Apollodorus Against Polycles
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Original / primary: Spanish Gemini
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En este tipo de litigios, jueces, es donde más conviene que quienes han de juzgar presten atención. Pues el litigio no es solo mío y de Policles, sino también de la ciudad. Dado que, si bien las acusaciones son particulares, los perjuicios son comunes,¿ cómo no es razonable que, tras habernos escuchado, dicten una sentencia justa? Si yo hubiera comparecido ante ustedes por una disputa sobre cualquier otro contrato con Policles, el litigio sería solo mío y de Policles; pero ahora el asunto trata sobre el relevo de una nave, sobre una sub- trierarquía de cinco meses y seis días de gastos, y sobre si las leyes son soberanas o no.
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Me parece necesario, pues, exponerles todo desde el principio. Y por los dioses, jueces, les ruego que no piensen que hablo por hablar si me extiendo al relatar los gastos y las acciones, ya que cada una de ellas fue realizada en el momento oportuno y en beneficio de la ciudad. Si alguien puede demostrar que miento, que se levante durante mi tiempo de palabra y me refute en todo lo que afirme que no digo la verdad ante ustedes; pero si es verdad y nadie más que él podría contradecirme, les pido a todos ustedes una petición justa:
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Todos los que son soldados y estuvieron presentes allí, recuérdenlo ustedes mismos y cuéntenles a los que están sentados a su lado mi celo, los sucesos que ocurrieron en aquel momento a la ciudad y las dificultades, para que a partir de esto sepan qué clase de persona soy en lo que ustedes ordenen; y todos los que permanecieron aquí, escúchenme en silencio mientras les relato todo, y en cada uno de estos puntos, sobre lo que diga, presentaré las leyes, los decretos, tanto los del Consejo como los del pueblo, y los testimonios.
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Pues el día veinticuatro del mes de Metagitnión, bajo el arcontado de Molón, habiéndose celebrado una asamblea y habiéndoseles comunicado muchos y grandes asuntos, decretaron que los trierarcas botaran las naves; entre ellos estaba yo. Y no me corresponde a mí relatarles el momento que atravesaba la ciudad entonces, sino que ustedes mismos deben recordarlo, que Tinos, al ser tomada por Alejandro, fue esclavizada,
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y Miltocites se había rebelado contra Cotis y había enviado embajadores para pedir una alianza, solicitando ayuda y devolviendo el Quersoneso, mientras que los proconnesios, siendo aliados, les suplicaban en la asamblea que les ayudaran, diciendo que estaban siendo oprimidos por los cizicenos en la guerra tanto por tierra como por mar, y que no permitieran que perecieran;
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Al escuchar ustedes esto entonces en la asamblea, tanto de ellos como de quienes hablaban a su favor, y además de los mercaderes y los capitanes de navío que estaban por zarpar del Ponto, y viendo que los bizantinos, calcedonios y cizicenos retenían los barcos por su propia necesidad de grano, y viendo en el Pireo que el grano estaba siendo encarecido y no era abundante para comprar, decretaron que los trierarcas botaran las naves y las llevaran al dique, y que los consejeros y los demarcas hicieran listas de los ciudadanos y presentaran marineros, y que se realizara el envío con rapidez y se ayudara en todas partes. Y fue aprobado este decreto de Aristofonte. DECRETO.
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Ya han escuchado el decreto, jueces. Yo, cuando no llegaron los marineros que habían sido alistados por los demarcas, o solo unos pocos y estos incapaces, los despedí, y habiendo hipotecado mi propio patrimonio y pedido dinero prestado, fui el primero en completar la tripulación de la nave, contratando a los mejores marineros posibles, dando grandes regalos y anticipos a cada uno de ellos. Además, equipé la nave con aparejos propios, no tomé nada de los bienes públicos, y la adorné de la manera más bella y distinguida posible entre los trierarcas. Por tanto, contraté la mejor tripulación que pude.
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No solo gastaba entonces en la trierarquía, jueces, siendo tan costosa, sino que también aporté por adelantado una parte nada despreciable del dinero que ustedes decretaron que se recaudara para la expedición. Pues habiendo decidido ustedes que los consejeros presentaran a los que debían aportar por adelantado, tanto de los ciudadanos como de los residentes, mi nombre fue presentado en tres demos debido a que mi patrimonio era evidente.
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Y de esto, sin poner ninguna excusa de que era trierarca y que no podía realizar dos liturgias ni las leyes lo permiten, hice las aportaciones por adelantado primero. Y no las cobré debido a que entonces estaba fuera por ustedes como trierarca, y después, al regresar, encontré que los bienes solventes habían sido ya seleccionados por otros, y los insolventes eran los que quedaban.
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Y para que sepan que digo la verdad ante ustedes, se les leerán los testimonios de quienes recaudaban entonces los fondos militares y de los encargados de la expedición, y los salarios que daba mensualmente a la tripulación y a los infantes de marina, recibiendo de los estrategas solo el subsidio de grano, excepto el salario de solo dos meses en cinco meses y un año, y los marineros contratados, y cuánto dinero recibió cada uno, para que a partir de esto conozcan mi celo, y por qué razón este no quería recibir la nave de mí, una vez que terminó mi tiempo de trierarquía. TESTIMONIOS.
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Que no miento ante ustedes sobre lo que he dicho, jueces, lo han escuchado al leerse los testimonios. Además, sobre lo que voy a decir, todos estarán de acuerdo conmigo en que es verdad. Pues se admite que la ruina de un trirreme ocurre, primero, si uno no paga salario, y segundo, si atraca en el Pireo durante el trayecto; pues se produce una gran deserción, y los marineros que permanecen no quieren volver a embarcar a menos que alguien les dé otro dinero para gestionar sus asuntos personales. Ambas cosas me sucedieron, jueces, de modo que la trierarquía me resultó más costosa.
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Pues, sin haber recibido salario alguno del estratega durante ocho meses, regresé llevando a los embajadores porque mi nave navegaba de forma excelente, y desde allí de nuevo, habiéndome ordenado el pueblo llevar al estratega Menón al Helesponto en lugar de Autocles, que había sido destituido, partí navegando con rapidez. Y en lugar de los marineros que desertaron, contraté a otros, dándoles grandes regalos y anticipos, y a los que permanecieron de los antiguos marineros les di algo para la gestión de sus asuntos personales además de lo que ya tenían, no ignorando la necesidad presente,
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lo necesaria que era para cada uno, y estando yo mismo en apuros, como por Zeus y Apolo nadie creería, quien no haya seguido de cerca mis asuntos. Habiendo hipotecado la propiedad a Trasiloquio y Arqueneo, y habiendo pedido prestadas treinta minas de ellos y repartido entre los marineros, partí navegando, para que nada faltara al pueblo de lo que ordenó en lo que a mí respecta. Y el pueblo, al escuchar esto, me elogió y me invitó a cenar al Pritaneo. Y para que sepan que digo la verdad, se les leerá el testimonio de esto y el decreto del pueblo. TESTIMONIO. DECRETO.
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Cuando llegamos al Helesponto, y mi tiempo de trierarquía había terminado, y no se había pagado salario a los soldados más que por dos meses, y llegó otro estratega, Timómaco, y este no traía relevos para las naves, muchos de mi tripulación, desanimados, se fueron abandonando la nave, unos para hacer campaña en el continente, otros hacia las naves de los tasios y maronitas, persuadidos por un gran salario y habiendo recibido mucho dinero por adelantado, y engañados también por muchos con palabras.
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Y viendo ya los gastos realizados por mí, los asuntos de la ciudad descuidados, los de los aliados en apuros, los de los estrategas poco fiables, y habiendo terminado el tiempo de la trierarquía y no siendo ya el viaje de regreso a casa, ni habiendo llegado un relevo a la nave, de quien uno habría esperado ser ayudado. Pues cuanto más me esforcé por ambición en completar la nave con buenos remeros, tanta más deserción tuve que los otros trierarcas.
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Pues a los otros, si no otra cosa, al menos los que venían por lista a la nave permanecían esperando la salvación a casa, cuando el estratega los dejara; pero mis marineros, confiando en sí mismos por su capacidad de remar, donde iban a recibir de nuevo más dinero, allí se iban, considerando que la solvencia en el presente era mejor para ellos que el miedo futuro, si alguna vez fueran capturados por mí.
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Habiéndome sucedido tales cosas, y habiéndome ordenado el estratega Timómaco navegar hacia Hierón para la escolta del grano y no dando salario, y habiéndose comunicado que los bizantinos y calcedonios retenían de nuevo los barcos y obligaban a descargar el grano, habiendo pedido prestado dinero de Arquedemo de Anaflisto quince minas con interés, y ochocientas dracmas del capitán de navío Nicipo, contraté una tripulación, que resultó estar en Sesto, al octavo, con la condición de devolverlo con los intereses una vez que el barco llegara a Atenas,
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y habiendo enviado a Euctemón, el pentecóntarco, a Lámpsaco, dándole dinero y cartas para los huéspedes de mi padre, le ordené que me contratara marineros lo mejor que pudiera; yo mismo, habiéndome quedado en Sesto, di algo a los que permanecieron de los antiguos marineros, lo que tenía, puesto que mi tiempo de trierarquía había terminado, y contraté a otros marineros con salario completo, mientras el estratega preparaba el viaje de regreso hacia Hierón.
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Cuando Euctemón llegó de Lámpsaco trayendo a los marineros que contrató, y el estratega ordenó zarpar, a Euctemón le sucedió enfermar repentinamente y quedó muy mal; así que, habiéndole pagado el salario y añadido viáticos, lo envié a casa; yo mismo, habiendo tomado otro pentecóntarco, partí para la escolta del grano, y allí esperé cuarenta y cinco días, hasta que se produjo la salida de los barcos después de la puesta de las Pléyades desde el Ponto.
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Al llegar a Sesto, yo pensaba regresar a casa, habiéndoseme terminado el tiempo y habiendo trierarquizado ya por dos meses adicionales y no habiendo llegado un relevo a la nave; pero el estratega Timómaco, habiendo llegado a él embajadores maronitas y suplicándole que escoltara sus barcos cargados de grano, nos ordenó a los trierarcas que, habiendo amarrado los barcos, los remolcáramos hasta Maronea, un viaje largo y por alta mar.
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Y les he relatado todo esto desde el principio para que sepan cuánto he gastado yo mismo y cuán grande ha sido la liturgia que he realizado, y después cuántos gastos hice por este al trierarquizar adicionalmente, no habiendo llegado este a la nave, y cuántos peligros corrí yo mismo tanto ante el invierno como ante los enemigos. Pues después de la escolta de los barcos a Maronea y la llegada a Tasos, Timómaco, al llegar, escoltaba de nuevo con los tasios grano y peltastas a Estrime, como si él mismo fuera a tomar el lugar.
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Habiéndose enfrentado los maronitas a nosotros con las naves por este lugar y estando a punto de combatir, y habiendo desfallecido los soldados, tras haber navegado un largo trayecto y remolcado barcos desde Tasos a Estrime, y siendo además invierno y el lugar sin puerto, y no siendo posible desembarcar ni preparar la cena al ser el territorio enemigo y estar rodeados por el muro, y mercenarios extranjeros y bárbaros vecinos, era necesario fondear durante la noche en alta mar, sin comer y sin dormir, vigilando que las trirremes de los maronitas no nos atacaran durante la noche.
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Además, sucedió que durante la noche, en esa época del año, hubo lluvia, truenos y un gran viento( pues estos tiempos eran cercanos a la puesta de las Pléyades), de lo cual,¿ qué desánimo no creen que cayó sobre los soldados, jueces?¿ Y cuánta deserción se produjo después de esto de nuevo, estando los antiguos marineros muy fatigados, y siendo escasa la ayuda que yo podía dar a cada uno pidiendo prestado además de lo que ya tenían de mí, puesto que el estratega ni siquiera les daba alimento suficiente para el día? Y ya habían pasado tres meses de mi trierarquía adicional, y este aún no había llegado a la nave, sino que yo contrataba marineros en lugar de los que desertaban, pidiendo dinero prestado.
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Por tanto, solo a este de los otros relevos no le queda excusa de por qué no llegó hace tiempo a la nave. Pues Euctemón, el pentecóntarco, cuando fue enviado a casa desde el Helesponto tras enfermar, al llegar y enterarse de que este había sido designado mi relevo, sabiendo que mi tiempo de trierarquía había terminado y que ya estaba trierarquizando adicionalmente, tomó a Deinias, mi pariente, y se acercó a él en el mercado, y le ordenaba que zarpara lo antes posible hacia la nave, ya que los gastos eran muchos y se hacían cada día además del subsidio de grano dado por el estratega para la nave,
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detallándole uno por uno los salarios dados mensualmente a la tripulación y a los infantes de marina, y a los marineros que él mismo contrató en Lámpsaco, y a los que embarcaron después en lugar de los que desertaron, y además lo que añadí a cada uno de los antiguos marineros que lo pedía, puesto que mi tiempo de trierarquía había terminado, y los demás gastos que se hacían cada día para la nave, no sin conocimiento; pues a través de él, como pentecóntarco, se compraba y se gastaba.
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Y sobre los aparejos le decía que yo tenía propios y ninguno público; así que, dijo, o piensa en convencerlo, o zarpa teniendo aparejos para ti. Creo, dijo, que no te diferenciará en nada; pues debe dinero allí, que querrá saldar con el valor de los aparejos. Al escuchar esto de Euctemón y de Deinias, mi pariente, no les responde nada sobre lo que le decían, y dicen que, riéndose, dijo:' apenas el ratón prueba la pez'; pues quería ser ateniense.
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Cuando, tras escuchar a Euctemón y Deinias, no le importaba nada, se le acercan de nuevo más tarde Pitodoro de Acarnas y Apolodoro de Leuconoe, siendo allegados y amigos míos, y le ordenaban que se fuera a la nave como relevo, y le hablaban sobre los aparejos, que yo tenía todos propios y ninguno público;
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si quieres usar esos, dijeron, deja dinero aquí, y no te arriesgues llevándolos allí, para que me liberen la propiedad, devolviendo a Arqueneo y Trasiloquio las treinta minas. Y sobre la entrega de los aparejos, querían escribirle cartas y ser ellos mismos garantes por mí de que ciertamente tendría lo que también los otros trierarcas tengan con sus relevos. Así que, como digo todo esto como verdad, se les leerán los testimonios de esto. TESTIMONIOS.
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Por muchas pruebas, pues, creo que les demostraré que Policles no tenía intención de recibir la nave de mí desde el principio, ni, cuando fue obligado por ustedes y por su decreto a ir a la nave, quiso al llegar relevarme de ella. Pues este, cuando llegó a Tasos, estando yo ya en el cuarto mes de trierarquía adicional, tomando testigos de los ciudadanos tantos como pude y a los infantes de marina y a la tripulación, me acerco a él en Tasos en el mercado, y le ordenaba que recibiera la nave de mí como relevo, y que me devolviera los gastos del tiempo de trierarquía adicional.
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Y quería ajustar cuentas con él detalladamente, mientras estaban presentes testigos de los gastos, los marineros, los infantes de marina y la tripulación, para que si objetaba algo, lo refutara inmediatamente. Pues así de preciso lo tenía escrito, de modo que no solo tenía escritos los gastos, sino también dónde se gastaron y qué hacían, y cuál era el precio y qué moneda era, y cuánto era el cambio del dinero, para que fuera posible refutarme con precisión ante el relevo, si consideraba que se le estaba cobrando algo falso.
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Además, habiéndole dado también garantía, quise ajustar los gastos. Al proponerle esto, me respondió que no le importaba nada de lo que yo dijera. Mientras tanto, un servidor que venía del estratega me ordenaba zarpar, no a este relevo, cuya liturgia ya estaba ocurriendo; pero la causa de esto se la enseñaré a medida que avance el discurso. Entonces, pues, me pareció bien zarpar y navegar adonde ordenaba;
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pero cuando regresé a Tasos, tras haber remolcado los barcos a Estrime, adonde ordenó el estratega, habiendo ordenado a los marineros que permanecieran en la nave y a los infantes de marina y a la tripulación, desembarqué y me dirijo a la casa donde se alojaba el estratega Timómaco, queriendo entregar la nave llena a este Policles también ante él.
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Encuentro, pues, a este allí y a los trierarcas y a los relevos y a otros ciudadanos, y al entrar, inmediatamente ante el estratega, le hablaba, y le exigía que recibiera la nave de mí y me devolviera los gastos del tiempo de trierarquía adicional, y sobre los aparejos le preguntaba si los recibiría o si vendría a la nave teniendo aparejos propios.
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Al proponerle esto, me preguntaba por qué yo solo de los trierarcas tenía aparejos propios, y si la ciudad no conocía a algunos capaces de proporcionar aparejos a las naves, para que ella misma no los proporcionara.¿ O tú, dijo, has superado tanto en riqueza a los demás, que incluso tienes aparejos propios y adornos dorados, siendo el único de los trierarcas?
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¿ Quién podría, dijo, soportar tu locura y ostentación, con una tripulación corrompida y acostumbrada a recibir mucho dinero por adelantado y a estar exenta de las liturgias habituales en la nave y a bañarse en baños públicos, y con infantes de marina y tripulación mimados por un salario alto y completo? Te has convertido, dijo, en maestro de males en el ejército, y eres responsable en parte de que los soldados sean más malvados también para los otros trierarcas, buscando lo mismo que los tuyos; pues debías hacer lo mismo que los otros trierarcas.
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Al decir él esto, le respondí que no tomé aparejos del arsenal por esta razón, porque tú los hiciste inútiles. Pero si quieres, recíbelos; si no, prepárate aparejos para ti. Sobre los marineros, los infantes de marina y la tripulación, si dices que han sido corrompidos por mí, toma la trirreme y prepárate tú mismo marineros, infantes de marina y tripulación, que naveguen contigo sin haber recibido nada. Recibe la nave; pues ya no me corresponde trierarquizar; pues el tiempo de mi trierarquía ha terminado, y he trierarquizado adicionalmente cuatro meses.
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Al decir yo esto, me responde que su cotrierarca no ha llegado a la nave; por tanto, no recibiré la trirreme solo. Así que, como digo esto como verdad ante ustedes, y en el mercado me respondió lo anterior, que no le importaba nada de lo que yo dijera, y en la casa donde se alojaba Timómaco, que no recibiría la nave solo, se les leerán los testimonios de esto. TESTIMONIOS.
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Después de esto, pues, jueces, como este no quería relevarme de la nave, ni devolvía los gastos del tiempo de trierarquía adicional, y el estratega me ordenaba zarpar, acercándome a él en Tasos en el puerto ante el estratega, estando la trirreme llena, decía lo que no era justo, sino ventajas de este, pero necesario para mí decirlo dadas las circunstancias, puesto que dices,
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Policles, que el cotrierarca no ha llegado, yo reclamaré a aquel los gastos del tiempo de trierarquía adicional, de los cuatro meses; tú, tras recibir la nave, trierarquiza primero el tiempo que te corresponde, los seis meses; después, si te llega en este tiempo el cotrierarca, se la entregarás tras haber realizado la liturgia, y si no, no sufrirás nada terrible tras haber trierarquizado adicionalmente dos meses.
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¿ O yo, que he realizado la liturgia tanto por mi tiempo como por el del cotrierarca, he trierarquizado adicionalmente por ustedes, y tú, sin haber gastado nada, no consideras justo ni siquiera realizar la liturgia por tu propio tiempo, tras recibir la nave, ni devolver los gastos? Al decir yo esto, me respondió que contaba fábulas. Y el estratega me ordenaba embarcar en la nave y zarpar con él. Así que, como respondió esto, léeme el testimonio. TESTIMONIO.
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Quiero decirles también una prueba, para que sepan que he sido manifiestamente perjudicado. Pues para Hagnías y Praxicles fueron designados relevos en el mismo tiempo Mnisíloco de Peritoide y Frasierides de Anaflisto. Al no haber llegado Frasierides a la nave, Mnisíloco, al llegar a Tasos, recibió la trirreme de Hagnías,
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y devolvió a Hagnías la trierarquía adicional del tiempo que gastó por ellos, tanto como persuadió, y alquiló los aparejos de Hagnías, y él mismo trierarquizó. Más tarde, los que vinieron de parte de Frasierides devolvieron a Mnisíloco la parte de los gastos, y del tiempo restante gastaban juntos lo que se necesitaba para la nave. Y léeme el testimonio de esto. TESTIMONIO.
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Quizás, pues, jueces, deseen escuchar por qué el estratega no obligaba a este a recibir la nave, habiendo llegado como relevo, siendo las leyes tan fuertes. Sobre esto quiero enseñarles claramente la causa. Pues Timómaco, jueces, primero quería usar la trirreme bien equipada para todo.
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Sabía, pues, que este, al recibirla, iba a trierarquizar mal; pues ni usaría la trierarquía ni a los infantes de marina y la tripulación; pues nadie permanecería con él. Además, cuando, sin dar dinero, ordenara navegar, no iba a zarpar con él como yo, sino a causarle problemas. Además de esto, pide prestadas de él treinta minas, para no obligarlo a recibir la nave.
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Sobre por qué, estando muy enfadado conmigo, me hostigaba y no me daba palabra en cada ocasión ni sobre nada, quiero relatarles claramente, para que sepan que no valoraba más ni mi propia comodidad en aquel tiempo ni su poder que al pueblo de los atenienses y a las leyes, sino que soportaba ser perjudicado de hecho y ultrajado de palabra, lo cual era para mí mucho más grave que los gastos.
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Pues mientras se producían estancias de la flota en Tasos, llega de Metone de Macedonia una embarcación a Tasos llevando a un hombre y cartas de Calístrato para Timómaco, en las cuales estaba, como supe después, enviar a él la trirreme que mejor navegara, para que llegara a él. Inmediatamente, pues, al día siguiente, al amanecer, el servidor vino y me ordenaba llamar a los marineros a la nave.
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Cuando estuvo llena, embarca Calipo, hijo de Filón, de Exone, y le dice al piloto que navegue hacia Macedonia. Cuando llegamos a un lugar en el continente de enfrente, mercado de los tasios, y desembarcamos para almorzar, se me acerca uno de los marineros, Calicles, hijo de Epitrefes, de Tria, diciendo que quería hablar conmigo sobre un asunto mío. Al ordenárselo yo, dice que quería devolverme un favor en lo que pudiera por lo que le di cuando estaba en apuros;
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tú, pues, dijo,¿ sabes a qué navegas o adónde? Al responderle que no sabía, pues yo te lo diré, dijo; pues debes escuchar para deliberar correctamente. Pues vas, dijo, a llevar a un hombre exiliado, de quien los atenienses votaron dos veces la muerte, a Calístrato de Metone a Tasos hacia Timómaco, el pariente, como yo, dijo, he sabido de los hijos de Calipo. Tú, pues, si eres sensato, no dejarás que ninguno de los exiliados embarque en la nave; pues las leyes no lo permiten.
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Al escuchar yo esto de Calicles, me acerco a Calipo y le pregunto adónde hace el viaje y hacia quién. Habiéndose burlado de mí y amenazado con cosas que ni ustedes ignorarían( pues no desconocen el carácter de Calipo), le digo que oigo que navegas hacia Calístrato. Yo, pues, no llevaré a ninguno de los exiliados, ni navegaré hacia él; pues las leyes no permiten acoger a ninguno de los exiliados, o mandan que el que acoja a los exiliados se vea envuelto en lo mismo. Zarparé, pues, de nuevo hacia el estratega a Tasos.
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Y cuando embarcaron los marineros, le digo al piloto que zarpe hacia Tasos. Al oponerse Calipo y ordenar navegar hacia Macedonia, adonde ordenó el estratega, le responde Posidipo, el piloto, que yo era trierarca de la nave y responsable, y que recibía el salario de mí; navegará, pues, adonde yo ordeno, hacia Tasos hacia el estratega.
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Al llegar nosotros al día siguiente a Tasos, me manda llamar Timómaco, donde se alojaba fuera del muro. Temiendo yo ser encarcelado tras ser calumniado por Calipo, yo mismo no obedezco, sino que le digo al servidor que si quería hablar conmigo de algo, estaré en el mercado, y envío al niño con él, para que si me ordenaba algo, al escucharlo me lo comunicara.
52
Por estas causas, jueces, que he dicho ante ustedes, Timómaco no obligaba a este a recibir la nave, además de querer él mismo usar la nave por navegar lo mejor posible. Pues la trirreme de Trasiloquio de Anagiro, en la que él mismo navegaba, persuadió a Trasiloquio de alquilar la trierarquía a Calipo, para que Calipo, siendo soberano de la nave, llevara a Calístrato; él mismo, al embarcar en mi nave, navegaba por todas partes, hasta que llegó al Helesponto.
53
Cuando ya no necesitaba trirremes, habiéndome embarcado a Licino de Palene como jefe en la nave, y ordenándole dar dinero cada día a los marineros, me ordenaba zarpar a casa. Cuando, pues, navegando a casa estábamos en Ténedos, y ni Licino, a quien ordenó Timómaco, daba a los marineros subsidio de grano( pues decía no tener, sino que lo recibiría de Mitilene), y los soldados no tenían con qué alimentarse, y sin comer no podrían remar,
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de nuevo, tomando testigos de los ciudadanos, acercándome a este Policles en Ténedos, le ordenaba que recibiera la nave como relevo, y que devolviera la trierarquía adicional del tiempo que gasté por él trierarquizando adicionalmente, para que no tuviera excusa de defensa ante ustedes, de que yo por eso no quería entregarle la nave por ambición, para regresar a casa en una nave que navegara bien y mostrarles los gastos.
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Al no querer él recibirla, y los marineros pidiendo dinero para comprar provisiones, de nuevo me acerco a él teniendo testigos, y le preguntaba si zarparía teniendo dinero como relevo de la nave, o no. Al responder él que venía teniendo dinero, le ordenaba que me prestara hipotecando los aparejos de la nave, para que pudiera repartir entre los marineros y llevar la nave, puesto que no quiere recibirla siendo relevo.
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Al suplicarle esto, me respondió que no prestaría ni un ápice. Yo, pues, pedí prestado a huéspedes tenedios de mi padre, Cleanacte y Eperato, y di a los marineros el subsidio de grano; pues por ser de Pasión y estar él también hospedado con muchos y ser de confianza en Grecia, no tenía apuro, donde necesitara, de pedir prestado. Así que, como digo esto como verdad ante ustedes, les presentaré los testimonios de esto. TESTIMONIOS.
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De cuántos testimonios de los presentes podía presentarles, de que entregaba la nave a Policles muchas veces, y este no quería recibirla, se les ha leído; además, también por pruebas suficientes les he demostrado por qué no quería recibir la nave. Quiero que se les lea también la ley sobre los relevos, para que sepan cuán grandes son las penas, si alguien no releva la nave en el tiempo dicho, despreció no solo a mí, sino también a ustedes y a las leyes.
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Y por este, todo ha quedado sin hacer para la ciudad y para los aliados; pues ni llegó a la nave según la ley, ni cuando llegó quiso relevarme; yo, en cambio, realicé la liturgia tanto por mi tiempo como por el del cotrierarca, y cuando terminó mi tiempo de trierarquía, ordenándome el estratega navegar hacia Hierón, escolté el grano para el pueblo,
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Para que tuvierais abundancia para comprar y no os faltara nada de lo que dependía de mí, y todo lo demás que el estratego quiso utilizar, ya fuera para mí o para el trirreme, se lo proporcioné, no solo gastando mi propio patrimonio, sino también arriesgando mi propia persona al navegar con él, habiendo ocurrido mis asuntos personales de tal manera en aquel momento que, al escucharlo, habríais sentido compasión.
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Mi madre, en efecto, estaba enferma y moribunda cuando yo partí, de modo que ya no podía ayudar en mis asuntos, que estaban agotados, más que mínimamente. Pues llegué al sexto día, y ella, al verme y dirigirme la palabra, exhaló su último aliento, sin ser ya dueña de sus bienes para darme lo que deseaba. Muchas veces antes me había enviado a llamar, suplicándome que fuera, si no era posible hacerlo con el trirreme.
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Mi esposa, a quien tengo en la mayor estima, estuvo delicada de salud durante mucho tiempo durante mi ausencia; mis hijos eran pequeños y mi patrimonio estaba endeudado; la tierra no solo no produjo fruto alguno, sino que incluso el agua, en aquel año, como todos sabéis, se agotó en los pozos, de modo que ni siquiera crecieron hortalizas en el huerto; y los prestamistas vinieron a reclamar los intereses, una vez transcurrido el año, si alguien no les pagaba conforme a los contratos.
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Al escuchar esto tanto de boca de los que llegaban como a través de las cartas de mis allegados,¿ qué ánimo creéis que tenía o cuántas lágrimas derramaba, reflexionando sobre lo que estaba ocurriendo y anhelando ver a mis hijos, a mi esposa y a mi madre, a quien no tenía muchas esperanzas de encontrar viva?¿ Qué hay más dulce para un hombre que esto, o por qué motivo alguien desearía vivir si se viera privado de ello?
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Habiéndome ocurrido tales cosas, no puse mis asuntos privados por encima de los vuestros, sino que consideré que debía estar por encima tanto del gasto de dinero como del descuido de mis asuntos domésticos, de mi esposa y de mi madre enferma, de modo que ni se me pudiera reprochar haber abandonado mi puesto ni que el trirreme resultara inútil para la ciudad.
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Por todo ello, ahora os pido que, así como yo me mostré ante vosotros ordenado y útil, vosotros también tengáis ahora consideración por mí y, recordando todo lo que os he expuesto, tanto los testimonios que he presentado como los decretos, me ayudéis a mí, que soy víctima de una injusticia, castiguéis en vuestro propio nombre y me hagáis recuperar los gastos realizados por este motivo. Pues,¿ quién querrá esforzarse por vosotros cuando vean que no hay gratitud por parte vuestra hacia los ciudadanos honrados y ordenados, ni castigo para los malvados y desordenados?
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Se os leerá también la ley y los gastos del tiempo durante el cual ejercí la trierarquía en su lugar, detalladamente, y los nombres de los desertores, cuánto dinero tenía cada uno cuando huyó y a dónde, para que sepáis que ni ahora os digo ninguna mentira ni en el tiempo pasado, y considero que es necesario cumplir la liturgia ante vosotros sin reproche durante el tiempo fijado por las leyes, y desenmascarar ante vosotros a quienes desprecian tanto a vosotros como a las leyes y no quieren obedecerlas, para castigarlos.
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Sabed bien que no castigaréis a Policles más por mis asuntos privados que por los vuestros, ni os preocuparéis solo por los trierarcas pasados, sino también por los futuros, de modo que ni los que ejercen la liturgia se desanimen, ni los sucesores desprecien las leyes, sino que acudan a las naves cuando sean designados. Esto es lo que os corresponde considerar para juzgar recta y justamente sobre todo.
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Me gustaría preguntaros, señores jueces, qué opinión habríais tenido de mí si, habiendo expirado el plazo y no habiendo llegado él a la nave, yo no hubiera ejercido la trierarquía por orden del estratego, sino que me hubiera marchado navegando.¿ Acaso no os habríais enfadado conmigo y considerado que cometía una injusticia? Si, por tanto, os habríais enfadado conmigo entonces por no haber ejercido la trierarquía,¿ cómo no os corresponde ahora obligarle a que me reembolse los gastos que yo hice en su lugar, él, que no tomó el relevo de la nave?
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Y para demostrar que no solo conmigo dejó de tomar el relevo de la nave, sino que anteriormente, siendo cotrierarca de Eurípides y existiendo un acuerdo entre ellos de que cada uno navegaría seis meses, cuando Eurípides zarpó y el tiempo expiró, no tomó el relevo de la nave, se leerá el testimonio. TESTIMONIO.