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Philip’s Letter
DemosthenesLett 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Filipo al consejo y al pueblo de los atenienses, salud. Dado que, habiendo enviado yo embajadores en muchas ocasiones para que nos mantuviéramos fieles a los juramentos y a los acuerdos, no habéis mostrado ninguna consideración, he creído necesario enviaros una comunicación sobre los asuntos en los que considero que se me está agraviando. No os sorprendáis por la extensión de la carta; pues, existiendo numerosas quejas, es necesario exponerlas todas con claridad.
2
En primer lugar, cuando Nicias, el heraldo, fue capturado en mi territorio, no solo no castigasteis a los infractores, sino que mantuvisteis encarcelado al agraviado durante diez meses; y las cartas que traía de nuestra parte, las leísteis ante la asamblea. Además, cuando los tasios acogían a los trirremes de los bizantinos y a los piratas que lo deseaban, no os preocupasteis en absoluto, a pesar de que los tratados establecen explícitamente que quienes hacen tales cosas son enemigos.
3
Más aún, por las mismas fechas, Diopeites, tras invadir el territorio, redujo a la esclavitud a los habitantes de Crobila y Tiristasis, saqueó la Tracia adyacente y, finalmente, llegó a tal grado de ilegalidad que, habiendo capturado a Anfíloco, quien había acudido como embajador por los prisioneros, le impuso las más extremas coacciones y lo rescató por nueve talentos; y esto lo hizo con el beneplácito del pueblo.
4
Y, sin embargo, cometer ilegalidades contra un heraldo y embajadores parece ser un acto impío para todos los demás, y especialmente para vosotros; pues, cuando los megarenses mataron a Antemócrito, el pueblo llegó a tal extremo que les prohibió participar en los misterios y erigió estatuas ante las puertas como recordatorio de la injusticia.¿ Cómo no es terrible, entonces, que, tras haber odiado tanto a los autores de los hechos que vosotros mismos sufristeis, ahora se os vea cometiendo los mismos actos?
5
Calias, vuestro general, tomó todas las ciudades situadas en el golfo Pagasético, que estaban bajo juramento con vosotros y eran aliadas mías, y vendió a todos los que navegaban hacia Macedonia, considerándolos enemigos; y por esto le elogiasteis en vuestros decretos. De modo que yo me pregunto qué podría haber más novedoso si admitierais que estáis en guerra conmigo; pues incluso cuando estábamos abiertamente enfrentados, enviabais piratas, vendíais a quienes navegaban hacia nosotros, ayudabais a nuestros adversarios y causabais daños a mi territorio.
6
Aparte de esto, habéis llegado a tal grado de ilegalidad y hostilidad que incluso habéis enviado embajadores al persa para convencerlo de que me haga la guerra; lo cual es algo que causaría el mayor asombro. Pues, antes de que él tomara Egipto y Fenicia, decretasteis que, si él intentaba alguna innovación, me llamaríais a mí y a todos los demás griegos por igual contra él;
7
pero ahora vuestro odio hacia mí es tan grande que dialogáis con él sobre una alianza defensiva. Y, sin embargo, en la antigüedad, vuestros padres, según tengo entendido, criticaban a los Pisistrátidas por atraer al persa contra los griegos; pero vosotros no os avergonzáis de hacer aquello que no cesabais de reprochar a los tiranos.
8
Pero, además de otras cosas, escribís en vuestros decretos ordenándome que deje a Teres y a Cersobleptes gobernar Tracia, como si fueran atenienses. Yo no sé que ellos hayan participado con vosotros en los tratados de paz, ni que estén inscritos en las estelas, ni que sean atenienses; al contrario, Teres luchó conmigo contra vosotros, y Cersobleptes, aunque estaba dispuesto a prestar juramento privadamente ante mis embajadores, fue impedido por vuestros generales, quienes lo declararon enemigo de los atenienses.
9
¿ Cómo es esto justo o equitativo, que cuando os conviene, afirméis que él es enemigo de la ciudad, y cuando queréis calumniarme, lo presentéis como un ciudadano vuestro?¿ Y que, tras la muerte de Sitalces, a quien otorgasteis la ciudadanía, hicierais inmediatamente amistad con quien lo mató, pero por Cersobleptes declaréis la guerra contra nosotros? Y esto, sabiendo claramente que ninguno de los que reciben tales dones se preocupa por vuestras leyes ni por vuestros decretos.
10
No obstante, si debo dejar de lado todo lo demás y hablar brevemente, vosotros otorgasteis la ciudadanía a Evágoras de Chipre, a Dionisio de Siracusa y a sus descendientes. Si, pues, convencéis a quienes expulsaron a ambos de devolverles sus gobiernos, recuperad también de mí la Tracia, de la cual gobernaban Teres y Cersobleptes. Pero si no consideráis digno ni siquiera reprochar nada a quienes los vencieron, y a mí me molestáis,¿ cómo no habría de defenderme justamente contra vosotros?
11
Sobre estos asuntos, aunque tengo mucho más que decir con justicia, prefiero omitirlo; pero afirmo que ayudo a los cardianos, habiéndome convertido en su aliado antes de la paz, y no habiendo querido vosotros acudir a un juicio, a pesar de que yo lo solicité muchas veces, y no pocas veces ellos también; de modo que,¿ cómo no sería el más vil de todos si, abandonando a mis aliados, me preocupara más por vosotros, que me molestáis de todas las maneras, que por aquellos que permanecen siempre como mis amigos leales?
12
Si, pues, debo no omitir tampoco esto, habéis llegado a tal grado de codicia que antes solo me reprochabais lo mencionado anteriormente, pero ahora, alegando los peparetios haber sufrido terribles daños en los asuntos más recientes, habéis ordenado al general que tome justicia de mí en su nombre, a quienes yo castigué con menos rigor del que correspondía, mientras que ellos, estando en paz, ocuparon Haloneso y no devolvían ni el lugar ni a los guardias, a pesar de que yo envié a pedir por ellos en muchas ocasiones.
13
Vosotros, en cambio, no habéis examinado en absoluto las injusticias que los peparetios cometieron contra mí, sino el castigo, sabiéndolo con precisión. Y, sin embargo, no arrebaté la isla ni a ellos ni a vosotros, sino al pirata Sóstrato. Si, pues, decís que vosotros mismos se la entregasteis a Sóstrato, admitís que enviáis piratas; pero si él la ocupaba contra vuestra voluntad,¿ qué terrible daño habéis sufrido porque yo la tomara y proporcionara seguridad a los navegantes en ese lugar?
14
Y, mientras yo mostraba tanta previsión por vuestra ciudad y le ofrecía la isla, los oradores no permitían que la aceptarais, sino que aconsejaban recuperarla, para que, al someterme a lo ordenado, admita poseer lo ajeno, y al no ceder el lugar, me vuelva sospechoso ante la multitud. Habiendo comprendido esto, os desafié a ser juzgados sobre estos asuntos ante nosotros, para que, si se dictaminaba que era mía, el lugar os fuera entregado por mí, y si se dictaminaba que era vuestra, entonces se la devuelva al pueblo.
15
Aunque solicité esto muchas veces, vosotros no prestasteis atención, y los peparetios ocuparon la isla.¿ Qué debía hacer yo entonces?¿ No tomar justicia de quienes han transgredido los juramentos?¿ No castigar a quienes actúan de manera tan arrogante y desenfrenada? Pues, incluso si la isla fuera de los peparetios,¿ qué les correspondía a los atenienses reclamar? Y si fuera vuestra,¿ cómo no os enfurecéis con ellos por haber ocupado lo ajeno?
16
Hemos llegado a tal grado de enemistad que, queriendo enviar las naves al Helesponto, me vi obligado a escoltarlas a través del Quersoneso con el ejército, mientras los colonos, según el decreto de Polícrates, luchaban contra nosotros, vosotros decretabais tales cosas, y el general llamaba a los bizantinos y anunciaba a todos que le ordenáis hacerme la guerra si encuentra la oportunidad. Sufriendo tales cosas, sin embargo, me abstuve de la ciudad, de los trirremes y del territorio, siendo capaz de tomar la mayor parte o todo, y he continuado desafiándoos a acudir a un juicio sobre aquello de lo que nos acusamos mutuamente.
17
Y, sin embargo, considerad si es mejor dirimir las diferencias con las armas o con palabras, y si es mejor ser vosotros mismos los jueces o convencer a otros; y calculad lo irracional que es que los atenienses obliguen a los tasios y a los maronitas a dirimir sobre Estrime con palabras, pero que vosotros mismos no queráis resolver conmigo de esta manera aquello sobre lo que disputamos, especialmente sabiendo que, si sois derrotados, no perderéis nada, pero si vencéis, obtendréis lo que ahora está bajo nuestro control.
18
Me parece lo más absurdo de todo que, habiendo enviado yo embajadores de toda la alianza para que fueran testigos, y queriendo establecer con vosotros acuerdos justos sobre los griegos, ni siquiera aceptasteis las palabras sobre estos asuntos de parte de los embajadores, pudiendo vosotros liberar de los peligros a quienes sospechan algo difícil contra nosotros, o demostrar claramente que soy el más vil de todos.
19
Al pueblo, pues, esto le convenía, pero a los oradores no les resultaba rentable. Pues dicen los expertos en vuestra política que la paz es para ellos guerra, y la guerra, paz; ya sea luchando junto a los generales o calumniando, siempre obtienen algo de ellos, y además, injuriando ante la asamblea a los ciudadanos más notables y a los extranjeros más ilustres, se granjean ante la multitud la reputación de ser demócratas.
20
Es fácil para mí, pues, poner fin a su difamación cediendo muy poco, y hacer que hablen elogios sobre nosotros. Pero me avergonzaría si pareciera comprar la benevolencia hacia vosotros de parte de estos, quienes, además de otras cosas, han llegado a tal grado de audacia que intentan disputar conmigo sobre Anfípolis, sobre la cual creo que yo mismo tengo argumentos mucho más justos que quienes la reclaman.
21
Pues, si pertenece a quienes la conquistaron desde el principio,¿ cómo no la poseemos justamente nosotros, siendo Alejandro, mi antepasado, el primero en ocupar el lugar, de donde incluso erigió en Delfos una estatua de oro como primicia de los medos capturados? O si alguien disputara esto, pero exigiera que pertenezca a quienes fueron dueños después, también me asiste este derecho; pues, tras sitiar a quienes os expulsaron a vosotros y fueron establecidos por los lacedemonios, tomé el lugar.
22
Y, sin embargo, todos habitamos las ciudades o porque nuestros antepasados nos las legaron o porque nos convertimos en dueños mediante la guerra. Vosotros, que ni la tomasteis primero ni la poseéis ahora, y que habéis permanecido el menor tiempo en esos lugares, reclamáis la ciudad, y esto habiendo vosotros mismos dado la prueba más firme a nuestro favor; pues, habiendo escrito yo muchas veces en las cartas sobre ella, habéis reconocido que la poseemos justamente, al haber hecho entonces la paz mientras yo poseía la ciudad, y luego una alianza bajo los mismos acuerdos.
23
Y, sin embargo,¿ cómo podría haber otra posesión más firme que esta, la que fue legada a nosotros desde el principio por nuestros antepasados, que volvió a ser mía por la guerra, y que fue reconocida por vosotros, los acostumbrados a disputar y los que no tenéis nada que ver con ella? Estas son, pues, las cosas que reclamo; y, puesto que ya existen agravios previos y, debido a mi prudencia, os estáis lanzando más a los asuntos y causándome daño en la medida en que podéis, me defenderé con la justicia y, tomando a los dioses como testigos, decidiré sobre lo que os concierne.

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