Against Onetor I
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Original / primary: Spanish Gemini
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Considerando de gran importancia, jueces, no haber tenido ni el conflicto que surgió con Áfobo ni el que ahora mantengo con este Onétor, su cuñado, tras haberles propuesto a ambos muchas y justas soluciones, no pude obtener nada razonable; al contrario, he hallado a este mucho más intratable que aquel y más merecedor de ser castigado.
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Pues, pensando que debía dirimir mis asuntos entre amigos y no recurrir a ustedes, no pude convencerlo; pero al pedirle a él mismo que fuera juez de su propia causa, para que no tuviera que arriesgarse ante ustedes, fui tan despreciado que no solo no se me consideró digno de ser escuchado, sino que, de manera muy insolente, fui expulsado por él de la tierra que Áfobo poseía cuando fue condenado en mi juicio.
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Puesto que, por tanto, me priva de mis bienes junto con su cuñado y ha comparecido ante ustedes confiando en sus propias maniobras, lo que queda es intentar obtener justicia de él ante ustedes. Sé bien, jueces, que mi lucha no es contra argumentos verdaderos ni contra testigos que vayan a declarar la verdad; sin embargo, creo que superaré a este hombre por el hecho de decir cosas más justas,
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de modo que, incluso si alguno de ustedes antes lo consideraba un hombre honrado, por sus actos contra mí reconocerá que, durante todo el tiempo anterior, ocultaba que era el más vil y el más injusto de todos. Pues demostraré que no solo no entregó la dote, por la cual afirma ahora haber embargado la finca, sino que desde el principio conspiró contra mis bienes y, además, que no ha abandonado a la mujer por cuya causa me expulsó de esta tierra,
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sino que, al interponerse para privarme de mis bienes en favor de Áfobo y al sostener estos litigios, lo haré con pruebas tan grandes y evidencias tan claras que todos ustedes sabrán con certeza que este hombre afronta justamente y como corresponde este juicio que le he interpuesto. Y desde donde más fácilmente aprenderán sobre estos hechos, desde ahí empezaré yo también a informarles.
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Pues yo, jueces, no ignoraba, como tampoco lo ignoraban muchos otros atenienses y este mismo, que estaba siendo mal administrado, sino que era evidente que sufría una injusticia desde el principio; tantos eran los trámites y las discusiones que se producían tanto ante el arconte como ante los demás sobre mis asuntos. Pues la cuantía de lo que se me dejó era evidente, y no era oculto que quienes lo gestionaban dejaban la casa sin rentas para poder disfrutar ellos del dinero. De modo que, por lo que sucedía, no había nadie entre los que lo sabían que no pensara que yo obtendría justicia de ellos tan pronto como fuera declarado mayor de edad.
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En esto, tanto Timócrates como Onétor mantuvieron siempre la misma intención. Y la prueba más grande de todas es esta: él quiso entregarle su hermana a Áfobo, al ver que este se había hecho dueño tanto de su propio patrimonio paterno como de una parte no pequeña del mío, pero no confió en entregar la dote, como si considerara que el dinero de los tutores debe quedar como garantía para los pupilos. Así pues, entregó a su hermana, pero Timócrates convino en que le debía la dote al cinco por ciento, con quien la mujer ya estaba conviviendo anteriormente.
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Cuando Áfobo fue condenado en el juicio por la tutela y no quiso hacer nada justo, Onétor ni siquiera intentó reconciliarnos, sino que, sin haber devuelto la dote, siendo él mismo el dueño, alegando que su hermana se había separado y que, habiéndola entregado, no podía recuperarla, afirmó haber embargado la tierra y se atrevió a expulsarme de ella; tanto despreció a mí, a ustedes y a las leyes establecidas.
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Y estos son los hechos, por los cuales evita el juicio y sobre los cuales emitirán su voto, jueces; presentaré como testigos, en primer lugar, al propio Timócrates, sobre cómo convino que debía la dote y cómo pagaba el interés de la dote a Áfobo según los acuerdos, y después, cómo el propio Áfobo admitía recibir el interés de parte de Timócrates. Toma las declaraciones. DECLARACIONES.
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Desde el principio, pues, se admite que la dote no fue entregada y que Áfobo no se hizo dueño de ella. Es evidente también, por lo verosímil, que prefirieron que se debiera por las razones que he expuesto antes que mezclar la dote con el patrimonio de Áfobo, que estaba a punto de correr tal riesgo. Pues no es posible decir que no la entregaron de inmediato por falta de recursos( ya que Timócrates tiene un patrimonio de más de diez talentos, y Onétor de más de treinta, de modo que no habrían dejado de entregarla de inmediato por eso), ni que tuvieran propiedades,
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pero no dinero en efectivo, y que la mujer estuviera soltera, por lo que se apresuraron a hacer esto sin entregar la dote al mismo tiempo; pues ellos prestan a otros no poco dinero, y entregaron a esta mujer cuando ya convivía con Timócrates, no cuando estaba soltera, de modo que nadie podría aceptar razonablemente esta excusa de ellos.
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Y, ciertamente, jueces, todos ustedes estarían de acuerdo en que cualquiera que realice tal transacción preferiría deberle la dote a otro antes que no entregarla a un cuñado. Pues, al no liquidarla, se convierte en un deudor del que no se sabe si pagará justamente o no, mientras que, al entregarla junto con la mujer, se convierte en pariente y cuñado;
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pues no está bajo ninguna sospecha al haber cumplido con todo lo justo. De modo que, estando el asunto así, y no habiendo sido obligados a deberla por ninguna de las razones que dije, ni habiéndolo querido, no es posible decir otra excusa por la que no la entregaron, sino que es necesario que esta sea la causa por la que no confiaron en entregar la dote.
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Yo, pues, demostrando de manera admitida que ni siquiera después la entregaron, creo que mostraré fácilmente, a partir de los mismos hechos, que les resultará evidente a ustedes que, incluso si no hubieran tenido el dinero para entregarlo rápidamente, nunca la habrían entregado ni cedido; tales necesidades imponía el asunto para ellos.
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Pues hay dos años entre el momento en que la mujer empezó a convivir y el momento en que ellos dicen que se produjo la separación; pues se casó en el mes de Esciroforión, bajo el arcontado de Polizelo, y la separación se registró en el mes de Posideón, bajo el arcontado de Timócrates; yo, inmediatamente después de las bodas, al ser declarado mayor de edad, presenté una reclamación y exigí cuentas, y al ser privado de todo, interpuse las demandas bajo el mismo arconte.
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Este tiempo permite que se deba según los acuerdos, pero no tiene credibilidad que se haya pagado. Pues quien desde el principio eligió deberla y pagar intereses por estas razones, para que la dote no corriera peligro junto con el resto del patrimonio,¿ cómo habría de entregarla cuando ya estaba siendo demandado? Quien, si incluso entonces hubiera confiado, habría buscado recuperarla en ese momento. No es posible, por supuesto, jueces.
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Pero, ciertamente, que la mujer se casó en el tiempo que yo digo, que nosotros ya éramos adversarios el uno del otro en el tiempo intermedio, y que ellos registraron la separación ante el arconte después de que yo interpuse la demanda, toma para mí cada una de estas declaraciones. DECLARACIÓN. Después de este arconte, Cefisodoro, Quión. Bajo estos presenté la reclamación al ser declarado mayor de edad, y interpuse la demanda bajo Timócrates. Toma esta declaración. DECLARACIÓN.
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Lee también esta declaración. DECLARACIÓN. Es evidente, pues, también por lo declarado, que no habiendo entregado la dote, se atreven a hacer esto para salvarle el patrimonio a Áfobo. Pues quienes en tanto tiempo dicen haberla debido, haberla entregado, que la mujer se separó, no haberla recuperado y haber embargado la tierra,¿ cómo no es evidente que, al hacerse cargo del asunto, buscan privarme de lo que ustedes sentenciaron?
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Y cómo, a partir de lo que este mismo, Timócrates y Áfobo respondieron, no es posible que la dote haya sido entregada, intentaré ahora enseñárselo a ustedes. Pues yo, jueces, pregunté a cada uno de ellos ante muchos testigos, a Onétor y a Timócrates, si había algún testigo ante quien entregaron la dote, y al propio Áfobo, si había alguien presente cuando la recibía.
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Y todos me respondieron, uno por uno, que no había ningún testigo presente, y que Áfobo la recibía de ellos poco a poco según lo necesitaba. Y, sin embargo,¿ a quién de ustedes le resulta creíble que, siendo la dote de un talento, Onétor y Timócrates entregaran tanto dinero a Áfobo sin testigos? A quien, no ya de esta manera, sino ni siquiera entregándolo ante muchos testigos, nadie confiaría a la ligera, para que, si surgiera algún conflicto, pueda recuperarlo fácilmente ante ustedes.
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Pues no ya frente a alguien como este, sino ni siquiera frente a otro, nadie realizaría tal transacción sin testigos; al contrario, para tales cosas celebramos bodas y convocamos a los más allegados, porque no es un asunto secundario, sino que confiamos las vidas de hermanas e hijas, sobre las cuales buscamos sobre todo las garantías.
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Es razonable, pues, que también este, ante los mismos testigos ante quienes convino que la debía y que pagaría intereses, hubiera liquidado el asunto con Áfobo, si realmente le hubiera entregado la dote. Pues, al actuar de esta manera, se liberaba de todo el asunto, mientras que, al entregarla a solas, dejaba como testigos a los que estuvieron presentes en los acuerdos como si él mismo fuera el deudor.
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Ahora, pues, no pudieron convencer a sus propios parientes y a los mejores de ellos para que testificaran que habían entregado la dote, y si presentaran otros testigos que no tuvieran parentesco, no creerían que ustedes les darían crédito. Además, al afirmar que habían entregado la dote de una vez, sabían que pediríamos a los esclavos que la llevaron, quienes, si la entrega no hubiera ocurrido, habrían sido desenmascarados al no querer entregarlos; pero si ellos mismos, a solas, decían que la habían entregado de esta manera, pensaban que no serían desenmascarados.
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Por esto eligieron por necesidad mentir de esta manera. Con tales artes y villanías, como si fueran a parecer gente sencilla, piensan que los engañarán fácilmente, cuando no han actuado con sencillez ni siquiera en lo más mínimo sobre los asuntos en disputa, sino de la manera más precisa posible. Toma las declaraciones de ellos ante quienes respondieron, y lee. DECLARACIONES.
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Vamos, pues, jueces, les demostraré también que la mujer, de palabra, se ha separado, pero, de hecho, convive con Áfobo; pues creo que, si aprenden esto con precisión, más desconfiarán de ellos y más me ayudarán a mí, que sufro una injusticia, con lo que es justo. De esto les presentaré testigos, y de aquello les mostraré grandes pruebas y garantías suficientes.
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Pues yo, jueces, después de haberse registrado ante el arconte que esta mujer se había separado y de que Onétor afirmara haber embargado la finca en lugar de la dote, al ver a Áfobo en la misma situación, cultivando la tierra y conviviendo con la mujer, sabía claramente que esto es un argumento y una distracción del asunto.
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Y queriendo hacer esto evidente para todos ustedes, decidí desenmascararlo ante testigos, si no afirmaba que esto era así, y entregaba a un esclavo para ser torturado, que conocía todo con precisión; al cual tomé tras el vencimiento del plazo de los bienes de Áfobo. Pero este, al yo exigir esto, evitó la tortura sobre si la hermana convivía con Áfobo; pero sobre que él no cultivaba la tierra, no pudo negarlo debido a la evidencia, sino que lo admitió.
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Y no solo era fácil saber por esto que convivía con la mujer y que poseía la finca incluso antes de que ocurriera el juicio, sino también por lo que hizo tras ser condenado sobre ellos. Pues, como no habiendo embargado, sino que iban a ser míos según el juicio, lo que era posible llevarse, se fue llevándolo, los frutos y todos los aperos de labranza excepto las tinajas; pero lo que no era posible retirar, por necesidad lo dejó, de modo que ahora este puede disputar sobre la tierra misma.
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Y, sin embargo, es terrible que uno diga que embargó la finca, y que el que la embargó aparezca cultivándola, y que afirme que su hermana se ha separado, y que sobre estos mismos hechos sea evidente que evita las pruebas, y que el que no convive, como dice este, se lleve los frutos y todo lo de la labranza, y que el que actúa en favor de la que se ha separado, por la cual dice que la finca ha sido embargada, aparezca sin indignarse por ninguno de estos hechos, sino manteniéndose tranquilo.
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¿ No es esto una gran evidencia?¿ No es esto una protección admitida? Cualquiera podría afirmarlo, si razonara correctamente cada uno de estos puntos. Como, pues, admitió que aquel cultivaba antes de que ocurriera el juicio mío contra él, pero sobre que la hermana no convivía no quiso realizar la tortura, y la labranza fue retirada después del juicio excepto lo que estaba en la tierra, toma estas declaraciones y lee. DECLARACIONES.
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Para mí, pues, existiendo tantas pruebas, no menos el propio Onétor mostró que no realizó una separación verdadera. Pues quien debía llevarlo mal si, habiendo entregado la dote, como dice, recibía en lugar de dinero una finca en disputa, este no como adversario ni como alguien que sufre una injusticia, sino como el más allegado de todos, le ayudaba en el juicio contra mí. Y a mí intentó privarme junto con aquel de los bienes paternos, en la medida en que él podía, de quien no había sufrido ningún mal; pero a Áfobo, a quien correspondía considerar un extraño, si algo de esto que dicen ahora fuera verdad, buscó también protegerle mis bienes además de los suyos.
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Y no solo hizo esto ahí, sino que, ya condenado el juicio, subió al tribunal suplicando en su favor, rogando y llorando con lágrimas que se fijara la pena en un talento, y él mismo se convertía en fiador de esto. Y estos hechos son admitidos desde muchos lugares( pues tanto los que juzgaban entonces en el tribunal como muchos de los que estaban fuera lo saben), sin embargo, les presentaré también testigos. Toma para mí esta declaración. DECLARACIÓN.
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Además, pues, jueces, es fácil saber por una gran prueba que en verdad convivía y que hasta el día de hoy no se ha separado. Pues esta mujer, antes de ir con Áfobo, no estuvo soltera ni un día, sino que convivió con aquel estando vivo Timócrates, pero ahora, en tres años, no parece convivir con nadie más. Y, sin embargo,¿ a quién le resulta creíble que, entonces, para no estar soltera, iba de un marido a otro, pero ahora, si realmente se ha separado, soportaría estar soltera tanto tiempo pudiendo convivir con otro, teniendo el hermano tal patrimonio y ella misma teniendo esa edad?
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Esto no tiene verdad convincente, jueces, sino que son palabras, y la mujer convive claramente y no oculta el asunto. Les presentaré la declaración de Pasifón, quien, tratando a la mujer cuando estaba enferma, veía a Áfobo sentado junto a ella bajo este arconte, ya habiéndose interpuesto este juicio. Toma para mí la declaración de Pasifón. DECLARACIÓN.
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Yo, pues, sabiendo, jueces, que incluso después del juicio este había recibido inmediatamente el dinero de la casa de Áfobo, y que se había hecho dueño de todo lo de aquel y de todo lo mío, y sabiendo claramente que la mujer convivía con él, le exigí tres criadas, que sabían que la mujer convivía y que el dinero estaba en poder de ellos, para que no solo hubiera palabras, sino también torturas sobre estos hechos.
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Este, al yo proponer esto, y al declarar todos los presentes que yo decía cosas justas, no quiso refugiarse en esta precisión, sino que, como si hubiera otras pruebas o torturas y declaraciones más claras sobre tales asuntos, no presentando testigos de cómo entregó la dote, ni entregando a tortura a las que sabían sobre que la hermana no convivía, porque yo exigía esto, de manera muy insolente y ultrajante no me dejaba hablarle.¿ Podría haber alguien más obstinado que este, o que finja más voluntariamente ignorar lo justo? Toma la propuesta misma y lee. PROPUESTA.
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Ustedes, pues, consideran la tortura tanto privada como públicamente la más precisa de todas las garantías, y dondequiera que haya esclavos y libres presentes, y sea necesario encontrar lo que se busca, no usan las declaraciones de los libres, sino que, torturando a los esclavos, buscan encontrar la verdad. Razonablemente, jueces; pues algunos de los que han testificado ya han parecido no testificar la verdad; pero de los torturados, nadie ha sido desenmascarado jamás por haber dicho cosas que no fueran verdad a partir de la tortura.
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Este, pues, habiendo evitado pruebas tan grandes y habiendo dejado pasar evidencias tan claras y grandes, presentando a Áfobo como testigo y a Timócrates, uno de que entregó la dote y el otro de que la ha recibido, exigirá ser creído ante ustedes, fingiendo que la transacción con ellos se realizó sin testigos; tanta ingenuidad ha atribuido a ustedes.
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Que, pues, no dirán cosas verdaderas ni parecidas a la verdad, creo que ha quedado suficientemente demostrado tanto por el hecho de que ellos mismos admiten desde el principio no haber entregado la dote, como por el hecho de afirmar de nuevo haberla entregado sin testigos, y por el hecho de que el tiempo no permitía entregar el dinero estando ya el patrimonio en disputa, y por todos los demás hechos.