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On the False Embassy
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Casi todos ustedes, atenienses, habrán percibido el gran interés y la insistencia que ha habido en torno a este proceso, al haber visto hace poco a quienes, mientras se realizaba el sorteo, los importunaban y se acercaban a ustedes. Les pediré a todos, algo que es justo que se conceda incluso a quienes no lo piden, que no valoren más ni el favor ni a ninguna persona que la justicia y el juramento que cada uno de ustedes ha prestado al entrar aquí, teniendo presente que esto último es por el bien de ustedes y de toda la ciudad, mientras que esas súplicas e insistencias de los defensores se producen por intereses particulares, los cuales las leyes los han reunido a ustedes para impedir, no para que los validen en favor de quienes cometen injusticias.
2
A los demás, pues, a cuantos se presentan ante los asuntos públicos con rectitud, incluso si han rendido cuentas, veo que proponen la defensa continua, pero a este Esquines, todo lo contrario: pues antes de comparecer ante ustedes y rendir cuentas de sus actos, ha eliminado a uno de los que acudieron a las rendiciones de cuentas y amenaza a otros mientras va de un lado a otro, introduciendo en la vida política una costumbre de lo más terrible y perjudicial para ustedes; porque si quien ha gestionado y administrado algo de los asuntos públicos, mediante el miedo que él mismo infunde y no mediante la justicia, logra que no haya nadie que lo acuse, ustedes se volverán totalmente impotentes en todo.
3
En cuanto a demostrar que este hombre ha hecho muchas cosas terribles y que es merecedor del castigo extremo, tengo confianza y plena seguridad; pero lo que, aun suponiendo esto, temo, se los diré y no lo ocultaré: que me parece que todos los procesos ante ustedes, atenienses, dependen no menos de las circunstancias que de los hechos, y temo que el hecho de que haya pasado mucho tiempo después de la embajada les haya causado algún olvido o costumbre respecto a las injusticias.
4
Cómo me parece, sin embargo, que podrían conocer lo justo y juzgar ahora, eso les diré: si examinan entre ustedes, jueces, y calculan de quiénes es apropiado pedir cuentas a un embajador. Primero, pues, de lo que anunció; segundo, de lo que persuadió; tercero, de lo que ustedes le ordenaron; después de esto, de los tiempos; y sobre todo esto, si todo ello se ha hecho sin aceptar sobornos o no.
5
¿ Por qué precisamente esto? Porque de los anuncios depende que ustedes deliberen sobre los asuntos; si son verdaderos, habrán decidido lo necesario, y si no son tales, lo contrario. Y consideran que los consejos de los embajadores son más dignos de crédito; pues los escuchan como si supieran sobre aquello para lo que fueron enviados; por tanto, el embajador no tiene derecho a ser absuelto si ha aconsejado algo vil o perjudicial para ustedes.
6
Y, ciertamente, sobre lo que les ordenaron decir o hacer y votaron expresamente que hiciera, es apropiado que lo haya gestionado. Bien;¿ y por qué sobre los tiempos? Porque a menudo, atenienses, sucede que la oportunidad de muchos y grandes asuntos se presenta en un breve espacio de tiempo, la cual, si alguien la abandona voluntariamente a los enemigos y la traiciona, aunque haga cualquier cosa después, no será capaz de salvarla.
7
Pero, ciertamente, sobre si fue gratis o no, todos sé que dirían que es terrible y merecedor de mucha ira recibir algo de aquello por lo que la ciudad resulta perjudicada; sin embargo, quien estableció la ley no especificó esto, sino que dijo simplemente que no se reciban regalos de ninguna manera, pensando, según me parece, que quien una vez ha recibido y se ha corrompido por el dinero, ya no permanece como un juez seguro de lo que es conveniente para la ciudad.
8
Si, pues, demuestro y muestro claramente que este Esquines no ha anunciado nada verdadero, que ha impedido que el pueblo me escuche a mí decir la verdad, que ha aconsejado todo lo contrario a lo conveniente, que no ha hecho nada de lo que ustedes le ordenaron en la embajada, que ha consumido los tiempos en los que se han perdido para la ciudad muchas y grandes oportunidades, y que por todo esto ha recibido regalos y salarios junto con Filócrates, condénenlo y aplíquenle un castigo digno de sus injusticias; pero si no demuestro esto, o no todo, considérenme a mí despreciable y suéltenlo a él.
9
Y teniendo aún muchas y terribles cosas que acusar además de esto, atenienses, por las cuales no hay quien no lo odiaría razonablemente, quiero, antes de todo lo que voy a decir, recordarles— sé que a la mayoría— qué posición se asignó a sí mismo Esquines en la política al principio, y qué discursos creía que debía pronunciar contra Filipo, para que sepan que por lo que él mismo hizo y pronunció en el principio será sobre todo demostrado que tiene regalos.
10
Es, pues, este el primero de los atenienses que percibió que Filipo, como decía entonces al hablar ante el pueblo, conspiraba contra los griegos y corrompía a algunos de los que estaban al frente en Arcadia, y teniendo a Isandro, el segundo actor de Neoptólemo, presentándose ante el Consejo y presentándose ante el pueblo sobre estos asuntos, y habiéndolos persuadido a ustedes de enviar embajadores a todas partes para reunir aquí a quienes deliberarían sobre la guerra contra Filipo,
11
y anunciando después de esto, al volver de Arcadia, aquellos hermosos y largos discursos que decía haber pronunciado ante ustedes en los diez mil en Megalópolis contra Jerónimo, que hablaba a favor de Filipo, y exponiendo cuán grandes males causan a toda Grecia no solo a sus propias patrias los que aceptan sobornos y reciben dinero de Filipo.
12
Puesto que, pues, actuando él así entonces y habiendo mostrado esta muestra sobre sí mismo, fueron persuadidos por Aristodemo, Neoptólemo, Ctesifonte y los demás que anunciaban desde allí nada sano, a enviar embajadores sobre la paz ante Filipo, se convierte este también en uno de estos embajadores, no como uno de los que entregarían lo de ustedes, ni como uno de los que confiaban en Filipo, sino como uno de los que vigilarían a los demás; pues por los discursos mencionados anteriormente y esta enemistad hacia Filipo, todos tenían razonablemente esa opinión sobre él.
13
Presentándose, pues, ante mí después de esto, se organizaba para ser embajador conmigo, y me exhortó mucho a que ambos vigiláramos al impuro y desvergonzado Filócrates. Y hasta volver aquí de la primera embajada, a mí al menos, atenienses, me ocultaba que estaba corrompido y que se había vendido. Pues aparte de las otras cosas que, como dije, había dicho antes, levantándose en la primera de las asambleas en las que deliberaban sobre la paz, comenzó un principio que creo que recordaré con las mismas palabras con las que este habló ante ustedes.
14
Si Filócrates hubiera estado mucho tiempo pensando, atenienses, cómo oponerse mejor a la paz, no creo que hubiera encontrado nada mejor que escribir tales cosas. Yo, por mi parte, esta paz, mientras quede un solo ateniense, nunca aconsejaría a la ciudad hacerla, aunque digo que es necesario hacer la paz. Y dijo algunos discursos breves y moderados como estos.
15
Pero el que dijo esto el día anterior ante todos ustedes, al día siguiente, en el que la paz debía ser ratificada, mientras yo defendía el decreto de los aliados y actuaba para que la paz fuera igual y justa, y ustedes querían esto y no querían ni escuchar la voz del detestable Filócrates, se levantó y habló ante el pueblo y defendió a aquel, diciendo cosas dignas de mucho,
16
¡ Oh Zeus y todos los dioses!, discursos de muerte, como que no era necesario que ustedes recordaran a sus antepasados ni que soportaran a los que hablaban de los trofeos y las batallas navales, y que iba a proponer una ley y escribir que ustedes no ayudaran a ninguno de los griegos que no hubiera ayudado antes a ustedes. Y esto se atrevía a decir este miserable y desvergonzado estando presentes y escuchando los embajadores que ustedes habían hecho venir de los griegos, persuadidos por él, cuando aún no se había vendido.
17
De qué manera, pues, atenienses, habiéndolo ustedes elegido para los juramentos, él consumió los tiempos y arruinó todos los asuntos de la ciudad, y cuántas enemistades ocurrieron por esto entre él y yo que quería impedirlo, lo escucharán enseguida. Pero cuando volvimos de esta embajada de los juramentos, de la cual son las presentes rendiciones de cuentas, sin haber encontrado ni poco ni mucho de lo que se dijo y se esperaba cuando hacían la paz, sino habiendo sido engañados en todo, y habiendo hecho ellos otras cosas de nuevo y habiendo sido embajadores contra el propio decreto, nos presentamos ante el Consejo. Y esto muchos lo saben, lo que voy a decir; pues el Consejo estaba lleno de particulares.
18
Presentándome yo, anuncié toda la verdad ante el Consejo, y los acusé, y enumeré desde aquellas primeras esperanzas que Ctesifonte y Aristodemo anunciaron ante ustedes, y después de esto, cuando hacían la paz, lo que este habló ante el pueblo y a qué han llevado a la ciudad, y sobre lo restante( esto era los focidios y las Termópilas) aconsejaba no abandonarlo, ni sufrir lo mismo, ni permitir que, colgados de esperanzas sobre esperanzas y promesas, los asuntos llegaran al extremo. Y persuadí de esto al Consejo.
19
Cuando llegó la asamblea y había que hablar ante ustedes, levantándose este Esquines el primero de todos nosotros( y por Zeus y los dioses, intenten recordar conmigo si digo la verdad; pues todos los asuntos que arruinaron a ustedes y corrompieron totalmente son estos ya), de anunciar algo de lo que se había hecho en la embajada o de lo que se había dicho en el Consejo, si es que él disputaba que yo no decía la verdad, se abstuvo por completo, y dijo tales discursos y que contenían tantos y tan grandes bienes, que los tomó a todos ustedes y se fue.
20
Pues decía haber venido tras haber persuadido a Filipo de todo lo que conviene a la ciudad, tanto sobre los asuntos en los Anfictiones como sobre todos los demás, y expuso un largo discurso ante ustedes, que decía haber dicho ante Filipo contra los tebanos, y anunciaba los puntos principales ante ustedes, y calculaba a partir de lo que él había hecho en la embajada que ustedes, permaneciendo en casa y no haciendo campaña ni siendo importunados, escucharían que Tebas era sitiada por sí misma, aparte del resto de Beocia,
21
y que Tespias y Platea eran pobladas, y que el dinero era recaudado para el dios no de los focidios, sino de los tebanos que habían deliberado la toma del templo; pues decía que él mismo enseñaba a Filipo que no menos han pecado los que han deliberado que los que han actuado con las manos, y por esto los tebanos habían puesto precio a su cabeza.
22
Y decía escuchar también a algunos de los eubeos temerosos y perturbados por la familiaridad que Filipo había tenido con la ciudad, que no nos ha pasado inadvertido, embajadores, sobre lo que han hecho la paz con Filipo, ni ignoramos que ustedes han entregado Anfípolis a aquel, y Filipo ha acordado entregarles Eubea. Que había, sin embargo, algo más gestionado por él, pero que no quería decirlo todavía; pues incluso ahora algunos de los coembajadores le tienen envidia. Y aludía así y daba a entender el Oropo.
23
Gozando de buena reputación por esto, y pareciendo ser tanto un excelente orador como un hombre admirable, bajó muy solemnemente. Levantándome yo, dije que no sabía esto y al mismo tiempo intentaba decir algo de lo que había anunciado ante el Consejo. Y poniéndose a mi lado uno por un lado y otro por otro, este y Filócrates, gritaban, me interrumpían, y al final se burlaban. Ustedes se reían, y no querían ni escuchar ni creer nada más que lo que este había anunciado.
24
Y por los dioses, me parece que es natural que les pasara algo; pues¿ quién habría soportado, esperando que iban a ser tantos y tan grandes bienes, que alguien dijera que esto no será, o que acusara a estos de lo que se ha hecho? Pues todo lo demás, creo, era entonces secundario respecto a las expectativas y esperanzas subyacentes, y los que contradecían parecían una chusma y envidia, mientras que esto parecía maravilloso cuán grande y conveniente se había hecho para la ciudad.
25
¿ Por qué, pues, les he recordado esto primero ahora y he expuesto estos discursos? Por una cosa, atenienses, sobre todo y primero, para que ninguno de ustedes, cuando escuche que digo algo de lo que se ha hecho, y le parezca terrible y excesivo, se pregunte: entonces,¿ por qué no decías esto inmediatamente ni nos enseñabas?
26
sino que, recordando las promesas de estos, que haciendo en cada una de las ocasiones excluían a los demás de obtener palabra, y esta hermosa promesa de este, sepan que además de todo lo demás, también esto han sufrido injustamente por él, que fueron impedidos de saber la verdad inmediatamente y cuando debían, siendo engañados por esperanzas, burlas y promesas.
27
Por esto primero y sobre todo, como dije, expuse esto, y por qué segundo, nada menos que esto: para que, recordando la intención de su política cuando aún no aceptaba sobornos, cómo era precavida y desconfiada hacia Filipo, examinen la confianza y amistad que surgió de repente después de esto,
28
luego, si ha resultado todo lo que este anunció ante ustedes y lo hecho está bien, consideren que ha sucedido por la verdad y lo conveniente para la ciudad, pero si se ha hecho todo lo contrario de lo que este dijo, y esto conlleva mucha vergüenza y grandes peligros para la ciudad, sepan que él ha cambiado por su propia codicia y por vender la verdad por dinero.
29
Y quiero, ya que he sido llevado a estos discursos, decir primero de todo de qué manera les arrebataron los asuntos de los focidios. Y no debe ninguno de ustedes, jueces, mirando la magnitud de los asuntos, considerar las acusaciones y las causas mayores que la reputación de este, sino ver esto: que a quienquiera que ustedes hubieran puesto en esta posición y hubieran hecho dueño de las circunstancias que ocurrieron, este, si hubiera querido, como este, venderse y engañar y burlar a ustedes, sería causa de los mismos males que este.
30
Pues no porque ustedes utilicen a menudo hombres viles para los asuntos públicos, los asuntos que la ciudad merece ante los demás son viles, ni mucho menos. Luego, Filipo ha destruido a los focidios, creo, pero estos colaboraron; esto es lo que hay que observar y ver, si todo lo que vino a la embajada para la salvación de los focidios, todo esto lo destruyeron y corrompieron estos voluntariamente, no como este destruyó a los focidios por sí mismo.¿ De dónde?
31
Dame el decreto previo que el Consejo votó ante mi anuncio, y el testimonio del que lo escribió entonces, para que sepan que yo no callé entonces y ahora me aparto de lo hecho, sino que inmediatamente acusaba y preveía lo que iba a suceder, y el Consejo, que no fue impedido de escuchar la verdad de mí, ni elogió a estos ni consideró digno llamarlos al pritaneo. Y sin embargo, esto, desde que existe la ciudad, nadie dice que le haya pasado a ningún embajador, ni a Timágoras, cuya muerte votó el pueblo.
32
Pero estos lo han sufrido. Lee para ellos primero el testimonio, luego el decreto previo. TESTIMONIO. DECRETO PREVIO. Aquí no hay ni elogio ni llamada al pritaneo de los embajadores por parte del Consejo. Y si este dice que sí, que lo muestre y lo presente, y yo bajo. Pero no existe. Si, pues, todos éramos embajadores de lo mismo, justamente el Consejo no elogió a nadie; pues son terribles las cosas hechas por todos; pero si unos de nosotros hacíamos lo justo y otros lo contrario, por los que han obrado mal, al parecer, les habría ocurrido a los honestos haber compartido esta deshonra.
33
¿ Cómo, pues, sabrán fácilmente todos quién es el malvado? Recuerden entre ustedes quién es el que acusa de lo hecho desde el principio. Pues es claro que al que ha cometido la injusticia le bastaba con callar y, habiendo esquivado el tiempo presente, no volver a ponerse en cuestión sobre lo hecho, mientras que al que no tiene nada que reprocharse le venía el miedo de si parecerá cómplice de obras terribles y malvadas por el hecho de callar. Soy, pues, yo el que acusa desde el principio a estos, y ninguno de estos a mí.
34
El Consejo, pues, había decretado esto, y celebrándose la asamblea y estando Filipo presente en las Termópilas ya— pues esto fue lo primero de todas las injusticias, el hacer que Filipo se presentara en estos asuntos y, siendo necesario que ustedes escucharan sobre los asuntos, luego deliberaran, y después de esto hicieran lo que pareciera, escuchar al mismo tiempo y que aquel estuviera presente y que no fuera fácil decir qué es lo que hay que hacer.
35
Y además de esto, nadie leyó este decreto previo ante el pueblo, ni el pueblo lo escuchó, sino que levantándose este, hablaba ante el pueblo lo que expuse hace poco ante ustedes, los muchos y grandes bienes que decía haber venido tras haber persuadido a Filipo y por esto los tebanos habían puesto precio a su cabeza. De modo que ustedes, estupefactos por la presencia de Filipo al principio y enfadados con estos por no haberlo anunciado antes, se volvieron más suaves, esperando que todo lo que querían iba a ser para ustedes, y no queriendo ni escuchar la voz mía ni de nadie más.
36
Y después de esto se leía la carta de Filipo, que este escribió al quedarse atrás de nosotros, escrita tan directa y expresamente como una defensa de los errores de estos. Pues incluso que él mismo los detuvo cuando querían ir a las ciudades y recibir los juramentos, está en ella, y que, para que reconcilien con él a los aleos con los farsalios, los retuvo; y todo lo asume y lo hace suyo, los errores de estos.
37
Pero sobre los focidios y las Tespias o lo que este anunciaba ante ustedes, ni siquiera un poco. Y esto no fue hecho por este de forma espontánea, sino que sobre lo que ustedes debían pedir cuentas a estos por no haber hecho ni gestionado nada de lo que ustedes ordenaron en el decreto, aquel asume la causa y dice que él mismo ha sido el culpable, a quien ustedes, creo, no iban a poder castigar;
38
pero lo que aquel quería engañar y adelantarse a la ciudad, este lo anunció, para que ustedes no tuvieran nada que reclamar ni reprochar después a Filipo, ni en carta ni en ningún otro lugar de los que contenían estas cosas de aquel. Lee para ellos la carta misma, que escribió este, pero envió aquel; y observen que tiene esta forma que he expuesto. Lee. CARTA.
39
Escuchan, atenienses, la carta, cuán hermosa y humana. Pero sobre los focidios o los tebanos o los demás que este anunció, ni una palabra. De esta, pues, nada es sano. Y esto lo verán ustedes enseguida. Pues los aleos, a quienes dice que retuvo a estos para que los reconcilien, han tenido tal reconciliación que han sido expulsados y su ciudad ha quedado desolada; y a los prisioneros, el que observa qué podría hacerles un favor, dice que no ha pensado en liberar a ninguno.
40
Y se ha testificado, supongo, ante ustedes en el pueblo muchas veces, que yo me fui con un talento para ellos, y ahora también se testificará; por lo cual este, quitándome mi ambición, persuadió a aquel de escribir esto. Lo que es, pues, lo más grande de todo: pues el que escribió en la carta anterior, que llevamos nosotros, que escribiría expresamente cuán bien los trataré, si supiera bien que también la alianza se me haría, habiéndose hecho la alianza, dice no saber qué podría hacer para hacer un favor, ni lo que él mismo prometió; pues esto lo sabía claramente, si es que no engañaba. Pero, ciertamente, que escribió esto así entonces, lee para mí habiendo tomado de la carta anterior esto mismo, de aquí. Lee. DE LA CARTA.
41
Por tanto, antes de obtener la paz, incluso si se le añadiera una alianza, aceptaba escribir cuán bien tratará a la ciudad; pero cuando ha obtenido ambas cosas, dice no saber qué podría hacer para hacer un favor, y si ustedes dicen, hará lo que no le traiga ni vergüenza ni deshonra, refugiándose en estas excusas, y si ustedes dicen algo y son llevados a prometer, dejándose una retirada para sí mismo.
42
Esto, pues, y muchas otras cosas había que demostrar inmediatamente entonces y enseñarles a ustedes y no permitir abandonar los asuntos, si Tespias y Platea y que los tebanos iban a pagar la justicia enseguida no hubiera arrebatado la verdad. Y sin embargo, esto, si había que escuchar y que la ciudad fuera engañada, se decía correctamente, pero si había que hacerlo en realidad, convenía callar. Pues si los asuntos estaban ya ahí de modo que ni siquiera percibiendo los tebanos hubiera más,¿ por qué no ha sucedido? Y si por el hecho de percibirlo antes se ha impedido,¿ quién es el que lo ha divulgado?¿ No es este?
43
Pero ni iba a suceder ni quiso esto ni esperó este, de modo que ni siquiera tenga la culpa de haberlo divulgado; sino que ustedes debían ser engañados por estos discursos, y no querer escuchar la verdad de mí, y ustedes mismos quedarse en casa, y ganar un decreto tal por el cual los focidios morirán. Por esto se despilfarraba esto y por esto se hablaba ante el pueblo.
44
Escuchando, pues, yo que este prometía tantas y tales cosas, y sabiendo exactamente que miente— y de dónde, se lo diré a ustedes: primero, de que, cuando Filipo iba a jurar los juramentos sobre la paz, los focidios fueron declarados fuera de la tregua por estos, lo cual era razonable callar y dejar, si iban a salvarse; después, de que los embajadores de Filipo no decían esto ni la carta de Filipo,
45
sino este—, infiriendo, pues, de esto, levantándome y presentándome intentaba contradecir, pero como no querían escuchar, guardé silencio, protestando solo esto( y por Zeus y los dioses, recuerden) que ni sé esto ni soy cómplice, y añadí que ni siquiera lo espero. Pero como ustedes se tomaron mal el que ni siquiera lo esperara, y cómo, atenienses, dije, si algo de esto sucede, elogiarán y honrarán y coronarán a estos, pero a mí no; y ciertamente si algo de lo contrario, cómo se enfadarán con estos; yo me aparto.
46
No ahora, habiendo interrumpido este Esquines, no ahora te apartes, dijo, sino que no finjas entonces. Por Zeus, o cometeré una injusticia, dije. Levantándose Filócrates muy insolentemente, dijo: nada sorprendente, atenienses, que no me parezca lo mismo a mí y a Demóstenes; pues este bebe agua, y yo vino. Y ustedes se reían.
47
Observen, pues, el decreto que da tras haber escrito después de esto Filócrates; pues escucharlo así es muy hermoso; pero cuando alguien calcula las circunstancias en las que se escribió, y las promesas que este prometía entonces, no parecerán otra cosa que haber entregado a Filipo y a los tebanos a los focidios, poco menos que atándoles las manos a la espalda. Lee el decreto. DECRETO.
48
Ven, atenienses, el decreto, de cuántos elogios y cuánta buena fama está lleno, y que la paz sea la misma que con Filipo y sus descendientes, y la alianza, y elogiar a Filipo, porque promete que hará lo justo. Pero aquel no prometía nada, sino que estaba tan lejos de prometer que dice no saber qué podría hacer para hacerles un favor.
49
Pero este era el que hablaba a favor de él y prometía. Pero habiéndolos tomado a ustedes dispuestos a los discursos de este, Filócrates escribe esto en el decreto: si los focidios no hacen lo que deben y entregan el templo a los anfictiones, que el pueblo de los atenienses ayudará contra los que impiden que esto suceda.
50
Por tanto, atenienses, permaneciendo ustedes en casa y no habiendo salido, y habiéndose ido los lacedemonios y habiendo percibido antes el engaño, y no estando presente ningún otro de los anfictiones excepto los tesalios y los tebanos, ha escrito entregar el templo a estos de la manera más hermosa de los hombres, habiendo escrito entregarlo a los anfictiones(¿ a cuáles? pues no estaban allí excepto los tebanos y los tesalios), pero no convocar a los anfictiones, ni detener hasta que se reúnan, ni ayudar Próxeno a los focidios, ni salir los atenienses, ni nada de tal cosa.
51
Y sin embargo, Filipo envió dos cartas llamándolos, no para que salieran; de ninguna manera; pues nunca habría eliminado los tiempos en los que ustedes habrían podido salir, para llamar entonces; ni me habría impedido a mí, cuando quería navegar de vuelta aquí; ni ordenaba a este decir tales cosas, de las cuales ustedes menos iban a salir; sino para que, creyendo que él hará lo que ustedes querían, no voten nada contrario a él, ni los focidios se defiendan ni resistan apoyándose en las esperanzas de ustedes, sino que, habiendo perdido toda esperanza, se entreguen a sí mismos. Lee para ellos las cartas mismas de Filipo. CARTAS.
52
Las cartas, pues, llaman, y por Zeus, ya; pero a estos, si hubiera algo sano de esto,¿ qué otra cosa les correspondía sino decir juntos cómo ustedes saldrán, y escribir inmediatamente que ayude Próxeno, a quien sabían que estaba por los lugares? Todo lo contrario de esto parecen haber hecho. Razonablemente; pues no prestaban atención a lo que aquel enviaba, sino que sabían lo que aquel pensaba al escribir esto; colaboraban, pues, con estos y competían junto a estos.
53
Los focidios, pues, cuando se enteraron de lo de ustedes de la asamblea y recibieron este decreto de Filócrates y se enteraron del anuncio de este y de las promesas, murieron de todas las maneras. Pues observen. Había algunos allí desconfiados de Filipo y con sentido común; estos fueron inducidos a confiar.¿ Por qué? Porque pensaban que, aunque Filipo los engañara diez veces, nunca se atreverían los embajadores de los atenienses a engañar a los atenienses, sino que era verdad lo que este anunciaba ante ustedes, y que venía para los tebanos, no para su propia destrucción.
54
Había otros que pensaban que debían sufrir cualquier cosa y defenderse; pero también a estos los hizo blandos el creer que Filipo estaba a su favor, y que si no hacen esto, ustedes vendrán contra ellos, a quienes esperaban que ayudarían a ellos. Pero también algunos pensaban que ustedes se arrepentían de haber hecho la paz con Filipo; les mostraron que votaron la misma para los descendientes, de modo que por todas partes se perdiera la esperanza en lo de ustedes. Por lo cual todo esto lo reunieron en un solo decreto.
55
Lo que también me parece que es lo más grande de todo lo que los han perjudicado a ustedes; pues escribir la paz contra un hombre mortal y que tiene fuerza por algunas circunstancias, y acordar una paz inmortal contra la vergüenza de la ciudad, y privar a la ciudad no solo de las otras cosas, sino también de los beneficios de la fortuna, y usar tal abundancia de maldad de modo que no solo a los atenienses presentes, sino también a todos los que van a existir alguna vez, haber perjudicado,¿ cómo no es algo terrible?
56
Esto, pues, nunca ustedes habrían soportado añadir después a la paz, que también para los descendientes, si no hubieran confiado entonces en las promesas dichas por Esquines, en las cuales confiaron los focidios y murieron. Pues, ciertamente, habiéndose entregado a Filipo y habiendo entregado voluntariamente las ciudades a aquel, obtuvieron todo lo contrario de lo que este anunció ante ustedes.
57
Para que sepan claramente que esto ha muerto así y por estos, les calcularé los tiempos en los que sucedía cada cosa. Sobre lo que alguien de estos contradiga, que se levante y diga en mi tiempo. La paz, pues, se hizo el diecinueve de elafebolión, y nosotros nos fuimos para los juramentos tres meses enteros; y todo este tiempo los focidios estaban a salvo.
58
Volvimos aquí de la embajada de los juramentos el trece del mes de esciroforión, y Filipo estaba presente ya en las Termópilas y prometía a los focidios cosas que ellos no creían. Y una señal: pues no habrían venido aquí ante ustedes. La asamblea después de esto, en la que estos arruinaron todos los asuntos mintiendo y engañando a ustedes, se celebraba el dieciséis de esciroforión.
59
Desde esta, pues, calculo que al quinto día lo de ustedes llegó a los focidios; pues estaban presentes los embajadores de los focidios aquí, y les importaba qué anunciarían estos y qué votarían ustedes. Por tanto, el veinte, en el que ponemos que los focidios se enteraron de lo de ustedes; pues desde el seis hasta este es el quinto día. Por tanto, el diez, nueve, ocho; en este se hacían las treguas, y todos los asuntos de allí habían muerto y tenían fin.
60
¿ Por qué es esto claro? El veintiséis celebraban asamblea ustedes entonces en el Pireo sobre lo de los arsenales, y llegó Dercilo de Calcis y les anunciaba que Filipo había entregado todos los asuntos a los tebanos, y calculaba que este era el quinto día desde que se hicieron las treguas. Por tanto, ocho, siete, seis, cinco, cuatro; sucede que este es el quinto. Por tanto, por los tiempos en los que anunciaban, en los que escribían, en todos son demostrados haber competido junto a Filipo y haber sido corresponsables de la destrucción de los focidios.
61
Además, el hecho de que ninguna de las ciudades de los focidios fuera tomada por asedio ni por asalto a la fuerza, sino que todos perecieran por completo tras haber pactado, es la mayor prueba de que, persuadidos por estos, sufrieron tal suerte creyendo que serían salvados por Filipo; pues, desde luego, no desconocían quién era él. Tráeme, pues, la alianza de los focidios y los decretos mediante los cuales derribaron sus murallas, para que sepáis qué clase de recursos tenían de vosotros y qué clase de suerte corrieron por culpa de estos enemigos de los dioses. Lee. ALIANZA DE LOS FOCIDIOS Y LOS ATENIENSES.
62
Estos son, pues, los recursos que tenían de vosotros: amistad, alianza, ayuda. Escuchad ahora lo que obtuvieron por mediación de este hombre que os impidió ayudarles. Lee. ACUERDO DE FILIPO Y LOS FOCIDIOS. Escuchad, ciudadanos atenienses. Acuerdo de Filipo y los focidios, dice, no de los tebanos y los focidios, ni de los tesalios y los focidios, ni de los locrios, ni de ninguno de los presentes; y, además, dice que los focidios entreguen las ciudades a Filipo, no a los tebanos, ni a los tesalios, ni a nadie más.
63
¿ Por qué? Porque Filipo era anunciado ante vosotros por este hombre como alguien que había venido para la salvación de los focidios. En él confiaban todo, a él consultaban todo, con él concertaban la paz. Lee, pues, el resto. Y observad qué es lo que creían y qué es lo que sufrían.¿ Acaso era igual o parecido a lo que este anunciaba? Lee. DECRETOS DE LOS ANFICTIONES.
64
De estos asuntos, ciudadanos atenienses, no ha habido otros más terribles ni más graves en nuestra época entre los griegos, y creo que tampoco en tiempos pasados. Sin embargo, un solo hombre, Filipo, se ha convertido en dueño de asuntos tan grandes y de tal naturaleza por culpa de estos, existiendo la ciudad de Atenas, a la que le es tradicional estar al frente de los griegos y no permitir que ocurra nada semejante. Pues bien, la manera en que los desgraciados focidios han perecido no solo se puede ver a partir de estos decretos,
65
sino también a partir de los hechos que se han llevado a cabo, un espectáculo terrible, ciudadanos atenienses, y lamentable; pues cuando viajábamos ahora a Delfos, era inevitable ver todo esto: casas arrasadas, murallas desmanteladas, un territorio desierto de hombres en edad militar, y solo unas pocas mujeres, niños y ancianos lastimeros; nadie podría alcanzar con palabras la magnitud de los males que allí existen ahora. Y, ciertamente, que estos votaron alguna vez en contra de los tebanos sobre la esclavitud que se proponía contra nosotros, lo oigo de todos vosotros.
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¿ Qué voto o qué opinión creéis, pues, ciudadanos atenienses, que habrían emitido vuestros antepasados, si pudieran percibirlo, sobre los responsables de la ruina de estos? Yo, por mi parte, creo que considerarían que estarían limpios incluso habiéndolos lapidado con sus propias manos.¿ Cómo no va a ser vergonzoso, o más aún, si existe algún grado superior a esto, que quienes nos salvaron entonces y emitieron el voto salvador sobre nosotros, hayan recibido lo contrario por culpa de estos, y que se haya permitido que sufran tales cosas como nadie más entre los griegos?¿ Quién es, pues, el responsable de esto?¿ Quién es el que los engañó?¿ No es este?
67
Mucho podría uno, ciudadanos atenienses, felicitar a Filipo por su fortuna con razón, pero sobre todo lo felicitaría por esto, lo cual, por los dioses y las diosas, no sé decir si algún otro ha tenido la suerte de conseguir en nuestra época. Pues el haber tomado grandes ciudades y haber sometido mucho territorio y todas esas cosas, son dignas de envidia, creo, y brillantes;¿ cómo no? Pero uno podría decir que otros muchos también lo han logrado.
68
Pero aquello es único y una fortuna que no le ha ocurrido a nadie más.¿ Cuál? Que cuando necesitó hombres malvados para sus asuntos, encontró otros más malvados de lo que deseaba.¿ Cómo no habrían de ser considerados justamente tales estos, que, habiéndose alquilado para engañaros, mintieron sobre cosas que Filipo, siendo tan grandes sus diferencias, no se atrevió a mentir, ni escribió en ninguna carta, ni dijo ningún embajador de los suyos?
69
Y Antípatro y Parmenión, sirviendo a un amo y no teniendo que encontrarse con vosotros después de esto, aun así se las arreglaron para que no fuera a través de ellos que vosotros fuerais engañados; pero estos, atenienses, habiendo sido designados embajadores de la ciudad más libre ante vosotros, a quienes es necesario mirar al encontrarse, con quienes es necesario convivir el resto de la vida y ante quienes debían rendir cuentas de lo realizado, se atrevieron a engañarlos.¿ Cómo podrían existir hombres más viles o más desesperados que estos?
70
Para que sepáis, pues, que también está bajo vuestra maldición, y que no es santo ni piadoso para vosotros dejar libre a alguien que ha mentido de tal manera, lee la maldición y léela tras haber tomado la que está en la ley. MALDICIÓN. Esto es lo que, ciudadanos atenienses, el heraldo reza en cada asamblea según lo prescrito por la ley, y cuando el consejo se reúne, de nuevo ante él. Y no puede decir este que no lo sabía bien; pues siendo vuestro subsecretario y sirviendo al consejo, él mismo dictaba esta ley al heraldo.
71
¿ Cómo no sería, pues, absurdo y extraordinario lo que habríais hecho si, siendo vosotros hoy los dueños, no hicierais lo que ordenáis, o mejor dicho, lo que esperáis que los dioses hagan por vosotros, sino que dejarais libre a aquel a quien rezáis a ellos para que destruya a él, a su linaje y a su casa? De ninguna manera; pues a quien os engaña, a ese lo dejáis para que los dioses lo castiguen; pero a quien vosotros mismos atrapáis, no les ordenéis más a ellos sobre este.
72
A tal grado de desvergüenza y audacia oigo que va a llegar, que, apartándose de todos los hechos, de lo que anunció, de lo que prometió, de lo que ha engañado a la ciudad, como si fuera juzgado en otros asuntos y no ante vosotros que lo sabéis todo, primero acusará a los lacedemonios, luego a los focidios, después a Hegesipo. Pero esto es motivo de risa, o mejor dicho, una desvergüenza terrible.
73
Pues todo lo que dirá ahora sobre los focidios o los lacedemonios o Hegesipo, que no recibieron a Próxeno, que son impíos, que... sea lo que sea que acuse de ellos, todo esto, sin duda, había ocurrido antes de que estos embajadores vinieran aquí, y no era un obstáculo para que los focidios se salvaran,¿ como quién dice?
74
Esquines mismo, este. Pues no dijo entonces que si no fuera por los lacedemonios, ni que si no hubieran recibido a Próxeno, ni que si no fuera por Hegesipo, ni que si no fuera por esto y aquello, los focidios se habrían salvado; no lo anunció así entonces, sino que, pasando por alto todo esto, dijo explícitamente que había convencido a Filipo de que salvara a los focidios, de que poblara Beocia, de que hiciera vuestros los asuntos; que esto se habría realizado en dos o tres días; que por esto los tebanos habían puesto precio a su cabeza.
75
No escuchéis, pues, ni toleréis lo que había ocurrido antes de que este anunciara esto, ya sea a los lacedemonios o a los focidios, ni permitáis que acuse a los focidios de ser malvados. Pues ni a los lacedemonios los salvasteis alguna vez por su virtud, ni a estos malditos eubeos, ni a otros muchos, sino porque era conveniente para la ciudad que estuvieran a salvo, como ahora a los focidios.¿ Y qué es lo que, después de las palabras de este, no resultó como lo que este dijo entonces ante vosotros, habiendo pecado los focidios o los lacedemonios o vosotros o cualquier otro hombre? Preguntad esto; pues no podrá demostrarlo.
76
Pues han pasado solo cinco días en los que este anunció las mentiras, vosotros creísteis, los focidios se enteraron, se entregaron, perecieron. De donde creo que es claro, evidentemente, que todo el engaño y la artimaña fueron preparados para la ruina de los focidios. Pues el tiempo en que Filipo no podía venir debido a la paz, sino que estaba en preparativos, llamaba a los lacedemonios, prometiendo que haría todos los asuntos para ellos, para que los focidios no se pusieran bajo vuestra protección.
77
Pero cuando llegó a las Termópilas, y los lacedemonios, al darse cuenta de la emboscada, se retiraron, volvió a enviar a este para engañaros, para que no cayera de nuevo en tiempos, guerra y dilación, al darse cuenta vosotros de que hace los asuntos para los tebanos, defendiéndose los focidios y ayudando vosotros, sino que sin lucha lo hiciera todo suyo; lo cual también ha ocurrido. No permitáis, pues, que porque Filipo engañó también a los lacedemonios y a los focidios, por eso este no pague por lo que os engañó a vosotros; pues no es justo.
78
Si, pues, en lugar de los focidios, las Termópilas y los demás que han perecido, dice que el Quersoneso le queda a la ciudad, por Zeus y los dioses, no lo aceptéis, jueces, ni toleréis que, además de los daños que habéis sufrido por la embajada, se añada también una ignominia a la ciudad por la defensa, como si vosotros, por arrebatar algunos de vuestros bienes privados, hubierais abandonado la salvación de los aliados. Pues no hicisteis esto, sino que, habiéndose hecho ya la paz y estando el Quersoneso a salvo, los focidios se salvaron durante cuatro meses enteros después, y la falsedad de este los destruyó después de esto, tras haberos engañado.
79
Además, encontraréis que el Quersoneso está ahora en mayor peligro que entonces. Pues,¿ qué era más fácil, que Filipo pagara por haber pecado contra él antes de tomar algo de la ciudad, o ahora? Yo creo que entonces, mucho más.¿ Cuál es, pues, la ventaja de esto, habiéndose eliminado los miedos y los peligros de quien hubiera querido dañarlo?
80
Además, oigo que va a decir algo así, que se sorprende de por qué Demóstenes lo acusa a él, y nadie de los focidios. Como esto es así, es mejor oírlo de mí de antemano. De los focidios que han sido expulsados, creo que los mejores y más moderados, habiéndose convertido en exiliados y habiendo sufrido tales cosas, guardan silencio, y ninguno de ellos querría asumir una enemistad privada por las desgracias comunes; y los que harían cualquier cosa por dinero, no tienen quién se lo dé.
81
Pues yo no le habría dado nada a nadie para que se presentara aquí a gritar lo que han sufrido; pues la verdad y los hechos mismos gritan. Pero, ciertamente, el pueblo de los focidios está tan mal y tan lastimosamente dispuesto que no es el discurso de cada uno el acusar las cuentas en Atenas, sino servir y morir de miedo ante los tebanos y los mercenarios de Filipo, a quienes se ven obligados a alimentar, estando dispersos en aldeas y habiendo sido despojados de las armas.
82
No le permitáis, pues, decir esto, sino que demuestre que los focidios no han perecido, o que Filipo no prometió salvarlos. Pues esto son las cuentas de la embajada:¿ qué se ha hecho?¿ qué anunciaste? Si es verdad, sálvate; si es falso, paga. Y si los focidios no están presentes,¿ qué importa? Pues así los has dejado tú, creo, en tu parte, que no pueden ni ayudar a los amigos ni defenderse de los enemigos.
83
Y, ciertamente, que aparte de la otra vergüenza y deshonra que tienen los hechos, también grandes peligros rodean a la ciudad por esto, es fácil de demostrar. Pues,¿ quién de vosotros no sabe que por la guerra de los focidios y por ser los focidios dueños de las Termópilas, existía para nosotros la seguridad frente a los tebanos, y que Filipo ni los tebanos habrían venido nunca al Peloponeso, ni a Eubea, ni al Ática?
84
Sin embargo, esta seguridad que existía para la ciudad por el lugar y los hechos mismos, la abandonasteis persuadidos por los engaños y falsedades de estos, y permitisteis que fuera arrasada, estando fortificada con armas, guerra continua, grandes ciudades de hombres aliados y mucho territorio. Y vana fue la ayuda anterior a las Termópilas que hicisteis, que realizasteis con más de doscientos talentos, si calculáis los gastos privados de los que hicieron la campaña, y vanas también las esperanzas contra los tebanos.
85
Pero lo que, siendo muchos y terribles los servicios que este ha prestado a Filipo, tiene la mayor insolencia verdaderamente contra la ciudad y todos vosotros, escuchádmelo: que habiendo decidido Filipo desde el principio hacer todo lo que ha hecho, este, anunciando lo contrario y mostrando que vosotros no queríais, ha hecho mayor la enemistad hacia los tebanos para vosotros, y el favor para Filipo.¿ Cómo podría, pues, un hombre haberos tratado con más insolencia?
86
Lee, pues, el decreto tras haber tomado el de Diofanto y el de Calístenes, para que sepáis que, cuando hacíais lo debido, erais dignos de sacrificios y elogios ante vosotros mismos y ante los demás, pero cuando fuisteis engañados por estos, traíais a los niños y mujeres de los campos y decretabais sacrificar las Heracleas dentro de la muralla, estando en paz. Lo cual también me sorprende, si dejaréis sin castigo a quien no hizo que ni siquiera los dioses fueran honrados, según era tradicional. Lee el decreto. DECRETO. Esto es lo que entonces decretasteis, ciudadanos atenienses, digno de lo realizado. Lee, pues, lo que sigue. DECRETO.
87
Esto decretabais entonces por culpa de estos, no habiendo hecho la paz y la alianza con estas esperanzas ni al principio, ni habiendo sido persuadidos después de inscribirla también para los descendientes, sino como si fueran a sufrir bienes maravillosamente grandes por culpa de estos. Y, ciertamente, también después de esto, cuantas veces os alarmabais al oír hablar de una fuerza de Filipo y mercenarios cerca del estrecho o de Mégara, todos lo sabéis. No debéis, pues, observar ni estar ociosos si aún no pisa el Ática, sino ver si por culpa de estos ha surgido para él la oportunidad de hacer esto cuando quiera, mirar hacia ese peligro, y odiar y castigar al responsable y al que preparó esta oportunidad para él.
88
Sé, pues, que Esquines evitará los argumentos sobre los hechos mismos, y queriendo alejaros lo más posible de lo realizado, expondrá cuán grandes bienes surgen para todos los hombres de la paz y, por el contrario, males de la guerra, y en general dirá elogios de la paz, y se defenderá de tal manera. Pero esto también son acusaciones contra él. Pues si la causa de tantos bienes para los demás se ha convertido en causa de asuntos y confusión para nosotros,¿ qué podría decir uno que es esto, sino que estos, habiendo recibido regalos, han estropeado una cosa hermosa por naturaleza?
89
¿ Y qué?¿ No os quedan y os quedarán trescientas trirremes y pertrechos para ellas y dinero debido a la paz? Quizás diría. Ante esto, debéis suponer que también los asuntos de Filipo se han vuelto mucho más fáciles por la paz, y por los preparativos de armas, territorio y rentas que han llegado a ser grandes para él.
90
Y también han surgido algunos para nosotros. Pero la preparación de los asuntos y de los aliados, por la cual todos poseen los bienes, ya sea para sí mismos o para los más fuertes, la nuestra, vendida por estos, ha perecido y se ha vuelto débil, y la de él, temible y mucho mayor. No es justo, pues, que para él hayan aumentado ambas cosas por culpa de estos, tanto las de los aliados como las de las rentas, y que lo que a nosotros nos habría quedado de todas formas de la paz, esto lo calculen ellos a cambio de lo que vendieron. Pues esto no ha surgido a cambio de aquello, ni mucho menos, sino que esto nos habría quedado igual, y aquello se habría añadido a esto si no fuera por estos.
91
Y en general, ciudadanos atenienses, diréis que es justo, supongo, que si muchos y terribles son los sucesos que han ocurrido a la ciudad, y Esquines no es responsable de nada de esto, la ira no recaiga sobre él, ni si algo de lo debido se ha hecho por otro, esto lo salve a él; sino que, habiendo examinado de cuántas cosas es responsable este, y el favor, si es digno de ello, y por el contrario la ira, si parece que son tales, la tengáis.
92
¿ Cómo encontraréis, pues, esto justamente? Si no permitís que él lo confunda todo a la vez, los delitos de los generales, la guerra contra Filipo, los bienes de la paz, sino que examinéis cada cosa por separado. Por ejemplo,¿ teníamos guerra contra Filipo? La teníamos.¿ Alguien acusa aquí a Esquines?¿ Alguien quiere acusarlo sobre lo realizado en la guerra? Nadie. Por tanto, sobre esto está libre y no necesita decir nada; pues sobre los asuntos en disputa es necesario que el acusado presente testigos y pruebas, no que se defienda engañando sobre lo admitido. No digas, pues, nada sobre la guerra; pues nadie te acusa de nada sobre ella.
93
Después de esto, algunos nos persuadieron de hacer la paz; fuimos persuadidos; enviamos embajadores; estos trajeron aquí a los que iban a hacer la paz.¿ Alguien reprocha aquí a Esquines sobre esto?¿ Alguien dice que este propuso la paz, o que delinque porque trajo aquí a los que iban a hacerla? Nadie. Por tanto, tampoco sobre el hecho mismo de que la ciudad hiciera la paz tiene que decir nada; pues no es él el responsable.
94
¿ Qué dices, pues, hombre, si alguien me preguntara, y de dónde empiezas a acusar? De donde, ciudadanos atenienses, deliberando vosotros, no sobre si se debía hacer la paz o no( pues esto ya estaba decidido), sino sobre qué clase de paz, habiendo hablado en contra de los que decían lo justo, apoyó al que escribía por dinero, habiendo recibido regalos, y después de esto, elegido para los juramentos, no hizo nada de lo que vosotros ordenasteis, y destruyó a los aliados que se habían salvado en la guerra, y mintió cosas tan grandes y tales como nadie más nunca antes ni después. Pues el hecho de que Filipo consiguiera desde el principio el discurso sobre la paz, Ctesifonte y Aristodemo llevaron la primera parte del engaño, pero cuando llegó el momento de realizar los asuntos, se lo entregaron a Filócrates y a este, y habiéndolo recibido, estos lo destruyeron todo.
95
Luego, cuando debe rendir cuentas y pagar por lo realizado, siendo, creo, este un malvado y enemigo de los dioses y secretario, se defenderá como si fuera juzgado por la paz, no para que dé cuenta de más cosas de las que alguien lo acusa; pues esto es locura; sino que ve esto, que en lo realizado por él no hay nada bueno, sino que todo son delitos, y la defensa sobre la paz, aunque no sea otra cosa, al menos tiene un nombre filantrópico.
96
La cual temo, ciudadanos atenienses, temo que no nos hayamos dado cuenta, como los que piden prestado a gran interés; pues su seguridad y firmeza la traicionaron estos, los focidios y las Termópilas; sin embargo, no por culpa de este la hicimos desde el principio, sino que es absurdo lo que voy a decir, pero muy verdadero; pues si alguien se alegra verdaderamente de la paz, que tenga agradecimiento por ella a los generales, a quienes todos acusan; pues si ellos hubieran hecho la guerra como vosotros queríais, no habríais tolerado ni el nombre de paz.
97
La paz, pues, fue gracias a ellos, pero se ha vuelto peligrosa, insegura y desleal por culpa de estos que aceptaron sobornos. Apartadlo, pues, apartadlo de los discursos sobre la paz, y llevadlo a los de lo realizado. Pues Esquines no es juzgado por la paz, no, sino que la paz ha sido difamada por culpa de Esquines. Y una prueba: pues si la paz se hubiera hecho, y no hubierais sido engañados después ni hubiera perecido ninguno de los aliados,¿ a quién de los hombres habría molestado la paz, aparte de haber quedado deshonrosa? Aunque también de esto es corresponsable este al haber hablado junto con Filócrates. Pero no habría ocurrido nada irreparable. Pero ahora, creo, muchas cosas, de las cuales este es responsable.
98
Que, pues, vergonzosa y malamente todo esto ha perecido y ha sido destruido por estos, creo que todos vosotros lo sabéis. Yo, jueces, estoy tan lejos de añadir alguna calumnia a estos asuntos o de pedíroslo a vosotros, que si esto se ha hecho por estupidez o por ingenuidad o por cualquier otra ignorancia, yo mismo libero a Esquines y os lo aconsejo a vosotros.
99
Aunque ninguna de estas excusas es política ni justa. Pues vosotros no ordenáis ni obligáis a nadie a realizar los asuntos públicos; sino que, cuando alguien, habiéndose persuadido a sí mismo de que puede, se acerca, haciendo algo propio de hombres buenos y filantrópicos, lo recibís con benevolencia y no con envidia, sino que incluso lo elegís y le confiáis vuestros propios asuntos.
100
Si, pues, alguien tiene éxito, será honrado y tendrá más que la mayoría en esto; pero si fracasa,¿ dirá excusas y pretextos? Pero no es justo. Pues no habría bastado para los aliados perecidos ni para sus hijos ni para sus mujeres ni para los demás, por mi estupidez, para no decir la de este, haber sufrido tales cosas; mucho menos.

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