For the People of Megalopolis
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Me parece que ambos bandos se equivocan, ciudadanos atenienses, tanto los que hablan a favor de los arcadios como los que lo hacen por los lacedemonios; pues, como si hubieran venido de cada uno de esos lugares, y no fueran ciudadanos vuestros, ante quienes ambos envían embajadas, se acusan y calumnian mutuamente. Pero esto era tarea de los recién llegados, mientras que la de quienes pretenden aconsejar aquí es hablar en común sobre los asuntos y examinar lo que es mejor para vosotros, sin rivalidades.
2
Ahora, por mi parte, si alguien les quitara el hecho de ser conocidos y el hablar en ático, creo que muchos pensarían que unos son arcadios y otros lacedemonios. Yo veo lo difícil que es decir lo mejor; pues, estando vosotros engañados, y queriendo unos una cosa y otros otra, si alguien intenta decir algo intermedio y vosotros no esperáis a entenderlo, no complacerá a ninguno y será calumniado por ambos.
3
Sin embargo, elegiré yo mismo, si es que me sucede esto, parecer que desvarío antes que, contra lo que considero mejor para la ciudad, permitir que algunos os engañen. Por tanto, hablaré de lo demás más tarde, si es vuestro deseo; pero comenzaré por lo que todos admiten, que considero lo más importante de exponer.
4
Ciertamente, nadie podría contradecir que no conviene a la ciudad que tanto los lacedemonios como estos tebanos sean débiles. Los asuntos se encuentran, pues, en tal coyuntura ahora, si es que hay que conjeturar por los discursos repetidos muchas veces ante vosotros, que los tebanos se debilitaron al ser repobladas Orcómeno, Tespias y Platea, y que los lacedemonios, si someten a Arcadia y destruyen Megalópolis, volverán a ser fuertes.
5
Hay que considerar, por tanto, que no permitamos que estos se vuelvan temibles y grandes antes de que aquellos se hayan vuelto pequeños, y que no nos pase inadvertido que los lacedemonios se vuelven más grandes en mayor medida de lo que conviene que los tebanos sean menores. Pues no diríamos aquello de que quisiéramos cambiar a los lacedemonios como rivales en lugar de los tebanos, ni es esto lo que nos preocupa, sino que ninguno de los dos pueda hacernos daño alguno; pues así estaríamos con la mayor seguridad.
6
Pero, por Zeus, diremos que esto debe ser así, pero que es terrible si elegimos como aliados a aquellos contra quienes nos alineamos en Mantinea, y luego ayudamos a estos contra aquellos con quienes entonces nos arriesgamos. A mí también me parece esto, pero hace falta además que la otra parte esté dispuesta a hacer lo justo.
7
Si, pues, todos quisieran mantener la paz, no ayudaremos a los megalopolitanos; pues no habrá necesidad; de modo que no habrá nada contrario a nosotros frente a quienes se alinearon con nosotros, y aliados ya tenemos, como dicen, y otros se añadirán ahora.
8
Y¿ qué otra cosa querríamos? Pero si cometen injusticias y creen que deben hacer la guerra, si solo hay que deliberar sobre esto, si debemos abandonar Megalópolis a los lacedemonios o no, no es justo, pero yo admito dejarlo pasar y no oponerme en nada a quienes compartieron los mismos peligros; pero si todos sabéis que, si toman esta, irán contra Mesene, que me diga alguien de los que ahora son duros con los megalopolitanos qué nos aconsejará hacer entonces.
9
Pero nadie lo dirá. Y, sin embargo, todos sabéis que, tanto si estos aconsejan como si no, hay que ayudar, tanto por los juramentos que hemos hecho a los mesenios como porque conviene que esta ciudad esté poblada. Considerad, pues, vosotros mismos cuál de las dos políticas haréis más noble y más humana: la de no permitir que los lacedemonios cometan injusticias, la de Megalópolis o la de Mesene.
10
Ahora, ciertamente, parecerá que ayudáis a los arcadios y que os esforzáis por que la paz sea firme, por la cual os arriesgasteis y os alineasteis; entonces, en cambio, seréis evidentes para todos, no queriendo que Mesene exista más por causa de la justicia que por el miedo a los lacedemonios. Pero hay que considerar y hacer siempre lo justo, y observar al mismo tiempo que esto sea también conveniente.
11
Existe, pues, un argumento de los que se oponen, que debemos intentar recuperar Oropo, y que si nos ganamos como enemigos a los que nos ayudarían ahora contra él, no tendremos aliados. Yo, por mi parte, digo que también debemos intentar recuperar Oropo; pero que los lacedemonios serán nuestros enemigos ahora si hacemos aliados a los arcadios que quieren ser amigos nuestros, creo que no está permitido decirlo ni siquiera a quienes os convencieron, cuando los lacedemonios estaban en peligro, de ayudarles.
12
Pues no diciendo esto os convencieron, cuando todos los peloponesios vinieron a vosotros y pedían ir con vosotros contra los lacedemonios, de no aceptarlos( y por esto, lo que les quedaba, fueron contra los tebanos), sino de contribuir con dinero y arriesgar vuestros cuerpos por la salvación de los lacedemonios; ni vosotros habríais querido, supongo, salvarlos si os hubieran advertido esto: que, una vez salvados, si no les permitís hacer lo que quieren y cometer injusticias, no os tendrán ninguna gratitud por la salvación.
13
Y, sin embargo, si es muy contrario a las empresas de los lacedemonios el que hagamos aliados a los arcadios, supongo que les corresponde tener más gratitud por haber sido salvados por nosotros al llegar a los peligros extremos que enfadarse porque ahora se les impide cometer injusticias. Así que,¿ cómo no nos ayudarán contra Oropo, o parecerán ser los peores de todos los hombres? Por los dioses, yo no lo veo.
14
Me asombro, pues, también de los que dicen este argumento, que si hacemos aliados a los arcadios y hacemos esto, parecerá que la ciudad cambia y que no tiene nada fiable. A mí, en cambio, me parece lo contrario, ciudadanos atenienses.¿ Por qué? Porque creo que nadie de todos podría contradecir que la ciudad salvó a los lacedemonios, y antes a los tebanos, y por último a los eubeos, y después de esto los hizo aliados, queriendo siempre hacer una sola y misma cosa.
15
Y esto,¿ qué es? Salvar a los que sufren injusticias. Si, pues, esto es así, ya no seríamos nosotros los que cambiamos, sino los que no quieren atenerse a lo justo, y los asuntos parecerán cambiar siempre por culpa de los que quieren sacar provecho, no por nuestra ciudad.
16
Me parece que los lacedemonios hacen una obra de hombres muy terribles. Pues ahora dicen ellos que los eleos deben recuperar parte de Trifilia, los fleiantes Tricarano, y otros de los arcadios lo suyo, y nosotros Oropo, no para que nos vean a cada uno de nosotros teniendo lo suyo, ni mucho menos;
17
pues tarde se habrían vuelto filántropos; sino para parecer a todos que colaboran para que cada uno recupere lo que dicen que es suyo, y cuando ellos mismos vayan contra Mesene, que todos estos se alíen con ellos y les ayuden con entusiasmo, o que parezcan cometer injusticias, habiendo tomado como cómplices a aquellos sobre lo que cada uno decía que era suyo, no devolviéndoles la misma gratitud.
18
Yo, en cambio, creo que la ciudad, primero y sin necesidad de ceder a los lacedemonios algunos arcadios, recuperaría Oropo, y con ellos, si quieren hacer lo justo, y con los demás que no creen que deban dejar que los tebanos tengan lo ajeno. Pero si, en fin, esto nos resultara evidente, que no dejando a los lacedemonios someter el Peloponeso no seremos capaces de tomar Oropo, considero más preferible, si es posible decirlo, dejar Oropo que abandonar Mesene y el Peloponeso a los lacedemonios. Pues no creo que el discurso sobre esto sea solo nuestro frente a ellos, sino— dejaré lo que me ha venido a la mente decir— creo que el peligro para nosotros sería sobre muchas cosas.
19
Pero, sin embargo, lo que dicen que han hecho los megalopolitanos contra nosotros por culpa de los tebanos, es absurdo ponerlo ahora en parte de acusación, y queriendo que sean amigos, para que a cambio nos hagan bien, envidiar y mirar de qué manera no lo serán, y no reconocer que, cuanto más demuestren que estos han sido entusiastas con los tebanos, con tanta más ira ellos mismos podrían ser tratados justamente, si privaron a la ciudad de tales aliados cuando vinieron a vosotros antes que a los tebanos.
20
Pero, creo, esto es secundario para hombres que quieren hacer a estos aliados. Yo sé, por lo que uno puede conjeturar examinando por cálculo, y creo que la mayoría de vosotros dirá lo mismo que yo, que si los lacedemonios toman Megalópolis, Mesene estará en peligro; y si toman también esta, digo que seremos aliados de los tebanos.
21
Es mucho más noble y mejor que ellos mismos acepten la alianza de los tebanos y no permitan la codicia de los lacedemonios, que ahora, dudando de si salvaremos a los aliados de los tebanos, abandonarlos, y volver a salvar a los mismos tebanos, y además estar en miedo por nosotros mismos.
22
Pues yo no considero esto exento de miedo para la ciudad, el que los lacedemonios tomen Megalópolis y vuelvan a ser grandes. Pues veo que incluso ahora no eligen hacer la guerra por no sufrir algún mal, sino por recuperar el poder que antes tenían; y lo que anhelaban cuando tenían aquel, eso, quizás vosotros, sabiéndolo mejor que yo, temeríais con razón.
23
Y me gustaría preguntar a los que dicen que odian tanto a los tebanos como a los lacedemonios,¿ por qué odian a cada uno, a quienes odian, por vosotros y por lo que os conviene, o por los lacedemonios a los tebanos, y por los tebanos a los lacedemonios cada uno? Pues si es por aquellos, no corresponde obedecer a ninguno de los dos como si estuvieran locos; pero si dirán que es por vosotros,¿ por qué incitan a los otros más allá de la ocasión?
24
Pues es posible, es posible hacer humildes a los tebanos sin establecer fuertes a los lacedemonios, y mucho más fácil; y cómo, intentaré decíroslo. Todos sabemos esto, que todos, incluso si no quieren, hasta ahí se avergüenzan de no hacer lo justo, y se oponen abiertamente a lo injusto, sobre todo si alguien es perjudicado; y encontraremos que esto corrompe todo, y que este es el principio de todos los males, el no querer hacer lo justo simplemente.
25
Para que, pues, esto no sea un obstáculo para que los tebanos se vuelvan pequeños, digamos que deben ser repobladas Tespias, Orcómeno y Platea, y colaboremos con ellos y pidamos a los demás que lo hagan( pues esto es noble y justo, no pasar por alto ciudades antiguas destruidas), pero no abandonemos Megalópolis y Mesene a los que cometen injusticias, ni bajo el pretexto de Platea y Tespias permitamos que las ciudades que existen y están pobladas sean destruidas.
26
Y si esto fuera evidente, no habrá nadie que no quiera que los tebanos dejen de tener lo ajeno; pero si no, primero tendremos a estos como enemigos contra aquello con razón, cuando crean que la repoblación de aquellos les trae la ruina, y luego tendremos nosotros mismos asuntos interminables; pues¿ qué será en verdad el final, cuando siempre permitamos destruir las ciudades que existen y pretendamos repoblar las destruidas?
27
Dicen, pues, los que más parecen decir cosas justas, que ellos deben derribar las estelas con los tebanos, si es que van a ser nuestros aliados firmes. Ellos dicen que no tienen estelas, sino que lo conveniente es lo que hace la amistad, y que consideran aliados a los que les ayudan. Yo, si son tales como dicen, estoy así. Digo que debemos pedir al mismo tiempo que estos derriben las estelas y que los lacedemonios mantengan la paz, y si no quieren hacer esto ninguno de los dos, entonces ya con los que quieran estar con nosotros.
28
Pues si, al hacerse la paz, los megalopolitanos se aferran a la alianza de los tebanos, serán evidentes para todos eligiendo la codicia de los tebanos, no lo justo; si, al hacernos aliados de los megalopolitanos sin engaño, los lacedemonios no quieren mantener la paz, serán evidentes, supongo, para todos, no haciendo el esfuerzo para que Tespias sea repoblada, sino para que, estando la guerra rodeando a los tebanos, pongan el Peloponeso bajo ellos.
29
Me asombro de algunos, si temen que los enemigos de los lacedemonios sean aliados de los tebanos, pero si los lacedemonios los someten, no consideran nada temible, y esto habiéndonos dado el tiempo la prueba de que los tebanos siempre usan a estos como aliados contra los lacedemonios, y los lacedemonios, cuando los tenían, los usaban contra nosotros.
30
Creo, pues, que también debemos considerar esto, que si vosotros no aceptáis a los megalopolitanos, si son destruidos y dispersados, los lacedemonios pueden ser fuertes inmediatamente, pero si son salvados, como ya algo salió contra las esperanzas, serán aliados firmes de los tebanos justamente; pero si los aceptáis, a ellos les resultará ya haberse salvado gracias a vosotros, y lo que sucederá, trasladando el cálculo del peligro, considerémoslo sobre los tebanos y los lacedemonios.
31
Si, pues, los tebanos son derrotados, como deben serlo, los lacedemonios no serán más grandes de lo debido, teniendo a estos arcadios como rivales viviendo cerca; pero si los tebanos se recuperan y se salvan, al menos serán más débiles, habiéndose convertido estos en aliados nuestros y habiéndose salvado gracias a nosotros. De modo que en todo conviene no abandonar a los arcadios ni que parezca que han sobrevivido gracias a sí mismos, si es que se salvan, ni gracias a otros, sino gracias a vosotros.
32
Yo, pues, ciudadanos atenienses, por los dioses, no he hablado ni amando ni odiando a ninguno en privado, sino lo que creo que os conviene; y os aconsejo no abandonar a los megalopolitanos, ni a ningún otro de los más pequeños ante el más grande.