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Encomium in sanctam Mariam deiparam
Cyril of AlexandriaDeip q.1 · spanish-geminiMore by Cyril of Alexandria
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Original: Pg Scrape Grc

Encomium in sanctam Mariam deiparam̓ Εγκώμιον εἰς τὴν ἁγίαν Μαρίαν τὴν Θεοτόκον. Φαιδρὸς ἡμῖν ὁ λόγος, καὶ χάριτος ἐμπεπλησμένος, ἐπειδὴ καὶ λαμπρὰ ἡ τῶν ἁγίων Πατέρων σύνοδος. Καὶ γὰρ σφόδρα μου ἐν λύπῃ ὑπάρχοντος διὰ τὴν παράνομον βλασφημίαν Νεστορίου διήπειρον τοῦτο τὸ πολύκλονον καὶ πολυειδὲς καὶ ἀγγελικὸν καὶ ἐπουράνιον θέατρον. Ου τοι οἱ τῆς εὐσεβείας διδάσκαλοι, οἱ στύλοι καὶ ο ροφοι τῆς πίστεως, οἱ πύργοι οἱ ἀσάλευτοι, οἱ λιμένες οἱ γαμνοφόροι, οἱ πιστοὶ καὶ φρόνιμοι οἰκονόμοι, οἱ σοφοὶ ἀρχιτέκτονες, οἱ τὸν αἰθέριον πλοῦν, καὶ ἰσάγγελον βίον ἐπὶ γῆς διάγοντες, οἱ τῶν προφητῶν σύσκηνοι, καὶ τῶν ἀποστόλων σύνθρονοι, καὶ τῶν ἁγίων̓ Εκκλησιῶν προστάται, οἱ τῆς μιαρᾶς βλασφημίας ε κδικοι, οἱ τῆς ἡμετέρας πτωχείας, μᾶλλον δὲ εὐφημίας, σοφοὶ ἀντιλήπτορες, οἱ τὸν καλλιεπῆ καὶ θεόμορφον τῆς ἀρχιερωσύνης θρόνον ἐπέχοντες, οἱ τὰ μελίῤῥυτα πηγάζοντες νάματα, οἱ τῆς Θεοῦ φρονήσεως πνευματικοὶ ῥήτορες, οἱ τὴν τετραπέρατον οἰκουμένην τῇ ἀκαμάτῳ ὁδοιπορίᾳ βαδίσαντες, ου ς ου τε καύσων, ου τε πελάγη θαλάττης, ου τε κυμάτων μαινομένων θυμὸς α γριος, οὐ ζαλώδεις τρισκυμίαι εἰς ο κνον ἐνέβαλεν, ἀλλὰ τοῖς πιστοφόροις βήμασι σκιρτῶντες ἐνταῦθα γεγόνασι, πάντα ο κνον καταλείψαντες διὰ πόθον, μᾶλλον δὲ φόβον Κυρίου, καὶ ἀναλαβόντες τὸν σταυρὸν ὡς σοφοὶ ε κδικοι τῆς Θεοτόκου Μαρίας, ἐνταῦθα παραγεγόνασιν. Διὸ καὶ θαῤῥοῦντες ταῖς εὐχαῖς αὐτῶν ταῖς ἁγίαις, ὀλίγα τινὰ χαιρετίσωμεν ταύτην τὴν πόλιν, καὶ ου τως ἐπὶ τὰ ἐγκώμια τῆς Θεοτόκου ἐκτενῶ μου τὸν λόγον. Χαίροις, ω̓ Εφεσίων πόλις, μᾶλλον δὲ θαλασσοθέα, διότι ἀντὶ λιμένων ἐπιγείων λιμένες ἀγγελικοὶ καὶ ἐπουράνιοι πρὸς σὲ παραγεγόνασιν. Χαίροις, τῆς̓ Ασιανῆς διοικήσεως τὸ καύχημα, ο τι καθάπερ μαργαριτῶν τιμίων τοῖς τῶν ἁγίων ναοῖς κύκλῳ περιοικοδομῆσαι, καὶ νῦν ὑπὸ πολλῶν ἁγίων Πατέρων καὶ πατριαρχῶν ἰχνοπατουμένη ἁγιάζῃ. Εὐλογοῦνται γὰρ ἀληθῶς καὶ αἱ πύλαι, καὶ αἱ ῥύμαι, καὶ οἱ λιμένες, τῇ τῶν ἁγίων Πατέρων ἐπιδημίᾳ. Οπου γὰρ πολλοὶ ποιμένες ἐλαύνουσιν, πολὺς γίνεται δι' αὐτῶν ὁ τῆς ἁγιωσύνης σύλλογος· καὶ μάλιστα ου τοι οἱ φιλόθεοι καὶ φιλόπιστοι, καὶ ἰσάγγελοι, ἐξελαύνουσι πᾶσαν σατανικὴν ἐνέργειαν, καὶ̔ Ελληνικὴν εἰδωλομανίαν, Πορφυριανῶν τε καὶ Σαβελλιτῶν, Φρυγῶν τε καὶ̓ Απολιναριτῶν, Φωτινῶν, καὶ....... καὶ πᾶσα ἁπλῶς αι ρεσις μιαρὰ καταισχύνεται, δοξάζεται δὲ τὸ τῆς ὀρθοδόξου πίστεως καύχημα. Χαίροις δὲ καὶ αὐτὸς, τρισμακάριἐ Ιωάννη, ἀπόστολε καὶ εὐαγγελιστὰ, τῆς παρθενίας τὸ καύχημα, τῆς ἁγνείας διδάσκαλε, τῆς τῶν δαιμόνων πλάνης ἐξολοθρευτὰ, τοῦ ναοῦ τῆς̓ Αρτέμιδος καθαιρέτα, τῆς̓ Εφεσίων λιμὴν καὶ πρόμαχος, τῶν πτωχῶν τροφεὺς, τῶν θλιβομένων καταφυγὴ, τῶν ἐγγὺς καὶ τῶν μακρὰν ἀναψυχὴ καὶ ἀνάπαυσις. Χαίροις, ἀμίαντον σκεῦος σωφροσύνης ἐμπεπλησμένον. Σοὶ γὰρ καὶ ὁ Κύριος ἡμῶν̓ Ιησοῦς Χριστὸς ἐπὶ τοῦ σταυροῦ ἀναλαμβανόμενος τὴν Θεοτόκον καὶ̓ Αειπαρθένον, ὡς παρθένῳ παρέδωκεν. Χαίροις δὲ καὶ αὐτὴ, Μαρία Θεοτόκε, Παρθενομήτωρ, Φωτοφόρε, σκεῦος ἀμίαντον. Χαίροις, Παρθένε Μαρία, μήτηρ καὶ δούλη, Παρθένε μὲν, διὰ τὸν ἐκ σοῦ τῆς Παρθένου τεχθέντα· μήτηρ δὲ διὰ τὸν ἐν ἀγκάλαις σαῖς βασταχθέντα, καὶ γάλακτι σῷ τραφέντα· δούλη διὰ τὸν μορφὴν δούλου λαβόντα. Εἰσῆλθε γὰρ ὁ βασιλεὺς ἐν τῇ πόλει σου, μᾶλλον δὲ ἐν τῇ κοιλίᾳ σου, καὶ πάλιν ἐξῆλθεν ὡς αὐτὸς ἠθέλησεν, καὶ ἡ πύλη σου ἐκέκλειστο. Συνέλαβες γὰρ ἀσπόρως, θεοπρεπῶς δὲ ἐγέννησας. Χαίροις, Μαρία, ὁ κατάλυτος ναὸς, μᾶλλον δὲ α γιος, καθὼς βοᾷ ὁ προφήτης Δαβὶδ λέγων·

Spanish Gemini
q.1
Encomio a la santa María, Madre de Dios. Nuestro discurso es radiante y está lleno de gracia, pues también es brillante la asamblea de los santos Padres. Pues, estando yo sumido en gran tristeza por la blasfemia ilegal de Nestorio, me sentía impulsado hacia este teatro tan variado, multiforme, angélico y celestial. Aquí están los maestros de la piedad, las columnas y los techos de la fe, las torres inamovibles, los puertos que llevan la calma, los administradores fieles y prudentes, los sabios arquitectos, los que llevan una vida etérea e igual a la de los ángeles sobre la tierra, los compañeros de tienda de los profetas, los que comparten el trono con los apóstoles y los protectores de las santas Iglesias, los defensores contra la impía blasfemia, los sabios auxiliares de nuestra pobreza, o mejor dicho, de nuestra alabanza, los que ocupan el trono de la jerarquía, bello y de forma divina, los que hacen brotar manantiales que destilan miel, los oradores espirituales de la sabiduría de Dios, los que han recorrido la ecúmene de cuatro extremos con su incansable caminar, a quienes ni el calor abrasador, ni los abismos del mar, ni la furia salvaje de las olas embravecidas, ni las tormentas de tres olas pudieron inducir a la pereza, sino que, saltando con pasos portadores de fe, han llegado aquí, dejando atrás toda pereza por el deseo, o mejor dicho, por el temor del Señor, y habiendo tomado la cruz como sabios defensores de María, la Madre de Dios, han llegado aquí. Por tanto, confiando en sus santas oraciones, saludemos brevemente a esta ciudad y así extenderé mi discurso hacia los encomios de la Madre de Dios. Alégrate, ciudad de los efesios, o mejor dicho, ciudad que mira al mar, porque en lugar de puertos terrenales, han llegado a ti puertos angélicos y celestiales. Alégrate, orgullo de la administración asiática, porque, como si estuvieras rodeada de perlas preciosas en los templos de los santos, ahora eres santificada al ser pisada por muchos santos Padres y patriarcas. Pues son verdaderamente bendecidas las puertas, las calles y los puertos con la llegada de los santos Padres. Porque donde muchos pastores se reúnen, grande se vuelve por ellos la asamblea de la santidad; y especialmente estos, amantes de Dios y de la fe, e iguales a los ángeles, expulsan toda energía satánica, la idolatría helénica, la de los porfirianos y sabelianos, la de los frigios y apolinaristas, la de los fotinianos, y... y toda herejía impía es avergonzada, mientras que se glorifica el orgullo de la fe ortodoxa. Alégrate también tú, tres veces bienaventurado Juan, apóstol y evangelista, orgullo de la virginidad, maestro de la castidad, destructor del engaño de los demonios, destructor del templo de Artemisa, puerto y defensor de los efesios, alimento de los pobres, refugio de los afligidos, alivio y descanso de los que están cerca y de los que están lejos. Alégrate, vaso inmaculado lleno de templanza. Pues a ti, nuestro Señor Jesucristo, al ser elevado en la cruz, te entregó a la Madre de Dios y Siempre Virgen, como a un virgen. Alégrate también tú, María Madre de Dios, Madre Virgen, portadora de luz, vaso inmaculado. Alégrate, Virgen María, madre y esclava; virgen, por el nacido de ti, la Virgen; madre, por el que fue llevado en tus brazos y alimentado con tu leche; esclava, por el que tomó forma de esclavo. Pues el Rey entró en tu ciudad, o mejor dicho, en tu vientre, y salió de nuevo como Él quiso, y tu puerta permaneció cerrada. Pues concebiste sin semilla y diste a luz de manera divina. Alégrate, María, templo indisoluble, o mejor dicho, santo, como clama el profeta David diciendo:
q.2
" Santo es tu templo, maravilloso en justicia". Alégrate, María, joya de la ecúmene; alégrate, María, paloma inmaculada. Alégrate, María, lámpara inextinguible. Pues de ti ha nacido el Sol de justicia. Alégrate, María, recinto de lo incontenible, la que contuvo al Dios Verbo Unigénito, la que hizo brotar la espiga incorruptible sin arado ni semilla. Alégrate, María Madre de Dios, por quien los profetas proclaman, por quien los pastores glorifican, diciendo con los ángeles aquel himno temible: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad entre los hombres. Alégrate, María Madre de Dios, por quien los ángeles danzan, los arcángeles saltan enviando himnos estremecedores. Alégrate, María Madre de Dios, por quien los magos adoran, guiados por una estrella que porta luz. Alégrate, María Madre de Dios, por quien la belleza de diez rayos de los apóstoles ha sido elegida. Alégrate, María Madre de Dios, por quien Juan, estando aún en el vientre de su madre, saltó, y la lámpara adoró a la luz que no duerme. Alégrate, María Madre de Dios, por quien ha surgido la gracia inefable, sobre la cual el Apóstol gritaba diciendo: Ha aparecido la gracia de Dios salvadora para todos los hombres. Alégrate, María Madre de Dios, por quien ha surgido la luz verdadera, nuestro Señor Jesucristo, el que dice en los Evangelios: Yo soy la luz del mundo. Alégrate, María Madre de Dios, por quien brilló la luz para los que estaban sentados en tinieblas y sombra de muerte. Pues el pueblo, dice, que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz.¿ Qué luz, pues, sino nuestro Señor Jesucristo, la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene al mundo? Alégrate, María Madre de Dios, por quien en los Evangelios se proclama: Bendito el que viene en nombre del Señor; por quien también en ciudades, aldeas e islas se han fundado Iglesias de ortodoxos. Alégrate, María Madre de Dios, por quien ha surgido el vencedor de la muerte y el destructor del Hades. Alégrate, María Madre de Dios, por quien ha surgido el creador del primer formado, el corrector de su transgresión y el guía hacia el reino de los cielos. Alégrate, María Madre de Dios, por quien floreció y brilló la belleza de la resurrección. Alégrate, María Madre de Dios, por quien el bautismo de santidad, temible y del Jordán, ha fluido. Alégrate, María Madre de Dios, por quien Juan y el Jordán son santificados, y el diablo es deshonrado. Alégrate, María Madre de Dios, por quien todo aliento que cree es salvado. Alégrate, María Madre de Dios; pues por ti también las olas del mar, calmándose y reposando, han llevado a nuestros consiervos y concelebrantes con alegría y mansedumbre. Pues la tierra, que antes era pisada por ladrones, se ha transformado en paz con la llegada de los santos Padres. Pues está escrito:¡ Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz!¿ Qué paz? Nuestro Señor Jesucristo, el heraldo de la paz, el que dice en los santos Evangelios: Mi paz os doy.¿ Qué paz? La que Nestorio, blasfemando, no aceptó, diciendo: No nació, dice, nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios Verbo, de la Virgen María, ni reconociendo el parto de la virginidad como inviolable, ni creyendo en la voz arcangélica que dice: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Pues, asimilándose al reino persa e intentando negar al Hijo unigénito de Dios, fabuló estas cosas para perdición y blasfemia de muchas almas. Pero puesto que en la anterior ocasión cacareé mucho sobre este gallo que mal ha blasfemado, y os presenté la perdiz que el profeta Jeremías proclamó diciendo: La perdiz llamó, reunió lo que no dio a luz; y de nuevo este impuro y blasfemo, viendo a los condes defendiéndolo, confiando en ellos, aleteó, y pensando en aterrorizarnos, más bien nos despertó; venid, con gemidos y lágrimas, digamos habitualmente: Es mejor confiar en el Señor que confiar en los príncipes. Pues este,
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este maldito, habiendo vaciado su caja de oro, despertó contra nosotros a cónsules y condes, y a un coro de magistrados y emperatrices; pero nosotros digamos aquella palabra profética: Estos en carros y estos en caballos, pero nosotros en el nombre del Señor nuestro Dios. Pues si incluso ante las autoridades del mundo, o ante el mismo piadosísimo emperador, tuviera que decir algo, no me avergonzaré, ni seré cobarde, teniendo al profeta David exhortándome continuamente y diciendo: Hablaba delante de reyes y no me avergonzaba.¿ Quién ha oído tales cosas terribles y temibles?¡ Que a Cristo y Dios Verbo, anunciado a nosotros por profetas y apóstoles, ahora se le transforme en hombre, y que la Madre de Dios sea llamada Madre del hombre! Que nadie me diga, pues, la audaz temeridad de los ingratos e impíos judíos, que los insensatos se atrevieron entonces contra Cristo.¿ Pues quién ha dado ahora tal franqueza? El que blasfemó contra el oráculo de Dios diciendo: Crucificasteis a un hombre. Además, también el engaño de los helenos, y los olores impíos y los sacrificios ilegales ofrecidos a las piedras, pero también esta práctica de insensatez, ni la amarga enfermedad de Arrio, y la blasfemia más impía de los maniqueos, y la práctica pestilente de Sabelio, de Porfirio y de Fotino el malpensante, en quien este también se sumergió y blasfemó;¡ ay de mí! la maldad de estos superó a todos, y se ha cumplido en él el capítulo de aquel soberbio que dice: Derribaré mis graneros y construiré otros mayores; a quien se le dijo: Insensato, esta noche los ángeles reclaman tu alma de ti; y lo que preparaste,¿ de quién será? Pues cuanto fuiste elevado a la altura siendo una inmundicia y de origen vergonzoso, tanto fuiste de nuevo derribado al abismo de la blasfemia, en el que no convenció Pablo el apóstol, el vaso de elección, la cigarra eclesiástica, el incienso evangélico y celestial, la fuente que porta mirra, el portador de cartas y escritor de cartas, el que quedó ciego en el camino y recobró la vista totalmente hacia la altura del cielo por el conocimiento de Dios, a quien la visión de Cristo arrojó a la vista, y el conocimiento de Dios de nuevo condujo a la fe, el que estableció a la ecúmene a creer en la Trinidad consustancial, en un Señor, una fe, un bautismo, un Padre, un Hijo, un Espíritu Santo, esencia indivisible, divinidad inescrutable e incomprensible, Dios de Dios, el Señor, luz de luz, resplandor de gloria, nacido de la Virgen María, según la voz del arcángel que dice: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Y de nuevo el mismo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo cual también lo nacido santo será llamado Hijo de Dios vivo. Y no solo por el arcángel Gabriel, sino también por el bienaventurado David escuchamos cada día proclamándolo en las iglesias y diciendo: El Señor me dijo: Tú eres mi Hijo; yo hoy te he engendrado. Y el de gran mente Isaías, hijo de Amós el profeta, el profeta de profeta, proclamó diciendo: He aquí que la Virgen estará en el vientre y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Pero,¿ no crees a profetas, apóstoles, evangelistas y al arcángel Gabriel? Imita al menos a tus condemonios, los que temblaron ante su poder y gritaron:¿ Qué tenemos nosotros contigo, Jesús, Hijo de Dios?¿ Has venido aquí antes de tiempo para atormentarnos? Pues si incluso en aquel tiempo era dicho por el demonio lo verdadero antes de tiempo, también ahora ha llegado sobre ti. Debía venir el Anticristo; pero rápidamente en lugar de aquel has llegado tú. Ni siquiera obedeces al diablo que te engaña, que dice: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.¡ Oh, cosa temible, que no está llena de éxtasis! Los demonios, junto con su padre el diablo, llaman Hijo de Dios al nacido de María, y este traslada al Hijo de Dios a
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hombre, y habiendo encontrado una cierta subversión y mala locura, buscó trastornar al piadosísimo emperador, siendo amigo y siervo de la fe ortodoxa, y además también a un coro de santas emperatrices que resplandecen en la fe; pero no pudo avanzar hasta el fin. Pues dando lo de los pobres a los amantes del oro, pensó que por ellos vencería a la verdad, y por la hermosísima avaricia cayó en un naufragio terrible; viviendo en un puerto, naufragó, no teniendo los timones de la fe. Por lo cual también se ha hundido en los males, y es un teatro de tragedia para toda la ecúmene. Pues pensó, mediante su pensamiento malvado y amarguísimo, persuadir a los trabajadores de la piedad, no habiendo tomado en su mente oscurecida la enseñanza de los Padres, apóstoles y evangelistas, y las voces de los arcángeles, habiendo encontrado una cierta falta de entrañas y mala locura, y estando revestido de ateísmo, quiso decretar una peste y una religión atea para la ecúmene. Pero no nos encontró desprevenidos ante su ilegal y malvada invención. Pues no confiamos en armas militares, ni en el castigo dorado y hermosísimo, sino que mediante las santas y divinamente inspiradas Escrituras hacemos las respuestas contra él. Pues nuestras armas no son carnales, ni terrenales, sino espirituales y celestiales, como proclamó el bienaventurado Pablo. Pero que nadie piense que al decir estas cosas nos alegramos de tu caída, oh miserable; pues habiendo caído tú en el estadio de esta blasfemia, te tendimos la mano mediante cartas, y desoíste a nuestra mediocridad; por esto heredaste el peligro de la desobediencia. Pues que siendo estas cosas así, presentamos como testigo digno de crédito al santísimo y arzobispo de toda la ecúmene, Padre y patriarca Celestino de la gran ciudad de Roma, quien también él mismo te exhortó mediante cartas, diciendo que te apartaras de la blasfemia más loca. Y desoíste también a él, y te jactaste en la vanidad de tu locura; habiéndote convertido en una navaja de toda la ecúmene, perturbaste a la ecúmene de cuatro extremos, y obligaste a todos los santos a este lugar con mucho esfuerzo y temor. Pues escribiste maldad, y en absoluto bondad. Por esto Dios te derribará hasta el fin del sacerdocio, y te terminará de la sabiduría de los Padres, y habiéndote expulsado primero de la ciudad real, luego también del trono de la jerarquía, donde indignamente te encontrabas. Por esto los justos verán y temerán, y se reirán de ti y dirán: He aquí el hombre que no puso a Dios como su ayuda, sino que esperó en la multitud de su riqueza, y se fortaleció en su vanidad. Nosotros, en cambio, todos los que hemos seguido la verdad del Evangelio, seremos, según aquella palabra profética, como olivo fructífero en la casa de Dios, glorificando a Dios Padre todopoderoso, y a su Hijo unigénito nacido de María, y al Espíritu Santo, el vivificador y que proporciona vida a todos, sometiéndonos a emperadores fidelísimos, honrando también a las santas emperatrices que resplandecen en la virginidad; y por la que está bajo matrimonio oraremos fervientemente ver un hijo nacido de ellos, y que permanezca el reino amante de Dios, amante de la fe y ortodoxo en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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