Jewish Antiquities
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Original / primary: Spanish Gemini
1.arg
Prólogo sobre toda la obra. a. La constitución del mundo y la disposición de los elementos. b. Sobre el linaje de Adán y las diez generaciones desde él hasta el diluvio. c. Cómo ocurrió el diluvio y de qué manera Noé, salvado en un arca junto con sus parientes, habitó en la llanura de Sinar. d. Cómo la torre, que sus hijos construyeron por insolencia contra Dios, y cómo cambió sus lenguas, y el lugar donde esto sucedió fue llamado Babilonia. e. Cómo los descendientes de Noé poblaron toda la tierra habitada. f. Que cada una de las naciones fue nombrada a partir de quienes las fundaron. g. Cómo Abram, nuestro antepasado, habiendo salido de la tierra de los caldeos, tomó posesión de lo que entonces se llamaba Canaán y ahora Judea. h. Que, habiendo sobrevenido una hambruna en Canaán, partió hacia Egipto y, tras pasar allí algún tiempo, regresó. i. La derrota de los sodomitas cuando los asirios hicieron campaña contra ellos. j. Cómo Abram, habiendo hecho campaña contra los asirios, venció, salvó a los cautivos de los sodomitas y recuperó el botín que habían tomado. k. Cómo Dios destruyó a la nación de los sodomitas, irritado por los pecados que cometían. l. Sobre Ismael, hijo de Abram, y sus descendientes, los árabes. m. Sobre Isaac, quien era el hijo legítimo de Abram. n. Sobre Sara, la esposa de Abram, y cómo terminó su vida. o. Cómo de Cetura, casada con Abram, nació la nación de los árabes trogloditas. p. Sobre la muerte de Abram. q. Sobre el nacimiento y crianza de los hijos de Isaac, Esaú y Jacob. r. La huida de Jacob a Mesopotamia por miedo a su hermano, y cómo, habiendo casado allí y engendrado doce hijos, regresó de nuevo a Canaán. s. Cómo Isaac, al morir, fue enterrado en Hebrón. El libro contiene un periodo de años según Josefo, 3008; según los hebreos, 2802; según Eusebio, 3559.
1.1
Para aquellos que desean escribir historias, no veo que exista una sola y misma causa de su empeño, sino muchas y muy diferentes entre sí.
1.2
Pues algunos, haciendo alarde de su destreza en el lenguaje y buscando la gloria que de ella se deriva, se lanzan a esta parte de la educación, mientras que otros, por gratitud hacia aquellos sobre quienes ha resultado ser la crónica, han soportado el esfuerzo que conlleva, incluso por encima de sus fuerzas.
1.3
Hay quienes fueron forzados por la propia necesidad de los hechos a los que asistieron, a incluirlos en una crónica que los diera a conocer; y a muchos, la magnitud de los asuntos útiles que permanecían en la ignorancia los impulsó a publicar la historia sobre ellos para beneficio común.
1.4
De estas causas mencionadas, las dos últimas me han ocurrido a mí; pues, habiendo aprendido por experiencia la guerra que tuvo lugar entre nosotros, los judíos, y los romanos, así como las acciones en ella y el desenlace tal como resultó, me vi obligado a relatarla debido a aquellos que, al escribir, corrompen la verdad,
1.5
y me he encargado de esta presente obra, pensando que parecerá digna de estudio para todos los griegos; pues ha de contener toda nuestra arqueología y la disposición de nuestra constitución política, traducida de los escritos hebreos.
1.6
Ya desde antes, cuando escribía la guerra, tuve la intención de aclarar quiénes eran los judíos desde el principio, qué fortunas experimentaron, bajo qué legislador fueron educados en lo referente a la piedad y al resto del ejercicio de la virtud, y cuántas guerras libraron durante largos periodos antes de verse forzados, al final, a enfrentarse a los romanos.
1.7
Pero dado que la extensión de este discurso era mayor, separé la escritura según sus propios principios y su desenlace, y la medí en consecuencia; con el paso del tiempo, lo que suele suceder a quienes se proponen emprender grandes tareas, sentí vacilación y demora en trasladar un tema tan importante a una costumbre de lenguaje ajena y extraña para nosotros.
1.8
Pero hubo algunos que, por deseo de la historia, me impulsaron a ella, y sobre todo Epafrodito, un hombre que ha amado toda forma de educación y que se deleita especialmente con la experiencia de los asuntos, ya que él mismo ha tratado con grandes asuntos y fortunas polifacéticas, y en todo ha demostrado una admirable fuerza de carácter y una inquebrantable determinación por la virtud.
1.9
Obedeciendo a este, como alguien que siempre se complace en quienes son capaces de hacer algo útil o noble, y avergonzándome de mí mismo si pareciera que me muevo más por pereza que por el esfuerzo de deleitarme en las cosas más bellas, me sentí más animado, considerando además, junto a lo dicho, no de manera superficial, si deseaba compartir tales cosas sobre nuestros antepasados, y si algunos de los griegos se esforzaban por conocer lo nuestro.
1.10
Encontré, pues, que Ptolomeo II, un rey que se esforzó especialmente en la educación y en la recolección de libros, se sintió excepcionalmente ambicioso por traducir a la lengua griega nuestra ley y la disposición de nuestra constitución política según ella,
1.11
y Eleazar, nuestro sumo sacerdote, en nada inferior en virtud a nadie, no envidió al mencionado rey disfrutar de este beneficio, habiéndose opuesto totalmente si no fuera nuestra costumbre ancestral no tener nada de lo bello como secreto.
1.12
Y consideré que me correspondía imitar la magnanimidad del sumo sacerdote, y suponer que también ahora hay muchos reyes igualmente deseosos de aprender; pues aquel no llegó a obtener toda la crónica, sino que los enviados a Alejandría para la interpretación solo entregaron lo referente a la ley;
1.13
y son innumerables las cosas que se revelan a través de las sagradas escrituras, ya que en ellas está contenida la historia de cinco mil años, y hay todo tipo de peripecias increíbles, muchas fortunas de guerras, hazañas de generales y cambios de regímenes políticos.
1.14
En conjunto, uno podría aprender sobre todo de esta historia, si deseara recorrerla, que a quienes siguen el juicio de Dios y no se atreven a transgredir lo que ha sido bien legislado, todo les sale bien más allá de toda creencia y se les ofrece la felicidad como recompensa por parte de Dios; en la medida en que se aparten de su cuidadosa observancia, lo que es fácil se vuelve difícil, y todo lo que se esfuercen por hacer como bueno se convierte en desgracias irreparables,
1.15
ya ahora exhorto a quienes se encontrarán con estos libros a dirigir su mente hacia Dios y a examinar a nuestro legislador, si comprendió la naturaleza dignamente de Él y si siempre ha atribuido las acciones de manera apropiada a su poder, manteniendo el discurso sobre Él puro de toda la mitología indecorosa que hay entre otros;
1.16
aunque, en cuanto a la longitud del tiempo y la antigüedad, tenía mucha libertad para invenciones falsas; pues ocurrió hace dos mil años, una cantidad de tiempo durante la cual ni siquiera los poetas se atrevieron a referir los nacimientos de los dioses, y mucho menos las acciones de los hombres o las leyes.
1.17
Lo preciso de lo que está en las crónicas lo indicará el discurso a medida que avance, según su propio orden; pues prometí hacer esto a través de esta obra, sin añadir nada ni tampoco omitir nada.
1.18
Dado que casi todo depende de la sabiduría del legislador Moisés, es necesario que diga brevemente algo sobre él, para que algunos de los lectores no se pregunten de dónde nuestro discurso, que tiene la crónica sobre leyes y acciones, ha participado tanto de la fisiología.
1.19
Hay que saber, pues, que él consideró lo más necesario para quien pretende administrar bien su propia vida y legislar para otros, comprender primero la naturaleza de Dios y, habiéndose convertido en espectador de sus obras con la mente, imitar así el mejor modelo de todos en la medida de lo posible e intentar seguirlo.
1.20
Pues ni para él, el legislador, podría haber surgido una mente buena si se hubiera apartado de esta visión, ni nada de lo que se escribiera resultaría en beneficio de la virtud para quienes lo recibieran, si no fueran enseñados antes que cualquier otra cosa que Dios, siendo padre y señor de todo y observando todo, da una vida feliz a quienes lo siguen, y a quienes se apartan de la virtud los envuelve en grandes desgracias.
1.21
Moisés, deseando enseñar esta lección a sus ciudadanos, no comenzó la imposición de las leyes a partir de contratos y derechos mutuos, como los demás, sino que, elevando sus mentes hacia Dios y la construcción del mundo, y convenciéndolos de que nosotros, los hombres, somos la más bella de las obras de Dios en la tierra, una vez que los tuvo obedientes a la piedad, fácilmente los convencía ya sobre todo lo demás.
1.22
Pues los otros legisladores, siguiendo los mitos, trasladaron la vergüenza de los errores humanos a los dioses mediante el discurso y dieron mucha justificación a los malvados;
1.23
pero nuestro legislador, habiendo declarado que Dios posee la virtud pura, pensó que los hombres debían intentar participar de ella y castigó implacablemente a quienes no pensaban así ni creían.
1.24
Exhorto, pues, a los lectores a realizar el examen sobre esta premisa; pues, al observarlo así, parecerá que nada es irracional para ellos ni inapropiado para la grandeza y la filantropía de Dios; pues todo tiene una disposición conforme a la naturaleza del todo, aludiendo el legislador hábilmente a unas cosas, alegorizando otras con solemnidad, y manifestando explícitamente aquellas que convenía decir directamente.
1.25
Sin embargo, para quienes deseen examinar también las causas de cada cosa, la teoría podría ser mucha y muy filosófica, la cual yo ahora omito, pero, si Dios nos da tiempo, intentaré escribirla después de esta obra.
1.26
Me volveré ya a la narración de los hechos, mencionando primero lo que dijo Moisés sobre la construcción del mundo; esto lo encontré registrado en los libros sagrados. Es así:
1.27
En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Como esta no estaba a la vista, sino oculta por una profunda oscuridad, y un espíritu sobrevolaba desde arriba, Dios ordenó que surgiera la luz.
1.28
Y habiendo sucedido esto, al observar toda la materia, separó la luz y la oscuridad, y a una le puso por nombre noche, y a la otra la llamó día, llamando al atardecer y al amanecer el principio de la luz y el descanso.
1.29
Y este sería el primer día, pero Moisés lo llamó uno; soy capaz de dar la causa incluso ahora, pero dado que he prometido entregar la etiología de todo por separado, pospongo la interpretación sobre ello para entonces.
1.30
Después de esto, en el segundo de los días, coloca el cielo sobre el todo, cuando, habiéndolo distinguido de los demás, consideró digno que estuviera por sí mismo, habiendo fijado cristal alrededor de él y habiéndolo hecho húmedo y lluvioso para el beneficio de los rocíos, adaptado adecuadamente a la tierra.
1.31
En el tercero establece la tierra, habiendo vertido el mar a su alrededor; y en este mismo día, inmediatamente, plantas y semillas brotaron de la tierra. En el cuarto adorna el cielo con el sol, la luna y los demás astros, ordenándoles movimientos y cursos, mediante los cuales se señalarían las revoluciones de las estaciones.
1.32
En el quinto día, hizo surgir seres vivos nadadores y voladores, unos en las profundidades y otros a través del aire, uniéndolos en comunión y mezcla por causa de la generación y para que su naturaleza aumentara y se multiplicara. En el sexto día crea el género de los cuadrúpedos, habiendo hecho macho y hembra; y en este también formó al hombre.
1.33
Y Moisés dice que el mundo y todo lo que hay en él fue hecho en seis días en total, y que en el séptimo descansó y tomó un cese de las obras, de donde también nosotros celebramos el descanso de los trabajos en este día, llamándolo sábado; el nombre significa descanso en la lengua de los hebreos.
1.34
Y, en efecto, Moisés comenzó a filosofar después del séptimo día sobre la construcción del hombre diciendo así: Dios formó al hombre tomando polvo de la tierra, y puso en él espíritu y alma. Este hombre fue llamado Adán; esto significa, según la lengua de los hebreos, rojizo, puesto que había sido formado de la tierra roja amasada; pues tal es la tierra virgen y verdadera.
1.35
Dios presenta a Adán los animales por géneros, habiendo mostrado hembra y macho, y este les pone nombres, con los cuales son llamados aún ahora. Viendo a Adán sin comunión con la hembra y sin convivencia, pues no la había, y extrañado ante los otros animales que sí la tenían, habiendo extraído una costilla mientras dormía, formó de ella a una mujer.
1.36
Y Adán, al ser presentada, la reconoció como nacida de sí mismo. Mujer se llama en la lengua de los hebreos' essa', y el nombre de aquella mujer era Eva; esto significa madre de todos.
1.37
Dice que Dios plantó también un paraíso hacia el oriente, floreciente con toda clase de plantas; y que en estos estaban el árbol de la vida y otro el de la prudencia, por el cual se distinguía qué sería lo bueno y qué lo malo.
1.38
Habiendo introducido en este jardín tanto a Adán como a la mujer, les ordenó cuidar de las plantas. Este jardín es regado por un río que fluye alrededor de toda la tierra en círculo, el cual se divide en cuatro partes. Y el Pisón, el nombre significa multitud, dirigiéndose hacia la India, desemboca en el mar, llamado Ganges por los griegos,
1.39
el Éufrates y el Tigris van hacia el mar Eritreo; el Éufrates es llamado Foras, que significa dispersión o flor, y el Tigris Diglat, de donde se expresa lo agudo con estrechez; el Guijón, fluyendo a través de Egipto, indica el que nos es dado desde el lado opuesto, al cual los griegos llaman Nilo.
1.40
Dios, pues, ordenaba a Adán y a la mujer probar de las otras plantas, pero abstenerse de la de la prudencia, advirtiendo de antemano que si la tocaban, les sobrevendría la destrucción.
1.41
Como en aquel tiempo todos los animales hablaban la misma lengua, una serpiente que convivía con Adán y la mujer sentía envidia por lo que pensaba que ellos disfrutarían al haber sido persuadidos por los mandatos de Dios,
1.42
y pensando que caerían en desgracia si desobedecían, persuade maliciosamente a la mujer a probar del árbol de la prudencia, diciendo que en él estaba el discernimiento de lo bueno y de lo malo, y que, una vez obtenido, vivirían una vida dichosa y que no carecería de nada de lo divino.
1.43
Y así engaña a la mujer para que desprecie el mandato de Dios; habiendo probado del árbol y deleitándose con el alimento, persuadió también a Adán a usarlo.
1.44
Y se dieron cuenta de que ya estaban desnudos y, teniendo la vergüenza al descubierto, idearon una cobertura para sí mismos; pues el árbol poseía agudeza y discernimiento. Se cubrieron, pues, con hojas de higuera y, al ponerse esto ante la vergüenza, parecían ser más felices al haber encontrado lo que antes les faltaba.
1.45
Cuando Dios llegó al jardín, Adán, que antes acudía a conversar con Él, consciente de su injusticia, se retiraba, y a Dios le extrañaba lo que sucedía y preguntaba la causa por la cual, habiéndose deleitado antes con la conversación con Él, ahora la evitaba y se apartaba.
1.46
Como no decía nada por ser consciente de haber transgredido el mandato de Dios,' pero a mí', dijo Dios,' me era conocido sobre vosotros, cómo viviríais una vida feliz y libre de todo mal, sin que nada desgarrara vuestra alma con preocupación, y todo lo que contribuye al disfrute y al placer surgiría para vosotros automáticamente según mi providencia, sin vuestro esfuerzo y fatiga, y estando presentes estas cosas, la vejez no llegaría pronto y vuestra vida sería larga'.
1.47
' Pero ahora has ultrajado este juicio mío al desobedecer mis mandatos; pues no guardas silencio por virtud, sino por una conciencia malvada'.
1.48
Adán se exculpaba del pecado y suplicaba a Dios que no se irritara con él, culpando a la mujer de lo sucedido y diciendo que había pecado engañado por ella, y ella a su vez acusaba a la serpiente.
1.49
Dios sometió a castigo a aquel que se había mostrado inferior al consejo de una mujer, diciendo que la tierra ya no les daría nada automáticamente, sino que, trabajando y desgastándose en las labores, les proporcionaría algunas cosas, pero de otras no los consideraría dignos. A Eva la castigó con partos y dolores de parto, porque, habiendo engañado a Adán con aquello con lo que la serpiente la había engañado a ella, lo envolvió en desgracias.
1.50
Quitó también la voz a la serpiente, irritado por la malicia hacia Adán, y puso veneno bajo su lengua, declarándola enemiga de los hombres y sugiriendo llevar los golpes contra la cabeza, como si en ella residiera el mal contra los hombres y la muerte fuera más fácil para quienes se defendieran, y habiéndola privado de pies, la hizo arrastrarse retorciéndose sobre la tierra.
1.51
Y Dios, habiéndoles ordenado sufrir esto, traslada a Adán y a Eva del jardín a otro lugar.
1.52
Tienen dos hijos varones; el primero de ellos era llamado Caín, nombre que, traducido, significa adquisición, y el segundo Abel, que no significa nada;
1.53
tienen también hijas. Los hermanos se deleitaban con ocupaciones diferentes; pues Abel, el menor, se ocupaba de la justicia y, pensando que Dios estaba presente en todo lo que hacía, se preocupaba por la virtud, y su vida era pastoril; Caín era el más malvado en todo y, mirando solo hacia el lucro, fue el primero en idear arar la tierra, y mata al hermano por tal causa:
1.54
habiendo decidido sacrificar a Dios, Caín trajo los frutos de la agricultura y las plantas, y Abel leche y los primogénitos de los rebaños. Dios se deleita más con este sacrificio, siendo honrado con lo que ha surgido automáticamente y según la naturaleza, y no con lo que ha surgido por la invención de un hombre codicioso mediante la fuerza.
1.55
De ahí que Caín, irritado por haber sido preferido Abel por Dios, mata al hermano y, habiendo hecho desaparecer el cadáver, supuso que no sería descubierto. Dios, comprendiendo el hecho, vino hacia Caín preguntando por el hermano, dónde estaría; pues durante muchos días no lo había visto, cuando todo el tiempo anterior lo veía siempre junto a él.
1.56
Caín, apurado y sin tener qué decir a Dios, decía también él al principio estar desconcertado por no ver al hermano, pero, irritado por la insistencia y curiosidad de Dios, decía que no era su pedagogo ni guardián, ni de lo que él hacía.
1.57
Dios, a partir de ahí, ya reprendía a Caín por haberse convertido en asesino del hermano y,' me asombra', dice,' que no sepas decir sobre un hombre qué ha sucedido, al cual tú mismo has destruido'.
1.58
Lo eximió del castigo por el asesinato, habiendo realizado un sacrificio y suplicado a través de él no recibir una ira más severa, pero lo puso bajo maldición y amenazó con castigar a sus descendientes en la séptima generación, y lo expulsa de aquella tierra junto con su mujer.
1.59
Como temía que, vagando, se encontrara con fieras y muriera de esa manera, le ordenó no sospechar nada sombrío por tal causa, sino que, para que no le sucediera nada terrible por parte de las fieras, caminara sin miedo por toda la tierra; y habiéndole puesto una señal, por la cual sería reconocible, le ordenó partir.
1.60
Habiendo recorrido mucha tierra, Caín se establece con su mujer en un lugar llamado Naid y allí hace su residencia, donde también tuvo hijos; no recibió el castigo para corrección, sino para aumento de la maldad, proporcionando todo placer a su cuerpo, incluso si fuera necesario tenerlo con insolencia hacia quienes lo acompañaban;
1.61
aumentando la casa con multitud de bienes mediante el robo y la violencia, incitando a quienes encontraba al placer y al pillaje, era maestro para ellos de ocupaciones malvadas, y la sencillez con la que vivían antes los hombres, la cambió mediante la invención de medidas y pesos, habiendo llevado a la astucia la vida que era íntegra para ellos por su ignorancia y magnanimidad,
1.62
y fue el primero en establecer límites de tierra y construyó una ciudad y la fortificó con murallas, obligando a los suyos a reunirse en un mismo lugar. Y llamó a esta ciudad Enoc, por Enoc, su hijo primogénito.
1.63
Hijo de Enoc era Irad, de este nació Mehujael, de quien nace el hijo Matusalén, y de este Lamec, quien tuvo setenta y siete hijos nacidos de dos mujeres, Sela y Ada.
1.64
De estos, Jabal, nacido de Ada, levantó tiendas y amó la ganadería, Jubal, que era su hermano de madre, practicó la música e inventó salterios y cítaras, y Tubal, de los nacidos de la otra, superando a todos en fuerza, se dedicó brillantemente a las artes de la guerra y, a partir de estas, proporcionando también lo necesario para el placer del cuerpo, fue el primero en inventar la metalurgia.
1.65
Lamec tuvo una hija llamada Noema, y como conocía claramente las cosas divinas, veía que él mismo pagaría una justicia mayor por el fratricidio de Caín, y esto lo hizo manifiesto a sus mujeres.
1.66
Aún viviendo Adán, sucedió que los descendientes de Caín se volvieron muy malvados por sucesión e imitación, terminando uno peor que el otro; pues eran desenfrenados hacia las guerras y se habían lanzado al pillaje, y si alguien era perezoso para asesinar, insultaba con otra locura de audacia y codicia.
1.67
Adán, el primero nacido de la tierra, pues la narración exige el discurso sobre él, habiendo sido asesinado Abel y habiendo huido Caín por el asesinato de aquel, se preocupaba por la procreación, y un terrible deseo de generación lo poseía, habiendo cumplido ya doscientos treinta años de vida, y tras vivir otros setecientos, muere.
1.68
Tiene, pues, otros hijos más y a Set; pero sobre los demás sería largo hablar, e intentaré recorrer solo lo de los descendientes de Set; pues este, habiendo sido criado y habiendo llegado a una edad capaz de juzgar lo bello, y habiéndose convertido él mismo en excelente, dejó a sus descendientes como imitadores de lo mismo.
1.69
Todos ellos, habiendo nacido buenos, habitaron la misma tierra sin sediciones, siendo felices sin que les sobreviniera nada difícil hasta la muerte, e inventaron la sabiduría sobre las cosas celestiales y la disposición de estas.
1.70
Para que los descubrimientos no escaparan a los hombres ni se perdieran antes de llegar al conocimiento, habiendo predicho Adán que habría una destrucción del todo, una por la fuerza del fuego y la otra por la violencia y multitud de agua, habiendo hecho dos columnas, una de ladrillo y la otra de piedra, inscribieron en ambas los descubrimientos,
1.71
para que, incluso si la de ladrillo desapareciera por la lluvia, la de piedra, al permanecer, proporcionara a los hombres aprender lo inscrito, indicando también que una de ladrillo había sido erigida por ellos. Permanece hasta hoy en la tierra de Siríada.
1.72
Y estos permanecieron siete generaciones considerando a Dios como señor del todo y mirando todo hacia la virtud, luego, con el paso del tiempo, se transforman hacia lo peor, apartándose de las costumbres patrias, sin rendir ya los honores acostumbrados a Dios ni tener en cuenta la justicia hacia los hombres, sino mostrando entonces, a través de lo que hacían, el celo por la virtud que tenían antes, duplicado en maldad; de ahí que se enemistaron con Dios.
1.73
Pues muchos ángeles de Dios, uniéndose a mujeres, engendraron hijos insolentes y despreciadores de todo lo bello por la confianza en su fuerza; se transmite que estos hicieron cosas similares a las que los griegos dicen que fueron osadas por los gigantes.
1.74
Noé, disgustado por lo que hacían y sintiéndose incómodo con sus planes, los persuadía a cambiar su mente y sus acciones hacia lo mejor, pero al ver que no cedían, sino que estaban fuertemente dominados por el placer de los males, temiendo que lo asesinaran junto con su mujer, hijos y las mujeres de estos, se retiró de la tierra.
1.75
Dios amó a este por su justicia, pero condenaba no solo la maldad de aquellos, sino que decidió destruir todo lo que era humano entonces y hacer otro género puro de maldad, acortando su vida y haciendo que no vivieran tantos años como antes, sino ciento veinte, y transformó el continente en mar.
1.76
Y así desaparecen todos, pero Noé se salva solo, habiéndole sugerido Dios tal mecanismo y medio para su salvación:
1.77
habiendo construido un arca de cuatro pisos de trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de profundidad, subió a ella junto con la madre de sus hijos y las mujeres de estos, habiendo puesto dentro todo lo demás que iba a ayudarles para sus necesidades, y habiendo metido también animales de todo tipo para la preservación de su género, machos y hembras, y otros siete veces más en número.
1.78
El arca era resistente tanto en las paredes como en el techo, de modo que no fuera inundada por ninguna parte ni vencida por la fuerza del agua. Y Noé se salva así junto con los suyos.
1.79
Él mismo era el décimo desde Adán; pues es hijo de Lamec, cuyo padre era Matusalén, este era de Enoc, hijo de Jared, de Mahalaleel había nacido Jared, quien es engendrado de Cainán, hijo de Enós junto con otras hermanas, y Enós era hijo de Set, hijo de Adán;
1.80
este suceso ocurrió en el año seiscientos ya del gobierno de Noé, en el segundo mes, llamado Dio por los macedonios y Marsuane por los hebreos; pues así habían dispuesto el año en Egipto.
1.81
Moisés determinó el Nisán, que es el Xántico, como primer mes para las fiestas, habiendo sacado a los hebreos de Egipto en este; este le servía también para todos los honores hacia lo divino, sin embargo, para las ventas, compras y la otra administración, mantuvo el primer orden; y dice que la lluvia comenzó el veintisiete del mes mencionado.
1.82
Este tiempo desde Adán, el primero nacido, era de dos mil doscientos sesenta y dos años. El tiempo está registrado en los libros sagrados, señalando con mucha precisión tanto los nacimientos de los hombres ilustres de entonces como las muertes.
1.83
A Adán, habiendo cumplido ya doscientos treinta años, le nace el hijo Set, quien vivió novecientos treinta años. Set engendró a Enós en el año doscientos cinco, quien, habiendo vivido novecientos cinco años, da el cuidado de los asuntos a su hijo Cainán, habiéndolo engendrado alrededor del año ciento noventa; este vivió novecientos doce años.
1.84
Cainán, habiendo vivido novecientos diez años, tuvo un hijo, Mahalaleel, nacido en el año ciento setenta. Este Mahalaleel, habiendo vivido ochocientos noventa y cinco años, murió dejando a Jared como hijo, a quien engendró habiendo cumplido ciento sesenta y cinco años.
1.85
A este, que vivió novecientos sesenta y nueve años, le sucede su hijo Enoc, nacido cuando su padre tenía ciento sesenta y dos años. Este, habiendo vivido trescientos sesenta y cinco años, se retiró hacia lo divino, de donde ni siquiera han registrado su muerte.
1.86
Matusalén, hijo de Enoc, nacido cuando él tenía ciento sesenta y cinco años, tuvo un hijo, Lamec, cuando tenía ciento ochenta y siete años, a quien entregó el gobierno, habiéndolo él mismo poseído durante novecientos sesenta y nueve años.
1.87
Lamec, habiendo gobernado setecientos setenta años, designa a su hijo Noé como encargado de los asuntos, quien nació cuando Lamec tenía ciento ochenta y ocho años, y gobernó los asuntos durante novecientos cincuenta años.
1.88
Estos años, sumados, completan el tiempo preescrito. Que nadie examine las muertes de los hombres, pues extendían la vida a sus hijos y a los descendientes de aquellos, sino que observe solo sus nacimientos.
1.89
Habiendo dado la señal Dios y comenzado a llover, el agua cayó durante cuarenta días enteros, de modo que superó la tierra en quince codos. Y esta fue la causa de que no se salvaran más, al no tener oportunidad de huida.
1.90
Habiendo cesado la lluvia, el agua comenzó apenas a bajar durante ciento cincuenta días, de modo que en el séptimo mes, estando en el día siete, comenzó a retroceder poco a poco, disminuyendo. Luego, habiéndose detenido el arca sobre una cumbre de una montaña en Armenia, Noé, comprendiéndolo, la abre y, habiendo visto poca tierra a su alrededor, habiendo cobrado ya una esperanza más favorable, se tranquilizó.
1.91
Pocos días después, al retroceder más el agua, soltó un cuervo, deseando saber si alguna otra parte de la tierra, ya libre del agua, era segura para desembarcar; pero este, al encontrarla todavía anegada, regresó a Noé. Siete días después, envió una paloma para conocer el estado de la tierra.
1.92
Al regresar esta con barro y trayendo además un brote de olivo, supo que la tierra estaba libre del diluvio. Tras esperar otros siete días, dejó salir a los animales del arca y, habiendo salido él mismo con su familia y sacrificado al dios, celebró un banquete con los suyos. Los armenios llaman a este lugar el lugar del desembarco, pues allí, habiéndose salvado el arca, muestran sus restos hasta el día de hoy.
1.93
De este diluvio y del arca hacen mención todos los que han escrito historias bárbaras, entre ellos Beroso el caldeo, quien, al narrar lo relativo al diluvio, se expresa más o menos así: se dice que todavía queda una parte del navío en Armenia, en el monte de los cordueos, y que algunos toman trozos de betún que extraen de él; la gente utiliza lo que se recoge para los ritos de purificación.
1.94
También hacen mención de esto Jerónimo el egipcio, quien escribió la arqueología fenicia, así como Mnaséas y otros muchos; también Nicolás de Damasco, en su libro nonagésimo sexto, relata sobre ellos diciendo lo siguiente:
1.95
Hay por encima de Miníade un gran monte en Armenia llamado Baris, en el cual, según cuenta la tradición, muchos se refugiaron durante el diluvio y se salvaron, y uno, transportado en un arca, encalló en la cima, conservándose durante mucho tiempo los restos de las maderas. Podría ser este el mismo que describió Moisés, el legislador de los judíos.
1.96
Noé, temiendo que Dios inundara la tierra cada año tras haber sentenciado la destrucción de los hombres, ofreció sacrificios y suplicó a Dios que en adelante mantuviera el orden original y no volviera a infligir tal calamidad, por la cual corría peligro de perecer todo el género de los seres vivos, sino que, habiendo castigado a los malvados, tuviera clemencia de los que, por su bondad, habían quedado y habían sido juzgados dignos de escapar al peligro;
1.97
pues serían más desdichados que aquellos y condenados a una maldad peor si, tras haber sido salvados por completo, fueran guardados para un segundo diluvio, habiendo aprendido el miedo y la historia del primero, pero la destrucción del segundo.
1.98
Le exhortaba, pues, a aceptar benignamente el sacrificio y a no lanzar sobre la tierra ninguna ira semejante, para que, dedicándose a las labores de esta y levantando ciudades, pudieran vivir dichosamente y no carecer de ninguno de los bienes de los que disfrutaban antes de la lluvia, hasta una larga vejez y una duración de vida similar a la de los que les precedieron.
1.99
Habiendo hecho Noé estas súplicas, Dios, amando al hombre por su justicia, accedió a llevar a término sus oraciones, diciendo que no había sido él quien destruyó a los que perecieron, sino que ellos mismos habían sufrido ese castigo por su propia maldad, y que, si hubiera decidido aniquilar a los hombres una vez creados, no los habría traído a la vida,
1.100
pues sería sensato no concederles el principio de la vida o destruirlos una vez dado; pero que, por aquello con lo que ultrajaban mi piedad y virtud, me forzaron a imponerles este castigo.
1.101
Cesaré en adelante de cobrar los castigos por las injusticias con tanta ira, y mucho más siendo tú quien me lo pide. Y si alguna vez volviera a haber tormentas, no temáis la magnitud de las lluvias; pues el agua no volverá a inundar la tierra.
1.102
Os exhorto, sin embargo, a absteneros de la matanza humana y a que los que castiguen a quienes hayan cometido tal acto se mantengan puros de homicidio, pero utilizad a todos los demás animales para lo que deseéis y tengáis apetencia. Pues os he hecho señores de todos, tanto de los terrestres como de los nadadores y de los que tienen el vuelo y movimiento en el aire, excepto de la sangre; pues en ella está el alma.
1.103
Os señalaré el fin de esto mediante mi arco, indicando el iris; pues se considera entre aquellos que es el arco de Dios. Y Dios, habiendo dicho esto y prometido, se retira.
1.104
Noé, habiendo vivido después de la lluvia trescientos cincuenta años y habiendo pasado todo este tiempo dichosamente, muere tras haber vivido un total de novecientos cincuenta años.
1.105
Que nadie, comparando la vida actual y la brevedad de los años que vivimos con la de los antiguos, considere falsas las historias sobre ellos, infiriendo que, puesto que nadie hoy prolonga tanto tiempo su vida, tampoco aquellos llegaron a esa longevidad.
1.106
Pues ellos, siendo amados por Dios y creados por el mismo Dios, y debido a que sus alimentos eran más adecuados para una vida más larga, vivían naturalmente tal cantidad de años; además, por su virtud y la utilidad de lo que inventaban, la astronomía y la geometría, Dios les concedió vivir más, cosas que no habrían podido predecir con seguridad si no hubieran vivido seiscientos años; pues a través de tantos se completa el gran año.
1.107
Dan testimonio de mi relato todos los que entre griegos y bárbaros han escrito las arqueologías; pues también Manetón, quien hizo la crónica de los egipcios, y Beroso, quien recopiló los asuntos caldeos, y Moco y Hestieo, y además de estos el egipcio Jerónimo, quienes escribieron los asuntos fenicios, concuerdan con lo que yo digo,
1.108
y Hesíodo, Hecateo, Helánico y Acusilao, y además de estos Éforo y Nicolás, relatan que los antiguos vivieron mil años. Sobre esto, que cada uno lo considere como le plazca.
1.109
Los hijos de Noé, siendo tres, Sem, Jafet y Cam, habiendo nacido cien años antes de la lluvia, fueron los primeros en descender de los montes a las llanuras y establecer en ellas su morada, y convencieron a los demás, que temían mucho las llanuras debido al diluvio y se mostraban reacios a descender de los lugares elevados, a que, cobrando ánimo, se convirtieran en sus imitadores.
1.110
Y la llanura en la que los establecieron por primera vez se llama Senaar; pero habiendo ordenado Dios que enviaran colonias debido a la superpoblación, para que no se sublevaran unos contra otros, sino que, cultivando mucha tierra, disfrutaran de la abundancia de los frutos, desobedecieron a Dios por ignorancia y, debido a esto, al caer en desgracias, se dieron cuenta de su pecado;
1.111
pues, como florecían por la multitud de jóvenes, Dios les aconsejó de nuevo que hicieran la colonia; pero ellos, no creyendo que los bienes procedían de su benevolencia, sino suponiendo que su propia fuerza era la causa de su prosperidad, no obedecían.
1.112
Añadían a la desobediencia de la voluntad de Dios la sospecha de que los incitaba a la colonia por maquinación, para que, divididos, fueran más fáciles de atacar.
1.113
Los incitaba tanto a la insolencia contra Dios como al desprecio Nabrodes, quien era nieto de Cam, hijo de Noé, audaz y valiente de manos; convencía, pues, a los hombres de que no atribuyeran a Dios el ser dichosos gracias a él, sino que consideraran que su propia virtud les proporcionaba esto,
1.114
y poco a poco convertía los asuntos en una tiranía, pensando que solo así apartaría a los hombres del miedo a Dios, si continuaban usando su propio poder, y amenazaba con vengarse de Dios si este quería inundar de nuevo la tierra; pues construiría una torre más alta de lo que el agua pudiera subir, y se vengaría también de la destrucción de sus antepasados.
1.115
La multitud estaba dispuesta a seguir los dogmas de Nabrodes, considerando una esclavitud el ceder ante Dios, y construían la torre sin escatimar esfuerzo ni mostrarse reacios al trabajo; y ganaba altura más rápido de lo que uno habría esperado debido a la multitud de manos.
1.116
Sin embargo, el grosor era tan fuerte que, a los ojos de quienes lo veían, disminuía su longitud. Se construía de ladrillo cocido unido con betún, para que no se filtrara. Viéndolos tan enloquecidos, Dios no decidió aniquilarlos por completo, porque ni siquiera habían sido escarmentados por los primeros que perecieron,
1.117
sino que los sumió en la discordia al hacerlos de lenguas diferentes y, por la multiplicidad de voces, hacer que no se entendieran entre sí. El lugar en el que construyeron la torre se llama ahora Babilonia debido a la confusión de lo que antes era evidente en el lenguaje; pues los hebreos llaman Babel a la confusión.
1.118
Sobre esta torre y la diversidad de lenguas de los hombres hace mención también la Sibila, diciendo lo siguiente: siendo todos los hombres de una misma lengua, algunos construyeron una torre altísima como para subir al cielo a través de ella. Pero los dioses, enviando vientos, derribaron la torre y dieron a cada uno una lengua propia; y por esto sucedió que la ciudad fuera llamada Babilonia.
1.119
Sobre la llanura llamada Senaar en la tierra de Babilonia, Hestieo hace memoria diciendo lo siguiente: los sacerdotes que se salvaron, tomando los objetos sagrados de Zeus Enialio, llegaron a Senaar de Babilonia.
1.120
Se dispersan, pues, en adelante desde allí, haciendo las colonias por todas partes, y cada uno ocupaba la tierra con la que se encontraba y a la que Dios los guiaba, de modo que todo el continente, tanto el interior como el costero, se llenó de ellos; y hay quienes, cruzando en naves, habitaron las islas.
1.121
Y algunas de las naciones conservan las denominaciones puestas por sus fundadores, otras las cambiaron, y otras tomaron una transformación hacia lo que parecía más claro para los vecinos. Los griegos son los causantes de esto; pues, habiéndose hecho fuertes en tiempos posteriores, se hicieron con una propia y, embelleciendo la antigua gloria, pusieron a las naciones nombres acordes a su inteligencia y orden de gobierno, como si hubieran nacido de ellos mismos.
1.122
Eran hijos de los hijos de Noé, en cuyo honor los que ocupaban alguna tierra ponían los nombres a las naciones. Jafet, el hijo de Noé, tuvo siete hijos. Estos habitan comenzando desde los montes Tauro y Amano y avanzaron en Asia hasta el río Tanais, y en Europa hasta Gadir, ocupando la tierra con la que se encontraban, y, como nadie la había habitado antes, llamaban a las naciones con sus propios nombres.
1.123
Pues a los que ahora son llamados gálatas por los griegos, pero llamados gomareos, los fundó Gomar. Magog fundó a los llamados magogas por él, llamados por ellos escitas.
1.124
De los hijos de Jafet, Javán y Mado, de este último nacen los medos, nación que ha sido llamada medos por los griegos, y de Javán han nacido Jonia y todos los griegos. Teobelo también funda a los teobelos, quienes en la actualidad son llamados iberos.
1.125
Y los mesquenos, fundados por Mesco, son llamados ahora capadocios, pero se muestra una señal de su antigua denominación; pues hay entre ellos hasta el día de hoy una ciudad, Mazaca, que indica a los que pueden entender que así se llamaba antaño toda la nación. Teires llamó teiras a aquellos sobre los que reinó, pero los griegos los renombraron tracios.
1.126
Y tantas naciones son habitadas por los hijos de Jafet; habiendo tenido Gomar tres hijos, Aschanaxes fundó a los aschanaxes, que ahora son llamados reginos por los griegos, Rifates a los rifateos, llamados paflagonios, y Tugrames a los tugrameos, que fueron llamados frigios por los griegos.
1.127
Habiendo tenido Javán, hijo de Jafet, también tres hijos, Alisas llamó aliseos a aquellos sobre los que reinaba, y ahora son eolios, y Tarsos a los tarseos; pues así se llamaba antiguamente Cilicia. Una señal: Tarso es llamada entre ellos la más notable de las ciudades, siendo metrópoli, habiendo cambiado la tau por la theta en la denominación.
1.128
Chetimo tomó la isla, que ahora es llamada Chipre, y de ella todas las islas y la mayor parte de las tierras junto al mar son llamadas Cheth por los hebreos; testigo de mi relato es una de las ciudades en Chipre que logró conservar la denominación; pues es llamada Citio por los que la helenizaron, sin haber escapado ni aun así al nombre de Chetimo. Jafet, pues, sus hijos y nietos tuvieron tantas naciones.
1.129
Lo que quizás es ignorado por los griegos, habiéndolo dicho de antemano, me volveré a la narración de lo que dejé. Pues los nombres han sido helenizados por la elegancia de la escritura para placer de los lectores; pues tal forma de ellos no es la nuestra, sino que tienen una sola figura y una sola terminación, y Noé es llamado Noe, y mantiene este tipo en toda figura.
1.130
Los hijos de Cam ocuparon la tierra desde Siria y los montes Amano y Líbano, ocupando todo lo que estaba vuelto hacia el mar y apropiándose de lo que llegaba hasta el océano; sin embargo, las denominaciones de algunos se han vuelto completamente extintas, y las de otros, al haber cambiado y haberse reformado hacia otras, resultan difíciles de conocer, y pocos son los que han conservado las denominaciones intactas.
1.131
Pues habiendo tenido Cam cuatro hijos, el tiempo no dañó en nada a Chuseo; pues los etíopes sobre los que reinó son llamados todavía hoy, tanto por ellos mismos como por todos los que están en Asia, chuseos.
1.132
Se conservó también para los mersaeos la memoria según la denominación; pues todos los que estamos por aquí llamamos a Egipto Merse y a los egipcios mersaeos. Fudes también fundó Libia, llamando a los habitantes locales futes por él mismo.
1.133
Hay también un río en la tierra de los moros que tiene este nombre, de donde se puede ver que la mayoría de los historiadores griegos hacen mención del río y de la tierra contigua a él llamada Futes. Cambió el nombre que ahora tiene por el de Libis, uno de los hijos de Mesram; pero no mucho después diremos la causa por la que sucedió que también fuera llamada África.
1.134
Canaaneo, siendo el cuarto hijo de Cam, habiendo habitado la ahora llamada Judea, la denominó Canaanea por él mismo. Nacen hijos de ellos, seis de Chuso, de los cuales Sabas fundó a los sabeos, Evilas a los evilaeos, que ahora son llamados getulos, Sabates a los sabatenos, llamados astabares por los griegos;
1.135
y Sabactas funda a los sabactenos; Ramos fundó a los ramaeos y tuvo dos hijos, de los cuales Judadas fundó a los judadaeos, nación etíope de los occidentales, dejándolos con su nombre, y Sabaeos a los sabeos; Nabrodes, hijo de Chuso, permaneciendo entre los babilonios, tiranizó, como ya me ha sido manifestado anteriormente.
1.136
De los ocho hijos de Mesraeo, todos ocuparon la tierra desde Gaza hasta Egipto, pero solo la tierra conservó la denominación de Filistino; pues los griegos llaman Palestina a su parte.
1.137
De los otros, Lumaeo, Anamia y Labimo, el único que habitó en Libia y llamó así a la tierra por él mismo, Nedemo, Pethrosimo, Cheslimo y Chefthomo, no sabemos nada más allá de los nombres; pues la guerra etíope, sobre la cual informaremos más tarde, dejó sus ciudades desoladas.
1.138
Hubo también hijos de Canaaneo: Sidonio, quien fundó una ciudad con su nombre en Fenicia, y es llamada Sidón por los griegos; Amathus fundó Amathun, que es todavía hoy llamada Amatha por los habitantes locales, pero los macedonios la llamaron Epifanía por uno de los sucesores; Arudaeo tomó la isla de Arado; y Arucaeo, Arca en el Líbano.
1.139
De los otros siete, Evaeo, Chettaio, Jebusaeo, Amorraeo, Gergesaeo, Seinaeo y Samaraeo, no tenemos nada más que los nombres en los libros sagrados; pues los hebreos destruyeron sus ciudades por tal causa al caer en desgracia;
1.140
Noé, después de que la lluvia hubo establecido la tierra en su naturaleza, se dedica a las labores y, habiéndola plantado con vides, cuando el fruto hubo madurado a su tiempo, vendimió y, estando el vino disponible para su uso, tras sacrificar, estaba en banquetes.
1.141
Habiéndose embriagado, se sume en el sueño y yacía desnudo de forma indecorosa. Al verlo, el más joven de los hijos, riéndose de él, se lo muestra a sus hermanos; estos cubren a su padre.
1.142
Y Noé, al darse cuenta, desea felicidad a los otros hijos, pero a Cam, debido al parentesco, no lo maldijo a él, sino a sus descendientes; y, habiendo escapado los otros a la maldición, Dios persigue a los hijos de Canaaneo. Y sobre esto hablaremos en lo sucesivo.
1.143
A Sem, el tercero de los hijos de Noé, le nacen cinco hijos, que habitan Asia hasta el océano de la India, habiendo hecho su comienzo desde el Éufrates. Pues Elymo dejó a los elimeos, siendo los fundadores de los persas; Assuras funda la ciudad de Nínive y llamó asirios a sus súbditos, quienes fueron los más dichosos;
1.144
Arfaxades llamó arfaxadeos a los ahora llamados caldeos, habiendo reinado sobre ellos; Aram tomó a los arameos, a quienes los griegos llaman sirios; y a los que ahora llaman lidios, pero entonces ludos, los fundó Ludas.
1.145
De los cuatro hijos de Aram, Ouses funda la Traconítide y Damasco, que está en medio de Palestina y Celesiria; Otro, Armenia; Getheris, los bactrianos; y Mesas, los mesaneos, que en la actualidad son llamados Carax de Spasino.
1.146
De Arfaxades nace un hijo, Sales, y de este, Heber, de quien llamaban hebreos a los judíos desde el principio; Heber engendró a Iuctan y a Falego; fue llamado Falego porque nació durante la división de las moradas; pues los hebreos llaman Falec a la partición.
1.147
Iucta, de los hijos de Heber, tuvo como hijos a Elmodado, Salefo, Azermothes, Eiraes, Edoramo, Uzales, Daeles, Ebalo, Abimaelo, Safas, Ofires, Eviles y Iobelo. Estos habitan desde el río Cofén de la India y la Seria contigua a él. Que esto sea relatado sobre los hijos de Sem.
1.148
Haré el relato sobre los hebreos; pues de Falego, hijo de Heber, nace Reu; de este, Serugo, a quien le nace un hijo, Nachores; de este, Therras; este se convierte en padre de Abram, quien es el décimo desde Noé, y nació en el año doscientos noventa y dos después de la lluvia.
1.149
Therras tiene a Abram a los setenta años; Nachores engendró a Therras cuando él mismo tenía ya ciento veinte años; a Serugo le nace Nachores alrededor del año ciento treinta y dos; Rumos tuvo a Serugo a los ciento treinta años; y en los mismos años Falego tuvo a Rumos;
1.150
Heber engendra a Falego a los ciento treinta y cuatro años, habiendo sido engendrado él mismo por Selo, que tenía ciento treinta años, a quien Arfaxades engendró a los ciento treinta y cinco años; Sem tuvo como hijo a Arfaxades, nacido doce años después de la lluvia.
1.151
Abram tenía como hermanos a Nachores y Aranes; de estos, Aranes, habiendo dejado un hijo, Lot, y unas hijas, Sarra y Melcha, murió entre los caldeos en una ciudad llamada Ure de los caldeos, y su tumba se muestra hasta el día de hoy. Nachores se casa con Melcha, y Abram con Sarra, sus sobrinas.
1.152
Habiendo aborrecido Therras a Caldea por el duelo de Aranes, se trasladan todos a Charra de Mesopotamia, donde entierran a Therras tras su muerte, habiendo vivido doscientos cinco años; pues la vida ya se acortaba para los hombres y se hacía más breve hasta el nacimiento de Moisés, después del cual el límite de la vida fue de ciento veinte años, habiendo determinado Dios tantos como los que le sucedió vivir a Moisés.
1.153
A Nachores, pues, le nacieron de Melcha ocho hijos: Ouxos, Baouxos, Maouelos, Zachamos, Azaouos, Iadelfas, Iadafas y Bathouelos; estos son los hijos legítimos de Nachores; pues Tabaeos, Gadamus, Taaos y Machas le nacieron de Ruma, una concubina. De Bathouelo, de los hijos legítimos de Nachores, nace una hija, Rebeca, y un hijo, Labano.
1.154
Abram adoptó a Lot, hijo de su hermano Aranes y hermano de su mujer Sarra, careciendo de hijo legítimo, y abandona Caldea a los setenta y cinco años, habiendo ordenado Dios que se trasladara a Canaanea, en la que habitó y dejó a sus descendientes, siendo hábil para comprender sobre todo y persuasivo para los que le escuchaban, y no equivocándose sobre lo que conjeturaba.
1.155
Por esto, habiendo comenzado a pensar más en la virtud que los demás, decidió renovar y cambiar la opinión sobre Dios, que todos compartían. Fue el primero, pues, en atreverse a declarar que Dios es el único creador de todas las cosas, y que, si algo contribuye a la felicidad, cada cosa lo proporciona según su mandato y no por fuerza propia.
1.156
Esto se conjetura por los fenómenos de la tierra y el mar, y por los que ocurren con el sol y la luna y todos los que suceden en el cielo; pues, aunque tienen poder para prever el orden que les corresponde, al carecer de él, se hacen evidentes, y ni siquiera lo que colabora para nuestra utilidad lo hacen bajo su propia autoridad, sino que sirven bajo la fuerza del que ordena, a quien es justo atribuirle solo el honor y la gratitud.
1.157
Por lo cual, habiéndose sublevado contra él los caldeos y los demás mesopotamios, decidió trasladarse y, por voluntad y ayuda de Dios, tomó la tierra de Canaanea, y, habiéndose establecido allí, construyó un altar y realizó un sacrificio a Dios.
1.158
Beroso hace mención de nuestro padre Abram, sin nombrarlo, pero diciendo lo siguiente: después del diluvio, en la décima generación, había entre los caldeos un hombre justo, grande y experto en los asuntos celestiales.
1.159
Hecateo hizo algo más que mencionarlo; pues compuso y dejó un libro sobre él. Nicolás de Damasco, en el cuarto de sus historias, dice lo siguiente: Abram reinó, habiendo llegado como extranjero con un ejército desde la tierra de los caldeos, situada por encima de Babilonia.
1.160
No mucho tiempo después, habiéndose trasladado también desde esta tierra con su propio pueblo, se mudó a la entonces llamada Canaanea, ahora Judea, y los que nacieron de él se multiplicaron, sobre quienes relataré lo que se cuenta en otro discurso. El nombre de Abram es glorificado todavía hoy en la región de Damasco, y se muestra una aldea llamada Morada de Abram.
1.161
Habiendo ocupado Judea una hambruna tiempo después, Abram, al enterarse de que los egipcios eran dichosos, estaba deseoso de trasladarse hacia ellos, tanto para participar de la abundancia de aquellos como para ser oyente de los sacerdotes sobre lo que dijeran acerca de los dioses; pues o bien seguiría a los que resultaran mejores, o bien los reformaría hacia lo mejor, pensando él mismo mejor.
1.162
Llevándose también a Sarra y temiendo el frenesí de los egipcios hacia las mujeres, no fuera que el rey lo matara por la belleza de su mujer, ideó tal artimaña: fingió que era su hermana y le enseñó a ella a fingir lo mismo, pues les convenía.
1.163
Al llegar a Egipto, sucedió a Abram tal como sospechaba; pues la belleza de su mujer fue pregonada; por lo cual Faraón, el rey de los egipcios, no contentándose con lo que se decía de ella, sino esforzándose también por verla, estaba a punto de tocar a Sarra.
1.164
Pero Dios impide su deseo injusto con una enfermedad y una perturbación de los asuntos; y, al sacrificar él por la liberación, los sacerdotes le indicaban que el peligro estaba presente por la ira de Dios, por haber querido ultrajar a la mujer del extranjero.
1.165
Él, habiendo temido, preguntaba a Sarra quién era y a quién traía, y, al enterarse de la verdad, pedía perdón a Abram; pues, pensando que era su hermana y no su mujer, había querido hacer parentesco con ella, pero no se había lanzado a ultrajarla por deseo; lo obsequia con muchas riquezas, y Abram convivió con los más sabios de los egipcios, y sucedió que su virtud y la gloria por ella se hicieron más evidentes desde entonces.
1.166
Pues, como los egipcios se complacían en costumbres diferentes y despreciaban las leyes de los demás y por esto se tenían mala voluntad unos a otros, al reunirse con cada uno de ellos y refutar los discursos que hacían sobre las suyas, demostraba que eran vacíos y que no tenían nada de verdad.
1.167
Habiendo sido admirado, pues, por ellos en las reuniones como un hombre muy inteligente y hábil, no solo para entender sino también para persuadir al hablar sobre lo que intentaba enseñar, les regala la aritmética y les transmite los asuntos de astronomía.
1.168
Pues antes de la presencia de Abram, los egipcios eran ignorantes de esto; pues esto llegó a Egipto desde los caldeos, de donde llegó también a los griegos.
1.169
Al llegar a Canaanea, se reparte la tierra con Lot, al estar sus pastores en discordia sobre el país en el que debían pastar; sin embargo, confía la elección y la preferencia a Lot;
1.170
y él mismo, habiendo tomado la falda de monte que aquel había dejado, habitaba en la ciudad de Nabro; es más antigua siete años que Tanis de Egipto. Lot tenía la que estaba situada hacia la llanura y el río Jordán, no lejos de la ciudad de los sodomitas, que entonces era buena, pero ahora ha desaparecido por voluntad de Dios. La causa la señalaré en su lugar.
1.171
En aquel tiempo, dominando los asirios Asia, los asuntos de los sodomitas florecían, al haber aumentado tanto en riqueza como en mucha juventud; cinco reyes gobernaban el país: Balas, Balaías, Sunabanes y Sumóboro, y el rey de Balenos; y cada uno reinaba sobre su propia parte.
1.172
Contra estos hicieron campaña los asirios y, habiendo hecho cuatro partes del ejército, los sitiaban; y a cada uno le estaba asignado un general. Habiéndose producido una batalla, los asirios, tras vencer, imponen tributo a los reyes de los sodomitas.
1.173
Doce años, pues, sirviendo y pagando los tributos que les habían impuesto, soportaron, pero al decimotercero se rebelaron, y un ejército de asirios cruza contra ellos, bajo el mando de Amarapsides, Arioco, Chodolamoro y Thadalo.
1.174
Estos saquearon toda Siria y destruyeron a los descendientes de los Gigantes, y, habiendo llegado a Sodoma, acampan junto al valle llamado pozos de betún; pues en aquel tiempo había pozos en el lugar, pero ahora, habiendo desaparecido la ciudad de los sodomitas, aquel valle se ha convertido en el lago llamado Asfaltites.
1.175
Sobre este lago, pues, informaremos de nuevo no mucho después; pero, habiendo chocado los sodomitas con los asirios y habiéndose producido una batalla encarnizada, muchos de ellos murieron y los restantes fueron hechos prisioneros, entre los cuales era llevado también Lot, que había venido como aliado de los sodomitas.
1.176
Al enterarse Abram de su desgracia, le entró miedo por Lot, su pariente, y a la vez compasión por los sodomitas, que eran amigos y vecinos.
1.177
Y, habiendo decidido ayudarlos, no esperó, sino que, dándose prisa y cayendo en la quinta noche sobre los asirios cerca de Dan, pues así se llama la otra fuente del Jordán, y habiéndose adelantado antes de que estuvieran en armas, mató a los que estaban en sus lechos sin tener idea de la desgracia, y los que aún no se habían entregado al sueño, incapaces de luchar por la embriaguez, huyeron.
1.178
Abram los siguió persiguiendo hasta el segundo día, hasta Oba, en la tierra de los damascenos, demostrando que la victoria no reside en la multitud y la superioridad numérica, sino que el entusiasmo de los combatientes y la nobleza prevalecen sobre cualquier número, habiendo superado a tal ejército con trescientos dieciocho de sus criados y tres amigos. Cuantos de ellos escaparon, regresaron sin gloria.
1.179
Abram, habiendo salvado a los prisioneros de los sodomitas, que habían sido capturados por los asirios, y a su pariente Lot, regresó en paz. Le salió al encuentro el rey de los sodomitas en un lugar que llaman llanura real.
1.180
Allí lo recibe el rey de Soluma, Melquisedec; esto significa rey justo; y lo era de común acuerdo, por cuya causa se convirtió también en sacerdote de Dios; sin embargo, llamó a Soluma, más tarde, Hierosolima.
1.181
Este Melquisedec proporcionó hospitalidad al ejército de Abram y ofreció gran abundancia de víveres, y durante el banquete comenzó a alabarlo a él y a bendecir a Dios por haber puesto a sus enemigos bajo su poder. Abram, al darle también el diezmo del botín, acepta el regalo.
1.182
El rey de los sodomitas exhortaba a Abram a quedarse con el botín, pero pedía recuperar a los hombres que había salvado de los asirios, por ser suyos. Abram dijo que no haría esto, ni que llegaría a él ninguna otra ganancia de aquel botín, excepto lo que fuera alimento para sus criados; sin embargo, proporcionó una parte a sus amigos que habían combatido con él. Los primeros se llamaban Eschon, Enner y Mambrés.
1.183
Dios, tras alabar su virtud, le dijo:« No perderás las recompensas que es justo que recibas por tales buenas acciones». Al preguntar él qué gracia podrían tener estas recompensas, no existiendo quienes le sucedieran después de él— pues aún no tenía hijos—, Dios le anunció que le nacería un hijo y que tendría una numerosa descendencia, de modo que su número sería semejante al de las estrellas.
1.184
Él, al oír esto, ofreció un sacrificio a Dios, tal como se le había ordenado. El modo del sacrificio fue el siguiente: tomó una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero igualmente de tres años, una tórtola y una paloma, tal como se le ordenó, y los dividió, sin dividir ninguna de las aves.
1.185
Luego, antes de que el altar estuviera listo, mientras las aves de rapiña sobrevolaban deseosas de la sangre, una voz divina se hizo presente, señalando que sus descendientes tendrían vecinos malvados en Egipto durante cuatrocientos años; que, tras sufrir penalidades entre ellos, superarían a sus enemigos y, habiéndolos vencido en la guerra, poseerían la tierra y las ciudades de los cananeos.
1.186
Abram habitaba cerca de la encina llamada Ogigia, lugar que se encuentra en la tierra de Canaán, no lejos de la ciudad de Hebrón; afligido porque su esposa no concebía, suplicó a Dios que le concediera la descendencia de un hijo varón.
1.187
Como Dios le exhortaba a tener confianza, recordándole que por todo lo demás lo había traído de Mesopotamia como un bien y que tendría hijos, Sara, por orden de Dios, le entregó a una de sus siervas, llamada Agar, de origen egipcio, para que tuviera hijos de ella.
1.188
La sierva, al quedar embarazada, se atrevió a mostrarse insolente con Sara, comportándose como una reina, como si el mando fuera a pasar al hijo que ella daría a luz. Como Abram la entregó a Sara para que la castigara, ella planeó huir, pues no soportaba las penalidades, y suplicó a Dios que tuviera compasión de ella.
1.189
Un ángel divino le salió al encuentro mientras avanzaba por el desierto y le ordenó regresar con sus amos, pues alcanzaría una vida mejor si se mostraba sensata; pues incluso ahora, al haberse vuelto ingrata y arrogante con su ama, se encontraba en tales desgracias.
1.190
Le dijo que si desobedecía a Dios y seguía avanzando, perecería, pero que si regresaba, sería madre de un hijo que reinaría sobre aquella tierra. Ella se convenció con esto y, al regresar con sus amos, obtuvo el perdón; poco después dio a luz a Ismael, a quien uno podría llamar« escuchado por Dios», debido a que Dios escuchó su súplica.
1.191
El mencionado nació cuando Abram tenía ya ochenta y seis años; al pasar a los noventa y nueve, Dios se le apareció y le anunció que tendría un hijo de Sara. Le ordenó llamarlo Isaac, declarando que de él nacerían grandes naciones y reyes, y que, tras combatir, poseerían toda la tierra de Canaán desde Sidón hasta Egipto.
1.192
Le ordenó además, queriendo que su linaje permaneciera sin mezclarse con los demás, que se circuncidaran los órganos genitales y que hicieran esto al octavo día después del nacimiento. Explicaré la causa de nuestra circuncisión en otro lugar.
1.193
Cuando Abram preguntó también por Ismael, si viviría, Dios le indicó que tendría una larga vida y que sería padre de grandes naciones. Abram, tras dar gracias a Dios por esto, se circuncidó inmediatamente, así como todos los de su casa y su hijo Ismael, quien en aquel día tenía trece años, mientras que él tenía noventa y nueve.
1.194
Por aquel entonces, los sodomitas, engreídos por la multitud y la magnitud de sus riquezas, eran insolentes con los hombres e impíos hacia la divinidad, hasta el punto de no recordar ya los beneficios recibidos de ella, siendo además misóxenos y evitando el trato con los demás.
1.195
Dios, irritado por esto, decidió castigarlos por su soberbia, arrasar la ciudad misma y hacer desaparecer el territorio de tal modo que ni planta ni fruto alguno brotara de él jamás.
1.196
Tras haber decidido Dios esto sobre los sodomitas, Abram, al ver a tres ángeles— estaba sentado junto a la encina de Mamré, a la puerta de su patio—, pensando que eran extranjeros, se levantó, los saludó y, habiéndolos hecho entrar, les rogó que aceptaran su hospitalidad.
1.197
Al acceder ellos, ordenó que se hicieran panes de flor de harina inmediatamente, y tras sacrificar y asar un becerro, se lo llevó mientras estaban recostados bajo la encina. Ellos le dieron la impresión de estar comiendo, y además preguntaron por su esposa:«¿ Dónde está Sara?». Al decir él que estaba dentro, afirmaron que volverían en el futuro y la encontrarían ya convertida en madre.
1.198
Como la mujer sonrió ante esto y dijo que la procreación era imposible, teniendo ella noventa años y su marido cien, ya no pudieron ocultarse más, sino que se revelaron como ángeles de Dios, y que uno había sido enviado para anunciar lo del niño, mientras que los otros dos iban a destruir a los sodomitas.
1.199
Al oír esto, Abram se afligió por los sodomitas y, levantándose, suplicó a Dios, rogándole que no destruyera a los justos y buenos junto con los malvados. Como Dios dijo que no había ningún justo entre los sodomitas— pues si hubiera diez entre ellos, perdonaría a todos el castigo por sus pecados—, Abram se calmó.
1.200
Los ángeles llegaron a la ciudad de los sodomitas, y Lot los invitó a su casa; pues era muy filántropo con los extranjeros y discípulo de la bondad de Abram. Los sodomitas, al ver a los jóvenes, que eran extremadamente hermosos de aspecto y que se habían alojado en casa de Lot, se lanzaron a la violencia y al ultraje contra ellos por su belleza.
1.201
Aunque Lot les aconsejaba ser sensatos y no proceder con deshonra hacia los extranjeros, sino tener respeto por quienes se alojaban en su casa, y decía que si tenían deseos incontrolables, les entregaría a sus hijas para satisfacer sus deseos, ni aun así se convencieron.
1.202
Dios, pues, indignado por sus atrevimientos, los cegó de modo que no pudieran encontrar la entrada a la casa, y condenó a los sodomitas a una destrucción total. Lot, al contarle Dios la futura destrucción de los sodomitas, se marchó llevándose a su mujer y a sus hijas— dos de ellas eran aún vírgenes—; pues los prometidos despreciaron la salida, calificando de necedad lo que decía Lot.
1.203
Dios lanzó un rayo contra la ciudad y, junto con sus habitantes, incendió la tierra, destruyéndola con un fuego similar, tal como ya he contado al escribir la guerra judía. La mujer de Lot, durante la retirada, volviéndose continuamente hacia la ciudad y curioseando sobre lo que ocurría, a pesar de que Dios le había prohibido hacerlo, se convirtió en una columna de sal; yo la he visto, pues aún hoy permanece.
1.204
Él mismo escapó con sus hijas, refugiándose en un pequeño lugar que había sido rodeado por el fuego; todavía hoy se llama Zoar, pues así llaman los hebreos a lo pequeño. Allí, pues, vivía penosamente debido a la falta de hombres y a la escasez de alimento.
1.205
Las vírgenes, suponiendo que todo el género humano había desaparecido, se acercan a su padre, tras haber planeado ocultarse; hacían esto para que el linaje no se extinguiera. De la mayor nace un hijo, Moab; uno podría decir« del padre». La menor tiene a Ammón; el nombre señala« hijo de linaje».
1.206
Uno de ellos funda a los moabitas, que son una nación muy grande incluso hoy, y el otro a los amonitas; ambos son de la Celesiria. Así sucedió la retirada de Lot de los sodomitas.
1.207
Abram se trasladó a Gerar de Palestina, llevando a Sara bajo la apariencia de hermana, fingiendo lo mismo que antes por miedo; pues temía a Abimelec, el rey de los habitantes del lugar, quien, al enamorarse de Sara, estaba a punto de corromperla.
1.208
Es impedido de su deseo por una grave enfermedad que le sobrevino de parte de Dios, y al haberlo desahuciado los médicos, ve en sueños que no debe ultrajar a la mujer del extranjero; al sentirse mejor, cuenta a sus amigos que Dios le envía esta enfermedad en defensa del extranjero, protegiéndole a ella sin ultraje, pues no era su hermana, sino que convivía con él según la ley. Promete mostrarse benévolo en adelante, una vez que aquel se sintió sin miedo respecto a su mujer.
1.209
Tras decir esto, hace llamar a Abram, aconsejado por sus amigos, y le ordenó no temer ya nada respecto a su mujer, como si fuera a sufrir algo vergonzoso, pues Dios cuidaba de él, y que, según la alianza que había permanecido, la recuperara sin ultraje. Siendo Dios testigo y conociendo la intención de la mujer, decía que ni siquiera la habría deseado desde el principio si hubiera sabido que era su esposa, pues la trataba como a una hermana a la que no ofendía.
1.210
Le ruega que se muestre amable con él y que haga a Dios propicio, y que, si deseaba quedarse con él, tendría toda abundancia, y que si prefería marcharse, obtendría escolta y todo lo que necesitara para llegar a donde fuera.
1.211
Al decir esto Abram, decía que no había mentido sobre el parentesco de la mujer, pues era hija de su hermano, y que sin tal fingimiento no consideraba segura su estancia. Y en cuanto a que no había sido causa de la enfermedad y que se había preocupado por su salvación, dijo que estaba dispuesto a quedarse con él.
1.212
Abimelec le reparte la tierra y las riquezas, y acuerdan comportarse sin engaño, haciendo el juramento sobre un pozo que llaman Bersue; podría decirse« pozo del juramento». Así es llamado todavía hoy por los habitantes del lugar.
1.213
A Abram le nace poco después un hijo de Sara, como le había sido anunciado por Dios, al que llamó Isaac; esto significa« risa». Pues, debido a que Sara sonrió cuando Dios dijo que daría a luz, no esperándolo ya por ser mayor para el parto, llamó así al hijo. Ella tenía noventa años y Abram cien.
1.214
El niño nace en el último año de ambos, al que circuncidan inmediatamente después del octavo día, y desde entonces los judíos tienen la costumbre de realizar las circuncisiones después de tanto tiempo, mientras que los árabes lo hacen después del decimotercer año; pues Ismael, el fundador de su nación, nacido de Abram de la concubina, es circuncidado en ese tiempo; sobre él expondré todo el relato con mucha precisión.
1.215
Sara, al haber nacido Ismael de su esclava Agar, al principio lo quería, sin dejar nada de la benevolencia hacia su propio hijo, pues era criado para la sucesión del mando, pero al dar a luz ella misma a Isaac, no consideraba justo que Ismael fuera criado junto a él, siendo mayor y capaz de hacer daño una vez que el padre hubiera muerto.
1.216
Persuadía, pues, a Abram para que lo enviara a una colonia junto con su madre. Él, al principio, no se inclinaba a la opinión de lo que Sara se esforzaba, considerando que era lo más cruel de todo enviar a un niño pequeño y a una mujer sin lo necesario.
1.217
Más tarde, pues Dios también estaba de acuerdo con lo ordenado por Sara, convencido, entregó a Ismael a su madre, que aún no podía valerse por sí misma, y le ordenó marcharse llevando agua en un odre y pan, usando la necesidad como guía.
1.218
Como al marcharse se le acabaron los víveres, estaba en desgracia, y escaseando el agua, dejó al niño bajo un abeto, agonizante, para no estar presente cuando exhalara el alma, y se alejó más lejos.
1.219
Un ángel divino se encontró con ella, le mostró una fuente cercana y le ordenó cuidar de la crianza del niño; pues le esperaban grandes bienes de la salvación de Ismael. Ella se animó con lo anunciado y, al encontrarse con pastores, gracias al cuidado de ellos, escapó de las penalidades.
1.220
Cuando el niño se hizo hombre, se casó con una mujer de origen egipcio, de donde ella misma era antiguamente, de la cual le nacen a Ismael doce hijos en total: Nabaiot, Cedar, Abdeel, Massam, Masmas, Idumas, Masmes, Chodam, Teman, Ietur, Nafais, Cadmas.
1.221
Estos habitan toda la región que desciende desde el Éufrates hasta el mar Rojo, llamando a la tierra Nabatene. Estos son los que llaman a la nación de los árabes y a las tribus por sus nombres, debido a su virtud y al prestigio de Abram.
1.222
El padre Abram amaba sobremanera a Isaac, por ser hijo único y haberle nacido en el umbral de la vejez como un regalo de Dios. El propio niño también incitaba a la benevolencia al ser amado más por sus padres, practicando toda virtud, apegándose al cuidado de sus padres y esforzándose en la religión de Dios.
1.223
Abram ponía su propia felicidad en el hecho de dejar al hijo sin sufrimiento al salir de la vida. Sin embargo, esto sucedió según la voluntad de Dios, quien, queriendo poner a prueba su religión hacia él, se le apareció y, tras enumerar todo lo que le había proporcionado,
1.224
cómo lo había hecho superior a sus enemigos y cómo tenía la felicidad presente por su esfuerzo, así como a su hijo Isaac, le pidió que se lo entregara como sacrificio y víctima, y le ordenó llevarlo al monte Moria para ofrecerlo en holocausto tras erigir un altar; pues así mostraría su religión hacia él, si prefería lo agradable a Dios por encima de la salvación de su hijo.
1.225
Abram, al no decidir desobedecer a Dios en nada, siendo justo y sirviendo en todo como si las cosas ocurrieran por su providencia, allí donde él fuera benévolo, ocultó a su mujer tanto el anuncio de Dios como la intención que él mismo tenía sobre el sacrificio del niño, y sin revelárselo tampoco a ninguno de sus criados— pues se le habría impedido servir a Dios—, tomó a Isaac con dos criados y, habiendo cargado lo necesario para el sacrificio en un asno, se marchó hacia el monte.
1.226
Dos días le acompañaron los criados, pero al tercer día, como el monte era visible para él, dejando a sus acompañantes en la llanura, llega al monte con solo el niño, sobre el cual el rey David fundaría más tarde el templo.
1.227
Llevaban consigo todo lo que faltaba para el sacrificio, excepto la víctima. Isaac, que tenía veinticinco años, mientras construía el altar y preguntaba qué iban a sacrificar al no haber víctima, decía que Dios les proporcionaría una, siendo capaz de traer a la existencia lo que no existe para los hombres y de arrebatar lo que existe a quienes confían en ello; que, por tanto, también le daría a él una víctima, si es que iba a estar presente en su sacrificio.
1.228
Cuando el altar estuvo preparado y hubo traído la leña y estuvo listo, dice a su hijo:« Hijo, habiéndote pedido con innumerables oraciones a Dios para que me nacieras, desde que llegaste a la vida, no hay nada en lo que no me haya esforzado por tu crianza, ni en lo que pensara que sería más feliz que viéndote hecho hombre y dejándote al morir como sucesor de mi mando.
1.229
Pero puesto que, queriéndolo Dios, fui tu padre y, pareciéndole bien a él, te deposito de nuevo, soporta noblemente la consagración; pues te cedo a Dios, que ha considerado digno de nosotros este honor, a cambio de que se haya convertido en mi benévolo protector y aliado para alcanzar lo presente.
1.230
Puesto que naciste, morirás no de la manera común de salir de la vida, sino siendo enviado por tu propio padre a Dios, el padre de todos, mediante la ley del sacrificio, creo que es digno que, habiéndolo decidido él, te apartes de la vida sin enfermedad, ni guerra, ni ninguna otra de las pasiones que por naturaleza suelen ocurrir a los hombres,
1.231
sino con oraciones y el sacrificio de aquel que recibirá tu alma y la mantendrá junto a él; serás para mí un guardián y cuidador de mi vejez, por lo cual te criaba especialmente, habiendo proporcionado a Dios en tu lugar».
1.232
Isaac, pues debía ser noble el ánimo de quien había tenido tal padre, recibe con agrado las palabras y, diciendo que ni siquiera habría sido justo haber nacido si iba a rechazar el juicio de Dios y de su padre y no entregarse prontamente a los deseos de ambos, cuando incluso si solo el padre lo hubiera deseado habría sido injusto no obedecer, se lanzó hacia el altar y el sacrificio.
1.233
Y se habría realizado la obra si Dios no se hubiera interpuesto; pues grita a Abram por su nombre, impidiéndole el sacrificio del niño. Pues decía que no le había ordenado el sacrificio del niño por desear sangre humana, ni queriendo arrebatar a aquel a quien él mismo había hecho padre con tal impiedad, sino queriendo probar su mente, si obedecería incluso siendo ordenado tales cosas.
1.234
Al conocer su disposición y la exageración de su religión, se alegró de lo que le había proporcionado, y que no le faltaría siempre todo cuidado y que consideraría digno a su linaje, y que su hijo sería muy longevo y, habiendo vivido felizmente, entregaría un gran mando a hijos buenos y legítimos.
1.235
Anunciaba además que su linaje aumentaría en muchas naciones y riquezas, y que habría un recuerdo eterno de ellos para los patriarcas, y que, habiendo conquistado la tierra de Canaán con las armas, serían envidiados por todos los hombres.
1.236
Dios, tras decir esto, hizo aparecer un carnero de lo invisible para ellos para el sacrificio. Ellos, al haberlo recuperado contra toda esperanza y haber escuchado promesas de tales bienes, se saludaron y, tras sacrificar, regresaron junto a Sara y vivían felizmente en todo lo que deseaban, ayudándoles Dios.
1.237
Sara muere poco después, habiendo vivido ciento veintisiete años. La entierran en Hebrón, permitiéndolo los cananeos y enterrándola públicamente, habiendo comprado Abram el terreno por cuatrocientos siclos a un tal Efrón de Hebrón. Y Abram y sus descendientes construyeron allí los monumentos.
1.238
Él se casa después con Cetura, de la cual le nacen seis hijos, fuertes para los trabajos y hábiles para comprender: Zembran, Iazar, Madan, Madian, Lusubac, Suo. A estos también les nacen hijos; de Suo nace Sabacin y Dadan, y de este Latusimo, Assuris, Luuris; de Madan, Efas, Eofren, Anoc, Ebidas, Eldas.
1.239
Abram prepara expediciones de colonias para todos estos hijos y nietos, y ocupan la Trogloditide y la parte de la Arabia feliz que desciende hasta el mar Rojo. Se dice que este Eofren, tras hacer campaña contra Libia, la ocupó, y sus nietos, al habitar en ella, llamaron a la tierra África por el nombre de aquel.
1.240
Alejandro Polihistor da testimonio de mi relato diciendo así:« Cleodemo, el profeta, también llamado Malco, al narrar lo referente a los judíos, tal como también narró Moisés, el legislador de ellos, dice que de Cetura nacieron a Abram hijos capaces».
1.241
Dice también los nombres de ellos, nombrando a tres: Iafera, Sura, Iafran. Que de Sura se llamó Asiria, y de los dos, Iafras y Iafero, se llamaron la ciudad de Efra y la tierra África. Pues estos acompañaron a Heracles en la campaña contra Libia y Anteo; y Heracles, al casarse con la hija de Afrano, engendró de ella un hijo, Didoro; de este nació Sofón, de quien se dice que los bárbaros se llaman Sofacas.
1.242
Isaac, al tener cuarenta años, su padre Abram, al decidir buscarle esposa, envía a Rebeca, hija de Betuel, hijo de su hermano, al más anciano de sus criados para el compromiso, habiéndolo obligado con grandes juramentos.
1.243
Estos se realizan de este modo: poniendo las manos bajo los muslos el uno del otro, invocan a Dios como testigo de lo que va a suceder. Enviaba también regalos a los de allí, por ser raros o no existir en absoluto en la región, y por estar muy valorados.
1.244
Este, al partir, debido a que Mesopotamia era difícil de transitar— en invierno por la profundidad del barro, en verano por la falta de agua, y además por haber salteadores en ella, a los cuales no era posible evitar si los viajeros no se preocupaban de ello—, llega a la ciudad de Carras y, al estar en los suburbios, se encuentra con varias vírgenes que iban a por agua.
1.245
Ruega, pues, a Dios que Rebeca, a quien Abram envió a comprometer para su hijo, si este matrimonio iba a realizarse según su voluntad, se encontrara entre ellas y fuera reconocida por él, al pedir agua a las demás y negársela, mientras que ella se la proporcionara.
1.246
Él, estando con esta intención, llega al pozo y ruega a las vírgenes que le den de beber; como ellas se negaban, diciendo que necesitaban llevarlo a casa y no dárselo a él— pues el agua no era fácil de obtener—, una de todas ellas reprende a las otras por la dificultad hacia el extranjero, diciendo que qué otra cosa compartirían con los hombres alguna vez, si ni siquiera compartieron agua, y se la proporciona amablemente.
1.247
Él, al tener esperanza en todo, pero queriendo saber la verdad, la alababa por su nobleza y su bondad, porque no evitó ayudar a los necesitados incluso con su propio esfuerzo, y preguntaba de qué padres era, y desea para ellos el beneficio de tal hija y que la casen, dice, como les sea grato, para que, al ir a la casa de un hombre bueno, le dé hijos legítimos.
1.248
Ella no le negó tampoco esto, queriendo él saberlo, sino que también señaló el linaje:« Rebeca me llamo», dice,« y mi padre era Betuel; pero él ya ha muerto, y Labán es nuestro hermano, que cuida de toda la casa junto con mi madre y se ocupa de mi virginidad».
1.249
Al escuchar esto, se alegró por lo sucedido y por lo dicho, viendo cómo Dios le ayudaba claramente en el camino, y, habiendo sacado un collar y algunos adornos, que es decoroso que lleven las vírgenes, se los entregó a la joven como recompensa y premio por la gracia de darle de beber, diciendo que era justo que ella obtuviera tales cosas por haber sido buena frente a tantas vírgenes.
1.250
Pedía ser alojado con ellos, quitándole la noche el seguir avanzando, y, llevando adornos femeninos costosos, decía que no confiaba en otros más seguros que en estos, de los cuales él mismo había hecho la prueba. Decía que también se podía conjeturar la filantropía de su madre y de su hermano por la virtud de ella, que no se molestarían; pues no sería gravoso, habiendo pagado el salario de la hospitalidad y habiendo usado gastos propios.
1.251
Ella dijo que él conjeturaba correctamente sobre la filantropía de sus padres, pero le reprochaba haberlos tomado por tacaños; pues compartirían todo sin recompensa. Sin embargo, habiendo informado primero a Labán, su hermano, decía que lo llevaría si él lo permitía.
1.252
Como al suceder esto llevó al extranjero, los criados de Labán, al recibir sus camellos, los cuidaban, y él mismo era introducido para cenar junto con él, y después de la cena dice a él y a la madre de la joven:« Abram es hijo de Teré, pariente vuestro; pues Najor, el abuelo de estos niños, oh mujer, era hermano de Abram, de mismo padre y misma madre».
1.253
« Envía, pues, este a vosotros, pidiendo tomar a esta joven para su hijo en matrimonio, quien es legítimo suyo y el único criado para todo. De las mujeres de allí, pudiendo tomar a la más feliz, no consideró digno casarse, sino que, honrando el linaje, gestiona este matrimonio».
1.254
« No ultrajéis su esfuerzo y su intención; pues según la voluntad de Dios, tanto las otras cosas me ocurrieron en el camino como encontré a la joven y a vuestra casa. Pues cuando estuve cerca de la ciudad, al ver muchas vírgenes que llegaban al pozo, recé para encontrarme con esta, lo cual ha sucedido».
1.255
« Confirmad, pues, vosotros también el matrimonio que es comprometido por una aparición divina, y honrad a Abram, que ha enviado con tanto esfuerzo, al dar el consentimiento para la joven». Ellos, pues era bueno y grato para ellos, comprendieron la intención de Dios y envían a la hija según lo que pedía. Isaac se casa con ella, al haber llegado los asuntos a él; pues los de Cetura habían salido a las colonias.
1.256
Muere también Abram poco después, hombre cumbre en toda virtud y honrado por Dios dignamente por su esfuerzo hacia él. Vivió todo el tiempo ciento setenta y cinco años y es enterrado en Hebrón junto a su mujer Sara por sus hijos Isaac e Ismael.
1.257
A Isaac, después de la muerte de Abram, le queda embarazada la mujer, y al hincharse el vientre más de lo normal, angustiado, preguntó a Dios. Le dice que Rebeca daría a luz gemelos y que las naciones llevarían los nombres de los niños, y que el que parecía menor superaría al mayor.
1.258
Da a luz poco después, según el anuncio de Dios, dos niños gemelos, de los cuales el mayor era excesivamente velludo desde la cabeza hasta los pies, mientras que el menor lo agarraba por el talón al salir. El padre amaba al mayor, llamado Esaú por el nombre de la vellosidad— pues los hebreos llaman« esauron» al vello—; Jacob, el menor, era querido por su madre.
1.259
Al apoderarse el hambre de la tierra, Isaac, pareciéndole bien ir a Egipto por ser la tierra buena, se marchaba a Gerar, ordenándoselo Dios. El rey Abimelec lo recibe bajo hospitalidad y amistad de Abram, y habiendo usado mucha benevolencia hacia él al principio, fue impedido de permanecer en ella hasta el final por envidia.
1.260
Pues al ver que Dios estaba presente con Isaac y que usaba tanto esfuerzo con él, lo rechazó. Él, al experimentar de nuevo tal cambio por parte del envidioso Abimelec, se retiró entonces a la llamada Faringe, lugar no lejos de Gerar, y al cavar un pozo, unos pastores se lanzaron a la lucha, impidiendo la obra, y al no querer él disputar, parecieron haber vencido.
1.261
Tras retirarse, cavó otro, y al forzar otros pastores de Abimelec, también este lo dejó y se retiró, adquiriendo para sí la libertad con un razonamiento sensato.
1.262
Luego, al proporcionarle la excavación del pozo sin impedimentos por sí misma, llamó al pozo Roobot; el nombre significa« espacioso». De los anteriores, uno se llama Escón— uno podría decir que significa« lucha»—; el otro, Suaina— el nombre significa« enemistad»—.
1.263
A Isaac le sucedía que su fuerza florecía por la magnitud de los asuntos, y Abimelec, pensando que Isaac crecía contra él, siendo sospechosa para ellos incluso la convivencia, y al retirarse Isaac sin una enemistad manifiesta, temiendo que no hubiera provecho de la anterior amistad para la defensa de lo que sufrió, al volverse Isaac, hace amistad con él desde arriba, llevando consigo a uno de los generales, Filoco.
1.264
Habiendo obtenido todo lo que pedía gracias a la bondad de Isaac, que prefería una gracia más antigua que la ira reciente hacia él y hacia su padre, se marchó a la suya.
1.265
De los hijos de Isaac, Esaú, por quien el padre se esforzaba más, al cumplir cuarenta años se casa con Ada, hija de Elón, y con Alibama, hija de Eusebeón, hombres que gobernaban entre los cananeos, haciéndose a sí mismo dueño de la potestad sobre el matrimonio y sin consultar siquiera al padre;
1.266
pues Isaac no lo habría permitido si hubiera estado en su opinión; pues no era de su agrado contraer parentesco con los habitantes del lugar. Al no querer ser odioso para el hijo ordenándole apartarse de las mujeres, decidió callar.
1.267
Siendo anciano y habiendo perdido la vista por completo, tras llamar a Esaú y decir que la vejez, incluso sin la ceguera y
1.268
la dolencia de la vista, le impedía servir a Dios, le ordenó salir a cazar y, tras cazar todo lo que le fuera posible, preparar una cena, para que después de esto suplique a Dios que esté presente como aliado y colaborador en toda la vida, diciendo que era incierto cuándo moriría, pero que antes de esto quería que Dios le proporcionara, habiendo sido invocado con las oraciones por él.
1.269
Esaú partió a la caza; Rebeca, queriendo invocar a Dios para la benevolencia hacia Jacob, le ordenó, contra la opinión de Isaac, que degollara cabritos y preparara una cena. Jacob servía a su madre, habiendo aprendido todo de ella;
1.270
y cuando la cena estuvo lista, cubriéndose el brazo con la piel de un cabrito, para que fuera creído por el padre que era Esaú debido a la vellosidad— pues siendo en todo lo demás igual por ser gemelo, solo en esto se diferenciaba—, y temiendo que, antes de que se realizaran las oraciones, al ser descubierto haciendo el mal, provocara al padre a hacer lo contrario, ofreció la cena al padre.
1.271
E Isaac, al reconocerlo por el timbre de su voz, llamó a su hijo; y cuando este le tendió el brazo, que tenía cubierto con la piel de cabra, al tocarlo le dijo:« Tu voz es, en efecto, parecida a la de Jacob, pero por la aspereza del vello me pareces ser Esaú».
1.272
Y sin sospechar engaño alguno, tras cenar, se volvió hacia la oración y la súplica a Dios, diciendo:« Señor de todo el tiempo y creador de toda la existencia; pues tú otorgaste a mi padre una gran abundancia de bienes, me hiciste digno de los presentes y prometiste a los que nacieran de mí ser un ayudante benevolente y dador siempre de lo mejor».
1.273
« Confirma, pues, esto y no me desampares debido a mi presente debilidad, por la cual me encuentro necesitando más de ti; sálvame a este hijo con benevolencia y guárdalo libre de todo mal, dándole una vida dichosa y la posesión de tantos bienes como tienes poder para otorgar, haciéndolo temible para sus enemigos, pero honrado y querido por sus amigos».
1.274
Y él, creyendo que dirigía sus oraciones a Esaú, suplicaba a Dios; pero apenas hubo terminado, llegó Esaú de la caza. E Isaac, al darse cuenta del error, guardó silencio, mientras que Esaú exigía de su padre obtener lo mismo que su hermano.
1.275
Como el padre se negaba por haber agotado todas las bendiciones en Jacob, Esaú se lamentaba por el error. Y el padre, afligido por sus lágrimas, le dijo que él se distinguiría en la caza y en la fuerza corporal, en las armas y en todas las obras, y que disfrutaría de la gloria por ello durante toda su vida y también su descendencia, pero que serviría a su hermano.
1.276
Pero la madre rescató a Jacob, quien temía que su hermano quisiera tomar venganza por el error en las bendiciones; pues convenció a su marido de que Jacob tomara por esposa a una pariente de Mesopotamia.
1.277
Pues Esaú ya había tomado por esposa a Basemat, la hija de Ismael; ya que los allegados a Isaac no eran favorables a los cananeos, de modo que, estando ellos disgustados por sus matrimonios anteriores, él tomó a Basemat para complacerlos, esforzándose especialmente por ella.
1.278
Jacob, enviado a Mesopotamia por su madre para casarse con la hija de Labán, el hermano de ella, habiendo consentido Isaac el matrimonio por obedecer los deseos de su mujer, viajaba a través de Canaán y, debido al odio hacia los habitantes locales, no consideraba digno alojarse en ninguna parte,
1.279
sino que pernoctaba al aire libre, poniendo bajo su cabeza piedras que él mismo amontonaba, y durante el sueño ve una visión que se le presenta: le pareció ver una escalera que llegaba desde la tierra hasta el cielo y, a través de ella, visiones que descendían, más majestuosas que la naturaleza humana, y finalmente a Dios apareciéndosele claramente sobre ella, llamándolo por su nombre y dirigiéndole tales palabras.
1.280
« Jacob, siendo tú hijo de un buen padre y habiendo obtenido un abuelo de gran reputación de virtud, no te conviene afligirte por las circunstancias presentes, sino esperar cosas mejores».
1.281
« Pues una abundante presencia de grandes bienes te aguarda para el futuro con mi auxilio. Pues yo conduje a Abram desde Mesopotamia hasta aquí, cuando era perseguido por sus parientes, e hice a tu padre dichoso; una suerte no menor a la de ellos te depararé a ti».
1.282
« Ten confianza, pues, y recorre este camino teniéndome a mí como guía; pues se llevará a cabo para ti el matrimonio que has deseado, y tendrás hijos buenos, y la multitud de ellos será superior a cualquier número, dejando a sus hijos mayores; a quienes yo doy el dominio de esta tierra y a sus hijos, los cuales llenarán toda la tierra y el mar que el sol contempla».
1.283
« Pero no sospeches peligro alguno ni temas la multitud de trabajos, pues yo cuido de los que habrás de realizar, tanto en el presente como, mucho más, en el futuro».
1.284
Estas cosas, pues, predice Dios a Jacob; y él, lleno de alegría por lo visto y anunciado, embellece las piedras, habiéndose hecho sobre ellas el vaticinio de tan grandes bienes, y hace el voto de sacrificar sobre ellas, si tras haber adquirido una vida libre de males regresaba, de dar a Dios el diezmo de lo obtenido al llegar así, y considera sagrado el lugar, poniéndole por nombre Betel, lo cual significa en la lengua de los griegos hogar divino.
1.285
Avanzando hacia Mesopotamia, llegó con el tiempo a Jarán, y al encontrar pastores en las afueras, así como jóvenes y doncellas reunidos junto a un pozo, pasó el tiempo con ellos necesitando beber y, al entablar conversación, les preguntó si conocían a un tal Labán que aún viviera entre ellos.
1.286
Ellos dijeron que todos lo conocían, pues no era alguien como para ser desconocido, y que su hija pastoreaba con ellos, de quien se extrañaban de que aún no hubiera llegado; pues de ella habrías aprendido con mayor precisión todo lo que deseas oír sobre ellos. Mientras aún decían esto, llegó la joven junto con los pastores que descendían.
1.287
Y le señalan a Jacob, diciéndole que este extranjero había llegado preguntando por su padre. Ella, complacida por la ingenuidad de la presencia de Jacob, le preguntó quién era, de dónde venía hacia ellos y qué necesidad lo había traído, y deseaba que fuera posible para ellos proporcionarle lo que necesitara.
1.288
Jacob, no por el parentesco ni por la benevolencia debida a este, sino vencido por el amor a la joven, quedó atónito ante su belleza al verla así, como pocas mujeres de entonces florecían, y dice:« Pero para mí, contigo y con tu padre, si es que eres hija de Labán, existe un parentesco anterior a tu nacimiento y al mío».
1.289
« Pues de Taré fueron hijos Abram, Arán y Nacor, de los cuales Betuel, tu abuelo, es hijo de Nacor, e Isaac, mi padre, es hijo de Abram y de Sara, la hija de Arán. Tenemos esto como una prenda de parentesco más cercana y reciente entre nosotros».
1.290
« Pues Rebeca, mi madre, es hermana de Labán, tu padre, por parte de padre y de madre, y somos primos yo y
1.291
tú. Y ahora he venido aquí para saludarlos y renovar el parentesco que ya existía entre nosotros». Ella, por el recuerdo, como suele suceder a los jóvenes, habiendo oído de su padre lo referente a Rebeca y sabiendo que sus padres la añoraban, por la benevolencia hacia su padre, se llenó de lágrimas y abrazó a Jacob,
1.292
y tras besarlo, decía que él traía el placer más deseado y grande para su padre y para todos los de la casa, que yacían en el recuerdo de su madre y se encontraban solo en esto; y que él le parecería digno de cualquier bien. Le pedía que se dirigiera ya hacia su padre y que la siguiera mientras ella lo guiaba, y que no se privara de más placer demorándose.
1.293
Dicho esto, lo llevó ante Labán, y al ser reconocido por su tío, él mismo se sintió seguro al estar entre amigos y les proporcionó gran placer al aparecer inesperadamente.
1.294
Después de no muchos días, Labán decía que se alegraba por su presencia más de lo que podría expresar con palabras, y preguntaba la causa por la que había llegado, dejando a su madre y a su padre ancianos, quienes necesitaban de su cuidado; pues le proporcionaría ayuda para toda necesidad.
1.295
Jacob le contaba toda la causa, diciendo que Isaac tuvo dos hijos gemelos, él mismo y Esaú, quien, cuando perdió las bendiciones del padre, que se hicieron sobre él por la sabiduría de la madre, buscaba matarlo por haber sido privado del reino de Dios y de los bienes que el padre había rogado.
1.296
« Esta es la causa de mi presencia aquí, según el mandato de mi madre; pues para todos nosotros son hermanos, y la madre añade más del parentesco que con ellos». Y dice:« Haciendo de ti y de Dios el baluarte de mi partida, confío en las circunstancias presentes».
1.297
Labán, tanto por los antepasados como por la madre, promete compartir con él toda filantropía, hacia quien demostraría su benevolencia mediante el esmero por él, incluso no estando presente; pues decía que lo establecería como encargado de sus rebaños y que lo consideraría digno de una parte de ellos, y que, cuando deseara regresar con sus propios padres, volvería con regalos y con el honor que era natural que recibiera un pariente así.
1.298
Jacob, al escuchar esto con alegría y decir que gustosamente, permaneciendo con él, soportaría todo trabajo por su placer, pero que consideraba digno de recibir como salario por esto el matrimonio con Raquel, tanto por las otras cosas que la hacían digna de honor por su parte, como porque ella había sido la servidora de su llegada; pues el amor por la joven lo obligó a dirigir las palabras sobre esto.
1.299
Labán, complacido por esto, asiente al matrimonio con la joven, deseando que no viniera otro yerno mejor; si, sin embargo, permanecía con él algún tiempo, haría esto; pues no enviaría a su hija a los cananeos; pues se arrepentía de que el parentesco de su hermana se hubiera unido allí.
1.300
Como Jacob accedía a esto, acuerdan un tiempo de siete años; pues tantos se ha decidido que sirva a su suegro, para que, dando prueba de su virtud, se reconozca mejor quién es. Y Labán, al aceptar la palabra, al pasar el tiempo, preparó el banquete de bodas.
1.301
Pero al llegar la noche, sin que Jacob lo sospechara, le hace acostar con la otra de las hijas, mayor que Raquel y de aspecto no agraciado. Aquel, al unirse por la embriaguez y la oscuridad, luego, al llegar el día, al darse cuenta, reclamaba la injusticia a Labán.
1.302
Él pedía perdón por la necesidad por la que había hecho esto; pues no le había entregado a Lía por maldad, sino vencido por otra mayor. Esto, sin embargo, no impedía el matrimonio con Raquel, sino que, como la amaba, se la daría tras otra heptada de años. Jacob se convence, pues el amor por la joven no le permitía hacer otra cosa, y tras pasar otra heptada de años, tomó a Raquel.
1.303
Ambas tenían siervas que el padre les había dado, Zelfa a Lía y Bala a Raquel, esclavas de ninguna manera, sino subordinadas. Y el amor del marido hacia la hermana afectaba terriblemente a Lía, y esperaba que, al tener hijos, sería honrada, y suplicaba a Dios continuamente.
1.304
Y al nacer un hijo varón y, por ello, volverse el marido hacia ella, llama al hijo Rubén, porque por la compasión de Dios hacia ella había nacido; pues esto significa el nombre. Y les nacen otros tres después de un tiempo: Simeón, y el nombre significa que Dios la había escuchado, luego Leví, como un garante de comunión, tras el cual Judá, esto denota gratitud.
1.305
Raquel, temiendo no obtener una parte menor del marido debido a la fertilidad de su hermana, hace acostar con Jacob a su propia sierva Bala. Nació de ella un niño, Dan, que algunos dirían que significa juzgado por Dios según la lengua de los griegos; y tras él Neftalí, como ingenioso, debido a haber contraatacado la fertilidad de su hermana.
1.306
Lo mismo hace Lía, habiendo contraatacado la obra de su hermana; pues hace acostar a su propia sierva y nace también de Zelfa un hijo, Gad, que uno llamaría fortuito, y tras él Aser, que podría llamarse bienaventurado por lo que añadía para su gloria.
1.307
Como Rubén, el mayor de los hijos de Lía, traía manzanas de mandrágora a su madre, Raquel, al verlas, le pide que le dé, habiendo sentido deseo por el fruto. Como ella no se convencía y le pedía que se conformara, porque le había quitado el honor del marido, Raquel, suavizando el ánimo de su hermana, decía que le cedería al marido para que durmiera con ella aquella tarde.
1.308
Como ella aceptaba el favor, Jacob duerme con Lía, complaciendo a Raquel. De nuevo, pues, le nacen hijos, Isacar, significando el nacido de salario, y Zabulón, empeñado por la benevolencia hacia ella, y una hija, Dina. Con el tiempo, también a Raquel le nace un hijo, José; denota que alguien habría de ser añadido.
1.309
Durante todo este tiempo, que son veinte años, pastoreaba para su suegro; después, exigía tomar a sus mujeres y partir hacia sí mismo; como el suegro no consentía, planeaba hacer esto a escondidas.
1.310
Por tanto, tanteaba a sus mujeres, cómo se sentían respecto a la partida, y como ellas estaban dispuestas, Raquel, habiendo tomado también las imágenes de los dioses, que era costumbre venerar por ser patrios, huía junto con su hermana, los hijos de ambas y las siervas junto con sus hijos, y si alguna posesión tenían.
1.311
Jacob se llevaba también la mitad de los rebaños sin que Labán lo supiera. Raquel se llevaba las imágenes de los dioses, habiéndole enseñado Jacob a despreciar tal honor a los dioses, pero para que, si eran alcanzados por su padre al ser perseguidos, tuviera a estos a los que recurrir para obtener perdón.
1.312
Labán, al enterarse al primer día de la partida de Jacob y de sus hijas, afligido, cabalgaba contra él apresurándose con una fuerza, y al séptimo día los alcanza establecidos en una colina.
1.313
Y entonces, pues era tarde, guardaba silencio; pero Dios, apareciéndosele en sueños, le aconsejó que, tomando a su yerno y a sus hijas, se mantuviera tranquilo y no se atreviera a nada contra ellos por ira, sino que hiciera un pacto con Jacob, diciendo él mismo que lucharía a su favor si, despreciando su pequeñez, procediera contra él mediante la lucha.
1.314
Labán, habiéndose producido tal vaticinio para él, al día siguiente, tras invitar a Jacob a hablar y revelarle el sueño, una vez que este vino a él convencido, comenzó a acusarlo, reprochándole que, habiendo llegado a él pobre y sin nada, lo recibió y le proporcionó toda abundancia de su propia posesión; pues incluso uní a mis hijas, calculando que tu benevolencia hacia nosotros aumentaría con esto.
1.315
« Tú, sin embargo, no teniendo respeto ni por tu propia madre ni por el parentesco que tienes conmigo, ni por las mujeres con las que me casé, ni preocupándote por los hijos de los que soy abuelo, me trataste con ley de guerra, llevándote mi posesión y persuadiendo a mis hijas de huir del que las engendró»,
1.316
« y habiendo tomado los objetos sagrados patrios, te vas llevándotelos, honrados por mis antepasados y considerados dignos por mí de la misma veneración que ellos; y esto, que ni siquiera los que han luchado contra sus enemigos hicieron, lo hiciste tú, el pariente, hijo de mi hermana, marido de mis hijas, y habiendo sido extranjero y huésped de mi casa».
1.317
Tras decir esto Labán, Jacob se defendía diciendo que Dios no solo infunde el amor por la patria, sino también por todos, y que después de tanto tiempo era correcto que él regresara a ella.
1.318
« Sobre la riqueza de la que me acusas», dice,« tú mismo podrías ser hallado injusto ante otro juez; pues sobre la que debías tenernos gratitud, por haber sido guardada por nosotros y haber aumentado, sobre esta,¿ cómo no te equivocas de lo justo al enfurecerte conmigo, si tomamos y tenemos una pequeña parte de ella? Sobre las hijas, sin embargo, sabe que no las hice partir por mi maldad, sino por la benevolencia justa que sucede que tienen las mujeres casadas hacia los que conviven con ellas; siguen, pues, no tanto a mí, como a sus hijos».
1.319
Y esto decía sobre no ser él mismo injusto, pero también presentaba una acusación y se quejaba de que, siendo hermano de su madre y habiéndole unido a sus hijas, lo agotara con mandatos crueles, manteniéndolo entre ellos por veinte años. Y decía que lo que le sucedió por pretexto de los matrimonios, aunque era cruel, era más ligero, pero que eran peores las cosas después de los matrimonios y las que cualquier enemigo habría evitado sufrir.
1.320
Pues Labán trató muy maliciosamente a Jacob; pues al ver que Dios lo ayudaba en lo que quisiera, prometía proporcionarle de lo que naciera, a veces lo que fuera blanco, y otras veces lo negro de los nacidos.
1.321
Al multiplicarse los nacidos a nombre de Jacob, no guardaba la fe para el presente, sino que prometía proporcionárselo al año debido a que envidiaba la multitud de la posesión, prometiendo por ser poco esperanzador que nacieran tantos, pero mintiendo sobre los nacidos.
1.322
Sobre los objetos sagrados, sin embargo, ordenaba que se hiciera una búsqueda; al aceptar Labán la búsqueda, Raquel, al enterarse, deposita las imágenes en la albarda del camello que la llevaba; se sentaba diciendo que la purificación natural la molestaba.
1.323
Labán se aparta de la búsqueda posterior, al no creer que la hija se acercara a las imágenes con tal padecimiento, y hace juramentos a Jacob de que no le guardaría rencor por nada de lo sucedido, sino que también él amaría a sus hijas.
1.324
Y hicieron los pactos sobre esto sobre unos montes, sobre los cuales erigieron una estela a modo de altar, de donde se dice que el monte es Galaad, de donde también ahora llaman a la tierra Galaaditis. Tras banquetearse sobre los juramentos, Labán partió.
1.325
A Jacob, que avanzaba hacia Canaán, le salían al encuentro visiones que le sugerían buenas esperanzas sobre el futuro; y llama a aquel lugar campamento de Dios, y queriendo saber qué piensa su hermano, envió por delante a los que conocerían cada cosa con precisión, temiéndolo por la sospecha anterior.
1.326
Ordenaba a los enviados decir a Esaú que Jacob, al considerar injusto convivir con la ira de la región, se había marchado voluntariamente, y ahora, considerando que el tiempo era suficiente para reconciliarse, regresaba trayendo mujeres e hijos junto con la vida obtenida, entregándose a sí mismo con lo más preciado a él, porque consideraba el mayor bien compartir con su hermano lo dado por Dios.
1.327
Ellos declaraban esto, y Esaú se llena de alegría y salía al encuentro de su hermano con cuatrocientos hombres armados. Jacob, al enterarse de que venía a su encuentro con tantos, estaba muy temeroso, sin embargo, confiaba la esperanza de la salvación a Dios y tenía previsión de las circunstancias presentes, para que él mismo salvara sin daño a los que estaban con él, tras vencer a los enemigos si quisieran ser injustos.
1.328
Tras dividir a los que estaban con él, envió a unos por delante y ordenó a los restantes seguir más cerca, para que, si los enviados eran forzados por el ataque del hermano, tuvieran refugio en los que seguían.
1.329
Tras disponer de este modo a los que estaban con él, envía a algunos que llevaban regalos al hermano; los enviados eran bestias de carga y una multitud de cuadrúpedos variados, que ciertamente habrían de ser valiosos para los que los recibieran por la escasez de ellos.
1.330
Los enviados iban a intervalos, para que, al encontrarse más continuamente, parecieran muchos; pues se aplacaría la ira por los regalos, si permanecía enfurecido; además, se había ordenado a los enviados hablarle con palabras amables.
1.331
Tras organizar esto durante todo el día, al llegar la noche, movía a los que estaban con él; y tras haber cruzado un torrente llamado Jaboc, Jacob, habiéndose quedado atrás, al encontrarse con una visión, luchaba, comenzando aquel la lucha, y vencía a la visión,
1.332
la cual ciertamente usa voz y palabras hacia él, aconsejándole alegrarse por lo sucedido y no considerar que vencía poco, sino que había vencido a un ángel divino y considerar esto como señal de grandes bienes que habrían de ser y de que su linaje nunca perecería, ni que nadie de los hombres sería superior a su fuerza.
1.333
Le ordenó llamarlo Israel, lo cual significa en la lengua de los hebreos el que resiste al ángel de Dios. Esto, sin embargo, lo predecía tras la súplica de Jacob; pues al reconocer que era un ángel de Dios, le pedía que le indicara qué suerte tendría. Y la visión, tras decir esto, se vuelve invisible.
1.334
Jacob, complacido por esto, llama al lugar Fanuel, lo cual significa rostro de Dios. Y al producirse por la lucha un dolor en el nervio ancho, él mismo se abstiene de comerlo y, por él, tampoco es comestible para nosotros.
1.335
Al enterarse de que el hermano estaba ya cerca, ordena avanzar a cada una de las mujeres por su parte junto con las siervas, para que desde lejos observaran las obras de los hombres que luchaban, si Esaú quisiera esto, y él mismo adoraba al hermano que estaba cerca de él, sin pensar nada engañoso sobre él.
1.336
Esaú, tras saludarlo, preguntaba por la multitud de los hijos y las mujeres, y exigía entonces, tras saber todo sobre ellos, caminar también él con ellos hacia el padre; como Jacob ponía como pretexto el cansancio de las bestias de carga, se retiró a Seir; pues allí hacía su vida, llamando al lugar, por su propio vello, velludo.
1.337
Jacob llegó a las que aún hoy llaman Tiendas, de donde llegó a Siquem; la ciudad es de los cananeos. Como los siquemitas celebraban una fiesta, Dina, la única hija de Jacob, pasó a la ciudad para ver el adorno de las mujeres locales. Siquem, el hijo del rey Hemor, al verla, la corrompe mediante rapto y, al sentirse enamorado, suplica al padre que tome para él a la joven en matrimonio.
1.338
Él, convencido, vino ante Jacob suplicando unir a Dina con su hijo Siquem según la ley. Jacob, sin poder contradecir por la dignidad del que suplicaba ni considerando legítimo casar a su hija con un extranjero, consideró digno pedirle tiempo para deliberar sobre lo que suplicaba.
1.339
El rey se marchaba esperando que Jacob concedería el matrimonio, y Jacob, tras declarar a sus hijos tanto la corrupción de la hermana como la súplica de Hemor, pedía deliberar qué se debía hacer. La mayoría, pues, guardaba silencio sin saber qué opinar, pero Simeón y Leví, hermanos de la misma madre de la joven, acuerdan entre sí tal acción:
1.340
siendo fiesta y estando los siquemitas entregados al descanso y al banquete, de noche, atacando primero a los guardias, los matan mientras dormían y, tras entrar en la ciudad, eliminan a todo varón y al rey junto con ellos y a su hijo, pero perdonan a las mujeres. Tras hacer esto sin el conocimiento del padre, traen de vuelta a la hermana.
1.341
A Jacob, atónito ante la magnitud de lo sucedido y enfurecido contra los hijos, Dios, apareciéndosele, le ordenó tener confianza y, tras purificar las tiendas, realizar sacrificios, los cuales había prometido al partir primero hacia Mesopotamia ante la visión del sueño.
1.342
Purificando, pues, a los que seguían, encuentra los dioses de Labán, pues no sabía que habían sido robados por Raquel, y los escondió en Siquem bajo una encina, y tras partir de allí, sacrificaba en Betel, donde vio el sueño al avanzar primero hacia Mesopotamia.
1.343
Avanzando desde allí, cuando llega a Efrata, allí entierra a Raquel, que murió del parto, siendo la única de los parientes que no obtuvo el honor de Hebrón. Tras lamentarse mucho, llamó al hijo nacido de ella Benjamín por el dolor que se produjo en la madre por él.
1.344
Estos son todos los hijos de Jacob, doce varones y una hembra. De estos, ocho legítimos, seis de Lía y dos de Raquel, y cuatro de las siervas, dos de cada una, cuyos nombres de todos ya dije.
1.345
Llegó desde allí a la ciudad de Hebrón, situada en Canaán; allí Isaac tenía su vida; y pasan poco tiempo juntos; pues Jacob no encontró viva a Rebeca. Isaac muere también no mucho después de la llegada del hijo y obtuvo sepultura por los hijos junto con su mujer en Hebrón, al encontrarse allí el monumento ancestral para ellos.
1.346
Isaac fue un hombre amado por Dios y considerado digno de mucha providencia por él después de Abram, su padre, y muy longevo; pues tras vivir ciento ochenta y cinco años, murió así con virtud.