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Against Meidias
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Original / primary: Spanish Gemini
1
No creo, señores jueces, que ninguno de vosotros ni de los demás ciudadanos ignore la insolencia y la desmesura de las que Midias hace gala constantemente contra todos. Yo, por mi parte, hice lo mismo que cualquiera de vosotros habría elegido hacer de haber sido ultrajado: presenté una acusación contra él por sus actos ilícitos durante la festividad, no solo por haber recibido golpes de su parte en las Dionisias, sino también por haber sufrido muchas otras violencias a lo largo de toda la coregía.
2
Pero cuando todo el pueblo, actuando con rectitud y justicia, se indignó, se irritó y se mostró tan resuelto ante los agravios de los que yo era víctima, hasta el punto de que, a pesar de todos los esfuerzos de este hombre y de algunos otros en su favor, no se dejó convencer ni tuvo en cuenta sus patrimonios ni sus promesas, sino que por unanimidad votó en su contra, muchos se me acercaron, señores jueces, tanto de entre vosotros los que estáis hoy en el tribunal como de los demás ciudadanos, y me instaron y exhortaron a que prosiguiera con la acción y lo entregara a vuestra justicia. A mi juicio, señores atenienses, por ambas razones,¡ por los dioses!, tanto por considerar que yo había sufrido agravios terribles como por querer, al mismo tiempo, obtener justicia contra alguien a quien habían visto ser audaz, detestable e incontrolable con los demás.
3
Estando así las cosas, todo lo que correspondía que yo preservara ha sido guardado justamente para vosotros, y estoy aquí, como veis, para acusar, puesto que alguien presenta la causa, habiendo rechazado— a pesar de que podía haber aceptado— mucho dinero para no acusar, y habiendo soportado muchas súplicas, favores y,¡ por Zeus!, amenazas.
4
Y en cuanto a lo que queda por tratar ante vosotros, cuanto más ha molestado y hostigado este hombre a otros( pues lo vi hace poco ante los tribunales haciendo de las suyas), tanto más espero obtener justicia. Pues no podría pensar de ninguno de vosotros que descuidaréis aquello por lo que vosotros mismos os habéis interesado ante mí, ni que, para que Midias pueda seguir ultrajando impunemente en el futuro, alguno de vosotros, habiendo prestado juramento, votará otra cosa que no sea lo que considere justo.
5
Si, pues, señores atenienses, fuera a acusarlo de ilegalidad, de embajada infiel o de alguna otra acusación semejante, no os pediría nada, considerando que al acusador en tales casos le corresponde solo probar, y al acusado defenderse. Pero puesto que este hombre corrompió a los jueces y, debido a ello, la tribu fue injustamente despojada del trípode,
6
y yo mismo he recibido golpes y he sido ultrajado como no sé si algún otro corego haya sido ultrajado jamás, y puesto que el pueblo, indignado y enfurecido por estos hechos, votó en su contra, comparezco por esta causa y no me avergonzaré de pedir vuestro apoyo. Pues, si es posible decirlo, yo ahora me siento como un acusado, si es que es una desgracia haber sido ultrajado y no obtener justicia alguna.
7
Os pido, pues, a todos vosotros, señores jueces, y os suplico: primero, que me escuchéis con benevolencia mientras hablo; después, si demuestro que este Midias no solo me ha ultrajado a mí, sino también a vosotros, a las leyes y a todos los demás, que me ayudéis tanto a mí como a vosotros mismos. Pues así es la situación, señores atenienses: yo he sido ultrajado y mi cuerpo fue entonces vejado, pero el asunto que se va a juzgar y decidir ahora es si está permitido hacer tales cosas y ultrajar impunemente a cualquiera de vosotros o no.
8
Si alguno de vosotros, pues, pensaba hasta ahora que este proceso se celebraba por motivos personales, que reflexione ahora que interesa a la comunidad que a nadie le esté permitido hacer tal cosa, y que escuche con atención, como si el asunto fuera de interés común, y que vote lo que le parezca más justo. Se os leerá primero la ley conforme a la cual se realizan las probolai; después de esto, intentaré explicaros lo demás. Lee la ley. LEY: Que los pritanos convoquen una asamblea al día siguiente de las Pandias en el templo de Dioniso. En ella, traten primero sobre los asuntos sagrados; después, que presenten las probolai que se hayan realizado con motivo de la procesión o de los certámenes de las Dionisias, siempre que no hayan sido satisfechas.
9
Esta es la ley, señores atenienses, conforme a la cual se realizan las probolai, que ordena, como habéis escuchado, celebrar la asamblea en el templo de Dioniso después de las Pandias, y en ella, una vez que los proedros hayan tratado los asuntos gestionados por el arconte, tratar también sobre aquellos que hayan cometido algún agravio o ilegalidad durante la festividad. Es una ley buena y beneficiosa, señores atenienses, como el propio hecho atestigua. Pues si, existiendo este temor, algunos se muestran no obstante insolentes,¿ qué cabe esperar que hagan tales individuos si no hubiera proceso ni peligro alguno?
10
Quiero, pues, leeros también la ley que sigue a esta; pues de ella resultará evidente para todos vosotros tanto la prudencia de los demás como la audacia de este hombre. Lee la ley. LEY: Euegoros propuso: cuando sea la procesión a Dioniso en el Pireo, y los comediantes y los trágicos, y la procesión en el Leneo, y los trágicos y los comediantes, y en las Dionisias de la ciudad la procesión, los niños, el komos, los comediantes y los trágicos, y en la procesión y el certamen de las Targelias, no esté permitido embargar ni tomar nada de otro, ni siquiera de los que han excedido el plazo, durante estos días. Si alguien contraviene esto, que sea procesable ante el agraviado, y que haya probolai contra él en la asamblea del templo de Dioniso por haber cometido un agravio, tal como está escrito sobre los demás que cometen agravios.
11
Reflexionad, señores jueces, que si en la ley anterior la probolai existía contra los que cometían agravios durante la festividad, en esta habéis establecido las probolai también contra los que cobran a los que han excedido el plazo o toman cualquier otra cosa de alguien o ejercen violencia. Pues no solo considerasteis que no debía ultrajarse el cuerpo de nadie en estos días, ni el equipo que uno pudiera haber costeado de sus propios recursos para una liturgia, sino que incluso concedisteis que la festividad fuera, al menos, para los que han obtenido el derecho por sentencia y voto, y para los que han sido condenados y poseen desde el principio.
12
Vosotros, pues, señores atenienses, habéis llegado a tal grado de humanidad y piedad que incluso habéis suspendido durante estos días la obtención de justicia por agravios cometidos anteriormente; pero se demostrará que Midias, en estos mismos días, ha hecho cosas dignas de recibir el castigo supremo. Quiero mostraros cada uno de los hechos desde el principio y hablar también de los golpes que me propinó al final; pues no hay ni una sola de sus acciones por la que no resulte merecedor de perecer.
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Pues cuando no había corego para la tribu Pandiónide, hace ya tres años, y estando presente la asamblea en la que la ley ordena al arconte sortear los flautistas para los coros, surgiendo discusiones y reproches, y acusando el arconte a los επιμεληταί de la tribu, y estos al arconte, me presenté y me ofrecí voluntariamente a ser corego, y en el sorteo fui el primero en elegir al flautita,
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vosotros, señores atenienses, acogisteis todos con el mayor entusiasmo posible tanto mi ofrecimiento como lo que sucedió por azar, y provocasteis un alboroto y un aplauso como si estuvierais alabando y alegrándoos, pero Midias, este que está aquí, fue el único de todos, al parecer, a quien le molestó, y me siguió durante toda la liturgia hostigándome continuamente con cosas pequeñas y mayores.
15
Todo lo que hizo molestando a los coreutas al oponerse a que fueran eximidos del servicio militar, o al presentarse y ordenar que lo eligieran a él επιμελητής para las Dionisias, o todas las demás cosas por el estilo, las dejaré pasar; pues no ignoro que, para mí, que entonces era hostigado y ultrajado, cada una de estas cosas provocaba la misma indignación que cualquier otra de las más graves, pero para vosotros, que estáis fuera del asunto, quizás no parezcan dignas de un proceso por sí mismas; pero diré aquellas por las que todos os indignaréis por igual.
16
Hay una desmesura en lo que sigue, que voy a contar, y yo mismo no habría intentado acusarlo ahora si no lo hubiera denunciado al instante ante el pueblo. Pues el atuendo sagrado( pues yo considero sagrado todo lo que uno prepara para la festividad, mientras se utilice) y las coronas de oro, que yo hice como adorno para el coro, planeó, señores atenienses, destruírmelas yendo de noche a la casa del orfebre. Y las destruyó, aunque no todas; pues no pudo. Y, sin embargo, nadie dice haber oído jamás que alguien se haya atrevido a hacer tal cosa en la ciudad.
17
Y no le bastó con esto, sino que también corrompió al maestro de mi coro, señores atenienses; y si Telefanes el flautista no se hubiera portado entonces como el mejor de los hombres conmigo, y al darse cuenta del asunto no hubiera expulsado al individuo y decidido él mismo dirigir y enseñar al coro, ni siquiera habríamos competido, señores atenienses, sino que el coro habría entrado sin ensayar y habríamos sufrido las consecuencias más vergonzosas. Y ni siquiera ahí se detuvo en su insolencia, sino que le sobraba tanto que corrompía al arconte coronado, reunía a los coregos contra mí, gritando, amenazando, poniéndose al lado de los jueces mientras juraban, bloqueando los bastidores, clavándolos, siendo un particular que se entrometía en asuntos públicos, y no dejó de causarme males y problemas incalculables.
18
Y de todo esto, al menos de lo que ocurrió ante el pueblo o ante los jueces en el teatro, todos vosotros sois mis testigos, señores jueces. Y, sin embargo, se debe considerar que los testimonios más justos son aquellos que los presentes certifican como verdaderos ante el que habla. Habiendo corrompido, pues, a los jueces para el certamen de los hombres, añadió estos dos puntos como colofón a todas sus bravuconadas: ultrajó mi cuerpo y, siendo mi tribu la que ganaba el certamen, fue el principal responsable de que no venciera.
19
Estos son, pues, señores atenienses, los actos de insolencia cometidos contra mí y los miembros de mi tribu, y los agravios realizados por este hombre durante la festividad, por los cuales presenté la probolai, y hay muchos otros, de los cuales expondré ante vosotros todos los que pueda dentro de muy poco. Pero puedo hablar también de otras innumerables maldades suyas y de sus insolencias contra muchos de vosotros, y de muchos y terribles actos de audacia de este ser abominable,
20
ante los cuales, de los que han sufrido, algunos, señores jueces, temiendo a este hombre, a su audacia, a sus compañeros y a su riqueza, y a todo lo demás que le acompaña, guardaron silencio, otros, al intentar obtener justicia, no pudieron, y hay quienes llegaron a un acuerdo, quizás considerándolo más rentable. Los que se dejaron convencer ya tienen la justicia que les corresponde; pero de la justicia en nombre de las leyes, que este hombre violó al agraviarlos a ellos y ahora a mí y a todos los demás, vosotros sois los herederos.
21
Haced, pues, una sola valoración de todo el conjunto, la que consideréis justa. Demostraré primero todo lo que yo mismo sufrí, después lo que sufristeis vosotros; y después de esto, examinaré toda su vida, señores atenienses, y mostraré que es digno de muchas muertes, no de una sola. Lee para mí el testimonio del orfebre, habiéndolo tomado primero. TESTIMONIO
22
Pamenes, hijo de Pamenes, del demo de Erquia: tengo un taller de orfebrería en el ágora, en el que me ocupo y trabajo el arte de la orfebrería. Habiéndome encargado Demóstenes, a quien doy testimonio, una corona de oro para que la fabricara y un manto bordado en oro para que lo hiciera, a fin de que pudiera desfilar con ellos en la procesión de Dioniso, y habiéndolos yo terminado y teniéndolos listos en mi poder, Midias, el que es juzgado por Demóstenes, irrumpió en mi taller de noche, teniendo consigo a otros, e intentó destruir la corona y el manto, y dañó algunos de ellos, aunque no pudo destruirlos todos debido a que aparecí y lo impedí.
23
Tengo, pues, mucho que decir, señores atenienses, sobre lo que ha agraviado a otros, como dije al principio del discurso, y he reunido tantas insolencias y deshonras suyas como escucharéis dentro de muy poco. Y la recopilación fue fácil; pues los propios agraviados se acercaron a mí.
24
Quiero, antes de esto, decir lo que he oído que intentará hacer para engañaros; pues considero que los argumentos sobre esto son los más necesarios de exponer para mí, y los más útiles de escuchar para vosotros.¿ Por qué? Porque el argumento que os impida ser engañados será la causa de que emitáis un voto justo y conforme a vuestro juramento. Es mucho más necesario que prestéis atención a este argumento, que lo recordéis y que respondáis a cada punto cuando él hable.
25
Es, en primer lugar, evidente que dirá aquello que, al tratarlo en privado con algunos, se me comunicaba, que si realmente hubiera sufrido lo que digo, me correspondía presentar contra él demandas privadas: por la destrucción de los mantos y las coronas de oro y por todo el hostigamiento contra el coro, una demanda por daños; y por lo que afirmo haber sufrido en mi cuerpo, una demanda por ultraje, y no,¡ por Zeus!, juzgarlo públicamente y pedir una valoración de lo que debe sufrir o pagar.
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Yo sé bien una cosa, y vosotros también debéis saberla, que si no hubiera presentado la probolai contra él, sino que hubiera interpuesto demandas, habría venido con el argumento contrario: que si algo de esto fuera cierto, debía haber presentado la probolai y haber obtenido el castigo al mismo tiempo que los agravios; pues el coro era de la ciudad, y el atuendo se preparaba todo para la festividad, y yo, el que sufrió esto, era el corego;¿ quién, pues, habría elegido otro castigo que el que existe por ley contra los que cometen agravios durante la festividad?
27
Sé bien que todo esto habría dicho él entonces. Pues, creo, es propio de quien se defiende y ha cometido un agravio eludir el modo presente de recibir castigo diciendo que el que no existe debería haberse hecho como era debido, pero es propio de jueces sensatos no prestar atención a esto y castigar a quien pillan siendo insolente.
28
No le permitáis, pues, decir esto, que la ley me concede tanto demandas privadas como una acusación por ultraje; pues las concede; pero que demuestre que no ha hecho lo que he acusado, o que, habiéndolo hecho, no comete agravio durante la festividad; pues por esto mismo presenté la probolai contra él, y sobre esto emitiréis ahora vuestro voto. Y si yo, dejando de lado la codicia de las demandas privadas, cedo el castigo a la ciudad y elegí este proceso del cual no es posible obtener ganancia alguna para mí, esto, razonablemente, debería reportarme gratitud, no perjuicio, por vuestra parte.
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Sé, pues, que también usará mucho este argumento:« No me entreguéis a Demóstenes, ni me destruyáis por causa de Demóstenes».¿ Por qué?¿ Me destruiréis porque estoy en guerra con él? Sé que dirá muchas veces tales cosas, queriendo suscitar envidia contra mí mediante estos argumentos.
30
Pero las cosas no son así, ni mucho menos. Pues vosotros no entregáis a ninguno de los que cometen agravios a ninguno de los acusadores; pues ni siquiera cuando alguien es agraviado, hacéis el castigo como cada uno de los que han sufrido os convenza, sino que, por el contrario, establecisteis leyes antes de los agravios, siendo inciertos los que iban a cometerlos y los que iban a ser agraviados.¿ Y qué hacen estas leyes? Prometen a todos los que están en la ciudad que, si alguien es agraviado, podrá obtener justicia a través de ellas. Cuando, pues, castigáis a alguno de los que violan las leyes, no lo entregáis a los acusadores, sino que confirmáis las leyes para vosotros mismos.
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Pero, además, ante tal argumento, que Demóstenes dice haber sido ultrajado, el discurso es justo, común y en nombre de todos. Pues no solo me ultrajaba a mí, Demóstenes, ese día, sino también a un corego vuestro; y cuánto significa esto podríais conocerlo por lo siguiente.
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Sabéis, supongo, que a ninguno de estos tesmotetas el nombre es« tesmoteta», sino cualquier otro que cada uno tenga. Si, pues, alguien ultraja o insulta a uno de ellos siendo un particular, se enfrentará a una acusación por ultraje y a una demanda privada por difamación, pero si ultraja a un tesmoteta, será privado de derechos para siempre.¿ Por qué? Porque quien hace esto ultraja de antemano las leyes, la corona común vuestra y el nombre de la ciudad; pues el tesmoteta no es el nombre de un hombre, sino de la ciudad.
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Y, de nuevo, lo mismo ocurre con el arconte: si alguien golpea o insulta a uno que lleva la corona, es privado de derechos, pero si es a un particular, es procesable privadamente. Y esto no solo ocurre así con ellos, sino también con todos aquellos a quienes la ciudad otorga alguna inmunidad, el derecho a llevar corona o algún honor. Así, pues, también conmigo, si Midias me hubiera agraviado en otros días siendo un particular, le correspondía dar cuenta privadamente;
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pero si resulta que, siendo corego vuestro, me ha ultrajado durante una festividad sagrada en todo lo que me ha agraviado, es justo que reciba la indignación y el castigo públicos; pues al mismo tiempo que a Demóstenes, se ultrajaba al corego, y esto es de la ciudad, y el hecho de que fuera en estos días, en los que las leyes no lo permiten. Y es necesario, cuando establecéis las leyes, observar cómo son, pero una vez establecidas, guardarlas y utilizarlas; pues esto es conforme a vuestro juramento y, por lo demás, justo.
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Existía desde antiguo vuestra ley sobre daños, la de lesiones, la de ultraje. Si, pues, hubiera bastado que los que hicieran algo de esto durante las Dionisias dieran cuenta conforme a esas leyes, no habría hecho falta esta ley. Pero no bastó. Y una prueba: establecisteis una ley sagrada para el propio dios sobre la festividad. Si, pues, alguien es culpable tanto ante aquellas leyes preexistentes como ante esta que se estableció después de ellas y ante todas las demás,¿ debe tal persona no dar cuenta por ello o debería dar incluso un castigo mayor justamente? Yo creo que mayor.
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Alguien me comunicaba, pues, que él va por ahí reuniendo información y preguntando a quiénes les ha ocurrido ser ultrajados, y que pretende decir y contar esto ante vosotros, por ejemplo, señores atenienses, el caso del proedro que dicen que fue golpeado una vez entre vosotros por Polizelo, y el del tesmoteta que fue golpeado hace poco al intentar arrebatarle la flautista, y algunos casos semejantes, para que, si demuestra que muchos otros han sufrido cosas terribles y numerosas, os indignéis menos por lo que yo he sufrido. Pero a mí, por el contrario, señores atenienses,
37
me parece que actuaríais razonablemente si os preocupara el bien común. Pues,¿ quién de vosotros no sabe que el hecho de que ocurran muchas cosas así es causa de que no se castigue a los que delinquen, y que el hecho de que nadie ultraje en el futuro sería causa de que el que sea capturado dé el castigo que corresponde? Si, pues, es beneficioso disuadir a los demás, este debe ser castigado también por aquellos hechos, y tanto más cuanto más numerosos y mayores sean; pero si es beneficioso irritar tanto a este como a todos, entonces hay que dejarlo.
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Además, no encontraremos que la indulgencia sea igual para este que para aquellos. Pues, en primer lugar, el que golpeó al tesmoteta tenía tres excusas: embriaguez, pasión, ignorancia debido a que el hecho ocurrió en la oscuridad y de noche. Después, Polizelo golpeó por ira y por precipitación de carácter, habiéndose equivocado antes de reflexionar; pues no era su enemigo, ni hizo esto por ultraje. Pero Midias no tiene nada de esto que decir; pues era su enemigo, ultrajaba a plena luz del día a sabiendas, y no solo en este caso, sino que parece haber elegido ultrajarme en todos.
39
Y, ciertamente, no veo nada parecido entre lo que me ocurrió a mí y lo que les ocurrió a ellos. Pues, en primer lugar, el tesmoteta no parecerá haber cuidado ni haberse indignado por vosotros ni por las leyes, sino que, convencido en privado por no sé cuánto dinero, abandonó el proceso; después, aquel que fue golpeado por Polizelo, lo mismo, habiendo llegado a un acuerdo en privado, diciendo adiós a las leyes y a vosotros, ni siquiera llevó a juicio a Polizelo.
40
Si, pues, alguien quiere acusar a aquellos en el presente, debe decir esto; pero si quiere defenderse de lo que yo he acusado a este, debe decir cualquier cosa menos esto. Pues, al contrario que ellos, yo mismo apareceré no habiendo aceptado nada ni habiendo intentado aceptar, y habiendo guardado justamente el castigo en nombre de las leyes, en nombre del dios y en nombre vuestro, y habiéndolo entregado ahora a vosotros. No le permitáis, pues, decir esto, ni, si insiste, le creáis como si dijera algo justo.
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Pues si esto está así decidido por vosotros, no le quedará ni un solo argumento. Pues,¿ qué excusa, qué pretexto humano y moderado aparecerá de los hechos cometidos por él? La ira,¡ por Zeus!; pues quizás diga también esto. Pero lo que uno, superado de repente por la falta de reflexión, se deje llevar a hacer, incluso si lo hace de forma insolente, se puede decir que lo hizo por ira; pero lo que alguien es sorprendido haciendo continuamente durante muchos días contra las leyes, no solo, supongo, no se puede decir que lo hizo sin ira, sino que tal persona es evidente que ultraja de forma deliberada.
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Pero, ciertamente, cuando resulta que ha hecho lo que acuso y que lo ha hecho por ultraje, ya es necesario observar las leyes, señores jueces; pues habéis jurado juzgar conforme a ellas. Y observad a cuánta mayor ira y castigo consideran dignos a los que delinquen voluntariamente y por ultraje que a los que se equivocan de otra manera.
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En primer lugar, pues, todas estas leyes sobre daños, para empezar por ellas, ordenan pagar el doble del daño si alguien daña voluntariamente, y el simple si es involuntariamente. Razonablemente; pues el que ha sufrido merece obtener ayuda en todas partes, pero la ley estableció que la ira contra el que ha actuado no sea igual, tanto si fue voluntario como involuntario. Después, las leyes sobre homicidios castigan con la muerte, el destierro perpetuo y la confiscación de bienes a los que matan con premeditación, pero a los que lo hacen involuntariamente los consideraron dignos de perdón y mucha humanidad.
44
Y no solo en estos casos se pueden ver las leyes siendo severas con los que ultrajan por elección, sino en todos. Pues,¿ por qué razón, si alguien habiendo perdido un juicio no paga, la ley ya no hizo la demanda de ejecución privada, sino que ordenó añadir una multa al erario público? Y, de nuevo,¿ por qué razón, si alguien toma voluntariamente de alguien voluntario un talento o dos o diez y los defrauda, no tiene nada que ver con la ciudad, pero si alguien toma algo de muy poco valor, pero lo arrebata por la fuerza, las leyes ordenan añadir al erario público lo mismo que al particular?
45
Porque el legislador consideraba que todo lo que alguien hace ejerciendo violencia son agravios comunes y contra los que están fuera del asunto; pues consideraba que la fuerza es de pocos, pero las leyes de todos, y que el que ha sido convencido necesita ayuda privada, pero el que ha sido violentado, ayuda pública. Por eso también dio las acusaciones de ultraje a cualquiera que quiera, y el castigo lo hizo totalmente público; pues consideraba que quien intenta ultrajar agravia a la ciudad, no solo al que ha sufrido, y que el castigo es suficiente justicia para el que ha sufrido, y que no corresponde tomar dinero de tales actos para uno mismo.
46
Y llegó a tal extremo que, incluso si alguien ultraja a un esclavo, dio igualmente una acusación por ello. Pues no consideraba que debiera observarse quién es el que sufre, sino qué clase de hecho es el que ocurre; y puesto que encontró que no es conveniente, no permitió que se hiciera ni contra un esclavo ni en absoluto. Pues no hay, no hay, señores atenienses, nada más insoportable que el ultraje, ni nada por lo que os corresponda más indignaros. Lee para mí, habiéndola tomado, la ley sobre el ultraje; pues no hay nada como escuchar la propia ley. LEY
47
Si alguien ultraja a alguien, ya sea niño, mujer u hombre, de los libres o de los esclavos, o hace algo ilegal contra alguno de ellos, que presente una acusación ante los tesmotetas cualquier ateniense que quiera y a quien le esté permitido, y que los tesmotetas la lleven ante la heliea en el plazo de treinta días desde que se presente la acusación, a menos que algún asunto público lo impida, y si no, cuando sea posible por primera vez. Y a quien la heliea condene, que le imponga un castigo al instante, lo que parezca que es digno de sufrir o pagar. Y cuantos presenten acusaciones privadas conforme a la ley, si alguien no prosigue o, al proseguir, no obtiene la quinta parte de los votos, que pague mil dracmas al erario público. Y si se impone una multa en dinero por el ultraje, que sea encarcelado, si ultraja a un libre, hasta que pague.
48
Escucháis, señores atenienses, la humanidad de la ley, que ni siquiera considera digno que los esclavos sean ultrajados.¿ Qué, pues, por los dioses? Si alguien, llevando esta ley ante los bárbaros, de quienes los esclavos son traídos a los griegos, alabando a vosotros y hablando sobre la ciudad, les dijera que
49
hay algunos hombres griegos tan suaves y humanos de costumbres que, habiendo sido agraviados muchas veces por vosotros, y existiendo por naturaleza la enemistad hereditaria hacia vosotros, sin embargo, ni siquiera a aquellos por los que, habiendo pagado un precio, adquieren como esclavos, consideran digno ultrajarlos, sino que han establecido públicamente esta ley que impedirá tales cosas y ya han castigado con la muerte a muchos que han violado esta ley,
50
si los bárbaros escucharan esto y lo comprendieran,¿ no creéis que os harían a todos públicamente sus proxenos? Observad, pues, qué castigo digno habrá dado el que ha violado la ley que no solo goza de buena reputación entre los griegos, sino que también parecería tenerla entre los bárbaros.
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Si, pues, señores atenienses, no hubiera sufrido esto de Midias siendo corego, uno solo habría condenado por ultraje sus actos; pero ahora me parece que, incluso si lo condenara por impiedad, haría lo que corresponde. Pues sabéis, supongo, que vosotros hacéis todos estos coros y los himnos al dios, no solo conforme a las leyes sobre las Dionisias, sino también conforme a los oráculos, en todos los cuales encontraréis que se ordena a la ciudad, tanto desde Delfos como desde Dodona, establecer coros conforme a las costumbres patrias, perfumar las calles y llevar coronas.
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Lee para mí, habiéndolas tomado, las propias profecías. PROFECÍA:« Proclamo a los descendientes de Erecteo, cuantos habitáis la ciudad de Pandión y dirigís las festividades con leyes patrias, que recordéis a Baco, y que por las calles de amplias plazas establezcáis todos juntos la gracia de los frutos para Bromio, y que perfuméis los altares habiendo cubierto vuestras cabezas con coronas». Sobre la salud, sacrificar y orar a Zeus Supremo, a Heracles, a Apolo Protector; sobre la buena fortuna, a Apolo Aguieo, a Leto, a Ártemis, y establecer cráteras por las calles y coros y llevar coronas conforme a las costumbres patrias a todos los dioses olímpicos, levantando las manos derechas e izquierdas, y recordar los dones. PROFECÍAS DE DODONA
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Al pueblo de los atenienses, el oráculo de Zeus indica: que habéis cambiado los tiempos del sacrificio y de la teoría, ordena enviar teoros elegidos por este motivo rápidamente, y sacrificar a Zeus Naio tres bueyes y junto a cada buey dos ovejas, a Dione un buey, y una mesa de bronce y junto a la ofrenda que ofreció el pueblo de los atenienses. El oráculo de Zeus indica en Dodona: celebrar sacrificios públicos a Dioniso y mezclar una crátera y establecer coros, sacrificar un buey a Apolo Apotropao, y llevar coronas libres y esclavos, y descansar un día. A Zeus Ctesio un buey blanco.
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Existen, señores atenienses, estas y otras muchas profecías buenas para la ciudad.¿ Qué, pues, debéis reflexionar a partir de esto? Que ordenan sacrificar los demás sacrificios a los dioses que aparecen en cada profecía, pero que establecer coros y llevar coronas conforme a las costumbres patrias lo añaden para vosotros en todas las profecías que llegan.
55
Todos los coros que se realizan y los coregos, es evidente que durante aquellos días en los que nos reunimos para el certamen, conforme a estas profecías, hemos estado coronados por vosotros, tanto el que va a ganar como el que va a quedar el último de todos, pero el que gana se corona entonces por sí mismo el día de la victoria.¿ Diremos, pues, que el que ultraja a alguno de estos coreutas o coregos por enemistad, y además en el propio certamen y en el templo del dios, hace otra cosa que cometer impiedad?
56
Y, ciertamente, sabéis bien que, deseando que ningún extranjero compitiera, no permitisteis en absoluto a ninguno de los coregos convocar a los coreutas para examinarlos, sino que establecisteis que, si alguien los convocaba, debía pagar cincuenta dracmas, y si ordenaba que se sentaran, mil.¿ Con qué fin? Para que nadie, deliberadamente, convocara, hostigara o ultrajara a quien estaba coronado y cumpliendo su liturgia para el dios en ese día.
57
Entonces,¿ ni siquiera quien convoca al coreuta conforme a la ley quedará sin castigo, y el corego, ni siquiera quien lo golpea tan abiertamente contra todas las leyes, pagará por ello? Pero no sirve de nada que las leyes estén bien y humanamente establecidas en favor de la mayoría, si la ira de quienes son los soberanos en cada momento, es decir, vosotros, no recae sobre quienes las desobedecen y las violentan.
58
Vamos, pues, por los dioses, considerad también esto. Os pediré que no os molestéis conmigo si menciono por su nombre a quienes han sufrido alguna desgracia; pues, por los dioses, no lo haré con el deseo de reprochar nada a nadie, sino para mostrar cómo todos vosotros, los demás, evitáis el violentar, ultrajar y hacer tales cosas. Hay, sin duda, un tal Sannión, que enseña a los coros trágicos; este fue condenado por deserción y ha sufrido una desgracia.
59
A este, tras esta desgracia, lo contrató un corego de tragedias que competía, creo, Teozótides. Al principio, los otros coregos se indignaron y dijeron que lo impedirían, pero cuando el teatro se llenó y vieron a la multitud reunida para el certamen, vacilaron, lo dejaron pasar, nadie lo tocó; más bien, cualquiera de vosotros podría ver en cada uno tal grado de respeto religioso que, durante todo el tiempo posterior, enseña a los coros y ninguno de sus propios enemigos lo impide; tan lejos está de los coregos.
60
Hay otro, Arístides, de la tribu Eneida, que también ha sufrido una desgracia similar, quien ahora es ya anciano y quizás un coreuta más débil, pero fue en otro tiempo el jefe del coro, el corifeo. Sabéis bien que, si alguien arrebata al jefe, el resto del coro se pierde. Pero, a pesar de que muchos coregos han competido, nadie vio jamás esta ventaja, ni se atrevió a sacarlo ni a impedirlo; pues, debido a que es necesario hacerlo agarrándolo con la mano y no está permitido convocarlo ante el arconte, como si alguien quisiera sacar a un extranjero, todos vacilaban en ser vistos cometiendo tal acto de insolencia.
61
¿ No es, pues, terrible y atroz, jueces, que los coregos que esperan ganar gracias a esto, los que a menudo han gastado todo lo que tienen en las liturgias, nunca se hayan atrevido a tocar ni siquiera lo que las leyes permiten, sino que se comportan con tanta cautela, tanta piedad y tanta moderación que, aun gastando y compitiendo, se abstienen y prevén vuestras voluntades y el celo por la fiesta, mientras que Midias, siendo un particular, sin haber gastado nada, porque chocó con alguien y era su enemigo, ultraja y golpea a quien gasta, a quien es corego, a quien tiene plenos derechos, y no se preocupa ni de la fiesta, ni de las leyes, ni de lo que vosotros diréis, ni del dios?
62
Pues bien, atenienses, habiendo habido muchos enemigos entre sí, no solo por asuntos privados sino también por asuntos públicos, nadie llegó jamás a tal grado de desvergüenza como para atreverse a hacer algo así. Y, sin embargo, dicen que aquel Ifícrates llegó a una enemistad extrema con Diocles de Piteo, y que, además, sucedió que Tesias, el hermano de Ifícrates, fue corego rival de Diocles. Pero, aun teniendo Ifícrates muchos amigos, poseyendo mucho dinero y sintiéndose tan importante como es natural para un hombre que ha obtenido la gloria y los honores que él mereció de vosotros,
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no iba de noche a las casas de los orfebres, ni destrozaba los mantos que se preparaban para la fiesta, ni corrompía al maestro, ni impedía que el coro aprendiera, ni hacía ninguna de las otras cosas que este ha perpetrado, sino que, cediendo a las leyes y a la voluntad de los demás, soportaba ver a su enemigo ganar y ser coronado, y con razón; pues en la misma constitución en la que él sabía que había sido afortunado, consideraba justo ceder en tales cosas.
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De nuevo, todos conocemos a Filóstrato de Colono, que acusó a Cabrias cuando era juzgado por el juicio de Oropo bajo pena de muerte, y que fue el más amargo de todos los acusadores, y que después de esto fue corego de niños en las Dionisias y ganó, y Cabrias ni lo golpeó, ni le arrebató la corona, ni se acercó en absoluto a donde no le correspondía.
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Y aunque podría mencionar a muchos otros que se han convertido en enemigos entre sí por muchas razones, nunca he oído ni visto a nadie que haya llegado a tal grado de insolencia como para hacer algo así. Ni tampoco nadie de vosotros sabe que se recuerde antes que, de los enemigos entre sí por asuntos privados o públicos, ninguno se haya presentado ante los jueces cuando son convocados, ni los haya hecho jurar cuando prestan juramento, ni en absoluto haya sido visto como enemigo en ninguno de tales casos.
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Pues todas estas cosas y otras similares, atenienses, si un corego las hace llevado por la rivalidad, tienen algún perdón; pero hostigar a alguien por enemistad, por elección propia, en todo momento, y demostrar que su propio poder es superior a las leyes,¡ por Heracles!, es grave, injusto y no os conviene. Pues si para cada uno de los que son coregos fuera evidente que, si tal persona es mi enemigo, Midias o cualquier otro tan audaz y rico, primero seré privado de la victoria, aunque compita mejor que alguien, y luego seré perjudicado en todo y seguiré siendo ultrajado,¿ quién es tan insensato o tan miserable que quiera gastar voluntariamente una sola dracma? Nadie, sin duda.
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Sino que, creo, lo que hace que todos deseen competir y gastar es que cada uno considera que tiene parte en la igualdad y la justicia en una democracia. Yo, pues, atenienses, no obtuve esto por culpa de este, sino que, aparte de lo que fui ultrajado, también fui privado de la victoria. Y, sin embargo, os mostraré claramente a todos que Midias no tenía ninguna necesidad de hacer nada insolente, ni de ultrajar, ni de golpear para molestarme, y que podía competir con vosotros conforme a las leyes, y que yo no tenía ni siquiera que abrir la boca sobre él.
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Pues debía él, atenienses, cuando yo me hice cargo de la coregía de la tribu Pandiónida ante el pueblo, levantarse entonces por la tribu Erecteida, la suya propia, y presentarse como rival, y habiéndose puesto en igualdad de condiciones y gastando lo que tenía como yo, privarme así de la victoria, pero no ultrajar de tal manera ni golpear ni siquiera entonces.
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Pero ahora no hizo esto, con lo que habría honrado al pueblo, ni hizo alarde de nada semejante; a mí, en cambio, que, ya sea que alguien quiera considerarlo locura( pues locura es quizás hacer algo por encima de las propias fuerzas), o que me hice cargo de la coregía por ambición, me ha seguido hostigando tan abierta y vilmente que, al final, sus manos no se abstuvieron ni de los mantos sagrados, ni del coro, ni de mi cuerpo.
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Si, pues, alguno de vosotros, atenienses, tiene una opinión sobre Midias distinta a la de que debe morir, no opina correctamente. Pues no es justo ni apropiado que la cautela de quien ha sufrido sea una parte de salvación para quien no se ha abstenido de la insolencia, sino que es apropiado castigar al uno como causante de todos los males irreparables, y al otro devolverle el favor ayudándole.
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Pues tampoco se puede decir que, como nunca ha ocurrido nada terrible por tales cosas, yo ahora exagero el asunto y lo hago temible. Lejos de eso. Sino que todos saben, o si no, muchos al menos, que Eutino, aquel que luchaba, el joven, y Sófilo el pancraciasta( era alguien fuerte, moreno, sé bien que algunos de vosotros sabéis a quién me refiero), este, en Samos, en una reunión y convivencia privada, porque quien lo golpeaba creía que lo ultrajaba, se defendió de tal manera que incluso lo mató. Muchos conocen a Evaión, el hermano de Leodamante, que mató a Beoto en una cena y reunión común por un solo golpe.
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Pues no fue el golpe lo que provocó la ira, sino la deshonra; ni ser golpeado es terrible para los hombres libres, aunque sea terrible, sino serlo por insolencia. Pues quien golpea, atenienses, podría hacer muchas cosas que el que las sufre ni siquiera podría contar a otro, por el gesto, por la mirada, por la voz, cuando lo hace como ultrajando, cuando lo hace como enemigo, cuando con nudillos, cuando en la mejilla. Esto conmueve, esto hace que los hombres pierdan el juicio, al no estar acostumbrados a ser ultrajados. Nadie, atenienses, contando esto podría transmitir lo terrible a los que escuchan tan claramente como la insolencia aparece ante la verdad y el hecho para quien lo sufre y para quienes lo ven.
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Considerad, pues, por Zeus y los dioses, atenienses, y calculad entre vosotros cuánto más ira me correspondía sentir a mí al sufrir tales cosas por parte de Midias que entonces a aquel Evaión que mató a Beoto. Aquel fue golpeado por un conocido, y además borracho, ante seis o siete personas, y estas conocidas, que iban a reprochar al uno lo que hizo y a elogiar al otro por haberlo soportado y haberse contenido, y esto al ir a una casa a cenar, a donde ni siquiera le estaba permitido ir;
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yo, en cambio, fui ultrajado por un enemigo, sobrio, por la mañana, que hacía esto por insolencia y no por vino, ante muchos extranjeros y ciudadanos, y esto en un lugar sagrado y al que tenía mucha necesidad de ir por ser corego. Y yo mismo, atenienses, creo haber actuado con sensatez, o más bien afortunadamente, al soportarlo entonces y no haberme dejado llevar a hacer nada irreparable; pero con Evaión y con todos, si alguien se ha defendido a sí mismo siendo deshonrado, tengo mucha indulgencia.
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Y me parece que también muchos de los que juzgaron entonces; pues yo mismo oigo que fue condenado por un solo voto, y esto sin haber llorado ni pedido nada a ninguno de los jueces, ni haber hecho nada humanitario, ni pequeño ni grande, ante los jueces. Supongamos, pues, así: que los que lo condenaron no lo hicieron porque se defendió, sino porque lo hizo de tal manera que incluso mató, y que los que lo absolvieron concedieron esta exageración del castigo a quien había sido ultrajado en su cuerpo.
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¿ Qué, pues?¿ A mí, que he tenido tanta previsión de que no ocurriera nada irreparable, hasta el punto de ni siquiera defenderme, me corresponde obtener de quién el castigo por lo que he sufrido? Yo creo que de vosotros y de las leyes, y que sea un ejemplo para todos los demás, que a todos los que ultrajan y a los insolentes no hay que defenderse uno mismo con ira, sino llevarlos ante vosotros, ya que vosotros confirmáis y protegéis las ayudas que están en las leyes para los que sufren.
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Creo, pues, que algunos de vosotros, jueces, deseáis oír cuál era la enemistad que teníamos entre nosotros; pues consideráis que ningún hombre trataría tan insolente y violentamente a ninguno de los ciudadanos, si no fuera por algo grande que se le debía. Quiero, pues, contaros también sobre esto desde el principio y narrarlo, para que sepáis que también aparecerá debiendo pagar por esto. Y el discurso sobre ello será breve, aunque parezca que empiezo desde muy atrás.
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Cuando entablé los juicios por la herencia paterna contra los tutores, siendo un jovencito y sin saber siquiera si este había nacido ni conocerlo, como tampoco ahora desearía, entonces, cuando mis juicios estaban a punto de entrar en el cuarto o quinto día, irrumpieron en mi casa el hermano de este y él mismo ofreciéndome un intercambio de trierarquía. El nombre, ciertamente, lo prestó aquel, y el que ofrecía el intercambio era Trasíloco; pero los hechos y todo lo que se hacía era por parte de este.
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Y primero, destrozaron las puertas de las habitaciones, como si ya fueran suyas por el intercambio; luego, ante mi hermana, que estaba aún dentro y era una niña, decían cosas vergonzosas y tales como las que dirían hombres así( pues yo no podría ser inducido a deciros nada de lo que se dijo entonces), y a mi madre, a mí y a todos nosotros nos dijeron todo tipo de maldades, decibles e indecibles; pero lo que es más terrible y no es solo palabra, sino ya hecho: desistieron de los juicios contra los tutores como si fueran suyos.
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Y esto es antiguo, pero aun así creo que algunos de vosotros lo recordáis; pues toda la ciudad se dio cuenta entonces de aquel intercambio, de aquella maquinación y de aquella insolencia. Y yo, entonces, estando totalmente desamparado y siendo muy joven, para no ser privado de lo que estaba en manos de los tutores, no esperando cobrar todo lo que pude recuperar, sino lo que yo mismo sabía que me habían privado, doy veinte minas a estos, por lo que habían alquilado la trierarquía. Estos son, pues, los ultrajes de estos contra mí entonces.
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Y habiendo entablado un juicio contra él más tarde por difamación, lo gané en rebeldía; pues no comparecía. Y habiendo obtenido una sentencia firme y teniéndola, nunca toqué nada de lo suyo, sino que, habiendo entablado de nuevo un juicio por expulsión, todavía hoy no he podido entrar; tantas artes y pretextos encuentra este para eludirlo. Y yo, así de cauteloso, considero justo hacer todo conforme a la ley; él, en cambio, como oís, creía que debía ultrajar insolentemente no solo a mí y a los míos, sino también a los miembros de mi tribu por mi causa.
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Para que veáis que digo la verdad, llámame a los testigos de esto, para que sepáis que, antes de obtener justicia conforme a las leyes por lo que fui perjudicado anteriormente, he sido ultrajado de nuevo de la manera que habéis oído. TESTIMONIO: Calístenes de Esfeto, Diógenes de Torico, Mnesiteo de Alopece, sabemos que Demóstenes, a quien testificamos, ha entablado un juicio contra Midias por expulsión, el mismo que ahora es juzgado públicamente por él, y que ya han pasado ocho años desde aquel juicio, y que Midias ha sido el causante de todo el tiempo, siempre poniendo pretextos y aplazando.
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Lo que ha hecho, pues, atenienses, respecto al juicio, escuchadlo, y observad en cada caso su insolencia y su soberbia. Pues del juicio, hablo de este que gané contra él, me es asignado como árbitro Estratón de Falero, un hombre pobre y sin asuntos, pero por lo demás no malvado, sino incluso muy honrado; lo cual ha arruinado al infeliz no correcta ni justamente, sino incluso muy vergonzosamente.
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Este Estratón, arbitrando para nosotros, cuando llegó el día señalado, y ya se habían agotado todas estas cosas de las leyes, las declaraciones bajo juramento y las excepciones, y ya no quedaba nada, al principio me pedía que suspendiera el arbitraje, luego que lo aplazara para el día siguiente; al final, como yo no cedía y él no comparecía, y se hacía tarde, dictó sentencia en rebeldía.
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Y siendo ya tarde y de noche, llega este Midias a la oficina de los arcontes, y encuentra a los arcontes saliendo y a Estratón ya yéndose, habiendo dado la sentencia en rebeldía, como yo me enteraba por uno de los presentes. Al principio, pues, intentaba convencerlo de que declarara que el arbitraje que había dictado en rebeldía no había sido dictado, y que los arcontes cambiaran el registro, y les daba cincuenta dracmas;
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y como estos se molestaban por el asunto y no convencía a ninguno, tras amenazar y maldecir, al irse,¿ qué hace? Y observad la malicia. No juró al apelar el arbitraje, sino que dejó que fuera firme contra él, y fue llevado sin juramento; pero queriendo ocultar lo que iba a suceder, habiendo esperado al último día de los árbitros, el que ocurre en Targelión o en Esciroforión, en el que uno de los árbitros vino,
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y el otro no vino, habiendo convencido al que presidía para que diera el voto contra todas las leyes, sin haber registrado a ningún citador, acusando en rebeldía, sin que nadie estuviera presente, expulsa y deshonra al árbitro; y ahora, un ciudadano ateniense, porque Midias perdió un juicio en rebeldía, ha sido privado de todos los derechos en la ciudad y se ha convertido en un deshonrado total; y ni entablar un juicio habiendo sido perjudicado, ni ser árbitro para Midias, ni en absoluto caminar por el mismo camino, al parecer, es seguro.
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Debéis, pues, considerar este asunto así, y calcular qué es lo que ha sufrido Midias para que, siendo tan cruel, haya maquinado obtener un castigo tan grande por lo sucedido de un ciudadano, y si es algo verdaderamente terrible y extraordinario, tened indulgencia, pero si no es nada, observad la insolencia y la crueldad que usa contra todos los que se encuentra.¿ Qué es, pues, lo que ha sufrido?¡ Por Zeus!, perdió un juicio grande y tan grande como para ser privado de sus bienes. Pero el juicio era solo de mil dracmas.
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Ciertamente, pero esto también escuece, diría alguien, cuando hay que pagar injustamente, y sucedió que, al pasarse el plazo, se le pasó por alto por haber sido perjudicado. Pero se dio cuenta el mismo día, lo cual es la mayor prueba de que no había perjudicado en nada al hombre, y no ha pagado ni una sola dracma.
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Pero no hablemos de esto todavía. Podía, sin duda, apelar el juicio que no existía, y plantear el asunto ante mí, ante quien estaba el juicio desde el principio. Pero no quería; sino que, para que Midias no compitiera sin estimación en un juicio de diez minas, ante el cual no compareció debiendo hacerlo, y si ha perjudicado, pague el castigo, y si no, sea absuelto, es necesario que un ateniense sea deshonrado y no obtenga ni perdón, ni palabra, ni ninguna equidad, cosas que existen incluso para los que realmente perjudican.
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Pero puesto que deshonró a quien quiso, y esto se lo concedisteis, y llenó de sí mismo la opinión desvergonzada con la que elige hacer estas cosas,¿ hizo aquello, ha pagado la condena por la que arruinó al hombre? Ni un céntimo hasta hoy, sino que soporta ser juzgado por expulsión.¿ No es, pues, que el uno ha sido deshonrado y arruinado, y el otro no ha sufrido nada, sino que trastorna las leyes, los árbitros, todo lo que quiere?
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Y la decisión contra el árbitro, que preparó sin citación, la ha hecho firme para sí mismo; pero la que él mismo perdió ante mí al ser citado, sabiéndolo, al no comparecer, la hace nula. Y, sin embargo, si este considera justo obtener un castigo tan grande de quienes dictaron sentencia contra él en rebeldía,¿ cuál os corresponde a vosotros obtener de este, que viola abiertamente vuestras leyes por insolencia? Pues si la deshonra y la privación de leyes, juicios y todo es el castigo que corresponde a aquel perjuicio, la muerte parece pequeña para la insolencia.
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Pero, ciertamente, para que veáis que digo la verdad, llámame a los testigos de esto, y lee la ley de los árbitros. TESTIGOS: Nicóstrato de Mirrinunte, Fanias de Afidna, sabemos que Demóstenes, a quien testificamos, y Midias, el juzgado por Demóstenes, cuando Demóstenes le entabló el juicio por difamación, eligieron como árbitro a Estratón, y cuando llegó el día señalado por la ley, Midias no compareció al arbitraje, sino que lo abandonó. Y habiéndose dictado sentencia en rebeldía contra Midias, sabemos que Midias convencía a Estratón el árbitro y a nosotros, que éramos arcontes en aquellos tiempos, para que dictáramos el arbitraje a su favor, y daba cincuenta dracmas. Y como no cedimos, nos amenazó y así se fue. Y por esta causa sabemos que Estratón fue engañado por Midias y deshonrado contra toda justicia.
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Lee, pues, también la ley de los árbitros. LEY: Si algunos disputan entre sí sobre contratos privados y desean elegir un árbitro cualquiera, que les sea permitido elegir al árbitro que deseen. Y cuando lo hayan elegido de común acuerdo, que se atengan a lo determinado por este, y que no trasladen ya desde este a otro tribunal las mismas demandas, sino que lo juzgado por el árbitro sea firme.
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Llámame, pues, también al mismo Estratón, el que ha sufrido tales cosas; pues le estará permitido estar de pie, sin duda. Este, atenienses, es quizás pobre, pero no malvado. Este, sin embargo, siendo ciudadano, habiendo servido en todas las campañas de su edad y no habiendo hecho nada terrible, está de pie ahora en silencio, no solo privado de los otros bienes comunes, sino también de hablar o lamentarse; y ni siquiera si ha sufrido cosas justas o injustas, ni siquiera eso le está permitido deciros.
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Y esto lo ha sufrido por Midias y por la riqueza y la soberbia de Midias frente a la pobreza, el desamparo y el ser uno de la mayoría. Y si, violando las leyes, hubiera aceptado las cincuenta dracmas de él, y hubiera declarado que el juicio que dictó en rebeldía no había sido dictado, tendría plenos derechos y, sin tener ningún mal, compartiría la igualdad con nosotros los demás; pero puesto que prefirió a Midias frente a la justicia, y temió más a las leyes que a las amenazas de este, entonces ha caído en tal y tan grande desgracia por culpa de este.
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¿ Y vosotros, al encontrar a alguien tan cruel, tan insensible, que obtiene juicios tan grandes por lo que él mismo dice haber sido perjudicado solo( pues no había sido perjudicado), ultrajando a uno de los ciudadanos, y que no se preocupa ni de la fiesta, ni de los lugares sagrados, ni de la ley, ni de ninguna otra cosa, no lo condenaréis?
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¿ No haréis un ejemplo?¿ Y qué diréis, jueces?¿ Y qué, por los dioses, podréis decir como pretexto justo o noble? Que,¡ por Zeus!, es insolente y abominable; pues estas son las verdades; pero debéis odiar, atenienses, sin duda, a tales personas más que salvarlas. Pero que es rico; pero esto mismo encontraréis que es casi la causa de su insolencia, de modo que es más apropiado quitarle el medio por el que ultraja que salvarlo por esto; pues permitir que un hombre audaz, abominable y tal por tener mucho dinero sea soberano, es haber dado un medio contra vosotros mismos.
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¿ Qué queda, pues? Compadecerlo,¡ por Zeus!; pues presentará a sus hijos y llorará y pedirá ser absuelto por ellos; pues esto es lo que queda. Pero sabéis, sin duda, que es apropiado compadecer a los que sufren injustamente algo que no podrán soportar, no a los que pagan el castigo por los males que han hecho.¿ Y quién podría compadecer esto justamente, viendo lo de este, que no fue compadecido por este, y que, por la desgracia del padre, aparte de los otros males, no ve ni siquiera que haya ayuda? Pues no hay deuda que deba pagar para que este recupere sus derechos, sino que ha sido deshonrado simplemente por el ímpetu de la ira y la insolencia de Midias.
100
¿ Quién, pues, dejará de ultrajar y será privado del dinero por el que hace estas cosas, si lo compadecéis como si sufriera cosas terribles? Y si algún pobre, sin haber perjudicado en nada, ha caído injustamente en las peores desgracias por culpa de este,¿ ni siquiera os indignaréis junto a él? De ninguna manera; pues nadie es justo que obtenga compasión de los que no compadecen a nadie, ni perdón de los que no perdonan.

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