De Isaeo
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Original / primary: Spanish Gemini
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Iseo, quien fue maestro de Demóstenes y por ello alcanzó gran renombre, era, según cuentan algunos, ateniense de nacimiento, mientras que otros escriben que era de Calcis. Floreció después de la guerra del Peloponeso, como infiero por sus discursos, y su actividad se extendió hasta el dominio de Filipo. No puedo precisar el tiempo exacto de su nacimiento y muerte, ni tampoco decir nada sobre la vida del hombre, qué clase de persona era, ni sobre su postura política, si eligió algún partido o régimen, ni en absoluto sobre tales asuntos, debido a que no he encontrado ninguna biografía al respecto. Pues ni siquiera Heripo, quien registró a los discípulos de Isócrates y fue preciso en otros aspectos, ha dicho nada sobre este orador más allá de estos dos puntos: que fue oyente de Isócrates y maestro de Demóstenes. También trató con los mejores filósofos.
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Resta, pues, hablar de su postura, su capacidad y qué estilo utiliza. En cuanto al género de discursos, se convirtió en un practicante del judicial y se dedicó especialmente a este. Imitó en gran medida el estilo de Lisias y, a menos que alguien sea muy experto en estos hombres y tenga una experiencia considerable con ambos, no distinguiría fácilmente a muchos de los discursos para saber a cuál de los dos oradores pertenecen, sino que se dejaría engañar por las inscripciones, que no son tan precisas como se me revela a través de un examen detallado. Sin embargo, la semejanza del estilo no es idéntica, sino que presenta algunas diferencias, ni pequeñas ni pocas, tanto en la elocución como en los hechos, sobre las cuales sería el momento de hablar, según lo que he supuesto. Dado que en cuanto a la dicción se parece más a Lisias, comenzaré por esta para exponer las semejanzas y las diferencias que tiene con respecto a aquella.
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La dicción de Iseo es pura, precisa, clara, propia, vívida, concisa y, además de esto, persuasiva, adecuada a los temas, redonda y judicial, no menos que la de Lisias, y en estos aspectos nadie podría distinguirla. Parecería diferir de aquella en lo siguiente: la de Lisias es más sencilla y ética, está compuesta de forma más natural, estructurada con mayor simplicidad y dotada de mucha gracia y encanto. La de Iseo, en cambio, parecería ser más técnica y precisa que la de Lisias, con una composición más elaborada y marcada por variados esquemas; y en la medida en que se aleja de aquella gracia, supera en la destreza de la construcción y es, en verdad, una fuente de la capacidad de Demóstenes. Así es como uno podría distinguir la dicción, pero en los hechos encontrará ciertas diferencias. En Lisias no se observará mucha artificiosidad ni en la división de los hechos, ni en el orden de los entimemas, ni en su elaboración, pues el hombre es sencillo. En Iseo, en cambio, encontrará que estas cosas se hacen de manera más precisa y técnica. Pues utiliza introducciones, preparaciones previas y divisiones más técnicas, coloca cada cosa donde le da utilidad, lleva las elaboraciones de los argumentos hasta un punto lejano y diversifica los discursos con cambios de esquemas agonísticos y patéticos. Se comporta con astucia frente al adversario, maniobra contra los jueces y, respecto a los hechos sobre los que trata el discurso, intenta ayudar por todos los medios.
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Para que la diferencia entre los hombres sea más evidente, utilizaré una imagen de las cosas visibles. Hay algunas pinturas antiguas, ejecutadas con colores simples y sin ninguna variedad en las mezclas, pero precisas en las líneas y que poseen mucha gracia en ellas. Las que vinieron después son menos precisas en el dibujo, pero más elaboradas, diversificadas con sombra y luz, y poseen su fuerza en la multitud de las mezclas. Lisias se parece a las más antiguas en cuanto a la sencillez y la gracia, e Iseo a las más trabajadas y técnicas. Existía sobre él, entre los de aquel tiempo, una reputación de astucia y engaño, como si fuera un hombre capaz de fabricar discursos para los fines más perversos, y era difamado por esto. Lo demuestra, según me parece, uno de los antiguos oradores en la acusación contra Demóstenes, Piteas. Pues, tras afirmar que en Demóstenes habitaba toda la maldad y vicio que existe entre los hombres, añade, por esta parte, una especie de difamación: que se ha alimentado de todo Iseo y de las técnicas de sus discursos. Y, por Zeus, ninguno de los dos tenía esta difamación fuera de lugar. A mí, al menos, los discursos de Iseo y Demóstenes, incluso si se componen sobre temas verdaderos y justos, me parecen sospechosos debido a su mucha artificiosidad, mientras que los de Isócrates y Lisias me parecen, sobre todo, justos y verdaderos, aunque los hechos en ellos no sean tales, porque no muestran nada malintencionado en su construcción, sino que son libres y sencillos.
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Estas me parecieron ser las diferencias, a partir de las cuales uno podría distinguir sin dificultad los discursos de Lisias y de Iseo. Si he supuesto correctamente, será posible para quien lo desee observar haciendo el examen sobre los mismos ejemplos. Comenzaré por las consideraciones sobre la dicción. Existe un discurso de Iseo a favor de Eumates, un meteco de los que se dedicaban a la banca en Atenas, a quien alguien de los ciudadanos, tras haber heredado del que lo había manumitido, intenta llevar a la esclavitud, y otro ciudadano lo defiende y hace la apología por él. El proemio del discurso es el siguiente:' Hombres del jurado, yo fui útil a este Eumates anteriormente de manera justa y ahora, si algo está en mi mano, intentaré salvarlo junto con ustedes. Escúchenme un poco, para que ninguno de ustedes suponga que yo me acerqué a los asuntos de Eumates por precipitación o por alguna otra injusticia. Pues, siendo yo trierarca bajo el arcontado de Cefisodoto y habiéndose anunciado a mis allegados que yo había muerto en la batalla naval, existiendo un depósito mío en poder de este Eumates, Eumates, tras llamar a mis allegados y amigos, mostró el dinero que yo tenía con él y lo devolvió todo de manera recta y justa. A cambio de lo cual, yo, habiéndome salvado, lo traté aún más y, cuando estaba estableciendo el banco, le proporcioné dinero. Y después de esto, cuando Dionisio lo llevaba, lo liberé a la libertad sabiendo que había sido liberado en el tribunal por Epígenes. Pero sobre esto me detendré'.
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Existe también en Lisias un discurso a favor de un hombre extranjero que huye de un juicio sobre una herencia, haciendo la apología. Titula este discurso' Calímaco sobre Ferenico a favor de la herencia de Androclides' y ha sido disputado muchos años antes que el otro. En él, el que hace los discursos a favor del extranjero demuestra la causa por primera vez, igual que el que libera al meteco a la libertad. El proemio del discurso es este:' Me parece necesario, hombres del jurado, hablar primero ante ustedes sobre mi amistad con Ferenico, para que ninguno de ustedes se asombre de que, no habiendo hablado nunca antes a favor de ninguno de ustedes, ahora hable a favor de este. Pues, hombres del jurado, Cefisodoto, el padre de este, era mi huésped, y cuando huíamos, yo y otro de los atenienses que quería, nos alojábamos en Tebas junto a él, y habiendo recibido muchos y buenos favores, tanto en privado como en público, por parte de él, regresamos a nuestra propia tierra. Y cuando estos sufrieron las mismas fortunas y llegaron como fugitivos a Atenas, considerando que les debía la mayor gratitud, los recibí con tanta familiaridad que ninguno de los que entraban, a menos que lo supiera de antes, podía conocer cuál de nosotros poseía la casa. Ferenico sabe, hombres del jurado, que hay muchos más hábiles que yo para hablar y más expertos en tales asuntos, pero, sin embargo, considera que mi familiaridad es la más confiable. Me parece, pues, vergonzoso, siendo que este me lo pide y me ruega que le ayude con lo justo, dejar que sea privado de lo que le fue dado por Androclides, en la medida en que yo pueda'.
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¿ En qué difieren, pues, estos proemios entre sí? En Lisias, la entrada es agradable y por ninguna otra razón más que porque está dicha de una manera natural y sencilla:' Me parece necesario, hombres del jurado, hablar primero ante ustedes sobre mi amistad con Ferenico'. Y lo que sigue a esto parece ser aún más carente de artificio y, como podría decir un profano, lo dicho:' para que ninguno de ustedes se asombre de que, no habiendo hablado nunca antes a favor de ninguno de ustedes, ahora hable a favor de este'. En Iseo, en cambio, lo que parece ser sencillo está construido y no se oculta que es retórico:' Yo fui útil a este Eumates anteriormente de manera justa y ahora, si algo está en mi mano, intentaré salvarlo'. Pues es más elevado y menos sencillo que aquellos, y aún más lo que sigue:' Escúchenme un poco, para que ninguno de ustedes suponga que yo me acerqué a los asuntos de Eumates por precipitación o por alguna otra injusticia'. Pues tanto la precipitación como la injusticia y el' acercarse a los asuntos de Eumates' parecen más fabricados que naturales. Y de nuevo, en Lisias, el pretexto se dice sin afectación:' Pues, hombres del jurado, Cefisodoto, el padre de este, era mi huésped, y cuando huíamos, yo y otro de los atenienses que quería, nos alojábamos en Tebas junto a él'. Y lo que sigue se añade de manera agradable y aforística:' y habiendo recibido muchos y buenos favores, tanto en privado como en público, por parte de él, regresamos a nuestra propia tierra'. En Iseo, en cambio, se ha expresado de manera más elaborada y no dista mucho de la construcción de Demóstenes:' Pues, siendo yo trierarca bajo el arcontado de Cefisodoto y habiéndose anunciado a mis allegados que yo había muerto en la batalla naval, existiendo un depósito mío en poder de este Eumates'. Pues ni el' habiéndose anunciado' ni el' que yo había muerto' ni el' existiendo un depósito mío' diría yo que se han dicho de manera sencilla. Pues, dichos de aquella manera, serían más naturales:' Pues cuando yo era trierarca y se anunció a los de aquí que yo había muerto, este Eumates tenía un depósito mío'.
8
Y las partes restantes de los proemios, uno podría encontrar que en uno se dicen de manera más sencilla y en otro de manera más retórica. En otro juicio, de nuevo, Iseo, habiendo compuesto una apología para un tutor que es juzgado por su propio sobrino, utiliza este comienzo:' Hubiera querido, hombres del jurado, que Agnoteo no se comportara de manera tan vergonzosa respecto al dinero, hasta el punto de conspirar contra los bienes ajenos y entablar tales juicios, sino que, siendo al menos mi sobrino y dueño de la fortuna paterna, no pequeña sino suficiente incluso para realizar liturgias, habiéndole sido entregada por nosotros, se ocupara de esta y no codiciara la mía; para que pareciera mejor ante todos al conservarla y, al hacerla mayor, se mostrara como un ciudadano más útil para ustedes. Pero puesto que la ha destruido, vendido y arruinado de manera vergonzosa y malvada, como yo no hubiera querido, y confiando en camarillas y preparaciones de discursos ha venido contra mí, es necesario, al parecer, considerar que es una desgracia que sea un pariente tal, y defenderse sobre lo que ha acusado y me ha difamado fuera del asunto, de la manera más entusiasta que podamos ante ustedes'. Lisias, habiendo escrito un discurso para un hombre acusado por los hermanos de su propia mujer de mala administración de tutela, utiliza este proemio:' No es suficiente, hombres del jurado, para los tutores, cuántos asuntos tienen por la tutela, sino que, incluso conservando los bienes de los amigos, muchos son calumniados por los huérfanos. Lo cual me ha sucedido ahora a mí. Pues yo, hombres del jurado, habiendo sido dejado como tutor de los bienes de Hipócrates y habiendo administrado recta y justamente la fortuna y habiendo entregado el dinero a los hijos una vez probados, de los cuales fui dejado como tutor, soy calumniado ahora injustamente por ellos'.
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No creo que se necesiten muchas palabras para ver que esto se ha dicho de manera sencilla y agradable, y muestra un carácter no fingido sino natural. Pues el' No es suficiente, hombres del jurado, para los tutores, cuántos asuntos tienen por la tutela' nadie diría que es de un orador, sino de cualquier profano que se ha visto envuelto en un juicio injusto. Que el de Iseo ha sido hecho retóricamente y embellecido de manera más solemne, todos dirían, pues el' Hubiera querido, hombres del jurado, que Agnoteo no se comportara de manera tan vergonzosa respecto al dinero, hasta el punto de conspirar contra los bienes ajenos'. Y aún más, en Lisias se ha dicho de manera muy agradable y sencilla:' Pues yo, hombres del jurado, habiendo sido dejado como tutor de los bienes de Hipócrates y habiendo administrado recta y justamente la fortuna y habiendo entregado el dinero a los hijos una vez probados'. El otro es más claro y no como lo habría compuesto un profano:' sino que, siendo al menos mi sobrino y dueño de la fortuna paterna, no pequeña sino suficiente incluso para realizar liturgias, habiéndole sido entregada por nosotros, se ocupara de esta'. Mencionaré aún otro género, a partir del cual la diferencia entre los hombres será más evidente.
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Cada uno supone a un hombre profano, sin asuntos y joven, obligado contra su propia postura y naturaleza a hablar en el tribunal. Lisias, en el discurso contra Arquebiades, de esta manera:' Tan pronto como Arquebiades me echó a suertes este juicio, hombres del jurado, me acerqué a él diciéndole que yo era joven e inexperto en asuntos y que no tenía ninguna necesidad de entrar en un tribunal. Yo, pues, te pido que no consideres mi edad como un hallazgo, sino que, habiendo tomado a mis amigos y a los tuyos, expliques sobre la deuda, de dónde ha surgido. Y si te parece que dices la verdad a aquellos, no necesitarás asuntos, sino que, habiendo tomado lo tuyo, te irás. Es justo que no omitas nada, sino que digas todo, puesto que soy más joven que el contrato, para que, habiendo escuchado sobre lo que no sabemos, deliberemos sobre lo que tú dices; por si acaso se hace evidente si codicias injustamente lo mío o buscas justamente recuperar lo tuyo. Ante esto que yo proponía, nunca quiso reunirse ni hacer un discurso sobre lo que acusaba ni someterse a un arbitraje, hasta que ustedes establecieron la ley sobre los árbitros'. Iseo, en una disputa sobre un terreno ocupado por los demos, a quienes el terreno estaba sujeto, introduce el comienzo utilizando esto:' Hubiera querido, sobre todo, hombres del jurado, no ser perjudicado por ninguno de los ciudadanos, pero si no, encontrarme con tales adversarios contra los cuales no me preocuparía en absoluto estar en disputa. Pero ahora me ha sucedido lo más doloroso de todos los asuntos. Pues soy perjudicado por los del demo, a quienes no es fácil pasar por alto cuando privan, pero es desagradable estar en enemistad, con quienes es necesario incluso sacrificar juntos y hacer reuniones comunes. Contra muchos, pues, es difícil litigar; pues la multitud contribuye en gran parte a que parezcan decir la verdad; sin embargo, debido a que confío en los hechos, habiéndoseme presentado muchos y difíciles, no consideré que debiera dudar en intentar obtener lo justo a través de ustedes. Les pido, pues, que tengan indulgencia si, siendo más joven, me he atrevido a hablar en el tribunal; pues debido a los que perjudican, me veo obligado, contra mi propio carácter, a hacer algo así. Intentaré decirles desde el principio, como pueda, con la mayor brevedad sobre el asunto'.
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¿ Quién, pues, no estaría de acuerdo en que el joven, profano y sin asuntos de Lisias es un arquetipo de la verdad que no difiere en absoluto de ella, y el otro es una copia y no se oculta que ha sido fabricado con técnica retórica? Pues tanto las dicciones como los pensamientos en aquel muestran lo natural, y en este lo construido. Aquel utiliza el comienzo de que es joven e inexperto en asuntos y que no tiene ninguna necesidad de entrar en un tribunal. Y añade de manera muy ética:' Yo, pues, te pido que no consideres mi edad como un hallazgo'. Y lo que sigue a esto, como era natural que sucediera y se dijera, lo dice:' que pedía ir ante árbitros, amigos comunes, y si te parece que dices la verdad a aquellos, no necesitarás asuntos, sino que, habiendo tomado lo tuyo, te irás'. Y habiendo expuesto lo restante con buen carácter, al terminar añade:' Ante esto que yo proponía, nunca quiso reunirse'. Iseo, en cambio, coloca esta parte— el estar obligado contra su propia opinión a hablar en el tribunal siendo joven— al final del proemio. Comienza desde una idea no mala, por Zeus, ni profana, diciendo que es más doloroso estar en enemistad con tales personas, con quienes es necesario compartir las cosas más valiosas. Después, se libera de algo de lo que le va a doler, el hecho de que, siendo muchos los del demo, litiguen contra él. Y compone los nombres no mal, por Zeus, ni como lo haría un profano:' Pues soy perjudicado por los del demo, dice, a quienes no es fácil pasar por alto cuando privan, pero es desagradable estar en enemistad, con quienes es necesario incluso sacrificar juntos y hacer reuniones comunes'. Pues la' desagradable enemistad' y las' reuniones comunes' están compuestas de manera más técnica que sencilla, y aún más el' habiéndoseme presentado muchos y difíciles, no consideré que debiera dudar en intentar obtener lo justo a través de ustedes'. Pues un profano no diría en absoluto así:' no consideré que debiera dudar' ni tampoco el' intentar obtener lo justo a través de ustedes', sino de aquella manera, de algún modo más:' habiéndoseme presentado tantos difíciles, me he visto obligado a refugiarme en ustedes, para obtener lo justo a través de ustedes'.
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Creo, pues, que incluso a partir de esto no es desconocida la diferencia entre los hombres. Sin embargo, también será más evidente a partir de lo que se va a decir y, sobre todo, a partir de los discursos demostrativos y patéticos, en los cuales Lisias es alguien más sencillo tanto en la composición de los nombres como en la comunidad de los esquemas, mientras que este es más variado. Pues uno podría encontrar muchas cosas al ver en él, como en esto:'¿ De dónde debe creerse lo dicho, por los dioses?¿ No de los testigos? Creo que sí.¿ Y de dónde los testigos?¿ No de las torturas? Es probable.¿ Y de dónde, pues, debe desconfiarse de los discursos de estos?¿ No de que huyen de las pruebas? Es una gran necesidad. Parezco, pues, yo perseguir esto y llevar los hechos a torturas, mientras que este, al establecerse en difamaciones y discursos, lo cual haría alguien que quiere sacar ventaja. Pero él debía, si pensaba algo justo y no buscaba engañar sus opiniones, no, por Zeus, hacer esto, sino ir al cálculo junto con testigos y examinar cada una de las cosas en el discurso preguntándome de esta manera:¿ Cuentas cuántas contribuciones? Tantas.¿ Por cuánto dinero aportadas? Por tanto y tanto.¿ Según qué decretos? Estos.¿ Quiénes han recibido esto? Estos. Y, siendo testigo de esto, examinar los decretos, la multitud de las contribuciones, lo aportado, los que recibieron, y si era así, creer al discurso, y si no, ahora presentar testigos, si algo de lo que calculé para ellos era falso'.
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Esto está desglosado y a partir de interrogación. Lisias utiliza esto lo menos posible, mientras que Demóstenes, habiendo tomado las bases de este, lo hace de manera más pródiga, por ejemplo:'¿ No dices, pues, paga? dirá alguien. Y al instante la misma composición de todos, hombres atenienses, para que, tomando cada uno la parte de los bienes comunes, lo que la ciudad necesitara, esto proporcionara. Es posible estar tranquilo; quedándote en casa eres mejor, habiéndote librado de hacer algo vergonzoso por necesidad debido a la carencia. Sucede algo así, como lo de ahora; siendo tú mismo soldado a partir de estas mismas ganancias, como es justo a favor de la patria. Hay alguien fuera de nuestra edad; lo que este, tomando ahora desordenadamente, no aprovecha, esto, tomándolo en igual orden, viendo y administrando todo, lo que debe hacerse. En general, ni quitando ni añadiendo, excepto eliminando un poco el desorden, llevé a la ciudad al orden, habiendo hecho el mismo orden para tomar, para hacer la guerra, para juzgar, para hacer esto, lo que cada uno tuviera según su edad y de lo que fuera el momento'. Aquello, en cambio, está compuesto por acumulación y arriesgado por el hecho de estar compuesto de manera breve, retorcida y paradójica, y no conocido por todos ni de manera inmediata;' y este, el más miserable de todos los hombres, no presentando testigos de ellos, en presencia de quienes dicen que nos devolvieron, como si pretendiera creer más a aquellos, como que nos han devuelto, que a nosotros, como que no hemos recibido. Y sin embargo, es evidente para todos, al parecer, quienes incluso privaban al padre de este siendo ciudadano con plenos derechos, que voluntariamente no nos habrían devuelto, y habiendo estado así no habríamos podido cobrar'. Pues este es también el esquema que Demóstenes ha utilizado a menudo:'¿ Entonces creen que aquellos, quienes no habrían podido hacerle ningún mal, ellos mismos se habrían guardado de no sufrirlo quizás, prefirieron engañar a estos antes que, anunciándolo, usar la fuerza, y a ustedes hacerles la guerra tras un anuncio previo?'. Y aún más tales cosas:' Pues para quien, lo que existía fuera de lo tasado, había sido liturgiado, y a quien, pidiendo prestado, nadie le habría dado nada más sobre ellos, habiendo devuelto los alquileres, me correspondía tenerlo indiscutiblemente, estos, habiendo entablado un juicio tan grande y afirmando que eran suyos, me impidieron hacer la reparación a partir de ellos'.¿ Y qué necesidad hay de alargar citando más? Pues uno podría encontrar muchas cosas de Iseo, tanto en la composición como en los esquemas, cambiadas de la dicción de Lisias, pero parecidas a la destreza de Demóstenes.
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Habiendo hablado también sobre los hechos, que es más hábil para administrar que Lisias, tanto los discursos enteros como sus partes, y no haciendo nada fuera de la técnica que después utilizó mucho Demóstenes, quiero también proporcionar las pruebas a favor de esto. El discurso será resumido y como para quienes han leído al hombre; pues no es posible poner ejemplos de todo. Inmediatamente, las narraciones, a veces, las coloca sin preparación previa, concisas y sin anticipar nada de las demostrativas en el lugar que corresponde, tal como hace en el discurso contra Medón y en el contra Agnoteo y en la disputa contra los del demo sobre el terreno y en otros muchos. A veces, habiéndolas dividido por capítulos y colocando las pruebas junto a cada uno de ellos, alarga más y se sale del esquema de la narración, utilizando lo que conviene. De esta idea es la apología a favor de Hermón sobre la fianza y la disputa contra Euclides sobre la resolución del terreno y la apelación a favor de Eufileto contra el demo de los Erquieos. Pues en estos discursos, siendo las narraciones más largas, no las coloca todas a la vez, sino que, dividiéndolas por partes, junto a cada capítulo trae a los testigos y proporciona las otras pruebas, temiendo, por lo que a mí me parece, que el discurso se vuelva difícil de seguir debido a la multitud de capítulos y se desborde, y que las pruebas, reunidas todas en un solo lugar, siendo muchas y sobre muchos hechos, no confundan la claridad. Por tanto, después de las narraciones así administradas, ya no confirma las demostraciones principales con muchos discursos ni es parecido a los nuevos técnicos, sino que cree que debe destruir las pruebas de los adversarios.
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A veces prepara previamente algunos hechos antes de las narraciones y anticipa lo que va a hacerlas más creíbles o más útiles que de cualquier otra manera, como se encuentra que ha hecho en el juicio contra Aristogeitón y Arquipo, en el que alguien que disputa una herencia, siendo hermano del fallecido, desafía al que tiene los bienes ocultos a una presentación de los manifiestos, y el que posee la herencia presenta una excepción a la citación, diciendo que los bienes le han sido dados según testamentos. Siendo doble la disputa, una sobre si los testamentos han existido o no, y otra, estando ya los testamentos en disputa, sobre quién debe poseer la herencia, primero, habiendo dado el discurso sobre las leyes y habiendo demostrado por esta parte que no debe poseerse la herencia en litigio antes del juicio, así va a la narración, a través de la cual demuestra que los testamentos ni siquiera han sido hechos por el fallecido. Y ni siquiera coloca esta narración de manera simple y sin preparación, sino que, siendo también esta más larga, la divide con algunas secciones y, según cada género, hace subir a testigos y lee desafíos y proporciona contratos, y utiliza pruebas y signos y todas las refutaciones a partir de lo probable. Podría tener muchas otras narraciones que proporcionar, administradas para lo que conviene por el orador con preparaciones previas, preparaciones, divisiones, cambios de lugares, traslados de hechos, por el hecho de que los capítulos han sido invertidos, por el hecho de que los hechos no han sido dichos según los tiempos, por el hecho de que no todo ni a la vez como era natural que se hiciera ni como diría un profano, y con otros innumerables modos tales. Pero ni tengo tiempo suficiente para hablar sobre todas, exponiendo inmediatamente en cada una la técnica, como hubiera querido, ni el discurso ante los que conocen los hechos tiene la credibilidad en la multitud de ejemplos, sino que para tales cosas basta también la breve declaración.
16
Hablaré también de manera resumida sobre esta idea que tengo y en qué creo que Iseo difiere de Lisias. Quien lee las narraciones de Lisias no supondría que se dice nada por técnica o malicia, sino como la naturaleza y la verdad llevan, ignorando esto mismo de la técnica, que imitar la naturaleza era su mayor obra. En las narraciones de Iseo, en cambio, uno sufriría lo contrario, no suponer que nada se dice de manera natural y sin artificio, ni si algo se ha dicho como sucedió al azar, sino que todo es por construcción y maquinado para el engaño o alguna otra malicia. Y a aquel, incluso diciendo cosas falsas, uno le creería, mientras que a este, aunque diga la verdad, uno le prestará atención sin sospecha. En las demostrativas, Iseo parecería diferir de Lisias en no decir nada según entimema sino según argumento, y en no hacerlo brevemente sino extensamente, y no simplemente sino precisamente, aumentando más y haciendo los hechos más terribles y haciendo las pasiones más nobles. Pues en esto no es menos evidente que ha dado las bases a la técnica de Demóstenes, pero no persiguiendo la sencillez de Lisias, como es posible inferir de muchos discursos, o mejor dicho, de todos los escritos por él. Y si hay que utilizar también ejemplos, para que no parezca que decimos cosas sin demostración, haré también esto, habiendo elegido el discurso a favor de Eufileto, en el que alguien de los excluidos desafía al demo de los Erquieos al tribunal como si fuera expulsado injustamente de la ciudadanía. Pues fue escrita por los atenienses una ley para que se hiciera un examen de los ciudadanos por demos, y que el excluido por los del demo no participe de la ciudadanía, y que para los excluidos injustamente haya apelación al tribunal, habiendo desafiado a los del demo, y si por segunda vez son refutados, que sean vendidos y los bienes sean públicos. Según esta ley, Eufileto, habiendo desafiado a los Erquieos como si hubieran votado injustamente contra él, dispone este juicio. Los hechos han sido dichos con precisión y han sido probados a través de los testigos, y lo que quiere hacer firme con las pruebas es esto, como yo tengo la opinión, todo ejecutado con precisión. Juzgue quien quiera si he conocido lo que corresponde sobre ellos:
17
Que este Eufileto es nuestro hermano, señores jueces, no solo lo habéis oído testificar por nosotros, sino también por todos nuestros parientes. Considerad primero a nuestro padre:¿ por qué motivo habría de mentir y adoptar como hijo suyo a alguien que no lo es? Pues encontraréis que todos los que hacen tales cosas, o bien no tienen hijos legítimos, o bien, obligados por la pobreza, adoptan a extranjeros para obtener algún beneficio de ellos una vez que se han convertido en atenienses. Sin embargo, al padre de estos no le ocurre ninguna de las dos cosas. Pues nosotros somos dos hijos legítimos suyos; de modo que no lo habría adoptado por falta de descendencia. Pero tampoco por necesidad de sustento y bienestar provenientes de él, pues tiene medios suficientes, y además de esto, se os ha testificado que lo ha criado y educado desde niño y lo ha introducido en las fratrías; y estos no son gastos pequeños. Por tanto, no es razonable, señores jueces, que nuestro padre, sin obtener beneficio alguno, se haya embarcado en un asunto tan injusto. Pero tampoco nadie en su sano juicio podría suponer que yo sea tan completamente insensato como para testificar falsamente a favor de este, con el fin de repartir el patrimonio paterno entre más personas. Pues ni siquiera tendría la posibilidad de disputar más tarde que este no es mi hermano. Porque ninguno de vosotros soportaría escuchar mi voz si ahora, poniéndome a mí mismo bajo proceso, testifico que es nuestro hermano, y más tarde apareciera contradiciendo a estos. Por tanto, no solo es razonable que nosotros hayamos testificado la verdad, señores jueces, sino también los demás parientes. Pues considerad primero que quienes tienen a nuestras hermanas nunca habrían testificado falsamente sobre este. Pues la madre de este había sido madrastra de nuestras hermanas. Y las madrastras y las hijastras suelen, por lo general, estar en conflicto. De modo que si este fuera hijo de otro hombre y no de nuestro padre, las hermanas, señores jueces, nunca habrían permitido que sus propios maridos testificaran. Y, además, ni siquiera nuestro tío materno, que no tiene ninguna relación con la madre de este, habría querido, señores jueces, testificar una falsa declaración, por la cual nos resulta un perjuicio evidente si adoptamos como hermano nuestro a alguien que es extranjero. Además, señores jueces, ante esto,¿ cómo podría alguno de vosotros condenar por falso testimonio a Demarato, a Hegemón y a Nicóstrato? Quienes, en primer lugar, nunca aparecerán habiendo practicado nada vergonzoso, y luego, siendo parientes nuestros y conociéndonos a todos, han testificado cada uno la consanguinidad de este Eufileto. De modo que escucharía con gusto al más distinguido de nuestros adversarios si pudiera demostrar de algún otro modo que él mismo es ateniense, más que por los medios por los que nosotros demostramos a Eufileto. Pues yo no creo que él pudiera decir otra cosa sino que su madre es ciudadana y esposa legítima, y su padre ciudadano; y que, para decir que esto es verdad, presentaría a sus parientes como testigos. Entonces, señores jueces, si estos estuvieran en peligro, exigirían que creyerais a sus propios allegados que testifican más que a los acusadores.¿ Pero ahora, cuando nosotros presentamos todo esto, pretenderán que creáis más a sus palabras que al padre de Eufileto, a mí, a mi hermano, a los frateres y a toda nuestra parentela? Y, sin embargo, ellos no hacen esto por enemistad privada, sin arriesgar nada ante nadie, mientras que nosotros testificamos poniéndonos a nosotros mismos bajo proceso. Y además de los testimonios, señores jueces, en primer lugar, la madre de Eufileto, a quien ellos admiten que es ciudadana, quiso prestar juramento ante el árbitro en el Delfinio, de que este Eufileto es hijo suyo y de nuestro padre. Y, sin embargo,¿ a quién le correspondía mejor que a ella misma saber esto? Después, señores jueces, nuestro padre, a quien es razonable considerar que, después de la madre de este, conoce mejor que nadie a su propio hijo, quiere, tanto entonces como ahora, prestar juramento de que este Eufileto es hijo suyo, nacido de una mujer ciudadana y legítima. Además de esto, señores jueces, yo, que tenía trece años, como dije antes, cuando este nació, estoy dispuesto a prestar juramento de que este Eufileto es mi hermano por parte de padre. Por tanto, señores jueces, con justicia consideraríais nuestros juramentos más dignos de crédito que las palabras de estos. Pues nosotros estamos dispuestos a jurar sobre él con conocimiento exacto, mientras que ellos dicen esto habiéndolo oído de los enemigos de este o inventándolo ellos mismos. Además de esto, señores jueces, nosotros presentamos a los parientes como testigos tanto ante los árbitros como ante vosotros, a quienes no es justo desconfiar, mientras que ellos, desde que Eufileto presentó la demanda anterior contra la comunidad de los demos y contra el entonces demarco, que ya ha fallecido, durante los dos años que el árbitro tuvo el caso, no pudieron encontrar ningún testimonio de que este sea hijo de otro padre que no sea el nuestro. Para los árbitros, estas fueron las mayores señales de que ellos mentían, y fallaron en su contra. Tomadme el testimonio del arbitraje anterior.— Testimonio.— Que también entonces perdieron el arbitraje, lo habéis oído. Pero exijo, señores jueces, que, así como ellos habrían dicho que esto era una gran señal de que no es hijo de Hegesipo si los árbitros hubieran fallado a su favor, así ahora sea para nosotros un testimonio de que decimos la verdad, puesto que ellos mismos parecieron cometer una injusticia contra este, siendo ateniense y habiendo sido inscrito legítimamente primero, para luego borrarlo. Que este Eufileto es nuestro hermano y ciudadano vuestro, y que fue injuriado injustamente por los que se confabularon en el demo, creo, señores jueces, que lo habéis oído suficientemente.
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Este es el carácter de los discursos de Iseo y estas son las diferencias respecto al estilo de Lisias. Nada impide, resumiendo en una exposición mínima, decir lo más evidente: que me parece que Lisias persigue la verdad más que el arte, y que uno apunta a lo elegante, mientras que el otro a lo vigoroso. Si alguien despreciara esto como algo pequeño y trivial, ya no podría ser un juez competente de ellos. Pues las semejanzas confundirán su juicio, de modo que no podrá distinguir el carácter propio de cada uno. Y sobre estas opiniones mías, ya ha quedado expuesto.
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Deseo ahora dar cuenta también de los otros oradores, para que nadie piense que por ignorancia los omito, siendo como son ilustres y dignos de no poco renombre, o que por huir del esfuerzo elijo lo más fácil de las tareas al dejar de lado el examen sobre ellos. Pues yo ni ignoraba a quienes todos conocen, ni habría dudado en escribir sobre ellos si el escrito fuera a aportar algo útil. Pero considerando que en la construcción poética y en lo que se llama elevado y pomposo nadie fue mejor que Isócrates, omití voluntariamente a quienes sabía que tenían menos éxito en estos estilos: viendo a Gorgias de Leontinos salirse de la medida y volverse a menudo pueril, a Alcidamante, su discípulo, siendo más tosco en la expresión y más vacío, a Teodoro de Bizancio siendo algo arcaico y sin ser preciso en las técnicas ni haber dado una muestra suficiente en los discursos de competición, y a Anaxímenes de Lámpsaco queriendo ser una especie de cuadrado en todos los estilos de discurso( pues ha escrito historia, ha dejado tratados sobre el poeta, ha publicado técnicas y ha abordado también certámenes deliberativos y judiciales), sin embargo, observando que no era perfecto en ninguno de estos estilos, sino débil y poco convincente en todos. No creí necesario, siendo Isócrates superior a todos ellos en todo, hacer discurso alguno sobre aquellos, ni tampoco sobre ninguno de los que convivieron con Isócrates y imitaron el carácter de su elocuencia, me refiero a Teodectes, Teopompo, Naúcrates, Éforo, Filisco, Cefisodoro y otros muchos. Pues tampoco ellos son adecuados para ser comparados con la capacidad de Isócrates. Habiendo considerado a aquel hombre como el más distinguido de los que se adornan con este estilo, ya no
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consideré digno de hablar extensamente sobre los demás y gastar el tiempo en algo innecesario. Pero de los que eligen los discursos precisos y practican la retórica para la competición, de los cuales fueron Antifonte de Ramnunte, Trasímaco de Calcedonia, Polícrates de Atenas, Critias, quien gobernó a los Treinta, Zoilo, quien dejó los tratados contra Homero, y otros tales, no considerando que ninguno haya sido más preciso ni más elegante que Lisias; Antifonte, ciertamente, tiene solo lo austero y arcaico, pero no es un competidor de discursos ni deliberativos ni judiciales; Polícrates es vacío en los asuntos reales, frío y vulgar en los demostrativos, y desagradable en los que requieren elegancia; Trasímaco es puro, sutil y hábil para encontrar y decir con redondez y exceso lo que quiere, pero está todo él en los tratados técnicos y demostrativos, y no ha dejado discursos judiciales ni deliberativos; y lo mismo podría decirse de Critias y de Zoilo, salvo en cuanto difieren entre sí por los caracteres de su elocuencia. De estos hombres, digo, y de los semejantes a ellos, creyendo que Lisias difiere y que, como un arquetipo, los supera al transcribirlos, hice de aquel hombre el canon de esta elección de discursos. Y si alguien me preguntara por qué añadí al tercero, Iseo, siendo un seguidor de Lisias, le daría esta razón: que me parece que este hombre proporcionó las semillas y los principios de la fuerza de Demóstenes, que no hay nadie que no considere que ha sido la más perfecta de todas. Por estas razones, pues, tomé solo a estos hombres. Si hubiera considerado escribir sobre todos, el discurso se me habría desbordado hacia vaciedades y, además de no tener nada o poco de útil, se habría alargado en una escritura interminable y desproporcionada. Y sobre esto, basta. Haré otro comienzo del discurso hablando sobre Demóstenes, Hipérides y, tercero, Esquines. Pues la retórica más perfecta y el poder de los discursos de competición parece estar en estos hombres.