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For the Liberty of the Rhodians
DemosthenesRhod 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Considero, atenienses, que cuando se delibera sobre asuntos de tal envergadura, debe concederse libertad de palabra a cada uno de los que dan consejo. Yo nunca he creído que sea difícil enseñarles lo que es mejor( pues, para decirlo sencillamente, me parece que todos ustedes ya lo saben), sino persuadirlos de que lo lleven a cabo; pues, una vez que algo se decide y se decreta, está tan lejos de realizarse como antes de haberse decidido.
2
Hay, pues, una cosa por la que creo que deben estar agradecidos a los dioses: que aquellos que les hicieron la guerra por su propia arrogancia no hace mucho tiempo, ahora tengan puestas sus esperanzas de salvación únicamente en ustedes. Es digno alegrarse por la coyuntura actual; pues les sucederá, si deliberan como es debido sobre ella, que podrán refutar con hechos y con buena reputación las calumnias de quienes difaman a nuestra ciudad.
3
Pues los de Quíos, los de Bizancio y los de Rodas nos acusaron de conspirar contra ellos y, debido a esto, provocaron esta última guerra contra nosotros; pero se verá que Mausolo, quien dirigió y persuadió estos actos, fingiendo ser amigo de los rodios, les arrebató su libertad, y que los de Quíos y Bizancio, que se mostraron como aliados, no les ayudaron en sus desgracias,
4
mientras que ustedes, a quienes temían, son los únicos de todos que son causa de su salvación. Al hacer que esto sea visto por todos, lograrán que la mayoría en todas las ciudades tome esto como símbolo de su propia salvación, si son amigos de ustedes; de lo cual no podría resultarles mayor bien que obtener la buena voluntad de todos, voluntaria y sin sospechas.
5
Me asombra ver a los mismos hombres persuadir a la ciudad de actuar contra el Rey en favor de los egipcios, y, sin embargo, temer a este hombre en favor del pueblo de Rodas. Y eso que todos saben que los primeros son griegos, mientras que los otros están repartidos bajo el dominio de aquel.
6
Creo que algunos de ustedes recordarán que, cuando deliberaban sobre los asuntos del Rey, fui el primero en intervenir y, creo, el único o el segundo en decir que me parecería que obrarían con sensatez si no hicieran de la enemistad con él el pretexto para los preparativos, sino que se prepararan contra los enemigos existentes y se defendieran de aquel si intentara hacerles daño. Y no es que yo dijera esto y a ustedes no les pareciera correcto, sino que también a ustedes les pareció bien.
7
Por tanto, mi discurso actual es coherente con lo que dije entonces. Pues yo, si el Rey me hiciera su consejero, le aconsejaría lo mismo que a ustedes: que luche por lo suyo si algún griego se le opone, pero que no pretenda ejercer dominio sobre aquello que en nada le concierne.
8
Si, pues, han decidido en general, atenienses, ceder todo aquello de lo que el Rey se apodere tras haberse adelantado o engañado a algunos en las ciudades, no han decidido bien, a mi juicio; pero si creen que deben luchar por lo justo, incluso si es necesario, y sufrir lo que sea, primero, necesitarán menos de esto cuanto más decididos estén, y segundo, parecerá que piensan como corresponde.
9
Y para que vean que no digo nada nuevo al pedir ahora liberar a los rodios, ni que ustedes harán nada nuevo si me hacen caso, les recordaré algunos hechos que han ocurrido y que han sido provechosos. Ustedes enviaron una vez a Timoteo, atenienses, para ayudar a Ariobarzanes, añadiendo al decreto que no rompiera los tratados con el Rey. Pero él, al ver que Ariobarzanes se había rebelado abiertamente contra el Rey, y que Samos estaba guarnecida por Cuprotemis, a quien instaló Tigranes, el sátrapa del Rey, decidió no ayudar al primero, pero, sitiando la segunda, la ayudó y la liberó;
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y hasta el día de hoy no ha habido guerra contra ustedes por esto. Pues nadie lucharía de la misma manera por obtener ventajas que por lo propio; sino que todos luchan por lo que se les arrebata hasta donde pueden, pero por obtener ventajas no es así, sino que las ambicionan si alguien lo permite, pero si son impedidos, no consideran que los que se les opusieron les hayan hecho ninguna injusticia.
11
Y que Artemisia tampoco se opondría ahora a esta acción, estando la ciudad al mando de los asuntos, considérenlo escuchando brevemente si razono bien o no. Yo creo que, si el Rey estuviera haciendo todo en Egipto según sus planes, Artemisia intentaría mucho asegurar Rodas para él, no por benevolencia hacia el Rey, sino por querer granjearse un gran favor ante él mientras él está cerca, para que la reciba con la mayor familiaridad posible;
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pero, actuando como se dice, y habiendo fracasado en lo que emprendió, creo que esta isla, que es lo que es, no le sería de ninguna utilidad al Rey en el presente, sino que sería un baluarte de su propio poder para no permitir ninguna alteración. De modo que me parece que preferiría que ustedes la tuvieran, sin que ella lo entregue abiertamente, a que él quiera tomarla. Por tanto, creo que ella ni siquiera ayudará, y si acaso lo hiciera, lo hará de manera débil y deficiente.
13
Pues, en cuanto al Rey, por Zeus, no podría decir que sé lo que hará, pero que es evidente que a la ciudad le conviene saber si reclamará la ciudad de los rodios o no, eso sí lo afirmaría; pues no hay que deliberar solo por los rodios cuando él la reclame, sino por nosotros mismos y por todos los griegos.
14
Ciertamente, ni siquiera si los rodios que están ahora en la ciudad la tuvieran por sí mismos, les habría aconsejado elegirlos, ni aunque les prometieran hacer todo. Pues veo que ellos, al principio, para disolver la democracia, se ganaron a algunos de los ciudadanos, y una vez que hicieron esto, los expulsaron de nuevo; por tanto, a quienes no han sido fieles con ninguna de las dos partes, no creo que lleguen a ser aliados firmes para ustedes.
15
Y esto nunca lo habría dicho si pensara que solo conviene al pueblo de Rodas; pues no soy proxeno de esos hombres ni ninguno de ellos es mi huésped privado. Ciertamente, ni aunque ambas cosas fueran así, si no pensara que les conviene a ustedes, lo habría dicho, ya que, en cuanto a los rodios, si es posible decir esto a quien aboga por su salvación, me alegro de lo sucedido. Pues, por haber envidiado que ustedes recuperaran lo suyo, han perdido su propia libertad, y pudiendo ser aliados en igualdad de condiciones con ustedes, que son griegos y mejores que ellos, sirven a bárbaros y esclavos, a quienes han dejado entrar en sus acrópolis.
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Y poco me falta para decir que, si ustedes quisieran ayudarlos, esto también les ha resultado provechoso; pues, prosperando, no sé si alguna vez habrían querido ser sensatos, siendo rodios, pero habiendo experimentado en la realidad y aprendido que la insensatez es causa de muchos males para la mayoría, tal vez, si tuvieran la oportunidad, serían más sensatos por el resto del tiempo. Y esto no lo considero un pequeño beneficio para ellos. Digo, pues, que hay que intentar salvar a esos hombres y no guardar rencor, considerando que también ustedes han sido engañados muchas veces por quienes conspiraron, de ninguno de los cuales dirían que es justo que ustedes mismos paguen la pena.
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Observen también esto, atenienses, que ustedes han librado muchas guerras tanto contra democracias como contra oligarquías. Y esto lo saben ustedes mismos; pero por qué motivos tienen la guerra contra cada una, eso quizás nadie de ustedes lo calcula.¿ Por qué motivos, pues, es? Contra los pueblos, o por agravios privados, al no haber podido resolverlos públicamente, o por una parte de tierra, o por fronteras, o por rivalidad, o por la hegemonía; pero contra las oligarquías, por nada de esto, sino por la constitución y la libertad;
18
de modo que yo no dudaría en decir que considero que conviene más que todos los griegos bajo democracia estén en guerra con ustedes que, bajo oligarquía, sean amigos. Pues contra los que son libres, no creo que les sea difícil hacer la paz cuando ustedes quieran, pero contra los que están bajo oligarquía, no considero que ni siquiera la amistad sea segura; pues no es posible que unos pocos sean benevolentes con muchos y con quienes, buscando mandar, han elegido vivir con igualdad de palabra.
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Me asombra que nadie de ustedes considere que, estando los de Quíos bajo oligarquía, y los de Mitilene, y ahora los rodios, y poco me falta para decir que todos los hombres están siendo sometidos a esta esclavitud, la constitución que tenemos entre nosotros corre peligro, ni calcule esto: que no es posible que, si todo se organiza bajo oligarquías, permitan que el pueblo que está entre ustedes exista. Pues saben que no hay otros que vuelvan a llevar los asuntos hacia la libertad; de donde, al esperar que les sobrevenga algún mal, querrán eliminarlo.
20
Por tanto, a los demás que agravian a algunos de los que han sufrido males, hay que considerarlos enemigos; pero a los que disuelven las constituciones y las cambian a oligarquía, aconsejo considerarlos enemigos comunes de todos los que desean la libertad.
21
Además, es justo, atenienses, que, siendo ustedes mismos demócratas, parezca que piensan sobre los pueblos desafortunados lo mismo que desearían que los demás pensaran sobre ustedes, si alguna vez, lo que no suceda, ocurriera algo así. Pues incluso si alguien dijera que los rodios han sufrido lo justo, no es el momento oportuno para alegrarse; pues los que prosperan deben parecer siempre que deliberan lo mejor sobre los desafortunados, puesto que el futuro es incierto para todos los hombres.
22
Escucho a menudo aquí entre ustedes a algunos decir que, cuando nuestro pueblo tuvo mala suerte, algunos aconsejaron que se salvara; de los cuales solo mencionaré brevemente a los argivos en el presente. Pues no querría que ustedes, teniendo la reputación de salvar siempre a los desafortunados, parezcan peores que los argivos en esta acción, quienes, habitando una tierra fronteriza con la de los lacedemonios, al ver a aquellos dominando tierra y mar, no dudaron ni temieron parecer benevolentes con ustedes, sino que, incluso cuando llegaron embajadores de Lacedemonia, según dicen, para exigir a algunos de sus exiliados, decretaron que, si no se marchaban antes de la puesta del sol, los juzgarían como enemigos.
23
Entonces,¿ no es vergonzoso, atenienses, que la multitud de los argivos no temiera el poder de los lacedemonios en aquellos tiempos ni su fuerza, y ustedes, siendo atenienses, teman a un hombre bárbaro, y además mujer? Y, sin embargo, aquellos podrían decir que han sido derrotados muchas veces por los lacedemonios, mientras que ustedes han derrotado muchas veces al Rey, y no han sido derrotados ni una sola vez ni por los esclavos del Rey ni por él mismo; pues si en algún lugar el Rey ha vencido a la ciudad, ha sido o bien persuadiendo con dinero a los peores de los griegos y traidores de ellos, o de ninguna otra manera ha vencido.
24
Y ni siquiera esto le ha resultado provechoso, sino que al mismo tiempo lo encontrarán habiendo hecho a la ciudad débil por medio de los lacedemonios y habiendo arriesgado su propio reino contra Clearco y Ciro. Por tanto, ni ha vencido abiertamente ni le ha resultado provechoso conspirar. Veo que algunos de ustedes desprecian a Filipo muchas veces como si no valiera nada, pero temen al Rey como un enemigo poderoso para quienes él elija. Pero si no nos defenderemos del uno por ser despreciable, y cederemos en todo al otro por ser temible,¿ contra quiénes, atenienses, nos alinearemos?
25
Hay algunos, atenienses, entre ustedes que son muy hábiles para decir lo justo en favor de los demás ante ustedes, a quienes yo aconsejaría solo esto: que busquen decir lo justo en favor de ustedes ante los demás, para que ellos mismos parezcan ser los primeros en hacer lo que corresponde; pues es absurdo que les enseñen sobre lo justo a ustedes sin hacer lo justo; pues no es justo que un ciudadano haya considerado los discursos contra ustedes, y no los que son en favor de ustedes.
26
Pues vamos, consideren por los dioses,¿ por qué razón en Bizancio no hay nadie que les enseñe a no ocupar Calcedonia, que es del Rey, pero que ustedes tenían, y que a ellos no les correspondía en absoluto?¿ Ni Selymbria, ciudad que fue aliada suya, para hacerla tributaria de ellos y delimitar el territorio de estos como de los bizantinos, contra los juramentos y los tratados, en los que está escrito que las ciudades deben ser autónomas?
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Ni a Mausolo vivo, ni después de muerto aquel, a Artemisia, hay nadie que les enseñe a no ocupar Cos y Rodas y otras ciudades griegas, de las cuales el Rey, el amo de aquellos, se retiró en los tratados ante los griegos, y por las cuales los griegos de aquellos tiempos hicieron muchos peligros y hermosos combates. Y si acaso alguien les habla a ambos, los que obedecerán a estos, al parecer, no existen.
28
Yo considero que es justo restaurar al pueblo de Rodas; sin embargo, incluso si no fuera justo, cuando miro lo que hacen estos, creo que corresponde aconsejar restaurarlo.¿ Por qué? Porque, habiendo todos, atenienses, decidido hacer lo justo, es vergonzoso que nosotros solos no queramos, y, preparándose todos los demás para ver cómo podrán cometer injusticias, que nosotros solos propongamos lo justo, sin aferrarnos a nada, no lo considero justicia, sino cobardía; pues veo que todos son considerados justos según el poder presente.
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Y tengo un ejemplo de esto conocido por todos ustedes. Hay dos tratados de los griegos con el Rey, los que hizo nuestra ciudad, que todos elogian, y después de estos, más tarde, los lacedemonios, los cuales critican; y en estos no se ha definido lo mismo como justo en ambos. Pues de los derechos privados en las constituciones, las leyes dieron la participación común e igual tanto a los débiles como a los fuertes; pero de los derechos griegos, los que dominan se convierten en definidores para los más débiles.
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Puesto que, pues, les corresponde a ustedes haber decidido hacer lo justo, hay que considerar cómo estará en sus manos realizar esto. Y esto es, si son considerados protectores comunes de la libertad de todos. Y me parece que, razonablemente, lo más difícil para ustedes es realizar lo necesario. Pues para todos los demás hombres hay un solo combate, el contra los enemigos declarados, de los cuales, si vencen, nada les impide ser dueños de los bienes;
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pero para ustedes, atenienses, hay dos, este que también tienen los demás y, además, otro anterior y mayor que este; pues deben, al deliberar, vencer a los que han elegido hacer ante ustedes lo contrario a la ciudad. Por tanto, cuando por culpa de estos no hay nada que pueda realizarse sin esfuerzo de lo necesario, sucede razonablemente que ustedes fracasan en muchas cosas.
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Sin embargo, que muchos elijan sin temor esta posición en la política, quizás los beneficios de quienes los pagan son la causa principal, sin embargo, también a ustedes se les podría culpar justamente. Pues debían, atenienses, tener la misma mentalidad sobre la posición en la política que tienen sobre la de las campañas.¿ Cuál es, pues, esta? Ustedes creen que quien abandona la posición ordenada por el general debe ser privado de derechos y no participar en nada de lo común.
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Debían, pues, también hacer privados de derechos para aconsejarles a ustedes a los que abandonan la posición transmitida por los antepasados en la política y actúan políticamente de forma oligárquica; pero ahora, de los aliados, consideran muy benevolentes a los que han jurado juzgar al mismo enemigo y amigo, pero de los que actúan políticamente, a quienes saben claramente que han elegido ser enemigos de la ciudad, a estos los consideran los más fieles.
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Pero, en realidad, no es difícil encontrar qué acusará alguien de estos o qué reprochará a los demás, sino que, a partir de qué discursos o qué acción corregirá alguien lo que ahora no está bien, eso es tarea encontrar. Quizás, pues, ni siquiera sea el momento oportuno para hablar de todo; pero si pudieran ratificar lo que han elegido con alguna acción provechosa, también lo demás quizás podría ir mejor poco a poco.
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Yo, pues, creo que deben tomar estos asuntos con firmeza y actuar dignamente de la ciudad, considerando que se alegran al escuchar cuando alguien elogia a sus antepasados y relata lo realizado por ellos y menciona los trofeos. Consideren, pues, que sus antepasados dedicaron esto no para que los admiren al verlos, sino para que también imiten las virtudes de quienes los dedicaron.

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