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Against Boeotus II
DemosthenesBoeotus 2 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Es lo más penoso de todo, señores jueces, cuando alguien es llamado hermano de otros por nombre, pero en la práctica los tiene por enemigos, y se ve obligado, tras haber sufrido mucho y gravemente por su parte, a comparecer ante un tribunal, que es lo que ahora me ha sucedido a mí.
2
Pues no solo fue una desgracia para mí desde el principio el hecho de que Plangón, la madre de estos, tras engañar a mi padre y perjurar abiertamente, le obligara a reconocerlos como hijos, y por ello fui privado de las dos terceras partes de la herencia paterna; sino que, además de esto, he sido expulsado de la casa paterna por ellos, en la que nací y fui criado, y que, al morir mi padre, no me entregó él a ellos, sino yo a ellos,
3
y se me priva de la dote de mi propia madre, por la cual ahora estoy litigando, habiendo yo mismo pagado a estos las demandas por todo lo que me reclamaban, salvo si ahora me han interpuesto alguna otra demanda por causa de este juicio, calumniándome, como también será evidente para ustedes, mientras que de ellos, en once años, no he podido obtener lo justo, sino que ahora he recurrido a ustedes como defensores.
4
Les pido, pues, a todos ustedes, señores jueces, que me escuchen con benevolencia mientras hablo como puedo, y si les parece que he sufrido agravios graves, que tengan indulgencia conmigo, que busco recuperar lo que es mío, sobre todo para el casamiento de mi hija; pues sucedió que, a petición de mi padre, me casé a los dieciocho años, y por ello tengo ya una hija en edad de casarse.
5
De modo que, siendo yo injustamente tratado por muchas razones, con justicia me ayudarían, y con razón se indignarían contra estos; quienes,¡ por la tierra y los dioses!, pudiendo haber hecho lo justo y no entrar en un tribunal, no se avergüenzan de recordarles si mi padre hizo algo incorrectamente o si ellos pecaron contra él, y me obligan a litigar contra ellos. Para que sepan con exactitud que no soy yo el culpable de esto, sino ellos, les relataré desde el principio, tan brevemente como pueda, lo sucedido.
6
Pues mi madre, señores jueces, era hija de Poliarato de Colargo, y hermana de Menexeno, Batilo y Periandro. Habiéndola entregado mi padre a Cleomedonte, hijo de Cleón, y habiendo dado un talento como dote, al principio convivió con él; y habiendo tenido ella tres hijas y un hijo, Cleón, y habiendo muerto después su marido, abandonó la casa y recuperó la dote,
7
y al entregarla de nuevo sus hermanos Menexeno y Batilo( pues Periandro era aún un niño) y dar el talento, convivió con mi padre. Y nacimos de ellos tanto yo como otro hermano menor que yo, que murió siendo aún niño. Para demostrar que digo la verdad, presentaré primero ante ustedes a los testigos sobre estos hechos. TESTIGOS.
8
Así pues, mi padre, tras casarse con mi madre, la tuvo como esposa en su casa, y me educaba y me quería, tal como todos ustedes quieren a sus propios hijos. Pero se relacionó con la madre de estos, Plangón, de cualquier manera que fuera; pues no me corresponde a mí decir eso.
9
Y no estaba tan dominado por el deseo como para que, ni siquiera al morir mi madre, considerara digno acogerla en su casa junto a sí, ni convencerse de que estos fueran sus hijos; sino que durante el resto del tiempo estos vivían sin ser hijos de mi padre, como también saben la mayoría de ustedes, hasta que este, al crecer y preparar consigo un taller de sicofantes, cuyo jefe era Mnesicles y aquel Menecles que condenó a Ninón, con quienes este litigaba
10
contra mi padre afirmando ser hijo suyo— y habiendo muchas reuniones sobre esto, y diciendo mi padre que no se dejaría convencer de que estos hubieran nacido de él, Plangón, al final, señores jueces( pues se dirá toda la verdad ante ustedes), tras tender una emboscada a mi padre junto con Menecles y engañarlo con un juramento, que parece ser el más grande y terrible ante todos los hombres, acordó que, tras recibir treinta minas, introduciría a estos como hijos ante sus propios hermanos, y ella misma, si mi padre la desafiaba ante el árbitro a jurar que los niños habían nacido de él, no aceptaría el desafío; pues, al ocurrir esto, ni estos serían privados de la ciudadanía, ni podrían seguir causando problemas a mi padre, al no haber aceptado la madre de ellos el juramento.
11
Y habiéndose acordado esto—¿ para qué alargaría el discurso ante ustedes? Pues, al presentarse ante el árbitro, Plangón, violando todo lo acordado, acepta el desafío y jura en el Delfinio otro juramento contrario al anterior, como saben la mayoría de ustedes; pues el hecho se hizo notorio. Y así mi padre, obligado por su propio desafío a mantenerse en el arbitraje, se indignaba por lo ocurrido y lo llevaba mal, y ni aun así consideró digno acogerlos en su casa, pero se vio obligado a introducirlos en las fratrías. Y a este lo inscribió como Beoto, y al otro como Pánfilo.
12
A mí, en cambio, me convencía inmediatamente, al haber cumplido unos dieciocho años, de casarme con la hija de Eufemo, deseando ver hijos nacidos de mí. Y yo, señores jueces, pensando que debía, tanto antes como cuando estos le molestaban litigando y causándole problemas, alegrarle a él haciendo todo lo que pudiera para complacerle, me dejé convencer por él.
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Y habiéndome casado de este modo, él, tras ver a mi pequeña hija, no muchos años después enfermó y murió; y yo, señores jueces, mientras vivía mi padre, no creí que debiera oponerme a él, pero al morir aquel, los acogí en la casa y repartí todos los bienes existentes, no como si fueran hermanos( pues a la mayoría de ustedes no se les oculta de qué manera han nacido estos), sino pensando que era necesario para mí, puesto que mi padre fue engañado, obedecer sus leyes.
14
Y así, tras ser acogidos por mí en la casa, mientras repartíamos la herencia paterna, al exigir yo recuperar la dote de mi madre, estos también me contrademandaron, y afirmaron que también se debía a su madre la misma dote. Y habiéndonos aconsejado los presentes, repartimos todo lo demás, pero dejamos aparte la casa y los esclavos servidores de mi padre,
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para que de la casa, a quien de nosotros le pareciera que se le debía la dote, estos la recuperaran, y de los esclavos, siendo comunes, si estos reclamaban algo de la herencia paterna, se informaran, torturándolos y buscándolo de cualquier otra manera que quisieran. Que también digo verdad en esto, lo sabrán por estos testimonios. TESTIMONIOS.
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Después de esto, pues, estos me entablaron demandas por lo que reclamaban y yo a ellos por la dote. Y al principio, tras recusar, confiamos a Solón de Erquia como árbitro para que juzgara sobre lo que nos reclamábamos mutuamente; pero como estos no comparecían, sino que evitaban el juicio y pasaba mucho tiempo, a Solón le sucedió morir, y estos de nuevo, desde el principio, me entablan las demandas, y yo a este, tras citarlo y registrarlo en la demanda como Beoto; pues ese nombre le puso su padre.
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Sobre lo que estos me litigaban, estando presente este y contrademandando y no teniendo nada que mostrar de lo que reclamaban, el árbitro falló en mi favor; y este, sabiendo que reclamaba injustamente, ni apeló al tribunal, ni ahora me ha entablado ninguna demanda sobre aquello, sino sobre otras cosas, pensando que con estas acusaciones resolvería este juicio. La demanda que yo le seguía entonces por la dote, estando este presente aquí y no habiendo comparecido ante el árbitro, falló en su rebeldía.
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Pero este, señores jueces, ni contrademandaba entonces estando presente, ni decía que yo hubiera fallado en su contra en su demanda; pues decía que su nombre no era Beoto, sino Mantiteo, y así, disputando por el nombre, me priva de hecho de la dote de mi madre. Y yo, sin saber qué hacer con el asunto, tras entablar de nuevo esta misma demanda contra él, Mantiteo, en el undécimo año, he recurrido ahora a ustedes. Y para demostrar que también digo verdad en esto, se les leerán los testimonios sobre estos hechos. TESTIMONIOS.
19
Que, por tanto, señores jueces, mi madre aportó un talento como dote, entregada por sus hermanos, tal como ordenan las leyes, y convivió con mi padre, y de qué manera los acogí yo en la casa al morir mi padre, y que evité las demandas que me reclamaban, todo esto ha sido testificado ante ustedes y demostrado. Vamos, toma también esta ley sobre la dote. LEY.
20
Estando así la ley, creo que este Beoto o Mantiteo, o como le plazca ser llamado, no tendrá ninguna defensa justa y verdadera que decir, sino que intentará, confiando en su audacia y descaro, trasladar sus propias desgracias a mí, lo que también acostumbra a hacer en privado, diciendo que, al ser confiscados los bienes de Pánfilo, que era padre de Plangón, mi padre tomó el dinero sobrante del consejo, y así intentando demostrar que su propia madre aportó una dote de más de cien minas, y afirmando que la mía convivió sin dote.
21
Esto expondrá, señores jueces, sin haber presentado ningún testimonio sobre ello ni ignorando que no dice nada sano, sino sabiendo con exactitud que nadie que confiese ante ustedes haber cometido una injusticia ha salido absuelto, pero que alguien que miente y dice cosas engañosas no ha sido castigado todavía. Para que, pues, no sean engañados por él, me parece mejor decirles unas breves palabras también sobre esto.
22
Pues si dice que mi madre no aportó dote, pero la de estos sí, consideren que miente manifiestamente. Primero, porque Pánfilo, el padre de la madre de este, murió debiendo cinco talentos al tesoro público, y faltó tanto para que sobrara algo a los hijos de aquel, al ser inventariados y confiscados sus bienes, que ni siquiera se ha pagado toda la deuda en su nombre, sino que aún ahora Pánfilo figura como deudor al tesoro público.¿ Cómo es posible, pues, que mi padre tomara dinero de los bienes de Pánfilo, que ni siquiera fueron suficientes para pagar la propia deuda a la ciudad?
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Después, señores jueces, consideren que, si en el mejor de los casos hubiera sobrado ese dinero, como dicen estos, no lo habría tomado mi padre, sino los hijos de Pánfilo, Beoto, Hédilo y Eutidemo, quienes no habrían hecho, supongo, lo que fuera por tomar lo ajeno, como todos ustedes saben, y habrían permitido que mi padre se llevara lo suyo.
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Que, por tanto, la madre de estos no aportó dote, sino que estos mienten en esto, creo que lo han aprendido suficientemente; que mi madre sí la aportó, lo demostraré fácilmente. Primero, porque era hija de Poliarato, quien era honrado por ustedes y poseía una gran fortuna; después, se ha testificado ante ustedes que también su hermana convivió con Erixímaco, el pariente político de Cabrias, tras haber aportado tal dote.
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Además de esto, resulta que mi madre fue entregada primero a Cleomedonte, cuyo padre, Cleón, dicen que, siendo estratego de sus antepasados, tras capturar vivos a muchos lacedemonios en Pilos, gozó de la mayor reputación en la ciudad; de modo que no convenía que su hijo se casara con ella sin dote, ni es razonable que Menexeno y Batilo, poseyendo ellos mismos una gran fortuna y habiendo recuperado la dote al morir Cleomedonte, privaran a su propia hermana, sino que, añadiendo ellos mismos, la entregaron a nuestro padre, tal como ellos mismos y los demás han testificado ante ustedes.
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Aparte de esto, consideren por qué razón mi padre, si mi madre no era legítima ni aportó dote, y la de estos sí, decía que aquellos no eran sus hijos, y a mí me adoptó y me educaba. Porque,¡ por Zeus!, como dirán estos, complaciéndome a mí y a mi madre, deshonraba a estos.
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Pero ella murió dejando a un niño pequeño, yo, y la madre de estos, Plangón, siendo hermosa de rostro tanto antes como después, se relacionaba con él; de modo que era mucho más razonable que él, por la mujer viva a la que amaba, deshonrara al hijo de la difunta, que por mí y la difunta no reconociera a los hijos de la viva que se relacionaba con él.
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Y sin embargo, este ha llegado a tal punto de audacia que dice que mi padre celebró el banquete de décimo día en su honor. Y sobre esto solo se han presentado testimonios de Timócrates y Prómaco, que no tienen parentesco alguno con mi padre ni eran amigos suyos. Y han testificado falsedades tan abiertamente que, a quien este, sabiéndolo todos ustedes, obligó a reconocerlo tras entablarle una demanda contra su voluntad, a este, como si fueran citadores, solo ellos dos testifican que celebró el banquete de décimo día en su honor.
29
A quienes,¿ quién de ustedes creería? Y ciertamente tampoco le es posible decir que mi padre lo reconocía cuando era pequeño, pero que al crecer, enfadado con su madre, deshonraba a la de estos; pues es mucho más habitual que, cuando un hombre y una mujer discrepan entre sí, se reconcilien por los hijos, que por las iras contra sí mismos odien a los hijos comunes. De modo que, si intenta decir esto, no le permitan ser desvergonzado.
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Y si habla sobre las demandas en las que el árbitro falló en mi favor, y dice que fue sorprendido por mí sin preparación, primero recuerden que no fue poco el tiempo en el que tuvo que prepararse, sino muchos años, después que él era el demandante, de modo que era mucho más razonable que yo fuera sorprendido por él sin preparación que él por mí.
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Además, todos los presentes ante el árbitro han testificado ante ustedes que este, estando presente él mismo cuando el árbitro falló en mi favor, ni apeló al tribunal ni se mantuvo en el arbitraje. Y sin embargo, me parece extraño que, si los demás, cuando creen ser tratados injustamente, apelan incluso las demandas muy pequeñas ante ustedes, este, habiéndome entablado una demanda por una dote de un talento, habiendo sido fallada injustamente, según él mismo dice, se mantuviera en ella.
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¡ Por Zeus!, quizás es un hombre pacífico y no litigante. Hubiera querido, señores jueces, que fuera así. Pero ahora, ustedes son tan comunes y filántropos que ni siquiera consideraron digno desterrar de la ciudad a los hijos de los Treinta; y este, tras conspirar contra mí junto con Menecles, el arquitecto de todo esto, y tras trabar golpes a partir de una contradicción y un insulto, tras cortarse su propia cabeza, me citó ante el Areópago, como para desterrarme de la ciudad.
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Y si Eutidico el médico, ante quien estos fueron primero pidiendo que le cortara la cabeza, no hubiera dicho toda la verdad ante el consejo del Areópago, tal demanda habría obtenido este de mí, que no cometía ninguna injusticia, que ustedes ni siquiera intentarían hacer contra los que cometen las mayores injusticias contra ustedes. Y para que no parezca que lo calumnio, léeme los testimonios. TESTIMONIOS.
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Este, pues, me preparó un juicio tan grande y temible, no por ser ingenuo, sino por ser conspirador y malhechor. Después de esto, en lugar del nombre que le puso su padre, Beoto, tal como también se ha testificado ante ustedes, cuando aquel murió, tras inscribirse a sí mismo como Mantiteo ante los demotas, y siendo llamado por el mismo padre y demo que yo, no solo hizo que este juicio, por el que ahora estoy litigando, fuera objeto de nuevo litigio, sino que, habiéndome elegido ustedes taxiarca, vino él mismo ante el tribunal para ser examinado, y habiendo sido condenado en una demanda de expulsión, dice que no ha sido condenado él, sino yo.
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Y para decirlo en resumen, causándome males me obligó a entablarle una demanda sobre el nombre, no para tomar dinero de él, señores jueces, sino para que, si les parece que sufro agravios graves y soy perjudicado grandemente, este sea llamado Beoto, tal como su padre le puso.
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Además de esto, también que yo, haciendo campaña y habiendo reclutado mercenarios con Aminias, y habiendo conseguido dinero de otra parte y de Mitilene, tras recibir de Apolónides, vuestro proxeno, y de los amigos de la ciudad, trescientos estateras focenses, los gasté en los soldados, para que se realizara alguna acción provechosa tanto para ustedes como para ellos,
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sobre esto me litiga como si hubiera recuperado una deuda paterna de la ciudad de los mitileneos, sirviendo a Camis, el tirano de Mitilene, que es enemigo común de ustedes y mío en privado. Que nuestro padre, la donación que los mitileneos votaron para él, la recuperó él mismo inmediatamente, y que no se le debía ninguna deuda en Mitilene, presentaré el testimonio de sus amigos. TESTIMONIO.
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Teniendo, pues, señores jueces, otras muchas y graves cosas que decir, que este ha cometido tanto contra mí como contra algunos de ustedes, me veo obligado a omitirlas debido a que mi agua es poca. Y creo que también por esto se les ha demostrado suficientemente que no es de la misma persona preparar un juicio contra mí por destierro y litigar demandas que no vienen al caso, y presentarse ante el árbitro sin preparación. De modo que, si intenta hablar sobre esto, no creo que ustedes lo acepten.
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Y si dice que, al pedir él confiar todo a Conón, hijo de Timoteo, yo no quería confiarlo, consideren que intentará engañarlos. Pues yo, sobre lo que las demandas aún no tenían fin, estaba dispuesto a confiarlo tanto a Conón como a otro árbitro imparcial, a quien él quisiera; pero sobre lo que, tras haber comparecido este tres veces ante el árbitro y contrademandado, el árbitro falló en mi favor, y este se mantuvo en lo fallado, como también se ha testificado ante ustedes, no creí que fuera justo que esto volviera a ser objeto de litigio;
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pues¿ qué fin tendríamos para reconciliarnos, si tras anular lo arbitrado según las leyes, lo confiara a otro árbitro sobre las mismas acusaciones, sobre todo sabiendo con exactitud que, si incluso ante los demás no es razonable insistir en los arbitrajes, ante este era lo más justo de todo comportarse así.
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Pues vamos, si alguien lo acusara de extranjería diciendo que mi padre, al jurar, no decía que este fuera su hijo,¿ hay algo más con lo que pudiera insistir ante esto que el hecho de que, tras jurar la madre de ellos y fallar el árbitro, nuestro padre se vio obligado a mantenerse en el arbitraje?
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Entonces,¿ no es terrible si este, habiéndose convertido en ciudadano vuestro por el fallo de un árbitro y habiendo repartido conmigo la fortuna y obtenido todo lo justo, al exigir que las demandas que yo evité contra él, estando presente y contrademandando y manteniéndose en lo fallado, sean objeto de nuevo litigio, les parezca que dice algo justo, como si, cuando le conviene a este, debieran ser válidos los arbitrajes, y cuando no le conviene, fuera apropiado que su opinión fuera más válida que lo fallado según sus leyes?
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Quien es tan conspirador que incluso me desafiaba a confiar este arbitraje, no para reconciliarse conmigo, sino para que, tal como durante once años vivió haciendo el mal, así también ahora, tras anular lo que el árbitro falló en mi favor, me calumnie desde el principio y frustre este juicio.
44
Y la prueba más grande de esto: pues ni aceptaba el desafío que yo le proponía según las leyes, y antes, tras confiar yo a Xénipo, a quien este propuso como árbitro, sobre la demanda del nombre, le prohibió arbitrar. Que también digo verdad en esto, lo sabrán por el testimonio y el desafío. TESTIMONIO. DESAFÍO.
45
Esta propuesta, pues, al no aceptarla, sino tendiéndome una emboscada y queriendo frustrar el juicio el mayor tiempo posible, acusará, según me entero, no solo a mí, sino también a mi padre, diciendo que aquel, complaciéndome a mí, lo agravió mucho. Ustedes, señores jueces, sobre todo, tal como ustedes mismos no considerarían digno ser mal hablados por sus propios hijos, así tampoco permitan que este blasfeme sobre mi padre;
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pues sería terrible si ustedes mismos, tras reconciliarse con muchos de los ciudadanos que mataron sin juicio durante la oligarquía, se mantienen en los acuerdos, como deben hacer los hombres nobles, pero a este le permitirán ahora recordar rencores y hablar mal de aquel, tras reconciliarse mi padre en vida y haber obtenido muchas ventajas contra lo justo.
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De ninguna manera, señores jueces, sino sobre todo impídanle hacer esto, y si acaso los fuerza y los insulta, consideren que él mismo testifica contra sí mismo no haber nacido de aquel. Pues los que son hijos por naturaleza, aunque discrepen con sus padres en vida, sin embargo, al morir ellos, los alaban; pero los que son considerados hijos, pero no lo son por naturaleza de ellos, discrepan fácilmente con ellos en vida, y no se preocupan en absoluto al blasfemar sobre ellos cuando están muertos.
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Aparte de esto, consideren qué extraño es si este insulta al padre como si hubiera pecado contra él, habiéndose convertido en ciudadano vuestro por los pecados de aquel. Y yo, habiendo sido privado de las dos terceras partes de la fortuna por causa de la madre de estos, sin embargo, me avergüenzo ante ustedes de decir algo malo sobre ella;
49
pero este, a quien obligó a ser su padre, no se avergüenza de criticarlo ante ustedes, sino que ha llegado a tal punto de ignorancia que, prohibiendo las leyes incluso no hablar mal de los padres de los demás cuando están muertos, este insultará a aquel de quien dice ser hijo, a quien correspondía indignarse si alguien más blasfemaba sobre él.
50
Y creo, señores jueces, que cuando le falten otras cosas, intentará hablar mal de mí e intentará calumniarme, exponiendo que yo fui criado, educado y me casé en la casa de mi padre, mientras que él no participó de nada de esto. Ustedes consideren que mi madre murió dejándome niño, de modo que me bastaba con el interés de la dote para ser criado y educado;
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pero la madre de estos, Plangón, criando consigo a estos y a muchas esclavas y viviendo ella misma lujosamente, y teniendo para esto a mi padre como su proveedor por el deseo y obligándolo a gastar mucho, no gastó, supongo, lo mismo de la fortuna de aquel que yo, de modo que corresponde mucho más que yo reclame a estos que él tener reclamaciones por parte de estos.
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Quien, además de otras cosas, tras pedir prestadas veinte minas junto con mi padre a Blepeo el banquero para una compra de minas, cuando mi padre murió, repartí las minas con estos, pero el préstamo lo pagué yo mismo, y otras mil para el entierro de mi padre, tras pedirlas prestadas a Lisístrato de Torico, las he pagado en privado. Que también digo verdad en esto, lo sabrán por estos testimonios. TESTIMONIOS.
53
Tanto, pues, siendo yo perjudicado manifiestamente,¿ este ahora, lamentándose y sufriendo gravemente, me privará de la dote de mi madre? Pero ustedes, señores jueces, por Zeus y los dioses, no se dejen aturdir por los gritos de este; pues es un hombre mucho, mucho y audaz, y tan malhechor que, sobre lo que no pueda presentar testimonios, dirá que ustedes lo saben, señores jueces, lo que hacen todos los que no dicen nada sano.
54
Ustedes, pues, si trama algo así, no se lo permitan, sino refútenlo, y lo que cada uno de ustedes no sepa, que ni siquiera crea que el vecino lo sabe, sino exijan que este demuestre claramente sobre lo que diga, y no que, diciendo que ustedes lo saben, sobre lo que él mismo no tendrá nada justo que decir, huya de la verdad, puesto que también yo, señores jueces, sabiendo todos ustedes de qué manera mi padre, obligado, los reconoció, no menos litigo ahora contra ellos y he presentado testigos sujetos a demanda.
55
Y sin embargo, el peligro no es igual para nosotros, sino que para mí, si ustedes ahora son engañados por estos, no será posible litigar más sobre la dote; para estos, si dicen que el árbitro falló injustamente en mi favor en las demandas, también entonces era posible apelar ante ustedes y ahora será posible de nuevo, si quieren, obtener de mí lo justo ante ustedes.
56
Y yo, si, lo que no suceda, ustedes me abandonan, no tendré de dónde aportar la dote para mi hija, de la cual soy padre por naturaleza, pero si vieran su edad, no pensarían que es mi hija sino mi hermana; estos, en cambio, si ustedes me ayudan, no pagarán nada de lo suyo, sino que de la casa me devolverán lo mío, que dejamos aparte todos en común para el pago de la dote, y estos siguen viviendo en ella solos.
57
Pues ni me conviene, teniendo una hija en edad de casarse, vivir con tales personas, que no solo viven ellos mismos licenciosamente, sino que también introducen en la casa a otros muchos iguales a ellos, ni, por Zeus, considero seguro vivir con estos en el mismo lugar; pues donde tan manifiestamente conspiraron contra mí y prepararon un juicio ante el Areópago,¿ de qué, ya sea envenenamiento u otra maldad semejante, les parece a ustedes que se abstendrían?
58
Quienes, además de otras cosas( pues hace poco recordé también esto), han llegado a tal exceso de audacia que incluso presentaron un testimonio de Critón, como si hubiera comprado la tercera parte de la casa a mí; que, al ser falso, lo sabrán fácilmente. Primero, porque Critón no vive tan moderadamente como para comprar una casa a otro, sino tan lujosa y disolutamente como para gastar, además de lo suyo, lo de los demás; después, no testifica ahora a favor de este, sino que litiga contra mí; pues¿ quién de ustedes no sabe que testigos son aquellos que no participan del asunto sobre el que es el juicio, y contrademandantes los que comparten los asuntos sobre los que alguien litiga contra ellos? Lo que le ha sucedido a Critón.
59
Además, siendo tantos ustedes, señores jueces, y otros muchos atenienses, nadie más ha testificado haber estado presente, sino Timócrates solo, como si fuera desde una máquina, testifica que mi padre celebró el banquete de décimo día en su honor, siendo de la misma edad que el que ahora evita el juicio, y dice saberlo todo simplemente, lo que le conviene a estos, y testifica ahora solo haber estado presente ante Critón, cuando compraba la casa a mí.¿ Quién de ustedes creería esto? Sobre todo porque no estoy litigando ahora sobre la casa, si Critón la compró o no, sino sobre la dote, que, al haberla aportado mi madre, las leyes ordenan que yo la recupere.
60
De modo que, tal como les demostré tanto por muchos testigos como por pruebas, que mi madre aportó un talento como dote, y que yo no recuperé esto de la fortuna paterna, y que la casa quedó aparte para nosotros para esto, así ordenen también a este que les demuestre, o que no digo verdad, o que no me corresponde recuperar la dote; pues sobre esto emitirán ustedes ahora su voto.
61
Y si, no teniendo sobre lo que evita el juicio ni testigos dignos de crédito que presentar ni ninguna otra cosa fiable, interpone otros argumentos haciendo el mal, y grita y se lamenta sin decir nada sobre el asunto, por Zeus y los dioses, no se lo permitan, sino ayúdenme con lo justo, considerando, de todo lo dicho, que es mucho más justo que voten que la dote de mi madre sea para el casamiento de mi hija, que permitir que Plangón y estos, además de otras cosas, nos arrebaten también la casa que quedó aparte para la dote contra toda justicia.

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