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Against Evergus and Mnesibulus
DemosthenesMnes 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Me parece, señores jueces, que las leyes están bien dispuestas al reservar para los juicios por falso testimonio el resto del litigio, a fin de que, si alguien engañó a los jueces presentando testigos que declararon falsedades, o alegando requerimientos que no tuvieron lugar, o testimonios prestados contra la ley, no obtenga ningún beneficio de ello; sino que, tras interponer una querella contra los testimonios, el perjudicado comparezca ante ustedes y, al demostrar que los testigos declararon falsedades sobre el asunto, obtenga justicia de ellos y mantenga al instigador sujeto a juicio por sus malas artes.
2
Y por esta razón, establecieron penas menores para el demandante en caso de ser derrotado, para que los perjudicados no se abstengan de demandar a los testigos de falso testimonio debido a la cantidad de procesos, mientras que para el demandado impusieron grandes castigos si es condenado y ustedes consideran que ha declarado falsedades.
3
Justamente, señores jueces. Pues ustedes, al mirar a los testigos y confiar en lo que estos declaren, emiten su voto; por tanto, para que ni ustedes sean engañados ni los que comparecen ante ustedes sean perjudicados, el legislador los hizo sujetos a juicio. Yo también les pido que escuchen con benevolencia todo el asunto desde el principio, para que a partir de esto sepan cuánto fui perjudicado, cómo fueron engañados los jueces y cómo estos declararon falsedades.
4
Ciertamente, habría preferido no tener problemas; pero si alguien obliga a ello, es grato comparecer contra personas que no les son desconocidas a ustedes. Ahora bien, mi discurso se centrará más en refutar su conducta que en demostrar que el testimonio es falso. Pues, en cuanto al testimonio, que han declarado falsedades, me parece que ellos mismos lo refutan con sus actos, y no necesito presentar otros testigos que a ellos mismos;
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ya que, pudiendo haberse librado de problemas y no correr riesgos al comparecer ante ustedes, al confirmar con hechos que el testimonio es verdadero, no han querido entregar a la mujer que, según han testificado, Teofemo estaba dispuesto a entregar tras el requerimiento ante el árbitro Pitodoro de Ceda. Yo exigía recibirla, tal como los testigos que estuvieron presentes entonces declararon ante ustedes en el tribunal, y como declararán ahora. Y Teofemo no interpuso querella contra ellos por haber declarado como si fuera verdad, ni los persigue por falso testimonio.
6
Casi me admiten ellos mismos en el testimonio que yo quería recibir a la mujer, pero que Teofemo ordenaba posponerlo y yo no quería. Pero la mujer que yo exigía recibir y que Teofemo, según dicen ellos, ofreció entregar, nadie vio presente su cuerpo, ni entonces ante el árbitro, ni después ante el tribunal, ni en ningún otro lugar entregado; sin embargo, estos testigos declararon que Teofemo estaba dispuesto a entregarla y que hacía un requerimiento,
7
y los jueces pensaron que el testimonio era verdadero y que yo evitaba la prueba que provenía de la mujer sobre la agresión, sobre cuál de nosotros comenzó con manos injustas( pues esto es la agresión).¿ Cómo no es necesario que estos testigos hayan declarado falsedades, si ni siquiera ahora se atreven a entregar el cuerpo de la mujer, tal como dijeron que Teofemo ofreció y testificaron a su favor, y confirmar con hechos que el testimonio es verdadero, y que los testigos se habrían librado del litigio al entregar el cuerpo de la mujer,
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y que la mujer fuera interrogada bajo tortura sobre la agresión, por la cual demando a Teofemo, puesto que entonces no la presentó, y que la prueba surgiera de lo que Teofemo decía entonces para engañar a los jueces? Pues decía en el juicio por agresión que los testigos que estuvieron presentes y declararon los hechos en un documento según la ley eran falsos y habían sido preparados por mí, pero que la mujer que estuvo presente diría la verdad, no declarando por documento, sino por el testimonio más firme, siendo interrogada bajo tortura sobre quién comenzó con manos injustas.
9
Lo que entonces, abusando de la palabra y presentando testigos de ello, usó para engañar a los jueces, ahora se demuestra que es falso; pues no se atreve a entregar el cuerpo de la mujer, que han testificado que él estaba dispuesto a entregar, sino que ha preferido que su hermano y su pariente político luchen por falso testimonio antes que entregar el cuerpo de la mujer y librarse justamente, y no mediante palabras y súplicas, si pueden engañarlos a ustedes para escapar,
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habiendo yo requerido y solicitado muchas veces a la mujer, tanto entonces como después del juicio, y cuando les pagaba, y en el juicio por el que demando a Teofemo por agresión, y en la instrucción de los falsos testimonios, y ellos no fingían, sino que de palabra declaraban falsedades, pero de hecho no entregaban a la mujer; pues sabían bien que, al ser interrogada, se demostraría que ellos eran los que cometían la injusticia, no los que la sufrían. Y para que vean que digo la verdad, se les leerán sus testimonios. TESTIMONIOS.
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Que muchas veces, habiendo requerido y solicitado recibir a la mujer, nadie me la entregó, ha sido testificado ante ustedes. Y para que sepan también por indicios que han declarado falsedades, se lo mostraré. Pues ellos, si fuera verdad lo que dicen de que Teofemo hizo el requerimiento y entregaba el cuerpo de la mujer, no habrían hecho, supongo, solo dos testigos, el pariente político y el hermano, declarando la verdad, sino a otros muchos.
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Pues el arbitraje era en la Heliea( ya que los que arbitran para la tribu Eneida y la Erecteida se sientan allí); y en tales requerimientos, cuando alguien entrega el cuerpo tras haberlo traído, muchos se acercan a escuchar lo que se dice, de modo que no habrían carecido de testigos, si el testimonio fuera en lo más mínimo verdadero.
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Han testificado, pues, señores jueces, en el mismo testimonio, que yo no quería posponerlo, pero que Teofemo lo ordenaba, para entregarme a la mujer. Y yo les enseñaré que esto no es verdad. Pues si yo hubiera hecho a Teofemo este requerimiento que han testificado a su favor,
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exigiendo que me entregara a la mujer, razonablemente me habría respondido con estas palabras, ordenando posponer el arbitraje para la siguiente sesión, para traer a la mujer y entregármela; pero ahora han testificado que tú mismo, Teofemo, estabas dispuesto a entregar a la mujer, y que yo no quería recibirla.¿ Cómo entonces tú, siendo dueño de la mujer, estando a punto de hacer este requerimiento que han testificado a tu favor, y refugiándote en la mujer sobre el derecho,
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y no teniendo ningún otro testigo de que fuiste golpeado por mí, que comencé con manos injustas, no viniste trayendo a la mujer ante el árbitro y entregando el cuerpo estando la mujer presente, siendo tú su dueño? Pero dices que hiciste el requerimiento, y nadie vio a la mujer, mediante la cual engañaste a los jueces, presentando testigos falsos de que estabas dispuesto a entregarla.
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Puesto que entonces no estaba presente la mujer, sino que antes se sellaron las urnas,¿ hay algún momento en que hayas llevado a la mujer al ágora o al tribunal? Pues si entonces no estuvo presente, después debías haberla entregado, y presentar testigos de que quieres que la prueba se realice mediante la mujer, tal como requeriste, habiéndose presentado el requerimiento y el testimonio de que querías entregar a la mujer. Por tanto, estando a punto de entrar al juicio,¿ hay algún momento en que hayas llevado a la mujer al tribunal?
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Y sin embargo, debía, si era verdad lo que dicen que él requería, al sortearse los tribunales, haber traído a la mujer, tomado al heraldo, y ordenarme, si quería, que la interrogara bajo tortura, y hacer testigos a los jueces que entraban de que está dispuesto a entregarla. Pero ahora, habiendo engañado de palabra, presentando testimonios falsos, ni siquiera ahora se atreve a entregar a la mujer, habiéndolo yo requerido y solicitado muchas veces, como los testigos que estuvieron presentes han testificado ante ustedes. Y léeme de nuevo los testimonios. TESTIMONIOS.
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Quiero, señores jueces, contarles también el juicio, de dónde surgió para mí contra Teofemo, para que sepan que no solo me condenó injustamente, engañando a los jueces, sino también al Consejo de los Quinientos con el mismo voto, e hizo nulos sus tribunales, nulos los decretos y las leyes, y dejó sin crédito ante ustedes a las magistraturas y las inscripciones en las estelas. Y les enseñaré de qué manera, sobre cada punto.
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Pues yo no tuve nunca antes en mi vida ningún contrato con Teofemo, ni tampoco juerga, ni amor, ni borrachera, de modo que, por estar en desacuerdo sobre algún beneficio o irritado por algún placer, fuera a su casa. Pero habiéndolo ordenado decretos de ustedes, del pueblo y del Consejo, y la ley, le cobré a este, que debía a la ciudad aparejos de trirreme. Y por qué, se lo contaré.
20
Sucedió que había una partida de trirremes y se enviaba ayuda con rapidez. Por tanto, no había aparejos en el arsenal para las naves, sino que los que los debían no los devolvían; además de esto, ni siquiera en el Pireo había abundancia de lonas, estopa y cuerdas, con las que se equipa un trirreme, como para comprarlos. Por tanto, Queredemo redacta este decreto, para que se cobren los aparejos para las naves y estén a salvo para la ciudad. Y léeme el decreto. DECRETO.
21
Habiéndose hecho, pues, este decreto, la magistratura sorteó y entregó a los que debían los aparejos a la ciudad, y los encargados de los arsenales a los trierarcas que partían entonces y a los encargados de las simmorías. La ley de Periandro obligaba y ordenaba recibir a los que debían los aparejos, según la cual se organizaron las simmorías. Además de esto, otro decreto del pueblo obligaba a que nos dieran por partes a cada uno de los que debían para cobrarles.
22
Sucedió que yo era trierarca y encargado de la simmoría, y Democares de Peania, estando en la simmoría y debiendo a la ciudad aparejos junto con este Teofemo, se convirtió en cotrierarca. Por tanto, estando inscritos ambos en la estela como deudores de los aparejos a la ciudad, la magistratura, tras recibirlos de la magistratura anterior, nos los entregó según la ley y los decretos.
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Por necesidad, pues, tuve que recibirlos, ya que en el tiempo anterior, habiendo sido trierarca muchas veces para ustedes, nunca recibí aparejos del arsenal, sino que yo mismo los preparaba privadamente, cuando era necesario, para tener los menos problemas posibles con la ciudad; pero entonces, según los decretos y la ley, estaba obligado a recibirlos.
24
Y para que vean que digo la verdad, les presentaré testigos de esto: el decreto y la ley, luego la propia magistratura que los entregó y los llevó al tribunal, después los de la simmoría, de la cual yo era encargado y trierarca. Y léeme. LEY. DECRETO. TESTIMONIOS.
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Que tenía, pues, gran necesidad de recibir a los que debían a la ciudad, lo escuchan de la ley y de los decretos; y que los recibí de la magistratura, el que los entregó ha testificado ante ustedes. Es razonable, pues, que consideren desde el principio, señores jueces, esto primero:¿ quién cometía la injusticia, yo, que estaba obligado a cobrar a Teofemo, o Teofemo, que debiendo a la ciudad los aparejos no los devolvía durante mucho tiempo?
26
Pues si examinan punto por punto, encontrarán que Teofemo cometía injusticia en todo, y esto no solo dicho de palabra por mí, sino también juzgado por voto del Consejo y del tribunal. Pues cuando lo recibí de la magistratura, acercándome a él, primero le reclamé los aparejos; y como al decirle esto no los devolvía, después, al encontrarlo cerca del Hermes junto a la potérida, lo cité ante los apóstoles y ante los encargados de los arsenales; pues estos llevaban entonces las demandas al tribunal sobre los aparejos.
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Y para que vean que digo la verdad, les presentaré testigos de esto a los citadores. TESTIGOS. Que fue citado por mí, los citadores han testificado a mi favor; y que fue llevado al tribunal, toma para mí el testimonio de los apóstoles y de la magistratura. TESTIMONIO.
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Al que pensaba que me causaría problemas, Democares de Peania, antes de ser llevado al tribunal era desagradable, pero cuando fue llevado y condenado, devolvió la parte de los aparejos que le correspondía. Pero el que no habría pensado que llegaría a tal punto de maldad como para atreverse a privar a la ciudad de los aparejos, ha llegado a tal punto de juicios y problemas. Y estando presente ante el tribunal, cuando era llevado, en ningún lugar litigó en contra, ni presentó una demanda contra nadie, si dice que otro tiene los aparejos y que no le corresponde a él devolverlos, sino que permitió que se emitiera un voto en su contra;
29
y cuando se fue del tribunal, no los devolvía más, sino que pensaba que en el presente, al apartarse él, tendría tranquilidad, hasta que yo partiera y las naves, y pasara el tiempo, y que yo, los aparejos que este debía a la ciudad, me vería obligado a devolverlos al llegar aquí o al sucesor que viniera de la simmoría a la nave.¿ Pues qué podría haberle replicado, presentando decretos y leyes, de que me correspondía cobrar los aparejos?
30
Y Teofemo, habiendo pasado el tiempo, cuando yo viniera a reclamárselos, iba a decir que los había devuelto, y usaría estos indicios de que los ha devuelto: el momento, la necesidad, que no era un necio ni tampoco habiéndose hecho amigo suyo nunca como para esperar; de modo que,¿ qué habría querido yo, siendo trierarca para la ciudad y encargado de la simmoría, y existiendo tales decretos y ley, para esperar a este en el cobro?
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Teniendo esta intención, Teofemo entonces no devolvía los aparejos, sino que estaba fuera de alcance, y después pensaba privarme de ellos, y además de esto, refugiándose en el juramento, perjurar fácilmente, lo que también ha hecho con otros. Pues es terrible la codicia de su carácter en los asuntos de dinero, como les demostraré con hechos. Pues debiendo estos aparejos a la ciudad, Teofemo los atribuía de palabra a Afareo, pero de hecho no presentó una demanda contra él, sabiendo bien que se demostrará que miente si entra en un tribunal.
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Pues Afareo lo refutaba al haber calculado el precio de los aparejos para sí y haberlo recibido de él cuando recibía la trierarquía. Pero ahora dice que se los entregó a Democares, y litiga contra los hijos de Democares, habiendo muerto Democares. Pero cuando vivía Democares, Teofemo no presentó una demanda contra él, siendo reclamado por mí los aparejos, sino que quería, bajo el pretexto de que pasara el tiempo, privar a la ciudad de los aparejos. Y para que vean que digo la verdad, se leerán los testimonios. TESTIMONIOS.
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Considerando yo todo esto, y escuchando a Teofemo sobre cómo era con los que se acercaban en los asuntos de dinero, y no recibiendo los aparejos de él, me acercaba a los apóstoles, al Consejo y al pueblo, diciendo que Teofemo no me devuelve los aparejos que debía en el tribunal. Y se acercaban también los otros trierarcas al Consejo, los que no recibían los aparejos de los que los debían. Y habiendo muchas palabras, nos responde el Consejo con un decreto, que se les leerá, que cobremos de la manera que podamos. DECRETO.
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Habiéndose hecho, pues, este decreto en el Consejo, y no habiendo nadie que redactara una ilegalidad, sino siendo válido, acercándome a Evergo, este hermano de Teofemo, puesto que no podía ver a Teofemo, teniendo el decreto, primero le reclamé los aparejos y le ordené que le dijera a Teofemo; luego, habiendo pasado algunos días, como no devolvía los aparejos, sino que se burlaba de mí, habiendo tomado testigos, le pregunté si se había repartido con su hermano o si la propiedad era común para ellos.
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Y habiéndome respondido Evergo que se había repartido y que Teofemo vivía por separado, y él mismo con su padre, habiéndome enterado de dónde vivía Teofemo, habiendo tomado un servidor de la magistratura, fui a la casa de Teofemo. Y al encontrarlo no estando dentro, ordené a la mujer que respondió que lo fuera a buscar donde estuviera, esta que estos han testificado que Teofemo ofreció entregar, y yo, solicitándola, no puedo recibir, para que ustedes sepan la verdad, quién comenzó con manos injustas.
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Y cuando llega Teofemo, habiéndolo ido a buscar la mujer, le reclamé el inventario de los aparejos, diciendo que ya estaba a punto de zarpar, y le mostraba el decreto del Consejo. Y como al decirle esto no los devolvía, sino que amenazaba e insultaba, ordené al esclavo que llamara si veía a algunos de los ciudadanos que pasaban por el camino, para que fueran testigos de lo que se decía,
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y exigía de nuevo a Teofemo que o bien me acompañara ante los apóstoles y el Consejo, y si dice que no debe, que convenza a aquellos que entregaron y obligaron a cobrar, o que devuelva los aparejos; si no, dije que tomaría prendas según las leyes y los decretos. Y no queriendo él hacer nada de lo justo, me llevaba a la mujer que estaba de pie ante la puerta, la que lo había ido a buscar.
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Y Teofemo me la arrebataba, y yo solté a la mujer, y entraba en la casa, para tomar alguna prenda de los aparejos; pues sucedió que la puerta estaba abierta, cuando llegó Teofemo, y todavía iba a entrar; y me había enterado de que no se había casado. Y al entrar yo, Teofemo me golpea la boca con el puño, y yo, llamando a los presentes como testigos, me defendí.
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Que digo la verdad, pues, y que Teofemo comenzó con manos injustas, no creo que la prueba deba provenir de otro lugar que de la mujer, que estos testigos han testificado que Teofemo estaba dispuesto a entregar. Y con este testimonio, habiendo entrado antes al tribunal, no habiendo yo presentado una excepción ni una declaración jurada debido a que también anteriormente en otro juicio esto me había perjudicado, engañó a los jueces diciendo que los testigos que yo presentaba declaraban falsedades, y que la mujer diría las verdades siendo interrogada bajo tortura.
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Y las palabras que usaban entonces, ahora se demuestra que hacen lo contrario; pues no puedo recibir a la mujer habiéndola solicitado muchas veces, como se ha testificado ante ustedes. Puesto que no entregan a la mujer, que ellos mismos dijeron que ofrecían, quiero presentarles también a los testigos que me vieron antes golpeado por Teofemo( y la agresión es esto, quien comience con manos injustas primero), además de que cobraba según la ley y los decretos de ustedes. Y léeme los decretos y el testimonio. DECRETOS. TESTIMONIO.
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Puesto que me fueron arrebatadas las prendas por Teofemo y fui golpeado, yendo al Consejo mostré los golpes y dije lo que había sufrido, y que cobraba los aparejos para la ciudad. Y el Consejo, indignado por lo que yo había sufrido, y viéndome cómo estaba, y considerando que no se había ultrajado a mí, sino a sí mismo y al pueblo que decretó y a la ley que obligaba a cobrar los aparejos,
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ordenó que yo presentara una acusación, y que los prítanes anunciaran el juicio contra él por dos días como alguien que comete injusticia y obstaculiza la partida, porque no devolvía los aparejos, arrebató las prendas y me golpeó a mí, que cobraba y servía a la ciudad. Habiéndose hecho, pues, el juicio contra Teofemo en el Consejo según la acusación que yo presenté, y habiéndose dado la palabra a cada uno, y habiendo votado en secreto los consejeros, fue condenado en el Consejo y se consideró que cometía injusticia.
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Y cuando el Consejo estaba votando si entregarlo al tribunal o multarlo con quinientas dracmas, de las que era dueño según la ley, suplicando todos estos y rogando,¿ y a quién no enviaban? Y entregando el inventario de los aparejos inmediatamente en el Consejo, y diciendo que sobre los golpes se someterían a quien yo ordenara de los atenienses, accedí a que a Teofemo se le impusiera una multa de veinticinco dracmas.
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Y que digo la verdad, les pido a los que eran consejeros bajo el arcontado de Agatocles que lo digan a los que están sentados al lado, y a cuantos pude encontrar de los que eran consejeros entonces, les presentaré testigos ante ustedes. TESTIGOS. Yo, pues, señores jueces, fui indulgente con ellos. Y sin embargo, el decreto ordenaba que la propiedad fuera pública, no solo quien teniendo aparejos no los devuelva a la ciudad, sino también quien habiéndolos adquirido privadamente no los venda; pues tal era la escasez que sucedía entonces en la ciudad de aparejos. Y léeme el decreto. DECRETO.
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Habiendo llegado, pues, señores jueces, como Teofemo no quería someterse a nadie sobre los golpes que recibí entonces de él, lo cité y le puse un juicio por agresión. Habiéndome citado él también a mí y teniendo los árbitros los juicios, cuando fue la decisión del juicio, Teofemo presentaba una excepción y una declaración jurada, pero yo, confiando en mí mismo de no cometer ninguna injusticia, comparecía ante ustedes.
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Y habiendo presentado él este testimonio, que nadie más ha testificado, sino el hermano y el pariente político, de que estaba dispuesto a entregar a la mujer, y fingiendo ser inocente, engañó a los jueces. Y les pido ahora una petición justa, a la vez juzgar sobre el testimonio, si es falso o verdadero, y a la vez considerar el asunto desde el principio.
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Yo, pues, sobre lo que este se refugió entonces como justo, creo que la prueba debe provenir de esto, de la mujer siendo interrogada bajo tortura, quién comenzó con manos injustas; pues esto es la agresión. Y por esto demando a los testigos por falso testimonio, porque testificaron que Teofemo estaba dispuesto a entregar a la mujer, no entregando el cuerpo en ningún lugar ni entonces ante el árbitro ni después, habiéndolo yo solicitado muchas veces.
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Doble juicio, pues, deben pagar, porque engañaron a los jueces presentando testimonios falsos, de pariente político y hermano, y porque me perjudicaron a mí, que realizaba liturgias para ustedes con entusiasmo, hacía lo que se ordenaba y servía a las leyes y a los decretos de ustedes. Y que no solo yo recibí de la magistratura a este para cobrarle aparejos que debía a la ciudad, sino que también otros de los trierarcas cobraron a otros que recibieron, léeme sus testimonios. TESTIMONIOS.
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Quiero, pues, señores jueces, contarles también lo que he sufrido por ellos. Pues cuando fui condenado en el juicio por el que demando a estos testigos que han testificado falsedades, acercándome a Teofemo, estando a punto de vencerme el plazo, le supliqué que me esperara un poco de tiempo, diciendo las verdades, que habiendo conseguido el dinero que iba a pagarle, me sucedió una trierarquía,
50
y que es necesario enviar la trirreme con rapidez, y el estratego Alcímaco ordenaba preparar esta nave; por tanto, el dinero que había conseguido para pagar a Teofemo lo gasté en esto. Y le suplicaba que pospusiera el plazo, hasta que enviara la nave. Y él me responde fácilmente y sin malicia: nada lo impide, dijo; sino que cuando envíes la nave, consíguelo también para mí.
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Habiéndome respondido esto Teofemo y pospuesto el plazo, y habiendo confiado yo sobre todo en la querella de los falsos testimonios y en que él no quería entregar a la mujer, como que no haría nada nuevo sobre mis cosas, yo, habiendo enviado la trirreme, no muchos días después habiendo conseguido el dinero, acercándome a él le ordenaba que me acompañara al banco para recibir la condena. Y para que vean que digo la verdad, se les leerán sus testimonios. TESTIMONIOS.
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Y Teofemo, en lugar de recibir la condena acompañándome al banco, al llegar toma mis ovejas que estaban pastando, cincuenta mansas, y al pastor con ellas y todo lo que sigue a la manada, luego un esclavo sirviente que llevaba una hidria de bronce ajena que había sido pedida, de gran valor. Y no les bastó con tener esto;
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sino que, habiendo entrado en la finca( pues cultivo junto al hipódromo, y vivo allí desde joven), primero se lanzaron contra los criados, y como estos se les escapan y se fueron cada uno por su lado, yendo a la casa y habiendo derribado la puerta que lleva al jardín, Evergo, este hermano de Teofemo, y Mnesíbulo, su pariente político, a quienes no debía ninguna condena ni les correspondía tocar nada de lo mío, entrando contra mi mujer y mis hijos, se llevaron los aparejos que todavía me quedaban en la casa.
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Pues pensaban que no solo tomarían tanto, sino mucho más; pues que tomarían el ajuar que tuve alguna vez en la casa; pero por las liturgias, las contribuciones y la ambición ante ustedes, unas prendas están depositadas, otras han sido vendidas. Y todo lo que todavía quedaba, tomándolo todo, se fueron.
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Además de esto, señores jueces, sucedió que mi mujer estaba almorzando con los hijos en el patio, y con ella una nodriza mía que se hizo mayor, una mujer benevolente y fiel, y liberada por mi padre. Y convivió con un hombre, cuando fue liberada; pero cuando este murió y ella era anciana y no tenía quien la alimentara, volvió a mí.
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Era necesario, pues, no dejar desamparadas ni a la nodriza ni a la pedagoga; a la vez, siendo trierarca, partía, de modo que también para mi mujer era deseable dejarle tal guardiana de la casa con ella. Y estando almorzando en el patio, cuando estos irrumpen y las sorprenden y arrebataban los aparejos, las otras criadas( pues estaban en la torre, donde viven), cuando oyeron el grito, cierran la torre, y allí no entraron, pero sacaban los aparejos de la otra casa,
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prohibiéndoles la mujer que los tocaran, y diciendo que eran suyos, valorados en la dote, y que tienen las cincuenta ovejas y al esclavo y al pastor, de más valor de lo que fueron condenados; pues alguien de los vecinos se lo anunció tras haber golpeado la puerta. Y decía además que el dinero lo tenían depositado en la mesa; pues me había oído; y si esperan, dijo, o alguno de ustedes va a buscarlo, llévense el dinero ya; pero dejen los aparejos, y no se lleven nada de lo mío, además de que tienen cosas dignas de la condena.
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Y diciendo esto la mujer, no solo no se detuvieron, sino que, habiendo tomado la nodriza el cuenco que estaba junto a ella, del que bebía, y habiéndoselo metido en el seno, para que estos no lo tomaran, cuando vio que estaban dentro, al verla, la trataron así arrebatándole el cuenco Teofemo y Evergo, hermano suyo, este,
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de modo que los brazos y las muñecas de sus manos quedaron amoratados al torcerle las manos y ser arrastrada por estos que le arrebataban el cuenco, y tenía arañazos en el cuello al ser estrangulada, y el pecho amoratado. Y llegaron a tal punto de maldad que, hasta que le arrebataron el cuenco del seno, no cesaron de estrangular y golpear a la anciana.
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Y oyendo los criados de los vecinos el grito y viendo mi casa saqueada, unos desde sus propios tejados llamaban a los que pasaban, otros, habiendo ido al otro camino y viendo a Hagnófilo que pasaba, le ordenaron que estuviera presente. Y acercándose Hagnófilo, citado por el criado de Antemión, que es mi vecino, no entró en la casa( pues no consideraba justo que no estando presente el dueño), pero estando en la finca de Antemión veía los aparejos siendo sacados y a Evergo y Teofemo saliendo de mi casa.
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No solo, pues, señores jueces, se fueron habiendo tomado mis aparejos, sino que también se llevaban a mi hijo como esclavo, hasta que Hermógenes, al encontrárselos, dijo que era mi hijo. Y para que vean que digo la verdad, se les leerán los testimonios. TESTIMONIOS.
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Puesto que me fue anunciado en el Pireo lo sucedido por los vecinos, yendo a la finca ya no los encuentro, pero al ver los aparejos sacados de la casa y cómo estaba la anciana, y al escuchar de mi mujer lo sucedido, acercándome a Teofemo al día siguiente por la mañana en la ciudad, teniendo testigos, le ordenaba primero recibir la condena y acompañarme al banco, luego cuidar a la mujer a la que golpearon, y traer al médico que ellos quisieran.
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Mientras yo decía esto y protestaba, Teofemo, tras haberme dicho muchas injurias, me seguía a duras penas, poniendo trabas y diciendo que él también quería traer a algunos testigos( esto lo decía con astucia para ganar tiempo), mientras que este Euergo, habiendo venido inmediatamente desde la ciudad con otros semejantes a él a la finca, tras forzar la puerta que ya el día anterior habían forzado por estar mal ajustada, se llevó los utensilios restantes— si es que quedaba alguno en la torre el día anterior y no estaba fuera, y que, cuando yo llegué, fueron bajados por necesidad—; y se marchó llevándose mis utensilios, contra quien ni yo había perdido un juicio, ni tenía contrato alguno con él.
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Mientras yo pagaba a Teofemo, contra quien había perdido el juicio, una vez que hube pagado ante muchos testigos presentes mil cien dracmas por la condena, ciento ochenta dracmas y tres óbolos por la sobretasa, y treinta por los gastos judiciales( pues por nada de lo demás le debía indemnizaciones), habiendo recibido de mí en la mesa mil trescientas trece dracmas y dos óbolos como suma total, cuando yo le reclamaba las ovejas, los esclavos y los utensilios que me había arrebatado, dijo que no me los devolvería a menos que alguien lo liberara a él y a los que estaban con él de las acusaciones, y a los testigos de los falsos testimonios.
65
Al responder él esto, hice testigos de su respuesta a los presentes, y pagué la condena, pues no creía que debiera estar en mora. A Euergo ni siquiera sabía que hubiera entrado en mi casa ese día, sino que, inmediatamente después de que la condena fue pagada, y Teofemo tenía las ovejas, los esclavos y los utensilios que habían quedado del día anterior, vino a mí un mensajero, un cantero que trabajaba en el monumento cercano, diciendo que Euergo se había ido de nuevo tras llevarse los utensilios restantes de la casa; con quien yo no tenía ningún asunto.
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Para que vean que digo la verdad, y que el día anterior se habían llevado mis prendas, y al día siguiente cobraron el dinero de mí( y, sin embargo,¿ cómo habrían cobrado inmediatamente si no hubiera estado preparado y se lo hubiera prometido?) y que de nuevo ese mismo día habían entrado en la casa mientras yo pagaba la condena, se les leerán a ustedes los testimonios de esto. TESTIMONIOS.
67
Puesto que, jueces, habiéndome yo comprometido con él a cuidar a la mujer a la que golpearon y a traer un médico, ellos no se preocuparon, yo mismo traje a un médico al que usaba desde hacía muchos años, quien la atendió mientras estaba enferma, y mostré cómo estaba, habiendo traído testigos. Tras escuchar del médico que la mujer ya no tenía remedio, habiendo tomado de nuevo otros testigos, mostré cómo estaba la mujer y les notifiqué que la cuidaran. Seis días después de que ellos entraran en la casa, murió la nodriza. Para que vean que digo la verdad, se les leerán a ustedes los testimonios de esto. TESTIMONIOS.
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Puesto que murió, fui a los exégetas para saber qué debía hacer respecto a esto, y les conté todo lo sucedido, la llegada de ellos, la buena disposición de la mujer, cómo la tenía en la casa y cómo, a causa de la copa, por no soltarla, había muerto. Tras escucharme los exégetas, me preguntaron si querían que solo me dieran la interpretación legal o también que me aconsejaran.
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Al responderles yo que ambas cosas, me dijeron: nosotros, pues, te interpretaremos lo que es conforme a la ley y te aconsejaremos lo que es conveniente; primero, llevar una lanza al entierro y hacer una proclamación en el sepulcro por si hay algún pariente de la mujer, y después vigilar el sepulcro durante tres días. Te aconsejamos esto: puesto que tú no estuviste presente, sino tu mujer y tus hijos, y no tienes otros testigos, no hagas la proclamación nominalmente contra nadie, sino contra los que cometieron el acto y mataron, y luego no presentes la demanda ante el rey.
70
Pues ni siquiera tienes derecho según la ley; porque la mujer no es pariente tuya, ni es esclava, según lo que tú dices; y las leyes ordenan que la persecución sea de parte de ellos; de modo que si tú mismo, tu mujer y tus hijos juráis en el Paladio y os maldecís a vosotros mismos y a la casa, parecerás peor ante muchos, y si te absuelven, habrás jurado en falso, y si los condenas, te envidiarán. Pero, por ti mismo y por tu casa, habiendo realizado los ritos de purificación, soporta la desgracia lo más fácilmente posible, y si quieres, véngate de otra manera.
71
Al escuchar esto de los exégetas y haber examinado las leyes de Dracón en la estela, deliberé con mis amigos qué debía hacer. Como me aconsejaron lo mismo, hice lo que me correspondía hacer por la casa y lo que los exégetas me habían indicado, pero respecto a lo que ya no me correspondía según las leyes, me mantuve en calma.
72
Pues la ley ordena, jueces, que los parientes persigan hasta los primos hermanos( y en el juramento se define quién es pariente), y si es un sirviente, que las acusaciones sean de parte de ellos. A mí la mujer no me correspondía por parentesco en nada, a no ser porque fue nodriza, ni tampoco era esclava; pues había sido liberada por mi padre, vivía aparte y tenía marido.
73
Mentir ante ustedes y jurar en falso yo mismo, mi hijo y mi mujer, no me habría atrevido, ni siquiera si supiera bien que los condenaría; pues no odio a estos tanto como me amo a mí mismo. Para que no me escuchen solo de palabra, les leeré la ley misma. LEY.
74
Por muchas razones, jueces, creo que es evidente para ustedes que el testimonio es falso, y no menos fácil de conocer por los hechos realizados por ellos. Pues estos pensaban, jueces, que yo, si tomaban muchas prendas mías, soltaría gustoso a los testigos de los falsos testimonios para recuperar mis prendas.
75
Y cuando le rogué que me aplazara el vencimiento, lo escuchó con gusto, para que yo incurriera en mora ante él y pudiera llevarse de mi casa tantas cosas como fuera posible. Y por eso, sin sospechar nada y rápidamente, me lo concedió, para ser convincente y no parecer que tramaba algo, pensando que no había otra forma de que sus testigos fueran liberados de los falsos testimonios que engañándome y logrando que yo incurriera en mora y llevarse tantas cosas como fuera posible; pues no pensaba llevarse solo lo que tenían de mí, sino mucho más.
76
Y durante el resto del tiempo esperaba, como si yo no fuera a conseguirle el dinero rápidamente, queriendo realizar el embargo de mis bienes justo antes de los juicios por falso testimonio; pero cuando le notifiqué que cobrara la condena, vino y tomó mis utensilios, los sirvientes y las ovejas en lugar de cobrar. Y yo cultivo junto al hipódromo, de modo que no tuvo que ir muy lejos.
77
Que digo la verdad, que sea una gran prueba para ustedes: al día siguiente cobró el dinero de la condena después de haber tomado las prendas. Y, sin embargo,¿ cómo habría cobrado inmediatamente las mil trescientas trece dracmas y dos óbolos si no hubiera estado preparado? Y no me devolvía las prendas, sino que todavía hoy las tiene como si yo estuviera en mora. Que no estaba en mora ante él, léeme la ley y el testimonio, que ordena que sea válido lo que uno acuerde con otro, de modo que, supongo, ya no estaba en mora ante él. LEY. TESTIMONIO.
78
Que, por tanto, estuvo de acuerdo y me aplazó el vencimiento, ha sido testificado ante ustedes; y que yo era trierarca, mi cotrierarca me lo ha testificado, y cómo la nave fue equipada como capitana para Alcímaco. De modo que, supongo, no estaba en mora ante él al haberme aplazado, y además pagando. Pero es terrible la codicia del carácter, jueces, respecto a lo más y lo menos. Y sabían bien que, si entregaban a la mujer, se demostraría que habían acusado falsamente, y si no entregaban a la que testificaron que este quería entregar, serían condenados por falso testimonio.
79
Les pido, jueces, si alguno de los que entonces juzgaban se encuentra en el tribunal, que use las mismas disposiciones que entonces, y si el testimonio les pareció digno de crédito y yo les parecí evitar la prueba de la mujer, ahora que ellos son demostrados haber testificado falsamente y no entregar a la mujer, ayúdenme; y si se enojaron conmigo porque fui a la casa de Teofemo a embargar, enójense ahora con estos porque fueron a la mía.
80
Y yo, obligado por leyes y decretos, me preocupé de no entrar ni en la casa del padre de este ni en la de la madre, ni tomar nada de lo del hermano, sino donde vivía el mismo Teofemo; y cuando no lo encontré dentro, no me llevé nada arrebatándolo, sino que le pedí que viniera, y estando presente, no ausente, realicé el embargo, y al quitármelo lo solté, y subí ante el Consejo a los responsables, y tras denunciarlos y condenarlos en el Consejo, consideré suficiente recuperar los utensilios simplemente, y respecto a los golpes, dejarlo pasar, y respecto a la indemnización, ceder.
81
De modo que yo fui tan moderado con ellos, y ellos tan insolentes y despreciables que entraron en casa de mi mujer y mis hijos, teniendo ya las ovejas y los sirvientes, de mayor valor de lo que habían sido condenados, habiendo aplazado el vencimiento, y habiéndoles notificado yo que cobraran la condena, como se ha testificado ante ustedes, entraron en la casa, se llevaron los utensilios y golpearon a la nodriza, una mujer anciana, por una copa, y todavía tienen todo esto y no lo devuelven habiendo yo pagado la condena, mil trescientas trece dracmas y dos óbolos.
82
Si alguien, por desconocimiento, los consideró entonces inocentes y pacíficos, quiero leerles los testimonios sobre ellos, que me han testificado los que han sido perjudicados por ellos( pues no me bastaría el agua para contarlo de palabra), para que, tras considerar todo esto, lo dicho y lo testificado, emitan un voto santo y justo en nombre de ustedes mismos. Lee los testimonios. TESTIMONIOS.

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