Cartlaudemartyri
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Aunque es inadecuado, hermanos queridísimos, traer algo de inquietud a este favor de la palabra y de ninguna manera convenga infringir la gloria de tanta devoción por el hecho de confesar que he comenzado a dudar, sin embargo, digo una y otra vez que el ánimo se quebranta ante la misma deliberación: pues se enciende con el deseo de ejecutar la alabanza y, por la magnitud de la virtud, se inhibe de hablar, cuando o no conviene callar o es peligroso decir poco, a no ser que esta sola cosa ayude al que se agita: que parece que se puede perdonar fácilmente a quien no temió atreverse. Por esta razón, hermanos queridísimos, aunque la facultad del ingenio se ve abrumada por la potencia del asunto, de modo que, cuanto más se ha extendido en expresar la dignidad del martirio, tanto más, oprimida por el mismo peso de la alabanza y debilitada y hecha por la estimación de todas las cosas de las que habla con mayor intensidad, desfallece dentro de sí misma con un discurso enredado y, sin riendas libres ni sueltas, expresa la fuerza de tanta alabanza en la apertura de la elocuencia del discurso; sin embargo, habrá alguna, si no me equivoco, fe en el hablar que, fortificada por el discurso de la misma obra, difunda vagamente lo que la conciencia de un ingenio desigual aparta de decir. Cuando, pues, hermanos queridísimos, implicados en tantas y tan grandes cosas, nos esforzamos con todo estudio y trabajo por comprobar los excelentes y hermosísimos frutos de la salvación, no temo ser revocado o extinguido por algún miedo a la cobardía, pues si alguien quisiera mirar hacia aquello de lo que tratamos, sopesada la sede de la devoción y ponderada su misma magnitud, más se admiraría de que se haya podido atrever, en lo cual, al estar yo situado, tanto la amplitud del asunto me oprimía como el fervor de su voto urgía a mi mente, confundida por el gozo, hacia las estrecheces del ánimo. Pues,¿ quién es aquel a quien esta cosa no aterre, quién a quien no subvierta con el pavor de su propia admiración?
2
Pues existe ciertamente, si no me equivoco, incluso en la misma fortaleza de la conciencia un temor admirable que nos agite e inflame a la vez: cuya potencia, cuanto más profundamente la hayas examinado, tanto más, desde el mismo aspecto de la claridad venerable, adelante el horror de su religión. Pues debéis considerar, sin duda: cuánta es la gloria, expiar con los remedios de un solo golpe la vida, por más que tenga alguna mancha de suciedad y contagios injustos concretados en el cuerpo contaminado, y el crimen del mundo acumulado durante tanto tiempo, con lo cual puede aumentarse la recompensa y excluirse el crimen. De donde toda consumación y estado de vida está colocado en el martirio. Este es el fundamento de la vida y de la fe, este el baluarte de la salvación, este el vínculo de la libertad y del honor: y aunque existan otras cosas por las cuales se pueda alcanzar la luz, sin embargo, se llega a la proximidad del don prometido mejor mediante el patrocinio de las penas.
3
Pues,¿ de cuánta gloria será, ponderad, separar el ánimo de los deseos de esta vida y de toda la naturaleza y comercio del mundo, oponerse contra el peligro del adversario, y no temer la crueldad del que tortura, ser animado el hombre, no extinguirse por el dolor por el que se cree que se extingue, y asumir para sí, como aumento de virtud, aquello que el que castiga piensa que aprovecha para el tormento? Pues, aunque la uña que rebota en las costillas que resisten vuelva a la herida y, al ir los azotes, la rienda sea conducida volviendo con la parte del cuerpo arrancada, permanece inmóvil, sin embargo, más fuerte que sus penas, revolviendo solo esto consigo mismo: que en aquella crueldad de los verdugos sufra más aquel por quien sufre el mismo Cristo. Pues cuando, si negara al Señor, sufriera por él el crimen por el que debía haber vencido, es necesario que parezca que tolera todo aquel a quien se debe la victoria a partir de la pena.
4
Por tanto, puesto que el martirio es la suma de las cosas, tres son las que nos hemos propuesto decir sobre él: qué es, cuánto es, para qué sirve.¿ Qué es, pues, el martirio? El fin de los delitos, el término del peligro, el guía de la salvación, el maestro de la paciencia, la casa de la vida, con cuya perfección mueren también aquellas cosas que en el futuro peligro hubieran podido reputarse como tormentos. Por esto se rinde testimonio al nombre y se amplía la majestad del nombre, no porque por sí misma pueda disminuirse o su grandeza infringirse por el crimen del que se retracta, sino porque redunda en el cúmulo de la gloria, mientras el terror del pueblo que grita alrededor da ánimos impávidos al dolor y añade al título de las amenazas de la envidia que rechina, que la mente crece tanto para sí en la lucha cuanto él haya pensado vencer, por medio de quien Cristo quiso coronar al hombre. Entonces, pues, se despliega toda la fortaleza de la fe, entonces se comprueba la credulidad, cuando vienes a los discursos del vulgo y al oprobio y cuando te has fortalecido con mente religiosa contra aquellas locuras populares, convenciendo ciertamente y oponiéndote a cualquier cosa que, bajo tu persona, el discurso profano haya lanzado para injuria de Cristo: como cuando la mole opuesta lucha contra el mar adverso, aunque las olas golpeen y el mar revuelto golpee una y otra vez, sin embargo, la virtud permanece inmóvil y no sucumbe cubierta por las olas que espuman alrededor, hasta que la fuerza digerida se reprima a través de los escollos y, sobrepasando, el mar golpeado escape a los espacios abiertos de la orilla.
5
¿ Qué hay, pues, en ellos sino discurso vacío y vana conversación y el placer depravado de las palabras, como está escrito: tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen: el corazón insensato de ellos se ha agravado, para que no se conviertan y los salve. Pues no hay duda de que dijo esto a todos aquellos cuya mente dura y cuya ferocidad obstinada del pecho, ahuyentada de la devoción vital, disiente, llevada por la demencia, arrebatada por el furor, en fin, atormentada por toda aquella inmanidad con la que son instigados e impulsados a la vez: de modo que, cuando sus hechos bastaran para el castigo, el crimen de la persecución agitada cargara el castigo mismo.
6
Todo esto mira a la alabanza del martirio, todo esto ilumina la gloria de la pasión, en la cual se discierne la esperanza del tiempo futuro, en la cual Cristo mismo obra, cuyos ejemplos se llevan a cabo los que buscamos, cuya virtud es aquella con la que nos oponemos. Y porque en este lugar proporciona algo que exponer, esta es, sin duda, la suma y admirable dignación, que no podríamos concebir con la mente ni llenar con palabras. Pues,¿ qué más nos podría haber otorgado con larga piedad que el que en sí mismo mostrara primero lo que coronaría en los demás? Se hizo mortal para que pudiéramos ser inmortales y soportó el fin de la suerte humana por medio del cual se rigen las humanas: para que nos parezca que ha prestado lo que sufrió, otorgó la confesión, sometió los martirios, en fin, vinculó todas las cosas por las cuales la luz pudiera ser suprimida al remedio saludable de los méritos de su nacimiento, con humildad especial y virtud divina. Quienes merecieron ser dignos de esta cosa, carecieron de toda esta pésima mancha del mundo, vivieron sometidos a la condición de la muerte.
7
Pues no hay duda de cuánto consiguen del Señor quienes antepusieron el nombre de Dios a su propia salvación, para que en aquel día del juicio la sangre los hiciera mejores y su sangre demostrara ser... Pues la muerte hace la vida más íntegra, la muerte conduce más a la gloria. Así, cuantas veces los trigos, distendidos por las lluvias en los tallos lactantes, se hinchan, se recogen fecundas mieses en verano; así, cuantas veces la vid es cortada con el hierro, se viste mejor con los sarmientos que brotan. Pues también cede a la llegada del tiempo que ha de producirse todo lo que aprovecha por su propia injuria. Pues a menudo ayudó introducir llamas para que el calor del incendio que se extiende relajara los respiraderos ciegos de la tierra: ayudó a quemar los tallos ligeros con fuego crepitante para que así la mies preñada se elevara más alto, y la espiga más densa floreciera con los tallos que dan a luz. Por tanto, tal es el primer caso del martirio, y después el fruto, que condena la vida con la muerte para custodiar la vida con la muerte.
8
¿ Qué hay, pues, tan eximio y sublime como, entre tantos instrumentos de verdugos, reservar con devoción robusta toda la virtud de la fe?¿ Qué tan grande y hermosísimo como, entre tantas espadas de los que rodean, profesar con voz repetida a menudo al señor de su libertad y autor de la salvación, y más si pones ante tus ojos que nada es más detestable que el oprobio, nada más feo que la servidumbre, que ya no debes pedir otra cosa, ni desear nada más que ser arrebatado de las calamidades del siglo, ser despojado de los males del mundo y, entre las ruinas del orbe que ya va a perecer, vivir ajeno a la contaminación terrenal? Pues,¿ qué tienes tú que ver con esta luz a la que se le ha prometido la luz eterna?¿ Qué con este comercio de la vida y de la naturaleza a quien reclama la amplitud del cielo? Ciertamente, que esa codicia de vivir retenga, pero a quien el fuego que se enfurece después de un mal inexpiable atormentará con la eterna venganza de los crímenes. Que esa codicia de vivir retenga, pero a aquellos para quienes tanto morir es pena como durar es tormento. Para ti, ya el mundo mismo sucumbe y la tierra cede, tú que, al morir todos, has sido reservado para esto: para que pudieras ser mártir.¿ O no vemos funerales cotidianos, vemos nuevos finales hechos duraderos, pero también, con enfermedades que se enfurecen, intuimos los finales de una calamidad inexperta y la matanza de ciudades pobladas, de donde podemos reconocer cuánta dignidad debe tenerse del martirio, y la peste misma comenzó a obligarnos a reconocer la gloria?
9
Pues, hermanos queridísimos, mirad hacia esto, os lo ruego, más plenamente, en lo cual tanto se vuelca la salvación como se computa la sublimidad: aunque no soy ignorante de que también vosotros sabéis plenísimamente que el estado de todos nosotros está contenido en los juicios y no ignoráis que esta es la disciplina que nos ha sido transmitida, para que sin ningún terror de milicia defendamos la fuerza de tan gran nombre: pues a quienes hace tiempo la codicia de la memoria eterna apartó del deseo de esta luz, a quienes los votos de las cosas futuras separaron y a quienes la sociedad de Cristo, que debe ser deseada, segregó de todos los vicios: si aquí dudamos en sucumbir a la destrucción, en ofrecer el alma a la muerte, ya no deben ser retenidos y abrazados los beneficios divinos, cuya recompensa es tan grande más allá del ardor de las cosas, cuanto la mediocridad humana apenas puede llenar al hablar. Para nuestra sangre está abierto el cielo, para la sangre cede el habitáculo de la gehenna y, entre la gloria de todos, se señala el título de sangre más hermoso y la corona más íntegra.
10
Cuantas veces el soldado entra cargado de despojos triunfales sobre el enemigo, se alegra de sus heridas: así, cuantas veces el navegante, fatigado largo tiempo por las tempestades, haya tocado las orillas seguras, deduce su felicidad del peligro padecido. Pues existe, ciertamente, si no me equivoco, un trabajo alegre por el cual se encuentra la seguridad. Por tanto, deben tolerarse todas las cosas, deben padecerse todas, y no debe buscarse aquello con lo que te alegres por un tiempo breve y seas castigado con ardor perpetuo. Pues debemos recordar que estás constreñido como por una cierta pacto de alianza, del cual o bien la condición justa es la de alcanzar la salvación, o bien el temor merecido es el de la pena: estás entre las adversidades y las prosperidades a la vez, entre las armas y los dardos: y de aquí te amonesta la ambición secular, de allí la magnitud celestial.
11
Si temes perder la salvación, sabe que puedes morir. Por lo demás, debes despreciar la muerte, por quien Cristo fue muerto. Ante tus ojos concurran también los ejemplos de la promesa dominical, concurran tanto los premios ofrecidos como los peligros preparados, y observa cuánta dificultad tienen entre sí ambas cosas. Pues no podrás confesar a menos que sepas cuánto dañas si negaras. Los mártires se alegran con el cielo, el fuego asumirá a los enemigos de la verdad. El paraíso de Dios florece con testigos, la gehenna abraza a los negadores y el fuego eterno arde. Y para callar sobre los demás, esto nos debe exhortar ciertamente más: que la confesión de una sola voz de Cristo se guarde con perpetua confesión, como está escrito: quien me haya confesado en la tierra ante los hombres, también yo lo confesaré ante mi Padre y ante sus ángeles. Aún se añaden al cúmulo de la gloria los ornamentos de las virtudes. Pues dice: brillarán también como chispas que corren por el cañaveral, juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos.
12
Pues grande es la claridad, hermanos queridísimos, adornar la vida de la salvación eterna con la pasión eterna, gran sublimidad despreciar los tormentos con suma potestad ante el rostro del Señor y el aspecto de Cristo y no temer. Así Daniel venció las amenazas del rey y la rabia de los leones que rugían mediante la sustancia de su fe, mientras creyó que no debía adorarse a nadie más que a Dios. Así, estando los niños constituidos en el horno, el incendio ardió en sí mismo, mientras toleran los fuegos justos, lo que temían de la gehenna creyendo en el Señor. De donde también refirieron cosas dignas, no arrastrados para el futuro, no reservados para el premio de la salvación eterna. Dios vio la fe de ellos, para que merecieran vivir en el cuerpo lo que se habían prometido a sí mismos después del fin. Pues no podrá estimarse cuánta recompensa se ha tributado en el presente. Si hubo crueldad, cedió: si hubo llama, se asentó. Pues había una sola mente en todos, a la cual ni la violencia quebrantaría ni la ira subvertiría ni el temor a la muerte inhibiría del obsequio de la devoción. De donde, por la gracia del Señor, se hizo que así en ellos el rey pareciera más bien castigado, mientras escapan aquellos a quienes se había creído que había matado.
13
Vengo ahora a aquella cosa, hermanos queridísimos, de la cual pueda mostrar suficientemente cuánta virtud se tiene del martirio: la cual, aunque es conocida por todos y debe buscarse por los insignes de la claridad ingenita, sin embargo, la necesidad del tiempo añadió más al deseo del placer. Pues es de gran don si uno es coronado en aquel tiempo en que piensa que está coronado, si por casualidad muriera. Por tanto, siendo el martirio sublime y excelso,¿ no es más necesario, cuando el mundo mismo se subverte y, al estar el orbe parcialmente sacudido, la naturaleza desfalleciente testifica los monumentos del último fin? Pues también cuando la lluvia se cierne con el cielo, el aire presenta tristemente las lluvias, y cuantas veces una tempestad negra amenaza al mar que se eriza, a través de las nubes entreabiertas brillan antes los rayos de los relámpagos que fulguran: pero también cuando el mar se revuelve con grandes olas, poco a poco la ola se eleva y poco a poco el mar se blanquea, hasta que veas que después se precipita de tal modo que en aquellas rocas en las que es rechazado la espuma yazca más alto de lo que el mar túmido escupía la ola. Lees que está escrito que devolvamos hasta el último cuadrante. Pero esta cosa ha sido quitada a los mártires. Pues quienes, confiados en las codicias de la salvación eterna, vencieron los deseos de la vida, a estos las promesas del Señor los hicieron a todos inexpertos del dolor.
14
Por tanto, desde aquí primero, hermanos queridísimos, podremos sopesar cuánta virtud puede llenar el martirio. Y para pasar por todo, debemos recordar cuánta gloria es llegar a Cristo inmaculado, existir como consorte de la pasión y reinar con el Señor en la eternidad perpetua, carecer de las destrucciones del siglo inminente y no ser mezclado con la suerte de los demás entre la sangrienta matanza de las enfermedades que asolan. Y para callar sobre la corona, si a ti, puesto en estos males resbaladizos de la naturaleza, se te prometiera el exceso de la vida,¿ no te alegrarías con toda la mente? Si alguna quietud cercana te llamara mientras fluctúas en los torbellinos de este mundo,¿ no computarías la muerte como remedio? Puesto entre las armas de los verdugos y los dardos de las cuestiones que prueban, permanece sublime y fuerte considerando cuánta pena es negar en el tiempo en que no puedes disfrutar del siglo, por cuya causa habías negado, puesto que, ciertamente, el Señor sabía que se armaban graves tormentos y artes de castigar las nocividades para nuestra perdición, por lo cual hacía a los fuertes para toda tolerancia. Hijo, dice, acercándote al servicio de Dios, permanece en la justicia y el temor y prepara tu alma para la tentación. Pero también el beatísimo apóstol Pablo exclamó y dice: para mí vivir es Cristo y morir es ganancia.
15
Por esta razón, hermanos queridísimos, con fe firme y devoción robusta, se debe resistir contra todos los rugidos atroces y ásperos de los que persiguen el siglo con virtud adversa y no se debe temer, cuya esperanza es la eternidad y la vida celestial y cuyo ardor se enciende en el deseo de la luz y la salvación se alegra de la inmortalidad prometida. Esto, en verdad, que las manos apretadas por cadenas que aprietan y los pesados nexos que giran alrededor de los cuellos deprimen con peso sólido, o que el cuerpo extendido en el potro chirría ante las láminas candentes, no es causa de buscar sangre, sino de tentación. Pues,¿ cómo podríamos reconocer la misma dignidad del martirio si no fuéramos obligados a desearla incluso con daño de nuestro cuerpo? Sentí, ciertamente, y la verdad no me engaña, cuando las manos crueles de los que se ciernen desgarraban los miembros y el torturador cruel arañaba los miembros destrozados y, sin embargo, no vencía, al decirse palabras de los que rodean:' esto es grande, ciertamente no sé qué, no ser sometido por dolores, no ser quebrantado por penas que angustian'. Pero había otras voces de los que decían:' y creo que tiene hijos. Pues tiene sociedad en los penates, cónyuge, y sin embargo, ni cede al vínculo de las prendas ni, abducido por el obsequio de la piedad, desfallece de su propósito'. La cosa debe ser conocida, la virtud debe ser escudriñada profundamente en las entrañas. Pues no es leve esta confesión, cualquiera que sea, por la cual el hombre padece, y poder morir.
16
Pues, hermanos queridísimos, ha nacido tanta virtud del martirio, que por él es obligado a creer incluso aquel que quiso matarte. Está escrito y leemos: en el dolor soporta y en tu humildad ten paciencia, puesto que por el fuego se prueba el oro y la plata. Puesto que, pues, el Señor nos prueba con tentaciones terrenales y Cristo nos escudriña y sopesa con estos males del siglo, debemos alegrarnos y regocijarnos de que no nos reserve para aquellas destrucciones perennes, sino que se alegre de que estemos purificados de toda mancha. Por lo demás, de aquellos a quienes admite como partícipes de la herencia y admite voluntariamente en los reinos de los cielos,¿ qué otra cosa busca sino el ámbito de la integridad? Él mismo forjó todas las cosas, tanto las que se despliegan en los campos que yacen como las que se erigen en colinas oblicuas, y lo que la magnitud del cielo circunda y el mar que fluye alrededor incluye el mar resbaladizo. Lo cual, si todas las cosas le son adyacentes y no nos exige sino hechos sinceros, debemos ser semejantes al oro, como él mismo dijo. Pues el oro, cuando lo ves con tierras que relucen bajo la luz con tembloroso esplendor y disolverse en líquido con llamas ardientes, pero( pues también la gracia del artífice es casi así) cuantas veces el fuego que se calienta con hornos que jadean es vomitado, es extraído rico en llamas por el acceso de la tierra en canal estrecho y la arena es retenida con los terrones que refluyen. De donde es necesario sufrir todas las cosas, para que podamos carecer de todo crimen, como dijo por su profeta: y si ante los hombres padecieron tormentos, sin embargo, la esperanza de ellos está llena de inmortalidad, y vejados en pocas cosas, en muchas serán bien dispuestos, puesto que Dios los tentó y los encontró dignos de sí y los aceptó como hostia de holocausto.
17
Que si la dignidad ambiciosa te disuade y la magnitud de las riquezas congregadas en los tesoros te amonesta, que siempre aparta el propósito de la buena mente y llevó al alma devota por su Señor con honor furioso, te ruego que repitas las palabras celestiales. Pues también aquella voz es de Cristo que dice: quien haya perdido su alma por mi nombre, recibirá el céntuplo en este siglo y en el futuro tendrá la vida eterna. De la cual, ciertamente, nada mayor, nada más apto, nada más útil debemos computar. Pues aunque a la manera de las vestiduras preciosas la púrpura corra hacia las imágenes y el oro erre hacia la especie con hilos que se vuelven lentos, ni falten de los metales excavados los pesados tesoros en los que te apoyas: vacías, si no me equivoco, serán computadas esas cosas e inanes, si, estando todas las cosas adyacentes a ti, pareciera faltar solo la salvación, como habla el espíritu santo, que no podemos dar nada a cambio de nuestra alma. Pues dice: si ganaras todo el orbe y perdieras tu alma,¿ qué te aprovechará o qué cambio puede dar el hombre por su alma? Pues vacías son todas las cosas que vemos y que, puestas con raíces débiles, no pueden sostener la fuerza de su solidez. Pues lo que se toma del siglo, se frustra por la vejez del tiempo. De donde, para que no hubiera nada dulce o caro o que pudiera ser preferido a las codicias de la salvación eterna, fueron amputadas por los preceptos dominicales, por derecho propio y ley privada: para que, ciertamente, el hijo no quebrantara al padre puesto en tormentos, ni el hermano al hermano, ni el afecto cambiara por casualidad el pecho constreñido de robustez duradera hacia otra voluntad, Cristo constituyó por su derecho que solo la verdad y solo la salvación deben ser abrazadas entre los grandes tormentos, en lo cual el cónyuge, los hijos y los nietos, en lo cual toda la prole de las entrañas debe ser usurpada con feliz victoria.
18
Pues también Abraham agradó así a Dios, quien, tentado por el Señor, no perdonó a su hijo: por quien quizás se podría perdonar si hubiera dudado en matarlo. La devoción religiosa armó las manos y la piedad paterna descuidó toda la piedad de los imperios del Señor que ordena. Ni se horrorizó de que derramara la sangre de su nacido ni tembló ante la voz, y aún por él Cristo no había sido muerto. Pues,¿ qué hay más caro que aquel que, para que no soportaras nada contra tu voluntad hoy, sufrió antes lo que enseñara?¿ Qué más dulce que aquel que, siendo él mismo nuestro Dios y Señor, sin embargo, hace al hombre que padece por él coheredero del reino celestial? Oh, gran no sé qué, ya sea porque la razón de la conciencia apenas sostiene apartar, sino que siempre se admira de los grandes dones, ya sea porque tan larga es la majestad de Dios que, a quienes no esperan, ofrece incluso aquellas cosas que, por la contemplación de los hechos, nos había sido impío desear. Pues, si solo se diera la salvación eterna, por la misma perpetuidad de vivir seríamos tenidos en gracia. Pero ahora, cuando el cielo y el juicio sobre las demás facultades se otorgan para el siglo perenne,¿ qué es en lo que la mediocridad humana puede experimentar la esperanza en todas estas cosas? Si eres movido por injurias, aquel es el acto anterior. Si eres oprimido por contumelias, imitas el don de Dios. De donde también es poco lo que hayas padecido por él, quien no puedes hacer nada más, a no ser que en esto consiste toda la salvación, porque él prometió todo con el martirio. En fin, el apóstol, a quien siempre estuvieron en el corazón todas las cosas, cuando se admiraba profundamente de la semejanza de los dones prometidos, estimo, dice, que no son condignas las pasiones de este tiempo a la claridad venidera que será revelada en nosotros. Pues revolvía consigo mismo de cuánta recompensa existiría que, a aquel a quien le bastara carecer de la muerte, no solo le diera el premio de la salvación, sino también ascender al cielo, cielo que ni la luz ahuyentada obliga a la noche ni el día abre a la luz con turnos alternos, sino que la serena templanza del aire líquido explica la claridad pura que rutila con fulgor ígneo a través del cielo despejado.
19
Ya resta, hermanos queridísimos, que debamos mostrar para qué sirve el martirio. Y enseñemos ciertamente que el miedo a las cosas futuras nos excite a este título de gloria. Pues a quienes se han prometido grandes cosas, más grandes son las que parece que deben ser temidas por ellos. Pues ni el soldado se enciende en armas antes de que el enemigo haya movido los dardos hostiles. Ni alguien retira la nave de la estación a menos que el pavor del mar haya estrechado el ánimo. Pero también el agricultor, escudriñador que intenta con sus recursos, no despierta la tierra con el arado feliz antes de que el terrón podrido se disuelva en polvo al haber concebido la lluvia. Así es todo este uso natural, no saber qué aprovecha a menos que hayas reconocido lo que mata. De donde también se da el premio a todos los santos mientras se infligen tormentos a los injustos de los hechos. Por tanto, nadie que no sepa lo que el Señor prometió a los suyos, duda, pero tampoco de cuántas cosas amenaza. Y puesto que el discurso se ha traído de tal modo que se tenga razón sobre ambas, expondré brevemente, como dije sobre ambas, en pocas palabras.
20
El lugar salvaje de la gehenna, cuyo nombre es, murmura con gran gemido de los que lloran, y con llamas que eructan a través de la noche horrenda de espesa calígine, incendios siempre nuevos del horno expiran, el globo de fuegos apretado es obstruido y es relajado en varios finales de pena. Entonces, cuando revuelve en sí mismo muchos géneros de enfurecerse, cualquier cosa de ardor emitido que la llama voraz atormentara. A estos, a quienes fue rehusada la voz del Señor y los imperios fueron despreciados, los coacciona con destrucciones dispares: y según el mérito de la salvación exigida sugiere sus fuerzas, mientras impone el peligro igual al crimen. Y a unos, ciertamente, la mole intolerable los curva, a otros la fuerza salvaje los precipita a través del abrupto collado del camino inclinado y el grave peso inclina el nexo de las cadenas que chirrían. Hay también a quienes la rueda que conduce estrechamente y el vértigo incansable y a quienes, constreñidos entre sí por tenaz densidad, el cuerpo que se adhiere al cuerpo incluye, para que también el incendio consuma y el hierro grave y la turba de muchos se torture.
21
A quienes, sin embargo, Dios fue siempre buscado o conocido, nunca cayó el lugar de Cristo, donde yace la gracia, donde la tierra, lujuriante en campos verdes, se viste con la hierba nutricia y se alimenta con la flor que exhala olor, donde los bosques se elevan a la cima alta y donde la cabellera más densa de los árboles viste cualquier cosa que la escena que yace, con ramas que se curvan, haya ensombrecido. Todas las cosas allí no son de frío ni de ardor ni para que en otoño los campos descansen o de nuevo la tierra, fecunda en la primavera nueva, dé a luz. Todas las cosas son de un solo tiempo, se llevan los frutos de un solo verano: puesto que ni la luna sirve entonces a sus meses ni el sol recorre por los momentos de las horas o la luz ahuyentada cede a la noche. El pueblo tiene una quietud alegre, posee sedes placenteras, donde la fuente que brota en medio emerge del seno del cauce que irrumpe y se desliza con giros sinuosos por el circuito ronco a través de los intervalos, para que se divida en la boca de los ríos que nacen para sí. De aquí, pues, la gran alabanza de los mártires, de aquí la noble corona de los vencedores, a quienes se han prometido cosas mayores que estas, a quienes son premios más altos. Lo cual, en verdad, o el cuerpo es arrojado a las fieras o la espada inminente no es temida, se muestra la razón de la dignación, se manifiesta la elección. Pues había sido inadecuado que a quienes hubiera juzgado dignos de tan gran don los retuviera entre los vicios y suciedades terrenales.
22
Pues merecidamente nada nos es denegado, oh buenos mártires, a quienes espera la esperanza de la eternidad y la salvación de la luz, y cuya devoción se discierne toda celestial y la mente dedicada al servicio: merecidamente, digo, merecidamente nada os es lícito querer, a quienes este mundo ha sido despreciado por el ánimo y la faz del siglo alienada se ha erizado como confundida por la ceguera de las tinieblas: a quien este mundo siempre ha sido tenido en lugar de cárcel, los techos como claustros con viaje siempre reacio. Así, ciertamente, con la victoria triunfante, es arrebatado de estos males aquel a quien no subyugó la ambición vana con paso pomposo ni elevó la magnitud popular, sino a quien, ardiendo con codicia celestial, Cristo añadió a su reino.
23
Nada, pues, tan grande y venerable como lo que libera con la muerte y hace vivir y da reinar perpetuamente. Esto es apto para los santos de Dios, necesario para los miserables, grato para todos, con lo cual se alegran los buenos, son relevados los abyectos, son curados los elegidos. Pues Dios, cultivador de todos, dio como un cierto remedio de vida al martirio, cuando a unos se lo atribuyó por su mérito, a otros se lo entregó por su misericordia. Vemos, ciertamente, que muchos han llegado nobles por la fe a este título de nombre, para que la muerte honrara el obsequio de la devoción. Pero también hemos visto frecuentemente a otros haber permanecido impávidos, para que, redimiendo el pecado admitido, fueran tenidos por lavados en su sangre y revivieran los muertos que, viviendo, se computaban como asesinados. Pues la muerte hace la vida más íntegra, la muerte encuentra la gloria perdida. Pues por esto se percibe la esperanza ya perdida, se repara toda la salvación. Así, cuando las semillas han faltado a los que aran y la tierra ha ardido con las hierbas que mueren, ayudó extraer el río de las colinas supinas y templar los campos sedientos con arroyos que brotan, para que la ayuna del campo, vencida, se derramara en tallos fértiles y la mies más densa se erizara con la lluvia pluvial mentida.
24
¿ Qué, pues, hermanos queridísimos, referiré principalmente o qué diré? Así, al convenir en uno los títulos de dignidad, el ánimo se turba, el sentido se deduce y en el mismo esfuerzo de la elocuencia que se esfuerza, el discurso desigual se desvanece. Pues,¿ qué es lo que se puede decir que sea suficiente, cuando, si hubieras expresado la fuerza de la salvación eterna, ocurre la ambición, si hubieras dicho el ámbito, previene la magnitud? Las cosas convienen a la vez y concurren a la vez, y no hay nada que parezca que deba ser presentado como digno. Así, el ímpetu del discurso que se atreve, como enredado y atrapado, los ejemplos del martirio lo han tenido de frente.¿ Qué voz, qué costados, qué fuerzas pueden captar sostener la semejanza de tan gran don? Con la confesión de una sola voz las adversidades sucumben, las cosas alegres sobrevienen, los reinos se abren, los imperios se preparan, las penas son vencidas, la muerte es sometida, la vida se presenta y las armas repugnantes del enemigo que infesta son disueltas. Si es delito, mata: si crimen, se aparta. De donde, os ruego, ponderad esto en vuestras mentes y percibid de nuestro discurso tanto cuanto sepáis que podéis sentir.
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Venga ante vuestros ojos qué día es aquel, cuando, mirando el pueblo y observando todos, la devoción inconcusa lucha contra las cruces terrenales y las amenazas del siglo, qué ánimos suspendidos y mentes solícitas, alegrándose de la duda trepidante, son sacudidas por el horror del pavor temeroso, qué ansiedad allí, qué exoptación de ruegos, qué votos se recuerdan, cuando, estando aún la victoria dudosa y en el caso incierto del fin, la corona victoriosa cuelga de la cabeza, y cuando aquella sesión pestilente y furibunda se enciende con ira, se inflama con insania, en fin, es quemada con toda la rabia del pecho y amenazas que rechinan. Pues,¿ quién ignora cuánto es esto, que no por los dolores de las heridas, no por los golpes de las cuestiones, como si nuestra fragilidad despreciada y la audacia inesperada de la virtud humana cediera, el hombre permanezca y no se mueva, sea torturado y, sin embargo, no sea vencido, sino que sea armado más bien por la misma pena con la que es atormentado?
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Considerad, pues, qué es, hermanos queridísimos, proponed toda la dignidad del martirio a vuestros sentidos y ánimos. He aquí, pues, en la pasión de cualquiera que es llamado, se alegran los mártires ya hace tiempo convocados del siglo, se alegran los mensajeros de todos los bienes, se alegran los elegidos a la vez. Allí se alegra el Señor con su soldado, se alegra Cristo con el testigo de su nombre. Es poco lo que digo, hermanos queridísimos, es poco. Tan grande razón y mole admirable he asumido en este género de hablar: pero, os ruego, que la gravedad del arbitrio no falte de la intención propia, sabiendo que se puede decir tanto del martirio cuanto se haya podido estimar. De donde también esta fue la única causa de ejecutar la alabanza, no porque me juzgara igual a su gloria y adecuado, sino porque veía que allí había tanta virtud que, aunque dijera poco sobre él, profesaría haber dicho mucho. Pues, aunque la justicia guardada sea preferida al bien de la fe y la virginidad inmaculada se reconozca mejor entre las alabanzas de todos, es necesario, sin embargo, que todas las cosas cedan al martirio y sean sometidas a la sangre. Aquellos eligieron el bien, estos imitaron a Cristo.
27
Ahora bien, carísimos hermanos, para que nadie piense que he situado toda la salvación exclusivamente en el martirio, considerad primero esto: que no soy solo yo quien parece hablar, ni el orden de las cosas es tal que la esperanza de la inmortalidad prometida dependa de un solo aspecto. Pero puesto que el Señor mismo ha testificado con su propia boca que hay muchas moradas junto al Padre, no he creído que haya nada mayor que esa gloria por la cual son probados aquí los hombres que son indignos de la vida secular. Por tanto, carísimos hermanos, compitiendo con una religión emuladora, movidos como por un incentivo de recompensa, asumamos toda la fuerza de nuestras energías y nuestra tolerancia. Pues no deben conmovernos las cosas caducas que, por su propia naturaleza y por el fin mismo de los tiempos, ya están siendo urgidas a su destrucción. Juan exclama y dice: ya el hacha está puesta a la raíz del árbol, mostrando claramente y señalando que es la última vejez de todas las cosas. Pero también el mismo Señor dice: caminad mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan. Y si predijo que debíamos caminar en aquel tiempo, ciertamente mostró que nosotros debíamos caminar aún más.
28
Y para volver a la alabanza del martirio, está la voz del beatísimo Pablo diciendo:¿ no sabéis que los que corren en el estadio, muchos compiten y uno solo recibe el premio? Corred vosotros de tal manera que todos seáis coronados. Pero también en otro lugar, para poder exhortar al martirio, nos llamó coherederos de Cristo. Es más, para no omitir nada, dice: si habéis muerto con Cristo,¿ por qué, como si vivierais en este siglo, decretáis cosas? Pues, carísimos hermanos, los que esperamos los premios de la resurrección, los que buscamos el día del juicio, los que, en fin, confiamos en que reinaremos con Cristo, debemos estar muertos al siglo. Pues ni podrás desear el martirio si antes no has odiado el siglo, ni llegar al premio de Dios si no has amado a Cristo. Quien ama a Cristo, no ama al siglo. Pues Cristo ha sido rechazado por el siglo, así como el siglo por Cristo, tal como está escrito: el mundo me ha sido crucificado a mí y yo al mundo. Para nadie fue amable el mundo al que el Señor no condenó antes, ni pudo gozar de la salvación eterna quien se glorió de la vida del mundo. Esa es la voz de Cristo que dice: el que ama su alma en este siglo, la perderá en el futuro; pero el que la odia en este siglo, la encontrará en el futuro. Pero también el apóstol Pablo dice: sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo. Y en otro lugar él mismo dice: quiero que todos vosotros, si es posible, seáis mis imitadores.
29
Dijo esto aquel que sufrió, y porque sufrió para imitar a Dios, ciertamente también quiso que nosotros sufriéramos para que, a través de él, imitáramos a Cristo. Si eres justo y crees en Dios,¿ por qué temes derramar tu sangre por aquel a quien sabes que sufrió tantas veces por ti? Fue cortado en Isaías, asesinado en Abel, inmolado en Isaac, vendido en José, crucificado en el hombre: y callo sobre los demás, cosas que ni la oración puede decir ni el ánimo soportar. La conciencia es vencida por el ejemplo de la humildad y, cuando considera lo que sucedió mientras él sufría, se maravilla de que haya sufrido aquel por quien todo tembló. El día huyó hacia la noche, en las tinieblas toda la luz cedió y, al inclinarse el peso por turnos alternos, toda la tierra se conmovió y se resquebrajó, los manes se turbaron, los monumentos quedaron al descubierto y, al abrirse los sepulcros en un boquete, los cuerpos devueltos a la luz permanecieron en pie, el mundo tembló ante el flujo de sangre, los velos que colgaban de las puertas se rasgaron, todo el templo rugió. Por tanto, es grande imitar a aquel que al morir refuta al siglo: así pues, cuando entregas tu alma al ejemplo de la pasión del Señor y a todo el testimonio de Cristo, y no temes derramar tu sangre, es necesario que todo ceda ante el martirio. Gloria inestimable del martirio, medida infinita, victoria inmaculada, virtud noble, título inestimable, triunfo inmenso: pues aquel que es preferido por la alabanza de su propia constancia es adornado como si fuera socio de la sangre de Cristo.
30
Por tanto, carísimos hermanos, aunque todo esto sea de la promesa y el don del Señor, y aunque se otorgue desde lo alto y no se obtenga sino por su imperio, y aunque no pueda ser concebido por la mente, ni expresado con palabras, ni recorrido por la oración, ni cumplido por ninguna fuerza de elocuencia, sin embargo, será propio de vuestra benevolencia, será propio de vuestra caridad y amor, si queréis ser memoriosos de nosotros cuando el Señor comience a honrar el martirio en vosotros. Ese santo altar os incluye dentro de sí, esa gran sede del nombre venerable os incluye dentro de sí como en el seno de un regazo que abraza; os sostienen los imperios del tiempo perenne y aquello en lo que siempre habéis de reinar y vivir. Oh, bienaventurados aquellos a quienes verdaderamente han sido perdonados los pecados, si es que quienes sois iguales a Cristo habéis pecado alguna vez. Oh, bienaventurados aquellos a quienes desde el principio del mundo la sangre del Señor ha teñido y a quienes merecidamente este esplendor del vestido níveo ha cubierto y el candor de la estola que envuelve ha adornado. Finalmente, me parece a mí mismo ver ya, y ante los ojos y el aspecto divino, según el arbitrio de la mente humana, se me presenta aquel insigne número: me parece, digo, ver ya cómo aquel verdadero y noble número acompaña la gloria y el camino de su Cristo. Irá ante su rostro la feliz multitud de los vencedores y, con las tropas densas, como en el amanecer del sol, toda la hueste iluminada traerá el poder. Y ojalá me suceda ver eso alguna vez, aunque sea indigno: pero el Señor podrá realizar lo que se cree que no niega a quienes se lo piden.