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Pro P. Quinctio
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Las dos cosas que más pueden en la ciudad, ambas actúan en este momento contra nosotros: la suma influencia y la elocuencia; de la primera, Cayo Aquilio, me guardo, de la segunda me temo. No me conmueve poco el que la elocuencia de Quinto Hortensio me impida en mi defensa, y el que la influencia de Sexto Nevio perjudique a Publio Quincio, eso, en verdad, lo temo no poco.
2
Y no parecería que haya que quejarse tanto de que ellos posean estas cualidades supremas, si nosotros poseyéramos al menos cualidades mediocres; pero la situación es tal que yo, que no tengo suficiente experiencia y poseo poco talento, soy comparado con un abogado elocuentísimo, mientras que Publio Quincio, que tiene escasos recursos, ninguna facultad y pocas amistades, debe enfrentarse a un adversario influyentísimo.
3
Se añade a esto otro inconveniente: que Marco Junio, quien ha llevado esta causa ante ti varias veces, hombre experimentado en otros asuntos y muy versado en este, está ausente en este momento, impedido por una nueva legación, y se ha recurrido a mí, quien, aun teniendo el resto de las cosas en el mejor estado, apenas he tenido tiempo suficiente para poder conocer un asunto tan grande e implicado en tantas controversias.
4
Así, lo que solía ser mi ayuda en otras causas, también falta en esta. Pues, como mi talento es menor, me he procurado la diligencia como auxilio; y cuán grande sea esta, no puede entenderse si no se concede tiempo y espacio. Cuanto más numerosas sean estas dificultades, Cayo Aquilio, tanto más será necesario que tú y quienes están contigo en el consejo escuchéis nuestras palabras con mejor disposición, para que la verdad, debilitada por tantos inconvenientes, sea finalmente recreada por la equidad de hombres como vosotros.
5
Porque si tú, como juez, pareces no haber sido protección alguna contra la violencia y la influencia para la soledad y la indigencia, si ante este consejo la causa se sopesa por los recursos y no por la verdad, ciertamente ya no hay nada sagrado ni sincero en la ciudad, no hay nada que la gravedad y la virtud de un juez puedan consolar ante la humildad de nadie. Ciertamente, o la verdad prevalecerá ante ti y los que te acompañan, o, rechazada de este lugar por la violencia y la influencia, no podrá encontrar dónde sostenerse. No lo digo, Cayo Aquilio, porque tu fe y constancia me entren en duda, o porque Publio Quincio no deba tener la mayor esperanza en estos hombres selectísimos de la ciudad que has convocado.¿ Qué es, pues?
6
Primero, la magnitud del peligro afecta al hombre con el mayor temor, porque en un solo juicio se decide sobre todos sus bienes, y mientras piensa en ello, no menos a menudo le viene a la mente tu poder que tu equidad, debido a que todos aquellos cuya vida está puesta en manos de otro piensan más a menudo en lo que puede hacer aquel bajo cuya jurisdicción y poder están, que en lo que debe hacer.
7
Luego, Publio Quincio tiene como adversario, de palabra, a Sexto Nevio, pero en realidad a los hombres más elocuentes, valientes y florecientes de nuestra ciudad de esta época, quienes con un esfuerzo común y con los mayores recursos defienden a Sexto Nevio, si es que defender significa obedecer a la codicia de otro para que este pueda oprimir más fácilmente a quien quiera mediante un juicio injusto.
8
Pues,¿ qué puede decirse o recordarse más injusto o indigno, Cayo Aquilio, que el hecho de que yo, que defiendo la vida, la fama y los bienes de otro, deba hablar primero? Especialmente cuando Quinto Hortensio, que en este juicio ocupa la parte del acusador, va a hablar contra mí, a quien la naturaleza ha dotado de la mayor abundancia y facultad de palabra. Así sucede que yo, que debería rechazar los dardos y curar las heridas, me veo obligado a hacerlo cuando el adversario ni siquiera ha lanzado un dardo, mientras que a ellos se les da el tiempo de atacar cuando a nosotros se nos habrá quitado la posibilidad de evitar sus embestidas y, si en algo— lo cual están preparados para hacer— lanzan un falso crimen como si fuera un dardo envenenado, no habrá lugar para aplicar medicina.
9
Esto sucede por la injusticia y el agravio del pretor, primero porque, contra la costumbre de todos, prefirió que el juicio sobre la infamia se hiciera antes que sobre el hecho, y luego porque constituyó ese mismo juicio de tal manera que el reo, antes de haber escuchado una palabra del acusador, fuera obligado a defender su causa. Lo cual se ha hecho por la influencia y el poder de aquellos que, como si se tratara de su propio asunto u honor, cumplen tan diligentemente con el afán y la codicia de Sexto Nevio y ponen a prueba sus recursos en asuntos de este tipo, en los cuales, cuanto más pueden debido a su virtud y nobleza, menos deberían mostrar cuánto pueden.
10
Cuando Publio Quincio, afectado y afligido por tantas y tan grandes dificultades, ha buscado refugio en tu fe, verdad y misericordia, Cayo Aquilio, cuando hasta ahora, debido a la violencia de sus adversarios, no ha podido encontrar una ley igual, ni la misma posibilidad de actuar, ni un magistrado justo, cuando todo le ha sido hostil y adverso con la mayor injusticia, te ruega y suplica, Cayo Aquilio, y a vosotros que estáis presentes en el consejo, que permitáis que la equidad, zarandeada y agitada por muchas injusticias, se asiente y se confirme finalmente en este lugar.
11
Para que podáis hacerlo más fácilmente, me esforzaré en que conozcáis desde el principio cómo se gestó y contrajo el asunto. Cayo Quincio era hermano de este Publio Quincio, un padre de familia ciertamente prudente y atento en los demás asuntos, pero un poco menos considerado en una sola cosa: el haber hecho una sociedad con Sexto Nevio, un hombre de bien, pero no educado de tal manera que pudiera conocer las leyes de la sociedad y los deberes de un verdadero padre de familia; no porque le faltara talento, pues Sexto Nevio nunca fue considerado un bufón poco ingenioso ni un pregonero inhumano.¿ Qué es, pues? Como la naturaleza no le había dado nada mejor que la voz, y su padre no le había dejado nada más que la libertad, empleó su voz para el lucro y usó su libertad para ser mordaz con mayor impunidad.
12
Por lo cual, al querer asociarte a él, no había otra razón sino que aprendiera en tu dinero cuál era el fruto del dinero; sin embargo, inducido por la costumbre y la familiaridad, Quincio hizo, como dije, una sociedad de aquellos bienes que se adquirían en la Galia. Tenía un negocio ganadero amplio y una propiedad rústica ciertamente bien cultivada y fructífera. Nevio es retirado de los atrios Licinios y de la asamblea de pregoneros y trasladado a la Galia, más allá de los Alpes. Se produce un gran cambio de lugar, no de carácter. Pues quien desde joven se había procurado el lucro sin gasto, después de que gastó no sé qué y lo puso en común, no podía estar contento con un lucro mediocre.
13
Y no es de extrañar si quien había tenido una voz venal pensaba que aquello que había ganado con su voz le sería de gran provecho. Por tanto, por Hércules, no poco de lo común, cuanto podía, lo desviaba hacia sí a su casa privada; en lo cual era tan diligente como si aquellos que gestionan una sociedad con gran fe solieran ser condenados por un arbitraje de socio. Pero no tengo necesidad de decir sobre estos asuntos lo que Publio Quincio desea que recuerde; aunque la causa lo exige, sin embargo, porque lo exige, no lo reclama, lo omitiré.
14
Cuando la sociedad llevaba ya varios años, y cuando Nevio había sido a menudo sospechoso para Quincio y no podía rendir cuentas de manera adecuada de aquellos asuntos que había gestionado por capricho y no por razón, Quincio muere en la Galia, estando presente Nevio, y muere repentinamente. Dejó como heredero en su testamento a este Publio Quincio para que, a quien llegaba el mayor dolor por su muerte, a ese mismo llegara también el mayor honor.
15
Muerto él, y no mucho después, Quincio parte hacia la Galia, donde vive familiarmente con ese Nevio. Están juntos casi un año, comunicándose mucho entre sí sobre la sociedad y sobre todo aquel plan y asunto galo; y mientras tanto, Nevio no interpuso palabra alguna sobre que la sociedad le debiera algo o que Quincio le debiera algo privadamente. Como había quedado una cantidad de deuda, para cuyos nombres debía gestionarse el dinero en Roma, este Publio Quincio anuncia en la Galia, en Narbona, que hará una subasta de aquellos bienes que eran suyos privados.
16
Allí entonces el hombre de bien, Sexto Nevio, disuade al hombre con muchas palabras de que haga la subasta; que no podría vender tan cómodamente en el momento en que lo había anunciado; que él tenía en Roma la facultad de dinero, la cual, si fuera sensato, consideraría común por aquella relación fraternal y por la afinidad misma; pues Nevio tiene en matrimonio a la prima de Publio Quincio y tiene hijos de ella. Porque, lo que un hombre de bien debía hacer, eso decía Nevio, Quincio creyó que quien imitaba el discurso de los hombres de bien también imitaría sus hechos; desiste de querer hacer la subasta, parte hacia Roma; Nevio sale de la Galia hacia Roma al mismo tiempo.
17
Cuando Cayo Quincio había debido dinero a Publio Escápula, Publio Quincio decide a través de ti, Cayo Aquilio, qué pagar a sus hijos. Esto se hacía a través de ti porque, debido a la cuenta del tesoro, no era suficiente haber mirado en los libros cuánto se debía, si no hubieras preguntado en el templo de Cástor cuánto se pagaba. Decides y estableces tú, debido a la relación que tienes con los Escápulas, cuánto debía pagárseles hasta el último denario.
18
Todo esto lo hacía Quincio bajo la instigación y consejo de Nevio. Y no es de extrañar si usaba el consejo de aquel cuya ayuda pensaba que estaba preparada para él; pues no solo lo había prometido en la Galia, sino que en Roma decía diariamente, tan pronto como este le hubiera dado su consentimiento, que él contaría el dinero. Quincio, además, veía que aquel podía hacerlo, entendía que debía hacerlo, y no pensaba que mintiera, porque no había razón para que mintiera; como si tuviera el dinero en casa, así estableció que pagaría a los Escápulas; informa a Nevio, le pide que se encargue de lo que había dicho.
19
Entonces ese hombre de bien— temo que piense que se le ridiculiza porque ya digo por segunda vez hombre de bien—, que pensaba que este había sido llevado a las mayores estrecheces para apretarlo con sus condiciones en el mismo momento crítico, dice que no dará un as, a menos que antes hubiera decidido sobre todos los asuntos y cuentas de la sociedad y supiera que no tendría ninguna controversia con Quincio. Después, dice, veremos eso, Quincio; ahora querría que te encargues de esto, si te parece, lo que dijiste. Niega que lo hará de otra manera; que lo que había prometido no le importaba más que si, cuando vendía la subasta, hubiera prometido algo por orden del dueño.
20
Golpeado por esa deserción, Quincio se toma unos pocos días, envía a la Galia para que se vendan las cosas que había anunciado, subasta estando ausente en un momento peor, y paga a los Escápulas en condiciones más difíciles. Entonces llama voluntariamente a Nevio para que, puesto que sospechaba que habría alguna controversia sobre algo, viera que todo el asunto se resolviera lo antes posible y con la menor molestia.
21
Ese da como amigo a Marco Trebelio, nosotros a un conocido común, que había sido educado en casa de aquel y a quien ese usaba mucho, nuestro pariente, Sexto Alfeno. El asunto no podía convenirse de ninguna manera, debido a que este deseaba hacer una pérdida mediocre, y aquel no estaba contento con un botín mediocre.
22
Por tanto, desde ese momento el asunto comenzó a estar bajo fianza. Cuando las fianzas se habían aplazado a menudo y se había consumido bastante tiempo en ello sin haber logrado nada, Nevio viene a la fianza. Os ruego, Cayo Aquilio, y a vosotros que estáis presentes en el consejo, que prestéis atención diligentemente, para que podáis conocer un género singular de fraude y un nuevo método de insidias.
23
Dice que ha subastado en la Galia; que le parecía que había vendido lo que le correspondía; que se había encargado de que la sociedad no le debiera nada; que ya no quiere ni pedir fianza ni prometerla; si Quincio quiere actuar contra él, no se niega. Aquí, como deseaba revisar el asunto galo, no pide fianza al hombre en el presente; así se separa sin fianza. Luego, Quincio permanece en Roma unos treinta días; aplaza las fianzas que tenía con los demás para poder partir libre hacia la Galia; parte. Sale de Roma el día anterior a las calendas de febrero, siendo cónsules Escipión y Norbano. Os pido que grabéis ese día en vuestra memoria. Lucio Albio, hijo de Sexto, de la tribu Quirina, hombre de bien y honesto entre los primeros, partió con él.
24
Cuando llegaron a los llamados Vada Volaterrana, ven a un muy familiar de Nevio, que traía esclavos para vender de la Galia para ese, Lucio Publicio; quien, cuando llega a Roma, cuenta a Nevio en qué lugar vio a Quincio.
25
Cuando escuchó esto de Publicio, envía a sus esclavos a buscar a sus amigos, él mismo reúne a sus allegados de los atrios Licinios y de las fauces del mercado para que estén presentes ante la tabla Sextia a la segunda hora del día siguiente. Vienen en gran número. Ese testifica que Publio Quincio no se presentó y que él sí; las tablas son selladas mayormente con los sellos de hombres nobles, y se retiran. Nevio pide al pretor Burrieno que se le permita poseer los bienes según el edicto; ordenó que se anunciaran los bienes de aquel con quien había tenido familiaridad, sociedad, y cuya afinidad no podía ser arrancada de ninguna manera estando vivos los hijos de ese.
26
De lo cual se pudo entender fácilmente que no hay deber tan sagrado y solemne que la avaricia no suela disminuir y violar. Pues si la amistad se cultiva con la verdad, la sociedad con la fe y el parentesco con la piedad, es necesario que ese que intentó despojar de su fama y bienes a un amigo, socio y pariente, confiese que es vano, pérfido e impío.
27
Sexto Alfeno, procurador de Publio Quincio, familiar y pariente de Sexto Nevio, presenta los escritos, se lleva a un esclavo que ese había capturado, denuncia que él es el procurador, que es justo que ese cuide de la fama y los bienes de Publio Quincio y espere su llegada; que si no quiere hacerlo y se ha empeñado en llevarlo a sus condiciones mediante tales métodos, él no pide nada y, si quiere actuar en algo, que lo defienda en juicio.
28
Mientras esto sucede en Roma, Quincio, mientras tanto, contra la ley, la costumbre y los edictos de los pretores, es expulsado por la fuerza por esclavos comunes del terreno y campo común. Juzga, Cayo Aquilio, si Nevio hizo todo en Roma con medida y razón, si esto que se ha hecho mediante sus cartas en la Galia parece haberse hecho correcta y ordenadamente. Expulsado y echado de la propiedad, Quincio, habiendo recibido un notable agravio, se refugia ante el imperator Cayo Flaco, quien entonces estaba en la provincia, a quien, como su dignidad exige, nombro por respeto. Podréis conocer por sus decretos cuán vehementemente pensó que debía castigarse ese asunto.
29
Alfeno, mientras tanto, luchaba diariamente en Roma con ese viejo gladiador; usaba al pueblo, ciertamente el suyo, debido a que ese no dejaba de buscar su cabeza. Ese pedía que el procurador diera fianza de que se cumpliría la sentencia; Alfeno niega que sea justo que el procurador dé fianza, porque el reo no debería dar fianza si él mismo estuviera presente. Se apela a los tribunos; de quienes, habiéndose pedido ayuda con certeza, se retiran entonces de tal manera que Sexto Alfeno prometió que Publio Quincio se presentaría en los idus de septiembre.
30
Viene Quincio a Roma, se presenta a la fianza. Ese, hombre agudísimo, poseedor de bienes, expulsor, usurpador, durante un año y seis meses no pide nada, permanece tranquilo, lo lleva a este mediante condiciones hasta donde puede, finalmente pide al pretor Cneo Dolabela que Quincio le dé fianza de que se cumplirá la sentencia según la fórmula: lo que pide de aquel cuyos bienes hayan sido poseídos durante treinta días según el edicto del pretor. Quincio no se negaba a que se le ordenara dar fianza de esa manera, si los bienes hubieran sido poseídos según el edicto. Decreta— no digo cuán justo, solo digo esto: nuevo; y preferiría haber callado esto mismo, ya que cualquiera pudo entender ambas cosas—, pero ordena a Publio Quincio hacer una apuesta con Sexto Nevio: si sus bienes no hubieran sido poseídos durante treinta días según el edicto del pretor Publio Burrieno. Se negaban los que estaban presentes entonces con Quincio, demostraban que el juicio debía hacerse sobre el hecho para que o ambos entre sí o ninguno diera fianza; que no era necesario que la fama de otro entrara en juicio.
31
Quincio mismo gritaba además que no quería dar fianza para no parecer haber juzgado que sus bienes habían sido poseídos según el edicto; si hiciera una apuesta de ese tipo, él, lo que ahora sucede, hablaría primero sobre su propia cabeza. Dolabela— como suelen hacer los hombres nobles; ya sea que comiencen a hacer las cosas bien o mal, sobresalen tanto en ambos que nadie nacido en nuestra posición puede alcanzarlo— persiste valientemente en cometer la injusticia; ordena dar fianza o hacer la apuesta, y mientras tanto, que nuestros abogados que se negaban sean apartados violentamente.
32
Quincio se retira ciertamente confundido; y no es de extrañar, a quien se le daba esta opción tan miserable y tan injusta de que o él mismo se condenara a la pérdida de su estatus, si hubiera dado fianza, o que hablara primero sobre la causa de su estatus, si hubiera hecho la apuesta. Como en una cosa no había razón para que no juzgara él mismo sobre sí, lo cual es el juicio más grave, y en la otra había esperanza de llegar ante un juez tal, de quien sacaría tanto más auxilio cuanto menos influencia hubiera traído, prefirió hacer la apuesta; la hizo; te tomó como juez, Cayo Aquilio, actuó por la apuesta. En esto consiste la suma del juicio y toda la causa.
33
Ves, Cayo Aquilio, que el juicio no es sobre un asunto pecuniario, sino sobre la fama y los bienes de Publio Quincio. Como nuestros antepasados establecieron que quien hablara sobre la vida o el estatus hablara en último lugar, entiendes que nosotros hablamos primero ante una acusación inaudita de los acusadores. Además, ves que aquellos que solían defender ahora acusan, y que esos talentos se vuelven hacia la ruina, los cuales antes se empleaban en traer salvación y auxilio. También había quedado aquello que hicieron ayer, que te llevaran a juicio, que nos prefijaras el tiempo durante el cual habláramos; lo cual habrían conseguido fácilmente del pretor, si tú no hubieras enseñado cuál era tu derecho, deber y poder.
34
Ni hemos tenido hasta ahora a nadie más que a ti, donde obtuviéramos nuestro derecho contra ellos, ni para ellos fue nunca suficiente obtener aquello que pudiera ser probado ante todos; así piensan que el poder sin injusticia es leve y pobre. Pero puesto que Hortensio te insta a que vayas al consejo, me pide que no consuma el tiempo hablando, se queja de que, defendiendo la causa el anterior abogado, nunca pudo terminarse, no permitiré que permanezca esa sospecha de que no queremos que el asunto sea juzgado; ni me arrogaré que yo pueda demostrar la causa más cómodamente de lo que ya ha sido demostrada, ni sin embargo haré tantas palabras, debido a que tanto por aquel que habló entonces ya está informada la causa, como por mí, que no puedo ni idear ni pronunciar muchas cosas, se exige brevedad, la cual es muy amiga para mí mismo;
35
Haré lo que te he observado hacer a menudo, Hortensio; dividiré toda la exposición de mi causa en partes ciertas. Tú siempre haces eso, porque siempre puedes; yo lo haré en esta causa, debido a que en esta me parece que puedo hacerlo; lo que la naturaleza te da para que siempre puedas, eso me lo concede la causa para que hoy pueda. Me estableceré límites y términos ciertos, fuera de los cuales no pueda salir, aunque quisiera mucho, para que yo tenga un propósito sobre el cual hablar, y Hortensio tenga expuesto a qué responder, y tú, Cayo Aquilio, puedas ya antes prever en tu ánimo sobre qué asuntos vas a escuchar.
36
Negamos que hayas poseído los bienes de Publio Quincio, Sexto Nevio, según el edicto del pretor. En eso se hizo la apuesta. Mostraré primero que no hubo causa por la cual pidieras al pretor que poseyeras los bienes de Publio Quincio, luego que no pudiste poseer según el edicto, finalmente que no poseíste. Os ruego, Cayo Aquilio, y a vosotros que estáis en el consejo, que grabéis diligentemente en vuestra memoria lo que he prometido; pues recibiréis más fácilmente todo el asunto si recordáis esto, y me revocaréis fácilmente con vuestra estimación si intento salir fuera de estos límites que yo mismo me he rodeado. Niego que hubiera causa por la cual pidiera, niego que pudiera poseer según el edicto, niego que poseyera. Cuando haya enseñado estas tres cosas, habré terminado.
37
No hubo causa por la cual pidiera.¿ Cómo puede entenderse esto? Porque Quincio no debió nada a Sexto Nevio, ni por razón de la sociedad ni privadamente.¿ Quién es testigo de este asunto? El mismo que es el adversario más acérrimo; para este asunto te citaré a ti, te digo, a ti, Nevio, como testigo. Durante un año y más tiempo después de la muerte de Cayo Quincio, Quincio estuvo en la Galia contigo al mismo tiempo. Demuestra que le pediste ese dinero, no sé cuál, innumerable; demuestra que alguna vez hiciste mención, que dijiste que se debía; concederé que se debía.
38
Muere Cayo Quincio, quien, como dices, te debió una gran cantidad de dinero por conceptos ciertos. Su heredero, Publio Quincio, viene a la Galia ante ti mismo, al campo común, finalmente allí donde no solo estaba el asunto, sino también toda la cuenta y todos los documentos.¿ Quién habría sido tan disoluto en sus asuntos familiares, quién tan negligente, quién tan distinto a ti, Sexto, que, cuando el asunto se había retirado de aquel con quien había contraído y había llegado al heredero, no informara al heredero tan pronto como lo viera, no lo llamara, no presentara la cuenta, si algo entraba en controversia, o no lo tratara dentro de casa o por el derecho supremo?¿ Es así? Lo que hacen los hombres de bien, si quieren que sus parientes y allegados sean y se consideren queridos y honestos,¿ no lo haría Sexto Nevio, quien hasta tal punto arde y es llevado por la avaricia que quiere cometer alguna parte de sus comodidades para no dejar a este pariente suyo ninguna parte de adorno alguno?
39
Y ese, si algo se debiera,¿ no pediría el dinero, quien, porque lo que nunca fue debido no se ha dado, intenta arrebatar no solo el dinero, sino también la sangre y la vida de un pariente? Evidentemente no quisiste ser molesto entonces para aquel a quien ahora no dejas respirar libremente; a quien ahora deseas matar nefariamente, a ese entonces no querías llamarlo pudorosamente. Así lo creo; al pariente, observante de ti, hombre de bien, pudoroso, mayor de edad, no querías o no te atrevías a llamarlo; a menudo, como sucede, cuando te habías confirmado a ti mismo, cuando habías decidido hacer mención del dinero, cuando habías venido preparado y meditado, hombre tímido con vergüenza virginal, de repente te retenías a ti mismo; se te escapaba de repente el discurso; cuando deseabas llamarlo, no te atrevías, para que no escuchara a disgusto. Eso era, ciertamente.
40
Creámoslo, que Sexto Nevio ha perdonado los oídos de aquel cuya cabeza ataca. Si se debiera, Sexto, habrías pedido, y habrías pedido inmediatamente; si no inmediatamente, ciertamente un poco después; si no un poco, al menos al cabo de un tiempo; ciertamente en esos seis meses, sin duda; en el año transcurrido, sin controversia. En un año y seis meses, en verdad, cuando habías tenido la posibilidad de advertir al hombre diariamente, no dices palabra; habiendo pasado ya casi dos años, lo llamas.¿ Qué nieto tan perdido y profuso, no ya consumido sino incluso con dinero abundante, habría sido tan disoluto como fue Sexto Nevio? Cuando nombro al hombre, me parece decir suficiente.
41
Cayo Quincio te debió, nunca pediste; él murió, el asunto llegó al heredero; cuando lo veías diariamente, después de dos años finalmente lo llamas.¿ Se dudará qué es más probable, que Sexto Nevio hubiera pedido inmediatamente si algo se debiera, o que ni siquiera lo hubiera llamado en dos años?¿ No había tiempo para llamar? Pero vivió contigo más de un año.¿ No pudo actuarse en la Galia? Pero tanto en la provincia se dictaba derecho como en Roma se hacían juicios. Resta que o una suma negligencia te haya impedido o una única liberalidad. Si dices negligencia, nos asombraremos; si bondad, nos reiremos; y no encuentro qué más puedas decir. Es suficiente argumento que no se debía nada a Nevio, porque durante tanto tiempo no pidió nada.
42
¡ Qué si muestro que esto mismo que hace ahora es testimonio de que no se debe nada! Pues,¿ qué hace ahora Sexto Nevio?¿ Sobre qué asunto es la controversia?¿ Qué es este juicio en el que ya llevamos dos años?¿ Qué negocio se gestiona en el que él fatiga a tantos y tales hombres? Pide dinero.¿ Ahora finalmente? Pero, sin embargo, que pida; escuchémoslo.
43
Quiere que se juzgue sobre las cuentas y controversias de la sociedad. Tarde, pero finalmente; concedámoslo. No, dice, no hago eso, Cayo Aquilio, ni me esfuerzo ahora en ello. Publio Quincio usa mi dinero desde hace tantos años. Que lo use, ciertamente; no lo pido.¿ Por qué, pues, luchas?¿ Acaso, como has dicho a menudo en muchos lugares, para que no esté en la ciudad, para que no obtenga su lugar que hasta ahora defiende honestísimamente, para que no sea contado entre los vivos, para que decida sobre su vida y todos sus adornos, hable primero ante el juez y, cuando haya hablado, entonces finalmente escuche la voz del acusador?¿ Qué?¿ A qué conduce esto?¿ A que llegues más rápido a lo tuyo? Pero si quisieras eso, hace tiempo que podría haberse hecho.¿ Para que te enfrentes en un juicio más honesto?
44
Pero no puedes degollar a Publio Quincio, tu pariente, sin el mayor crimen.¿ Para que el juicio sea más fácil? Pero ni Cayo Aquilio juzga gustosamente sobre la vida de otro, ni Quinto Hortensio ha aprendido a hablar contra la vida.¿ Qué se nos pide, pues, Cayo Aquilio? Pide dinero; negamos que se deba. Que se haga el juicio inmediatamente; no nos negamos.¿ Acaso algo más? Si teme que el asunto no esté preparado una vez hecho el juicio, que acepte fianza de que se cumplirá la sentencia; con las mismas palabras con las que haya aceptado fianza de mí, que él mismo dé fianza, lo que pido. Ya puede estar hecho, Cayo Aquilio; ya puedes retirarte liberado de una molestia, diré casi no menor que Quincio.
45
¡ Qué hacemos, Hortensio?¿ Qué decimos sobre esta condición?¿ Podemos alguna vez, depuestas las armas, discutir sobre el asunto pecuniario sin peligro de los bienes?¿ Podemos perseguir nuestro asunto de tal manera que permitamos que la vida de un pariente esté a salvo?¿ Podemos tomar la persona del peticionario, deponer la del acusador? Más bien, dice, aceptaré fianza de ti; yo, sin embargo, no te daré fianza.¿ Quién, finalmente, nos describe esos derechos tan justos?¿ Quién establece esto, que lo que es justo para Quincio, sea injusto para Nevio? Los bienes de Quincio, dice, fueron poseídos según el edicto del pretor. Por tanto, para que confiese eso,¿ pides que, lo que defendemos en juicio que nunca sucedió, eso, como si hubiera sucedido, lo confirmemos con nuestro juicio?
46
No puede encontrarse una razón, Cayo Aquilio, para que cada uno llegue a lo suyo lo antes posible sin deshonor, infamia y ruina de nadie? Ciertamente, si algo se debiera, pediría; no preferiría que se hicieran todos los juicios antes que aquel único del cual nacen todos estos juicios. Quien en tantos años ni siquiera llamó a Quincio, cuando tenía la posibilidad de actuar diariamente, quien, en el momento en que comenzó a actuar, consumió todo el tiempo en aplazar las fianzas, quien después incluso dejó pasar la fianza, quien lo expulsó mediante insidias por la fuerza del campo común, quien, cuando había tenido la posibilidad de actuar sobre el asunto sin que nadie se negara, prefirió hacer una apuesta sobre la infamia, quien, cuando es revocado a aquel juicio del cual nacieron todas estas cosas, repudia la condición más justa, confiesa que no pide dinero sino vida y sangre,¿ no dice esto abiertamente: si algo se me debiera, pediría y, de hecho, hace tiempo que lo habría arrebatado;
47
No usaría este asunto tan grande, este juicio tan odioso, esta abogacía tan copiosa, si hubiera que pedir; hay que arrebatarlo a quien no quiere y a disgusto; lo que no se debe, hay que arrebatarlo y exprimirlo; Publio Quincio debe ser derribado de todos sus bienes; hay que convocar a todos los poderosos, elocuentes y nobles; hay que aplicar violencia a la verdad, lanzar amenazas, intentar peligros, oponer temores, para que, vencido y aterrorizado por estas cosas, se entregue él mismo? Lo cual, por Hércules, todo, cuando veo a quienes luchan contra él, y cuando considero esa asamblea, parecen estar presentes y amenazar y no poder evitarse de ninguna manera; cuando, sin embargo, he vuelto mis ojos y mi ánimo hacia ti, Cayo Aquilio, cuanto mayor es el esfuerzo y afán con que se actúa, tanto más leves y débiles los considero. Nada, pues, debió, como tú mismo predicas.
48
¡ Qué si hubiera debido!¿ Habría sido inmediatamente causa por la cual pidieras al pretor que poseyeras los bienes? No opino que eso sea derecho ni que convenga a nadie.¿ Qué demuestra, pues? Dice que la fianza le fue desierta. Antes de enseñar que eso no sucedió, me place, Cayo Aquilio, considerar el asunto mismo y el hecho de Sexto Nevio según la razón del deber y la costumbre de todos. No había venido a la fianza, como dices, aquel con quien te unían afinidad, sociedad, y finalmente todas las causas y relaciones antiguas.¿ Conviene ir inmediatamente al pretor?¿ Fue verdad inmediatamente pedir que se permitiera poseer los bienes según el edicto?¿ Recurrías tan codiciosamente a estos derechos extremos y hostilísimos que no te reservabas nada para el futuro que pudieras hacer más grave y cruel?
49
Pues,¿ qué puede sucederle a un hombre más vergonzoso, qué más miserable o amargo para un varón?¿ Qué deshonor tan grande puede suceder, qué calamidad tan grande puede encontrarse? Si la fortuna ha quitado dinero a alguien o si la injusticia de alguien lo ha arrebatado, sin embargo, mientras la estimación está íntegra, la honestidad consuela fácilmente la indigencia. Pero no pocos, o afectados por ignominia o condenados por un juicio vergonzoso, usan sus bienes, no esperan los recursos de otro, lo cual es lo más miserable, esto, sin embargo, se alivia en las miserias como ayuda y consuelo. Pero aquel cuyos bienes han sido vendidos, cuyos no solo aquellos amplísimos bienes sino también el sustento y vestido necesario han sido sometidos al pregonero con deshonor, ese no solo es expulsado del número de los vivos, sino que, si es posible, es enviado incluso debajo de los muertos. Pues la muerte honesta a menudo adorna también una vida vergonzosa, una vida tan vergonzosa no deja lugar ni siquiera a una muerte honesta.
50
Por tanto,¡ por Hércules!, aquel cuyos bienes son confiscados por edicto, ve cómo toda su fama y reputación son confiscadas junto con sus bienes; aquel sobre quien se fijan carteles en los lugares más concurridos, no se le permite ni siquiera perecer en silencio y en la oscuridad; aquel a quien se le nombran maestros y dueños para que dictaminen bajo qué ley y bajo qué condición debe perecer, aquel sobre quien la voz del pregonero proclama y fija un precio, a ese se le impone un funeral amarguísimo mientras vive y está presente, si es que puede llamarse funeral a aquel al que no acuden los amigos para honrar las exequias, sino los compradores de bienes como verdugos para desgarrar y despedazar los restos de su vida.
51
Por ello, nuestros antepasados quisieron que esto ocurriera raramente, y los pretores dispusieron que se hiciera con prudencia. Los hombres de bien, cuando son defraudados abiertamente, cuando no hay posibilidad de litigar, descienden a ese extremo con timidez y paso a paso, obligados por la fuerza y la necesidad, a disgusto, tras haber abandonado muchas garantías, a menudo engañados y desamparados; pues consideran qué es y cuánto supone proscribir los bienes de otro. Ningún hombre de bien desea degollar a un ciudadano ni siquiera por derecho; prefiere que se recuerde que, pudiendo arruinarlo, se abstuvo, a que, pudiendo abstenerse, lo arruinó. Esto hacen los hombres de bien con personas totalmente ajenas, incluso con sus mayores enemigos, por causa de la reputación de los hombres y de la humanidad común, para que, como ellos mismos no han perjudicado a nadie a sabiendas, no pueda caer sobre ellos mismos ningún perjuicio por derecho.
52
No acudió a la comparecencia.¿ Quién? Un pariente. Si ese asunto fuera gravísimo por sí mismo, aun así su atrocidad se vería aliviada por el nombre del parentesco. No acudió a la comparecencia.¿ Quién? Un socio. Incluso deberías concederle algo más grave a aquel con quien te hubiera unido la voluntad o la fortuna. No acudió a la comparecencia.¿ Quién? Aquel que siempre estuvo a tu disposición. Por tanto,¿ contra aquel que una vez cometió el error de no estar a tu disposición, has lanzado todos los dardos que estaban preparados contra aquellos que hicieron muchísimas cosas por maldad y para defraudar?
53
Si se tratara de dos ases tuyos, Nevio, si en un asunto pequeño temieras algún perjuicio,¿ no habrías corrido inmediatamente a Cayo Aquilio o a alguno de aquellos a quienes se consulta? Cuando se trataba del derecho de amistad, de sociedad, de afinidad, cuando convenía tener en cuenta el deber y la reputación, en ese momento no solo no consultaste a Cayo Aquilio o a Lucio Lucilio, sino que ni siquiera te consultaste a ti mismo, ni siquiera te dijiste esto:' Han pasado dos horas; Quincio no ha acudido a la comparecencia.¿ Qué hago?'. Si, por Hércules, te hubieras dicho estas dos palabras:'¿ Qué hago?', la codicia y la avaricia habrían respirado, habrías dado un poco de lugar a la razón y al consejo, te habrías serenado, no habrías llegado a tal bajeza de tener que confesar ante hombres tan ilustres que, en la misma hora en que no se cumplió la comparecencia, tomaste la decisión de arruinar por completo la fortuna de un pariente.
54
Yo, en tu lugar, consulto ahora a estos después de tiempo y en un asunto ajeno, ya que tú, en tu propio asunto, cuando era el momento, olvidaste consultar; os pregunto a vosotros, Cayo Aquilio, Lucio Lucilio, Publio Quincilio, Marco Marcelo: un socio y pariente mío, con quien tengo una antigua relación y una reciente controversia sobre un asunto pecuniario, no ha cumplido conmigo la comparecencia;¿ pido al pretor que se me permita confiscar sus bienes, o, dado que su casa, su esposa y sus hijos están en Roma, notifico más bien en su casa?¿ Qué es lo que, finalmente, puede pareceros sobre este asunto? Ciertamente, si he conocido bien vuestra bondad y prudencia, no me equivoco mucho si, al ser consultados, responderíais: primero esperar, después, si parece que se oculta y se burla durante más tiempo, convocar a los amigos, preguntar quién es el procurador, notificar en su casa. Difícilmente se puede decir cuántas cosas responderíais que deben hacerse antes de llegar necesariamente a este extremo.
55
¿ Qué dice Nevio a esto? Se ríe, por supuesto, de nuestra locura, que deseamos en su vida una norma de máximo deber y buscamos las instituciones de los hombres de bien.'¿ Qué tengo yo que ver', dice,' con esa suma integridad y diligencia? Que se preocupen de esos deberes los hombres de bien; sobre mí, en cambio, que consideren esto: no qué tengo, sino por qué medios lo he encontrado, y cómo he nacido y de qué modo he sido educado'. Lo recuerdo; es antiguo: que de un bufón se puede hacer mucho más fácilmente un rico que un padre de familia.
56
Esto dice él, si no se atreve con palabras, de hecho lo dice abiertamente. Pues si quiere vivir según la institución de los hombres de bien, debe aprender y desaprender muchas cosas, lo cual para esa edad es difícil para ambos.' No dudé', dice,' cuando la comparecencia fue abandonada, en proscribir los bienes'. Injustamente; pero, puesto que tú te arrogas eso y pides que se te conceda, concedámoslo.¿ Qué si nunca la abandonó, si toda esa causa fue fingida por ti mediante el mayor fraude y malicia, si no tuviste ninguna comparecencia con Publio Quincio?¿ Con qué nombre debemos llamarte?¿ Injusto? Pero incluso si la comparecencia hubiera sido abandonada, aun así en esa petición y proscripción de bienes te revelabas como el más injusto.¿ Malicioso? No lo niegas.¿ Fraudulento? Eso ya te lo arrogas y lo consideras excelente.¿ Audaz, codicioso, pérfido? Son términos vulgares y obsoletos; el asunto, en cambio, es nuevo e inaudito.
57
¿ Qué es, pues? Temo, por Hércules, usar palabras más graves de lo que la naturaleza permite, o más leves de lo que la causa exige. Dices que la comparecencia fue abandonada. Quincio te preguntó, inmediatamente después de volver a Roma, qué día decías que se había fijado esa comparecencia. Respondiste inmediatamente: las Nonas de febrero. Al partir, Quincio recuerda qué día salió de Roma hacia la Galia; vuelve a su diario; se encuentra que el día de la partida fue el día anterior a las Kalendas de febrero. Si estuvo en Roma en las Nonas de febrero, no decimos nada contra que te prometiera la comparecencia.
58
¿ Qué?¿ Cómo puede encontrarse esto? Partió junto con él Lucio Albio, un hombre de primer orden; dará testimonio. Los familiares acompañaron tanto a Albio como a Quincio; ellos también darán testimonio. Las cartas de Publio Quincio, tantos testigos, para todos los cuales hay una causa justísima por la que pudieron saberlo y ninguna por la que mintieran, serán comparadas con tu cómplice.
59
¿ Y en una causa de este tipo sufrirá Publio Quincio y permanecerá el desdichado más tiempo en tanto miedo y peligro?¿ Y la influencia del adversario lo aterrorizará más vehementemente de lo que la fe del juez lo consolará? Pues siempre vivió de forma sencilla y ruda; su naturaleza fue triste y reservada; no se relacionó en el solárium, ni en el campo, ni en banquetes; se ocupó de retener a los amigos con respeto y su patrimonio con parsimonia; amó la antigua norma del deber, cuyo esplendor se ha desvanecido con estas costumbres. Pero si en una causa igual pareciera salir perdiendo, aun así habría que quejarse no poco; ahora, en una causa superior, ni siquiera pide ser igual, permite ser inferior, siempre y cuando no sea entregado con sus bienes, fama y todas sus fortunas a la codicia y crueldad de Sexto Nevio.
60
He demostrado lo que primero prometí, Cayo Aquilio, que no había causa alguna por la que pedirlo, porque ni se debía dinero y, si se debiera al máximo, no se había cometido nada por lo que se llegara a ese procedimiento. Atiende ahora a que, según el edicto del pretor, los bienes de Publio Quincio no pudieron ser confiscados de ninguna manera. Lee el edicto.' Quien se haya ocultado por causa de fraude'. Ese no es Quincio; a menos que se oculten quienes parten hacia sus negocios dejando un procurador.' A quien no le sobreviva heredero'. Tampoco ese.' Quien haya cambiado de suelo por causa de exilio'.¿ En qué momento crees que debió ser defendido el ausente Quincio, Nevio, o de qué modo?¿ Entonces cuando pedías confiscar sus bienes? Nadie estuvo presente; pues nadie podía adivinar que tú lo pedirías, ni a nadie le incumbía rechazar lo que el pretor no ordenaba que se hiciera, sino que se hiciera según su edicto.
61
¿ Qué lugar, pues, se dio primero al procurador para defender al ausente? Cuando proscribías. Por tanto, estuvo presente, no lo permitió, Sexto Alfeno presentó los escritos; el primer grado del deber fue observado por el procurador con suma diligencia. Veamos qué siguió después. Sorprendes al hombre de Publio Quincio en público, intentas llevártelo; Alfeno no lo permite, te lo quita por la fuerza, se ocupa de que sea devuelto a casa con Quincio. Aquí también se cumple sumamente el deber de un procurador diligente. Dices que Quincio te debe, el procurador lo niega; quieres que se comparezca, él promete; llamas a juicio, él sigue; pides juicio, no lo rechaza. Qué otra cosa sea defender a un ausente, yo no lo entiendo. Pero,¿ quién era el procurador?
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Creo que alguien elegido, un hombre necesitado, litigioso, injusto, que pudiera soportar el reproche cotidiano de un bufón rico. Nada menos; un caballero romano acomodado, que gestiona bien sus negocios, finalmente aquel a quien, cuantas veces Nevio partió hacia la Galia, dejó como procurador en Roma.¿ Y te atreves, Sexto Nevio, a negar que Quincio fue defendido estando ausente, cuando lo defendió el mismo que solía defenderte a ti? Y, cuando él aceptó el juicio en nombre de Quincio, a quien tú solías encomendar y confiar tu asunto y tu fama al partir,¿ intentas decir que no hubo nadie que defendiera a Quincio en juicio?
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' Pedía', dice,' que diera garantía'. Pedías injustamente. Así se te ordenaba; Alfeno rechazaba.' Así, pero el pretor decretaba'.' Entonces se apelaba a los tribunos'.' Aquí', dice,' te tengo; eso no es permitir en juicio ni defender en juicio, cuando pides auxilio a los tribunos'. Esto, cuando considero la prudencia de Hortensio, no creo que él vaya a decirlo. Pero cuando escucho que lo ha dicho antes y considero la causa misma, no encuentro qué otra cosa pueda decir. Pues confiesa que Alfeno presentó los escritos, prometió la comparecencia, no rechazó aceptar el juicio en los mismos términos que Nevio exponía, pero sí, según la costumbre y la institución, a través del magistrado que fue constituido por causa de auxilio.
64
O es necesario que estos hechos no hayan ocurrido, o Cayo Aquilio, un hombre tal, bajo juramento, debe establecer este derecho en la ciudad: que aquel cuyo procurador no haya aceptado todos los juicios en los términos que cada uno pida, cuyo procurador se haya atrevido a apelar a los tribunos ante el pretor, no es defendido, que sus bienes pueden ser confiscados rectamente, que a ese desdichado, ausente, ignorante de sus fortunas, le conviene que todos los ornamentos de su vida sean arrebatados mediante la mayor deshonra e ignominia.
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Pero si esto no puede ser probado por nadie, aquello ciertamente debe ser probado por todos: que Quincio fue defendido en juicio estando ausente. Siendo esto así, los bienes no fueron confiscados según el edicto.' Pero es que los tribunos de la plebe ni siquiera escucharon'. Confieso, si es así, que el procurador debió obedecer el decreto del pretor.¿ Qué? Si Marco Bruto dijo abiertamente que intercedería, a menos que se llegara a un acuerdo entre el propio Alfeno y Nevio,¿ parece que la apelación a los tribunos fue no por demora, sino por causa de auxilio?
66
¿ Qué ocurre después? Alfeno, para que todos pudieran entender que Quincio era defendido en juicio, para que no pudiera haber sospecha alguna oculta ni en su deber ni en la reputación de este, convoca a varios hombres de bien, testifica ante él que, por la relación común, pide primero que no intente hacer nada más atroz contra Publio Quincio ausente sin causa; pero si, en cambio, persiste en contender de forma muy enemistosa y hostil, que está preparado para defender por toda razón recta y honesta que lo que pide no se debe; que él acepta el juicio que él proponga.
67
Varios hombres de bien sellaron las tablillas de este asunto y condición. El asunto no puede entrar en duda. Estando todos los asuntos intactos, sin bienes proscritos ni confiscados, ocurre que Alfeno promete a Nevio que Quincio comparecerá. Quincio acude a la comparecencia. El asunto yace en controversias durante dos años por tu calumnia, hasta que se encontrara la razón por la que el asunto se apartara de la costumbre habitual y toda la causa se concluyera en este juicio singular.
68
¿ Qué deber del procurador, Cayo Aquilio, puede recordarse que parezca haber sido omitido por Alfeno?¿ Qué se aporta por lo que se niegue que Publio Quincio fue defendido estando ausente?¿ O acaso lo que creo que dirá Hortensio, porque lo introdujo hace poco y porque Nevio siempre lo grita, que no hubo para Nevio una contienda igual con Alfeno en aquel tiempo, con aquellos dominando? Pero si quisiera confesar eso, creo que concederán que no es que no hubiera procurador de Publio Quincio, sino que era influyente. Para mí, sin embargo, para vencer, basta con que hubo un procurador con quien litigar; qué clase de hombre fuera, siempre que defendiera al ausente mediante el derecho y el magistrado, creo que no tiene nada que ver con el asunto.
69
' Era', dice,' de aquel partido'.¿ Cómo no? Si habías sido educado junto a ti; a quien tú desde niño habías instruido de tal modo que no favoreciera ni a un gladiador noble. Si, lo que tú siempre deseaste sumamente, lo mismo quería Alfeno,¿ por esa razón no era para ti una contienda igual con él en aquel tiempo?' Era', dice,' familiar de Bruto; por eso él intercedía'. Tú, en cambio, contra Burrieno, que decretaba la injusticia, finalmente contra todos aquellos que entonces podían muchísimo por la fuerza y el crimen y, porque podían, se atrevían.¿ Acaso querías vencer a todos aquellos que ahora se esfuerzan tanto para que tú venzas? Atrévete a decir eso no abiertamente, sino ante aquellos mismos a quienes convocaste.
70
Aunque no quiero renovar recordando aquel asunto cuya memoria creo que debe ser eliminada y borrada por completo; digo solo esto: si por el entusiasmo de partido Alfeno era poderoso, Nevio era poderosísimo; si confiado en su influencia Alfeno pedía algo más injusto, Nevio obtenía cosas mucho más injustas. Pues, en mi opinión, no hubo diferencia alguna entre vuestro entusiasmo; en ingenio, antigüedad y artificio tú venciste fácilmente. Por omitir otras cosas, esto es suficiente: Alfeno pereció con ellos y por causa de ellos a quienes amaba; tú, después de que quienes eran tus amigos no pudieron vencer, hiciste que fueran tus amigos quienes vencían.
71
Pero si no crees que entonces tuviste un derecho igual con Alfeno, porque aun así podía convocar a alguien contra ti, porque se encontraba algún magistrado ante quien la causa de Alfeno se sostuviera,¿ qué debe decidirse para Quincio en este tiempo? A quien hasta ahora no se le ha encontrado magistrado justo ni se le ha devuelto un juicio habitual, no ha intervenido condición, ni apuesta, ni finalmente ninguna petición, dejo de lado las justas, sino que antes de este tiempo ni siquiera se habían oído hablar.' Deseo contender sobre un asunto pecuniario'.' No está permitido'.' Pero esa es la controversia'.' No me incumbe; debes decir la causa de la cabeza'.' Acusa donde es necesario'.' No', dice,' a menos que tú antes, de modo nuevo, hables en primer lugar'.' Es necesario hablar'.' Se prefijarán las horas a nuestro arbitrio, el propio juez será coaccionado'.
72
¿ Qué entonces? Tú encontrarás algún patrón, un hombre de antiguo deber, que desprecie nuestro esplendor e influencia; por mí luchará Lucio Filipo, florentísimo en elocuencia, gravedad y honor de la ciudad, hablará Hortensio, excelente en ingenio, nobleza y reputación, y estarán presentes hombres nobilísimos y potentísimos, de modo que su frecuencia y asamblea no solo Publio Quincio, que decide sobre su cabeza, sino cualquiera que esté fuera de peligro, se horrorice.
73
Esta es una contienda injusta, no aquella en la que tú cabalgabas contra Alfeno; a este no le dejaste ni lugar donde sostenerse contra ti. Por tanto, o debes demostrar que Alfeno negó ser procurador, no presentó los escritos, no quiso aceptar el juicio, o, puesto que estos hechos ocurrieron así, concede que no confiscaste los bienes de Publio Quincio según el edicto. Pues si confiscaste según el edicto, pregunto por qué los bienes no fueron vendidos, por qué los demás fiadores y acreedores no se reunieron;¿ no hubo nadie a quien Quincio debiera? Los hubo, y fueron varios, debido a que su hermano Cayo había dejado una cantidad considerable de deuda.¿ Qué es, pues? Todos eran hombres totalmente ajenos a este, y se les debía, y sin embargo no se encontró a nadie tan notablemente injusto que se atreviera a violar la reputación de Publio Quincio estando ausente.
74
Uno solo fue, pariente, socio, allegado, Sexto Nevio, quien, cuando él mismo debía voluntariamente, como si se hubiera expuesto un premio extraordinario al crimen, contendía codiciosamente para que, mediante él, su pariente afligido y arruinado no solo fuera privado de los bienes obtenidos honestamente, sino también de la luz común.¿ Dónde estaban los demás acreedores? Finalmente,¿ dónde están en este tiempo?¿ Quién es el que diga que se ocultó por causa de fraude, quién el que niegue que Quincio fue defendido estando ausente? No se encuentra a nadie.
75
Pero, por el contrario, todos con quienes este tiene o ha tenido relación están presentes, defienden, se esfuerzan para que la fe de este, conocida en muchos lugares, no sea menoscabada por la perfidia de Sexto Nevio. En una apuesta de este tipo, convenía dar testigos de entre aquellos que dijeran esto:' Me abandonó la comparecencia, me defraudó, me pidió el día del nombre que había negado; no pude litigar, se ocultó, no dejó procurador'. Nada de esto se dice. Se preparan testigos que digan esto. Pero, creo, veremos cuando hayan hablado. Una sola cosa, sin embargo, piensen: que son tan graves que, si quieren retener la verdad, pueden obtener gravedad; si la desprecian, que son tan leves que todos entiendan que la autoridad no ayuda a obtener la mentira, sino a probar la verdad.
76
Yo pregunto estas dos cosas: primero, por qué razón Nevio no llevó a cabo el negocio emprendido, esto es, por qué no vendió los bienes que confiscaba según el edicto; después, por qué de tantos acreedores nadie más se acercó a ese procedimiento, para que necesariamente confieses que ni hubo nadie tan temerario, ni tú mismo pudiste perseverar y llevar a cabo lo que habías emprendido tan vergonzosamente.¿ Qué si tú mismo, Sexto Nevio, decidiste que los bienes de Publio Quincio no fueron confiscados según el edicto? Creo que tu testimonio, que en asunto ajeno sería leve, en el tuyo, puesto que es contra ti, debe ser gravísimo. Compraste los bienes de Sexto Alfeno cuando Lucio Sila los vendía; nombraste a Quincio socio tuyo en estos bienes. No digo más.¿ Con aquel con quien formabas una sociedad voluntaria, que te había defraudado en una sociedad hereditaria, y lo aprobabas con tu juicio a quien considerabas despojado de fama y de todas sus fortunas?
77
Desconfiaba, por Hércules, Cayo Aquilio, con el ánimo suficientemente seguro y confirmado, de poder sostenerme en esta causa. Pensaba así: cuando Hortensio fuera a hablar en contra y cuando Filipo fuera a escucharme atentamente, ocurriría que en muchísimas cosas caería por miedo. Le decía a este Quinto Roscio, cuya hermana está con Publio Quincio, cuando me pedía y se esforzaba sumamente para que defendiera a su pariente, que para mí era dificilísimo no solo perorar una causa tan grande contra tales oradores, sino intentar decir una palabra en absoluto. Cuando insistía con más codicia, le dije al hombre, por la amistad, más familiarmente, que me parecía que tenían la cara muy dura quienes intentaban llevar el asunto estando él presente; que quienes, en cambio, contendían con él mismo, incluso si antes hubieran parecido tener algo de rectitud o elegancia, lo perdían; que temía que me ocurriera algo de ese tipo, cuando iba a hablar contra tal artífice.
78
Entonces Roscio me dijo muchas otras cosas para confirmarme, de modo que, por Hércules, si no dijera nada, con el silencio mismo del deber y el entusiasmo que tenía hacia su pariente, conmovería a cualquiera— pues cuando un artífice es de tal clase que parece el único digno de ser visto en escena, es también un hombre de tal clase que parece el único digno de no acercarse a ella—; pero, sin embargo:'¿ Qué?', dijo,' si tienes una causa de tal clase que esto te sea evidente que debe hacerse, que no hay nadie que pueda caminar setecientas mil millas en dos días o como máximo tres,¿ aun así temes no poder contender esto contra Hortensio?'
79
' En absoluto', dije,' pero¿ qué tiene eso que ver con el asunto?'.' Sin duda', dijo,' en eso consiste la causa'.'¿ Cómo?'. Me enseña un asunto de tal clase y un hecho de Sexto Nevio que, si se presentara al mismo tiempo, debería ser suficiente. Lo cual, Cayo Aquilio, y vosotros que estáis presentes en el consejo, os pido que atendáis diligentemente; ciertamente entenderéis que desde el principio lucharon la codicia y la audacia, y por otra parte la verdad y el pudor resistieron hasta donde pudieron. Pides que se permita confiscar los bienes según el edicto.¿ Qué día? Quiero oírte a ti mismo, Nevio; quiero que el crimen inaudito sea convencido por la voz de quien lo cometió. Di, Nevio, el día.' Antes del día quinto de las Kalendas intercalares'. Dices bien.¿ Qué tan lejos está de aquí a vuestro saltus galo? Nevio, te pregunto.' Setecientas mil millas'. Muy bien. Quincio es expulsado del saltus—¿ qué día?¿ Podemos oír esto también de ti?¿ Por qué callas? Di, digo, el día. Te avergüenzas de decirlo; lo entiendo; pero es tarde y en vano la vergüenza. Es expulsado del saltus, Cayo Aquilio, el día anterior a las Kalendas intercalares; dos días después o, como alguien corrió inmediatamente por el derecho, no en tres días completos se recorren setecientas mil millas.
80
¡ Oh, asunto increíble!¡ Oh, codicia inconsiderada!¡ Oh, mensajero alado! Los administradores y satélites de Sexto Nevio llegan desde Roma a través de los Alpes a los Sebagninos en dos días.¡ Oh, hombre afortunado que tiene mensajeros de tal clase o más bien Pegasos! Aquí, si surgieran todos los Crasos con los Antonios, si tú, Lucio Filipo, que florecías entre ellos, quisieras hablar esta causa con Hortensio, aun así es necesario que yo sea superior; pues no, como pensáis, todo está en la elocuencia; hay, sin embargo, una verdad tan clara que ninguna cosa puede debilitarla.
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¿ O acaso, antes de que pidieras confiscar los bienes, enviaste a quien se ocupara de que el dueño fuera expulsado de su fundo por su familia mediante la fuerza? Elige lo que quieras; uno es increíble, el otro es nefando, y antes de este tiempo ambos inauditos.¿ Quieres que setecientas mil millas hayan sido recorridas en dos días? Dilo.¿ Lo niegas? Entonces enviaste antes. Prefiero; pues si dijeras aquello, parecerías mentir injustamente; cuando confiesas esto, concedes haber admitido lo que ni siquiera con una mentira puedes cubrir.¿ Este consejo será aprobado por Aquilio y hombres tales como tan codicioso, tan audaz, tan temerario?
82
¿ Qué significa esta locura, qué esta prisa, qué esta inmadurez tan grande?¿ No la fuerza, no el crimen, no el latrocinio, no finalmente todas las cosas antes que el derecho, que el deber, que el pudor? Envías sin orden del pretor.¿ Con qué consejo? Sabías que ordenaría.¿ Qué? Cuando hubiera ordenado,¿ entonces no podías enviar? Ibas a pedir.¿ Cuándo? Después de treinta días. Ciertamente si nada te impidiera, si la misma voluntad permaneciera, si estuvieras bien, finalmente si vivieras. El pretor, por supuesto, habría ordenado. Creo, si quisiera, si estuviera bien, si dictara derecho, si nadie rechazara, quien según su propio decreto diera garantía y quisiera aceptar el juicio.
83
Pues,¡ por los dioses inmortales!, si Alfeno, procurador de Publio Quincio, te diera entonces garantía y quisiera aceptar el juicio, finalmente si hubiera querido hacer todo lo que pedías,¿ qué harías?¿ Revocarías a quien habías enviado a la Galia? Pero este ya habría sido expulsado del fundo, ya arrojado de cabeza de sus dioses penates, ya, lo que es más indigno, violado por las manos de sus propios esclavos por tu mensaje y orden. Corregirías esto, por supuesto, tú después.¿ Te atreves a hablar de la vida de alguien, tú que debes conceder que estuviste tan ciego por la codicia y la avaricia que, cuando ignorabas qué iba a ocurrir después, y sin embargo podían ocurrir muchas cosas, colocabas la esperanza de un maleficio presente en el incierto evento del tiempo? Y hablo de esto como si en aquel mismo tiempo, cuando el pretor te hubiera ordenado confiscar según el edicto, si hubieras enviado a la posesión, debieras o pudieras haber expulsado a Publio Quincio de la posesión.
84
Todas las cosas son, Cayo Aquilio, de tal clase que cualquiera puede ver que en esta causa la injusticia y la influencia compiten con la necesidad y la verdad.¿ Cómo te ordenó el pretor confiscar? Creo que según el edicto.¿ La apuesta que se hizo en qué términos fue?' Si los bienes de Publio Quincio no fueron confiscados según el edicto del pretor'. Volvamos al edicto.¿ Cómo ordena confiscar?¿ Hay alguna causa, Cayo Aquilio, por la que, si confiscó de forma muy distinta a como el pretor dictó, ese no haya confiscado según el edicto y yo haya ganado la apuesta? Nada, creo. Conozcamos el edicto.' Quienes hayan venido a la posesión según mi edicto'. Habla de ti, Nevio, como tú piensas; pues dices que viniste según el edicto; define qué haces, te instruye, te da preceptos.' Parece que deben estar en posesión de esta manera'.¿ De qué modo?' Lo que allí mismo puedan custodiar rectamente, que lo custodien allí mismo; lo que no puedan, será lícito llevarlo y retirarlo'.¿ Qué entonces?' No place', dice,' expulsar al dueño contra su voluntad'. A ese mismo que se oculte por causa de fraude, a ese mismo a quien nadie haya defendido en juicio, a ese mismo que actúe mal con todos sus acreedores, prohíbe que sea expulsado del predio contra su voluntad.
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Al partir tú hacia la posesión, el pretor mismo, Sexto Nevio, te dice abiertamente:' Confisca de modo que Quincio confisque junto contigo, confisca de modo que no se infiera fuerza a Quincio'.¿ Qué?¿ Cómo observas eso? Dejo de decir aquello, que aquel que no se ocultaba, que tenía en Roma casa, esposa, hijos, procurador, aquel que no te había abandonado la comparecencia; dejo todo esto; digo aquello, que el dueño fue expulsado del predio, que se infirieron manos al dueño por su familia ante sus Lares familiares; digo esto: si alguien confisca un solo fundo por cualquier razón, pero permite al dueño mismo mantener los demás predios, ese, creo, no parecería confiscar el predio, sino los bienes de otro.¿ Qué es confiscar? Sin duda estar en posesión de aquellas cosas que pueden ser confiscadas en ese tiempo. Cuando había casa en Roma, esclavos, en la misma Galia predios privados de Publio Quincio, que nunca te atreviste a confiscar; lo cual si confiscaras los bienes de Publio Quincio, deberías confiscar todo con ese derecho. Nevio ni siquiera apeló a Quincio, cuando estaba junto y podía litigar diariamente; después, porque prefería que todos los juicios dificilísimos se hicieran con su suma impopularidad y máximo peligro de Publio Quincio antes que aquel juicio pecuniario que podía llevarse a cabo en un día; de lo cual confiesa que todo esto nació y partió. En cuyo lugar propuse la condición, si quería pedir dinero, que Publio Quincio daría garantía de que el juicio sería pagado, mientras él mismo, si pidiera algo, usara la misma condición.
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He mostrado cuántas cosas convenía que ocurrieran antes de que se pidiera confiscar los bienes de un pariente, especialmente cuando en Roma estaban su casa, esposa, hijos y un procurador igualmente necesario para ambos. He demostrado que, cuando dice que la comparecencia fue abandonada, no hubo comparecencia alguna; el día que dice que este le prometió, ese día ni siquiera estuvo en Roma; prometí que lo haría evidente con testigos que debían saberlo y no tenían causa por la que mentir. He demostrado, además, que los bienes no pudieron ser confiscados según el edicto, porque no se decía que se hubiera ocultado por causa de fraude ni que hubiera cambiado de suelo por causa de exilio.
87
Queda que nadie lo defendió en juicio. Lo cual contendí que fue defendido copiosísimamente no por un hombre ajeno ni por algún calumniador e injusto, sino por un caballero romano, pariente y allegado suyo, a quien el propio Sexto Nevio solía dejar como procurador antes; y que él, si apeló a los tribunos, no por ello estaba menos preparado para permitir el juicio, ni por la influencia del procurador se arrebató el derecho a Nevio; por el contrario, que tú fuiste entonces superior solo por tu influencia, y ahora apenas nos das poder de respirar.
88
He preguntado qué causa hubo por la que los bienes no fueron vendidos, cuando eran confiscados según el edicto. Después he preguntado también por qué razón de tantos acreedores nadie hizo lo mismo entonces ni ahora habla en contra, y todos luchan por Publio Quincio, especialmente cuando en tal juicio los testimonios de los acreedores se consideran que pertenecen al asunto máximamente. Después he usado el testimonio del adversario, quien hace poco se nombró socio a sí mismo a aquel a quien, como ahora pretende, demuestra que entonces ni siquiera estaba en el número de los vivos. Entonces he presentado aquella increíble rapidez o más bien audacia; he confirmado que es necesario que o se recorrieron setecientas mil millas en dos días o Sexto Nevio envió a la posesión muchos días antes de que pidiera que se le permitiera confiscar los bienes.
89
Después he leído el edicto que prohibía abiertamente que el dueño fuera expulsado del predio; en lo cual ha quedado claro que Nevio no confiscó según el edicto, cuando confesaba que Quincio fue expulsado del predio por la fuerza. He establecido que los bienes no fueron confiscados en absoluto, porque la posesión de bienes se considera no en alguna parte, sino en el conjunto de lo que puede ser tenido y confiscado. He dicho que había casa en Roma a la que este ni siquiera aspiró, varios esclavos, de los cuales este no confiscó a ninguno, ni siquiera tocó; que hubo uno a quien intentó tocar; prohibido, se quedó quieto.
90
En la misma Galia habéis conocido que Sexto Nevio no fue a los predios privados de Quincio; finalmente, de este mismo saltus que confiscó expulsando por la fuerza al socio, no todos los esclavos privados de Quincio fueron expulsados. De lo cual y de los demás dichos, hechos y pensamientos de Sexto Nevio, cualquiera puede entender que este no ha hecho otra cosa ni hace ahora sino que, mediante la fuerza, la injusticia y la iniquidad del juez, pueda hacer suyo todo el campo, que es común.
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Ahora que la causa ha sido expuesta, el asunto mismo y la magnitud del peligro, Cayo Aquilio, parecen obligar a que Publio Quincio, por su vejez y su soledad, te suplique y te conjure a ti y a quienes te asisten en el consejo, para que no hagáis otra cosa que seguir vuestra propia naturaleza y bondad, a fin de que, puesto que la verdad está de su parte, su indigencia pueda más ante la misericordia que la riqueza del otro ante la crueldad.
92
El día en que acudimos a ti como juez, ese mismo día comenzamos a despreciar las amenazas de aquellos que antes nos aterrorizaban. Si la causa compitiera con la causa, estábamos seguros de que probaríamos la nuestra fácilmente ante cualquiera; pero dado que es un modo de vida el que lucha contra otro modo de vida, por eso mismo consideramos que necesitábamos aún más de ti como juez. Pues el asunto se encuentra ahora en tal encrucijada: si esa parsimonia rústica y sencilla puede defenderse contra el lujo y el desenfreno, o si, desfigurada y despojada de todos sus adornos, debe ser entregada desnuda a la codicia y a la insolencia.
93
Publio Quincio no compite contigo en influencia, Sexto Nevio, no disputa en riquezas ni en facultades; te cede todas las artes por las que eres grande; confiesa que no sabe hablar con elegancia, que no puede hablar para complacer, que no sabe desertar de una amistad afligida para volar hacia otra floreciente, que no sabe vivir con gastos profusos, ni adornar un banquete de forma magnífica y espléndida, ni tener una casa cerrada al pudor y a la integridad, pero abierta y, más aún, expuesta a la codicia y a los placeres; por el contrario, afirma que el deber, la lealtad, la diligencia y una vida siempre austera y sobria han sido lo que ha apreciado. Él siente que aquellas cosas anteriores son superiores y tienen mucho poder con estas costumbres.¿ Qué es, pues?
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No hasta el punto, sin embargo, de que aquellos que, habiendo abandonado la disciplina de los hombres de bien, prefirieron seguir el lucro y el gasto de Galón, y que además vivieron con audacia y perfidia— lo que no hubo en aquel—, dominen sobre la vida y los bienes de hombres muy honorables. Si le es permitido vivir a aquel a quien Sexto Nevio no quiere, si hay lugar en la ciudad para un hombre honesto a pesar de Nevio, si es lícito que Publio Quincio respire contra el capricho y el dominio de Nevio, si puede obtener, conmigo como defensor, que los adornos que se ganó con pudor se mantengan frente a la insolencia, hay esperanza de que este hombre, miserable e infeliz, pueda finalmente algún día mantenerse en pie. Pero si Nevio puede hacer lo que le place, y le place lo que no es lícito,¿ qué se debe hacer?¿ A qué dios hay que invocar?¿ La lealtad de qué hombre hay que implorar?¿ Qué lamento, qué duelo, qué dolor, en fin, puede encontrarse que sea digno ante tan gran calamidad?
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Es miserable ser expulsado de todos los bienes, más miserable es serlo por una injusticia; es amargo ser engañado por alguien, más amargo serlo por un pariente; es calamitoso ser arruinado en los bienes, más calamitoso serlo con deshonra; es funesto ser degollado por un hombre fuerte y honesto, más funesto serlo por aquel cuya voz se prostituyó en el pregón por dinero; es indigno ser vencido por un igual o un superior, más indigno serlo por un inferior y alguien más humilde; es luctuoso ser entregado a otro junto con los bienes, más luctuoso serlo a un enemigo; es horrible defender una causa capital, más horrible hacerlo en primer lugar.
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Quincio lo ha examinado todo, lo ha intentado todo, Cayo Aquilio; no solo no pudo encontrar un pretor de quien obtener justicia, y ni siquiera alguien ante quien solicitar un arbitraje según su voluntad, sino que ni siquiera pudo encontrar a los amigos de Sexto Nevio, a cuyos pies yacía a menudo y durante mucho tiempo, postrado, suplicando por los dioses inmortales que o bien litigaran con él legalmente o bien le impusieran la injusticia sin ignominia.
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Finalmente, se enfrentó al rostro soberbio del propio enemigo, tomó llorando la mano del propio Sexto Nevio, ejercitada en proscribir los bienes de sus parientes, y le suplicó por las cenizas de su hermano muerto, por el nombre del parentesco, por su propia esposa e hijos, a quienes nadie es más cercano que Publio Quincio, que tuviera al fin misericordia, que tuviera alguna consideración, si no por el parentesco, al menos por su edad, si no por el hombre, al menos por la humanidad, para que llegara a un acuerdo con él bajo cualquier condición, siempre que fuera tolerable, manteniendo intacta su reputación.
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Repudiado por él mismo, no ayudado por sus amigos, hostigado y aterrorizado por todo magistrado, no tiene a nadie a quien apelar más que a ti; a ti se encomienda, a ti confía todos sus bienes y fortunas, a ti entrega su reputación y la esperanza del resto de su vida. Acosado por muchas afrentas, zarandeado por muchísimas injusticias, no huye hacia ti como un hombre vil, sino como un hombre miserable; expulsado de su finca más adornada, atacado por todas las ignominias, al ver a aquel dominar sobre los bienes paternos mientras él mismo no podía reunir la dote para su hija en edad de casarse, no cometió, sin embargo, nada ajeno a su vida anterior.
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Por tanto, te suplica esto, Cayo Aquilio, que la reputación y la honestidad que ha traído a tu juicio, ya casi al final de su vida y de su carrera, le sea permitido llevarla consigo al salir de este lugar, para que aquel de cuya conducta nadie dudó jamás no sea marcado, a sus sesenta años, con deshonra, mancha y la más vergonzosa ignominia, para que Sexto Nevio no abuse de todos sus adornos como si fueran botín, y para que no ocurra por tu causa que la reputación que acompañó a Publio Quincio hasta la vejez no lo acompañe también hasta la tumba.

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