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Against Dionysodorus
DemosthenesDion 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Soy copartícipe de este préstamo, señores jueces. Nos sucede a quienes hemos elegido dedicarnos al comercio marítimo y confiamos nuestros bienes a otros, saber claramente que el prestatario nos lleva ventaja en todo. Pues, tras recibir dinero contante y sonante, deja constancia de su compromiso de actuar con justicia en un documento comprado por dos calcos y en un pequeño papiro. Nosotros, en cambio, no decimos que vamos a dar el dinero, sino que se lo entregamos al prestatario de inmediato.
2
¿ En qué confiamos, pues, y qué garantía recibimos al desprendernos de nuestro dinero? En ustedes, señores jueces, y en sus leyes, que ordenan que todo lo que uno acuerde voluntariamente con otro sea vinculante. Pero me parece que ni las leyes ni ningún contrato sirven de nada si quien recibe el dinero no es una persona íntegra y, o bien les teme a ustedes, o bien siente vergüenza ante quien le prestó.
3
Dionisodoro, aquí presente, no posee ninguna de estas dos cualidades; al contrario, ha llegado a tal grado de audacia que, tras pedirnos prestadas tres mil dracmas para su nave con la condición de que la trajera a Atenas, y debiendo nosotros haber recuperado el dinero la temporada pasada, llevó la nave a Rodas, descargó allí la mercancía y la vendió contraviniendo el contrato y sus leyes, y desde Rodas envió de nuevo la nave a Egipto y de allí a Rodas, mientras que a nosotros, que le prestamos el dinero en Atenas, ni siquiera ahora nos devuelve el dinero ni pone la garantía a nuestra disposición.
4
Sino que, disfrutando de lo nuestro por segundo año, y teniendo tanto el préstamo como el negocio y la nave que nos sirve de garantía, ha comparecido ante ustedes, claramente con la intención de perjudicarnos con la epobelia y de hacernos caer en la cárcel, además de privarnos de nuestro dinero. Por tanto, señores atenienses, les pedimos y suplicamos a todos por igual que nos ayuden si consideran que estamos siendo víctimas de una injusticia. Deseo exponerles primero el inicio del contrato; pues así ustedes podrán seguir el caso con mayor facilidad.
5
Pues este Dionisodoro, señores atenienses, y su socio Parmenisco, se acercaron a nosotros el mes de Metagitnión del año pasado y dijeron que querían pedir un préstamo sobre la nave, con la condición de navegar a Egipto y de Egipto a Rodas o a Atenas, habiendo acordado los intereses para cada uno de estos puertos.
6
Al responderles nosotros, señores jueces, que no prestaríamos para ningún otro puerto que no fuera Atenas, aceptaron navegar hacia aquí, y bajo estos acuerdos nos pidieron prestadas tres mil dracmas sobre la nave para un viaje de ida y vuelta, y redactaron un contrato sobre esto. En el contrato, el prestamista que figuraba era Pánfilo, aquí presente; yo participaba con él en el préstamo desde fuera. Y primero les leerá el contrato mismo. CONTRATO.
7
Según este contrato, señores jueces, tras recibir de nosotros el dinero, este Dionisodoro y su socio Parmenisco enviaron la nave a Egipto desde aquí. Parmenisco iba a bordo de la nave, mientras que este se quedó aquí. Pues eran, señores jueces, para que no ignoren esto tampoco, servidores y cómplices de Cleómenes, el que gobernó en Egipto, quien desde que asumió el poder causó no pocos males a su ciudad, o mejor dicho, también a los demás griegos, acaparando y manipulando los precios del grano, tanto él como estos junto con él.
8
Pues unos enviaban el dinero desde Egipto, otros navegaban con las mercancías y otros, quedándose aquí, gestionaban lo que se enviaba; luego, según los precios establecidos, los que estaban aquí enviaban cartas a los que estaban fuera, para que si el grano estaba caro entre ustedes, lo trajeran aquí, y si se volvía más barato, navegaran a otro puerto. De donde, señores jueces, no en menor medida se manipularon los precios del grano a causa de tales cartas y complicidades.
9
Cuando estos enviaron la nave desde aquí, dejaron el grano a un precio razonablemente alto; por eso aceptaron escribir en el contrato que navegarían a Atenas y a ningún otro puerto. Pero después de esto, señores jueces, cuando se produjo la llegada de barcos desde Sicilia y los precios del grano empezaron a bajar, y la nave de estos había zarpado hacia Egipto, este envió inmediatamente a alguien a Rodas para informar a su socio Parmenisco de la situación aquí, sabiendo con exactitud que sería necesario que la nave hiciera escala en Rodas.
10
En fin, tras recibir Parmenisco, el socio de este, las cartas enviadas por él, y tras enterarse de los precios del grano establecidos aquí, descarga el grano en Rodas y lo vende allí, despreciando el contrato, señores jueces, y las penalizaciones que ellos mismos estipularon contra sí mismos en caso de incumplimiento, y despreciando sus leyes, que ordenan a los capitanes y a los pasajeros navegar al puerto que acuerden, y si no, quedar sujetos a las mayores penas.
11
Y nosotros, en cuanto nos enteramos de lo sucedido, consternados por el asunto, nos acercamos a este arquitecto de toda la intriga, indignados, como es natural, y reclamando que, habiendo estipulado expresamente en el contrato que la nave no navegaría a ningún otro lugar que no fuera Atenas, y habiendo prestado el dinero bajo estos acuerdos, nos ha dejado bajo sospecha ante quienes querían acusarnos y decir que nosotros también habíamos participado en el transporte de grano a Rodas, mientras que ellos no tienen ninguna intención de traer la nave a su puerto, al que se comprometieron.
12
Como no lográbamos nada discutiendo sobre el contrato y los derechos, sino que exigíamos recuperar el préstamo y los intereses acordados desde el principio, este nos trató de forma tan insolente que dijo que no pagaría los intereses escritos en el contrato; pero si querían, dijo, recuperar la parte proporcional del viaje realizado, les daré, dice, los intereses hasta Rodas; pero no daría más, legislando él mismo para sí y no obedeciendo a los derechos del contrato.
13
Como dijimos que no aceptaríamos nada de esto, razonando que, al hacer esto, admitiríamos nosotros mismos haber transportado grano a Rodas, este insistió aún más y, tras buscar muchos testigos, se acercó diciendo que estaba dispuesto a devolver el préstamo y los intereses hasta Rodas, sin tener la intención de devolver nada, señores jueces, sino suponiendo que nosotros no querríamos aceptar el dinero debido a las razones subyacentes. Y el hecho mismo lo demostró.
14
Pues cuando, señores atenienses, algunos de sus ciudadanos, al presentarse por casualidad, nos aconsejaron aceptar lo que se ofrecía y litigar sobre lo que se disputaba, y no aceptar los intereses hasta Rodas hasta que se dictara sentencia, nosotros aceptamos esto, no por ignorar, señores jueces, el derecho derivado del contrato, sino por considerar que debíamos ceder algo y aceptar para no parecer litigiosos; pero este, al vernos dispuestos a llegar a un acuerdo, dice: entonces, anulen el contrato.
15
¿ Que nosotros lo anulemos? De ninguna manera; pero respecto al dinero que devuelvas, aceptaremos ante el banquero invalidar el contrato; sin embargo, no anularíamos el total hasta que se dicte sentencia sobre lo que se disputa. Pues,¿ qué derecho o qué fuerza tendríamos para litigar si, al anular el contrato, perdiéramos la ayuda que tenemos para defender nuestros derechos, ya sea que tengamos que ir ante un árbitro o ante un tribunal?
16
Mientras decíamos esto, señores jueces, y exigíamos a este Dionisodoro que no tocara el contrato ni invalidara el que ellos mismos reconocían como vinculante, y que nos devolviera el dinero que él mismo admite, y que sobre lo que se disputa estuviéramos dispuestos a ser juzgados, ya sea que quisieran ante uno o ante varios de los del emporio, Dionisodoro dijo que no atendería a nada de esto, sino que, como no anulábamos el contrato por completo al aceptar lo que él ordenaba, tiene lo nuestro por segundo año y utiliza el dinero.
17
Y lo que es más grave de todo, señores jueces, es que él mismo cobra intereses marítimos a otros con nuestro dinero, sin haber prestado en Atenas ni para Atenas, sino para Rodas y Egipto, mientras que a nosotros, que prestamos para su puerto, no cree que deba hacer nada de lo justo. Y para que vean que digo la verdad, les leerá la citación que le presentamos sobre esto. CITACIÓN.
18
Pues bien, señores jueces, tras haber citado muchas veces a este Dionisodoro y haber expuesto la citación durante muchos días, dijo que éramos completamente ingenuos si suponíamos que él era tan insensato como para ir ante un árbitro, siendo evidente que lo condenaría a pagar el dinero, pudiendo él venir al tribunal trayendo el dinero, y luego, si puede engañarlos a ustedes, irse con lo ajeno, y si no, entonces depositar el dinero, como un hombre que no confía en la justicia, sino que quiere ponerlos a prueba.
19
Ya han escuchado, señores jueces, lo que ha hecho Dionisodoro; y creo que ustedes se estarán maravillando al escuchar desde hace tiempo su audacia, y en qué confiaba para venir aquí. Pues,¿ cómo no es audaz si un hombre, tras pedir prestado dinero del emporio de los atenienses,
20
y haber redactado un contrato expresamente con la condición de que la nave navegara a su puerto, y si no, pagar el doble del dinero, ni ha traído la nave al Pireo ni devuelve el dinero a quienes prestaron, y tras descargar el grano en Rodas lo vendió, y habiendo hecho todo esto,¿ se atreve a mirar a sus rostros?
21
Escuchen lo que dice a esto. Pues dice que la nave, al navegar desde Egipto, se rompió, y que por esto se vio obligado a hacer escala en Rodas y a descargar allí el grano. Y como prueba de esto dice que alquiló barcos desde Rodas y envió aquí parte del dinero. Esta es una parte de su defensa, y la segunda es esta:
22
Pues dice que otros prestamistas le han concedido los intereses hasta Rodas; por tanto, es grave si nosotros no concedemos lo mismo que aquellos. Tercero, además de esto, dice que el contrato le ordena devolver el dinero una vez salvada la nave, y que la nave no se salvó en el Pireo. Escuchen, señores jueces, lo que decimos que es justo sobre cada uno de estos puntos.
23
En primer lugar, cuando dice que la nave se rompió, creo que para todos ustedes es evidente que miente. Pues si esto le hubiera sucedido a la nave, ni se habría salvado en Rodas ni habría sido navegable después. Pero ahora resulta que se salvó en Rodas y fue enviada de nuevo desde allí a Egipto y todavía sigue navegando a todas partes, excepto a Atenas. Y sin embargo,¿ cómo no es absurdo que, cuando sea necesario llevar la nave al emporio de los atenienses, diga que se rompió, y cuando sea necesario descargar el grano en Rodas, entonces la misma nave resulte ser navegable?
24
¿ Por qué, pues, dice, alquilé otros barcos y trasladé la carga y la envié aquí? Porque, señores atenienses, ni él ni su socio eran dueños de todas las mercancías, sino que los pasajeros enviaban sus propios bienes, creo, aquí en otros barcos por necesidad, ya que estos interrumpieron el viaje; sin embargo, de lo que ellos mismos eran dueños, ni siquiera eso enviaron todo aquí, sino seleccionando aquello cuyos precios eran más altos.
25
Pues,¿ por qué, al alquilar otros barcos, como dicen, no trasladaron toda la carga de la nave, sino que dejaron el grano allí en Rodas? Porque, señores jueces, les convenía venderlo allí( pues oían que los precios aquí habían bajado); pero enviaban las otras mercancías hacia ustedes, de las cuales esperaban obtener ganancias. De modo que, cuando hablas del alquiler de los barcos, no presentas una prueba de que la nave se rompió, sino de lo que les convenía a ustedes.
26
Sobre esto, pues, me bastan las cosas dichas; pero sobre los prestamistas, que dicen que han concedido recibir de ellos los intereses hasta Rodas, esto no tiene nada que ver con nosotros. Pues si alguien les ha perdonado algo de lo suyo, no se comete ninguna injusticia ni contra el que dio ni contra el que convenció; pero nosotros no te hemos perdonado nada ni hemos concedido el viaje a Rodas, ni hay nada para nosotros más vinculante que el contrato.
27
¿ Y qué dice este y a dónde ordena realizar el viaje? De Atenas a Egipto y de Egipto a Atenas; si no, ordena pagar el doble del dinero. Si has hecho esto, no cometes ninguna injusticia, pero si no lo has hecho ni has traído la nave a Atenas, te corresponde ser castigado con la penalización del contrato; pues este derecho no lo definió nadie más, sino tú mismo para ti. Demuestra, pues, a los jueces una de dos cosas: o el contrato, que no es vinculante para nosotros, o que no es justo que hagas todo según él.
28
Y si algunos te han perdonado algo y te han concedido los intereses hasta Rodas, convencidos de cualquier manera,¿ por esto no nos cometes ninguna injusticia a nosotros, a quienes has engañado al llevar la nave a Rodas? No lo creo; pues estos no juzgan ahora lo que otros han concedido, sino lo que tú mismo has acordado con nosotros. Puesto que es evidente para todos ustedes que incluso lo relativo a la condonación de los intereses, si es que ocurrió como dicen, ocurrió en beneficio de los prestamistas.
29
Pues los que prestaron a estos desde Egipto el dinero para un viaje de ida a Atenas, cuando llegaron a Rodas y estos llevaron la nave allí, creo que no les importaba nada perdonar los intereses y, tras recuperar el préstamo en Rodas, volver a hacerlo productivo hacia Egipto, sino que les resultaba mucho más rentable esto que volver aquí.
30
Pues allí el viaje siempre es oportuno, y les era posible comerciar dos o tres veces con el mismo dinero; aquí, en cambio, al estar presentes, tenían que pasar el invierno y esperar la temporada. De modo que aquellos prestamistas han ganado más y no han perdonado nada a estos; pero a nosotros no es que se trate de los intereses, sino que ni siquiera podemos recuperar el capital.
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No acepten, pues, que este los engañe y compare lo hecho con los otros prestamistas, sino llévenlo al contrato y a los derechos derivados del contrato. Pues me queda enseñarles esto, y este se aferra a esto mismo, diciendo que el contrato ordena devolver el préstamo una vez salvada la nave.
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Y nosotros decimos que esto debe ser así. Pero me gustaría preguntarte a ti mismo,¿ hablas como si la nave estuviera destruida o como si estuviera salvada? Pues si la nave está destruida y perdida,¿ qué importa sobre los intereses y por qué exiges que recuperemos los intereses hasta Rodas? Pues no nos corresponde recuperar ni los intereses ni el capital. Pero si la nave está a salvo y no está destruida,¿ por qué no nos devuelves el dinero que acordaste?
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¿ De dónde, pues, podrían saber con mayor exactitud, señores atenienses, que la nave está a salvo? Principalmente por el hecho mismo de que la nave está navegando, pero no menos por lo que ellos mismos dicen. Pues exigen que recuperemos tanto el capital como una parte de los intereses, como si la nave estuviera a salvo, pero no hubiera realizado todo el viaje.
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Y observen, señores atenienses, si usamos nosotros los derechos del contrato o ellos, que ni han navegado al emporio acordado, sino a Rodas y Egipto, y, estando la nave a salvo y no destruida, creen que deben obtener una condonación de los intereses habiendo contravenido el contrato, y ellos mismos habiendo ganado mucho dinero con el transporte de grano a Rodas, y teniendo y disfrutando de nuestro dinero por segundo año.
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Y lo más novedoso de todo es lo que sucede; pues devuelven el préstamo original como si la nave estuviera a salvo, pero creen que deben privarnos de los intereses como si estuviera destruida. Y sin embargo,¿ el contrato no dice unas cosas sobre los intereses y otras sobre el préstamo original?
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Sino que los derechos son los mismos para ambos y la ejecución es la misma. Léeme de nuevo el contrato. CONTRATO: De Atenas a Egipto y de Egipto a Atenas. Escuchan, señores atenienses; de Atenas, dice, a Egipto y de Egipto a Atenas. Lee lo demás. CONTRATO: Y una vez salvada la nave en el Pireo
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Señores atenienses, es muy sencillo para ustedes discernir sobre este juicio, y no hacen falta muchas palabras. Que la nave está a salvo y está intacta, es reconocido por ellos mismos( pues no devolverían el préstamo original y una parte de los intereses), pero no ha sido traída al Pireo. Por esto, nosotros, los prestamistas, decimos que estamos siendo víctimas de una injusticia, y por esto litigamos, porque no navegó al emporio acordado.
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Dionisodoro dice que no comete ninguna injusticia precisamente por esto; pues no debe devolver todos los intereses, ya que la nave no navegó al Pireo.¿ Y qué dice el contrato? No, por Zeus, no lo que tú dices, Dionisodoro; sino que si no devuelves el préstamo y los intereses o no presentas las garantías visibles e intactas, o haces cualquier otra cosa contra el contrato, ordena que pagues el doble del dinero. Y léeme esto mismo del contrato. CONTRATO: Y si no presentan las garantías visibles e intactas, o hacen algo contra el contrato, que devuelvan el doble del dinero.
39
¿ Hay algún lugar donde hayas presentado la nave visible, desde que recibiste el dinero de nosotros, admitiendo que es tuya?¿ O has navegado desde ese momento al emporio de los atenienses, diciendo el contrato expresamente que traigas la nave al Pireo y la presentes visible a los prestamistas?
40
Pues también esto, señores atenienses. Observen la exageración. La nave se rompió, como dice este, y por esto la llevó a Rodas. Por tanto, después de esto fue reparada y se volvió navegable.¿ Por qué, pues, excelente hombre, la enviabas a Egipto y a otros emporios, y a Atenas no la has enviado todavía a nosotros, los prestamistas, a quienes el contrato te ordena presentar la nave visible e intacta, y eso que nosotros te lo hemos exigido y citado muchas veces?
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Sino que eres tan valiente, o mejor dicho, desvergonzado, que debiéndonos el doble del dinero según el contrato, no crees que debas devolver ni siquiera los intereses que se generan, sino que ordenas aceptar los de Rodas, como si tu orden debiera ser más vinculante que el contrato, y te atreves a decir que la nave no se salvó en el Pireo; por lo cual merecerías morir a manos de los jueces.
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¿ Por qué más, señores jueces, no se salvó la nave en el Pireo?¿ Por nosotros, que prestamos expresamente para Egipto y para Atenas, o por este y su socio, que, habiendo pedido prestado bajo estos acuerdos, con la condición de navegar a Atenas, llevaron la nave a Rodas? Que hicieron esto voluntariamente y no por necesidad, es evidente por muchas cosas.
43
Pues si realmente lo sucedido fue involuntario y la nave se rompió, después de esto, cuando repararon la nave, no la habrían alquilado para otros emporios, sino que la habrían enviado hacia ustedes, corrigiendo el percance involuntario. Pero ahora, no solo no lo corrigieron, sino que, además de las injusticias iniciales, han cometido otras mucho mayores, y han comparecido litigando como si fuera una burla, como si, si ustedes los condenan, solo tuvieran que devolver el capital y los intereses.
44
Ustedes, pues, señores atenienses, no permitan que estos sigan así, ni dejen que se amarren a dos anclas, de modo que, si tienen éxito, se queden con lo ajeno, y si no pueden engañarlos a ustedes, devuelvan solo lo debido; sino castíguenlos con las penalizaciones del contrato. Pues sería grave que ellos mismos estipularan contra sí mismos el doble de la penalización si incumplen algo del contrato, y que ustedes fueran más indulgentes con ellos, y eso que han sido víctimas de la injusticia no menos que nosotros.
45
Los derechos sobre el asunto son breves y fáciles de recordar. Prestamos a este Dionisodoro y a su socio tres mil dracmas de Atenas a Egipto y de Egipto a Atenas; no hemos recuperado el dinero ni los intereses, sino que tienen lo nuestro y lo usan por segundo año; no han traído la nave a su emporio todavía, ni nos la han presentado visible; y el contrato ordena que, si no presentan la nave visible, paguen el doble del dinero, y que la ejecución sea tanto contra uno como contra ambos.
46
Con estos derechos hemos comparecido ante ustedes, exigiendo recuperar lo nuestro a través de ustedes, ya que no podemos hacerlo de ellos mismos. Este es nuestro argumento. Ellos admiten haber pedido prestado y no haber devuelto, pero discrepan en que no deben pagar los intereses escritos en el contrato, sino los de Rodas, que ni acordaron ni nos convencieron. Si, pues, señores atenienses,
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estuviéramos siendo juzgados en el tribunal de los rodios, quizás ellos tendrían ventaja sobre nosotros, habiendo transportado grano hacia ellos y habiendo navegado con la nave a su emporio; pero ahora, habiendo comparecido ante los atenienses y habiendo acordado navegar a su emporio, no aceptamos ser perjudicados por quienes han cometido una injusticia tanto contra nosotros como contra ustedes.
48
Además de esto, señores atenienses, no ignoren que ahora, al juzgar un solo juicio, legislan sobre todo el emporio, y están presentes muchos de los que han elegido dedicarse al comercio marítimo observándolos, cómo juzgan este asunto. Pues si ustedes consideran que los contratos y los acuerdos hechos entre sí deben ser fuertes y no tendrán ninguna indulgencia con quienes los incumplen, los que se dedican a prestar estarán más dispuestos a desprenderse de lo suyo, y a partir de esto su emporio crecerá.
49
Pero si se permite a los capitanes, tras redactar un contrato con la condición de navegar a Atenas, luego llevar la nave a otros emporios, diciendo que se rompió y buscando tales pretextos como los que usa este Dionisodoro, y dividir los intereses según el viaje que digan haber realizado, y no según el contrato, nada impedirá que todos los contratos se disuelvan.
50
¿ Quién querrá desprenderse de lo suyo, cuando vea que los contratos son inválidos, que tales argumentos son fuertes, y que las causas de los que han cometido injusticias están por encima de la justicia? De ninguna manera, señores jueces; pues esto no conviene ni a su mayoría ni a los que han elegido dedicarse al comercio, quienes son los más útiles tanto para todos ustedes en común como para el individuo que los encuentra. Por eso deben cuidarlos. Yo, pues, he dicho todo lo que he podido; y pido que uno de mis amigos también hable en mi favor. Ven aquí, Demóstenes.

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