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Original / primary: Spanish Gemini
1
Ciudadanos atenienses, quienes elogian a sus antepasados me parece que eligen pronunciar un discurso complaciente, pero no uno que sea provechoso para aquellos a quienes encomian; pues al intentar hablar de asuntos que nadie podría alcanzar dignamente con la palabra, ellos mismos se llevan la gloria de parecer capaces de hablar, pero hacen que la virtud de aquellos parezca menor de lo que se supone ante quienes los escuchan. Yo, por mi parte, considero que el mayor elogio de aquellos es el tiempo transcurrido, durante el cual, siendo mucho, nadie ha podido mostrar nada mayor que lo realizado por ellos.
2
Yo mismo intentaré decir el modo en que me parece que ustedes podrían prepararse mejor. Y es que la situación es así: si todos nosotros, los que vamos a hablar, pareciéramos ser hábiles, sé bien que sus asuntos no irían mejor; pero si cualquiera que suba a la tribuna pudiera enseñar y persuadir sobre qué preparativos, cuántos y de dónde obtenidos serán útiles para la ciudad, todo el temor presente se disipará. Yo intentaré hacer esto, si es que soy capaz, tras decirles brevemente cuál es mi opinión sobre los asuntos relacionados con el Rey.
3
Considero que el Rey es enemigo común de todos los griegos, pero no por ello les aconsejaría a ustedes solos, entre los demás, declarar la guerra contra él; pues tampoco veo que los propios griegos sean amigos comunes entre sí, sino que algunos confían más en él que en algunos de los suyos. Por tanto, a partir de tales hechos, considero que les conviene cuidar que el inicio de la guerra sea igualitario y justo, pero prepararse en todo lo que corresponde y que esto sea la base.
4
Pues considero, ciudadanos atenienses, que los griegos, si algo resultara evidente y claro de que el Rey los ataca, incluso se aliarían y estarían muy agradecidos con quienes, antes que ellos y junto con ellos, lo defendieran; pero si nos adelantamos a enemistarnos mientras esto aún no está claro, temo, ciudadanos atenienses, que nos veamos obligados a luchar contra aquellos a quienes intentamos proteger, junto con él.
5
Pues él, si decide atacar a los griegos, al detenerse en lo que ha emprendido, dará dinero a algunos de ellos y les ofrecerá su amistad, mientras que aquellos que desean reparar sus propias guerras y tienen esta intención, pasarán por alto la salvación común de todos. Aconsejo que nuestra ciudad no se precipite en esta confusión y falta de juicio.
6
Pues no veo que la deliberación sobre los asuntos con el Rey sea igual para los demás griegos que para ustedes; me parece que a muchos de ellos les es posible, mientras gestionan sus propios intereses, descuidar a los demás griegos, pero para ustedes, incluso si son agraviados por quienes los agravian, no es honorable tomar esa justicia dejando que algunos de ellos caigan bajo el bárbaro.
7
Y siendo así las cosas, hay que considerar cómo nosotros no quedaremos en desventaja en la guerra, ni él, a quien consideramos que conspira contra los griegos, obtendrá la confianza de parecer su amigo.¿ Cómo será esto? Si el poder de la ciudad está examinado y preparado para todos de manera evidente, y parece que elige defender lo justo basándose en ello.
8
A quienes se envalentonan y piden con mucha prontitud hacer la guerra, les digo esto: que no es difícil, cuando hay que deliberar, ganar fama de valiente, ni cuando hay algún peligro cerca, parecer hábil al hablar; sino que lo difícil y lo que corresponde es mostrar la valentía en los peligros y, al aconsejar, ser capaz de decir cosas más sensatas que los demás.
9
Yo, ciudadanos atenienses, considero que la guerra contra el Rey es difícil para la ciudad, pero que el combate derivado de la guerra podría suceder fácilmente.¿ Por qué? Porque considero que todas las guerras necesitan necesariamente trirremes, dinero y lugares, y encuentro que él tiene todas estas cosas en mayor abundancia que nosotros; pero veo que los combates no necesitan nada tanto como hombres valientes, y considero que estos abundan en nosotros y en quienes se arriesgan con nosotros.
10
Por estas razones, aconsejo no emprender la guerra de ninguna manera como los primeros, pero digo que es necesario estar preparados correctamente para el combate. Si hubiera un modo de fuerza con el que fuera posible defenderse de los bárbaros y otro con el que fuera posible defenderse de los griegos, quizás seríamos vistos razonablemente enfrentándonos a él;
11
pero dado que el modo de toda preparación es el mismo y los puntos principales del poder deben ser los mismos— ser capaces de defenderse de los enemigos, ayudar a los aliados existentes y salvar los bienes que se poseen—,¿ por qué, teniendo enemigos reconocidos, buscamos otros? Preparémonos contra ellos y nos defenderemos también de él, si intenta agraviarnos.
12
Y ahora llaman a los griegos ante ustedes; pero si no hacen lo que ellos piden, cuando algunos no están contentos con ustedes,¿ cómo hay que esperar que alguien obedezca?¿ Porque, por Zeus, escucharán de nosotros que el Rey conspira contra ellos?¿ Creen, por Zeus, que ellos no lo prevén? Yo creo que sí. Pero el miedo aún no es mayor que las diferencias que algunos tienen con ustedes y entre sí. Por tanto, los embajadores no harán más que recitar rapsodias mientras van de un lado a otro.
13
Pero entonces, si se hace lo que ahora pensamos, nadie de todos los griegos, supongo, se tiene en tan alta estima como para que, al ver que ustedes tienen mil jinetes, tantos hoplitas como uno quiera y trescientas naves, no venga y pida ayuda, pensando que con ellos se salvaría con mayor seguridad. Por tanto, al llamar ahora, el pedir implica incluso fracasar si no se obtiene, pero al estar preparados, el que los suyos se contengan y pidan salvarse, y saber bien que todos vendrán, es lo que corresponde.
14
Por tanto, ciudadanos atenienses, al considerar esto y cosas similares, no quise encontrar un discurso audaz ni que tuviera una longitud vana; sin embargo, me tomé muchas molestias examinando cómo la preparación se hará de la mejor y más rápida manera. Creo que deben escucharla y, si les agrada, votarla. Lo primero de la preparación, ciudadanos atenienses, y lo más importante, es que sus ánimos estén dispuestos de tal manera que cada uno esté dispuesto a hacer con entusiasmo lo que sea necesario.
15
Pues ven, ciudadanos atenienses, que todo lo que alguna vez todos quisieron y después cada uno consideró que le correspondía a él mismo hacerlo, nunca se les escapó, pero todo lo que quisieron, pero después miraron a los demás pensando que cada uno no lo haría, sino que el vecino lo haría, nunca se les cumplió.
16
Y estando ustedes así y tan estimulados, digo que es necesario completar los mil doscientos y hacerlos dos mil, añadiéndoles ochocientos; pues si establecen esta cantidad, considero que, una vez excluidos los herederos, los huérfanos, los colonos, los socios y si alguien es incapaz, tendrán mil doscientos cuerpos.
17
A partir de esto, creo que hay que hacer veinte simmorías, como las que hay ahora, cada una con sesenta cuerpos. Ordeno dividir cada una de estas simmorías en cinco partes de doce hombres, completando siempre a los más pobres con los más ricos. Digo que los cuerpos deben estar organizados así; sabrán por qué cuando escuchen todo el modo de la organización.
18
¿ Y las trirremes? Ordeno que, tras establecer el número total en trescientas, hagan veinte partes de quince naves, dando cinco de las primeras cien, cinco de las segundas cien y cinco de las terceras cien a cada parte, y luego sortear la unidad de quince naves para cada simmoría de cuerpos, y que la simmoría asigne tres trirremes a cada parte de sí misma.
19
Y cuando esto esté así, ordeno, dado que la valoración de la tierra es de seis mil talentos, para que también tengan el dinero organizado, dividir esto y hacer cien partes de sesenta talentos, y luego sortear cinco partes de sesenta talentos para cada una de las veinte grandes simmorías, y que la simmoría asigne una parte de sesenta talentos a cada una de las partes,
20
de modo que, si necesitan cien trirremes, el gasto sea de sesenta talentos y haya doce trierarcas; si de doscientas, que el gasto sea de treinta talentos y seis cuerpos ejerzan la trierarquía; y si de trescientas, que el gasto sea de veinte talentos y cuatro cuerpos ejerzan la trierarquía.
21
Del mismo modo, ordeno también distribuir lo que ahora se debe, ciudadanos atenienses, de los equipos para las trirremes, valorando todo según el registro en veinte partes, luego sortear una parte de los equipos para cada una de las grandes simmorías, y que cada simmoría distribuya lo mismo a cada una de sus partes, y que los doce hombres de cada parte recauden esto y proporcionen las trirremes que a cada uno le correspondan, ya preparadas.
22
Considero que el gasto, los cascos, los trierarcas y la recaudación de los equipos se obtendrían y prepararían mejor así; después de esto, diré sobre la dotación, que será clara y fácil. Digo que los estrategas deben dividir diez lugares de los arsenales, observando que haya treinta cobertizos lo más cerca posible unos de otros, y cuando hagan esto, asignar dos simmorías y treinta trirremes a cada uno de estos lugares, y luego sortear las tribus;
23
y que cada taxiarca, según el lugar que le toque a la tribu, divida en tres partes y las naves de la misma manera, y luego sortear las trittyes, de modo que cada tribu tenga una parte de los arsenales totales, y la trittys tenga la tercera parte de cada parte, y sepan, si hace falta algo, primero la tribu, dónde está asignada, después la trittys, luego quiénes son los trierarcas y qué trirremes, y que la tribu tenga treinta trirremes y cada trittys diez. Pues si esto se encarrila así, si omitimos algo ahora( pues quizás no es fácil encontrarlo todo), el asunto mismo lo encontrará por sí mismo, y habrá una sola organización tanto de todas las naves como de una parte.
24
Sobre el dinero y un recurso claro, sé que lo que voy a decir es paradójico, pero aun así se dirá; pues confío en que, si alguien examina correctamente, parecerá haber dicho solo lo verdadero y lo que sucederá. Digo que no hay que hablar de dinero ahora; pues hay un recurso, si hace falta, grande, honorable y justo, que si lo buscamos ahora, ni siquiera pensaremos que lo tendremos para entonces; tanto nos alejaremos de obtenerlo ahora; pero si lo dejamos, existirá.¿ Cuál es, pues, este que ahora no existe, pero que existirá para entonces? Pues esto es parecido a un enigma.
25
Yo lo diré. Vean toda esta ciudad, ciudadanos atenienses. En ella hay dinero, poco me falta para decir, más que en todas las demás ciudades juntas. Pero quienes lo poseen tienen tal mentalidad que, si todos los que hablan temieran que el Rey vendrá, que está presente, que no es posible que esto sea de otra manera, y junto con los que hablan, una cantidad igual de gente profetizara esto, no solo no contribuirían, sino que ni siquiera parecería ni admitirían que lo poseen.
26
Sin embargo, si percibieran en la práctica lo que ahora es temible por las palabras, no hay nadie tan estúpido que no diera y fuera el primero en contribuir; pues¿ quién elegirá perder él mismo y sus bienes antes que contribuir con una parte de sus bienes por sí mismo y por el resto? Digo que el dinero estará entonces, si realmente hace falta, pero antes no. Por eso aconsejo ni siquiera buscarlo; pues lo que pudieran obtener ahora, si decidieran obtenerlo, es más motivo de risa que de nada.
27
Pues vamos,¿ alguien dirá ahora que contribuyamos con una centésima? Entonces, sesenta talentos. Pero¿ alguien dirá una quincuagésima, el doble? Entonces, ciento veinte.¿ Y qué es esto frente a las mil doscientas camellas que dicen estos que llevan el dinero al Rey? Pero supongan que quieren que contribuyamos con una duodécima, quinientos talentos; pero ni lo soportarían ni, si los depositaran, el dinero sería digno de la guerra.
28
Por tanto, deben preparar las demás cosas, pero dejar que los que poseen el dinero lo tengan ahora( pues en ningún lugar estaría mejor guardado para la ciudad), y si alguna vez llega ese momento, entonces, al contribuir ellos voluntariamente, tomarlo. Esto es posible, ciudadanos atenienses, y es honorable de hacer y provechoso, y adecuado para ser anunciado al Rey sobre ustedes, y un miedo no pequeño podría surgir en él a través de esto.
29
Él sabe que con doscientas trirremes, de las cuales cien proporcionamos nosotros, sus antepasados perdieron mil naves, y escuchará que ustedes mismos tienen ahora preparadas trescientas trirremes; de modo que, ni aunque estuviera completamente loco, pensaría que es fácil hacer enemiga a nuestra ciudad. Pero si se enorgullece por el dinero, encontrará que esta es una fuente más débil que la de ustedes.
30
Él, ciertamente, lleva mucho oro, según dicen. Pero si lo reparte, lo buscará; pues incluso las fuentes y los pozos suelen agotarse si uno toma de ellos muchas cosas juntas. Pero él escuchará que nosotros tenemos como fuente la valoración de la tierra de seis mil talentos, por la cual, cómo defendemos a los que vienen, los de Maratón, antepasados suyos, lo sabrían mejor, y mientras dominemos, supongo que no es posible que nos falte dinero.
31
Y además, lo que algunos temen, que organice un gran ejército mercenario teniendo dinero, no me parece que sea cierto. Pues considero que, contra Egipto, Orontas y algunos de los otros bárbaros, muchos de los griegos querrían servir como mercenarios para él, no para que él tome alguno de estos, sino para que cada uno, habiendo obtenido algún recurso para sí mismo, se libre de la pobreza existente; pero contra Grecia, no creo que ningún griego vaya. Pues¿ adónde se volverá él mismo después de esto?
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¿ Irá a Frigia a ser esclavo? Pues la guerra contra el bárbaro no es por otra cosa que por la tierra, la vida, las costumbres, la libertad y todas esas cosas.¿ Quién es, pues, tan desgraciado que quiera entregar a sí mismo, a sus padres, a sus tumbas, a su patria por una pequeña ganancia? Yo no creo que nadie. Sin embargo, tampoco le conviene a él dominar a los griegos con extranjeros; pues los que nos han dominado son desde hace mucho tiempo superiores a él; y él no desea eliminarnos para estar bajo otros, sino, sobre todo, si no, gobernar a los que ya son sus esclavos.
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Si, por tanto, alguien piensa que los tebanos estarán con él, el discurso sobre esto es difícil ante ustedes; pues debido a que los odian, ni siquiera escucharían con agrado nada verdadero y bueno sobre ellos; sin embargo, quienes examinan asuntos importantes no deben dejar pasar ningún cálculo provechoso por ninguna excusa. Yo, por tanto, creo que los tebanos están tan lejos de ir alguna vez con él contra los griegos, que pagarían mucho dinero, si pudieran darlo,
34
por comprar algún momento a través del cual redimir sus errores anteriores ante los griegos. Y si alguien piensa que los tebanos son por naturaleza completamente desgraciados, al menos todos saben esto, que si los tebanos piensan como él, es necesario que sus enemigos piensen como los griegos.
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Considero, pues, que este orden de la justicia y los que están con ella serán superiores a los traidores y al bárbaro en todo. De modo que digo que no hay que temer más de lo debido, ni dejarse llevar a declarar la guerra primero. Y, ciertamente, no veo que ningún otro griego, habiendo temido esta guerra, lo haga razonablemente.
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¿ Quién de ellos no sabe que, mientras lo consideraban enemigo común y estaban de acuerdo entre sí, eran dueños de muchos bienes, pero desde que, pensando que era su amigo, se enfrentaron por las diferencias entre ellos, han sufrido tantos males que ni siquiera maldiciéndolos alguien los habría encontrado para ellos?¿ Y entonces vamos a temer a aquel a quien la fortuna y la divinidad muestran como un amigo inútil, pero como un enemigo provechoso? De ninguna manera; pero tampoco lo agraviemos, por nosotros mismos y por la confusión y desconfianza de los demás griegos;
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pues si hubiera sido unánime atacar solo a él, no habría considerado que agraviarlo fuera un agravio. Pero dado que esto no es así, digo que hay que cuidarse de no dar al Rey una excusa para buscar lo justo en nombre de los demás griegos; pues si ustedes mantienen la calma, sería sospechoso si hiciera algo así, pero si ustedes hacen la guerra primero, parecería razonablemente que quiere ser amigo de los demás debido a su odio hacia ustedes.
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No demuestren, pues, lo mal que están los asuntos griegos, convocando cuando no obedecerán y haciendo la guerra cuando no podrán; sino mantengan la calma, confiando y preparándose, y deseen que se anuncie sobre ustedes al Rey, no, por Zeus, que todos los griegos y atenienses están en apuros, temerosos o alborotados,¡ lejos de eso!;
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sino que, si no fuera igual de vergonzoso para los griegos mentir y perjurar como es honorable para él, hace tiempo que ustedes habrían marchado contra él, pero ahora no harían esto por ustedes mismos, sino que rueguen a todos los dioses que él reciba la misma locura que alguna vez recibieron sus antepasados. Y si se le ocurre examinar esto, encontrará que ustedes no deliberan con negligencia.
40
Pues, ciertamente, de las guerras contra sus propios antepasados sabe que la ciudad se ha vuelto próspera y grande, y de la calma que mantuvo alguna vez, que ninguna de las ciudades griegas la superaba tanto como ahora. Y, además, ve que los griegos necesitan algún mediador, voluntario o involuntario, y sabe que este aparecería ante ellos si él provocara una guerra. De modo que lo que escuche de los que le informan será conocido y digno de crédito.
41
Para no molestar hablando demasiado, ciudadanos atenienses, diré los puntos principales de lo que aconsejo y me iré. Ordeno prepararse contra los enemigos existentes, y digo que hay que defenderse también del Rey y de todos, si intentan agraviar, con este mismo poder, pero no iniciar ningún discurso ni acción injusta, y examinar que nuestras acciones sean dignas de los antepasados, no los discursos en la tribuna. Y si hacen esto, harán lo que es provechoso tanto para ustedes mismos como para los que aconsejan lo contrario; pues no se enfadarán con ellos después, habiendo errado ahora.

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