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De virtutibus et vitiis
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Original: Pg Scrape Grc

/= De virtutibus et vitiis ΥΠΟΘΕΣΙΣ τοῦ περὶ ἀρετῆς καὶ κακίας βιβλίου πρώτου.=/ Ὅσοι τῶν πάλαι ποτὲ βασιλέων τε καὶ ἰδιωτῶν μὴ τὸν νοῦν παρεσύρησαν ἡδοναῖς ἢ κατεμαλακίσθησαν, ἀλλὰ τὸ τῆς ψυχῆς εὐγενὲς ἀκηλίδωτον ἀρετῇ συνετήρησαν, οὗτοι δὴ οὗτοι καὶ πόνοις ἐνεκαρτέρησαν καὶ λόγοις ἐνησχολήθησαν, καὶ ἄλλος ἄλλο τι τῶν ὅσοι λογικώτερον ἐπεβίωσαν παιδείας ἐρασταὶ γεγονότες σπουδαιότερόν τινα συνεγράψαντο, τοῦτο μὲν τῆς σφῶν αὐτῶν πολυμαθίας δεῖγμα ἐναργὲς τοῖς μετέπειτα καταλιπεῖν ἱμειρόμενοι, τοῦτο δὲ καὶ εὔκλειαν ἀείμνηστον ἐκ τῶν ἐντυγχανόντων καρπώσασθαι μνώμενοι. ἐπεὶ δὲ ἐκ τῆς τῶν τοσούτων ἐτῶν περιδρομῆς ἄπλετόν τι χρῆμα καὶ πραγμάτων ἐγίγνετο καὶ λόγων ἐπλέκετο, ἐπ' ἄπειρόν τε καὶ ἀμήχανον ἡ τῆς ἱστορίας εὐρύνετο συμπλοκή, ἔδει δ' ἐπιρρεπέστερον πρὸς τὰ χείρω τὴν τῶν ἀνθρώπων προαίρεσιν μετατίθεσθαι χρόνοις ὕστερον καὶ ὀλιγώρως ἔχειν πρὸς τὰ καλὰ καὶ ῥᾳθυμότερον διακεῖσθαι πρὸς τὴν τῶν φθασάντων γενέσθαι κατάληψιν, κατόπιν γινομένης τῆς ἀληθοῦς ἐπιτεύξεως, ὥστ' τεῦθεν ἀδηλίᾳ σκιάζεσθαι τὴν τῆς ἱστορίας ἐφεύρεσιν, πῆ μὲν σπάνει βίβλων ἐπωφελῶν, πῆ δὲ πρὸς τὴν ἐκτάδην πολυλογίαν δειμαινόντων καὶ κατορρωδούντων, ὁ τῆς πορφύρας ἀπόγονος Κωνσταντῖνος, ὁ ὀρθοδοξότατος καὶ χριστιανικώτατος τῶν πώποτε βεβασιλευκότων, ὀξυωπέστερον πρὸς τὴν τῶν καλῶν κατανόησιν 1. 2 διακείμενος καὶ δραστήριον ἐσχηκὼς νοῦν ἔκρινε βέλτιστον εἶναι καὶ κοινωφελὲς τῷ τε βίῳ ὀνησιφόρον, πρότερον μὲν ζητητικῇ διεγέρσει βίβλους ἄλλοθεν ἄλλας ἐξ ἁπάσης ἑκασταχοῦ οἰκουμένης συλλέξασθαι παντοδαπῆς καὶ πολυειδοῦς ἐπιστήμης ἐγκύμονας, ἔπειτα τὸ τῆς πλατυεπείας μέγεθος καὶ ἀκοὰς ἀποκναῖον ἄλλως τε καὶ ὀχληρὸν καὶ φορτικὸν φαινόμενον τοῖς πολλοῖς δεῖν ᾠήθη καταμερίσαι τοῦτο εἰς λεπτομέρειαν ἀνεπιφθόνως τε προθεῖναι πᾶσι κοινῇ τὴν ἐκ τούτων ἀναφυομένην ὠφέλειαν, ὡς ἐκ μὲν τῆς ἐκλογῆς προσεκτικωτέρως καὶ ἐνδελεχέστερον κατεντυγχάνειν τοὺς τροφίμους τῶν λόγων καὶ μονιμώτερον ἐντυποῦσθαι τούτοις τὴν τῶν λόγων εὐφράδειαν, μεγαλοφυῶς τε καὶ εὐεπηβόλως πρὸς ἐπὶ τούτοις καταμερίσαι εἰς ὑποθέσεις διαφόρους, τρεῖς ἐπὶ τοῖς πεντήκοντα τὸν ἀριθμὸν οὔσας, ἐν αἷς καὶ ὑφ' αἷς ἅπασα ἱστορικὴ μεγαλουργία συγκλείεται. κοὐκ ἔστιν οὐδὲν τῶν συγκειμένων, ὃ διαφεύξεται τὴν τοιαύτην τῶν ὑποθέσεων ἀπαρίθμησιν, οὐδὲν τὸ παράπαν ἀφαιρουμένης τῆς τοῦ λόγου ἀκολουθίας τῇ διαιρέσει τῶν ἐννοιῶν, ἀλλὰ σύσσωμον σωζούσης καὶ ἑκάστῃ ὑποθέσει προσαρμοζομένης τηλικαύτης οὐ συνόψεως, ἀληθέστερον δ' εἰπεῖν, οἰκειώσεως. ὧν κεφαλαιωδῶν ὑποθέσεων ἡ προκειμένη αὕτη καὶ ἐπιγραφομένη περὶ ἀρετῆς καὶ κακίας πεντηκοστὴ οὖσα τυγχάνει, τῆς πρώτης τὸ ἐπώνυμον λαχούσης περὶ βασιλέων ἀναγορεύσεως. Ἐμφαίνει δὲ τουτὶ τὸ προοίμιον, τίνας οἱ λόγοι πατέρας κέκτηνται καὶ ὅθεν ἀποκυΐσκονται, ὡς ἂν μὴ ὦσιν αἱ κεφαλαιώδεις ὑποθέσεις ἀκατονόμαστοι καὶ μὴ γνήσιοι, ἀλλὰ νόθοι τε καὶ ψευδώνυμοι. εἰσὶ δ' ἐκ τῶν ὑποτεταγμένων χρονικῶν· αʹ Ἰωσήπου ἀρχαιολογίας. βʹ Γεωργίου μοναχοῦ. γʹ Ἰωάννου τοῦ ἐπίκλην Μαλέλα χρονικῆς. δʹ Ἰωάννου Ἀντιοχέως χρονικῆς ἱστορίας. εʹ Διοδώρου Σικελιώτου καθολικῆς ἱστορίας. ʹ Νικολάου Δαμασκηνοῦ καθολικῆς ἱστορίας. 1. 3 ζʹ Ἡροδότου Ἀλικαρνησέως. ηʹ Θουκυδίδου. θʹ Ξενοφῶντος Κύρου παιδείας καὶ ἀναβάσεως Κύρου τοῦ Παρυσάτιδος. ιʹ Ἀρριανοῦ Ἀλεξ....... ιαʹ Διονυσίου Ἀλικαρνησσέως Ῥωμαϊκῆς ἱστορίας. ιβʹ Πολυβίου τοῦ Μεγαλοπολίτου Ῥωμαϊκῆς ἱστορίας. ιγʹ Ἀππιανοῦ Ῥωμαϊκῆς τῆς ἐπίκλην βασιλικῆς. ιδʹ Δίωνος Κοκκιανοῦ Ῥωμαϊκῆς ἱστορίας. καὶ οἱ ἐφεξῆς ἐν τῷ δευτέρῳ τεύχει ἐπιγράψονται. ΙΑΜΒΟΙ ΣΗΜΑΙΝΟΝΤΕΣ τὴν βασιλικὴν

Spanish Gemini
q.1
De virtutibus et vitiis. Hipótesis del primer libro sobre la virtud y el vicio. Aquellos de los antiguos reyes y particulares que no dejaron que su mente fuera arrastrada por los placeres ni se afeminaron, sino que preservaron la nobleza de su alma sin mancha mediante la virtud, fueron precisamente quienes perseveraron en los trabajos y se ocuparon en los discursos; y cada uno, según su capacidad, habiéndose convertido en amante de la educación entre los que vivieron de manera más racional, escribió algo más serio, deseando dejar esto como una prueba evidente de su propia erudición para los que vendrían después, y buscando cosechar una gloria digna de memoria de parte de quienes se encontraran con sus obras. Pero dado que, con el transcurso de tantos años, se acumuló una cantidad inmensa de hechos y se entrelazaron discursos, y la trama de la historia se extendió hasta lo infinito e inabarcable, y dado que la voluntad de los hombres, con el paso del tiempo, se inclinó más hacia lo peor, volviéndose negligente respecto a lo noble y más indolente para alcanzar la comprensión de lo que había sucedido, al quedar atrás el verdadero logro, de modo que desde entonces la invención de la historia quedó ensombrecida por la oscuridad, ya sea por la escasez de libros útiles o por el temor y el espanto ante la prolijidad excesiva, Constantino, el descendiente de la púrpura, el más ortodoxo y cristiano de cuantos han reinado jamás, con una mirada más aguda hacia la comprensión de lo noble y poseyendo una mente activa, juzgó que era lo mejor y lo más útil para la vida, y beneficioso para la existencia, primero, mediante un esfuerzo de búsqueda, reunir libros de todas partes, de toda la ecúmene, preñados de una ciencia de todo tipo y multiforme; después, consideró necesario dividir esa magnitud de prolijidad, que resultaba agotadora para los oídos y, por lo demás, molesta y cargante para la mayoría, en detalles, y ofrecer sin envidia a todos, en común, el beneficio que de ellos surgía, de modo que, a partir de la selección, los discípulos de los discursos pudieran encontrarse con ellos de manera más atenta y constante, y la elocuencia de los discursos quedara impresa en ellos de forma más duradera, y, con gran ingenio y acierto, dividir además esto en diferentes temas, en número de cincuenta y tres, en los cuales y bajo los cuales se encierra toda la grandeza histórica. Y no hay nada de lo compuesto que escape a tal enumeración de temas, sin que se elimine en absoluto la secuencia del discurso mediante la división de los conceptos, sino que conserva el cuerpo entero y se adapta a cada tema, no tanto una sinopsis, sino, más propiamente dicho, una apropiación. De estos temas capitales, este que se presenta y se titula Sobre la virtud y el vicio resulta ser el quincuagésimo, habiendo obtenido el primero el nombre de Sobre la proclamación de los reyes. Este prólogo indica qué padres poseen los discursos y de dónde nacen, para que los temas capitales no sean innominados ni espurios, sino bastardos y de nombre falso. Son de las crónicas subyacentes: 1. De la Arqueología de Josefo. 2. De Jorge el Monje. 3. De la crónica de Juan, llamado Malalas. 4. De la historia crónica de Juan de Antioquía. 5. De la historia universal de Diodoro Sículo. 6. De la historia universal de Nicolás de Damasco. 7. De Heródoto de Halicarnaso. 8. De Tucídides. 9. De la Ciropedia y la Anábasis de Ciro el Joven de Jenofonte. 10. De Arriano de Alejandro... 11. De la historia romana de Dionisio de Halicarnaso. 12. De la historia romana de Polibio de Megalópolis. 13. De la historia romana de Apiano, llamada la Real. 14. De la historia romana de Dión Casio. Y los siguientes serán inscritos en el segundo volumen. YAMBOS QUE INDICAN la educación real. El largo tiempo, como flores, tuvo los discursos dispersos por todas partes de la tierra, floreciendo, pero sin enviar una fragancia de buen aroma. Ahora, Constantino, coronado de éxito, tras haberlos recogido y reunido con una música armoniosa, ha ofrecido a todos una fragancia encantadora, a cuantos participan de la razón, discursos fragantes. Coronemos a quien es amigo de los discursos con discursos. Pues, incomparablemente, destaca entre los que gobiernan, brillando, mostrando la bondad del poder, un gigante que trae luz como el resplandor del sol para todos los enemigos y para los súbditos bienintencionados. Por tanto, que todo mortal grite a Dios:" Muéstralo como otro Titono en los tiempos, para que contribuya con lo mejor a la vida".
q.2
De la Arqueología de Josefo. Sobre la virtud y el vicio. 1. Que a Adán y Eva les nacen dos hijos varones y mujeres. Los hermanos, pues, se complacían en ocupaciones diferentes; Abel, el más joven, se preocupaba por la justicia y, pensando que Dios estaba presente en todas las cosas que él hacía, se preocupaba por la virtud, y su vida era la de un pastor; Caín, en cambio, era el más malvado en todo y, mirando solo hacia el lucro, fue el primero en idear el arar la tierra, y mata a su hermano por tal motivo: habiendo decidido ofrecer un sacrificio a Dios, Caín trajo los frutos de la agricultura y de las plantas, mientras que Abel trajo leche y los primogénitos de los rebaños. Dios se complace más con este sacrificio, siendo honrado por lo que ha surgido espontáneamente y según la naturaleza, y no por lo que ha surgido por el artificio de un hombre codicioso y por la fuerza. De ahí que Caín, irritado por el hecho de que Abel fuera preferido por Dios, mata a su hermano y, habiendo hecho desaparecer su cadáver, supuso que no sería descubierto. Pero Dios llegó al lugar del hecho ante Caín, preguntando por su hermano, dónde estaría; pues hacía muchos días que no lo veía, cuando todo el tiempo anterior lo veía andando con él. Caín, perplejo y sin tener qué decir a Dios, decía que él mismo estaba desconcertado por no ver a su hermano, pero, irritado por la insistencia y la curiosidad de Dios, decía que él no era su pedagogo ni su guardián, ni de las cosas que él hacía. Dios, desde entonces, ya reprendía a Caín por haberse convertido en el asesino de su hermano; y" me asombra", dice Dios," que no sepas decir qué ha sido de un hombre al que tú mismo has destruido". Lo libera, pues, del castigo por el asesinato, habiendo realizado un sacrificio y suplicado a través de él no recibir una ira más severa contra él, pero lo puso bajo maldición y amenazó con castigar a sus descendientes hasta la séptima generación, y lo expulsa de aquella tierra junto con su mujer. Como él temía caer errante ante las fieras y perecer de ese modo, le ordenó no sospechar nada sombrío por tal causa, sino que, para que nada terrible le sucediera por parte de las fieras, caminara sin miedo por toda la tierra; y habiéndole puesto una señal, por la cual sería reconocible, le ordenó marcharse. No recibió el castigo para su corrección, sino para el aumento de su maldad, proporcionando todo placer a su cuerpo, incluso si fuera necesario tenerlo con ultraje a los que estaban con él; y aumentando su casa con multitud de bienes mediante el robo y la violencia, incitando a los que encontraba al placer y al pillaje, era para ellos maestro de ocupaciones malvadas. Y la vida sin complicaciones, con la que vivían los hombres anteriormente, la transformó mediante la invención de medidas y pesos, siendo la vida para ellos íntegra por la ignorancia de estas cosas, y habiendo llevado la magnanimidad hacia la astucia. Añadió límites a la tierra, construyó una ciudad y la fortificó con murallas, y obligó a sus allegados a reunirse en un mismo lugar. 2. Que Lamec, habiendo sido padre de una hija llamada Naamá, puesto que, conociendo claramente las cosas divinas, veía que él mismo pagaría el castigo por el fratricidio de Caín, hizo esto manifiesto a sus propias mujeres. Y mientras Adán y Caín aún vivían, sucedió que sus descendientes se volvieron muy malvados, terminando uno peor que el otro por sucesión e imitación, y estaban desenfrenados hacia las guerras y se habían lanzado al pillaje. Y en general, si alguien era reacio a asesinar, al menos era audaz en la insensatez, ultrajando y codiciando. Adán, el primero nacido de la tierra, habiendo sido degollado Abel y habiendo huido Caín por el asesinato de aquel, se preocupaba por la procreación. Y un terrible deseo de engendrar lo poseía. Le nacen, pues, otros hijos, muchos, y Set; pero sobre los otros sería largo hablar, y trataré de exponer solo lo de los descendientes de Set. Pues este, habiendo sido criado y habiendo llegado a una edad capaz de juzgar lo bueno, practicó la virtud y, habiéndose convertido él mismo en excelente, dejó a sus descendientes como imitadores de las mismas cosas. Todos estos, habiendo nacido buenos, habitaron la misma tierra sin sediciones, viviendo felices, sin que les sobreviniera nada difícil hasta el final, e inventaron la sabiduría sobre las cosas celestiales y su ordenamiento. Pero para que los descubrimientos no escaparan a los hombres ni se perdieran antes de llegar al conocimiento, habiendo predicho Adán que habría una destrucción de todas las cosas, una por la fuerza del fuego y la otra por la violencia y la multitud del agua, habiendo hecho dos estelas, una de ladrillo y la otra de piedra, inscribieron en ambas los descubrimientos, para que, incluso si el ladrillo fuera destruido por la lluvia, la de piedra permaneciera y permitiera a los hombres aprender lo escrito, declarando que también una de ladrillo había sido erigida por ellos. Y permanece hasta ahora en la tierra de Siríada. Y estos permanecieron durante siete generaciones considerando a Dios como señor de todas las cosas y mirando siempre hacia la virtud. Luego, con el paso del tiempo, se transforman hacia lo peor a partir de las costumbres patrias, sin rendir los honores acostumbrados a Dios ni tener en cuenta la justicia hacia los hombres, sino que, la emulación de la virtud que tenían antes, la mostraban entonces duplicada en maldad a través de lo que hacían; de ahí que se enemistaron con Dios. Pues muchos ángeles de Dios, uniéndose a mujeres, engendraron hijos violentos y despreciadores de todo lo bueno debido a la confianza en su poder; se transmite que estos hicieron cosas similares a las que se dice que fueron osadas por los gigantes por parte de los griegos. Noé, disgustado por lo que hacían y sintiéndose desagradado por sus planes, los persuadía a cambiar su mente y sus acciones hacia lo mejor. Pero al ver que no cedían, sino que estaban fuertemente dominados por el placer de los males, temiendo que también lo asesinaran a él, se marchó de la tierra con sus mujeres, sus hijos y las que vivían con ellos. Dios amó a este por su justicia, pero condenaba no solo la maldad de aquellos, sino que decidió destruir todo lo que era humano entonces y hacer otro linaje puro de maldad, acortando su vida y haciendo que no vivieran tantos años como antes, sino ciento veinte, y trasladó el continente al mar.
q.3
3. Que Abram adoptó a Lot, hijo de su hermano Arán, y hermano de su mujer Sara, por carecer de hijo legítimo; y abandona Caldea habiendo cumplido setenta y cinco años, habiendo ordenado Dios trasladarse a Canaán, en la cual habitó y dejó a sus descendientes, siendo hábil para comprender sobre todas las cosas y persuasivo para los que lo escuchaban, y no errando sobre lo que conjeturaba. Por esto, habiendo comenzado a pensar sobre la virtud más que los demás, decidió también vencer y cambiar la opinión sobre Dios que todos tenían. Fue el primero, pues, en atreverse a declarar que Dios es el único creador de todas las cosas; y que las demás, si algo contribuyen a la felicidad, lo proporcionan cada una según el mandato de este, y no por fuerza propia. Conjeturaba esto a partir de los padecimientos de la tierra y el mar, y de los que ocurren respecto al sol y la luna, y de todos los que suceden en el cielo. Pues, teniendo ellos poder para prever el orden que les corresponde; al carecer de esto, se vuelven manifiestos, pues ni siquiera lo que nos ayuda para lo más útil lo hacen según su propia autoridad, sino que sirven según la fuerza del que manda, a quien es correcto únicamente atribuir el honor y la gratitud. Por lo cual, habiéndose rebelado contra él los caldeos y los demás mesopotamios, habiendo decidido emigrar, obtuvo la tierra de Canaán según la voluntad y ayuda de Dios. Y habiéndose establecido allí, construyó un altar y realizó un sacrificio a Dios. Beroso dice sobre él así:" Después del diluvio, en la décima generación, había entre los caldeos un hombre justo y experto en las cosas celestiales". Hecateo, habiendo escrito un libro sobre él, lo dejó. Nicolás de Damasco, en el cuarto libro de sus historias:" Abram reinó en Damasco, habiendo llegado como extranjero con un ejército desde la tierra de los caldeos, llamada más allá de Babilonia. Pero no mucho tiempo después, habiendo emigrado también de esta región con su propio pueblo, se trasladó a la que entonces se llamaba Canaán, y ahora Judea, y los que descendieron de él se multiplicaron, sobre los cuales hablamos en otros lugares. El nombre de Abram es glorificado aún hoy en la región de Damasco, y se muestra una aldea llamada Morada de Abram". Habiendo sobrevenido una hambruna en Canaán tiempo después, Abram, al enterarse de que los egipcios eran felices, estaba deseoso de dirigirse a ellos, para participar de la abundancia de aquellos y ser oyente de los ritos que decían sobre los dioses; pues o bien seguiría a los que resultaran ser mejores, o bien los transformaría hacia lo mejor, pensando él mismo mejor. Llevándose también a Sara y temiendo la inclinación de los egipcios hacia las mujeres, no fuera que el rey lo matara por la belleza de su mujer, ideó tal artificio: fingió que era su hermano y le enseñó a ella a fingir lo mismo( pues les convenía). Cuando llegaron a Egipto, sucedió a Abram tal como había ideado. Pues la belleza de la mujer fue pregonada ante él; por lo cual Faraón, el rey de los egipcios, no satisfecho con lo que se decía sobre ella, sino esforzándose también por verla, estaba a punto de tocar a Sara. Pero Dios impide su deseo ilícito con una enfermedad y con una perturbación de los asuntos. Y al preguntar él sobre la liberación, los sacerdotes le indicaban que el mal le sobrevenía por la ira de Dios, por haber querido ultrajar a la mujer del extranjero. Él, habiendo temido, preguntaba a Sara quién era y a quién traía consigo; y al enterarse de la verdad, pedía perdón a Abram; pues pensaba que era su hermana y no su mujer, y que se había esforzado por ella queriendo establecer un parentesco, y no que se había lanzado a ultrajarla por deseo. Lo obsequia con muchos bienes, y trataba con los más eruditos de los egipcios; y sucedió que la virtud y la fama que tenía se hicieron más manifiestas desde entonces. Como los egipcios se complacían en costumbres diferentes y despreciaban las leyes de los demás, y por esto se tenían mala voluntad unos a otros, habiendo conversado con cada uno de ellos y refutando los discursos que hacían sobre sus propias cosas, al no tener nada verdadero que mostrar, habiendo sido admirado por ellos en las reuniones como un hombre muy inteligente y hábil, no solo para comprender, sino también para persuadir al hablar sobre lo que intentara enseñar, les regala la aritmética y les transmite los conocimientos sobre astronomía. Pues antes de la llegada de Abram a Egipto, los egipcios eran ignorantes de estas cosas; pues esto llegó a Egipto desde los caldeos, de donde también llegó a los griegos. Cuando llegó a Canaán, divide la tierra con Lot, pues sus pastores se rebelaban sobre la región en la que debían pastar; sin embargo, permite la elección y la preferencia a Lot. Habiendo tomado él mismo la ladera que aquel había dejado, habitaba en Nabrópolis, que es más antigua en siete años que Tanis de Egipto. Lot tenía la que estaba junto a la llanura y el río Jordán, no lejos de la ciudad de los sodomitas, que entonces era buena, pero ahora ha desaparecido según la voluntad de Dios. En aquel tiempo, dominando los asirios Asia, los asuntos de los sodomitas florecían, habiendo aumentado tanto en riqueza como en mucha juventud. Cinco reyes gobernaban la región, Balas, Baleas, Sinnabaris, Sinómoro y el rey de los baleanos; cada uno gobernaba su propia parte. Contra estos, los asirios, habiendo hecho campaña y dividido el ejército en cuatro partes, los sitiaban; y un general estaba asignado a cada uno.
q.4
q.5
q.6
Habiendo ocurrido una batalla, los asirios, tras vencer, imponen un tributo a los reyes de los sodomitas. Sirvieron, pues, durante doce años y pagaron los tributos que les habían impuesto, pero en el decimotercero se rebelaron. Y un ejército de asirios cruza contra ellos, bajo el mando de Amarapsides, Arioco, Quedorlaomer y Tadal. Estos saquearon toda Siria y destruyeron a los descendientes de los gigantes. BUSCA EN EL SOBRE LA REVOCACIÓN DE LA DERROTA. Pues Abram revocó la derrota, habiendo acabado con los sodomitas y salvado a Lot. 4. Que Melquisedec era rey de Solima, quien era un rey justo; y lo era, ciertamente, como por esta causa suya también se convirtió en sacerdote de Dios. 5. Que Abram, tras vencer a los asirios y salvar a los sodomitas, da el diezmo a Melquisedec. El rey de los sodomitas exhortaba a Abram a quedarse con el botín, pero pedía recuperar a los hombres, a quienes había salvado de los asirios por ser sus allegados. Abram dijo que no haría esto, ni aunque otra ganancia de aquel botín fuera a llegar a él, salvo lo que fuera alimento para sus criados, proporcionando, sin embargo, una parte a sus amigos que habían hecho campaña con él. Dios, habiendo alabado su virtud, dice:" Pero no perderás las recompensas que es digno recibir por tales éxitos". Y al preguntar él qué gracia podría haber de estas recompensas, no existiendo quienes lo sucederán después de él( pues aún no tenía hijos), Dios le anuncia que también le nacerá un hijo y mucha descendencia de él, de modo que será en número semejante a las estrellas. Y él, al oír esto, ofrece un sacrificio a Dios, habiendo sido ordenado por él. El modo del sacrificio era tal: una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero igualmente de tres años, una tórtola y una paloma, habiendo ordenado dividirlos, sin dividir ninguna de las aves. 6. Que después de que Abram e Ismael fueran circuncidados en este tiempo, los sodomitas, engreídos por la riqueza y la magnitud de sus bienes, eran violentos con los hombres e impíos hacia lo divino, de modo que ya no recordaban los beneficios recibidos de él, eran misóxenos y evitaban las relaciones entre sí. Dios, irritado por esto, decidió castigarlos por su soberbia y destruir su ciudad y hacer desaparecer la región de tal modo que ni planta ni otro fruto brotara más de ella. Habiendo decidido Dios esto sobre los sodomitas, Abram, al ver a tres ángeles( estaba sentado junto a la encina de Mambré, ante la puerta de su patio) y pensando que eran extranjeros, se levantó, los saludó y, habiéndolos hecho bajar a su casa, los exhortaba a participar de la hospitalidad. Habiendo asentido, ordenó hacer panes de flor de harina, y habiendo sacrificado un becerro y asado, se los llevó a ellos, que estaban recostados junto a la encina. Ellos le dieron la impresión de que comían, y preguntaban también sobre la mujer, dónde estaría Sara. Al decir él que estaba dentro, dijeron que vendría en el futuro y la encontraría ya convertida en madre. Habiendo sonreído la mujer ante esto y dicho que la procreación era imposible, teniendo ella noventa años y el marido cien, ya no pudieron ocultarse, sino que se revelaron como ángeles de Dios, y que uno había sido enviado para anunciar sobre el niño, y dos para destruir a los sodomitas. Al oír esto, Abram se dolió por los sodomitas y, levantándose, suplicó a Dios, exhortándolo a no destruir a los justos y buenos junto con los malvados. Habiendo dicho Dios que no había ninguno bueno entre los sodomitas( pues si hubiera diez entre ellos, perdonaría a todos el castigo por los pecados), Abram se quedó tranquilo; los ángeles llegaron a la ciudad de los sodomitas, y Lot los exhortaba a la hospitalidad; pues era muy filántropo con los extranjeros y discípulo de la bondad de Abram. Los sodomitas, al ver a los jóvenes que destacaban por la belleza de su aspecto y que habían bajado a casa de Lot, se lanzaron a la violencia y al ultraje de su hermosura. Lot, exhortándolos a ser sensatos y a no ir hacia la vergüenza de los extranjeros, sino a tener respeto por la estancia en su casa, y diciendo que, si estaban desenfrenados, entregaría a sus hijas por ellos a sus deseos, ni aun así fueron persuadidos. Dios, indignado por sus osadías, los cegó, de modo que no pudieron encontrar la entrada a la casa, y condenó a los sodomitas a una destrucción total. Lot, habiéndole Dios anunciado la futura destrucción de los sodomitas, se marchaba, habiéndose llevado a su mujer y a sus hijas( eran dos, aún vírgenes); pues los prometidos despreciaron la salida, llamando ingenuidad a lo que decía Lot. Y Dios lanza un rayo contra la ciudad y la quemaba junto con sus habitantes, una quemazón similar hace desaparecer la tierra, como ya he dicho anteriormente al escribir la guerra judaica. La mujer de Lot, al volver continuamente la vista hacia la ciudad durante la retirada y curiosear sobre ella, habiendo prohibido Dios hacer esto, se convirtió en una columna de sal. Yo la he visto; pues aún hoy permanece. Él mismo escapa con sus hijas a un pequeño lugar que había sido rodeado por el fuego. Se llama Zoar aún hoy; pues llaman así los hebreos a lo pequeño. Desde allí, por la falta de hombres y la escasez de alimento, vivía miserablemente. 7. Que el padre Abram amaba excesivamente a Isaac por ser hijo único y nacido en el umbral de la vejez por don de Dios. El niño mismo también se atraía hacia la benevolencia y el ser amado más por sus padres, practicando toda virtud y aferrándose al cuidado de sus padres y esforzándose en la religión de Dios. Abram ponía su propia felicidad únicamente en dejar al hijo sin daño al salir de la vida. Sin embargo, esto sucedió según la voluntad de Dios; quien, queriendo poner a prueba su religión hacia él, habiéndosele aparecido y enumerado todo lo que le había proporcionado, cómo lo había hecho superior a sus enemigos y que tenía la felicidad presente por su esfuerzo, pedía a Isaac; ordenaba entregárselo como sacrificio y víctima, habiéndolo llevado al monte Moria para ofrecerlo en holocausto, habiendo erigido un altar; pues así manifestaría su religión hacia él, si prefería lo agradable a Dios incluso a la salvación de su hijo. Abram, juzgando que no era justo desobedecer a Dios en nada, sino servir en todo, como si de su providencia ocurrieran las cosas que le fueran favorables, habiendo ocultado a su mujer tanto el anuncio de Dios como la intención que él mismo tenía sobre el sacrificio del niño, y sin haberlo revelado ni siquiera a uno de sus criados( pues se le habría impedido servir a Dios), habiendo tomado a Isaac con dos criados y habiendo cargado lo necesario para el sacrificio en un asno, se marchaba hacia el monte. Los criados lo acompañaron durante dos días, pero al tercero, como el monte era visible para él, habiendo dejado en la llanura a los que lo acompañaban, llega al monte con solo el niño, sobre el cual el rey David erigiría más tarde el templo. Llevaban consigo lo que quedaba para el sacrificio, excepto la víctima. Siendo Isaac de veinticinco años y construyendo el altar, y preguntando qué víctima iba a sacrificar al no haber ninguna presente, él decía que Dios les proporcionaría, siendo capaz de traer a la abundancia para los hombres incluso lo que no existe y de quitar lo que existe a los que confían en ello; que, por tanto, también le daría a él una víctima, si es que iba a estar presente favorablemente en su sacrificio. Cuando el altar estuvo preparado y hubo traído la leña y estuvo listo, dice a su hijo:" Hijo, habiéndote pedido con innumerables oraciones que nacieras para mí de parte de Dios, desde que llegaste a la vida, no hay nada en lo que no me haya esforzado por tu crianza, ni en lo que pensara que serías más feliz, para verte convertido en hombre y dejarte al morir sucesor de mi autoridad. Pero puesto que, queriendo Dios, me convertí en tu padre y, pareciéndole a él de nuevo, te deposito, soporta noblemente la consagración; pues te cedo a Dios, que ha considerado digno recibir de nosotros este honor, en lugar de..."
q.7
de los cuales él se ha convertido para mí en un protector y aliado benévolo, para alcanzar ahora. Puesto que, habiendo nacido, morirías no de la manera común de vivir, sino siendo enviado por tu propio padre como sacrificio según la ley al Dios Padre, creo que es digno, habiéndolo juzgado él mismo, que no te apartes de la vida ni por enfermedad, ni por guerra, ni por ninguna otra de las pasiones que por naturaleza suelen sobrevenir a los hombres, sino con oraciones y actos sagrados, recibiendo él tu alma y reteniéndola junto a sí. Serás para mí un guardián y quien cuide mi vejez, por lo cual te criaba sobre todo a ti, habiéndome provisto de Dios en lugar de ti mismo". Isaac, pues( pues era natural que quien había tenido tal padre tuviera un espíritu noble), recibe con agrado las palabras y, diciendo que ni siquiera era justo haber nacido si iba a rechazar el juicio de Dios y de su padre y no entregarse prontamente a los designios de ambos, cuando incluso desobedecer al padre solo en estas cosas era injusto, se lanzó hacia el altar y el sacrificio. Y el acto se habría realizado, si Dios no se hubiera interpuesto. Pues grita a Abraham por su nombre, impidiéndole el sacrificio del niño. Pues no es que deseara sangre humana por lo que le ordenaba el sacrificio del niño, ni que quisiera arrebatarle a aquel a quien hizo padre con tal impiedad, sino que quería probar su mente, si incluso siendo ordenado tales cosas obedecía. Y habiendo conocido su disposición y la excelencia de su religión, se complacía en lo que le había ofrecido, y no le faltaría siempre de todo cuidado y de dignificar su linaje, y que el hijo le sería muy longevo y, habiendo vivido felizmente, entregaría a hijos buenos y legítimos un gran mando. Y le revelaba de antemano que su linaje aumentaría en muchas naciones y riqueza, y que habría una memoria eterna de ellos para los patriarcas, y que, habiendo conquistado la tierra de Canaán con las armas, serían envidiados por todos los hombres. Ellos, habiéndose recuperado más allá de las esperanzas y habiendo escuchado las promesas de tales bienes, se abrazaban mutuamente y, habiendo sacrificado, regresaron hacia Sara y vivían felizmente, ayudándoles Dios en todo lo que quisieran.
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1. 14 8. Que Jacob, habiendo regresado a sus tierras y purificando a los que le seguían debido al sacrificio, encuentra los dioses de Labán, su suegro( pues no sabía que habían sido robados por Raquel) y los escondió en Siquem en la tierra bajo una encina, y habiendo partido de allí, sacrificaba en Betel, donde había visto el sueño mientras viajaba anteriormente hacia Mesopotamia. 9. Que a Jacob le sucedió alcanzar una magnitud de felicidad como no fácilmente a ningún otro. Pues superaba en riqueza a los habitantes locales y era envidiado y admirado por las virtudes de sus hijos; pues no carecían de nada en absoluto, sino que eran valientes para las obras de las manos y la resistencia a los trabajos, y hábiles para comprender. Y tal providencia y cuidado de su felicidad tuvo la divinidad hacia él, que incluso de las cosas que le parecían dolorosas le proporcionó la excelencia de los bienes e hizo que él mismo y los nacidos de él fueran la causa de la partida de nuestros antepasados de Egipto por tal motivo. Jacob, habiendo engendrado a José de Raquel, lo amaba más que a los otros hijos tanto por la nobleza del cuerpo como por la virtud del alma( pues se distinguía en prudencia). A este, el afecto del padre despertó envidia y odio en los hermanos, así como los sueños que, habiendo visto, reveló tanto al padre como a ellos, anunciándose una felicidad, pues los hombres envidian las prosperidades de los más cercanos. Las visiones que José vio durante los sueños eran tales. Habiendo sido enviado con sus hermanos por el padre para la recolección de los frutos en el apogeo del verano, ve una visión muy diferente de los sueños que suelen sobrevenir habitualmente durante el sueño, la cual, al despertar, expuso a los hermanos como si fueran a juzgarle el significado, diciendo haber visto en la noche pasada que su propia gavilla de trigo permanecía quieta en el lugar donde la puso, mientras que las de ellos corrían a adorarla como los esclavos a los señores. Ellos, comprendiendo que la visión predecía poder para él y magnitud de asuntos, y que la autoridad estaría sobre ellos, no le aclararon nada a José, como si el sueño no les fuera conocido,
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y que la magnitud de los asuntos predecía la visión, y que la autoridad estaría sobre ellos, a José no le aclararon nada de esto, como si el sueño no les fuera conocido, 1. 15 y lanzaron maldiciones para que nada de lo que sospechaban llegara a cumplirse para él, y continuaban teniendo sentimientos aún más hostiles hacia él. Pero la divinidad, compitiendo con la envidia que tenían hacia él, envía una segunda visión a José mucho más maravillosa que la anterior; pues le pareció que el sol, habiendo tomado a la luna y al resto de las estrellas, descendía a la tierra y lo adoraba. Esta visión, no sospechando nada malicioso de parte de los hermanos, la aclaró estando ellos presentes ante el padre y le pedía qué quería significar. Él, complacido con el sueño( pues, habiendo captado su predicción con la mente y habiéndola conjeturado con sabiduría no sin propósito, se alegraba por los grandes significados), anunciaba felicidad para el niño y que llegaría un tiempo, dado por Dios, en el cual él sería honrado y digno de adoración tanto por sus padres como por sus hermanos, conjeturando que la luna y el sol eran la madre y el padre, la una por aumentar y nutrir todo, el otro por dar forma e infundir la otra fuerza, y las estrellas por los hermanos; y que estos eran once, tal como las estrellas, recibiendo la fuerza del sol y de la luna. Y Jacob hizo tal juicio de la visión no sin inteligencia, pero a los hermanos de José les dolieron mucho las palabras dichas, y se dispusieron como si los bienes significados por los sueños fueran a llegar a algún extraño y no a un hermano, y de los cuales era natural que participaran con él, siendo partícipes de la felicidad así como del nacimiento; y se habían lanzado a eliminar al joven y, habiendo ratificado esta decisión, cuando los asuntos de la cosecha tuvieron fin para ellos, dirigiéndose a Siquem( esta es una tierra buena para pastar rebaños y criar pastos), cuidaban allí de los rebaños, sin haber revelado al padre su llegada allí. Él, por la ignorancia y por no haber llegado a él nadie de los rebaños que pudiera significarle la verdad sobre los hijos, tomando una disposición más sombría sobre ellos y estando temeroso, envía a José a los rebaños para aprender sobre los hermanos y significarle qué hacían. Ellos, cuando vieron al hermano llegado hacia ellos, se alegraron, pero no como por la presencia de un allegado y enviado por el padre, sino como por un enemigo y entregado en sus manos por voluntad divina 1. 16 y se habían lanzado a eliminarlo ya y no dejar pasar la oportunidad que tenían a mano. Viéndolos así, Rubén, el mayor de ellos, y estando de acuerdo con la acción, intentaba contenerlos, señalando la magnitud de la audacia y la abominación que conllevaba, cómo parecía malvado e impío tanto para Dios como para los hombres incluso no realizar el asesinato de un hombre emparentado, pero mucho más abominable ser vistos habiendo cometido el sacrificio de un hermano, con cuya eliminación se comete una injusticia también contra el padre y se arrastra a la madre al duelo y a la privación del hijo, no ocurriendo según la ley humana. Por tanto, exhortaba a tomar vergüenza de estas mismas cosas y, habiendo considerado con la razón qué sufrirán habiendo muerto para ellos un hijo bueno y el más joven, a abstenerse de la audacia y, temiendo a Dios, quien es espectador a la vez que testigo ya de la decisión de ellos tomada contra el hermano, apartándose de la acción, se alegrarían, cediendo al arrepentimiento y a la sensatez, pero habiendo avanzado hacia el acto, no hay castigo que no pagarán por el fratricidio, esperando la providencia que está presente en todas partes y que no falta ni a las cosas hechas en los desiertos ni a las de las ciudades; pues dondequiera que esté el hombre, hay que creer que allí está presente Dios. Decía que su propia conciencia los tendría como enemigos por lo que se atrevieron, lo cual no es posible huir ni para quienes lo tienen como un bien ni para quienes convivirán con tal hermano habiendo eliminado al que ellos eliminaron. Añadía también esto a lo dicho anteriormente, que matar a un hermano que ni siquiera ha cometido injusticia es impío, y que es bueno también no
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guardar rencor a quienes son tan amigos por lo que pareció que pecaron; y que no destruyan a José, que ni siquiera ha sido malvado con ellos, a quien la debilidad de la edad pide más bien piedad y, de parte de ustedes mismos, protección. Y la causa de la eliminación hace su acción mucho peor, habiendo decidido sacarlo de la vida por envidia de los bienes que le sucederán, de los cuales disfrutarán por igual siendo partícipes con él, no siendo ajenos sino allegados. Pues era propio de ellos suponer todo lo que Dios dará a José; por tanto, convenía pensar que la ira, incluso por él, sería más severa si, habiendo matado al juzgado por él como digno de los bienes esperados, arrebatarán a Dios a quien le concede estas cosas. Y Rubén, diciendo estas cosas y además de ellas muchas más y suplicando, intentaba disuadirlos del fratricidio; pero cuando veía que no se habían vuelto más moderados por las palabras, sino que se apresuraban hacia la eliminación, les aconsejaba hacer el mal de manera más benigna en el modo de la eliminación. Pues, habiendo aconsejado primero que se persuadieran, cuando prevalecieron para eliminar al hermano, no serían muy malvados habiendo sido persuadidos por lo que ahora aconseja; pues en esto está también el acto al que se apresuran, no obstante, no tal, sino como más ligero en las dificultades. Pues pedía que no se convirtieran en asesinos del hermano con sus propias manos, sino que, habiéndolo arrojado al pozo cercano, lo dejaran morir así y ganaran al menos el no manchar sus manos. Habiendo consentido los jóvenes a esto, Rubén, habiendo tomado al joven y habiéndolo atado con una cuerda, lo bajó suavemente al pozo; pues estaba suficientemente sin agua. Y él, habiendo hecho esto, se aleja en busca de lugares adecuados para pastos. Judá, siendo también él uno de los hijos de Jacob, habiendo visto a mercaderes árabes del linaje de los ismaelitas que transportaban aromas y cargas sirias a los egipcios desde Galaad, después de la partida de Rubén, aconsejó a los hermanos que, habiendo sacado a José, lo vendieran a los árabes; pues que él, habiéndose ido lo más lejos posible, moriría entre los extranjeros, y ellos se librarían así de la mancha. Habiendo parecido bien esto, venden a José, habiéndolo sacado del pozo, a los mercaderes por veinte minas, teniendo diecisiete años. Rubén, habiendo ido de noche al pozo para salvar a José, había decidido ocultar a los hermanos; y como no respondió al llamarlo, temiendo que lo hubieran destruido después de su partida, reprendía a los hermanos. Habiéndole contado ellos lo sucedido, Rubén cesa en su duelo. Cuando estas cosas fueron hechas por los hermanos respecto a José, buscaban qué habrían hecho para quedar fuera de sospecha ante el padre. Y ciertamente la túnica, con la que José había llegado a ellos***( se la habían quitado cuando lo bajaban al pozo), les pareció bien desgarrarla y mancharla con sangre de cabrito y llevarla al padre, para que pareciera que había sido destruido por fieras. Habiendo hecho esto, llegaron ante el anciano, que ya había llegado al conocimiento de lo referente al hijo, y decían que ni habían visto a José ni habían sabido qué desgracia le había ocurrido, pero que habían encontrado esta túnica ensangrentada y desgarrada; de donde les venía la sospecha de que, habiendo caído en fieras, había perecido, si es que vestido con esto había sido enviado desde casa. Jacob, estando en esperanzas más ligeras como si el niño hubiera sido esclavizado, abandona este pensamiento, pero tomando la túnica como prueba evidente de su muerte( pues reconoció que él mismo lo había enviado vestido con ella hacia los hermanos), se dispuso de ahí en adelante como ante un muerto, lamentándose por el joven. Y como si fuera padre de uno solo y privado del consuelo de los demás, así estaba ante el mal, conjeturando antes de encontrarse con los hermanos que José había desaparecido por fieras. Se sentaba habiéndose puesto un saco y pesado por el dolor, de modo que ni era aliviado por los hijos que lo consolaban ni desfallecía estando cansado por los trabajos. A José, siendo vendido
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por los mercaderes, lo compró Pentefres, un hombre egipcio, de los cocineros del rey Faraón, y lo tenía en toda estima y le enseñaba la educación liberal y le permitía usar una dieta mejor que la suerte de esclavo. Y le confía la administración de la casa. Él disfrutaba de estas cosas y la virtud que estaba en él no la había abandonado ni siquiera por el cambio, sino que demostró que su espíritu era capaz de dominar las dificultades de la vida con quienesquiera que estuviera sinceramente y no adaptado solo a las prosperidades según el momento. Pues la mujer del señor, habiéndose sentido atraída eróticamente tanto por la belleza como por la destreza en sus acciones y pensando que, si le hiciera esto manifiesto, fácilmente lo persuadiría a entrar en relación, habiendo considerado una fortuna que su señora lo necesitara, y mirando hacia la forma de la esclavitud y no hacia el carácter que permanecía incluso a pesar del cambio, y habiéndole hecho manifiesto el deseo y ofreciéndole palabras sobre la unión, él rechazaba la pretensión, no habiendo juzgado piadoso darle tal favor, en el cual sucedía que había injusticia y ultraje hacia quien lo había comprado y lo había dignificado con tal estima; sino que domina la pasión y la exhorta a ella, exponiendo la desesperación de alcanzar el deseo; pues que ella se detendría no estando presente la esperanza; y él decía que soportaría todo antes que ser persuasible a esto; pues incluso si siendo esclavo no hay que hacer nada contrario a la señora, la contradicción hacia tales órdenes tendría mucha excusa. Pero a ella le intensificaba aún más el amor el que José no esperara resistir, y siendo terriblemente asediada por el mal, se esforzaba por lograrlo en una segunda prueba. Habiendo llegado, pues, una fiesta pública, durante la cual era costumbre que incluso las mujeres asistieran a la festividad, finge enfermedad ante el marido, buscando soledad y tiempo libre para suplicar a José. Y habiéndosele dado esto, le dirigió palabras aún más insistentes que las primeras, cómo estaba bien que él hubiera cedido después de la súplica desde el principio y no hubiera contradicho nada tanto por la vergüenza de la suplicante como por la excelencia de la pasión, por la cual, siendo señora, se vio forzada a volverse más humilde que la dignidad que le correspondía, y que ahora, con prudencia, cediendo mejor, corregirá la falta de juicio sobre lo pasado. Pues si esperaba una segunda súplica, que esta había ocurrido y con mayor afán; pues fingir enfermedad y preferir la relación con él a la fiesta y a la festividad; o si se opuso a los primeros pensamientos por incredulidad, juzgar que no hay ninguna maldad como símbolo de persistir en las mismas cosas. Y esperar el disfrute de los bienes presentes, de los cuales ya participa, habiéndose unido a su amor, y disfrutar de mayores habiéndose vuelto obediente, y evitar la defensa y el odio de parte de ella habiendo rechazado la pretensión y anteponiendo la apariencia de la templanza al favor de la señora. Pues esto no le beneficiará, habiéndose vuelto ella hacia la acusación y habiendo calumniado la prueba ante el marido; y que Pentefres prestará más atención a las palabras de ella que a las de él, aunque se alejen lo más posible de la verdad. Diciendo estas cosas la mujer y llorando, ni la compasión lo persuadió a no ser templado ni el miedo lo obligó, sino que resistió a las súplicas y no cedió a las amenazas, temiendo sufrir injustamente, y eligió soportar algo de las cosas más severas antes que disfrutar de las presentes, habiendo concedido sobre lo que sabía que perecería justamente. Le recordaba el matrimonio y la convivencia con el marido y exhortaba a dar más importancia a esto que al placer pasajero del deseo, teniendo esta misma arrepentimiento que después resultaría en dolor, no en corrección de los errores cometidos, y miedo de ser descubierta y favor de que el mal sea ignorado, mientras que la comunión con el marido tiene un disfrute sin peligro. Y además, mucha franqueza desde la conciencia tanto hacia Dios como hacia los hombres, como si ella, permaneciendo pura, dominara y usara la autoridad de señora sobre él, y no por vergüenza de pecar juntos. Y que es mucho mejor estar confiado en las cosas bien vividas que en una maldad oculta. Diciendo estas cosas y aún más similares a estas, intentaba detener el impulso de la mujer y volver su pasión hacia la razón. Pero ella usaba el afán con más violencia y, habiendo echado las manos, quería obligarlo habiendo desesperado de persuadirlo. Y como José escapó por la ira, habiendo dejado incluso el manto( habiendo soltado el manto cuando ella lo retenía, salió saltando de la habitación), habiéndose vuelto temerosa de que él hablara ante su marido, y estando dolorida por el ultraje, decidió adelantarse a calumniar a José ante Pentefres, y de este modo vengarse de él por haberla despreciado terriblemente, y consideró sabio a la vez que femenino adelantarse a la difamación. Y estaba sentada cabizbaja y confundida, habiendo fingido el dolor por fallar en el deseo como por una prueba de corrupción con ira, y habiendo llegado el marido y estando turbado ante la visión y preguntando la causa, comenzó la acusación de José, y" morirás", dijo," marido, o castiga al esclavo malvado que quiso mancillar tu lecho, quien ni siendo tal como ha llegado a nuestra casa se ha acordado y ha sido templado, ni de lo que obtuvo de tu bondad, sino siendo ingrato, si no se hubiera mostrado todo bueno hacia nosotros, conspiró para ultrajar tu matrimonio, y esto en una fiesta, habiendo vigilado tu ausencia; como que todo lo que parecía moderado antes, era por el miedo de ti y no era bueno por naturaleza. Tal cosa hizo que pasara a la estima más allá de su mérito y más allá de las esperanzas, como que, habiendo tenido la oportunidad de recibir la confianza de tu posesión y la administración y ser preferido a los criados mayores, a este también tocar a tu mujer.". Habiendo cesado de las palabras, le mostraba el manto, como que lo dejó cuando intentaba forzarla. Pentefres, no pudiendo desconfiar ni de la mujer que lloraba ni de lo que decía y veía, y dando más importancia al amor hacia ella, no se dirigió a la investigación de la verdad, sino que, habiendo dado a la mujer por templada y habiendo condenado a José como malvado, lo arrojó a la cárcel de los malhechores, y sobre la mujer pensaba aún más, testificando su decoro y templanza. José, habiendo hecho todo lo referente a sí mismo en Dios, no se dirigió ni a la defensa ni a la aclaración precisa de lo sucedido, sino que soportó en silencio las cadenas y la necesidad, confiando en que sería mejor el que había dado, Dios, que conoce la causa de la desgracia y la verdad; de cuya providencia recibía prueba inmediatamente. Pues el carcelero, habiendo observado su cuidado y su confianza en lo que le ordenaba y la dignidad de su forma, aflojaba las cadenas y hacía más ligero lo terrible, y permitía usar una dieta mejor que la de los prisioneros. De los que estaban en las mismas cosas, cuando cesaban de la fatiga de las obras, dirigiéndose a la conversación, como suele ocurrir por la comunión de la misma desgracia, y preguntándose mutuamente las causas por las que fueron condenados, el copero del rey, y muy estimado por él, habiendo sido encadenado por ira y compartiendo con José las cadenas, se volvió más familiar con él, y( pues le parecía que lo superaba en inteligencia) habiendo visto un sueño, lo expuso, suplicando que aclarara si significa algo, quejándose de que a los males del rey la divinidad le añade también las preocupaciones de los sueños. Decía, pues, haber visto durante el sueño tres sarmientos de vid que habían crecido, con racimos colgando de cada uno, ya grandes y maduros para la vendimia, y que él mismo los exprimía en una copa, ofreciéndola el rey, y habiendo filtrado el mosto, dárselo al rey para beber, y que él lo recibía complacido. Lo visto, pues, significaba tal cosa, y pedía, si tiene alguna parte de inteligencia, que le diga la predicción de la visión. Él lo exhortaba a confiar y a esperar que en tres días sería liberado de las cadenas, deseando el rey su servicio y volviéndolo a poner en él. Pues significaba el fruto de la vid para bien que Dios ha proporcionado a los hombres, el cual se liba incluso a él mismo y garantiza la confianza y la amistad a los hombres, disolviendo las enemistades, y eliminando las pasiones y los dolores a quienes se lo ofrecen y llevándolo hacia el placer.". Por tanto, decir que este, exprimido de tres racimos, llegará a las manos del rey. Conoce, pues, que la visión te ha resultado buena y que preanuncia la liberación de la presente necesidad en tantos días, de cuántos sarmientos vendimiaste el fruto durante el sueño. Recuerda, sin embargo, habiendo experimentado esto, al que te anunció de antemano los bienes y, habiendo llegado al poder, no nos descuides en lo que nos dejarás, yendo hacia lo que hemos declarado; pues no habiendo cometido nada, hemos llegado a las cadenas, sino que por cuidar la virtud y la templanza fuimos condenados a soportar las cosas de los malhechores, sin haber querido ultrajar a quien nos hizo esto ni siquiera con placer propio.". Al copero, pues, le resultaba alegrarse como es natural al escuchar tal explicación del sueño y esperar el fin de lo declarado. Un esclavo encargado de los panaderos del rey, encadenado con el copero, habiendo hecho José tal sentencia, siendo de buenas esperanzas( pues él mismo había visto un sueño) pidió a José que le diga qué quiere significar también a él lo visto durante la noche pasada. Era tal:" Tres cestas", dice," me pareció llevar sobre la cabeza, dos llenas de panes, la tercera de viandas y variados alimentos, como se preparan para los reyes. Pero aves que volaban consumieron todo, sin que nadie se preocupara de él, mientras yo intentaba ahuyentarlas.". Y el uno esperaba que la predicción sería similar a la del copero, pero José, habiendo conjeturado el sueño con los pensamientos y habiéndole dicho que habría querido ser intérprete de bienes para él y no de tales como el sueño le significa, dice que le quedan todavía dos días de vida( pues las cestas significan esto), y al tercero, habiendo sido crucificado, será comida para las aves, sin poder defenderse nada a sí mismo. Y ciertamente esto recibió un fin similar a lo que José dijo a ambos; pues el rey, habiendo puesto el cumpleaños en el día predicho, crucificó al encargado de los panaderos, y al copero, habiendo liberado de las cadenas, lo estableció en el mismo servicio. A José, sufriendo en las cadenas durante dos años y no siendo ayudado por el copero en nada de lo predicho, Dios lo liberó de la cárcel, habiendo tramitado tal liberación para él. El rey Faraón, durante la misma tarde, habiendo visto dos visiones de sueños y con ellas la explicación de cada una, recordó esta, pero retuvo los sueños. Afligiéndose por lo visto( pues le parecían sombrías estas cosas) y convocaba durante el día a los más sabios de los egipcios, necesitando saber el juicio de los sueños. Estando ellos en apuros, el rey se turbaba aún más. El copero, viendo la confusión de Faraón, le viene a la memoria José y la inteligencia sobre los sueños, y habiéndose acercado, le reveló a José la visión que él mismo vio en la cárcel, y lo que resultó habiendo dicho aquel, que fue crucificado en el mismo día el encargado de los panaderos, y que a él le sucedió esto según la explicación del sueño que José predijo. Y que este está encadenado por Pentefres, el encargado de los cocineros, como esclavo; dice que es de los hebreos, de linaje y a la vez de la gloria del padre.". Por tanto, habiéndolo hecho venir y no habiendo juzgado por la reciente desgracia, aprenderás lo que te es significado por los sueños.". Habiendo ordenado, pues, el rey traer a José a su vista, lo traen los que vienen haciendo lo ordenado, sin haber descuidado según la orden del rey. Él, habiendo tomado su mano derecha," oh joven", dice,"( pues tú eres para mí ahora el mejor y el más capaz en inteligencia"]
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Y habiendo llegado la falta de juicio a tal extremo, o bien se sentían avergonzados por sus errores. No piensen, pues, que les causa pesar el haber emitido un juicio adverso contra mí, ni el arrepentimiento que le sigue, dado que lo planeado no prosperó. Váyanse, pues, regocijándose por lo que ha sucedido por voluntad de Dios, para declarar esto a mi padre, no sea que, consumido por las preocupaciones por ustedes, arruine lo mejor de mi felicidad al morir antes de llegar a verme y participar de los bienes presentes. Tomen a este mismo, a sus esposas, a sus hijos y a todo su parentesco y trasládense aquí; pues no es necesario que quienes me son más queridos estén lejos de nuestros bienes, sobre todo cuando el hambre aún perdura por otros cinco años". Tras decir esto, José abraza a sus hermanos. Ellos estaban sumidos en lágrimas y dolor por lo que habían planeado contra él, y el carácter noble de su hermano les parecía un castigo suficiente. Y aunque entonces estaban en medio de un banquete, el rey, al enterarse de que los hermanos de José habían llegado, se alegró mucho y, sintiéndose como si fuera un bien propio, les proporcionó carros llenos de grano, oro y plata para llevar a su padre. Habiendo recibido más de parte de su hermano, unos para llevar a su padre y otros para tenerlos cada uno como regalos personales, siendo Benjamín honrado con más que ellos, se marcharon. Y cuando, al llegar los hijos, Jacob supo lo referente a José, que no solo había escapado de la muerte por la que vivía lamentándose, sino que vivía y con brillante felicidad, administrando Egipto junto al rey y habiéndosele confiado casi toda la gestión del mismo, nada de lo anunciado le pareció increíble, considerando la grandeza de Dios y su benevolencia hacia él, aunque en el tiempo intermedio hubiera habido una pausa, y se puso en camino inmediatamente hacia José. Y cuando llegó al pozo de Juramento, habiendo sacrificado allí a Dios y temiendo, debido a la felicidad de sus hijos en Egipto, que al haberse establecido en su residencia, sus descendientes no regresaran a Canaán para tomar posesión de ella, como Dios había prometido, y a la vez que, al producirse la partida a Egipto sin la voluntad de Dios, su linaje no fuera destruido, y además de esto, temiendo no partir de la vida antes de llegar a ver a José, se deja llevar al sueño alimentando este pensamiento. Y Dios, apareciéndosele y llamándolo dos veces por su nombre, ante su pregunta de quién era, dijo:" No es justo, Jacob, que ignores a Dios, quien siempre ha sido tu protector y ayudante, y lo fue para tus antepasados y después de ellos para ti. Pues cuando fuiste privado de tu herencia por tu padre, yo te la proporcioné, y por mi benevolencia, enviado solo a Mesopotamia, obtuviste buenos matrimonios y regresaste trayendo una multitud de hijos y riquezas. Toda tu descendencia permaneció bajo mi providencia, y a José, a quien creías perdido de tus hijos, lo conduje al disfrute de mayores bienes y lo hice señor de Egipto, de modo que poco difiere del rey. Y ahora vengo para ser guía de este camino y para anunciarte de antemano que el fin de tu vida ocurrirá en las manos de José, y para proclamar un largo tiempo de hegemonía y gloria para tus descendientes, y para establecerlos en la tierra que he prometido". Animado por este sueño, partió con más entusiasmo hacia Egipto con sus hijos y todos los suyos. Eran todos setenta. No consideré oportuno revelar sus nombres, sobre todo por la dificultad de los mismos; sin embargo, para demostrar a quienes no suponen que somos de Mesopotamia sino egipcios, consideré necesario mencionar los nombres. Los hijos de Jacob eran doce; de ellos, José ya había llegado antes, y los demás fueron dejados atrás debido a la molestia.
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Al enterarse José de que su padre había llegado( pues su hermano Judá se le había adelantado para anunciarle la llegada), sale a su encuentro y se reunió con él cerca de la ciudad de los Héroes. Él, por la alegría que fue inesperada y grande, estuvo a punto de desfallecer; pero José lo reanimó, sin poder él mismo contenerse para no sufrir lo mismo por el placer, aunque no de la misma manera que su padre, siendo menos vencido por la emoción. Luego, ordenándole que viajara tranquilamente, él mismo, tomando a cinco de sus hermanos, se apresuró hacia el rey para informarle que Jacob había llegado con su linaje. Este escuchó esto con alegría y ordenó a José que le dijera qué modo de vida practicaban, para confiarles este para que vivieran. Él dijo que eran buenos pastores. Y que no se ocuparan de otra cosa más que de esto, preocupándose de que no estuvieran separados sino juntos para cuidar a su padre y de que fueran gratos a los egipcios, no haciendo nada de lo mismo que ellos; pues a los egipcios les estaba prohibido dedicarse al pastoreo. Al llegar Jacob ante el rey y saludarlo y orar por su reinado, el rey preguntó cuánto tiempo había vivido ya. Al decir él que había cumplido ciento treinta años, el rey se maravilló de la longevidad de Jacob. Y al decir este que había vivido menos años que sus antepasados, le permitió vivir con sus hijos en Heliópolis; pues en ella también sus pastores tenían los pastos. El hambre se intensificaba para los egipcios, y la calamidad se volvía aún más difícil para ellos, al no regar el río la tierra( pues no creció) ni llover Dios, y al no haber tomado ellos ninguna previsión por ignorancia, y al darles José el grano a cambio de dinero. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LOS ASENTAMIENTOS. 10. Que José fue admirable en su virtud, administrando todo con juicio y racionando el poder. Lo cual era también la causa de tal felicidad para él, viniendo de otro lugar y estando entre los egipcios con tal cooperación. 11. Que a los egipcios, siendo delicados y perezosos para los trabajos y vencidos por otros placeres y, en particular, por la codicia, les ocurrió estar terriblemente predispuestos contra los hebreos por envidia de su felicidad. Pues viendo que el linaje de los israelitas florecía y, por su virtud y aptitud para el trabajo, eran ya brillantes en abundancia de riquezas, suponían que estos crecían en su contra. Y habiendo olvidado con el paso del tiempo los beneficios que habían recibido de José, y habiendo pasado el reino a otra casa, injuriaban terriblemente a los israelitas y tramaban diversas penalidades para ellos. Pues les ordenaron cortar el río en muchos canales, construir muros para las ciudades y terraplenes, para que el río no se estancara al desbordarse hasta ellos. Construyendo pirámides, agotaban a nuestro linaje, de modo que aprendieran toda clase de artes y se acostumbraran a los trabajos. Y durante un tiempo de cuatrocientos años persistieron en esas penalidades; pues competían, los egipcios queriendo destruir a los israelitas con los trabajos, y ellos siempre pareciendo superiores a las órdenes. Estando ellos en estos asuntos, se añadió tal causa para que los egipcios se esforzaran más en la desaparición de nuestro linaje. Uno de los escribas sagrados( pues son hábiles para decir la verdad sobre lo que va a suceder) anuncia al rey que nacerá en aquel tiempo alguien entre los israelitas que humillará el mando de los egipcios, aumentará a los israelitas, y al ser criado, superará a todos en virtud y adquirirá una gloria inolvidable. El rey, temiendo según la opinión de aquel, ordena arrojar al río a todo varón nacido de los israelitas para destruirlo, y que las parteras egipcias vigilaran los dolores de parto de las mujeres hebreas y observaran sus partos; pues por estas ordenaba que fueran asistidas debido al parentesco; sin embargo, ordenó que aquellos que despreciaran la orden y se atrevieran a salvar secretamente al nacido, fueran ejecutados con su linaje.
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Terrible era, pues, para los que sufrían la desgracia, no solo porque eran privados de sus hijos y, siendo ellos mismos padres, colaboraban en la destrucción de los nacidos, sino también porque la idea de la desaparición de su linaje, al perecer los que nacían y ser ellos mismos disueltos, les hacía la calamidad penosa e inconsolable. Y ellos estaban en este mal; pero nadie podría dominar la voluntad de Dios, ni siquiera habiendo tramado miles de artes para ello. Pues el niño, a quien predijo el escriba sagrado, es criado ocultándose de la vigilancia del rey, y el que predijo resultó verdadero sobre lo que sucedería a partir de él. Y sucede así. Amram, de los bien nacidos entre los hebreos, quien temiendo por toda la nación, no fuera que por escasez de la juventud que iba a ser criada desapareciera, y llevándolo penosamente( pues su mujer estaba encinta), estaba en apuros, se vuelve a la súplica de Dios, exhortándolo a tener ya alguna compasión de hombres que no habían transgredido nada de la religión hacia él y a darles alivio de los males que sufrían en aquel tiempo y de la esperanza de la destrucción de su linaje. Dios, compadeciéndose de él e inclinándose ante la súplica, se le aparece en sueños y le exhortaba a no desesperar por lo que vendría, y decía tener en memoria su piedad y que siempre proporcionaría la recompensa por ella, habiendo ya regalado a sus antepasados el llegar a ser tal multitud de pocos; y que Abram, habiendo llegado de Mesopotamia a Canaán, prosperó en otras cosas y, siendo su mujer estéril para la procreación anteriormente, cuando según su voluntad se volvió apta para ello, engendró hijos." Y cuántas hazañas realizó luchando bajo mi alianza", dice," aunque parezca que son impíos y teniéndolo en memoria. Y a Jacob le ocurrió ser conocido incluso por los no compatriotas por la magnitud de la felicidad con la que vivió y dejó a todos los suyos; quien, habiendo llegado a Egipto con setenta en total, habiéndose convertido ya en unas sesenta miríadas. Y ahora, sábete que me preocupo por el bien común de ustedes y por tu gloria. Pues este niño, cuya nacimiento temiendo los egipcios condenaron destruir lo nacido de los israelitas, será tuyo. Y se ocultará de los que vigilan para su destrucción, y criado paradójicamente, liberará al linaje hebreo de la necesidad que tienen ante los egipcios, y obtendrá memoria, por el tiempo que permanezcan todas las cosas, entre los hombres, no solo entre los hebreos sino también entre los extranjeros, concediéndolo yo a ti y a los que nazcan de ti. Y tendrá también un hermano tal, que tendrá mi sacerdocio él mismo y sus descendientes por todo el tiempo". Habiendo revelado esto la visión, Amram, al despertarse, se lo reveló a Jocabed; pues era su mujer. Y el temor era aún mayor para ellos debido a la predicción del sueño; pues no solo estaban cautelosos como por un niño, sino también como por uno que sería de tal magnitud de felicidad. Sin embargo, el parto de la mujer proporcionó fe a lo anunciado por Dios, habiendo escapado a los guardias debido a la suavidad de los dolores y a que no le sobrevinieron dolores violentos. Y durante tres meses lo crían ocultándose entre ellos; luego, temiendo Amram que sea descubierto y, cayendo bajo la ira del rey, perezca él mismo con el niño y haga desaparecer la promesa de Dios, decidió más bien poner en esto la salvación y providencia del niño, confiando en que se ocultaría( esto era incierto) y arriesgándose no solo por el niño criado secretamente, sino también por sí mismo; pero creía que Dios proporcionaría toda seguridad para que nada de lo dicho fuera falso. Habiendo decidido esto, fabrican un cesto de papiro parecido en su construcción a una caja, haciéndolo de tamaño suficiente para que el bebé estuviera depositado con amplitud; luego, untándolo con asfalto( pues el asfalto es natural para sellar la entrada a través de los tejidos contra el agua), introducen al niño y, arrojándolo al río, dejaron su salvación a Dios. Y el río, tomándolo, lo llevaba, y María, hermana del niño, ordenada por su madre, iba al lado, para ver a dónde iría el cesto al ser llevado.
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Donde también Dios demostró que la inteligencia humana no es nada, y que todo lo que él quiera hacer alcanza un bien autosuficiente, y que los que condenan a otros a la destrucción por su propia seguridad y usan mucho esfuerzo en ello se equivocan, mientras que los que están en peligro por la voluntad de Dios encuentran la prosperidad paradójicamente y casi desde en medio de los males. Pues algo así, ocurriendo también con este niño, manifiesta el poder de Dios. Termutis era hija del rey. Esta, jugando junto a las orillas del río y viendo el cesto llevado por la corriente, envía nadadores, ordenando sacar la caja hacia ella. Habiendo llegado los enviados para esto, al ver al niño con la caja, lo amó sobremanera por su tamaño y belleza. Pues Dios usó tanto esfuerzo con Moisés, que hizo que fuera digno de alimento y cuidado por parte de todos los que habían condenado a la destrucción a él y a los demás del linaje de los hebreos. Y Termutis ordena traer a una mujer que proporcionara el pecho al niño. Pero no lo aceptaba, hasta que su madre, ocultándose, vino y amamantó al niño. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LAS PARADOJAS. Moisés era, confesadamente según la predicción de Dios, el mejor de los hebreos en prudencia. Pues Abram era su séptimo padre; pues él mismo era hijo de Amram, padre de Coat y de Leví, hijo de Jacob, quien había nacido de Isaac, y este era de Abram. Y la inteligencia no le nacía según la edad, sino que era mucho mejor que la medida de esta, y mostraba una abundancia mayor que esta en los juegos, y lo que se hacía entonces tenía la promesa de cosas mayores que las que haría un hombre. Y habiendo cumplido tres años, Dios elevó su estatura de manera admirable; y en cuanto a belleza, nadie era tan poco ambicioso como para no quedar asombrado al ver a Moisés por su hermosura. Y a muchos les ocurría que, al encontrarse con él mientras era llevado por el camino, se volvían por la visión del niño, dejaban lo que estaban haciendo y se dedicaban a contemplarlo; pues la gracia infantil, siendo mucha y pura alrededor de él, retenía a los que lo veían. Siendo él así, Termutis lo adopta, no habiendo sido partícipe de descendencia legítima. Y una vez, habiendo llevado a Moisés ante su padre, se lo mostraba, y cómo se preocuparía de la sucesión, aunque por voluntad de Dios no obtuviera un hijo legítimo; y decía ante él:" Habiendo criado a un niño divino en forma y noble en espíritu, y habiéndolo tomado admirablemente incluso de la gracia del río, me consideré a mí misma haber hecho un hijo, y sucesor de tu reino". Diciendo esto, pone al bebé en las manos de su padre. Él, tomándolo y abrazándolo por afecto, por gracia de su hija le pone la diadema; y Moisés la tira al suelo. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LAS PARADOJAS. 12. Que estando los hebreos cerca de la tierra de los cananeos y gritando contra Moisés y su hermano Aarón, unos oraban a Dios, y estaba presente la nube y señaló la epifanía de Dios. Moisés, habiendo cobrado ánimo, se presenta ante la multitud y declaraba que Dios, movido por su insolencia, tomaría castigo, no digno de los errores cometidos, sino tal como los padres infligen a los hijos para amonestación. Pues habiendo entrado él en la tienda y llorando ante Dios por la futura destrucción por parte de ellos, le recordó cuántas cosas, habiendo sufrido de él y habiendo participado de grandes beneficios, se volvieron ingratos hacia él, y que, habiendo sido inducidos por la cobardía actual de los espías, consideraron las palabras de aquellos más verdaderas que la promesa de él; y por esta causa no destruirá a todos ni hará desaparecer su linaje, al que tuvo en honor más que a todos los hombres; sin embargo, no les concederá tomar la tierra de Canaán ni la felicidad que proviene de ella, sino que los hará sin hogar y sin patria para vivir en el desierto durante cuarenta años, pagando esta pena por la transgresión. Sin embargo, prometió entregar la tierra a sus hijos, y hacerlos dueños de los bienes de los que ustedes mismos se envidiaron por incontinencia".
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Habiendo hablado Moisés esto según la voluntad de Dios, la multitud se sumió en dolor y calamidad y suplicaba a Moisés que fuera su mediador ante Dios y que, liberándolos del vagar por el desierto, les proporcionara ciudades. Él decía que Dios no ofrecería tal prueba; pues no que Dios fuera inducido a la ira contra ellos por ligereza humana, sino habiéndolos condenado por juicio. Y no hay que desconfiar si Moisés, siendo un solo hombre, calmaba a tantas miríadas enfurecidas y las trasladaba a lo más manso; pues Dios, estando presente con él, hacía que la multitud fuera vencida por sus palabras, y muchas veces, habiendo desobedecido, reconocieron que la desobediencia les era desfavorable al caer en calamidad. Admirable es el hombre en virtud y en el poder de ser creído sobre lo que dijera, no solo en el tiempo en que vivió, sino también ahora; no hay ningún hebreo que, como si él estuviera presente y fuera a castigar si se desordena, no obedezca a lo legislado por él, aunque puedan ocultarse. Y hay muchos otros testimonios de su poder sobrehumano; y ya algunos, habiendo venido incluso de más allá del Éufrates en un viaje de cuatro meses por el honor del templo que tenemos, con muchos peligros y gastos, y habiendo sacrificado, no pudieron participar de los sacrificios, habiéndolo prohibido Moisés por algo de lo no permitido ni que hubiera ocurrido de nuestras tradiciones. Y unos sin siquiera sacrificar, otros dejando los sacrificios a medio hacer, y muchos sin poder siquiera entrar en el templo al principio, se marchan, prefiriendo obedecer las órdenes de Moisés antes que hacer lo que es según su propia voluntad, y no temiendo al que los reprenda sobre esto, sino solo sospechando de la conciencia. Así, la legislación de Dios ha hecho que el hombre sea considerado superior a su propia naturaleza. No obstante, también en la guerra del señor, poco antes, siendo Claudio gobernador de los romanos e Ismael sumo sacerdote entre nosotros, y habiendo alcanzado el hambre nuestra tierra, de modo que el asarion se vendía por cuatro dracmas, habiendo sido traída harina en la fiesta de los ázimos a setenta coros( estos son ciento sesenta siclos, y cuarenta y uno áticos), no se atrevió ninguno de los sacerdotes a comer ni un grano, habiendo tanta escasez en la tierra, temiendo la ley y la ira, que la divinidad tiene siempre incluso sobre las injusticias no comprobadas. De modo que no hay que maravillarse de lo hecho entonces, cuando incluso hasta ahora los escritos dejados por Moisés tienen tal poder, que incluso los que nos odian confiesan que el Dios que nos estableció la constitución es a través de Moisés y de la virtud de aquel. Pero sobre esto, como a él mismo le parezca, tratará; fin del tercer libro de la arqueología de Josefo. 13. Que los jóvenes de los hebreos, mezclándose con las cortesanas de los madianitas, abandonaron las leyes patrias y negaron al único Dios y adoraban a más dioses. Pues una vez que el joven probaba costumbres extranjeras, se llenaba insaciablemente, y si algunos de los primeros hombres eran ilustres por las virtudes de sus padres, se corrompían junto con ellos. Y Zambri, el jefe de la tribu de Simeón, estando con Cosbi, madianita, hija de Ur, de un hombre poderoso entre ellos, ordenado por la mujer, atendió lo que le sería placentero antes de lo decidido por Moisés, ni sacrificando las tradiciones ni habiendo contraído matrimonio extranjero. Estando los asuntos en esto, Moisés, temiendo que ocurriera algo peor, habiendo reunido al pueblo en asamblea, no acusaba a nadie por su nombre, no queriendo llevar a la desesperación a los que podían arrepentirse por el ocultamiento, sino que decía que no hacían cosas dignas ni de ellos mismos ni de sus padres al preferir el placer a Dios y a vivir según él; y que convenía, como aún les iría bien, cambiar, suponiendo que la valentía no está en violentar las leyes sino en no ceder a los deseos. Además de esto, decía que tampoco era razonable que ellos, habiendo sido sensatos en el desierto, ahora estando en los bienes, se entregaran al desenfreno, ni que lo adquirido por la necesidad se perdiera por su abundancia. Y él, diciendo esto, intentaba corregir a los jóvenes y llevarlos al arrepentimiento de lo que hacían. Y Zambri, levantándose después de él, dijo:" Pero tú, Moisés, usa las leyes que tú mismo has fomentado, habiendo proporcionado a ellas la firmeza por la costumbre de estas, ya que si no tuvieran este modo, muchas veces ya habrías sido castigado y habrías sabido que los hebreos no son fáciles de engañar. Pero a mí no me tomarías como seguidor de lo que ordenas tiránicamente; pues no haces otra cosa hasta ahora más que, bajo pretexto de leyes y de la esclavitud a Dios, cometer maldades para ti mismo, quitándonos lo agradable y la autonomía según la vida, que es de los libres y de los que no tienen dueño. Este sería más difícil para los hebreos que los egipcios, pretendiendo castigar según las leyes la voluntad de cada uno hacia lo que le es grato. Pero mucho más justamente tú mismo sufrirías castigo, habiendo decidido hacer desaparecer lo que se admite en cada lugar que está bien y habiendo construido tu propia fuerza contra la opinión de todos, de lo cual, al hacer ahora lo que has decidido, no dudaría en admitir ante él. Y he tomado una mujer extranjera, como dices( pues escucharás mis acciones de mí mismo como de un hombre libre; pues ni siquiera me propuse ocultarlo), y sacrifico a los dioses a los que se acostumbra sacrificar, considerando justo gestionar la verdad para mí mismo de muchos, y no vivir como en una tiranía, habiendo colgado toda la esperanza de la vida de uno solo. Y nadie se alegraría de que otro se declare más dueño de lo que yo hiciera que mi propia opinión".
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Habiendo dicho Zambri esto sobre lo que él mismo cometía injusticia y algunos de los otros, el pueblo permanecía en silencio por temor a lo que vendría, y viendo también que el legislador no quería llevar más allá su desesperación por la disputa directa; pues evitaba que muchos, convirtiéndose en imitadores de la insolencia de sus palabras, perturbaran a la multitud. Y se disuelve la asamblea por esto, pero la prueba del mal habría avanzado más, si Zambri no hubiera muerto antes por tal causa. Finees, hombre superior a los jóvenes en otras cosas y superando a sus coetáneos por la dignidad de su padre( pues era hijo de Eleazar el sumo sacerdote, y nieto del hermano de Moisés), habiéndose dolido profundamente por lo hecho por Zambri, y antes de que la insolencia se hiciera más fuerte por la impunidad, habiendo decidido cobrarles el castigo con hechos y evitar que la transgresión pasara a más de los que empezaron sin ser castigados, y superando tanto en audacia de alma y valentía de cuerpo que no se retiraba antes de luchar y obtener la victoria sobre él si se encontraba con alguno de los terribles, habiendo llegado a la tienda de Zambri, mató tanto a él golpeándolo con la espada como a Cosbi. Todos los jóvenes, a quienes había pretensión de virtud y de amar lo bello, convirtiéndose en imitadores de la audacia de Finees, mataban a los que habían recibido la causa por cosas similares a Zambri. Perecen, pues, también por la valentía de estos muchos de los que transgredieron, y perecieron todos también por peste, habiendo Dios enviado esta enfermedad sobre ellos; y cuantos, siendo parientes, debiendo evitarlo, los incitaban a cometer estas injusticias contra Dios, morían. Perecen, pues, de las filas hombres no menos de catorce mil. Provocado por esta causa, Moisés enviaba al ejército contra la destrucción de los madianitas. 14. Que Elí el sacerdote tenía dos hijos, Ofni y Finees. Estos, habiéndose vuelto insolentes contra los hombres e impíos contra la divinidad, no se abstenían de ninguna transgresión, y unas cosas se llevaban de las primicias por honor, otras las tomaban para sí a modo de robo, e injuriaban a las mujeres que acudían para la religión con corrupciones, a unas ofreciéndoles violencia, a otras induciéndolas con regalos.
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Jebuseo, y amigo de David en grado sumo, y por esto no le hizo ningún daño cuando destruyó la ciudad. Preguntando Ornan qué buscaba el señor de su siervo, dijo que comprarle la era para construir en ella un altar al Señor y ofrecer sacrificios. Él dijo que le regalaba la era, los arados y los bueyes para el holocausto, y rezaba para que Dios aceptara gustosamente el sacrificio. El rey dijo que lo amaba por su sencillez y magnanimidad y que aceptaba el favor, pero que consideraba justo pagar por todo; pues no era correcto realizar un sacrificio gratuito. Diciendo Ornan que hiciera lo que quisiera, le compra la era por cincuenta siclos. Y habiendo construido el altar, realizó el servicio sagrado, ofreció holocaustos y presentó sacrificios de paz. Con esto se aplaca la divinidad y vuelve a ser propicia. Sucedió que Abraham llevó a aquel lugar a su hijo Isaac para ofrecerlo en holocausto y, en su lugar, fue enviado un carnero para ser sacrificado. Viendo el rey David que Dios se había hecho atento a su oración y había aceptado gustosamente el sacrificio, decidió llamar a todo aquel lugar altar de todo el pueblo y construir un templo a Dios. Pronunció esta palabra con acierto respecto a lo que habría de suceder; pues Dios, habiendo enviado al profeta hacia él, decía que allí construiría su templo el hijo que habría de sucederle en el reino. 22. Que David fue excelente y poseía toda virtud que debía tener un rey al que se le había confiado la salvación de tantas naciones. Pues era valiente como ningún otro, y en las luchas por sus súbditos era el primero en lanzarse a los peligros, exhortando a los soldados a la acción mediante el esfuerzo y el combate, y no mediante el mando como un señor; era muy capaz de pensar y comprender la administración tanto de los asuntos futuros como de los presentes, prudente, equitativo, bondadoso con los que estaban en desgracia, justo, filántropo, cualidades que solo a los reyes les correspondía poseer de manera excepcional, sin haber cometido falta alguna ante tal grandeza, salvo la referente a la mujer de Urías. Dejó además tanta riqueza como ningún otro rey, ni de los hebreos ni de otras naciones. Fin del séptimo libro. 23. Que Salomón ordenó a Semei, tras haber construido una casa, que permaneciera en Jerusalén sirviéndole y que no tuviera autoridad para cruzar el torrente de Cedrón; y que, si desobedecía, la muerte sería el castigo. Y por la magnitud de la amenaza, le obligó también a prestar juramentos. Semei, agradeciendo lo que Salomón le ordenó y jurando que haría esto, abandonó su patria y estableció su residencia en Jerusalén. Pero habiendo pasado tres años, al enterarse de que dos esclavos que se le habían escapado se encontraban en Gat, partió tras sus criados. Al regresar con ellos, el rey, al darse cuenta de que había despreciado sus mandatos y, lo que es más, de que no había tenido ninguna consideración por los juramentos a Dios, se enfureció y, llamándolo, le dijo:«¿ No juraste que no me abandonarías ni saldrías jamás de esta ciudad hacia otra? Por tanto, no escaparás al castigo por perjurio, sino que te castigaré por esto y por los insultos que infligiste a mi padre durante su huida, para que sepas que los malvados no ganan nada al no ser castigados inmediatamente por sus delitos, sino que, durante todo el tiempo en que creen estar seguros sin haber sufrido nada, aumenta y se hace mayor el castigo que habrían recibido si hubieran sido castigados al momento de cometer la falta». Y, habiendo recibido la orden, Banaías mató a Semei. 24. Que tanta prudencia y sabiduría otorgó Dios a Salomón, que superaba a los antiguos hombres y que ni siquiera los egipcios, de quienes se dice que sobresalen en inteligencia sobre todos, al ser comparados, quedaban atrás por poco, sino que, estando muy alejados de la prudencia del rey, quedaban en evidencia. Superó y aventajó en sabiduría incluso a los que en aquel mismo tiempo tenían fama entre los hebreos por su sagacidad. 25. Que la que entonces reinaba en Egipto y Etiopía,
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esforzada en sabiduría y admirable en otros aspectos, al oír la virtud y prudencia de Salomón, el deseo de verlo y de lo que diariamente se decía sobre él la llevó hacia él. Pues, queriendo convencerse por la experiencia y no por el rumor( al cual es natural que se preste asentimiento incluso por una opinión falsa y que luego se cambie de parecer; pues todo depende de los que informan), decidió ir hacia él, deseando sobre todo poner a prueba su sabiduría, proponiéndole ella misma y queriendo resolver la dificultad de su pensamiento. Llegó, pues, a Jerusalén con mucha gloria y abundancia de riquezas; pues trajo camellos llenos de oro, de perfumes variados y de piedras preciosas. Y como el rey la recibió gustosamente a su llegada, fue generoso con ella en otros aspectos y, comprendiendo fácilmente con su inteligencia los enigmas que le proponía, los resolvía más rápido de lo que cualquiera esperaba. Ella se quedaba atónita ante la sabiduría de Salomón, al saber que superaba tanto a la que se oía por la experiencia, y sobre todo admiraba los palacios por su belleza y tamaño, y no menos por la disposición de las construcciones. Pues en ella observaba mucha prudencia del rey. La dejaba más atónita la casa llamada del Bosque del Líbano, la suntuosidad de los banquetes diarios, la preparación de su servicio, el atuendo de los que servían y la elegancia con la que realizaban el servicio, y no menos los sacrificios que se realizaban diariamente a Dios y el cuidado que de esto tenían los sacerdotes y levitas. Viendo esto diariamente, lo admiraba sobremanera y, no pudiendo contener el asombro por lo que veía, se mostró abiertamente admirada; pues fue llevada a decir al rey palabras por las cuales quedó demostrado que su mente estaba muy superada por lo antes mencionado.« Todas las cosas», dijo,« oh rey, que llegan al conocimiento por el oído, llegan con incredulidad; pero de tus bienes, los que tú mismo posees, digo la sabiduría y la prudencia, y los que el reino te otorga, la fama que llegó a nosotros no era falsa, sino que, siendo verdadera, hizo parecer mucho más pequeña la felicidad que veo ahora al estar presente. Pues los oídos solo intentaban convencer, pero la dignidad de los hechos no la hacía conocer tanto como la visión y el estar presente ante ellos. Yo, al menos, no creyendo ni siquiera en lo que se anunciaba por la multitud y magnitud de lo que averiguaba, he visto mucho más que esto, y considero dichoso al pueblo de los hebreos y a tus siervos y amigos, que pasan el tiempo escuchando diariamente tu sabiduría. Uno bendeciría a Dios, que amó a esta tierra y a los que habitan en ella de tal manera que te hizo rey». 26. Que Salomón, habiéndose convertido en el más glorioso y amado por Dios de todos los reyes, y habiendo superado en prudencia y riqueza a los que antes de él habían tenido el mando de los hebreos, no permaneció así hasta el final, sino que, abandonando la observancia de las costumbres patrias, no terminó de manera similar a como hemos dicho antes. Pues, loco por las mujeres y por la incontinencia de los placeres, no se contentaba solo con las del país, sino que, habiendo casado a muchas de naciones extranjeras, de Sidón, de Tiro, de Amón y de Idumea, transgredió las leyes de Moisés, que prohibía convivir con quienes no fueran de la misma raza, y comenzó a adorar a los dioses de aquellas, complaciendo a las mujeres y al amor que sentía por ellas, habiendo sido advertido de esto mismo por el legislador, que había predicho que no se casaran con mujeres de tierras extranjeras, para que, al no mezclarse con costumbres extrañas, no se apartaran de las patrias ni adoraran a los dioses de aquellas, dejando de honrar al propio. Pero Salomón descuidó esto, arrastrado a un placer irracional, y habiendo tomado setecientas mujeres, hijas de gobernantes y personajes ilustres, y trescientas concubinas, y además de estas a la hija del rey de los egipcios, desde el principio fue dominado por ellas, de modo que imitaba lo que era de ellas, y se veía obligado a darles muestra de benevolencia y afecto viviendo como era costumbre entre ellas; y al avanzar la edad y debilitarse el juicio por el paso del tiempo para resistir el recuerdo de las prácticas locales, descuidó aún más a su propio Dios y continuó honrando los de los matrimonios advenedizos. Y antes de esto, le ocurrió pecar y fallar en la observancia de las leyes, cuando construyó las representaciones de los bueyes de bronce para la ofrenda bajo el mar y de los leones alrededor de su propio trono; pues ni siquiera hacer esto consideró santo. Y teniendo un ejemplo de virtud bellísimo y cercano, su padre y la gloria de aquel, que le sucedió dejar por su piedad hacia Dios, al no imitarlo, y esto a pesar de que Dios se le apareció dos veces en sueños y le exhortó a imitar a su padre, murió sin gloria. Vino, pues, el profeta enviado por Dios, diciendo que no le ocultaba sus transgresiones y amenazando con que no disfrutaría por mucho tiempo de lo que hacía, sino que, mientras viviera, no se le quitaría el reino, puesto que la divinidad prometió a David que lo haría sucesor suyo, pero que, al morir, su hijo dispondría de esto, no apartando a todo el pueblo de él, sino entregando solo diez tribus a su siervo, dejando dos al nieto de David, por causa de aquel mismo, porque amó a Dios, y por causa de la ciudad de Jerusalén, en la que quiso tener un templo. Al oír esto, Salomón se dolió y se turbó profundamente, al cambiar a mal casi todos los bienes por los que era envidiado. No pasó mucho tiempo desde que el profeta le anunció lo que sucedería, y Dios levantó inmediatamente contra él a un enemigo, de nombre Ader, que tomó la causa de la enemistad de la siguiente manera. Este era un niño, idumeo de nacimiento, de linaje real. Cuando Joab, el general de David, destruyó Idumea y mató en seis meses a todos los que estaban en la edad viril y capaces de portar armas, huyó y llegó ante Faraón, rey de los egipcios. Este, recibiéndolo amablemente, le da una casa y tierras para su sustento y, cuando llegó a la edad adulta, lo amaba mucho, hasta el punto de darle en matrimonio a la hermana de su mujer, de nombre Tafines, de la cual le nace un hijo que se crió junto con los hijos del rey. Al oír, pues, en Egipto la muerte de David y la de Joab, acercándose, pidió a Faraón que le permitiera ir a su patria. Al preguntar el rey de qué carecía o qué le había pasado para que se apresurara a abandonarlo, entonces no fue dejado ir, pero más tarde, en el momento en que a Salomón le iban mal las cosas por las causas y transgresiones antes mencionadas y por la ira ante ellas, habiéndolo permitido Dios, Ader llegó a Faraón y a Idumea. Este, habiendo reinado sobre Siria, invadía la tierra de los israelitas; y también ataca a Salomón uno de los de la misma raza, Jeroboam, hijo de Nabat. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LA CONSPIRACIÓN. 27. Que Jeroboam, habiendo construido un palacio en la ciudad de Siquem, tenía allí su residencia; construyó también en la ciudad llamada Fanuel. No mucho después, estando a punto de llegar la fiesta de los Tabernáculos, razonando que si permitía a la multitud adorar a Dios yendo a Jerusalén y pasar allí la fiesta, quizás arrepintiéndose y seducida por el templo y la religión de Dios que hay en él, lo abandonaría y se pasaría al primer rey, y que, al suceder esto, correría el riesgo de perder la vida, trama algo así. Habiendo hecho dos becerras de oro y construido otros tantos templetes, uno en la ciudad de Betel y el otro en Dan( que está junto a las fuentes del pequeño Jordán), pone las becerras en cada uno de los templetes de las ciudades; y les exhorta a sacrificar a estas. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LOS DISCURSOS PÚBLICOS. 28. Que, habiendo dado sepultura al profeta que fue comido por el león por su desobediencia, el falso profeta, siendo malvado e impío, se acerca a Jeroboam y le dijo:«¿ Por qué te has turbado por las palabras del insensato?», refiriéndose al profeta. Y como le relató lo referente al altar y
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su propia mano, cómo se entumeció, llamándolo verdaderamente divino y profeta excelente, comenzó a deshacer esta gloria suya, obrando mal y usando palabras persuasivas sobre lo sucedido para dañar la verdad de ellos. Pues intenta convencerlo de que su mano se entumeció por el cansancio al cargar los sacrificios, y que luego, al relajarse, volvió a su naturaleza, y que el altar, siendo nuevo y habiendo recibido muchos y grandes sacrificios, se resquebrajó y cayó por el peso de lo que se le había puesto encima. Le explicaba también la muerte del que había predicho estas señales, cómo pereció por un león; así, no tenía ni pronunció nada de profeta. Habiendo dicho esto, convence al rey y, habiendo apartado completamente su mente de Dios y de las obras divinas y justas, lo impulsó a las acciones impías. Y tanto se enfureció contra la divinidad y transgredió la ley que no buscaba otra cosa diariamente que qué cosa nueva y más abominable que las ya osadas pudiera realizar. 29. Que se reunieron los sacerdotes de entre todos los israelitas ante Roboam, el hijo de Salomón, el rey de las dos tribus, y todos los levitas y si había otros del pueblo que fueran buenos y justos, abandonaron sus propias ciudades para adorar a Dios en Jerusalén; pues no estaban a gusto adorando, obligados, a las becerras que Jeroboam había construido. 30. Que Jeroboam, que reinaba sobre las diez tribus, no dejaba de enfurecerse contra Dios, sino que diariamente levantaba altares en los lugares altos y designaba sacerdotes de entre el pueblo. Estos actos impíos y el castigo por ellos estaban a punto de volverse, no en mucho tiempo, sobre su propia cabeza y sobre toda su donación por parte de la divinidad. Estando enfermo en aquel tiempo su hijo, al que llamaban Obim, ordenó a su mujer que, dejando el atuendo y tomando un aspecto de persona común, fuera ante el profeta Ahías( pues era un hombre admirable para predecir las cosas futuras; pues también sobre el reino le había revelado esto), y al llegar, le ordenó preguntar como una extranjera sobre el niño, si escaparía de la enfermedad. Ella, habiéndose disfrazado, tal como le ordenó su marido, llegó a la ciudad donde residía Ahías. Y al estar a punto de entrar en su casa, estando sus ojos oscurecidos por la vejez, apareciéndosele Dios, le comunica ambas cosas: que la mujer de Jeroboam había llegado ante él y qué debe responder sobre aquello por lo que está presente. Al entrar la mujer en la casa como una persona común y extranjera, gritó:« Entra, mujer de Jeroboam.¿ Por qué te ocultas? Pues no te ocultas a Dios, quien, apareciéndoseme, me reveló que llegarías y me ordenó qué palabras diré». Habiendo ido, pues, ante su marido, le decía que le dijera esto:« Puesto que te hice grande siendo pequeño y no siendo nada, y habiendo separado el reino del linaje de David te lo di a ti, y tú te olvidaste de esto y, abandonando mi religión, construiste dioses fundidos y honraste a aquellos, así te derribaré de nuevo y exterminaré todo tu linaje y haré que sean pasto de perros y aves. Pues un rey es levantado por mí de entre todo el pueblo, que no dejará nada del linaje de Jeroboam. Participará también del castigo la multitud, al ser expulsada de la buena tierra y dispersada por los lugares más allá del Éufrates, porque siguió los actos impíos del rey y adora a los dioses hechos por él, abandonando mi sacrificio. Tú, pues, mujer, anunciando esto, apresúrate ante tu marido. Encontrarás al hijo muerto; pues al entrar tú en la ciudad, dejará de vivir. Será enterrado tras ser llorado por toda la multitud, honrado con un duelo común; pues solo este era bueno de entre el linaje de Jeroboam». Habiendo profetizado esto, la mujer, habiendo salido turbada y dolorida por la muerte del niño, lamentándose por el camino y golpeándose por la futura muerte del hijo, miserable por el sufrimiento, se apresuraba con males insuperables y usando una prisa desafortunada por causa del hijo( pues estaba a punto de verlo muerto al apresurarse más rápido), pero necesaria por causa de su marido. Y al llegar, encontró al que había expirado y le anunció todo al rey. Pero Jeroboam, por insensatez, no se preocupó de nada de esto, sino que hizo la guerra contra el hijo de Roboam. 31. Que Jezabel, la mujer del rey Acab, era una mujer activa y audaz, y cayó en tal impiedad y locura que construyó un templo al dios de los tirios y sidonios, al que llamó Bel, y el mismo Acab superó en insensatez y maldad a todos los que le precedieron. 32. Que en tiempos del rey de los israelitas Acab, había un tal Nabot, de la ciudad de Izar, que era vecino del rey, y al exhortarlo este a venderle por el precio que quisiera el campo vecino de los suyos, para que, uniéndolo, hiciera de ello una sola propiedad, y si no quería recibir dinero, permitiéndole elegir uno de los campos de los suyos, dice que no hará esto, sino que él mismo disfrutará de su propia tierra, que heredó de su padre. El rey, entristecido como por un insulto al no recibir lo ajeno, no tomó ni baño ni alimento. Al preguntar su mujer Jezabel
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por qué se entristece y ni se baña ni se le sirve comida ni cena, le relató la obstinación de Nabot y cómo, habiendo usado palabras equitativas hacia él y menores que la autoridad real, fue insultado al no obtener lo que pedía. Ella le exhortaba a no ser pusilánime por esto, y que, cesando en su tristeza, se ocupara del cuidado habitual del cuerpo; pues ella se ocuparía del castigo de Nabot. Y al instante envía cartas a los principales de los israelitas en nombre de Acab, ordenando ayunar y, habiendo convocado una asamblea, sentar primero a Nabot( pues era de linaje ilustre) y, habiendo preparado a tres hombres audaces que testificarían contra él, que había blasfemado contra Dios y contra el rey, apedrearlo y acabar con él de este modo. Y Nabot, tal como escribió la reina, habiendo sido testificado así que blasfemó contra Dios y contra Acab, murió apedreado por la multitud; al oír esto, Jezabel entra ante el rey y le ordenó heredar gratuitamente el viñedo de Nabot. Acab se alegró por lo sucedido y, saltando de la cama, llegó a ver el viñedo de Nabot. Indignado, Dios envía al profeta Elías al campo de Nabot, para encontrarse con Acab y preguntarle por lo sucedido, por qué, habiendo matado al verdadero dueño del campo, lo heredó él injustamente. Y como llegó ante él, diciendo el rey que hiciera lo que quisiera con él( pues era vergonzoso ser sorprendido por él en un pecado), dijo que en aquel lugar, donde sucedió que el cadáver de Nabot fue consumido por los perros, se derramaría tanto su sangre como la de su mujer, y que todo su linaje perecería, por haber osado cometer tales impiedades y haber matado injustamente a un ciudadano contra las leyes patrias. A Acab le entró tristeza por lo sucedido y, arrepintiéndose y vistiéndose con un saco, pasaba el tiempo con los pies descalzos, sin tocar alimento, confesando los pecados y aplacando así a Dios. Él, mientras vivía, dijo al profeta que pospondría el castigo del linaje, puesto que se arrepiente de lo osado, pero que cumpliría la amenaza sobre el hijo de Acab. El profeta anunció esto al rey. 33. Que Ocozías, rey de los israelitas, que tenía su residencia en Samaria, era malvado, en todo igual a ambos padres y a Jeroboam, el primero que transgredió la ley y comenzó a engañar al pueblo. 34. Que también Joram, hijo de Ocozías, rey de Israel, estaba lleno de toda maldad y malicia y era impío; pero en lo demás era activo. 35. Que Joás, rey de Jerusalén, tras la muerte del sumo sacerdote Joiada, traicionó el cuidado hacia Dios. Se corrompieron junto con él también los principales del pueblo, de modo que pecaban contra las leyes y lo que entre ellos estaba establecido como excelente. Dios, disgustado por la
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transformación del rey y de los demás, envía a los profetas para testificar sobre lo que se hacía y hacerlos cesar de la maldad. Pero ellos tenían tal amor y terrible deseo por esto, que ni los que antes de ellos se habían enfurecido contra las leyes y habían sufrido siendo castigados con toda su casa, ni los profetas que predecían, persuadidos, se arrepintieron y se apartaron de aquello a lo que se habían vuelto transgrediendo; sino que el rey ordenó que Zacarías, hijo del sumo sacerdote Joiada, fuera apedreado hasta morir en el templo, olvidándose de los beneficios de su padre, porque, habiendo Dios designado que profetizara, estando en medio de la multitud, le aconsejaba a él y al rey hacer lo justo, y predecía que sufrirían un gran castigo si no obedecían. Zacarías, al morir, sin embargo, tomaba a Dios como testigo y juez de lo que sufría en lugar de un buen consejo, y de lo que su padre había proporcionado a Joás, pereciendo amarga y violentamente. 36. Que Jeroboam, otro, reinó sobre los israelitas cuarenta años; el cual fue un transgresor y malvado terriblemente contra Dios, adorando ídolos y emprendiendo muchas obras absurdas y extrañas. Y fue causa de innumerables males para el pueblo de los israelitas. 37. Que Ozías, hijo de Amasías, era bueno y justo por naturaleza, magnánimo y muy trabajador para prever los asuntos, y venció en muchas guerras. Y habiendo sometido todo hasta los límites de los egipcios, comenzó a ocuparse de Jerusalén. Pues todo lo que de las murallas había sido derribado por el tiempo o por la negligencia de los reyes anteriores a él, lo reconstruía y reparaba, y todo lo que había sido arrasado por el rey de los israelitas, cuando tomó prisionero a su padre Amasías y entró en la ciudad. Construyó además muchas torres de cincuenta y cien codos. Y puso guardias en los lugares desiertos y cavó muchos canales de agua. Tenía también una cantidad infinita de bestias de carga y de otros ganados; pues la tierra era fértil para los pastos. Siendo muy agricultor, cuidaba de la tierra, nutriéndola con plantas y semillas de todo tipo. Tenía a su alrededor setenta mil setecientos hombres de ejército selecto, cuyos jefes eran comandantes y jefes de mil, nobles e irresistibles en fuerza, en número dos mil. Dividió todo el ejército en falanges y los armó, dando a cada uno espada, escudos, corazas de bronce, arcos y hondas. Además de esto, construyó muchas máquinas para el asedio, lanzapiedras, lanzadardos, garfios y todo lo similar a esto. Habiéndose corrompido su mente en esta organización y preparación por la soberbia, y habiéndose envanecido por la riqueza mortal, descuidó la fuerza inmortal y suficiente para todo el tiempo( esta era la piedad hacia Dios y el guardar las leyes), resbaló por el éxito y fue arrastrado a los pecados de su padre, a los cuales también a aquel lo llevó el esplendor de los bienes y la magnitud de los asuntos, al no haber podido mantenerse bien en ellos. Estando presente un día señalado y que tenía una fiesta pública, vistiéndose con el atuendo sacerdotal, entró en el recinto para ofrecer sacrificios sobre el altar de oro a Dios. Al impedírselo el sumo sacerdote Azarías y los sacerdotes que estaban con él( pues dijeron que no le estaba permitido sacrificar, sino que solo a los del linaje de Aarón les está permitido hacer esto), y al gritarle que saliera y no transgrediera contra Dios, enfurecido, les amenazó con la muerte si no guardaban silencio. Mientras tanto, un gran terremoto sacudió la tierra, y al abrirse el templo, una luz más brillante que la del sol resplandeció y cayó sobre el rostro del rey, de modo que inmediatamente le sobrevino la lepra, y antes de la ciudad, junto a la llamada Aporroge, se desprendió la mitad de la montaña que estaba hacia el oeste y, rodando cuatro estadios, se detuvo en la montaña oriental, de modo que se bloquearon los pasos y los jardines reales. Cuando los sacerdotes vieron el rostro del rey atrapado por la lepra, le comunicaban la desgracia y le ordenaban salir de la
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de la ciudad como a un impuro. Él, por la vergüenza del terrible suceso y porque ya no tenía libertad de palabra, hacía lo que se le ordenaba, habiendo soportado un castigo tan miserable y lastimoso por su pensamiento más que humano y por la impiedad hacia Dios que de ello se derivó. Y pasó algún tiempo fuera de la ciudad, viviendo una vida de particular, mientras su hijo Jotam asumía el mando; después, por el dolor y el abatimiento ante lo ocurrido, murió. 38. Que Manasés, hijo del rey Ezequías, al reinar, se separó de las prácticas de su padre y se volvió hacia lo contrario, mostrando todo tipo de maldad en su conducta y sin omitir ninguna impiedad, sino imitando las transgresiones de los israelitas, quienes perecieron por pecar contra Dios; y se atrevió a profanar también el templo de Dios, la ciudad y todo el país. Pues, partiendo del desprecio hacia Dios, mató cruelmente a todos los justos que había entre los hebreos. Pero ni siquiera tuvo piedad de los profetas, y a algunos de ellos los degollaba cada día, de modo que Jerusalén fluía con sangre. Dios, pues, al irritarse por esto, envía profetas al rey y a la multitud, por medio de los cuales les amenazó con las mismas calamidades que les ocurrieron a sus hermanos, los israelitas, por haber ultrajado a Dios. Ellos, sin embargo, no creían en las palabras, de las cuales habrían podido ganar el no experimentar ningún mal, pero por los hechos aprendieron que lo relativo a los profetas era verdad. Pues como persistían en lo mismo, provocó contra ellos la guerra de los babilonios y caldeos, quienes los destruyeron. Manasés, al caer en manos de los enemigos, comprendió entonces en qué males se encontraba y, considerándose a sí mismo causa de todo, suplicó a Dios que le proporcionara al enemigo como alguien filántropo y misericordioso. Dios le concede esto al escuchar su súplica, y Manasés, liberado de nuevo por el rey de los babilonios, es restituido a su patria. Al llegar a Jerusalén, se esforzaba por borrar de su alma, si le fuera posible, los pecados anteriores contra Dios y su memoria, y se dispuso a conspirar contra ellos y a emplear toda devoción hacia Él. Purificó el templo y limpió la ciudad, y en lo sucesivo se dedicó únicamente a extender su gratitud a Dios por su salvación y a mantenerlo propicio durante toda su vida. Enseñaba también a la multitud a hacer esto, habiendo aprendido qué calamidad estuvo a punto de sufrir debido a su política contraria. Tras reparar el altar, realizó los sacrificios legales tal como ordenó Moisés. Habiendo administrado lo relativo a la religión de la manera debida, también se preocupó por la seguridad de Jerusalén, reparando con gran esmero las antiguas murallas y añadiendo otras, levantando torres altísimas y haciendo más fuertes las fortalezas ante la ciudad, además de otras cosas, y ciertamente también con todo tipo de provisiones útiles para ellas. Sin duda, al emplear este cambio, pasó el resto de su vida de tal manera que fue considerado bienaventurado y digno de emulación desde aquel tiempo en que comenzó a ser piadoso con Dios. 39. Que el rey Josías era excelente por naturaleza y bien dotado para la virtud, habiendo utilizado como objetivo y norma de toda su conducta en la vida las prácticas del rey David. Habiendo cumplido doce años, mostró su piedad y justicia; pues disciplinaba al pueblo y le exhortaba a apartarse de la opinión sobre los ídolos, que no eran dioses, para adorar al Dios de sus padres, y supervisando las obras de sus antepasados, corregía sensatamente las que habían sido erróneas, como alguien muy anciano y muy capaz de comprender lo necesario, mientras que las que encontraba bien hechas y en su lugar, las conservaba y las imitaba. Hacía esto usando la sabiduría y la inventiva de su naturaleza, y obedeciendo al consejo y la tradición de los ancianos. 40. Que el rey Saquías de Jerusalén era desdeñoso con lo justo y lo necesario; pues incluso en su época eran impíos a su alrededor, y toda la multitud ultrajaba lo que quería con autoridad; por lo cual también Jeremías, al acudir a él muchas veces, le decía y le testificaba,
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ordenándole abandonar las otras impiedades y transgresiones, y preocuparse por lo justo, y no prestar atención a los jefes( pues había malvados entre ellos), ni creer a los falsos profetas que le engañaban diciendo que el babilonio ya no atacaría la ciudad y que los egipcios marcharían contra él y vencerían;" pues estas cosas no son ciertas ni deben suceder así". Saquías, mientras escuchaba al profeta decir esto, le creía y estaba de acuerdo en todo, como si dijeran la verdad y le conviniera creer; pero sus amigos le corrompían de nuevo y le alejaban del profeta hacia lo que ellos querían. 41. Que Nabucodonosor, el rey de los babilonios, al tomar prisioneros a los que estaban con Daniel, Ananías, Misael y Azarías, cambió el nombre de Daniel a Baltasar, el de Ananías a Sedrac, el de Misael a Misac y el de Azarías a Abdenago. El rey, instruyéndoles en las letras de los caldeos, debido a la excelencia de su inteligencia y al esmero en la educación de las letras y la sabiduría, los tenía en estima y continuaba amándolos. Como a Daniel le pareció bien, junto con sus parientes, mortificarse y abstenerse de los manjares de la mesa real y, en general, abstenerse de todo lo que tiene vida, se acercó a Asquenes, el eunuco al que se le había confiado el cuidado de ellos, y le pidió que tomara lo que les enviaba el rey para consumirlo, y que les proporcionara legumbres y dátiles para su sustento, y cualquier otra cosa inanimada que quisiera; pues se sentían inclinados a tal dieta y despreciaban la otra. Él decía estar dispuesto a servir a su elección, pero temía que, al ser descubiertos por el rey debido a la delgadez de su cuerpo y al cambio de sus rasgos( pues es necesario que los cuerpos y las tez cambien junto con la dieta) y, sobre todo, al ser comparados con los otros jóvenes, se convirtieran en causa de peligro y castigo para él. Como Asquenes tenía recelo ante esto, le convencen de que les proporcione esto durante diez días a modo de prueba, y si su condición física no cambiaba, que persistiera en lo mismo, ya que no sufrirían ningún daño, pero si los veía disminuidos y en peor estado que los demás, que los llevara a su dieta anterior. Como no solo no les perjudicaba en nada consumir aquel alimento, sino que sus cuerpos se volvían más nutridos y grandes que los de los demás, de modo que los que recibían la provisión real parecían más necesitados, mientras que los que estaban con Daniel parecían vivir en abundancia y todo tipo de lujo, desde entonces Asquenes, con seguridad, tomaba lo que el rey enviaba habitualmente de la cena cada día y les suministraba lo dicho anteriormente. Y como sus almas también se volvieron puras por esto y claras para la educación, y sus cuerpos más vigorosos para el trabajo( pues no estaban pesados ni cargados por una alimentación variada, ni tampoco más débiles por la misma causa), aprendieron prontamente toda la educación que había entre los hebreos y caldeos. Y sobre todo Daniel, que ya tenía suficiente experiencia en sabiduría, se había dedicado a la interpretación de los sueños; y lo divino se le hacía manifiesto. Después del segundo año de la conquista de Egipto, el rey Nabucodonosor, al ver un sueño maravilloso, cuyo desenlace le fue revelado por Dios mismo durante el sueño, al despertar de su lecho se olvida de él, y tras hacer llamar a los caldeos, los magos y los adivinos, les decía que había visto un sueño, y comunicándoles lo sucedido respecto al olvido de lo que vio, les ordenó decir qué era el sueño y cuál era su significado. Como ellos decían que era imposible para los hombres encontrar esto, pero prometían decir el significado si les exponía la visión del sueño, les amenazó con la muerte si no decían el sueño. Ordenó que todos fueran ejecutados, al confesar que no podían hacer lo ordenado. Daniel, al oír que el rey había ordenado a todos los sabios
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morir, y que en esto él mismo corría peligro junto con sus parientes, se acerca a Arioco, a quien se le había confiado el mando de los guardaespaldas del rey. Tras pedirle saber la causa por la cual el rey había ordenado ejecutar a todos los sabios, caldeos y magos, y al enterarse de lo relativo al sueño y de que, al ser ordenados por el rey a revelárselo, lo habían olvidado y, al decir que no podían, le habían irritado, pidió a Arioco que, al entrar ante el rey, pidiera un solo día para los magos y detuviera esa ejecución; pues esperaba que, mediante ella, al suplicar a Dios, conocería el sueño. Arioco comunicó esto al rey, que Daniel lo solicitaba. Él ordena detener la ejecución de los magos hasta conocer la promesa de Daniel; el joven, junto con sus parientes, retirándose a solas, suplica durante toda la noche a Dios que salve también a los magos y a los caldeos, con quienes ellos mismos debían perecer, y que los libre de la ira del rey, mostrándole la visión y haciéndola clara, la cual el rey había olvidado tras haberla visto durante la noche pasada en sueños. Dios, al compadecerse de los que estaban en peligro y admirar la sabiduría de Daniel, le hizo conocer tanto el sueño como la interpretación, para que el rey también aprendiera lo que significaba. Daniel, al conocer esto de parte de Dios, se levanta lleno de alegría y, al comunicárselo a sus hermanos, despertó a los que ya habían perdido la esperanza de vivir y tenían la mente puesta en la muerte, hacia la alegría y las esperanzas de vida, y tras dar gracias a Dios por haber tenido misericordia de su edad, al llegar el día se presenta ante Arioco y le pidió que lo llevara ante el rey; pues quería revelarle el sueño que dice haber visto antes de la noche pasada. Al entrar ante el rey, Daniel pedía primero no parecer más sabio que los otros caldeos y magos, porque, al no haber podido ninguno de ellos encontrar el sueño, él mismo iba a decírselo;" pues esto no sucede por experiencia ni porque haya trabajado más mi mente, sino que Dios, al compadecernos a nosotros que estábamos en peligro de morir, al suplicar por mi vida y la de mis compatriotas, hizo manifiesta tanto la visión como su interpretación. Pues no menos que por la pena de los que fueron condenados por ti a no vivir, me preocupaba por tu gloria, al haber ordenado morir injustamente a hombres, y además bellos y buenos, a quienes no ordenaste nada que tuviera que ver con la sabiduría humana, sino que exigías de los hombres lo que era de Dios. Por tanto, a ti, que te preocupas por quién gobernará todo el mundo después de ti, queriendo Dios mostrarte a todos los que reinarán, te mostró un sueño así. Te pareció ver una gran estatua en pie, cuya cabeza resultaba ser de oro, los hombros y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, y las piernas y los pies de hierro. Después viste una piedra que, desprendida de un monte, cayó sobre la estatua y, al alcanzarla, la trituró y no dejó ninguna parte de ella intacta, y el oro, la plata, el bronce y el hierro se volvieron más finos que la harina, y al soplar un viento más fuerte, fueron arrebatados por la fuerza y dispersados. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LA PROCLAMACIÓN DE LOS REYES. 42. Que Nabucodonosor, al haber escuchado de Daniel la interpretación del sueño, quedó asombrado por su naturaleza y, cayendo sobre su rostro, de la manera en que adoran a Dios, saludó a Daniel de esa forma, y ordenó sacrificar como a Dios. No obstante, al ponerle también el nombre de su propio dios, lo hizo administrador de todo el reino, así como a sus parientes, quienes, por envidia y malicia, cayeron en peligro al chocar con el rey por la siguiente causa. El rey, habiendo construido una estatua de oro, de sesenta codos de altura y seis de anchura, al erigirla en el gran campo de Babilonia y al ir a consagrarla, convocó a los principales de toda la tierra que gobernaba, ordenando que, cuando oyeran la señal de la trompeta, cayendo
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adoraran la estatua; y amenazó con la muerte a los que no lo hicieran. Al adorar todos, pues, los parientes de Daniel no lo hicieron y fueron arrojados a un horno y no se quemaron, sino que, por razonamiento, creo, al no haber cometido ninguna injusticia contra él, no les tocó; pues Dios mostró que sus cuerpos eran más fuertes que el fuego. Esto los consolidó ante el rey como justos y amigos. Por lo cual, después de esto, continuaron siendo dignos de todo honor de su parte. Daniel también interpretó otro sueño, sobre cómo caería del poder por siete años y de nuevo lo recuperaría. 43. Que Esdras estaba en tiempos del rey Jerjes y salió con los hebreos de Babilonia; tiempo después, al acercársele algunos y acusar a que algunos de la multitud, de los sacerdotes y levitas, habían transgredido la política y disuelto las leyes patrias, habiendo tomado mujeres extranjeras y confundido el linaje sacerdotal, y al pedirle que ayudara a las leyes, para que no tomara una ira común contra todos y los arrojara de nuevo a calamidades, rasgó inmediatamente su vestidura por el dolor y se mesó la cabeza, ultrajando sus barbas y se arrojó al suelo por haber tomado esta causa los principales del pueblo. Al considerar que, si ordenaba expulsar a las mujeres y a los hijos nacidos de ellas, no sería escuchado, permaneció tendido en el suelo. Todos los moderados corrían hacia él, llorando y compartiendo ellos mismos el dolor por lo sucedido. Esdras, al levantarse del suelo y levantar las manos al cielo, decía que se avergonzaba de mirar hacia Él por los pecados del pueblo, que había expulsado el honor que había caído sobre nuestros padres por la impiedad, pero suplicaba a Dios que, habiendo salvado una semilla y un resto de aquella calamidad y cautiverio de ellos, y habiéndolos restituido de nuevo a Jerusalén y a su tierra natal, y habiendo obligado a los reyes de los persas a tener compasión de ellos, perdonara los pecados actuales, habiendo hecho cosas dignas de muerte, pero confiando en la bondad de Dios para que también a tales personas las liberara del castigo. Y él cesó sus oraciones; pero al lamentarse todos los que se reunieron con él junto con sus mujeres e hijos, un tal Aconio, primero de los jerosolimitanos, al acercarse, decía que ellos mismos habían pecado al introducir mujeres extranjeras, y le persuadía a conjurar a todos para que las expulsaran a ellas y a los nacidos de ellas, y que serían castigados los que no obedecieran la ley. Esdras, al ser persuadido por esto, hizo jurar a los jefes de las tribus de los sacerdotes
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buscando a los que convivían con extranjeras, los encontraron, hasta que, al realizar la investigación hasta la neomenia del mes siguiente, muchos de los descendientes de Jesús, el sumo sacerdote, y de sus hermanos, y de los sacerdotes, levitas e israelitas, quienes, dando más importancia a la observancia de las leyes o a los afectos hacia ellas, expulsaron inmediatamente a las mujeres y a los nacidos de ellas, y ofrecieron sacrificios para aplacar a Dios, sacrificándole carneros. Esdras, pues, al corregir así el pecado relativo a los matrimonios de los mencionados, purificó la costumbre al respecto, de modo que esto fuera legal en lo sucesivo. 44. Que Onías, el sumo sacerdote de Jerusalén, era corto de entendimiento y esclavo del dinero. 45. Que en tiempos del rey Antíoco había alguien que vivía en la aldea de Modeín de Judea, llamado Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, hijo de Asamoneo, sacerdote de la clase de Joab, jerosolimitano. Tenía cinco hijos: Juan, llamado Gaddis; Simón, llamado Tassis; Judas, llamado Macabeo; Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Afús. Este Matatías se lamentaba ante sus hijos por la situación de los asuntos, el saqueo de la ciudad, el despojo del templo y las calamidades de la multitud, y decía que era mejor para ellos morir por las leyes patrias que vivir tan impíamente. Al llegar a la aldea de Modeín los que habían sido establecidos por el rey para obligar a los judíos a hacer lo que se había ordenado y ordenar a los de allí sacrificar, tal como el rey ordenara, y al pedir a Matatías, debido a su fama por otras cosas y por su buena descendencia, que fuera el primero en los sacrificios( pues los ciudadanos le seguirían, y por ello sería honrado por el rey), Matatías decía que no lo haría, ni aunque todas las demás naciones obedecieran las órdenes de Antíoco por miedo o por complacencia, se dejaría persuadir jamás por ellos para abandonar la religión patria junto con sus hijos. Como, al callar él, uno de los judíos se acercó y sacrificó en medio según lo que ordenó Antíoco, Matatías, irritado, se lanzó contra él con sus hijos, que tenían cuchillos, y mató a aquel mismo y al estratega del rey, Apeles, que obligaba, y lo eliminó junto con unos pocos soldados, y al derribar el altar, gritó:" si alguien es celoso de las costumbres patrias y de la religión de Dios, que me siga", dijo. Y al decir esto, partió con sus hijos al desierto, dejando toda su propiedad en la aldea. Lo mismo hicieron muchos, y junto con sus hijos y mujeres huyeron al desierto y vivían en las cuevas. Al oír esto, los estrategas del rey, tomando toda la fuerza que había en la acrópolis de los jerosolimitanos, persiguieron a los judíos al desierto. Y al alcanzarlos, al principio intentaban persuadirlos de que, arrepintiéndose, eligieran lo ventajoso y no les obligaran a usar con ellos las leyes de la guerra; como no aceptaban las palabras, sino que pensaban lo contrario, entablan batalla con ellos en día de sábado, y tal como estaban, los quemaron en las cuevas, sin defenderse en absoluto ni siquiera cerrando las entradas. Se abstuvieron de defenderse debido al día, no queriendo transgredir el honor del sábado ni siquiera en medio de los males; pues es legal para nosotros descansar en él. Murieron, pues, asfixiados unos mil, pero muchos también se salvaron, se unieron a Matatías y lo nombraron jefe. Él les enseñaba a luchar incluso en sábado, pues si no hacían esto, guardando la ley, serían enemigos de sí mismos, ya que los enemigos los atacaban en ese día y ellos no se defendían, y nada impediría que todos perecieran así sin luchar. Al decir esto, los convenció de luchar también en sábado; y permanece entre los hebreos luchar en sábado. Matatías, pues, al formar una gran fuerza a su alrededor, derribó los altares y a los que pecaban, a cuantos pudo tomar
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bajo su poder( pues muchos, por precaución, se dispersaron a las naciones vecinas); y a los hijos de ellos que no estaban circuncidados, los circuncidó. Tras gobernar un año, termina su vida por enfermedad. 46. Que Antíoco sitiaba Jerusalén en tiempos del sumo sacerdote Hircano, y al llegar la fiesta de los Tabernáculos, al enviar Hircano hacia él y pedir que hubiera una tregua de siete días debido a la fiesta, Antíoco, cediendo al respeto por lo divino, dijo que aceptaba la tregua y, además, envió un sacrificio magnífico, un toro de cuernos de oro y, junto con todo tipo de aromas, copas de oro y plata. Los que estaban en las puertas, al recibir el sacrificio de los que lo traían, lo llevan al templo, mientras Antíoco agasaja al ejército, superando en mucho a Antíoco Epífanes, quien, al tomar la ciudad, sacrificó cerdos en el altar y roció el templo con el caldo de ellos, confundiendo las leyes de los judíos y su piedad patria; por lo cual la nación se enemistó y se mantuvo irreconciliable. Sin embargo, a este Antíoco, por la excelencia de su religión, todos lo llamaron Piadoso. Hircano, al aceptar su benevolencia y conocer su esmero por lo divino, envió una embajada ante él, pidiendo que les devolviera su política patria. Él, al rechazar el consejo de los que le aconsejaban eliminar a la nación debido a su falta de mezcla en la dieta con otros, no se preocupó; pero, al estar convencido de hacer todo según la piedad, respondió a los embajadores que los sitiados entregaran las armas y le pagaran tributo por Jope y las otras ciudades fuera de Judea, y que, al recibir una guarnición, se librarían de la guerra. Ellos aceptaban lo demás, pero no consentían la guarnición, debido a la falta de mezcla, al no mezclarse con otros. Sin embargo, en lugar de la guarnición, dieron rehenes y quinientos talentos de plata; de los cuales, al recibir el rey inmediatamente los trescientos y los rehenes, los dieron, entre los cuales estaba también el hermano de Hircano. También derribó la corona de la ciudad. Tras esto, Antíoco levantó el sitio de la ciudad y se retiró. 47. Que Antípatro, estando en Judea, nombra a Fasael, su hijo, sumo sacerdote de Judea, y a Herodes, el más joven de sus hijos, administrador de Galilea, siendo joven; pues solo tenía quince años. Pero la juventud no le perjudica en nada, sino que, siendo el joven noble de espíritu, encuentra inmediatamente ocasión para mostrar su virtud; pues al alcanzar a Ezequías, el archiladrón que recorría las cercanías de Siria con una gran banda, lo captura y mata a muchos de los ladrones que estaban con él. Los sirios amaron mucho esta obra suya; pues, deseando ellos librarse del bandidaje, limpió el país. Por tanto, lo alababan por esto tanto en el campo como en las ciudades, como alguien que les había proporcionado paz y un disfrute seguro de sus bienes. Por esto se hizo conocido también de Sexto César, que era pariente del gran César y gobernaba Siria. El celo por lo hecho por Herodes cae sobre Fasael, su hermano, y al ser movido por su éxito, se esforzaba por no quedarse atrás en la misma fama, y hacía a los de Jerusalén más benevolentes, teniendo por ello la ciudad, pero sin comportarse de manera inculta en los asuntos ni ultrajando la autoridad. Esto hacía que Antípatro obtuviera atenciones de la nación como si fuera real y honores como los que recibiría alguien que fuera señor de todo; sin embargo, por el esplendor de esto, no transgredió en nada, como suele suceder a menudo, la benevolencia o la fe hacia Hircano. Los que estaban al mando de los judíos, al ver a Antípatro y a sus hijos crecer grandemente por la benevolencia de la nación y por los ingresos tanto de Judea como de los bienes de Hircano, tenían mala intención hacia él. Pues Antípatro había hecho amistad con los emperadores de los romanos y, tras persuadir a Hircano de enviar dinero,[ el cual] él mismo tomó y se apropió del regalo; pues lo envió como propio, y no como si lo diera Hircano. Hircano, al oír esto, no se preocupaba, sino que
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Atacaban desde ambos lados; Juan rechazaba a quienes se le acercaban, y a los que subían desde la ciudad los repelía lanzándoles proyectiles desde los pórticos, mientras que a los que arrojaban dardos desde el templo los contenía con las máquinas de guerra. Si alguna vez se veía libre de los que lo presionaban desde arriba( pues a menudo los distraían la embriaguez y el cansancio), salía con más audacia contra los hombres de Simón con un mayor número de efectivos. Siempre que se dirigía a cualquier parte de la ciudad, incendiaba las casas llenas de grano y de toda clase de provisiones; y Simón, al retirarse, hacía lo mismo al avanzar, como si se hubieran propuesto deliberadamente destruir la ciudad para los romanos y preparar el terreno para el asedio, cortando los nervios de su propia fuerza. Sucedió, pues, que todo lo que rodeaba el templo se incendió, convirtiendo a la ciudad en un espacio intermedio de desolación, y que se quemó casi todo el grano, que les habría bastado para muchos años de asedio. Cayeron, pues, por el hambre, lo cual habría sido imposible si no la hubieran provocado ellos mismos. Estando la ciudad asediada por todas partes por los facciosos y la chusma, el pueblo, como un gran cuerpo, era desgarrado en medio. Los ancianos y las mujeres, ante la impotencia de sufrir los mismos males, oraban por los romanos y anhelaban la guerra exterior para liberarse de sus propios sufrimientos. Un terror y un miedo terribles se apoderaron de los ciudadanos genuinos, y no había tiempo para deliberar sobre un cambio, ni esperanza de acuerdo, ni posibilidad de huida para quienes lo deseaban; pues todo estaba vigilado, y los archiladrones, en medio de sus luchas internas, asesinaban a quienes se mostraban pacíficos hacia los romanos o eran sospechosos de querer desertar, tratándolos como enemigos comunes, y solo estaban de acuerdo en asesinar a quienes eran dignos de salvación. El grito de los que combatían era incesante tanto de día como de noche, pero más terribles eran siempre los lamentos de los que lloraban. Las desgracias traían causas continuas de llanto, pero el terror contenía sus gemidos. Así, amordazadas, las multitudes se atormentaban con suspiros reprimidos por el miedo, y ya no había respeto de los parientes hacia los vivos ni preocupación por dar sepultura a los muertos. La causa de ambas cosas era la desesperación de cada uno por sí mismo; pues los que no participaban en la sedición estaban presentes en todo, a punto de perecer de un momento a otro. Pisoteando los cadáveres amontonados unos sobre otros, los sediciosos se entrelazaban en combate y, extrayendo su desesperación de los cuerpos que tenían bajo los pies, se volvían más salvajes; y, buscando siempre algo más destructivo contra sí mismos y ejecutando sin piedad todo lo que se les ocurría, no dejaban camino sin recorrer para la tortura o la crueldad. Sin duda, Juan utilizó la madera sagrada para la construcción de máquinas de guerra. Pues, habiendo decidido en una ocasión el pueblo y los sumos sacerdotes apuntalar el templo y elevarlo veinte codos más, el rey Agripa trajo del Líbano, con grandes gastos y esfuerzos, la madera útil, troncos dignos de verse por su rectitud y tamaño; pero, al interrumpirse la obra por la guerra, Juan los cortó y construyó torres, al encontrar que su longitud era suficiente contra los que combatían desde el templo superior. Las erigió y las acercó detrás del recinto, frente a la exedra occidental, que era el único lugar posible, ya que las otras partes estaban separadas por escalones a gran distancia. Y él esperaba vencer a los enemigos con las máquinas construidas por impiedad, pero Dios demostró que su esfuerzo era inútil, atrayendo a los romanos antes de que cualquiera de las torres fuera erigida.
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Que, estando Jerusalén asediada por Tito César y apremiando el hambre a los de dentro, los desertores que huían hacia los romanos fueron sorprendidos tragándose monedas de oro. Y los sirios abrían a los suplicantes para registrarlos; en una sola noche, abrieron a unos dos mil. Al conocer esta ilegalidad, Tito estuvo a punto de rodear a los culpables con la caballería y asaetearlos, si no fuera porque una gran multitud estaba implicada y los que iban a ser castigados eran muchos más que los asesinados. Tras convocar a los jefes de los aliados y a los de las legiones( pues algunos de los soldados también estaban implicados), indignado con ambos, dijo: si algunos de los que sirven bajo su mando hacen tales cosas por un lucro incierto, sin respetar ni siquiera sus propias armas, hechas de plata y oro; y en cuanto a los árabes y sirios, si primero, en una guerra ajena, actúan según sus propios impulsos, y luego atribuyen a los romanos su crueldad en los asesinatos; pues incluso ahora algunos de sus soldados participan de la mala fama. Amenazó, pues, con la muerte a estos si alguno era encontrado de nuevo atreviéndose a lo mismo, y ordenó a los de las legiones que registraran a los sospechosos y los trajeran ante él. Pero, al parecer, la codicia despreciaba todo castigo, y el amor por el lucro está tan profundamente arraigado que ninguna pasión se antepone tanto a la avaricia. Ciertamente, estas cosas tienen su medida y están sujetas a temores, pero Dios era quien condenaba a todo el pueblo y desviaba hacia la perdición todo camino de salvación para ellos. Lo que el César prohibió bajo amenaza, se atrevía a hacerse a escondidas contra los desertores, y los bárbaros, adelantándose, degollaban a los que huían antes de que fueran vistos por todos, y, mirando a ver si algún romano los veía, los abrían y extraían de sus entrañas el lucro inmundo. Pero en pocos encontraban algo, y la esperanza sola consumía a la mayoría. Este sufrimiento hizo que muchos de los desertores regresaran; pero Juan, al agotarse los saqueos del pueblo, se dedicó al sacrilegio y enterró muchas de las ofrendas del templo, y muchos de los utensilios necesarios para los servicios, cráteras, bandejas y mesas. No se abstuvo ni siquiera de las copas enviadas por el Augusto y su esposa. Lo que los reyes de los romanos siempre honraron y adornaron en el templo, esto el judío lo arrancó contra los extranjeros. Y decía a los que estaban con él que era necesario usar con libertad las cosas divinas en favor de lo divino y que los que combatían por el templo debían alimentarse de él. Por esto, también el vino sagrado y el aceite, que los sacerdotes guardaban para verter sobre los holocaustos, los vació( pues estaban en el templo interior) y los distribuyó a la multitud, y aquellos, sin horror, se ungían y bebían de ellos. No me habría retraído de decir lo que mi pasión me ordena; creo que, si los romanos hubieran tardado en atacar a los impíos, o la tierra se los habría tragado, o la ciudad se habría inundado, o habrían compartido el rayo de Sodoma; pues trajo una generación más atea que los que sufrieron tales cosas. Por la desesperación de estos, todo el pueblo pereció junto. Los romanos, al oír lo que sucedía a los judíos, se compadecieron, pero los sediciosos, aun viéndolo, no se arrepintieron, sino que soportaron que llegara hasta ellos; pues estaban cegados por el destino, que ya estaba presente tanto para la ciudad como para ellos. Fin del libro V de la toma de Josefo.
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Libro VI. 71. Los sufrimientos de Jerusalén avanzaban cada día hacia peor, irritándose más los sediciosos por las desgracias y consumiendo el hambre tanto a ellos como al pueblo; la multitud de cadáveres amontonados por la ciudad era espantosa a la vista y despedía un olor pestilente, y además era un obstáculo para los combatientes en sus salidas. Pues, como si estuvieran entrenados en una matanza infinita a través de un campo de batalla, tenían que pisar los cuerpos. Los que pasaban no se horrorizaban, ni se compadecían, ni consideraban que el ultraje a los difuntos fuera un mal presagio para ellos mismos; manchadas sus manos con sangre de sus compatriotas, salían a la guerra contra los extranjeros, reprochando, a mi parecer, a la divinidad por la lentitud del castigo sobre ellos; pues la guerra no era por esperanza de victoria, sino que la desesperación de la salvación los hacía audaces. 72. Que los llamados sicarios se levantaron contra los que deseaban obedecer a los romanos y los trataban de todas formas como enemigos, saqueando sus posesiones y prendiendo fuego a sus casas; pues decían que no se diferenciaban en nada de los extranjeros, al renunciar tan ignominiosamente a la libertad por la que los judíos luchaban y al confesar que elegían la esclavitud bajo los romanos. Pero esto era, en realidad, un pretexto para encubrir su crueldad y su codicia, como ellos mismos decían. Lo hicieron evidente a través de sus obras; pues los que compartieron con ellos la rebelión y ayudaron en la guerra contra los romanos, sufrieron de ellos actos peores. Y al ser descubiertos mintiendo sobre el pretexto, maltrataban aún más a quienes les reprochaban su maldad a través de la justicia. Pues aquel tiempo fue fértil en toda clase de maldad entre los judíos, de modo que no quedó ninguna obra de maldad sin realizar, ni si alguien quisiera inventar algo nuevo podría encontrarlo. Así, tanto en privado como en público, todos tramaron, y compitieron por superarse unos a otros tanto en las impiedades contra Dios como en las injusticias contra el prójimo, los poderosos maltratando a las multitudes, y la mayoría apresurándose a destruir a los poderosos; pues aquellos tenían el deseo de tiranizar, y estos el de violentar y saquear los bienes de los ricos. Los sicarios fueron los primeros en comenzar la ilegalidad y la crueldad contra sus parientes, sin dejar ni palabra indecible para el ultraje ni obra sin probar para la destrucción de los que conspiraban. Pero incluso a estos Juan los demostró más moderados que él mismo. Pues no solo mataba a todos los que aconsejaban lo justo y conveniente, tratando a tales ciudadanos como a los mayores enemigos, sino que también llenó a la patria de innumerables males, como estaba destinado a hacer un hombre que ya se había atrevido a ser impío incluso contra Dios; pues servía una mesa ilícita y abandonó la pureza acostumbrada y patria, de modo que ya no es de extrañar si no mantuvo la humanidad y la comunión hacia los hombres aquel que estaba tan loco en su impiedad hacia Dios. De nuevo, pues,¿ qué mal no hizo Simón, hijo de Giora?¿ O de qué ultraje a cuerpos libres se abstuvo, si a este lo proclamaron tirano?¿ Qué amistad, qué benevolencia hacia los que morían cada día no los hizo más audaces? Pues consideraban que hacer daño a los extraños era obra de una maldad innoble, y creían que la crueldad contra los más cercanos era una brillante demostración. La locura de los idumeos rivalizó incluso con la desesperación de estos; pues aquellos, los más inmundos, al degollar a los sumos sacerdotes, para que no se conservara ni una parte de la piedad hacia Dios, cortaron todo lo que quedaba de la estructura política e introdujeron la ilegalidad más completa a través de todo, en la que floreció el linaje de los llamados zelotes, que hicieron honor a su nombre con sus obras. Pues imitaron toda obra de maldad, sin dejar sin emular nada de lo que la memoria había transmitido anteriormente; aunque se pusieron el nombre a sí mismos a partir de los que se celan por el bien, ya sea burlándose de los agraviados debido a su propia naturaleza bestial, o pensando que los mayores males son bienes. Por tanto, cada uno encontró el fin que le correspondía, habiendo Dios premiado el castigo merecido sobre todos ellos; pues todas las torturas que la naturaleza humana puede soportar cayeron sobre ellos hasta el último final de su vida, que soportaron muriendo en múltiples tormentos. Sin embargo, uno podría decir que sufrieron menos de lo que hicieron; pues lo justo no estaba en ellos. No sería el momento presente para lamentar como merecen a los que cayeron en sus crueldades. Volveré, pues, a la parte restante de la narración.
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Que Jonatán, hombre malvado y tejedor de oficio, convenció a no pocos de los pobres para que le prestaran atención y los llevó al desierto, prometiendo mostrarles señales y apariciones. Y a los demás les pasaba desapercibido que hiciera esto y los engañara, pero los que sobresalían por sus cargos entre los judíos de Cirene informaron de su salida y preparación al gobernador de la Pentápolis de Libia, Catulo. Este, enviando jinetes y soldados de infantería, los capturó. El jefe del plan, Jonatán, escapó, pero al realizarse una búsqueda fue capturado y, llevado ante el gobernador, tramaba para sí mismo la liberación del castigo, y dio a Catulo un pretexto para sus injusticias. Pues decía, calumniando, que los más ricos de los judíos habían sido sus maestros en el plan; aquel aceptaba con entusiasmo las calumnias y añadía mucho peso al asunto, dramatizando grandemente, para parecer que él mismo había triunfado en una guerra judía. Y para creer fácilmente, todavía era maestro de la mentira de los sicarios. Habiéndole ordenado, pues, que nombrara a alguno de los judíos, Alejandro, con quien había chocado hace tiempo y había manifestado abiertamente su odio, y habiendo implicado también a la mujer de aquel en las acusaciones, mató primero a estos, y después de ellos asesinó a todos los que destacaban por su riqueza, tres mil hombres en total. Para que no descubrieran su injusticia, extendió más lejos la mentira y convence a Jonatán y a algunos de los capturados con él para que presenten una acusación de sedición contra los judíos más ilustres de Alejandría y Roma. Uno de estos acusados por la conspiración era Josefo, el que escribió esto. Sin embargo, el complot no salió según la esperanza de Catulo. Pues llegó a Roma llevando encadenados a los de Jonatán y pensaba que el final de la investigación sería la calumnia realizada por aquel ante él; pero Vespasiano, sospechando el asunto, buscó la verdad y, al conocer que la acusación presentada contra los hombres era injusta, los libera de los cargos y le impuso a Jonatán el castigo merecido. Pues fue quemado vivo, tras ser torturado previamente. A Catulo, en aquel momento, le bastó, por la clemencia de los emperadores, no sufrir nada más que la condena; pero no pasó mucho tiempo antes de que, presa de una enfermedad múltiple y difícil de curar, terminara penosamente, no solo castigado en el cuerpo, sino que la enfermedad del alma le era más pesada. Pues se perturbaba por terrores y gritaba continuamente que veía fantasmas de los asesinados por él acechándolo; y, no pudiendo contenerse, saltaba del lecho como si le aplicaran tormentos y fuego. Al tomar el mal siempre un gran incremento, y al caérsele las entrañas por la putrefacción, así murió, convirtiéndose en un testimonio no menor que otro de la providencia de Dios, de que impone castigo a los malvados. Fin de la historia del libro VII de la toma judía. Del libro titulado Sobre el todo o Contra los griegos. Libro II. Del mismo Josefo. 74. Que nuestro legislador es antiquísimo( pues esto, ciertamente, es admitido incluso por los que dicen todo contra nosotros) y se mostró a sí mismo como excelente jefe y consejero para las multitudes, y habiendo recibido toda la estructura de la vida de las leyes, convenció para que las aceptaran y preparó para que se guardaran firmemente para siempre. Veamos primero la grandeza de sus obras. Pues él salvó a nuestros antepasados, cuando les pareció bien abandonar Egipto y regresar a la tierra patria, tomando a muchas miríadas y llevándolas a la seguridad; pues tenían que atravesar la tierra sin agua y llena de arena, vencer guerras y salvar a la vez a hijos, mujeres y botín mientras combatían. En todo lo cual fue tanto un excelente estratega como un consejero muy inteligente y un protector muy verdadero. Preparó a toda la multitud para que dependiera de él y, teniendo como prioridad que estuvieran convencidos de lo ordenado, no tomó esta autoridad para ninguna codicia propia, sino que, en lo que más los que están al frente suelen rodearse de las fuerzas del momento y tiranías, y acostumbran a las multitudes a mucha ilegalidad, en esto, habiendo establecido su poder, pensó que debía hacer lo contrario, ser piadoso y mostrar mucha benevolencia a los demás, pensando que así demostraría mejor su propia virtud y proporcionaría la salvación más firme a quienes lo habían hecho su jefe. Al lograrse, pues, su buena elección y grandes acciones, pensaba bien tener al único como jefe y consejero; y, habiendo convencido primero a sí mismo de que todo lo hace y piensa según la voluntad de aquel, pensaba que debía inculcar esta convicción a las multitudes antes que nada; pues los que creen que Dios supervisa sus vidas no soportan cometer ninguna falta. Tal es, pues, nuestro legislador, no un mago, ni un embaucador, como dicen los que injurian injustamente, sino como dicen que fue Minos entre los griegos, jactándose, y después de él los otros legisladores. Pues algunos de ellos decían que recibían las leyes, pero Minos decía; otros las referían a Apolo y al oráculo délfico, ya sea pensando que la verdad es así o suponiendo que convencerían más fácilmente. Quién fue el que más acertó con las leyes y quién fue el que más justamente logró la fe sobre Dios, es posible comprenderlo comparando las leyes mismas. Por tanto, son infinitas las diferencias entre las naciones y las leyes entre todos los hombres; pues unos confiaron el poder de los gobiernos a monarquías, otros a dinastías de pocos, y otros a las multitudes. Pero él no miró a ninguna de estas, sino que, como diría alguien forzando el discurso, demostró que el gobierno era una teocracia, atribuyendo a Dios el mando y el poder, y convenciendo de que aquel supervisa a todos como causa de todos los bienes, y que es común a todos los hombres y de todo lo que ellos mismos han necesitado en situaciones imposibles; y que no es posible ocultar nada a su juicio, ni de las acciones ni de lo que alguien piense en sí mismo. Lo declaró uno y no engendrado, inmutable hacia el tiempo eterno, superando en belleza a toda forma mortal, y conocido para nosotros por su poder, pero desconocido en cuanto a su esencia. Que los más sabios entre los griegos fueron enseñados a pensar esto sobre Dios, habiendo proporcionado él los principios, dejo de decirlo ahora; pero que son cosas bellas y apropiadas a la naturaleza y grandeza de Dios, lo han testificado mucho; pues Pitágoras, Anaxágoras, Platón y los filósofos de la Estoa después de ellos, casi todos parecen haber pensado así sobre la naturaleza de Dios. Pero los que filosofaban por poco, atrapados por las opiniones de la multitud, no se atrevieron a exponer la verdad del dogma, pero Moisés lo demostró proporcionando obras conformes a las palabras y no solo convenció a los de su tiempo, sino que también inculcó la fe sobre Dios como inamovible a los que habrían de nacer de ellos para siempre. La causa es que, por el modo de la legislación, siempre superó a todos hacia lo útil; pues no hizo de la piedad una parte de la virtud, sino que vio y estableció las otras partes de esta; digo la justicia, la templanza, la concordia de los ciudadanos entre sí en todo. Pues todas las acciones, ocupaciones y palabras tienen su referencia hacia la piedad hacia Dios para nosotros; pues no dejó nada de esto sin examinar ni indefinido. Pues hay dos modos de toda educación y de la estructura sobre las costumbres, de los cuales uno es maestro por la palabra, y el otro a través del ejercicio de las costumbres. Los otros legisladores, pues, se separaron en sus opiniones y, eligiendo el que les pareció, dejaron el otro a cada uno, y educaban a los lacedemonios y cretenses con costumbres, no con palabras. Los atenienses y casi todos los otros griegos ordenaban a través de las leyes lo que debían hacer o no, pero descuidaron acostumbrar a ello a través de las obras. Pero él armonizó ambos con mucha mesura; pues ni dejó sordo el ejercicio de las costumbres, ni dejó la ley sin acción a partir de la palabra, sino que, comenzando desde la primera alimentación y la dieta propia de cada uno, no dejó nada, ni siquiera de lo más pequeño, al libre albedrío de las voluntades de los que las usan, sino sobre alimentos, de cuáles abstenerse y cuáles consumir.
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A punto de demostrar un discurso muy filosófico, si el razonamiento piadoso es dueño de las pasiones, les aconsejaría correctamente que presten atención con entusiasmo a la filosofía. Pues el discurso es necesario para el conocimiento de todos, y de otro modo de la mayor virtud; digo, pues: contiene el elogio de la prudencia, si el razonamiento parece prevalecer sobre las pasiones que impiden la templanza, la glotonería y el deseo. Pero también aparece dominando las pasiones que impiden la justicia, como la malicia, y las pasiones que impiden la valentía, la ira, el dolor y el miedo.¿ Cómo, pues, podrían decir algunos, si el razonamiento domina las pasiones, no es dueño del olvido y la ignorancia? Ridículo es intentar decir esto. Pues el razonamiento no domina sus propias pasiones, sino las contrarias a la justicia, la valentía y la templanza, y no para destruirlas, sino para no ceder ante ellas. Por muchas partes y de otros lugares podría demostrarles que el razonamiento es dueño de las pasiones, pero demostraría esto mucho más a partir de la valentía de los que murieron por la virtud, Eleazar y los siete hermanos y su madre; pues todos estos, despreciando los dolores hasta la muerte, demostraron que el razonamiento prevalece sobre las pasiones. De las virtudes, pues, me propuse elogiar a los hombres que murieron en aquel tiempo por la nobleza junto con su madre, y de los honores los llamaría bienaventurados; pues, admirados no solo por todos los hombres por su valentía y paciencia, sino también por los que los torturaron, se convirtieron en causa de que se destruyera la tiranía contra la nación, venciendo al tirano con la paciencia, de modo que la patria fuera purificada a través de ellos. Pero también sobre lo que ahora se busca será posible hablar inmediatamente comenzando por el tema, lo cual suelo hacer, y así me volveré al discurso sobre ellos. Buscamos, pues, si el razonamiento es dueño de las pasiones, y distinguimos qué es el razonamiento y qué es la pasión y cuántas son las formas de las pasiones y si el razonamiento prevalece sobre todas estas. El razonamiento, pues, es la mente con la recta razón que prefiere la vida de la sabiduría, y la sabiduría es el conocimiento de las cosas divinas y humanas y de las causas de estas. Esta, pues, es la educación de la ley, a través de la cual aprendemos las cosas divinas con reverencia y las humanas de manera conveniente. Las formas de la sabiduría son la prudencia, la justicia, la valentía, la templanza; la más soberana de todas es la prudencia, de la cual el razonamiento prevalece sobre las pasiones. Las naturalezas de las pasiones son las dos más abarcadoras, el placer y el dolor; cada uno de estos también está en la naturaleza de la mente. Muchas son también las secuencias de pasiones sobre el placer y el dolor. Antes del placer está el deseo, y después del placer la alegría; antes del dolor está el miedo, y después del dolor la tristeza. La ira es una pasión común del placer y el dolor, si uno piensa cuándo cayó en ella. En el placer está también la disposición maliciosa, siendo la más múltiple de todas las pasiones, según el alma la arrogancia, la avaricia, la ambición, la rivalidad y la envidia, y según el cuerpo la glotonería, la monofagia y la voracidad. Como si, pues, siendo dos las plantas del cuerpo y del alma, el placer y el dolor, muchas son las ramas de estas plantas, de las cuales cada una, el razonamiento, gran agricultor, limpiando, podando, entrelazando, regando y transformando de toda manera, domestica las materias de las pasiones y costumbres. Pues el razonamiento es jefe de las virtudes y dueño de las pasiones; observa, pues, primero a través de las obras que impiden la templanza, que el razonamiento es dueño de las pasiones. La templanza, pues, es el dominio de los deseos, y de los deseos unos son psíquicos y otros corporales, y de ambos parece que el razonamiento prevalece, pues¿ de dónde, movidos hacia los alimentos prohibidos, rechazamos los placeres que provienen de ellos?¿ No es porque el razonamiento puede prevalecer sobre los apetitos? Yo creo que sí. Por tanto, deseando animales acuáticos, aves, cuadrúpedos y toda clase de alimentos, nos abstenemos de los prohibidos según la ley debido al dominio del razonamiento; pues soporta que las pasiones de los apetitos sean cortadas por la mente templada, y todas las pasiones del cuerpo son amordazadas por el razonamiento.¿ Y qué es de extrañar si los deseos del alma hacia la participación de la belleza son anulados? Pues por esto el templado José es elogiado, porque con el razonamiento prevaleció sobre la lascivia; pues, joven y en la plenitud para la unión, anuló con el razonamiento el aguijón de las pasiones. Y no solo parece que el razonamiento prevalece sobre la excitación de la lascivia, sino también sobre todo deseo. Dice, pues, la ley:" No desearás la mujer de tu prójimo, ni todo lo que es de tu prójimo". Y aunque cuando la ley nos dijo que no deseáramos, podría convencerlos mucho más de que el razonamiento podría dominar los deseos, así como las pasiones que impiden la justicia; pues¿ de qué manera alguien que es glotón y bebedor es reeducado, si no es evidente que el razonamiento es señor de las pasiones? Inmediatamente, pues, viviendo según la ley, aunque alguien sea avaro, violenta su propia costumbre, prestando a los necesitados sin intereses y perdonando el préstamo al llegar los días; y aunque alguien sea tacaño, es dominado por la ley a través del razonamiento, sin recoger los frutos de las cosechas ni podar los viñedos. Y en los otros también es posible reconocer esto. Pues la ley domina incluso la benevolencia hacia los padres, no traicionando la virtud por ellos, y prevalece sobre la amistad hacia la esposa, reprochándola por la ilegalidad, y es señor de la amistad de los hijos, castigándolos por la maldad, y domina la familiaridad de los amigos, reprochándolos por la maldad. Y no piensen que es paradójico, donde el razonamiento también puede prevalecer sobre la enemistad debido a la ley, sin cortar los árboles cultivados de los enemigos y salvando los de los enemigos para los que los expulsaron y levantando los que cayeron. Y el razonamiento parece prevalecer sobre las pasiones más violentas, el amor al poder, la vanidad, la arrogancia, la jactancia y la envidia; pues todas estas pasiones maliciosas la mente templada las rechaza, así como la ira; pues también es señor de esta. Pues, enfadándose Moisés contra Datán y Abiram, no hizo nada contra ellos con ira, sino que con el razonamiento moderó la ira. La mente templada es capaz, como dije, de triunfar sobre las pasiones y de transformar unas y anular otras; pues¿ por qué Jacob culpa a los de Simeón y Leví por no haber degollado a los siquemitas con razonamiento, diciendo:" Maldita sea su ira"? Pues si el razonamiento no pudiera dominar la ira, no habría dicho así. Pues cuando Dios creó al hombre, adornándolo con razón y libre albedrío, entonces le implantó las pasiones y las costumbres y entonces entronizó sobre todo al razonamiento, jefe sagrado, a través de los sentidos internos y le dio una ley, viviendo según la cual reinará un reino templado, justo, bueno y valiente.¿ Cómo, pues, diría alguien, si el razonamiento es señor de las pasiones, no prevalece sobre el olvido y la ignorancia? Pero el discurso es completamente ridículo; pues el razonamiento no parece prevalecer sobre sus propias pasiones, sino sobre las corporales. Por ejemplo, alguien no puede extirpar el deseo de nosotros, pero el razonamiento puede proporcionar no ser esclavizado por el deseo. Alguien no puede extirpar la ira de nuestra alma, pero es posible que el razonamiento ayude a la ira. Alguien no puede extirpar la malicia de nosotros, pero el razonamiento puede ayudar a no ser doblado por la malicia; pues el razonamiento no es extirpador de las pasiones, sino antagonista. Pues esto es posible calcularlo más claramente a través de la sed del rey David. Pues, habiendo atacado David a los extranjeros durante todo el día y habiendo matado a muchos de ellos con los soldados de la nación, entonces, al llegar la tarde, sudoroso y muy cansado, llegó a la tienda real, alrededor de la cual todo el ejército de los antepasados había acampado. Los demás, pues, estaban todos en la cena, pero el rey, teniendo mucha sed, aunque tenía fuentes abundantes, no podía curar su sed a través de ellas, sino que un deseo del agua que estaba junto a los enemigos lo tensaba y lo quemaba, disolviéndolo; de donde, quejándose los escuderos por la sed del rey, dos jóvenes soldados fuertes
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Avergonzados por el deseo del rey, se armaron con todas sus armas y, tomando un cántaro, saltaron las empalizadas de los enemigos y, pasando inadvertidos ante los centinelas de las puertas, atravesaron el campamento enemigo, explorándolo, y al encontrar la fuente, valientemente llevaron agua al rey. Él, aunque abrasado por la sed, consideró que era un peligro terrible para el alma beber un líquido equivalente a la sangre; por lo tanto, anteponiendo la razón al deseo, libó la bebida para Dios. Pues, como dije, la mente sensata es capaz de vencer las necesidades de las pasiones, extinguir las inflamaciones de los impulsos y superar por completo todos los dolores corporales, y mediante la nobleza de la razón, disipar todos los dominios de las pasiones. Pues ya el momento nos llama a la demostración de la teoría de la mente sensata. Dado que nuestros padres gozaban de una paz profunda gracias al buen orden y actuaban bien, hasta el punto de que el rey de Asia, Seleuco Nicanor, destinó fondos para el culto divino entre ellos y aceptaba su sistema político, entonces algunos, al rebelarse contra la concordia común, se entregaron de diversas maneras a las desgracias. Pues un tal Simón, que se oponía políticamente a Onías, quien entonces poseía el sumo sacerdocio de por vida, un hombre bueno y noble, al no poder perjudicarlo tras calumniarlo de todas las formas posibles en nombre de la nación, se marchó como fugitivo para traicionar a su patria. Por lo tanto, al llegar ante Apolonio, el gobernador de Siria, Fenicia y Cilicia, dijo:" Vengo como alguien bien dispuesto a los asuntos del rey, para informar que muchas miríadas de dinero privado están atesoradas en los tesoros de Jerusalén, que no pertenecen al templo, y que corresponde que estas sean para el rey Seleuco". Al conocer cada uno de estos detalles, Apolonio alababa a Simón por su honor hacia el rey, pero al subir ante Seleuco, le informó sobre el tesoro de dinero y, tras recibir la autoridad sobre ellos, rápidamente se acercó a nuestra patria con el maldito Simón y un ejército muy pesado, diciendo que venía bajo las órdenes del rey para tomar el dinero privado del tesoro. Y tras ocurrir prodigios extraordinarios, apenas se salvó. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LAS PARADOJAS. Del discurso titulado Sobre el linaje de Josefo y su sistema político. 76. Mi linaje no es oscuro, sino que desciende desde antiguo de sacerdotes. Así como entre cada pueblo existe una cierta base de parentesco, así entre nosotros la participación en el sacerdocio es un gran testimonio de la brillantez del linaje. Mi linaje no solo proviene de sacerdotes, sino también de la primera de las veinticuatro clases( y hay gran diferencia entre ellas) y de la mejor de las tribus que la componen. Además, pertenezco al linaje real por parte de madre. Por lo tanto, expongo la sucesión de mi linaje tal como la encontré registrada en los registros públicos, dejando que se alegren quienes intentan calumniarnos; mi padre, Matías, no era distinguido solo por su nobleza, sino que era más alabado por su justicia, siendo el más conocido en la gran ciudad de los nuestros, los jerosolimitanos. Yo, educado junto a mi hermano llamado Matías( pues era mi hermano carnal por ambos padres), progresaba en gran medida en la educación, pareciendo sobresalir en memoria y entendimiento. Siendo aún niño, era alabado por todos debido a mi amor por las letras, reuniéndose siempre los sumos sacerdotes y los principales de la ciudad para conocer de mí algo más preciso sobre las leyes. Al cumplir unos dieciséis años, quise obtener experiencia de las sectas que hay entre nosotros; son tres: la de los fariseos, la de los saduceos y la de los esenios; pues así pensaba elegir la mejor, si las conocía todas. Por lo tanto, tras endurecerme y trabajar mucho, pasé por las tres. Y no considerando suficiente para mí la experiencia obtenida de ahí, al enterarme de que un tal Banús vivía en el desierto, usando ropa hecha de árboles, alimentándose de lo que crecía espontáneamente y bañándose muchas veces al día y a la noche en agua fría para la pureza, me hice su seguidor. Y
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tras pasar tres años con él y completar mi deseo, regresé a la ciudad. A los diecinueve años comencé a participar en la vida política, siguiendo la secta de los fariseos, que es similar a la llamada estoica entre los griegos. Después del vigésimo año, me sucedió subir a Roma por una razón; es esta: en el tiempo en que Félix era procurador de Judea, envió a Roma a unos sacerdotes conocidos míos, hombres buenos y nobles, tras haberlos encadenado por una causa pequeña y fortuita, para que rindieran cuentas ante el César. Queriendo yo encontrar un camino para su salvación, y sobre todo al enterarme de que, aunque estaban en desgracia, no se olvidaban de la piedad hacia lo divino, y que se alimentaban de higos y nueces, llegué a Roma tras haber corrido muchos peligros en el mar. Pues al naufragar nuestro barco en medio del Adriático, siendo unos seiscientos en número, nadamos durante toda la noche, y al aparecer el día, por la providencia de Dios, un barco cirenaico se nos adelantó y yo y otros, unos ochenta en total, fuimos recogidos en el barco. Tras salvarme en Dicearquia, que los italianos llaman Puteoli, llegué por amistad a Alituro( este era un mimo muy grato a Nerón), y a través de él, tras ser conocido por Popea, la mujer del César, me preocupé de exhortarla lo más rápido posible para que los sacerdotes fueran liberados, obteniendo de Popea, como primer beneficio, grandes regalos, y regresé a mi patria. Mientras tanto, al suceder ciertas cosas, me preocupé de que Galilea estuviera en paz ante todo. Queriendo tener a los que estaban en el poder de los galileos, unos setenta en total, bajo pretexto de amistad como rehenes de la fidelidad, los hice amigos y compañeros de viaje, y los tomaba para los juicios y tomaba las decisiones con el consentimiento de ellos, sin intentar errar en la justicia por precipitación, sino manteniéndome puro de todo soborno en ellas. Por lo tanto, estando cerca de los treinta años, tiempo en el que, aunque uno se abstenga de los malos deseos, es difícil evitar las calumnias nacidas de la envidia, especialmente estando en una posición de gran poder, mantuve a toda mujer libre de ultraje y desprecié todos los regalos que se me daban como si no los necesitara; es más, ni siquiera recibía los diezmos que se me debían como sacerdote por parte de quienes los traían. Y al tomar bajo mi poder a Juan, que muchas veces conspiró contra mí, no castigué ni a él ni a ninguno de los demás. Por esto creo que también Dios( pues no le pasan inadvertidos los que hacen lo debido) me libró de la mano de ellos y me protegió después de haber caído en muchos peligros. Y tanta era la benevolencia y confianza de los galileos hacia mí que, al ser tomadas sus ciudades por la fuerza y ser esclavizados hombres y mujeres, no se lamentaron tanto por sus propias desgracias como se preocuparon por mi salvación. Fin de la Arqueología de Josefo: 20 libros, y del discurso sobre la vida de Josefo y su sistema político. De la historia cronológica de Jorge el Monje, libro 2, sobre la virtud y el vicio. 1. Que Abel era virgen y justo y pastor de ovejas, de las cuales ofreció un sacrificio a Dios y, al ser aceptado, es asesinado, envidiado por su hermano Caín. Caín, siendo agricultor y habiendo vivido peor después del juicio, estaba gimiendo y temblando, porque Abel, al consagrar a Dios las primicias, se presentaba más amante de Dios que amante de sí mismo, por lo cual fue aceptado gracias a su buena disposición. Caín, al asignar impíamente para sí las primicias y para Dios las segundas, fue razonablemente rechazado. Pues dice:" Y sucedió después de unos días, que Caín trajo de los frutos de la tierra". 2. De modo que por esto es reprendido Caín, porque no trajo las primicias de los productos a Dios, sino los de después de unos días y los segundos. 2. Que Sardanápalo, el rey de los asirios, fue degollado por Perseo; los aduladores y seguidores de su amor por la carne, su glotonería y su desenfreno, escribieron como si fuera de él en su tumba lo siguiente:" Tengo tanto cuanto comí y bebí y
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disfruté con los amores, pero muchas y grandes riquezas han quedado atrás. Pues ahora soy ceniza, habiendo reinado sobre la gran Nínive". 2. Pero, sin duda, quienes escribieron esto lo hicieron falsamente; pues el que ha muerto no tiene lo que comió y bebió, sino que todo eso ha pasado a la fétida corrupción, y solo tiene la fetidez de la vida ilegal, la cual aflige y atormenta continuamente su alma apasionada y miserable, consciente de sí misma y recordando las cosas más viles que el desdichado cometió ilegal e intemperantemente. 3. Que Alejandro el Macedonio avanzaba devastando Judea; el sumo sacerdote, vistiéndose la vestidura sacerdotal, sobre la cual se ha escrito en el tratado sobre la descripción, y habiendo hecho el encuentro en un lugar distinguido, se detuvo donde mejor se veía la hermosísima fachada del templo. Y Alejandro, al ver desde lejos a la multitud con vestiduras blancas, a los sacerdotes al frente con vestiduras de lino fino con mucho orden y dignidad, y al sumo sacerdote con el adorno de jacinto y oro, y teniendo sobre la cabeza la tiara y la lámina de oro sobre ella, en la que estaba escrito el nombre de Dios, Alejandro, asombrado ante la extraña visión, saltó inmediatamente del carro y, acercándose solo, adoró el nombre divino y saludó al sumo sacerdote, a quien todos los judíos saludaron a una voz junto con el sumo sacerdote. Y como los reyes de Siria y los demás estaban asombrados y suponían que Alejandro había perdido el juicio, y Parmenión, el general, estaba más admirado e indignado porque, como uno de los súbditos, se había postrado y adorado, Alejandro dijo:" No adoré al sumo sacerdote, sino al Dios honrado por él y que me prometió ayuda contra los enemigos. Pues cuando planeaba la expedición contra los persas y no me atrevía debido a la magnitud de su poder, se me apareció en sueños Dios bajo la figura de este sumo sacerdote y me exhortó a tener confianza y a esforzarme con entusiasmo, diciendo:' En ti terminaré el poder de los persas'". 2. Por lo cual, al verlo con tal vestidura y al recordar la visión de los sueños, razonablemente adoré". 2. Y tras decir esto a su allegado Parmenión y saludar al sumo sacerdote, con los sacerdotes siguiéndolo, llegó a la ciudad de Jerusalén, siendo recibido con mucha alegría por los judíos. Los escribas, trayendo el libro de Daniel, le explicaban la profecía que el profeta había predicho, que era necesario que uno de los macedonios sometiera el reino de los persas. Él, al alegrarse más por esto y llenarse de gozo, subió al templo y ordenó sacrificar a Dios según la instrucción del sumo sacerdote, y al sumo sacerdote mismo y a todos los sacerdotes*** 4.*** Por tanto, así como la antigua ley estaba dividida en dos vidas, en la farisaica y[ la] elevada y en la inferior mundana, así también el nuevo precepto según el cristianismo en monástica superior y en la de la vida común. Los fariseos, pues, los que se interpretan como separados y divididos, se llamaban así por dividir y separar a sí mismos de todos los demás hacia lo más puro de la vida y lo más preciso y hacia los mandamientos de la ley. La misma vida seguían también los escribas, entre quienes había el mismo sistema político, templanza y virginidad, ayuno dos veces por semana, purificaciones de copas, platos y vasos, diezmos y primicias, oraciones continuas y todo lo demás, exceptuando, por supuesto, a los esenios como superiores y muy por encima. Esta vida farisaica, como el mejor sistema político, Pablo, al emularla, se gloría mucho, diciendo:" Soy israelita, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, según la ley fariseo". 2. De donde también el Señor, proponiendo claramente la vida más perfecta y angélica, decía a los amantes de la herencia celestial:" Si vuestra justicia no abundare más que la de los fariseos y escribas, no entraréis en el reino de los cielos". 2. De ahí, pues, también el apostólico
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Dionisio, al parecer, al enaltecer la sagrada orden de los monjes, dice así:" La orden más elevada de todas las consagradas, la de los monjes, es una sagrada disposición, purificada de toda purificación con poder total y con la pureza completa de sus propias energías, y siendo lícito para ella contemplar toda sagrada función, habiendo llegado a la contemplación intelectual y a la comunión, y siendo confiada a los poderes perfeccionadores de los jerarcas y siendo instruida por sus iluminaciones divinas y tradiciones jerárquicas, y habiendo contemplado las sagradas funciones de los ritos sagrados según ella, y siendo elevada proporcionalmente por su sagrada ciencia hacia la perfección más perfecta". De ahí que nuestros divinos guías los hicieron dignos de nombres sagrados, y unos los llamaron terapeutas, otros monjes, por el puro servicio y cuidado de Dios y por la vida indivisa y unitaria, como unificándolos en las sagradas uniones de los divisibles como una unidad divina y una perfección amante de Dios. Por eso también la sagrada legislación llamó a esto gracia perfeccionadora y los hizo dignos de una cierta invocación consagratoria, no sacerdotal( pues esa ocurre solo en las órdenes sacerdotales), sino de función sagrada, siendo realizada secundariamente por los santos sacerdotes mediante la liturgia jerárquica". 2. He compuesto estas pocas cosas, habiéndolas recogido de muchas, por necesidad para aquellos que dudan sobre cuándo, dónde y de dónde comenzó la conducta, el ascetismo y la orden de los monjes.¿ Dónde están, pues, los iconoclastas que impía y neciamente rechazan y escupen el sistema político monástico junto con las otras divinas tradiciones y preceptos de la iglesia apostólica, judíos recién aparecidos, y según su impío y odiado por Dios mistagogo coprónimo, dogmatizando esto como nuevo y reciente por extrema locura, desatino y estupidez," no entendiendo ni lo que dicen ni sobre qué aseguran"? 2. Nosotros, siguiendo las enseñanzas de los santos padres, creemos que esto es antiguo y viejo. Y no es de extrañar que hablen sobre el sistema político monástico, cuando también se ciegan y obran mal sobre la economía encarnada, mucho más sobre todas las demás cosas. Que los avergüence, pues, si no el divino Dionisio y Eusebio***, que existe como orden apostólica y tradición antiquísima y muy amada por Dios. Los testimonios de los enemigos son fuertes, confirmando la verdad que tenemos, de modo que no admite disputa; que escuchen, pues, además de estos antiguos intérpretes. Y el gran Basilio, al tratar sobre el sistema político monástico, dijo así:" Por esto también el Señor amante de los hombres, cuidando de nuestra salvación, dividió las cosas de los hombres en dos vidas, matrimonio y virginidad, para que el que no pueda soportar el premio de la virginidad y el ascetismo, venga a la convivencia conyugal, sabiendo que se le pedirá cuenta de la templanza, la santificación y la semejanza con los santos que están en matrimonios y crianza de hijos. Tal como era en el antiguo testamento Abraham, quien por la preferencia de Dios sacrificaba a su unigénito sin compasión y se jactaba, y tenía las puertas de su tienda abiertas, preparándose para la acogida de los que iban a hospedarse. No escucharon' vende tus posesiones y dalo a los pobres', y cosas mayores que estas demostraron Abraham, Samuel, David y otros muchos. En el nuevo testamento, tal como era Pedro y los demás apóstoles. Pues a todos se les pedirán los frutos del amor a Dios y al prójimo y de la transgresión de estos mandamientos; pues dice el Señor:' El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí'. 2. Y' el que no aborrece a padre y madre y a su propia alma, no puede ser mi discípulo'. 2.¿ Acaso te parece que los evangelios fueron establecidos también para las mujercitas? He aquí que se te ha aclarado, que todos los hombres seremos requeridos de la obediencia al evangelio, monjes y los que están en matrimonios; pues bastará al que ha llegado al matrimonio el perdón de la incontinencia y del deseo y unión
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con lo femenino. Los demás mandamientos, legislados para todos por igual, no son sin peligro para los que los transgreden. Pues Cristo, al evangelizar los mandamientos del Padre, hablaba a los que están en el mundo. Y si alguna vez sucedió que, preguntado en privado, respondió a sus propios discípulos, testificaba diciendo:' Lo que a vosotros digo, a todos digo'. 2. No te desanimes, pues, tú que estás unido a una mujer, como si tuvieras bajo tu poder el mundo para rodearte; pues necesitas más trabajos y vigilancia para el éxito de la salvación, ya que elegiste vivir en medio de las trampas y del poder de las fuerzas apostáticas y tienes ante tus ojos los estímulos de los pecados y te esfuerzas noche y día hacia su deseo en todos tus sentidos. Conoce que no escaparás de la palestra contra el apóstata ni vencerás sin muchos trabajos. Y esto para los que están en matrimonios y descuidan los mandamientos de Dios. Tú, en cambio, amante de los sistemas políticos celestiales y artífice de la conducta angélica y deseoso de ser compañero de armas de los santos discípulos de Cristo, tonifícate para la paciencia de la aflicción y acércate valientemente a la asamblea de los monjes". Que también Nilo dice:" Se dedicaron a filosofar no pocos de los griegos y judíos, pero solo los discípulos de Cristo emularon la verdadera sabiduría, puesto que solo ellos tuvieron a la verdadera sabiduría como maestra. Pues los primeros, como actuando un drama en un escenario, se adornaron con una máscara ajena, asumiendo un nombre vacío, privados de la verdadera filosofía, exhibiéndose en el manto, la barba y el bastón***, pero cuidando el cuerpo y sirviendo a los deseos como a dueñas, siendo esclavos del vientre y aceptando los placeres subgástricos como obra de la naturaleza, súbditos de la ira y aturdidos por la gloria, saltando vorazmente como perritos ante las mesas brillantes, sin saber que, ante todo, el filósofo debe ser libre y más bien huir de ser esclavo de las pasiones que de ser comprado con dinero y esclavo doméstico. Pues ser esclavo de los hombres quizás no dañó en nada al que ha vivido rectamente, pero servir a los placeres como a dueños trajo vergüenza y mucha risa. Hay, pues, entre ellos quienes han descuidado totalmente la práctica, pero han adoptado la filosofía lógica, como parecen, siendo unos charlatanes de meteoros e intérpretes de lo indemostrable, prometiendo saber la magnitud del cielo y las medidas del sol y las energías de las estrellas, y hay veces que intentan también teologizar, donde la verdad es inalcanzable y la conjetura peligrosa, viviendo más deshonrosamente que los cerdos que se revuelcan en el fango. Y si algunos llegaron a ser prácticos, llegaron a ser peores que estos, habiendo realizado los trabajos por glorias y alabanzas; pues por ninguna otra razón que la exhibición y la ambición practicaban los desdichados la mayoría de las cosas, intercambiando un salario vil y barato por tal sufrimiento. Pues el callar siempre según la legislación pitagórica y alimentarse de hierba y cubrirse con harapos de pelo y estar encerrado en una tinaja y vivir sin esperar ninguna recompensa después de la muerte es más allá de toda insensatez, al disolver con esta vida los premios de la virtud. De los judíos, cuantos honraron esta vida, son descendientes de Jonadab, y a todos los que desean vivir de la misma manera los admiten en su sistema político, quienes habitan en tiendas siempre, absteniéndose de vino y de todas las cosas para la vida delicada y teniendo una dieta barata y medida según la necesidad del cuerpo. Y ciertamente se cuidan mucho de la disposición moral, pero permanecen la mayor parte en la contemplación. De ahí que, al lograrse el objetivo de la filosofía, sin que las cosas luchen en nada contra la profesión,¿ pero qué provecho tienen de las luchas y de la penosa competición habiendo destruido al juez de la competición, Cristo? Pues también de estos se va igualmente el salario de los trabajos, al haber negado al
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distribuidor de los premios y haber resbalado de la verdadera vida y filosofía. Pues la filosofía es la rectitud de las costumbres con el conocimiento de la verdad sobre el ser. De esto resbalaron ambos, judíos y griegos, al rechazar la sabiduría que llegó del cielo e intentar filosofar sin Cristo, el único que demostró con hechos y palabras la verdadera filosofía. Pues este primero y único cortó para la vida el camino de esta, demostrando un sistema político puro y llevando siempre el alma más allá de las pasiones del cuerpo, y al final despreciando incluso esta, cuando la salvación de los hombres, administrada por él, requería la muerte, enseñando a través de esto que también el filósofo que elige rectamente debe negar las cosas placenteras de la vida, pero dominar muy bien los trabajos y las pasiones, despreciando el cuerpo, y teniendo el alma como valiosa, pero también entregarla prontamente cuando sea necesario dejarla por la demostración de la virtud. Y al recibir esto, sus apóstoles y discípulos imitaron genuinamente la conducta; pues al ser llamados, renunciando a la vida y despreciando patria, linaje y posesiones, se trasladaron inmediatamente a la vida dura y penosa, pasando por todas las cosas difíciles y estrechas, siendo perseguidos, maltratados y lo siguiente, imitando bien en todo al maestro y dejando en la vida una imagen del mejor sistema político. Pero dado que todos los cristianos, debiendo escribir su propia vida a partir de esta imagen, o no quisieron o se debilitaron para la imitación, pudieron superar las turbulencias mundanas y huir de la tempestad en las ciudades y del cuidado y esfuerzo de la vida; y así, al estar fuera de los ruidos mundanos, abrazaron la vida monástica, haciendo un molde de la virtud apostólica, prefiriendo la carencia de posesiones por la falta de distracción, prefiriendo la comida improvisada a la condimentada por las rebeliones de las pasiones, satisfaciendo la necesidad del cuerpo con la comida que se presenta, y despreciando las vestiduras suaves y lo que está fuera de la necesidad, como invención de la vanidad humana, usaron una vestimenta sencilla y sin artificios por la necesidad del cuerpo". 2. Pues también el Señor, proponiendo claramente al rico la perfección de esta vida más elevada según Dios, ordenó vender las posesiones y repartirlas a los pobres y así seguir sin preocupaciones y sin distracciones, habiendo tomado la cruz, y juzgó indigno de sí al que no hace esto." Pues quienquiera", dice," no deje padre". Por tanto, no es posible alcanzar esta dignidad y perfección de otra manera, si no es según el modo que enseñó el Señor, el que está más allá de la perfección y es el precursor de la perfección. Debemos, pues, admirar y honrar mucho a los que han renunciado a todo placer y esfuerzo temporal según el mandamiento del Señor y se han trasladado al sistema político monástico y han llenado toda la tierra. Pues toda la tierra está llena de estos y toda la tierra está llena de monasterios y es bendecida y santificada manifiestamente por las coros y salmodias de estos. Y el teólogo, al enaltecerlos, dice:" Los que salmodian, los que glorifican, los que meditan en la ley del Señor día y noche, los que llevan las elevaciones de Dios en las gargantas y estos, ciertamente, los buenos programas y anuncios de la vida según Dios, los heraldos silenciosos, cabello polvoriento y sucio, pies descalzos y siguiendo los apostólicos, no llevando nada muerto, corte de pelo moderada, vestimenta que castiga la soberbia, cinturón decoroso para lo indecoroso, levantando un poco la túnica y tanto como para no levantarla, caminar estable, ojo no errante, sonrisa agradable o más bien impulso de sonrisa que modera la incontinencia de la risa, palabra movida por la palabra, silencio más valioso que la palabra, alabanza sazonada con sal no para adulación sino para guía de lo mejor, reprensión más deseable que la alabanza, medidas de abatimiento y relajación y mezcla y templanza a través de ambos, y
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lo que es aún mayor y más elevado que esto, la riqueza en la pobreza, la estabilidad en la extranjería, la gloria en la deshonra, el poder en la debilidad, la buena descendencia en la soltería, si es que los nacimientos según Dios son mejores que los que vienen de la carne, los que disfrutan de no disfrutar, los humildes y más allá de los cielos, los que no tienen nada en el mundo y están más allá del mundo, los que están fuera de la carne y en la carne, cuya porción es el Señor, los pobres por el reino y que reinan por la pobreza. Estos me hacen brillante incluso estando presentes, mi riqueza, mi deleite, y estando ausentes me contraen.¿ Y quiénes son estos? Los que, separándose del mundo y consagrando la vida a Dios y abrazando el desierto, viven para Dios más que todos los que se alimentan en el cuerpo, digo, los nazareos según nosotros, unos luchando la vida totalmente monástica y solitaria, hablando solo consigo mismos y con Dios, otros amando la comunión por ley de amor, eremitas y a la vez mixtos, y conociendo el mundo solo en cuanto lo conocen por el desierto, muertos para los demás hombres y cosas, cuantas se mueven en medio, girando y siendo giradas y jugando con nosotros con los cambios rápidos, siendo mundo unos para otros y afilando la virtud por la comparación". 2. Y Crisóstomo en la interpretación según Mateo sobre los monjes en Egipto dice:" No es tan brillante el cielo con el coro variado de las estrellas, como el desierto de Egipto mostrándonos por todas partes las tiendas de los monjes, quienes, habiendo recibido el fuego de Cristo, se trasladaron en masa hacia el cielo y, siendo más calientes que los demás hacia la piedad, imitan a las fuerzas incorpóreas con la impasibilidad de la filosofía. Y tal como era Antonio y de qué visiones divinas fue hecho digno y demostró una vida digna de Dios y angélica". 2. Y lo demás es claro. Teodoreto dice sobre los monjes:" Pues imitan manifiestamente el sistema político de los ángeles cuantos de los hombres abrazaron el servicio de Dios, quienes huyeron del descanso del cuerpo y de la comunión legal, como apartando de las cosas divinas y de los deleites celestiales invisibles, y dejaron patria, linaje y riqueza, para trasladar todo el cuidado a las cosas divinas, y que ningún vínculo detenga la mente para volar al cielo. De estos están llenas ciudades y aldeas y cumbres de montañas y barrancos. Desde que Cristo honró la virginidad, habiendo nacido de una virgen, la naturaleza hizo brotar los prados de la virginidad, las flores fragantes de los monjes e inmarcesibles. Pues por todas partes han surgido monasterios, y en Egipto dicen que algunos monasterios tienen hasta cinco mil hombres, entretanto alabando a Dios en oraciones y salmodias, velando y viviendo con mucha dureza y prohibiendo al ojo deleitarse con la belleza de las cosas vistas, dan tiempo a la mente para deleitarse en la contemplación de las cosas inteligibles con prudencia y conocimiento. Pues el conocimiento de las cosas divinas es verdaderamente un bien grandísimo y muy grande, pero no basta para hacer perfecto al que ha sido hecho digno de esto, si no tiene también el bien en la práctica. Pues lo que es la raíz para el árbol y el ojo para el cuerpo, eso es el conocimiento de la verdad para las almas, de la cual nace la fe firme y ortodoxa. Es necesario, pues, no solo saber qué conviene opinar sobre Dios, sino también vivir bien según sus leyes. Pues es necesario que los amantes de la piedad no solo sean educados en teología y fisiología, sino que también aprendan con precisión las leyes de la virtud práctica. De modo que, pues, el conocimiento necesita de la práctica, como también la práctica del conocimiento". 2. Y el Señor dice:" Quien haga y enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos". 2. Pues no dijo" quien haga" solo, sino también" enseñe". 2. Pues si bastara para la perfección hacer solo sin enseñar o enseñar solo sin hacer para llegar a ser grande, no habría unido ambos diciendo" quien haga y enseñe". 2. Lo cual él mismo hacía, como testifica su discípulo diciendo:" De las cuales comenzó Jesús a hacer y a enseñar". 2. Pues el que así regula y
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Al moldear el alma, no solo imprime en ella los caracteres de las leyes divinas, sino que se convierte, en verdad, en una imagen viva y racional del Legislador. De ahí que el apóstol diga:" Sed imitadores de Dios", y el Señor:" Sed imitadores de mi Padre que está en los cielos". También Platón, al señalar la rareza de los perfectos, dice:" No me parece posible que el hombre llegue a ser bienaventurado y feliz, salvo unos pocos. Mientras vivamos, esto sostengo. Pues muchos llevan el bastón, pero los filósofos son raros y pocos". Una fe y una conducta hermosas permiten alcanzarlo todo al morir. Por ello, añadió, según Esquilo, que el hombre sencillo y noble no desea parecer bueno, sino serlo. Hay que eliminar el parecer. Pues si parece ser justo, tendrá honores y recompensas por parecer tal. Es incierto, por tanto, si es así por causa de la justicia o por las recompensas y honores. Debe ser despojado de todo excepto de la justicia y ser tratado de manera opuesta al anterior. Pues, sin tener nada, que tenga la reputación de la mayor injusticia, para que sea probado en la justicia al no ser vencido por la mala fama o la ambición y lo que de ella resulta, sino que sea inamovible hasta la muerte, pareciendo injusto durante toda su vida. Y así, Sócrates, su maestro, le dijo:"¿ Debemos obedecer a la opinión de la mayoría y temerla, o a la del uno, y a este debemos temer y avergonzarnos más que a todos los demás? Si no le seguimos, seremos terriblemente dañados. Por tanto, mi querido amigo, no debemos preocuparnos por lo que diga la mayoría, sino por lo que diga quien entiende de lo justo y lo injusto, que es la verdad". Estas cosas se asemejan a las apostólicas:" por las armas de la justicia de las diestras y siniestras, por honra y deshonra", hasta" como si nada tuviéramos y todo lo poseyéramos". Tal enseñanza sobre la justicia dieron Sócrates y Platón; pues la naturaleza educó a todos en las lecciones morales. Porque Dios, al formar el género humano, implantó en la naturaleza el discernimiento de los bienes y de sus contrarios, el que educa a las naciones y enseña al hombre el conocimiento. Por eso, muchos de los griegos abominaron la vida injusta, y los bárbaros hiperbóreos, que habitan las montañas y practican la justicia, no comen carne, sino que viven de frutos y agua, y los brahmanes viven en los bosques cubriendo su cuerpo con hojas y practicando una vida sobrehumana. Dicen también que Anacarsis el escita era filósofo, y el amor a la filosofía lo inflamó de tal manera que se hizo famosísimo por su gran ejercicio y templanza. Pues no solo luchaba contra las pasiones del alma estando despierto, en silencio y tranquilidad, sino que incluso durmiendo mostraba signos de continencia y templanza. Solía sujetar sus partes pudendas con la mano izquierda y sus labios con la derecha, indicando que la lucha de la lengua es mucho mayor y requiere mayor seguridad. 5. Que el centauro Quirón era templado, paciente y justo, y Homero lo llamó el más justo. Y Platón:" Hay que cuidar el alma, cosa inmortal", y Pablo:" sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo", esto es, lo ejercito para el ascetismo y la constitución con conocimiento y prudencia, y para la cooperación de los bienes, pero no me preocupo por la lascivia. Por eso aconseja diciendo:" y no proveáis para los deseos de la carne", no prohibiendo el cuidado mesurado y necesario para la constitución, sino la gula, madre del desenfreno; pues añadió:" para los deseos", es decir, los dañinos y necios. Y de nuevo Platón señaló el crecimiento del deseo vil, diciendo:" El principio del amor es la vista, el deseo lo aumenta, la memoria lo nutre y la costumbre lo mantiene". Y Sócrates enseñaba a evitar las miradas y los besos de los hermosos, pues son más peligrosos que los escorpiones y las serpientes, por naturaleza capaces de inyectar veneno. Por eso, al ver a alguien besar a un joven apuesto, dijo:" Este fácilmente se lanzaría a las espadas y caería en el fuego",
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tanta pira, evidentemente, se atrevió a encender en sí mismo. Y Diógenes, al ver a un joven adornado más de lo que corresponde a un hombre, dijo:" Si es para los hombres, eres un desgraciado, y si para las mujeres, cometes una injusticia". Pues los hombres cazan a las mujeres mediante el adorno, y las mujeres y los andróginos a los hombres. Y Agesilao amaba a un joven hermoso y, queriendo besarlo, se contuvo, huyendo del daño. Alejandro de Macedonia no miró a las hijas de Darío, siendo hermosas, considerando vergonzoso que quien ha vencido a los hombres sea derrotado por mujeres. Así también Ciro, rey de los persas, no consintió ni siquiera mirar a una doncella maravillosa que le había sido asignada y de la que se decía que tenía una belleza inefable, sino que incluso al que la miraba continuamente y decía que no sufría ningún daño por ello, le aconsejaba no decir ni hacer tal cosa." Pues el fuego", dice," quema a los que están cerca, pero la belleza incluso a los que están lejos". Puesto que del ver nace el amar, y del amar se produce el consentimiento, y del consentimiento se realiza la acción, por eso Cristo juzgó adúltero al que banquetea sus ojos de manera desenfrenada, reprimiendo no solo la acción, sino también el pensamiento. Y lo que Habacuc aconseja diciendo:" Limpio es tu ojo para no ver el mal y no podrás mirar los trabajos". Y Sócrates, enseñando a guardarse y vigilar mucho la incontinencia, decía:" No comer sin tener mucha hambre y no beber sin tener mucha sed"." Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados, y los que ahora lloráis, porque reiréis". 6. Que Nerón, al fortalecerse su poder, se desvió hacia acciones impías y practicaba cosas ajenas al imperio, tocando la cítara, actuando en tragedias y bailando en los teatros. Y a todas sus ilegalidades añadió la abominación de la lucha contra Dios, convirtiéndose en el primer perseguidor de la palabra divina. Después de esto, mató a su madre y a sí mismo. 7. Que Tito, hijo del emperador Vespasiano, era muy filósofo, muy elocuente y muy guerrero. Y siendo extremadamente moderado y adornado con mucha beneficencia, templanza, justicia y prudencia, hizo más evidente a todos su compasión en la toma de Jerusalén; pues lloró mucho entonces por los judíos castigados por Dios, y más aún al ver el templo divino incendiado, y suplicó a Dios que obtuviera misericordia y perdón, como si estas cosas no hubieran sucedido según su voluntad, sino por la perversidad odiosa a Dios de aquellos. Por eso, después de la toma, ante quienes lo proclamaban vencedor y triunfador, rechazaba las aclamaciones, diciendo que él no había hecho estas cosas, sino que había servido a la ira divina y castigadora de Dios y había prestado sus manos. 8. Que Domiciano, el emperador, sucesor de su hermano Tito, no emuló la excelente política de su padre y su hermano, sino la impiedad de Tiberio y Nerón, diametralmente opuesta. Y habiendo recorrido todo tipo de maldad, lleno de homicidios, manía por las mujeres y a la vez por los hombres, el impío finalmente se deificó a sí mismo. Y de ahí, el desdichado, habiéndose mostrado odioso para todos y despreciable por lo asesino y bestial de su mente impura, habiendo recibido merecidamente la paga de su propia hostilidad, termina su vida abominable y profana con una muerte vergonzosa. 9. Que Trajano era tan bueno, enemigo del mal y amante de la justicia, que una vez, habiendo desenvainado su espada ante sus magistrados, se la entregó al prefecto diciendo:" Recibe esta espada, y si gobierno bien, úsala a mi favor; si no, en mi contra". 10. Que Orígenes tuvo como padre a Leónidas, obispo y mártir, que floreció bajo el emperador Severo. Este Orígenes, estando en Alejandría, ponía gran empeño en la palabra divina. De él fueron muchos los celosos, y especialmente Ambrosio, quien, esforzándose por llegar a su conocimiento, se apartó de la herejía de Valentín y Marción. Y muchísimos de los filósofos externos, acudiendo a él,
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cosechaban un gran beneficio; pues era tenido por grande incluso entre ellos, enseñando geometría, aritmética y las demás materias preparatorias. Por lo cual, no pocos de los filósofos entre los griegos lo mencionan como maestro. Pues era muy dotado desde niño y extremadamente inquisitivo. Quien, en la edad infantil, preguntando más profundamente por el sentido de la Sagrada Escritura, el padre lo reprendía por no buscar nada más allá de su edad. Pero de noche, acercándose y viendo su pecho como si el espíritu divino estuviera consagrado dentro de él, lo besaba y se felicitaba por su buena descendencia. Practicó tal castidad y templanza desde joven, que se contentaba con solo cuatro óbolos para su alimentación cada día. Y, de hecho, continuó haciendo esto durante muchos años, durmiendo sobre el suelo y una estera, y descansando poco tiempo de la noche, dedicaba la mayor parte al estudio de las sagradas letras, y extendiéndose en esto, mortificándose con el ayuno, la vigilia y la desnudez, dominó tanto el vigor del cuerpo que se le veía totalmente consumido; pues absteniéndose de vino, aceite y lo demás, sufrió una gran alteración del pecho. De ahí que, haciéndose famoso por destacar en obra y palabra, y habiendo convencido a muchos griegos de abominar la idolatría, los preparó para ceñirse la corona del martirio. Corriendo, pues, mucha fama sobre él, y fluyendo muchos desde lejos hacia él, no solo atrajo a la piedad a filósofos griegos y herejes ilustres, sino que también instruyó y confirmó más a los que ya eran cristianos. A quien el mencionado Ambrosio, suplicándole mucho y forzándolo en Cesarea, y poniéndole siete taquígrafos, y más calígrafos, le hizo interpretar las Sagradas Escrituras. Y él proporcionaba la necesidad debida, y el otro, estando en la escuela, dictaba a los taquígrafos. Y los copistas, junto con mujeres entrenadas en la caligrafía, escribían. E interpretó toda la Sagrada Escritura durante dieciocho años. Se dice que compuso seis mil libros. Pues Ambrosio mostró tanto celo en la exégesis de las palabras divinas, que Orígenes, testificando su gran empeño, escribe a alguien diciendo:" El santo y genuinamente consagrado a Dios, Ambrosio, te saluda mucho; quien, creyéndome trabajador y muy sediento de la palabra divina, me puso a prueba con su propia laboriosidad y con el amor a las enseñanzas. De ahí que me haya superado tanto, que corro el riesgo de desfallecer ante sus propuestas; pues no es posible cenar sin discutir, ni después de cenar es posible pasear y descansar el cuerpecito, sino que incluso en esos momentos nos vemos obligados a filosofar y precisar las copias. Ni tampoco nos es posible dormir toda la noche para el cuidado del cuerpo, extendiéndonos mucho en las filologías. Dejo de hablar de lo que va desde la mañana hasta la hora decimonovena; pues todos los que quieren trabajar duro dedican esos tiempos al examen de las palabras divinas y a las lecturas". Interpretó, pues, toda la Sagrada Escritura. Pues en aquellos tiempos, en Jericó, encontrando la Antigua en una tinaja, la preparó de manera muy hábil y experta. Pero su gloria no permaneció inextinguible hasta el fin. Pues le ocurrió la caída extraordinaria de su mucha experiencia; y, de hecho, se convirtió en escándalo para muchos y causa de perdición. Pues, queriendo no dejar nada de las Sagradas Escrituras sin interpretar, se envolvió en pecado y explicó palabras mortíferas. Pues de él también Arrio tomó los pretextos, y los siguientes, disímiles e impíos, y todos los demás. Pues este, habiéndose atrevido al principio, dice que el Hijo unigénito no puede ver al Padre, ni el Espíritu Santo al Hijo, ni los ángeles al Espíritu, ni los hombres a los ángeles. Y no quiere que el Hijo sea de la esencia del Padre, sino una criatura, y que se le llame hijo por gracia,
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que el alma humana preexiste y el resto de sus blasfemias. Hizo, pues, mucha composición para cada escritura, y lo que se ha dicho en homilías y a través de proemios sobre costumbres y naturalezas de animales y seres irracionales, llevándose de manera media, son a menudo relatos ingeniosos; pero lo que dogmatizó sobre la fe, se encuentra ser el más absurdo de todos. Le pareció también haber emprendido una vida ascética tal, que dicen que su pecho se alteró por exceso de ayuno y dureza, y se dice que inventó algo contra su cuerpecito, unos que se cortó un nervio para no ser molestado por el placer, otros dijeron que aplicó un fármaco a sus miembros y los secó, otros refieren otras cosas sobre él. Se dice que este sufrió mucho por Cristo, siendo muy culto y criado en la iglesia. Pero, calumniado por envidia ante los gobernantes de la autoridad, dicen que fue ideado por los obreros de la maldad hacia un hombre muy vergonzoso mediante la astucia de una invención diabólica. Pues le prepararon a un etíope para el abuso del cuerpo; y él, no soportando tal invención abominable, rompió a hablar, habiéndosele propuesto ambas cosas, y confesó sacrificar. Y habiendo puesto incienso en sus manos, lo echaron en el fuego del altar. Y así fue rechazado del martirio por los jueces y expulsado de la iglesia. Dejando Alejandría por la vergüenza, llegó a Judea. Y habiendo subido a Jerusalén, como exégeta y culto, fue invitado por el sacerdocio a hablar en la iglesia( pues ya era presbítero de antes) y, siendo muy forzado por los sacerdotes, levantándose y diciendo solo este pasaje:" Pero al pecador dijo Dios:¿ Por qué tú cuentas mis derechos y tomas mi alianza por tu boca?", cerrando el libro, se sentó con llanto de lágrimas, llorando todos juntos con él. Hay también otras muchas cosas dichas y cantadas sobre él por la multitud de su conocimiento y composición de libros, de donde también fue llamado Sintáctico por haber hecho muchos libros, no escuchando, al parecer, a Salomón diciendo:" Hijo, guárdate de hacer muchos libros" y" No te apresures con tu boca, y tu corazón no se apresure a sacar palabra ante el rostro de Dios, porque Dios está en el cielo arriba, y tú sobre la tierra abajo. Por eso sean tus palabras pocas; pues hay muchas palabras que multiplican la vanidad" y" No seas justo en exceso; pues hay justo que perece en su justicia" y" No te hagas sabio en demasía, no sea que seas impío". Habiendo dejado de lado todo esto, se desvió de lo conveniente. 11. Que bajo el emperador Aureliano surgió Manes, el impuro y tres veces maldito, fingiéndose a sí mismo Cristo y Espíritu Santo, el demoníaco. Por lo cual, trayendo consigo doce discípulos como si fuera Cristo, y habiendo recolectado cualquier mal de toda herejía, desde Persia entró en la tierra de los romanos por permisión de Dios. Este, pues, el demente Manes, también llamado Escitiano, era brahmán de linaje, y tuvo como maestro a Buda, el antes llamado Terebinto; quien, educado por Escitiano, que pensaba las cosas de los griegos, amó la herejía de Empédocles, que dice dos principios opuestos entre sí. Y habiendo entrado en Persia, decía haber nacido de una virgen y haberse criado en las montañas. Y habiendo escrito cuatro libros, uno lo llamó de los Misterios, otro el Evangelio, otro el Tesoro, otro de los Capítulos. Y este Buda, también llamado Terebinto, siendo aplastado por un espíritu inmundo, murió, y una mujer, en cuya casa se alojó, habiendo heredado el dinero y los libros profanos, compra a un muchachito de siete años llamado Cubrico, a quien, enseñándole letras y liberándolo, lo constituye heredero de todo. Y él, habiendo tomado los libros de Buda y el dinero, recorría Persia, llamándose a sí mismo Manes, y siendo cómplice del error de Buda, decía que los libros eran obras propias. A quien el rey
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de los persas desolló vivo, como causante de la muerte de su hijo. Pues estando enfermo el hijo del rey y disfrutando de mucha atención médica, Manes, también llamado Cubrico, prometió levantarlo sin medicina. Y así, habiendo apartado a los médicos, mató al niño por negligencia y charlatanería. A quien el rey desolló. Este, pues, el aturdido Manes, rechazando el Antiguo Testamento y toda la creación y la constitución del hombre, blasfemando que no han sido hechos por un Dios bueno, estando bajo corrupción y alteración, acepta el nuevo como de un Dios bueno, supuestamente, y fantasea que Cristo ha aparecido por fantasía y apariencia. Y además de esto, habiendo practicado ciertas inmersiones impías y nocturnas y uniones ilegales y actos inefables y el destino y reencarnaciones y habiendo dicho y hecho y enseñado muchísimas otras tonterías, se esforzó por fortalecer los dogmas malos y vanos de los griegos, el odiador de Dios y castigado por Dios. Sobre quien también Teodoro, presbítero de Raithu, dice:" Manes, el inventor de la oscuridad contraria, o más bien, el remedo de la autoridad de la oscuridad, fantaseó y soñó que el Señor se había manifestado con una simple fantasía y figura vacía de cuerpo humano, de modo que dice que parece sufrir y hacer lo que hizo y sufrió según nosotros, pero que nada de esto existió en verdad y realidad, sino que solo por apariencia y engaño engaña a los hombres, con quienes se cree que convivió". Por esto también rechaza decir dos naturalezas en el Señor, sino una de la divinidad. Pero un tal Pablo, contemporáneo de este Manes, de linaje samosatense y presidente de la gran Antioquía, difamó que el Señor era un simple hombre; y que, como en cada uno de los profetas, así también en él había ocurrido la morada de la palabra de Dios. De ahí que dos naturalezas, divididas y sin comunicación entre sí, existieran totalmente en Cristo, como si fuera otro el Cristo y otro el Dios Verbo que habita en él. Estos son los primeros brotes de decir una naturaleza y las dos mal y difamatoriamente sobre Cristo, uno para la abolición de la divinidad, el otro de la humanidad. En los tiempos siguientes surgió un tal Apolinar, presidente de Laodicea de Siria, habiendo liderado otra necedad. Pues diciendo los arrianos que la carne del Señor era totalmente sin alma, él mismo dijo que el Señor tomó carne animada por un alma vital, pero no aceptó nuestra mente. Pues dice que aquella carne no necesitaba mente humana, siendo gobernada por el Dios Verbo que la había revestido, y que ni siquiera cabía en ella otra potencia intelectual fuera de la divina. Suponiendo esto, sostiene que es una naturaleza del Verbo y de la carne, como siendo la carne incompleta para ser hombre, y por eso no digna de ser llamada naturaleza. Después de él aparece un tal Teodoro de Mopsuestia, ciudad en Cilicia, que obtuvo el mando. Y yendo diametralmente opuesto a Apolinar, vierte insultos no comunes con alma audaz y corazón sin miedo sobre el señor Cristo, llamándolo un hombre de los nuestros y común, y que por progreso recibió la gracia de Dios para ser llamado Dios y que por el bautismo en el Jordán fue digno del don del Espíritu Santo, bautizado primero en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y que el Dios Verbo, por su excelencia sobresaliente, habitó en él por beneplácito y le transmitió la dignidad divina y la adoración después de la consumación. Habiendo difamado estas y otras cosas similares, dogmatizó dos naturalezas limitadas propiamente en Cristo, solo por una relación y familiarizadas entre sí; segunda también esta brotación de que una naturaleza y dos naturalezas en Cristo no sean confesadas según la recta razón. Después de estos ha habido un tal Nestorio de nombre, de Germanicea de Siria, que se apoderó del trono de Constantinopla. Igualmente con la voz de las dos naturalezas en Cristo
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abusó malintencionadamente, siguiendo a Pablo y Teodoro, sus antepasados; pues era hijo del cilicio y descendiente del samosatense. Y por esto levantó una guerra implacable contra la santa virgen, negando a su propio Señor y deshonrando a su propia señora, el miserable y desvergonzado. Quien, Nestorio, habiéndose convertido en tercer protector de esta herejía judía, dogmatizó, según el error de su padre, que Cristo era uno y el Dios Verbo otro. De la facción contraria a Manes y Apolinar, un tercer escudero, Eutiques, superior de un monasterio de Constantinopla, fue mostrado. Quien, no soportando confesar que la carne del Señor es consustancial y de la misma naturaleza que nosotros, la negaba, diciendo que en Cristo se salvan dos naturalezas después de su unión y consustanciación. Pero no solo eso, sino que también inventaba ciertas cosas monstruosas y extrañas, diciendo que el cuerpo del Señor fue traído del cielo y que el Dios Verbo pasó a través de la virgen como por un tubo, habiéndolo revestido desde el cielo, para que parezca haber nacido de mujer, aunque no nacido. Este discurso maniqueo y fantaseado, mucho más que aquel. También este, con corazón distorsionado, predicó a Cristo como una sola naturaleza. Luego un tal Severo, habiendo arrebatado el trono de Antioquía, intentaba defender de nuevo la herejía según Manes, Apolinar y Eutiques, confundiendo, con toda la fuerza que tenía, la paz de la iglesia. Pero, expulsado de Antioquía como perturbador y alborotador, irrumpió con la ligereza de los alejandrinos como una tempestad o huracán, donde también, al soplar otra tormenta contra él y el pueblo, confundió y perturbó todo. Pues los dispersó un tal Juliano, llamado obispo de Halicarnaso de Asia, y protector muy entusiasta de la mala doctrina eutiquiana. Pues diciendo Severo que Cristo es una naturaleza y aceptando la diferencia en Cristo, y diciendo Juliano que es una naturaleza según Severo, pero aboliendo la diferencia, los impíos han sido causa de toda perturbación y oleaje, no entendiendo, según el dicho, ni lo que dicen ni sobre qué aseguran. Quienes luchan contra nosotros, que tomamos como ejemplo de la unión divina al hombre hecho de alma y cuerpo, y dicen:"¿ Entonces confiesan tres naturalezas?". Pero sepan los ignorantes y sin educación que confesamos dos naturalezas, de Dios y del hombre. BUSCA EN EL DE LOS ECLESIÁSTICOS. 12. Que también Teodoreto dice sobre estos impíos así:" Hay, sin embargo, algunos que tienen el nombre de cristianos, pero luchan directamente contra los dogmas de la verdad. Pues unos dividen lo ingénito en tres y llaman a uno bueno, a otro malo, a otro justo, otros dibujan con la palabra dos principios ingénitos opuestos diametralmente entre sí. Otros prometen luchar contra estos dogmas impíos, pero inventan otro camino de impiedad; pues confesando al Verbo unigénito de Dios como hijo, lo cuentan como criatura junto a la creación y ponen al creador junto a la creación y destierran al Espíritu Santo de la naturaleza divina con el discurso impío. Otros de otra manera, habiendo perdido el camino recto y no queriendo seguir las huellas de los que los precedieron, quedaron lejos de la verdad. Y unos negaron totalmente la economía realizada por nosotros, otros confiesan que el Dios Verbo se hizo hombre, pero que solo tomó cuerpo. Otros llaman animada a la carne tomada, pero que no ha habido en ella alma racional e intelectual, teniendo quizás su propia insensatez como prueba de esto; nosotros no conocemos ninguna otra alma humana que la racional e inmortal. Y otros de nuevo dividen al único Cristo en dos y sostienen que uno es el hombre nacido perfectamente de la virgen, y otro el Verbo nacido de Dios Padre; y ponen al uno como hombre por separado y en parte, y al otro como Dios por naturaleza y verdaderamente lo llaman hijo. Otros dicen que el Verbo de Dios Padre se ha transformado en la naturaleza de huesos, nervios y carne". 13. Que bajo Diocleciano y Maximiano, su yerno, se movió una persecución espantosísima contra los cristianos; pues ordenaron que en cada región y ciudad las iglesias de Cristo fueran destruidas y sus divinas escrituras quemadas, y que los cristianos encontrados fueran obligados a sacrificar a los demonios. 14. Que Diocleciano y Maximiano, vencidos por la multitud de los cristianos asesinados, promulgaron un decreto para que a los cristianos encontrados se les sacara el ojo derecho, no solo por el dolor, sino también por lo deshonroso, evidente y ajeno a la política de los romanos. A quienes la justicia divina, persiguiéndolos justamente, los cortó; y uno fue degollado por el senado, el otro se ahorcó. 15. Que Maximino, reinando en Oriente, mostró muchas cosas impías y absurdas en exceso y, además de esto, una persecución cruel y muy inhumana por todo Oriente contra los cristianos, bajo la cual muchos de los ilustres fueron martirizados. Sufrió merecidamente prolegómenos dignos de su impiedad de la tortura que le esperaba. Pues, habiendo caído en una enfermedad terrible, dolores fuertes corrompían toda su carne. Y las entrañas se corrompían por la inflamación fortísima que habitaba dentro, y toda la carne se derretía como cera, y siendo quemado y frito más violentamente, se quemaron incluso los huesos, de modo que desapareció el carácter de la forma humana. Y de ahí, corrompiéndose lastimosamente y pudriéndose terriblemente, emitía tal hedor que no se diferenciaba en nada de los muertos descompuestos en las tumbas. Y el que respiraba en esto, habiendo gemido un poco, invocaba la muerte, de modo que incluso murió. 16. Que la madre del gran Constantino, Elena, estaba adornada con toda virtud; tenía también la humildad imitadora de Cristo hacia todos, pero especialmente hacia el sagrado hábito de los monjes. Pues, reuniendo a menudo a las que practicaban la virginidad durante toda su vida y haciéndolas acostar sobre esteras, ella misma, por sí misma, servía, poniendo platos, ofreciendo copas y vertiendo agua en sus manos, cumplía el trabajo de una sierva. Así también educaba a su hijo, de eterna memoria, a tener un pensamiento sin soberbia, a cuidar la virtud y la política exacta, a servir a Dios según la escritura" con temor y temblor". Quien, guardando él mismo exactamente sus mandamientos, daba fruto al ciento por uno. Pues bajo este bienaventurado, incluso los indios más internos y los iberos se acercaron al santo bautismo, y los armenios creyeron totalmente junto con su rey Tiridates a través del mártir de muchos combates y gran Gregorio, su arzobispo. 17. Que durante el concilio de Nicea, habiendo reunido el emperador Constantino a los arzobispos y viendo a algunos con los ojos derechos sacados y sabiendo que habían sufrido esto por Diocleciano debido a la confesión en Cristo, acercó sus labios a las heridas besándolas, creyendo atraer de allí bendición con el beso. Así estaba aquel hombre admirable resplandeciente de piedad, fe y moderación. 18. Que estaba presente en el concilio de Nicea un griego, él mismo admirado por todos, de modo que hubo una gran audiencia por su contribución, acudiendo una multitud. Pues ni siquiera los obispos eran capaces de derrotar al filósofo y retórico que discutía, porque se comportaba muy fácilmente ante todas las propuestas, resolviendo hábilmente lo propuesto y encontrándose inalcanzable como una anguila y no siendo vencido por ninguna palabra. Pues en lo que parecía estar atrapado, deslizándose, se oponía más poderosamente con la agudeza de los pensamientos y la elocuencia y locuacidad de las palabras. Pero para que Dios muestre que el reino de los cielos no está en palabra sino en poder, el santo Espiridón, siendo ignorante en la palabra, pide mucho que se le dé lugar de discusión ante el filósofo. Y ellos
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con su azafrán. Y el rey Anastasio, tomándolo, le dice:"¿ No me haces una reverencia?" 2 Y lo desterró a Petra, y allí murió. Fin de la historia de Juan Malalas. Sobre la virtud y el vicio. De la historia cronológica de Juan de Antioquía desde Adán, sobre la virtud y el vicio. 1.( 6, 6). Que cuentan que Heracles, el de Alcmena, era filósofo; a quien representan vistiendo una piel de león, portando una maza y sosteniendo tres manzanas. Estas tres manzanas, según el mito, las arrebató tras matar con la maza al dragón, es decir, tras vencer mediante la maza de la filosofía el razonamiento multiforme del deseo malvado, teniendo como piel de león el juicio que envuelve y protege. Y así arrebató las tres manzanas, que son las tres virtudes: no airarse, no ser avaro, no ser amante de los placeres. Pues mediante la maza del alma perseverante y la piel del juicio audaz y sensato, venció al hijo de la vil concupiscencia, filosofando hasta la muerte. 2.( 9). Que la idolatría comenzó con cierto Serug, descendiente de la estirpe de Jafet, quien dictaminó que se honrara a los que habían sobresalido en el pasado mediante imágenes y estatuas, y que fueran venerados como benefactores. Y esto prevaleció hasta los tiempos de Taré, el padre de Abraham. Abraham, habiéndose vuelto justo y llegado al conocimiento de Dios, y razonando que su padre engañaba a los hombres al prepararlos para adorar ídolos y estatuas y no reconocer al Dios creador de todo, destruyó las obras de su padre y se retiró de Carras, en los confines de los caldeos, en la tierra de Mesopotamia, y habitó en las partes de la ahora llamada Palestina, más allá del río Jordán, él y sus parientes, y Lot, el hijo de su hermano, a los 75 años de su vida. Hay, pues, desde el diluvio hasta Abraham 503 años, y desde Adán hasta Abraham 3345 años. Abraham se hizo muy rico en ganado numeroso, y el lugar donde vivían no los contenía; y dio a Lot para habitar las tierras más allá del Jordán. En cuyo tiempo perecieron dos ciudades, Sodoma y Gomorra, al desplomarse sobre ellas fuego de azufre, porque ultrajaban a los extranjeros que pasaban. 3.( 16). Que Sansón, hijo de Manóe, era juez y hombre fuerte. Mientras este dominaba los placeres del cuerpo, prevalecía sobre los enemigos; pero cuando su mente fue seducida por Dalila la ramera, cayó a la vez de la templanza y de la fuerza; y, capturado por los adversarios, fue llevado encadenado a Gaza y, privado de la vista, fue puesto a moler en un molino. Por lo cual, al desplomarse sobre las columnas del templo, pereció junto con los enemigos diciendo:"¡ Que muera Sansón con los filisteos!". 2 Y él así fue destruido, habiendo juzgado al pueblo durante 20 años. 4.( 18, 1). Que Saúl, el rey de los judíos, estaba poseído por un demonio y ni dormía ni descansaba. A quien David aliviaba con sus melodías. 5.( 18, 2). Que el rey David era excelente en las guerras y un observador preciso de las leyes, y sometió a todos sus enemigos. Y al ser oprimido por algunas pocas faltas del cuerpo, fue educado con azotes divinos. Pues por causa de sus propios hijos estuvo a punto de perder el reino y fue objeto de burla para sus enemigos. Y esto lo sanó con arrepentimiento y lágrimas. 6.( 18, 3). Que Salomón, hijo de David, rey de los judíos, era poderoso y distinguido en prudencia, poder y riqueza. Juzgando al pueblo con la prudencia y sabiduría del Altísimo, no cesaba de ejercitar toda sabiduría llena de gracia divina y se hacía de muchísimos oyentes de su enseñanza. Haciendo estas y otras cosas semejantes, al ser arrastrado por la vulnerabilidad de la naturaleza hacia los placeres del cuerpo, toma mil mujeres en número y es persuadido por ellas a volverse idólatra. Por lo cual Dios ordenó que su reino fuera dividido, no en sus tiempos por memoria de David su padre, sino después de su muerte. 7.( 21). Que Estenebea, la mujer de Preto, habiendo amado a Belerofonte y no habiendo tenido éxito debido a la templanza de este, lo calumnió ante Preto,
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como si quisiera violarla. Y Preto, indignado, lo envió a Yóbates, el padre de Estenebea, para que aquel lo matara. Pues Preto no quiso matarlo él mismo, puesto que lo había criado como a un hijo. Pero Yóbates, dándose cuenta de que la acusación contra él era falsa, perdonó a Belerofonte. Y después del reinado de Preto, reinó Acrisio. 8.( 23). Que Príamo, rey de los frigios, habiéndose unido a Hécuba, tuvo de ella a Paris, también llamado Alejandro. Quien, estando embarazada, soñó que daba a luz una antorcha de fuego. Y habiendo consultado el oráculo, Príamo recibió la respuesta de que, al cumplir treinta años, destruiría Troya. Y lo envió al lugar llamado Pario. Pasado el trigésimo año, el padre lo hizo llamar y celebró una fiesta en Troya. Y habiéndole dado regalos y enviado ante los gobernadores, lo despachó para sacrificar en los santuarios de Grecia. Y habiendo llegado a Esparta, que entonces era gobernada por Menelao, encontró a Menelao a punto de navegar hacia Creta por causa de un destacamento y de un sacrificio que, por costumbre, él ofrecía a Europa, de quien decía tener su linaje. Menelao, pues, al recibir a Alejandro y las cartas de Príamo y los regalos, honró al hombre y lo instaló para alojarse en el palacio; y le pidió que esperara unos pocos días, hasta que él, habiendo cumplido su voto, regresara de Creta. Estando, pues, Alejandro pasando el tiempo en Esparta, sucedió que Helena, siendo mujer de Menelao, fue vista por él en un jardín. Estaban con ella Etra y Clímene, descendientes del linaje de Pélope y Europa. Así pues, cuando Paris vio la belleza de Helena, herido de amor por ella, mediante Etra y Clímene la seduce y huye en los barcos que tenía. Habiéndola tomado, pues, junto con 300 libras de dinero y mucha plata y adornos, zarpó hacia Sidón y de allí hacia Egipto ante el rey Proteo. Y permaneció allí durante un tiempo, despreciando los sacrificios que se le habían ordenado. Cuando esto fue conocido por los que custodiaban el palacio real de Menelao, enviaron inmediatamente a alguien a la ciudad de Gortina, en Creta, a anunciar a Menelao lo sucedido. Él, al oírlo, regresó directamente a Esparta, enviando a buscarlos a todo lugar. Y cuando supo que estaban en Troya, envió espías que debían anunciarle la verdad. Y Menelao envía embajadores con dinero para que le fuera devuelta Helena. Habiendo regresado estos sin éxito, envió de nuevo. Y como no se hizo nada( estando el pueblo perturbado ante la idea de devolverla, los hijos de Príamo se oponían), Menelao, habiendo regresado con el rey Agamenón, recorría a los gobernadores de la región, exhortándolos a no pasar por alto el ultraje a Grecia, sino a aliarse con él y luchar juntos contra los bárbaros que se habían atrevido a tales cosas. Y reunieron reyes y gobernadores, tal como dicen Homero y Dictis. 9.( 26). Que Manasés, el rey de Jerusalén, se desvió del camino de Dios y extravió su mente hacia las estatuas, aceptando los dogmas de los llamados helenos; combatía también contra los elegidos de Dios, habiendo aserrado a Isaías con una sierra de madera y habiendo hecho fugitivos de Jerusalén a los otros profetas. Por lo cual fue entregado en manos de sus enemigos. Y habiendo sido torturado con cadenas de hierro, reconoció al Dios del cielo y de la tierra, y al acercarse no fue rechazado. Y habiendo reinado 55 años, cambió de vida. 10.( 36). Que Tarquinio el Soberbio, al apoderarse del mando, lo renovó hacia una mayor arrogancia y volvió el gobierno más pesado, tal como era de esperar de alguien que llegó al poder tras tales dramas; habiendo cambiado las leyes y proponiendo magistrados contra la costumbre, y mediante ellos maltratando al pueblo, inventando prisiones y azotes, collares de madera y hierro, grilletes, cadenas, minas y destierros; y era amante de la guerra si es que alguien
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más lo ha sido jamás, y desdeñoso y soberbio; de donde también se ganó este sobrenombre. Pues los romanos llamaban soberbios a los orgullosos. 11.( 41). Que Alejandro el Macedonio, habiendo derribado el reino de los persas y matado a Darío, se corrompió de mente y se deslizó hacia los placeres del cuerpo, vistiendo traje persa, siendo escoltado por diez mil jóvenes, usando trescientas concubinas, de modo que transformó toda la costumbre macedonia de los reyes hacia los persas, y desde allí mató a algunos de los suyos que fueron calumniados, a Linceo y a Parmenión, jefes del ejército, y a no pocos de la juventud macedonia. 12.( 43). Que Lucio Valerio Publícola, cónsul, deja la vida, siendo tan moderado y falto de dinero que fue enterrado con fondos públicos por el pueblo, y las mujeres de la ciudad lo lloraron de manera similar a Bruto, puesto que también había gobernado con él en la expulsión de los tiranos. 13.( 48). Que Cincio Cincinato, el dictador, había luchado antes en muchas campañas, habiendo sido honrado muchas veces con magistraturas y honores romanos. Y era tan moderado y sensato que vivía en una choza miserable y en una pequeña medida de tierra, amando la vida del labrador. Quien, siendo nombrado dictador, resultó estar trabajando ante el arado cuando llegaron a él los que traían las insignias del mando; y habiéndose lavado los símbolos antes de la comida, junto con su propia fuerza se lanza contra los enemigos y, habiendo causado gran matanza de los adversarios, regresa al decimosexto día después de la salida, habiendo liberado a los suyos del peligro que los rodeaba y habiendo saqueado el campamento de los enemigos; y trae al general de los ecuos encadenado a la procesión triunfal. 14.( 50). Que Marcelo y Escipión, los cónsules, después de la victoria contra los galos, en el mismo tiempo liberaron a los volsinos, que habían sido vencidos mediante engaño y eran maltratados amargamente. Pues los que habitaban esta tierra, viviendo en gran lujo del cuerpo, ellos mismos, habiendo despreciado las armas, permitieron que sus siervos las manejaran. Y cuando estos se apoderaron del poder, primero deshonraron por la fuerza a sus propias amas; luego, poniendo manos sobre los amos, a unos los destruyeron como pudieron, y a otros, sometiéndolos a castigos vergonzosos, los consumieron. 15.( 51). Que también Marco Minucio Rufo y Publio Cornelio, los cónsules, impusieron castigo a los istrianos que hacían daño a los barcos romanos que transportaban grano, sometiendo a casi todos a sus propias armas. 16.( 57). Que Emilio, el cónsul, el que sometió a Perseo, el rey de los macedonios, era un hombre sensato y capaz de soportar la prosperidad y ser competente. Pues recibió al hombre con trato real, y al querer este caer a sus rodillas, lo levantó y le dijo:" Hombre,¿ por qué echas a perder mi éxito?" 2 y lo instaló sentado junto a él en un trono real. Y el senado ordena que los macedonios e ilirios, liberados de la esclavitud anterior, sean libres y autónomos, y que paguen un tributo pequeño y mucho menor que el que antes recibían los reyes de ambos, para que fuera admitido por todos[ que] los romanos habían emprendido la guerra más por las injusticias que habían sufrido de ellos que por deseo de la hegemonía macedonia. Pues Emilio, ante el oído de todos los presentes( y eran muchos y reunidos de muchas naciones), habiendo proclamado el decreto del senado, declaró que los hombres eran libres; y agasajó lujosamente a los embajadores de las naciones europeas que llegaron ante él, esforzándose por el esplendor del banquete. Pues decía que era propio de los mismos hombres vencer en la guerra y mostrarse diligentes y ambiciosos en los preparativos de los banquetes. 17.( 67). Que Cayo Mario, habiendo sido cónsul por sexta vez, dio motivo a la conmoción política. Pues el senado, habiéndose enterado de las novedades de Mitrídates, que ya había ocupado Asia y Grecia,
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designó a Cornelio Sila, el cónsul, como jefe de esta guerra. Pero cuando este pasaba el tiempo en Campania con el ejército, estableciendo la guerra que se había movido de los aliados, y eliminando lo que era el resto de esta perturbación, Mario, deseando el mando de la expedición a Asia y habiendo tomado a Sulpicio, el tribuno de la plebe, un hombre malvado que perturbaba a Roma con toda audacia y crueldad, fuerza con la multitud y las armas al senado a oponerlo a Mitrídates. Y a Sila, que estaba presente desde el campamento, poco faltó para que lo matara; pero como él dijo que cedía a lo que sucedía, lo dejó ileso. Y él, habiendo llegado de nuevo ante los soldados y habiendo expuesto lo sucedido, lleva al ejército formado contra la ciudad y vence a los que se oponían a Mario, y siendo el primero de los romanos en entrar con armas dentro de la ciudad, mata a Sulpicio, el tribuno de la plebe, que fue denunciado por su siervo, y a Mario lo hace fugitivo de la ciudad. 18.( 68). Que, al cesar las guerras civiles, matanzas y proscripciones de las casas ilustres sucedieron a Roma, extendiéndose Sila contra los opositores hasta todo extremo, de modo que la muerte de Mario no fue considerada por los romanos como un alivio, sino como un cambio de tiranía. Pues al principio, habiendo decidido quitar de en medio a los enemigos, procedió con toda crueldad contra la ciudad y el resto de Italia. Y al final, a algunos los destruía por causa de dinero o posesiones para beneficio de sus propios amigos. Se dice, pues, que Quinto, un hombre ilustre, amable y sensato, que no había pertenecido a ninguna facción, al verse inesperadamente entre los proscritos, dijo:"¡ Ay de mí, desdichado!"," me persigue la finca de los albanos". Y con razón Salustio, el escritor romano, dijo que había traído el peor final a hermosos intentos. Pues si, habiendo derribado la tiranía de Mario, un hombre desde el principio cruel y que había intensificado su naturaleza en el poder, hubiera entregado el gobierno al senado y al pueblo, habría sido admirable; pero ahora, habiéndose mostrado moderado al principio y político, y habiendo dado fama de gobernante beneficioso para el pueblo, cuando venció a los enemigos, él mismo fue en lugar de ellos. Y diciendo que expulsaba la tiranía de la ciudad, introducía otra más cruel. Pues se proclamó dictador; y realizaba actos insensatos e inhumanos contra los ciudadanos y los otros súbditos durante mucho tiempo, sin embargo, confió tanto en la fortuna que le seguía favorablemente en todo cambio, que, habiendo matado a muchos y habiendo introducido tal novedad en el gobierno, depuso el mando irresponsable y volvió a hacer al pueblo dueño de las elecciones consulares, aunque se esperaba que Lépido pasara al consulado por el interés de Pompeyo en el hombre, un hombre muy audaz y su mayor enemigo. Pero, sin embargo, estaba en rango de particular y en igualdad de palabra con la mayoría desde entonces. Y habiendo sido nombrado cónsul Lépido, viendo a Pompeyo alegrarse por lo sucedido, dijo:" Bien hecho, joven, por tu interés, que has proclamado a Lépido antes que a Cátulo, al más insensato de todos los ciudadanos, al mejor de todos; es hora, sin embargo, de que consideres cómo vencer al rival que se ha vuelto fuerte". Esto, pues, Sila lo profetizó. Pues poco después, habiendo hecho alarde de su poder, Lépido se volvió enemigo de los de Pompeyo. Habiéndose producido de nuevo una conmoción civil, el senado romano designó a Sila para el mando irresponsable. Pues habiéndose unido todos los caballeros a la vez, no era soportable para los que estaban en el poder. Sila, pues, habiendo llegado al mando mencionado, dio una señal a los hombres en Italia y, sin que nadie lo supiera, entregó a todos los de Roma, y les ordenó entrar en la ciudad llevando dagas y espadas, cuando los romanos celebran el día de Rea, para que mediante ellos se deshiciera de los caballeros de la ciudad. La multitud en Italia, pensando lo contrario a los soldados, se encontró en el momento señalado. Y habiendo comenzado la conmoción civil y habiendo tomado al pueblo, mató a muchos de los caballeros.
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Mientras esto sucedía en la ciudad, Sila, queriendo apartar a la multitud de la perturbación civil, ideó algunas denuncias de los súbditos de todas partes, que mostraban incursiones de bárbaros. Y de inmediato, habiendo tomado todos los ejércitos y habiendo puesto sobre ellos generales de toda la multitud, liberó a la ciudad. 19.( 71). Que Lucio Sergio Catilina, hombre de linaje muy ilustre, pero por lo demás malvado por naturaleza, audaz y ambicioso, y de carácter versátil, conspiró para la ruina de la patria, habiendo atado a su propia fe a los más audaces y atrevidos de los patricios. Pues se dice que, habiendo sacrificado a un hombre, hizo probar la sangre a los conspiradores, haciendo pasar a todos la copa llena de vino y sangre humana, ya sea hechizando a los hombres con tal juramento, o acostumbrándolos a todo atrevimiento y toda impiedad, ya que intentaba con sangre propia y política, y planeando trasladar el gobierno a una tiranía con mucha matanza de los mejores y con la quema de la ciudad. Pero, al parecer, impulsaron a Catilina a estos pensamientos absurdos el peso de las deudas que superaba el valor de su patrimonio y la conciencia de actos ilícitos y abominables. Pues mató a su hijo, que aún era niño, por causa del matrimonio con Arestila, y se unió a su hija virgen. Por lo cual, al aspirar al consulado, fue rechazado, siendo elegido Cicerón en su lugar. Desde donde, sobre todo, Catilina concibió los dramas más absurdos, no deteniéndose en ningún mal ni descansando su mente. Sin embargo, Cicerón, siendo hábil para hablar y capaz de encontrar la verdad y muy agudo para conocer el futuro, lo declaró enemigo y lo expulsó de la ciudad. Pues él, no soportando las pruebas, huyó hacia Manlio, el conspirador, que ya había reunido numerosas fuerzas en torno a Apulia y Tirrenia. Y los que compartieron con él los planes contra Roma recibieron el castigo correspondiente en la prisión. 20.( 75). Que Fulvia, la mujer de Antonio, habiendo cortado la cabeza de Cicerón el orador y habiéndola tomado sobre sus rodillas, lo ultrajó mucho y le escupió. Finalmente, habiendo abierto su boca, sacó la lengua de aquel y la atravesó con la aguja que llevaba en la cabeza. Y habiendo dicho muchas cosas impías, ordenó que fuera puesta sobre la tribuna, para que desde donde se le oía arengar contra ella, desde allí también fuera visto. Estos, al menos, fueron los únicos que se salvaron entonces, de quienes recibieron más de lo que esperaban encontrar al morir. Y para que los lugares en las listas de los hombres no estuvieran vacíos, César, Lépido y Antonio inscribieron a otros. Tales cosas sucedieron respecto a las matanzas, y muchas también respecto a las posesiones de los demás. Aunque César proporcionaba a las mujeres de los asesinados las dotes y a los hijos la décima parte de la propiedad. Pues todo era saqueado sin temor. Pues a los propietarios se les quitaba la totalidad de los alquileres, y la mitad de los ingresos. Y además alimentaban a los soldados gratuitamente. Y al ser obligados a pagar de nuevo diezmos de los ingresos, apenas ellos mismos disfrutaban de la décima parte. Pues habiéndose producido un gran aumento de los impuestos, y siendo exigidos por necesidad hijos para la marina, a veces incluso los compraban y los daban. Y reparaban los caminos con gastos propios. Solo los que tenían las armas se enriquecían. Pues unos pedían y recibían todas las posesiones de los muertos, y otros incluso irrumpían en los linajes de los que aún vivían, ancianos y sin hijos. Pues llegaron a tal punto de insaciabilidad y desvergüenza, que alguien incluso pidió a César la propiedad de Atia, la madre de César, que había muerto entonces y había sido honrada con entierro público. Estas cosas hacían los tres hombres: César, Lépido y Antonio. 21.( 77). Que después de los tratados dicen que cenaron ante Pompeyo, el hijo de Pompeyo, tanto Julio César como Antonio, habiendo preparado la cena en la nave capitana. Pues dijo que solo esa casa paterna le había quedado. Estando ya dentro y en el apogeo de la reunión,
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Menas el pirata, que servía a Pompeyo en lo que más valía, se le acercó entonces en silencio y le dijo:"¿ Quieres que corte las anclas de la nave y te haga señor no de Sicilia y Cerdeña, sino de la hegemonía de los romanos?". Y Pompeyo respondió:" Debías, Menas, haber hecho esto sin haberme dicho antes la empresa. Ahora, no es propio de nosotros faltar al juramento; contentémonos con lo presente". 22.( 79). Que Tiberio, el rey de los romanos, se valía de una naturaleza muy privada; pues no fingía nada de lo que deseaba y, por así decirlo, no quería nada de lo que decía; sino que, haciendo razonamientos muy opuestos a su propósito, negaba todo lo que anhelaba y añadía todo lo que odiaba. Siendo tal, castigaba a los magistrados que encontraba tomando más de lo ordenado o incluso aportando al tesoro público, diciendo:" Quiero que mis ovejas sean esquiladas, pero no desolladas". Y era tan igual y semejante en todo, que no consintió que un bailarín del pueblo fuera liberado hasta que su dueño fuera persuadido y recibiera el precio. Con sus amigos se relacionaba como en la vida privada, compitiendo con ellos en los juicios, celebrando con ellos cuando sacrificaban y visitándolos cuando estaban enfermos, sin llevar ninguna guardia. Pero también propuso un decreto para que ni él ni nadie más usara ropa de seda, permitiendo todo el adorno de oro solo a las mujeres, y gastando mucho en la reparación de las ciudades. Y habiendo llegado muchos judíos a Roma y habiendo trasladado a muchos de los habitantes locales a sus propias costumbres, expulsó a la mayoría. Siendo, pues, tal, de repente cambió hacia una opinión peor, de modo que se pensó que estaba loco y que era impulsado por algún demonio. Y fue causa de mucho sufrimiento para los romanos, consumiendo a los hombres en común y en privado. Pues le pareció bien expulsar de la ciudad los espectáculos de caza. Y por esto algunos, al intentar celebrarlos fuera, perecieron junto con los teatros hechos de algunas tablas. El mismo, ultrajando a las mujeres de los hombres ilustres, conocía todos los asuntos públicos a través de ellas y, además, las hacía colaboradoras de sus actos impíos, como si fueran a ser casadas. Por esto mató a Mucia y al marido de esta junto con dos hijas por la amistad hacia su madre. Y destruyó a Sejano, un hombre que había sido promovido por él y por el senado a los grandes cargos y que había sido votado como emperador contra las esperanzas de todos. Pues al que él mismo llamaba hijo y sucesor, a ese hizo arrastrar por el mercado; y al que todos los del senado escoltaban, a ese llevaron desde el senado a la prisión, poniéndole cadenas en lugar de corona y un manto viejo en lugar de púrpura, para que también mediante esto se viera de nuevo la debilidad humana. Sejano, pues, habiendo podido más que los que le precedieron, tuvo tal final. Y sus amigos y parientes eran destruidos injustamente, de modo que la asamblea disminuyó tanto que ni siquiera alcanzaba para las elecciones según la costumbre. Y siendo exhortado alguna vez por sus amigos, pronunció aquello antiguo:" Muerto yo, que la tierra se mezcle con fuego". Y muchas veces también llamó bienaventurado a Príamo, porque pereció junto con la patria y el reino. Así, pues, administró el mando, usando una crueldad temible, una codicia abominable y una vergonzosa lascivia. Y habiendo hecho campaña contra los persas, regresó bajo condiciones. 23.( 82). Que Cayo fue un hombre muy abominable y muy impío. Y habiendo reunido tal cantidad de males, eclipsó las desventajas de Tiberio. Pues todo lo que a Augusto le costó mucho tiempo adquirir, este lo obtuvo en un solo día. Siendo el más adúltero de los hombres, tomaba mujeres casadas y unidas. Y habiendo reprendido a su propia nodriza por locura, la llevó a la necesidad de una muerte voluntaria. Usaba también a sus hermanas y compartía uniones ilegales, de modo que incluso se convirtió en padre de una descendencia impía nacida de una de sus hermanas. Y preparaba templos y sacrificios para que se le hicieran como a un semidiós.
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Y los romanos fueron entregados a tal emperador, que las obras de Tiberio, aunque parecieron haber sido muy crueles,[ fueron superadas por] las de Cayo tanto como las de Augusto superaron a aquellas. Pues Tiberio gobernaba él mismo y usaba a los demás como servidores para su propia voluntad; pero Cayo era gobernado por los conductores de carros, los gladiadores, los actores y los trágicos, muchas veces mostrándose él mismo y llamando al senado a la fuerza. Pues a los 25 años, habiendo expulsado a su anterior esposa, arrebató a la hija de Cornelio Orestes, que estaba prometida en matrimonio a Calpurnio. Y mataba a muchos calumniándolos por esto; pero la verdad era por las posesiones. Pues los tesoros se habían agotado y nada le bastaba. Y de nuevo, habiendo quitado a esta de en medio, tomó a Lolia Paulina, obligando al propio marido de ella, Memonio Régulo, a prometérsela, para no tomarla sin compromiso contra las leyes. Y de los adulterios, como si hubiera sometido a toda la Galia y Britania, fue llamado muchas veces emperador, Germánico y Británico. Y habiendo sido exaltado por esto, era llamado Zeus y transformaba las estatuas de aquel hacia sí mismo. Pues a los truenos respondía con truenos mediante algún mecanismo y a los relámpagos respondía con relámpagos; y donde caía un rayo, lanzaba una piedra. 24.( 85). Que Claudio, el rey de los romanos, no había sido malo de alma y había sido educado en la enseñanza, de modo que incluso escribió algo, pero el cuerpo era enfermizo y temblaba de la cabeza y las manos. De donde también se equivocaba en el juicio. Siendo tal, era maltratado por los esclavos y las mujeres con las que dormía. Pues fue gobernado muy claramente por mujeres y por esclavos, ya que desde niño fue criado en seguridad y en miedo. Y por esto fingía una ingenuidad mayor de la verdad, lo cual esto mismo él también confesó. Y habiendo pasado mucho tiempo conviviendo con su abuela Livia, mucho también con su madre Antonia y con los libertos, y además habiendo estado en uniones con muchas mujeres, no poseía nada digno de un hombre libre. Y se aprovechaban de él especialmente en los banquetes y en las relaciones. Pues estaba muy insaciablemente dispuesto en ambos y era vulnerable en ese momento. Además, tenía cobardía, por la cual, muchas veces aturdido, no calculaba nada de lo que correspondía. Pues atemorizándolo, se aprovechaban de él y metían miedo a los demás. Siendo, pues, tal, hacía no pocas cosas correctamente, siempre que estaba fuera de las pasiones mencionadas. 25.( 88). Que el mismo, estando insaciablemente dedicado a las luchas de gladiadores, no solo consumía los cuerpos de los prisioneros de guerra y de los condenados, sino también los de los libertos. Y siendo arrastrado por las calumnias de su esposa Valeria Mesalina, una mujer libertina y tiránica, destruía a muchos de los ilustres del senado. Y no se abstenía ni siquiera de los de su propia sangre. Pues también algunos de estos perecieron, aceptando él las calumnias sin juicio, y ella llevando a Claudio de uno a otro y aprovechándose de la ligereza del hombre. Pues mató a las dos hermanas que fueron calumniadas y de nuevo a los yernos que no habían cometido ninguna falta. Pues Mesalina hacía testigos de las acusaciones a los que tenían el poder; y a los que podían denunciar algo de lo que ella hacía, a unos los ganaba con beneficios y a otros con castigos, de modo que no solo el gobierno era administrado por ella, sino que también vendía y traficaba sin escrúpulos todas las campañas y cargos. Por lo cual Claudio fue obligado, habiéndose reunido la multitud en el Campo de Marte, a ordenar algo desde la tribuna. Sin embargo, ella misma, habiendo llegado a todo extremo de libertinaje y crueldad, y uniéndose descaradamente a quienes deseaba, y matando también a muchos de los que se relacionaban con ella, apenas es destruida al darse cuenta Claudio de la absurdidad. Pues como no le bastaba con ser adúltera muchas veces y sentarse en un prostíbulo junto con otras mujeres ilustres, sino que deseaba según la ley y los contratos
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53.( 166). Que Herculio, incluso sin ningún disimulo, era salvaje y tiránico, revelando la aspereza de su propia mente con el aspecto aterrador de su rostro. En efecto, cediendo por completo a su naturaleza, se convirtió en un ministro voluntario de Diocleciano para todo plan absurdo y cruel. 54.( 168). Que Constancio, quien reinó como César después del sorteo, considerando suficiente el título de Augusto y emperador, renunció voluntariamente a Italia y Libia en favor de su co- gobernante, situando la felicidad no en la magnitud del poder, sino en la tranquilidad y la ausencia de preocupaciones. Fue un hombre excelente y extraordinariamente popular en su trato, que cuidaba los hogares de los ciudadanos privados y no se preocupaba mucho por el aumento de los tesoros imperiales. Pues le parecía mejor tener la seguridad de las contribuciones públicas en las riquezas de sus súbditos que encerrar toda la riqueza bajo una sola llave. Era tan moderado y sencillo en todo lo demás y en su dieta diaria, que ni siquiera poseía plata labrada en abundancia ni ninguna otra cosa que tendiera al lujo, sino que, durante las fiestas sagradas y públicas, adornaba el palacio con la plata y los tapices de los particulares, razón por la cual era llamado' Pauper'. En efecto, lograba una gran benevolencia de sus súbditos gracias a su carácter, cultivado hacia lo mejor y más útil, y no menos por la naturaleza de quienes lo precedieron, pues los galos( al considerar la sospechosa astucia de Diocleciano y la crueldad de Maximiano) inclinaron gustosamente sus cuellos ante la mansedumbre de este. 55.( 170). Que Constantino, como dice este Juan, destruye con engaño al hijo de su hermana, Comodo, y a muchos de sus amigos y allegados. Por ello, aunque al principio parecía ser un excelente emperador y digno de ser comparado con los emperadores dignos de elogio, al poco tiempo, debido a las mencionadas deficiencias, cambió su reputación hacia peor, a pesar de que su naturaleza y todo lo que suele provenir de la divinidad para los hombres lo mostraban indudablemente como excelente. Pues no se pueden expresar cuántas virtudes del alma y del cuerpo resplandecían en el hombre, que perseguía la gloria de las obras bélicas y, en las batallas, se valía tanto de una fortuna muy favorable como de una ciencia estratégica no menor. Pues no solo prevaleció sobre sus enemigos en las guerras civiles, sino que, tras estas, habiendo luchado muchas veces contra los escitas, los obligó a someterse y a refugiarse en la petición de treguas.
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de las cuales, habiendo compartido y no abusado de sus ventajas, dejó los mayores recuerdos de justicia y fuerza entre las naciones bárbaras. Desde siempre se deleitaba con las enseñanzas liberales y hacía de la educación y los discursos un motivo de elogio. Buscando, en efecto, el amor de todos, lograba su propósito gracias a la rectitud de su naturaleza y a su generosidad con los dones. Pues, así como se comportó de manera insidiosa y poco sana con algunos de sus conocidos, así se mostró firme y muy fiel con la mayoría, sin dejar pasar ninguna ocasión ni descuidar preocupación alguna para hacer a sus allegados más poderosos en dinero y más brillantes en sus fortunas. 56.( 172). Que Constante, el hijo del gran Constantino, estuvo al frente del gobierno durante algún tiempo correctamente. Pero al final, padeciendo deseos absurdos y utilizando compañías de amigos poco saludables, cayó en gravísimas deficiencias, por las cuales se volvió odioso para los colonos de las naciones y no grato para los soldados. 57.( 172). Que incluso en su vida privada no resultó digno de elogio, pero en los campamentos fue, en su mayor parte, excelente y muy afortunado, siendo temido en su vida por las tropas, aunque nunca fue llevado a aplicar ningún castigo cruel o severo a los que cometían faltas. Constancio, en cambio, tuvo una suerte opuesta a la mencionada, siendo excelente en los asuntos políticos, pero no contando con un espíritu favorable en las batallas. 58.( 173). Que Vetranión, quien fue proclamado emperador en Iliria, habiendo llegado a una larga vejez, era un hombre probado en cuanto a experiencia y fortuna en los asuntos estratégicos, y de carácter antiguo, atrayendo a los súbditos con la sencillez y popularidad de sus modales; salvo que era completamente ignorante e inexperto en educación, hasta el punto de no haber aprendido ni siquiera las primeras letras con los maestros, sino que adquirió el conocimiento de estas en su vejez y apenas durante el tiempo de su reinado. 59.( 175). Que Constancio, el hijo del gran Constantino, al quedar solo al frente de todo el imperio romano, fue severo con quienes no querían pensar como Arrio, atormentando con diversos castigos tanto a hombres como a mujeres. Y se producían castigos extraños, más allá de los de los griegos, por parte de los que se decían cristianos. 60.( 175). Que Constancio era un hombre apacible y sereno en su trato, y muy fiel a sus amigos y allegados; y, debido a la mansedumbre de su carácter, era complaciente con las mujeres de sus allegados más allá de lo debido. 61.( 179). Que Juliano, el enemigo de Dios y de Cristo, pasaba las noches escribiendo discursos y los exhibía ante el senado. También honraba a quienes se dedicaban a la educación, especialmente a los que profesaban la filosofía. Mientras él practicaba esto, los gobernadores de las provincias, deseando apoderarse de los bienes de los cristianos, sometían a muchos a castigos. Y Juliano, aunque al principio era apacible con quienes se le acercaban, no siguió siendo igual entonces, sino que pasaba por alto muchas de las acciones realizadas por quienes parecían ser helenistas. Y en una ocasión prohibió a los cristianos participar de la educación griega y servir en la guardia imperial. Entre ellos estaban Joviano, Valentiniano y Valente, quienes reinaron después de él. Cuando emprendió el camino hacia los persas, habiendo pasado por Asia hacia Siria y la ciudad de Antioquía, obtuvo muchísimas riquezas de los cristianos; y, estando a punto de irritarse contra el pueblo por haberlo ridiculizado, fue disuadido por Salustio, el prefecto del pretorio. 62.( 180). Que este mismo Juan dice sobre el apóstata Juliano que él solo administró bien el imperio romano y lo restauró, si no fuera porque las cosas provenientes de la divinidad se volvieron en su contra; pues había abarcado toda la educación, tanto la de los romanos como, no menos, la lengua griega hasta el extremo, siendo agudo para comprender lo que debía hacerse, y más dispuesto a anunciarlo e interpretarlo, teniendo una memoria firme de todo, sabio en las cosas celestiales y sensato en las humanas. Con sus amigos era magnánimo y liberal, salvo que no era escrupuloso ni preciso en la adquisición de sus bienes
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con el carácter que corresponde a tal emperador. Hubo, en efecto, algunos que atribuyeron la culpa a la reputación del hombre por sus propias deficiencias, tomando muchas cosas ajenas bajo el pretexto de la opinión helénica, sin que el emperador lo supiera, e incluso prohibiéndolo. Sin embargo, redujo las medidas de los impuestos para los colonos de las naciones tanto como pudo y mostraba un carácter popular y común hacia todos los súbditos por igual, preocupándose poco por la acumulación de dinero, y siendo deseoso y voraz de gloria, hasta el punto de exceder a menudo la medida en sus empresas. Solo estaba dañado en cuanto a la gloria del salvador Cristo, siendo contrario y oponiéndose a quienes seguían los dogmas de los cristianos, aunque no hasta el punto de cometer jamás actos crueles o asesinos. En resumen, era parecido a Marco Aurelio, a quien, en efecto, se esforzaba por emular en todo. 63.( 181). Que el emperador Joviano, quien reinó después de Juliano, fue conocido por los del campamento más por la gloria de su padre que por la suya propia. Él, cuando Juliano ponía a los soldados ante la elección de sacrificar o abandonar el servicio, prefería deponer el cinturón. Al llegar a Nísibis, ciudad populosa y próspera, tras pasar solo dos días en ella, consumió todo el dinero que tenía, sin compartir con sus habitantes ni una palabra amable ni una acción buena; y se retiró de noche, despidiéndose de ella como de un enemigo y un cuerpo muerto, sin derramar ni una lágrima por la ciudad gracias a la cual él mismo se salvó y salvó a los que quedaron de los peligros de la guerra; un hombre que llegó a tal fortuna no por virtud propia, sino por la gloria de su padre. Pues no era del todo débil de cuerpo ni inexperto en las obras bélicas; pero, al ser descuidado y ajeno a la educación, oscurecía y desvanecía la naturaleza que tenía por su indolencia. Por eso, huyendo, por así decirlo, de la ciudad de los nisibenos, se marchó, deseando disfrutar de la dignidad que le había sobrevenido contra toda esperanza y entrar en las naciones romanas para exhibir su fortuna; y se dirigió a Siria con todo el ejército. Los antioquenos no estaban bien dispuestos hacia él, sino que lo ridiculizaban con canciones, parodias y los llamados' famosos', especialmente por la traición de Nísibis, y no menos temiendo por sí mismos, no fuera que también los abandonara a ellos, habiéndose contentado con gobernar una pequeña parte del mundo romano; atacando también a su esposa por la destrucción del templo. Pues el emperador Adriano había construido un pequeño y encantador templo para la apoteosis y honor de su padre Trajano, que Juliano el apóstata convirtió en biblioteca; la cual, junto con los libros, Joviano quemó. Y habiendo dicho muchas cosas los antioquenos contra él, se habrían producido actos absurdos si Salustio, al llegar, no hubiera detenido la revuelta y urgido a Joviano, que no quería, a viajar, y esto siendo invierno, hacia Cilicia y Galacia. Y Joviano llegó a Dadastana proclamando la gloria de Cristo. 64.( 181). Que Joviano pareció ser común y liberal durante su gobierno. 65.( 182). Que Valentiniano, siendo cristiano y pensando como los del' homoousios', no hacía daño alguno a los contrarios. Fue también muy dispuesto a legislar, preocupándose por la justa recepción de los tesoros, preciso en la elección de los gobernantes e implacable con los castigos de los desobedientes, y excelente en las guerras. Pero Valente, profesando el dogma de Arrio, provocó una gran persecución contra los cristianos, de modo que muchos eran ejecutados en los tribunales, muchos eran sometidos al exilio, e incluso los que vivían escondidos en el desierto eran expulsados de sus propios refugios. En aquel tiempo, Liberio presidía la iglesia de Roma, Atanasio la de Alejandría y Eudoxio, maestro de la religión de Arrio, la de Constantinopla. 66.( 185). Que Graciano, al enterarse de la muerte de su tío Valente, corrió inmediatamente hacia la Roma oriental y
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condenando la crueldad de su tío Valente hacia los cristianos, llamó rápidamente a los que habían sido exiliados por él, devolviéndoles sus bienes y reparando los daños; y otorgó a todos una ley para reunirse sin miedo y sin oposición en sus propias iglesias, prohibiendo solo de los lugares de culto a los eunomianos, fotinianos y maniqueos. 67.( 188). Que los tutores de Arcadio y Honorio, Rufino y Estilicón, arrebataban todo lo de todos, poniendo el poder en la riqueza. Y nadie tenía nada propio si no era lo que Rufino y Estilicón decidían; todos los juicios se decidían en función de esto; y era mucha la multitud de los que corrían de un lado a otro si en algún lugar alguien tenía una propiedad hermosa; y el dueño era inmediatamente despojado. Y cada uno de ellos vigilaba el imperio. 68.( 189). Que Eutropio, el prepósito de Arcadio, no dejaba de cometer actos terribles, vendiendo los cargos públicamente, calumniando a los poderosos, sometiendo a los magnates al exilio e infiriendo toda clase de ultrajes a los miembros del senado. Pero ni siquiera se abstenía de la alianza con los bárbaros, esperando él mismo pasar a la dignidad de emperador. Y en una ocasión, deseando capturar a los que habían huido a las iglesias, promulgó una ley, permitiendo que fueran arrastrados fuera de los altares. Y la ley fue escrita, y el castigo por la crueldad siguió inmediatamente. Pues, poco después, al ofender al emperador, Eutropio se convirtió en refugiado y yacía bajo el altar mientras Juan Crisóstomo era obispo; y, siendo arrebatado de allí de noche, fue decapitado. Así pues, Eutropio, habiendo pagado las penas por su pecado, fue borrado incluso del catálogo de los cónsules, quedando escrito solo el nombre de su colega Teodoro. 69.( 191). Que Teodosio el Joven, debido a la excesiva juventud de su edad, no era capaz ni de pensar ni de guerrear; sino que solo proporcionaba firmas a quienes lo deseaban, especialmente a los eunucos que rodeaban el palacio. De lo cual todos, por así decirlo, eran despojados de sus bienes; pues a los que aún vivían se les heredaba, y a otros les arrebataban a sus esposas y eran privados de sus hijos violentamente, sin poder contradecir los decretos del emperador. En esto, pues, se encontraban los asuntos de los romanos. 70.( 192). Que el emperador Teodosio, despidiéndose de los juegos, cambió su opinión hacia discursos liberales, leyendo con él Paulino y Plácito; a quienes también concedió grandes cargos y poderes. 71.( 193). Que Teodosio el Joven, habiendo nacido en el imperio, no tenía nada arrogante, sino que llegó a ser tan sensato que quienes lo trataban pensaban que había adquirido experiencia en muchos asuntos; y era tan resistente que soportaba el frío y el calor noblemente. Su capacidad de no guardar rencor y su filantropía superaban, por así decirlo, a todos los hombres. Pues el emperador Juliano, aunque profesaba filosofar, no soportó la ira contra los antioquenos que lo habían aludido, sino que aplicó torturas. Teodosio, en cambio, despidiéndose de los silogismos de Aristóteles, practicaba la filosofía a través de las obras, dominando la ira, la tristeza y el placer, y absteniéndose por completo de los asesinatos. Y en una ocasión, preguntándole uno de sus allegados por qué no mataba a los injustos, dijo:' Ojalá fuera posible devolver a la vida incluso a los que han muerto'. Pues si alguien era llevado habiendo cometido actos dignos de pena capital, la revocación de su filantropía se adelantaba a la muerte de aquel. 72.( 194). Que Teodosio, al suceder en el poder a su padre Arcadio, era ajeno a la guerra y vivía con cobardía, y adquirió la paz con dinero y no con armas. Y hacía todo bajo los eunucos. Y los eunucos hicieron que los asuntos se llevaran a tal absurdo que, en resumen, engañando a Teodosio como a los niños con juguetes, no le permitieron realizar nada digno de memoria, a pesar de tener una buena naturaleza; sino que, habiéndolo confinado a los cincuenta años, lo persuadieron a perseverar en ciertas artes vulgares y en la caza, de modo que ellos y Crisafio tuvieran el poder de la
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realeza, a quien Pulqueria persiguió tras la muerte de su hermano. 73.( 215). Que el emperador Anastasio, volviéndose hacia lo peor, cambió toda la aristocracia del estado, vendiendo todos los cargos, consintiendo a los injustos y volviéndose hacia una insaciable sed de dinero, de modo que las provincias quedaron vacías de registros, y los hombres quedaron atónitos ante lo inusual y extraño. Pues ni siquiera defendía a los súbditos de los bárbaros que los atacaban, sino que continuaba comprando la paz con dinero. Además de esto, investigaba minuciosamente los bienes de los difuntos, regalando la pobreza a todos en común. Pues los bienes que él tomaba, los distribuía poco después a aquellos con su modo de piedad; y las ciudades de cuyos habitantes despojaba, renovaba sus edificios, de modo que adornó cuidadosamente a su patria y la rodeó con tres coronas. 74.( 216). Que bajo el emperador Anastasio, terribles aflicciones cayeron sobre las ciudades de Libia por parte de los llamados Mazices. Pues habían sido entregadas al nieto de Marino para su gobierno, un hombre joven y que poseía mucha ligereza; y después de él, a su vez, a Basiano, su hijo. Y este, superando con lo que hizo de todas las maneras las desenfrenadas acciones del que gobernó antes que él, dio a los libios a elegir lo anterior, y esto dejando el recuerdo de la pobreza a unos y de la muerte a otros. Así, si se debe decir, tanto los de su sangre como los que simplemente superaron la benevolencia de Marino se hartaron de los bienes de los libios y egipcios. 75.( 219). Que Focas tenía una amiga, Calinica, de entre las principales. El mismo Focas era un bebedor de sangre. Fin de la historia del monje Juan. Sobre la virtud y el vicio. Sobre la virtud y el vicio. 5. De la historia de Diodoro Sículo. 1.( 1, 58, 3). Que Sesostris parece haber superado a todos los que han tenido poder en las acciones bélicas y en la magnitud y cantidad de las ofrendas y de las obras construidas en Egipto. 2.( 1, 63, 1). Que tras la muerte de Remfis hubo siete reyes en Egipto completamente ociosos y que hacían todo para el descanso y el lujo. Por lo cual ni siquiera se ha registrado ninguna acción de ellos. 3.( 1, 64, 9). Que Micerino, quien construyó la tercera pirámide, odiando la crueldad de los que reinaron antes, emuló una vida moderada y se volvió benéfico hacia sus súbditos. Dicen que hacía continuamente otras muchas cosas, mediante las cuales era posible atraer la benevolencia de la multitud hacia él. 4.( 2, 21, 1). Que Ninias, el hijo de Semíramis, al recibir el reino, pasaba todo el tiempo en el palacio, sin ser visto por nadie excepto por las concubinas y los eunucos que lo rodeaban; emulaba el lujo, la indolencia y el no sufrir nunca ni preocuparse, suponiendo que el fin de un reino feliz es usar todos los placeres sin ocultamiento. Y para la seguridad del poder y el miedo que se producía contra los súbditos, hacía venir cada año un número determinado de soldados y un general de cada nación; y mantenía al ejército reunido de todos fuera de la ciudad. BUSCA EN EL' SOBRE LA ADMINISTRACIÓN POLÍTICA'. 5.( 2, 22, 3). Que dicen que Memnón, el general de los asirios enviado a Troya, en la plenitud de su edad, sobresalía en valentía y brillantez de alma. 6.( 2, 23, 1). Que Sardanápalo superó a todos los reyes anteriores a él en lujo e indolencia. Pues, además de no ser visto por nadie de fuera, vivió una vida femenina. Y viviendo con las concubinas, hilando púrpura y las lanas más suaves, se había vestido con ropa de mujer, y su rostro y todo su cuerpo, con albayalde y las otras prácticas de las cortesanas, se había preparado más suave que cualquier mujer delicada. También practicaba tener una voz femenina y, en las bebidas, no solo disfrutaba continuamente de comidas y bebidas capaces de proporcionar los mayores placeres, sino que también perseguía los deleites afrodisíacos tanto de hombre como de
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mujer; pues se entregaba a las relaciones de ambos tipos sin freno, sin preocuparse en absoluto por la vergüenza de la acción. Y fue llevado a tal grado de lujo y de incontinencia del placer más vergonzoso, que compuso un epitafio para sí mismo y ordenó a los sucesores del poder que, tras su muerte, escribieran en la tumba lo que él mismo había compuesto en lengua bárbara, traducido después por un griego:' Esto tengo, lo que comí y bebí y lo que disfruté con los amores'. Y lo siguiente. BUSCA EN LOS EPIGRAMAS. 7.( 3, 67, 3). Que Tamiris, el discípulo de Lino, dotado de una naturaleza excelente, se esforzó en las cosas de la música y, en cuanto a la superioridad en el canto, afirmaba que él cantaba con más melodía que las Musas. Por lo cual las diosas, irritadas con él, le quitaron la música y lo cegaron, tal como Homero atestigua diciendo:' Donde las Musas, al encontrarse con Tamiris el tracio, lo hicieron cesar del canto, y además, irritadas, lo dejaron ciego, le quitaron el canto divino y le hicieron olvidar el tañido de la cítara'. 8.( 4, 12, 7). Que Heracles fue admirado extraordinariamente; pues el centauro Ómado, habiendo violado en Arcadia a Alcioné, la hermana de Euristeo, fue asesinado, por lo cual sucedió que Heracles fue admirado; pues odiaba al enemigo en privado, pero compadeciéndose de la que era ultrajada, suponía que sobresalía en moderación. 9.( 4, 25, 2). Que Orfeo era hijo de Eagro, tracio de linaje, sobresaliendo mucho en educación, melodía y poesía. Y avanzó tanto en gloria que parecía encantar con su melodía a las fieras y a los árboles. Habiendo estudiado educación y aprendido bien los mitos sobre la teología, viajó a Egipto y, habiendo aprendido allí muchas cosas más, llegó a ser el mayor de los griegos en los ritos, teologías, poemas y melodías. Y participó en la expedición con los argonautas. 10.( 4, 44, 3). Que los Finidas, habiendo sido sometidos a cadenas y azotes por su madrastra, y habiendo muerto Fineo, y queriendo ellos matar a la madrastra con tormentos, fueron persuadidos de desistir del castigo, y enviando al padre a Escitia, lo exhortaron a tomar castigo por las ilegalidades cometidas contra ellos. Lo cual, al suceder, el escita condenó a su hija a muerte, y los hijos de Cleopatra obtuvieron entre los tracios fama de moderación. 11.( 4, 46, 1). Que dicen que Medea aprendió de su madre y de su hermana todas las potencias de las drogas, pero que usaba una elección muy contraria; pues continuaba salvando de los peligros a los extranjeros que llegaban. Y a veces pedía al padre, con súplicas y gracia, la salvación de los que iban a perecer, y a veces, liberándolos ella misma de la guardia, se preocupaba por la salvación de los infortunados. Eetes, su padre, sospechando la intriga de esta, la puso bajo guardia libre; pero ella, escapando, se refugió en un templo. En aquel tiempo, encontrándola los argonautas, Jasón la tuvo como compañera y esposa. 12.( 5, 7, 7). Que dicen que Eolo, hijo de Hipotes, a quien cuentan que Odiseo llegó durante su errancia, fue piadoso y justo, y además filántropo con los extranjeros. Y los sicilianos obedecían a sus hijos por la famosa piedad del padre y por la moderación de ellos mismos. Todos sus hijos, imitando la piedad y justicia del padre, obtenían gran honor de todos. 13.( 5, 14, 1). Que los que viven en la isla de Cirno viven entre sí con moderación y justicia, y en las gestiones de la vida cotidiana prefieren admirablemente hacer lo justo. 14.( 5, 66, 6). Que debido a la exageración de la buena ley bajo Crono, no se cometía ninguna injusticia por nadie, y todos los que estaban bajo su gobierno vivían una vida dichosa, disfrutando de todo placer sin obstáculos. 15.( 5, 76, 4). Que se ha transmitido que Minos emuló una elección justa y una vida digna de elogio. 16.( 5, 79, 1). Que dicen que Radamantis hizo los juicios más justos de todos y aplicó un castigo implacable a los ladrones, impíos
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y a los otros malhechores. Y que conquistó mucha tierra, entregándose todos voluntariamente debido a su justicia. 17.( 5, 79, 2). Que debido a la exageración de la justicia que lo rodeaba, se ha mitificado que fue nombrado juez en el Hades y que distingue a los piadosos de los malvados. Y que obtuvo el mismo honor Minos, habiendo reinado muy legalmente y preocupándose por la justicia. 18.( 6, 6, 1). Que se ha transmitido que Cástor y Pólux, los llamados Dioscuros, sobresalieron mucho en virtud sobre los demás y participaron muy brillantemente en la expedición de los argonautas; y ayudaron a muchos que necesitaban auxilio. En general, tuvieron fama entre casi todos los hombres por su valentía y justicia, y además por su estrategia y piedad, convirtiéndose en brillantes ayudantes para los que estaban en peligro contra toda lógica. Y debido a la exageración de su virtud, fueron considerados hijos de Zeus y, tras partir de entre los hombres, obtuvieron honores inmortales. 19.( 6, 6, 2). Que Epopeo, rey de Sición, desafiando a los dioses a batalla, dañaba sus recintos y altares. 20.( 6, 6, 3). Dicen que Sísifo sobresalía en malicia y habilidad sobre los demás y que, mediante la adivinación, encontraba todo y lo predecía a los hombres. 21.( 6, 6, 4). Que Salmoneo era impío y arrogante, y ridiculizaba lo divino, afirmando que sus propias acciones superaban a las de Zeus; por lo cual, construyendo mediante una máquina un ruido extraordinario que imitaba los truenos, tronaba y no celebraba ni sacrificios ni fiestas. 22.( 6, 6, 5). Que el mismo Salmoneo tuvo una hija, Tiro, quien debido a su blancura y a la suavidad de su cuerpo obtuvo esta denominación. 23.( 6, 8, 1). Que Admeto, habiendo sobresalido en justicia y piedad, se volvió grato a los dioses; y fue honrado tanto por su virtud que Apolo, habiendo ofendido a Zeus, fue dado para servir junto a Admeto. Dicen también que Alcestis, la hija de Pelias, fue dada como esposa a Admeto por su piedad, al ser la única que no participó de la impiedad de su padre. 24.( 6, 8, 2). Que Melampo, habiendo sobresalido en piedad, se convirtió en amigo de Apolo. 25.( 7, 4, 1). Que, tomada Troya, Eneas, habiendo ocupado con algunos una parte de la ciudad, se defendía de los atacantes. Y habiendo dejado los griegos que estos se fueran bajo tregua y permitiendo a cada uno tomar lo que pudiera de lo suyo, todos los demás tomaron plata, oro o alguna otra cosa de lujo, pero Eneas, cargando a su padre, que había envejecido completamente, sobre sus hombros, lo sacó. Por lo cual, admirado por los griegos, recibió la autoridad de elegir de nuevo lo que quisiera de sus bienes. Y habiendo tomado él los objetos sagrados de sus padres, sucedió que su virtud fue mucho más elogiada, aunque recibía el reconocimiento de los enemigos. Pues el hombre parecía haber puesto en los mayores peligros el mayor cuidado tanto en la santidad hacia sus padres como en la piedad hacia los dioses. Por lo cual dicen que se le permitió retirarse con los troyanos que quedaron de la Tróade con toda seguridad y a donde quisiera. 26.( 7, 7, 1). Que Rómulo Silvio, habiendo sido arrogante durante toda su vida, competía contra el dios. Pues, cuando tronaba, ordenaba a los soldados golpear los escudos con las espadas bajo una sola señal y decir que el ruido que provenía de ellos era mayor. Por lo cual fue fulminado. 27.( 7, 10, 1). Que hubo un tirano en la ciudad de Cumas llamado Malaco, quien, gozando de buena reputación entre las multitudes y calumniando siempre a los más poderosos, se hizo con el poder. Y degollaba a los más ricos de los ciudadanos, y tomando sus bienes, alimentaba a mercenarios y era temido por los cumeos. 28.( 7, 12, 1). Que era tal la magnitud de la virtud de Licurgo que, habiendo llegado él a Delfos, la Pitia pronunció estas palabras. BUSCA EN EL' SOBRE LAS MÁXIMAS'. 29.( 7, 12, 8). Que los lacedemonios, habiendo usado las leyes de Licurgo, de humildes se convirtieron en los más poderosos de los griegos, y conservaron el poder durante más de quinientos años. Después de...
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o vivir vergonzosamente. Y nadie podría dudar de que el asombro de los persas llegara a producirse. Pues¿ quién de los bárbaros habría supuesto lo que sucedió?¿ Quién habría esperado que, siendo quinientos en número, se atrevieran a atacar a un millón? Por ello,¿ quién de los que vinieron después no envidiaría la virtud de aquellos hombres, quienes, atenazados por la magnitud de la situación, fueron agotados en sus cuerpos, pero no derrotados en sus almas? 85.( 11, 12, 4). Que Temístocles el ateniense, gracias a su prudencia y estrategia, gozaba de gran aceptación no solo entre los griegos que formaban la flota, sino también ante el propio Euribíades, y todos, prestándole atención, le obedecían con entusiasmo. 86.( 11, 25, 5). Que Gelón traía consigo tal multitud de cautivos cartagineses que parecía que toda Libia había sido hecha cautiva por la isla. Se presentaron ante él embajadores de las ciudades y potentados que antes se le oponían, pidiendo perdón por lo que habían ignorado y prometiendo que en el futuro harían todo lo que se les ordenara. Él, tratándolos a todos con benevolencia, concertó una alianza y sobrellevó su buena fortuna con humanidad, no solo con ellos, sino también con los cartagineses, sus enemigos más acérrimos. Pues, habiéndose presentado estos ante él desde Cartago y suplicándole con lágrimas que los tratara con humanidad, les concedió la paz. Y los trataba a todos con benevolencia, sobre todo por su propio carácter, pero no menos por su afán de tener a todos como aliados mediante la benevolencia. 87.( 11, 38, 1). Que Gelón gobernó a los sicilianos con benevolencia y proporcionó a las ciudades gran buen orden y abundancia de todo lo necesario. 88.( 11, 44, 1). Que los lacedemonios hicieron navarco a Pausanias, el que había sido estratego en Platea; quien, mediante acuerdos secretos, había pactado una amistad con Jerjes y estaba a punto de casarse con su hija para traicionar a los griegos, recibiendo dinero de Artabazo y corrompiéndose. Pues, habiendo él codiciado el lujo persa y comportándose tiránicamente con sus subordinados, todos lo llevaban mal, especialmente los griegos que estaban asignados a algún mando. Habiendo quedado al descubierto, recibió castigo de la siguiente manera. Pausanias había acordado que los que llevaban sus cartas al rey Jerjes no regresaran ni se convirtieran en delatores de los secretos; por cuya razón, al ser eliminados por quienes recibían las cartas, sucedía que nadie se salvaba. Lo cual, habiéndolo deducido uno de los portadores de libros, abrió las cartas y, al saber que era cierto lo referente al asesinato de los que llevaban los escritos, entregó las cartas a los éforos. Como estos desconfiaban debido a que las cartas les habían sido entregadas abiertas y buscaban otra prueba más firme, prometió entregarles al propio Pausanias confesando. Habiendo ido, pues, al Ténaro y sentándose en el templo, se rodeó de una tienda doble y ocultó a los éforos y a algunos otros espartanos; y al presentarse Pausanias ante él y preguntarle la causa de su súplica, le reprochó que hubiera escrito en la carta la muerte que planeaba contra él. 89.( 11, 53, 2). Que Trasideo, hijo de Terón, al convertirse en sucesor del poder incluso viviendo su padre, era violento y sanguinario, y al morir este, gobernó su patria de forma ilegal y tiránica. Por ello, habiendo perdido rápidamente la confianza de sus subordinados, vivió constantemente bajo conspiraciones y teniendo una vida odiada; de donde, rápidamente, tuvo una muerte acorde a su propia ilegalidad. Pero su padre, Terón, el tirano de los acragantinos, tanto en vida como después de su muerte, gozaba de gran aceptación entre los ciudadanos debido a su propia virtud. 90.( 11, 57, 6). Que Jerjes, debido a la virtud de Temístocles, lo honró con grandes regalos. Y le unió en matrimonio a una mujer persa, distinguida por su nobleza y belleza y elogiada por su virtud, y una multitud de sirvientes para su servicio, y toda clase de copas y el resto de los suministros adecuados para el disfrute y el lujo.
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Le regaló también tres ciudades. 91.( 11, 66, 1). Que Hierón, el rey de los siracusanos, habiendo hecho llamar a los hijos de Anaxilas, el que había sido tirano de Zancle, les recordaba el beneficio que había hecho a su padre y les aconsejaba, ya que tenían edad adulta, pedir cuentas a Micito, el que ejercía la tutela, y tomar ellos mismos el poder. Habiendo regresado estos y pidiendo cuentas al tutor de lo administrado, Micito, siendo un hombre bueno, reunió a los amigos paternos de los hijos y rindió cuentas, de modo que su justicia y fidelidad fueron admiradas, y los hijos, arrepentidos de lo hecho, pidieron a Micito que tomara de nuevo el mando y, teniendo la autoridad y el rango de padre, administrara los asuntos del poder. Sin embargo, Micito no accedió, sino que, habiendo entregado todo con precisión y habiendo puesto su propia fortuna en un barco, zarpó de Regio, despedido por la benevolencia de las masas, y habiendo llegado a Grecia, vivió el resto de sus días en Tegea de Arcadia, siendo elogiado. 92.( 11, 67, 2). Que Gelón, habiendo superado con mucho a los demás en virtud y estrategia, derrotó a los cartagineses. Habiendo tratado con benevolencia a los vencidos y comportándose humanamente con los vecinos, fue amado por todos debido a su mansedumbre y vivió su vida pacíficamente hasta su muerte. 93.( 11, 67, 3). Que Hierón, el mayor de los hermanos, no gobernaba de la misma manera a sus subordinados; pues era codicioso, violento y, en general, muy ajeno a la sencillez y a la nobleza de carácter. 94.( 11, 67, 5). Que Trasíbulo, el hermano, superó en maldad al que había reinado antes que él. Pues, siendo violento y sanguinario, mataba a muchos de los ciudadanos contra la justicia, y a no pocos, desterrándolos bajo falsas calumnias, les confiscaba sus bienes para el tesoro real. Y, en general, odiando y siendo odiado por todos los perjudicados, reclutó una multitud de mercenarios, preparando un contrafuerte contra las fuerzas ciudadanas. Y, siendo cada vez más odiado por los ciudadanos y ultrajando a muchos, y matando a otros, obligó a los perjudicados a rebelarse. 95.( 11, 77, 3). Que los atenienses que estaban en Egipto, habiéndose reconciliado los egipcios con los persas Megabizo y Artabazo, al verse privados de aliados y viendo que sus naves habían quedado inservibles, las quemaron para que no cayeran en manos de los enemigos; y ellos, no amedrentados por la gravedad de la situación, se exhortaban mutuamente a no hacer nada indigno de sus anteriores combates. Por lo cual, superando en virtudes a los que murieron en las Termópilas por Grecia, estaban dispuestos a luchar contra los enemigos. Los persas, viendo el exceso de su audacia y calculando la pérdida de muchas miríadas de los suyos, establecieron una tregua con ellos, y los atenienses, gracias a su propia virtud, habiendo obtenido la salvación, partieron de Egipto y, paradójicamente, se salvaron en su patria. 96.( 12, 24, 2). Que los que estaban en Roma eligieron a diez legisladores; uno de ellos, habiéndose enamorado de una doncella noble pero pobre, al principio intentó corromper a la doncella con dinero, pero como nadie le prestaba atención, envió contra ella a sicofantes, ordenándoles llevarla a la esclavitud. Diciendo el sicofante que era su propia esclava y llevándola ante el magistrado para esclavizarla, la presentó y la acusó de ser esclava. Habiendo escuchado el magistrado la acusación y entregado a la joven, el sicofante la tomó y se la llevó como su propia esclava. El padre de la doncella, estando presente y sufriendo terriblemente, como nadie le prestaba atención, pasando por casualidad por una carnicería, arrebató el cuchillo que estaba sobre la tabla y, golpeando con él a su hija, la mató para que no sufriera el ultraje, y él mismo, saliendo de la ciudad, se fue al campamento que estaba entonces en el lugar llamado Lagodio. Y refugiándose ante la multitud, los llevó a todos a la compasión y a una gran simpatía. Y con las armas entraron en Roma de noche. 97.
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( 13, 35, 4). Que Diocles fue legislador entre los siracusanos; siendo grande la revisión de la legislación, el hombre parece odiar la maldad por haber establecido las penas más amargas de todos los legisladores contra todos los que cometían injusticias, pero justo por no haber dejado que el castigo fuera mayor de lo que merecía cada uno más que sus predecesores, y práctico y muy experimentado por haber considerado digno de una pena definida todo crimen y asunto, tanto público como privado; es también breve en su estilo y deja mucha reflexión a los lectores. Testificó su virtud y la dureza de su alma la peripecia en torno a su muerte. 98.( 13, 37, 2). Que Alcibíades el ateniense, siendo un exiliado, luchó junto a los lacedemonios. Era también muy poderoso en el discurso y superaba con mucho a los ciudadanos en audacia, y en nobleza y riqueza era el primero de los atenienses. 99.( 13, 38, 2). Que Terámenes el ateniense, siendo instigador de los que administraban la política, era un hombre moderado en su vida y que parecía superar a los demás en prudencia; pues él solo aconsejó traer de vuelta a Alcibíades, gracias al cual se recuperaron de nuevo, y habiendo sido instigador de muchas otras cosas para el bien de la patria, gozaba de una aceptación no moderada. 100.( 13, 58, 3). Que los selinuntinos que escaparon de la cautividad, siendo en número de dos mil seiscientos, se salvaron en Acragante y obtuvieron todas las muestras de benevolencia; pues los acragantinos, habiéndoles racionado el grano públicamente, los distribuyeron por las casas, exhortando a los particulares, que también estaban dispuestos, a proporcionarles todo lo necesario para vivir. 101.( 13, 59, 3). Que Aníbal, tras la toma de Selinunte, habiendo enviado Empedión como embajador de los que habían huido, le restituyó sus bienes; pues siempre había sido partidario de los cartagineses y antes del asedio había acordado con los ciudadanos no luchar contra los cartagineses; le regaló a sus parientes que estaban entre los cautivos y a los selinuntinos que habían huido. 102.( 13, 68, 5). Que Alcibíades el ateniense superaba con mucho a los demás en audacia y era muy hábil para hablar, y en la campaña era el mejor, y en la audacia el más práctico; era también de aspecto extremadamente apuesto y de alma brillante y ambiciosa. En general, casi todos tenían tal opinión sobre él que, junto con su regreso, creían que la buena fortuna de los asuntos llegaba a la ciudad. Además de esto, así como los lacedemonios tenían ventaja cuando este luchaba con ellos, así esperaban tener éxito de nuevo teniendo a este hombre como aliado. 103.( 13, 74, 3). Que el mayor crimen contra Alcibíades, el estratego ateniense, fue el referente a los caballos, valorados en cincuenta talentos. Pues habiendo enviado Diomedes, uno de sus amigos, una cuadriga para él a Olimpia, Alcibíades, según la inscripción que solía hacerse, registró los caballos como propios y, habiendo ganado la cuadriga, se llevó él mismo la gloria de la victoria y no devolvió los caballos al que se los había confiado. Y pensando Alcibíades en esto y en otras muchas cosas, temiendo que los atenienses, al encontrar la ocasión, le impusieran un castigo por todo lo que había delinquido contra ellos, se condenó a sí mismo al exilio. 104.( 13, 76, 2). Que Calicrátidas, el navarco de los espartanos, era muy joven, pero inocente y sencillo de alma, aún no experimentado en las costumbres extranjeras, y el más justo de los espartanos; y es un hecho reconocido que durante su mando no hizo nada injusto ni contra una ciudad ni contra un particular, sino que incluso se indignaba con los que intentaban corromperlo con dinero y les imponía castigos. 105.( 13, 84, 5). Que debido a la magnitud de la abundancia en la ciudad de Acragante, sucedía que había tal lujo entre los acragantinos que, poco después de producirse el asedio, hicieron un decreto sobre los que pasaban la noche en los puestos de guardia, para que nadie tuviera más que un colchón, una manta, una piel de oveja y dos almohadas. Siendo tal la dureza de la ropa de cama, es posible calcular el lujo
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del resto de la vida. 106.( 13, 103, 2). Que un tal Calíxeno, el que propuso la moción y engañó al pueblo, inmediatamente después de que la multitud se arrepintiera, fue acusado de haber engañado al pueblo; y no habiendo sido digno de defensa, fue encadenado y, habiendo sido arrojado a la prisión pública, logró, junto con algunos otros, excavar la prisión y huir hacia los enemigos a Decelia, para que, habiendo escapado de la muerte, fuera marcado con infamia durante toda su vida. 107.( 13, 106, 8). Que Lisandro el lacedemonio, tras la victoria contra los atenienses, envió a Gilipo a Esparta para llevar el botín y, junto con este, mil quinientos talentos de plata. Estando el dinero en sacos, y teniendo cada uno de ellos una escítala que tenía la inscripción que indicaba la cantidad de dinero, Gilipo, ignorando esto, desató los sacos y, habiendo sacado trescientos talentos y siendo conocido por la inscripción por los éforos, huyó y fue condenado a muerte. De manera similar, también le sucedió al padre de Gilipo, Clearco, huir en tiempos anteriores, porque, habiendo parecido recibir dinero de Pericles sobre no realizar la invasión a Ática, fue condenado a muerte y huyó a Turios. Estos hombres, pues, habiendo parecido capaces en lo demás, deshonraron el resto de su vida. 108.( 13, 108, 2). Que Himilcón, el que dirigía a los cartagineses, habiendo arrasado la ciudad de los acragantinos, cortó los relieves y las obras más elaboradas de los templos, todo lo que no parecía haber sido destruido bien por el fuego; y teniendo los geloos fuera de la ciudad una estatua de bronce de Apolo muy grande, la saquearon y la enviaron a Tiro. 109.( 13, 111, 5). Que entre los cartagineses no había ninguna compasión por los capturados, sino que, insensibles ante los infortunados, a unos los crucificaban y a otros les infligían ultrajes insoportables. Pues era posible ver a niños libres y vírgenes casaderas, indignamente para su edad, obligadas a caminar como fuera por el camino, y de manera similar también a los más ancianos, obligados contra la naturaleza a apresurarse junto con los que estaban en la plenitud de su vida. 110.( 14, 2, 1). Que entre los atenienses, habiendo surgido treinta tiranos, debido a su propia codicia, no solo envolvieron a la patria en grandes desgracias, sino que ellos mismos, habiendo perdido rápidamente el poder, han dejado un oprobio inmortal de sí mismos; y los lacedemonios, habiendo obtenido el mando de Grecia de forma indiscutible, fueron privados de él cuando intentaron realizar acciones injustas contra los aliados. De manera similar, también Dionisio, el tirano de los siracusanos, aunque fue el más afortunado de los poderosos, en vida no dejó de ser objeto de conspiraciones y, debido al miedo, se veía obligado a llevar bajo la túnica una coraza de hierro; y al morir, ha dejado su propia vida como el mayor ejemplo de blasfemias para toda la eternidad. 111.( 14, 4, 7). Que los hombres de Critias detuvieron a Terámenes estando armados con espadas; él, habiéndose adelantado, saltó hacia el hogar del consejo y dijo que se refugiaba ante los dioses, no pensando que se salvaría, sino apresurándose a procurar a los que lo mataban la impiedad contra los dioses. Habiendo entrado los servidores y arrancándolo, Terámenes sobrellevó noblemente la desgracia, ya que había participado en mayor medida de la filosofía junto a Sócrates. 112.( 14, 5, 6). Que los treinta tiranos no cesaban en su ilegalidad, sino que, aumentando mucho más la locura en todo, degollaron a sesenta de los extranjeros más ricos para apoderarse de sus bienes, y siendo asesinados los ciudadanos día a día, casi todos los que tenían bienes huyeron de la ciudad. Y hasta tal punto destruyeron la ciudad que huyeron más de la mitad de los atenienses. 113.( 14, 9, 8). Que los campanos, habiendo sido honrados con los honores y regalos correspondientes por Dionisio y habiendo ido a Aitela y convencido a los que estaban en la ciudad de recibirlos como cohabitantes, atacando de noche, degollaron a los que estaban en la flor de la vida y, casándose con las mujeres de los traicionados, se apoderaron de la ciudad. 114.( 14, 12, 3). Que Clearco, el enviado por los lacedemonios a los bizantinos
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estando en desacuerdo entre ellos, habiendo matado a muchos de los bizantinos y habiéndose apropiado de los bienes de todos los destruidos, elegía también a los ricos de los demás, lanzando falsas acusaciones, y a unos los mataba y a otros los desterraba, y habiendo obtenido mucho dinero y reunido una multitud de mercenarios, aseguró los asuntos de su poder. 115.( 14, 19, 2). Que Ciro era un joven lleno de espíritu y que tenía un entusiasmo no inactivo para los combates en la guerra. 116.( 14, 32, 1). Que los treinta tiranos que ejercían el poder en Atenas no dejaban de desterrar a unos y matar a otros día a día. 117.( 14, 35, 2). Que Artajerjes, habiendo derrotado a Ciro, envió a Farnabazo para que tomara todas las satrapías del mar. Los sátrapas que habían luchado junto a Ciro estaban en gran angustia, temiendo pagar el castigo por lo que habían delinquido contra el rey. Y unos, habiendo enviado embajadores ante Tisafernes, lo halagaban, pero Tamón, el más importante de ellos, puso el dinero y a todos sus hijos, excepto uno llamado Gao, en los trirremes. Y habiendo temido a Tisafernes, partió hacia Egipto con la flota y se refugió ante Psamético, el rey de los egipcios, descendiente de Psamético. Habiendo tenido él un beneficio previo hacia el rey, pensaba que tendría a este como una especie de puerto ante los peligros del rey. Pero Psamético, considerando en nada el beneficio y la santidad hacia los suplicantes, degolló al suplicante y amigo junto con sus hijos, para hacerse dueño del dinero y de la flota. 118.( 14, 63, 1). Que Himilcón, habiendo sido exaltado y envanecido por la victoria, se apoderó también del suburbio de Acradina y saqueó los templos de Deméter y Core; por lo cual, rápidamente, sufrió el castigo merecido por su impiedad hacia la divinidad. Pues rápidamente los asuntos se volvían peores para él día a día, y mientras Dionisio se atrevía a organizar escaramuzas, sucedía que los siracusanos llevaban la ventaja. 119.( 14, 76, 3). Que el estratego de los cartagineses, Himilcón, habiendo saqueado los templos, huyó vergonzosamente a Cartago, para no ser inocente de las impiedades al pagar la muerte debida a la naturaleza, sino para tener en la patria una vida notoria, siendo reprochado por todos. Y llegó a tal punto de desgracia que, con la ropa más humilde, recorría los templos de la ciudad, acusando su propia impiedad y dando un castigo reconocido a la divinidad por sus pecados contra los dioses. 120.( 14, 85, 4). Que Tiribazo, el que dirigía las fuerzas de infantería en Asia, envidiaba los éxitos de Conón; y habiendo tomado como pretexto que conquistaba las ciudades para los atenienses con las fuerzas reales, llevándolo a Sardes, lo detuvo y, encadenándolo, lo puso en prisión. 121.( 14, 93, 3). Que los romanos, habiendo fabricado una crátera de oro, la enviaron a Delfos. Los embajadores que la llevaban se encontraron con piratas lipareos, y todos, hechos cautivos, llegaron a Lípari. Timasiteo, el estratego de los lipareos, habiendo conocido lo sucedido, salvó a los embajadores y, devolviendo el oro, restituyó a los embajadores a Delfos. Los que llevaban la crátera, habiéndola consagrado en el tesoro de los masaliotas, regresaron a Roma. Por lo cual, el pueblo de los romanos, habiendo conocido la nobleza de Timasiteo, lo honró inmediatamente, dándole una residencia pública y, después de esto, ciento treinta años más tarde, habiendo arrebatado Lípari a los cartagineses, dejó a los descendientes de Timasiteo exentos de tributos y los hizo libres. 122.( 14, 105, 3). Que Dionisio, habiendo tomado a los que se habían refugiado en la colina, habiéndoselos entregado los italiotas por necesidad, tomando una vara y golpeando en la colina, contaba a los cautivos que bajaban, que eran más de diez mil; y mientras todos sospechaban de su naturaleza bestial, apareció todo lo contrario, el más benevolente de todos. Pues liberó a sus cautivos sin rescate y, habiendo concertado la paz con la mayoría de las ciudades, los dejó autónomos. Y además de
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esto, habiendo obtenido elogios de los beneficiados, fue honrado con coronas de oro y casi esto pareció ser lo más bello que haría en vida. 123.( 14, 109, 6). Que Dionisio, habiendo conocido el desprecio de sus poemas, y diciendo los aduladores que envidiaban todas las cosas bien hechas y que después las admiraban, no desistía de su afán por la poesía. 124.( 14, 111, 3). Que siendo asediados los reginos y comiendo hierbas por falta de alimento como animales, Dionisio, habiendo conocido lo que sucedía, no solo no se compadeció de los que se veían obligados a sufrir más allá de lo humano, sino que, haciendo todo lo contrario, trajo yuntas y tomó la hierba del lugar, de modo que toda la vegetación desapareció. Por lo cual, vencidos por los excesos de los peligros, le entregaron la ciudad. 125.( 14, 111, 4). Que Dionisio reunió de Regio más de seis mil cautivos. Y habiendo enviado la multitud a Siracusa, ordenó que los que dieran una mina de plata fueran liberados; a los que no tenían recursos, los vendió como botín. 126.( 15, 1, 3). Que los lacedemonios son dignos de acusación; quienes, habiendo recibido un mando muy bien fundamentado y habiéndolo conservado gracias a la virtud de sus antepasados durante más de quinientos años, los lacedemonios de entonces, debido a su propia imprudencia, vieron cómo se disolvía, no sin razón. Pues los que vivieron antes que ellos habían adquirido tal gloria con muchos asesinatos y grandes peligros, comportándose con benevolencia y humanidad con los subordinados, pero los que vinieron después, usando violentamente y duramente a los aliados, y además emprendiendo guerras injustas y arrogantes contra los griegos, no sin razón perdieron el mando debido a su propia imprudencia. Pues en sus desgracias, el odio de los perjudicados encontró la ocasión de vengarse de los que habían perjudicado antes; y a los que se habían vuelto invencibles desde sus antepasados les siguió tal desprecio como es natural que ocurra contra los que destruyen las virtudes de sus antepasados. Por tanto, los tebanos, que antes habían estado subordinados a los más fuertes durante muchas generaciones, entonces, habiendo vencido inesperadamente, se convirtieron en líderes de los griegos, y los lacedemonios, tras la pérdida del mando, nunca pudieron recuperar la dignidad de sus antepasados. 127.( 15, 7, 3). Que Dionisio, habiendo escuchado el desprecio de sus poemas de los que fueron enviados a la festividad olímpica, cayó en un exceso de dolor. Y aumentando cada vez más la intensidad de la pasión, una disposición maníaca se apoderó de su alma, y diciendo que todos le envidiaban, sospechaba de sus amigos como si conspiraran; y al final llegó a tal punto de dolor y locura que mató a muchos de sus amigos bajo falsas acusaciones, y no pocos también los desterró; entre los cuales estaban Filisto y Leptines, su hermano, hombres que se distinguían por su valentía y que le habían prestado muchos y grandes servicios en las guerras. Estos, pues, habiendo huido a Turios de Italia y habiendo obtenido gran aceptación entre los italiotas, más tarde, habiéndoselo pedido Dionisio, se reconciliaron y, habiendo regresado a Siracusa, fueron restituidos a la benevolencia anterior. 128.( 15, 14, 3). Que Dionisio el tirano, careciendo de dinero, hizo una expedición contra Tirrenia, teniendo sesenta trirremes, alegando como pretexto la destrucción de los piratas, pero en realidad para saquear un templo sagrado, lleno de muchas ofrendas, establecido en el puerto de la ciudad de Agila, llamado Pirgi. Habiendo atracado de noche y desembarcado sus fuerzas, saqueó el templo y reunió no menos de mil talentos. 129.( 15, 31, 3). Que Agesilao, el rey de los lacedemonios, era famoso en valentía y prudencia estratégica y casi se había vuelto invencible en los tiempos anteriores. Pues fue admirado en las demás guerras y en el tiempo en que los lacedemonios luchaban contra los persas, habiendo formado filas y vencido a una fuerza muchas veces mayor, recorrió gran parte de Asia, dominando las tierras abiertas, y si los espartanos no lo hubieran hecho llamar por algunas razones políticas, casi habría puesto a todo el imperio de los persas
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en los últimos peligros. Pues este hombre era activo y, con mucha prudencia, audaz y usaba acciones arriesgadas. Por ello, también entonces, viendo los espartanos que la magnitud de la guerra necesitaba un líder digno de mención, lo nombraron líder de toda la guerra. 130.( 15, 36, 6). Que Timoteo, el navarco de los atenienses, realizaba todos los asuntos de la guerra rápida y fácilmente, persuadiendo mediante el poder de la palabra y venciendo mediante la valentía y la estrategia. Por ello, no solo entre los ciudadanos, sino también entre los demás griegos, gozaba de gran aceptación. 131.( 15, 44, 1). Que se dice que Ifícrates poseía agudeza estratégica y que usaba por naturaleza una capacidad diferente para toda buena invención. 132.( 15, 61, 2). Que Polidoro el fereo, habiendo obtenido el poder ilegal y violentamente, administraba los asuntos del mando de acuerdo con esta elección. Pues, siendo los tiranos anteriores a él benevolentes con las masas y por ello amados, este, gobernando violenta y duramente, era odiado. 133.( 15, 75, 1). Que Alejandro, el tirano de Feras en Tesalia, habiendo acusado a la ciudad de los escotuseos de algunas cosas, los llamó a una asamblea y, rodeándolos con todos los mercenarios, los degolló. Habiendo arrojado los cuerpos de los muertos a la fosa ante las murallas, saqueó la ciudad. 134.( 15, 88, 1). Que este parecía superar a sus contemporáneos en prudencia estratégica y experiencia, y además de esto, en benevolencia y magnanimidad. Pues en su época han existido hombres ilustres, Pelópidas el tebano, Timoteo y Conón, y además Cabrias e Ifícrates los atenienses, y además Agesilao el espartano, un poco antes en el tiempo, y en los tiempos anteriores a este, en la época de los medos y persas, Solón, Temístocles y Milcíades, y además Cimón, Mirónides y Pericles y algunos otros entre los atenienses, y en Sicilia Gelón, hijo de Deinómenes, y algunos otros. Pero, sin embargo, si alguien comparara las virtudes de estos con la estrategia y la gloria de Epaminondas, encontraría que la virtud de Epaminondas es muy superior. Pues en cada uno de los otros podrías encontrar una ventaja de la gloria, pero en este, todas las virtudes reunidas. Pues en fuerza de cuerpo y agudeza de palabra, y además de esto, en brillantez de alma, desprecio por el dinero y benevolencia, y lo más importante, en valentía y prudencia estratégica, superó con mucho a los demás. Por tanto, su patria, mientras él vivía, obtuvo el mando de Grecia, pero al morir, fue privada de él y experimentó el cambio hacia lo peor y, al final, debido a la insensatez de los que gobernaban, experimentó la esclavitud y la destrucción. 135.( 15, 92, 5). Que Tachos, el rey de Egipto, habiendo sido objeto de conspiraciones por parte de los rebeldes y habiéndose amedrentado, se atrevió a subir a través de Arabia ante el rey Artajerjes y pidió perdón por lo que había delinquido; y Artajerjes no solo lo liberó de las acusaciones, sino que lo nombró estratego de la guerra contra los egipcios. 136.( 15, 95, 3). Que Cares, el estratego de los atenienses que sucedió a Leóstenes, cometiendo muchas ilegalidades, no realizó ningún bien, sino que trajo calumnias a la patria. 137.( 16, 1, 5). Que Filipo, hijo de Amintas y padre de Alejandro, ha sido un hombre que se distinguía por su agudeza, estrategia, valentía y brillantez de alma. Fue durante la centésima quinta olimpiada, bajo el arconte de Atenas Calímedes. 138.( 16, 2, 3). Que Filipo, el padre de Alejandro de Macedonia, fue condiscípulo de Epaminondas, y ambos fueron oyentes de un filósofo pitagórico. Y Epaminondas, habiendo soportado grandes combates y peligros, otorgó paradójicamente a su patria el mando de Grecia, y Filipo, usando los mismos recursos, no se quedó atrás de la gloria de Epaminondas. 139.( 16, 5, 1). Que Dionisio el joven, el tirano de los siracusanos, habiendo recibido el reino en los tiempos anteriores, siendo inactivo y mucho más inferior que su padre, fingía debido a su inactividad ser pacífico y
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alivio del Peloponeso; y en el tiempo posterior a la guerra de Sicilia, la virtud y la prudencia de Brásidas de aquel entonces, percibidas por unos mediante la experiencia y conocidas por otros de oídas, despertaron sobremanera el deseo de los aliados de los atenienses hacia los lacedemonios. Pues, al salir el primero y parecer en todo un hombre de bien, dejó una esperanza firme de que los demás también eran así. 15. Que Cleón el ateniense y Brásidas el lacedemonio se oponían ambos sobremanera a la paz, el uno por el hecho de prosperar y ser honrado a raíz de la guerra, y el otro por considerar que, una vez establecida la tranquilidad, sería más evidente que cometía fechorías y más desconfiable al calumniar. Pero los que en cada una de las ciudades se apresuraban por la hegemonía, Plistoanacte, hijo de Pausanias, rey de los lacedemonios, y Nicias, hijo de Nicerato, quien gozaba de mayor prestigio que muchos en aquel entonces en las estrategias, se esforzaban mucho más; Nicias, deseando, mientras estaba libre de sufrimientos, preservar su buena fortuna y, tanto para el presente, cesar de los trabajos y hacer cesar a los ciudadanos, como para el tiempo futuro, dejar un nombre de que no había arruinado en nada a la ciudad, pensando que esto sucedía a partir de la ausencia de peligro y que quien menos se entrega a la fortuna, menos se arriesga, y que la paz proporciona esa ausencia de peligro; Plistoanacte, en cambio, al ser calumniado por sus enemigos respecto a su regreso y al ser siempre puesto en el ánimo de los lacedemonios por ellos, cada vez que sufrían algún revés, que esto sucedía a causa de su regreso, que había sido ilegal. Pues culpaban a la pitia de Delfos de haberla persuadido para que diera respuesta a los lacedemonios que llegaban a menudo como teoros acerca de él; y con el tiempo, de haber instado a los lacedemonios a que lo trajeran de vuelta, mientras él vivía exiliado en el Liceo por la supuesta retirada de Ática tras haber recibido regalos, y habitando la mitad de la casa del templo de Zeus por miedo a los lacedemonios, un año antes de cumplirse veinte, con los mismos coros y sacrificios que cuando por primera vez fundaban Lacedemonia y establecían a los reyes. Afligido, pues, por esta calumnia y pensando que, en paz, al no producirse ningún revés y, al mismo tiempo, al recuperar los lacedemonios a sus hombres, él también estaría libre de reproches ante sus enemigos, mientras que, establecida la guerra, siempre habría necesidad de que los que sobresalen sean calumniados a causa de las desgracias, se esforzó por el acuerdo.
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alianza; también fueron como embajadores los eleos y los mantineos. Llegaron también embajadores de los lacedemonios, que parecían ser los adecuados para los atenienses, al temer que, irritados, hicieran la alianza con los argivos, y al mismo tiempo para reclamar Pilos a cambio de Panacto, y para disculparse sobre la alianza de los beocios, diciendo que no la hicieron para mal de los atenienses. Y al hablar en el consejo sobre esto y que venían con plenos poderes para acordar sobre todas las diferencias, atemorizaban a Alcibíades, no fuera que, si decían esto ante el pueblo, atrajeran a la multitud y fuera rechazada la alianza de los argivos. Alcibíades trama contra ellos algo como esto: persuade a los lacedemonios, dándoles garantía, de que, si no confiesan ante el pueblo que vienen con plenos poderes, les devolverá Pilos( pues él mismo persuadiría a los atenienses, tal como también ahora se opone) y acordará lo demás. Y deseando apartarlos de Nicias, hacía esto, y para que, calumniándolos ante el pueblo de que no tienen nada verdadero en mente ni dicen nunca estas cosas, haga aliados a los argivos, eleos y mantineos. Y sucedió así, puesto que, al presentarse ante el pueblo y ser preguntados, no dijeron, como en el consejo, que venían con plenos poderes; los atenienses ya no lo soportaron, sino que, al gritar Alcibíades mucho más que antes contra los lacedemonios, los escucharon y estaban dispuestos inmediatamente a atraer a los argivos y a los aliados que estaban con ellos para hacer la alianza. Al producirse un terremoto, antes de que se ratificara algo, esta asamblea fue aplazada. En la asamblea del día siguiente, Nicias, a pesar de que los propios lacedemonios habían sido engañados y él mismo engañado respecto a no confesar que venían con plenos poderes, aun así dijo que era necesario hacerse amigos más bien de los lacedemonios y, tras detenerse, enviar aún hacia ellos y saber qué es lo que piensan, diciendo que en el bien de ellos mismos, y en el deshonor de aquellos, era mejor aplazar la guerra; pues, estando bien sus asuntos, era lo mejor preservar la buena fortuna el mayor tiempo posible, y para aquellos, al ser desafortunados, era un hallazgo arriesgarse lo más pronto posible. Persuadió a enviar embajadores, entre los cuales estaba él mismo, ordenando a los lacedemonios que, si pensaban algo justo, devolvieran Panacto correctamente y Anfípolis, y que renunciaran a la alianza de los beocios, si no entraban en los tratados, tal como se había dicho que no se acordara con nadie sin los otros. Y ordenaban decir que también ellos, si hubieran querido cometer injusticias, ya habrían hecho aliados a los argivos, puesto que estaban presentes precisamente por esto. Y si reclamaban alguna otra cosa, tras haber dado todas las instrucciones, enviaron a los embajadores con Nicias. Y al llegar ellos y anunciar tanto lo demás como finalmente decir que, si no renunciaban a la alianza con los beocios que no entraban en los tratados, ellos mismos harían aliados a los argivos y a los que estaban con ellos, los lacedemonios dijeron que no renunciarían a la alianza con los beocios, prevaleciendo que esto sucediera los que estaban con Jenares el éforo y todos los que eran de la misma opinión, pero, ante la petición de Nicias, renovaron los juramentos; 2. 43 pues temía que se fuera sin haber logrado nada y fuera calumniado, lo cual también sucedió, pareciendo ser el culpable de los tratados con los lacedemonios. Y al retirarse él, cuando los atenienses oyeron que no se había logrado nada de Lacedemonia, inmediatamente se enfurecieron, y pensando que eran tratados injustamente( pues por casualidad estaban presentes los argivos y los aliados, tras haberlos traído Alcibíades), hicieron tratados y alianza con los argivos. 17. Que Alcibíades, estando en prestigio ante los ciudadanos, utilizaba deseos mayores que su fortuna existente para la cría de caballos y los otros gastos; lo cual también arruinó más tarde a la ciudad de los atenienses, no en menor medida. Pues la mayoría, al temer la magnitud de su ilegalidad en su propio cuerpo respecto a su modo de vida y de su pensamiento, lo que hacía en cada cosa en la que se encontraba, lo consideraron enemigo como si deseara una tiranía, y, al haberse ofendido por sus costumbres privadas, habiendo gestionado públicamente de la mejor manera los asuntos de la guerra y habiéndoselos confiado a otros
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no pasó mucho tiempo antes de que arruinaran la ciudad. 18. Que, habiendo llegado Harmodio a la flor de la edad, Aristogitón, un hombre de los ciudadanos, un ciudadano medio, siendo su amante, lo tenía. Al ser tentado Harmodio por Hiparco, hijo de Pisístrato, y no ser persuadido, se lo denuncia a Aristogitón. Este, al sentir un gran dolor erótico y temer el poder de Hiparco, no fuera que lo forzara, conspira contra él. 19. Que Hiparco ni siquiera en el resto del gobierno era gravoso para la mayoría, sino que lo estableció sin envidia; y estos tiranos practicaron en gran medida la virtud y la prudencia, y, cobrando a los atenienses solo la vigésima parte de lo que se producía, tanto adornaron bien la ciudad como llevaron a cabo las guerras y sacrificaban a los dioses. En lo demás, la propia ciudad utilizaba las leyes establecidas anteriormente, excepto en la medida en que siempre se preocupaban de que hubiera alguien de los suyos en los cargos. 20. Que Hermócrates era un hombre que en lo demás no era inferior a nadie en prudencia y, en la guerra, llegó a ser capaz por experiencia y destacado por su valentía. 21. Que los quios, solos después de los lacedemonios de los que yo tuve conocimiento, al prosperar, al mismo tiempo fueron sensatos, y cuanto más progresaba la ciudad hacia lo mayor, tanto más se adornaban con mayor firmeza. Y ni siquiera la propia deserción, si parece que hicieron esto contra lo más seguro, se atrevieron a realizarla antes de que fueran a arriesgarse con muchos y buenos aliados y percibieran que los atenienses ni siquiera ellos mismos discutían ya, tras la desgracia siciliana, que sus asuntos no estuvieran firmemente muy mal; y si en algo de los infortunios humanos de la vida se equivocaron, junto con muchos a quienes les pareció lo mismo, que los asuntos de los atenienses se desmoronarían rápidamente, perdonaron el error. 22. Que Alcibíades, jactándose muchísimo, como si Tisafernes lo hubiera dicho, que, mientras le quedara algo de lo suyo, no les faltaría alimento a los atenienses. Y al ser elegido estratego y diciendo los atenienses que navegaran hacia el Pireo, lo impidió totalmente, aunque muchos se apresuraban, y dijo que primero, puesto que había sido elegido estratego, navegaría hacia Tisafernes para gestionar los asuntos de la guerra. Y desde esta asamblea se fue inmediatamente, para que pareciera que compartía todo con él, 2. 45 y al mismo tiempo deseando ser más honrado por él y demostrar que ya había sido elegido estratego y que es capaz de hacerle tanto bien como mal. Y sucedía a Alcibíades atemorizar a los atenienses ante Tisafernes, y a aquellos ante Tisafernes. 23. Que Astaco el persa, lugarteniente de Tisafernes, cometía injusticias contra los antandrios; quien también a los delios que habitaron Atramitio, cuando fueron expulsados por los atenienses a causa de la purificación de Delos, fingiendo una enemistad oculta y anunciando una expedición a los mejores de ellos, tras sacarlos como para amistad y alianza, al observar que desayunaban y rodearlos con los suyos, los asaeteó. Temiéndolo, pues, por este acto, no fuera que también contra ellos cometiera alguna ilegalidad, y al imponer él otras cosas que no podían soportar, expulsan a sus guardias de la acrópolis. Fin de las historias de Tucídides. Sobre la virtud y el vicio. 2. 46 De la historia de Jenofonte: Educación de Ciro. 9. Sobre la virtud y el vicio. 1. Nosotros, pues, hemos examinado a este hombre como digno de ser admirado, quién era en cuanto a linaje, qué naturaleza tenía y con qué educación fue educado para sobresalir tanto en el mando de los hombres. Cuanto, pues, hemos averiguado y creemos haber percibido sobre él, esto intentaremos narrar. 2. Que se dice que Ciro nació de padre Cambises, rey de los persas; este Cambises, del linaje de los perseidas, y los perseidas son llamados así por Perseo, y de madre Mandane; esta Mandane era hija de Astiages, quien llegó a ser rey de los medas. Se dice y se canta aún ahora por los bárbaros que Ciro nació, en cuanto a aspecto, el más hermoso, y en cuanto a alma, el más filántropo y el más amante del aprendizaje, de modo que soportó todo trabajo y sufrió todo peligro por ser alabado. Con tal naturaleza de forma y de alma es recordado. 2. 47 3. Que era vergonzoso para los persas escupir y
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sonarse y parecer llenos de mucosidad y ser vistos yendo a algún lugar, ya sea por orinar o por cualquier otra cosa semejante. Y no podrían hacer esto si no utilizaran una dieta moderada y consumieran el líquido trabajando, de modo que se evacuara de otra manera. 4. Que Ciro permanecía allí y era educado. Y rápidamente se mezcló con sus compañeros de edad de modo que se comportaba familiarmente, y rápidamente se ganó a los padres de ellos, acercándose y siendo evidente que apreciaba a los hijos de ellos, de modo que, cuando necesitaban algo del rey, ordenaban a los niños pedir a Ciro que lo gestionara para ellos, y Ciro, si los niños le pedían algo, por su filantropía y amor al honor, lo consideraba lo más importante gestionarlo, y Astiages tampoco podía resistirse a nada de lo que Ciro le pidiera sin concedérselo. Pues, al enfermar él, nunca abandonó al abuelo ni cesó nunca de llorar, sino que era evidente para todos que temía sobremanera que el abuelo muriera. Pues, si de noche Astiages necesitaba algo, Ciro era el primero en percibirlo y, el más diligente de todos, saltaba para servir en lo que creyera que le agradaría, de modo que se ganó por completo a Astiages. Y era quizás más hablador, a la vez por la educación, porque era obligado por el maestro tanto a dar razón de lo que hacía como a recibirla de otros, cuando juzgaba, y además también por ser amante del aprendizaje, preguntaba siempre él mismo a los presentes cómo sucedía que estaban las cosas, y cuanto él mismo era preguntado por otros, por ser agudo, respondía rápidamente, de modo que de todo esto se acumulaba en él la locuacidad. Pero, al igual que en el cuerpo, cuantos siendo jóvenes alcanzaron gran tamaño, sin embargo, se manifiesta en ellos la juventud que delata la poca edad, así también en Ciro 2. 48 de la locuacidad no se transparentaba audacia, sino sencillez y afecto, de modo que uno tenía el deseo de escucharle aún más que de estar presente en silencio. Y cuando el tiempo lo llevó junto con el tamaño a la edad de ser adolescente, en esto, pues, utilizaba palabras más breves y la voz más tranquila, y se llenaba de pudor, de modo que incluso se sonrojaba cuando se encontraba con los mayores, y la actitud de cachorro de abalanzarse sobre todos por igual ya no la tenía tan precipitada. Así, pues, era más tranquilo, pero en las reuniones era totalmente encantador. Pues, en cuanto a lo que los compañeros de edad compiten a menudo entre sí, no desafiaba a los presentes en lo que ya era superior, sino que iniciaba en lo que sabía bien que era inferior, diciendo que lo haría mejor que ellos, y comenzaba ya sea saltando sobre los caballos, o compitiendo en tiro con arco, o lanzando jabalinas desde los caballos sin ser aún muy buen jinete, y, al ser vencido, él mismo se reía de sí mismo. Y como no huía de ser vencido para no hacer aquello en lo que era vencido, sino que se revolcaba en el intentar hacerlo mejor de nuevo, rápidamente llegó a la igualdad en la equitación con sus compañeros de edad, rápidamente los superaba por amar el trabajo, y rápidamente había consumido las fieras en el parque. La mayor parte del tiempo, pues, Ciro pasaba así, siendo causa para todos de placer y de algún bien, y de ningún mal. 5. Que Ciro, al irse a los persas, se dice que al principio estuvo entre los niños. Y los niños se burlaban de él como si hubiera venido habiendo aprendido a vivir con placer entre los medas; pero cuando lo veían comiendo también él como ellos con placer y bebiendo, y si alguna vez en una fiesta 2. 49 había banquete, percibían que se entregaba más de su parte que necesitando, y además de esto lo veían sobresalir en lo demás sobre ellos, entonces de nuevo los compañeros de edad le temían. Y cuando, tras pasar esta educación, entró ya en los efebos, en estos de nuevo parecía sobresalir, tanto practicando lo que es necesario como siendo resistente y respetando a los mayores y obedeciendo a los que mandan. 6. Que cuando los armenios se fueron a casa, uno hablaba de la sabiduría de Ciro, otro de la resistencia, otro de la mansedumbre, y otro también de la belleza y el tamaño. Al día siguiente, el armenio enviaba presentes de hospitalidad a Ciro y a todo el ejército; y ordenó a los suyos que, donde fuera necesario hacer campaña, estuvieran presentes al tercer día; y contó el doble de las riquezas de las que Ciro dijo. Ciro, tras tomar cuanto dijo, envió lo demás; y preguntaba
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quién es el que lleva el ejército, el hijo o él mismo. Y ambos dijeron a la vez, el padre así: Lo que tú ordenes; y el hijo así: Yo no te abandonaré, oh Ciro, ni aunque fuera necesario que yo te siguiera como portador de equipaje. Y Ciro, tras reírse, dijo:¿ Y por cuánto, dijo, querrías que tu mujer se enterara de que llevas el equipaje? Pero no, dijo, tendrá que enterarse ella; pues la llevaré, de modo que será posible ver lo que yo haga. Sería hora, dijo, de que ustedes hicieran el equipaje. Y considera, dijo, que estaremos presentes con el equipaje hecho lo que el padre dé. 7. Que Ciro, tras preparar la fortaleza con guardias suficientes y con todo lo necesario, tras dejar a un medo, bajaba a 2. 50 la tierra habitada y nadie de los armenios permaneció dentro, ni hombre ni mujer, sino que todos salían al encuentro alegrándose por la paz y trayendo y llevando lo que cada uno tenía de valor. Y el armenio no se afligía por esto, pensando que así también Ciro se alegraría más por el honor de todos. Al final, pues, salió al encuentro también la mujer del armenio, teniendo a las hijas y al hijo menor, y junto con otros regalos traía el oro que anteriormente Ciro no quiso tomar. Y Ciro, tras tomarlo, dijo: Ustedes no harán que yo ande haciendo el bien por salario, sino tú, oh mujer, teniendo estas riquezas que traes, vete, y al armenio no le des más que las entierre, sino envía al hijo habiéndolo equipado lo mejor posible de ellas para el ejército; y de lo restante adquiere también para ti y para el marido y para las hijas y para los hijos lo que, poseyéndolo y estando adornados, pasarán la vida más bellamente y más placenteramente; y en la tierra en la que yazcan los cuerpos, cuando cada uno muera, enterrarlo. Él, tras decir esto, pasó de largo; el armenio lo acompañaba y todos los demás hombres, llamando al bienhechor, al hombre de bien; y hacían esto hasta que estuvo fuera del país. También le envió el armenio un ejército mayor, como si hubiera paz en casa. Así, pues, Ciro se iba habiendo obtenido no solo las riquezas que tomó, sino habiendo preparado muchas más que estas por su carácter, de modo que tomarlas cuando necesitara. Y cazaba con Tigranes dondequiera que encontraran fieras, y se alegraba. 8. Que de los medas salían unos porque, siendo niños, se hicieron amigos de Ciro cuando era niño, otros porque, al encontrarse en las cacerías, admiraron su carácter, otros porque también sabían agradecer que les parecía haber alejado un gran miedo, otros teniendo esperanzas porque el hombre parecía ser bueno y afortunado y que iba a ser aún poderosamente grande, otros, cuando era educado entre los medas, si hizo algún bien a alguien, querían devolver el favor; a muchos se les habían gestionado muchos bienes por filantropía por parte del abuelo; muchos, cuando vieron también a los hircanios y corrió el rumor de que los guiarían hacia muchos bienes, salían también por el hecho de tomar algo. 9. Que Ciro, al observar los actos de los medas y de los hircanios, como si se reprochara a sí mismo y a los que estaban con él, si los otros parecían en este tiempo florecer más que ellos mismos y adquirir, por qué ellos permanecían en una tierra más activa. Pues, en efecto, los que llevaban y mostraban a Ciro lo que llevaban, volvían a alejarse, persiguiendo a los otros. 10. Que Ciro decía que el hambre era el condimento, y beber del río que fluía al lado. 11. Que al segundo día, alrededor del atardecer, llegan al lugar de Gobrias y ven la fortificación sumamente fuerte y en las murallas todo preparado como si se defendieran de la mejor manera; y veían también muchos bueyes y muchísimas ovejas llevadas bajo las fortificaciones. Tras enviar a Ciro, Gobrias ordenó que, tras rodearlo, viera si el acceso era el más fácil, y enviar dentro hacia él a algunos de los fieles, quienes, tras ver lo de dentro, lo anunciarán. Ciro, deseando realmente ver si el 2. 52 muro era capturable en algún lugar, o si Gobrias parecía falso, rodeaba por todas partes, y veía que todo era más fuerte de lo que se acercó; los que envió hacia Gobrias anunciaban a Ciro que había dentro tantos bienes como en una generación de hombres, de modo que les parecía que los que estaban dentro no podrían agotarlos. Ciro, pues, estaba en preocupación sobre qué sería esto, pero Gobrias mismo
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salía hacia él y sacaba a todos los de dentro trayendo vino, harina, otros conduciendo bueyes, cabras, cerdos, y si algo es inefable, todo lo suficiente traían para que cenara todo el ejército que estaba con Ciro. Y los encargados de esto lo repartían y preparaban la cena. Cuando los hombres estuvieron fuera, Gobrias ordenó entrar a Ciro como considerara más seguro. Tras enviar, pues, Ciro exploradores y fuerza, él mismo entraba así. Cuando entraron teniendo las puertas abiertas, llamaba a todos los amigos y jefes de los que estaban con él. Cuando estuvieron dentro, Gobrias, sacando copas de oro y jarras y cántaros y adornos de todo tipo y dáricos incalculables y todo lo bello mucho, finalmente a la hija, de una belleza y tamaño terribles, pero estando de luto por el hermano muerto, sacándola, dijo así: Yo, oh Ciro, te regalo estas riquezas, y a esta hija te la confío para que dispongas como tú quieras; pero suplicamos, yo incluso antes por el hijo, y ella ahora por el hermano, que te conviertas en vengador. Ciro dijo: Pero yo a ti incluso entonces te prometí 2. 53 sin mentir que me vengaría en la medida de mis fuerzas; ahora te diré debiendo la promesa, y a ella le prometo hacer estas mismas cosas con los dioses. Y estas riquezas, dijo, yo las acepto, pero se las doy a esta joven y a aquel que se case con ella. Pero me voy habiendo tomado un regalo de ti a cambio del cual ni siquiera los de Babilonia, allí hay muchísimos, ni los de todas partes, a cambio de esto que tú me has regalado, me iría habiendo tomado con más placer. Y Gobrias, tras admirarse:¿ Qué es esto, dijo, oh Ciro? Él respondió: Que, dijo, yo, oh Gobrias, creo que hay muchos hombres que ni querrían ser impíos ni cometer injusticias ni mentirían queriendo serlo; pero por el hecho de que nadie ha querido confiarles ni muchas riquezas ni una tiranía ni muros fortificados ni hijos dignos de ser amados, mueren antes de que se haga evidente cómo eran; pero tú ahora, tras haberme confiado muros fortificados y riqueza de todo tipo y tu poder y una hija digna de ser poseída, me has hecho evidente ante todos los hombres que ni querría ser impío con los huéspedes ni cometer injusticias por causa de riquezas ni mentiría en los pactos queriendo serlo. Esto, pues, yo, sábete bien, mientras sea un hombre justo y pareciendo ser tal sea alabado por los hombres, nunca lo olvidaré, sino que intentaré honrarte a cambio con todas las cosas bellas. Y de un hombre, dijo, para la hija no temas que te faltará digno de ella; pues hay muchos y buenos amigos para mí; uno de los cuales se casará con ella; si, sin embargo, tendrá tantas riquezas como las que das de riquezas, ni siquiera un poco por causa de esto te admirarán más; pero a mí me envidian 2. 54 ahora y ruegan a todos los dioses demostrar que son fieles no menos que yo a los amigos, pero a los enemigos que nunca cederían vivos, si algún dios no dañara; a cambio de virtud y buena fama que ni siquiera elegirían todos los bienes de los sirios junto con los tuyos y los de los asirios; tales hombres, sábete bien, están sentados aquí. Gobrias, tras reírse, dijo: Oh Ciro, por los dioses, muéstrame pues dónde están estos, para que te pida a uno de ellos para que sea hijo para mí. Él dijo: No necesitarás preguntarme, sino que tú síguenos, tú mismo tendrás y mostrarás a otro a cada uno de ellos. Tras decir tanto y tras tomar la mano derecha de Gobrias y levantarse, salía y sacaba a todos los que estaban con él; y, aunque Gobrias pedía mucho cenar dentro, no quiso, sino que cenaba en el campamento y tomó a Gobrias como comensal. Tras acostarse sobre un lecho, le preguntaba así: Dime, dijo, oh Gobrias,¿ crees que tienes más lechos que cada uno de nosotros? Y él dijo: Ustedes, por Zeus, sé bien que, dijo, tienen más lechos y camas, y una casa mucho mayor la vuestra que la mía, los que usáis como casa la tierra y el cielo, y camas tenéis cuantas camas podrían ser sobre la tierra; y lechos consideráis no cuantos la oveja produce lana, sino cuantos los montes y las llanuras producen. Al principio, pues, cenando con ellos Gobrias y viendo la sencillez de los alimentos servidos, mucho 2. 55 los consideraba
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12. Que Ciro dijo:«¿ Qué pasa, Gobrias?¿ No acusabas tú a este joven que ahora ha subido al trono de tener una soberbia muy grande en su carácter?».« Pues tales cosas, creo yo— dijo Gobrias—, he sufrido por su parte».«¿ Acaso, entonces— dijo Ciro—, fue así solo contigo o también con otros?».«¡ Por Zeus!— dijo Gobrias—, también con otros; pero¿ qué necesidad hay de hablar de cómo insulta a los débiles? A un hombre mucho más poderoso que yo, hijo suyo y compañero de aquel, igual que el mío, 2. 56 mientras bebía con él en su casa, lo apresó y lo castró, según dijeron algunos, porque su concubina lo elogió diciendo que era apuesto y felicitó a la que iba a ser su mujer; pero, según él mismo dice ahora, porque cortejó a su concubina. Y ahora este es eunuco, pero conserva el mando, puesto que su padre murió».«¿ Entonces— dijo—, crees que también este nos vería con agrado si pensara que podríamos ser sus aliados?».« Ciertamente— dijo Gobrias—, pero es difícil verlo, Ciro».
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13. Que Ciro, al ver que se saqueaban las armas hacia Sardes, convocó inmediatamente a los jefes y les dijo que se marcharan del ejército lo más rápido posible.« Pues no soportaría— dijo— ver que los indisciplinados sacan ventaja. Y sabed bien— dijo— que yo me preparaba para haceros a vosotros, los que hacéis campaña conmigo, envidiables ante todos los caldeos; pero ahora— dijo— no os sorprendáis si alguien os encuentra mejores al iros». Al oír esto, los caldeos tuvieron miedo y suplicaban que dejara de estar enfadado, y dijeron que devolverían todo el dinero. Él dijo que no necesitaba nada de eso.« Pero si queréis— dijo— que deje de estar molesto, devolved todo lo que habéis tomado a los que custodiaron la fortaleza. Pues si los otros soldados se enteran de que los que se portaron bien sacan ventaja, todo me irá bien».
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14. Que el carácter de Feraulas era amante de los amigos y no le parecía que nada fuera tan agradable ni útil para él como los hombres. Pues consideraba que el hombre es el mejor de todos los animales y el más agradecido, porque veía que los que son elogiados por alguien elogian a su vez a estos con entusiasmo, que intentan corresponder a quienes les hacen favores, que corresponden con benevolencia a quienes saben que les tienen buena voluntad, que no pueden odiar a quienes saben que los aman, y que están dispuestos a cuidar de sus padres mucho más que todos los animales, incluso después de muertos; mientras que consideraba que todos los demás animales son más desagradecidos y menos inteligentes que los hombres. Así pues, Feraulas estaba sumamente contento de que le fuera posible, al librarse del cuidado de los otros bienes, ocuparse de sus amigos, y el Saca, de que, al tener mucho, iba a disfrutar de muchas cosas. El Saca amaba a Feraulas porque siempre le ofrecía algo, y este al Saca, porque quería recibirlo todo y, al ocuparse siempre de más cosas, no le causaba más distracción. Y ellos, ciertamente, vivían así.
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16. Que el imperio de Ciro fue el más hermoso y grande de los de Asia, lo atestigua él mismo. Estaba delimitado al este por el mar Eritreo, al norte por el Ponto Euxino, al oeste por Chipre y Egipto, y al sur por Etiopía. Y, siendo tan grande, era gobernado por una sola voluntad, la de Ciro, y él honraba y cuidaba a sus súbditos como si fueran sus propios hijos, y los gobernados veneraban a Ciro como a un padre. Sin embargo, cuando Ciro murió, sus hijos empezaron a enfrentarse inmediatamente, las ciudades y las naciones se rebelaron inmediatamente, y todo empezó a ir a peor. Y, para demostrar que digo la verdad, empezaré enseñando a partir de las cosas divinas. Pues sé que antes el rey y los que estaban bajo él cumplían los juramentos si los prestaban, y confirmaban las promesas si daban la mano. Pero si no fueran tales y no tuvieran tal reputación, como tampoco ahora cree nadie ya, puesto que se conoce su 2. 58 impiedad. Así tampoco entonces creyeron los generales de los que subieron con Ciro. Pero ahora, confiando en su reputación anterior, se entregaron y, tras ser llevados ante el rey, fueron decapitados. Muchos otros de los bárbaros que hicieron campaña también perecieron engañados por otras promesas. Y ahora son mucho peores que esto. Pues antes, si alguien se arriesgaba contra el rey, o sometía una ciudad o una nación, o realizaba algún otro acto noble o bueno para él, estos eran los que recibían honores; pero ahora, incluso si alguien, como Rimithres, abandona a su mujer, a sus hijos y a los hijos de sus amigos como rehenes ante los egipcios y, tras violar los juramentos más grandes, hace algo que parece conveniente al rey, estos son los que son galardonados con los mayores honores. Al ver esto, todos los que están en Asia se han vuelto hacia la impiedad y la injusticia. En cuanto al dinero, son más injustos en este aspecto; pues no solo detienen a los que han cometido muchas faltas, sino que ahora obligan a pagar dinero a los que no han cometido ninguna injusticia, sin ninguna justicia; de modo que los que parecen tener mucho temen no menos que los que han cometido muchas faltas; y ni siquiera estos quieren ponerse en manos de los más poderosos. Tampoco se atreven a reunirse para una expedición real. Por tanto, quienquiera que les haga la guerra, a todos les es posible moverse por su territorio sin lucha como quieran, debido a su impiedad hacia los dioses y a su injusticia hacia los hombres. Las mentalidades, pues, son en este aspecto mucho peores ahora que en la antigüedad. Que tampoco cuidan sus cuerpos como antes, lo relataré. Pues era costumbre entre ellos no escupir ni 2. 59 sonarse la nariz. Es evidente que no establecieron esto por ahorrar el líquido del cuerpo, sino queriendo que los cuerpos se fortalecieran mediante esfuerzos y sudor. Pero ahora, el no escupir ni sonarse la nariz aún permanece, pero el esforzarse no se practica en ninguna parte. Y, ciertamente, antes era costumbre entre ellos comer una sola vez al día, para poder dedicar todo el día a las actividades y al esfuerzo. Ahora, en cambio, el comer una sola vez al día aún permanece, pero, empezando a comer cuando los que desayunan más temprano, pasan el tiempo comiendo y bebiendo hasta que los que se acuestan más tarde. Era costumbre entre ellos no sacar jarras a los banquetes, evidentemente pensando que, al no beber en exceso, se arruinarían menos tanto los cuerpos como las mentes; pero ahora, el no introducirlas aún permanece, pero beben tanto que, en lugar de introducirlas, ellos mismos son sacados cuando ya no pueden salir de pie. Pero, ciertamente, también era costumbre entre ellos no comer ni beber mientras caminaban, ni ser vistos haciendo ninguna de las necesidades que esto conlleva; ahora, en cambio, el abstenerse de esto aún permanece, pero hacen los viajes tan cortos que ya ni siquiera habría que sorprenderse de que se abstengan de las necesidades. Pero, ciertamente, también salían a cazar antes tan a menudo que la caza era suficiente ejercicio tanto para ellos como para los caballos; pero cuando el rey Artajerjes y los que estaban con él se volvieron menos aficionados al vino, ya no salían ellos mismos ni sacaban a los demás a cazar de la misma manera; sino que, incluso si algunos se volvían trabajadores y daban testimonio junto con los jinetes que los rodeaban, se veía claramente que les tenían envidia y que los odiaban por ser mejores que ellos. Pero, ciertamente, también el que los niños sean educados en la caza aún permanece; sin embargo, el aprender y practicar la equitación se ha 2. 60 extinguido debido a que no van a donde podrían demostrar su valía. Y que los niños, al escuchar allí antes cómo se juzgaban los juicios justamente, parecían aprender justicia, también esto se ha invertido por completo; pues ven claramente que ganan los que más reparten. Pero también los niños aprendían antes las propiedades de lo que nace de la tierra, para usar lo útil y abstenerse de lo dañino; ahora, en cambio, parecen ser enseñados en esto, para que hagan el mayor daño posible; al menos, en ninguna parte mueren ni se corrompen más personas por venenos que allí. Pero, ciertamente, también son mucho más afeminados ahora que en tiempos de Ciro. Entonces, en efecto, aún usaban la educación y el autocontrol de los persas, y el traje y la delicadeza de los medos; ahora, en cambio, descuidan la resistencia de los persas, que se está extinguiendo, y conservan la molicie de los medos. Y quiero aclarar también su afeminamiento. Pues para aquellos, en primer lugar, no solo basta con extender las camas con suavidad, sino que ya ponen las patas de las camas sobre alfombras, para que el suelo no ofrezca resistencia, sino que las alfombras cedan. Y, ciertamente, los platos que se sirven en la mesa, todos los que se habían inventado antes, no se ha eliminado ninguno de ellos, y siempre inventan otros nuevos; y los manjares, igualmente; pues poseen inventores de ambas cosas. Pero, ciertamente, también en invierno no solo les basta con cubrirse la cabeza, el cuerpo y los pies, sino que tienen guantes gruesos y dediles en las puntas de las manos. En verano, en cambio, no les bastan ni las sombras de los árboles ni las de las rocas, sino que, bajo estas, los hombres les preparan otras sombras. Y, ciertamente, si tienen tantas copas como sea posible, se adornan con ello; y si están fabricadas manifiestamente de forma injusta, no se avergüenzan en absoluto de ello; pues ha crecido mucho entre ellos la injusticia y la codicia. Pero también antes era costumbre entre ellos no ser vistos caminando a pie, por ninguna otra razón que la de llegar a ser lo más expertos posible en equitación; ahora, en cambio, tienen más mantas sobre los caballos que sobre 2. 61 las camas; pues no se preocupan tanto de la equitación como de sentarse con suavidad.¿ Cómo, pues, no son ahora, razonablemente, mucho peores en los asuntos militares que antes? A quienes en el tiempo pasado les correspondía, los que poseían la tierra, proporcionar jinetes a partir de ella, los cuales hacían campaña, y los que custodiaban la frontera del país eran mercenarios; ahora, en cambio, a los porteros, a los panaderos, a los cocineros, a los coperos, a los bañeros, a los que sirven la mesa, a los que la retiran, a los que acuestan y levantan, y a los encargados del adorno, que los untan y los frotan y les arreglan lo demás, a todos estos los poderosos han hecho jinetes, para que les sirvan a sueldo. La multitud, pues, parece aumentar por esto, pero no hay ninguna utilidad en ellos para la guerra; y lo demuestran los hechos mismos; pues en su territorio los enemigos o los amigos se mueven fácilmente. Pues, ciertamente, Ciro, tras hacer que dejaran de lanzar proyectiles, y tras armar con corazas tanto a ellos como a los caballos y dar una jabalina a cada uno en la mano, hacía el combate cuerpo a cuerpo; ahora, en cambio, ni lanzan proyectiles ni luchan cuerpo a cuerpo. Y los infantes tienen escudos de mimbre, alfanjes y hachas de guerra como si fueran a hacer el combate como en tiempos de Ciro; pero ni siquiera estos quieren entrar en combate cuerpo a cuerpo. Tampoco usan ya los carros con guadañas para lo que Ciro los creó. Pues él, al aumentar los honores de los aurigas y hacerlos buenos, tenía a los que se lanzaban a las armas; pero los de ahora, ni siquiera conociendo a los que están en los carros, piensan que los inexpertos serán iguales a los expertos. Estos se lanzan, pero antes de estar entre los enemigos, unos caen voluntariamente y otros saltan, de modo que los tiros, al quedarse sin aurigas, a menudo hacen más daño a los amigos que a los enemigos. Sin embargo, puesto que ellos mismos saben qué clase de 2. 62 instrumentos de guerra tienen, ceden, y nadie se pone ya en guerra sin los griegos, ni cuando luchan entre ellos ni cuando los griegos luchan contra ellos. Pero, además de esto, han decidido hacer las guerras con los griegos. Yo, ciertamente, creo haber cumplido lo que me propuse. Pues afirmo que los persas y los que están con ellos han demostrado ser ahora más impíos con los dioses, más sacrílegos con sus parientes, más injustos con los demás y más cobardes en lo que respecta a la guerra que antes. Y si alguien pensara lo contrario que yo, al observar sus obras, encontrará que dan testimonio de mis palabras. De la Anábasis de Ciro de Parisátide.
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17. Que Ciro el joven fue el más real y el más digno de gobernar de los persas que vivieron después de Ciro el antiguo, como es admitido por todos los que parecen haber sido expertos en Ciro. Pues, en primer lugar, siendo aún niño cuando era educado junto con su hermano y con los otros niños, era considerado el mejor de todos en todo. Pues todos los hijos de los mejores persas son educados a las puertas del rey; allí uno podría aprender mucha moderación, y no hay nada vergonzoso que oír ni que ver. Los niños ven tanto a los que son honrados por el rey y oyen por qué razón, como a otros que son deshonrados; de modo que, siendo niños, aprenden inmediatamente tanto a ser gobernados como a gobernar. Allí Ciro parecía ser el más apto para aprender 2. 63 primero de sus compañeros, y obedecer a los mayores más que a los que eran inferiores a él, y luego, el más amante de los caballos y el que mejor los usaba. Lo juzgaron también el más amante de aprender y el más practicante de las artes de la guerra, el tiro con arco y el lanzamiento de jabalina. Y cuando fue apropiado para su edad, fue también el más amante de la caza y, además, el más amante del peligro frente a las fieras. Y una vez, al abalanzarse un oso, no tembló, sino que, al enfrentarse, fue arrastrado fuera del caballo, y sufrió heridas, de las cuales tenía las cicatrices visibles, pero al final lo mató; y, sin embargo, hizo que el primero que acudió a ayudar fuera envidiado por muchos. Y cuando fue enviado por su padre como sátrapa de Lidia, de la Gran Frigia y de Capadocia, y fue nombrado general de todos los que deben reunirse en el campo de Castolo, primero demostró que consideraba de la mayor importancia, si hacía un pacto con alguien, si acordaba algo con alguien y si prometía algo a alguien, no mentir en nada. Y, en efecto, las ciudades que se le confiaban confiaban en él, y los hombres confiaban en él; y si alguien se convertía en enemigo, una vez que Ciro hacía un pacto, confiaban en que no sufrirían nada contrario a los tratados. Por tanto, cuando hizo la guerra a Tisafernes, todas las ciudades eligieron voluntariamente a Ciro en lugar de Tisafernes, excepto los milesios; pero estos, porque no quiso entregar a los exiliados, le tenían miedo. Pues demostraba con hechos y decía que nunca los entregaría, una vez que se convirtió en su amigo, ni siquiera si llegaban a ser menos y si les iba peor. Y era evidente que, si alguien le hacía algún bien o algún mal, intentaba superarlo; y algunos difundían una oración suya, que rezaba para vivir tanto tiempo hasta que superara a los que le hacían bien y mal, correspondiéndoles. Y, en efecto, muchísimos desearon, siendo él un solo hombre de los de nuestro tiempo, entregarle tanto dinero como 2. 64 ciudades y sus propios cuerpos. Ciertamente, nadie podría decir tampoco esto, que permitía que los malvados y los injustos se rieran, sino que los castigaba con la mayor severidad de todos; pues a menudo era posible ver a lo largo de los caminos transitados a hombres privados de pies, manos y ojos; de modo que en el gobierno de Ciro era posible tanto para el griego como para el bárbaro, sin cometer injusticia, viajar sin miedo a donde uno quisiera, llevando lo que le conviniera. Sin embargo, era admitido que honraba de forma destacada a los buenos para la guerra. Y, en primer lugar, tuvo una guerra contra los pisidios y los misios; al hacer campaña él mismo en estos territorios, a los que veía dispuestos a arriesgarse, a estos los hacía gobernantes del territorio que conquistaba, y luego los honraba con otros regalos, de modo que los buenos parecían ser los más afortunados, y los malos eran considerados dignos de ser esclavos de estos. Por tanto, tenía gran abundancia de los que deseaban arriesgarse, dondequiera que alguien pensara que Ciro se daría cuenta. En cuanto a la justicia, si alguien se le mostraba queriendo 2. 65 demostrarla, consideraba de la mayor importancia hacer a estos más ricos que los que codiciaban injustamente. Y, en efecto, muchas otras cosas se gestionaban justamente bajo él y utilizó un ejército verdadero. Pues los generales y capitanes no navegaron hacia él por dinero, sino porque supieron que era más rentable gobernar bien bajo Ciro que la ganancia mensual. Pero, ciertamente, si alguien le servía bien cuando él lo ordenaba, nunca dejó su entusiasmo sin recompensa. Por tanto, se dijo que los mejores servidores de toda obra fueron los de Ciro. Y si veía a alguien siendo un administrador capaz a partir de la justicia y preparando el territorio que gobernaba y obteniendo ingresos, nunca le quitaba nada, sino que siempre le daba más; de modo que trabajaban con gusto y adquirían con confianza, y lo que uno poseía, menos lo ocultaba a Ciro. Pues no era envidioso de los que se enriquecían abiertamente, sino que intentaba usar el dinero de los que lo ocultaban. En cuanto a los amigos, a cuantos hacía amigos y sabía que eran benevolentes y juzgaba que eran capaces de ser colaboradores en lo que quisiera realizar, es admitido por todos que fue el mejor en cuidarlos. Pues esto mismo, por lo que él mismo pensaba que necesitaba amigos, para tener colaboradores, él mismo intentaba ser el mejor colaborador para sus amigos, en aquello que percibía que cada uno deseaba. Y regalos, creo que él solo, como un solo hombre, recibía muchísimos por muchas razones; pero estos los repartía sobre todo a sus amigos, observando el carácter de cada uno y lo que veía que cada uno deseaba más. Y cuantas cosas le enviaba alguien como adorno para su cuerpo, ya fuera para la guerra o para el adorno, decían que él decía sobre esto que su propio cuerpo no podría adornarse con todas estas cosas, pero que consideraba que los amigos bien adornados son el mayor adorno para un hombre. Y que superar a los amigos haciendo el bien en las grandes cosas no es nada sorprendente, puesto que era más poderoso. Pero el superar a los amigos en el cuidado y el entusiasmo por complacer, esto me parece a mí más digno de admiración. Pues Ciro enviaba a menudo odres de vino medio vacíos, cuando conseguía uno muy dulce, diciendo que todavía no había encontrado en este tiempo un vino más dulce; por tanto, te envió este y te pide que lo bebas hoy con los que más quieres. Y a menudo enviaba ocas medio comidas y mitades de panes y otras cosas semejantes, ordenando al que las llevaba que dijera:« Ciro disfrutó con esto; por tanto, quiere que tú también pruebes esto». Y donde el forraje fuera muy escaso, pero él pudiera prepararlo 2. 66 debido a que tenía muchos servidores y debido a su cuidado, ordenaba a sus amigos que echaran este forraje a los caballos que llevaban sus propios cuerpos, para que no llevaran a sus amigos con hambre. Y cuando viajaban y muchos iban a verlos, llamaba a sus amigos y hablaba seriamente, para mostrar a quiénes honraba. De modo que yo, por lo que oigo, no juzgo que nadie haya sido amado por más personas, ni griegos ni bárbaros. Y prueba de esto es también lo siguiente. De Ciro, mientras servía, nadie se iba al rey, excepto Orontas, que lo intentó; y este mismo rey, al que pensaba que era fiel, lo encontró rápidamente más amigo de Ciro que de sí mismo; del rey, muchos se fueron a Ciro, cuando se convirtieron en enemigos entre sí, y estos, además, los que más se admiraban a sí mismos, pensando que, estando con Ciro, siendo buenos, obtendrían una honra más digna que con el rey. Y una gran prueba es también lo que ocurrió en el final de su vida, que él mismo era bueno y podía juzgar correctamente a los fieles, benevolentes y constantes. Pues, al morir él, todos sus amigos y compañeros de mesa murieron luchando por Ciro, excepto Arieo. Este, por casualidad, estaba formado en el ala izquierda del ejército de caballería; al darse cuenta de que Ciro había caído, huyó llevando también todo el ejército que dirigía.
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18. Que Clearco, el que hizo campaña con Ciro, es admitido por todos los que lo conocieron por experiencia como un hombre tanto guerrero como amante de la guerra a la antigua. Pues, en efecto, mientras 2. 67 había guerra de los lacedemonios contra los atenienses, permaneció, pero cuando hubo paz, tras enseñar a su propia ciudad cómo los tracios hacían injusticias a los griegos y tras conseguir lo que pudo de los éforos, zarpó para hacer la guerra a los tracios que estaban más allá del Quersoneso y Perinto. Pero cuando los éforos, habiendo cambiado de opinión de alguna manera, intentaron hacerlo volver desde el istmo cuando ya estaba fuera, allí ya no obedece, sino que se fue navegando hacia el Helesponto. Por esto fue condenado a muerte por las autoridades de Esparta por desobediente. Y ya siendo exiliado, viene a Ciro, y con qué palabras convenció a Ciro está escrito en otra parte, pero Ciro le da diez mil dáricos; él, al recibirlos, no se entregó a la ociosidad, sino que, tras reunir un ejército con este dinero, hace la guerra a los tracios, y los venció en batalla y, a partir de esto, los saqueaba y vivía haciendo la guerra hasta que Ciro necesitó el ejército; entonces, ciertamente, se fue para hacer la guerra de nuevo con él. Estas, pues, me parecen obras de un hombre amante de la guerra, quien, pudiendo vivir en paz sin vergüenza ni daño, elige hacer la guerra, y pudiendo estar ocioso, quiere esforzarse para hacer la guerra, y pudiendo tener dinero sin peligro, elige, haciendo la guerra, tener menos. Aquel, como si fuera para un amor o para algún otro placer, quería gastar en la guerra. Así, pues, era amante de la guerra. Y parecía ser guerrero en esto, en que era amante del peligro, llevando a los enemigos de día y de noche, y sensato en los peligros, como todos los presentes admitían en todas partes. Y se dice que era capaz de mandar, en la medida de lo posible para un carácter como el que él tenía. Pues era capaz, como si alguien más lo fuera, de preocuparse de cómo su ejército tendría los suministros y de prepararlos, y capaz también de infundir a los presentes que debían confiar en Clearco. Y esto lo hacía a partir de ser severo; pues era de aspecto sombrío y de voz áspera, y castigaba 2. 68 fuertemente, y a veces con ira, de modo que a veces él mismo se arrepentía. Y castigaba también con juicio; pues no consideraba que hubiera ninguna utilidad en un ejército indisciplinado, sino que decían que él mismo decía que el soldado debía temer más al jefe que a los enemigos, si iba a montar guardias, o a abstenerse de los amigos, o a ir sin excusas contra los enemigos. En los peligros, pues, los soldados querían obedecerle mucho y no elegían a otro; pues decían que entonces su aspecto sombrío parecía brillante ante los demás, y su severidad parecía firme contra los enemigos, de modo que, siendo salvadora, ya no parecía severa; pero cuando estaban fuera del peligro y podían irse tras haber empezado a mandar unos sobre otros, muchos lo abandonaban; pues no tenía el encanto, sino que siempre era severo y cruel; de modo que los soldados se comportaban con él como los niños con un maestro. Y, en efecto, nunca tuvo a los que le seguían por amistad y benevolencia; pero a los que, ya fuera por orden de la ciudad, o por necesidad, o retenidos por alguna otra necesidad, estaban con él, los usaba como muy obedientes. Y cuando empezaron a vencer con él a los enemigos, ya eran grandes las cosas que hacían útiles a los soldados que estaban con él; pues tanto el tener confianza ante los enemigos como el temer el castigo de su parte los hacía disciplinados. Tal era, pues, el jefe; pero se decía que no quería mucho ser gobernado por otros. Y tenía, cuando murió, unos 50 años. Próxeno el beocio, desde que era un joven, deseaba llegar a ser un hombre capaz de realizar grandes cosas; y debido a este deseo, dio dinero a Gorgias el leontino. Y cuando estuvo con él, pensando que ya era capaz tanto de mandar como, siendo amigo de los primeros, de no ser superado haciendo el bien, vino a estas empresas con Ciro; y pensaba que obtendría de esto un gran nombre y 2. 69 un gran poder y mucho dinero; y deseando mucho esto, tenía también esto muy claro, que no querría obtener nada de esto con injusticia, sino que pensaba que debía obtener esto con lo justo y noble, pero sin esto, no. Y era capaz de mandar a los nobles y buenos; sin embargo, no era capaz de infundir a sus soldados ni respeto ni miedo, sino que se avergonzaba de los soldados más que los gobernados de él; y era evidente que temía más el
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reclamando el momento de las manos. Fin de la historia de Dionisio de Halicarnaso. 2. 85 De la historia de Polibio de Megalópolis. XII. Sobre la virtud y el vicio. 1. Que los cartagineses, tras la muerte de Asdrúbal, confiaron a Aníbal, siendo joven, los asuntos de Iberia debido a la agudeza y audacia que ya se manifestaban en sus acciones. 2. Que un solo hombre, Tearques, deshonró el carácter libre y noble de los clitorianos debido a su propia maldad; a quien los clitorianos, con razón, niegan que haya nacido entre ellos, considerándolo un linaje suplantado de uno de los soldados extranjeros de Orcómeno. 3. Que los mantineos, habiendo sido capturados por los aqueos y salvados paradójicamente gracias a su filantropía y benevolencia, luego, debido a las intrigas de los etolios y lacedemonios, establecieron una guardia sobre ellos y sortearon a trescientos hombres. Pero no mucho después, los mantineos, habiendo entrado en sedición entre sí y habiendo atraído a los lacedemonios, entregaron la ciudad y degollaron a los que estaban entre ellos por parte de los aqueos. 2. 86 No es fácil ni siquiera expresar qué traición es más grave y terrible que esta. Pues,¿ cuánta ira merece el hecho de que se convirtieran en verdugos y castigadores de aquellos que, habiéndolos tomado antes por la fuerza, los dejaron libres e inocentes, y que en aquel momento protegían su libertad y salvación?¿ Y qué castigo parecería apropiado para ellos si lo sufrieran? Quizás alguien diría que fueran vendidos con sus hijos y mujeres, puesto que fueron derrotados en la guerra. Pero esto es algo a lo que están sujetos incluso aquellos que no han cometido ninguna impiedad, según las leyes de la guerra. Por lo tanto, merecían sufrir un castigo más general y mayor, de modo que, si sufrieron lo que dice Filarco, no era razonable que los griegos sintieran compasión por ellos, sino más bien alabanza y aprobación hacia quienes actuaban y perseguían su impiedad. Pero, sin embargo, no es lícito que el autor, habiendo seguido a los mantineos más allá de la peripecia, salvo por el saqueo de sus bienes y la venta de los libres, introdujera, en aras de la propia justificación, no solo una falsedad total, sino una falsedad inverosímil. Y debido a la exageración de su ignorancia, ni siquiera pudo considerar lo que estaba al lado, cómo los mismos, en los mismos momentos, habiendo tomado Tegea por la fuerza, no hicieron nada semejante. Y, sin embargo, si la causa fuera la crueldad de los que actuaban, era razonable que estos también hubieran sufrido lo mismo al haber caído bajo el mismo momento; pero si la diferencia ocurrió solo respecto a los mantineos, es evidente que la causa de la ira también tuvo que ser diferente respecto a ellos. 4. Que el mismo autor dice de nuevo que Aristómaco de los argivos, siendo un hombre de la familia más ilustre y habiendo sido tirano de los argivos, aunque nacido de tiranos, al caer en manos de Antígono y los aqueos, fue llevado a Cencreas y, siendo torturado, murió, habiendo sufrido de la manera más injusta y terrible de todos los hombres. Pero el autor, manteniendo en esta acción su peculiar estilo, inventa ciertas voces que, durante la noche en que era torturado, llegaban a los que vivían cerca, de las cuales dice que unos, horrorizados por la impiedad, y otros, indignados por lo que sucedía, corrían hacia la casa. Sobre tal monstruosidad, pues, que se omita; pues ya ha sido suficientemente expuesto. Yo, por mi parte, juzgo a Aristómaco, aunque no hubiera cometido ninguna otra falta contra los aqueos, digno del mayor castigo por su elección de vida y su ilegalidad contra la patria. Aunque el autor, queriendo aumentar su gloria y llevar a los oyentes a indignarse más con él por lo que sufrió, dice no solo que fue tirano, sino que nació de tiranos. Y nadie podría decir fácilmente una acusación mayor o más amarga que esta; pues el nombre mismo encierra la acepción más impía y abarca todas las injusticias y transgresiones entre los hombres. Pero si Aristómaco soportó los castigos más terribles, como dice este, aun así no pagó un castigo suficiente por un solo día, en el que, habiendo entrado Arato en la ciudad con los aqueos y habiendo soportado grandes luchas y
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peligros por la libertad de los argivos, y habiendo sido expulsado por el momento debido a que nadie de los de dentro se movió por el miedo al tirano, Aristómaco, usando esto como pretexto y ocasión, como si algunos fueran cómplices de la entrada de los aqueos, torturó y degolló a ochenta de los principales ciudadanos que no habían cometido ninguna injusticia. Dejo de lado las impiedades de toda su vida y la de sus antepasados; pues sería largo. Por lo cual, no se debe considerar terrible si alguien cayó en algo similar, sino mucho más terrible si, sin haber experimentado nada de esto, murió inocente; ni se debe atribuir ilegalidad a Antígono ni a Arato porque, habiendo tomado a un tirano en la guerra, lo torturaron y mataron, a quien, incluso en la misma paz, el elogio y el honor acompañaban por parte de los que razonan correctamente ante quienes lo eliminaron y castigaron. Pero cuando, además de lo anterior, también traicionó a los aqueos,¿ qué castigo merecía? Pues él había depuesto la tiranía no mucho tiempo antes, acorralado por las circunstancias debido a la muerte de Demetrio, y obtuvo la seguridad inesperadamente, protegido por la mansedumbre y nobleza de los aqueos, quienes no solo lo hicieron libre de castigo por las impiedades de la tiranía, sino que, al recibirlo en la ciudadanía, le otorgaron el mayor honor, nombrándolo jefe y estratega de ellos mismos. Pero él, olvidándose de las mencionadas filantropías, contra los tratados, tuvo esperanzas un poco más gloriosas sobre el futuro en Cleómenes, y habiendo arrancado a su patria y su propia elección de los aqueos en los momentos más necesarios, los asignó a los enemigos. A quien, al caer en sus manos, no debió morir torturado por la noche en Cencreas, como dice Filarco, sino ser llevado por el Peloponeso y, siendo castigado como ejemplo, dejar así la vida. Pero, sin embargo, siendo tal, no sufrió nada terrible salvo ser ahogado debido a lo hecho en Cencreas. Además de esto, explicó las desgracias de los mantineos con exageración y disposición, evidentemente suponiendo que corresponde a los historiadores señalar las acciones ilegales, pero de la nobleza de los megalopolitanos, que usaron en los mismos momentos, no hizo mención ni siquiera en una pequeña parte, como si enumerar los pecados de los que actuaron fuera más propio de la historia que señalar las obras bellas y justas, o que los que encuentran los registros se corrijan menos por las obras nobles y dignas de emulación que por las acciones ilegales y evitables. Pero él, cómo tomó Cleómenes la ciudad y cómo, manteniéndola intacta, envió inmediatamente mensajeros a los megalopolitanos en Mesene, pidiendo que, habiendo recuperado su patria sin daño, participaran de sus propios asuntos, esto nos lo mostró, queriendo señalar la magnanimidad y moderación de Cleómenes hacia los enemigos. Y además, cómo los megalopolitanos, al leerse la carta, no permitieron que se leyera hasta el final, y casi apedrearon a los mensajeros, hasta aquí aclaró, y quitó lo propio de la historia y el recuerdo de las elecciones dignas de mención de los bienes. Y, sin embargo, era un obstáculo. Pues si consideramos hombres buenos a los que solo de palabra y decreto soportaron la guerra por amigos y aliados, y a los que asumieron la destrucción del país y el asedio no solo les otorgamos elogios, sino también gratitud y los mayores dones,¿ qué opinión se debe tener sobre los megalopolitanos?¿ Acaso no la más solemne y mejor? Quienes primero cedieron el país a Cleómenes, después de esto de nuevo fracasaron totalmente en la patria debido a la elección hacia los aqueos, y lo último, habiéndose dado inesperadamente y paradójicamente la oportunidad de recuperarla sin daño, eligieron privarse de país, tumbas, templos, posesiones, en suma, de todas las cosas más necesarias
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entre los hombres, por no traicionar la fe hacia los aliados.¿ Qué obra más bella ha ocurrido o podría ocurrir?¿ Sobre qué obra podría el autor centrar más a los oyentes?¿ A través de qué obra podría incitar más a la protección de la fe y a la comunión de asuntos verdaderos y firmes? De las cuales Filarco no hizo ninguna mención, estando ciego, al menos a mi parecer, sobre las obras más bellas y que más corresponden a un historiador. No obstante, a continuación dice que de los despojos de Megalópolis cayeron seis mil talentos a los lacedemonios, de los cuales dos mil fueron dados a Cleómenes según las costumbres, para la provisión y fuerza de los asuntos griegos, lo cual es lo que más debe existir en los historiadores. Pues yo no hablo de aquellos tiempos, en los que, tanto por los reyes en Macedonia, y aún más por la continuidad de las guerras entre sí, los asuntos de los peloponesios estaban totalmente destruidos, sino en nuestros tiempos, en los que todos, diciendo una y la misma cosa, parecen disfrutar de la mayor felicidad, cómo de todo el Peloponeso, de los mismos muebles sin los cuerpos, no es posible reunir tal cantidad de dinero. Pues,¿ quién no ha registrado sobre los atenienses que, en los tiempos en que junto con los tebanos entraban en la guerra contra los lacedemonios, y enviaban diez mil soldados y llenaban cien trirremes, que entonces, habiendo juzgado hacer las contribuciones para la guerra según el valor, valoraron todo el país ático y las casas, e igualmente también el resto de la propiedad; pero, sin embargo, el valor total de la tasación faltaba en seiscientos cincuenta talentos de los seis mil. De donde no parecería inverosímil lo que he refutado sobre los peloponesios. Pero en aquellos tiempos, declarando exageradamente, nadie se atrevería a decir que fueron más de trescientos, puesto que es admitido que la mayoría de los cuerpos libres y esclavos huyeron a Mesene. Y la mayor prueba de lo dicho; pues no siendo los mantineos inferiores a nadie de los arcadios ni en poder ni en riqueza, como dice este mismo, y habiendo sido capturados por asedio y entrega, de modo que ni nadie escapó ni nada fue robado fácilmente, sin embargo, hicieron todo el botín con los cuerpos en los mismos tiempos de trescientos talentos.¿ Y lo que sigue a esto quién no admiraría aún más? 2. 91 Pues declarando esto, dice que diez días antes de la batalla llegó el embajador de Ptolomeo, anunciando a Cleómenes que Ptolomeo se niega a proveer, pero exhorta a disolverse ante Antígono. Y dicen que él, al escuchar, juzgó que debía arriesgarse lo más rápido posible con todo antes de que las fuerzas comprendieran lo sucedido, debido a que no existía ninguna esperanza en sus propios asuntos de poder pagar salarios. Pero si hubiera obtenido seis mil talentos en los mismos tiempos, podría haber superado al mismo Ptolomeo con las provisiones. Y contra Antígono, si solo fuera dueño de trescientos, era muy capaz de desgastar la guerra soportando con seguridad. Pero declarar a la vez que todas las esperanzas de Cleómenes estaban en Ptolomeo debido a las provisiones, y a la vez decir que se había hecho dueño de tanto dinero en los mismos tiempos,¿ cómo no es señal de la mayor insensatez y, además, de falta de reflexión? Muchas otras cosas similares han sido dispuestas por el autor tanto en los tiempos subyacentes como a lo largo de toda la obra, sobre las cuales supongo que bastan, según la intención desde el principio, las cosas dichas ahora. 5. Que Aníbal, el estratega de los cartagineses, era joven, pero lleno de impulso guerrero, exitoso en sus empresas, y desde hacía mucho tiempo impulsado hacia el odio contra los romanos. 6. Que los etolios desde hacía mucho tiempo soportaban con dificultad la paz y los gastos de sus propios bienes, como acostumbrados a vivir de los vecinos, necesitando mucha provisión debido a la arrogancia innata, a la cual sirviendo siempre vivían una vida codiciosa y
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bestial 2. 92, no considerando nada propio, sino todo enemigo; no obstante, el tiempo anterior, mientras vivía Antígono, temiendo a los macedonios, permanecían en calma. 7. Que Barbitas era un hombre, a quien si alguien le ponía el sombrero y la clámide de Dorímaco, no era posible distinguirlo; hasta tal punto se había asimilado en la voz y las otras partes del cuerpo a Dorímaco. 8. Que Arato el estratega era en lo demás un hombre perfecto para el modo práctico; pues era capaz de hablar, pensar y mantener lo decidido, y además soportar las diferencias políticas con mansedumbre y unir amigos y adquirir aliados, no inferior a nadie, y además, organizar acciones, engaños, intrigas contra los enemigos, y llevarlas a cabo hasta el final mediante su propio sufrimiento y audacia, era muy hábil. Y hay testimonios claros de tales cosas y muchos, registrados por los más evidentes en detalle sobre la captura de Sición y Mantinea. Pero este mismo, cuando quería reclamar los campos, era lento en las invenciones, cobarde en las empresas, y no permanecía a la vista del peligro. Por lo cual llenó el Peloponeso de trofeos que miraban hacia él, y de esta manera siempre era fácil de manejar para los enemigos. Así, las naturalezas de los hombres no solo tienen algo multiforme en los cuerpos, sino aún más en las almas, de modo que el mismo hombre no solo en las diferentes actividades tiene unas para las que es apto y otras para las que es contrario, sino que sobre algunas 2. 93 de las mismas cosas a menudo el mismo es muy inteligente y muy lento, e igualmente muy audaz y muy cobarde. Estas no son paradojas, sino habituales y conocidas para los que quieren observar. Pues algunos en las cacerías son audaces ante los enfrentamientos con las fieras, pero los mismos ante las armas y los enemigos son innobles, y de la necesidad guerrera, en cuanto a hombre y en particular, son hábiles y prácticos, pero en común y con alguna formación guerrera son inútiles. 9. Que los etolios, saqueando continuamente Grecia y llevando guerras no anunciadas a muchos, ya ni siquiera se dignaban a dar explicaciones a los que se quejaban, sino que incluso se burlaban si alguien los desafiaba a jurisdicciones sobre lo sucedido o, por Zeus, sobre lo que vendría. 10. Que los fugitivos de los cinaiteos, habiendo regresado, traicionaron a los etolios que los habían criado y avanzaban como hacia Luso; y habiendo llegado al templo de Artemisa, que se encuentra entre Clítor y Cineto, y es considerado asilo por los griegos, se disponían a saquear los rebaños de la diosa y las demás cosas alrededor del templo. Los lusiates, con sensatez, dando algunos de los ornamentos de la diosa, evitaron la impiedad de los etolios y el no sufrir nada irreparable. 11. Que puesto que en común la nación de los arcadios tiene cierta fama entre todos los griegos por su virtud, no solo por la hospitalidad y filantropía en las costumbres y vidas, sino sobre todo por la piedad hacia lo divino, es digno de dudar un poco sobre la salvajismo de los cinaiteos, cómo siendo confesadamente ar 2. 94 cadios, en aquellos tiempos se diferenciaron tanto de los otros griegos en crueldad e ilegalidad. 12. Que entre los etolios, al llegar las elecciones, fue elegido estratega Dorímaco; quien inmediatamente al recibir el mando y habiendo reunido a los etolios con las armas, invadió los lugares altos de Epiro y devastaba el país, usando la destrucción con más ira; pues la mayor parte no era para su propio beneficio, sino que destruyó muchas de las ofrendas, y derribó también la casa sagrada, de modo que no hubiera límite de paz ni de guerra hacia los etolios, sino que en ambas circunstancias usaran las empresas contra las costumbres y leyes comunes de los hombres. 13. Que Apeles ni aun así cesaba de la empresa, sino que era capaz de llevar bajo el yugo poco a poco a los aqueos. Viendo que con tal intención los que estaban alrededor de Arato se interponían, y que Filipo les prestaba atención, y más al mayor debido a la recomendación hacia Antígono y debido a que tenía mucho poder entre los aqueos, y sobre todo debido a la
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habilidad y sensatez del hombre, se propuso estar alrededor de estos y causar problemas de tal manera. Examinando a los que se oponían políticamente a los que estaban alrededor de Arato, quiénes son, atrajo a cada uno de las ciudades y, tomándolos en sus manos, los seducía y exhortaba a su propia amistad. Y también se lo exponía a Filipo, mostrándole a cada paso que si prestaba atención a Arato, usaría a los aqueos según la alianza escrita, pero si le obedecía a él y adquiría tales amigos, usaría a todos los peloponesios según su propia voluntad. Y sobre las elecciones se apresuraba inmediatamente, queriendo procurar a alguno de estos la estrategia, y expulsar a los que estaban alrededor de Arato 2. 95 de la hipótesis. Por lo cual convence a Filipo de presentarse a las elecciones de los aqueos en Egio, como haciendo el camino hacia Élide a la vez. Habiendo sido persuadido el rey por él, estando él mismo presente en el momento, y a unos exhortando, a otros amenazando, apenas lo logró, pero sin embargo venció en que fuera estratega Eperato de Fareas, y que Timóxeno fuera expulsado, el que era introducido por los que estaban alrededor de Arato. Apeles, pareciendo haber logrado algo de su intención, el que fuera establecido el estratega de los aqueos por él, de nuevo emprendía contra los que estaban alrededor de Arato, queriendo separar hasta el final a Filipo de la amistad hacia ellos. Y se propuso inventar la calumnia mediante tal invención. Anfídamo, el estratega de los eleos, habiendo sido capturado en Tálama junto con los que habían huido, cuando llegó con los otros cautivos llevado a Olimpia, se apresuró a entrar en conversaciones con el rey mediante algunos; y habiéndolo obtenido, hablaba diciendo que era capaz de atraer a los eleos a la amistad y alianza hacia él. Filipo, persuadido, envió a Anfídamo sin rescate, ordenándole prometer a los eleos, si elegían la amistad hacia él, que devolvería todos los cautivos sin rescate, y que él mismo prepararía la seguridad para el país de todos los de fuera, y además de esto, los mantendría libres, sin guarnición, sin impuestos, usando sus propias guerras. Los eleos, pues, habiendo escuchado esto, no prestaron atención, aunque parecían ser atractivas y grandes las propuestas; pero Apeles, habiendo inventado la calumnia a partir de este asunto, se la presentó a Filipo, diciendo que los que estaban alrededor de Arato no llevaban una amistad sincera hacia los macedonios ni eran verdaderamente benevolentes hacia él; pues incluso ahora 2. 96 estos habían sido la causa de la alienación de los eleos. Pues en el momento en que envió a Anfídamo de Olimpia a Élide, dijo que estos, tomándolo en privado, le permitieron decir que de ninguna manera conviene a los peloponesios que Filipo sea dueño de los eleos, y por esta causa, despreciando todo lo propuesto, los eleos mantienen la amistad hacia los etolios y soportan la guerra contra los macedonios. Filipo, pues, al principio, habiendo recibido las palabras, ordenó llamar a los que estaban alrededor de Arato. Y habiendo sucedido esto y habiéndose demostrado la falsa acusación, desde ese día Arato era aceptado y estimado cada vez más, y hacia Apeles se mostraba más oblicuo. 14. Que Apeles después de esto de ninguna manera se apartaba de su intención, sino que a la vez calumniaba a Taurión, el que estaba ordenado sobre los asuntos en el Peloponeso, no criticando, sino alabando y diciendo que él era apto para convivir con el rey en los campos, queriendo que otro fuera establecido por él sobre los asuntos en el Peloponeso. Pues este es un modo nuevo de calumnia, el no criticar, sino alabar para dañar a los vecinos; y se ha encontrado sobre todo y primero tal malicia y envidia y engaño de los que viven alrededor de las cortes y de la celosía y codicia de estos entre sí. E igualmente también a Alejandro, el ordenado sobre la guardia, cuando encontraba el momento, lo mordía, queriendo que también la guardia y protección alrededor del cuerpo del rey fuera por él y, en general, mover la disposición dejada por
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Antígono. Pues tenía a Leoncio y Megaleas totalmente bajo él, y apresurándose a trasladar a Alejandro y Taurión del cargo 2. 97, se apresuraba a manejar esto y todas las demás cosas por sí mismo y por sus propios amigos. Lo cual fácilmente habría logrado si no hubiera preparado a Arato como antagonista para sí mismo. Pero ahora rápidamente experimentó su propia insensatez y codicia; pues lo que él mismo se propuso hacer contra los vecinos, esto sufrió y en muy poco tiempo. 15. Que los macedonios, habiendo saqueado Termo, habiendo tomado conciencia de lo hecho en Dio y Dodona a los etolios, quemaban los pórticos y destruían el resto de las ofrendas, siendo costosas en las construcciones y habiendo obtenido algunas gran cuidado y gasto. Y no solo dañaron los techos con el fuego, sino que también derribaron hasta el suelo. Y volcaron también las estatuas, siendo no menos de dos mil; y muchas también destruyeron, excepto las que tenían inscripciones o formas de dioses; de tales se abstuvieron. Y escribían en los muros también el verso que circulaba, ya entonces naciendo la habilidad de Samos, quien era hijo de Crisógono y compañero del rey. El verso era:¿ Ves el lugar divino por donde voló la flecha? Y una gran representación sobre esto tenía el rey y los amigos alrededor de él, como haciendo esto justamente y como correspondía, vengando con cosas similares la impiedad de los etolios alrededor de Dio. A mí me parecen lo contrario de esto. Y si el argumento es correcto, es posible observar en medio, usando no otros, sino los ejemplos de esta misma casa. Antígono, habiendo vencido en batalla campal a Cleómenes, el rey de los lacedemonios, se hizo dueño también de Esparta, y siendo él mismo dueño de usar como quisiera tanto la ciudad como los que habitaban en ella, tanto estaba lejos de hacer mal a los que habían 2. 98 caído bajo su poder que, por el contrario, habiendo devuelto la política patria y la libertad, y habiendo sido causa de los mayores bienes tanto en común como en particular a los lacedemonios, así se retiró a su casa. Por tanto, no solo fue juzgado en aquel momento benefactor, sino también, habiendo cambiado, salvador, no solo entre los lacedemonios, sino entre todos los griegos obtuvo honor y gloria inmortales por lo dicho. Y, sin embargo, el primero de ellos que aumentó el reino y se convirtió en jefe de la apariencia de la casa, Filipo, habiendo vencido a los atenienses en la batalla de Queronea, no logró tanto mediante las armas como mediante la equidad y filantropía de las costumbres. Pues con la guerra y las armas solo los superó y se hizo dueño de los que se habían alineado contra él, pero con la sensatez y moderación tuvo a todos los atenienses a la vez y a su ciudad bajo su poder, no midiendo con la ira lo que se hacía, sino guerreando y compitiendo hasta el punto de tomar ocasiones para la demostración de su propia mansedumbre y nobleza; por tanto, habiendo enviado sin rescate a los cautivos y habiendo enterrado a los atenienses que habían muerto, y además habiendo compuesto con Antípatro sus huesos y habiendo vestido a la mayoría de los que se iban con poco gasto, mediante la agudeza realizó la mayor acción; pues habiendo asombrado el ánimo de los atenienses con la magnanimidad, los tuvo listos para todo como aliados en lugar de enemigos.¿ Y qué Alejandro? Pues aquel, habiendo estado tan enfurecido con los tebanos, de modo que esclavizó a los habitantes y derribó la ciudad hasta el suelo, de la piedad hacia los dioses no descuidó en la captura de la ciudad, sino que hizo el mayor cuidado para que ni siquiera un pecado involuntario ocurriera contra los templos y, en general, los recintos. Y, sin embargo, cuando cruzó a Asia y perseguía la impiedad de los persas contra los griegos, de los hombres intentó tomar un castigo digno 2. 99 de lo hecho a ellos, pero de todas las cosas consagradas a los dioses se abstuvo, aunque los persas cometían faltas sobre todo en esta parte en los lugares alrededor de Grecia. Esto, pues, era necesario que entonces
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Filipo, teniéndolo en mente continuamente, no se mostrara sucesor de la autoridad, sino de la elección y la magnanimidad, y heredero de los hombres mencionados. Pero él, para ser pariente de Alejandro y Filipo, hacía gran esfuerzo a lo largo de toda la vida, pero para ser emulador, no tuvo ni la menor consideración. Por tanto, practicando lo contrario a los hombres mencionados, obtuvo la opinión contraria entre todos, avanzando según la edad. De lo cual trajo entonces lo hecho. Pues pecando junto con las impiedades de los etolios debido a la ira, curando mal con mal, no pensaba hacer nada extraño. Y a Escopas y Dorímaco a cada paso los reprendía por desenfreno e ilegalidad, ofreciendo la impiedad en Dodona y Dio hacia lo divino; pero él mismo, haciendo cosas similares, no pensaba obtener la misma opinión que ellos entre los que escuchaban. Pues quitar a los enemigos y destruir fortalezas, puertos, ciudades, hombres, naves, frutos y las demás cosas similares a estas, mediante las cuales uno podría hacer a los adversarios más débiles y sus propios asuntos y empresas más poderosas, estas cosas las leyes de la guerra y los derechos de esta obligan a hacer; pero no preparar ninguna ayuda para los propios asuntos ni disminución para los enemigos ante la guerra presente, y de sobra destruir templos, y a la vez estatuas y toda tal construcción,¿ cómo no diría uno que es obra de un carácter y una ira que delira? Pues no se debe guerrear contra los que han ignorado para la destrucción y desaparición, sino los hombres buenos, sino para la corrección y cambio de lo errado, ni destruir junto con los que han cometido injusticia a los que no han hecho nada, sino salvar más bien y destruir junto con los contrarios a los que parecen cometer injusticia. Pues es obra de un tirano dominar involuntariamente con miedo al que hace mal, siendo odiado y odiando a los sometidos; pero de un rey, hacer bien a todos, siendo amado por la beneficencia y filantropía, dirigir y presidir a los que quieren. Sobre todo uno podría comprender el pecado de Filipo de entonces, tomando ante los ojos cierta consideración; era razonable que los etolios estuvieran mal, si hubiera hecho lo contrario a lo dicho y no hubiera destruido ni pórticos ni estatuas, ni hubiera ultrajado ninguna otra de las ofrendas. Yo, pues, creo que la mejor y más filantrópica, habiendo comprendido ellos mismos lo hecho alrededor de Dio y Dodona, y sabiendo claramente que cuando Filipo entonces era capaz de hacer lo que quisiera, y habiendo hecho lo más terrible, parecería justamente haber hecho esto en la parte que les correspondía, pero debido a su propia mansedumbre y magnanimidad no eligió practicar nada similar a ellos. Pues es evidente por esto que era razonable que se condenaran a sí mismos, y aceptaran y admiraran a Filipo, como usando real y magnánimamente su piedad hacia lo divino y su ira hacia ellos. Y, sin embargo, vencer a los enemigos con nobleza y justicia no proporciona menor, sino mayor necesidad que los logros en las armas. Pues unos ceden por necesidad, otros por elección los capturados. Y unas cosas hacen la corrección con grandes pérdidas, otras cambian a los que pecan hacia lo mejor sin daño. Y lo mayor, en unas cosas la mayor parte de la acción es de los sometidos, en otras la victoria es completa de los que dirigen. Quizás, pues, nadie podría atribuir toda la causa a Filipo de lo sucedido entonces debido a la edad, sino la mayor parte a los amigos que estaban con él y actuaban con él, de los cuales eran Arato y Demetrio de Faros. Sobre los cuales no es difícil declarar y, no estando presente entonces el otro, es razonable que fuera tal el consejo. Pues aparte de la elección de toda la vida, en la cual sobre Arato no se encontraría nada precipitado ni sin juicio, y sobre Demetrio lo contrario, y tenemos muestra de la elección de ambos en lo que admitimos de manera similar; sobre lo cual, habiendo tomado el momento propio, haremos la
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parecerá comparable a los más ilustres héroes, aunque él mismo, al ocuparse únicamente de Italia y Sicilia, sea digno de ser comparado con quienes han compuesto sus obras sobre el mundo entero y los asuntos universales. En cuanto a Aristóteles, Teofrasto y Calístenes, y además Éforo y Demócares, esto nos basta para refutar a Timeo, y del mismo modo para aquellos que, sin afán de gloria, se han dejado convencer de que este historiador dice la verdad. 43. Que es posible dudar sobre la elección de Timeo. Pues dice que los poetas y los historiadores revelan sus propias naturalezas a través de las exageraciones que aparecen en sus escritos, afirmando que el poeta, al mencionar a menudo el comer en su poesía, revela como si fuera un glotón, y que Aristóteles, al hablar frecuentemente de la preparación de manjares en sus escritos, es un comilón y un goloso. Del mismo modo, respecto al tirano Dionisio, que se ocupaba constantemente de la decoración de lechos y de las particularidades y variedades de los tejidos. Es necesario hacer la distinción correspondiente y mostrarse descontento con su elección. Pues este, en las acusaciones contra sus prójimos, muestra mucha habilidad y audacia, pero en sus propias afirmaciones está lleno de sueños, monstruos, mitos increíbles y, en suma, de una superstición innoble y una monstruosidad afeminada. No obstante, que sucede debido a la inexperiencia y al mal juicio que muchos a veces, como en el presente caso, no están presentes de alguna manera y, aunque ven, no ven, ha quedado claro a partir de lo dicho ahora y de lo que le ha sucedido a Timeo. 44. Sobre el toro de bronce construido por Falaris en Agrigento, en el que introducía a los hombres y luego, encendiendo fuego debajo, obtenía un castigo de los sometidos tal que, al calentarse el bronce, el hombre era asado y quemado por todas partes, y ante la intensidad del dolor, cuando gritaba, el sonido que salía del artefacto llegaba a los oyentes parecido a un mugido. Habiendo sido trasladado este toro de Agrigento a Cartago durante la hegemonía de los cartagineses, y permaneciendo la ventanilla cerca de las coyunturas, a través de la cual sucedía que se introducía a los que iban a ser castigados, y no pudiendo encontrarse en absoluto otra causa por la cual se construyó tal toro en Cartago, Timeo se propuso refutar la fama común y falsificar las afirmaciones de los poetas y escritores, diciendo que el toro en Cartago no era de Agrigento ni que tal cosa había sucedido en la ciudad mencionada; y ha dispuesto muchos argumentos en este sentido.¿ Qué nombre y qué palabra hay que decir contra Timeo? Pues me parece que el género admite todos los calificativos más amargos que él ha usado contra sus prójimos. Que es pendenciero, mentiroso y audaz, ha quedado suficientemente demostrado por lo dicho anteriormente; por qué es un escritor ajeno a la filosofía y, en suma, inculto, quedará claro a partir de lo que se va a decir. Pues en el libro vigésimo primero, y al final de este, dice esto sobre la exhortación de Timoleón, que la tierra situada bajo el cielo está dividida en tres partes, y una es llamada Asia, otra Libia y otra Europa. Pues quién creería que Timeo ha dicho esto, ni siquiera aquel llamado Margites. Pues quién es tan ignorante, no digo de los que se han dedicado a escribir, BUSCA. 45. Que los etolios, debido a la continuidad de las guerras y al lujo de sus vidas, sin darse cuenta se volvieron deudores no solo ante otros, sino también ante sí mismos. Por lo cual, estando predispuestos a la innovación de su propia política, eligieron como legisladores a Dorímaco y Escopas, viendo que estos eran inquietos en sus propósitos y estaban comprometidos en muchas de las transacciones de la vida por sus bienes. Quienes, habiendo recibido esta autoridad, escribieron leyes. 46.
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Que Escopas, el estratego de los etolios, al fracasar en el cargo por el cual se atrevía a escribir las leyes, estaba inquieto por ir a Alejandría, convencido por las esperanzas de allí de llenar las carencias de su vida y el deseo de su alma por tener más, pero era insaciable. Pues al llegar a Alejandría, además de los beneficios de las tierras, de los cuales él mismo era dueño por ser de confianza en los asuntos generales, el rey le asignó un salario diario de diez minas para él, y una mina para los que después fueron colocados en algún mando. Pero aun así no se contentaba con esto, él que anteriormente persistía en querer más, hasta que, debido a su insaciabilidad, incluso entre los que daban, fue envidiado y entregó su espíritu al dinero. 47. Que Heráclides, el que estaba con el rey Filipo, resultaba ser de origen tarentino, nacido de gente artesana y manual, y había tenido grandes ventajas para la temeridad y la deshonestidad; pues primero, en su primera juventud, abusó abiertamente de su cuerpo, luego era agudo y memorioso, y con los más humildes era muy intimidante y audaz, pero con los superiores era muy adulador. Este, desde el principio, fue expulsado de su patria al parecer que actuaba en favor de los romanos en Tarento, no teniendo poder político, sino siendo arquitecto y, debido a algunas reparaciones de las murallas, habiéndose hecho dueño de las llaves de la puerta que conducía al interior; habiendo huido hacia los romanos, y de nuevo escribiendo desde allí y enviando mensajes a Tarento y a Aníbal, cuando fue descubierto, presintiendo lo que vendría, huyó de nuevo hacia Filipo. Junto a quien se ganó tal confianza y poder que fue casi la causa principal de la ruina de tan gran reino. 48. Que Damocles, el enviado como espía ante los romanos junto con Pitión, era un instrumento útil y con muchas aptitudes para la gestión de asuntos. 49. Que el tirano de los lacedemonios era Nabis, quien no se propuso hacer ni atreverse a nada importante debido a que la derrota de Macánidas por los aqueos era reciente, pero estaba haciendo los cimientos y preparando las bases de una tiranía larga y pesada. Pues destruía a los restantes por completo de Esparta, y desterraba a los que más sobresalían en riqueza o en gloria ancestral, y repartía los bienes y las mujeres de estos a los más ilustres de los otros y a los mercenarios. Estos eran asesinos y salteadores, ladrones, excavadores de muros. Pues, en general, este género de gente se reunía diligentemente a su alrededor desde el mundo entero, para quienes la tierra que los crió era inaccesible debido a su impiedad e ilegalidad. Habiéndose proclamado a sí mismo jefe y rey de ellos, y usando a estos como guardaespaldas y escoltas, estaba claro que iba a tener una fama y un poder duraderos en la impiedad, de modo que, además de los mencionados, no le bastaba con desterrar a los ciudadanos, sino que tampoco para los que huían había lugar seguro ni refugio firme. Pues a unos los mataba enviando gente por los caminos, a otros los asesinaba al hacerlos regresar de los lugares. Y, por último, en las ciudades, alquilando a través de hombres insospechados las casas cercanas donde vivía alguno de los fugitivos, enviaba a ellas a cretenses, quienes, haciendo brechas en los muros y disparando flechas a través de las ventanas existentes, destruían a los que estaban de pie y a los que estaban acostados en sus propias casas, de modo que no había lugar donde huir ni momento seguro para los desgraciados lacedemonios. Y, de hecho, de tal manera hizo desaparecer a la mayoría de ellos. También construyó una especie de máquina, si es que a esto se debe llamar máquina. Pues era una figura femenina, vestida con ropas lujosas, y en cuanto a la forma, trabajada de manera diferente a semejanza de la mujer de Nabis. Y cuando llamaba a algunos de los ciudadanos, queriendo cobrar dinero, al principio exponía discursos más largos y humanos, señalando el miedo que pendía sobre el país y la ciudad por parte de los aqueos,
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aclarando la multitud de mercenarios que se alimentaban por causa de su seguridad, y además los gastos para los dioses y los comunes de la ciudad. Si, pues, se sentían avergonzados por tales discursos, le bastaba para su propósito; pero si algunos, negándose, rechazaban la orden, pronunciaba un discurso como este:" Quizás yo no pueda convencerte, pero Apia ciertamente creo que te convencerá". Este era el nombre de la mujer de Nabis. Y decía esto, y estaba presente la figura que mencioné hace poco. Y saludando, cuando levantó a la mujer del asiento y la abrazó con los brazos, la adelantaba poco a poco hacia el pecho. Tenía los antebrazos y las manos llenos de clavos de hierro bajo las ropas, igualmente también en los pechos. Cuando la acercaba con los brazos a la espalda de la mujer, y luego, siendo tirada por los mecanismos, la tensaba y la acercaba a los pechos poco a poco, y obligaba al presionado a emitir todo tipo de gritos. Y, de hecho, destruyó a muchos de los que se negaban de tal manera. Y las demás cosas eran similares y coherentes con estas al principio. Pues participaba con los cretenses en las piraterías marítimas; y tenía por todo el Peloponeso sacrílegos, salteadores de caminos, asesinos, a quienes, haciéndose partícipe de las ganancias de la deshonestidad, les proporcionaba Esparta como base y refugio. Sin embargo, en aquellos tiempos, unos extranjeros que estaban de paso desde Beocia hacia Lacedemonia sedujeron a uno de los mozos de cuadra de Nabis, de modo que se marchara con ellos llevando un caballo blanco, que parecía ser el más noble de los de la caballería tiránica. Habiendo sido convencido este y habiendo hecho lo mencionado, los hombres de Nabis los persiguieron hasta Megalópolis y, al alcanzarlos, se llevaron inmediatamente al caballo y al mozo de cuadra, sin que nadie se opusiera, pero después de esto también pusieron las manos sobre los extranjeros. Los beocios al principio pedían que los llevaran ante la autoridad; pero como nadie prestaba atención, uno de los extranjeros gritó:"¡ Ayuda!". Al acudir los locales y testificar que llevaran a los hombres ante la autoridad, los hombres de Nabis se vieron obligados a soltar a los hombres y marcharse. Pero él, buscando de nuevo motivos de acusación y un pretexto razonable de disputa, entonces, aprovechando esto, inmediatamente arreó los rebaños de Proágoras y de otros, de donde se originó el inicio de la guerra. 50. Cuánto se preguntan algunos cómo nosotros, escribiendo todas las demás acciones año tras año, hemos hecho la exposición sobre los asuntos de Egipto en el momento actual después de mucho tiempo. Nosotros hemos hecho esto por algunas razones como estas. El rey Ptolomeo, sobre quien es ahora el discurso, Filopátor, después de terminada la guerra por Celesiria, abandonando todos los bienes, se entregó a una vida disoluta y tal como hemos descrito hace poco. BUSCA. PUES FALTABAN HOJAS EN LAS QUE SE MENCIONABA SOBRE PTOLOMEO Y SOBRE ARSÍNOE. Pero tarde, obligado por los hechos, cayó en la guerra ahora declarada, que, sin la crueldad e ilegalidad mutua, no tuvo ni formación de batalla, ni batalla naval, ni asedio, ni ninguna otra cosa digna de memoria. Por lo cual, me pareció a mí, que escribo, que la narración sería fácil y más comprensible para los lectores si no entregara el discurso año tras año tocando asuntos pequeños y no dignos de atención, sino si, habiendo hecho de una vez la elección del rey como un cuerpo, informara sobre ella. 51. Que había un tal Molpágoras entre los cios, hombre capaz tanto de hablar como de actuar, pero en su elección codicioso. Quien, hablando para complacer a la multitud y exponiendo a los que tenían éxito en sus vidas ante las masas, y a unos destruyéndolos hasta el final, a otros desterrándolos y confiscando sus bienes y repartiéndolos a la mayoría, rápidamente de tal manera se hizo con el poder monárquico. 52. Que Filipo, al hacerse dueño de la ciudad de los cianos, estaba muy alegre, como si hubiera realizado una acción hermosa y solemne, pero no veía lo contrario a esto, a pesar de ser evidente; primero, no ayudaba a los prójimos cuando no era agraviado, sino cuando violaba los tratados con su pariente, porque al envolver a una ciudad griega en las mayores desgracias, iba a confirmar injustamente la fama que se difundía sobre él respecto a la crueldad hacia los amigos, y de ambos heredará justamente ante todos los griegos la fama de impiedad, como había insultado a los embajadores de las ciudades mencionadas, que estaban presentes para liberar a los cianos de los males que los rodeaban, y siendo exhortados y burlados por él diariamente para que fueran testigos oculares de aquellas cosas que menos hubieran querido, y además de esto, que había vuelto tan salvajes a los rodios contra sí mismo que ya no emitían ninguna palabra sobre Filipo. Pues también la fortuna colaboró manifiestamente con él en este aspecto. Pues cuando el embajador en el teatro hacía el balance ante los rodios, mostrando la magnanimidad de Filipo, y que, de alguna manera, ya dominando la ciudad, concede este favor al pueblo, y hace esto queriendo refutar las calumnias de los que se oponían a él, y hacer manifiesta a la ciudad su propia elección; y llegó alguien de un viaje al pritaneo anunciando la esclavitud de los cianos y la crueldad de Filipo que había ocurrido en esto, de modo que los rodios, mientras el embajador todavía decía lo mencionado, cuando el prítano se acercó y aclaró lo anunciado, no podían creerlo debido a la exageración de la impiedad. Filipo, pues, habiendo violado los tratados no tanto con los cianos como consigo mismo, en tal ignorancia o incluso caída del deber, de modo que por lo que debería avergonzarse y en exceso, por esto se enorgullecía y se jactaba como si fueran cosas hermosas; pero el pueblo de los rodios desde este día consideraba a Filipo como un enemigo, y hacia este objetivo hacía los preparativos. Y un odio similar al de los etolios provocó contra sí mismo a partir de esta acción; pues habiendo terminado apenas y extendiendo las manos hacia el pueblo, sin que surgiera ningún pretexto, siendo amigos y aliados los etolios, lisimaqueos, calcedonios, cianos, poco tiempo antes primero se atrajo a la ciudad de Lisimaquia, separándola de la alianza de los etolios, segunda la de los calcedonios, tercera esclavizó a la de los cianos, estando un estratego de los etolios en ella y presidiendo los asuntos comunes. 53. Que Filipo, durante la navegación de regreso, manejando una violación de tratados tras otra, se detuvo a mediodía ante la ciudad de los tasios y esclavizó a esta, que era amiga. 54. Que Sosibio, el falso tutor de Ptolomeo, parecía haber sido un instrumento agudo y duradero, y además malhechor en el reino, y primero preparar el asesinato de Lisímaco, que era hijo de Arsinoe, la de Lisímaco y Ptolomeo, segundo de Magas, el de Ptolomeo y Berenice, la de Magas, tercero de Berenice, la de Ptolomeo, madre de Filopátor, cuarto de Cleómenes, el espartano, quinta de la hija de Berenice, Arsinoe. 55. Que Agatocles, el falso tutor de Ptolomeo, cuando hizo desaparecer a los hombres más ilustres, y contuvo gran parte de la ira de la multitud con el pago de los salarios, volvió inmediatamente a la costumbre desde el principio. Y llenó los lugares de los amigos, introduciendo desde el servicio y la otra servidumbre a los más inútiles y audaces; él mismo pasaba gran parte del día y de la noche en la embriaguez y en los desenfrenos que acompañan a la embriaguez, no perdonando ni a mujer en su plenitud, ni a novia, ni a virgen, y hacía todo esto con la apariencia más odiosa. De donde, habiendo mucha y variada desaprobación, y no siendo traído ningún remedio ni ayuda, sino al contrario siendo traída siempre más insolencia, soberbia, negligencia, se reavivaba de nuevo en la mayoría el odio preexistente y
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todos renovaban las desgracias ocurridas anteriormente en el reino debido a estos hombres. Pero al no tener ninguna persona digna que los representara, y a través de la cual se desquitaran de la ira contra Agatocles y Agatoclea, mantenían la calma, esperando todavía una esperanza, la de Tlepólemo, y aferrándose a esta. 56. Que el rey Antíoco parecía al principio haber sido ambicioso y audaz y realizador de lo propuesto, pero avanzando en edad pareció mucho más inferior a sí mismo y a la expectativa de los de fuera. 57. Que el rey Filipo, al llegar a Pérgamo y pensando que se había convertido en verdugo de Átalo, mostraba toda causa. Pues complaciendo a su ira como si estuviera rabioso, dirigía la mayor parte de la ira no hacia los hombres, sino hacia los dioses. Pues durante las escaramuzas, los que custodiaban Pérgamo lo rechazaban fácilmente debido a la fortaleza de los lugares; pero del campo no obtenía ningún beneficio por haber previsto Átalo esto diligentemente. Por lo tanto, dirigía la ira hacia las sedes y recintos de los dioses, insultando no a Átalo, según me parece, sino mucho más a sí mismo. Pues no solo quemaba y derribaba los templos y los altares, sino que también rompía las piedras para que no se levantara de nuevo nada de lo destruido. Y cuando dañó el Nicéforo, cortando el bosque, derribando el recinto, y excavó los templos desde los cimientos, siendo muchos y lujosos, se lanzó al principio hacia Tiatira; y desde allí, habiendo hecho la partida, invadió el campo de Tebas, pensando que encontraría botín sobre todo en estos lugares. Pero habiendo fracasado también en esta esperanza, y habiendo llegado a la Sagrada Aldea, enviaba mensajes a Zeuxis, exhortándolo a suministrar grano y a colaborar en lo demás según los tratados. 58. Que sobre el Peloponeso qué elección estableció desde el principio Nabis, el tirano de los lacedemonios, y cómo al expulsar a los ciudadanos liberó a los esclavos y los casó con las mujeres e hijas de los amos, igualmente también de qué manera, habiendo mostrado su propio poder como un templo asilo para los que huían de sus propias patrias por impiedad o maldad, reunió una multitud de hombres impíos en Esparta, lo hemos declarado en lo anterior. Pero cómo y de qué manera en los tiempos mencionados, siendo aliado de los etolios, eleos, mesenios, y debiendo ayudar a todos estos tanto por los juramentos como por los tratados, si alguien fuera contra ellos, no teniendo en nada las lealtades mencionadas, se propuso violar los tratados con la ciudad de los mesenios, lo diremos ahora. 59. Que dice Polibio: puesto que algunos de los que escriben las acciones por partes han escrito también sobre estos tiempos, en los que se llevaron a cabo tanto los asuntos de los mesenios como los de las alianzas mencionadas, quiero hablar brevemente sobre ellos. Y no lo haré ante todos, sino ante cuantos supongo que son dignos de memoria y distinción; estos son Zenón y Antístenes los rodios. Y juzgo que estos son dignos por varias razones. Pues han vivido en los tiempos y han participado en la política y han hecho la obra en general no por beneficio, sino por gloria y por el deber para hombres políticos. Pero al escribir las mismas acciones que nosotros, es necesario no silenciar, para que, por el nombre de la patria y por parecer que las acciones marítimas son muy propias de los rodios, al oponernos nosotros a ellos, algunos no sigan más a aquellos que a nosotros los que aman aprender. Estos, pues, ambos, primero, la batalla naval de Lade no la muestran menor que la de Quíos, sino más activa y más arriesgada, y en la necesidad y realización de la parte del peligro, y en general dicen que la victoria fue para los rodios. Yo, pues, que los escritores deben dar inclinaciones a sus propias patrias, lo concedería, pero no hacer afirmaciones contrarias a lo sucedido sobre ellas. Pues bastan
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las cosas que suceden por ignorancia a los que escriben, que es difícil para un hombre evitar; pero si por elección escribimos falsamente o por causa de la patria o de amigos o por favor,¿ en qué nos diferenciaremos de los que se ganan la vida con esto? Pues así como aquellos, midiendo por el beneficio, hacen indignas sus obras, así los políticos, arrastrados por el odio o por el amor, a menudo caen en el mismo fin que los mencionados. Por lo cual, los lectores deben observar cuidadosamente esta parte, y los escritores deben guardarse a sí mismos. Y lo dicho es claro a partir de los presentes. Pues admitiendo los mencionados a través de las partes en la batalla naval de Lade que dos penteres de los rodios con sus hombres cayeron en manos de los enemigos, y que del peligro una nave levantó la vela pequeña debido a que, estando herida, se llenaba de mar, y muchos de los cercanos haciendo lo mismo se retiraban hacia el mar, y al final, habiendo quedado el nauarco con pocos, se vio obligado a hacer lo mismo que los mencionados, y entonces, habiendo huido a la ciudad de Mindos, fondearon, y al día siguiente, habiendo zarpado, cruzaron a Cos ante los enemigos, y ataron las penteres y, habiendo fondeado en Lade, hicieron el campamento en el campamento de aquellos, y además los milesios, aterrados por lo sucedido, no solo a Filipo, sino también a Heráclides coronaron por la incursión, habiendo dicho estas cosas que son manifiestamente propias de los derrotados, sin embargo, tanto a través de las partes como a través de la afirmación general, muestran que los rodios vencen, y esto permaneciendo todavía la carta en el pritaneo que fue enviada en aquellos tiempos por el nauarco sobre esto al consejo y a los prítanos, no por las afirmaciones de Antístenes y Zenón, sino por las nuestras. A continuación de lo mencionado, escriben sobre la violación de tratados de los mesenios. En la cual dice Zenón que Nabis, habiendo partido de Lacedemonia y habiendo cruzado el río Eurotas, caminaba junto al llamado Hoplita por el camino estrecho junto al Poliasio, hasta que llegó a los lugares de Selasia; desde allí, habiendo atacado hacia Talamas, llegó junto al río Pamiso. Sobre lo cual no sé cómo hay que decir; pues tal naturaleza tienen todas las cosas mencionadas en suma, de modo que no hay diferencia en decir que alguien, habiendo hecho la partida desde Corinto y habiendo recorrido el istmo y habiendo unido con las Escironias, inmediatamente se propuso hacia la Contoporia y hacía el camino junto a Micenas hacia Argos. Pues estas cosas no es que sean por poco, sino que tienen la disposición contraria entre sí, y unas están junto al istmo y las Esciradas hacia el este de Corinto, las otras junto a la Contoporia y Micenas muy cerca hacia los ponientes invernales, de modo que es totalmente imposible desde las anteriores atacar los lugares mencionados. Y lo mismo ha sucedido también sobre los lugares junto a Lacedemonia; pues el Eurotas y los lugares junto a Selasia yacen de Esparta hacia los levantes estivales, los lugares junto a Talamas y Faras y Pamiso hacia los ponientes invernales. De donde no es que haya que ir hacia Selasia, sino que ni siquiera hay que cruzar el Eurotas para el que se propone hacer el camino junto a Talamas hacia Mesenia. Además de esto, dice que la vuelta desde Mesene la hizo Nabis por la puerta que conduce a Tegea. Pero esto es irracional; pues está delante de Tegea la Megalópolis hacia Mesene, de modo que es imposible que se llame alguna puerta entre los mesenios hacia Tegea. Pero hay entre ellos una puerta llamada Tegeátide, por la cual hizo la vuelta Nabis; por lo cual, engañado, supuso que Tegea estaba más cerca solamente. Pero no es así, sino que la tierra laconia y la megalopolitana yacen entre Mesenia y la Tegeátide. Y lo último; pues dice que el Alfeo, habiéndose ocultado inmediatamente desde la fuente y habiendo sido llevado por mucho lugar bajo tierra, sale junto a Licoa de
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Arcadia. Pero el río, no habiendo estado lejos de la fuente por mucho lugar, y habiéndose ocultado por diez estadios, sale de nuevo, y el resto, siendo llevado a través de la megalopolitana, al principio ligero, luego tomando aumento y habiendo recorrido manifiestamente toda la tierra mencionada por doscientos estadios, llega junto a Licoa, habiendo ya tomado también el flujo del Lisio y siendo totalmente inaccesible y pesado. BUSCA. FALTABA POCO. No obstante, también todas las caídas mencionadas me parecen ser, pero admiten pretexto y excusa; pues unas han sucedido por ignorancia, la de la batalla naval por el afecto hacia la patria. Si alguien, pues, culparía razonablemente a Zenón, porque no se ha esforzado más en la investigación de los hechos ni en el manejo del tema, sino en la construcción de la palabra y es claro que a menudo se enorgullece de esto, al igual que otros muchos de los escritores ilustres, yo digo que hay que tener cuidado y esforzarse por exponer los hechos debidamente( pues es claro que esto contribuye no poco, sino mucho a la historia), pero no ponerlo como lo más importante y primero entre los hombres moderados. Lejos de eso; pues habría otras partes más hermosas de la historia, en las que un hombre político se enorgullecería más. Lo que quiero decir, podría ser más claro de esta manera. Pues explicando el escritor mencionado tanto el asedio de Gaza como la formación de batalla que tuvo Antíoco contra Escopas en Celesiria junto al Panio, sobre la construcción de la palabra es claro que se ha esforzado tanto, que no ha dejado exageración de monstruosidad a los que hacen las obras demostrativas y para el asombro de la mayoría, pero de los hechos ha descuidado tanto, que de nuevo es insuperable la facilidad y la inexperiencia del escritor. Pues habiéndose propuesto aclarar primero la formación de los de Escopas, dice que la falange se mantenía con el ala derecha de la estribación con pocos jinetes, y que el ala izquierda de esta y todos los jinetes colocados en esta yacían en las llanuras. Y dice que Antíoco envió por la mañana al hijo mayor Antíoco teniendo una parte de la fuerza, para que ocupara los lugares que dominan a los enemigos de la montaña, y habiendo hecho cruzar la fuerza restante junto con la luz el río entre los campamentos, la formaba en las llanuras, poniendo a los falangitas en una línea recta en medio de la formación de los enemigos, y de los jinetes unos en el ala izquierda de la falange, otros en la derecha, entre los cuales estaba también la caballería acorazada, de la cual era jefe todo el más joven Antíoco de los hijos. Después de esto dice que puso las fieras delante de la falange en intervalo y a los tarentinos con Antípatro, y llenó los espacios entre las fieras con los arqueros y honderos, y él mismo se colocó detrás de las fieras con la caballería de los compañeros y los hipaspistas. Habiendo propuesto esto, dice que el más joven Antíoco, a quien puso en las llanuras junto a la izquierda de los enemigos teniendo la caballería acorazada, este, habiendo atacado desde la montaña, puso en fuga a los jinetes de los de Ptolomeo, el de Aeropo, y perseguía, quien resultaba estar encargado de los etolios en las llanuras en las alas izquierdas, y las falanges, cuando chocaban entre sí, hacían una lucha fuerte. Pero que era imposible chocar estando las fieras y los jinetes y los de armas ligeras delante, esto ya no lo comprende. Después de esto dice que la falange, siendo superada en las habilidades y siendo presionada por los etolios, se retiraba paso a paso, y las fieras, recibiendo a los que se inclinaban y chocando con los enemigos, proporcionaban gran ayuda. Pero cómo sucedió esto detrás de la falange, no es fácil de comprender, o cómo, habiendo sucedido, proporcionaba gran ayuda; pues cuando una vez las falanges chocaron entre sí, ya no era posible juzgar a las fieras quién de los que caían debajo es amigo o enemigo. Además de esto, dice que los jinetes de los etolios tenían dificultades
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ante el peligro debido a la falta de costumbre ante la visión de las fieras. Pero los que habían sido destacados en el ala derecha desde el principio permanecieron intactos, como él mismo afirma; mientras que el resto de la multitud de jinetes, que se había dividido hacia el ala izquierda, huía por completo tras ser derrotada por las tropas de Antíoco.¿ Qué parte de la caballería se encontraba, pues, en el centro de la falange, la que se aterrorizó ante los elefantes?¿ Y dónde estaba el rey, o qué servicio prestó en la batalla, habiendo reunido a su alrededor al mejor cuerpo tanto de infantería como de caballería? Pues, sencillamente, no se ha dicho nada al respecto.¿ Y dónde estaba el mayor de los hijos, Antíoco, que con una parte de las fuerzas se había apoderado de antemano de las posiciones elevadas? Pues este ni siquiera regresó al campamento con él después de la batalla. Es lógico; pues supuso que el rey tenía dos hijos llamados Antíoco, cuando solo uno de ellos había hecho campaña en aquel momento.¿ Y cómo es que Escopas, al mismo tiempo que fue el primero en estar con él, fue también el último en retirarse del peligro? Pues dice que, al ver a las tropas del joven Antíoco aparecer por la retaguardia de los falangistas tras la persecución y, por ello, al perder toda esperanza de victoria, decidió retirarse; y que, después de esto, se produjo el mayor peligro al ser rodeada la falange tanto por las fieras como por la caballería, y que finalmente Escopas se retiró del peligro. A mí me parece que esto, y en general este tipo de desatinos, causa una gran vergüenza a los historiadores. Por ello, es necesario, sobre todo, intentar dominar todas las partes de la historia; pues es algo noble; pero si esto no es posible, hay que poner el mayor cuidado en las partes más necesarias y más importantes de la misma. Me he visto impulsado a decir esto al observar ahora, al igual que en las demás artes y ocupaciones, que lo verdadero y lo que atañe a la utilidad en cada caso es tratado con descuido, mientras que lo que se alaba y se emula por arrogancia y apariencia, como algo grande y maravilloso, tiene una construcción más fácil y requiere menos esfuerzo, al igual que el resto de los escritos. En cuanto a la ignorancia de los lugares de Laconia, debido a que el error era grande, no dudé en escribir incluso al propio Zenón, juzgando que es bueno no considerar los errores ajenos como méritos propios, como algunos acostumbran a hacer, sino preocuparse y corregir no solo los propios escritos, sino también los ajenos, en la medida de lo posible, en aras del bien común. Él, al recibir la carta y reconocer que la corrección era imposible debido a que ya había publicado las obras, se sintió muy apenado, pero no pudo hacer nada, aunque aceptó nuestra elección con benevolencia. Lo cual yo también recomendaría a los de nuestro tiempo y a los venideros respecto a mí mismo: si nos descubren en algún lugar de la obra equivocándonos por intención y pasando por alto la verdad, que nos critiquen sin contemplaciones, pero si es por ignorancia, que tengan indulgencia, y sobre todo con nosotros debido a la magnitud de la obra y a la amplitud general de los asuntos. 60. Que Tlepólemo, quien manejaba los asuntos del reino de los egipcios, era joven de edad y había pasado su vida continuamente en la carrera militar con ostentación. Era también por naturaleza voluble y ambicioso y, en general, presentaba muchas cosas buenas para el bien de los asuntos, pero también muchas malas. Pues era capaz de dirigir en campo abierto y manejar operaciones militares, era varonil por naturaleza y estaba bien dispuesto para las relaciones militares. Pero para el manejo de asuntos complejos que requerían atención y sobriedad, y para la custodia de los fondos y, en general, para la administración de lo provechoso, era el más inepto de todos. Por lo cual, rápidamente no solo fracasó, sino que también debilitó el reino. Pues, al recibir el control de los fondos, pasaba la mayor parte del día jugando a la pelota y compitiendo con los muchachos en las armas, y al terminar esto, inmediatamente organizaba banquetes y pasaba la mayor parte de la vida en torno a esto y con esto. Y el tiempo del día que dedicaba a
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las audiencias, en este tiempo distribuía, o más bien, si hay que decir lo que parece, malgastaba los fondos reales entre los embajadores que habían llegado de Grecia y los artistas de Dioniso, y sobre todo entre los jefes y soldados de la corte. Pues, en general, no sabía negarse, y al que le hablaba para congraciarse le daba todo lo que se le antojaba de inmediato. El resto del mal crecía tomando impulso de sí mismo. Pues todo aquel que era tratado bien más allá de sus expectativas, tanto por el hecho ocurrido como por el futuro, se excedía en las muestras de gratitud con sus palabras; y él, al enterarse de los elogios que se hacían de él por parte de todos y de las libaciones en los banquetes, y además de las inscripciones y las bromas cantadas sobre él en las audiciones como si fuera una gran ciudad, se envanecía hasta el final y se volvía cada vez más y más arrogante, y se volvía más dispuesto a las mercedes extranjeras y militares. Ante esto, los que estaban en la corte, molestos, lo notaban todo y soportaban brevemente su insolencia, mientras que admiraban a Sosibio por comparación. Pues este parecía estar al frente del rey y ser más prudente para su edad, y realizar el trato con los de fuera de manera digna de la confianza que se le había encomendado; esta era el sello y el cuerpo del rey. En este momento, llega de vuelta de Filipo Ptolomeo, el hijo de Sosibio. Y antes de zarpar de Alejandría estaba lleno de soberbia tanto por su propia naturaleza como por la oportunidad que le había brindado su padre; pero al llegar a Macedonia y mezclarse con los jóvenes de la corte, suponiendo que la valentía de los macedonios estaba en la diferencia de calzado y vestimenta, se presentó habiendo emulado todo esto y creyéndose a sí mismo un hombre por el viaje y por haber tratado con macedonios, mientras que los de Alejandría seguían siendo esclavos y necios. Por lo cual, inmediatamente sentía celos y se rozaba con Tlepólemo. Como todos los de la corte estaban de acuerdo con él debido a que Tlepólemo manejaba los asuntos y los fondos no como un administrador, sino como un heredero, rápidamente crecieron las diferencias. En ese momento, Tlepólemo, al llegarle palabras hostiles por la observación y la maledicencia de los cortesanos, al principio no escuchaba y despreciaba lo que se decía; pero cuando en una ocasión se reunieron en común y se atrevieron a criticar a Tlepólemo en medio, como si manejara mal los asuntos del reino, sin estar él presente, entonces, irritado, convocó al consejo y, al presentarse, dijo que ellos hacían las calumnias contra él a escondidas y en privado, mientras que él decidió hacer la acusación en común y frente a ellos. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LAS DEMAGOGIAS 61. Que después de la demagogia recibió también el sello de manos de Sosibio. Y al haber recibido esto, Tlepólemo ya realizaba todos los asuntos según su propia voluntad. 62. Que cuando el rey Antíoco saqueó la ciudad de los gaceos, dice Polibio: A mí me parece justo y apropiado a la vez devolver a los gaceos el testimonio que merecen. Pues, sin diferenciarse en valentía de los que están en Celesiria para las operaciones militares, en la comunidad de asuntos y en el mantenimiento de la lealtad se diferencian mucho y, en resumen, tienen una audacia irresistible. Pues en la cuarta incursión, cuando los demás estaban aterrorizados por la magnitud de la dinastía y todos se entregaron a sí mismos y a sus patrias a los medos, ellos solos soportaron el peligro, aceptando el asedio. Y en la presencia de Alejandro, no solo cuando los demás se habían entregado, sino incluso cuando los tirios fueron esclavizados por la fuerza, y siendo casi desesperada la salvación para los que se oponían al ímpetu y la fuerza de Alejandro, ellos solos de los de Siria resistieron y pusieron a prueba todas las esperanzas. Hicieron algo parecido también en los tiempos actuales; pues no dejaron nada de lo posible, esforzándose por preservar la lealtad hacia Ptolomeo. Por lo cual, al igual que
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en privado señalamos a los hombres buenos en los escritos, de la misma manera hay que hacer también en común la memoria de las ciudades que acostumbran a hacer algo de lo noble por tradición y propósito. 63. Que el rey Filipo, al comenzar ya el invierno, en el que Publio Sulpicio fue nombrado cónsul en Roma, pasando su estancia en Bargilia, al ver que tanto los rodios como Átalo no solo no disolvían la flota, sino que incluso completaban naves y se dedicaban con más ambición a las guardias, se sentía incómodo y tenía muchas y variadas ideas sobre el futuro. Pues a la vez temía la salida de Bargilia y preveía el peligro por mar, y a la vez, desconfiando de los asuntos en Macedonia, de ninguna manera quería pasar el invierno en Asia, temiendo, por tanto, tanto a los etolios como a los romanos; pues no ignoraba las embajadas enviadas contra él a Roma,*** por lo cual los asuntos de Libia tienen un final. De lo cual se sentía extremadamente incómodo, pero se veía obligado en el presente a permanecer allí, lo que se dice, viviendo vida de lobo. Pues robando y hurtando a unos, forzando a otros, y a algunos halagándolos contra su naturaleza debido a que su ejército pasaba hambre, a veces comía carne, a veces higos, a veces granos de trigo totalmente escasos; de los cuales algunos se los suministraba Zeuxis, y otros los milasios, alabandios y magnesios, a quienes, cuando daban algo, los halagaba, y cuando no daban, ladraba y conspiraba contra ellos. Finalmente, organizó operaciones contra la ciudad de los milasios a través de Filocles, pero fracasó debido a la insensatez de la empresa. Y devastó el territorio de los alabandios como enemigo, diciendo que era necesario proveer al ejército de lo necesario para el sustento. 64. Que Tito era estratega de los romanos; a este le había salido todo según su pensamiento, en parte por la ayuda del azar, pero en gran medida por su propia previsión al haber manejado todo. Pues era muy sagaz, si es que algún otro romano lo ha sido. Pues manejaba tan acertadamente y con sensatez no solo las empresas comunes sino también las audiencias privadas, que no dejó lugar a superación. Y eso que era muy joven( pues no tenía más de 30 años) y había cruzado a Grecia por primera vez con ejércitos. 65. Que dice Polibio sobre los traidores: A mí me viene a menudo y en muchos casos admirarme de los errores humanos, pero sobre todo del que se refiere a los traidores. Por eso quiero discutir sobre ellos lo que es apropiado para las circunstancias. Aunque no ignoro que el tema tiene algo difícil de observar y difícil de definir; pues no es fácil declarar a quién se debe considerar verdaderamente un traidor. Pues es evidente que no se debe considerar traidores a los hombres que, desde una posición íntegra, son persuadidos por algunos reyes o potentados a una comunidad de asuntos, ni tampoco a los que, según las circunstancias, cambian sus patrias de unas lealtades subyacentes a otras amistades y alianzas, tampoco a estos. Ni mucho menos; pues a menudo tales hombres han sido causa de los mayores bienes para sus propias patrias. Y para no traer ejemplos de lejos, será fácil comprender lo que se dice a partir de los mismos hechos actuales. Pues si Aristaineto no hubiera trasladado entonces a los aqueos en el momento oportuno de la alianza de Filipo a la de los romanos, el pueblo habría perecido claramente por completo. Pero ahora, aparte de la seguridad que se obtuvo para cada uno en aquel momento, el hombre mencionado y aquel consejo parecieron haber sido causa del crecimiento de los aqueos; por lo cual todos lo honraban no como traidor, sino como benefactor y salvador del país. El mismo argumento valdría también para los demás que, según las circunstancias de los tiempos, actúan y hacen cosas parecidas a estas. Por lo cual, uno podría alabar a Demóstenes en muchas cosas y, sin embargo, culparlo en esto, porque lanzó al azar y sin juicio un reproche muy amargo a los más ilustres de los griegos, diciendo que en
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Arcadia los que estaban con Cercidas, Jerónimo y Eucámpidas se convirtieron en traidores de Grecia porque se aliaron con Filipo, y en Mesene los hijos de Filiadas, Neón y Trasíloco, y en Argos los que estaban con Mirtis, Teledamo y Mnasias, y de manera similar en Tesalia los que estaban con Daoco y Cineas, y entre los beocios los que estaban con Teogeitón y Timolao; y junto con estos ha enumerado a muchos otros, nombrándolos ciudad por ciudad, aunque todos los hombres mencionados tenían un argumento largo y evidente a favor de sus derechos, y sobre todo los de Arcadia y Mesene. Pues estos, al atraer a Filipo al Peloponeso y humillar a los lacedemonios, primero hicieron que todos los que habitaban el Peloponeso respiraran y tomaran conciencia de la libertad, y luego, al recuperar el país y las ciudades que los lacedemonios habían arrebatado en el momento oportuno a los mesenios, megalopolitanos, tegeatas y argivos, aumentaron sus propias patrias de manera reconocida; por lo cual no debían hacer la guerra a Filipo y a los macedonios, sino actuar con todas sus fuerzas en todo lo que atañía a la gloria y al honor. Si, pues, hacían esto aceptando una guarnición de Filipo en sus patrias o, al disolver las leyes, arrebataban la libertad y la franqueza de los ciudadanos en aras de su propia codicia o poder, eran dignos de este nombre; pero si, manteniendo los derechos hacia sus patrias, disentían por juicio de los asuntos, pensando que no era el mismo interés el de los atenienses y el de sus propias ciudades, no es posible que por esto debieran ser llamados traidores por Demóstenes. Pero el que mide todo según el interés de su propia patria y piensa que todos los griegos deben mirar hacia los atenienses, y si no, los llama traidores, me parece que ignora y se desvía mucho de la verdad, lo que ha hecho Demóstenes, sobre todo porque los acontecimientos de entonces para los griegos no dieron testimonio a Demóstenes de que hubiera previsto bien el futuro, sino a Eucámpidas, Jerónimo, Cercidas y a los hijos de Filiadas. Pues para los atenienses el final de la oposición a Filipo resultó en experimentar las mayores desgracias al fracasar en la batalla de Queronea; y si no fuera por la magnanimidad y ambición del rey, sus desgracias habrían avanzado aún más debido a la política de Demóstenes. Pero gracias a los hombres mencionados, se preparó en común para los arcadios y mesenios seguridad y tranquilidad frente a los lacedemonios, y en privado siguieron muchas cosas provechosas para sus propias patrias. A quiénes, pues, se podría aplicar razonablemente esta denominación, es difícil de definir; pero se acercaría más a la verdad aplicándola a aquellos hombres que, en las circunstancias generales, ya sea por su propia seguridad y provecho o por la diferencia con los que se oponen políticamente, entregan las ciudades a los enemigos, o incluso, por Zeus, a los que, al aceptar una guarnición y utilizar las ayudas externas para sus propios impulsos y propósitos, someten a las patrias bajo el poder de las fuerzas de la mayoría. A tales hombres se podría someter moderadamente a todos bajo el nombre de traición. A quienes nunca les ha seguido nada verdaderamente provechoso o bueno, sino lo contrario para todos de manera reconocida. Por lo cual es de admirar, volviendo al argumento inicial, hacia qué miran o qué razonamientos utilizan para lanzarse a tal desgracia. Pues nunca nadie ha traicionado una ciudad, un ejército o una fortaleza sin que se supiera, sino que, aunque alguien sea ignorado en el momento mismo de la acción, el tiempo posterior ha hecho a todos evidentes; y tampoco nadie, una vez conocido, ha tenido nunca una vida feliz, sino que, por lo general, reciben de estos mismos a quienes favorecen el castigo que les corresponde. Pues los estrategas y potentados utilizan a los traidores a menudo por interés; pero cuando se han aprovechado de ellos, los utilizan luego como traidores, según Demóstenes, pensando muy razonablemente que el
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que ha entregado a los enemigos la patria y a los amigos de siempre nunca podría serles benevolente ni preservar la lealtad hacia ellos. Sin embargo, si escapan de las manos de estos, no escapan fácilmente de las de aquellos a quienes han traicionado. Y si alguna vez escapan de las conspiraciones de ambos, la fama vengadora entre los demás hombres les sigue durante toda la vida, presentándoles muchos miedos falsos y muchos verdaderos tanto de noche como de día, colaborando con todos y señalando a los que planean algún mal contra ellos, y finalmente no dejándoles tener olvido de sus errores ni siquiera durante el sueño, sino obligándoles a soñar todo tipo de conspiración y desgracia, ya que son conscientes de la alienación existente de todos hacia ellos y del odio común. Pero, sin embargo, siendo esto así, nadie que haya necesitado un traidor se ha quedado sin él, salvo muy pocos. De lo cual uno podría decir razonablemente que el género humano, que parece ser el más astuto de los animales, tiene mucho de ser el más vil. Pues los demás animales, al ser esclavos de los deseos del cuerpo, fracasan solo por estos; pero el género humano, incluso siendo considerado superior, yerra no menos por la insensatez que por la naturaleza. Y que esto baste para nosotros. 66. Que el rey Átalo era honrado incluso antes por la ciudad de los sicionios de manera destacada, desde que redimió la tierra sagrada de Apolo con no poco dinero para ellos, por lo cual erigieron también su coloso de diez codos junto al Apolo que está en el ágora. Entonces, de nuevo, al dar él diez talentos y diez mil medimnos de trigo, al aumentar muchas veces en benevolencia, decretaron una imagen de oro y legislaron realizar un sacrificio para él cada año. Átalo, pues, al obtener estos honores, partió hacia Cencreas. 67. Que Nabis, el tirano, al dejar en la ciudad de los argivos a Timócrates el peleneo por confiar sobre todo en él y utilizarlo para las operaciones más destacadas, regresó a Esparta, y después de algunos días envió a su mujer, dándole órdenes de que, al llegar a Argos, se ocupara de la obtención de fondos. Ella, al llegar, superó con mucho a Nabis en crueldad; pues, al llamar a algunas de las mujeres en privado y a otras por parentesco, aplicó todo tipo de tormento y violencia, hasta que a casi todas no solo les quitó el adorno de oro, sino también la vestimenta más costosa. 68. Que a algunos les sucede que no pueden soportar las autoridades en los éxitos de manera humana, pero en las desgracias se mantienen con cautela y sensatez; y esto ha sucedido sobre todo en el caso de Filipo. Esto quedará claro a través de lo que se dirá después; pues al igual que hemos expuesto claramente sus impulsos iniciales hacia lo debido, y de nuevo el cambio hacia lo peor, y cuándo, por qué y cómo ocurrió, y hemos explicado las acciones en esto con demostración, de la misma manera hay que exponer también su arrepentimiento y su acierto, según el cual, al cambiar ante los fracasos de la fortuna, parece utilizar muy razonablemente los tiempos que le tocaron. Pues ya, al estar extendida la corrupción en Grecia y el que nadie hiciera nada gratis, y al ser considerado este carácter entre los etolios, no podían creer que tal cambio de Tito, el estratega de los romanos, hacia Filipo hubiera ocurrido sin regalos, al no conocer las costumbres y leyes de los romanos en esta parte. Yo, en los tiempos anteriores, me habría atrevido a hacer una declaración común sobre todos los romanos diciendo que no harían nada parecido, digo antes de que se embarcaran en las guerras de ultramar, mientras permanecían en sus propias costumbres y leyes. Pero en los tiempos actuales no me atrevería a decir esto sobre todos; sin embargo, sobre muchos hombres en Roma me atrevería a declarar que pueden preservar la lealtad
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en esta parte. Y para testimonio, dos nombres reconocidos*** para no parecer que digo cosas imposibles. Pues Lucio Emilio, el que venció a Perseo, al hacerse dueño del reino de los macedonios, en el que, aparte de la demás construcción y provisión, se encontraron en los mismos tesoros más de seis mil talentos de plata y oro, no solo no deseó nada de esto, sino que ni siquiera quiso ser testigo ocular, sino que realizó el manejo de lo mencionado a través de otros, aunque en su propia vida no le sobraba la provisión, sino que, al contrario, más bien le faltaba. Pues, al fallecer él no mucho después de la guerra, queriendo sus hijos naturales Publio Escipión y Quinto Máximo devolver a la mujer la dote, de veinticinco talentos, se vieron tan apurados que no pudieron hacerlo hasta el final, si no vendían la casa, los cuerpos y, junto con esto, aún algunas de las posesiones. Y si a alguien le parece que lo dicho suena increíble, es fácil obtener fe sobre esto; pues, aunque muchas cosas son discutidas entre los romanos y sobre todo en esta parte debido a las oposiciones entre ellos, sin embargo, el que busque encontrará lo que hemos dicho ahora reconocido por todos. Y además, Publio Escipión, hijo natural de este y nieto por adopción de Publio el llamado Grande, al hacerse dueño de Cartago, que parecía ser la ciudad más rica de las que están en el mundo, no trasladó absolutamente nada de ella a su propia vida, ni comprando ni adquiriendo de otra manera nada, aunque no estaba del todo acomodado en la vida, sino que era moderado en la propiedad, como romano. Y no solo se abstuvo de las cosas de la misma Cartago, sino que en general no permitió que nada de Libia se mezclara con su propia vida. Y sobre este hombre, de nuevo, el que busque verdaderamente encontrará entre los romanos la opinión indiscutible sobre esta parte. Pero, en efecto, al tomar una ocasión más apropiada sobre esto, haremos una distinción más larga. 69. Que dice Polibio en el libro XVIII que Átalo terminó su vida; sobre el cual es justo, al igual que acostumbramos a hacer con los demás, pronunciar ahora también sobre él el discurso apropiado. Pues para él, desde el principio, no hubo otro recurso para el reino de los de fuera, sino solo la riqueza, que manejada con mente y audacia proporciona verdaderamente una gran utilidad para toda empresa, pero sin lo mencionado es natural que sea causa de males para la mayoría y, en resumen, de perdición. Pues engendra envidias, conspiraciones y tiene grandes inclinaciones hacia la corrupción del cuerpo y del alma. Y son pocas las almas que pueden rechazar esto con el poder de la riqueza. Por lo cual es digno de admirar la magnanimidad del mencionado, porque no se propuso utilizar los recursos para nada más que para la conquista del reino, de lo cual no es posible decir nada mayor ni más noble; quien inició el principio de la empresa mencionada no solo a través de la benevolencia y gracia hacia los amigos, sino también a través de las obras en la guerra. Pues al vencer en batalla a los gálatas, que era el pueblo más pesado y guerrero entonces en Asia, hizo de esto el principio y entonces se mostró por primera vez como rey. Y al obtener este honor y vivir setenta y dos años, de los cuales reinó cuarenta y cuatro, vivió con mucha sensatez y dignidad con su mujer e hijos, preservó la lealtad hacia todos los aliados y amigos, y murió en las mismas obras más nobles, luchando por la libertad de los griegos. Y lo más grande, al dejar cuatro hijos en edad, organizó los asuntos del reino de tal manera que el reino fue entregado a los hijos de sus hijos sin facciones. 70. Que Polícrates, el gobernador de Chipre, bajo Ptolomeo el niño, tuvo tanto lealtad como una vida virtuosa, pero después de esto, al avanzar la edad, se desvió por completo hacia el libertinaje y una vida impropia. Y Ptolomeo, hijo de Hegesandro, heredó una fama similar en la vejez. Sobre los cuales, cuando lleguemos a los tiempos, no dudaremos en aclarar lo que siguió a sus autoridades. Libro XX. 71. Que los beocios desde hacía ya mucho tiempo estaban en mal estado y tenían una gran diferencia respecto a la prosperidad y gloria que habían tenido de su política. Pues estos, al haber adquirido una gran gloria y poder en los tiempos de Leuctra, no sé cómo, continuamente en los tiempos siguientes, quitaban siempre de ambas cosas mencionadas, teniendo como estratega a Abaiócrito. Y desde estos tiempos no solo quitaban, sino que, al volverse sencillamente hacia lo contrario, oscurecieron la gloria anterior en la medida en que pudieron. Pues al enemistarlos los aqueos con los etolios, al participar estos de la misma elección y hacer una alianza, después de esto luchaban continuamente contra los etolios. Y al invadir los etolios con fuerzas en Beocia, al salir en campaña todo el pueblo, y al reunirse los aqueos y estar a punto de ayudar, sin esperar la presencia de estos, se enfrentaron a los etolios, y al ser derrotados en el peligro, se desanimaron tanto en sus almas que desde aquel suceso ya no se atrevieron a aspirar a nada de lo noble, ni participaron ya más en ninguna acción ni lucha con los griegos bajo un decreto común, sino que, al lanzarse a la festividad y las borracheras, se debilitaron no solo en los cuerpos, sino también en las almas. Los capítulos de la ignorancia parcial fueron manejados por ellos de esta manera. Pues después de la derrota mencionada, inmediatamente, al abandonar a los aqueos, asignaron el pueblo a los etolios. Y al emprender estos también la guerra después de algún tiempo contra Demetrio, el padre de Filipo, al abandonarlos de nuevo, y al llegar Demetrio con fuerzas a Beocia sin experimentar ninguno de los males, se sometieron por completo a los macedonios. Al quedar un pequeño vestigio de la gloria ancestral, había algunos que estaban descontentos con la situación presente y con el obedecer en todo a los macedonios. Por lo cual sucedía que había una gran oposición política de estos contra los que estaban con Ascondas y Neón, los antepasados de Braquilo; pues estos eran los que más macedonizaban entonces. Sin embargo, al final prevalecieron los que estaban con Ascondas al ocurrir una desgracia tal. Antígono, después de la muerte de Demetrio, al ser tutor de Filipo, navegando hacia algunas operaciones hacia los confines de Beocia hacia Labrina, al ocurrir una marea inesperada, sus naves se sentaron en seco. En este momento, al llegar la fama de que Antígono va a invadir el país, Neón, siendo entonces hiparco y llevando consigo a todos los jinetes de los beocios para vigilar el país, se presentó ante los que estaban con Antígono, que estaban en apuros y dificultades debido a lo sucedido, y pudiendo dañar mucho a los macedonios, pareció perdonarlos contra la expectativa de ellos. A los demás beocios les agradó que hiciera esto, pero a los tebanos no les agradó en absoluto lo sucedido. Antígono, al llegar poco después la marea y al aligerarse las naves, tenía gran gratitud hacia Neón por no haber atacado contra ellos durante la desgracia, y él mismo terminaba el viaje propuesto hacia Asia. Por lo cual, después de esto, al vencer a Cleómenes el espartano y hacerse dueño de Lacedemonia, dejó como supervisor de la ciudad a Braquilo, devolviéndole este favor por la benevolencia del padre de Neón; de lo cual no sucedió ni siquiera un poco que la casa de Braquilo se restableciera. Y no solo tuvo este cuidado de ellos, sino que continuamente, a veces él mismo, a veces Filipo, al suministrar y fortalecer siempre, rápidamente derrotaron a los que se oponían políticamente en las mismas Tebas, y obligaron a todos a macedonizar salvo muy pocos. Los asuntos de la casa de Neón tomaron tal principio tanto de la alianza con los macedonios como del progreso en la propiedad; los asuntos comunes de los
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Teniendo los beocios tal disposición política, lograron sortear afortunadamente tanto los tiempos de Filipo como los de Antíoco. Sin embargo, en los sucesos posteriores no escaparon, sino que, como si la fortuna estuviera realizando una retribución, pareció intervenir contra ellos con severidad; sobre lo cual haremos mención en lo sucesivo. 72. Que la mayoría tenía como pretexto para su alejamiento de los romanos el asesinato de Braquilo y la expedición que Tito realizó contra Coronea debido a los asesinatos que se producían en los caminos contra los romanos, pero en realidad estaban en un estado de decadencia moral por las causas antes mencionadas. Pues, al acercarse el rey, los que gobernaban a los beocios salieron a su encuentro; y tras reunirse con él y conversar amablemente, lo condujeron a Tebas. Fin del libro XX de la historia de Polibio. 73. Que Panfilidas, el navarco de los rodios, parecía ser más apto para todas las circunstancias que Pasístrato, debido a que era de naturaleza más profunda y más estable que audaz. Pues la mayoría de los hombres buenos no forman sus juicios basándose en la razón, sino en los acontecimientos. 74. Que Diófanes de Megalópolis tenía una gran experiencia en asuntos militares, debido a que, habiendo sido la guerra contra Nabis para los megalopolitanos una cuestión de vecindad durante mucho tiempo, y habiendo estado siempre bajo el mando de Filopemen, había adquirido una verdadera práctica de las operaciones de guerra. Además de esto, en cuanto a su apariencia y necesidad física, el hombre mencionado era poderoso e imponente. Y lo más importante, era un hombre bueno para la guerra y utilizaba las armas de manera sobresaliente. 75. Que Moagetes era tirano de Cibira, un hombre cruel y traicionero, y no es digno de recibir la mención adecuada de pasada, sino con atención.
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76. Que el rey Ptolomeo de Egipto, cuando sitió la ciudad de Licópolis, los dinastas egipcios, aterrados por lo sucedido, se entregaron a la buena fe del rey. Él hizo mal uso de esto y cayó en muchos peligros. Algo similar ocurrió en los tiempos en que Polícrates sometió a los rebeldes. Pues los que estaban con Atinis, Pausiras, Jesufos e Irobastos, que eran los que aún quedaban de los dinastas, cediendo ante las circunstancias, se presentaron en Sais, entregándose a la buena fe del rey; pero Ptolomeo, incumpliendo su palabra, ató a los hombres desnudos a los carros, los arrastró y, tras castigarlos, los mató. Y al llegar a Naucratis con el ejército, y habiéndole presentado Aristónico a los hombres reclutados de Grecia, tras recibirlos, zarpó hacia Alejandría, sin haber participado en ninguna de las acciones de la guerra debido a la mala reputación de Polícrates, a pesar de tener veinticinco años. 77. Que Apolónide, la esposa de Átalo, padre del rey Eumenes, era de Cícico, una mujer digna de memoria y distinción por muchas razones. Pues, siendo una ciudadana común, se había convertido en reina y mantuvo esta superioridad hasta el final, no mostrando una seducción propia de cortesanas, sino una sobriedad política, dignidad y nobleza, y es justa merecedora de un recuerdo positivo; y, en general, habiendo dado a luz a cuatro hijos, mantuvo hacia todos ellos una benevolencia y afecto insuperables hasta el final de su vida, a pesar de haber sobrevivido a su marido durante no poco tiempo. Además, los hijos de Átalo, durante su estancia, se ganaron una buena reputación, devolviendo a su madre la gratitud y el honor debidos. Pues, llevándola de ambas manos, paseaban a su madre por los templos y la ciudad junto con su séquito. Ante esto, los espectadores acogían grandemente a los jóvenes y los honraban, y recordando a Cleobis y Bitón, comparaban sus actitudes, completando el brillo de la disposición de aquellos con la dignidad de la superioridad de los reyes. Esto se llevó a cabo en Cícico después de la disolución de la alianza con el rey Prusias. 78. Que Ortiagón el gálata, que reinaba sobre los de Asia, intentó trasladar a sí mismo el dominio de todos los gálatas, y aportó muchos recursos para este fin, tanto por naturaleza como por experiencia. Pues era benefactor, magnánimo, agradable en el trato y sensato; y lo que es fundamental entre los gálatas, era varonil y dinámico para las necesidades militares. 79. Que Aristónico, el eunuco del rey Ptolomeo de Egipto, había sido compañero del rey desde niño. A medida que avanzaba en edad, tenía una audacia y una determinación más varoniles de lo que correspondía a un eunuco. Pues era naturalmente militar y pasaba la mayor parte de su tiempo en estos asuntos y en torno a ellos. De manera similar, era capaz en el trato y poseía un sentido común, lo cual es raro. Además de esto, estaba bien predispuesto hacia la beneficencia de los hombres. 80. Que Deinócrates el mesenio era, no solo por experiencia, sino también por naturaleza, un hombre cortesano y militar. Aunque mostraba una forma de actuar práctica y perfecta, era un hombre de nombre falso y superficial. Pues en los asuntos militares, en cuanto a destreza y audacia, superaba con mucho a los demás y era brillante en los peligros personales. Del mismo modo, en cuanto a su otra disposición, en las conversaciones era agradable y pronto, y en las reuniones, ingenioso y político; pero al mismo tiempo, era un hombre amante de los placeres, y totalmente incapaz de fijar la mirada en asuntos comunes o políticos, de prever el futuro con seguridad, y además de prepararse y hablar ante una multitud. Y una vez, habiendo provocado el inicio de grandes males para su patria, pensaba que no hacía nada, sino que llevaba la misma conducta de vida, sin prever nada de lo que iba a suceder, amando y bebiendo desde el día y dedicando sus oídos a los espectáculos. Tito le obligó a tener una breve percepción de la situación. Pues, al verlo beber en largas vestiduras mientras bailaba, en el momento guardó silencio, pero al día siguiente, cuando él se acercó y pidió algo sobre su patria, dijo:" Yo, Deinócrates, haré todo lo posible; pero me asombra cómo puedes bailar mientras bebes, habiendo provocado el inicio de asuntos tan importantes entre los griegos". Parece que entonces se contuvo un poco y aprendió que había entregado una propuesta ajena a su propia elección y naturaleza. Sin embargo, estaba presente en Grecia con Tito, convencido de que los asuntos en Mesene se manejarían de golpe según su voluntad.
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81. Que al rey Filipo y a toda Macedonia le sobrevino en este momento un terrible comienzo de males, digno de mucha atención y memoria. Pues, como si la fortuna quisiera tomar justicia de él en el momento oportuno por todas las impiedades y transgresiones que había cometido durante su vida, entonces le presentó algunas erinias, castigos y vengadores de aquellos que habían sufrido por su causa; quienes, acompañándolo tanto de noche como de día, le infligieron tales castigos hasta que la vida le abandonó, de modo que todos los hombres admitieron que, según el proverbio, existe el ojo de la Justicia, al cual los hombres nunca deben despreciar. En primer lugar, le presentaron esta idea: que, al estar a punto de hacer la guerra contra los romanos, debía trasladar a los hombres políticos de las ciudades más ilustres y costeras, junto con sus hijos y mujeres, a la actual Ematia, llamada antiguamente Peonia, y llenar las ciudades de tracios y bárbaros, como si la lealtad de estos fuera más segura para él en las circunstancias. Al realizarse esto, y siendo los hombres arrancados de raíz, ocurrió tal duelo y tal alboroto que toda la región parecía haber sido tomada por la lanza. De esto surgieron maldiciones y súplicas a los dioses contra el rey, ya no solo en secreto, sino también abiertamente. Después de esto, queriendo no dejar nada ajeno ni hostil en el reino, escribió a los encargados de las ciudades que buscaran a los hijos e hijas de los macedonios asesinados por él, para ponerlos bajo custodia, refiriéndose sobre todo a los que perecieron con Admeto, Pirrico y Samo; y junto con estos incluyó a todos los demás que fueron privados de la vida por orden real, pronunciando, según dicen, este verso:" Necio es quien, habiendo matado al padre, deja vivos a los hijos". Siendo la mayoría de ellos ilustres debido a la trayectoria de sus padres, su desgracia también resultó ser ilustre y digna de lástima para todos. En tercer lugar, la fortuna introdujo en el mismo momento un drama sobre los hijos, en el cual, conspirando los jóvenes unos contra otros, y llegando a él el informe sobre esto, y teniendo que decidir si debía convertirse en asesino de sus hijos o temer más por ellos en la vida futura, no fuera que, al envejecer, él mismo sufriera algo similar, se atormentaba de noche y de día pensando en esto. Estando su alma en tales desgracias y turbaciones,¿ quién no supondría razonablemente que la ira de algunos dioses cayó sobre su vejez debido a las ilegalidades cometidas en su vida pasada? Esto será aún más claro por lo que se dirá a continuación. BUSCA EN EL LIBRO SOBRE LAS PARADOJAS. 82. Que Filopemen, el estratega de los aqueos, era un hombre en cuanto a virtud no inferior a nadie, pero ciertamente inferior a la fortuna. Después de él, Licortas, quien no era inferior a él. 83. Que Filopemen, habiendo buscado la gloria habitualmente durante cuarenta años en un régimen democrático y variado, evitó por completo la envidia de la mayoría, gobernando no por favor, sino con franqueza; lo cual rara vez encontraría uno que haya sucedido. 84. Que Aníbal, habiendo permanecido diecisiete años en campo abierto y habiendo utilizado a muchísimos hombres de otras razas y lenguas para esperanzas desesperadas y paradójicas, no fue en absoluto conspirado ni abandonado por ninguno de los que luchaban con él. 85. Que Publio, habiendo buscado la gloria en un régimen aristocrático, se ganó tal benevolencia entre las masas y tal confianza en el senado que, cuando alguien intentó juzgarlo ante el pueblo según las costumbres de los romanos, y habiendo acusado mucho y con amargura, no dijo nada más al salir, sino que dijo que no era apropiado para el pueblo de los romanos escuchar a nadie que acusara a Publio Cornelio Escipión, gracias a quien los acusadores tienen la misma autoridad para hablar. Al escuchar esto, la mayoría se disolvió inmediatamente de la asamblea, dejando solo al acusador.
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86. Que en los mismos tiempos había en Lacedemonia un tal Quirón, que había sido embajador en Roma el año anterior, un hombre astuto y práctico, pero joven, humilde y que había recibido una educación democrática. Este, agitando a la multitud y moviendo lo que nadie más se atrevía, se ganó rápidamente una imagen ante la mayoría. Y al principio, quitando la tierra que los tiranos habían concedido a las hermanas, mujeres, madres e hijos que quedaban de los exiliados, la repartió a los pobres al azar y de manera desigual según su propia autoridad. Después de esto, usando los bienes comunes como propios, malgastaba los ingresos, sin atender a ley, ni a decreto común, ni a magistrado. Ante esto, algunos, indignados, se esforzaron por establecer jueces de los asuntos comunes según las leyes. Quirón, viendo lo que sucedía y sabiendo que había gestionado mal los asuntos de la ciudad, envió a unos hombres a apuñalar a Apolónides, el más ilustre de los jueces y el más capaz de investigar su codicia, cuando salía del baño durante el día. Al llegar esto a los aqueos, y estando la multitud indignada por lo sucedido, el estratega partió inmediatamente y, al llegar a Lacedemonia, llevó a Quirón a juicio por el asesinato de Apolónides y, tras condenarlo, lo hizo prisionero, e incitó a los demás jueces a realizar una investigación verdadera de los asuntos públicos, y a preocuparse también por recuperar las propiedades de los familiares de los exiliados, que Quirón les había quitado poco tiempo antes. 87. Que Filopemen y Aristeno, los aqueos, no tuvieron ni la misma naturaleza ni la misma elección de gobierno. Pues Filopemen estaba bien dotado para las necesidades militares tanto en cuerpo como en alma, y el otro para las deliberaciones políticas. En la elección de gobierno diferían entre sí en esto: cuando la superioridad de los romanos ya estaba involucrada totalmente en los asuntos griegos durante los tiempos de Filipo y Antíoco, Aristeno llevaba la dirección del gobierno de tal manera que hacía todo lo conveniente para los romanos de inmediato, y algunas cosas incluso antes de que ellos lo ordenaran. Sin embargo, intentaba parecer que se atenía a las leyes y arrastraba tal imagen, cediendo cuando alguna de ellas chocaba claramente con lo escrito por los romanos. Filopemen, en cambio, estaba de acuerdo y colaboraba sin excusas en todo lo que se proponía conforme a las leyes y a la alianza, pero en lo que ordenaban fuera de esto, no era capaz de obedecer voluntariamente, sino que decía que los magistrados debían considerar lo justo y, después de esto, pedirlo de nuevo; y si ni siquiera así los convencían, al final, como testificando, cedían y entonces hacían lo ordenado. 88. Que Perseo, tras renovar la amistad con los romanos, intentó inmediatamente atraer a los griegos, llamando a Macedonia tanto a los que huían de las deudas como a los que habían sido condenados y a los que habían abandonado Macedonia por cargos reales. Y exponía edictos de esto en Delos, Delfos y el templo de Atenea Itonia, dando no solo seguridad a los que regresaban, sino también la recuperación de los bienes de los que cada uno había huido. También perdonó las deudas reales en la propia Macedonia y liberó a los que estaban encerrados en las cárceles por causas reales. Al hacer esto, despertó a muchos, mostrando buenas esperanzas a todos los griegos en sí mismo. Mostraba también en su conducta durante el resto de su vida la dignidad del reino. Pues en cuanto a su apariencia era capaz y apto para toda necesidad física que se extendiera a la forma práctica, y en cuanto a su aspecto tenía una frente y un orden no ajenos a su edad. Había evitado también la lascivia paterna, tanto la referente a las mujeres como la referente a las bebidas. Y los prolegómenos del gobierno de Perseo tienen tal disposición. 89. Que el rey Filipo, cuando creció y obtuvo el poder sobre los griegos, era el más incrédulo e ilegal de todos, pero cuando la fortuna sopló en contra, fue el más moderado de todos. Y cuando fracasó en los asuntos generales, adaptándose a todo lo futuro, intentaba de todas las maneras fortalecer su propio reino. Libro XXVII. 90. Que Cotis era un hombre notable en cuanto a apariencia y sobresaliente para las necesidades militares, y además, en cuanto al alma, todo menos tracio; pues era sobrio y mostraba una mansedumbre y profundidad liberales. 91. Que Ptolomeo, el estratega en Chipre, no resultó ser en absoluto egipcio, sino sensato y práctico. Pues, habiendo recibido la isla cuando el rey aún era un niño, se ocupaba diligentemente de la recaudación de dinero, pero no daba nada a nadie, a pesar de ser solicitado muchas veces por los administradores reales y ser criticado amargamente por no dar nada. Pero cuando el rey llegó a la edad adulta, habiendo reunido una cantidad suficiente de dinero, la envió, de modo que tanto el propio Ptolomeo como los de la corte se complacieron con su anterior restricción y con el no dar nada.
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92. Que Céfalo vino de Epiro, teniendo ya desde antes una relación con la casa de los macedonios, pero entonces, obligado por los hechos, eligió la causa de Perseo. La causa de lo sucedido fue la siguiente: Carope era epirota, un hombre por lo demás bueno y amigo de los romanos, quien, cuando Filipo ocupó los pasos de Epiro, fue la causa de que Filipo fuera expulsado de Epiro y de que Tito se apoderara tanto de Epiro como de los macedonios. Este tuvo un hijo, Macatas, de quien nació Carope. Cuando el padre murió, Carope, siendo este aún un niño, lo envió a Roma con la protección debida para que aprendiera tanto el dialecto como las letras romanas. Este joven, habiéndose acostumbrado a muchas cosas, regresó después de algún tiempo a su patria. El mayor, Carope, murió. Pero el joven, siendo inestable por naturaleza y lleno de toda maldad, se jactaba y se codeaba con los hombres ilustres. Al principio, nadie lo tenía en cuenta, sino que los que ocupaban los cargos tanto por edad como por fama, los de Antino, gestionaban los asuntos comunes según sus propias opiniones. Al estallar la guerra pérsica, el joven calumnió inmediatamente a los hombres mencionados ante los romanos, usando como pretexto la relación anterior de los hombres con la casa de los macedonios, y observando todo en el presente y tomando todo lo dicho o hecho por ellos para peor, y quitando unas cosas y añadiendo otras, obtenía credibilidad contra los hombres. Céfalo, por lo demás un hombre sensato y estable, también en estos tiempos estaba en la mejor opinión. Pues rezaba a los dioses para que no estallara la guerra ni se decidieran los asuntos; pero al realizarse la guerra, quería hacer lo justo según la alianza con los romanos, pero más allá de esto, ni correr de manera innoble ni servir en nada fuera de lo debido. Como Carope usaba activamente las calumnias contra él y llevaba a la mala voluntad todo lo que sucedía contra la voluntad de los romanos, al principio los mencionados lo despreciaban, no sabiendo nada ajeno a la voluntad de los romanos. Pero cuando vieron a los etolios de Hipóloco, Nicandro y Lohago siendo llevados a Roma desde la batalla de caballería sin razón, y las calumnias creídas contra ellos por los de Licisco, quienes en Etolia seguían la misma causa que Carope, entonces, previendo el futuro, deliberaron sobre sí mismos. Decidieron, pues, probar de todas formas, para no entregarse sin juicio, y regresar a salvo a Roma debido a las calumnias de Carope. Así, pues, los de Céfalo se vieron obligados, contra sus propias elecciones, a elegir la causa de Perseo. 93. Que los de Teodoto y Filóstrato hicieron un acto impío y contrario a la alianza, como todos admitían. Pues, al enterarse de que el cónsul de los romanos, Aulo Hostilio, llegaba a Tesalia hacia el campamento, y pensando que, si entregaban a Aulo a Perseo, habrían ofrecido la mayor lealtad y habrían dañado grandemente a los romanos en el momento, escribían a Perseo constantemente para que se apresurara. El rey quería avanzar inmediatamente y unirse, pero al haber ocupado los molosos el puente sobre el río Aoo, se vio impedido en su impulso y obligado primero a luchar contra ellos. Sucedió que Aulo, al llegar a los Fanoseos, se alojó con Néstor el cropio y entregó a sus enemigos una oportunidad clara contra sí mismo; la cual, si no hubiera sido mediada por alguna fortuna hacia lo mejor, no creo que hubiera escapado. Pero ahora, de manera divina, Néstor, presagiando el futuro, le obligó a trasladarse a Gitana por la noche. Y desesperando de la marcha a través de Epiro, se embarcó y, tras navegar a Antícira, desde allí hizo su impulso hacia Tesalia. 94. Que Farnaces fue el más ilegal de todos los reyes anteriores. 95. Que Átalo, pasando el invierno en Elatea y sabiendo claramente que su hermano Eumenes estaba lo más afligido posible y molesto por el hecho de que sus honores más ilustres habían sido anulados por los del Peloponeso mediante un decreto común, ocultando a todos la disposición que tenía hacia él, intentó enviar mensajes a algunos de los de Acaya, esforzándose por restaurar a su hermano a través de sí mismo no solo los honores votivos, sino también los escritos. Esto lo hacía convencido de que, al mover este favor, ofrecería la mayor gratitud, y sobre todo demostraría el amor fraternal y la nobleza de su propia elección a los griegos a través de este acto. 96. Que los cretenses hicieron en este momento un acto indigno, terrible y contrario a la alianza, como todos admitían. Aunque ocurrieron muchas cosas así en Creta, sin embargo, pareció superar la costumbre lo que sucedió entonces. Pues, existiendo entre ellos no solo amistad, sino comunidad política con los apoloniates y, en general, comunión de todos los derechos considerados entre los hombres, y existiendo sobre esto un tratado jurado ante Zeus Ideo, violando la alianza, tomaron la ciudad de los apoloniates, degollaron a los hombres, saquearon los bienes, y se repartieron y ocuparon a las mujeres, los hijos, la ciudad y el territorio. Libro XXVIII. 97. Que el rey Antíoco era práctico, ambicioso y digno del nombre de rey, excepto por las estratagemas en Pelusio. 98. Que dice Polibio: habiendo hecho reflexionar antes a los lectores sobre el juicio de Deinón y Poliarato; pues siendo grande la situación y el cambio no solo entre los rodios, sino en casi todas las ciudades, sería útil examinar las elecciones de los que gobiernan en cada lugar y conocer quiénes parecerán haber hecho lo razonable y quiénes haber fallado en el deber, para que los que vienen después, como si se expusieran modelos, puedan en circunstancias similares perseguir lo elegible y evitar lo evitable verdaderamente, y no, al final de la vida, sin ver lo apropiado, hagan sus acciones en la vida pasada. Sucedió, por tanto, que hubo tres diferencias de los que cayeron en las causas durante la guerra contra Perseo. Una de ellas era la de los que no veían con agrado que se juzgaran los asuntos generales y que el poder del mundo cayera bajo un solo mando, pero que no colaboraban ni se oponían en nada a los romanos, sino que, por así decirlo, confiaban a la fortuna lo que sucedería; otra era la de los que veían con agrado que se juzgaran los asuntos y querían que Perseo ganara, pero no podían arrastrar a sus propios ciudadanos y compatriotas a su propia opinión; y la tercera, la de los que arrastraron y cambiaron los gobiernos hacia la alianza de Perseo. Cómo gestionó cada uno de estos sus asuntos es posible observarlo. Cambiaron hacia Perseo la nación de los molosos Antino y Teodoto y Céfalo con ellos... de los que se opusieron totalmente a sus intentos, y al llegar el peligro y acercarse el mal, todos se enfrentaron a lo presente y murieron noblemente. Por lo cual es digno alabar a los hombres por no entregarse ni permitirse caer en una disposición indigna de su vida pasada. Y ciertamente en Acaya y entre los tesalios y perrebos tuvieron causa y más debido a la tranquilidad, como si estuvieran al acecho de los tiempos y pensaran como Perseo. Pero ni lanzaron tal discurso en medio, ni fueron sorprendidos escribiendo o enviando mensajes a Perseo sobre algo, sino que se mantuvieron irreprochables. Por tanto, razonablemente estos soportaron tanto la defensa como el juicio y refutaron todas las esperanzas; pues no es menor signo de ignominia no sacar de la vida a uno mismo sin saber nada malo, a veces aterrado por los levantamientos de los que se oponen políticamente, a veces por el poder de los que mandan, que vivir amando la vida contra el deber. Y ciertamente en Rodas y Cos y en otras ciudades más hubo algunos que pensaban como Perseo, quienes incluso se atrevían a hablar sobre los macedonios en sus propios gobiernos y a acusar a los romanos y, en general, a unirse a Perseo en una acción común, pero no pudieron cambiar los gobiernos hacia la alianza del rey. De estos, los más ilustres fueron, entre los de Cos, los hermanos Hipócrito y Diomedonte, y entre los rodios, Deinón y Poliarato.¿ Quién no reprocharía la elección de estos? Quienes, primero, teniendo a los ciudadanos como testigos de todo lo que habían hecho y dicho, y después, habiendo sido capturados y revelados los escritos y los enviados por Perseo a ellos y los enviados por ellos a Perseo, y al mismo tiempo habiendo sido capturados los hombres enviados por ambos y hacia ambos, no fueron capaces de ceder ni de apartarse, sino que seguían disputando. Por tanto, perseverando y amando la vida ante esperanzas desesperadas, cambiaron lo que parecía ser audaz y arriesgado en ellos, de modo que entre los que vienen después no dejaron ni el último lugar para la piedad y el perdón. Pues, siendo refutados cara a cara por sus propios escritos y por los ministros, parecieron no solo ser desafortunados, sino aún más desvergonzados. Pues había un tal Toas de los que navegaban, quien incluso muchas veces había navegado a Macedonia, enviado por los mencionados. Este, en el cambio de los asuntos, sabiendo lo que había hecho, temeroso, se retiró a Cnido. Habiéndolo puesto los cnidios bajo custodia, tras ser reclamado por los rodios, vino a Rodas. Y allí, siendo refutado mediante torturas, confesó y estaba de acuerdo con todas las señales de los escritos capturados, y de igual modo con las cartas enviadas tanto por Perseo a Deinón como por estos a aquel. De lo cual era posible asombrarse de qué razonamiento usaba el...
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conducir. Después de esto, embarcó a la multitud en las naves y esperó el viento, dejando a unos pocos en tierra para su custodia. Los petelinos y otros italianos junto con ellos atacaron, y tras degollar a algunos de ellos, huyeron. Aníbal, por su parte, se dirigió a Libia, habiendo devastado Italia durante dieciséis años seguidos, colmando a los hombres de innumerables males y llevándolos muchas veces al peligro extremo, e insultando a sus propios súbditos y aliados como si fueran enemigos; pues, como los había tratado durante mucho tiempo no por benevolencia sino por necesidad, al no tener ya nada que obtener de ellos, los despreció como a enemigos.
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30. Que Masinisa, el rey de los nómadas, fue un hombre afortunado en todo, a quien Dios le dio el reino de sus padres, tras haber sido despojado por los cartagineses y Sifax, para recuperarlo y llevarlo a su mayor esplendor, desde los mauros junto al océano hasta el reino de los cireneos en el interior, y para cultivar mucha tierra, pues la mayor parte de los nómadas la consumían por estar sin cultivar, y para dejar grandes tesoros de dinero y un gran ejército entrenado; y de sus enemigos, capturó a Sifax vivo con sus propias manos, y fue la causa de la ruina de Cartago, dejándola totalmente debilitada para los romanos. Fue, además, grande de cuerpo y vigoroso hasta una edad muy avanzada, y practicaba el combate hasta la muerte, y subía al caballo sin necesidad de escudero. Y con esto, que es lo más grande, probaré sobre todo su vigor. Pues, habiendo tenido muchos hijos que nacían y morían, nunca tuvo menos de diez, y dejó un niño de cuatro años a los noventa años de edad. Masinisa, pues, habiendo vivido así en cuanto a tiempo y cuerpo, había muerto.
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31. Que Asdrúbal, durante el encuentro de la guerra, al estar en dificultades por la operación contra los llamados Megara, llevó a los muros a todos los prisioneros romanos que tenía, desde donde los hechos iban a ser claramente visibles para los romanos, y con hierros curvos les arrancaba los ojos, las lenguas, los nervios o los genitales, o les cortaba las plantas de los pies y los dedos, o les arrancaba la piel del resto del cuerpo, y a todos, aún vivos, los despeñaba, tramando cosas irreconciliables para los cartagineses respecto a los romanos. Y él, aunque los incitaba de tal manera a poner su salvación solo en la batalla, el resultado se volvió contra lo que él tramaba. Pues los cartagineses, por la conciencia de estas obras impías, se volvieron temerosos en lugar de entusiastas, y odiaban a Asdrúbal como a alguien que les había arrebatado incluso el perdón; y sobre todo el consejo lo denunciaba por haber actuado de forma cruel y arrogante en medio de tales desgracias propias. Él, a su vez, arrestó y mató a algunos de los consejeros, y estando ya temeroso en todo, se convirtió más en un tirano que en un estratega, pensando que solo así tendría seguridad, si era temible para ellos y, por tanto, difícil de atacar.
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33. Que Metelo ejecutó a todo el consejo de los bagaios, por haber entregado la guarnición a Yugurta, y ejecutó también al comandante de la guarnición, Turtilio, un hombre romano que no se había entregado a los enemigos sin sospechas, junto con el consejo. Y habiendo tomado a tracios y ligures desertores de Yugurta, a unos les cortaba las manos, a otros los enterraba en la tierra hasta el vientre y, disparándoles flechas o lanzándoles jabalinas, les prendía fuego mientras aún estaban vivos.
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34. Que Perseo, cobrando ánimo poco a poco después de la huida, mató impíamente a Nicias y Andrónico, a quienes había enviado para el hundimiento de los tesoros y el incendio de las naves, después de haber recuperado para sí tanto las naves como los tesoros, considerándolos cómplices de un miedo vergonzoso y capaces de contárselo a otros; y desde entonces, por un cambio repentino, se volvió cruel y propenso a todo, y ya no había nada sano ni sensato en él, sino que el más persuasivo para la sensatez y hábil para razonar y muy audaz para las batallas, al menos mientras no fallara por inexperiencia, se volvía entonces repentina e irracionalmente hacia la cobardía y la insensatez, y se volvía rápido y cambiante de repente y
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torpe para con todos, al empezar a abandonarlo la fortuna. Lo cual es posible ver en muchos, que a medida que avanza el cambio se vuelven más irracionales que ellos mismos. 35. Que Gentio, rey de los ilirios, una nación vecina a los macedonios, aliándose con Perseo por trescientos talentos, de los cuales ya había recibido una parte, invadió la Iliria que estaba bajo los romanos, y encarceló a los embajadores que habían ido a él por estos asuntos, Perpenna y Petilio. Al enterarse de esto, Perseo ya no envió el resto del dinero, como si ya por su causa estuviera en guerra con los romanos. Y enviaba a los getas que estaban más allá del Istro, y tentó a Eumenes con dinero, para que o bien se pasara a su lado, o bien disolviera la guerra, o bien se retirara de la lucha para ambos, esperando que Eumenes, como si no fuera a ocultar esto a los romanos, hiciera algo de ello o que, mediante la prueba, difamara a Eumenes. Él dijo que no se cambiaría, pero pidió talentos, mil quinientos por la disolución y mil por la tranquilidad. Y Perseo, al enterarse de que diez mil jinetes y diez mil infantes mercenarios getas se acercaban a él, despreció inmediatamente a Eumenes y dijo que no daría nada por la tranquilidad; pues traía vergüenza para ambos. Pero que no traicionaría lo de la disolución, sino que lo depositaría en Samotracia hasta que se produjera la disolución, volviéndose ya cambiante y tacaño por un trastorno mental en todo. Sin embargo, no fracasó en una de las cosas que esperaba, que Eumenes se volviera sospechoso para los romanos. Y al cruzar los getas el Istro, parecía que se debían dar al líder Clolio mil estateras de oro, y a cada jinete diez, y la mitad a la infantería. Y esto en total era poco más de quince miríadas de oro. Él llevaba algunas clámides, brazaletes de oro y caballos como regalo para los líderes, y diez mil estateras que eran llevadas. Y al acercarse, mandó llamar a Clolio. Él preguntó a los que habían llegado si traían el oro; y al saber que no lo tenían, les ordenó que regresaran por él. Al enterarse de esto Perseo, impulsado de nuevo por un dios, acusó a los getas ante sus amigos, por un cambio, como de naturaleza infiel. Y fingía no atreverse a recibir a veinte mil de ellos en el campamento, y dijo que apenas podía con diez mil, de los cuales, incluso si se rebelaban, podría controlarlos. Habiendo dicho esto a sus amigos, inventaba otras cosas para los getas y pedía la mitad del ejército, prometiendo dar el oro que resultara. Estaba lleno de tal inestabilidad, preocupándose por el dinero que poco antes había arrojado al mar. Clolio, al ver a los que habían llegado, preguntó a gritos si habían traído el oro, y a los que querían decir algo les ordenaba hablar primero del oro. Y al saber que no lo tenían, sin soportar ni siquiera escucharlos, llevó al ejército de vuelta. Y Perseo fue privado también de esta alianza, que había llegado numerosa y en el momento oportuno. Por insensatez, pasando el invierno en Fila y teniendo un gran ejército, no recorría Tesalia, que suministraba alimentos a los romanos, sino que enviaba a Jonia para impedir el mercado que desde allí les era llevado. 36. Que al dios le tuvo envidia de la felicidad de Paulo, que había llegado a tal éxito. Y siendo cuatro sus hijos, a los mayores de ellos los había dado en adopción a otros, a Máximo y a Escipión, y de los dos más jóvenes sucedió que uno murió tres días antes del triunfo y el otro cinco días después. Y esto Paulo lo atribuyó al pueblo no menos que a nadie. Pues siendo costumbre que los generales enumeren los hechos realizados, al pasar al ágora dijo que había navegado de Brentesio a Corfú en un día, y de Corfú a Delfos en cinco días para viajar y sacrificar al dios, y en otros cinco días llegar a Tesalia y recibir el ejército; y desde esta, en otros quince días capturar a Perseo y recibir a los macedonios. Y habiendo tenido éxito tan rápidamente en todo, temer que algo le sucediera al ejército al regresar a ustedes. Pero habiendo sido salvado el ejército, temía por ustedes, dijo; pues el dios es envidioso. Al caer el mal sobre mí, y al morir repentinamente mis dos hijos, estoy muy afligido por mí mismo, pero despreocupado por ustedes. Habiendo dicho esto y siendo admirado por todos, y compadecido por sus hijos, no mucho tiempo después murió. Fin de la historia de Apiano, la titulada Real. Sobre la virtud y el vicio. 14 de la historia romana de Dión Cocceiano. 1. Que Numa vivía en la colina llamada Quirinal, siendo sabino, y tenía los archivos en la Vía Sagrada, y pasaba el tiempo cerca del templo de Vesta y a veces permanecía en el campo. 2. Dión dice que tengo el afán de escribir todo lo que los romanos hicieron, tanto en paz como en guerra, digno de memoria, de modo que no se eche de menos nada de lo necesario, ni de aquellos ni de los otros. 3. Luego, también que por sí mismos se establecieron entonces al recibir la fe de lo divino, y a partir de esto ellos mismos vivieron en paz, tanto entre sí como con los extranjeros, durante todo el gobierno de Numa. Y a él le pareció que no sin la ayuda de Dios existió para ellos igual que Rómulo. Dicen los que mejor conocen las cosas de los sabinos que él nació el mismo día en que se fundó Roma. Así, pues, por ambos, la ciudad se volvió rápidamente fuerte y bien ordenada, habiendo ejercitado él lo militar por necesidad, al ser recién fundada, y él enseñando lo pacífico, de modo que ella sobresalió igualmente en ambos. 4. Que Tulio era considerado el más fuerte contra los enemigos, pero descuidaba totalmente lo divino, hasta que, al producirse una enfermedad pestilente, él mismo enfermó. Entonces, en efecto, cuidó con precisión a los otros dioses y añadió a los salios colinos. 5. Que Tarquinio, usando la riqueza, la prudencia y mucha cortesía en todas partes en el momento oportuno, dispuso a Marcio de tal manera que fue inscrito por él entre los patricios y en el consejo, y fue nombrado estratega muchas veces, y se le confió la tutela de sus hijos y del reino. Pues era no menos querido por los demás, y por esto también, por voluntad de ellos, ocupó el primer lugar. La causa es que, haciendo todo aquello de lo que iba a ser fuerte, no se envanecía, sino que, estando entre los primeros, se contenía. Y las cosas penosas las soportaba en lugar de otros y en público, mientras que las agradables las cedía voluntariamente a los demás. Pues él mismo disfrutaba de nada o poco, y esto ocultamente. Y de las cosas mejores, atribuía la causa a todos más que a sí mismo, y ponía el disfrute en común para el que lo necesitaba, mientras que las cosas más extrañas no las atribuía a nadie ni las compartía con nadie. Además de esto, favorecía a todos los que rodeaban a Marcio según cada uno, tanto con hechos como con palabras. Pues gastaba el dinero sin reservas y usaba sus esfuerzos prontamente si alguien necesitaba algo de él. No decía ni hacía nada malo contra nadie. Ni se ponía voluntariamente en enemistad con nadie. Y además, lo que recibía bien de algunos lo interpretaba de forma mayor, y las cosas más difíciles o bien no las fingía desde el principio, o bien, menospreciándolas, las tenía por mínimas; y no solo no se defendía de nadie por ellas, sino que incluso hacía el bien, hasta que vencía también a aquel. Por lo tanto, de esto adquirió fama de cierta sabiduría, al haber conquistado a Marcio y a todos los que lo rodeaban; pero de lo que siguió, hizo que la mayoría de los hombres desconfiaran, como si fueran traicioneros por naturaleza o cambiaran según los poderes, las fortunas y la opinión. 6. Que Tarquinio, cuando se preparó suficientemente para tiranizar incluso contra la voluntad de ellos, arrestando primero a los más poderosos de los consejeros, y luego también a los demás, mataba a muchos abiertamente, a quienes podía imputar alguna causa decorosa, y a muchos también en secreto, y a algunos los desterraba. Pues no porque algunos de ellos amaran a Tulio más que a él, ni porque tuvieran linajes y riquezas o espíritu, y usaran una valentía notable o una sabiduría destacada, los destruía, defendiéndose de unos y adelantándose a otros, por envidia y sospecha a la vez de odio por no ser de la misma costumbre, sino que también destruía a los amigos íntimos que se habían esforzado por la monarquía no menos que a los otros, pensando que ellos, por la audacia y la innovación, por las cuales le ayudaron a obtener el poder, podrían dárselo a otro. Y a partir de esto, consumió lo mejor del consejo y de la caballería, y no sustituía en absoluto a nadie en lugar de los que morían. Pues creía ser odiado por todo el pueblo, y deseaba hacer esas clases muy débiles por la escasez de hombres. Y también intentó disolver completamente el senado, considerando que toda asamblea de hombres, especialmente de elegidos y que tenían desde antiguo la apariencia de alguna jefatura, es muy enemiga de un tirano. Pero temiendo que la multitud o los mismos guardaespaldas, siendo como son ciudadanos, se indignaran por el cambio de su constitución y se levantaran, no lo hizo abiertamente, sino que lo llevó a cabo de una manera adecuada y muy hábil. Pues no introducía a nadie en él, ni compartía con los restantes nada digno de mención. Pues los convocaba, pero no para administrar nada de lo necesario, sino que hacía esto mismo a propósito para la prueba de su escasez, y por esto también para la humildad y el desprecio. La mayoría de las cosas las hacía por sí mismo o con sus hijos, esto para que nadie de los demás pudiera nada, y esto también por recelo de publicar en lo que cometía crímenes. Era difícil de abordar y difícil de tratar, y usaba tal arrogancia y crueldad con todos por igual, que fue apodado por ellos el Soberbio. Pues, entre otras cosas, tanto él como sus hijos actuaban de forma más tiránica, y una vez ató desnudos a algunos ciudadanos en el ágora y a la vista del pueblo en cruces, y los mató azotándolos con varas. Y esto, descubierto por él entonces, sucedió muchas veces. 7. Que Bruto derrocó a los Tarquinios por la siguiente causa. Cenando una vez en el asedio de los ardeatas, los hijos de Tarquinio, Colatino y Bruto, siendo de la misma edad y parientes suyos, llegaron a una conversación sobre la templanza de sus mujeres y, a partir de esto, a una disputa, prefiriendo cada uno a su propia esposa. Y sucedía que todas estaban ausentes del campamento, les pareció bien a todos ir a caballo esa misma noche, antes de que fueran avisadas, hacia todas ellas a la vez. Al hacer esto, encontraron a las otras en una conversación, pero sorprendieron a Lucrecia, la mujer de Colatino, trabajando la lana. Sexto, habiéndose hecho famosa por esto, deseó deshonrarla. Pues quizás tenía amor por ella, siendo hermosísima, pero deseaba más destruir la gloria que el cuerpo. Y una vez, vigilando a Colatino cuando estaba con los rútulos, se apresuró hacia Colacia, y llegó de noche a ella como a una mujer conocida, y obtuvo comida y alojamiento. Al principio intentaba convencerla de que se acostara con él, pero como no lograba nada, la forzaba. Como ni siquiera así le salía nada, inventó una forma nueva, por la cual obligó a la más paradójica a ser ultrajada voluntariamente. Pues, porque dijo que la degollaría, no lo tuvo en cuenta, y porque dijo que pondría a uno de los sirvientes, también lo escuchó con desprecio. Pero cuando amenazó con acostar junto a ella el cuerpo del esclavo y difundir el rumor de que los había encontrado durmiendo juntos y los mataba, ya no lo hizo soportable, sino que, temiendo que se creyera que había sucedido así, eligió morir habiéndose mezclado con él y habiendo contado lo sucedido, más que morir inmediatamente y quedar deshonrada. Por estas razones, pues, no fue adúltera contra su voluntad. Habiendo preparado después de esto un puñal bajo la almohada, mandó llamar a su marido y a su padre; y tan pronto como llegaron, lloraba, y después de esto, suspirando, dijo: Padre( pues me avergüenzo más ante ti que ante mi marido), no se ha hecho nada bueno conmigo en esta noche, sino que Sexto me forzó amenazando con matar a un esclavo conmigo, como si me hubiera encontrado durmiendo con él. Pues esta amenaza me obligó a pecar, para que no creyeran que esto había sucedido así. Y yo( pues soy mujer) haré lo que me corresponde; ustedes, si son hombres y se preocupan por sus esposas y sus hijos, vénguense por mí, libérense ustedes mismos, y muestren a los tiranos qué clase de mujer ultrajaron siendo ustedes como son. Habiendo dicho tales cosas, no esperó a escuchar nada, sino que inmediatamente, sacando el puñal, se mató a sí misma. 8. Que Horacio consagró el templo de Zeus por sorteo, aunque Valerio dijo que su hijo había muerto y preparó que esto le fuera anunciado durante el mismo sacrificio, para que, por el dolor y porque de otro modo no era santo que alguien estuviera de luto al hacer sacrificios, le cediera la fundación de la obra. Pues él no desconfió de lo dicho, pues fue difundido por muchos y dignos de crédito, pero no se apartó de los ritos sagrados, sino que, ordenando a algunos que dejaran el cuerpo del niño sin enterrar como si fuera ajeno, para que no pareciera que nada pertenecía a la santidad que lo rodeaba, cumplió todos los deberes. 9. Que los Fabios, pensando igual que los mejores en cuanto a linaje y riqueza, fueron destruidos por los tirrenos, siendo trescientos seis; a quienes los romanos lloraron más que por el número de los que habían muerto, tanto en privado como en público. Pues aquel era, por lo demás, no pequeño entre los patricios. Además, por la dignidad, su espíritu pensaba que toda su fuerza había perecido. Y por esto, el día en que fueron destruidos lo inscribieron entre los nefastos, e hicieron las puertas por las que salieron a la guerra en deshonor, de modo que ningún magistrado pasara por ellas. Y Tito Menenio, el estratega, pues bajo él ocurrió la desgracia, siendo acusado después ante el pueblo porque no los defendió y después de esto fue derrotado en batalla, fue condenado. 10. Que los romanos, al saber que Minucio estaba rodeado con algunos en un lugar cóncavo y boscoso, eligieron como dictador contra ellos a Lucio Quincio, a pesar de ser pobre y estar cultivando entonces con sus propias manos el pequeño campo que solo él poseía. Pues en lo demás era igual a los primeros en virtud, y sobresalía en templanza, aunque dejaba caer sus cabellos en trenzas, de donde fue apodado Cincinato. 11. Que los romanos, asediando la ciudad de los faliscos, pasaron tiempo sentados ante ella, si no hubiera sucedido algo así. Un maestro de escuela en ella, educando a niños ni pocos ni oscuros, luego por ira, o también por esperanza de ganancia, los sacó a todos fuera de la muralla como para otra cosa( pues tanta libertad les quedaba que incluso entonces iban juntos), y los llevó ante Camilo, diciendo que le entregaba toda la ciudad a través de ellos. Pues los de dentro ya no soportarían, estando sus seres más queridos en manos de ellos. Sin embargo, no logró nada; pues Camilo, pensando a la vez en la virtud de los romanos y en las vicisitudes humanas, no consideró digno capturarlos por traición, sino que, atando las manos del traidor hacia atrás, se lo entregó a los mismos niños para que lo llevaran a casa con las manos atadas. Al suceder esto, los faliscos ya no resistieron, sino que, aunque eran difíciles de capturar y llevaban la guerra con abundancia, sin embargo, se rindieron voluntariamente a él, esperando tener una amistad maravillosa de parte de él, de quien habían experimentado un enemigo tan justo. 12. Camilo, pues, volviéndose aún más envidiado por los ciudadanos a causa de esto, fue acusado por los tribunos, como si no hubiera beneficiado al público nada del botín de los veyentes, y voluntariamente se retiró antes del juicio. 13. Que los romanos que estaban en el Capitolio y eran asediados no tenían ninguna esperanza de salvación excepto de parte de lo divino. Pues, aunque estaban en todo mal, honraban a lo divino de tal manera que, cuando algo de los ritos sagrados debía realizarse en otro lugar de la ciudad por los pontífices, Cesón Fabio, a quien correspondía el sacrificio, bajó a él desde el Capitolio, vestido como solía, y habiendo pasado a través de los enemigos, hizo lo acostumbrado y regresó el mismo día. Admiro, pues, también a los bárbaros, que lo perdonaron, ya sea por los dioses o por su virtud, pero mucho más lo admiro a él en ambos aspectos, porque se atrevió a bajar solo ante los enemigos, y porque, pudiendo retirarse a algún lugar con seguridad, no quiso, sino que regresó voluntariamente al Capitolio ante un peligro evidente, sabiendo que ellos dudaban en abandonar el lugar, que era lo único que les quedaba de la patria, y viendo que, aunque desearan mucho escapar, no podían hacerlo por la multitud de los asediadores. 14. Que el mismo, siendo exhortado a que se le confiara el mando, no obedeció, porque estaba desterrado y no iba a recibirlo según las leyes patrias. Pues era un hombre tan legal y preciso que, incluso en tal peligro de la patria, se preocupaba por cumplir con sus deberes y no consideraba justo dejar un ejemplo de ilegalidad para los que vendrían después. 15. Que el pueblo condenó al Capitolino, y su casa fue demolida y sus bienes confiscados, y su nombre, y si es que había alguna imagen, fue borrado y destruido. Y ahora, excepto la demolición, todo se hace contra los que conspiran contra el bien común. Decidieron también que ningún patricio viviera en la acrópolis, porque él vivía allí. Y el linaje de los Manlios prohibió que nadie de ellos fuera llamado Marco, puesto que este era llamado así. Capitolino, pues, tuvo tanta diferencia tanto en sus costumbres como en su fortuna. Pues, habiendo perfeccionado las cosas de la guerra, no sabía vivir en paz, y el Capitolio que había salvado lo ocupó para una tiranía, y siendo patricio se convirtió en obra de un esclavo, y siendo considerado guerrero fue capturado al modo de un siervo y arrojado desde la misma roca desde la que había rechazado a los galos. 16. Que Camilo marchó contra los tusculanos, pero por una maravillosa simulación no sufrieron ningún daño. Pues, como si ni ellos hubieran cometido ninguna falta, ni los romanos tuvieran ira contra ellos, sino que iban como amigos ante amigos o marchaban contra otros a través de sus tierras, ni cambiaron nada de lo establecido ni se perturbaron en absoluto, sino que todos, permaneciendo en sus puestos como en paz, tanto en las magistraturas como en los demás trabajos, recibieron al ejército dentro y les dieron hospitalidad y los honraron en lo demás como amigos. De donde los romanos no solo no les hicieron daño, sino que después de esto los inscribieron en la ciudadanía. 17. Que Publio, estando los ciudadanos romanos en facciones unos contra otros, casi los reconcilió. Pues eligió a Licinio Estolón, que era jefe de caballería. Lo cual, siendo una innovación, dolió a los patricios, pero atrajo a los demás de tal manera que ya no reclamaron el consulado para el otro año, sino que permitieron que fueran elegidos los tribunos militares. Pues a partir de esto, cediendo también en lo demás unos a otros, quizás se habrían reconciliado, si Estolón, el tribuno, diciendo algo así como que no se irían si no comían, no los hubiera convencido de no renunciar a nada, sino de realizar como necesarias todas las cosas que habían emprendido. 18. Que Torcuato no era duro en todo, ni era como fue con su hijo y en lo demás, sino que se reconocía que era sensato y buen guerrero. De modo que tanto los ciudadanos como los enemigos decían por igual que, si hubiera tenido el poder de la guerra bajo su control, incluso si lideraba a los latinos, los habría hecho ganar de todas formas. 19. Que los que estaban en la ciudad eligieron a Papirio como dictador, y temiendo que Rulo no quisiera nombrarlo por lo que le había sucedido en la jefatura de caballería, enviaron ante él pidiéndole que prefiriera los asuntos comunes antes que su enemistad privada. Y él no respondió nada a los embajadores, pero cuando llegó la noche( pues por las leyes patrias el dictador debía ser nombrado de noche), lo nombró y obtuvo de esto la mayor gloria. 20. Que los romanos, al saber que el cónsul Fabio fue derrotado en la guerra, se indignaron terriblemente, y mandándolo llamar lo juzgaron. Habiéndose hecho mucha acusación contra él ante el pueblo( pues por la gloria de su padre era más cargado de acusaciones), a él no se le dio palabra, pero el anciano no se defendió por el hijo, sino que, enumerando sus propios hechos y los de sus antepasados y
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185. Tiberio trataba con mayor dureza a los que eran acusados de algo, y a su hijo Druso, que era sumamente licencioso y cruel— hasta el punto de que las espadas más afiladas fueron llamadas drusianas por él—, lo odiaba, lo reprendía y lo censuraba a menudo, tanto en privado como en público. Y una vez, abiertamente y en presencia de muchos, le dijo:« Mientras yo viva, no cometerás ningún acto violento ni insolente; pero si te atreves a hacer algo, ni siquiera cuando yo haya muerto». Pues vivió con mucha moderación durante algún tiempo, y no permitía que nadie más fuera licencioso, sino que castigaba a muchos por ello. 186. Mientras Germánico vivió, Tiberio fue moderado; pues después de esto, cambió muchas de sus costumbres, ya fuera porque pensaba así desde el principio, como demostró más tarde, y fingió mientras aquel vivía porque veía que acechaba su poder, o porque, siendo de buena naturaleza, se desvió cuando se vio privado de su rival. 187. Druso cumplió con los deberes del consulado en igualdad de condiciones con su colega, como cualquier ciudadano privado, e incluso, al ser nombrado heredero por alguien, llevó su cuerpo a enterrar; sin embargo, usaba una ira tan cruel que llegó a golpear a un caballero distinguido y, por ello, recibió el apodo de Cástor. Se entregaba tanto a la embriaguez que, una vez, al verse obligado a ayudar con sus guardaespaldas a unos que se estaban quemando por la noche, cuando le pedían agua, ordenó que les echaran agua caliente. Se mostraba tan apegado a los bailarines que incluso provocaba disturbios entre ellos y ni siquiera las leyes que Tiberio había promulgado contra ellos lograban calmarlos. 188. Germánico era hermosísimo de cuerpo y excelente de alma, destacaba tanto por su educación como por su fuerza, y siendo muy valiente contra el enemigo, se comportaba con la mayor dulzura con los suyos. Siendo muy poderoso por ser César, se comportaba con moderación en igualdad con los más débiles, y no hacía nada que fuera gravoso para los súbditos, ni envidioso para Druso, ni censurable para Tiberio; sino que, en resumen, fue uno de los pocos que jamás cometió falta alguna contra la fortuna que le había tocado, ni fue corrompido por ella. Por lo tanto, habiendo podido muchas veces, no solo por voluntad de los soldados, sino también del pueblo y del senado, tomar el poder imperial, no quiso.
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189. Tiberio también tuvo algunos pretextos para los asesinatos. Pues, debido a la muerte de Germánico, muchos perecieron como si se hubieran alegrado de ella. Lucio Emilio Silano, hijo de Estrabón, que había sido el favorito de Marco Apicio— aquel Apicio que superó a todos los hombres en prodigalidad hasta tal punto que, al querer saber cuánto había gastado ya y cuánto le quedaba, descubrió que le quedaban dos millones y medio, se entristeció como si fuera a morir de hambre y se quitó la vida—, colaboró y ayudó a Tiberio con el mayor entusiasmo. Tiberio, al acogerlo por la semejanza de sus costumbres, lo honró con cargos estratégicos, lo cual no había sucedido antes con nadie de su clase, y lo convirtió en su consejero y servidor para todo. En resumen, todo cambió tanto después de la muerte de Germánico que él, que antes era muy elogiado, fue mucho más admirado entonces. 190. Muchos perecieron a manos de Tiberio. Estaba destinado, al parecer, a vivir con tal demonio durante toda su vida. 191. Tiberio, al encontrar la ocasión, atacó a Galo. Pues, como este, ya fuera por haber ejercido el poder o por temor a Tiberio, o incluso por conspiración, para que al hartarse de él fuera destruido, le había sugerido la mayoría de las cosas y las más importantes, y se había esforzado por estar entre los embajadores, Tiberio escribió al senado sobre él, entre otras cosas, que envidiaba a Sejano su amistad con él, a pesar de que él mismo tenía a un amigo sirio. Y no reveló esto a Galo, sino que lo recibió muy bien, de modo que le sucedió algo muy paradójico: el mismo día fue agasajado por Tiberio y bebió con él, y en el senado fue condenado, de modo que se envió a un pretor para que lo encadenara y lo llevara al castigo. 192. Sejano también calumnió a Druso a través de su esposa. Pues, seduciendo a casi todas las esposas de los hombres ilustres, se enteraba de lo que decían o hacían, y además las convertía en sus cómplices como si fueran a casarse con él. Y cuando Tiberio envió a Druso a Roma, Sejano, temiendo que cambiara, convenció a Casio para que actuara contra él.
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193. En tiempos de Tiberio, todos los que acusaban a alguien recibían dinero, y mucho, tanto de los bienes de los acusados como del tesoro público, y además recibían algunos honores. Y ya otros, al alborotar fácilmente contra algunos o al condenar prontamente a otros, obtenían unos estatuas y otros honores triunfales. De modo que algunos de los otros hombres ilustres, al ser considerados dignos de tal cosa, no quisieron aceptarlo, para no parecer ellos mismos iguales a aquellos. 194. Tiberio pareció, muy tarde, sugerir una amnistía para los que estaban siendo investigados; pues permitió que quienes quisieran lo lamentaran, declarando que nadie debía ser impedido de hacerlo por otro; sin embargo, no la confirmó con hechos, sino que, poco después, castigó a muchos por el caso de Sejano y por otros cargos ilícitos, acusándolos de haber deshonrado y matado incluso a sus parientes más cercanos. Estando la situación así entonces, y sin que nadie pudiera negar que incluso se habrían comido su carne con gusto, ocurrió algo muy ridículo. Pues, como se consideraba que no debían jurar individualmente, sino que todos debían aprobar a uno solo, por propia iniciativa, sin que nadie los obligara, cada uno se comprometió por sí mismo, como si así fueran a cumplir mejor su juramento. Pues antes ni siquiera soportaba que alguien jurara sobre lo que concernía a su gobierno; y otra cosa más ridícula: votaron que él eligiera a quienes quisiera de entre ellos, y que veinte de ellos, elegidos por sorteo, usaran dagas cuando entraran al senado. Pues, como los de fuera eran vigilados por los soldados y ningún ciudadano entraba dentro, es evidente que no por otro, sino solo por ellos mismos, como si fueran enemigos, decidieron que se le diera la guardia. Él los elogió y, fingiendo gratitud por su lealtad, rechazó el asunto como algo inusual; pues no era tan ingenuo como para dar espadas a aquellos mismos a quienes odiaba y por quienes era odiado. De hecho, sospechando de ellos mismos( pues todo lo que alguien hace contra la verdad por adulación es sospechoso), les dijo que se olvidaran de sus decretos, pero honró a los guardaespaldas con palabras y dinero, para poder usarlos con más entusiasmo contra ellos. Y elogió a los senadores porque votaron que el dinero se les diera del tesoro público. Y engañaba a unos con palabras y se ganaba a otros con hechos, de tal manera que a Vinio Galino, que había sugerido que se diera un espectáculo a los que habían servido en el ejército en el asiento de los caballeros, no solo lo desterró, acusado precisamente de que parecía persuadirlos de que fueran más leales a la comunidad que a él, sino que, cuando partía hacia Lesbos, le arrebató la seguridad de su bienestar allí y lo entregó a prisión.
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195. Tiberio, habiendo hecho muchas cosas en Roma, era elogiado por ello, pero era calumniado por sus amores, de los que disfrutaba desenfrenadamente tanto con los más nobles, hombres y mujeres por igual. 196. Tiberio, contra lo que se pensaba, hacía de la vida un castigo para algunos y de la muerte un beneficio. 197. En tiempos de Tiberio, celebraban la fiesta y al mismo tiempo eran castigados; pues nadie de los acusados fue liberado entonces, sino que todos eran capturados, la mayoría por los asuntos de Tiberio y por las torturas de Macrón, y los demás por lo que sospechaban que ellos querían. Y se rumoreaba que por eso mismo ni siquiera llegaba a Roma, para no avergonzarse al estar presente en las condenas. Así, otros murieron, y Pomponio Labeón con su esposa voluntariamente. 198. A Tiberio no le importaban en absoluto las acusaciones, sino que a veces, incluso cuando pasaban desapercibidas, las revelaba voluntariamente a la multitud, como si fueran elogios. 199. Cayo pareció ser de gran espíritu y magnífico, si hubiera gastado el dinero real adecuadamente; pues hizo la mayor parte por capricho; pues no solo a los demás, sino también a los particulares, no solo pagó lo que Tiberio había dado, sino también lo que se había regalado, y gastó insaciablemente en bailarines( pues los trajo de vuelta inmediatamente), en caballos, gladiadores y otras cosas similares, y vació en muy poco tiempo los tesoros que se habían vuelto grandes, y se demostró a sí mismo que había hecho aquello que se había dado a los soldados con ligereza y falta de juicio. Pues, habiendo encontrado quinientos setenta y siete millones, y según otros, dos mil ochocientos cincuenta y ocho millones almacenados, no conservó nada de ellos ni siquiera hasta el tercer año, sino que inmediatamente necesitó mucho más. Y de esta misma manera usaba todo lo demás, por así decirlo. Pues, habiendo parecido muy democrático al principio, hasta el punto de no escribir nada al pueblo o al senado ni añadir ninguno de los nombres de los cargos, se volvió muy monárquico, de modo que recibió en un solo día todo lo que Augusto, en tanto tiempo de gobierno, apenas recibió votado uno por uno, de lo cual Tiberio no aceptó nada en absoluto. Pues, excepto el título de padre, no pospuso nada más; y también lo adquirió poco después. Habiéndose vuelto el más adúltero de los hombres, arrebató a una mujer que estaba siendo entregada a un marido y separó a otras que vivían con sus esposos, y luego las odió a todas menos a una; pero sin duda habría odiado también a esa si hubiera vivido más tiempo. Hacia su madre, sus hermanos y su abuela Antonia, hizo muchísimas cosas piadosas; pues a esta la declaró inmediatamente Augusta y sacerdotisa de Augusto, la asignó a las vírgenes perpetuas, y de igual manera dispuso que las carreras de caballos, las oraciones anuales y los juramentos se hicieran también para sus hermanas; y él mismo, navegando, recogió con sus propias manos los huesos de su madre y de sus hermanos que habían muerto, los llevó y los depositó en el monumento de Augusto, vistiendo la túnica púrpura y adornado con lictores como en un triunfo; borró todos los decretos contra ellos, castigó a todos los que habían conspirado contra ellos y trajo de vuelta a los que estaban desterrados por su causa. Habiendo hecho esto, se convirtió en el más impío de los hombres hacia su abuela y sus hermanas; pues a ella, al reprenderlo por algo, la llevó a la necesidad de una muerte voluntaria, y habiendo destruido a todas sus hermanas, encerró a dos en una isla; pues la tercera murió antes. A Tiberio mismo, a quien llamaba abuelo, habiendo considerado digno de recibir del senado los mismos honores que Augusto, luego, como no fueron votados de inmediato( pues ni se atrevían a honrarlo ni se atrevían a deshonrarlo, ya que aún no conocían claramente la opinión del joven, pospusieron todo para su presencia), no lo honró con nada más que con un entierro público, llevando su cuerpo a la ciudad de noche y exponiéndolo al amanecer. Pues pronunció discursos sobre él, pero no elogiándolo tanto como recordando al pueblo a Augusto y a Germánico, y encomendándose a ellos. Pues estaba tan predispuesto a ser contrario en todo que no solo envidió, sino que superó su licencia y su asesinato, por lo cual lo calumniaba, y no imitó nada de lo que elogiaba. Y siendo el primero en insultarlo y el primero en injuriarlo, de modo que los demás, creyendo que le harían un favor, usaron una franqueza más temeraria, luego también lo elogiaba y lo enaltecía, de modo que castigó a algunos por lo que habían dicho. Y odiaba tanto a aquellos como enemigos de Tiberio por las blasfemias, como a los que lo elogiaban de alguna manera como amigos. Habiendo detenido los cargos de impiedad, mató a muchísimos por ellos. Y habiendo dejado de lado su ira, como decía, contra los que se habían unido contra su padre, su madre y sus hermanos, y habiendo quemado sus cartas, mató a muchísimos de ellos; pues destruyó en verdad algunas cartas, pero no aquellas que tenían la prueba exacta, sino que hizo copias de ellas. Además de esto, habiendo prohibido al principio que nadie erigiera estatuas suyas, procedió a la creación de imágenes, y habiendo permitido que se sacrificara a su fortuna, de modo que esto mismo se inscribió en una estela, ordenó que se le hicieran templos y sacrificios como a un dios. Se alegraba con la multitud de hombres y a la vez con la soledad, y se enfurecía tanto si se le pedía algo como si no. Se precipitaba muy rápidamente hacia algunas acciones, y él mismo manejaba algunas con mucha lentitud. Gastaba el dinero sin medida y lo recaudaba de la manera más sórdida. Odiaba y se alegraba por igual de los que lo adulaban y de los que hablaban con franqueza. Y no castigó a muchos que habían cometido grandes injusticias, pero degolló a muchos que no habían cometido ninguna. De sus compañeros, a unos los adulaba en exceso y a otros los insultaba en exceso. De modo que nadie sabía qué decir ni qué hacer ante él, sino que todos los que tuvieron éxito, lo lograron más por casualidad que por intención. Los romanos fueron entregados a tal emperador que las obras de Tiberio, aunque parecieron haber sido muy crueles, parecen tanto en comparación con las de Cayo como las de Augusto en comparación con aquellas. Pues Tiberio gobernaba él mismo y usaba a los demás como servidores para su propia voluntad, mientras que Cayo era gobernado por los aurigas y los gladiadores, y servía a los bailarines y a los demás que se ocupaban de la escena; pues siempre tenía consigo a Apeles, el más famoso de los trágicos de entonces, incluso en público. Y a partir de esto, tanto él por separado como ellos por separado, hacían con autoridad todo lo que hombres de tal clase, al tener poder, se atrevían a hacer. Pues también las otras cosas que conducían a su ocupación, él mismo las organizaba y establecía con gran lujo en cada ocasión, y obligaba a los pretores y a los cónsules a hacerlas, de modo que casi todos los días se celebraba algo así. Y al principio se convertía en espectador y oyente de ellas, pero se esforzaba con algunos y se oponía como si fuera uno de la multitud; y una vez, al molestarse por algo, no asistió al espectáculo cuando ellos se oponían. Pero al pasar el tiempo, avanzó hacia la emulación y la competición de muchos; pues condujo un carro, luchó como gladiador, usó la danza y actuó en una tragedia. Y esto lo hacía siempre, pero una vez, habiendo convocado con urgencia a los principales del senado de noche como para un decreto necesario, bailó.
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200. Cayo hizo estas cosas de manera censurable; hizo que muchísimos lucharan como gladiadores. Pues los obligó a luchar tanto uno a uno como en grupo, como en una batalla. 201. Mató a muchos de los demás y a veintiséis caballeros, unos porque habían consumido sus bienes y otros porque habían practicado la esgrima de otra manera. Y no era tanto la multitud de los que morían lo que era terrible, aunque era terrible, sino que se alegraba excesivamente con sus asesinatos y estaba insaciablemente sediento de la visión de la sangre. 202. Por la misma crueldad, cuando en una ocasión faltaron los condenados para ser entregados a las fieras, ordenó que se arrebatara a algunos de la multitud que estaba de pie en los tablados y se les arrojara. Y para que no pudieran gritar ni quejarse, les cortó la lengua de antemano. 203. Obligó a uno de los caballeros ilustres a luchar como gladiador por haber insultado a su madre Agripina, y al vencer, lo entregó a los acusadores y lo degolló. 204. Encerró a su padre, que no había cometido ninguna injusticia, en una jaula, como a otros muchos, y allí lo destruyó. 205. Cayo mató al que vendía agua caliente por haber cometido una impiedad. 206. Además de los otros males y asesinatos, Cayo inventó tal tipo de recaudación. Pues ordenó que los supervivientes de los gladiadores fueran sorteados para los juegos de gladiadores, no solo para los cónsules y los demás que quisieran, sino incluso para los que no querían en absoluto, y vendía a los que se negaban, sentándose él mismo en el mercado y pujando él mismo. Muchos que llegaban de otros lugares los compraban, y sobre todo porque permitió que quienes quisieran usaran un número de gladiadores superior al de la ley, y a menudo él mismo los visitaba, de modo que unos por necesidad de los hombres, otros creyendo que le harían un favor, y la mayoría, los que tenían fama de riqueza, queriendo gastar algo de sus bienes con este pretexto para salvarse al volverse más pobres, los compraron por grandes sumas de dinero. Y al hacer esto, destruyó a los mejores de ellos con veneno. 207. El mismo, para los recursos de dinero, había decretado antes que todos los que sobrevivieran y hubieran querido dejar algo a Tiberio, lo regalaran a Cayo al morir; pues, para que pareciera que podía heredar y recibir tales regalos contra las leyes, porque no tenía entonces ni esposa ni hijos, se añadió un decreto. Y en el presente, recaudó para sí mismo, incluso sin decreto, todos los bienes de los que servían entre los centuriones, todos los que después de los triunfos que su padre envió, los habían dejado a otro y no al emperador. Y como ni siquiera esto era suficiente, inventó otra fuente de dinero. Pues un tal Corbulón, senador, al ver que los caminos estaban en mal estado bajo Tiberio, insistía siempre a sus encargados y se volvía molesto para el senado por ellos. Al tomar a este, lo convenció para que a través de él, no solo a los vivos sino también a los muertos, todos los que alguna vez habían sido supervisores de los caminos y habían recibido dinero para sus reparaciones, los multara a ellos y a los que habían contratado algo de ellos como si no hubieran gastado nada. Bajo este, Corbulón fue cónsul, pero más tarde tuvo una acusación y fue juzgado; pues Claudio devolvió todo a los multados. Entonces, pues, como cada uno y casi todos los demás en la ciudad eran despojados de alguna manera, no había nadie de los que tenían algo, ni hombre ni mujer, que no fuera multado. Pues incluso si alguno de los más ancianos vivía, llamándolos padres, abuelos, madres y abuelas, los despojaba mientras vivían y heredaba sus bienes cuando morían.
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208. Como Cayo había gastado todo el dinero en Roma y no había recursos suficientes y los gastos lo apremiaban, partió hacia la Galia, usando como pretexto a los celtas como si estuvieran tramando algo, pero en realidad para recaudar dinero de los que florecían allí con riquezas y de los íberos. Sin embargo, no anunció directamente la salida, sino que, habiendo ido a un suburbio, partió de repente, llevándose a muchos bailarines, muchos gladiadores, mujeres y otros lujos. Y no hizo daño a ninguno de los enemigos, pero se molestó mucho con los subcomandantes que tenían éxito, y causó el mayor daño a los súbditos, a los ciudadanos y a los aliados. Pues despojaba a los que tenían algo con cualquier pretexto, y a otros los asesinaba, y era un cargo público para todos ellos el ser ricos. Y vendiendo sus propiedades, recaudaba dinero. Pues se veían obligados a comprar por encima de su valor, porque también hizo subastar las reliquias más bellas y valiosas de la monarquía que había hecho traer, vendiendo con ellas la gloria de los que alguna vez las habían usado. Decía, pues, sobre cada una:« Esto lo adquirió mi padre, esto mi madre, esto mi abuelo Antonio, esto es egipcio, esto es el trofeo de Augusto». Y en esto mostraba a la vez la necesidad de su venta, de modo que nadie soportaba parecer rico, y el prestigio se vendía junto con ellos. Sin embargo, no ahorraba nada, sino que lo gastaba en otras cosas, como solía, y habiendo reunido doscientos cincuenta mil soldados, fue nombrado siete veces emperador por ellos sin haber ganado ninguna batalla ni haber matado a ningún enemigo. 209. Cayo puso a sus hermanas en las islas Pónticas por su relación con él, habiendo escrito muchas cosas impías y licenciosas sobre ellas al senado; y a Agripina le dio los huesos de su padre en una urna, ordenándole que los llevara en su regazo durante todo el camino hasta Roma. Como había decretado muchas cosas para ellas por su causa, es evidente, prohibió que se diera ningún honor a ninguno de sus parientes. Y los senadores se molestaron por esto, porque parecía que no habían sido honrados según su mérito. Pues no valoraba nada de lo que se le daba, y se molestaba si se votaban cosas pequeñas, como si fuera despreciado, y se molestaba también si eran mayores, como si se le quitara la autoridad a los demás. Pues ni siquiera quería parecer que recibía algo de los que le traían algún honor, como si fueran superiores a él y se lo concedieran como a alguien inferior a ellos; y por eso a menudo calumniaba algunas cosas, no como si le trajeran un aumento de esplendor, sino como una disminución de su poder. Y, sin embargo, pensando así, se enfurecía con ellos si alguna vez le parecía que habían votado menos de lo que merecía. Así de inestable era, y nadie podía tratar con él fácilmente. 210. A los senadores les molestaba que la crueldad y la licencia de Cayo fueran a aumentar aún más, y sobre todo porque se enteraban de que los reyes Agripa y Antíoco estaban con él como maestros de tiranía. 211. Los senadores votaron algunas fiestas para Cayo, y que usara un estrado alto en el senado, de modo que nadie pudiera alcanzarlo, y una guardia militar allí; y decidieron que sus estatuas fueran custodiadas. Por lo tanto, Cayo dejó de lado su ira contra ellos y se mostró arrogante con algo de dinero. Pues liberó a Pomponio, de quien se decía que había conspirado contra él, porque fue traicionado por un amigo, y a su amante, porque al ser torturada no reveló nada, no le hizo ningún daño y además la honró con dinero. Siendo elogiado por esto, en parte por miedo y en parte por verdad, y llamándolo unos héroe y otros dios, perdió la razón. Pues ya antes pretendía ser considerado más que humano, y decía que se relacionaba con la Luna y que era coronado por la Victoria, se fingía Zeus, y por esto fingía relacionarse con otras muchas mujeres y sobre todo con sus hermanas, y Poseidón a su vez, porque había unido tal medida de mar, y a Heracles, a Dioniso, a Apolo y a los...
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