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Against Aristogiton
DinarchusSaristog 1 · spanish-geminiMore by Dinarchus
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Todo, al parecer, atenienses, debe esperarse oír y ver en las sentencias que se han dictado; pero lo más asombroso de todo, a mi juicio, es lo que está ocurriendo ahora. Pues Aristogitón, el más depravado de los que hay en la ciudad, o mejor dicho, de entre todos los hombres, viene a litigar con el Consejo del Areópago sobre la verdad y la justicia, y ahora el Consejo que dictó la sentencia corre un peligro mayor que el que aceptó sobornos contra vosotros y vendió por veinte minas la libertad de expresión en defensa de lo justo.
2
Para él, ciertamente, no ocurrirá nada nuevo ni terrible si es condenado; pues ya ha cometido muchas otras acciones dignas de muerte, ha pasado más tiempo en la cárcel que fuera de ella, ha escrito contra los derechos ciudadanos debiendo dinero al erario público sin tener permiso para ello, y ha hecho otras muchas cosas terribles, sobre las cuales vosotros sabéis más que yo; pero para el Consejo, el que se considere que ha dictado una sentencia falsa contra Aristogitón y que este sea tenido ante vosotros como alguien que dice cosas más justas que aquel, es una de las cosas más vergonzosas y terribles.
3
Por eso, atenienses, me parece que este, creyendo que el juicio es seguro para él, viene a poner a prueba vuestra opinión. Pues todas las desgracias le han ocurrido muchas veces, excepto la de morir; y esto, si Dios quiere y vosotros sois sensatos, ocurrirá en el día de hoy. Pues no esperéis, por Heracles, que se vuelva mejor por obtener ahora vuestro perdón, ni que en el futuro se abstenga de aceptar dinero contra vosotros si ahora lo dejáis libre. Pues dicen que la maldad, cuando comienza, alguien podría quizás detenerla castigándola, pero cuando ha envejecido y ha probado los castigos acostumbrados, es imposible.
4
Si, pues, deseáis que la maldad se arraigue en la ciudad, debéis proteger a Aristogitón y dejar que haga lo que quiera en la ciudad; pero si odiáis a los hombres malvados y malditos, y sentís indignación y recordáis lo que este ha hecho anteriormente, matad a este hombre, que se atrevió a recibir dinero de Harpalo, a quien vio venir para apoderarse de vuestra ciudad, y cortad sus pretextos y sus engaños; pues confiando en ellos viene ante vosotros.
5
¿ Acaso no sabéis que, siendo la llegada de Harpalo difícil, ha ocurrido ese golpe de suerte para la ciudad, porque habéis tomado una prueba precisa de los que, por plata y oro, lo entregan todo a los enemigos de la ciudad? No seáis negligentes, atenienses, ni os canséis de castigar a los malvados, sino limpiad, en la medida de lo posible, la corrupción de la ciudad. Y no busquéis escuchar mis palabras, habiendo quedado claros para vosotros los delitos contra los que han sido sentenciados por el Consejo.
6
¿ O es que, por los antepasados del acusado y su propia moderación, y porque os ha hecho muchos bienes tanto en privado como en público, es digno de ser perdonado?¿ Qué es lo que ignoráis por lo que necesitáis escuchar discursos contra el que ahora es juzgado?¿ Acaso la sentencia del Consejo será verdadera y justa contra Aristogitón si nosotros, los diez acusadores, consumimos todo el tiempo y gritamos que es terrible que sean absueltos los que han sido sorprendidos in fraganti aceptando sobornos contra la patria?
7
Y si cada uno de nosotros, como si vosotros supierais tanto como nosotros lo justo sobre estos juicios, dice pocas palabras y baja de la tribuna,¿ será falsa y no dictada justamente por los areopagitas?¿ O no sabéis que aceptar sobornos para traicionar los intereses de la ciudad es una de las cosas más terribles y de las que más males causan a las ciudades?
8
Pero,¿ acaso el propio acusado es, por Zeus, de carácter moderado, de buenos antepasados y alguien que nos ha hecho muchos bienes en privado y en público, de modo que por esto es digno de ser perdonado?¿ Y quién de vosotros no ha oído muchas veces que, habiendo sido condenado a muerte Cidímaco, el padre de Aristogitón, y habiendo huido de esta ciudad, este buen hijo descuidó a su propio padre, que vivía necesitado de lo indispensable y que, al morir, no recibió los ritos funerarios, tal como se testificó muchas veces contra él?
9
¿ Y qué decir de este mismo, cuando fue llevado por primera vez a la cárcel— pues sabéis que esto ha ocurrido muchas veces—, que se atrevió a hacer tales cosas allí, que aquellos decidieron no encenderle fuego, ni que nadie comiera con él, ni que participara en los sacrificios que se realizaban? Y sin embargo, atenienses,¿ qué clase de mentalidad hay que pensar que tiene este hombre, que por su maldad cayó en la cárcel?
10
¿ Y estando allí entre los malhechores llevados de otros lugares, pareció ser tan malvado que ni siquiera allí fue considerado igual a los demás, sino que, habiendo sido sorprendido robando entre ellos, como dicen, si hubiera habido algún otro lugar más impío donde fuera posible llevar a los que roban en la cárcel, este animal habría sido llevado allí? Y esto, como dije hace poco,¿ quién no sabe que fue testificado contra Aristogitón, cuando, habiendo sido elegido por sorteo inspector del mercado, fue rechazado por los que entonces juzgaban para ejercer este cargo?
11
Entonces,¿ os engañáis a vosotros mismos y, estando a punto de emitir el voto sobre Aristogitón, sentís lástima, él que no tuvo lástima de su propio padre que sufría por el hambre?¿ Y todavía queréis escuchar de nosotros discursos sobre la condena de Aristogitón, a quien sabéis perfectamente que, tanto por el resto de su vida como por lo que ha hecho ahora, merecería recibir el castigo extremo?
12
¿ No es Aristogitón, atenienses, el que escribió tales cosas contra la sacerdotisa de Ártemis Brauronia y sus familiares, mintiendo, de modo que vosotros, cuando supisteis la verdad por los acusadores, lo condenasteis a cinco talentos, tanto como era la multa fijada en la acusación de ilegalidad?¿ No ha continuado este, antes de pagar esto, calumniando al que se encontraba con vosotros y hablando y escribiendo en la asamblea, despreciando todos los castigos que están escritos en las leyes contra los que delinquen?
13
¿ No fue este, finalmente, denunciado por Licurgo, y probado que debía dinero al erario público sin tener permiso para hablar, y entregado a los Once según las leyes, paseándose delante de los tribunales y sentándose en la presidencia de los prítanes?
14
Entonces, atenienses,¿ a quien las leyes os han entregado muchas veces para que lo castiguéis tras haber sido condenado por los ciudadanos y denunciado, y a quien ni los Once ni la cárcel han podido retener, querréis usarlo como consejero? Y la ley ordena al heraldo que, tras haber rezado con mucha solemnidad, os entregue así la deliberación sobre los asuntos;¿ y vosotros permitiréis que este hombre impío, malvado con todos y especialmente con su propio padre, participe en la política con vosotros y con vuestros familiares y parientes?¿ Y pensasteis que no debíais tener ninguna compasión con Demades y Demóstenes,
15
porque fueron probados aceptando sobornos contra vosotros, sino que los castigasteis, y justamente, a quienes, si no todo, al menos muchas cosas útiles habían hecho en la política;¿ y a este maldito, que nunca os ha hecho ningún bien desde que se acercó a la ciudad, y que es capaz de hacer cualquier mal, lo dejaréis libre?¿ Y quién no os reprocharía a vosotros que lo aceptáis como consejero? Pues cuando un hombre que tiene una maldad conocida, manifiesta y notoria ante todos los ciudadanos habla ante vosotros, entonces los que os rodean se asombrarán de los que escuchan, preguntándose si no tenéis mejores consejeros o si os gusta escuchar a tales personas.
16
Debéis, atenienses, tal como los primeros legisladores legislaron para vuestros antepasados sobre los que hablan en la asamblea, buscar escuchar de la misma manera, para que hagáis mejores a los que se acercan a vosotros.¿ Cómo pensaban entonces ellos sobre esto? Primero, haciendo maldiciones públicas en cada asamblea contra los malvados, que si alguien, aceptando sobornos, habla después y delibera sobre los asuntos, que este sea destruido; de los cuales este Aristogitón es ahora uno.
17
Después, habiendo establecido en las leyes acusaciones por sobornos, y habiendo impuesto contra este delito, y solo contra él, el pago de diez veces la multa, pensando que el que acepta dinero para los discursos que se van a decir en la asamblea, no habla por lo mejor de la asamblea sino por lo que conviene a los que dan; Aristogitón, pues, ha sido sentenciado por el Consejo; además de esto, al examinar a los que van a administrar algo de los asuntos públicos, preguntan cuál es su carácter personal, si trata bien a sus padres, si ha hecho las campañas militares por la ciudad, si hay santuarios ancestrales, si paga los impuestos.
18
De lo cual Aristogitón no tendría nada que mostrar que le corresponda. Pues en lugar de tratar bien a sus padres, este ha tratado mal a su propio padre; y cuando todos vosotros hacíais campañas, este estaba en la cárcel; y tanto le falta para tener algún monumento de su padre, atenienses, que mostrar, que ni siquiera cuando su padre murió en Eretria hizo allí los ritos acostumbrados por él; y mientras los demás atenienses contribuían de sus propios bienes, este ni siquiera ha pagado todo el dinero que debía al erario público.
19
Y para decirlo simplemente, ha continuado haciendo cosas contrarias a todas las leyes, y a este solo el Consejo del Areópago lo ha sentenciado ante los que han investigado y saben; pues no es que vosotros, al enteraros por aquel, sepáis que este es malvado e injusto, sino que cada uno de vosotros conoce perfectamente su maldad. De modo que es verdad decir lo que se dice a menudo, que sobre este vosotros vais a emitir el voto, pero sobre vosotros los que os rodean y todos los demás.
20
Por eso es propio de jueces sensatos, atenienses, no emitir un voto contrario ni a vosotros mismos ni a todos los demás atenienses, sino, habiendo condenado unánimemente, entregarlo a los encargados de esto para que lo castiguen con la muerte, y no abandonar ni traicionar el voto sagrado y jurado, recordando que el Consejo lo condenó por aceptar sobornos contra vosotros, que su padre, tanto vivo como muerto, lo condenó por ser injusto consigo mismo, y, para decir lo más suave de los nombres, que el pueblo, habiendo votado en su contra, os lo ha entregado para que lo castiguéis,
21
este, habiendo cometido muchos males, ha sido sorprendido ahora delinquiendo en tales asuntos, por los cuales es vergonzoso para vosotros, los jueces, dejarlo sin castigo.¿ De qué manera, atenienses, emitiréis el voto sobre las otras sentencias?¿ O por qué pretextos habréis condenado a los que ya han sido juzgados?¿ O por qué mostraréis que os esforzáis en que el Consejo sentencie a los que han recibido el dinero, pero permitís que los sentenciados queden sin castigo?
22
Pues no penséis que estos juicios son privados contra los que ahora han sido sentenciados solamente, sino comunes y contra los demás hombres. Pues la corrupción y la traición juzgadas ante vosotros harán una de dos cosas en el futuro: o que los demás acepten dinero contra vosotros confiados en que no pagarán la pena, o que teman aceptarlo al ver que el castigo para los que son sorprendidos es digno de los delitos.
23
¿ No sabéis que incluso ahora el miedo que viene de vosotros reprime a los que se lanzan a por el dinero que viene contra vosotros y hace que muchas veces se alejen de la ganancia?¿ Y el decreto del pueblo, que ordena al Consejo investigar sobre este dinero, no ha hecho que incluso los que han traído el oro al país lo confiesen?
24
Pues bien, atenienses, bien decretaron vuestros antepasados sobre esto y llevaron una estela a la acrópolis, cuando dicen que Artmio de Zelea, hijo de Pitónax, trajo el oro de los medos para la corrupción de los griegos. Pues antes de que algunos recibieran y dieran prueba de su carácter, condenando al destierro al que trajo el oro, lo expulsaron de todo el país. Y esto, como dije, lo escribieron en una estela de bronce y lo dedicaron en la acrópolis, estableciéndolo como ejemplo para vosotros, los que vendríais después, y pensando que el que acepta dinero de cualquier modo no delibera por la ciudad sino por los que dan.
25
Y solo a este le añadieron la causa por la que el pueblo lo expulsó de la ciudad, escribiendo explícitamente: que Artmio de Zelea, hijo de Pitónax, es enemigo del pueblo y de los aliados, él y su linaje, y que está desterrado de Atenas porque trajo el oro de los medos al Peloponeso. Y sin embargo, si el pueblo consideraba que el oro en el Peloponeso era causa de muchos males para los griegos,¿ cómo hay que estar despreocupados viendo que la corrupción ocurre en la misma ciudad? Y observad conmigo esta estela.
26
Estela. Y sin embargo, atenienses,¿ qué pensáis que habrían hecho aquellos hombres si hubieran sorprendido a un general o a un orador, ciudadano suyo, aceptando sobornos contra los intereses de la patria, ellos que expulsaron tan justa y sensatamente al hombre ajeno tanto por linaje como por naturaleza a Grecia? Por tanto, arriesgaron su vida contra el bárbaro de una manera digna de la ciudad y de sus antepasados.

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