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De haruspicum responso in P. Clodium
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Ayer, padres conscriptos, cuando tanto vuestra dignidad como la presencia de los caballeros romanos, a quienes se concedía audiencia en el senado, me conmovieron profundamente, consideré que debía reprimir la impúdica desvergüenza de P. Clodio, pues él obstaculizaba la causa de los publicanos con preguntas necias, prestaba servicio a P. Tulión Siro y, ante vuestra propia mirada, se vendía a aquel a quien se había entregado por completo. Por tanto, contuve al hombre, que estaba furioso y exaltado, tan pronto como amenacé con el peligro de un juicio: con dos palabras pronunciadas, comprimí todo el ímpetu y la ferocidad del gladiador.
2
Y, sin embargo, aquel ignorante de quiénes eran los cónsules, pálido y agitado, salió precipitadamente de la curia, con ciertas amenazas ya rotas y vacías, y con los terrores de aquel tiempo de Pisón y Gabinio. Cuando comencé a seguirlo mientras salía, obtuve, ciertamente, el mayor fruto tanto de la aclamación de todos vosotros como del acompañamiento de los publicanos. Pero, de repente, el insensato se detuvo sin color en el rostro, sin voz; luego miró hacia atrás y, tan pronto como vio al cónsul Cn. Léntulo, se desplomó casi en el umbral de la curia, por el recuerdo, creo, de su Gabinio y el deseo de Pisón.¿ Qué diré de su desenfrenado y precipitado furor?¿ Acaso puede ser herido por mis palabras con más gravedad de lo que fue inmediatamente, en el hecho mismo, por el gravísimo varón P. Servilio, derrotado y aniquilado? Aunque pudiera alcanzar aquella fuerza y gravedad suya, singular y casi divina, no dudo que los dardos que lanzó el enemigo parecen más leves y romos que los que lanzó el colega de su padre.
3
Pero, no obstante, quiero exponer la razón de mi proceder a aquellos que ayer pensaban que, llevado por el dolor y la ira, había avanzado más lejos de lo que la razón meditada de un hombre sabio habría exigido. No hice nada por ira, nada con ánimo impotente, nada que no hubiera sido largamente considerado y meditado mucho antes. Pues yo, padres conscriptos, siempre he profesado ser enemigo de dos hombres que, cuando debían defenderme a mí y a la república, cuando podían salvarla, y cuando eran llamados al deber consular por las insignias mismas de aquel mando y por vuestras súplicas, no solo por vuestra autoridad, primero me abandonaron, luego me traicionaron y, finalmente, me atacaron, y quisieron que, junto con la república, yo fuera oprimido y extinguido por las recompensas de un pacto nefando; ellos, que con su mando y su sangriento y funesto imperio no pudieron evitar que los enemigos infligieran a las ciudades de los aliados, ni pudieron impedir que los enemigos las atacaran, trajeron a todos mis hogares y campos la destrucción, el incendio, el derribo, la despoblación y la devastación, junto con su botín.
4
Con estas furias y antorchas, con estos, digo, prodigios destructivos y casi plagas de este imperio, declaro que he emprendido una guerra inexpiable, y sin embargo, no tanto como mi dolor y el de los míos, sino tanto como el vuestro y el de todos los hombres de bien exigieron. En cuanto a Clodio, mi odio hoy no es mayor que el de aquel día en que supe que, quemado por los fuegos más sagrados, fue enviado con atuendo femenino tras un incesto y desde la casa del pontífice máximo. Entonces, digo, entonces vi y mucho antes preví qué tempestad se estaba levantando, qué borrasca amenazaba a la república. Veía que aquel crimen tan inoportuno, aquella audacia tan inmensa de un joven furioso, noble y herido, no podía ser contenido dentro de los límites de la paz: que aquel mal, si hubiera quedado impune, estallaría algún día para la ruina de la ciudad. Ciertamente, no mucho se añadió a mi odio después.
5
Pues no hizo nada contra mí por odio hacia mí, sino por odio a la severidad, por odio a la dignidad, por odio a la república: no me violó más a mí que al senado, que a los caballeros romanos, que a todos los hombres de bien, que a toda Italia: finalmente, no fue más criminal conmigo que con los mismos dioses inmortales. Pues violó a aquellos con un crimen como nadie antes: conmigo tuvo el mismo ánimo que su familiar Catilina habría tenido si hubiera vencido. Por tanto, nunca pensé que debía ser acusado por mí, no más que aquel tronco del que no sabíamos de qué hombres era, a menos que él mismo dijera ser ligur.¿ Pues a qué perseguir a este, ganado y bestia, corrompido por el pasto y la bellota de mis enemigos? Si él sintiera con qué crimen se ha encadenado, no dudo que sería el más miserable; pero si no lo ve, existe el peligro de que se defienda con la excusa de la estupidez.
6
Se añade además que, ante la expectativa de todos, esa víctima parece estar consagrada y destinada al hombre más fuerte y esclarecido, T. Annio; arrebatarle a él la gloria ya prometida y destinada, cuando yo mismo recuperé mi dignidad y mi seguridad gracias a su labor, es muy injusto. Pues así como aquel P. Escipión me parece nacido para la ruina y el exterminio de Cartago, quien, tras haber sido sitiada, atacada, debilitada y casi capturada por muchos generales, la destruyó solo con una llegada casi fatal, así T. Annius parece haber nacido y haber sido dado a la república casi como un regalo divino para comprimir, extinguir y destruir desde sus cimientos aquella plaga. Solo él supo cómo un ciudadano armado, que con piedras y hierro ahuyentaba a unos y retenía a otros en sus casas, que aterrorizaba a toda la ciudad, a la curia, al foro y a todos los templos con matanzas e incendios, no solo debía ser vencido, sino también encadenado.
7
A este hombre, tan meritorio respecto a mí y a la patria, nunca le arrebataré por mi voluntad a ese reo, especialmente cuyas enemistades él no solo asumió por mi seguridad, sino que también buscó. Pero si incluso ahora, enredado ya en los peligros de todas las leyes, atrapado por el odio de todos los hombres de bien, implicado en la expectativa de un castigo que ya no es lejano, se comporta vacilante e intenta hacerme frente, me resistiré y, con la concesión o incluso la ayuda de Milón, refutaré su intento: como ayer, cuando estando yo de pie me amenazaba en silencio, con solo mi voz toqué el inicio de las leyes y del juicio. Él se sentó: yo callé. Si hubiera fijado el día, como había lanzado la amenaza, habría hecho que se le fijara inmediatamente el tercer día ante el pretor. Y que modere esto y piense: si se contenta con los crímenes que ha cometido, que sepa que ya está consagrado a Milón; si dirige algún dardo contra mí, que sepa que inmediatamente tomaré las armas de los juicios y de las leyes.
8
Y hace poco, padres conscriptos, dio una asamblea que me ha sido referida en su totalidad; escuchad primero el argumento y el sentido general de esa asamblea; cuando os hayáis reído de la desvergüenza del hombre, entonces escucharéis de mí todo lo referente a la asamblea.¡ Clodio ha disertado sobre religiones sagradas y ceremonias, padres conscriptos: Publio, digo, Clodio se ha quejado de que los ritos y las religiones son descuidados, violados y profanados! No es extraño si esto os parece ridículo: incluso su propia asamblea se rió del hombre, quien, como él mismo suele jactarse, está atravesado por doscientos decretos del senado, todos los cuales fueron hechos contra él en defensa de las religiones, y que el hombre que introdujo el estupro en los pulvinares de la Buena Diosa, y que violó aquellos ritos que no es lícito que sean vistos por ojos masculinos ni siquiera por descuido, no solo con la mirada masculina sino con la infamia y el estupro, se queje en una asamblea de que las religiones han sido descuidadas.
9
Por tanto, ahora se espera su próxima asamblea sobre la castidad.¿ Pues qué diferencia hay entre que, expulsado de los altares más sagrados, se queje de los ritos y religiones, o que, saliendo del dormitorio de sus hermanas, defienda el pudor y la castidad? Recitó en la asamblea esta reciente respuesta de los arúspices sobre el estruendo, en la cual, junto con muchas otras cosas, está escrito también aquello que habéis oído: que los lugares sagrados y religiosos son tenidos por profanos; en esa causa dijo que estaba mi casa, consagrada por el religiosísimo sacerdote P. Clodio.
10
Me alegro, respecto a todo este portento, que no sé si es el más grave que se ha anunciado a este orden en muchos años, de que se me ha dado una causa no solo justa sino también necesaria para hablar; pues encontraréis que, a partir de todo este prodigio y respuesta, somos advertidos casi por la voz misma de Júpiter óptimo máximo sobre el crimen y el furor de ese hombre y sobre los peligros máximos que amenazan.
11
Pero primero expiaré la religión de mis edificios, si puedo hacerlo verdaderamente y sin duda alguna; pero si parece quedar el más mínimo escrúpulo, no solo con ánimo paciente sino incluso gustoso, obedeceré a los portentos de los dioses inmortales y a la religión. Pero,¿ qué casa tan grande hay en esta ciudad tan vacía y pura de esa sospecha de religión? Aunque vuestras casas, padres conscriptos, y las de los demás ciudadanos están en su mayor parte libres de religión, sin embargo, mi casa es la única en esta ciudad que ha sido liberada por todos los juicios. Pues te apelo a ti, Léntulo, y a ti, Filipo. A partir de esta respuesta de los arúspices, el senado decretó que debíais informar a este orden sobre los lugares sagrados y religiosos.¿ Podéis informar sobre mi casa, que, como dije, es la única en esta ciudad que ha sido liberada de toda religión por todos los juicios? Cuando el enemigo mismo, en aquella tempestad y noche de la república, cuando había redactado los demás crímenes con aquel estilo impuro de Sex. Clodio y con la boca manchada, no tocó ni con una letra la religión; después, el pueblo romano, que tiene la suma potestad sobre todas las cosas, en los comicios centuriados, con los votos de todas las edades y órdenes, ordenó que tuviera el mismo derecho que había tenido; después vosotros, padres conscriptos, no porque el asunto fuera dudoso, sino para que a esta furia, si permanecía en esta ciudad más tiempo del que deseaba destruir, se le intercediera la voz, decretasteis que se informara al colegio de pontífices sobre la religión de mis edificios.
12
¡ Qué religión tan grande es aquella por la que, en nuestras dudas y en las mayores supersticiones, no seamos liberados por la respuesta y la palabra de un solo P. Servilio o M. Lúculo! Sobre los ritos públicos, sobre los juegos máximos, sobre las ceremonias de los dioses penates y de la madre Vesta, sobre aquel mismo sacrificio que se hace por la seguridad del pueblo romano, que después de la fundación de Roma fue violado por el crimen de este único tutor casto de las religiones, lo que tres pontífices habían establecido, eso siempre ha parecido al pueblo romano, siempre al senado, siempre a los mismos dioses inmortales suficientemente santo, suficientemente augusto, suficientemente religioso. Pero, en verdad, mi casa, P. Léntulo, cónsul y pontífice, P. Servilio, M. Lúculo, Q. Metelo, M'. Glabrión, M. Mesala, L. Léntulo, flamen marcial, P. Galba, Q. Metelo Escipión, C. Fanio, M. Lépido, L. Claudio, rey de los sacrificios, M. Escauro, M. Craso, C. Curión, Sex. César, flamen quirinal, Q. Cornelio, P. Albino, Q. Terencio, pontífices menores, tras conocer la causa, tras haber sido dictada en dos lugares, estando presente una gran concurrencia de los ciudadanos más amplios y sabios, todos con una sola mente la liberaron de toda religión.
13
Niego que jamás, después de establecidos los ritos, cuya antigüedad es la misma que la de la ciudad misma, un colegio tan numeroso haya juzgado sobre asunto alguno, ni siquiera sobre la vida de las vírgenes vestales. Aunque para la investigación de un crimen interesa que estén presentes tantos como sea posible( pues tal es la interpretación de los pontífices, que ellos mismos tienen el poder de los jueces), la explicación de la religión puede ser hecha correctamente incluso por un solo pontífice experto( lo cual es duro e injusto en un juicio capital), sin embargo, encontraréis que más pontífices juzgaron sobre mi casa que jamás sobre las ceremonias de las vírgenes. Al día siguiente, un senado muy numeroso, siendo tú cónsul designado, Léntulo, príncipe de la sentencia, y siendo cónsules P. Léntulo y Q. Metelo, al informar, estableció, estando presentes todos los pontífices que eran de este orden, y habiendo hablado otros que precedían en honores del pueblo romano muchas palabras sobre el juicio del colegio, y estando todos presentes para escribir lo mismo, que mi casa parecía liberada de religión por el juicio de los pontífices.
14
Sobre este lugar sagrado, pues, parecen hablar los arúspices,¿ qué lugar, el único de todos los lugares privados, tiene este derecho especial de que, por los mismos que presiden los ritos, no haya sido juzgado como sagrado? Pero informad, lo cual debéis hacer por decreto del senado. O se os dará el conocimiento a vosotros, que fuisteis los primeros en decir sentencia sobre esta casa y la liberasteis de toda religión, o el senado mismo juzgará, que, con aquel único antístite de los ritos disintiendo, juzgó antes muy numeroso, o— lo que ciertamente sucederá— será remitido a los pontífices, a cuya autoridad, fe y prudencia nuestros antepasados encomendaron los ritos y religiones, tanto privados como públicos.¿ Qué pueden, pues, juzgar ellos sino lo que han juzgado? Hay muchas casas en esta ciudad, padres conscriptos, y no sé si casi todas por el mejor derecho, pero sin embargo por derecho privado, por derecho hereditario, por derecho de autoridad, por derecho de mancipio, por derecho de nexum: niego que haya ninguna otra casa privada con la misma ley que la mejor, pero pública, fortificada por todo derecho especial, tanto humano como divino.
15
La cual primero es edificada por autoridad del senado con dinero público, después fue fortificada y cercada contra la fuerza nefanda de este gladiador por tantos decretos del senado. Primero se dio el encargo a los mismos magistrados el año anterior, para que cuidaran que me fuera lícito edificar sin violencia, a quienes suele encomendarse la república entera en los mayores peligros; después, cuando él hubo traído la devastación a mis sedes con piedras, fuegos y hierro, el senado decretó que aquellos que hubieran hecho eso estaban sujetos a la ley sobre la violencia, que es para aquellos que hubieran atacado a la república entera. Vosotros, al informar,¡ oh, los cónsules más fuertes y mejores después de la memoria de los hombres!, el mismo senado, muy numeroso, decretó que quien hubiera violado mi casa habría actuado contra la república.
16
Niego que existan tantos decretos del senado sobre ninguna obra pública, monumento o templo como sobre mi casa, que el senado pensó que era la única, después de fundada esta ciudad, que debía ser edificada con cargo al erario, liberada por los pontífices, defendida por los magistrados y castigada por los jueces. A P. Valerio se le dio una casa en Velia públicamente por sus máximos beneficios a la república, pero a mí me fue restituida en el Palatino; a él el lugar, pero a mí incluso las paredes y el techo; a él la que él mismo protegía por derecho privado, a mí la que todos los magistrados defendían públicamente. Si yo tuviera estas cosas por mí mismo o por otros, no las pregonaría ante vosotros, para no parecer que me jacto demasiado; pero como me han sido dadas por vosotros, como son intentadas por la lengua de aquel cuya mano, antes de ser derribada, vosotros me devolvisteis a mí y a mis hijos con vuestras propias manos, no hablo de mis hechos, sino de los vuestros, y no temo que esta mi proclamación de vuestros beneficios parezca arrogante en lugar de agradecida.
17
Aunque si, habiendo cumplido tantos trabajos por la seguridad común, me llevara alguna vez a la gloria un cierto dolor de ánimo al refutar las calumnias de hombres malvados,¿ quién no lo perdonaría? Pues vi ayer a cierto hombre murmurando, de quien decían que negaba que yo pudiera ser soportado, porque, cuando fui preguntado por este mismo parricida impurísimo de qué ciudadanía era, respondí que, aprobándolo vosotros y los caballeros romanos, era de aquella que no había podido prescindir de mí. Él, creo, gimió.¿ Qué debía responder, pues? Pregunto al mismo que no puede soportarme.¿ Que soy ciudadano romano? Habría respondido con erudición.¿ O debía haber callado? El asunto habría quedado abandonado.¿ Puede algún hombre, habiendo estado involucrado en grandes asuntos con envidia, responder con suficiente gravedad a las injurias de un enemigo sin su propia alabanza? Pero él mismo no solo responde lo que puede, cuando es provocado, sino que incluso se alegra de ser advertido por sus amigos sobre qué responder.
18
Pero puesto que mi causa está expedita, veamos ahora qué dicen los arúspices. Pues confieso que me he sentido vehementemente conmovido tanto por la magnitud del portento como por la gravedad de la respuesta y por la voz única y constante de los arúspices; y no soy de los que, si a alguien por casualidad le parezco dedicarme al estudio de las letras más que otros que están tan ocupados como yo, me deleito con ellas o uso en absoluto letras que disuaden y apartan nuestros ánimos de la religión. Yo, en verdad, tengo primero como autores y maestros de la religión a nuestros antepasados, cuya sabiduría me parece haber sido tan grande que son suficientemente prudentes quienes, no diré que alcancen su prudencia, sino que puedan percibir cuán grande fue; quienes pensaron que las ceremonias fijas y solemnes debían ser contenidas por el pontificado, las autoridades de los asuntos bien realizados por el augurio, las antiguas predicciones de los hados por los libros de los vates de Apolo, las expiaciones de los portentos por la disciplina de los etruscos; la cual, ciertamente, es tan grande que en nuestra memoria nos predijo no oscuramente, poco antes, primero aquellos funestos principios de la guerra itálica, después el peligro casi extremo de los tiempos de Sila y Cinna, y luego esta reciente conjuración de incendiar la ciudad y destruir el imperio.
19
Después, si tuve algo de ocio, también conocí muchas cosas que hombres doctos y sabios han dicho y dejado escritas sobre el numen de los dioses inmortales; las cuales, aunque veo que fueron escritas divinamente, son de tal modo que parecen haber sido enseñadas por nuestros antepasados a ellos, no aprendidas de ellos. Pues,¿ quién es tan insensato que, al mirar al cielo, no sienta que existen dioses, y que piense que las cosas que se hacen con tanta mente, que apenas nadie puede seguir el orden y la necesidad de las cosas con arte alguno, suceden por azar, o que, al entender que existen dioses, no entienda que por su numen este imperio tan grande ha nacido, crecido y sido retenido? Por mucho que queramos, padres conscriptos, amarnos a nosotros mismos, sin embargo, no hemos superado a todas las gentes y naciones ni por el número de los hispanos, ni por la fuerza de los galos, ni por la astucia de los púnicos, ni por las artes de los griegos, ni finalmente por este mismo sentido doméstico y nativo de esta gente y tierra, los italianos y latinos, sino por la piedad y la religión y por esta única sabiduría: que hemos percibido que todas las cosas son regidas y gobernadas por el numen de los dioses.
20
Por lo cual, para no hablar más de un asunto en absoluto dudoso, aplicad vuestros ánimos y moved vuestras mentes, no solo vuestros oídos, a la voz de los arúspices: que en el campo latiniense se ha escuchado un estruendo con fragor. Dejo a los arúspices, dejo aquella antigua disciplina transmitida por los mismos dioses inmortales, según es la fama de los hombres, a Etruria:¿ acaso no podemos nosotros ser arúspices? Se ha escuchado en el campo cercano y suburbano un estruendo oculto y un horrible fragor de armas.¿ Quién es de aquellos gigantes, de quienes los poetas dicen que trajeron la guerra a los dioses inmortales, tan impío que no confiese que con este movimiento tan nuevo y grande los dioses presagian y anuncian algo grande al pueblo romano? Sobre ese asunto está escrito: que se deben expiaciones a Júpiter, Saturno, Neptuno, Telus, a los dioses celestiales.
21
Escucho a qué dioses violados se debe la expiación, pero pregunto por qué delitos de los hombres. Juegos realizados con menos diligencia y profanados.¿ Qué juegos? Te apelo a ti, Léntulo— tuyos son los sacerdotes, las tensas, los carros, el canto previo, los juegos, las libaciones y los banquetes de los juegos—, y a vosotros, pontífices, a quienes los epulones de Júpiter óptimo máximo traen si algo ha sido omitido o cometido, por cuya sentencia aquellos mismos son renovados e instaurados y celebrados.¿ Qué juegos han sido realizados con menos diligencia, cuándo o por qué crimen han sido profanados? Responderás tanto por ti como por tus colegas, incluso por el colegio de pontífices, que nada ha sido despreciado por negligencia de nadie ni profanado por crimen: que todas las solemnidades y justicias de los juegos han sido observadas con la mayor ceremonia, observando todas las cosas.
22
Entonces,¿ qué juegos dicen los arúspices que han sido realizados con menos diligencia y profanados? Aquellos de los que los mismos dioses inmortales y aquella madre Idea quisieron que tú— tú, Cn. Léntulo, de cuyas manos de antepasados habían sido recibidos— fueras espectador. Pues si tú no hubieras querido ver las Megalesias aquel día, no sé si nos sería lícito vivir y quejarnos ya de estos asuntos. Pues una fuerza innumerable de esclavos, incitada, recogida de todos los barrios, fue enviada por este edil religioso de repente desde los burdeles y todas las puertas hacia la escena, tras una señal dada, e irrumpió. Tuya fue entonces, tuya, Cn. Léntulo, la misma virtud que hubo antaño en tu antepasado privado; a ti, tu nombre, tu mando, tu voz, tu aspecto, tu ímpetu, seguían el senado en pie, los caballeros romanos y todos los hombres de bien, cuando él había entregado al senado y al pueblo romano, encadenados por el mismo asiento y constreñidos por los espectáculos e impedidos por la multitud y la estrechez, a la multitud de esclavos que se burlaban.
23
Si un actor se detuvo, o un flautista calló de repente, o si aquel niño, hijo de padres vivos, no sostuvo la tensa, si omitió la rienda, o si el edil se equivocó en una palabra o en un simpuvio, los juegos no se hicieron ritualmente, y esos errores se expían, y las mentes de los dioses inmortales se aplacan con la instauración de los juegos: si los juegos fueron trasladados de la alegría al miedo, si no fueron interrumpidos sino perecieron y fueron suprimidos, si para la ciudad entera, por el crimen de aquel que quiso convertir los juegos en luto, aquellos días resultaron casi funestos en lugar de festivos,¿ dudaremos qué juegos anuncia aquel estruendo que han sido profanados?
24
Y si queremos recordar lo que se nos ha transmitido sobre cada dios, a esta madre grande, cuyos juegos fueron violados, profanados, convertidos casi en matanza y funeral de la ciudad, a esta, digo, hemos aceptado que recorre los campos y bosques con un cierto estruendo y fragor. Esta, pues, os ha mostrado a vosotros, esta ha mostrado al pueblo romano tanto los indicios de los crímenes como las señales de los peligros. Pues,¿ qué hablaré de aquellos juegos que nuestros antepasados quisieron que se hicieran y celebraran en el Palatino ante el templo, a la vista misma de la Madre Grande, en las Megalesias? Que son, por costumbre e instituciones, sumamente castos, solemnes, religiosos; en los cuales juegos, por primera vez ante el asiento del pueblo, P. Africano, aquel mayor, cónsul por segunda vez, dio lugar al senado,¡ para que esta impureza impura profanara esos juegos! Si algún libre se había acercado a ellos por verlos o incluso por causa de religión, se le ponían las manos encima, a los cuales ninguna matrona se acercó debido a la fuerza y al asiento de los esclavos. Así, aquellos juegos, cuya religión es tan grande que, traída desde las tierras más lejanas, se estableció en esta ciudad, que son los únicos juegos que ni siquiera se llaman latinos con una palabra, para que por el nombre mismo se declare tanto la religión externa buscada como la asumida en nombre de la Madre Grande— estos juegos los hicieron esclavos, los vieron esclavos, finalmente, todas estas Megalesias fueron de esclavos bajo este edil.
25
¡ Oh, dioses inmortales!¿ Cómo podríais hablar más con nosotros si estuvierais con nosotros? Habéis significado y decís claramente que los juegos han sido profanados.¿ Qué puede decirse que esté más mancillado, deformado, pervertido, conturbado que toda la servidumbre, liberada por permiso del magistrado, enviada a la otra escena, puesta al frente de la otra, para que un asiento fuera expuesto al poder de los esclavos y el otro fuera todo de esclavos? Si un enjambre de abejas hubiera venido a la escena o a la grada en los juegos, pensaríamos que los arúspices debían ser llamados desde Etruria:¿ vemos todos de repente enjambres tan grandes de esclavos enviados contra el pueblo romano cercado e incluido, y no nos conmovemos? Y quizás en un enjambre de abejas los arúspices, según los escritos de los etruscos, nos advertirían que nos cuidáramos de la servidumbre.
26
Lo que, pues, deberíamos evitar si fuera significado por algún monstruo disyunto y diverso, cuando es el monstruo mismo, y cuando en él mismo está el peligro del que se presagia el peligro,¿ no lo temeremos?¿ De tal modo hizo las Megalesias tu padre, de tal modo tu tío?¿ Él me hace mención incluso de su linaje, cuando prefirió hacer juegos con el ejemplo de Atenión o Espartaco que de C. o Apio Claudios? Ellos, cuando hacían juegos, ordenaban a los esclavos salir de la grada: tú enviaste esclavos a la otra, expulsaste a los libres de la otra. Por tanto, los que antes eran separados de los libres por la voz del pregonero, en tus juegos separaban a los libres de sí, no por la voz, sino por la mano.¿ Ni siquiera esto te venía a la mente, sacerdote sibilino, que nuestros antepasados buscaron estos ritos de vuestros libros? Si aquellos son vuestros, los cuales tú buscas con mente impía, tocas con ojos violados de la ley, tocas con manos contaminadas.
27
Con esta vate persuadiendo antaño, cansada Italia por la guerra púnica y hostigada por Aníbal, nuestros antepasados colocaron en Roma aquellos ritos aceptados de Frigia; los cuales recibió aquel varón que fue juzgado el mejor del pueblo romano, P. Escipión, y una mujer que era considerada la más casta de las matronas, Q. Claudia, cuya antigua severidad del sacrificio se considera que tu hermana imitó maravillosamente.¿ Nada te movió, pues, ni tus antepasados unidos con estas religiones, ni el sacerdocio mismo, por el cual toda esta religión está establecida, ni la edilidad curul, que suele proteger esta religión sobremanera, para que no profanaras con toda infamia, mancharas con deshonor y obligaras con crimen los juegos más castos?
28
Pero,¿ por qué admiro eso? Tú, que tras recibir dinero has devastado el mismo Pesinunte, sede y domicilio de la Madre de los dioses, y has vendido todo aquel lugar y templo a Brogitaro el galogriego, hombre impuro y nefando, cuyos legados, siendo tú tribuno, solían dividir monedas en el templo de Cástor con tus obras, has arrastrado al sacerdote de los mismos altares y pulvinares, has pervertido todas aquellas cosas que la antigüedad, que los persas, que los sirios, que todos los reyes que tuvieron Europa y Asia siempre honraron con la mayor religión; cosas que, finalmente, nuestros antepasados consideraron tan santas que, aunque teníamos la ciudad e Italia llenas de templos, sin embargo nuestros generales, en las guerras más grandes y peligrosas, hacían votos a esta diosa, y los cumplían en el mismo Pesinunte, ante aquella misma ara principal y en aquel lugar y templo.
29
Lo cual, cuando Deyótaro lo protegía castísimamente con su religión, a quien tenemos como el único en el orbe de la tierra más fiel a este imperio y más amante de nuestro nombre, lo entregaste a Brogitaro, como dije antes, vendido por dinero. Y, sin embargo, a este Deyótaro, a menudo considerado digno del nombre real por el senado, adornado con testimonios de los más esclarecidos generales, tú ordenas que sea llamado rey junto con Brogitaro. Pero uno es rey por juicio del senado a través de nosotros, Brogitaro llamado por dinero a través de ti; consideraré rey al otro, si tuviera de dónde pagarte lo que le prestaste por escrito. Pues, aunque hay muchas cosas reales en Deyótaro, sobre todo aquella: que no te dio ninguna moneda, que no repudió aquella parte de tu ley que concordaba con el juicio del senado, para que él mismo fuera rey, que recuperó Pesinunte violado por ti mediante el crimen y despojado de sacerdote y ritos, para conservarlo en la religión antigua, que no permite que las ceremonias aceptadas desde toda antigüedad sean profanadas por Brogitaro, y prefiere que su yerno carezca de tu regalo a que aquel templo carezca de la antigüedad de la religión. Pero para volver a estas respuestas de los arúspices, de las cuales la primera es sobre los juegos,¿ quién es el que no confiese que todo eso fue predicho y respondido sobre los juegos de ese hombre?
30
Sigue sobre los lugares sagrados, religiosos.¡ Oh, desvergüenza maravillosa!¿ Te atreves a hablar de mi casa? Entrega la tuya ya sea a los cónsules, al senado o al colegio de pontífices. Y la mía, ciertamente, ha sido liberada por estos tres juicios, como dije antes; pero en aquellos edificios que tú tienes, tras haber matado tú mismo muy abiertamente a Q. Seio, caballero romano, varón óptimo, digo que hubo un santuario y aras. Lo confirmaré y enseñaré con las tablas censorias y la memoria de muchos: con tal de que se trate este asunto, lo cual, por aquel decreto del senado que se hizo hace poco, es necesario informar a vosotros, tengo lo que quiera decir sobre los lugares religiosos.
31
Cuando haya hablado de tu casa, en la cual, sin embargo, está edificado un santuario de tal modo que otro lo hizo, y a ti solo te corresponde demolerlo, entonces veré si me es necesario decir algo también sobre otros. Pues algunos piensan que me corresponde abrir el magmentario de la tierra. Dicen que hace poco estuvo abierto, y yo lo recuerdo. Ahora dicen que la parte más santa y sede de la mayor religión está contenida en un vestíbulo privado. Muchas cosas me mueven: que el templo de la tierra está bajo mi cuidado, que aquel que levantó aquel magmentario decía que, liberada mi casa por juicio de los pontífices, se había juzgado a favor de su hermano; me mueve también, en esta carestía de grano, esterilidad de los campos e inopia de frutos, la religión de la tierra, y tanto más cuanto que por el mismo portento se dice que se debe una expiación a la tierra.
32
Quizás hablamos de cosas antiguas; aunque si esto está menos escrito por derecho civil, sin embargo, por ley de la naturaleza, por derecho común de las gentes, es santo que los mortales no puedan adquirir nada de los dioses inmortales por uso. Pero, sin embargo, descuidamos las cosas antiguas:¿ descuidaremos también las que se hacen mientras más, las que vemos?¿ Quién no sabe que L. Pisón, en estos mismos tiempos, levantó el mayor y más santo santuario de Diana en el Caelículo? Están presentes los vecinos de aquel lugar; hay muchos también en este orden que han hecho sacrificios gentilicios en aquel mismo santuario, en lugar fijo y anual.¿ Y preguntamos qué lugares desean los dioses inmortales, qué significan, de qué hablan?¿ No sabemos que por Sex. Serrano los santuarios más santos han sido socavados, edificados, oprimidos, finalmente mancillados con la mayor torpeza?
33
¿ Tú pudiste hacer mi casa religiosa?¿ Con qué mente? Con la que habías perdido.¿ Con qué mano? Con la que habías destruido.¿ Con qué voz? Con la que habías ordenado incendiar.¿ Con qué ley? Con la que ni siquiera en aquella impunidad tuya habías escrito.¿ Con qué pulvinar? Con el que habías estuprado.¿ Con qué simulacro? Con el que, arrebatado del sepulcro de una meretriz, habías colocado en el monumento de un general.¿ Qué tiene mi casa de religioso sino que toca la pared de un impuro y sacrílego? Por tanto, para que nadie de los míos pueda mirar por descuido tu casa y verte haciendo esos ritos tuyos, levantaré más el techo, no para que yo te desprecie, sino para que tú no mires la ciudad que quisiste destruir.
34
Pero veamos ya el resto de las respuestas de los arúspices.« Oradores asesinados contra el derecho y la ley divina».¿ Qué es esto? Veo que se trata de los alejandrinos; lo cual no refuto. Pues opino que el derecho de los embajadores, además de estar protegido por la salvaguarda de los hombres, está también vallado por el derecho divino. Pero pregunto a aquel que, siendo tribuno, soltó de la cárcel al foro a todos los delatores, bajo cuyo arbitrio se manejan ahora todos los puñales y todos los venenos, que hizo contratos con Hermarco de Quíos:¿ sabe acaso que Teodosio, el adversario más encarnizado de Hermarco, enviado como embajador al senado por una ciudad libre, fue asesinado con un puñal? Sé con certeza que esto no pareció menos indigno a los dioses inmortales que lo de los alejandrinos.
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Y no atribuyo ahora todo a ti solo. Mayor esperanza de salvación habría si, aparte de ti, nadie fuera impuro; hay más; esto hace que tú mismo confíes más en ti y que nosotros, casi con razón, desconfiemos.¿ Quién ignora que Plátor de Orestide, que es una parte libre de Macedonia, hombre ilustre y noble en aquellos lugares, vino como embajador a Tesalónica ante nuestro, como él mismo se llamó, imperator? A quien él, por dinero que no pudo extorsionarle, arrojó a las cadenas e introdujo a su propio médico para que, de la manera más infame y cruel, cortara las venas a un embajador, aliado, amigo y libre. No quiso que sus hachas se mancharan de sangre por un crimen: pero contaminó el nombre del pueblo romano con tal crimen que no puede ser expiado por nada, salvo por su propio suplicio.¿ Qué clase de verdugos pensamos que tiene este, que utiliza incluso a sus médicos no para la salud, sino para la muerte?
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Pero leamos lo que sigue.« Fe y juramento descuidados». Qué sea esto por sí mismo no lo interpreto fácilmente, pero por lo que sigue sospecho que se dice sobre el manifiesto perjurio de tus jueces, a quienes hace tiempo se les habrían arrebatado las monedas si no hubieran solicitado protección al senado. La razón por la que sospecho que se dice de ellos es esta: porque establezco que ese perjurio es el más ilustre y notable en esta ciudad, y que, sin embargo, tú mismo no eres llamado al crimen de perjurio por aquellos con quienes te conjuraste.
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Y veo que en la respuesta de los arúspices se añade esto:« Sacrificios antiguos y ocultos realizados con menos diligencia y profanados».¿ Dicen esto los arúspices o los dioses patrios y penates? Pues hay muchos, creo, sobre quienes puede caer la sospecha de este maleficio.¿ Quién, aparte de este único?¿ Se dice oscuramente qué sacrificios han sido profanados?¿ Qué puede decirse más claramente, más religiosamente, más gravemente?« Antiguos y ocultos». Niego que Léntulo, orador grave y elocuente, haya usado más a menudo, cuando te acusaba, ninguna palabra que estas que ahora se dicen sobre ti, traducidas e interpretadas de los libros etruscos. Pues,¿ qué sacrificio es tan antiguo como este que recibimos de los reyes, contemporáneo de esta ciudad?¿ Y qué es tan oculto como aquel que no solo excluye los ojos curiosos, sino también a los errantes, donde no solo no puede entrar la maldad, sino ni siquiera la imprudencia? Sacrificio que, ciertamente, nadie violó en toda la memoria antes de P. Clodio, nadie se acercó jamás, nadie descuidó, nadie, siendo hombre, no se horrorizó de mirar; el cual se realiza por las vírgenes vestales, se realiza por el pueblo romano, se realiza en esa casa que está en el imperio, se realiza con increíble ceremonia, se realiza a esa diosa cuyo nombre ni siquiera es lícito que los hombres conozcan, a la cual este llama buena por eso, porque le perdonó en tan gran crimen suyo. No perdonó, créeme, no: a menos que pienses que te es desconocido que los jueces te dejaron libre, sacudido y agotado, absuelto por su juicio, condenado por todos, o que no perdiste los ojos, como es la opinión de esa religión.
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Pues,¿ quién antes que tú, siendo hombre, había visto esos sacrificios a sabiendas, para que alguien pudiera conocer el castigo que seguiría a tal crimen?¿ O acaso te perjudicó más la ceguera de la luz que la de la lujuria? Ni siquiera sientes eso, que aquellos ojos cerrados de tu bisabuelo hubieran sido más deseables que estos ardientes de tu hermana. A ti, en verdad, si prestas atención diligentemente, comprenderás que faltan hasta ahora los castigos de los hombres, no los de los dioses. Los hombres te defendieron en el asunto más infame, los hombres elogiaron al más vergonzoso y culpable, los hombres te liberaron en el juicio casi confesando, a los hombres no les causó dolor la injuria de tu estupro infligida a ellos mismos, los hombres te dieron armas, unos contra mí, otros después contra aquel ciudadano invicto; concedo absolutamente que ya no debes buscar beneficios de los hombres:
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De los dioses inmortales,¿ qué mayor castigo puede haber para un hombre que el furor y la demencia? A menos que pienses que aquellos que ves en las tragedias ser atormentados y consumidos por la herida y el dolor del cuerpo sufren iras de los dioses inmortales más graves que aquellos que son inducidos como furiosos. No son aquellos lamentos y gemidos de Filoctetes tan miserables, aunque son amargos, como aquella exaltación de Atamante y como la senectud de los matricidas. Tú, cuando lanzas voces furiosas en las asambleas, cuando derribas las casas de los ciudadanos, cuando expulsas a los mejores hombres del foro con piedras, cuando lanzas antorchas ardientes a los techos de los vecinos, cuando incendias templos sagrados, cuando incitas a los esclavos, cuando perturbas los sacrificios y los juegos, cuando no distingues a tu esposa de tu hermana, cuando no sientes qué lecho ocupas, entonces bacanteas, entonces enfureces, entonces das esos castigos que son los únicos establecidos por los dioses inmortales para el crimen de los hombres. Pues la debilidad de nuestro cuerpo sufre muchos casos por sí misma, en fin, el cuerpo mismo a menudo se consume por la causa más leve: los dardos de los dioses se clavan en las mentes de los impíos. Por lo cual eres más miserable cuando eres arrastrado a todo fraude con los ojos que si no tuvieras ojos en absoluto.
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Pero puesto que sobre todo lo que los arúspices dicen que se ha cometido es suficiente lo dicho, veamos qué dicen los mismos arúspices que se nos advierte por parte de los dioses inmortales.« Advierten que no se creen matanzas y peligros por la discordia y disensión de los optimates ante los padres y los jefes, y que no se vean privados del auxilio del numen divino, por lo cual se vuelva a un solo imperio de dinero y se añada el rechazo y la disminución de los ejércitos». Todas estas son palabras de los arúspices: no añado nada de mi parte.¿ Quién, pues, trama la discordia de los optimates? Ese mismo, y no por ninguna fuerza de su ingenio o consejo, sino por cierto error nuestro; el cual, ciertamente, él, porque no era oscuro, percibió fácilmente. Pues la república es afligida aún más vergonzosamente por esto, porque ni siquiera es hostigada por él de tal manera que, como un hombre fuerte en la batalla, parezca caer honestamente tras haber recibido heridas frontales de un adversario fuerte.
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Ti. Graco convulsionó el estado de la ciudad,¡ con qué gravedad de hombre, con qué elocuencia, con qué dignidad! De modo que nada se había desviado de la virtud sobresaliente y notable de su padre y de su abuelo Africano, salvo que se había apartado del senado. Le siguió C. Graco,¡ con qué ingenio, con qué elocuencia, con qué fuerza, con qué gravedad de dicción! De modo que los buenos lamentaban que aquellos tan grandes ornamentos no se hubieran convertido a una mejor mente y voluntad. El mismo Saturnino fue tan desenfrenado y casi demente que era un actor egregio y perfecto para excitar e inflamar los ánimos de los ignorantes. Pues,¿ qué diré de Sulpicio? Cuya gravedad al hablar, cuya amenidad, cuya brevedad fue tal que podía lograr, hablando, que incluso los prudentes erraran o que los buenos sintieran menos bien. Luchar con estos y combatir diariamente por la salvación de la patria era, en general, molesto para aquellos que entonces gobernaban la república; pero esa molestia tenía, sin embargo, cierta dignidad.
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Este, en cambio, de quien yo mismo hablo ahora tanto,¡ por los dioses inmortales!¿ Qué es, qué vale, qué aporta, para que una ciudad tan grande, si cae—¡ que los dioses ahoguen ese presagio!—, parezca sin embargo haber sido acabada por un hombre? Quien, tras la muerte de su padre, dedicó aquella primera edad suya a las lujurias de los ricos bufones, cuya intemperancia saciada se revolcó en los estupros domésticos de hermandad; después, ya robusto, se dedicó a la provincia y a la milicia, y allí, habiendo soportado las afrentas de los piratas, sació también las lujurias de los bárbaros; después, habiendo solicitado al ejército de L. Lúculo mediante un crimen nefando, huyó de allí, y a su reciente llegada a Roma, con sus parientes, llegó a un acuerdo para no ser acusado, recibió dinero de Catilina para prevaricar de la manera más vergonzosa. De allí se trasladó con Murena a la Galia, en cuya provincia redactó testamentos de muertos, mató a pupilos, fraguó pactos y sociedades nefarias de crímenes con muchos; de donde, al regresar, aquel lucro tan fecundo y rico del campo lo redujo todo a sí de tal manera que, siendo un hombre popular, defraudó impropísimamente al pueblo, y el mismo hombre clemente sacrificaba a los divisores de todas las tribus en su propia casa con una muerte cruel.
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Surgió esa cuestura funesta para la república, para los sacrificios, para las religiones, para vuestra autoridad, para los juicios públicos, en la cual ese mismo violó a dioses y hombres, el pudor, la pudicia, la autoridad del senado, el derecho, la ley divina, las leyes, los juicios. Y este paso—¡ oh, tiempos miserables y nuestras estúpidas discordias!—, este fue para P. Clodio el primer paso hacia la república y el acceso a la ostentación popular y el ascenso. Pues a Ti. Graco, la envidia del tratado de Numancia, en cuya firma, siendo cuestor del cónsul C. Mancino, había participado, y la severidad del senado al desaprobar ese tratado, le fueron motivo de dolor y temor, y esa cosa obligó a aquel hombre fuerte y ilustre a apartarse de la gravedad de los padres; a C. Graco, en cambio, la muerte fraterna, la piedad, el dolor, la grandeza de ánimo le excitaron a buscar castigos por la sangre doméstica; a Saturnino, sabemos que, por el dolor de que el senado lo apartara de su administración frumentaria siendo cuestor durante la carestía de grano y pusiera a M. Escauro al frente de ese asunto, se hizo popular; a Sulpicio, el aura popular lo llevó más lejos de lo que quería, partiendo de una causa óptima y resistiendo a Cayo Julio que buscaba el consulado contra las leyes.
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Hubo en todos estos, aunque no justa— pues ninguna causa puede ser justa para alguien que merece mal de la república—, una causa grave y unida a cierto dolor de ánimo viril: P. Clodio se hizo popular de repente por el azafrán, por la mitra, por las sandalias femeninas y las cintas púrpuras, por el estrofio, por el salterio, por el flagicio, por el estupro. Si las mujeres no lo hubieran sorprendido así adornado, si no hubiera sido liberado por beneficio de las esclavas de aquel lugar al que no le era lícito acercarse, el pueblo romano carecería de un hombre popular, la república carecería de tal ciudadano. Por esta demencia, en nuestras discordias, de las cuales somos advertidos por los dioses inmortales por estos mismos prodigios recientes, fue arrebatado uno de los patricios a quien no le era lícito ser tribuno de la plebe.
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Lo que el año anterior el hermano Metelo y el senado, incluso entonces concorde, siendo Cn. Pompeyo príncipe del senado quien daba su opinión, había excluido y se había resistido con una sola voz y mente, eso, tras la división de los optimates, de la cual somos advertidos ahora, fue tan perturbado y cambiado que lo que el hermano cónsul había obstaculizado para que no sucediera, lo que el afín y sodal, hombre ilustrísimo, que no lo había elogiado siendo reo, había excluido, eso lo lograra ese cónsul en las discordias de los jefes, quien debía haber sido su único enemigo, diciendo que lo había hecho bajo la autoridad de aquel cuya autoridad nadie podría arrepentirse. Se lanzó una antorcha fétida y luctuosa a la república; se atacó vuestra autoridad, la gravedad de los órdenes más amplios, el consenso de todos los buenos, en fin, todo el estado de la ciudad. Pues esto es lo que ciertamente se atacaba, cuando aquella llama de aquellos tiempos era lanzada contra mí, el conocedor de todas estas cosas. Lo soporté y ardí solo por la patria, de tal manera, sin embargo, que vosotros, rodeados por los mismos fuegos, me vierais a mí, el primero golpeado por vosotros, humeante.
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No se calmaban las discordias, sino que incluso crecía el odio hacia aquellos de quienes pensaba que éramos defendidos. He aquí que, con los mismos autores, siendo Pompeyo el príncipe, quien excitó a Italia, que os reclamaba, al pueblo romano que me deseaba, no solo con su autoridad, sino también con sus ruegos para mi salvación, fuimos restituidos. Que haya fin a las discordias alguna vez, descansemos de las largas disensiones. No lo permite esa misma lacra; tiene tales asambleas, mezcla y turba de tal manera que unas veces se vende a estos, otras a aquellos, y sin embargo no de tal manera que alguien, si es elogiado por él, se crea más elogiado, sino que se alegren de que aquellos a quienes no aman sean vituperados por el mismo. Y yo no me maravillo de este— pues,¿ qué otra cosa podría hacer?—: me maravillo de aquellos hombres sapientísimos y gravísimos, primero porque permiten fácilmente que cualquier hombre ilustre y que a menudo ha merecido muy bien de la república sea violado por la voz de un hombre impurísimo, después si estiman que por las maldiciones de un hombre perdido y profligado puede ser violada la gloria y dignidad de alguien, lo cual no les conviene en absoluto, finalmente porque no sienten, lo cual sin embargo me parece que ya sospechan, que los impulsos furiosos y volátiles de aquel pueden ser convertidos contra ellos mismos.
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Y de esta excesiva alienación de algunos de algunos se adhieren esos dardos en la república que, mientras se adherían solo a mí, los soportaba gravemente, ciertamente, pero algo más levemente.¿ Acaso este, si no se hubiera entregado primero a aquellos cuyos ánimos pensaba que estaban separados de vuestra autoridad, si el preclaro autor no los ensalzara hasta el cielo con sus elogios, si no amenazara con que el ejército de C. César— en lo cual engañaba, pero nadie lo refutaba—, si no amenazara, digo, con que ese ejército entraría en la curia con banderas hostiles, si no gritara que hacía lo que hacía con Cn. Pompeyo como ayudante y M. Craso como autor, si no confirmara que los cónsules habían unido su causa con él, en lo cual era el único punto en que no mentía,¿ podría haber sido un vexador tan cruel de mí, tan criminal de la república?
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El mismo, después de que vio que vosotros respirabais del miedo a la matanza, que vuestra autoridad emergía de aquellas olas de servidumbre, que revivía la memoria y el deseo de mí, comenzó de repente a venderse a vosotros de la manera más falaz; entonces decía, tanto aquí como en las asambleas, que las leyes Julias fueron promulgadas contra los auspicios, en cuyas leyes estaba aquella ley curiada que contenía todo su tribunado, la cual, ciego por la demencia, no veía. Producía al hombre más fuerte, M. Bíbulo; le preguntaba si, cuando C. César promulgaba las leyes, siempre había observado el cielo; él decía que siempre lo había observado. Interrogaba a los augures si lo que había sido promulgado así había sido promulgado rectamente; ellos decían que había sido promulgado con vicio. Algunos hombres buenos, que merecieron muy bien de mí, pero ignorantes, según creo, de su furor, lo llevaban en sus ojos. Avanzó más lejos; comenzó a arremeter contra el mismo Cn. Pompeyo, autor, como solía proclamar, de sus consejos; ganaba el favor de algunos.
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Entonces, en verdad, se elevó con la esperanza de que, puesto que había manchado con un crimen nefando al extintor de la guerra doméstica vestido con la toga, podía afligir también a aquel, al vencedor de las guerras externas y de los enemigos; entonces fue descubierto en el templo de Cástor aquel puñal criminal y casi destructor de este imperio; entonces aquel a quien ninguna ciudad de enemigos estuvo cerrada por más tiempo, que siempre rompió con fuerza y virtud todas las estrecheces, todas las alturas de las murallas interpuestas, fue sitiado él mismo en su casa y me liberó, con su consejo y hecho, de no poca vituperación de los ignorantes por mi timidez. Pues si para Cn. Pompeyo, el hombre más fuerte de todos los que han nacido, fue más miserable que vergonzoso, mientras fue tribuno de la plebe, no ver la luz, carecer de lo público, soportar sus amenazas, cuando decía en las asambleas que quería construir en Carinas otro pórtico que respondiera al Palatino, ciertamente para mí salir de mi casa fue luctuoso para el dolor privado, pero glorioso para la razón de la república.
50
Veis, pues, que el hombre, afligido y yacente por sí mismo desde hace mucho tiempo, es excitado por las perniciosas discordias de los optimates, cuyos inicios de furor fueron sustentados por las disensiones de aquellos que entonces parecían estar separados de vosotros. El resto de su tribunado, que se precipitaba, lo defendieron incluso después del tribunado sus detractores y adversarios; se resistieron a que la peste de la república fuera eliminada de la república, incluso a que dijera su causa, incluso a que fuera privado.¿ Acaso pudieron algunos hombres excelentes tener en su seno y en sus delicias a esa víbora venenosa y pestífera?¿ Engañados por qué regalo, finalmente?« Quiero», dicen,« que haya quien en la asamblea detraiga de Pompeyo».¿ Que detraiga él vituperando? Quisiera que el hombre supremo y que mereció muy bien de mi salvación reciba esto como es dicho por mí; diré ciertamente lo que siento. A mí, por los dioses, me parecía que entonces detraía de su amplísima dignidad cuando lo ensalzaba con los mayores elogios.
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¿ Acaso C. Mario era más espléndido cuando C. Glaucia lo elogiaba, o cuando, enfadado, lo vituperaba después?¿ O aquel demente y desde hace mucho tiempo precipitado al castigo y la ruina fue más fétido o más manchado al acusar a Cn. Pompeyo que al vituperar a todo el senado? Lo cual, ciertamente, me maravilla, cuando lo primero es grato a los enfadados, y lo segundo no es amargo para tan buenos ciudadanos. Pero para que esto no deleite a los hombres excelentes por más tiempo, que lean esta asamblea suya de la que hablo; en la cual adorna a Pompeyo—¿ o más bien lo deforma?—. Ciertamente lo elogia, y dice que es el único en esta ciudad digno de la gloria de este imperio, y significa que le es muy amigo y que se ha hecho una reconciliación de la gracia.
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Lo cual, aunque no sé qué sea, sin embargo establezco esto: que este, si fuera amigo de Pompeyo, no lo habría elogiado. Pues,¿ qué más podría haber hecho para disminuir su alabanza si le fuera enemiguísimo? Vean aquellos que se alegraban de que fuera enemigo de Pompeyo, y por esa causa consentían en tantos y tan grandes crímenes, y a veces incluso acompañaban sus furores indómitos y desenfrenados con su aplauso, cuán rápido se ha invertido. Pues ahora ya lo elogia: arremete contra aquellos a quienes antes se vendía.¿ Qué pensáis que hará, si se le abre el camino de la gracia, quien tan libremente se infiltra en la opinión de la gracia?
53
¿ Qué otras discordias de los optimates podría pensar que son definidas por los dioses inmortales? Pues con esta palabra no se designa ni a P. Clodio ni a nadie de sus gregarios o de sus consejeros. Los libros etruscos tienen nombres ciertos que pueden caer en ese tipo de ciudadanos:« deteriores»,« repulsos», como ya oiréis, llaman a estos cuyas mentes y asuntos están perdidos y lejos de la salud común. Por lo cual, cuando los dioses inmortales advierten sobre la discordia de los optimates, predicen sobre la disensión de los ciudadanos más ilustres y que mejor han merecido; cuando presagian peligro y matanza a los jefes, colocan a salvo a Clodio, que está tan lejos de los jefes como de los puros, como de los religiosos.
54
A vosotros, oh ciudadanos queridísimos y óptimos, se os ve que debéis consultar y prever vuestra salvación. Se muestra la matanza de los jefes; se añade lo que es necesario que siga a la ruina de los optimates; se nos advierte que el asunto no recaiga en el imperio de uno solo. A cuyo miedo, si no fuéramos guiados por las advertencias de los dioses, sin embargo seríamos arrastrados por nuestro propio sentido y conjetura; pues no suele haber otro resultado de las discordias entre hombres ilustres y poderosos que o la ruina universal o el dominio y reino del vencedor. Disintió con Mario, ciudadano ilustrísimo, el cónsul nobilísimo y fortísimo, L. Sila; cada uno de estos cayó vencido de tal manera que el vencedor reinó. Disintió con Octavio, colega, Cinna; a ambos les otorgó el reino la fortuna favorable, y la muerte la adversa. El mismo Sila venció de nuevo; entonces, sin duda, tuvo poder real, aunque había recuperado la república.
55
Hay en este tiempo un odio nada oscuro, y ese insertado profundamente y quemado en los ánimos de los hombres más amplios; disienten los jefes; se busca la ocasión. Los que no valen tanto por sus recursos, sin embargo, esperan no sé qué fortuna y tiempo: los que sin controversia pueden más, ellos quizás a veces temen los consejos y sentencias de sus enemigos. Que se elimine esta discordia de la ciudad: ya todos esos miedos que se presagian se extinguirán, ya esa serpiente, que unas veces se esconde aquí, otras emerge y se dirige allí, comprimida y golpeada morirá. Advierten, en efecto, los mismos que no se dañe la república con consejos ocultos.¿ Qué hay más oculto que el de aquel que en la asamblea se atrevió a decir que debía declararse iustitium, interrumpirse la jurisdicción, cerrarse el erario, eliminarse los juicios? A menos que penséis que esta tan gran confluencia y tan gran destrucción de la ciudad pudo venirle a la mente de repente mientras pensaba en la tribuna. Está, ciertamente, lleno de vino, estupro, sueño, y lleno de la temeridad más inconsiderada y demente; pero, sin embargo, en las vigilias nocturnas, incluso en la coición de hombres, ese iustitium fue cocinado y meditado. Recordad, padres conscriptos, que con esa palabra nefaria fueron tentados nuestros oídos y que el camino pernicioso fue fortificado por la costumbre de escuchar.
56
Sigue aquello, que no se aumente el honor a los« deteriores» y« repulsos». Veamos a los repulsos, pues quiénes sean los deteriores, lo enseñaré después. Pero, sin embargo, debe concederse que esta palabra cae mayormente sobre aquel que es, sin duda alguna, el peor de todos los mortales.¿ Quiénes son, pues, los repulsos? No, según creo, aquellos que alguna vez no alcanzaron el honor por vicio de la ciudad, no por el suyo; pues eso, ciertamente, les sucede a menudo a muchos ciudadanos óptimos y hombres honestísimos. Repulsos son aquellos a quienes, progresando hacia todo, preparando juegos gladiatorios contra las leyes, repartiendo dinero abiertísimamente no solo de otros sino también suyo, los vecinos, los tribules, los urbanos, los rústicos rechazaron: advierten que estos no sean aumentados con honor. Debe ser grato lo que predicen, pero, sin embargo, el pueblo romano mismo, sin ninguna advertencia de los arúspices, previó este mal por su propia voluntad.
57
Cuidado con los deteriores; de los cuales, ciertamente, hay una gran nación, pero, sin embargo, de todos ellos este es el guía y príncipe; pues si algún poeta de ingenio sobresaliente quisiera inducir a un solo hombre, el peor, deformado por vicios fingidos y buscados, ciertamente no podría encontrar ninguna deshonra que no estuviera en este, y pasaría por alto muchas que están profundamente fijadas y adheridas en él. La naturaleza nos concilia primero con los padres, con los dioses inmortales y con la patria; pues al mismo tiempo somos recibidos en la luz y somos aumentados por este espíritu celestial y somos inscritos en una sede cierta de ciudad y libertad. Este, el nombre, los sacrificios, la memoria, la estirpe de los padres, los abrumó con el nombre Fonteiano; los fuegos de los dioses, los tronos, las mesas, los hogares escondidos y penetrales, los sacrificios ocultos y no solo no vistos por los hombres, sino incluso inauditos, los pervirtió con un crimen inexpiable, y el mismo incendió el templo de aquellas diosas con cuya ayuda se socorre incluso a otros incendios.
58
¿ Qué diré de la patria? Quien primero expulsó de la ciudad con fuerza, hierro, peligros, con todas las salvaguardas de la patria, a aquel ciudadano a quien vosotros habéis juzgado muchísimas veces como conservador de la patria, después, derribado el senado, como yo siempre dije, compañero, guía, como él decía, pervirtió al senado mismo, príncipe de la salud y de la mente pública, con fuerza, matanza e incendios; eliminó dos leyes, la Elia y la Fufia, máximamente saludables para la república, extinguió la censura, removió la intercesión, borró los auspicios, armó a los cónsules, socios de su crimen, con el erario, las provincias, el ejército, vendió a los reyes que existían, llamó reyes a los que no existían, obligó a Cn. Pompeyo a ir a casa con hierro, derribó los monumentos de los imperatores, perturbó las casas de los enemigos, inscribió su nombre en vuestros monumentos. Infinitos son los crímenes que han sido editados por él contra la patria.¿ Qué?¿ Lo que hizo contra ciudadanos individuales a quienes mató, aliados a quienes despojó, imperatores a quienes traicionó, ejércitos a quienes tentó?
59
¿ Qué, en verdad?¡ Cuán grandes son los crímenes que editó contra sí mismo, contra los suyos!¿ Quién perdonó menos jamás a los campamentos de los enemigos que él a todas las partes de su cuerpo?¿ Qué nave fue jamás en el río público tan vulgar para todos como la edad de este?¿ Quién jamás, nieto, se revolcó tan libremente con prostitutas como este con sus hermanas?¿ Qué Caribdis tan inmensa pudieron los poetas expresar fingiendo, que agotara tantos remolinos como los que este absorbió de los botines de los bizantinos y brogitaros?¿ O con perros tan eminentes y tan hambrientos como aquellos con los que veis a este, los Gelios, Clodios, Titios, mordiendo la tribuna misma?
60
Por lo cual, lo que es el extremo en la respuesta de los arúspices, proveed que el estado de la república no se cambie; pues apenas estas, si las apuntalamos ahora que están debilitadas por todas partes, apenas, digo, apoyadas en los hombros de todos nosotros, se mantendrán unidas. Fue antaño tan firme esta ciudad y valiente que podía soportar la negligencia del senado o incluso las injurias de los ciudadanos. Ya no puede. No hay erario, no disfrutan de los ingresos quienes los compraron, la autoridad de los jefes ha caído, el consenso de los órdenes ha sido desgarrado, los juicios han perecido, los sufragios son tenidos descritos por pocos, el ánimo de los buenos ya no estará expedito al gesto de nuestro orden, buscaréis en vano en adelante al ciudadano que se oponga a la envidia por la salvación de la patria.
61
Por lo cual, este estado que es ahora, sea cual sea, no podemos retenerlo con ninguna otra cosa que no sea la concordia; pues que estemos en un lugar mejor, ni siquiera es de desear con aquel impune; pero que estemos en un estado peor, hay un solo grado inferior o la ruina o la servidumbre; a lo cual, para que no seamos empujados, nos advierten los dioses inmortales, puesto que hace tiempo que los consejos humanos han caído. Y yo, padres conscriptos, no habría asumido este discurso, tan triste, tan grave, no porque no debiera y pudiera sostener esta persona y estas partes, por los honores del pueblo romano, por vuestros muchísimos ornamentos tributados a mí, pero, sin embargo, habría callado fácilmente estando los demás en silencio; pero todo este discurso no fue de mi autoridad, sino de la religión pública. Mis palabras fueron quizás más, las sentencias, ciertamente, todas de los arúspices, a quienes o no conviene referir los prodigios anunciados o es necesario ser conmovido por sus respuestas.
62
Y si otras cosas más divulgadas y más leves nos han movido a menudo,¿ la voz misma de los dioses inmortales no moverá las mentes de todos? No penséis que puede suceder lo que a menudo veis que sucede en las fábulas, que algún dios, descendido del cielo, se acerque a las reuniones de los hombres, se mueva en las tierras, hable con los hombres. Pensad en el género de sonido de aquel que los latinienses anunciaron, recordad también aquello que aún no ha sido relatado, que casi al mismo tiempo se anuncia un terremoto horrible en el campo Piceno, en Potencia, con algunas muchas y temibles cosas: estas mismas cosas que prevemos que penden, temeréis.
63
Pues esta voz de los dioses inmortales, este discurso casi, debe ser juzgado, cuando el mundo mismo, cuando los mares y las tierras se estremecen con cierto movimiento nuevo y anuncian algo con un sonido inusitado e increíble. En lo cual, ciertamente, debemos establecer procuraciones y súplicas, como se nos advierte. Pero los ruegos son fáciles ante aquellos que voluntariamente nos muestran el camino de la salvación: nuestras iras y discordias entre nosotros deben ser calmadas.

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