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Against Conon
DemosthenesCono 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Habiendo sido ultrajado, señores jueces, y habiendo sufrido a manos de este Conón tales cosas que, durante mucho tiempo, ni mis familiares ni ninguno de los médicos esperaba que yo sobreviviera, una vez curado y salvado contra toda expectativa, le interpuse esta demanda por lesiones. Aunque todos mis amigos y familiares a quienes consulté afirmaban que él era responsable, por lo ocurrido, tanto de la detención propia de los ladrones de ropa como de las querellas por ultraje, y me aconsejaban y exhortaban a no provocar asuntos mayores de los que pudiera soportar, ni a parecer que reclamaba por lo que había sufrido más allá de lo que mi edad permitía, así lo hice y, por ellos, interpuse una demanda privada, aunque, señores atenienses, con mucho gusto habría juzgado a este hombre merecedor de la muerte.
2
Y sé bien que todos ustedes me perdonarán esto una vez que escuchen lo que he sufrido; pues, siendo grave el ultraje que ocurrió entonces, no es menor la insolencia posterior de este individuo. Les pido y suplico a todos ustedes por igual, primero, que me escuchen con benevolencia mientras hablo de lo que he padecido y, después, si les parece que he sido injuriado y que se ha violado la ley, que me ayuden a obtener justicia. Relataré ante ustedes desde el principio cómo ha sucedido cada cosa, de la manera más breve que me sea posible.
3
Hace tres años salí hacia Panacto cuando se nos ordenó el servicio de guarnición. Los hijos de este Conón acamparon cerca de nosotros, como yo no habría deseado; pues la enemistad desde el principio y los roces nos vinieron de allí; y escucharán de dónde. Estos bebían cada día, tan pronto como terminaban de almorzar, y esto continuaron haciéndolo mientras estuvimos en la guarnición. Nosotros, en cambio, vivíamos fuera tal como estábamos acostumbrados a hacerlo aquí.
4
A la hora en que a los demás les correspondía cenar, estos ya empezaban a embriagarse, la mayor parte de las veces contra nuestros criados, y finalmente también contra nosotros mismos. Pues, alegando que nuestros criados, al preparar la comida, los ahumaban o hablaban mal de ellos, lo que se les ocurriera, los golpeaban, derramaban los orinales y orinaban sobre ellos, y no dejaban de cometer ninguna clase de insolencia y ultraje. Al ver esto y sentirnos molestos, al principio los enviamos lejos, pero como se burlaban de nosotros y no cesaban, todos los compañeros de mesa nos acercamos juntos al estratego y le contamos el asunto, no yo solo al margen de los demás.
5
Después de que aquel los reprendiera y los insultara no solo por lo que hacían contra nosotros, sino también por lo que hacían en general en el campamento, estuvieron tan lejos de detenerse o avergonzarse que, apenas oscureció, irrumpieron inmediatamente contra nosotros esa misma tarde, y al principio nos insultaban, pero finalmente me propinaron golpes, y armaron tal griterío y alboroto alrededor de la tienda que vinieron tanto el estratego como los taxiarcos y algunos de los otros soldados, quienes impidieron que sufriéramos algo irreparable o que nosotros mismos hiciéramos algo al ser provocados por estos individuos.
6
Cuando el asunto llegó a este punto, al regresar aquí, hubo entre nosotros, como es natural, ira y enemistad mutua. Por los dioses, sin embargo, yo no creía que debiera ni interponer una demanda contra ellos ni hablar de lo sucedido, sino que había decidido simplemente, en adelante, ser precavido y guardarme de no acercarme a tales personas. Por tanto, primero quiero presentar los testimonios de lo que he dicho y, después de esto, mostrar lo que he sufrido a manos de este mismo individuo, para que sepan que aquel a quien correspondía reprender a los que cometieron la primera falta, él mismo ha cometido actos mucho más graves.
7
Esto es, pues, sobre lo que yo pensaba que no debía hablar. Pero no mucho tiempo después, mientras paseaba por la tarde en el ágora, como solía hacer, con Fanóstrato de Cefisia, uno de mis coetáneos, pasa Ctesias, el hijo de este, borracho, cerca del Leocorion, próximo a la casa de Pitodoro. Al vernos y gritar, y hablar algo consigo mismo como lo haría un borracho, de modo que no se entendía lo que decía, pasó hacia Melite, más arriba. Resulta que bebían allí( pues esto lo supimos después) en casa de Pánfilo el batanero este Conón, un tal Teotimo, Arquebíades, Espíntaro, hijo de Eubulo, Teógenes, hijo de Andrómenes, y muchos otros, a quienes Ctesias levantó y se dirigió al ágora.
8
Y nos sucede que, al regresar del Ferrefacio y pasear de nuevo, estábamos casi en el mismo Leocorion y nos encontramos con ellos. Al mezclarnos, uno de ellos, un desconocido, se abalanza sobre Fanóstrato y lo retiene, mientras que este Conón, su hijo y el hijo de Andrómenes se abalanzaron sobre mí, primero me desnudaron, luego, haciéndome una zancadilla y arrojándome al fango, me trataron de tal manera, saltando sobre mí y ultrajándome, que me partieron el labio y me cerraron los ojos; y me dejaron en tan mal estado que no podía ni levantarme ni hablar. Y, mientras yacía, los oía decir muchas cosas terribles.
9
Y las demás cosas contienen cierta blasfemia y dudaría en mencionar algunas ante ustedes, pero les diré lo que es señal y prueba del ultraje de este hombre y de que todo el asunto ha sido causado por él: cantaba imitando a los gallos que han vencido, y los otros le pedían que aplaudiera con los codos contra sus costados en lugar de con las alas. Y después de esto, fui llevado por los que pasaban por allí, desnudo, y ellos se fueron llevándose mi manto. Al llegar a la puerta, hubo gritos y llantos de mi madre y de las criadas, y apenas me llevaron a un baño, me lavaron y me mostraron a los médicos. Por tanto, para que sepan que digo la verdad, les presentaré a los testigos de esto.
10
Sucedió, pues, señores jueces, que también este Euxiteo de Colido, que es pariente nuestro, y Midias, que venían con él de cenar de algún lugar, se encontraron conmigo cuando ya estaba cerca de mi casa, y me acompañaron mientras me llevaban al baño, y estuvieron presentes cuando trajeron al médico. Y estaba tan débil que, para no ser llevado lejos a casa desde el baño, a los presentes les pareció bien llevarme a casa de Midias esa noche, y así lo hicieron. Toma, pues, también los testimonios de estos, para que sepan que muchos saben que fui ultrajado por ellos. Toma también el testimonio del médico.
11
En aquel momento, pues, inmediatamente después de los golpes que recibí y del ultraje, quedé en tal estado como escuchan y como ha sido testificado ante ustedes por todos los que lo vieron al instante. Después de esto, el médico dijo que no temía demasiado las hinchazones en el rostro ni las heridas, pero me sobrevinieron fiebres continuas y dolores, muy fuertes y terribles en todo el cuerpo, pero sobre todo en los costados y en el bajo vientre, y estaba privado de alimentos.
12
Y, como dijo el médico, si no me hubiera ocurrido una evacuación de sangre espontánea y muy abundante cuando estaba lleno de dolor y ya desesperado, habría muerto al formarse pus; pero ahora esto me salvó, al salir la sangre. Por tanto, para que sepan que también esto es verdad, y que me sobrevino tal enfermedad de la que llegué al extremo, a causa de los golpes que recibí de ellos, lee el testimonio del médico y el de los que me atendieron.
13
Que, por tanto, no recibí unos golpes moderados y sin importancia, sino que llegué al extremo debido al ultraje y la insolencia de estos, y que he interpuesto una demanda mucho menor de la que corresponde, creo que les ha quedado claro por muchas razones. Y creo que algunos de ustedes se preguntan qué será lo que Conón se atreverá a decir ante esto. Quiero, pues, decirles de antemano lo que he sabido que se ha preparado para decir, que intentará llevar el asunto del ultraje y de lo ocurrido a la risa y a las burlas,
14
y dirá que hay en la ciudad muchos hijos de hombres nobles y buenos que, jugando como hacen los jóvenes, se han puesto apodos entre ellos, y llaman a unos' itifalos' y a otros' autolécitos', y que algunos de ellos aman a ciertas cortesanas, y que, en efecto, su propio hijo es uno de ellos, y que a menudo han recibido y dado golpes por cortesanas, y que esto es propio de hombres jóvenes. Y a todos nosotros, los hermanos, nos presentará como unos borrachos y ultrajadores, y como hombres insensatos y amargados.
15
Yo, señores jueces, habiendo llevado con dificultad lo que he sufrido, no menos me indignaría y consideraría ultrajado, si es posible decirlo, si este Conón parece decir la verdad sobre nosotros, y si hay tal ignorancia entre ustedes que, según lo que cada uno diga de sí mismo o lo que el vecino le acuse, así será considerado, y no habrá ningún beneficio para los hombres moderados por su vida cotidiana y sus costumbres.
16
Pues nosotros no hemos sido vistos por nadie ni emborrachándonos ni ultrajando, ni consideramos que hacemos nada insensato si exigimos obtener justicia conforme a las leyes por lo que hemos sido injuriados. Pero concedemos a los hijos de este ser' itifalos' y' autolécitos', y yo mismo ruego a los dioses que esto y todas las cosas semejantes recaigan sobre Conón y sus hijos.
17
Pues estos son los que se inician mutuamente en el' itifalo', y hacen tales cosas que causan mucha vergüenza incluso decirlas, y mucho menos que las hagan hombres moderados. Pero,¿ qué tiene que ver esto conmigo? Pues me pregunto si existe entre ustedes algún pretexto o excusa inventada por la cual, si alguien es sorprendido ultrajando y golpeando, no pagará la pena. Pues las leyes previeron mucho lo contrario y las excusas necesarias, para que no se vuelvan mayores, por ejemplo( pues me ha sido necesario buscar y preguntar esto por causa de este hombre) existen las demandas por difamación;
18
dicen, pues, que estas existen para que, al ser insultados, no se sientan impulsados a golpearse unos a otros. De nuevo, existen las de lesiones; y escucho que estas demandas existen para que nadie, cuando sea más débil, se defienda con una piedra ni con nada semejante, sino que espere la justicia que proviene de la ley. De nuevo, existen las querellas por heridas, para que no ocurran homicidios cuando alguien es herido.
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Lo más trivial, creo, lo de la difamación, ha sido previsto antes de lo último y más terrible, para que no ocurra un homicidio, ni se llegue poco a poco de la difamación a los golpes, de los golpes a las heridas, y de las heridas a la muerte, sino que en las leyes esté la justicia para cada una de estas cosas, y que esto no sea juzgado por la ira o la voluntad del primero que pase.
20
Entonces, en las leyes es así; pero si Conón dice que somos unos' itifalos' reunidos, y que amando golpeamos y ahorcamos a quienes nos parece,¿ entonces ustedes, riendo, los dejarán ir? No lo creo. Pues no les habría entrado risa a ninguno de ustedes si hubieran estado presentes cuando yo era arrastrado, desnudado y ultrajado, y cuando, habiendo salido sano, llegué a casa en parihuelas, y después de esto mi madre salió corriendo, y hubo tal griterío y llanto de las mujeres en nuestra casa como si alguien hubiera muerto, que algunos de los vecinos enviaron a preguntarnos qué es lo que había sucedido.
21
En general, señores jueces, es justo que no exista para nadie, supongo, ninguna excusa ni impunidad ante ustedes, por la cual sea lícito ultrajar; pero si acaso existe para alguien, para aquellos que hacen tales cosas por su edad, a ellos les corresponde reservar tales refugios, y aun a ellos no para no pagar la pena, sino para que sea menor de la que corresponde.
22
Pero quien tiene más de cincuenta años, y estando presente ante hombres más jóvenes y, además, sus hijos, no solo no los disuadió ni los detuvo, sino que él mismo ha sido el guía, el primero y el más repugnante de todos,¿ qué pena podría pagar este que sea digna de lo que ha hecho? Pues yo creo que ni siquiera muriendo. Pues incluso si él mismo no hubiera hecho nada de lo que se ha hecho, sino que, estando él presente, Ctesias, su hijo, hubiera aparecido haciendo lo mismo que ahora, este sería odiado justamente.
23
Pues si ha educado a sus propios hijos de tal manera que, cometiendo faltas ante él, y siendo estas cosas por las que para algunos la pena es la muerte, no teman ni se avergüencen,¿ qué creen que le ocurriría a él razonablemente? Pues yo creo que estas son señales de que ni siquiera este respeta a su propio padre; pues si él mismo honrara y temiera a aquel, también consideraría que estos deben respetarlo a él.
24
Toma, pues, para mí también las leyes, tanto la del ultraje como la de los ladrones de ropa; pues verán que este Conón es responsable de ambas. Lee. LEYES. Conforme a ambas leyes, por lo que ha hecho, este Conón es responsable; pues ultrajó y robó ropa. Y si nosotros no elegimos interponer la demanda conforme a estas, nosotros pareceríamos razonablemente tranquilos y moderados, pero él, igualmente malvado.
25
Y, ciertamente, si me hubiera ocurrido morir, habría sido responsable de homicidio y de los crímenes más terribles. Al menos, al padre de la sacerdotisa de Braurón, la Boulé del Areópago lo desterró justamente, aunque se admitió que no tocó al que murió, porque exhortó al que golpeaba a que golpeara; pues si los presentes, en lugar de impedir a los que intentan cometer faltas por vino, por ira o por cualquier otra causa, ellos mismos los incitan, no hay ninguna esperanza de salvación para el que se topa con los insolentes, sino que, hasta que se cansen, estará expuesto a ser ultrajado; que es lo que me sucedió a mí.
26
Quiero decirles ante ustedes lo que hacían cuando se celebraba el arbitraje; pues también por esto verán su insolencia. Pues hicieron la hora fuera de la medianoche, sin querer leer los testimonios ni dar copias, y a los que estaban presentes con nosotros los llevaban uno a uno ante la piedra y los hacían jurar, y escribían testimonios que no tenían nada que ver con el asunto, sino que él tenía un hijo de una cortesana y que este había sufrido tal y tal cosa, cosas que, por los dioses, señores jueces, no hubo nadie de los presentes que no reprobara y odiara, y finalmente ellos mismos se reprobaban a sí mismos.
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Y cuando finalmente se cansaron y se hartaron de hacer esto, me desafiaron, para dilatar y para que no se sellaran las urnas, a entregar a los criados para ser torturados por los golpes, habiendo escrito sus nombres. Y ahora creo que la mayor parte de sus argumentos será sobre esto. Pero yo creo que todos ustedes deben considerar esto: que ellos, si se desafiaran por el hecho de que se realizara la tortura y confiaran en esta justicia, no habrían desafiado cuando el arbitraje ya estaba a punto de dictarse, de noche, sin quedar ninguna excusa,
28
sino que primero, antes de que se interpusiera la demanda, cuando yo estaba postrado enfermo y sin saber si sobreviviría, ante todos los que entraban, señalaba a este como el primero que me golpeó y el que había cometido la mayor parte de las cosas por las que fui ultrajado, entonces habría venido inmediatamente con muchos testigos a la casa, entonces habría entregado a los criados y habría llamado a algunos de los del Areópago; pues si yo hubiera muerto, ante ellos habría estado el juicio.
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Y si acaso ignoraba esto, y teniendo esta justicia, como ahora dirá, no se preparó ante tal peligro, puesto que, una vez levantado, lo cité, en la primera reunión ante el árbitro habría aparecido entregándolos; de lo cual nada ha hecho este hombre. Y que digo la verdad y que el desafío era para dilatar, lee este testimonio; pues de él quedará claro. TESTIMONIO.
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Sobre la tortura, pues, recuerden esto, la hora en que desafiaba, las razones por las que hacía esto para dilatar, los primeros tiempos, en los que no aparece en ninguna parte que haya querido que esta justicia se realizara para él, ni desafiando, ni exigiendo. Puesto que, pues, se probaban todas las mismas cosas que ahora, ante el árbitro, y se mostraba claramente ante todos que era responsable de lo que se le acusaba,
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presenta un testimonio falso y hace inscribir como testigos a hombres que creo que ustedes tampoco ignorarán si los escuchan: Diotimo, hijo de Diotimo, de Icaria; Arquebíades, hijo de Demóteles, de Halai; Queretio, hijo de Querímenes, de Piteo, testifican que regresaban de cenar con Conón, y que se acercaron en el ágora a Aristón y al hijo de Conón que se estaban peleando,
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y que Conón no golpeó a Aristón, esperando que ustedes les crean inmediatamente, y no razonando la verdad, que, primero, nunca ni Lisístrato, ni Paseas, ni Nicérato, ni Diodoro, quienes han testificado explícitamente que me vieron siendo golpeado por Conón y siendo desnudado de mi manto y siendo ultrajado en todo lo demás que sufría, siendo desconocidos y habiendo estado presentes en el asunto por casualidad, habrían querido testificar falsamente si no hubieran visto que sufría estas cosas; después, yo mismo nunca, sin haber sufrido esto a manos de este, habiendo dejado a los que incluso por ellos mismos se admite que me golpeaban, habría elegido presentarme primero contra el que ni siquiera me tocó.
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Pues,¿ por qué lo haría? Sino que, por aquel por quien fui golpeado primero y más ultrajado, contra ese me querello, lo odio y lo persigo. Y todo lo que viene de mí es así de verdadero y evidente; pero para este, al no presentar a estos testigos, supongo que no había argumento, sino que el haber sido condenado al instante, en silencio, era lo que procedía. Pero siendo sus compañeros de bebida y cómplices de muchas tales acciones, razonablemente han testificado falsamente. Y si el asunto va a ser así, si una vez que algunos se vuelven desvergonzados y se atreven a testificar falsamente de manera evidente, y no hay beneficio de la verdad, será un asunto terrible.
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Pero, por Zeus, no son tales. Pero conocen, como yo creo, muchos de ustedes tanto a Diotimo como a Arquebíades y a este Queretio de cabellos canosos, quienes durante el día se muestran sombríos y dicen ser laconizantes y llevan mantos sencillos y calzan sandalias simples, pero cuando se reúnen y están unos con otros, no les falta ninguna maldad ni vileza.
35
Y estas son sus cosas brillantes y juveniles; pues,¿ no nos testificaremos unos a otros?¿ No es esto propio de compañeros y amigos?¿ Y qué es lo terrible de lo que presentará contra ti?¿ Dicen algunos que me vieron siendo golpeado? Nosotros testificaremos que ni siquiera me tocaron en absoluto.¿ Que me desnudaron el manto? Nosotros testificaremos que ellos hicieron eso primero.¿ Que el labio estaba cosido? Nosotros diremos que la cabeza o alguna otra cosa estaba rota.
36
Pero también presento testigos médicos. Esto no es posible, señores jueces, con estos; pues todo lo que no sea por ellos mismos, no tendrán ningún testigo a su favor contra nosotros. Y la prontitud que viene de ellos, por los dioses, no podría ni decir cuán grande y de qué clase es para hacer cualquier cosa. Para que sepan qué clase de cosas hacen mientras andan por ahí, lee estas testimonios para ellos, y tú, retén el agua. TESTIMONIOS.
37
Entonces, perforando muros y golpeando a los que se encuentran,¿ les parece que dudarían en testificar falsamente unos a otros en una tablilla los que han compartido tal y tal enemistad, maldad, desvergüenza y ultraje? Pues todo esto me parece que está en las cosas hechas por estos. Y, sin embargo, también de estas cosas han hecho otras peores, pero nosotros no podríamos encontrar a todos los que han sido injuriados.
38
Lo que, pues, escucho que va a hacer, que es lo más desvergonzado de todo, creo que es mejor decirles de antemano. Pues dicen que, habiendo puesto a sus hijos a su lado, jurará contra ellos, y lanzará algunas maldiciones terribles y graves, y tales que alguien, al escucharlas, se maravilló y nos las contó. Son, señores jueces, tales audacias irresistibles; pues creo que los mejores y los que menos mentirían ellos mismos son los que más son engañados por tales cosas; sin embargo, hay que creer mirando la vida y el carácter.
39
Y les diré a ustedes su desprecio por tales cosas; pues lo he sabido por necesidad. Pues escucho, señores jueces, que un tal Baquio, que murió entre ustedes, y Aristócrates, el que tiene los ojos destruidos, y otros tales, y este Conón, eran compañeros cuando eran jóvenes y tenían el apodo de' Tribalos'; que estos devoraban las ofrendas de Hécate, y los testículos de los cerdos con los que purifican cuando están a punto de entrar, recogiéndolos cada vez, cenaban juntos, y que jurar y perjurar les era más fácil que cualquier otra cosa.
40
No es, pues, Conón, siendo tal, digno de confianza al jurar, ni mucho menos, sino que aquel que ni siquiera juraría voluntariamente nada que no fuera cierto, y que, por sus hijos, a quienes ustedes no consideran que ni siquiera lo pensaría, sino que, incluso habiendo sufrido cualquier cosa antes, si acaso fuera necesario, jurando como es legal, por la perdición de sí mismo, de su linaje y de su casa, es más digno de confianza que el que jura por sus hijos y por el fuego. Yo, pues, que sería creído más justamente que tú en todo, Conón, he querido jurar esto, no para no pagar la pena de lo que he injuriado, haciendo cualquier cosa, como tú, sino por la verdad y para no ser ultrajado más, como que no voy a perjurar el asunto. Lee el desafío. DESAFÍO.
41
Esto he querido jurar entonces, y ahora juro por todos los dioses y diosas, por ustedes, señores jueces, y por los que están alrededor, que ciertamente, habiendo sufrido a manos de Conón estas cosas por las que me querello, y habiendo recibido golpes, y habiendo sido cortado el labio de tal manera que incluso fue cosido, y habiendo sido ultrajado, persigo la demanda. Y si juro la verdad, que me ocurran muchos bienes y que nunca más sufra nada semejante, pero si perjuro, que perezca yo mismo y todo lo que tengo o que voy a tener.
42
Pero no perjuro, ni aunque Conón se rompa. Exijo, pues, a ustedes, señores jueces, que, habiendo mostrado yo todo lo que es justo y habiendo añadido fe ante ustedes, tal como cada uno de ustedes, habiendo sufrido, odiaría al que lo hizo, así tengan la ira contra este Conón por mí, y no consideren que nada de tales cosas es privado, que podría sucederle a otro, sino que, a quienquiera que le suceda, ayuden y den la justicia, y odien a los que antes de las faltas son audaces y precipitados, pero al pagar la pena son desvergonzados, malvados y no se preocupan ni de la reputación, ni de la costumbre, ni de nada más para no pagar la pena.
43
Pero Conón suplicará y llorará. Consideren, pues, quién es más digno de lástima,¿ el que ha sufrido lo que yo he sufrido a manos de este, si me voy habiendo sido ultrajado más y sin obtener justicia, o Conón, si paga la pena?¿ Y qué les conviene a cada uno de ustedes, que sea lícito golpear y ultrajar o no? Yo creo que no. Por tanto, si los dejan ir, habrá muchos, pero si los castigan, menos.
44
Tendría mucho que decir, señores jueces, tanto sobre cuán útiles somos, nosotros y mi padre mientras vivió, trierarquizando, sirviendo en el ejército y haciendo lo que se nos ordenaba, y cómo ni este ni ninguno de los suyos lo es; pero ni el agua es suficiente ni ahora el argumento es sobre esto. Pues si, admitidamente, sucediera que somos aún más inútiles y malvados que estos, no debemos ser golpeados ni ultrajados, supongo. No sé qué más decir; pues creo que ustedes no ignoran nada de lo dicho.

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