opción cuál prefieres disfrutar. Entonces Hirtio dijo: Lo más grato, y semejante a todo lo tuyo; pues tu voluntad nunca ha rechazado mi estudio.
4
Pero puesto que vuestra retórica me es conocida y te hemos escuchado a menudo en ella y te escucharemos, y tus Disputaciones Tusculanas indican que has adoptado esta costumbre de los académicos de disputar contra una tesis, quiero proponer algo sobre lo que escuchar.¿ Acaso, dije, puede serme molesto algo que te sea grato? Pero escucharás como un hombre romano, como alguien que se inicia tímidamente en este género de disputa, como alguien que retoma estos estudios después de un largo intervalo. Así, dijo, te escucharé disputar como leo lo que has escrito. Por tanto, comienza. Sentémonos aquí.
5
En cuyos casos, como en el poeta Antípatro, como en los nacidos en un día invernal, como en los hermanos que enferman al mismo tiempo, como en la orina, como en las uñas, como en los demás de este tipo, el contagio de la naturaleza es válido, lo cual yo no niego, no hay ninguna fuerza fatal; en otros, sin embargo, pueden ser cosas fortuitas, como en aquel náufrago, como en Icadio, como en Dafitas; algunas cosas incluso Posidonio( con perdón de mi maestro diré) parece inventar; son ciertamente absurdas.¿ Pues qué? Si el destino de Dafitas fue caer del caballo y morir así,¿ fue de este caballo que, al no ser caballo, tenía un nombre ajeno?¿ O se advertía a Filipo que evitara estas cuadrigas en el pomo? Como si hubiera sido asesinado por el pomo.¿ Qué hay de grande o qué náufrago sin nombre cayó en un arroyo?( aunque a este sí le escribe que estaba predicho que moriría en el agua); ni siquiera, por Hércules, veo ningún destino del pirata Icadio;
6
pues no escribe que se le predijera nada.¿ Qué extraño es, pues, que una piedra de una cueva cayera sobre sus piernas? Pues creo que, incluso si Icadio no hubiera estado entonces en la cueva, esa piedra habría caído de todos modos. Pues o nada es fortuito en absoluto, o esto mismo pudo suceder por azar. Pregunto, pues( y esto se extenderá ampliamente), si no existiera en absoluto ningún nombre, ninguna naturaleza, ninguna fuerza del destino y si la mayoría de las cosas o todas sucedieran por azar y temerariamente,¿ sucederían de otro modo a como suceden ahora?¿ Qué importa, pues, inculcar el destino, cuando sin el destino la razón de todas las cosas se refiere a la naturaleza o a la fortuna?
7
Pero despidamos a Posidonio, como es justo, con buena voluntad, y volvamos a los lazos de Crisipo. Respondamos primero a él sobre el contagio mismo de las cosas, y después seguiremos con lo demás. Vemos cuánto importa entre las naturalezas de los lugares; que unos son saludables, otros pestilentes, que en unos hay personas flemáticas y como redundantes, en otros secas y áridas; y hay muchas otras cosas que difieren mucho entre un lugar y otro. En Atenas el cielo es tenue, por lo que incluso se piensa que los áticos son más agudos, en Tebas es espeso, y por eso los tebanos son gruesos y fuertes. Sin embargo, ni ese cielo tenue hará que alguien escuche a Zenón, a Arcesilao o a Teofrasto, ni el espeso, que busque la victoria en Nemea más que en el Istmo. Separa las cosas más lejanas.
8
¿ Qué puede aportar la naturaleza del lugar para que caminemos en el pórtico de Pompeyo más que en el campo?¿ Contigo más que con otro?¿ En los idus más que en las calendas? Así pues, como la naturaleza del lugar contribuye algo a ciertas cosas, pero nada a otras, así la afección de los astros valga, si quieres, para ciertas cosas, pero ciertamente no valdrá para todas. Pero, en efecto, puesto que hay diferencias en las naturalezas de los hombres, de modo que a unos les deleitan las cosas dulces, a otros las amargas, unos son libidinosos, otros iracundos o crueles o soberbios, otros aborrecen tales vicios— puesto que, pues, dice, tanto dista la naturaleza de la naturaleza,¿ qué extraño es que estas diferencias se hayan producido por causas diferentes?
9
Al argumentar esto, no ve de qué se trata y en qué consiste la causa. Pues no porque otros sean más propensos a unas cosas que a otras debido a causas naturales y antecedentes, por ello también nuestras voluntades y apetencias tienen causas naturales y antecedentes. Pues nada estaría en nuestro poder si las cosas fueran así. Ahora bien, confesamos que, seamos agudos o torpes, fuertes o débiles, eso no está en nosotros. Pero quien piensa que de ello se deduce que ni siquiera sentarnos o caminar es cuestión de voluntad, no ve qué cosa sigue a qué cosa. Pues aunque los ingeniosos y los lentos nazcan así por causas antecedentes, y asimismo los fuertes y los débiles, no se sigue, sin embargo, que también sentarse, caminar y hacer alguna cosa esté definido y constituido por causas principales.
10
A Estilpón, filósofo megárico, hombre ciertamente agudo y aprobado en aquellos tiempos, aceptamos. Sus propios familiares escriben que fue borracho y mujeriego, y no escriben esto vituperándolo, sino más bien para su alabanza; pues dicen que su naturaleza viciosa fue tan domada y reprimida por la doctrina que nadie vio nunca a ese hombre ebrio, nadie vio en él rastro de lujuria.¿ Qué?¿ No leemos cómo Sócrates fue marcado por el fisiognomista Zópiro, quien se profesaba conocedor de las costumbres y naturalezas de los hombres por el cuerpo, los ojos, el rostro y la frente? Dijo que Sócrates era estúpido y torpe porque no tenía las yugulares cóncavas, decía que esas partes estaban obstruidas y cerradas; añadió también que era mujeriego; ante lo cual se dice que Alcibíades soltó una carcajada.
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Pero estos vicios pueden nacer de causas naturales, pero ser extirpados y eliminados de raíz, de modo que aquel mismo que haya sido propenso a ellos sea apartado de tan grandes vicios, no está puesto en causas naturales, sino en la voluntad, el estudio y la disciplina. Todo lo cual se elimina si la fuerza y la naturaleza del destino se confirman por la razón de la adivinación. Pues si existe la adivinación,¿ de qué preceptos del arte parte?( llamo preceptos a lo que en griego se llama theoremata). Pues no creo que los demás artesanos se ocupen de su función sin ningún precepto, ni que los que usan la adivinación predigan el futuro.
12
Sean, pues, los preceptos de los astrólogos de este tipo: Si alguien, por ejemplo, nace cuando sale la Canícula, no morirá en el mar. Vigila, Crisipo, no sea que abandones tu causa, en la que tienes una gran lucha con Diodoro, el hábil dialéctico. Pues si es verdad lo que se conecta así: Si alguien nace cuando sale la Canícula, no morirá en el mar, también es verdad aquello: Si Fabio nace cuando sale la Canícula, Fabio no morirá en el mar. Luchan, pues, entre sí estas cosas: que Fabio nació cuando salía la Canícula, y que Fabio morirá en el mar; y puesto que se pone como cierto en Fabio que nació cuando salía la Canícula, estas cosas también luchan, que Fabio existe y que morirá en el mar. Por tanto, esta conjunción también es de cosas repugnantes: Y existe Fabio, y Fabio morirá en el mar, lo cual, como se ha propuesto, ni siquiera puede suceder. Por tanto, aquello: Fabio morirá en el mar, es de ese género que no puede suceder. Por tanto, todo lo que se dice falso en el futuro, eso no puede suceder.
13
Pero esto, Crisipo, no lo quieres en absoluto, y sobre esto mismo tienes la mayor lucha con Diodoro. Pues él dice que solo es posible lo que es verdad o será verdad, y, cualquier cosa que vaya a ser, dice que es necesario que suceda, y, cualquier cosa que no vaya a ser, niega que pueda suceder. Tú dices que incluso las cosas que no van a ser pueden suceder, como que esta gema se rompa, aunque nunca vaya a suceder, y que no fue necesario que Cípselo reinara en Corinto, aunque eso hubiera sido anunciado por el oráculo de Apolo mil años antes. Pero si vas a aprobar esos pronósticos divinos, también tendrás entre las cosas que se dirán falsas en el futuro que no pueden suceder, como si se dijera que Africano tomará Cartago, y, si se dice verdaderamente sobre el futuro, y va a suceder así, dirás que es necesario; lo cual es toda la sentencia de Diodoro, enemiga de vosotros.
14
Pues si se conecta verdaderamente aquello: Si naciste cuando salía la Canícula, no morirás en el mar, y lo primero que está en la conexión: Naciste cuando salía la Canícula, es necesario( pues todas las cosas verdaderas en el pasado son necesarias, como le place a Crisipo, disintiendo de su maestro Cleantes, porque son inmutables y las cosas pasadas no pueden convertirse de verdaderas en falsas); si, pues, lo que es primero en la conexión es necesario, también se vuelve necesario lo que sigue. Aunque a Crisipo no le parece que esto valga en todos los casos; pero, sin embargo, si hay una causa natural por la que Fabio no muera en el mar, Fabio no puede morir en el mar.
15
En este punto, Crisipo, agitado, espera que los caldeos y los demás adivinos se equivoquen, y que no usen conjunciones para pronunciar así sus preceptos: Si alguien nació cuando salía la Canícula, no morirá en el mar, sino que digan más bien así: No es el caso que alguien nació cuando salía la Canícula y ese morirá en el mar.¡ Oh, qué licencia jocosa! Para no caer él mismo en Diodoro, enseña a los caldeos cómo deben exponer sus preceptos. Pues pregunto, si los caldeos hablaran de modo que pusieran negaciones de conjunciones infinitas en lugar de conexiones infinitas, por qué los médicos, por qué los geómetras, por qué los demás no podrían hacer lo mismo. El médico, ante todo, lo que tendrá observado en su arte, no lo propondrá así: Si a alguien las venas se le mueven así, tiene fiebre, sino más bien de aquel modo: No es el caso que a alguien las venas se le muevan así y no tenga fiebre. Asimismo, el geómetra no dirá así: En la esfera los círculos máximos se dividen entre sí, sino más bien de aquel modo: No es el caso que en la esfera haya círculos máximos y que estos no se dividan entre sí.
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¿ Qué hay que no pueda transferirse de este modo de la conexión a la negación de las conjunciones? Y, de hecho, podemos expresar las mismas cosas de otros modos. Acabo de decir: En la esfera los círculos máximos se dividen entre sí; puedo decir: Si en la esfera habrá círculos máximos, puedo decir: Porque en la esfera habrá círculos máximos. Hay muchos géneros de enunciar y ninguno más distorsionado que este, con el que Crisipo espera que los caldeos se contenten por causa de los estoicos.
17
Sin embargo, ninguno de ellos habla así; pues es más difícil aprender estas contorsiones del discurso que el orto y el ocaso de los signos. Pero volvamos a aquella contienda de Diodoro, a la que llaman peri dunaton, en la que se investiga qué vale lo que puede suceder. A Diodoro le place, pues, que solo es posible lo que es verdad o será verdad. Este punto toca esta cuestión: que nada sucede que no haya sido necesario, y que cualquier cosa que pueda suceder, o ya es o será, y que las cosas que serán no pueden cambiarse de verdaderas a falsas más que las que han sucedido; pero que en los hechos aparece la inmutabilidad, y en algunos futuros, porque no aparece, parece que ni siquiera está presente, como en aquel que está oprimido por una enfermedad mortal, es verdad que morirá de esta enfermedad, pero esto mismo, si se dice verdaderamente de alguien en quien no aparece tanta fuerza de la enfermedad, no por ello dejará de suceder. Así sucede que la conmutación de verdadero a falso no puede ocurrir ni siquiera en el futuro. Pues Morirá Escipión tiene tal fuerza que, aunque se dice sobre el futuro, sin embargo no puede convertirse en falso; pues se dice sobre un hombre, para quien es necesario morir.
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Así, si se dijera: Morirá de noche en su habitación oprimido por la fuerza Escipión, se diría verdaderamente; pues se diría que sucederá lo que va a suceder; pero que iba a suceder debe entenderse por el hecho de que sucedió. Ni era más verdad Morirá Escipión que Morirá de aquel modo, ni es más necesario que Escipión muera que que muera de aquel modo, ni es más inmutable de verdadero a falso Ha sido asesinado Escipión que Será asesinado Escipión; ni, siendo esto así, hay causa por la que Epicuro tema al destino y busque refugio en los átomos y los desvíe de su camino y asuma al mismo tiempo dos cosas inextricables: una, que algo suceda sin causa, de lo cual resultará que algo se haga de la nada, lo cual no place ni a él ni a ningún físico, la otra, que, cuando dos individuos son llevados a través del vacío, uno se mueva en línea recta y el otro se desvíe.
19
Pues Epicuro puede conceder que todo enunciado es verdadero o falso sin temer que sea necesario que todo suceda por el destino; pues no es por causas eternas que fluyen por necesidad de la naturaleza que es verdad lo que se enuncia así: Carneades desciende a la Academia, y sin embargo no sin causas, pero hay diferencia entre las causas que han precedido fortuitamente y las causas que contienen en sí una eficiencia natural. Así también siempre fue verdad Morirá Epicuro, cuando haya vivido setenta y dos años, bajo el arconte Pitárato, y sin embargo no había causas fatales por las que sucediera así, sino que, porque sucedió así, estaba destinado a suceder por una serie cierta de causas, tal como sucedió.
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Ni los que dicen que son inmutables las cosas que serán, y que no pueden convertir un futuro verdadero en falso, confirman la necesidad del destino, sino que interpretan la fuerza de las palabras. Pero los que introducen una serie eterna de causas, ellos encadenan la mente del hombre, despojada de voluntad libre, con la necesidad del destino. Pero hasta aquí esto; veamos otras cosas. Pues Crisipo concluye de este modo: Si hay movimiento sin causa, no todo enunciado, lo que los dialécticos llaman axioma, será verdadero o falso; pues lo que no tenga causas eficientes, eso no será ni verdadero ni falso; pero todo enunciado es verdadero o falso; por tanto, no hay movimiento sin causa. Y si esto es así, todas las cosas que suceden, suceden por causas antecedentes; si esto es así, todas las cosas suceden por el destino; se concluye, pues, que todo lo que sucede, sucede por el destino.
21
Aquí, primero, si me placiera asentir a Epicuro y negar que todo enunciado es verdadero o falso, aceptaría ese golpe antes que aprobar que todo sucede por el destino; pues aquella sentencia tiene algo de disputa, pero esta, en verdad, no es tolerable. Por tanto, Crisipo tensa todos sus nervios para persuadir de que todo axioma es verdadero o falso. Pues así como Epicuro teme que, si concede esto, deba concederse que todo lo que sucede, sucede por el destino( pues si uno u otro es verdadero desde la eternidad, que eso es también cierto y, si es cierto, también necesario; así piensa que se confirman tanto la necesidad como el destino), así Crisipo teme que, si no logra que todo lo que se enuncia sea verdadero o falso, no sostenga que todo sucede por el destino y por causas eternas de las cosas futuras.
22
Pero Epicuro piensa que la necesidad del destino se evita con la declinación del átomo. Por tanto, surge un tercer movimiento fuera del peso y del golpe, cuando el átomo se desvía por un intervalo mínimo( a eso lo llama elachiston); cuya declinación, si no con palabras, se ve obligado a confesar con los hechos que sucede sin causa. Pues el átomo no se desvía al ser golpeado por otro átomo. Pues,¿ cómo puede ser golpeado uno por otro si los cuerpos indivisibles son llevados por gravedad perpendicularmente en líneas rectas, como le place a Epicuro? Pues se sigue que, si uno nunca es empujado por otro, ni siquiera uno toca a otro. De lo cual se concluye que, aunque exista el átomo y se desvíe, se desvía sin causa.
23
Epicuro introdujo esta razón por el hecho de que temió que, si el átomo fuera llevado siempre por gravedad natural y necesaria, nada sería libre para nosotros, ya que el alma se movería de tal modo que sería obligada por el movimiento de los átomos. Demócrito, autor de los átomos, prefirió aceptar que todo sucede por necesidad, antes que arrancar el movimiento natural de los cuerpos indivisibles. Más agudamente Carneades, quien enseñaba que los epicúreos podían defender su causa sin esta declinación ficticia. Pues al enseñar que podía haber un cierto movimiento voluntario del alma, eso se defendía mejor que introducir una declinación, de la cual, sobre todo, no podían encontrar la causa; defendido lo cual, podrían resistir fácilmente a Crisipo. Pues al haber concedido que no hay movimiento sin causa, no concederían que todo lo que sucede, sucede por causas antecedentes; pues las causas externas y antecedentes no son de nuestra voluntad.
24
Abusamos, pues, de la costumbre común del lenguaje cuando decimos que alguien quiere o no quiere algo sin causa; pues decimos sin causa de tal modo que decimos: sin causa externa y antecedente, no sin ninguna; como cuando decimos que un vaso está vacío, no hablamos como los físicos, a quienes no les place que exista el vacío, sino de tal modo que, por ejemplo, decimos que un vaso está sin agua, sin vino, sin aceite, así, cuando decimos que el alma se mueve sin causa, decimos que se mueve sin causa antecedente y externa, no sin causa en absoluto. Sobre el átomo mismo se puede decir, cuando se mueve a través del vacío por gravedad y peso, que se mueve sin causa, porque no se añade ninguna causa desde fuera.
25
De nuevo, sin embargo, para que todos los físicos no se rían de nosotros si decimos que algo sucede sin causa, hay que distinguir y decir así: que esta es la naturaleza del individuo mismo, que se mueva por peso y gravedad, y que esa misma es la causa por la que es llevado así. Del mismo modo, para los movimientos voluntarios de las almas no hay que buscar una causa externa; pues el movimiento voluntario contiene en sí mismo esa naturaleza, de modo que está en nuestro poder y nos obedece, y no sin causa; pues la causa de esa cosa es la naturaleza misma.
26
Siendo esto así,¿ por qué no todo enunciado es verdadero o falso, a menos que hayamos concedido que todo lo que sucede, sucede por el destino? Porque los futuros verdaderos, dice, no pueden ser aquellos que no tienen causas por las que sean futuros; tengan, pues, causas necesariamente aquellos que son verdaderos; así, cuando hayan sucedido, habrán sucedido por el destino. Asunto concluido, si es que hay que concederte que todo sucede por el destino o que algo puede suceder sin causa.
27
¿ O de otro modo este enunciado no puede ser verdadero: Escipión tomará Numancia, a menos que desde la eternidad una causa sembrando otra causa vaya a efectuar esto?¿ O esto podría haber sido falso si se hubiera dicho seiscientos siglos antes? Y si entonces no hubiera sido verdadero este enunciado: Escipión tomará Numancia, ni siquiera cuando fue destruida es verdadero este enunciado: Escipión tomó Numancia.¿ Puede, pues, haber sucedido algo que no fuera verdad que iba a suceder? Pues así como llamamos verdaderas a las cosas pasadas cuya instancia fue verdadera en un tiempo anterior, así llamaremos verdaderas a las futuras cuya instancia será verdadera en un tiempo posterior.
28
Ni, si todo enunciado es verdadero o falso, se sigue inmediatamente que hay causas inmutables y eternas que impidan que algo suceda de otro modo a como va a suceder; las causas son fortuitas, las que hacen que se digan verdaderamente las cosas que se dirán así: Catón vendrá al senado, no encerradas en la naturaleza de las cosas y en el mundo; y sin embargo es tan inmutable que vendrá, cuando es verdad, como que ha venido, y no por esa causa hay que temer al destino o a la necesidad. Pues será necesario confesar: Si este enunciado:" Hortensio vendrá a Tusculum" no es verdadero, se sigue que es falso. De los cuales ellos no quieren ninguno; lo cual no puede suceder. Ni nos impedirá aquella razón perezosa que se dice; pues es llamado por los filósofos argos logos, al cual, si obedecemos, no haremos nada en absoluto en la vida.
29
Pues preguntan así: Si tu destino es sanar de esta enfermedad, ya sea que llames al médico o no lo llames, sanarás; asimismo, si tu destino es no sanar de esta enfermedad, ya sea que llames al médico o no lo llames, no sanarás; y uno u otro es el destino; por tanto, no importa llamar al médico. Con razón este género de interrogación ha sido llamado perezoso e inerte, porque por la misma razón toda acción será eliminada de la vida. Se puede incluso cambiar, para que no añadas el nombre de destino y sin embargo mantengas la misma sentencia, de este modo: Si desde la eternidad fue verdad esto:" Sanarás de esa enfermedad", ya sea que llames al médico o no lo llames, sanarás; asimismo, si desde la eternidad fue falso esto:" Sanarás de esa enfermedad", ya sea que llames al médico o no lo llames, no sanarás; luego lo demás. Esta razón es reprendida por Crisipo.
30
Pues algunas cosas, dice, son simples en las cosas, otras copuladas; simple es: Sócrates morirá ese día; para esto, haya hecho lo que haya hecho, el día de morir está fijado. Pero si el destino fuera así: Edipo nacerá de Layo, no podrá decirse: ya sea que Layo haya estado con la mujer o no haya estado; pues la cosa es copulada y confatal; así lo llama, porque el destino es que Layo se acostará con su esposa y engendrará de ella a Edipo, de modo que, si se hubiera dicho: Milón luchará en los Juegos Olímpicos y alguien replicara: Por tanto, ya sea que tenga adversario o no lo tenga, luchará, se equivocaría; pues es copulado que luchará, porque sin adversario no hay lucha. Todas las captaciones de este género, pues, se refutan del mismo modo. Ya sea que llames al médico o no lo llames, sanarás es capcioso; pues es tan fatal llamar al médico como sanar. Estas, como dije, él las llama confatales.
31
Carneades no aprobaba todo este género y pensaba que esta razón se concluía demasiado inconsideradamente. Por tanto, presionaba de otro modo y no usaba ninguna calumnia; cuya conclusión era esta: Si todas las cosas suceden por causas antecedentes, todas las cosas suceden por una ligazón natural, entrelazadas y conectadas; y si esto es así, la necesidad efectúa todas las cosas; si esto es verdad, nada está en nuestro poder; pero algo está en nuestro poder; pero, si todas las cosas suceden por el destino, todas las cosas suceden por causas antecedentes; por tanto, no suceden por el destino todas las cosas que suceden.
32
Esta razón no puede ser apretada más estrechamente. Pues si alguien quisiera referir lo mismo y decir así: Si todo futuro es verdad desde la eternidad, para que suceda ciertamente tal como será, es necesario que todas las cosas sucedan por una ligazón natural, entrelazadas y conectadas, no diría nada. Pues difiere mucho si una causa natural hace verdaderos los futuros desde la eternidad, o si incluso sin la eternidad natural, las cosas que serán pueden entenderse como verdaderas. Por tanto, Carneades decía que ni siquiera Apolo podía decir las cosas futuras a menos que la naturaleza contuviera sus causas de tal modo que fuera necesario que sucedieran.
33
¿ Qué mirando el dios mismo diría que Marcelo, el que fue tres veces cónsul, moriría en el mar? Esto era ciertamente verdad desde la eternidad, pero no tenía causas que lo efectuaran. Así, ni siquiera las cosas pasadas, de las cuales no quedaran signos como huellas, pensaba que eran conocidas por Apolo;¡ cuánto menos las futuras! Pues solo conocidas las causas eficientes de cada cosa se puede saber, finalmente, qué sucederá. Por tanto, ni sobre Edipo pudo Apolo predecir, sin causas puestas en la naturaleza de las cosas por las que fuera necesario que el padre fuera asesinado por él, ni nada de ese tipo. Por lo cual, si a los estoicos, que dicen que todo sucede por el destino, les es coherente aprobar tales oráculos y los demás que se derivan de la adivinación, a aquellos, sin embargo, que dicen que las cosas que serán son verdaderas desde la eternidad, no se les debe decir lo mismo, mira no sea que la causa de ellos y la de los estoicos no sea la misma; pues estos son urgidos más estrechamente, la razón de aquellos es suelta y libre.
34
Pero si se concede que nada puede suceder sin una causa antecedente,¿ qué se gana si se dice que esa causa no está ligada a causas eternas? La causa, sin embargo, es aquella que efectúa aquello de lo que es causa, como la herida de la muerte, la indigestión de la enfermedad, el fuego del ardor. Por tanto, la causa no debe entenderse de modo que lo que antecede a cada cosa sea su causa, sino lo que antecede eficientemente a cada cosa, ni que el hecho de que yo haya bajado al campo haya sido la causa de que jugara a la pelota, ni que Hécuba haya sido la causa de la muerte para los troyanos porque engendró a Alejandro, ni Tindáreo para Agamenón porque engendró a Clitemnestra. Pues de este modo también se dirá que el viajero bien vestido fue la causa para el salteador de que fuera despojado por él.
35
De este género es aquello de Ennio:¡ Ojalá en el bosque de Pelión no hubieran caído al suelo las vigas de abeto cortadas con hachas! Se podía incluso más arriba:¡ Ojalá en Pelión no hubiera nacido nunca ningún árbol! incluso más arriba:¡ Ojalá no existiera ningún monte Pelión! y de modo similar, repitiendo las cosas superiores, se puede retroceder infinitamente. Ni que desde allí el inicio de construir la nave hubiera comenzado.¿ A qué vienen estos pasados? Porque sigue aquello: Pues nunca mi ama, errante, habría sacado los pies de casa, Medea, enferma de ánimo, herida por un amor salvaje, no porque esas cosas trajeran la causa del amor.
36
Pero dicen que importa si algo es de tal modo que sin ello no pueda efectuarse algo, o de tal modo que con ello sea necesario que algo se efectúe. Ninguna de ellas es, pues, causa, puesto que ninguna efectúa esa cosa por su propia fuerza, de la cual se dice que es causa; ni aquello sin lo cual algo no sucede es causa, sino aquello que, cuando se ha añadido, efectúa necesariamente aquello de lo que es causa. Pues,¿ qué causa estaba contenida en la naturaleza de las cosas antes de que la mordedura de la serpiente ulcerara a Filoctetes, de que fuera a ser abandonado en la isla de Lemnos? Después, sin embargo, la causa fue más cercana y más unida al resultado.
37
La razón del evento, pues, revela la causa. Pero desde la eternidad fue verdad este enunciado: Filoctetes será abandonado en la isla, y esto no podía convertirse de verdadero en falso. Pues es necesario en dos cosas contrarias( contrarias, sin embargo, digo en este lugar aquellas de las cuales una afirma algo y la otra lo niega), de ellas, pues, es necesario, a pesar de Epicuro, que una sea verdadera y la otra falsa, como que Filoctetes será herido fue verdad en todos los siglos anteriores, y no será herido fue falso; a menos que tal vez queramos seguir la opinión de los epicúreos, que dicen que tales enunciados no son ni verdaderos ni falsos o, cuando les da vergüenza eso, dicen sin embargo lo que es más desvergonzado, que las disyunciones son verdaderas a partir de contrarios, pero que, de los enunciados que estaban en ellas, ninguno es verdadero.
38
¡ Oh, admirable licencia y lamentable ignorancia de discurrir! Pues si algo en el hablar no es ni verdadero ni falso, ciertamente eso no es verdadero; pero lo que no es verdadero,¿ cómo puede no ser falso? o, lo que no es falso,¿ cómo puede no ser verdadero? Se mantendrá, pues, lo que es defendido por Crisipo, que todo enunciado es verdadero o falso; la razón misma obligará a que también desde la eternidad algunas cosas sean verdaderas, y que ellas no estén ligadas a causas eternas y sean libres de la necesidad del destino.
39
A mí, en efecto, me parece que, habiendo existido dos opiniones entre los antiguos filósofos— una de aquellos que consideraban que todo sucede por el destino de tal modo que este destino conlleva la fuerza de la necesidad, opinión en la que estuvieron Demócrito, Heráclito, Empédocles y Aristóteles; y otra de aquellos a quienes les parecía que los movimientos del alma son voluntarios y sin destino alguno—, Crisipo quiso actuar como un árbitro honorario y golpear en el medio, pero se inclina más bien hacia aquellos que quieren que los movimientos del alma estén libres de necesidad; sin embargo, mientras utiliza sus propias palabras, cae en tales dificultades que confirma la necesidad del destino contra su voluntad.
40
Y veamos, si os parece, cómo es esto en los asentimientos, que traté en mi primer discurso. Pues aquellos antiguos, a quienes les parecía que todo sucede por el destino, decían que estos se producen por fuerza y necesidad. Quienes, en cambio, disentían de ellos, liberaban los asentimientos del destino y negaban que, al aplicar el destino a los asentimientos, se pudiera eliminar la necesidad de estos, y argumentaban así: Si todo sucede por el destino, todo sucede por una causa antecedente, y si el apetito, también aquello que sigue al apetito, por tanto, también los asentimientos; pero si la causa del apetito no reside en nosotros, ni siquiera el apetito mismo está en nuestro poder; y si esto es así, ni siquiera aquello que se produce por el apetito reside en nosotros; por tanto, ni los asentimientos ni las acciones están en nuestro poder. De lo cual se sigue que ni las alabanzas ni las censuras, ni los honores ni los castigos son justos. Como esto es vicioso, piensan que se concluye de manera probable que no todo lo que sucede, sucede por el destino.
41
Crisipo, por su parte, al desaprobar la necesidad y no querer que nada suceda sin causas previas, distingue los géneros de causas para evitar la necesidad y retener el destino. Pues dice que unas causas son perfectas y principales, y otras auxiliares y próximas. Por esta razón, cuando decimos que todo sucede por el destino debido a causas antecedentes, no queremos que se entienda esto: por causas perfectas y principales, sino por causas auxiliares, antecedentes y próximas. Por tanto, sale al paso de aquel razonamiento que concluí hace poco de este modo: si todo sucede por el destino, se sigue, ciertamente, que todo sucede por causas antecedentes, pero no por causas principales y perfectas, sino por auxiliares y próximas. Si estas mismas no están en nuestro poder, no se sigue que ni siquiera el apetito esté en nuestro poder. Pero esto se seguiría si dijéramos que todo sucede por causas perfectas y principales, de modo que, al no estar esas causas en nuestro poder, tampoco aquel estaría en nuestro poder.
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Por esta razón, aquella conclusión será válida contra quienes introducen el destino de tal modo que añaden la necesidad; pero contra quienes no dicen que las causas antecedentes son perfectas ni principales, no tendrá ninguna validez. Pues piensa que puede explicar fácilmente por sí mismo el hecho de que se diga que los asentimientos ocurren por causas antecedentes. Pues aunque el asentimiento no pueda producirse si no es movido por una representación, sin embargo, dado que esa representación tiene una causa próxima, no principal, tiene esta lógica, como quiere Crisipo, que ya hemos dicho: no que aquello pueda suceder sin ser excitado por ninguna fuerza externa( pues es necesario que el asentimiento sea movido por la representación), sino que vuelve a su cilindro y a su peonza, los cuales no pueden empezar a moverse si no son empujados. Pero cuando esto sucede, piensa que, por su propia naturaleza, lo que resta es que el cilindro ruede y la peonza gire.
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' Como, pues', dice,' quien empujó el cilindro le dio el principio del movimiento, pero no le dio la capacidad de rodar, así la representación objetiva imprimirá, ciertamente, y como si dijéramos, marcará en el alma su imagen, pero nuestro asentimiento estará en nuestro poder, y este, tal como se dijo en el caso del cilindro, al ser empujado desde fuera, lo que resta se moverá por su propia fuerza y naturaleza'. Pero si alguna cosa se produjera sin causa antecedente, sería falso que todo sucede por el destino; pero si es verosímil que una causa antecede a todo lo que sucede,¿ qué podrá aducirse para que no debamos confesar que todo sucede por el destino? siempre que se entienda cuál es la distinción y desemejanza de las causas.
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Siendo esto así, explicado por Crisipo, si aquellos que niegan que los asentimientos suceden por el destino confesaran, sin embargo, que no suceden sin una representación antecedente, el razonamiento es otro; pero si conceden que las representaciones preceden, y sin embargo que los asentimientos no suceden por el destino, porque esa causa próxima y continente no mueve el asentimiento, mira si no están diciendo lo mismo. Pues ni Crisipo, al conceder que la causa próxima y continente del asentimiento reside en la representación, concederá que esa causa sea necesaria para asentir, de modo que, si todo sucede por el destino, todo suceda por causas antecedentes y necesarias; e igualmente aquellos que disienten de él, al confesar que los asentimientos no suceden sin la precursión de las representaciones, dirán que, si todo sucediera por el destino de tal modo que nada sucediera sin la progresión de una causa, habría que confesar que todo sucede por el destino; de lo cual es fácil de entender, puesto que ambos, una vez expuesta y explicada su opinión, llegan al mismo resultado, que discrepan en las palabras, no en la realidad.
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Y, en general, siendo esta la distinción, que en ciertas cosas se puede decir verdaderamente que, habiendo precedido estas causas, no está en nuestro poder que no sucedan aquellas cuyas causas han existido, mientras que en otras cosas, habiendo precedido las causas, está sin embargo en nuestro poder que aquello suceda de otro modo, ambos aprueban esta distinción, pero unos piensan que, en las cosas en las que, habiendo precedido las causas, no está en nuestro poder que sucedan de otro modo, estas suceden por el destino; mientras que, en las que están en nuestro poder, el destino está ausente.
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De este modo debe discutirse esta causa, no buscando refugio en átomos que vagan y se desvían del camino. Se desvía, dice, el átomo. Primero,¿ por qué? Pues tenían otra fuerza de movimiento según Demócrito, la del impulso, que él llama golpe, y según tú, Epicuro, la de la gravedad y el peso.¿ Qué causa nueva hay, pues, en la naturaleza que desvíe al átomo?¿ O es que sortean entre sí cuál se desvía y cuál no?¿ O por qué se desvían por un intervalo mínimo y no por uno mayor?¿ O por qué se desvían por un mínimo y no por dos o tres?
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Esto es desear, no discutir. Pues ni dices que el átomo, impulsado desde fuera, es movido de su lugar y se desvía, ni en aquel vacío por el que se desplaza el átomo hubo causa alguna por la que no se desplazara en línea recta, ni en el átomo mismo se produjo cambio alguno por el que no mantuviera el movimiento natural de su peso. Así, al no haber aportado ninguna causa que produjera esa desviación, parece, sin embargo, decir algo, al decir aquello que las mentes de todos rechazan y repudian.
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Y, en verdad, nadie me parece haber confirmado más no solo el destino, sino también la necesidad y la fuerza de todas las cosas, y haber suprimido los movimientos voluntarios del alma, que este, quien confiesa que no pudo resistir al destino de otro modo que refugiándose en estas desviaciones ficticias. Pues, aunque existieran los átomos, lo cual de ninguna manera puedo aceptar, esas desviaciones nunca se explicarían. Pues si a los átomos se les atribuye por necesidad de la naturaleza que se desplacen por gravedad, ya que es necesario que todo peso se mueva y se desplace sin que nada lo impida, también es necesario que se desvíen naturalmente algunos átomos o, si quieren, todos. Fragmentos: Por tanto, M. Cicerón, en el libro que escribió sobre el destino, al decir que esa cuestión es oscurísima y complicadísima, afirma que también el filósofo Crisipo no se aclaró en ella con estas palabras: Crisipo, agitado y esforzándose por cómo explicar que todo sucede por el destino y que hay algo en nosotros, se enreda de este modo. Gel. N. A. 7. 2. 15. Y hace girar los turnos la definición del destino según Tulio, quien dice: el destino es la conexión de las cosas que se mantienen mutuamente a través de la eternidad, la cual varía según su orden y ley, de tal modo, sin embargo, que la variedad misma tiene eternidad. Serv. ad Vergil. A. 3. 376. Aquellos versos homéricos también apoyan esta opinión, los cuales Cicerón tradujo al latín: Tales son las mentes de los hombres, cual el padre Júpiter mismo iluminó con su luz las tierras productoras. Augustin. de civ. dei 5. 8. Cicerón dice que Hipócrates, el médico más noble, dejó escrito que unos hermanos, al empezar a enfermar al mismo tiempo y al agravarse su enfermedad al mismo tiempo, aliviarse al mismo tiempo, sospechó que eran gemelos. A los cuales Posidonio el estoico, muy dedicado a la astrología, solía afirmar que habían nacido bajo la misma constitución de los astros y habían sido concebidos bajo la misma. Así, lo que el médico creía que pertenecía a una temperancia de salud muy similar, esto el filósofo astrólogo lo atribuía a la fuerza y constitución de los astros que había en el momento en que fueron concebidos y nacidos. Augustin. de civ. dei 5. 2. Y para que el poeta no sea un testigo de menor valor, aceptad, con Cicerón como garante, en qué estima tuvo este pez P. Escipión, aquel Africano y Numantino. Estas son las palabras de Cicerón en el diálogo sobre el destino: Pues estando Escipión en su casa en Lavernia y con él Poncio, por casualidad le llevaron a Escipión un esturión, que se captura muy raramente, pero es un pez, según dicen, de los más nobles. Pero cuando Escipión hubo invitado a uno y a otro de los que habían venido a saludarlo y parecía que iba a invitar a más, Poncio le dijo al oído:' Escipión, mira lo que haces; este esturión es para pocos hombres'. Macrobius Saturnalia 3. 16. 3

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