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Original / primary: Spanish Gemini
1
Dionisio a su queridísimo Ameo, salud. Entre las muchas noticias extrañas y sorprendentes que nos ha traído el tiempo que nos ha tocado vivir, una me pareció especialmente notable cuando la escuché por primera vez de ti: que uno de los filósofos peripatéticos, deseando concederle todo a Aristóteles, el fundador de esta filosofía, se comprometió a demostrar que Demóstenes, tras aprender las artes retóricas de él, las trasladó a sus propios discursos y que, adornado con aquellos preceptos, se convirtió en el más poderoso de todos los oradores. Al principio, supuse que quien se había atrevido a decir esto era uno de tantos, y te aconsejé que no prestaras atención a todas las paradojas. Pero cuando supe el nombre del hombre, a quien respeto tanto por su carácter como por sus discursos, me asombré y, reflexionando profundamente, pensé que el asunto requería un examen más cuidadoso, no fuera que se me escapara la verdad y que el hombre no hubiera dicho nada al azar, para así abandonar la opinión que yo mismo tenía, al aprender con certeza que las artes de Aristóteles son anteriores a los discursos de Demóstenes, o bien convencer a quien así lo pensaba y se preparaba para escribirlo, antes de publicar su tratado ante la multitud, de que cambiara de opinión.
2
Tú también me diste un impulso no pequeño para no examinar la verdad de manera superficial, al exhortarme a aclarar los discursos con los que me he convencido a mí mismo de que las artes retóricas fueron escritas por Aristóteles cuando Demóstenes ya estaba en su apogeo y había pronunciado sus discursos más ilustres. También me pareció que me aconsejabas correctamente al decir que no debía confirmar el asunto con indicios, con probabilidades ni con testimonios ajenos, puesto que ninguna de estas pruebas se deduce de premisas necesarias, sino que debía presentar al propio Aristóteles confesando, a través de sus propias artes, que la verdad es así. Esto es lo que he hecho, mi querido Ameo, preocupado tanto por la verdad, que creo debe examinarse en todo asunto, como por el interés de todos los que se han dedicado a los discursos políticos, para que no supongan que la filosofía peripatética ha abarcado todos los preceptos retóricos y que ni los seguidores de Teodoro, Trasímaco y Antifonte encontraron nada digno de estudio, ni Isócrates, Anaxímenes y Alcidamante, ni los autores de preceptos técnicos y competidores en discursos retóricos que convivieron con ellos, los seguidores de Teodectes, Filisco, Iseo, Cefisodoro, Hipérides, Licurgo y Esquines, y que ni siquiera el propio Demóstenes, quien superó a todos los que le precedieron y a sus contemporáneos, y no dejó margen de superación a los que vinieron después, habría llegado a ser tan grande, adornado con los preceptos de Isócrates e Iseo, si no hubiera aprendido a fondo las artes de Aristóteles.
3
Este discurso no es verdadero, mi querido Ameo, ni los discursos de Demóstenes fueron compuestos a partir de las artes de Aristóteles publicadas posteriormente, sino según otras introducciones, sobre las cuales expondré mis opiniones en un escrito aparte; pues el discurso sobre ellas es extenso y no habría sido correcto hacerlo un asunto secundario de otro escrito. Por el momento, intentaré dejar claro que el filósofo escribió sus artes retóricas cuando Demóstenes ya estaba en su apogeo en la vida política, había pronunciado sus discursos más ilustres, tanto judiciales como deliberativos, y era admirado en toda Grecia por su destreza oratoria. Quizás sea necesario, ante todo, exponer lo que he recibido de las historias comunes que nos dejaron quienes compilaron las vidas de estos hombres. Comenzaré por Demóstenes.
4
Este nació un año antes de la centésima Olimpiada, siendo arconte Timócrates. Había entrado en su decimoséptimo año cuando comenzó a escribir discursos públicos, bajo el arcontado de Calístrato, a los veinticinco años de edad. El primero de los discursos preparados para los tribunales es el contra Androtión, que escribió para Diodoro, quien acusaba el decreto de ilegal, y en el mismo periodo, bajo el arconte Calístrato, el discurso sobre las exenciones, que él mismo pronunció, el más elegante y mejor escrito de todos sus discursos. Bajo Diotimo, el sucesor de Calístrato, pronunció en Atenas su primera arenga, que los compiladores de los registros retóricos titulan Sobre las simmoriás; en ella exhortaba a los atenienses a no romper la paz establecida con el rey ni a ser los primeros en iniciar la guerra, a menos que hubieran preparado la fuerza naval, en la que tenían su mayor poder, y él mismo sugiere el modo de preparación. Bajo Tudeo, el sucesor de Diotimo, escribió el discurso contra Timócrates para Diodoro, quien acusaba a Timócrates de ilegalidad, y él mismo pronunció la arenga sobre el auxilio a los megalopolitanos. Después de Tudeo, el arconte es Aristodemo, bajo el cual comenzó las arengas contra Filipo y pronunció un discurso ante el pueblo sobre el envío de un ejército mercenario y de las diez trirremes de fugitivos a Macedonia. En este tiempo escribió también el discurso contra Aristócrates para Euticles, quien acusaba el decreto de ilegal. Bajo Teelo, el sucesor de Aristodemo, pronunció la arenga sobre los rodios, en la que convence a los atenienses de disolver su oligarquía y liberar al pueblo. Bajo Calímaco, el tercer arconte después de Teelo, pronunció tres arengas exhortando a los atenienses a enviar ayuda a los olintios, que eran atacados por Filipo: la primera, cuyo comienzo es' Me parece, atenienses, que en muchas ocasiones...'; la segunda,' No me parece que debamos pensar lo mismo, atenienses'; y la tercera,' Atenienses, por mucho dinero...'. Bajo este arconte fue escrito también el discurso contra Midias, que compuso después de la votación que el pueblo emitió contra él. Hasta aquí, los doce discursos públicos que he mencionado, entre los cuales hay siete arengas y cinco discursos judiciales, fueron todos anteriores a las artes de Aristóteles, como demostraré a partir de lo que se cuenta sobre el hombre y de lo que él mismo escribió, comenzando desde aquí.
5
Aristóteles era hijo de Nicómaco, cuyo linaje y arte se remontaban a Macaón, hijo de Asclepio, y de madre Festide, descendiente de quienes llevaron la colonia desde Calcis a Estagira. Nació en la nonagésima novena Olimpiada, bajo el arcontado de Diotrefes en Atenas, tres años mayor que Demóstenes. Bajo el arconte Polizelo, al morir su padre, llegó a Atenas a los dieciocho años y, presentado a Platón, pasó veinte años con él. Al morir Platón, bajo el arconte Teófilo, partió hacia Hermias, el tirano de Atarneo, y tras pasar tres años con él, bajo el arconte Eubulo, se trasladó a Mitilene; de allí partió hacia Filipo bajo el arconte Pitódoto, y pasó ocho años con él como tutor de Alejandro. Tras la muerte de Filipo, bajo el arconte Evéneto, llegó a Atenas y enseñó en el Liceo durante doce años. En el decimotercero, tras la muerte de Alejandro, bajo el arconte Cefisodoro, partió hacia Calcis y murió de enfermedad, habiendo vivido sesenta y tres años.
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Esto es lo que nos han transmitido quienes escribieron la vida del hombre. Pero lo que el propio filósofo escribe sobre sí mismo, eliminando cualquier intento de quienes desean atribuirle lo que no le corresponde, además de otras muchas cosas que no necesito mencionar por ahora, lo que ha puesto en el primer libro de este tratado, que no era un joven cuando componía las artes retóricas, sino que estaba en su mejor momento y ya había publicado los tratados sobre los tópicos, los analíticos y los metódicos, son pruebas muy sólidas. Pues, al comenzar a mostrar los beneficios que abarca el discurso retórico, escribe textualmente:' La retórica es útil porque, por naturaleza, lo verdadero y lo justo son superiores a sus contrarios; de modo que, si los juicios no se realizan como es debido, es necesario que sean derrotados por su propia causa; y esto es digno de censura. Además, ante algunos, ni siquiera si tuviéramos la ciencia más exacta, sería fácil persuadirlos hablando a partir de ella; pues el discurso basado en la ciencia es enseñanza, y esto es imposible; sino que es necesario realizar las pruebas y los discursos a través de lo común, tal como decimos en los Tópicos sobre el trato con la multitud'.
7
Al decidir hablar sobre los ejemplos y los entimemas, diciendo que estos tienen la misma fuerza que las inducciones y los silogismos, pone esto sobre el tratado analítico y metódico:' De las pruebas, ya sea que se demuestren o parezcan demostrarse, tal como en los Analíticos, una es inducción, otra silogismo y otra silogismo aparente, también aquí es igual; pues el ejemplo es inducción, el entimema es silogismo y el aparente es silogismo aparente; llamo entimema al silogismo retórico y ejemplo a la inducción retórica; todos realizan las pruebas a través de demostrar algo, y esto nos es claro a partir de los Analíticos, es necesario que cada uno de ellos sea lo mismo que cada uno de estos. Qué diferencia hay entre ejemplo y entimema, es claro a partir de los Tópicos; pues allí se ha dicho sobre el silogismo y la inducción, que demostrar a partir de muchos casos similares que algo es así, allí es inducción, y aquí ejemplo; y que, siendo ciertas cosas, otra cosa sucede a causa de ellas, ya sea universalmente o en la mayoría de los casos, allí se llama silogismo, y aquí entimema. Es claro también que cada uno tiene un buen tipo de retórica; tal como se ha dicho en los Metódicos, también en estos es igual'. Por tanto, esto es lo que Aristóteles ha escrito sobre sí mismo, testificando explícitamente que compuso las artes retóricas cuando ya era mayor y había publicado los mejores tratados; a partir de lo cual, considero suficientemente demostrado lo que me propuse hacer claro, que los discursos del orador son anteriores a las artes del filósofo; si es que uno comenzó a participar en la política, a pronunciar arengas y a escribir discursos para los tribunales a los veinticinco años, mientras que el otro, en los mismos tiempos, aún estaba con Platón y pasó hasta los treinta y siete años sin dirigir una escuela ni haber creado una doctrina propia.
8
Si alguien fuera tan contencioso como para contradecir incluso esto, admitiendo que las artes retóricas fueron escritas después de los Analíticos, los Metódicos y los Tópicos, pero diciendo que nada impide que el filósofo hubiera preparado todos estos tratados mientras aún se educaba con Platón, introduciendo un argumento frío e inverosímil, y forzando a hacer más creíble el más malicioso de los argumentos, que incluso lo que no es probable sucede a veces, dejando lo que tenía que decir sobre esto, me volveré a los testimonios del propio filósofo, que puso en el tercer libro de las Artes sobre la metáfora, escribiendo textualmente así:' De las metáforas, siendo cuatro, las que más éxito tienen son las que se basan en la analogía; como dijo Pericles que la juventud perdida en la guerra había desaparecido de la ciudad, como si alguien quitara la primavera del año, y Cefisodoto, cuando Cares se esforzaba por rendir cuentas de los asuntos de la guerra olintia, se indignaba diciendo que él, al llevar al pueblo a la asfixia, intentaba rendir cuentas'.
9
De este modo, el propio filósofo demuestra claramente que las artes fueron escritas por él después de la guerra olintia. Esta ocurrió bajo el arconte Calímaco, como lo muestra Filócoro en el sexto libro de la Atide, escribiendo textualmente así:' Calímaco de Pergase; bajo este, los atenienses, al ser atacados los olintios por Filipo y enviar embajadores a Atenas, hicieron una alianza y enviaron ayuda, dos mil peltastas y treinta trirremes, las que estaban con Cares y las ocho que completaron'. Luego, tras exponer brevemente lo que ocurrió entre medias, pone esto:' Alrededor del mismo tiempo, los calcideos de Tracia, oprimidos por la guerra y habiendo enviado embajadores a Atenas, los atenienses les enviaron a Caridemo, el estratego en el Helesponto; quien, con dieciocho trirremes y cuatro mil peltastas, y ciento cincuenta jinetes, llegó a Palene y Botiea con los olintios y saqueó el país'. Luego, sobre la tercera alianza, dice esto:' De nuevo, habiendo enviado los olintios embajadores a Atenas y suplicando que no los dejaran ser derrotados, sino que, además de las fuerzas existentes, enviaran ayuda no mercenaria sino de los propios atenienses, el pueblo les envió otras diecisiete trirremes y dos mil hoplitas ciudadanos y trescientos jinetes en naves de transporte de caballos, y a Cares como estratego de toda la flota'.
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Basta con esto para dejar clara la ambición de quienes pretenden que Demóstenes imitó las artes de Aristóteles, quien ya había pronunciado cuatro arengas filípicas, tres helénicas y escrito cinco discursos públicos para los tribunales, que nadie podría difamar como insignificantes, viles o que no muestran nada técnico, puesto que fueron compuestos antes de las artes de Aristóteles. Sin embargo, no me detendré aquí, sino que mostraré también sus otros discursos, los que más éxito tienen, tanto los deliberativos como los judiciales, pronunciados antes de la publicación de estas artes, usando de nuevo como testigo al propio Aristóteles. Pues después del arconte Calímaco, bajo el cual los atenienses enviaron las ayudas a Olinto persuadidos por Demóstenes, el arconte es Teófilo, bajo el cual Filipo tomó la ciudad de los olintios. Luego Temístocles, bajo el cual Demóstenes pronunció la quinta de las arengas contra Filipo sobre la protección de los isleños y de las ciudades del Helesponto, cuyo comienzo es:' Lo que nosotros, atenienses, hemos podido encontrar, es esto'. Después de Temístocles, Arquias, bajo el cual aconseja a los atenienses no impedir que Filipo participe en la Anfictionía ni dar pretexto de guerra, habiendo hecho recientemente la paz con él; el comienzo de esta arenga es:' Veo, atenienses, los asuntos presentes'. Después de Arquias está Eubulo; luego Lisisco, bajo el cual pronunció la séptima de las arengas filípicas ante las embajadas del Peloponeso, haciendo este comienzo:' Cuando, atenienses, se producen discursos'. Después de Lisisco, el arconte es Pitódoto, bajo el cual pronunció la octava de las arengas filípicas ante los embajadores de Filipo, cuyo comienzo es:' Atenienses, no es posible que las causas', y compuso el discurso contra Esquines cuando este rendía cuentas de la segunda embajada sobre los juramentos. Después de Pitódoto está Sosígenes, bajo el cual pronunció la novena arenga contra Filipo sobre los soldados en el Quersoneso, para que no se disolviera el ejército mercenario con Diopites, que tiene este comienzo:' Debían, atenienses, todos los que hablan'; y bajo el mismo arconte la décima, en la que intenta enseñar que Filipo rompe la paz y es el primero en iniciar la guerra, cuyo comienzo es:' Atenienses, al producirse muchos discursos'. Después de Sosígenes, el arconte es Nicómaco, bajo el cual pronunció la undécima arenga sobre que Filipo ha roto la paz y convence a los atenienses de enviar ayuda a los bizantinos, cuyo comienzo es:' Considerando, atenienses, que son asuntos serios'. A Nicómaco le sigue el arconte Teofrasto, bajo el cual convence a los atenienses de soportar valientemente la guerra, ya que Filipo la había anunciado; y esta es la última de las arengas contra Filipo, que tiene este comienzo:' Que Filipo, atenienses, no hizo la paz con vosotros, sino que pospuso la guerra'.
11
Que Demóstenes pronunció todos estos discursos que he enumerado antes de la publicación de las artes de Aristóteles, presentaré al propio Aristóteles como testigo. Pues, al comenzar en el segundo libro de las Artes a definir los lugares de donde provienen los entimemas, toma también el del tiempo, comparándole los ejemplos. Pondré la propia palabra del filósofo:' Otro mira al tiempo; por ejemplo, como Ifícrates en el discurso contra Harmodio, que si antes de hacer la estatua pedía obtenerla,¿ la habríais dado?¿ Y no la daréis después de hecha? No prometáis, pues, cuando estéis a punto, y retiréis cuando hayáis sufrido'. Y de nuevo sobre el paso de Filipo a través de los tebanos hacia el Ática, que si antes de ayudar a los focidios lo hubiera pedido, lo habrían prometido; es absurdo, pues, que porque lo dejó pasar y confió, no lo dejen pasar. Este tiempo, en el que Filipo pedía a los tebanos que le dieran paso hacia el Ática recordándoles la ayuda prestada en la guerra contra los focidios, se hace claro a partir de la historia común. Pues fue así: después de la toma de los olintios, bajo el arconte Temístocles, se hicieron tratados de Filipo con los atenienses sobre amistad y alianza; estos permanecieron siete años hasta Nicómaco; bajo Teofrasto, el sucesor de Nicómaco, fueron rotos, culpando los atenienses a Filipo de iniciar la guerra, y Filipo acusando a los atenienses. Las causas por las que entraron en la guerra, diciendo ambos que eran agraviados, y el tiempo en el que rompieron la paz, lo aclara con precisión Filócoro en el sexto libro de la Atide. Pondré de él lo más necesario:' Teofrasto de Halae; bajo este, Filipo, primero navegando, atacó Perinto, y al fracasar allí, sitiaba Bizancio y acercaba máquinas'. Luego, tras exponer todo lo que Filipo acusaba a los atenienses a través de la carta, añade esto textualmente:' El pueblo, al escuchar la carta y al exhortarlo Demóstenes a la guerra y escribir los decretos, votó derribar la estela que se había erigido sobre la paz y alianza con Filipo, y llenar naves y realizar las demás acciones de la guerra'. Tras escribir que esto ocurrió bajo el arconte Teofrasto, en el año siguiente expone los hechos realizados después de la ruptura de la paz bajo el arconte Lisimaquides. Pondré también de estos lo más necesario:' Lisimaquides de Acarnas; bajo este, las obras sobre los astilleros y el arsenal se pospusieron debido a la guerra contra Filipo; y votaron que todo el dinero fuera militar, escribiéndolo Demóstenes. Al tomar Filipo Elatea y Citinio y enviar embajadores a Tebas, tesalios, enianes, etolios, dólopes, ftiotas, y al enviar los atenienses en el mismo tiempo embajadores, los que estaban con Demóstenes, votaron aliarse con ellos'. Habiéndose hecho claro el tiempo en el que entraron en Tebas tanto los embajadores atenienses con Demóstenes como los de Filipo, que cae bajo el arconte Lisimaquides, estando ya preparados ambos para la guerra, el propio Demóstenes hará claro en el discurso Sobre la corona cuáles eran las pretensiones de ambas embajadas; pondré, tomando de su propia palabra, lo que contribuye al asunto:' Habiendo dispuesto así Filipo las ciudades unas contra otras a través de esto, y animado por estos decretos y respuestas, llegó con su fuerza y tomó Elatea, como si, pase lo que pase, nosotros y los tebanos fuéramos a respirar juntos'. Pero, tras exponer los hechos de entonces, y tras exponer los discursos pronunciados por él mismo en la asamblea, y cómo fue enviado como embajador por los atenienses a Tebas, añade esto textualmente:' Al llegar a Tebas, encontramos presentes a los embajadores de Filipo, de los tesalios y de los otros aliados, y a nuestros amigos con miedo, y a los de él audaces'. Luego, tras ordenar leer una carta, añade esto:' Puesto que hicieron la asamblea, los llevaron a ellos porque tenían el orden de los aliados. Y al pasar, arengaban elogiando mucho a Filipo y acusándoos mucho, recordando a los tebanos todo lo que alguna vez hicisteis en contra. El resumen, pues, era que pedían que devolvieran el favor por lo que habían recibido bien de Filipo, y que tomaran justicia por lo que habían sido agraviados por vosotros, como quisieran, o dejándolos pasar hacia vosotros o invadiendo juntos el Ática'. Si bajo el arconte Lisimaquides, el sucesor de Teofrasto, rota ya la paz, los embajadores de Filipo fueron enviados a Tebas exhortándolos a invadir el Ática, o si no, a dar paso a Filipo recordando sus beneficios en la guerra focidia, y de esta embajada se acuerda Aristóteles, como demostré poco antes presentando sus palabras, queda demostrado con pruebas indiscutibles que todos los discursos de Demóstenes pronunciados antes del arcontado de Lisimaquides en asambleas y tribunales son anteriores a las artes de Aristóteles.
12
Añadiré otro testimonio tomado del filósofo, a partir del cual será aún más claro que las artes retóricas fueron compuestas por él después de la guerra que ocurrió a los atenienses contra Filipo, cuando Demóstenes ya estaba en su apogeo en la política y había pronunciado todos los discursos deliberativos y judiciales que mencioné poco antes. Pues el filósofo, al recorrer los lugares de los entimemas, pone también el de la causa; presentaré su palabra:' Otro a partir de lo que no es causa como causa, por ejemplo, por haber sucedido a la vez o después de esto. Pues toman lo que sucede después como si fuera a causa de esto, y especialmente en las políticas; como Demades la política de Demóstenes como causa de todos los males; pues fue después de eso'.¿ Qué discursos, pues, compuso Demóstenes usando como guía las artes aristotélicas, si todos los discursos públicos por los que es elogiado y admirado ocurrieron antes de la guerra, como demostré antes, excepto uno, el Sobre la corona? Pues este solo entró en el tribunal después de la guerra, bajo el arconte Aristofonte, en el octavo año después de la batalla en Queronea y el sexto después de la muerte de Filipo, tiempo en el que Alejandro ganaba la batalla en Arbela. Si alguien de los que disputan sobre todo dijera que quizás escribió este discurso habiendo leído las artes de Aristóteles, el mejor de todos los discursos, teniendo mucho que decir contra él, para que el discurso no me resulte más largo de lo debido, prometo demostrar también que este discurso fue terminado antes de las artes de Aristóteles usando al propio filósofo como testigo. Pues, tras proponer como lugar de entimemas el de las cosas relativas entre sí, escribe textualmente esto:' Otro a partir de las cosas relativas entre sí; pues si a uno le corresponde haber hecho bien o justamente, al otro le corresponde haberlo sufrido, y si ordenar, también haber hecho; por ejemplo, como el recaudador Diomedonte: si para vosotros no es vergonzoso vender, tampoco para nosotros comprar. Y si al que ha sufrido le corresponde lo bien y justamente, al hecho le corresponderá también al que lo hizo o lo hace. Pero esto es engañoso; pues no porque haya sufrido justamente, a la vez ha sufrido justamente por este. Por lo cual es necesario mirar por separado si el que sufrió es digno de sufrir y el que hizo de hacer, y luego usarlo como convenga. Pues a veces tal cosa discrepa, como en el Alcmeón de Teodectes y como el juicio sobre Demóstenes y los que mataron a Nicanor'.¿ Cuál es, pues, el juicio sobre Demóstenes y los que mataron a Nicanor sobre el que el filósofo ha escrito, en el que el capítulo más importante de la disputa era a partir del lugar de las cosas relativas entre sí? El juicio contra Esquines a favor de Ctesifonte, quien proporcionó a Demóstenes el decreto sobre la corona y era acusado de ilegalidad; pues en este, lo que se buscaba no era lo común, si Demóstenes era digno de honores y coronas al haber entregado de sus propios bienes el gasto para las murallas, sino si, en el tiempo en que era responsable, la ley prohibía coronar a los responsables. Pues el lugar de las cosas relativas entre sí es este, si, como al pueblo le era permitido dar, así también al responsable le era permitido recibir la corona. Yo, pues, creo que Aristóteles se acuerda de este juicio. Si alguien dijera que es sobre el de las dádivas, que defendió bajo el arconte Anticles sobre la muerte de Alejandro, hará las artes de Aristóteles aún mucho más recientes que los discursos de Demóstenes. Pero, en realidad, que el orador no tomó del filósofo las artes con las que compuso aquellos admirables discursos, sino que, al contrario, Aristóteles escribió estas artes habiendo tomado las obras de Demóstenes y de los otros oradores, considero que está suficientemente demostrado.