Theomnestus and Apollodorus Against Neaera
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/demosthenes" aria-label="More works by Demosthenes">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Muchas fueron las razones, atenienses, que me instaron a presentar esta acusación contra Neera y a comparecer ante vosotros. Pues hemos sido gravemente injuriados por Estéfano y, por su causa, mi cuñado, mi hermana, mi esposa y yo mismo nos hemos visto expuestos a los mayores peligros; de modo que no comparezco como iniciador de una disputa, sino como alguien que se defiende, pues él fue quien comenzó la enemistad sin haber recibido de nosotros daño alguno, ni de palabra ni de obra. Deseo, no obstante, exponerles primero lo que hemos sufrido por su culpa, para que tengan más indulgencia conmigo al defenderme, y cómo nos vimos reducidos a los peligros extremos tanto en lo que respecta a nuestra ciudadanía como a nuestra deshonra.
2
Pues bien, habiendo decretado el pueblo de los atenienses que Pasión y sus descendientes fueran atenienses por sus servicios a la ciudad, mi padre estuvo de acuerdo con la concesión del pueblo y entregó a Apolodoro, hijo de aquel, a su propia hija, mi hermana, de la cual Apolodoro tiene sus hijos. Siendo Apolodoro una persona íntegra con mi hermana y con todos nosotros, y considerando que, en verdad, al ser parientes, debíamos compartir todos nuestros bienes, yo también tomé por esposa a la hija de Apolodoro, que era mi sobrina.
3
Pasado el tiempo, Apolodoro fue elegido para el Consejo; tras ser examinado y prestar el juramento legal, ocurrió en la ciudad una coyuntura y una guerra en la que estaba en juego si, al vencer, ustedes serían los más grandes de los griegos, recuperarían sin disputa lo que era suyo y habrían derrotado a Filipo, o si, por llegar tarde con el auxilio y abandonar a los aliados, al disolverse el ejército por falta de fondos, perderían a estos, parecerían indignos de confianza ante los demás griegos y correrían peligro respecto a lo que quedaba, es decir, Lemnos, Imbros, Esciro y el Quersoneso.
4
Y cuando ustedes estaban a punto de movilizarse en masa hacia Eubea y Olinto, Apolodoro, siendo consejero, redactó un decreto en el Consejo y presentó una propuesta al pueblo, diciendo que el pueblo debía decidir mediante votación si los fondos restantes de la administración debían ser militares o para espectáculos, a pesar de que las leyes ordenan que, cuando hay guerra, los fondos restantes de la administración sean militares; pero él, considerando que el pueblo debía ser soberano sobre sus propios asuntos para hacer lo que quisiera, y habiendo jurado que aconsejaría lo mejor para el pueblo de los atenienses, tal como todos ustedes atestiguaron en aquel momento.
5
Al realizarse la votación, nadie votó en contra de que no debieran usarse esos fondos como militares, sino que incluso ahora, si surge el tema, todos admiten que, habiendo dicho lo mejor, sufrió una injusticia. Por tanto, es justo enfurecerse con quien engañó a los jueces con su discurso, no con los engañados. Pues Estéfano, este que está aquí, tras acusar de ilegalidad el decreto y comparecer ante el tribunal, presentando falsos testigos para difamarle, alegando que debía al erario desde hacía veinticinco años, y calumniando mucho más allá de la acusación, logró anular el decreto.
6
Y si esto era lo único que él quería lograr, no nos habríamos sentido tan mal; pero cuando los jueces estaban tomando la votación sobre la pena, a pesar de nuestras súplicas para que cediera, no quiso, sino que propuso una multa de quince talentos, para deshonrarlo a él y a sus hijos, y para reducir a mi hermana y a todos nosotros a la mayor miseria y carencia de todo.
7
Pues su patrimonio no llegaba ni a tres talentos, de modo que no podía pagar tal deuda; y si la deuda no se pagaba en la novena pritanía, la multa se habría duplicado y Apolodoro habría sido inscrito como deudor de treinta talentos al erario; una vez inscrito en el erario, su patrimonio existente habría sido confiscado por el Estado, y al ser vendido, él mismo, sus hijos, su esposa y todos nosotros habríamos quedado en la mayor miseria.
8
Además, la otra hija habría quedado sin posibilidad de casarse; pues¿ quién habría tomado a una mujer sin dote de alguien que debía al erario y estaba en la miseria? Por tanto, él fue la causa de tales males para todos nosotros, sin haber sido nunca injuriado por nuestra parte. A los jueces que juzgaron entonces les estoy muy agradecido, al menos por esto, porque no permitieron que fuera despojado, sino que fijaron la multa en un talento, de modo que apenas pudo pagarla; pero a este, justamente, hemos intentado devolverle el mismo favor.
9
Pues no solo buscó destruirnos de esta manera, sino que también quiso expulsarlo de la patria. Tras presentar contra él una acusación falsa, alegando que una vez, al llegar a Afidna buscando a un esclavo suyo fugitivo, golpeó a una mujer y que, a causa del golpe, la mujer murió, y habiendo preparado a unos esclavos y hecho creer que eran cireneos, le notificó una acusación de homicidio ante el Paladio.
10
Y Estéfano, este que está aquí, expuso la acusación, jurando que Apolodoro había matado a la mujer con sus propias manos, invocando la ruina sobre sí mismo, su linaje y su casa, cosas que ni ocurrieron, ni vio, ni escuchó de nadie jamás. Pero al ser desenmascarado por perjurio y por presentar una acusación falsa, y al quedar claro que había sido sobornado por Cefisofonte y Apolófanes para expulsar a Apolodoro o deshonrarlo tras haber recibido dinero, al obtener pocos votos de los quinientos, se retiró habiendo cometido perjurio y habiendo quedado como un malvado.
11
Consideren ustedes mismos, jueces, razonando según lo probable, qué habría sido de mí, de mi esposa y de mi hermana si a Apolodoro le hubiera ocurrido algo de lo que este Estéfano tramó contra él, ya sea en el primer juicio o en el segundo.¿ O qué vergüenza y desgracia no habría sufrido?
12
Como todos me instaban, acercándose a mí en privado, a buscar venganza por lo que habíamos sufrido por su culpa, y me reprochaban ser el más cobarde de los hombres si, teniendo una relación tan estrecha con ellos, no buscaba justicia en nombre de mi hermana, mi cuñado, mis sobrinos y mi propia esposa, y si no llevaba ante ustedes a la que manifiesta y descaradamente es impía con los dioses, ultraja a la ciudad y desprecia sus leyes, para desenmascararla con mi discurso y dejar en sus manos lo que quieran hacer con ella,
13
al igual que este Estéfano me arrebataba a mis allegados contra las leyes y sus decretos, así también yo he venido a demostrarles que él convive con una mujer extranjera contra la ley, que ha introducido a hijos ajenos tanto en las fratrías como en los demos, que promete en matrimonio a las hijas de las cortesanas como si fueran suyas, que ha sido impío con los dioses y que anula la soberanía del pueblo sobre sus propios asuntos, si este desea hacer ciudadano a alguien; pues¿ quién buscaría ya obtener una concesión del pueblo, teniendo que gastar mucho dinero y esfuerzo para ser ciudadano, si puede hacerlo a través de Estéfano con menos gasto, si es que esto mismo le va a suceder?
14
He expuesto ante ustedes las razones por las que, habiendo sido injuriado por Estéfano, presenté esta acusación; pero que esta Neera es extranjera, que convive con este Estéfano y que ha cometido muchas ilegalidades contra la ciudad, es lo que ahora deben aprender. Les pido, pues, jueces, lo que considero apropiado pedir siendo joven y sin experiencia en hablar, que me permitan llamar como coadyuvante en este juicio a Apolodoro.
15
Pues él es mayor que yo, tiene más experiencia en las leyes, se ha preocupado minuciosamente por todos estos asuntos y ha sido injuriado por este Estéfano, de modo que no es reprochable que él busque venganza contra quien comenzó. Ustedes deben, a partir de la verdad misma, tras escuchar la precisión tanto de la acusación como de la defensa, emitir su voto en favor de los dioses, de las leyes, de la justicia y de ustedes mismos. ALEGATO.
16
Teomnesto ya les ha expuesto las razones por las que, habiendo sido injuriado por Estéfano, he subido a acusar a esta Neera; pero quiero demostrarles claramente que Neera es extranjera y que convive con Estéfano contra las leyes. Primero, pues, les leerá la ley conforme a la cual Teomnesto presentó esta acusación y este juicio llega ante ustedes. LEY. Si un extranjero convive con una ciudadana mediante cualquier arte o artificio, que sea denunciado ante los tesmotetes por cualquier ateniense que tenga derecho a ello. Si es condenado, que sea vendido él mismo y su patrimonio, y que la tercera parte sea para el denunciante. Que sea igual si la extranjera convive con el ciudadano, y que el que convive con la extranjera condenada pague mil dracmas.
17
Han escuchado, pues, la ley, jueces, que no permite que la extranjera conviva con el ciudadano ni la ciudadana con el extranjero, ni tener hijos, mediante ningún arte ni artificio; y si alguien hace lo contrario, ha establecido que exista una acusación contra ellos ante los tesmotetes, tanto contra el extranjero como contra la extranjera, y si es condenado, ordena que sea vendido. Quiero, pues, demostrarles minuciosamente desde el principio que esta Neera es extranjera.
18
Nicarete adquirió a estas siete niñas desde que eran pequeñas, siendo liberta de Carisio el eleo y esposa de Hipias el cocinero, una mujer astuta y capaz de reconocer la belleza natural de las niñas pequeñas, y sabiendo cómo criarlas y educarlas con experiencia, habiendo establecido este oficio y obtenido su sustento de ellas.
19
Tras llamarlas hijas, para cobrar los mayores honorarios posibles a quienes deseaban acercarse a ellas como si fueran libres, una vez que hubo aprovechado la juventud de cada una, vendió en conjunto los cuerpos de todas ellas, siendo siete: Anteia, Estratola, Aristoclea, Metaneira, Fila, Istmiada y esta Neera.
20
A quién adquirió cada una de ellas y cómo fueron liberadas por quienes las compraron a Nicarete, lo aclararé ante ustedes en el transcurso del discurso, si desean escuchar y si me sobra tiempo; pero quiero volver a explicarles cómo esta Neera era de Nicarete y trabajaba con su cuerpo cobrando a quienes deseaban acercarse a ella.
21
Lisias el sofista, siendo amante de Metaneira, quiso, además de los otros gastos que hacía en ella, iniciarla en los misterios, pensando que los otros gastos los recibía la dueña, pero que si gastaba en su nombre para la fiesta y los misterios, se ganaría el favor de la mujer misma. Pidió, pues, a Nicarete que fuera a los misterios llevando a Metaneira, para que fuera iniciada, y él mismo prometió iniciarla.
22
Al llegar, Lisias no las introduce en su propia casa, avergonzado de la esposa que tenía, hija de Braquilo y sobrina suya, y de su propia madre, que era mayor y vivía en la misma casa; Lisias las instala, a Metaneira y a Nicarete, en casa de Filóstrato de Colono, que aún era soltero y amigo suyo. También acompañaba esta Neera, trabajando ya con su cuerpo, pero siendo más joven porque aún no había llegado a la edad.
23
Para que vean que digo la verdad, que era de Nicarete, que la acompañaba y que cobraba al que deseaba gastar, llamo como testigo de esto al propio Filóstrato. TESTIMONIO. Filóstrato, hijo de Dionisio, de Colono, testifica saber que Neera era de Nicarete, al igual que Metaneira, y que se alojaron en su casa cuando vinieron a los misterios viviendo en Corinto; y que Lisias, hijo de Céfalo, amigo suyo y allegado, las instaló en su casa.
24
De nuevo, atenienses, después de esto, Simo el tesalio llega aquí a las grandes Panateneas teniendo a esta Neera. También acompañaba Nicarete, y se alojaron en casa de Ctesipo, hijo de Glauconides, de Cydantida, y esta Neera bebía y cenaba ante muchos como si fuera una cortesana. Y para que vean que digo la verdad, llamo a los testigos de esto.
25
Llámame a Eufileto, hijo de Simón, de Exone, y a Aristómaco, hijo de Critodemo, de Alopece. TESTIGOS. Eufileto, hijo de Simón, de Exone, y Aristómaco, hijo de Critodemo, de Alopece, testifican saber que Simo el tesalio llegó a Atenas para las grandes Panateneas, y con él Nicarete y Neera, la que ahora está siendo juzgada; y que se alojaron en casa de Ctesipo, hijo de Glauconides, y que Neera bebía con ellos como cortesana, estando presentes y bebiendo muchos otros en casa de Ctesipo.
26
Después de esto, mientras ella trabajaba abiertamente en Corinto y era famosa, tuvo otros amantes, Jenoclides el poeta e Hiparco el actor, quienes la tenían contratada. Y aunque no podría presentarles el testimonio de Jenoclides porque digo la verdad,
27
las leyes no le permiten testificar; pues cuando ustedes salvaban a los lacedemonios persuadidos por Calístrato, él, al oponerse en el pueblo al auxilio, habiendo comprado el impuesto del cincuenta por ciento del grano en tiempo de paz y debiendo pagar las cuotas al consejo por pritanía, y teniendo exención por las leyes, no salió a aquella expedición, y tras ser acusado de deserción por este Estéfano y difamado en el discurso ante el tribunal, fue condenado y deshonrado.
28
Y sin embargo,¿ cómo no creen que es terrible que este Estéfano haya privado de la libertad de expresión a los ciudadanos por naturaleza y a los que participan legítimamente de la ciudad, mientras que obliga a los que no tienen nada que ver a ser atenienses contra todas las leyes? Llamaré ante ustedes al propio Hiparco y lo obligaré a testificar o a jurar lo contrario según la ley, o lo citaré. Llámame a Hiparco. TESTIMONIO. Hiparco de Atmonia testifica que Jenoclides y él mismo contrataron en Corinto a Neera, la que ahora está siendo juzgada, como cortesana de las que trabajan por dinero, y que Neera bebía en Corinto con él y con Jenoclides el poeta.
29
Después de esto, tuvo dos amantes, Timánoridas el corintio y Eucrates el leucadio, quienes, dado que Nicarete era costosa en sus exigencias, pretendiendo que ellos cubrieran todos los gastos diarios de la casa, depositaron por ella treinta minas a Nicarete como precio de su cuerpo, y la compraron a ella según la ley de la ciudad para que fuera su esclava de una vez por todas. Y la tuvieron y usaron de ella todo el tiempo que quisieron.
30
Cuando iban a casarse, le anunciaron que no querían verla trabajando en Corinto como cortesana suya ni estando bajo un proxeneta, sino que les agradaría recuperar menos dinero del que depositaron y verla a ella misma con algún bien. Dijeron, pues, que la liberaban por mil dracmas, quinientas cada uno; y le ordenaron que ella misma buscara las veinte minas restantes para devolvérselas. Al escuchar estas palabras de Eucrates y Timánoridas, envía a Corinto a otros de sus antiguos amantes y a Frinión de Peania, hijo de Demón y hermano de Demócares, que llevaba una vida licenciosa y costosa, como recuerdan los mayores de ustedes.
31
Al llegar Frinión ante ella, le cuenta las palabras que le habían dicho Eucrates y Timánoridas, y le da el dinero que ella había recaudado de los otros amantes como contribución para su libertad, y lo que ella misma había ahorrado, y le pide que, añadiendo lo que faltaba para las veinte minas, lo deposite por ella ante Eucrates y Timánoridas para que fuera libre.
32
Él, al escuchar con alegría estas palabras, tomó el dinero que ella había recibido de los otros amantes, añadió el resto él mismo y depositó las veinte minas por ella ante Eucrates y Timánoridas a cambio de su libertad y con la condición de que no trabajara en Corinto. Y para que vean que digo la verdad, llamo como testigo de esto al que estuvo presente. Llámame a Filagro de Melite. TESTIMONIO. Filagro de Melite testifica estar presente en Corinto cuando Frinión, hermano de Demócares, depositó veinte minas por Neera, la que ahora está siendo juzgada, ante Timánoridas el corintio y Eucrates el leucadio, y tras depositar el dinero, se marchó llevándose a Neera a Atenas.
33
Al llegar aquí, la trataba de manera licenciosa y descarada, y la llevaba a todas partes a los banquetes donde bebía, siempre salía de fiesta con él, y estaban juntos abiertamente donde quisiera, haciendo gala de su poder ante quienes los veían. Y cómo la llevó a muchos otros lugares de fiesta, incluso ante Cabrias de Exone, cuando ganó en los juegos Píticos bajo el arcontado de Socrátides con la cuadriga que compró a los hijos de Mityo el argivo, y al llegar de Delfos ofreció el banquete de la victoria en Colíade. Y allí muchos otros estaban con ella mientras estaba borracha y Frinión dormía, y los sirvientes de Cabrias ponían la mesa.
34
Y para que vean que digo la verdad, presentaré como testigos a quienes la vieron y estuvieron presentes. Llámame a Quionides de Xupete y a Eutetión de Cydatena. TESTIMONIO. Quionides de Xupete y Eutetión de Cydatena testifican haber sido invitados por Cabrias a un banquete, cuando Cabrias ofrecía el banquete de la victoria del carro, y que se celebró en Colíade, y saber que Frinión estaba presente en este banquete con Neera, la que ahora está siendo juzgada, y que ellos mismos, Frinión y Neera, dormían, y que ellos mismos se dieron cuenta de que otros, incluidos algunos de los sirvientes que eran esclavos de Cabrias, se levantaban durante la noche hacia Neera.
35
Como era ultrajada licenciosamente por Frinión y no era amada como ella pensaba, ni él le proporcionaba lo que ella quería, ella recogió sus cosas de la casa y todas las prendas y joyas que él le había comprado, y a dos esclavas, Trata y Coccalina, y huyó a Mégara. Este tiempo fue cuando Asteo era arconte en Atenas, y la coyuntura en la que ustedes estaban en guerra contra los lacedemonios en la última guerra.
36
Tras pasar dos años en Mégara, el año del arcontado de Asteo y el de Alcístenes, como el trabajo de su cuerpo no le proporcionaba suficiente sustento para mantener la casa( pues era costosa, los megarenses eran tacaños y mezquinos, y no había muchos extranjeros allí debido a la guerra, a que los megarenses eran pro- lacedemonios y a que ustedes dominaban el mar; y no podía regresar a Corinto porque se había liberado de Eucrates y Timánoridas con la condición de no trabajar en Corinto),
37
cuando llega la paz bajo el arcontado de Frasiclides y la batalla de Leuctra entre tebanos y lacedemonios, entonces este Estéfano llega a Mégara, se aloja con ella como cortesana, se acerca a ella, y ella le cuenta todo lo ocurrido y la insolencia de Frinión, y le entrega lo que se había llevado de él, deseando vivir aquí, pero temiendo a Frinión por haberlo injuriado, sabiendo que él estaba enfurecido con ella y conociendo su carácter arrogante y despreciativo, se pone bajo la protección de este Estéfano.
38
Este, tras animarla en Mégara con sus palabras y convencerla de que Frinión se arrepentiría si la tocaba, y que él mismo la tendría como esposa, que introduciría a los hijos que ella tenía entonces en las fratrías como si fueran suyos y los haría ciudadanos, y que nadie la injuriaría, llega aquí trayéndola desde Mégara, y con ella tres niños, Proxeno, Aristón y una hija, a la que ahora llaman Fanó;
39
y la introduce a ella y a los niños en la pequeña casa que tenía junto al Hermes del susurro, entre la casa de Doroteo de Eleusis y la de Cleinómaco, que ahora Spintaro ha comprado a él por siete minas. De modo que este era el patrimonio existente de Estéfano y nada más; y la trajo por dos razones: para tener una hermosa cortesana sin pagar impuestos y para que ella trabajara y mantuviera la casa; pues no tenía otros ingresos, salvo lo que pudiera obtener mediante la sicofantía.
40
Frinión, al enterarse de que ella estaba aquí y vivía con él, tomó a unos jóvenes consigo, fue a la casa de Estéfano y se la llevó. Como Estéfano la reclamaba según la ley para la libertad, la puso bajo fianza ante el polemarco. Y para que vean que digo la verdad, presentaré como testigo de esto al que era polemarco entonces. Llámame a Aietes de Ceiria. TESTIMONIO. Aietes de Ceiria testifica que, siendo él polemarco, Neera, la que ahora está siendo juzgada, fue puesta bajo fianza por Frinión, hermano de Demócares, y que los fiadores de Neera fueron Estéfano de Eriadia, Glaucetes de Cefisia y Aristócrates de Falero.
41
Tras ser puesta bajo fianza por Estéfano y vivir con él, ella no dejó de trabajar en lo mismo que antes, pero cobraba mayores honorarios a quienes deseaban acercarse a ella, como si ya tuviera cierto estatus y viviera con un hombre. Y él también participaba en la sicofantía, si encontraba a algún extranjero rico desconocido como amante de ella, encerrándolo dentro como adúltero y cobrando mucho dinero, como era natural;
42
pues Estéfano y Neera no tenían patrimonio para poder cubrir los gastos diarios, y la administración era costosa, cuando tenía que mantener a él, a ella, a los tres niños que trajo consigo, a dos esclavas y a un sirviente, además de haber aprendido a no vivir mal mientras otros pagaban sus gastos anteriormente.
43
Pues ni de la política le venía a este Estéfano nada digno de mención; pues aún no era orador, sino todavía un sicofante de los que gritaban junto a la tribuna, acusaban por dinero, denunciaban y se inscribían en las opiniones ajenas, hasta que cayó bajo Calístrato de Afidna; pero de qué manera y por qué razón, les explicaré también esto, una vez que haya demostrado respecto a esta Neera que es extranjera, que les ha injuriado gravemente y que ha sido impía con los dioses,
44
para que sepan que este mismo merece no menos castigo que esta Neera, sino mucho mayor y más, en la medida en que, afirmando ser ateniense, ha despreciado tanto las leyes, a ustedes y a los dioses, que ni siquiera avergonzándose por sus propios errores se atreve a estar tranquilo, sino que, calumniando a otros y a mí mismo, ha hecho que él y ella se vean reducidos a un juicio tan grande, de modo que ella sea examinada sobre quién es y su propia maldad sea desenmascarada.
45
Frinión le presentó una demanda porque le había arrebatado a esta Neera para la libertad y porque se había quedado con lo que ella se llevó de él, pero sus allegados los reunieron y los convencieron de someterse a un arbitraje. Por parte de Frinión se sentó como árbitro Sátiro de Alopece, hermano de Lacedemonio, y por parte de este Estéfano, Saurias de Lamptra; y eligieron como árbitro común a Diogeitón de Acarnas.
46
Reunidos en el templo, tras escuchar a ambos y a la mujer misma sobre lo ocurrido, dieron su dictamen, y ellos se atuvieron a él: que la mujer fuera libre y dueña de sí misma, y que todo lo que Neera se llevó de Frinión, aparte de las prendas, joyas y esclavas que fueron compradas para la mujer misma, se lo devolviera todo a Frinión; que estuviera con cada uno un día sí y otro no; y si se convencían mutuamente de otra manera, que eso fuera válido; que el que la tuviera en cada momento debía proporcionarle el sustento, y que en el futuro fueran amigos entre sí y no guardaran rencor.
47
Este es, pues, el acuerdo dictado por los árbitros para Frinión y Estéfano sobre esta Neera. Y para que vean que digo la verdad, les leerá el testimonio de esto. Llámame a Sátiro de Alopece, a Saurias de Lamptra y a Diogeitón de Acarnas. TESTIMONIO. Sátiro de Alopece, Saurias de Lamptra y Diogeitón de Acarnas testifican haber sido árbitros y haber llegado a un acuerdo sobre Neera, la que ahora está siendo juzgada, entre Estéfano y Frinión; y que los acuerdos son, conforme a los cuales llegaron al acuerdo, los que presenta Apolodoro. ACUERDOS. Conforme a esto llegaron al acuerdo entre Frinión y Estéfano: que cada uno use a Neera los mismos días del mes teniéndola en sus casas, a menos que ellos mismos acuerden otra cosa.
48
Como habían llegado al acuerdo, los que estaban presentes con cada uno en el arbitraje y en los asuntos, como creo que suele ocurrir, especialmente cuando la disputa era sobre una cortesana, iban a cenar con cada uno de ellos, cuando tenían a Neera, y esta cenaba y bebía como cortesana. Y para que vean que digo la verdad, llámame a los testigos que estaban con ellos: Eubulo de Probalinto, Diopites de Melite y Ctesón de los Cerámicos. TESTIGOS. Eubulo de Probalinto, Diopites de Melite y Ctesón de los Cerámicos testifican que, una vez realizados los acuerdos sobre Neera entre Frinión y Estéfano, cenaron y bebieron muchas veces con Neera, la que ahora está siendo juzgada, tanto cuando Neera estaba con Estéfano como cuando estaba con Frinión.
49
Que desde el principio era esclava, que fue vendida dos veces, que trabajaba con su cuerpo como cortesana, que huyó de Frinión a Mégara y que, al llegar, fue puesta bajo fianza como extranjera ante el polemarco, lo demuestro ante ustedes con mi discurso y ha sido testificado. Pero quiero demostrarles también que el propio Estéfano ha testificado contra ella que es extranjera.
50
Pues a la hija de esta Neera, a la que trajo consigo cuando era una niña pequeña, a la que entonces llamaban Stribele y ahora Fanó, este Estéfano la entrega como si fuera su propia hija a un ateniense, Frástor de Egilia, y le da una dote de treinta minas. Pero cuando llegó a casa de Frástor, un hombre trabajador que había reunido su fortuna con precisión, ella no supo adaptarse a las costumbres de Frástor, sino que buscaba las costumbres de su madre y la lascivia que había en ella, criada, creo, en tal libertad.
51
Frástor, al ver que ella no era recatada ni quería obedecerle, y habiéndose enterado ya claramente de que no era hija de Estéfano, sino de Neera, y que al principio fue engañado cuando la tomó en matrimonio creyendo que era hija de Estéfano y no de Neera, sino que era hija de una ciudadana antes de convivir con esta, enfurecido por todo esto, y considerando que había sido ultrajado y engañado, expulsa a la mujer tras haber convivido con ella un año, estando embarazada, y no devuelve la dote.
52
Como Estéfano le presentó una demanda de alimentos ante el Odeón según la ley que ordena que, si alguien envía a su esposa, devuelva la dote, y si no, que pague intereses de nueve óbolos, y que se puede demandar por alimentos ante el Odeón en nombre de la mujer por su tutor, Frástor presenta contra este Estéfano una acusación ante los tesmotetes por haber entregado a un ateniense la hija de una extranjera como si fuera suya, conforme a esta ley. Léemela. LEY. Si alguien entrega a una mujer extranjera a un ateniense como si fuera suya, que sea deshonrado, que su patrimonio sea confiscado y que la tercera parte sea para el denunciante. Que sean denunciados ante los tesmotetes los que tengan derecho, igual que en el caso de extranjería.
53
Les ha leído, pues, la ley conforme a la cual este Estéfano fue acusado por Frástor ante los tesmotetes. Al darse cuenta de que corría peligro de ser desenmascarado por haber entregado a la hija de una extranjera y de sufrir las penas extremas, llega a un acuerdo con Frástor, renuncia a la dote, retira la demanda de alimentos y Frástor retira la acusación ante los tesmotetes. Y para que vean que digo la verdad, llamo como testigo de esto al propio Frástor y lo obligaré a testificar según la ley.
54
Llámame a Frástor de Egilia. TESTIMONIO. Frástor de Egilia testifica que, cuando se enteró de que Estéfano le había entregado a la hija de Neera como si fuera su propia hija, presentó una acusación ante los tesmotetes conforme a la ley, expulsó a la mujer de su casa y ya no convivió con ella, y que, al presentar Estéfano una demanda de alimentos ante el Odeón, llegó a un acuerdo con él para que la acusación fuera retirada ante los tesmotetes y la demanda de alimentos que Estéfano me había presentado.
55
Permítanme presentarles también otro testimonio de Frástor, de sus fratres y de sus gentiles, de que esta Neera es extranjera. Pues no mucho tiempo después de que Frástor expulsara a la hija de Neera, enfermó, se sintió muy mal y quedó en la mayor miseria. Y habiendo una antigua disputa con sus allegados, ira y odio, y además siendo sin hijos, se consolaba en su enfermedad con el cuidado de Neera y de su hija
56
( pues iban a verlo, cuando estaba enfermo y carecía de quien le cuidara la enfermedad, llevándole lo que era apropiado para su mal y velando por él; sabéis, supongo, vosotros mismos cuánto vale una mujer en las enfermedades, estando presente junto a un hombre que sufre). Así pues, el niño fue convencido, el que dio a luz la hija de esta Neera cuando fue enviada por Frástor estando encinta, al enterarse él de que no era hija de Estéfano sino de Neera, y al enfurecerse por el engaño, para volver a tomarlo y adoptarlo como hijo suyo,
57
razonando con un cálculo humano y verosímil, que él estaba en mal estado y no había mucha esperanza de que sobreviviera, y para que sus parientes no tomaran sus bienes ni muriera sin hijos, adoptó al niño y lo acogió como suyo; pues que, estando sano, nunca lo habría hecho, os lo demostraré con una prueba grande y evidente.
58
Pues tan pronto como Frástor se levantó de aquella enfermedad y se recuperó y tuvo el cuerpo en buen estado, toma una mujer ciudadana conforme a las leyes, hija legítima de Sátiro el meliteo y hermana de Difilo. De modo que, que no adoptó al niño voluntariamente, sino forzado por la enfermedad, por la falta de hijos, por el cuidado de ellos y por la enemistad hacia sus allegados, para que no se convirtieran en herederos de sus bienes si le pasaba algo, que esto os sirva de prueba; y los hechos siguientes lo aclararán aún más.
59
Pues cuando Frástor, estando enfermo, introducía al niño en las fratrías, al nacido de la hija de Neera, y en la de los Britidas, de la cual el propio Frástor es miembro, los miembros de la fratría, conociendo, supongo, a la mujer que era, la que Frástor tomó primero, la hija de Neera, y la devolución de la mujer, y que él estaba convencido por la enfermedad de volver a acoger al niño, votan en contra del niño y no lo inscribieron entre ellos.
60
Habiendo interpuesto Frástor una demanda contra ellos porque no inscribían a su hijo, los miembros de la fratría lo desafían ante el árbitro a jurar sobre víctimas perfectas que, en efecto, cree que es su hijo nacido de mujer ciudadana y legítima conforme a la ley. Al desafiar los miembros de la fratría a Frástor a esto ante el árbitro, Frástor desistió del juramento y no juró.
61
Y que digo la verdad sobre esto, os presentaré como testigos de ello a los Britidas presentes. TESTIGOS. Timóstrato de Ecalia, Jantipo de Eroiada, Eualces de Falero, Ánito de Lacia, Eufránor de Egilia, Nicipo de Cefalia testifican que tanto ellos como Frástor de Egilia son de los miembros de la fratría que se llaman Britidas, y que, queriendo Frástor introducir a su hijo entre los miembros de la fratría, sabiendo ellos mismos que era hijo de Frástor nacido de la hija de Neera, impidieron a Frástor introducir al hijo.
62
Por tanto, demuestro claramente ante vosotros que los propios allegados de esta Neera han testificado que es extranjera, tanto este Estéfano que la tiene ahora y convive con ella, como Frástor que tomó a la hija, Estéfano por no haber querido luchar por la hija de esta, habiendo sido denunciado por Frástor ante los tesmotetes por haberle prometido en matrimonio a un ateniense la hija de una extranjera, sino que renunció a la dote y no la recuperó,
63
y Frástor por haber expulsado a la hija de esta Neera con la que se había casado, una vez que se enteró de que no era hija de Estéfano, y por no haber devuelto la dote, y cuando fue convencido más tarde por su enfermedad, por su falta de hijos y por la enemistad hacia sus allegados de adoptar al hijo, y cuando lo introducía entre los miembros de la fratría, al haber votado en contra los miembros de la fratría y haberle ofrecido un juramento, no haber querido jurar, sino haber preferido jurar en falso, y haber casado más tarde a otra mujer ciudadana conforme a la ley; pues estos actos, al ser evidentes, han dado grandes testimonios contra ellos de que esta Neera es extranjera.
64
Considerad también la codicia de este Estéfano y su maldad, para que también por esto sepáis que esta Neera no es ciudadana. Pues a Epaeneto de Andros, que era un antiguo amante de esta Neera y que había gastado mucho en ella y se alojaba con ellos cuando visitaba Atenas por la amistad de Neera,
65
este Estéfano, tras haber urdido un plan, habiéndolo hecho venir al campo con el pretexto de un sacrificio, lo sorprende como adúltero con la hija de esta Neera, y tras haberlo sumido en el miedo, le exige treinta minas, y tras haber tomado garantes de esto, a Aristómaco, que había sido tesmoteta, y a Nausífilo, hijo de Nausínico, que había sido arconte, lo deja ir con la promesa de que le pagaría el dinero.
66
Una vez que Epaeneto salió y se hizo dueño de sí mismo, interpone ante los tesmotetes una denuncia contra este Estéfano por haber sido encarcelado injustamente por él, conforme a la ley que ordena que, si alguien encarcela injustamente a alguien como adúltero, se le denuncie ante los tesmotetes por haber sido encarcelado injustamente, y si condena al que lo encarceló y parece que fue víctima de una trampa injusta, que él sea libre y los garantes queden liberados de la garantía; pero si parece que es adúltero, ordena a los garantes que lo entreguen al que lo capturó, y que en el tribunal, sin daga, haga lo que quiera, como si fuera un adúltero.
67
Conforme a esta ley, Epaeneto lo denuncia, y admitía que trataba con la mujer, pero que no era adúltero; pues ni ella era hija de Estéfano sino de Neera, y su madre sabía que se acostaba con él, y que había gastado mucho en ellas, y que mantenía, cuando visitaba la ciudad, toda la casa; y presentando la ley sobre esto, que no permite capturar como adúltero a las que se sientan en un taller o se venden abiertamente, afirmando que esto también era un taller, la casa de Estéfano, y que este era el oficio, y que de esto ellos se mantenían principalmente.
68
Al decir Epaeneto estos argumentos y haber presentado la denuncia, este Estéfano, al darse cuenta de que será desenmascarado como proxeneta y calumniador, somete el asunto a arbitraje ante Epaeneto con los mismos garantes, de modo que ellos queden liberados de la garantía y Epaeneto retire la denuncia.
69
Habiendo sido convencido Epaeneto de esto y habiendo retirado la denuncia que seguía contra Estéfano, al producirse una reunión entre ellos y sentarse como árbitros los garantes, Estéfano no tenía nada justo que decir, sino que pedía a Epaeneto que contribuyera a la entrega de la hija de Neera, hablando de su propia pobreza y de la desgracia que le había ocurrido anteriormente a la mujer con Frástor, y que había perdido la dote, y que no podría volver a entregarla;
70
y dijo:" Tú también has tratado con la mujer, y es justo que le hagas algún bien", y otros argumentos persuasivos, los que alguien que necesita salir de situaciones vergonzosas diría. Tras escuchar a ambos, los árbitros los reconcilian y convencen a Epaeneto de aportar mil dracmas para la entrega de la hija de Neera. Y que digo toda la verdad sobre esto, os llamo como testigos a los mismos que fueron garantes y árbitros. TESTIGOS.
71
Nausífilo de Cefalia y Aristómaco de Cefalia testifican que fueron garantes de Epaeneto de Andros cuando Estéfano decía que había capturado a Epaeneto como adúltero; y que, cuando Epaeneto salió de casa de Estéfano y se hizo dueño de sí mismo, interpuso una denuncia contra Estéfano ante los tesmotetes por haberlo encarcelado injustamente; y que ellos, habiendo sido mediadores, reconciliaron a Epaeneto y a Estéfano; y que las condiciones de la reconciliación son las que presenta Apolodoro. RECONCILIACIÓN. Bajo estas condiciones reconciliaron a Estéfano y a Epaeneto los mediadores: que no se haga mención de lo ocurrido respecto al encarcelamiento, y que Epaeneto dé mil dracmas a Fano para su entrega, puesto que ha tratado con ella muchas veces; y que Fano ofrezca una corona a Epaeneto cuando visite la ciudad y quiera estar con ella.
72
Por tanto, a la que es claramente conocida como extranjera y con la que este se atrevió a capturar a un adúltero, este Estéfano y esta Neera llegaron a tal grado de insolencia y desvergüenza que se atrevieron a no contentarse con afirmar que era ciudadana, sino que, al observar que Teógenes de Coirónides había sido elegido rey, un hombre noble pero pobre e inexperto en los asuntos, este Estéfano, habiéndose acercado a él mientras era examinado y habiendo contribuido a los gastos cuando entraba en el cargo, y habiéndose infiltrado y comprado el cargo de él, habiéndose convertido en su asesor, le da a esta mujer como esposa, la hija de Neera, y este Estéfano la entrega como si fuera su propia hija; tanto despreció las leyes y a vosotros.
73
Y esta mujer os sacrificaba los ritos sagrados inefables en nombre de la ciudad, y vio lo que no le correspondía ver siendo extranjera, y siendo tal, entró donde nadie más de los atenienses, siendo tantos, entra sino la esposa del rey, y tomó juramento a las geraras que sirven en los ritos sagrados, y fue entregada como esposa a Dioniso, y realizó en nombre de la ciudad los ritos ancestrales ante los dioses, muchos, sagrados e inefables. Y lo que ni siquiera es posible que todos escuchen,¿ cómo es posible que lo realice piadosamente una cualquiera, y más aún una mujer tal y que ha cometido tales actos?
74
Quiero narraros con mayor precisión sobre ellos desde el principio, punto por punto, para que os preocupéis más por el castigo y sepáis que no solo emitiréis el voto en nombre de vosotros mismos y de las leyes, sino también de la reverencia hacia los dioses, imponiendo un castigo por los actos impíos y castigando a los que han cometido injusticias. Pues antiguamente, atenienses, había una dinastía en la ciudad y el reinado de los que siempre sobresalían por ser autóctonos, y el rey sacrificaba todos los sacrificios, y su esposa realizaba los más solemnes e inefables, como era natural, siendo reina.
75
Pero cuando Teseo los unió y estableció la democracia y la ciudad se hizo populosa, el pueblo elegía al rey no menos de entre los preseleccionados, votando por su virtud, pero respecto a su esposa, establecieron la ley de que fuera ciudadana y no mezclada con otro hombre, sino que se casara virgen, para que los ritos sagrados inefables se sacrifiquen conforme a los ritos ancestrales en nombre de la ciudad, y lo establecido se realice piadosamente para los dioses y nada se derogue ni se innove.
76
Y habiendo escrito esta ley en una estela de piedra, la erigieron en el templo de Dioniso junto al altar en Limnas( y esta estela sigue en pie incluso ahora, mostrando con letras áticas tenues lo escrito), haciendo el pueblo un testimonio de su propia piedad hacia el dios y dejando un depósito para los que vendrían después, que a la mujer que va a ser entregada al dios y va a realizar los ritos sagrados, la consideramos tal. Y por esto la erigieron en el templo más antiguo y sagrado de Dioniso en Limnas, para que no muchos conozcan lo escrito; pues se abre una vez cada año, el doce del mes de Antesterión.
77
Por tanto, por los ritos sagrados y solemnes, de los que vuestros antepasados se preocuparon tan bien y magníficamente, es digno que también vosotros os esforcéis, atenienses, y que castiguéis a los que descaradamente desprecian vuestras leyes y han cometido impíamente actos contra los dioses, por dos razones: para que estos paguen por las injusticias cometidas y los demás tengan previsión y teman no cometer ninguna falta contra los dioses y la ciudad.
78
Quiero también llamar ante vosotros al heraldo sagrado, que sirve a la esposa del rey, cuando toma juramento a las geraras en las cestas junto al altar, antes de tocar los ritos sagrados, para que escuchéis tanto el juramento como lo que se dice, tanto como es posible escuchar, y sepáis cuán solemnes, sagradas y antiguas son las costumbres. JURAMENTO DE LAS GERARAS." Me mantengo pura y limpia de los demás que no están limpios y de la unión con un hombre, y celebro los Teoinia y los Iobaqueia para Dioniso conforme a los ritos ancestrales y en los tiempos correspondientes".
79
Habéis escuchado, pues, el juramento y las costumbres ancestrales, tanto como es posible decir, y cómo la que Estéfano entregó a Teógenes, que era rey, como si fuera su propia hija, esta realizaba estos ritos sagrados y tomaba juramento a las geraras, y que ni siquiera a las que ven estos ritos sagrados les es posible decírselo a nadie más. Vamos, pues, a presentaros un testimonio que, aunque se ha mantenido en secreto, sin embargo, por los mismos hechos, demostraré que es evidente y verdadero.
80
Pues cuando se realizaron estos ritos sagrados y los nueve arcontes subieron al Areópago en los días correspondientes, inmediatamente el consejo del Areópago, como también en otros asuntos es de gran valor para la ciudad respecto a la piedad, investigaba quién era esta mujer de Teógenes, y la desenmascaraba, y se preocupaba por los ritos sagrados, y multaba a Teógenes en lo que tiene autoridad, pero en secreto y con decoro; pues no tienen poder absoluto para castigar a cualquier ateniense como quieran.
81
Al producirse las conversaciones, y estando el consejo del Areópago indignado y multando a Teógenes porque tomó tal mujer y permitió que esta realizara los ritos sagrados inefables en nombre de la ciudad, Teógenes suplicaba, implorando y rogando, diciendo que no sabía que era hija de Neera, sino que había sido engañado por Estéfano, al tomarla como su hija legítima conforme a la ley, y que por su inexperiencia en los asuntos y su propia ingenuidad lo había hecho asesor, para que administrara el cargo, por ser bienintencionado, y por eso se había emparentado con él.
82
Y que no miento al decir esto, os lo demostraré con una prueba grande y evidente: pues expulsaré a la mujer de la casa, puesto que no es hija de Estéfano sino de Neera. Y si hago esto, que mis palabras sean ya creíbles para vosotros, de que fui engañado; pero si no lo hago, entonces castigadme como a un malvado y a alguien que ha cometido impiedad contra los dioses.
83
Habiendo prometido esto Teógenes y suplicando, el consejo del Areópago, compadeciéndose a la vez de él por la ingenuidad de su carácter, y a la vez creyendo que había sido engañado en verdad por Estéfano, se detuvo. Pero cuando Teógenes bajó del Areópago, inmediatamente expulsa de la casa a la mujer, la hija de esta Neera, y expulsa del consejo a este Estéfano que lo había engañado. Y así los areopagitas dejaron de juzgar a Teógenes y de estar indignados con él, y tuvieron indulgencia por haber sido engañado.
84
Y que digo la verdad sobre esto, os llamo como testigo de ello al propio Teógenes y lo obligaré a testificar. Llama para mí a Teógenes de Erquia. TESTIMONIO. Teógenes de Erquia testifica que, cuando él era rey, se casó con Fano como si fuera hija de Estéfano, pero cuando se enteró de que había sido engañado, expulsó a la mujer y ya no convive con ella, y expulsó a Estéfano de la asesoría y no permite que siga siendo asesor suyo.
85
Toma para mí la ley sobre esto y léela, para que sepáis que no solo le correspondía abstenerse de estos ritos sagrados siendo tal y habiendo cometido tales actos, de ver, sacrificar y realizar cualquiera de las costumbres establecidas en nombre de la ciudad, sino también de todas las demás cosas en Atenas. Pues a cualquier mujer que sea capturada en adulterio, no le está permitido ir a ninguno de los ritos sagrados públicos, a los cuales las leyes dieron autoridad para ir incluso a la extranjera y a la esclava, tanto para ver como para entrar a suplicar;
86
sino que solo a estas mujeres prohíben las leyes entrar en los ritos sagrados públicos, a la que sea capturada en adulterio, y si entran y violan la ley, que sufran impunemente lo que sufran, excepto la muerte, y la ley dio el castigo por ellas al que se encuentre presente, y por esto la ley hizo, excepto la muerte, que ella no reciba castigo en ninguna parte por haber sido ultrajada, para que no se produzcan contaminaciones ni impiedades en los ritos sagrados, preparando un miedo suficiente para que las mujeres sean sensatas y no cometan ninguna falta, sino que vivan justamente, enseñando que, si cometen tal falta, a la vez serán expulsadas de la casa del marido y de los ritos sagrados de la ciudad.
87
Y que esto es así, lo sabréis al escuchar la ley misma leída. Y tómala para mí. LEY SOBRE EL ADULTERIO. Cuando capture al adúltero, no le esté permitido al que lo capturó convivir con la mujer; si convive, que sea privado de derechos. Tampoco le esté permitido a la mujer entrar en los ritos sagrados públicos, a la que sea capturada en adulterio; si entra, que sufra impunemente lo que sufra, excepto la muerte.
88
Quiero, pues, atenienses, presentaros también el testimonio del pueblo de los atenienses, de cómo se preocupa por estos ritos sagrados y cuánta previsión ha tenido sobre ellos. Pues el pueblo de los atenienses, siendo el más soberano de todos los asuntos en la ciudad, y pudiendo hacer lo que quiera, consideró tan hermoso y solemne el regalo de hacerse ateniense, que estableció leyes para sí mismo conforme a las cuales debe hacerlo, si quieren, ciudadano, las cuales ahora están siendo ultrajadas por este Estéfano y por los que se han casado así.
89
Sin embargo, al escucharlas seréis mejores, y conoceréis cómo los regalos más hermosos y solemnes dados a los que benefician a la ciudad han sido corrompidos. Pues primero hay una ley establecida para el pueblo de que no está permitido hacer ateniense a quien no sea digno de convertirse en ciudadano ante el pueblo de los atenienses por su virtud. Después, cuando el pueblo es convencido y da el regalo, no permite que la concesión sea válida, a menos que en la siguiente asamblea seis mil atenienses voten mediante voto secreto.
90
La ley ordena a los prítanes colocar las urnas y dar el voto al pueblo que se acerca antes de que entren los extranjeros, y retirar las barreras, para que cada uno, siendo dueño de sí mismo, considere por sí mismo a quién va a hacer ciudadano, si es digno del regalo el que va a recibirlo. Después de esto, estableció una denuncia por ilegalidad contra él para cualquier ateniense que quiera, y es posible entrar en el tribunal y desenmascarar que no es digno del regalo, sino que se ha convertido en ateniense contra las leyes.
91
Y ya, habiendo dado el pueblo el regalo, habiendo sido engañado por las palabras de los que lo piden, al producirse una denuncia por ilegalidad y entrar en el tribunal, sucedió que el que había recibido el regalo fue desenmascarado como no digno de él, y el tribunal se lo retiró. Y es difícil narrar los muchos y antiguos; pero los que todos recordáis, a Peíolao el tesalio y a Apolónides el olintio, que se convirtieron en ciudadanos por el pueblo, el tribunal se los retiró;
92
pues esto no ocurrió hace mucho tiempo para que lo ignoréis. Así pues, estando las leyes tan bien y fuertemente establecidas sobre la ciudadanía, mediante las cuales se debe convertir en ateniense, hay otra ley soberana establecida sobre todas estas: tanto previsión tenía el pueblo sobre sí mismo y sobre los dioses para que los ritos sagrados se sacrifiquen piadosamente en nombre de la ciudad. Pues a todos los que el pueblo de los atenienses haga ciudadanos, la ley prohíbe expresamente que les sea permitido convertirse en uno de los nueve arcontes, ni participar en ningún sacerdocio; pero a los hijos de estos, el pueblo ya les ha concedido todo, y añadió: si son de mujer ciudadana y legítima conforme a la ley.
93
Y que digo la verdad sobre esto, os lo demostraré con un testimonio grande y evidente. Quiero narraros la ley desde lejos, cómo fue establecida y para quiénes fue definida, como hombres buenos y amigos firmes que han sido para el pueblo. Pues de todo esto sabréis tanto el regalo del pueblo reservado para los benefactores siendo ultrajado, como de cuántos bienes os impiden ser dueños este Estéfano y los que se han casado y procreado hijos de la misma manera que él.
94
Pues los plateenses, atenienses, fueron los únicos de los griegos que os ayudaron en Maratón, cuando Datis, el general del rey Darío, retirándose de Eretria tras haber sometido a Eubea, desembarcó en el país con gran fuerza y lo saqueaba. E incluso ahora, los monumentos de su virtud los ha mostrado la pintura en la Estoa Pecile; pues está pintado cada uno como tenía rapidez, ayudando inmediatamente, los que tenían los perros beocios.
95
De nuevo, cuando Jerjes venía contra Grecia, habiendo medizado los tebanos, no se atrevieron a apartarse de vuestra amistad, sino que, únicos de los demás beocios, la mitad de ellos, habiéndose alineado con los lacedemonios y Leónidas en las Termópilas, perecieron junto con ellos contra el bárbaro que venía, y los restantes, habiendo embarcado en vuestras trirremes, puesto que no tenían naves propias, combatieron en el mar junto a vosotros tanto en Artemisio como en Salamina,
96
y en la última batalla en Platea, habiendo combatido junto a vosotros y los que liberaban Grecia contra Mardonio, el general del rey, depositaron la libertad en común para los demás griegos. Pero cuando Pausanias, el rey de los lacedemonios, intentaba ultrajaros, y no se contentaba con que los lacedemonios fueran considerados únicos por los griegos para la hegemonía, y la ciudad en verdad lideraba la libertad para los griegos, pero por ambición no se oponía a los lacedemonios,
97
para no ser envidiados por los aliados—, inflado por esto, Pausanias, el rey de los lacedemonios, inscribió en el trípode en Delfos, que los griegos que combatieron juntos en la batalla de Platea y combatieron en la batalla naval de Salamina, habiéndolo hecho en común, lo dedicaron como premio al valor a Apolo de parte de los bárbaros:" Jefe de los griegos, cuando destruyó el ejército de los medos, Pausanias dedicó este recuerdo a Febo", como si el acto y la dedicación fueran suyos, y no comunes de los aliados;
98
al indignarse los griegos, los plateenses interponen una demanda contra los lacedemonios ante los anfictiones por mil talentos en nombre de los aliados, y los obligaron a borrar la elegía e inscribir las ciudades que participaban en el acto. Por lo cual no menos les siguió la enemistad de parte de los lacedemonios y de parte del linaje real. Y en el presente los lacedemonios no tenían qué hacerles, pero más tarde, unos cincuenta años después, Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, rey de los lacedemonios, estando en paz, intentó capturar su ciudad.
99
Realizó esto desde Tebas mediante Eurímaco, hijo de Leontíades, que era beotarca, habiendo abierto las puertas de noche Nauclides y otros con él, convencidos por dinero. Al darse cuenta los plateenses de que los tebanos estaban dentro de noche y de repente su ciudad capturada en paz, ayudaban ellos mismos y se alineaban. Y cuando llegó el día y vieron que no eran muchos los tebanos, sino los primeros de ellos que habían entrado( pues habiendo caído mucha agua de noche les impidió entrar a todos; pues el río Asopo fluyó grande y no era fácil cruzarlo, y más aún de noche),
100
al ver los plateenses a los tebanos en la ciudad y darse cuenta de que no estaban todos presentes, atacan y, al entrar en batalla, vencen y se adelantan a destruirlos antes de que los demás ayudaran, y envían inmediatamente un mensajero ante vosotros para contar el acto y declarar la batalla de que vencen, y pidiendo ayuda si los tebanos saquean su país. Al escuchar los atenienses lo ocurrido, ayudaban rápidamente a Platea; y los tebanos, al ver que los atenienses habían ayudado a los plateenses, se retiraron a casa.