1
Aquellos que ofrecen discursos laudatorios a los ricos como si fueran regalos, no solo me parecerían con justicia jueces de ser aduladores y serviles, por pretender gratificar con mucho lo que no merece gratitud, sino también impíos y pérfidos; impíos, porque, al dejar de alabar y glorificar al único Dios perfecto y bueno, de quien provienen todas las cosas, por quien son todas las cosas y hacia quien son todas las cosas, atribuyen este honor a hombres que se revuelcan en una vida disoluta y cenagosa y que, en última instancia, están sujetos al juicio de Dios; y pérfidos, porque, siendo la riqueza misma suficiente para corromper las almas de quienes la poseen, para pervertirlas y apartarlas del camino por el cual es posible alcanzar la salvación, estos otros aturden aún más las mentes de los ricos, elevándolas con los placeres de alabanzas desmedidas y haciendo que, en definitiva, desprecien todas las cosas excepto la riqueza por la cual son admirados, canalizando el fuego de la palabra sobre el fuego, vertiendo soberbia sobre soberbia y añadiendo al peso de la riqueza una carga aún más pesada, de la cual más bien habría que despojarlos y recortarlos, como si fuera una enfermedad peligrosa y mortal; pues, como enseña la palabra divina, al que se eleva y se engrandece le sigue, como contrapartida, el cambio hacia la humildad y la caída. A mí me parece mucho más filantrópico, en lugar de servir servilmente a los ricos y alabarlos para su mal, esforzarse por trabajar por su vida y su salvación de todas las maneras posibles, pidiendo esto a Dios, quien concede generosa y gustosamente tales cosas a sus propios hijos, y sanando sus almas mediante la palabra a través de la gracia del Salvador, iluminándolos y conduciéndolos hacia la posesión de la verdad, de la cual solo aquel que la alcanza y se ilumina con buenas obras obtendrá el premio de la vida eterna. La oración también requiere de un alma vigorosa y nutrida, medida hasta el último día de la vida, y la conducta requiere de una disposición buena, constante y que se extienda a todos los mandamientos del Salvador.
2
Corre el riesgo de no ser simple, sino complejo, el motivo por el cual la salvación parece más difícil para los ricos que para los hombres sin recursos. Pues algunos, al escuchar directa y prontamente la voz del Señor, que dice que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos, desesperando de sí mismos como si no fueran a vivir, entregándolo todo al mundo y aferrándose a la vida de aquí como si fuera la única que les quedaba, se apartaron aún más del camino de allá, sin indagar ya ni a quiénes llama el Señor y Maestro« ricos» ni cómo lo imposible para los hombres se vuelve posible. Otros, en cambio, comprendieron esto correcta y adecuadamente, pero, al descuidar las obras que conducen a la salvación, no hicieron la preparación necesaria para alcanzar lo que se espera. Digo esto en ambos casos sobre los ricos que han percibido tanto el poder del Salvador como la salvación manifiesta; de los que no están iniciados en la verdad, poco me importa.
3
Es necesario, pues, que aquellos que están dispuestos con amor a la verdad y amor fraternal, y que no se muestran ni insolentes con los ricos llamados, ni a su vez se someten a ellos por propia codicia, primero eliminen de ellos con la palabra la vana desesperación y demuestren, con la debida explicación de los dichos del Señor, que la herencia del reino de los cielos no les está totalmente cortada si obedecen los mandamientos; luego, cuando aprendan que temen un temor infundado y que el Salvador los recibe con alegría cuando ellos quieren, entonces mostrarles y guiarlos sobre cómo y mediante qué obras y disposiciones podrían disfrutar de la esperanza, de modo que no sea algo imposible para ellos ni, por el contrario, algo que se obtenga al azar. Pero, de la misma manera que ocurre con los atletas— para comparar cosas pequeñas y perecederas con grandes e incorruptibles—, que el que es rico según el mundo considere esto para sí mismo. Pues, de aquellos, el que desesperó de poder vencer y obtener coronas ni siquiera se inscribió para la competición, mientras que el que se lanzó a ella con la esperanza en su mente, pero no aceptó los esfuerzos, los ejercicios y la alimentación adecuados, terminó sin corona y fracasó en sus esperanzas. Así también, alguien que esté revestido de este atuendo terrenal no debe, desde el principio, excluirse de los premios del Salvador, siendo fiel y viendo la grandeza de la filantropía de Dios, ni tampoco, por otra parte, permanecer sin entrenamiento y sin lucha, esperando participar de las coronas de la incorruptibilidad sin polvo y sin sudor; sino que debe someterse, llevándose a sí mismo, al Logos como entrenador y a Cristo como juez de la competición; que su alimento y bebida sea el Nuevo Testamento del Señor, sus ejercicios los mandamientos, y su elegancia y adorno las buenas disposiciones: amor, fe, esperanza, conocimiento de la verdad, afabilidad, mansedumbre, compasión, seriedad, para que, cuando la última trompeta señale el fin de la carrera y la salida de aquí, como desde el estadio de la vida, se presente ante el juez de la competición victorioso, con buena conciencia, reconocido como digno de la patria de arriba, a la que regresa con coronas y proclamaciones angélicas.
4
Que el Salvador nos conceda, pues, habiendo comenzado desde aquí el discurso, contribuir con lo verdadero, lo apropiado y lo salvífico para los hermanos, primero hacia la esperanza misma y, en segundo lugar, hacia la conducción hacia esa esperanza. Él, que concede a los que necesitan, enseña a los que piden, disuelve la ignorancia y sacude la desesperación, introduciendo de nuevo los mismos discursos sobre los ricos, convirtiéndose ellos mismos en intérpretes y expositores seguros. Pues no hay nada como escuchar de nuevo los dichos mismos que, hasta ahora, nos perturbaban en los Evangelios al escucharlos sin examen y erróneamente por nuestra inmadurez. Al salir él a camino, se acercó uno, se arrodilló y dijo:« Maestro bueno,¿ qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le dice:«¿ Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo, Dios. Conoces los mandamientos: no cometas adulterio, no mates, no robes, no des falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre». Él, respondiendo, le dice:« Todo esto lo he guardado desde mi juventud». Jesús, mirándolo, lo amó y dijo:« Una cosa te falta: si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y ven, sígueme». Él, entristecido por la palabra, se fue apenado; pues tenía muchas riquezas y campos. Jesús, mirando alrededor, dice a sus discípulos:«¡ Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!». Los discípulos estaban asombrados por sus palabras. Pero Jesús, respondiendo de nuevo, les dice:« Hijos,¡ qué difícil es que los que confían en las riquezas entren en el reino de Dios! Más fácilmente pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios». Ellos se asombraban sobremanera y decían:«¿ Quién, pues, puede salvarse?». Él, mirándolos, dijo:« Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios». Pedro comenzó a decirle:« Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús, respondiendo, dice:« En verdad os digo, quien deje lo suyo, padres, hermanos y riquezas por causa mía y por causa del Evangelio, recibirá el céntuplo. Ahora, en este tiempo, tener campos, riquezas, casas y hermanos con persecuciones,¿ hacia dónde? En el venidero, la vida es eterna; pero serán los primeros últimos, y los últimos primeros».
5
Esto está escrito en el Evangelio según Marcos; y en todos los demás que son aceptados, aunque quizás cambie un poco en cada lugar las palabras, todos demuestran la misma concordancia de pensamiento. Es necesario, sabiendo claramente que el Salvador no enseña nada humanamente, sino todo con sabiduría divina y mística a los suyos, no escuchar lo que se dice de manera carnal, sino investigar y comprender el sentido oculto en ellos con la debida búsqueda y entendimiento. Pues incluso las cosas que parecen haber sido explicadas por el mismo Señor a los discípulos sobre lo que se dijo enigmáticamente, no requieren menos, sino aún más atención incluso ahora, debido a la sobreabundante excelencia de la prudencia que hay en ellas. Y donde incluso las cosas que se consideran explicadas por él a los de adentro y a los llamados por él hijos del reino todavía requieren más cuidado,¿ cuánto más las que parecen haber sido expresadas simplemente y por eso ni siquiera fueron preguntadas por los que escuchaban, pero que se refieren a todo el fin mismo de la salvación, y que están cubiertas por una profundidad de pensamiento maravillosa y celestial, no conviene recibirlas superficialmente con los oídos, sino bajando la mente hacia el espíritu mismo del Salvador y lo inefable de su pensamiento?
6
Pues nuestro Señor y Salvador ha sido preguntado con una pregunta muy adecuada para él: la Vida sobre la vida, el Salvador sobre la salvación, el Maestro sobre el punto principal de las doctrinas enseñadas, la Verdad sobre la verdadera inmortalidad, el Logos sobre el Logos del Padre, el Perfecto sobre el descanso perfecto, el Incorruptible sobre la incorruptibilidad segura. Ha sido preguntado sobre aquellas cosas por las que ha descendido, las que enseña, las que instruye, las que proporciona, para mostrar el propósito del Evangelio: que es la entrega de la vida eterna. Él, como Dios, sabe de antemano tanto lo que se le va a preguntar como lo que alguien le va a responder. Pues,¿ quién más que el profeta de los profetas y Señor de todo espíritu profético? Llamado bueno, tomando desde este mismo término el punto de partida, comienza desde ahí la enseñanza, volviendo al discípulo hacia Dios, el bueno, el primero y único dispensador de la vida eterna, que el Hijo nos da habiéndola recibido de aquel.
7
Por tanto, la lección más grande y principal para la vida debe ser depositada desde el principio en el alma: conocer a Dios, el eterno y dador de lo eterno, el primero, el supremo, el único y bueno Dios. A quien es posible poseer mediante el conocimiento y la aprehensión; pues este es un principio inmutable e inamovible y un fundamento de vida, el conocimiento de Dios, el que es verdaderamente y que otorga las cosas que son, es decir, las eternas, de quien también proviene el ser para los demás y el recibir el permanecer. Pues la ignorancia de él es muerte, mientras que el conocimiento de él, la familiaridad, el amor hacia él y la asimilación a él es la única vida.
8
Por tanto, exhorta a quien va a vivir la vida verdadera a conocer primero a este, a quien nadie conoce sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo revele; luego, a aprender la grandeza del Salvador después de aquel y la novedad de la gracia, que, según el apóstol, la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad por medio de Jesucristo; y no son iguales las cosas dadas por un siervo fiel a las otorgadas por el Hijo legítimo. Si, en efecto, la ley de Moisés fuera capaz de proporcionar la vida eterna, en vano vendría el Salvador mismo y sufriría por nosotros, recorriendo la humanidad desde el nacimiento hasta el signo, y en vano el que ha cumplido todos los mandamientos legales desde su juventud pediría inmortalidad a otro arrodillándose. Pues no solo ha cumplido la ley, sino que comenzó desde la primera edad; pues,¿ qué hay de grande o brillante en una vejez libre de las injusticias que engendran los deseos juveniles, o la ira hirviente, o el amor al dinero? Pero si alguien, en el salto de la juventud y en el calor de la edad, ha mostrado un juicio maduro y más viejo que el tiempo, este es un atleta admirable, distinguido y canoso en su mente. Pero, sin embargo, alguien así está precisamente convencido de que no le falta nada para la justicia, pero que le falta totalmente la vida; por eso la pide a quien es el único capaz de darla; y hacia la ley lleva franqueza, pero al Hijo de Dios suplica. Se traslada de la fe a la fe; como quien vacila peligrosamente en la ley y navega con riesgo, se traslada hacia el Salvador.
9
Jesús, pues, no lo reprende como si no hubiera cumplido todo lo de la ley, sino que incluso lo ama y lo aprecia por la obediencia en lo que aprendió, pero dice que es imperfecto respecto a la vida eterna, como si no hubiera cumplido las cosas perfectas, y que es un trabajador de la ley, pero ocioso de la vida verdadera. Son buenas, pues, aquellas cosas—¿ quién dice que no?—, pues el mandamiento es santo hasta cierto punto de pedagogía con temor y preeducación, avanzando hacia la legislación suprema y la gracia de Jesús, pero Cristo es el cumplimiento de la ley para justicia a todo el que cree, no haciendo siervos como un siervo, sino también hijos, hermanos y coherederos a los que cumplen la voluntad del Padre.
10
« Si quieres ser perfecto». No era, pues, todavía perfecto; pues nada es más perfecto que lo perfecto. Y divinamente el« si quieres» manifestó el libre albedrío del alma que dialogaba con él. Pues en el hombre estaba la elección como ser libre, y en Dios la entrega como Señor. Pero da a los que quieren, a los que se esfuerzan sobremanera y a los que piden, para que así la salvación se convierta en algo propio de ellos. Pues Dios no obliga, ya que la violencia es enemiga de Dios, sino que provee a los que buscan, otorga a los que piden y abre a los que llaman. Si quieres, pues, si realmente quieres y no te engañas a ti mismo, adquiere lo que falta. Una cosa te falta: lo uno, lo mío, lo bueno, lo que ya está por encima de la ley, lo que la ley no da, lo que la ley no contiene, lo que es propio de los que viven. Ciertamente, el que cumplió todas las cosas de la ley desde su juventud y se jactó de las cosas elevadas no ha podido añadir esto uno a todo, lo exclusivo del Salvador, para recibir la vida eterna que desea; sino que, entristecido, se fue, molesto por el mandato de la vida, por la cual suplicaba. Pues no quería verdaderamente la vida, como decía, sino que solo se revestía de la gloria de una buena intención, y era capaz de ocuparse de muchas cosas, pero lo uno, la obra de la vida, era incapaz, reacio y débil para realizarlo; algo parecido a lo que dijo el Salvador a Marta, que se ocupaba de muchas cosas, se distraía y se turbaba servilmente, y acusaba a su hermana porque, dejando el servicio, se sentaba a sus pies llevando una escuela de discípula:« Tú te turbas por muchas cosas, pero María ha elegido la buena parte, y no le será quitada». Así también a este le ordenaba, dejando la multiplicidad, adherirse a uno y sentarse, a la gracia del que añade la vida eterna.
11
¿ Qué era, pues, lo que lo incitó a la huida y lo hizo desertar del Maestro, de la súplica, de la esperanza, de la vida, de lo trabajado anteriormente?« Vende tus posesiones».¿ Y qué es esto? No lo que algunos aceptan prontamente, que ordena arrojar la sustancia existente y apartarse de las riquezas, sino desterrar del alma las doctrinas sobre las riquezas, la simpatía hacia ellas, el deseo excesivo, el aturdimiento y la enfermedad por ellas, las preocupaciones, las espinas de la vida, que ahogan la semilla de la vida. Pues no es algo grande y envidiable el carecer totalmente de riquezas si no es por causa de la vida— de este modo, en efecto, serían los que no tienen nada en absoluto, sino que son indigentes y mendigos de lo cotidiano, los pobres arrojados por los caminos, que ignoran a Dios y la justicia de Dios, los más bienaventurados y amados por Dios y los únicos que tienen vida eterna solo por el hecho de carecer y estar en apuros de vida y escasear de lo mínimo—, ni es algo nuevo renunciar a la riqueza y regalarla a los pobres o a las patrias, lo cual muchos han hecho antes de la venida del Salvador, unos por causa del ocio para los discursos y la sabiduría muerta, otros por fama vana y vanagloria, Anaxágoras, Demócrito y Crates.
12
¿ Qué es, pues, lo que ordena como nuevo y propio de Dios y lo único que da vida, que no salvó a los anteriores? Si la nueva creación, el Hijo de Dios, indica y enseña algo exclusivo, no recomienda lo que se ve, que otros han hecho, sino otra cosa significada a través de esto, más grande, más divina y más perfecta: desnudar el alma misma y la disposición de las pasiones presentes y cortar y expulsar de raíz lo ajeno a la mente. Pues esta es la lección propia del fiel, y la enseñanza digna del Salvador. Pues los anteriores, al despreciar las cosas externas, dejaron y perdieron las posesiones, pero las pasiones de las almas creo que incluso las aumentaron; pues cayeron en soberbia, arrogancia, vanagloria y desprecio de los demás hombres, como si ellos mismos hubieran hecho algo sobrehumano.¿ Cómo, pues, el Salvador habría aconsejado a los que van a vivir para siempre las cosas que dañan y corrompen para la vida que promete? Pues también está aquello: alguien puede, habiéndose descargado de la posesión, no tener menos el deseo y el apetito de las riquezas fundido y conviviendo, y haber perdido el uso, pero, al carecer y a la vez desear lo que desperdició, sufrir doblemente, tanto por la ausencia del servicio como por la presencia del arrepentimiento. Pues es inalcanzable e imposible que quien necesita lo necesario para vivir no se quebrante en su mente y se distraiga de las cosas mejores, intentando proveerse de esto de cualquier manera y de cualquier parte.
13
¿ Y cuánto más útil es lo contrario, poseyendo lo suficiente, no sufrir él mismo por la posesión y ayudar a quienes corresponde? Pues,¿ qué comunión quedaría entre los hombres si nadie tuviera nada?¿ Y cómo no se encontraría esta doctrina claramente opuesta y en lucha con muchas otras buenas doctrinas del Señor?« Haced amigos con el mamón de la injusticia, para que, cuando falte, os reciban en las moradas eternas».« Adquirid tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la corrupción destruyen, ni los ladrones cavan».¿ Cómo podría alguien alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, cubrir al desnudo y recoger al sin techo— cosas a las que amenaza con fuego y las tinieblas de afuera a los que no las hicieron— si él mismo se adelantara a carecer de todas estas cosas? Pero, de hecho, él mismo se hospeda con Zaqueo, Leví y Mateo, los ricos y publicanos, y no les ordena dejar las riquezas, sino que, imponiendo el uso justo y quitando el injusto, proclama:« Hoy ha llegado la salvación a esta casa». Así alaba la necesidad de ellas, de modo que, incluso con esta adición, ordena la comunión: dar de beber al sediento, dar pan al hambriento, recibir al sin techo, vestir al desnudo. Si no es posible cumplir estas necesidades sin riquezas, y ordena apartarse de las riquezas,¿ qué otra cosa estaría haciendo el Señor sino aconsejar dar y no dar las mismas cosas, alimentar y no alimentar, recibir y excluir, compartir y no compartir, lo cual es lo más irracional de todo?
14
No hay, pues, que arrojar las riquezas que también benefician al prójimo; pues son posesiones que pueden ser poseídas, y riquezas que son útiles y preparadas por Dios para el uso de los hombres, las cuales están presentes y dispuestas como una materia y herramientas para el buen uso de quienes saben. La herramienta, si la usas técnicamente, es técnica; si te falta la técnica, disfruta de tu falta de arte, siendo inocente. Tal es también la riqueza: es una herramienta. Puedes usarla justamente; sirve para la justicia. Alguien la usa injustamente; de nuevo se encuentra como siervo de la injusticia; pues está hecha para servir, pero no para mandar. No hay que culpar, pues, a lo que no tiene de sí mismo ni el bien ni el mal, siendo inocente, sino a lo que puede usar estas cosas tanto bien como mal, de donde elija, siendo por esto mismo culpable; esto es la mente del hombre, que tiene en sí misma un criterio libre y el libre albedrío del manejo de lo dado; de modo que alguien no destruya las posesiones más que las pasiones del alma, las que no permiten el mejor uso de lo existente, para que, habiéndose vuelto bueno y noble, pueda usar bien también estas posesiones. Por tanto, el renunciar a todas las posesiones y vender todo lo que se tiene debe entenderse de esta manera, como dicho sobre las pasiones del alma.
15
Yo, en efecto, diría también esto: puesto que unas cosas están dentro del alma y otras fuera, y si el alma usa bien, estas también parecen buenas, y si mal, malas, el que ordena despojarse de las posesiones,¿ a qué renuncia: a estas, cuyas pasiones permanecen aunque sean eliminadas, o más bien a aquellas cuyas posesiones se vuelven útiles cuando son eliminadas? Por tanto, el que ha arrojado la riqueza mundana todavía puede ser rico en pasiones, incluso sin la presencia de la materia; pues la disposición actúa lo suyo y ahoga el razonamiento, presiona y se inflama con los deseos congénitos; no le ha servido de nada, pues, ser pobre en riquezas siendo rico en pasiones. Pues no arrojó lo que debía ser arrojado, sino lo indiferente, y se recortó de las cosas serviciales, pero avivó la materia de la maldad innata con la carencia de las cosas externas. Hay que renunciar, pues, a las posesiones que son dañinas, no a las que, si alguien sabe el uso correcto, pueden también ayudar; y ayudan las que se administran con prudencia, templanza y piedad. Hay que apartar las perjudiciales, pero las externas no dañan. Así, pues, el Señor introduce también la necesidad de las cosas externas, ordenando dejar no las cosas de la vida, sino las que usan mal estas cosas; y estas eran las enfermedades y pasiones del alma.
16
La riqueza de estas, presente, es mortal para todos, pero perdida, es salvífica; de la cual, debiendo estar limpia, es decir, proporcionando el alma pobre y desnuda, así ya escuchar al Salvador diciendo:« Ven, sígueme». Pues él mismo se convierte en camino para el que está limpio de corazón, pero en un alma impura la gracia de Dios no se desliza; y es impura la que es rica en deseos y está dolorida por muchos amores y mundanos. Pues el que tiene posesiones, oro, plata y casas como dones de Dios, y sirve al Dios que da a partir de ellas para la salvación de los hombres, y sabe que posee estas cosas más por los hermanos que por sí mismo, y siendo superior a la posesión de ellas, no siendo esclavo de lo que posee, ni llevando estas cosas en el alma, ni definiendo y delimitando su propia vida en ellas, sino trabajando siempre alguna buena obra y divina, y si alguna vez es necesario ser privado de ellas, siendo capaz de soportar su pérdida con mente serena igual que la riqueza, este es el bienaventurado por el Señor y llamado pobre en espíritu, heredero listo del reino de los cielos, no un rico que no puede vivir sin ellas.
17
Pero el que lleva la riqueza en el alma, y en lugar del espíritu de Dios lleva en el corazón oro o campo, y hace la posesión siempre desmedida, y mira siempre lo más, inclinado hacia abajo y encadenado por los cazadores del mundo, siendo tierra y yendo a la tierra,¿ de dónde puede desear y preocuparse por el reino de los cielos, un hombre que no lleva un corazón sino un campo o un metal, encontrándose necesariamente en lo que eligió? Pues donde está la mente del hombre, allí está también su tesoro. Pero el Señor conoce dos tipos de tesoros: el bueno, pues el hombre bueno saca el bien del buen tesoro del corazón, y el malo, pues el malo saca el mal del mal tesoro, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Como, pues, no hay un solo tesoro para él, como tampoco para nosotros, el que da la ganancia grande y repentina en el hallazgo, sino también un segundo, el que no tiene ganancia, el que no es envidiable, el difícil de adquirir y el perjudicial, así también la riqueza: una es de bienes, otra de males, si es que sabemos que la riqueza y el tesoro no están separados el uno del otro por naturaleza. Y una riqueza podría ser poseíble y envidiable, la otra inposeíble y rechazable; y de la misma manera también la pobreza: bienaventurada es la espiritual. Por eso también añadió Mateo:« Bienaventurados los pobres».¿ Cómo?« En espíritu». Y de nuevo:« Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia de Dios». Por tanto, son miserables los pobres contrarios, carentes de Dios, y más carentes de la posesión humana, y sin gusto de la justicia de Dios.
18
De modo que a los ricos, los que difícilmente entrarán en el reino, hay que escucharlos matemáticamente, no torpemente, ni rústicamente, ni carnalmente; pues no se ha dicho así. Ni la salvación está en las cosas externas, ni si son muchas o pocas, pequeñas o grandes, gloriosas o sin gloria, reputadas o no reputadas, sino en la virtud del alma, en la fe, la esperanza, el amor, el amor fraternal, el conocimiento, la mansedumbre, la falta de soberbia y la verdad, cuyo premio es la salvación. Pues nadie vivirá por la belleza del cuerpo ni, por el contrario, perecerá; sino que el que usa el cuerpo dado castamente y según Dios vivirá, y el que corrompe el templo de Dios será corrompido. Pero alguien puede ser feo y ser libertino, y según la belleza ser templado; ni la fuerza y el tamaño del cuerpo dan vida, ni la debilidad de los miembros destruye, sino que el alma que usa estas cosas proporciona la causa para ambos lados. Soporta, pues, dice, ser golpeado en el rostro, lo cual puede obedecer alguien que es fuerte y está sano, y, por otro lado, alguien débil puede transgredir por incontinencia de mente. Así también alguien que es pobre y sin vida podría encontrarse alguna vez borracho de deseos, y alguien rico en riquezas sobrio y pobre de placeres, convencido, sensato, puro, moderado. Si, pues, lo que va a vivir es sobre todo y primero el alma, y la virtud que nace en ella salva, y la maldad mata, es claro ya claramente que esta, incluso siendo pobre de las cosas por las que alguien es corrompido por la riqueza, se salva, y siendo rica de las cosas por las que la riqueza destruye, es muerta, y no busquemos ya en otro lugar la causa del fin sino en la condición y disposición del alma hacia la obediencia a Dios y la pureza, y hacia la transgresión de los mandamientos y la acumulación de maldad.
19
El verdaderamente y noblemente rico es, pues, el rico en virtudes y el que puede usar toda fortuna santa y fielmente, mientras que el rico falso es el que es rico según la carne y ha trasladado la vida a la posesión externa, que pasa, se corrompe, se vuelve de uno y de otro, y al final no es de nadie en absoluto. De nuevo, de la misma manera, hay un pobre genuino y otro pobre falso y de nombre falso: el pobre según el espíritu, lo propio, y el pobre según el mundo, lo ajeno. Al que no es pobre según el mundo y es rico según las pasiones, el que no es pobre según el espíritu y es rico según Dios le dice:« Apártate de las posesiones ajenas que hay en tu alma, para que, habiéndote vuelto puro de corazón, veas a Dios», lo cual es, mediante otra voz, entrar en el reino de los cielos.¿ Y cómo apartarte de ellas? Vendiendo.¿ Qué, pues?¿ Recibirás riquezas a cambio de posesiones?¿ Haciendo un intercambio de riqueza por riqueza, convirtiendo en dinero la sustancia manifiesta? De ninguna manera; sino, en lugar de las cosas que antes existían en el alma, la cual deseas salvar, introduciendo otra riqueza, divinizadora y dispensadora de vida eterna, las disposiciones según el mandamiento de Dios, a cambio de las cuales te quedará recompensa y honor, salvación continua e incorruptibilidad eterna. Así vendes bien las posesiones, las muchas, las superfluas y las que te cierran los cielos, intercambiándolas por las que pueden salvar. Que tengan aquellas los pobres carnales y los que necesitan de ellas, y tú, habiendo recibido la riqueza espiritual, tendrías ya un tesoro en los cielos.
20
Al no comprender esto de manera adecuada, el hombre rico y observante de la ley, ni cómo el mismo puede ser pobre y rico, tener bienes y no tenerlos, y usar del mundo y no usar, se marchó sombrío y abatido, abandonando el orden de la vida que solo podía desear, pero no alcanzar, habiendo hecho para sí mismo lo difícil imposible. Pues era difícil no dejarse arrastrar ni deslumbrar el alma por los bienes delicados y los seductores encantos del dinero manifiesto, pero no imposible alcanzar la salvación incluso en esto, si uno trasladara su ser de la riqueza sensible a la inteligible y enseñada por Dios, y aprendiera a usar las cosas indiferentes de manera correcta, propia y como quien se lanza hacia la vida eterna. Incluso los discípulos, al principio, se sintieron temerosos y atónitos.¿ Por qué, al oír esto?¿ Acaso porque ellos mismos poseían muchas riquezas? Pero ellos habían abandonado hace tiempo esas mismas redes, anzuelos y barquillas de servicio, que eran lo único que tenían.¿ Qué temieron entonces al decir:«¿ Quién puede salvarse?»? Escucharon bien y, como discípulos de lo que el Señor dijo de manera parabólica y oscura, percibieron la profundidad de sus palabras. Por tanto, en cuanto a la carencia de dinero, tenían buenas esperanzas de salvación; pero como eran conscientes de que aún no habían despojado completamente sus pasiones— pues eran aprendices recientes y recién reclutados por el Salvador—, se sentían excesivamente atónitos y se desesperaban de sí mismos, no menos que aquel hombre rico y terriblemente apegado a la posesión, a la que prefería sobre la vida eterna. Era, pues, digno de temor para los discípulos, en todo caso, si tanto el que posee riquezas como el que está preñado de pasiones, de las cuales ellos mismos también estaban llenos, iban a ser expulsados de los cielos de manera similar; pues la salvación pertenece a las almas libres de pasiones y puras.
21
El Señor responde que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. De nuevo, esto también está lleno de gran sabiduría, pues el hombre, ejercitándose y esforzándose por sí mismo en la impasibilidad, no logra nada, pero si se muestra deseoso y aplicado en ello, con la adición del poder que viene de Dios, prevalece; pues Dios insufla su aliento en las almas que lo desean, pero si se apartan de su disposición, el espíritu dado por Dios se retrae; pues salvar a los que no quieren es propio de quien violenta, pero salvar a los que eligen es propio de quien otorga un favor. El reino de Dios no es de los que duermen y son perezosos, sino que los violentos lo arrebatan; pues esta es la única violencia buena, violentar a Dios y arrebatar la vida de Dios, y Él, al conocer a los que se aferran violentamente, o más bien firmemente, lo permitió y cedió; pues Dios se alegra de ser vencido de tal manera. Por tanto, al oír esto, el bienaventurado Pedro, el elegido, el distinguido, el primero de los discípulos, por quien solo y por sí mismo el Salvador paga el tributo, rápidamente captó y comprendió la palabra.¿ Y qué dice?« Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Si con« todo» se refiere a sus posesiones, dejando quizás cuatro óbolos, según el dicho, se enorgullece y, al declarar que el reino de los cielos es equivalente a esto, pasaría inadvertido; pero si, como decimos ahora, habiendo desechado los antiguos bienes inteligibles y las enfermedades del alma, siguen los pasos del maestro, esto ya se aplicaría a los que serán inscritos en los cielos. Pues esto es seguir verdaderamente al Salvador, imitando su impecabilidad y perfección, y arreglando y ajustando el alma hacia él como un espejo, y disponiendo todo a través de todo de manera semejante.
22
Jesús respondió:« En verdad os digo, quien deje lo propio, padres, hermanos y riquezas por causa de mí y del evangelio, recibirá el céntuplo». Pero que esto tampoco nos perturbe, ni lo que se ha expresado en otros lugares con palabras aún más duras:« Quien no odia a su padre, a su madre y a sus hijos, y además a su propia alma, no puede ser mi discípulo». Pues el Dios de la paz no introduce odio ni ruptura con los seres más queridos, él que incluso exhorta a amar a los enemigos. Si hay que amar a los enemigos, proporcionalmente, ascendiendo desde ellos, también a los más cercanos por linaje; o si hay que odiar a los de la misma sangre, la razón enseña, al descender, a rechazar mucho más a los enemigos, de modo que, al destruirse mutuamente, las palabras quedarían refutadas. Pero no se destruyen ni de lejos, pues desde la misma intención y disposición, y bajo el mismo criterio, alguien podría odiar a un padre y amar a un enemigo, el que no se defiende del enemigo ni venera al padre más que a Cristo. Pues en aquella palabra corta el odio y la maldad, y en esta, la timidez ante los vínculos naturales, si dañan para la salvación. Si, por tanto, un padre, un hijo o un hermano fuera impío para alguien y se convirtiera en un obstáculo para la fe y un impedimento para la vida superior, que no se asocie con él ni esté de acuerdo, sino que disuelva el parentesco carnal por causa de la enemistad espiritual.
23
Considera el asunto como un proceso judicial. Que el padre te parezca estar presente diciendo:« Yo te engendré y te crié, sígueme y sé injusto conmigo, y no obedezcas la ley de Cristo», y todo lo que pueda decir un hombre blasfemo y muerto por naturaleza. Por otro lado, escucha al Salvador:« Yo te regeneré, habiendo sido engendrado mal por el mundo para la muerte, te liberé, te sané, te redimí; yo te proporcionaré una vida incesante, eterna, supramundana; yo te mostraré el rostro de Dios, el Padre bueno; no llames padre a nadie sobre la tierra; que los muertos entierren a sus muertos, pero tú sígueme; pues te llevaré al descanso y al disfrute de bienes inefables e indecibles, que ni ojo vio, ni oído oyó, ni subió al corazón del hombre, hacia los cuales los ángeles desean inclinarse y ver los bienes que Dios preparó para los santos y para los hijos que lo aman. Yo soy tu nutricio, dándote a mí mismo como pan, del cual nadie que lo pruebe vuelve a experimentar la muerte, y dándote cada día una bebida de inmortalidad; yo soy maestro de enseñanzas supracelestes; por ti luché contra la muerte y pagué tu muerte, la que debías por los pecados anteriores y por la incredulidad hacia Dios». Habiendo escuchado estas palabras de ambos lados, juzga por ti mismo y emite tu voto para tu propia salvación; y si un hermano dice cosas similares, o un hijo, o una mujer, o quien sea, que antes que todos Cristo sea quien venza en ti; pues él lucha por ti.
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¿ Puedes estar también por encima de las riquezas? Dilo, y Cristo no te aleja de la posesión, el Señor no tiene envidia.¿ Pero te ves vencido por ellas y derribado? Déjalas, arrójalas, ódialas, despídete, huye; y si tu ojo derecho te escandaliza, córtalo rápidamente; es más preferible entrar al reino de Dios con un solo ojo que al fuego con el cuerpo entero; y si es la mano, o el pie, o el alma, ódiala; pues si perece aquí por Cristo, allí será salvada.
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Lo siguiente se mantiene de manera similar a esta opinión:« Ahora, en este tiempo, tener campos, riquezas, casas y hermanos con persecuciones,¿ hacia dónde?». Pues no llama a la vida a los que no tienen riquezas, ni hogar, ni hermanos, ya que también ha llamado a los ricos, pero de la manera que hemos dicho antes, y a los hermanos de la misma manera, como Pedro con Andrés y Santiago con Juan, los hijos de Zebedeo, pero que están de acuerdo entre sí y con Cristo. Pero desaprueba tener todas estas cosas con persecuciones; y la persecución, una parte proviene de fuera de los hombres, ya sea por enemistad, por envidia, por codicia o por acción diabólica que persigue a los fieles; pero la más cruel es la persecución interior, enviada a cada uno desde su propia alma, corrompida por deseos impíos, placeres variados, esperanzas vanas y sueños destructivos, cuando, deseando siempre más y enfurecida por amores salvajes y ardiendo, como si fuera aguijoneada por tábanos por las pasiones que le son inherentes, se desangra hacia esfuerzos maníacos, desesperación de la vida y desprecio de Dios. Esta persecución es más pesada y cruel, originándose desde dentro, siempre presente, de la cual el perseguido ni siquiera puede escapar; pues lleva al enemigo consigo a todas partes. Así también, la quemazón que cae desde fuera produce prueba, pero la que viene de dentro causa la muerte. Y la guerra que es provocada se disuelve fácilmente, pero la que está en el alma se mide hasta la muerte. Si tienes riquezas sensibles con tal persecución, o hermanos de sangre y otras prendas, abandona la posesión total de estas cosas que es para el mal, concédete paz a ti mismo, libérate de la larga persecución, vuélvete al evangelio desde ellas, elige al Salvador antes que a todos, el defensor y consolador de tu alma, el rector de la vida infinita. Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas; y en el tiempo presente son de corta vida e inciertas, pero en el venidero hay vida eterna.
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« Los primeros serán últimos y los últimos primeros». Esto tiene muchos significados según la conjetura y la aclaración, pero no exige la investigación en el presente; pues no se inclina solo hacia los que tienen muchas posesiones, sino simplemente hacia todos los hombres que se entregan de una vez por todas mediante la fe. Así que esto quede reservado por ahora. Pero creo que lo que tenemos ante nosotros ha sido demostrado sin falta alguna de la promesa, que el Salvador no ha excluido a los ricos de ninguna manera por la riqueza misma y la abundancia de la posesión, ni les ha cerrado la salvación, si pudieran y quisieran someterse a los mandamientos de Dios y prefirieran su propia vida a las cosas temporales y miraran al Señor con mirada fija, como mirando el gesto de un buen timonel, qué quiere, qué ordena, qué señala, qué señal da a sus marineros, dónde y desde dónde anuncia el puerto.¿ Pues qué daño hace alguien si, prestando atención a la intención y ahorrando antes de la fe, acumuló una vida suficiente?¿ O incluso lo que es más irreprochable, si fue instalado directamente por Dios, que distribuye la fortuna, en una casa de tales hombres y en un linaje abundante en riquezas y poderoso en fortuna? Pues si por el nacimiento involuntario en la riqueza ha sido expulsado de la vida, es más bien perjudicado por el Dios que lo engendró, habiendo sido dignificado con un placer temporal, pero privado de la vida eterna.¿ Y por qué en absoluto debía brotar la riqueza de la tierra alguna vez, si es proveedora y causa de muerte? Pero si alguien puede doblar el poder más allá de lo que posee, y pensar con moderación, y ser sensato, y buscar solo a Dios, y respirar a Dios, y convivir con Dios, este es pobre ante los mandamientos, libre, invicto, sin enfermedad, invulnerable por las riquezas; de lo contrario, más pronto entrará un camello por el ojo de una aguja que tal rico pasará al reino de Dios. Que el camello signifique algo más elevado al pasar por un camino estrecho y angosto antes que el rico, lo cual es un misterio del Salvador que se puede aprender en la exposición sobre los principios y la teología;
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sin embargo, que se presente lo que aparece primero y por lo cual se ha dicho la parábola. Que enseñe a los que tienen recursos que no deben descuidar su propia salvación como si ya estuvieran condenados, ni tampoco hundir la riqueza ni condenarla como insidiosa y enemiga de la vida, sino que deben aprender de qué manera y cómo se debe usar la riqueza y adquirir la vida. Pues como no todo el mundo perece porque teme al ser rico, ni todo el mundo se salva confiando y creyendo que se salvará, vamos a considerar qué esperanza les describe el Salvador, y cómo lo que no tiene esperanza podría llegar a ser garantía, y lo esperado podría llegar a la posesión. Dice, pues, el maestro, al ser preguntado cuál es el mayor de los mandamientos:« Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu fuerza», que no hay mandamiento mayor que este, y con mucha razón. Pues también se ha ordenado sobre el primero y sobre el mayor, Dios mismo, nuestro Padre, por quien han sido creadas y existen todas las cosas y hacia quien vuelven de nuevo las que se salvan. Por tanto, habiendo sido amados de antemano por él y habiendo alcanzado el ser, no es santo considerar otra cosa más antigua y valiosa, pagando solo esta pequeña gratitud por los mayores bienes, y no teniendo nada más que idear para el Dios necesitado y perfecto como recompensa, sino amar al Padre con la propia fuerza y poder, recibiendo la incorruptibilidad. Pues cuanto más ama uno a Dios, tanto más se introduce profundamente en Dios.
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Y dice que el segundo en orden, y nada menor que este, es:« Amarás a tu prójimo como a ti mismo»; por tanto, a Dios por encima de ti mismo. Y al preguntar el interlocutor quién es el prójimo, no predeterminó de la misma manera que a los judíos al de la misma sangre, ni al ciudadano, ni al prosélito, ni al circuncidado de la misma manera, ni al que usa una sola y misma ley; sino que, mediante la palabra, lleva a alguien que desciende de Jerusalén a Jericó y lo muestra acribillado por ladrones, arrojado medio muerto en el camino, pasado de largo por un sacerdote, ignorado por un levita, pero compadecido por el samaritano, el despreciado y apartado, quien no pasó de largo por casualidad como aquellos, sino que llegó equipado con lo que el que estaba en peligro necesitaba: vino, aceite, vendas, una cabalgadura, salario para el posadero, lo que ya se daba y lo que se prometía después.«¿ Quién de estos», dijo,« se hizo prójimo del que sufrió los males?». Y al responder que el que mostró misericordia hacia él,« ve tú, pues, y haz lo mismo», ya que el amor hace brotar la beneficencia.
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En ambos mandamientos, pues, introduce el amor, pero lo ha dividido por orden, y donde atribuye las primicias del amor a Dios, donde asigna las segundas al prójimo.¿ Y quién otro podría ser este sino el Salvador mismo?¿ O quién nos ha compadecido más que él, a nosotros que estábamos casi muertos por los gobernantes del mundo de las tinieblas con muchas heridas, miedos, deseos, iras, tristezas, engaños, placeres? De estas heridas, el único médico es Jesús, cortando de raíz las pasiones, no como la ley, que solo corta los resultados, los frutos de las plantas malvadas, sino llevando su propia hacha a las raíces de la maldad. Este es el que derramó el vino, la sangre de la vid de David, sobre nuestras almas heridas, este es el que ofreció y prodigó el aceite, la misericordia de las entrañas del Padre, este es el que mostró los vínculos indisolubles de la salud y la salvación, amor, fe, esperanza, este es el que nos ordenó servir a los ángeles, principados y potestades por una gran recompensa, porque ellos también serán liberados de la vanidad del mundo ante la revelación de la gloria de los hijos de Dios. A este, pues, hay que amar igual que a Dios. Y ama a Cristo Jesús el que hace su voluntad y guarda sus mandamientos. Pues no todo el que me dice« Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre. Y:«¿ Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?». Y:« Vosotros sois bienaventurados los que veis y oís lo que ni justos ni profetas, si hacéis lo que digo».
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El primero, pues, es el que ama a Cristo, y el segundo el que honra y cuida a los que han creído en él. Pues lo que alguien haga a un discípulo, el Señor lo recibe como hecho a sí mismo y lo hace todo suyo.« Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Pues tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, estuve enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a mí». Entonces los justos le responderán diciendo:« Señor,¿ cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber?¿ Y cuándo te vimos forastero y te acogimos, o desnudo y te vestimos?¿ O cuándo te vimos enfermo y te visitamos?¿ O en la cárcel y vinimos a ti?». El Rey, respondiendo, les dirá:« En verdad os digo, en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». De nuevo, por el contrario, a los que no les proporcionaron esto, los arroja al fuego eterno, como si no se lo hubieran proporcionado a él. Y en otro lugar:« El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, el que no os recibe a vosotros, me rechaza a mí».
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A estos los llama hijos, niños, infantes, amigos y pequeños aquí, en comparación con su futura grandeza arriba, diciendo:« No despreciéis a uno de estos pequeños; pues sus ángeles ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos». Y en otro lugar:« No temáis, pequeño rebaño; pues a vuestro Padre le ha complacido daros el reino de los cielos». De la misma manera, dice que el menor en el reino de los cielos, es decir, su propio discípulo, es mayor que Juan, el más grande entre los nacidos de mujer. Y de nuevo:« El que recibe a un justo o a un profeta en nombre de justo o de profeta, recibirá la recompensa de ellos, pero el que dé de beber a un discípulo un vaso de agua fría en nombre de discípulo, no perderá su recompensa». Por tanto, esta es la única recompensa que no se pierde. Y de nuevo:« Haceos amigos con el mamón de la injusticia, para que cuando falte, os reciban en las moradas eternas». Declarando que toda posesión que alguien posee por sí mismo como propia y no la deposita en común para los necesitados es injusta por naturaleza, pero que de esta injusticia es posible realizar también un acto justo y salvador, dar descanso a alguno de los que tienen una morada eterna junto al Padre. Mira primero cómo no te ha ordenado que te lo exijan ni que esperes a ser molestado, sino que tú mismo busques a los que van a ser beneficiados y que son dignos discípulos del Salvador. Es buena, pues, también la palabra del apóstol:« Pues Dios ama al dador alegre», que se alegra al dar y no siembra con escasez, para que no coseche de la misma manera, sin murmuraciones, ni distinción, ni tristeza, y compartiendo, lo cual es beneficencia pura. Pero mejor que esto es lo que dijo el Señor en otro lugar:« Da a todo el que te pida»; pues tal generosidad es verdaderamente de Dios. Pero esta palabra está por encima de toda divinidad, no esperar ni siquiera a que te pidan, sino buscar tú mismo quién es digno de ser beneficiado, y luego determinar una recompensa tan grande por la comunión, una morada eterna.
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Oh, qué hermoso comercio, oh, qué mercado divino; alguien compra la incorruptibilidad con riquezas, y al dar las cosas que perecen del mundo, recibe a cambio una morada eterna de ellas en los cielos. Navega hacia esta asamblea, si eres sensato, oh rico, y si es necesario, recorre toda la tierra, no escatimes peligros y trabajos, para que compres aquí el reino celestial.¿ Por qué te alegran tanto las piedras transparentes, las esmeraldas y la casa, alimento del fuego o juguete del tiempo o pasatiempo de un terremoto o ultraje de un tirano? Desea habitar en los cielos y reinar con Dios; este reino te lo dará un hombre imitando a Dios; habiendo recibido aquí poco, allí te hará conviviente por todos los siglos. Suplica para que lo reciba; apresúrate, lucha, teme que te desprecie; pues no se te ha ordenado recibir, sino a ti proporcionar. Sin embargo, el Señor tampoco dijo« da», o« proporciona», o« beneficia», o« ayuda», sino« hazte amigo»; y el amigo no se hace de una sola dádiva, sino de todo un descanso y una larga convivencia; pues ni la fe, ni el amor, ni la perseverancia son de un día, sino el que persevere hasta el fin, ese será salvado.
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¿ Cómo, pues, da el hombre estas cosas? Porque por causa de su honor, benevolencia y familiaridad, el Señor da; pues daré no solo a los amigos, sino también a los amigos de los amigos.¿ Y quién es este amigo de Dios? Tú no juzgues quién es digno y quién indigno; pues es posible que te equivoques en el juicio; y como en la duda de la ignorancia es mejor beneficiar también a los indignos por causa de los dignos que, por guardarse de los menos buenos, no encontrarse ni siquiera con los aplicados. Pues por el hecho de escatimar y pretender juzgar a los que van a obtener o no el beneficio, es posible que descuides a algunos amigos de Dios, cuyo castigo es el fuego eterno; pero por el hecho de dar a todos los que necesitan, es necesario encontrar a alguien que también sea capaz de salvar ante Dios. No juzgues, pues, para no ser juzgado; con la medida con que midas, se te medirá a ti; una medida buena, apretada, sacudida y rebosante se te devolverá. Abre tus entrañas a todos los que están inscritos como discípulos de Dios, no mirando con desprecio al cuerpo, no sintiéndote descuidado por la edad, ni si alguien parece sin posesiones, mal vestido, de mal aspecto o débil, te disgustes en el alma por esto y te apartes. Esta es una forma que nos ha sido impuesta desde fuera con el pretexto de la llegada al mundo, para que podamos entrar en este centro de enseñanza común; pero dentro habita oculto el Padre y el hijo de este, el que murió por nosotros y resucitó con nosotros.
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Esta forma que se ve engaña a la muerte y al diablo; pues la riqueza interior y la belleza les son invisibles; y se enfurecen por el cuerpecito, al que desprecian por débil, siendo ciegos a los bienes que están dentro, no sabiendo qué gran tesoro llevamos en un vaso de barro, fortificado por el poder de Dios Padre, la sangre de Dios Hijo y el rocío del Espíritu Santo. Pero tú no te dejes engañar, tú que has probado la verdad y has sido dignificado con la gran redención, sino que, al contrario que los otros hombres, alístate un ejército desarmado, sin guerra, sin sangre, sin ira, sin mancha, ancianos temerosos de Dios, huérfanos amados por Dios, viudas armadas con mansedumbre, hombres adornados con amor. Adquiere tales guardaespaldas con tu riqueza, tu cuerpo y tu alma, de los cuales Dios es el estratega, por quienes incluso el barco que se hunde se aligera, siendo gobernado solo por las oraciones de los santos, y la enfermedad que florece es domada al ser perseguida por la imposición de manos, y el ataque de los ladrones es desarmado al ser saqueado por oraciones piadosas, y la violencia de los demonios es quebrantada al ser refutada por órdenes intensas.
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Todos estos soldados son activos y guardianes seguros, nadie es ocioso, nadie es inútil. Uno puede pedir por ti ante Dios, otro consolar al que sufre, otro llorar y gemir con compasión por ti ante el Señor de todo, otro enseñar algo útil para la salvación, otro amonestar con franqueza, otro aconsejar con benevolencia, y todos amar verdadera, sin engaño, sin miedo, sin hipocresía, sin adulación, sin fingimiento. Oh, dulces cuidados de los que aman, oh, bienaventurados servicios de los que confían, oh, fe sincera de los que solo temen a Dios, oh, verdad de las palabras ante los que no pueden mentir, oh, belleza de las obras ante los que están convencidos de servir a Dios, de persuadir a Dios, de agradar a Dios; no parecen tocar tu carne, sino cada uno su propia alma, no hablar a un hermano, sino al Rey de los siglos que habita en ti.
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Todos los fieles, pues, son hermosos y dignos de Dios y merecedores de la denominación que llevan como una diadema. Sin embargo, hay ya algunos incluso más elegidos que los elegidos, y tanto más cuanto menos destacados, de alguna manera sacándose a sí mismos del oleaje del mundo y llevándose a un lugar seguro, no queriendo parecer santos, y si alguien lo dice, avergonzándose, ocultando en lo profundo de su mente los misterios inefables, y siendo soberbios de que su nobleza sea vista en el mundo, a quienes la palabra llama luz del mundo y sal de la tierra. Esta es la semilla, imagen y semejanza de Dios, y su hijo genuino y heredero, enviado aquí como a una estancia en el extranjero por una gran economía y proporción del Padre; por lo cual han sido creadas las cosas visibles e invisibles del mundo, unas para servicio, otras para ejercicio, otras para aprendizaje para él, y todo, mientras la semilla permanezca aquí, se mantiene, y al ser reunida, todo se disolverá rápidamente.
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¿ Pues qué más hace falta? Contempla los misterios del amor, y entonces verás el seno del Padre, que solo el Dios unigénito ha explicado. Y Dios mismo es amor y por amor se nos mostró. Y lo inefable de él es Padre, pero lo que se hizo compasivo hacia nosotros es Madre. Al amar, el Padre se hizo femenino, y gran señal de esto es lo que él mismo engendró de sí mismo; y el fruto nacido del amor es amor. Por esto también él mismo descendió, por esto se vistió de hombre, por esto sufrió voluntariamente las cosas de los hombres, para que, al ser medido hacia nuestra debilidad a quienes amó, nos mida hacia su propio poder. Y a punto de ser derramado y entregándose a sí mismo como rescate, nos deja un nuevo testamento:« Os doy mi amor».¿ Y cuál es este y cuánto? Por cada uno de nosotros depositó su alma, que es equivalente a todo; esto nos lo exige a cambio por los demás. Y si debemos las almas a los hermanos, y hemos confesado tal pacto ante el Salvador,¿ seguiremos encerrando las cosas del mundo, las pobres, ajenas y pasajeras, guardándolas?¿ Excluiremos a los demás de lo que dentro de poco tendrá el fuego? Divina e inspiradamente dice Juan:« El que no ama a su hermano es homicida, semilla de Caín, cría del diablo; no tiene las entrañas de Dios, no tiene esperanza de bienes mejores, es estéril, es infecundo, no es sarmiento de la vid supraceleste que siempre vive, es cortado, espera el fuego de golpe».
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Tú, pues, aprende el camino por excelencia que muestra Pablo hacia la salvación:« El amor no busca lo suyo, sino que se derrama sobre el hermano; está inquieto por él, está sensatamente loco por él. El amor cubre multitud de pecados; el amor perfecto expulsa el miedo; no es jactancioso, no se envanece, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo soporta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. El amor nunca cae. Las profecías se anulan, las lenguas cesan, las curaciones se dejan en la tierra. Pero permanecen estas tres cosas: fe, esperanza, amor; pero la mayor de ellas es el amor». Y con razón. Pues la fe se va cuando nos convencemos por la visión directa al ver a Dios, y la esperanza desaparece al ser entregadas las cosas esperadas, pero el amor se reúne en plenitud y aumenta más al ser entregadas las cosas perfectas. Si alguien introduce esto en su alma, puede, aunque haya nacido en pecados, aunque haya hecho muchas de las cosas prohibidas, al aumentar el amor y recibir un arrepentimiento puro, luchar contra las faltas. Pues que esto tampoco te quede para la desesperación y la locura.
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Si también aprendieras quién es el rico que no tiene lugar en los cielos, y de qué manera, usando los bienes presentes, uno podría evitar lo que el dinero tiene de reprobable y difícil para la vida, y ser capaz de disfrutar de los bienes eternos; y si, habiendo tenido la suerte— ya sea por ignorancia, por debilidad o por una circunstancia involuntaria— de caer, después del sello y la redención, en algunos pecados o faltas, hasta el punto de haber sucumbido por completo, creyeras que este ha sido condenado totalmente por Dios, te equivocarías. Pues para todo aquel que se vuelve a Dios con verdad y de todo corazón, las puertas están abiertas, y el Padre recibe con triple alegría al hijo que verdaderamente se arrepiente. La verdadera penitencia consiste en no ser ya responsable de las mismas cosas, sino en arrancar de raíz del alma aquellos pecados por los cuales uno se ha condenado a sí mismo a la muerte; pues, una vez eliminados estos, Dios volverá a habitar en ti. Dice, en efecto, que hay una alegría grande e insuperable y una fiesta en los cielos para el Padre y los ángeles cuando un solo pecador se vuelve y se arrepiente. Por eso también clama:« Misericordia quiero y no sacrificio; no quiero la muerte del pecador, sino su arrepentimiento; aunque vuestros pecados sean como lana escarlata, los blanquearé como la nieve, y aunque sean más negros que la oscuridad, los lavaré y los haré como lana blanca». Pues solo a Dios le es posible conceder el perdón de los pecados y no tomar en cuenta las faltas, dado que incluso a nosotros el Señor nos ordena perdonar cada día a los hermanos que se arrepienten. Y si nosotros, siendo malos, sabemos dar buenos dones, cuánto más el Padre de las misericordias. El buen Padre, lleno de toda consolación, el compasivo y misericordioso, es por naturaleza paciente; espera a los que se vuelven. Y volverse es, en verdad, cesar de los pecados y no mirar ya hacia atrás.
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Dios concede el perdón de los actos pasados, pero de los futuros cada uno es responsable ante sí mismo; y esto es arrepentirse: condenar los actos pasados y pedir al Padre la amnistía por ellos, pues Él es el único de todos capaz de hacer que lo realizado no haya ocurrido, borrando con la misericordia que proviene de Él y con el rocío del Espíritu los pecados anteriores.« En lo que os encuentre— dice—, en eso os juzgaré». Y en cada momento el fin de todas las cosas clama, de modo que, para aquel que ha hecho el mayor bien durante su vida pero al final se desvía hacia la maldad, todos los esfuerzos anteriores resultan inútiles al convertirse en un fracasado al final del drama; y, a la inversa, aquel que vivió peor y de manera descuidada anteriormente, puede, si se arrepiente después, superar una larga vida de maldad con el tiempo que sigue a su arrepentimiento. Pero se requiere mucha precisión, tal como los cuerpos que han sufrido una larga enfermedad necesitan una dieta y un cuidado mayores. Ladrón,¿ quieres obtener el perdón? No robes más. Adúltero, no te dejes inflamar más. Fornicario, vive en adelante con castidad. Extorsionador, devuelve y devuelve con creces. Falso testigo, practica la verdad. Perjuro, no jures más. Y corta las otras pasiones: la ira, el deseo, la tristeza, el miedo, para que al final seas hallado habiendo ya resuelto aquí tus cuentas con el adversario. Es, ciertamente, imposible quizás cortar de golpe las pasiones arraigadas, pero con el poder de Dios, la súplica humana, la ayuda de los hermanos, un arrepentimiento sincero y una práctica continua, se logra.
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Por eso, tú, que eres arrogante, poderoso y rico, debes poner sobre ti a un hombre de Dios como entrenador y timonel. Respeta al menos a uno, teme al menos a uno, acostúmbrate a escuchar al menos a uno que hable con franqueza y que al mismo tiempo sea severo y sanador. Pues ni siquiera a los ojos les conviene permanecer siempre sin freno, sino que a veces deben llorar y ser irritados para obtener una salud mayor. Así también, para el alma, nada es más destructivo que un placer continuo; pues se queda ciega por la disolución si permanece inmóvil ante la palabra que habla con franqueza. Teme a este hombre cuando se enoje, entristécete cuando se lamente, respétalo cuando calme su ira, y anticípate a él cuando pida que se evite el castigo. Que este hombre vele muchas noches por ti, intercediendo ante Dios y hechizando al Padre con sus súplicas habituales; pues las entrañas del Padre no resisten a sus hijos cuando suplican. Pero él suplicará puramente si tú lo prefieres como a un ángel de Dios y no lo entristeces, sino que te preocupas por él; esto es un arrepentimiento sin hipocresía. Dios no se burla ni presta atención a palabras vacías; pues solo Él examina los tuétanos y los riñones del corazón, y escucha a los que están en el fuego, y oye a los que suplican desde el vientre de la ballena, y está cerca de todos los que creen y lejos de los impíos, a menos que se arrepientan.
42
Y para que te sientas confiado, habiéndote arrepentido así verdaderamente, de que te queda una esperanza de salvación digna de crédito, escucha un relato que no es un mito, sino una historia real transmitida sobre el apóstol Juan y conservada en la memoria. Pues, después de la muerte del tirano, regresó de la isla de Patmos a Éfeso, y partía, invitado, hacia las regiones vecinas de las naciones, donde para establecer obispos, donde para organizar iglesias enteras, donde para designar a uno de los señalados por el Espíritu. Habiendo llegado, pues, a una de las ciudades no lejanas, cuyo nombre algunos mencionan, y habiendo reconfortado a los hermanos en todo, al mirar al obispo establecido, vio a un joven de cuerpo robusto, de aspecto agradable y de alma ardiente, y dijo:« A este te encomiendo con todo esmero ante la iglesia y ante el testigo que es Cristo». Como el obispo lo aceptaba y prometía todo, Juan insistió y testificó de nuevo las mismas cosas. Luego, él partió hacia Éfeso, y el presbítero, llevándose a casa al joven encomendado, lo alimentaba, lo retenía, lo abrigaba y, finalmente, lo bautizó; y después de esto, disminuyó su cuidado y vigilancia excesivos, habiendo puesto como protección perfecta para él el sello del Señor. Pero, al haber tomado el joven la libertad antes de tiempo, se le acercaron algunos compañeros ociosos y disolutos, habituados a los vicios; y primero lo atrajeron mediante banquetes costosos, luego, saliendo de noche a robar, lo llevaron consigo, y después exigieron que colaborara en algo mayor. Él se fue acostumbrando poco a poco y, debido a la grandeza de su naturaleza, como un caballo sin freno y vigoroso que se desvía del camino recto y muerde el bocado, se lanzó con mayor fuerza hacia los abismos. Desesperando por completo de la salvación en Dios, ya no pensaba en nada pequeño, sino que, habiendo hecho algo grande, puesto que ya se había perdido, consideró justo sufrir lo mismo que los demás. Tomando a estos mismos y formando una banda de bandidos, se convirtió en un jefe de bandoleros dispuesto, violentísimo, sanguinario y cruel. Pasó el tiempo, y surgió una necesidad que hizo llamar a Juan. Él, cuando hubo resuelto los otros asuntos por los cuales había venido, dijo:« Vamos, obispo, devuélveme el depósito que yo y Cristo te encomendamos ante la iglesia que presides, como testigo». El obispo al principio se quedó atónito, pensando que se le calumniaba por dinero que no había recibido, y no podía creer sobre lo que no tenía ni descreer a Juan; pero cuando dijo:« Reclamo al joven y el alma del hermano», el anciano, suspirando desde lo profundo y derramando algunas lágrimas, dijo:« Ha muerto».«¿ Cómo y qué muerte?».« Ha muerto para Dios— dijo—; pues se volvió malvado, perverso y, en resumen, un bandido, y ahora, en lugar de la iglesia, ha tomado la montaña con una tropa similar». El apóstol, rasgándose la vestidura y golpeándose la cabeza con gran lamento, dijo:«¡ Qué buen guardián dejé del alma del hermano! Pero que me traigan un caballo y que alguien me guíe en el camino». Partió, tal como estaba, desde la iglesia. Al llegar al lugar, es capturado por la guardia de los bandidos, sin huir ni pedir clemencia, sino gritando:«¡ A esto he venido!¡ Llevadme ante vuestro jefe!». Este, mientras tanto, esperaba armado; pero al reconocer a Juan cuando se acercaba, se dio a la fuga avergonzado. Él lo perseguía con todas sus fuerzas, olvidándose de su propia edad, gritando:«¿ Por qué huyes de mí, hijo, de tu propio padre, desarmado y anciano? Ten piedad de mí, hijo, no temas; aún tienes esperanzas de vida. Yo daré cuenta a Cristo por ti; si es necesario, soportaré voluntariamente tu muerte, como el Señor la nuestra; daré mi propia alma a cambio de la tuya. Detente, cree, Cristo me ha enviado». Al oír esto, primero se detuvo mirando al suelo, luego arrojó las armas, después, temblando, lloraba amargamente. Cuando el anciano se acercó, lo abrazó, disculpándose con lamentos como podía y siendo bautizado por segunda vez con sus lágrimas, ocultando solo su mano derecha. Él, garantizándole y jurándole que había encontrado el perdón del Salvador, suplicando, arrodillándose y besando su misma mano derecha como si hubiera sido purificada por el arrepentimiento, lo llevó de regreso a la iglesia, y, suplicando con abundantes oraciones, luchando junto a él con ayunos continuos y encantando su mente con diversas cadenas de palabras, no se marchó, según dicen, hasta haberlo establecido en la iglesia, dando un gran ejemplo de arrepentimiento verdadero y una gran señal de renacimiento, un trofeo de una resurrección visible. Regocijándose con alegría, alabando, abriendo los cielos. Y antes que todos, el mismo Salvador sale al encuentro dándole la bienvenida, ofreciendo una luz sin sombra, incesante, guiando hacia el seno del Padre, hacia la vida eterna, hacia el reino de los cielos. Que alguien crea esto, tanto en los discípulos de Dios como en Dios mismo como garante, en las profecías, en los evangelios, en las palabras apostólicas; viviendo con esto, prestando oídos y practicando las obras, verá al final de su propia partida el cumplimiento y la demostración de las doctrinas. Pues quien aquí acepta al ángel del arrepentimiento no se arrepentirá entonces, cuando deje el cuerpo, ni se avergonzará al ver al Salvador acercarse con su gloria y su ejército; no teme al fuego. Pero si alguien elige seguir pecando cada vez más en los placeres y prefiere el lujo de aquí a la vida eterna, y rechaza el perdón que el Salvador ofrece, que no culpe ya a Dios, ni a la riqueza, ni a la caída, sino a su propia alma que se pierde voluntariamente. Pero al que mira hacia la salvación, la desea y la pide con audacia y violencia, el buen Padre que está en los cielos le concederá la verdadera purificación y la vida inmutable. A quien, por medio de su Hijo Jesucristo, el Señor de vivos y muertos, y por medio del Espíritu Santo, sea la gloria, el honor, el poder, la majestad eterna, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.