In laudem Cypriani
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Original: Pg Scrape Grc
In laudem Cypriani ΛΟΓΟΣ ΚΔʹ. Εἰς τὸν ἅγιον ἱερομάρτυρα Κυπριανὸν, ἐξ ἀγροῦ μετὰ μίαν τῆς μνείας ἡμέραν ἐπανήκοντος.
Spanish Gemini
0
En alabanza de Cipriano. Discurso XXIV. Al santo mártir Cipriano, que regresa del campo un día después de su conmemoración.
1
Por poco nos escapa Cipriano;¡ oh, qué pérdida! Y vosotros lo habéis tolerado, vosotros que más que nadie admiráis al hombre y lo honráis con los honores y festividades que se le tributan a lo largo del año; Cipriano, de quien, incluso aquellos que olvidan otras cosas, deben acordarse de lo necesario; si es que hay que recordar sobre todo lo mejor, y aquello cuyo recuerdo es a la vez santo y provechoso. Pero devolvamos la deuda con intereses, si es que resultamos ser tan ricos, y no seamos del todo indigentes y pobres. Y si somos demasiado pobres, sé que nos perdonará tanto la demora como la pobreza, puesto que el hombre es magnánimo y filósofo en todo; solo con que le agradezcamos que no se nos haya escapado. Y agradezcámoselo, pues es justo. Debemos comenzar de esta manera, ya que hemos regresado para vuestro bien, y con las medidas adecuadas de Dios, que determina y dirige todas las cosas con peso y medida, pasando del silencio a la palabra, de la devoción a los mártires a los mártires mismos, del descanso corporal al banquete espiritual.
2
Os anhelábamos, hijos míos, y éramos correspondidos con la misma medida; pues así lo creo. Ved la gratitud de un padre; hablo de la mía y doy testimonio de la vuestra, y tras habernos separado tanto tiempo, lo suficiente para conocer y probar el anhelo en la distancia, tal como los pintores hacen con sus cuadros, nos hemos reunido de nuevo.¡ Qué gran ascua de memoria, y qué breve trato de amigos, para aquellos que son afectuosos en su modo de ser y que imitan la filantropía de Dios!¿ Y cómo no íbamos a hacerlo, nosotros, discípulos de Cristo, que se vació por nosotros hasta tomar forma de siervo, y que reunió para sí a quienes eran extranjeros de las cosas celestiales, aferrarnos y abrazarnos unos a otros, y guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz, que es el misterio, o más bien el compendio, de la Ley y los Profetas?
3
Este es, pues, uno de los beneficios, y el primero: acudir rápidamente unos a otros y abrazarnos. Pues el celo no tolera la demora; y toda la vida es un solo día para quienes sufren por el anhelo. El segundo, que es también el mayor, es no correr detrás de la fiesta, ni quedar privados de la mistagogia de los mártires y del deleite y alivio que de ella nos sobreviene. Pues yo, aunque confieso ser más torpe que nadie en otras cosas, y haber sacudido todo anhelo desde que me puse al servicio de Cristo, no elijo nada de lo que es placentero y codiciado por los demás: ni la riqueza que se arrastra y se revuelca por el suelo, ni los placeres del vientre, padre de la insolencia, ni las vestiduras suaves y vaporosas, ni el brillo y la gracia de las piedras preciosas, ni el oído que hechiza, ni el olfato que afemina, ni los aplausos de las multitudes y los teatros que enloquecen, cosas que hace tiempo cedimos a quienes las desean; ni todo lo que es fruto de aquel primer gusto del que perecimos; es más, condeno por gran necedad a quienes soportan ser dominados por estas cosas y corromper la nobleza del alma con la pequeñez que rodea a tales objetos, y que se añaden a quienes huyen como si estuvieran quietos. Pero de aquello estoy insaciablemente ávido y me aferro, y me acepto a mí mismo en esta pasión: me deleito con los honores de los mártires y me glorío con la sangre de los atletas; y aunque los combates y la victoria sean de otros, las coronas son mías.¡ Tanto me apodero de la belleza y de tal modo hago míos sus logros!
4
A todos los mártires se debe celebrar, y a todos se debe abrir prontamente la lengua, el oído y la mente, hablando con entusiasmo sobre ellos y escuchando, considerando que todo es inferior a su combate. Pues así es, habiendo muchos que nos guían hacia lo mejor y muchas enseñanzas para la virtud— la palabra, la ley, los profetas, los apóstoles, los mismos sufrimientos de Cristo, que subió a la cruz como primer mártir y me reunió a mí también, para clavar mi pecado, triunfar sobre la serpiente, santificar el madero, vencer el placer, rescatar a Adán y recuperar la imagen caída—, siendo tantos y tales, no son menos para nuestra pedagogía los mártires, holocaustos racionales, víctimas perfectas, ofrendas aceptables, proclamas de la verdad, estelas contra la mentira, cumplimiento de la ley— si se entiende espiritualmente—, disolución del error, persecución de la maldad, diluvio del pecado, purificación del mundo.
5
Pero tú, Cipriano, para mí el más precioso tanto en realidad como en nombre, más que los otros mártires( pues no hay envidia entre los mártires de los mártires); por ti, de manera especial, he sido vencido en la virtud, y con tu memoria me siento aliviado, y me vuelvo como alguien inspirado por el placer, y de alguna manera estoy presente en el martirio, participo del combate y me traslado por completo hacia ti; tal vez por la familiaridad de tus palabras, en las que superabas a los demás tanto como lo racional supera a la naturaleza irracional( pues se introduce, no sé cómo, un filtro en aquellos que se unen por algo, no menos que en las otras cosas que en los vínculos de sangre); o tal vez por lo repentino y paradójico de tu transformación, que supera toda palabra y ejemplo. Pues dulce es el sol después de la nube que antes lo ocultaba; más dulce es la primavera, porque viene tras la tristeza del invierno; más agradable es la calma sonriente, y el mar extendido que juega con las orillas tras el cese de los vientos y las olas que sufrían dolores de parto.
6
Este es Cipriano, oh hombres( para que los que ya lo conocéis seáis más felices con el recuerdo, y los que lo ignoráis aprendáis la más bella de nuestras narraciones y la gloria común de los cristianos), este es aquel, el gran nombre de los cartagineses en otro tiempo, y ahora de toda la ecúmene, el ilustre por su riqueza, el notable por su poder y el conocido por su linaje( si es que la participación y presidencia en el senado es la mayor prueba de nobleza), la flor de la juventud, el adorno de la naturaleza, el poder de las palabras, tanto las de la filosofía como las de cualquier otra educación, y de todas ellas la parte que quieras; de modo que se admiraba más la variedad que la excelencia en cada una, o más bien la reputación en cada una de la polimatía en todo; o, para distinguirlo más claramente, unos por la variedad, otros por la excelencia, y hay quienes por ambas, pero él superaba a todos en todo.
7
De sus palabras, pues, son testigos las mismas palabras, que él pronunció muchas y brillantes en nuestro favor, puesto que trasladó su educación por la filantropía de Dios, que hace y transforma todas las cosas hacia lo mejor, e inclinó la irracionalidad ante la palabra; pero de aquí en adelante, no sé cómo usar la palabra ni en qué convertirme; cómo no extender un discurso largo y totalmente fuera de tiempo, recordando todas las cosas de Cipriano; y cómo no privar a los presentes de lo más importante por lo que se calla. Por tanto, para caminar por el medio del tiempo y del anhelo de los oyentes, me parece que debo hacer lo siguiente: dejar las otras cosas para los que ya las conocen, e instruir a los que las ignoran, si es que hay algunos, para que ambos sean beneficiados por igual, tanto los que enseñan las cosas de él como los que aprenden( puesto que recordar al hombre es santificación, y el discurso es lo más grande para el consuelo de la virtud); pero mencionar brevemente uno o dos de sus hechos, y aquellos que ni queriendo sería posible pasar por alto.
8
Recordaré su vida anterior, y cuál fue su camino de salvación, y cuál fue su llamada, y su cambio hacia lo mejor. Eso es, ciertamente, muy innoble y pusilánime, pensar que el atleta es insultado por el recuerdo de sus actos más torpes. Pues así, tampoco nos sería loable el gran Pablo, ni Mateo el publicano entre los peores, ni el mismo Cipriano; el uno recordando sus propias persecuciones anteriores y el cambio de su celo, para glorificar más al benefactor por el contraste; el otro añadiéndose a sí mismo al publicano en la enumeración de los discípulos, como si fuera otro distintivo de honor; el otro incluso denunciando con un largo discurso su propia maldad anterior, para que también esto lo fructifique para Dios, la confesión, y sea camino para muchos hacia la esperanza más bondadosa de los que se convierten de la maldad.¿ Cuál era, pues, la maldad, y considerad cuán grande y de qué magnitud? Era un servidor de demonios, el que más tarde fue discípulo de Cristo; y un perseguidor amarguísimo, el gran luchador de la verdad; y con palabras y obras perturbaba nuestro camino, debido a su poder en ambos, el más poderoso en ambos después de esto para los cristianos.¡ Qué mal y qué hechicería añadida a esto, lo más conocido de él!¡ Cuán terrible y qué insaciabilidad del cuerpo, que puede enloquecer incluso a los sabios en otras cosas, y los obliga a pensar peor, como un potro insolente, arrebatando el razonamiento!
9
Llega a nosotros el discurso a este punto central. Y que nadie, mirando los primeros pasos de Cipriano, se entregue a los placeres; sino que se corrija con los últimos. Había una virgen de las bien nacidas y decorosas. Escuchad, vírgenes, y alegraos juntas, o más bien también todas las que están bajo el yugo, si sois sensatas y amantes de la sensatez; pues el relato es un adorno común para ambas. Y la virgen era muy hermosa de aspecto; que cante con nosotros a ella el divino David, diciendo: Toda la gloria de la hija del rey está en su interior, verdadera esposa de Cristo, belleza reservada, estatua animada, ofrenda inviolable, templo inaccesible, jardín cerrado, fuente sellada( que cante también algo Salomón), guardada solo para Cristo. De esta se prendó el gran Cipriano, no sé de dónde ni cómo, de la que era siempre segura y decorosa. Pues los ojos codiciosos tocan incluso lo intocable, siendo el instrumento más pronto y más insaciable. Y no solo se prendó, sino que también tentó.¡ Oh, qué necedad, si esperaba despojarla, o más bien qué desvergüenza la del que se atreve a tales cosas y persuade a otros a atreverse! Aquel también se deslizó en el paraíso desde el principio contra la primera criatura; y se mantiene en medio de los ángeles para pedir a Job; y al final, se atreve contra el mismo Señor, que lo va a destruir y a matar, y le presenta la tentación al que no puede ser tentado( puesto que vio al segundo Adán, la manifestación de Dios), como si fuera a luchar también contra él. Ignoraba que caería ante la divinidad, al correr hacia la humanidad.¿ Qué tiene, pues, de extraño si también a través de Cipriano tienta a la santa alma y al cuerpo intocado?
10
Sin embargo, él tentaba, y utiliza a una alcahueta, no a una mujer vieja de las aptas para esto, sino a uno de los demonios amantes de los cuerpos y de los placeres; puesto que las fuerzas apóstatas y envidiosas son rápidas para el servicio de tales cosas, buscando muchos compañeros de caída. Y el salario de la alcahuetería, sacrificios y libaciones, y la familiaridad a través de sangres y grasa; pues tales debían ser los salarios para los que conceden tales cosas. Pero ella, cuando se dio cuenta del mal y conoció la asechanza( pues las almas puras y divinas son más rápidas para la caza del que actúa, aunque sea muy sofisticado y variado en su empresa),¿ qué hace y qué contraataca al creador de la maldad? Desesperando de todas las demás cosas, se refugia en Dios, y hace protector contra el odioso deseo a su propio esposo, que también rescató a Susana y salvó a Tecla; a la una de los amargos ancianos, a la otra del pretendiente tirano y de la madre más tiránica.¿ A quién? A Cristo, que también reprende a los espíritus, y aligera a los que son bautizados, y camina sobre el mar, y entrega una legión de espíritus al abismo; y rescata de la fosa al justo expuesto como alimento a los leones, y que venció a las fieras con la extensión de sus manos; y rescata al profeta fugitivo tragado por un monstruo marino, que conservó la fe en sus entrañas; y salva a los jóvenes asirios en la llama, enfriando la pira con un ángel, y uniendo al cuarto con los tres.
11
Proclamando estas cosas y más que estas, y suplicando a la Virgen María que ayude a la virgen en peligro, se propone el remedio del ayuno y de dormir en el suelo; marchitando a la vez la belleza como insidiosa, para retirar el material de la llama y consumir el combustible de las pasiones; y a la vez aplacando a Dios a través de la fe y a través de la humildad; pues con nada de todo, como con el sufrimiento, es curado Dios, y se devuelve la filantropía con lágrimas. Anheláis los siguientes pasos, lo sé, del relato. Pues estáis angustiados por la virgen, y no menos por el amante, no sea que el deseo terminara en mal para ambos. Pero tened ánimo. Pues el deseo se convierte en precursor de la fe; y el amante, al pretender para sí a la virgen, es pretendido por Cristo; y la llama de los deseos se apaga, y se enciende la de la verdad.¿ Cómo y de qué manera? Aquí está para mí lo más dulce del relato. Vence la virgen, es vencido el demonio. El tentador se acerca al amante, le anuncia la derrota; es despreciado. Se irrita por el desprecio; se venga del que lo desprecia.¿ Y cuál es la venganza? Se instala en él; en el que antes era su servidor, para que el mal sea expulsado por el mal, y la locura sea remedio de la locura. De la virgen es rechazado, como una máquina de un muro fortificado y noble, por la huida de la palabra y la oración; pero lucha contra el que lo envió,(¡ oh, qué milagro!) volviéndose de nuevo contra el que lo lanzó, y estrangulándolo, como a un segundo Saúl.
12
¿ Qué hace, pues, el insensato amante y sensato capturado? Busca la solución del mal, la encuentra; pues todo lo que es presionado es ingenioso.¿ Cuál es la solución? Se refugia en el Dios de la virgen, como Saúl en la cítara de David y sus toques; se acerca al Pastor de ella; es purificado, así como del deseo a través de la herida, así del espíritu maligno a través de la fe en Cristo; traslada el deseo; aunque durante mucho tiempo es desconfiado y rechazado; pues parecía que el asunto era de los increíbles y maravillosos, que Cipriano fuera contado alguna vez entre los cristianos, aunque todos los hombres lo fueran; pero se traslada, y la prueba del cambio es evidente: expone públicamente los libros de hechicería; triunfa sobre la debilidad del tesoro maligno; proclama la insensatez, levanta una llama brillante de ellos, consume con fuego el largo engaño, que no se defendió con una llama de carne; se aparta de los demonios, se familiariza con Dios.¡ Oh, qué gracia! Cuanto encuentra a Dios con deseo y espíritu maligno, se convierte en oveja sagrada del sagrado rebaño, y como yo escuché de alguien, también sacristán, habiendo suplicado mucho, para que filosofe la humildad para purificación de la anterior arrogancia. Luego pastor, y el más poderoso y probado de los pastores. Pues no preside solo la Iglesia de los cartagineses, ni la de África, famosa desde entonces y por él hasta ahora, sino también de toda la occidental, y casi de la misma oriental, de la parte sur y norte, hasta donde él llegó con el milagro. Así Cipriano se convierte en nuestro.
13
Estas son las cosas del Dios de las señales y los prodigios; estas, el que llevó a José a Egipto para ser vendido a través de la envidia de sus hermanos, y lo probó en una mujer, y lo glorificó en la provisión de grano, y lo hizo sabio en los sueños, para que fuera creído en tierra extraña, y fuera honrado por el Faraón, y se convirtiera en padre de muchas miríadas, por las cuales Egipto es atormentado, el mar es cortado, el pan llueve, el sol se detiene, la tierra de la promesa es heredada. Pues sabe la sabiduría preparar desde lejos las causas de las grandes cosas, y administrar los contrarios a través de los contrarios, para que sea más admirada. Bastan también estas cosas de los bienes de Cipriano para la medida de la más perfecta alabanza. Pero ahora son tantas las que faltan y tales, que si no tuviera nada de lo dicho anteriormente para alabanza, bastaría con las siguientes para vencer a todos. Pues para resumir las cosas intermedias, el desprecio por las riquezas, la disolución de la soberbia, la pedagogía del cuerpo y la pureza contraria a los impulsos anteriores, lo filósofo en el vestido, lo elevado y a la vez filantrópico en los encuentros, de modo que dista igual de la miseria y de la arrogancia; los lechos en el suelo, las vigilias, que, aunque siendo aprendiz tardío de tales cosas, superaba por mucho a los que se habían adelantado; la ambición por las palabras, de las cuales educó todo el carácter, y purificó la ignorancia de los dogmas, y adornó las vidas de los hombres, y la divinidad de la Trinidad principal y real, que era dividida, y por algunos incluso mezclada, la devolvió a lo antiguo, permaneciendo en los límites de la piadosa unión y enumeración; para resumir esto por la inmensidad, con la disolución de la vida disolveré el discurso.
14
Decio se enfurecía contra nosotros, e inventaba todas las ideas de castigos, y algunas de las desgracias ya estaban presentes, otras estaban por venir; y hace un combate igual, tanto capturar a los cristianos como superar a los perseguidores anteriores, o más bien, o capturar a todos los cristianos, o solo a Cipriano y presentarlo. Pues cuanto sabía que el hombre difería en piedad y gloria, tanto veía la victoria para sí más evidente y brillante, si se apoderaba de él. Pues aquello era solo capturar a cristianos, pero esto era también de la misma filosofía y de las palabras. Y quitar la lengua primero, luego llevarse mudos e irracionales a los que se apoyaban en ella, pensaba que era la mejor estrategia; no pensando rectamente ni piadosamente estas cosas, pero no del todo irracionalmente, al menos para su propia voluntad y empresa; pero el hecho lo demostró. Pues después de que, habiendo rechazado toda acometida y tentación varonil y noblemente, como una roca costera las acometidas de las olas, al final es condenado al exilio por él; el noble no se complacía en lo que le concernía, ni amaba salvarse; ni consideraba la deshonra más que la seguridad para el cuerpo, o el peligro del alma que la tranquilidad, y el pasar por alto a los demás que se arriesgaban en el tiempo, no estando el que los entrenaba y los animaba al combate. Pues no es poco poder y palabra para la adición de valentía a los que se desnudan para el estadio de la virtud.
15
Por esto estaba ausente en el cuerpo, pero presente en el espíritu, y luchaba junto a los que combatían; y con la lengua no podía ayudar, pero ayuda con la carta.¿ Cómo? Se convierte en entrenador en el exilio, escribiendo los exhortativos, y redactando la piedad, y él solo hace más mártires a través de las cartas, que todos los presentes por sí mismos a los que sufrían entonces. Pues persuade a no poner la patria, ni el linaje, ni la abundancia, ni el poder, ni ninguna otra cosa de las que yacen en el suelo, delante de la verdad y de los premios de la virtud reservados allí, para los que se arriesgan por lo bello. Y que esta es la mejor de las ocupaciones, comprar con poca sangre el reino de los cielos, y recibir la eternidad de la gloria a cambio de los bienes temporales. Pues una sola es la patria para los elevados, la Jerusalén inteligible, no las divididas aquí por pequeños límites, y que cambian muchos habitantes; y una sola la brillantez del linaje, la guarda de la imagen y la semejanza al arquetipo, cuanto es posible para los prisioneros de la carne y capaces de recibir una breve emanación de lo bello; y un solo poder, el dominio contra el maligno, y lo invulnerable e invencible del alma en los combates por la piedad, cuando la maldad lucha contra la virtud, y el mundo contra el mundo, el que se disuelve contra el que permanece, y el amargo organizador de los juegos contra los nobles atletas, y Beliar se despliega contra Cristo. Por esto persuadía a despreciar las espadas, a considerar frío el fuego, a creer mansos a los más salvajes de las fieras, a suponer el hambre como el mayor deleite, y a pasar por alto las lágrimas de los suyos, y los lamentos, y los gemidos, como señuelos del maligno y obstáculos del camino divino. Pues estas son cosas de almas varoniles y nobles, y de razonamiento sensato. Y el ejemplo estaba cerca, el mismo que decía y escribía estas cosas, habiendo considerado todo como basura, para ganar a Cristo.
16
Pensando así Cipriano, y armando así con las palabras para el combate, producía muchos atletas.¿ Y qué salario recibe de esto?¡ Qué abundante y generoso! Se convierte en mártir sobre todas las cosas que envió, siendo cortada su cabeza con espada y pone esta corona sobre las muchas torturas. Así es llevado a Cristo, así es trasladado hacia Cristo, el Cipriano grande en impiedad y mayor en piedad, el grande, perseguidor y coronado, el admirable no menos por el cambio que por la virtud. Pues no es tan grande conservar el tipo de bueno, como innovar la piedad. Pues lo uno es de la costumbre, lo otro de la buena voluntad; y lo uno es de lo que poseen muchos, de lo otro son pocos los ejemplos.
17
¿ Pero qué tal aquel otro de sus milagros? Perseveremos un poco más en el discurso, para que gratifiquemos al atleta. Tal es la conducta del hombre, tal el modo del combate. Pero cuando termina la vida( si es lícito decir esto, y no llamar al asunto de él partida hacia Dios, o cumplimiento de anhelo, o disolución de cadenas, o separación de peso), se hace un milagro también aquí digno de los anteriores; el nombre de Cipriano era grande entre todos, y no solo entre los cristianos, sino también entre los que estaban alineados en la dirección contraria a nosotros( pues para todos es igualmente venerable lo bello); pero el cuerpo era invisible, y el tesoro estaba en manos de una mujer de las fervientes en la piedad, y esto por mucho tiempo; no sé si honrando Dios a la amante de Dios, y por esto rodeada del mártir, o ejercitando nuestro anhelo, por si no soportábamos ser privados y despojados de las santas reliquias. Pero cuando el Dios de los mártires no soportó hacer propio de alguien el bien de todos, ni privar a lo común con la gracia hacia ella, hace público el cuerpo a través de una revelación, y depositando este honor en una mujer de las dignas; para que sean santificadas también las mujeres, así como habiendo dado a luz a Cristo primero, y habiendo anunciado a los discípulos después de la resurrección de entre los muertos, así también ahora a Cipriano, la una habiéndolo mostrado, la otra habiéndolo entregado como beneficio común. Este es el último de sus bienes. Así sale al medio el digno de no ser ocultado, y no se le permite filosofar su propio robo, puesto que él es más fuerte y elevado que los honores sobre los cuerpos.
18
Las cosas por nuestra parte son tantas, y no sé si es necesario decir más. Pues ni aunque extendiéramos un largo discurso, diríamos algo digno de lo que le pertenece, y de lo que cada uno ha concebido sobre el hombre. Y esto, cuanto para cumplir con el honor debido a él, hemos recorrido; pero lo restante debe ser añadido por vosotros mismos, para que también vosotros aportéis algo al mártir, la expulsión de los demonios, la disolución de las enfermedades, la previsión del futuro; todas las cuales puede también el polvo de Cipriano con la fe, como saben los que han experimentado, y los que han transmitido el milagro hasta nosotros, y lo transmitirán al tiempo futuro. O más bien, aportad las cosas mayores que estas, y las que es natural que aporten los que lo honran genuinamente, el vaciamiento del cuerpo, la ascensión del alma, la huida de la maldad, el aumento de la virtud; las vírgenes la incorporeidad, las mujeres la decoro de la virtud más que del cuerpo, los jóvenes la valentía contra las pasiones, los ancianos la buena voluntad, los que están en el poder la legalidad, los que están en la estrategia la mansedumbre, los que están en las palabras lo razonable;¿ diré algo también de los nuestros?, los sacerdotes la mistagogia, los del pueblo la obediencia, los que están en el duelo el consuelo, los que están en la prosperidad el temor, los ricos la distribución, los pobres la gratitud; todos la formación contra el maligno y amargo perseguidor, para que no golpee apareciendo, no dispare escondiéndose, no luche como oscuridad, no juegue como ángel de luz, y robe hacia el abismo de la perdición.
19
Es terrible ser capturado por los ojos, y ser herido por la lengua, y ser engañado por el oído, y ser quemado por la ira hirviente, y ser arrastrado por el gusto, y ser afeminado por el tacto, y usar las armas de la salvación como armas de muerte; siendo necesario, habiéndose protegido con el escudo de la fe, estar de pie contra las astucias del Maligno; y habiendo vencido con Cristo, y habiendo luchado con los mártires, escuchar aquella gran voz: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino prometido para vosotros, donde está la morada de todos los que se alegran, y que bailan la danza indisoluble; donde hay sonido de los que celebran, y voz de regocijo, y un resplandor de la divinidad más perfecto y más puro, cuya fruición es ahora en enigmas y sombras. De estas cosas se alegra Cipriano siendo honrado más que de todas las otras juntas; estas cosas filosofaba también estando presente con la vida, y estando ausente exhorta a todos a través de nuestra voz; la cual no deshonréis de ninguna manera, si es que os importa algo su perseverancia, y sus combates por la verdad, y los míos que defiendo estas cosas. Estas son para ti las primicias de mis palabras, oh cabeza divina y sagrada; este es para ti el premio de las palabras y del combate; no un apio olímpico, ni manzanas délficas, juegos, ni pino ístmico, ni apio de Nemea, con los cuales fueron honrados los efebos desafortunados; sino la palabra, lo más familiar de todo para los servidores de la Palabra; y si es digno de tus combates y palabras, el regalo de la Palabra. Tú, pues, míranos desde arriba propicio, y dirige nuestra palabra y vida, y pastorea este sagrado rebaño, o copastorealo, enderezando las otras cosas como es posible hacia lo mejor, y apartando a los lobos pesados, los cazadores de las sílabas y de las palabras; y el resplandor de la santa Trinidad, de la cual tú eres ahora asistente, más perfecto y más brillante concédenos, a la cual adoramos, a la cual glorificamos, con la cual convivimos, adorando al Padre en el Hijo, al Hijo en el santo Espíritu, a la cual también asistamos después sinceros e irreprochables, de la cual también participemos perfectos perfectamente, en el mismo Cristo nuestro Señor, a quien toda gloria, honor y poder por los siglos de los siglos. Amén.