Against Leptines
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Señores jueces, he aceptado hablar en favor de estos, en la medida de mis posibilidades, principalmente porque considero que es beneficioso para la ciudad que se derogue la ley, y también por el hijo de Cabrias. No es desconocido, señores atenienses, que Leptines, o cualquier otro que hable en defensa de la ley, no dirá nada justo sobre ella, sino que afirmará que ciertos hombres indignos, al haber obtenido la exención, han eludido las liturgias, y se servirá de este argumento con mayor frecuencia.
2
Dejaré de lado el hecho de que es injusto despojar a todos de un regalo por acusar a algunos; pues esto ya ha sido dicho y, quizás, es reconocido por ustedes. Pero me gustaría preguntarle gustosamente esto:¿ por qué razón, incluso si algunos— o mejor dicho, todos— fueran indignos, los consideró merecedores de lo mismo que a ustedes? Pues al escribir que nadie esté exento, despojó a quienes tenían la exención, y al añadir que en el futuro tampoco sea lícito concederla, les quitó a ustedes la facultad de concederla. Pues no se puede decir que, de la misma manera que consideró indignos a quienes tenían el regalo y se los quitó, considerara también al pueblo indigno de tener la potestad de concederlo a quien desee.
3
Pero, por Zeus, quizás diría a esto que, debido a que el pueblo es engañado fácilmente, por eso estableció la ley de tal manera.¿ Qué impide entonces, según este razonamiento, que ustedes sean despojados de todo y, en general, de la propia constitución? Pues no hay nada de lo que no hayan sufrido esto, sino que, habiendo sido engañados, han votado muchas veces numerosos decretos, y ya han sido persuadidos de elegir a algunos aliados inferiores en lugar de a los mejores, y, en general, creo que en muchas de las cosas que hacen es inevitable que ocurra algo así.
4
¿ Acaso, pues, estableceremos una ley debido a esto para que en el futuro no sea lícito ni al Consejo ni al pueblo ni preparar decretos ni votar nada? Yo no lo creo; pues no es justo que seamos despojados de aquello en lo que podamos ser engañados, sino que se nos enseñe cómo no sufrir esto, y establecer una ley no que nos quite nuestra soberanía, sino mediante la cual castiguemos al que engaña.
5
Si, por tanto, alguien dejara esto de lado y examinara el asunto por sí mismo, qué es más provechoso: que ustedes sean soberanos del regalo, aunque hayan sido engañados y se lo hayan dado a alguien indigno, o que, al volverse totalmente carentes de autoridad, ni siquiera si supieran que alguien es digno sea lícito honrarlo, encontrarían que lo primero es más provechoso.¿ Por qué? Porque al honrar a más de los que corresponde, incitan a muchos a hacer el bien, mientras que al no dar nada a nadie, ni siquiera si es digno, apartarán a todos de la ambición de honores.
6
Además de esto, también por lo siguiente: que quienes honran a alguien indigno podrían tener fama de ingenuos, pero quienes no recompensan con lo mismo a quienes hacen algún bien, de maldad. Cuanto mejor es parecer ingenuo que ser malvado, tanto más noble es derogar la ley que establecerla.
7
Por tanto, tampoco me parece razonable, señores atenienses, al examinarlo, que alguien, criticando a algunos por los regalos existentes, prive de honores a quienes son útiles. Pues si, existiendo estos, hay algunos viles e indignos según el argumento de ellos,¿ qué hay que esperar que suceda entonces, cuando no vaya a haber absolutamente ninguna ventaja para quienes son buenos?
8
Además, deben considerar también esto: que, según las leyes actuales y vigentes desde hace tiempo, que ni siquiera este mismo podría negar que están bien, cada uno realiza una liturgia dejando pasar un año, de modo que está exento la mitad del tiempo.¿ Y entonces, de aquello de lo que todos participan la mitad, incluso quienes no han hecho ningún bien a ustedes, vamos a quitarles a quienes han hecho el bien lo que les hemos añadido? De ninguna manera; pues no es noble de otra forma ni decoroso para ustedes.
9
¿ Cómo no es vergonzoso, señores atenienses, que en el mercado esté escrita una ley de no mentir, en asuntos donde no hay ningún daño público si alguien miente, y que en la asamblea la ciudad no utilice esta misma ley que ha impuesto a los particulares, sino que engañe a quienes han hecho algún bien, y esto cuando está a punto de sufrir un daño no pequeño?
10
Pues no hay que considerar solo si pierden dinero, sino también si pierden una buena reputación, por la cual se preocupan más que por el dinero, y no solo ustedes, sino también sus antepasados. Y una prueba es esta: habiendo adquirido alguna vez muchísimas riquezas, las gastaron todas por ambición, pero por la reputación nunca rehusaron ningún peligro, sino que continuaron gastando incluso sus propios bienes. Ahora, pues, esta ley le atribuye a la ciudad, en lugar de una buena reputación, una vergonzosa, y que no es digna ni de sus antepasados ni de ustedes. Pues adquiere los tres mayores oprobios: parecer envidiosos, desleales e ingratos.
11
Que no es, pues, en absoluto, señores atenienses, propio de su carácter establecer tal ley, también intentaré demostrarlo brevemente, repasando uno de los hechos anteriores de la ciudad. Se dice que los Treinta tomaron prestado dinero de los lacedemonios contra los que estaban en el Pireo. Y cuando la ciudad se unió y aquellos asuntos se establecieron, los lacedemonios, enviando embajadores, reclamaron este dinero.
12
Al haber discusiones, y unos instando a que los que tomaron prestado, los de la ciudad, lo devolvieran, y otros considerando que esto fuera el primer signo de concordia, pagar el dinero en común, dicen que el pueblo eligió contribuir él mismo y participar del gasto, para no incumplir nada de lo acordado.¿ Cómo, pues, no es terrible, señores atenienses, si entonces estuvieron dispuestos a contribuir por los que les habían hecho daño para no mentir sobre el dinero, y ahora, pudiendo ustedes hacer justicia a los benefactores sin gasto, al derogar la ley, preferirán mentir? Yo, por mi parte, no lo considero digno.
13
El carácter de la ciudad, pues, señores atenienses, tanto en otros muchos casos como en los que he mencionado, uno podría verlo así: veraz y noble, que no considera lo más provechoso en cuanto a dinero, sino qué es noble hacer. Pero el del que estableció la ley, otras cosas no sé, ni digo nada malo ni me consta, pero al examinarlo a partir de la ley, lo encuentro muy alejado de esto.
14
Afirmo, pues, que es más noble que él los siga a ustedes en cuanto a derogar la ley que ustedes a él en cuanto a establecerla, y que es más provechoso tanto para ustedes como para él haber convencido a Leptines de que la ciudad parezca ser semejante a ella misma, que ella haber sido convencida por él de ser semejante a él; pues ni siquiera si es muy noble, que por mí sea, su carácter es mejor que el de la ciudad.
15
Considero, pues, señores jueces, que deliberarían mejor sobre el asunto presente si supieran también esto: que lo único por lo que los regalos de los pueblos son mayores que los dados por otros regímenes, esto mismo es lo que se quita ahora con la ley. Pues en cuanto a la necesidad de quienes obtienen los regalos, los tiranos y los que tienen las oligarquías pueden honrar más; pues hicieron rico al que quisieron al instante; pero en cuanto al honor y la firmeza, encontrarán que los regalos de los pueblos son mejores.
16
Pues el recibir sin vergüenza como adulador, sino pareciendo digno de ser honrado en igualdad de palabra, es de las cosas nobles, y el ser admirado voluntariamente por los iguales parece ser mejor que recibir cualquier cosa de un amo. Pues entre aquellos es mayor el miedo al futuro que la gratitud presente, mientras que entre ustedes, lo que uno recibía, al menos durante el otro tiempo, estaba seguro de tenerlo sin miedo.
17
La ley, pues, que quita la confianza de los regalos, esta, lo único por lo que los regalos de ustedes son mejores, esto mismo quita. Y sin embargo, de cualquier régimen político del que quites el que los leales a lo establecido reciban gratitud, habrás quitado una no pequeña protección de ellos.
18
Quizás, pues, tal vez Leptines intentaría decir esto, alejándolos de estos asuntos, que las liturgias ahora van a parar a hombres pobres, pero que, a partir de esta ley, liturgiarán los más ricos. Y esto, escuchado así, tiene algún sentido; pero si alguien lo examinara con precisión, parecería una mentira. Pues hay, sin duda, entre nosotros tanto las liturgias de los metecos como las políticas, de las cuales de ambas tienen la exención los que la han obtenido, la cual este quita. Pues de las contribuciones para la guerra y la salvación de la ciudad y de las trierarquías, justa y rectamente nadie está exento según las leyes antiguas, ni los que este escribió, los descendientes de Harmodio y Aristogitón.
19
Examinemos, pues, a quiénes nos añade como coregos para aquellas liturgias, y a cuántos, si no le prestamos atención a este, dejará. Los más ricos, pues, al ser trierarcas, están siempre exentos de las coregías, y los que poseen menos de lo suficiente, teniendo la exención necesaria, están fuera de esta carga; por tanto, de ninguno de estos dos tendremos un corego debido a la ley.
20
Pero, por Zeus, añade a muchos para las liturgias de los metecos. Pero si muestra a cinco, admito que desvarío. Supondré, pues, que esto no es así, sino que, si se establece la ley, habrá más o tantos metecos liturgiando, y que ningún ciudadano estará exento de la trierarquía. Examinemos, pues, qué es esto para la ciudad, si todos estos liturgian; pues parecerá que no está ni mucho menos a la altura de la vergüenza que resultará.
21
Y míralo así. Hay exentos entre los extranjeros— supondré diez; y por los dioses, lo que dije hace poco, no creo que sean cinco. Y ciertamente entre los ciudadanos no hay más de cinco o seis. Por tanto, dieciséis entre ambos. Hagámoslos veinte, o si quieren, treinta.¿ Cuántos son, pues, los que liturgian cada año las liturgias cíclicas, coregos, gimnasiarcas y festejadores? Quizás sesenta o un poco más todos estos.
22
Para que, pues, treinta hombres más liturgien para nosotros durante todo el tiempo,¿ vamos a disponer a todos de manera desleal hacia nosotros mismos? Pero sabemos esto, sin duda, que liturgiarán, si la ciudad existe, muchos y no faltarán, pero nadie querrá hacernos el bien si ve que los que lo hicieron antes han sido tratados injustamente.
23
Bien. Pero si, en efecto, faltaran los capaces de ser coregos, por Zeus,¿ qué era mejor, llevar las coregías a una contribución conjunta como las trierarquías, o quitar a los benefactores lo que se les dio? Yo creo que lo primero. Pues ahora, el tiempo que cada uno de ellos liturgia, les da el descanso solo a ellos, pero después de esto cada uno de ellos gastará lo mismo; entonces, en cambio, al realizarse una pequeña contribución de lo que cada uno posee, nadie sufriría nada terrible, ni siquiera si poseía muy poco.
24
Así, pues, algunos, señores atenienses, son tan irrazonables que intentan decir, a esto nada, pero otras cosas como estas, que es terrible si en común la ciudad no tiene nada, pero en privado algunos se enriquecerán al haber obtenido exenciones. Y es que no es justo decir ambas cosas. Pues si alguien tiene mucho sin hacerles daño, no hay que envidiarle, sin duda; pero si dirán que ha sustraído o de otra manera que no corresponde, hay leyes según las cuales corresponde castigar. Cuando no hacen esto, tampoco deben decir este argumento.
25
Y ciertamente, sobre el hecho de que no hay dinero común para la ciudad, deben considerar esto: que no serán más ricos si quitan las exenciones; pues estos gastos no participan en nada de los ingresos y excedentes públicos. Además de esto, ahora para la ciudad, habiendo dos bienes, riqueza y ser creída por todos, existe el de la confianza. Pero si alguien piensa que, porque no tenemos dinero, tampoco debemos tener una buena reputación, no piensa bien. Pues yo rezo a los dioses, principalmente para que tengamos mucho dinero, y si no, al menos para que permanezcamos pareciendo leales y firmes.
26
Trae, pues, también las riquezas, que estos dirán que algunos, al descansar, tendrán, y mostraré que resultan en beneficio para ustedes. Pues saben, sin duda, que de las trierarquías nadie está exento ni de las contribuciones para la guerra.¿ Acaso el que posee mucho, este, quienquiera que sea, no contribuye mucho a esto? Es totalmente necesario. Y ciertamente, que la riqueza debe existir en mayor medida para la ciudad para esto, todos estarían de acuerdo; pues frente a los gastos de las coregías, la gratitud para los espectadores de nosotros es una pequeña parte del día, mientras que frente a la abundancia de los preparativos para la guerra, la salvación para toda la ciudad es durante todo el tiempo.
27
De modo que lo que dejan aquí, lo recogen allá, y den en concepto de honor aquello que incluso quienes no lo han recibido pueden tener, los que poseen lo suficiente para ser trierarcas. Pero ciertamente, que de las trierarquías nadie está exento, creo que todos ustedes lo saben, pero aun así el propio secretario les leerá la ley. Toma la ley sobre las trierarquías y lee esto mismo. LEY. Que nadie esté exento de trierarquía excepto los nueve arcontes.
28
Ven cuán claramente, señores atenienses, la ley ha declarado que nadie está exento de trierarquía excepto los nueve arcontes. Por tanto, los que poseen menos de lo suficiente para ser trierarcas contribuyen en las contribuciones para la guerra, y los que alcanzan para ser trierarcas les serán útiles para ambas cosas, tanto para ser trierarcas como para contribuir.¿ Qué alivio, pues, hace para la mayoría tu ley, Leptines, si establece un corego para una o dos tribus, quien, habiendo hecho esto una vez en lugar de otro, se habrá librado? Yo no lo veo. Pero de la vergüenza y de la desconfianza llena toda la ciudad.¿ Acaso, cuando dañará mucho más de los beneficios que tiene, no corresponde que sea derogada ante estos? Yo diría que sí.
29
Además, señores jueces, debido a que está escrito expresamente en la ley que nadie, ni de los ciudadanos ni de los isoteles ni de los extranjeros, esté exento, y no haberse distinguido de qué está exento, coregía o alguna otra carga, sino simplemente que nadie esté exento excepto los descendientes de Harmodio y Aristogitón, y al no incluir a todos los demás en el' nadie', y al no distinguir entre los extranjeros que viven en Atenas, quita también a Leucón, el arconte del Bósforo, y a sus hijos, el regalo que ustedes les dieron.
30
Pues Leucón es, sin duda, extranjero por nacimiento, pero ciudadano por la concesión de ustedes; y según ninguna de las dos condiciones puede tener la exención a partir de esta ley. Y sin embargo, de los otros benefactores, cada uno se mostró útil para nosotros durante algún tiempo, pero este, si examinan, aparecerá haciéndonos el bien continuamente, y esto de lo que nuestra ciudad más necesita.
31
Pues saben, sin duda, que nosotros usamos más grano importado que todos los hombres. Por tanto, frente a todo el que llega de los otros mercados, el grano del Ponto es el que entra navegando. Razonablemente; pues no solo sucede esto porque este lugar tiene más grano, sino porque Leucón, siendo soberano de él, ha dado exención a los que llevan a Atenas, y proclama que se carguen primero los que navegan hacia ustedes. Pues él, teniendo la exención para sí y para sus hijos, se la ha dado a todos ustedes.
32
Y observen cuán grande es esto. Él cobra a los que exportan grano de su parte una trigésima parte. Las miríadas de grano que llegan de él aquí son cerca de cuarenta; y esto uno podría verlo a partir del registro de los guardianes del grano. Por tanto, frente a las treinta miríadas nos da diez mil medimnos, y frente a las diez, aproximadamente tres mil.
33
Tan lejos está, pues, de privar a la ciudad de este regalo, que habiendo construido además un mercado en Teodosia, que dicen los que navegan que no es en absoluto peor que el del Bósforo, también allí nos dio la exención. Y las otras cosas las callo, pudiendo decir muchas, cuánto ha beneficiado a ustedes este hombre y él mismo y sus antepasados; pero anteayer, habiendo escasez de grano entre todos los hombres, no solo les envió grano suficiente, sino tanto que quince talentos de plata, que Calístenes administró, resultaron de más.
34
¿ Qué creen, pues, señores atenienses, que este, habiendo sido tal para ustedes, si escucha que ustedes le han quitado la exención por ley y que han votado que ni siquiera si cambian de opinión sea lícito darla?¿ Acaso ignoran que esta misma ley le quitará a él la exención, si llega a ser soberana, y a los de ustedes que traen grano de él?
35
Pues nadie ha supuesto, sin duda, que él tolerará que los regalos de ustedes sean nulos para él, mientras que los de él permanezcan para ustedes. Por tanto, además de muchas cosas en las que la ley parece que los dañará, también quita algo de lo que ya existe.¿ Y todavía consideran si hay que borrar esto, y no han deliberado hace tiempo? Lee tomando para ellos los decretos sobre Leucón. DECRETOS.
36
Cómo razonable y justamente Leucón ha obtenido la exención de ustedes, lo han escuchado de los decretos, señores jueces. Y de todos estos, ustedes y él erigieron estelas con copias, una en el Bósforo, otra en el Pireo, y otra en el Hierón. Consideren, pues, hacia qué exceso de maldad los conduce la ley, que hace al pueblo más desleal que un solo hombre.
37
Pues no crean que estas estelas están erigidas para ustedes por otra cosa que por ser pactos de todas estas cosas que tienen o han dado, en las cuales Leucón aparecerá permaneciendo y esforzándose siempre por hacerles algún bien, mientras que ustedes, habiendo hecho nulas las que están erigidas, lo cual es mucho más terrible que derribarlas; pues estas permanecerán así como prueba para quienes quieran blasfemar contra la ciudad de que dicen la verdad.
38
Vamos, y si Leucón, habiendo enviado hacia nosotros, pregunta qué teniendo que reprochar y qué criticando le han quitado la exención,¿ qué, por los dioses, diremos o qué escribirá alguna vez el que escribe el decreto en nuestro nombre?
39
Que, por Zeus, algunos de los que obtuvieron esto eran indignos. Si, pues, él dice a esto— pues también entre los atenienses hay quizás viles, y no por esto yo quité a los buenos, sino que, considerando al pueblo bueno, permito que todos tengan—,¿ no dirá cosas más justas que nosotros? A mí, al menos, me lo parece. Pues entre todos los hombres es más costumbre hacer el bien a otros por los benefactores que por los viles quitar lo dado a los que son reconocidamente dignos de gratitud.
40
Y ciertamente, tampoco cómo no habrá intercambio con Leucón alguien, si quiere, puedo encontrarlo al examinarlo. Pues el dinero está siempre con ustedes de él, pero según esta ley, si alguien va a por él, o será privado de esto o será obligado a liturgiar. Y no es lo del gasto lo más grande para él, sino que considerará que ustedes le han quitado el regalo.
41
No, pues, señores atenienses, hay que considerar solo que Leucón no sea tratado injustamente, para quien el afán por el regalo podría ser por ambición, no por necesidad, sino también si alguien más los ha beneficiado mientras le iba bien, y ahora le ha resultado necesario haber recibido de ustedes la exención.¿ Quién es, pues, este? Epicerdes de Cirene, quien, si alguien más de los que han recibido, fue justamente considerado digno de este honor, no por haber dado cosas grandes o maravillosas, sino por haberlo hecho en un momento tal en el que incluso de los que habían recibido el bien era tarea encontrar a alguien que quisiera recordar de qué había sido beneficiado.
42
Pues este hombre, como muestra este decreto que se escribió entonces para él, a los ciudadanos que fueron capturados entonces en Sicilia, estando en tal desgracia, dio cien minas y fue el mayor responsable de que no murieran todos de hambre. Y después de esto, habiéndosele dado exención por esto de parte de ustedes, viendo en la guerra antes de los Treinta que el pueblo escaseaba de dinero, dio un talento habiéndolo prometido él mismo.
43
Consideren, pues, por Zeus y los dioses, señores atenienses, cómo un hombre podría ser más claramente leal a ustedes, o cómo menos digno de ser tratado injustamente, o primero, si estando presente en la desgracia de la ciudad, prefiriera más a los desgraciados y la gratitud de parte de estos, que fuera cual fuera iba a ser, que a los que en aquel tiempo habían vencido y entre quienes estaba, y segundo, viendo otra necesidad, si apareciera dando y no preocupándose de cómo salvar sus bienes en privado, sino de cómo nada de lo de ustedes carezca de lo que depende de él.
44
A este, sin embargo, que de hecho en los momentos más grandes poseía así los bienes en común con el pueblo, y de palabra y por el honor tenía la exención,¿ no le quitarán la exención( pues ni siquiera parece que la use)? Sino el confiar en ustedes,¿ de lo cual qué podría ser más vergonzoso? El decreto, pues, les leerá esto mismo que se votó entonces para el hombre. Y observen, señores atenienses, cuántos decretos hace nulos la ley, y a qué hombres trata injustamente, y en qué momentos habiéndose mostrado útiles para ustedes; pues encontrarán que trata injustamente a estos, a quienes menos correspondía. Lee. DECRETO.
45
Las acciones de gratitud por las que Epicerdes obtuvo la exención las han escuchado de los decretos, señores jueces. Pero no consideren esto, si dio cien minas y de nuevo un talento( pues yo no creo que los que recibieron admiren la cantidad del dinero), sino el entusiasmo y el haberlo prometido él mismo y los momentos en los que.
46
Pues todos son quizás dignos de recibir gratitud los que se anticipan haciendo el bien, pero especialmente los que lo hacen en las necesidades, de los cuales este hombre aparece ser uno.¿ Y entonces no nos avergonzamos, señores atenienses, si, no habiendo hecho ninguna mención de ninguno de estos, apareceremos habiendo quitado el regalo a los hijos de tal hombre, no teniendo nada que reprochar?
47
Pues no, si otros fueron los que entonces fueron salvados por él y dieron la exención, y otros son ustedes los que ahora quitan, esto libera de la vergüenza, sino que esto mismo es lo terrible. Pues si los que sabían y habían sufrido consideraban que eran dignos de esto, y nosotros, los que escuchamos esto de palabra, vamos a quitarlo como si fueran indignos,¿ cómo no haremos algo más que terrible?
48
El mismo argumento, pues, tengo yo también sobre los que derrocaron a los Cuatrocientos, y sobre los que se mostraron útiles cuando el pueblo huía; pues creo que todos ellos sufrirían algo terrible si se derogara algo de lo que se votó entonces para ellos.
49
Si, pues, alguno de ustedes está convencido de que la ciudad está lejos de necesitar a alguien tal ahora, que rece esto a los dioses, y yo rezo con él, pero que calcule primero que está a punto de dar su voto sobre una ley que, si no se deroga, habrá que usar, y segundo, que las leyes malas dañan también a las ciudades que creen vivir con seguridad. Pues los asuntos no cambiarían hacia ambos lados, si no fuera porque a los que están en peligro, acciones nobles y leyes y hombres nobles y todo examinado los conducía hacia lo mejor, mientras que a los que parecen estar en toda felicidad, todas estas cosas descuidadas se deslizan poco a poco.
50
Pues la mayoría de los hombres adquieren los bienes al deliberar bien y no despreciar nada, pero no quieren conservarlos con estas mismas cosas. Lo cual no sufran ustedes ahora, ni crean que hay que establecer tal ley, que a nuestra ciudad, que actúa bien, la llenará de mala reputación, y si alguna vez sucede algo, la dejará desierta de quienes quieran hacer algún bien.
51
No, pues, solo, señores atenienses, a los que en privado decidieron hacerles el bien y se mostraron útiles en momentos tan grandes y tales, como hace poco Formión ha repasado y yo ahora he dicho, es digno de tener cuidado de tratar injustamente, sino también a muchos otros, que ciudades enteras, sus propias patrias, les proporcionaron como aliados en la guerra contra los lacedemonios, y diciendo lo que beneficia a su ciudad y actuando;
52
de los cuales algunos, debido a la lealtad hacia ustedes, están privados de la patria. De los cuales se me ocurre examinar primero a los que huyen de Corinto. Y me veo obligado a decirles a ustedes lo que yo mismo he escuchado de ustedes, los más ancianos. Las otras cosas, pues, en las que se mostraron útiles para ustedes, las dejaré; pero cuando ocurrió la gran batalla contra los lacedemonios, la de Corinto, de los que en la ciudad deliberaron después de la batalla no recibir en la muralla a los soldados, sino parlamentar con los lacedemonios,
53
viendo que la ciudad había tenido mala suerte y que los lacedemonios controlaban el paso, no traicionaron ni deliberaron en privado sobre su propia salvación, sino que, estando cerca todos los peloponesios con armas, abrieron las puertas a ustedes a pesar de la mayoría, y prefirieron sufrir, si fuera necesario, con ustedes los que entonces habían hecho la campaña, que salvarse sin ustedes sin peligro, y dejaron entrar al ejército, y salvaron tanto a ustedes como a los aliados.
54
Y cuando la paz con los lacedemonios se hizo después de esto, la de Antálcidas, en lugar de estas acciones, fueron expulsados por los lacedemonios. Y ustedes, habiéndolos acogido, hicieron una acción de hombres nobles y buenos; pues votaron para ellos todo lo que necesitaban.¿ Y entonces consideramos ahora si esto debe ser soberano? Pero el argumento es primero vergonzoso para los que consideran, si alguien escuchara que los atenienses consideran si hay que dejar que los benefactores tengan lo dado; pues hace tiempo que correspondía haber considerado y decidido esto. Lee también este decreto para ellos. DECRETO.
55
Lo que votaron para los corintios que huyen por ustedes es esto, señores jueces. Y mira, si alguien que conoce aquellos momentos o estando presente o habiendo escuchado a alguien que lo sabe, escuchara de esta ley que quita los regalos dados entonces, cuánta maldad condenaría de los que establecieron la ley, quienes ante las necesidades eran tan filántropos y hacían todo, pero cuando hicimos todo lo que podríamos desear, tan ingratos y malos, que hemos quitado a los que tenían y hemos establecido una ley de que en el futuro no sea lícito dar esto a nadie.
56
Por Zeus, pues algunos de los que obtuvieron esto eran indignos; pues esto estará en todo el argumento de ellos.¿ Entonces diremos que ignoramos que la dignidad, cuando damos, hay que considerarla, no después de esto en un tiempo muy largo? Pues el no dar algo desde el principio es tarea de hombres que han usado el juicio; pero el quitar a los que tienen es de envidiosos, y esto no deben parecer ustedes haber sufrido.
57
Y ciertamente, tampoco dudaré en decirles sobre la dignidad misma. Pues yo no creo que la dignidad deba ser examinada de la misma manera para una ciudad y para un particular; pues ni siquiera la consideración es sobre las mismas cosas. Pues en privado cada uno de nosotros considera quién es digno de ser pariente de cada uno o de que suceda algo de tal tipo, y esto está determinado por leyes y opiniones; pero en común, la ciudad y el pueblo, quienquiera que los beneficie y los salve, esto uno podría ver que no se juzga por linaje y opinión, sino por la acción. Cuando, pues, hay que recibir el bien,¿ dejaremos al que quiere hacernos el bien, y cuando hayamos recibido, entonces consideraremos la dignidad del que hizo? Entonces no deliberaremos correctamente.
58
Pero, por Zeus,¿ estos solos sufrirán esto, y solo sobre estos hago un argumento tan largo? Estoy muy lejos de ello. Pero no intentaría examinar a todos los que, habiendo hecho el bien a ustedes, debido a la ley, si no se deroga, serán privados de lo dado; pero habiendo mostrado uno o dos decretos más, me libro de hablar sobre estos.
59
Esto, pues, a los tasios los de Ecfanto,¿ cómo no los tratarán injustamente, si quitan la exención, quienes habiéndoles entregado Tasos y habiendo expulsado con armas a la guarnición de los lacedemonios y habiendo introducido a Trasíbulo y habiendo proporcionado su propia patria como amiga para ustedes, fueron responsables de que el lugar alrededor de Tracia se convirtiera en aliado para ustedes?
60
¿ Y qué decir de Arquebio y Heráclides, quienes al entregar Bizancio a Trasíbulo los hicieron a ustedes dueños del Helesponto, de modo que pudieron vender el diezmo y, al obtener recursos financieros, obligar a los lacedemonios a concertar la paz que a ustedes les pareció conveniente? Tras la caída de estos, ciudadanos atenienses, ustedes votaron lo que, a mi juicio, corresponde a benefactores que se encuentran en el exilio por causa de ustedes: la proxenia, la euergesía y la exención de toda carga.¿ Vamos a permitir ahora que se les arrebate esto a quienes están en el exilio por ustedes y que obtuvieron legítimamente algo de ustedes, sin tener nada que reprocharles? Sería vergonzoso.
61
Podrían comprender esto mejor si reflexionaran de la siguiente manera: si algunos de los que ahora poseen Pidna o Potidea o cualquiera de los otros lugares que están sujetos a Filipo pero son hostiles a ustedes, ofrecieran entregarlos de la misma manera en que Tasos y Bizancio eran entonces afines a los lacedemonios pero ajenos a ustedes, a condición de que les concedieran las mismas recompensas que a Écfanto el tasio y a Arquebio el bizantino, y algunos se opusieran a ellos diciendo:
62
¿ qué terrible sería que algunos, únicos entre los demás metecos, no pagaran la coregía?¿ Cómo reaccionarían ante quienes dicen esto?¿ No es evidente que no soportarían ni oír su voz, considerándolos unos sicofantes?¿ No es vergonzoso, entonces, que si estuvieran a punto de recibir un beneficio considerarían sicofante a quien dijera esto, pero que escuchen a quienes dicen tales cosas con el fin de arrebatar las recompensas de los benefactores anteriores?
63
Vamos, examinemos también esto.¿ Qué fue lo que incitó a los que traicionaron Pidna y los otros lugares a favor de Filipo a cometer una injusticia contra nosotros?¿ O no es evidente para todos que fueron las recompensas de aquel, que creían que obtendrían por tales actos?¿ Qué era más necesario, Leptines?¿ Convencer a los enemigos, si puedes, de no honrar a quienes se convierten en sus benefactores mediante actos injustos contra nosotros, o promulgar una ley que nos arrebate parte de las recompensas que ya poseen nuestros benefactores? Yo creo que lo primero. Pero para no alejarme del asunto presente, toma los decretos que fueron redactados para los tasios y bizantinos. Lee. DECRETOS.
64
Han escuchado los decretos, señores jueces. Algunos de estos hombres quizás ya no existan, pero las acciones realizadas permanecen, puesto que una vez fueron ejecutadas. Conviene, pues, dejar estas estelas vigentes por todo el tiempo, para que, mientras vivan, no sufran ninguna injusticia por parte de ustedes, y cuando mueran, sean un monumento al carácter de la ciudad y permanezcan como ejemplo para quienes deseen hacerles algún bien, mostrando a cuántos la ciudad ha recompensado por haberla beneficiado.
65
Y que no se les escape esto, ciudadanos atenienses: es de lo más vergonzoso que todos los hombres vean y oigan que las desgracias que estos hombres sufrieron por causa de ustedes han permanecido vigentes para ellos todo el tiempo, mientras que las recompensas que recibieron de ustedes a cambio han sido anuladas.
66
Pues era mucho más apropiado dejar lo concedido y quitar las desgracias, que dejar que estas permanezcan y arrebatar las recompensas. Porque, por Zeus,¿ quién habrá que desee beneficiarlos, sabiendo que si fracasa pagará inmediatamente el castigo ante los enemigos, y si tiene éxito, encontrará que las gratitudes de ustedes no son fiables?
67
Me sentiría muy molesto, señores jueces, si pareciera que acuso a la ley solo por el hecho de que priva de la exención a muchos benefactores extranjeros, y que no parezco capaz de mostrar a ningún ciudadano digno de haber obtenido este honor. Pues yo mismo desearía que hubiera entre nosotros la mayor cantidad de bienes, y que los mejores hombres y la mayor cantidad de ciudadanos fueran benefactores de la ciudad.
68
Primero, pues, consideren a Conón, si es acaso digno, tras censurar al hombre o sus actos, invalidar algo de lo que se le concedió. Este, como pueden oír de algunos de ustedes que son de la misma generación, tras el regreso del pueblo desde el Pireo, cuando nuestra ciudad estaba débil y no poseía ni una sola nave, siendo estratego del rey, sin haber recibido de ustedes ningún recurso, derrotó en combate naval a los lacedemonios, acostumbró a quienes antes daban órdenes a obedecerles a ustedes, expulsó a los harmostas de las islas y, tras volver aquí, levantó las murallas y fue el primero en hacer que la ciudad volviera a discutir con los lacedemonios sobre la hegemonía.
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Y, en efecto, es el único de todos en cuya estela está escrito esto:« Puesto que Conón, según se dice, liberó a los aliados de los atenienses». Este texto, señores jueces, es un motivo de orgullo para él ante ustedes, y para ustedes ante todos los griegos; pues de cualquier bien que alguien sea causa para otros por parte de ustedes, el nombre de la ciudad cosecha la gloria.
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Por eso, no solo le dieron la exención los de entonces, sino que también erigieron una estatua de bronce, la primera, como la de Harmodio y Aristogitón; pues consideraban que este no había puesto fin a una pequeña tiranía, sino al imperio de los lacedemonios. Para que presten más atención a lo que digo, se les leerán los decretos que fueron votados entonces para Conón. Lee. DECRETOS.
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No fue, pues, solo por ustedes, ciudadanos atenienses, que Conón fue honrado entonces tras realizar lo que he expuesto, sino también por otros muchos, que consideraban que debían devolver justamente la gratitud por lo que habían sido beneficiados.¿ No es vergonzoso, ciudadanos atenienses, que las recompensas de los demás permanezcan firmes para él, pero que de la de ustedes solamente se le arrebate esto?
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Y tampoco es noble honrarlo tanto en vida como para considerarlo digno de todo lo que han oído, y una vez que ha muerto, sin hacer mención de esto, arrebatarle algo de lo que se le concedió entonces. Pues son muchas las acciones de aquel dignas de elogio, por las cuales no conviene anular las recompensas dadas por ellas, y la más hermosa de todas es la reconstrucción de las murallas.
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Uno podría darse cuenta si comparara cómo Temístocles, el más ilustre de todos los hombres de su tiempo, hizo esto mismo. Se dice que él, tras decir a los ciudadanos que amurallaran y ordenar retener a cualquiera que llegara de Lacedemonia, partió él mismo como embajador ante los lacedemonios, y al haber discusiones allí y anunciar algunos que los atenienses estaban amurallando, negaba y pedía enviar embajadores para investigar, y cuando estos no llegaban, aconsejaba enviar a otros. Y todos quizás han oído de qué manera se dice que los engañó.
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Yo afirmo, pues( y por Zeus, ciudadanos atenienses, que nadie escuche lo siguiente con envidia, sino que considere si es verdad), que cuanto más noble es actuar abiertamente que a escondidas, y más honorable es actuar venciendo que engañando, tanto más noble fue que Conón levantara las murallas que Temístocles; pues uno lo hizo a escondidas, el otro venciendo a quienes iban a impedirlo. No es, pues, digno que tal hombre sea perjudicado por ustedes, ni que tenga menos que los oradores que enseñarán que hay que arrebatar algo de lo que se le concedió.
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Bien. Pero, por Zeus,¿ permitiremos que el hijo de Cabrias sea privado de la exención que su padre, tras obtenerla justamente de ustedes, le dejó? No creo que nadie en su sano juicio diría que esto está bien. Quizás sepan, incluso sin mi discurso, que Cabrias fue un hombre valioso, pero nada impide que yo también mencione brevemente sus hazañas.
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La manera en que se enfrentó a todos los peloponesios en Tebas, cómo mató a Gorgopas en Egina, cuántos trofeos erigió en Chipre y después en Egipto, y que, tras recorrer casi todo el país, no deshonró en ninguna parte el nombre de la ciudad ni a sí mismo, no es del todo fácil de decir según su mérito, y sería una gran vergüenza que, al hablar yo, estas parecieran menores que la opinión que cada uno tiene ahora sobre él; pero intentaré recordar lo que no creo que sea pequeño al decirlo.
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Derrotó a los lacedemonios en combate naval y tomó cincuenta trirremes menos una, capturó muchas de estas islas y se las entregó a ustedes, e hizo amigas a las que antes eran hostiles, trajo aquí tres mil prisioneros y presentó más de ciento diez talentos de los enemigos. Y de todo esto, algunos de los más ancianos de ustedes son mis testigos. Además de esto, capturó otras más de veinte trirremes, tomándolas de una en una y de dos en dos, las cuales llevó todas a sus puertos.
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En resumen, fue el único de todos los estrategos que no perdió ni una ciudad, ni una fortaleza, ni una nave, ni un soldado bajo su mando, ni existe para ninguno de sus enemigos ningún trofeo de ustedes y de él, mientras que para ustedes hay muchos de muchos cuando él era estratego. Y para no omitir nada de lo que hizo, se les leerán las naves que tomó y dónde cada una, el número de ciudades, la cantidad de dinero y dónde está cada uno de los trofeos. Lee. HAZAÑAS DE CABRIAS.
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¿ Les parece a algunos de ustedes, señores jueces, que este hombre, que tomó tantas ciudades y derrotó en combate naval a las naves de los enemigos, y que es causa de tantos bienes para la ciudad y de ninguna vergüenza, es digno de ser privado de la exención que obtuvo de ustedes y dejó a su hijo? Yo no lo creo. Pues sería absurdo: si hubiera perdido una sola ciudad o diez naves, estos lo habrían denunciado por traición, y si hubiera sido condenado, habría perdido todo el tiempo.
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Pero puesto que, al contrario, tomó diecisiete ciudades, capturó setenta naves, tres mil prisioneros y presentó ciento diez talentos, y erigió tantos trofeos,¿ entonces no serán válidas para él las recompensas dadas por esto? Y, en efecto, ciudadanos atenienses, Cabrias aparecerá habiendo hecho todo por ustedes en vida, y habiendo hecho el final mismo de su vida por nada más que por ustedes, de modo que justamente no solo parecerían estar bien dispuestos hacia su hijo por las acciones realizadas en vida, sino también por esto.
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Es digno, pues, ciudadanos atenienses, considerar también esto, para no parecer más viles que los quios respecto a los benefactores. Pues si ellos, contra quienes fue con armas en calidad de enemigo, no han arrebatado ahora nada de lo que dieron antes, sino que han hecho que las antiguas gratitudes sean mayores que las nuevas acusaciones, y ustedes, por quienes fue contra ellos y murió, en lugar de honrarlo aún más por esto, aparecerán habiendo arrebatado algo de lo dado por las anteriores euergesías,¿ cómo no sentirán vergüenza con razón?
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Y tampoco sería justo que el hijo sufriera algo indigno si se le arrebatara algo de la recompensa, dado que, habiendo sido Cabrias estratego muchas veces, ningún hijo quedó huérfano por su causa, mientras que él mismo ha crecido en la orfandad por la ambición de su padre hacia ustedes. Pues así, verdaderamente, me parece que aquel era tan firmemente amante de su ciudad, que, pareciendo y siendo el estratego más seguro de todos, usaba esto por ustedes cuando los dirigía, pero por sí mismo, cuando se le ordenó arriesgarse, lo pasó por alto y prefirió no vivir a deshonrar los honores que ya tenía de ustedes.
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¿ Y luego, por lo que él creía que debía morir o vencer, vamos nosotros a arrebatárselo a su hijo?¿ Y qué diremos, ciudadanos atenienses, cuando los trofeos que él erigió siendo estratego por ustedes estén en pie, claros para todos los hombres, y aparezca que se le ha arrebatado algo de las recompensas por esto?¿ No considerarán y calcularán, ciudadanos atenienses, que ahora no se juzga si la ley es conveniente o no, sino que ustedes están siendo juzgados si son convenientes para recibir beneficios en el tiempo restante o no?
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Toma también el decreto votado para Cabrias. Mira y considera; pues debe estar en alguna parte. Yo quiero decir esto todavía sobre Cabrias. Ustedes, ciudadanos atenienses, al honrar alguna vez a Ifícrates, no solo lo honraron a él, sino también por él a Strabax y a Polístrato; y de nuevo, al dar la recompensa a Timoteo, por él dieron la ciudadanía a Clearco y a otros; pero Cabrias fue honrado solo entre ustedes.
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Si entonces, cuando obtenía la recompensa, hubiera pedido a ustedes, como han beneficiado a algunos por Ifícrates y Timoteo, que también por él beneficiaran a algunos de estos que han obtenido la exención, a quienes ahora estos, censurándolos, piden que se les arrebate a todos por igual,¿ no le habrían concedido este favor? Yo creo que sí.
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¿ Y luego, a quienes por él habrían dado una recompensa entonces, por ellos le arrebatarán ahora a él mismo la exención? Es absurdo. Pues no les conviene parecer tan prontos ante las euergesías como para no honrar solo a los benefactores, sino también a sus amigos, y cuando pasa poco tiempo, arrebatarles lo que les han dado. DECRETOS DE LOS HONORES DE CABRIAS.
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A quienes perjudicarán, si no anulan la ley, además de muchos otros que han oído, están estos, señores jueces. Consideren y calculen entre ustedes, si algunos de estos que han muerto percibieran de alguna manera lo que está sucediendo ahora, cómo se indignarían con razón. Pues si de los bienes que cada uno de ellos ha hecho por ustedes en la práctica, se hace un juicio basado en el discurso, y las acciones bien realizadas por ellos, si no son bien dichas por nosotros en el discurso, han sido realizadas en vano por quienes se esforzaron,¿ cómo no están sufriendo algo terrible?
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Para que sepan, ciudadanos atenienses, que verdaderamente hacemos todos los discursos que les dirigimos basados en toda justicia, y que no hay nada que se diga por nuestra parte con el fin de engañar y embaucar, se les leerá la ley que presentamos escrita en lugar de esta, que decimos que no es conveniente. Pues conocerán por esto que tenemos cierta previsión tanto para que ustedes no parezcan haber hecho nada vergonzoso, como para que, si alguien censura a alguno de los que han obtenido las recompensas, si es justo, tras juzgarlo ante ustedes, se las arrebate, y para que aquellos a quienes nadie diría que no deben tenerlas, tengan lo concedido.
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Y de todo esto no hay nada nuestro ni un invento nuevo, sino que la antigua ley, que este transgredió, ordena legislar así: escribir, si alguien considera que alguna de las leyes existentes no está bien, y presentar otra, la cual, al proponerla, anule aquella, y que ustedes, tras escuchar, elijan la mejor.
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Pues no creía Solón, quien ordenó legislar de esta manera, que los tesmotetes, que son elegidos por sorteo para las leyes, debieran ejercer tras ser examinados dos veces, tanto en el consejo como ante ustedes en el tribunal, mientras que las leyes mismas, según las cuales conviene que estos ejerzan y todos los demás vivan en sociedad, fueran válidas sin haber sido examinadas, establecidas en el momento y como fuera.
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Y, en efecto, entonces, mientras legislaban de esta manera, usaban las leyes existentes y no establecían nuevas; pero desde que algunos de los políticos, al tener poder, según me entero, se prepararon la posibilidad de legislar cuando alguien quiera y de la manera que sea, hay tantas leyes contrarias entre sí que ustedes eligen a quienes deben separar las contrarias desde hace mucho tiempo,
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y el asunto no puede tener fin; y las leyes no se diferencian en nada de los decretos, sino que las leyes, según las cuales deben escribirse los decretos, son más recientes que los mismos decretos para ustedes. Para no decir solo un discurso, sino mostrar también la ley misma que digo, tómame la ley según la cual estaban los legisladores anteriores. Lee. LEY.
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Entiendan de qué manera, ciudadanos atenienses, Solón ordena que se establezcan bien las leyes, primero ante ustedes, entre los que han jurado, ante quienes también se validan las demás cosas, luego anulando las contrarias, para que haya una sola ley sobre cada una de las cosas existentes, y que esto mismo no confunda a los particulares y haga que tengan menos que los que conocen todas las leyes, sino que para todos sea lo mismo leer y aprender lo justo, simple y claro.
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Y antes de esto, ordenó exponerlas ante los epónimos y entregarlas al secretario, y que este las lea en las asambleas, para que cada uno de ustedes, tras escuchar muchas veces y considerar con calma, si son justas y convenientes, las legisle. Siendo tantos los puntos justos, este Leptines no hizo nada; pues ustedes nunca habrían sido convencidos, según creo, de establecer la ley; nosotros, en cambio, ciudadanos atenienses, todo, y presentamos una ley mucho mejor y más justa que la suya.
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Y lo conocerán al escuchar. Toma y lee primero lo que hemos escrito de la ley de este, luego lo que decimos que debe establecerse en lugar de esto. Lee. LEY. Esto es lo que perseguimos de la ley de este como no conveniente. Lee lo siguiente, lo que decimos que es mejor que esto. Presten atención, señores jueces, a esto mientras se lee. Lee. LEY.
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Espera. Esto es algo bueno que existe en las leyes vigentes, ciudadanos atenienses, y claro: que las recompensas que el pueblo dio sean válidas; es justo, por la tierra y los dioses. Debía, pues, Leptines no establecer su ley antes de haber anulado esta tras haberla escrito. Pero ahora, dejando un testimonio contra sí mismo de que transgrede la ley, legislaba, y esto cuando otra ley ordena que por esto mismo sea responsable de la denuncia, si es contraria a las leyes establecidas anteriormente. Toma la ley misma. LEY.
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¿ No es contrario, ciudadanos atenienses, a que sean válidas las recompensas que el pueblo dio, el que nadie sea exento de aquellos a quienes el pueblo dio? Claramente así. Pero no en la ley que este presenta ahora, sino que lo que dieron sea válido, y una causa justa contra quienes o engañaron o después cometieron injusticias o son totalmente indignos, por la cual, a quien les parezca, impedirán tener la recompensa. Lee la ley. LEY.
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Escuchen, ciudadanos atenienses, y comprendan que aquí está tanto que los dignos tengan lo dado como que los que no son tales, tras ser juzgados, si obtuvieron algo injustamente, sean privados, y que en el futuro todo esté en sus manos, como es justo, tanto dar como no. Que esta ley no es buena y justa, no creo que Leptines vaya a decirlo ni, si lo dice, que pueda demostrarlo; pero lo que decía ante los tesmotetes, quizás al decirlo buscará desviarlos. Pues decía que esta ley había sido escrita para engañar, y que si se anulaba la que él mismo estableció, esta no se establecería.
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Yo, que la antigua ley ordena claramente que, al ser anulada la ley de este por su voto, la presentada sea válida, según la cual los tesmotetes les escribieron esta, lo dejaré, para que nadie discuta conmigo sobre esto, sino que iré a aquello. Cuando dice esto, admite que esta ley es mejor y más justa que la que él mismo estableció, pero hace el discurso sobre cómo se establecerá.
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Primero, pues, tiene muchos caminos contra el que presenta, por los cuales, si quiere, obligará a establecer la ley misma. Luego, nosotros garantizamos, yo, Formión, si quiere otro, que estableceremos la ley. Hay, supongo, una ley para ustedes: si alguien, tras prometer algo, engaña al pueblo o al consejo o al tribunal, que sufra lo último. Garantizamos, prometemos; que los tesmotetes escriban esto, que el asunto se haga sobre esto.