q.63
escribiendo, y que se mantiene muy alejado de la filosofía, prestando atención a los cuervos y a las mujeres coribánticas, y que justamente ha recibido el castigo de Alejandro por haber corrompido el alma de aquel tanto como le fue posible; y elogia a Demóstenes y a los otros oradores que florecieron en aquel tiempo y dice que fueron dignos de Grecia, porque se opusieron a los honores de Alejandro, los cuales eran iguales a los de los dioses, mientras que al filósofo, que atribuía la égida y el rayo a una naturaleza mortal, dice que justamente le sobrevinieron de la divinidad aquellas cosas que le sucedieron. 80. Que Polibio de Megalópolis dice sobre Timeo: pues, al igual que dicen que, a partir de los proverbios, una sola gota es suficiente del mayor recipiente para conocer todo el contenido, de la misma manera hay que juzgar sobre los asuntos tratados; pues, una vez que se encuentra una o dos falsedades en los escritos, y esto ha ocurrido por elección deliberada, es evidente que nada de lo dicho por tal escritor podría ser ya firme ni seguro. Y para convencer también a los que están dispuestos con mayor ambición, habría que hablar sobre su elección, y más aún sobre la relativa a los discursos públicos y las exhortaciones, y además sobre los discursos de embajada, y en resumen todo género semejante, que son casi como los capítulos de las acciones y mantienen toda la historia; pues,¿ quién de los que han leído no se da cuenta de que Timeo ha consignado todo esto en sus memorias y que lo ha hecho por intención? Pues no ha escrito lo que se dijo, ni como se dijo según la verdad, sino proponiéndose cómo debía decirse. Enumera todos los discursos pronunciados y lo que sigue a los hechos como si alguien en una disertación intentara una hipótesis, haciendo como una demostración de su propia capacidad, pero no una exposición de lo que se dijo según la verdad. 81. Que el rasgo distintivo de la historia es, en primer lugar, conocer los discursos que se dijeron según la verdad, cualesquiera que sean, y en segundo lugar, indagar la causa por la cual lo que se hizo o se dijo fracasó o tuvo éxito, puesto que el hecho mismo, contado simplemente, distrae pero no beneficia en nada, mientras que, al añadirse la causa, el uso de la historia se vuelve fructífero. Pues si trasladamos los hechos semejantes a los tiempos oportunos, se convierten en recursos y previsiones para prever el futuro, y a veces para ser cautelosos, y otras veces, imitando lo que ha sucedido, para emprender con más audacia lo que sobreviene; pero el que silencia tanto los discursos pronunciados como la causa, y dice en su lugar argumentos falsos y discursos prolijos, destruye el rasgo distintivo de la historia; lo cual hace sobre todo Timeo; y que sus libros están llenos de este género, todos lo sabemos. Quizás, pues, alguien se preguntaría cómo, siendo tal como ahora señalamos, ha obtenido tal aceptación y crédito entre algunos. La causa de esto es que, abundando en su obra la censura y la injuria contra los demás, no se le juzga por su propia obra ni por sus propias afirmaciones, sino por la acusación de sus vecinos, hacia cuyo género me parece que ha aportado una curiosidad y una naturaleza sobresalientes. Pues algo muy parecido a esto le ha sucedido a Estratón el físico; pues también él, cuando intenta distinguir y refutar las opiniones de los demás, es admirable, pero cuando propone algo de sí mismo y explica sus propias invenciones, parece a los expertos mucho más ingenuo y torpe que él mismo. Y me parece que ocurre algo totalmente parecido con los que escriben y lo que sucede en toda nuestra vida; pues también en ella es fácil censurar a los demás, pero es difícil mostrarse a uno mismo libre de errores, y casi se podría decir que uno vería que los que censuran más prontamente a los demás son los que más errores cometen en su propia vida. A Timeo le ha sucedido también otra cosa, aparte de lo escrito anteriormente; pues, habiendo residido en Atenas casi cincuenta años y habiéndose dedicado a las memorias de los hechos pasados, supuso que tenía los mayores recursos para la historia, ignorándolo, según me parece. Pues teniendo algo
q.64
parecido la historia y la medicina, debido a que cada una de ellas es tripartita según las diferencias generales, sucede que también son parecidas las disposiciones de quienes se aplican a ellas. Por ejemplo, inmediatamente en la medicina, siendo una parte de ella lógica, la siguiente dietética, y la tercera el género quirúrgico y farmacológico, se atreve a mentir sobre la profesión de manera general. El aspecto lógico, que comienza en gran medida desde Alejandría por parte de los llamados allí herofíleos y calimáquicos, ocupa una parte de la medicina, pero según la apariencia y la promesa atrae tal fantasía que parece que nadie más domina el asunto; a quienes, cuando los llevas a la verdad y les confías un enfermo, se encuentran tan alejados de la utilidad como los que no han conocido en absoluto ningún tratado médico; a quienes algunos enfermos, habiendo confiado en ellos por la fuerza de su palabra, sin tener nada grave, a menudo han corrido peligro en el conjunto. Pues son verdaderamente parecidos a quienes gobiernan desde un libro; pero, sin embargo, estos, recorriendo las ciudades con fantasía, cuando reúnen los discursos, llevan a los que han dado prueba verdadera en los hechos mismos a la mayor perplejidad y desprecio ante los oyentes, al vencer a menudo la persuasión del discurso a la prueba en los hechos mismos. El tercer aspecto, el que aporta la verdadera destreza en cada una de las profesiones, no solo es raro, sino que a menudo es oscurecido por la locuacidad y la audacia debido a la falta de juicio de la mayoría. De la misma manera, siendo la historia pragmática tripartita, y siendo una de sus partes la relativa a la curiosidad en las memorias y la comparación de la materia proveniente de ellas, otra la relativa a la visión de las ciudades y los lugares, y sobre los ríos y puertos y, en general, sobre las peculiaridades y distancias por tierra y por mar, y la tercera la relativa a las acciones políticas, de manera parecida muchos aspiran a ella debido a la reputación que ha tenido, pero la mayoría de los que escriben no aportan nada justo para la aplicación, salvo facilidad, audacia y negligencia, haciendo alarde de manera parecida a los vendedores de fármacos y mirando siempre por complacer lo relativo a las circunstancias con el fin de procurarse la vida a través de esto; sobre los cuales no vale la pena hablar más. Algunos de los que parecen acercarse razonablemente a la historia, al igual que los médicos lógicos, habiendo pasado tiempo en las bibliotecas y habiéndose procurado en general la polimatía proveniente de las memorias, se convencen a sí mismos de ser capaces para la aplicación y parecen aportar lo suficiente a los de fuera,.............................. parte, según me parece, para la historia pragmática; pues sospechar lo que ha sucedido............................ las concepciones de los antiguos y las ideas que... tenían sobre algunos lugares, naciones, constituciones, acciones, y además sobre....... las circunstancias y fortunas de cada uno, de las que se han servido en los tiempos anteriores, es útil; pues los hechos pasados nos disponen adecuadamente hacia el futuro, si uno narra verdaderamente lo pasado sobre cada cosa; sin embargo, convencerse de escribir bien las acciones que sobrevienen partiendo de esta misma capacidad, lo cual cree Timeo, es completamente ingenuo y parecido a si alguien, habiendo contemplado las obras de los antiguos pintores, creyera ser un pintor capaz y un maestro del arte. Lo dicho será aún más evidente por lo que sigue, como inmediatamente por lo que le sucedió a Éforo en algunos lugares de la historia. Pues él, en los asuntos militares, me parece que ha tenido una sospecha en cierta medida de las obras por mar, pero que es completamente inexperto en los combates por tierra. Por tanto, cuando uno fija la mirada en las batallas navales cerca de Chipre y cerca de Cnido, de las que se sirvieron los generales del rey contra Evágoras el salaminio y de nuevo contra los lacedemonios,
q.65
admirar al escritor tanto por la capacidad como por la experiencia y haber sacado muchas cosas útiles para circunstancias semejantes; pero cuando explica la batalla cerca de Leuctra de los tebanos y lacedemonios o la de Mantinea de nuevo de estos mismos, en la que también cambió de vida Epaminondas, en estos, si uno se detiene en los detalles y observa las formaciones y reordenamientos en los peligros mismos, parece ridículo y completamente inexperto y ciego ante tales cosas. El peligro en Leuctra, pues, habiendo sido simple y en una sola parte de la fuerza, no hace muy evidente la inexperiencia del escritor; pero el de Mantinea tiene una apariencia variada y estratégica, pero es insostenible y completamente ininteligible para el escritor. Esto será evidente si uno, suponiendo los lugares, mide verdaderamente los movimientos indicados por él. Lo mismo sucede con Teopompo y sobre todo con Timeo, sobre quien es ahora el discurso; pues donde hacen la hipótesis sobre tales cosas de manera resumida, pasan desapercibidos, pero donde quieren disponer y mostrar algo de los detalles, todos parecen tales como Éforo. 82. Que no es posible escribir bien sobre lo que sucede en la guerra para quien no tiene ninguna experiencia de las obras militares, ni sobre lo que sucede en las constituciones para quien no ha experimentado tales acciones y circunstancias. Por lo tanto, al no ser escrito nada con experiencia por los librescos ni de manera enfática, sucede que la obra se vuelve inútil para los que la encuentran. Pues cuando uno extrae de la historia lo que puede beneficiarnos, el resto de ella se vuelve completamente carente de celo e inútil. Además, cuando se proponen escribir sobre las ciudades y los lugares en detalle, siendo inexpertos en tal experiencia, es evidente que necesariamente sucede lo mismo, y que dejan pasar muchas cosas dignas de mención, y sobre muchas hacen mucho discurso sin ser dignas; lo cual sucede sobre todo a Timeo debido a su ceguera. 83. Que Timeo dice en el libro trigésimo cuarto:" Habiendo pasado cincuenta años seguidos residiendo en Atenas como extranjero, me volví confesadamente inexperto en la necesidad militar, y además también en la visión de los lugares". Por lo tanto, cuando cae en alguna de estas partes durante la historia, ignora muchas cosas y miente, y si alguna vez roza la verdad, es parecido a los pintores que hacen las copias a partir de bolsas rellenas; pues también en aquellos la línea exterior a veces se conserva, pero falta el aspecto y la vivacidad de los animales valientes, lo cual es propio del arte de la pintura. Lo mismo sucede también con Timeo y en general con los que parten de esta disposición libresca; pues el aspecto de los hechos les falta debido a que esto solo sucede a partir de la experiencia personal de los escritores; de donde los que no han recorrido los hechos mismos no engendran celos verdaderos en los oyentes. Por lo cual los que nos precedieron pensaban que debían existir tales aspectos en las memorias de modo que, cuando el discurso fuera sobre asuntos políticos, se añadiera que el escritor necesariamente ha participado en la política y ha tenido experiencia de lo que sucede en esta parte, y cuando fuera sobre asuntos militares, que de nuevo ha hecho campaña y ha corrido peligro, y ciertamente cuando fuera sobre asuntos de la vida, que ha criado hijos y ha vivido con una mujer. Y lo mismo sobre las otras partes de la vida; lo cual es razonable encontrar solo en aquellos escritores que han recorrido los hechos mismos y se han procurado esta parte de la historia. Pues ser como un autor y agente de todo es quizás difícil, sin embargo, de las cosas más grandes y comunes es necesario. Que lo dicho no es imposible, es un ejemplo suficiente para la fe el poeta, en quien uno vería que existe mucho de tal aspecto. De lo cual cualquiera podría razonablemente comprender que la tercera parte de la historia es y tiene el tercer orden la curiosidad proveniente de las memorias. Y cuán verdadero es lo que ahora se dice sería más evidente en los discursos deliberativos
q.66
y exhortativos, y además en los discursos de embajada, de los que se sirve Timeo. Pues pocos son los momentos que admiten disponer todos los discursos que hay, y la mayoría son breves y algunos de los que hay, y de estos unos los actuales, otros los pasados; y algunos los aceptan los etolios, otros los peloponesios, otros los atenienses,... como los atenienses; en el momento y ante todos exponer los discursos que hay, lo que hace Timeo buscando discursos para toda hipótesis, parece completamente falso, pueril y de disertación, y esto ha sido ya causa de fracaso y desprecio para muchos; pero tomar siempre los adecuados y oportunos, esto es necesario. Siendo la necesidad inestable y cuántos y cuáles de los que hay deben usarse, se necesita un celo y un precepto diferente, si vamos a no dañar sino a beneficiar a los lectores. El momento, pues, es difícil de prescribir en todas las cosas, no obstante, no es imposible de llevar a la sospecha a través de los teoremas provenientes de la experiencia personal y la práctica; pero en el presente se sospecharía más lo dicho a partir de esto. Pues si los escritores, habiendo mostrado los momentos y los impulsos y disposiciones de los que deliberan, y luego habiendo expuesto los discursos pronunciados según la verdad, nos aclararan las causas por las cuales sucedió que los que hablaron acertaron o fracasaron, podría haber una noción verdadera del asunto, y podríamos, al mismo tiempo distinguiendo y al mismo tiempo trasladando a cosas semejantes, acertar siempre en lo propuesto. Pero es, creo, difícil dar razones, pero fácil hablar en los libros, y decir pocas cosas oportunamente y encontrar un precepto para esto es alcanzable para pocos, pero disponer muchas cosas y en vano de las que están en medio es común. Para que también sobre esto confirmemos la decisión sobre Timeo, al igual que sobre la ignorancia, y además sobre la falsificación voluntaria, propondremos brevemente algunos de sus discursos confesados por su nombre. 84. Que de los que han ejercido el poder en Sicilia después de Gelón el antiguo, hemos recibido como hombres muy pragmáticos a Hermócrates, Timoleón, Pirro el epirota, a quienes menos habría que atribuir discursos pueriles y de disertación. Pero él dice en el libro vigésimo primero, en el momento en que Eurimedonte, habiendo llegado a Sicilia, exhortaba a las ciudades a la guerra contra los siracusanos, entonces los geloanos, cansados de la guerra, enviaron a los camarineos para una tregua; y habiéndola aceptado con entusiasmo, después de esto enviaron embajadores cada uno a sus propios aliados y exhortaron a enviar hombres fieles, quienes, habiendo entrado en Gela, deliberarían sobre la disolución y los intereses comunes. Habiendo llegado los delegados y habiéndose propuesto la deliberación, introduce a Hermócrates usando tales discursos. Pues el hombre mencionado anteriormente, habiendo elogiado a los geloanos y a los camarineos, en primer lugar porque ellos mismos hicieron la tregua, en segundo lugar porque han sido causa de que se produjeran los discursos sobre la disolución, en tercer lugar porque previeron que las multitudes no deliberaran sobre las disoluciones, sino los que están al frente de las constituciones y saben claramente qué diferencia tiene la guerra de la paz, y después de esto, habiendo tomado dos o tres argumentos pragmáticos, luego cree que ellos, habiendo prestado atención, han aprendido qué gran diferencia tiene la guerra de la paz, habiendo dicho poco antes que por esto mismo tiene gratitud a los geloanos porque los discursos no se producen en... en un consejo que conoce bien tales... De lo cual Timeo no solo parecería carecer de capacidad pragmática, sino también de las cosas en las disertaciones...; pues todos, sin duda, creen que deben traer las pruebas de lo que se ignora y de lo que no se cree ante los oyentes, pero sobre lo que ya se conoce es lo más vano... lo más infantil buscar discursos... o lo que se conoce. Pero él, aparte de todo el error de haber dispuesto la mayor parte del discurso hacia lo que no necesita discurso en absoluto
q.67
y se sirve de premisas tales que,¿ quién creería que usaría Hermócrates, el que luchó junto a los lacedemonios en la batalla naval en Egospótamos, y que con sus propios hombres derrotó a las fuerzas de los atenienses y a los generales en Sicilia, y no un joven cualquiera? Quien, en primer lugar, cree que debe recordar a los delegados que, mientras duermen al amanecer, en la guerra los despiertan las trompetas, pero en la paz los pájaros. Después de esto dice que Heracles estableció el certamen olímpico y la tregua como muestra de su propia elección, pero que a cuantos hizo la guerra, a todos estos los dañó por necesidad y por mandato, pero que voluntariamente no ha sido causa de males para ninguno de los hombres. A continuación de esto, dice que en el poeta se introduce a Zeus disgustado con Ares y diciendo:" El más odioso para mí eres de los dioses que poseen el Olimpo; pues siempre te es querida la discordia y las guerras y los combates". De igual manera dice también que el más prudente de los héroes dice:" Sin clan, sin ley, sin hogar es aquel que ama la guerra civil escalofriante". Y que Eurípides también está de acuerdo con el poeta, en lo que dice:" Paz, rica en riquezas, la más hermosa de las diosas bienaventuradas, tengo celos de ti, cómo te demoras. Temo que antes me supere la vejez, antes de ver tu hermosa estación y los cantos de bellos coros y los comos amantes de las guirnaldas". Además de esto, dice que la guerra es muy parecida a la enfermedad, y la paz a la salud; pues la una incluso a los que están enfermos los recupera, mientras que en la otra incluso los que están sanos perecen. Y que en la paz los mayores son enterrados por los jóvenes según la naturaleza, pero en la guerra lo contrario, y lo más importante, que en la guerra ni siquiera hasta los muros hay seguridad, pero en la paz hasta los límites del país, y otras cosas parecidas a estas. Me pregunto, pues, qué otros discursos o expresiones habría usado un joven recién nacido para las disertaciones y las curiosidades provenientes de las memorias y queriendo hacer la empresa de manera preceptiva a partir de lo que sigue a las personas; parece... a estos que Timeo dice que Hermócrates ha usado.¿ Y qué de nuevo cuando Timoleón en el mismo libro, exhortando a los griegos al peligro contra los cartagineses, y casi estando ya a punto de entrar en combate con los enemigos que eran muchas veces más numerosos, en primer lugar considera justo que no miren a la multitud de los adversarios sino a su cobardía? Pues, estando toda Libia continuamente habitada y llena de hombres, sin embargo, en los proverbios, cuando queremos dar una idea de desolación, decimos que es más desolado que Libia, no refiriendo el discurso a la desolación, sino a la cobardía de los que habitan. 160 En general, dice,¿ quién temería a los hombres que, habiendo dado la naturaleza esto a los hombres como propio aparte del resto de los animales, digo las manos, las llevan durante toda la vida dentro de las túnicas sin hacer nada? Y lo más importante, que incluso bajo las túnicas, dice, llevan cinturones, para que ni siquiera cuando mueran en las batallas sean visibles para los adversarios. 85. Que, prometiendo Gelón a los griegos ayudar con veinte mil infantes y doscientos barcos acorazados, si le cedían el mando, o el de tierra o el de mar, dicen que los que presidían en Corinto a los griegos dieron una respuesta muy pragmática a los embajadores de Gelón; pues ordenaban que Gelón viniera como auxiliar con las fuerzas, y que los hechos necesariamente pondrían el mando a los mejores hombres; esto es de los que se refugian en las esperanzas de los siracusanos, sino que confían en sí mismos y desafían al que quiera al combate de la valentía y a la corona de la virtud. Pero, sin embargo, Timeo extiende tantos discursos sobre cada una de las cosas dichas anteriormente y pone tal empeño en hacer a Sicilia más grandiosa que toda Grecia, y las acciones en
q.68
ella más brillantes y hermosas que las de la otra tierra habitada, y de los hombres, los que han sobresalido en sabiduría, los más sabios los de Sicilia, y de los pragmáticos, los más aptos para el mando y más divinos los de Siracusa, de modo que no dejar exceso a los jóvenes en las disertaciones y los lugares para las empresas paradójicas, cuando se proponen decir un elogio de Tersites o una censura de Penélope o de cualquier otro de tales. Por lo tanto, a partir de esto, debido al exceso de la paradoja, no lleva a comparación, sino a burla tanto a los hombres como a las acciones de las que quiere estar al frente; y casi cae en lo parecido a los que han practicado el discurso más fácil sobre los discursos en la Academia. Pues también algunos de ellos, queriendo llevar a la perplejidad a los que dialogan sobre las cosas que parecen ser manifiestamente comprensibles y sobre las incomprensibles, usan tales paradojas y procuran tales persuasiones que uno duda si es posible que los que están en Atenas huelan los huevos que se cuecen en Éfeso y dudar si no fuera que, en el momento en que dialogan en la Academia sobre esto, no están disponiendo estos discursos sobre otras cosas estando acostados en casa. De lo cual, debido al exceso de la paradoja, han llevado a la difamación toda la elección, de modo que incluso las cosas que se dudan bien entre los hombres han sido llevadas a la incredulidad. Y aparte de su propio error, también han engendrado en los jóvenes tal celo por no hacer ni la más mínima idea de los discursos morales y pragmáticos, a través de los cuales hay beneficio para los que filosofan, sino que, vanagloriándose, consumen sus vidas en las inútiles y paradójicas búsquedas de discursos. Lo mismo le ha sucedido a Timeo sobre la historia y a sus seguidores; pues, siendo paradójico y contencioso sobre lo propuesto, ha asombrado a la mayoría irracionalmente, y los ha obligado por la apariencia de la veracidad, y a algunos incluso los ha atraído y parece convencerlos con prueba. Y sobre todo ha inculcado esta opinión a partir de las afirmaciones sobre las colonias y fundaciones y parentescos; pues en esto hace tal apariencia a través de la precisión y la amargura en las refutaciones, de las que se sirve contra los demás, de modo que parece que ha dormido con los hechos junto a todos los demás escritores y ha hecho un bosquejo de la tierra habitada, y que él solo ha examinado la precisión y ha aclarado las historias en cada caso, en las cuales muchas cosas se dicen sanamente, pero muchas también falsamente. No obstante, los que han pasado más tiempo criados con sus primeras memorias, en las que están las composiciones sobre lo dicho anteriormente, cuando desconfían de toda la exageración de la promesa de quien ha compuesto, y luego alguien les demuestra a Timeo, en lo que es más amargo contra los demás, siendo él mismo culpable, tal como nosotros hace poco establecimos que desvaría sobre los locrios y lo siguiente, se vuelven contenciosos y celosos y difíciles de cambiar, y casi se podría decir que los que han asistido más laboriosamente a sus memorias se llevan esto como provecho de la lectura; los que, sin embargo, han prestado atención a sus discursos públicos y en general a los discursos prolijos, se vuelven pueriles y de disertación y completamente falsos debido a las causas recién dichas. Por lo tanto, la parte pragmática de la historia para él se compone de todos los errores, de los cuales hemos pasado la mayoría; pero la causa del error la diremos ahora, que no parece gloriosa para la mayoría, pero se encontrará que es la más verdadera de las acusaciones de Timeo; pues parece que se ha preparado tanto la capacidad empírica sobre cada cosa como la disposición en la curiosidad y, en resumen, que se ha acercado laboriosamente a escribir la historia, pero en algunos no parece haber sido nadie más inexperto ni menos laborioso de los escritores mencionados por su nombre. Lo dicho será evidente a partir de esto. Pues siendo dos por naturaleza como unos instrumentos para nosotros, con los que indagamos y curioseamos todo, el oído
q.69
y la vista, y siendo la vista no poco más verdadera que el oído según Heráclito( pues los ojos son testigos más precisos que los oídos), de estos Timeo se lanzó a curiosear lo más agradable pero lo más débil de todo. Pues de las cosas a través de la vista se apartó hasta el fin, pero se apoderó de las del oído. Y esto... a través de las memorias, pero se apartó perezosamente de lo relativo a las investigaciones. Por qué causa tuvo esta elección es fácil de comprender, porque las cosas de los libros pueden ser curioseadas sin peligro y sufrimiento, si uno se preocupa solo de esto, de tomar o una ciudad que tenga multitud de memorias o una biblioteca vecina en algún lugar. Por lo tanto, es necesario investigar lo buscado estando acostado y comparar las ignorancias de los escritores anteriores sin ningún sufrimiento. Pero la curiosidad necesita mucho trabajo y gasto, y contribuye mucho y es la parte más grande de la historia. Esto es evidente a partir de los mismos que tratan las composiciones. Pues Éforo dice que, si fuera posible que ellos estuvieran presentes en todos los hechos, esto diferiría mucho de las experiencias; pero Teopompo dice que este es el mejor en los asuntos militares, el que ha estado presente en la mayoría de los peligros, y este el más capaz en el discurso, el que ha participado en la mayoría de los combates políticos. De la misma manera sucede en la medicina y en el arte de gobernar. Además, más enfáticamente que estos, el poeta ha hablado sobre esta parte. Pues él, queriendo mostrarnos cómo debe ser el hombre pragmático, proponiendo la figura de Odiseo, dice:" Cuéntame, Musa, del hombre de muchos senderos, que vagó muy mucho", y avanzando," vio las ciudades de muchos hombres" y lo siguiente. Me parece que también el pretexto de la historia busca a tal hombre. Platón, pues, dice que entonces las cosas humanas estarán bien, cuando o los filósofos reinen o los reyes filosofen; y yo también diría que las cosas de la historia estarán bien entonces, cuando o los hombres pragmáticos intenten escribir las historias, no como ahora de manera secundaria, sino habiendo pensado que esto también es para ellos una de las cosas más necesarias y hermosas, se entreguen sin distracción a esta parte durante la vida, o los que intentan escribir consideren necesaria para la historia la disposición proveniente de los hechos mismos. Antes no habrá muchas cosas de la ignorancia de los historiadores. De los cuales Timeo, no habiendo puesto ni la más mínima previsión, sino habiendo vivido en un solo lugar como extranjero, y casi como los que por intención han renunciado tanto a la disposición activa sobre las acciones militares y políticas como a la experiencia personal proveniente del viaje y la visión, no sé cómo se lleva la opinión de que atrae la dirección del escritor. Y que es tal, es fácil mostrar que el mismo Timeo lo confiesa. Pues según el prólogo del sexto libro dice que algunos suponen que el género de los discursos demostrativos necesita una naturaleza y laboriosidad y preparación mayor que el de la historia; pero dice que estas opiniones llegaron primero a Éforo, y no habiendo podido aquel responder suficientemente a esto, intenta comparar él mismo por comparación la historia con los discursos demostrativos, haciendo una cosa de lo más extraña de todas. En primer lugar, mentir sobre el escritor. Pues Éforo, siendo admirable durante toda la obra tanto por la frase como por el manejo y por la invención de las premisas, es muy hábil en las digresiones y en las sentencias provenientes de sí mismo, y en resumen cuando dispone el discurso que mide, por alguna coincidencia ha hablado de manera muy agradable y persuasiva sobre la comparación de los historiadores y los logógrafos. Pero él, para no parecer que dice lo mismo que Éforo, además de mentir sobre aquel y los demás; pues ha condenado... lo manejado debidamente por otros de manera larga y oscura y explicándolo peor en todo, no supuso que nadie de los vivos observaría esto. No obstante, queriendo aumentar la historia, en primer lugar dice que es de tal magnitud
q.99
238 extractos de Jámblico 1."... pues... y... y... y... los peligros no son necesarios, es posible vivir si no amas; pero ve más bien y duerme junto a aquella extranjera;... del suegro... y el oro y... regalo de hospitalidad;... si acaso ya purificada también el rostro... adornada aquella pequeña doncella.¿ Pues qué más necesitas de Sinonide? Tienes una doncella esquilada como yo, y más afortunada que... no complaciendo a un hombre..." Mientras Sinonide decía esto, Rodanes no lo soportaba, sino que... al ser importunado... Sinonide se llenaba de ira y... y levantó las manos y muchas amenazas... y mostrando la herida con la que una vez se hirió a sí misma:"¿ Ves", dijo," esto, oh..., ves que Sinonide no perdona su alma? Tienes... una muestra... pero es más rápida la erótica... te conjuro, Rodanes, gobernarás hoy un gran mal... hija de un campesino... herida... del asesinato de la hija... pero... de la izquierda... la derecha... en cuanto... y... cuando... y reprendiendo... Sinonide sale furtivamente y corriendo a través de la luna corría directamente hacia... la del campesino... se encontraba antes, teniendo en mente entrar corriendo y asesinar a la hija del campesino... en las cacerías... Pero cuando los que estaban con Rodanes conocieron su intención:" Tú", dijo Sorayco," oh Rodanes, quédate en tu lugar y no te irrites..., no sea que parezca que defiendes a tu amada para rescatarla; pero guardémonos de una doncella que ama y que mata; yo iré tras cada una; y me convenzo de que la traeré de vuelta rápidamente; ten ánimo... sé vencer... los arrebatos de Sinonide;¿ por qué lloras, oh Rodanes? Quédate, si quieres recuperar a Sinonide, si confías en Sorayco, quien vaga por vuestra causa." Habiendo dicho esto Sorayco, apenas convenció a Rodanes de quedarse, quien temía sobre todo por Sinonide, pero también le preocupaba la doncella en peligro, no fuera a sufrir algo terrible por los celos. Y al principio, Sinonide ni siquiera aparecía al alcance de Sorayco; pues llevaba mucha ventaja y era más rápida para correr que Sorayco, y además estaba más ligera por la ira; pues la rapidez del arrebato la hacía más ligera de cuerpo. Sin embargo, esforzándose Sorayco y compitiendo más allá de sus fuerzas, cuando ve a... de Sinonide desde lejos, grita:"¡ Quédate, Sinonide! Soy yo, Sorayco, solo; Rodanes no está presente,¡ no, por Belo!" Ella detuvo su carrera, considerando el juramento como fidedigno y respetando a Sorayco; y habiéndose acercado Sorayco, primero le ordenaba acercarse y dice:" Oh Sinonide, os amo a ambos, puesto que por la Fortuna fui dado a vosotros como padre; y a ti te adquirí antes que a Rodanes; pero a Rodanes no lo absuelvo de la culpa, y a ti no te considero digna de entregarte por completo a la ira, ni de tomar tal justicia de una mujer y extranjera, de quien quizás también estaremos en peligro, pero ciertamente pecaremos contra Zeus Xenios; pues ella misma nos puso mesa y nos recibió con hospitalidad; y quizás fue forzada, y quizás fue engañada o seducida. No solo para ti, hija, es Rodanes hermoso." Ella, ante esto mismo, se encendió y no soportó el resto del discurso, sino que dijo:" Oh Sorayco, este miserable aliento te lo he concedido y entonces mal; pues ojalá hubiera muerto antes de escuchar que Rodanes es hermoso también para otra; no me impidas ni quieras
q.100
ver un asesinato en la soledad; y sabes que no miento; pues te tengo a ti como testigo de mi audacia. Y ves que tengo una espada, y tengo una herida; y Rodanes solo fue crucificado, pero yo incluso toqué la muerte y tuve la experiencia de que los hombres que mueren no sienten dolor y la muerte no es desagradable, sino que para los que aman es incluso dulce.¿ Qué me quitas, Sorayco? Te conjuro, quieres salvar a la amada de Rodanes; no me amenaces con peligros ni con detenciones ni con castigos; no temo a nadie, yo que no temí noches ni cruces... 241 extractos de Pedro el Patricio 1... enviado en embajada a los persas, con el fin de pedir una alianza contra Casio y Bruto; y como el tiempo se consumía, estando el rey de los persas indeciso y esperando el desenlace de los acontecimientos, Labieno eligió quedarse con ellos, prefiriendo la vida entre bárbaros a su propia ruina. 2a. Que César, al ver la tumba y el cuerpo de Alejandro, y exhortándole los alejandrinos a ver también el cuerpo de Ptolomeo, dijo:" Yo deseo ver reyes, no muertos." 2b. Que exhortándole de nuevo a visitar al Apis, dice:" Yo adoro dioses, no bueyes." 3. Que Cornelio se volvió insolente e injusto al ser honrado por César; pues en su poder difamaba y maltrataba a todos, de modo que incluso un tal Próculo, al encontrárselo una vez, se tapó la nariz y la boca, insinuando que no es posible ni hablar ni respirar ante él. Y otro, habiendo tomado testigos, se acercó públicamente y le preguntó si lo reconocía. Y al decir él que no lo conocía, volviéndose hacia los testigos, dijo:"¿ Veis que no me conoce? Que no se crea, pues, nada de lo que diga sobre mí." 4. Que Tiberio no devolvía los legados dejados por César durante mucho tiempo; y como, al ser llevado un muerto a través del foro, alguien se acercó y pareció susurrarle al oído, y al ser preguntado por los que estaban con él qué había hecho, dijo que le había manifestado a Augusto que los legados hasta ahora no habían sido entregados, a aquel lo mató al instante, para que fuera su propio mensajero, como dijo burlándose. 242 5. Que los senadores decretaron que también el mes de noviembre, en el que nació Tiberio, se llamara Tiberio; pero él no lo aceptaba, diciéndoles:"¿ Y si tenéis trece Césares, qué haréis?" 6. Que Tiberio castigaba amargamente a los acusados de algo, añadiendo esto:" Nadie es gobernado voluntariamente, sino que es empujado a ello contra su voluntad;" pues no solo que los gobernados no obedecían alegremente, sino que incluso conspiraban contra los gobernantes. Y aceptaba a los acusadores sin distinguir si un esclavo hablaba contra su amo o un hijo contra su padre. 7. Que una vez, al salir Livia, aparecieron ante ella hombres desnudos, y por esto eran llevados a la muerte; pero ella ordenó que fueran liberados, diciendo que para las mujeres sensatas estos parecen estatuas. 8. Que la misma, al ser preguntada qué modos usaba para dominar tanto a César, dijo:" Yo misma siendo estrictamente sensata y haciendo alegremente todo lo que le parece bien, y no entrometiéndome en ninguna otra cosa de las suyas, y fingiendo no darme cuenta de sus diversiones amorosas." 9. Que Tiberio, torturando a alguien severamente por causas falsas y sabiendo que fue torturado en vano, ordenó que fuera ejecutado seriamente; pues decía que al que había sido así ultrajado le convenía la liberación de la vida. 10. Que Tiberio, fingiendo una enfermedad, envió a Seyano como si fuera a seguirlo a Roma, diciendo que una parte de su cuerpo y de su alma se desgarraba de él, y lo abrazó y lo besó entre lágrimas, de modo que Seyano se envaneció aún más. 11. Que Régulo y Lacón, habiendo tomado a Seyano, lo ataron y lo llevaron a la prisión; y desde aquí uno podría compadecer más la debilidad humana y aprender a no envanecerse por los bienes y a no afligirse por los supuestos contrarios. Pues los que antes lo honraban como a un amo, entonces lo custodiaban como a un fugitivo. 243 12. Que Tiberio honró a muchos amigos después de la muerte de Seyano
q.101
pero castigó a muchos; de modo que incluso desde aquí refiere todo esto a la fortuna. 13. Que Terencio, siendo juzgado por Tiberio por su amistad con Seyano, dijo:" Yo no cometí ninguna injusticia si trataba a este como amigo, viéndolo honrado por ti; pues si el emperador, que sabe todo con precisión, te equivocaste,¿ qué tiene de extraño si yo también fui engañado? Pues nos corresponde amar a todos los honrados por ti sin entrometernos en cómo son, sino haciendo de un solo límite de la amistad el que ellos agraden al emperador." 14. Que discutiendo una vez Cayo y Tiberio el nieto, dijo el abuelo Tiberio a Cayo:"¿ Por qué te apresuras? También tú matarás a este y otros a ti." 15. Que Tiberio pronunciaba constantemente este yambillo:" Al morir yo, que la tierra se mezcle con fuego." 16. Que el mismo también consideraba feliz a Príamo porque pereció junto con su patria y su reino. 17. Que Emilio Mamertio compuso un drama que tituló Atreo, en el que introdujo a alguien diciendo, según Eurípides, que es necesario soportar las ignorancias de los que mandan. Y al enterarse de esto, Tiberio tomó el verso como dirigido a sí mismo, pensando que él mismo era llamado Atreo por las abominaciones de los asesinatos que cometió, y decía:" Este me hizo Atreo, y yo lo haré Áyax." Por tanto, le impuso la necesidad de que él mismo se quitara la vida. 18. Que lo que uno quiere y desea, eso también lo cree más rápido. 19. Que un tal Lucio Aruntio, aventajado tanto en edad como en educación, al ver a Tiberio enfermo de muerte y en peligro, y que el imperio se inclinaba hacia Cayo, se quitó la vida diciendo:" No puedo servir en la vejez a un amo tan joven." 20. Que Tiberio, habiendo visto una vez la 244 amistad de Macrón y Cayo, dijo:" Bien haces dejando al que se pone y corriendo hacia el que sale." 21. Que Cayo, al desterrar a Pisón, le dio solo diez esclavos; y como aquel pedía que se le dieran más, le ordenó usar a cuantos quisiera, diciendo:" Y, sin embargo, tantos soldados te acompañarán." 22. Que Cayo, después de muchas maquinaciones, finalmente se volvió contra el senado y les presentó acusaciones, porque habían hablado mal de Tiberio:" Pues a mí", decía," siendo emperador, me es permitido hacer esto, pero vosotros no solo cometéis injusticia, sino que también sois impíos contra quien os gobernó al estar así dispuestos, y si hizo algún mal, lo hizo incitado por vosotros. Y Seyano, inflado por vosotros, pereció." 23. Que Cayo, habiendo matado a Prisco por dinero y encontrando poco, pronunció esta extraña frase:" Me engañó y pereció en vano; pues podía vivir con esto." 24. Que Domicio, orador excelente y muy hábil, hombre vil, bajo Tiberio calumnió a una mujer de las ilustres, de modo que estuvo cerca de la muerte; y al encontrársela una vez, se desvió del camino avergonzado; ella, habiéndose acercado, dijo:" Ten ánimo, Domicio, que no eres tú el culpable para mí, sino Agamenón." 25. Que este Domicio, habiendo hecho un epigrama sobre una imagen de Cayo, dijo que a los veintisiete años ejerció el consulado por segunda vez; aprovechándose de esto, Cayo lo acusó de reprochar su inmadurez e ilegalidad y lo llevó al senado como si fuera a morir, y pronunció un discurso compuesto de manera variada, y si se hubiera defendido, habría muerto; pero él, mientras aquel hablaba, se maravillaba y aplaudía como un oyente y no como un acusado; y al terminar, parecía admirar la habilidad del discurso. Y al dársele tiempo para la defensa, se volvió hacia el lamento, y finalmente cayó al suelo suplicando y diciendo que lo temía más como orador que como César; aquel, al ver y oír esto, se distendió, creyendo que había vencido con la preparación de las palabras, y lo liberó diciendo:" No te consideres más un orador hábil;" a quien también nombró cónsul. 245 26. Que Séneca Anneo, superando en sabiduría a todos los hombres de su tiempo, cuando pronunció un discurso sobre él bien compuesto, por esto y solo por esto iba a perecer; pero lo dejó libre persuadido por una mujer, con quien
q.102
dormía, al decir ella que también tiene tisis y no morirá en mucho tiempo; y creyendo que esto era verdad, le permitió morir cuando ya no le quedaba nada. 27. Que Cayo era tan indiscriminado respecto a los asesinatos que, una vez, habiéndole presentado muchos acusados para que los examinara, los puso en fila y dijo lo que se decía como ridículo en el presente:" Desde el calvo hasta aquel que tiene pelo, mátalos a todos." 28. Que el mismo, jugando a los dados una vez en las Galias y sabiendo que no hay dinero, se levantó y pidió un registro de los ricos y ordenó que muchos de ellos fueran asesinados y que su dinero fuera traído; y habiendo ido hacia sus compañeros de juego, dijo:" Mientras vosotros disputáis por poco, yo reuní una multitud de dinero." 29. Que el mismo Cayo, habiendo capturado a Cerial y a su hijo Papinio, senadores, los castigó para que revelaran las conspiraciones que se hacían contra él. Y Cerial no dijo absolutamente nada, pero al instante fueron ejecutados ante sus ojos, entre los cuales estaba también Baso; y preparó a su padre, que no había sido acusado falsamente ni tenía crimen, para que estuviera presente, a fin de que viera la ejecución de su hijo. Y al preguntar el anciano si le es permitido cerrar los ojos, ordenó que después de ser asesinados estos, también aquel fuera asesinado. Él, fingiendo, decía que la sentencia del rey era justa; pues en verdad, tanto ellos como él mismo eran de los asesinos, y que muchos otros eran los que estaban al tanto con nosotros. Y al ser exigido decir, dijo que todos los que estaban cerca de él y servían a estos males. Y habría hecho lo más grande, si no hubiera sido llevado a nombrar también a sus muy allegados; pues así se desconfió también de los otros. Y aquel fue ejecutado. 30. Que el mismo Cayo, habiendo llamado a los prefectos y a otros dos, entró en una pequeña habitación y les dice:" He aquí que vosotros tres 246 estáis armados, y yo solo y desnudo; si me odiáis, matadme." Y como ellos cayeron a sus pies y le suplicaban que no pensara nada semejante sobre él, se retiró fingiendo estar convencido; sin embargo, él mismo estaba sospechoso respecto a su amistad, y ellos temían. Y él los enfrentaba unos contra otros. 31. Que el mismo ordenó que el senado se reuniera, y fingió darles amnistía, diciendo que tenía muy pocos a los que aún estaba enfadado. Y a todos les dio doble preocupación; pues cada uno pensaba sobre sí mismo. 32. Que Protógenes, uno de los más crueles delatores, llevaba siempre dos papeles en los que escribía las calumnias, y al mayor lo llamaba espada, y al menor daga. Este entró en el senado, y cuando los senadores lo vieron, por el miedo todos corrieron hacia él y lo saludaban y lo besaban; y queriendo también Escribonio hacer esto, mirándolo terriblemente, dijo:"¿ Y tú me saludas odiando tanto al César?" de modo que todos los senadores rodearon y despedazaron a Escribonio; y al enterarse de esto, Cayo se sintió aliviado. 33. Que un gálata, al ver a Cayo, se rió a carcajadas; él, pensando que se reía de placer, ordenó que fuera traído y dice:"¿ Quién crees que soy?", y él, diré la misma palabra dicha por él, dijo que" eres un gran desvarío", y no sufrió nada terrible; pues era zapatero y pobre. 34. Que Milonia, después de treinta días de matrimonio, dio a luz un hijo, que tuvo de su anterior marido; y esto lo decía como si hubiera nacido de él mismo como dios, porque en treinta días se convirtió en marido y padre. 35. Que después de la muerte de Cayo, el pueblo, debido a que él dijo que todos debían tener un solo cuello, burlándose de él decía:" Nosotros no tenemos un solo cuello, sino muchas manos." 36. Que muchos de los que se entregaban al libertinaje y pecaban con él estaban afligidos y perturbados, y habiendo intentado mucho establecer a los soldados, no pudieron, pero Valerio Asiático, hombre 247 que había sido cónsul, lo calmó de una manera sorprendente; pues mientras ellos corrían y preguntaban quién degolló a Cayo, para tomar justicia de él, subió a un lugar visible
q.103
y les gritó:"¡ Ojalá lo hubiera matado yo!", y a partir de esto, asombrados y respetando al hombre, se calmaron. 37. Que un liberto de Sabino fue llevado a examen y habló libremente; y Narciso le preguntó:"¿ Qué habrías hecho si Sabino hubiera sido monarca?" Respondió:" Habría estado detrás de él y callado." A partir de esto, condenado, fue ejecutado. Y una tal Ariame, cuando vio al hombre en peligro extremo, no solo no se acobardó, sino que ella misma se degolló, y provocó al hombre a lo mismo; pues habiendo tomado la espada, la puso contra su propio vientre y empujó diciendo:" Mira, no sufro; esto no es nada; hazlo tú también." Habiendo visto, pues, que moría, también él se degolló; pues a tal orden habían llegado las cosas, que se consideraba virtud convertirse en suicida. 38. Que Claudio, ocurriendo esto, decía constantemente el verso homérico:" Defenderse de un hombre cuando uno se irrita primero." 39. Que a un tal Galo, que podía conspirar y pasaba el tiempo fuera, lo hizo llamar con urgencia y dijo:" Te ataré con cadenas de oro", y le puso el cargo. 40. Que en el teatro dijo un actor:" Es insoportable un azotado que tiene éxito", de modo que todo el pueblo miró a Polibio, su liberto, que entonces hacía muchas violencias; pero Polibio, levantándose, gritó:" El mismo poeta dice que se convirtieron en reyes los que antes eran cabreros." 41. Que Mitrídates, el rey de los iberos, habiendo chocado con el ejército romano y siendo derrotado y desesperando de sí mismo, pidió que se le diera palabra, para no morir violentamente ni ser introducido en los triunfos; habiendo sucedido así, Claudio en Roma lo recibió en la tribuna y le hablaba amenazadoramente; pero él respondió otras cosas con franqueza y añadió esto:" Yo no fui llevado ante ti, sino que he llegado; si no lo crees, suéltame y búscame." 248 42. Que el jefe de los britanos, Cartaco, habiendo sido capturado, fue enviado a Roma; a quien Claudio, vistiendo clámide, introdujo en la tribuna; quien también obtuvo perdón y vivía en Italia con su esposa y sus hijos; y una vez, habiendo recorrido la ciudad y visto su grandeza y el esplendor de las casas, dijo:"¿ Por qué, poseyendo tantas y tales cosas, codiciáis nuestras chozas?" 43. Que después de que el orador Galicano fuera arrojado al río por Claudio, el orador Afrón, siendo bien considerado al defender, fue invitado por alguien ante Claudio a defender en su favor, dijo:"¿ Y quién te dijo que nado mejor que Galicano?" 44. Que Nerón pronunció ingeniosamente sobre Claudio; pues en un banquete, habiendo sido traídos hongos, diciendo alguien que los hongos son comida de dioses, él dijo:" Verdad; pues mi padre, habiendo comido un hongo, fue divinizado." 45. Que al nacer Nerón, se dice que alguien, a partir del movimiento de los astros, predijo que reinará y matará a su madre; lo cual, al oírlo Agripina, gritó ante esto:"¡ Que solo reine y que me mate!", pero más tarde se arrepintió mucho. 46. Que Acte había sido vendida desde Asia, pero era muy amada por Nerón por encima de su esposa Octavia; y como, haciendo muchas cosas, no pudo apartarlo, se lanzó violentamente contra él ante todos, gritando que ella lo había nombrado emperador, como si pudiera quitarle la monarquía a través de esto, sin saber que la monarquía dada por un particular convierte inmediatamente al que la recibe en señor de quien la dio, y en la mayoría de los casos, por causa de él, los que dan perecen. 47. Que Nerón y Otón ambos usaban a la misma mujer; pues parecían amarse mucho por la semejanza de vida; de modo que una vez Otón le dijo:"¡ Ojalá te viera César!" Y no sufrió ningún mal por esto; solo se le respondió tanto como:" No te veré ni cónsul." 48. Que después de la conspiración, Agripina, habiéndose salvado y viendo a Aniceto enviado por Nerón contra ella, 249 inmediatamente saltó del lecho y rasgó su ropa y, descubriendo su vientre, dijo:" Golpea, Aniceto, golpea, porque ha dado a luz a Nerón." Y al verla muerta, Nerón pronunció una palabra impía:" No sabía
q.104
que tenía una madre tan hermosa." 49. Que Traseas, senador, al ser ejecutado por Nerón, dijo:" Si Nerón solo fuera a matarme a mí, me afligiría; pero si no perdona a los que lo alaban mucho, nada peor me sucederá a partir de esto; pero aquellos perecerán junto con él, y de mí al menos habrá algún recuerdo en el tiempo venidero; pues Nerón puede matar, pero no puede destruir." 50. Que al entrar Nerón en Roma, derribaron las estatuas de Agripina; y no habiendo llegado a tiempo para cortar una, le pusieron un trapo, de modo que parecía estar cubierta; y alguien, al instante, habiendo escrito, lo pegó a la estatua:" Yo me avergüenzo,¿ y tú no te avergüenzas?" 51. Que también circulaba un yambillo:" Nerón, Orestes, Alcmeón, matricidas." 52. Que Nerón, matando a muchos por tiranía, es disuadido por Séneca, diciéndole esto:" A cuantos mates, no puedes matar al que va a reinar después de ti." 53. Que una vez, diciendo Nerón:" Absolutamente me divorcio de Octavia y no conviviré con ella", dijo Burro con franqueza ante él:" Entonces devuelve también su dote, es decir, la monarquía; pues la monarquía es de su padre." 54. Que una vez, siendo preguntado Burro sobre el mismo asunto por segunda vez, dijo:" Sobre lo que dije una vez, no me preguntes por segunda vez." 55. Que Pitias, siendo una de las que estaban en el lecho de Octavia, no soportó calumniarla, sino que, habiendo soportado muchísimas torturas, juraba que nunca había pecado contra el lecho de Nerón; y una vez, presionándola Tigelino severamente y diciendo que confesara los males que hizo tu señora, 250 y ella, habiendo escupido en su rostro, dijo:" Tigelino, el pudendo de mi señora es más limpio que tu boca." 56. Que Nerón tenía los males de sus propios parientes como risa e ingenio. 57. Que al ser presentada la cabeza del apóstol Pablo a Nerón, dijo:" No sabía que tiene una nariz tan grande", como si fuera a perdonarlo si hubiera sabido esto de antemano. 58. Que un tal Traseas expresó la opinión de que para un senador el destierro es el castigo extremo. 59. Que en el gran y famoso incendio de Roma se dijo un oráculo tal:" El último de los Eneadas, matricida, reinará." 60. Que bajo él terminó el linaje de Julio, que descendía de Eneas; pues después de Nerón ya no reinó el linaje de Julio, sino otros romanos. 61. Que muchos conspiraron contra Nerón. Y al ser conocido esto por Nerón, Sulpicio Áspero, el centurión, al ser preguntado por la causa del ataque, dijo que no podía ayudarte de otra manera ni detenerte en tus indecencias, si no fuera a través de matarte. 62. Que también Flavio Subrio, al ser preguntado, dijo:" Te amamos esperando que fueras un buen emperador; pero te odié porque haces esto y aquello; pues yo no puedo servir ni a un auriga ni a un citaredo." 63. Que teniendo Nerón a Esporo el eunuco como mujer, uno de los que estaban con él en Roma y preparado para la filosofía, al ser preguntado si le agradan las bodas y la convivencia, dijo:" Bien haces, oh César, conviviendo con tales; ojalá también tu padre hubiera tenido el mismo celo y hubiera convivido con tal esposa", mostrando que si esto hubiera sucedido, este no habría nacido y el Estado se habría liberado de grandes males. 64. Que prometiendo Nerón que escribe cuatrocientos libros, dijo Anneo Cornuto que son muchos y que nadie puede leerlos. Y diciendo Nerón:" También Crisipo, 251 a quien alabas y emulas, escribió muchos más", respondió aquel:" Pero aquellos son la vida de hombres muy útiles", y por esto fue desterrado. 65. Que Tiridates dio a Nerón la espada corta diciendo que la recuperará cuando salga. 66. Que Tiridates dijo a Nerón:" Señor, soy nieto de Arsaces, y hermano de los reyes Vologeso y Pacoro, pero tu esclavo; y he venido ante ti para adorarte a ti, mi dios, como también a Mitra, y seré esto lo que tú ordenes; pues tú eres para mí tanto destino como fortuna." Y Nerón
q.179
hacen todo lo contrario; pues, gracias a una indulgencia oportuna, ellos mismos cambian a menudo, sobre todo cuando actúan por valentía y no por malicia, por afán de gloria y no por perversidad( pues una filantropía razonable es capaz tanto de someter como de corregir un espíritu noble), y también transforman a los demás, que se muestran dispuestos al ver que se les ha perdonado; pues todo el mundo se deja persuadir más gustosamente que forzar, y prefiere obedecer la ley voluntariamente antes que por necesidad, ya que lo que se hace por propia voluntad se considera propio, mientras que lo que se hace por imposición se rechaza por considerarse indigno de un hombre libre. 60. Que es obra de la mayor virtud y poder no el matar a alguien( pues esto ocurre a menudo incluso a manos de los más viles y débiles), sino el perdonar y salvar a alguien, lo cual nadie más que tú puede hacer si no quieres. Quisiera ya dejar de hablar; pues mi pequeña alma está cansada, mi voz desfallece, las lágrimas me impiden hablar y el miedo me cierra la boca. Pero no sé cómo librarme; pues la pasión, al mostrarse, no me permite callar, sino que me obliga a hablar más, como en una oración, como si lo último que dijera fuera a ser la salvación de mi hijo. 61. Pues dudaba en destruir el nombre y la forma de la autoridad que se le había conferido, y puesto que iba a perdonar a Rullo( pues veía el entusiasmo del pueblo), al resistirse más tiempo ante él, quiso concederle el perdón y atraerse a los jóvenes, de modo que, inesperadamente, le otorgó su perdón. Así pues, frunció el ceño, miró al pueblo con severidad, alzó la voz y habló. Y hubo silencio, aunque no tranquilidad, sino lo que suele ocurrir en tales casos: se lamentaban por él y murmuraban entre sí, sin que se entendiera nada de lo que decían, pero se sospechaba que deseaban que el hiparco se salvara. Papirio, al ver esto y temiendo que provocaran algún disturbio, dejó de lado su actitud autoritaria, que había adoptado en mayor medida de lo debido para corregirlos, y, moderando su conducta, los reconcilió de nuevo con su amistad y buena disposición, de modo que, al unirse a sus enemigos, cobraron valor. 62. Muchas otras cosas del género humano podrían causar admiración, pero no menos que lo ocurrido entonces; pues los romanos, habiéndose vuelto tan arrogantes que ni siquiera aceptaron un heraldo de paz de los samnitas, esperando derrotarlos a todos sin lucha, cayeron en una desgracia terrible y en una vergüenza como nunca antes habían conocido, y aquellos, por su parte, temiendo demasiado y considerando una gran desgracia no haber pactado, capturaron a todo su ejército y los hicieron pasar a todos bajo el yugo; pues a tal punto los había llevado la fortuna. 63. Que las diferencias se resuelven con beneficios; y cuanto más se aleja alguien de la enemistad para recibir, contra toda expectativa, la salvación en lugar del castigo, mucho más voluntariamente pone fin a aquella y se deja vencer gustosamente por esta; y cuanto más se odian entre sí aquellos que, habiendo sido amigos, se han convertido en enemigos, más aman a sus bienhechores aquellos que, tras una diferencia, han recibido un beneficio. Por tanto, los romanos desean ciertamente sobresalir en la guerra, pero además honran la virtud y, por ello, obligados en ambos aspectos, obtienen la victoria gracias a la nobleza de su alma, esforzándose siempre por corresponder a los iguales con una superioridad equivalente. 64. Que todos los hombres están naturalmente más predispuestos a dolerse por las ofensas que a alegrarse por los beneficios, y que se vengan más fácilmente de quienes les han causado algún daño que de quienes les han hecho un bien, sin dar importancia a la mala reputación de no haber salvado al salvador por benevolencia, y complaciendo al iracundo incluso en contra de su propio interés. Tales cosas les aconsejaba, tanto por su prudencia innata como por la experiencia de la vejez, previendo no lo que agrada en el momento, sino lo que será doloroso después. 65. Que los capuanos, cuando los romanos fueron derrotados y llegaron a Capua, no les dijeron ni les hicieron nada malo,
q.180
sino que les dieron alimento y caballos, y los recibieron como si hubieran vencido; pues se compadecieron de la desgracia de aquellos a quienes, por lo ocurrido anteriormente, no habrían querido que hubieran sido vencidos por ellos. Los romanos, al enterarse de lo sucedido, se quedaron sin saber qué hacer, sin poder alegrarse por la salvación de sus soldados ni tampoco afligirse; pues sufrían profundamente por la terrible vergüenza, despreciando haber sufrido esto a manos de los samnitas, y habrían preferido que todos hubieran perecido, pero al considerar que, si algo así les hubiera ocurrido a ellos, habrían corrido peligro en todo lo demás, no escucharon con desagrado que se hubieran salvado. 66. Que es necesario y no censurable que todos los hombres se preocupen por su propia salvación, y que, si se encuentran en algún peligro, hagan cualquier cosa para salvarse. 67. Que el perdón es concedido tanto por los dioses como por los hombres a quienes han hecho algo involuntariamente. 68. Que los samnitas, al ver que no se cumplían los tratados ni se les devolvía ningún favor, sino que se entregaban pocos en lugar de muchos para eludir los juramentos, se indignaron terriblemente, invocaron a los dioses y recordaron sus promesas, exigieron a los capturados y ordenaron que entraran desnudos bajo el mismo yugo bajo el cual habían sido liberados por compasión, para que aprendieran con la experiencia a mantenerse fieles a lo acordado. Y devolvieron a los entregados, ya sea porque no consideraron justo matar a quienes no habían cometido ninguna falta, o porque quisieron cargar al pueblo con el perjurio y no liberar a los demás mediante el castigo de unos pocos hombres. Hicieron esto esperando encontrar algo de equidad a partir de ello. 69. Que los romanos no solo no sintieron gratitud hacia los samnitas por la salvación de los entregados, sino que, como si hubieran sufrido algo terrible por ello, hicieron la guerra con ira y, al vencer, les hicieron lo mismo; pues la justicia no se juzga por la igualdad con lo que se considera tal en las armas según la multitud, ni es necesario que los injustamente tratados venzan, sino que la guerra, siendo soberana, dispone las demás cosas según el interés del vencedor y a menudo invierte la noción de justicia hacia lo contrario. 70. Que los romanos, tras vencer a los samnitas, hicieron pasar a los prisioneros bajo el yugo, considerando suficiente para ellos la retribución de la misma vergüenza. Así, la fortuna, al cambiar en muy poco tiempo hacia lo contrario para ambos, y al hacer que los samnitas sufrieran lo mismo a manos de aquellos a quienes habían ultrajado, demostró que en esto también ella misma tiene todo el poder. 71. Que Papirio, habiendo hecho campaña contra los samnitas y habiéndolos sitiado, los mantenía bajo asedio. Y en esto, habiéndole reprochado alguien que consumía mucho vino, dijo que" el que no sea yo un borracho es evidente para todos por el hecho de que me levanto muy temprano y me acuesto muy tarde; pero debido a que siempre tengo los asuntos públicos en mente, tanto de día como de noche por igual, y por no poder conciliar el sueño fácilmente, tomo el vino para que me ayude a dormir". 72. Que el mismo, inspeccionando una vez las guardias y no encontrando al general de los prenestinos en su puesto, se indignó, luego lo hizo llamar y ordenó al lictor que preparara el hacha; al quedar este atónito ante esto y asustado, se contentó con su miedo y no le hizo nada más terrible, sino que le ordenó al lictor que cortara unas raíces que había junto a las tiendas, para que no molestaran a los que pasaban. 73. Que los éxitos no permanecen mucho tiempo en la mayoría, sino que, al llevar a muchos a la falta de vigilancia, los destruyen. 74. Que Apio el Ciego y Volumnio estaban en desacuerdo; a partir de lo cual Volumnio, habiéndole reprochado Apio una vez en la asamblea que, habiéndose vuelto más sabio gracias a él, no le mostraba ninguna gratitud, dijo que él mismo se había vuelto más sabio y lo reconocía, pero que aquel no había progresado nada en los asuntos de la guerra. 75. Que la multitud, respecto a la profecía, al principio no sabía
q.181
cómo creer ni cómo dejar de creer en ella; pues ni quería esperarlo todo, porque no quería que todo sucediera, ni se atrevía a desconfiar de todo, porque deseaba vencer, sino que, como quien está en medio de la confusión y el miedo, vivía con gran dificultad. Pero al suceder cada cosa, adaptaron la interpretación a partir de la experiencia de los hechos, y él mismo intentaba fingir una cierta reputación de sabiduría para la predicción de lo invisible. 76. Que los samnitas, indignados por lo sucedido y despreciando ser derrotados durante mucho tiempo, se lanzaron al riesgo y a la desesperación, como si fueran a vencer o a perecer por completo, y eligieron a toda la edad apta, amenazando con la muerte a cualquiera de ellos que permaneciera en casa, y confirmándose con juramentos terribles de que ninguno huiría de la batalla y que matarían a quien intentara hacerlo. 77. Que los soldados... que salieron con Postumio enfermaron en el camino y parecían sufrir debido a la tala del bosque. Por tanto, al ser llamado, los trató con desprecio, diciendo que él no era el autor de la decisión, sino que ella misma los gobernaba. 78. Que Fabricio fue glorificado por ser superior a la envidia, la cual, por afán de gloria, surge en muchos de los mejores hombres. 79. Que, preguntado Cayo Fabricio por qué confió los asuntos al enemigo y la otra virtud... respondió que es preferible ser despojado por el ciudadano que vendido por los enemigos. 80. Que Curio, justificándose ante el pueblo por lo hecho, dijo que había adquirido tanta tierra cuanta no habrían podido cultivar hombres menores y había cazado a tantos hombres para quienes no habría bastado una tierra menor. 81. Que, al proponer los tribunos la cancelación de las deudas, la ley que ordenaba la remisión de los plazos vencidos fue expuesta muchas veces en vano, queriendo los acreedores cobrarlo todo, y los tribunos dando a los poderosos la opción de votar esta ley y recibir solo lo antiguo o cobrar también aquellos... en pagos trienales. Y en el momento, los más débiles, temiendo no perderlo todo, aceptaron ambas cosas, y los más acomodados, confiados en que no serían obligados a ninguna de las dos, se molestaron; pero cuando el cambio estaba a punto de detenerse, se volvió hacia lo contrario para ambos; pues a los deudores ya no les bastaba ninguna de las dos, y a los poderosos les parecía aceptable si no se veían privados también de lo antiguo. Por tanto, en aquel momento la sedición no se resolvió, y después de esto se enfrentaron durante más tiempo en la disputa; y no hacían nada más en la situación establecida. Finalmente, pues, ni siquiera queriendo los poderosos, se reconciliaron habiéndoles perdonado mucho más de lo que esperaban al principio, sino que, cuanto más los veían ceder, más se envalentonaban como si ganaran por algún derecho, y por ello consideraban casi como necesario lo que siempre se les concedía y aspiraban a otras cosas, tomando el haber obtenido algunas como un peldaño hacia ellas. 82. Que, al ver los enemigos que había llegado otro general, descuidaron el mando común de su expedición y cada uno consideraba su propia salvación, como suelen hacer los que no se reúnen de un mismo origen, ni hacen la campaña por agravios comunes, ni tienen un solo jefe; pues en los éxitos están de acuerdo, pero en las desgracias cada uno solo mira por sí mismo. Y se lanzaron a la huida, al oscurecer, sin comunicarse nada entre sí; pues pensaron que, en grupo, ni podrían forzar el paso ni ocultar la huida, pero que, si cada uno se iba por su cuenta y como pensaban solos, escaparían más fácilmente. Y así, cada uno de ellos, según su propia opinión, al realizar la huida de la manera más segura... 83. Que los tarentinos, aunque ellos mismos prepararon la guerra, estaban sin embargo bajo el refugio del miedo; pues los romanos se daban cuenta de lo que hacían, pero no lo aparentaban debido a sus circunstancias presentes.
q.182
pero después de esto, pensando que al menos... o que de todos modos pasarían inadvertidos, porque no recibían ninguna acusación, se volvieron más insolentes y obligaron a los romanos a hacerles la guerra, de modo que se confirmó que incluso los éxitos, cuando llegan a algunos fuera de la medida, se convierten en causa de desgracias para ellos; pues, al llevarlos a la insensatez( pues la sensatez no quiere estar con la vanidad), los hacen caer en lo más grave, tal como también aquellos, al florecer demasiado, recibieron una desgracia equivalente a su insolencia. 84. Que Postumio, al mancharle los tarentinos la ropa y cantar algunas cosas indecentes al ritmo de los aplausos y de la marcha, dijo:" reíd, mientras podáis; pues lloraréis por mucho tiempo, cuando lavéis esta ropa con vuestra sangre". Al oír esto, ellos dejaron las burlas, pero no hicieron nada para pedir perdón por el ultraje, sino que, porque los dejaron ir sanos y salvos, lo consideraron como un beneficio. 85. Que Metón, al no convencer a los tarentinos de no hacer la guerra a los romanos, salió de la asamblea, se puso coronas y regresó con unos compañeros de fiesta y una flautista. Mientras cantaba y bailaba el cordax, se apartaron de lo que estaba previsto y gritaban y aplaudían, como suele ocurrir en tales casos. Y él, haciéndolos callar, dijo:" ahora podemos emborracharnos y celebrar; pero si lleváis a cabo lo que planeáis, seremos esclavos". 86. Que Pirro, el rey del Epiro, tenía un espíritu mucho mayor, ya que era considerado por los extranjeros como rival de los romanos, y consideró que estaba en su fortuna ayudar a quienes se refugiaban en él, sobre todo siendo griegos, y adelantarse a ellos con algún pretexto decoroso antes de sufrir algo terrible a manos de ellos. Pues se preocupaba tanto por su buena fama que, aunque desde hacía mucho tiempo deseaba Sicilia y observaba cómo podría someter los asuntos de los romanos, dudaba en comenzar la enemistad contra ellos, puesto que no había sido agraviado en nada. 87. Que Pirro envió a Dodona a consultar sobre la expedición; y al llegarle el oráculo de que, si cruzaba a Italia, vencería a los romanos, al interpretarlo según su deseo( pues el deseo es terrible para engañar a alguien), ni siquiera esperó a la primavera. 88. Que Decio, el comandante de la guarnición, tras degollar a los reginos, pactó amistad con los mamertinos, pensando que serían sus aliados más fieles por la semejanza de sus audacias, sabiendo bien que muchos hombres se unen por necesidades más fuertes debido a haber cometido alguna transgresión similar que por la camaradería según las leyes o el parentesco según el linaje. 89. Que los romanos tuvieron mala fama por parte de ellos durante algún tiempo, hasta que se enfrentaron a ellos; pues, al estar ocupados en asuntos mayores y más urgentes, parecieron dar poca importancia a estos. 90. Que los romanos, al enterarse de que vendría Pirro, se asustaron, al saber que él mismo era apto para la guerra y que tenía una fuerza grande e irresistible, como suele suceder con lo que es desconocido para ellos y con lo que es más hablado por los que se enteran desde muy lejos. 91. Que la ambición y la desconfianza siempre acompañan a los tiranos, de las cuales es necesario que no tengan ningún amigo verdadero; pues alguien desconfiado y envidiado no podría amar a nadie sinceramente. Además, la semejanza de costumbres, la igualdad de vida y el tener las mismas cosas, tanto peligrosas como salvadoras, es lo único que hace amigos verdaderos y firmes. Donde falte algo de esto, se ve una forma fingida de camaradería, pero no se encuentra ningún fundamento seguro de ella. 92. Que la estrategia, si recibe fuerzas suficientes, aporta mucho tanto para la salvación propia como para la victoria, pero por sí misma no es nada; pues ninguna otra técnica tiene fuerza sin los que colaboran y administran con ella. 93. Que, al morir Megacles y arrojar Pirro el casco, la batalla se volvió hacia lo contrario; pues a unos, su salvación les infundió mucho más valor por el hecho de que sobreviviera contra su expectativa que si ni siquiera hubieran pensado que había muerto, mientras que los otros, engañados por segunda vez, ya no tuvieron ningún entusiasmo, al verse frustrados de nuevo en su vana esperanza, y al no esperar, tras el cambio en poco tiempo hacia la creencia de que era el peor, que él fuera a perecer nunca después. 94. Que, al felicitar algunos a Pirro por la victoria, aceptaba la gloria del hecho, pero dijo que, si volvía a vencer de la misma manera, perecería. Y esto es lo que se cuenta de él, y que admiró a los romanos, aunque derrotados, y los prefirió a sus propios soldados, diciendo que" ya habría sometido todo el mundo si fuera rey de los romanos". 95. Que Pirro estaba radiante por la victoria y obtuvo un gran nombre de ella, de modo que muchos de los que estaban en medio se pasaron a él, y todos los aliados que estaban a la expectativa llegaron. Sin embargo, no les mostró una ira evidente, ni tampoco ocultó del todo la sospecha, sino que, tras reprenderles poco por la demora... temió que los llevara a una alienación abierta, y por no mostrar nada pensó que sería condenado por ellos por ingenuidad, como si no entendiera lo que hicieron, o que sospecharían que tenía una ira oculta, y que de ellos nacería en ellos desprecio o odio y una conspiración previa contra él, para no sufrir nada antes. Por tanto, les habló con suavidad y les dio algunos de los despojos. 96. Que los romanos, al encontrarse en un apuro por los elefantes, al no haber visto nunca tal animal, sin embargo, considerando la naturaleza mortal y que ningún animal es superior al hombre, sino que todos, si no en fuerza, al menos en sabiduría son inferiores a ellos, se animaron. 97. Que también los soldados de Pirro, tanto los de casa como los aliados, se apresuraban terriblemente hacia los saqueos como si fueran fáciles y sin peligro para ellos. 98. Que los epirotas dañaron la amistad, indignados porque, habiendo hecho campaña con grandes esperanzas, no tenían nada fuera de los asuntos, y esto fue muy oportuno para los romanos; pues los que habitaban Italia, al unirse a él, fueron rechazados, al ver que saqueaban por igual las cosas de los aliados y las de los enemigos; pues observaban sus hechos más que sus promesas. 99. Que Pirro temió ser rodeado por todas partes por los romanos en lugares desconocidos. Al llevarlo sus aliados con dificultad, les dijo que veía claramente desde el mismo país cuánto se diferencian de los romanos; pues el territorio de aquellos tenía súbditos, árboles de todo tipo, viñedos y cultivos, y costosas construcciones en los campos, mientras que los de sus propios amigos estaban tan saqueados que ni siquiera se sabía si alguna vez habían estado habitados. 100. Que el mismo, al ver que el ejército de Laminio, cuando él se retiraba, era mucho mayor que el anterior, dijo que los ejércitos de los romanos, al ser cortados, volvían a crecer como una hidra. Sin embargo, no se desanimó menos por ello; se enfrentó, pero no luchó. 101. Que, al decir Fabricio solo esto, que" los romanos nos enviaron para recuperar a los capturados en la batalla y para dar a cambio rescates por ellos, cuanto a ambos nos convenga", se quedó perplejo porque no dijo que venía a negociar la paz, y, tras hacerlos salir, deliberaba con sus amigos como solía, algo sobre la devolución de los prisioneros, pero la mayor parte sobre la guerra y sobre su gestión, si debía... 102."... manejarla, arriesgarse a batallas y formaciones imprevisibles; de modo que, persuadido, oh Milón, por mí y por el antiguo dicho, no uses la fuerza más que la sabiduría en ninguna otra cosa, donde sea posible, ya que Pirro sabe exactamente todo lo que hay que hacer y no necesita aprender nada de nosotros". Dijo esto, y todos estuvieron de acuerdo, y sobre todo porque de esto no iban a ser perjudicados ni a correr peligro, mientras que de lo otro iban a sufrir ambos. Y Pirro, pensando así, dijo a los embajadores:" ni antes hice la guerra contra vosotros voluntariamente, oh romanos, ni ahora
q.184
la haría; pues considero que ser vuestro amigo es lo más importante, y por ello libero a todos los prisioneros sin rescate y pacto la paz". Y los trataba en privado, para que, si era posible, se pasaran a su lado, y si no, al menos le aseguraran la amistad. 103. Pirro se ganó a los demás y habló así a Fabricio:" yo, oh Fabricio, ya no necesito haceros la guerra, sino que incluso me arrepiento de haber sido convencido por los tarentinos y haber venido aquí, aunque os vencí mucho en la batalla; pero desearía ser amigo de todos los romanos, y sobre todo tuyo; pues veo que eres un hombre muy bueno y notable. Por tanto, te pido que me ayudes con la paz, y además que me sigas a casa y al Epiro; pues quiero hacer campaña contra Grecia y necesito un consejero y estratega como tú". Fabricio, pues, dijo:" te alabo porque te arrepientes de la expedición y deseas la paz, y me esforzaré por ella, si es que nos conviene( pues no creo que consideres que un hombre bueno, como dices, deba hacer algo contra su patria), pero no aceptes nunca a ningún consejero ni estratega de una democracia; yo, por mi parte, no tengo tiempo alguno. Sin embargo, tampoco nada de esto... sino que no conviene en absoluto que un embajador acepte sobornos. Pregunto, pues, si me consideras verdaderamente un hombre notable o no; pues si soy vil,¿ cómo me juzgas digno de regalos? Y si soy bueno,¿ cómo me ordenas aceptarlos? Sabe, pues, que yo tengo muchas cosas y no necesito más; pues me bastan las que tengo, y no deseo nada de lo ajeno; tú, si crees que eres muy rico, estás en una pobreza infinita; pues no habrías dejado el Epiro ni las demás cosas que posees para cruzar aquí, si te bastaran aquellas y no desearas más. Pues cuando alguien sufre esto y no pone límite a su insaciabilidad, es el más pobre;¿ por qué? Porque desea todo lo que no tiene como si fuera necesario, como si no pudiera vivir sin ello. Así que yo, gustosamente, ya que dices que eres mi amigo, te daría algo de mi riqueza; pues es mucho más segura e inmortal que la tuya, y nadie la envidia ni nadie conspira contra ella, ni pueblo, ni tirano; y lo más importante, cuanto más comparte uno de ella, más aumenta.¿ Quién es, pues, este? El usar gustosamente lo que uno tiene como si fuera abundante, el abstenerse de lo ajeno como si fuera un gran mal, el no dañar a nadie, el hacer bien a muchos, y otras diez mil cosas que uno diría si tuviera tiempo. Pues yo desearía, si fuera absolutamente necesario sufrir una de las dos cosas, ser forzado antes que ser engañado y perecer; pues lo primero suele suceder a algunos por el juicio de la fortuna, lo segundo por la insensatez y por una gran codicia, de modo que es más preferible ser derrotado por la codicia divina que por la propia maldad; pues en aquello se vence el cuerpo de alguien, pero en esto se corrompe también el alma;..., y aquí uno se convierte en cierto modo en autor de sí mismo, porque el que ha enseñado una vez a su alma a no bastarse con lo presente, adquiere un deseo ilimitado de codicia. 104. Y acudieron con mucho entusiasmo a las listas, pensando que lo que faltaba a cada uno sería la resurrección de la patria. 105. Tal es la naturaleza del discurso y tanta fuerza tiene que incluso aquellos cambiaron entonces por él y se opusieron al miedo de Pirro y a la alteración por sus regalos, con un odio y un valor equivalentes. 106. Que todo lo que es humillado contra la expectativa en el juicio, también cede en fuerza. 107. Que Pirro, al enviar a Decio, le dijo que no tendría éxito si no quería hacer esto, es decir, no ser capturado y asesinado, y le amenazó con que, si era capturado, moriría mal. Los cónsules respondieron a esto que no necesitaban tal acción; pues de todos modos lo vencerían de otra manera. 108. Ni cómo al uno de ellos antes, ni cómo a ambos a la vez