Pro M. Scauro
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Original / primary: Spanish Gemini
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Lo que más debía desear M. Escauro, jueces, era conservar, sin haber incurrido en el odio de nadie y sin ofensa ni molestia, aquello que siempre se esforzó por mantener sobre todas las cosas: la dignidad de su linaje, de su familia y de su nombre.
c
Sufrió incluso el juicio del pueblo cuando el tribuno de la plebe Cn. Domicio realizó la investigación.
d
Fue acusado por Q. Servilio Cepión bajo la ley Servilia, cuando los tribunales estaban en manos del orden ecuestre y, tras la condena de P. Rutilio, nadie parecía tan inocente como para no temerlos.
e
Por el mismo, bajo la ley Varia, aquel guardián de la república fue llamado a juicio por traición; fue hostigado por el tribuno de la plebe Q. Vario.
f
Pues no solo admiré a aquel hombre, como todos, sino que además lo quise especialmente. Fue el primero que, cuando yo ardía en deseos de gloria, me impulsó a la esperanza de que, mediante mi virtud, sin el amparo de la fortuna, podría alcanzar aquello a lo que aspiraba, gracias al trabajo y a la constancia.
g
Y puesto que la acusación fue amontonada más bien como un revoltijo de cargos, sin distinción ni variedad alguna de géneros.
h
Dijo, pues, que un tal Bostar, de Nora, que huía de Cerdeña, fue enterrado antes de que a este se le retirara la cena tras la llegada de Escauro.
i
Si, en fin, no hubiera podido invadir aquellos bienes de ninguna manera si no era con la muerte de Bostar.
k
Si, por Hércules, jueces, estuviera defendiendo a L. Tubulo, de quien hemos oído que fue el hombre más malvado y audaz de toda la memoria, aun así no temería si se dijera que aquel dio veneno a un huésped o a un comensal mientras cenaba, alguien de quien no era heredero ni estaba enfadado.
m
Que los bienes que tenía se vendieran. Vamos, yo he defendido a Escauro, Triario; defiende tú a la madre.
n
Que tú temas que no hubiera sido solvente, que el acusado no hubiera querido retener los bienes que habían sido proscritos, a menos que.
o
Como Aris no quería dar, intentó huir a escondidas de Cerdeña.
p
Se redimen( los castores) con aquella parte del cuerpo por la cual son más buscados.
1q
Así, digo, jueces, es el asunto; y esto no es una disputa nueva por mi parte, sino que ha sido investigado por otros.
1r
Aquello lo hemos oído, pero esto lo recordamos y casi lo hemos visto: que P. Craso, del mismo linaje y nombre, para no caer en manos de sus enemigos, se dio muerte a sí mismo.
2s
Y M'. Aquilio, que había gozado de los mismos honores y había sido valerosísimo en las guerras, no pudo imitar la hazaña de aquel Craso anterior.
2
Manchó con el deshonor de su vejez sus propios hechos y sus gestas.¿ Y qué decir?¿ Acaso el otro Craso, en aquellos mismos tiempos, pudo ser imitado por el ilustrísimo Julio o por M. Antonio, dotado del más alto mando?
3
¿ Qué? En todos los monumentos de Grecia, que son más adornados en palabras que en hechos,¿ quién se encuentra, si dejas de lado a Áyax y las fábulas, que, sin embargo, él mismo por el dolor de la ignominia, como dice el poeta, vencedor insolente, no pudo soportar ser vencido, aparte del ateniense Temístocles, que se castigó a sí mismo con la muerte?
4
Pero los griegos ciertamente inventan muchas cosas, entre los cuales cuentan que también Cleómbroto de Ambracia se arrojó desde el muro más alto, no porque hubiera recibido alguna amargura, sino, como veo escrito entre los griegos, porque había leído el libro escrito grave y elegantemente por el gran filósofo Platón sobre la muerte, en el cual, según creo, Sócrates, ese mismo día en que debía morir, discute largamente que esta es la muerte que nosotros consideraríamos vida, cuando el alma está retenida por el cuerpo como si estuviera encerrada en una cárcel, y que la vida, en cambio, es cuando esa misma alma, liberada de las cadenas del cuerpo, ha regresado al lugar de donde había surgido.
5
¿ Acaso esa sarda tuya conocía o había leído a Pitágoras o a Platón? Quienes, sin embargo, alaban la muerte de tal manera que prohíben huir de la vida y dicen que eso se hace contra el pacto y la ley de la naturaleza. Ciertamente, no encontraréis ninguna otra causa justa de muerte voluntaria. Y esto lo vio aquel; pues lanzó en cierto lugar que aquella mujer prefirió ser despojada de la vida antes que de su pudor.
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Pero se retractó inmediatamente y no dijo más sobre el pudor, temiendo, creo, que nos diera lugar a burlas y bromas. Pues consta que ella era de una fealdad extrema y, además, de avanzada edad. Por lo cual, por muy ingeniosa que fuera esa sarda,¿ qué sospecha puede haber de lujuria o de amor?
7
Y para que no creas, Triario, que lo que traigo a colación lo invento yo mismo al hablar y no lo conozco por el acusado, te explicaré cuáles fueron las opiniones en Cerdeña sobre la muerte de esa mujer— pues hubo dos— para que así sea más fácil.
8
Te dije que amaba desde hacía mucho tiempo a una madre lujuriosa y malvada con un adulterio infame y conocido. Este, al temer a su esposa, una anciana rica y molesta, no quería tenerla en matrimonio por su fealdad ni despedirla por la dote. Por tanto, tras concertarlo con la madre de Bostar, tomó la decisión de que ambos vinieran a Roma; allí confirmó que encontraría algún modo de cómo casarse con aquella mujer.
9
Aquí la opinión fue, como dije, doble: una que no se aleja del estado y la naturaleza de las cosas, que la esposa de Aris, incitada por el dolor del concubinato, al haber oído que Aris se había trasladado a Roma con aquella simulación suya de miedo y huida, para unirse en matrimonio, después de haber tenido trato entre ellos, ardió de dolor femenino y prefirió morir antes que soportar eso.
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La otra, no menos verosímil y, según creo, más creída aún en Cerdeña, que ese Aris, tu testigo y huésped, Triario, al partir hacia Roma, dio el encargo a un liberto de que no es que él mismo le aplicara violencia a aquella anciana— pues no era correcto para con su patrona—, sino que le apretara el cuello con dos dedos y la rodeara con una cuerda, para que se pensara que ella había muerto por ahorcamiento.
11
Sospecha que cobró aún más fuerza por esta razón: que, cuando los de Nora celebraban los funerales y todos habían salido de la ciudad según su costumbre, entonces se dijo que ella se había ahorcado por medio del liberto. La soledad de la partida, sin embargo, debía ser buscada por quien estrangulaba a su patrona, no por quien quería morir.
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La sospecha se confirmó, en efecto, porque, muerta la anciana, el liberto partió inmediatamente a Roma como si hubiera terminado su tarea, y Aris, tan pronto como el liberto anunció la muerte de su esposa, se casó inmediatamente en Roma con aquella madre de Bostar.
13
Ved en qué familias tan inmundas, tan contaminadas, tan vergonzosas entregáis esta familia, jueces. Ved con qué testigos conmovidos, sobre qué hombre, sobre qué linaje, sobre qué nombre pensáis que debéis emitir sentencia;¿ creéis que debéis olvidarlo? Veis crímenes de madres contra hijos, de maridos contra esposas, veis lujurias inmensas mezcladas con crueldad; tenéis a los autores de los dos mayores crímenes, con los cuales se ha difamado toda esta causa ante ignorantes o envidiosos, deformados por todo tipo de fechorías y escándalos.
14
¿ Acaso, pues, en estos crímenes, jueces, reside todavía alguna sospecha?¿ No han sido purgados, refutados, quebrantados?¿ Cómo, pues, ha sucedido esto? Porque me diste, Triario, algo que diluir, sobre lo cual argumentar, sobre lo cual discutir; porque el género de crímenes fue de tal naturaleza que no dependía totalmente del testigo, sino que el juez mismo debía ponderarlo por sí mismo.
15
Y, en verdad, jueces, no debemos hacer otra cosa con un testigo desconocido sino buscar la fuerza y la naturaleza de los hechos mismos mediante argumentos, conjeturas y sospechas. Pues, en efecto, un testigo, no solo un africano o un sardo, ciertamente, si así prefieren ser llamados, sino cualquiera, incluso más elegante y religioso, puede ser impulsado, disuadido, inventado, doblegado; es dueño de su propia voluntad, en lo cual hay impune licencia para mentir.
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El argumento, en cambio, que es propio del asunto— pues ningún otro argumento puede ser llamado verdaderamente así— es la voz de los hechos, la huella de la naturaleza, la marca de la verdad; sea como sea, es necesario que permanezca inmutable; pues no es inventado por el orador, sino tomado. Por lo cual, en ese género de acusación, si fuera vencido, sucumbiría y cedería; pues sería vencido por el hecho, vencido por la causa, vencido por la verdad.
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¿ Me traes un ejército de sardos y multitudes y tratas de no presionarme con crímenes, sino de aterrorizarme con el estruendo de los africanos? Yo, por mi parte, no podré discutir, pero podré refugiarme en la fe y la mansedumbre de estos, en el juramento de los jueces, en la equidad del pueblo romano, que quiso que esta familia fuera la principal en esta ciudad, y podré implorar el numen de los dioses inmortales, que siempre han sido defensores de este linaje y nombre.
18
Pidió, ordenó, arrebató, obligó. Si lo demuestras con documentos, puesto que la confección misma de los documentos tiene una cierta serie y orden del negocio contraído, prestaré atención agudamente y veré qué debo hacer en la defensa. Si, en fin, te apoyas en testigos, no digo hombres buenos y probados, con que sean conocidos, consideraré cómo debo enfrentarme con cada uno.
19
Pero si hay un solo color, una sola voz, una sola nación de todos los testigos, si lo que dicen no intentan confirmarlo no solo con ningún argumento, sino ni siquiera con algún tipo de documento, ya sea público o privado, lo cual, sin embargo, puede ser inventado,¿ hacia dónde me vuelvo, jueces, o qué hago?¿ Discutir con cada uno?¿ Qué? No tuviste qué dar. Dirá que lo tuvo.¿ Quién lo sabrá, quién lo juzgará? Que no hubo causa. Inventará que la hubo.¿ Cómo lo refutaremos? Que pudo no dar, si no hubiera querido. Dirá que fue arrebatado por la fuerza.¿ Qué elocuencia puede refutar discutiendo la desvergüenza de un hombre desconocido?
20
No trataré, pues, con esa conspiración de sardos y con el perjurio expreso, forzado y solicitado sutilmente, ni buscaré argumentos minuciosos y precisos, sino que contra el ímpetu de ellos, yo chocaré y lucharé con el nuestro. No debo arrastrar a cada uno de su fila ni luchar y pelear con cada uno; toda esa fila debe ser derribada con un solo ímpetu.
21
Pues hay un solo crimen máximo de toda Cerdeña, el frumentario, sobre el cual Triario interrogó a todos los sardos, género que ha sido confirmado por un solo pacto de testimonio y consenso de todos. Antes de tocar este crimen, pido a vosotros, jueces, que me permitáis poner, por así decirlo, los fundamentos de toda nuestra defensa. Si estos, como dicta mi razón y pensamiento, están puestos y constituidos, no temeré ninguna parte de la acusación.
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Hablaré, pues, primero sobre el género mismo de la acusación, después sobre los sardos, luego también unas pocas palabras sobre Escauro; explicadas estas cosas, entonces finalmente accederé a este horrible y temible crimen frumentario.
23
¿ Cuál es, pues, este género de acusación, Triario, primero que no has ido a investigar?¿ Cuál fue esa confianza tan feroz, tan explorada de oprimir a este? Siendo nosotros niños, creo haber oído que L. Elio, un liberto culto y ingenioso, cuando vengaba las injurias de su patrono, presentó el nombre de Q. Mutón, un hombre muy sórdido. Cuando se le preguntaba qué provincia o qué día de testigos pedía, pidió para sí la octava hora, mientras investigaba en el foro boario.
24
¿ Tú pensaste que debías hacer lo mismo en el caso de M. Emilio Escauro? Pues dijo: la causa me fue presentada en Roma.¿ Qué?¿ Acaso los sicilianos no presentaron la causa de Sicilia en Roma ante mí?¡ Pero qué hombres! Prudentes por naturaleza, astutos por experiencia, eruditos por doctrina. Sin embargo, yo pensé que la causa de la provincia debía ser conocida y aprendida en la provincia misma.
25
¿ Acaso no debía conocer las quejas y las injurias de los agricultores en los mismos campos y tierras? He recorrido, digo, Triario, en el invierno más duro, los valles y colinas de los agrigentinos. Aquel campo leontino, nobilísimo y muy fértil, casi me enseñó la causa por sí mismo. Me acerqué a las cabañas de los agricultores, los hombres hablaban conmigo desde el mismo arado.
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Así, pues, aquella causa fue expuesta de tal manera que no parecía que los jueces oyeran lo que yo decía, sino que lo veían y casi lo tocaban. Pues no me parecía probable ni verdadero que yo, habiendo aceptado el patrocinio de la provincia más fiel y antigua, aprendiera la causa como la de un solo cliente en mi habitación.
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Yo hace poco, cuando los reatinos, que estaban bajo mi protección, quisieron que yo tratara su causa pública sobre los ríos y túneles del Velino ante estos cónsules, no consideré que cumpliría suficientemente ni con la dignidad de la prefectura más grave ni con mi lealtad, si el lugar mismo y los lagos no me hubieran enseñado aquella causa, no solo los hombres.
28
Ni tú habrías hecho de otra manera, Triario, si esos sardos tuyos hubieran querido que lo hicieras, ellos que no quisieron en absoluto que vinieras a Cerdeña, para que no conocieras todo de manera muy distinta a como te había sido presentado, ninguna queja de la multitud en Cerdeña, ningún odio del pueblo hacia Escauro.
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Como dicen que el Etna arde con su aliento, así habría abrumado a Verres con toda Sicilia como testigo. Tú, en cambio, has terminado el juicio con un solo testigo producido.¡ Pero qué testigo, dioses inmortales!¿ No basta con que sea uno, no con que sea desconocido, no con que sea ligero; acaso terminaste la primera acción con el testigo Valerio, quien, donado con la ciudadanía por beneficio de tu padre, te devolvió el favor no con ilustres servicios, sino con un manifiesto perjurio?
30
Pero si el presagio de vuestro nombre os llevó por casualidad, nosotros, sin embargo, lo interpretamos según la costumbre de los antepasados, porque lo consideramos fausto, no para la ruina, sino para la salvación. Pero toda esa rapidez y prisa, el hecho de que hayas suprimido la investigación y toda la acción anterior, ha revelado y aclarado lo que, sin embargo, no estaba oculto: que este juicio no ha sido preparado por causa de la justicia, sino de los comicios consulares.
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Aquí yo a Apio Claudio, cónsul valerosísimo y hombre muy adornado y, como espero, unido conmigo en un fiel retorno a la amistad, no lo vituperaré en ningún lugar, jueces. Pues habrán sido esas partes o de aquel a quien el dolor y su propia sospecha obligaron a hacerlo, o de aquel que se reclamó estas partes para sí, porque o no advertía a quién violaba, o pensaba que el retorno a la amistad le sería fácil;
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Yo solo diré lo que puede ser suficiente para la causa y en absoluto duro o áspero contra él.¿ Pues qué tiene de vergonzoso que Apio Claudio sea enemigo de M. Escauro?¿ Qué?¿ Su abuelo no lo fue de P. Africano?¿ Qué?¿ Ese mismo para mí?¿ Qué?¿ Yo para él?¿ Qué enemistades han traído dolor a ambos quizás alguna vez, pero deshonor ciertamente nunca?
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El sucesor envidió al predecesor, quiso que estuviera lo más ofendido posible para que su propia memoria destacara más; asunto no solo no ajeno a la costumbre, sino incluso usado y muy extendido. Ni, en verdad, este asunto cotidiano habría movido por sí mismo a Apio Claudio, dotado de tal humanidad y sabiduría, si no hubiera pensado que este sería competidor de C. Claudio, su hermano.
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Quien, ya fuera patricio o plebeyo— pues aún no había determinado con certeza—, pensaba que tendría contienda con él, y Apio, además, esto aún más, porque recordaba que aquel había sido patricio en la petición del pontificado, en el saliado, en los demás. Por lo cual, siendo cónsul, no quería que su hermano fuera rechazado ni, si este fuera patricio, veía que fuera a ser igual a Escauro, a menos que lo hubiera derribado con algún miedo o infamia.
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¿ Debo yo pensar que eso no debe concederse al hermano en el honor más amplio del hermano, especialmente cuando siento casi más que los demás lo que vale el amor fraternal? Pero, en efecto, el hermano ya no lo pide.¿ Qué entonces? Si aquel, retenido por toda Asia suplicante, si por los negociadores, si por los publicanos, si por todos los aliados, rogado por los ciudadanos, antepuso a su honor las comodidades y la salvación de la provincia,¿ por eso piensas que un ánimo ulcerado una vez pudo sanar tan fácilmente?
36
Aunque en todas esas cosas, especialmente ante hombres bárbaros, la opinión vale a menudo más que el hecho mismo. Se ha persuadido a los sardos de que no harán nada más grato a Apio que si restan valor a la fama de Escauro; se dejan llevar también por la esperanza de muchas comodidades y premios; piensan que el cónsul puede todo, especialmente si lo promete voluntariamente. Sobre lo cual ya no diré más.
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Aunque lo que he dicho, lo he dicho no de otra manera que si fuera su hermano, no el que es y el que dijo muchas cosas, sino el que he acostumbrado a ser en mi propio ser. Debéis, pues, jueces, resistir a todo el género de la acusación, en el cual veis que nada se ha emprendido con costumbre, nada con modo, nada con consideración, nada con integridad, sino todo de manera malvada, turbulenta, apresurada, rápida, por conspiración, mando, autoridad, esperanza y amenazas.
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Vengo ahora a los testigos, en los cuales enseñaré que no solo no hay fe ni autoridad, sino ni siquiera apariencia o imagen de testigos. Pues, en efecto, la fe la elimina primero el consenso mismo, que ha sido revelado por el compromiso de los sardos y la conjuración recitada; después, aquella codicia que ha sido emprendida por la esperanza y la promesa de premios; finalmente, la nación misma, cuya vanidad es tal que piensan que la libertad no debe distinguirse de la servidumbre por ninguna otra cosa que por la licencia de mentir.
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Ni digo que nunca debamos movernos por las quejas de los sardos. No soy tan inhumano ni tan ajeno a los sardos, especialmente cuando mi hermano ha regresado hace poco de ellos, cuando había estado al frente del asunto frumentario por encargo de Cn. Pompeyo, quien él mismo cuidó de ellos por su lealtad y humanidad y fue a su vez muy querido y grato para ellos.
40
Que este refugio esté abierto al dolor, que esté abierto a las quejas justas, que se cierre el camino a la conjuración, que se bloquee con trampas, y esto no más en los sardos que en los galos, en los africanos, en los hispanos. Fue condenado T. Albucio, C. Megaboco de Cerdeña, incluso con algunos sardos alabándolo. Así, la variedad misma daba mayor fe. Pues eran retenidos por testigos justos y documentos incorruptos.
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Ahora hay una sola voz, una sola mente no expresada por el dolor, sino simulada, y no excitada por las injurias de este, sino por las promesas y premios de otros. Pero se ha creído alguna vez a los sardos. Y quizás se crea alguna vez, si vienen íntegros, si incorruptos, si por su propia voluntad, si no por el impulso de alguien, si sueltos, si libres. Si esto fuera así, sin embargo, que se alegren y se admiren de que se les crea. Cuando, en cambio, todo falta,¿ no se mirarán a sí mismos, no temerán por la fama de su propia gente?
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Que es el género más falaz de los fenicios, todos los monumentos de la antigüedad y todas las historias nos lo han transmitido. Nacidos de estos, los púnicos, con muchas rebeliones de los cartagineses, con muchos tratados violados y quebrantados, enseñaron que no habían degenerado en nada. De los púnicos, mezclado con el género de los africanos, los sardos no fueron llevados a Cerdeña y establecidos allí, sino enviados y repudiados como colonos.
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Por lo cual, cuando no ha habido nada íntegro en esta gente llena de pestilencia,¿ cuánto pensamos que se ha acumulado con tantas transfusiones? Aquí me perdonará Cn. Domicio Sincayo, hombre muy adornado, huésped y familiar mío, me perdonarán, en fin, todos los donados con la ciudadanía por el mismo Cn. Pompeyo, de todos los cuales, sin embargo, usamos su alabanza, me perdonarán otros hombres buenos de Cerdeña; pues creo que hay algunos.
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Ni yo, cuando hablo de los vicios de la gente, no exceptúo a nadie; pero debo hablar sobre el género universal, en el cual quizás algunos han vencido con sus costumbres y humanidad los vicios del linaje mismo y de la gente. Que una gran parte es sin fe, sin sociedad y unión de nuestro nombre, el hecho mismo lo declara.¿ Pues qué provincia hay, aparte de Cerdeña, que no tenga ninguna ciudad amiga y libre para el pueblo romano?
45a
La misma África, aquella madre de Cerdeña, que libró muchas y amarguísimas guerras con nuestros antepasados, no solo con reinos fidelísimos, sino incluso en la provincia misma se defendió de la sociedad de las guerras púnicas con Útica como testigo. Hispania ulterior con la muerte de los Escipiones.
45b
Escasa en tropas, falaz en gente.
45c
Se encontraron quienes incluso fueran llamados hermanos del pueblo romano.
45d
Al oír este nombre que se ha extendido por todas las gentes.
45f
Pues cuando de muchos le restaba uno, Dolabela, enemigo paterno, quien con Q. Cepión, su pariente, había firmado contra Escauro su padre, esas enemistades no le fueron emprendidas, sino dejadas.
45g
¿ Qué, por mal, es esa razón?
45h
¿ A quien la púrpura real no conmovió, a ese lo cambió la mastruca de los sardos?
45k
Especialmente cuando la cercanía y la celebridad del lugar eliminan la sospecha de pereza o de codicia.
45l
Yo, además, que tengo columnas albanas, las traje con albardas.
45m
¿ Te faltaba casa? Pero tenías.¿ Sobraba dinero? Pero necesitabas. Te precipitaste loco hacia las columnas, insano te volviste loco por las ajenas, valoraste una casa deprimida, ciega, yacente, más que a ti mismo y a tus fortunas.
45n
Cuando tú no habías podido huir de esto,¿ contenderás, sin embargo, y pedirás que M. Emilio, con toda su dignidad, con la memoria de su padre, con la gloria de su abuelo, sea perdonado ante una gente sórdidísima, vanísima, levísima y, casi diré, ante testigos vestidos de pieles?
46o
Por todas partes me suministra lo que decir por M. Escauro, dondequiera que no solo la mente, sino incluso los ojos han caído. Aquella curia testifica ante vosotros sobre el gravísimo principado y valerosísimo de su padre, el mismo L. Metelo, abuelo de este, parece haber constituido a los dioses santísimos en aquel templo ante vuestra vista, jueces, para que suplicaran de vosotros la salvación de su nieto, porque ellos mismos a menudo habían ayudado con su ayuda a muchos que sufrían e imploraban.
47
Aquel Capitolio ilustrado con tres templos, los accesos de Júpiter óptimo máximo, de Juno Regina, de Minerva, adornados con los dones paternos y también con los amplísimos de este, M. Escauro ante
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De aquel L. Metelo, pontífice máximo, quien, cuando aquel templo ardía, se lanzó en medio de los fuegos y arrebató de la llama aquel Paladio que, como prenda de nuestra salvación y del imperio, se contiene en las custodias de Vesta.¡ Que ojalá pudiera surgir por un momento! Arrebataría de esta llama a su linaje, ciertamente, quien había arrebatado de aquel incendio a los dioses
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Entonces. A ti, en verdad, M. Escauro, ciertamente te veo, te veo, digo, no solo pienso, y no sin gran pesar y dolor de ánimo, cuando he visto el desaliño de tu hijo, recuerdo de ti.¡ Y ojalá, así como has estado ante mis ojos en toda esta causa, así ahora te ofrezcas a las mentes de estos y te adhieras en los ánimos de estos! La apariencia, por Hércules, incluso si por casualidad no lo conociera, diría que es el principal de la ciudad.
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¿ Cómo te llame ahora?¿ Como hombre? Pero no estás entre nosotros.¿ Como muerto? Pero vives y prosperas, pero estás en los ánimos y en la boca de todos, y el alma divina no tuvo nada mortal, ni nada de lo tuyo pudo morir excepto el cuerpo. De cualquier modo, pues, que te
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universal