Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
Aphorismi
Hippocrates (V BC)Apho 1 · spanish-geminiMore by Hippocrates (V BC)
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/hippocrates-2" aria-label="More works by Hippocrates (V BC)"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
SECCIÓN PRIMERA. 1. La vida es breve, el arte largo, la ocasión fugaz, la experiencia engañosa y el juicio difícil. Es necesario no solo que uno mismo haga lo que es debido, sino también que el enfermo, los presentes y los factores externos colaboren. 2. En los trastornos intestinales y en los vómitos que ocurren espontáneamente, si se evacua lo que debe ser evacuado, es beneficioso y lo soportan bien; si no, ocurre lo contrario. Lo mismo sucede con la inanición: si se produce como debe ser, es beneficiosa y la soportan bien; si no, lo contrario. Por tanto, hay que observar el lugar, la estación, la edad y las enfermedades, para ver si es necesario o no. 3. En los atletas, los estados de plenitud extrema son peligrosos si están en su punto máximo; pues no pueden permanecer en el mismo estado ni mantenerse estables. Y como no se mantienen estables, ya no pueden progresar hacia algo mejor, por lo que solo queda el empeoramiento. Por estas razones, es conveniente reducir la plenitud sin demora, para que el cuerpo pueda tomar un nuevo punto de partida para su nutrición; tampoco hay que llevar las reducciones al extremo, pues es peligroso, sino llevarlas hasta el punto que la naturaleza del paciente pueda soportar. Del mismo modo, las evacuaciones que llevan al extremo son peligrosas, y también las nutriciones que se encuentran en el extremo son peligrosas. 4. Las dietas delgadas y precisas, tanto en las enfermedades largas como en las agudas, donde no son toleradas, son peligrosas. Y, a su vez, las dietas que han llegado al extremo de delgadez son difíciles; pues también las plenitudes que están en el extremo son difíciles. 5. En las dietas delgadas, los enfermos cometen errores, por lo cual se perjudican más; pues cualquier error que se cometa se vuelve mucho mayor que en las dietas un poco más abundantes. Por esto, incluso para los que están sanos, las dietas demasiado delgadas, establecidas y precisas son peligrosas, porque soportan peor los errores. Por tanto, las dietas delgadas y precisas son, en la mayoría de los casos, más peligrosas que las un poco más abundantes. 6. Para las enfermedades extremas, los tratamientos extremos en cuanto a precisión son los mejores. 7. Donde la enfermedad es muy aguda, conlleva inmediatamente los dolores extremos, y es necesario usar la dieta más delgada posible; donde no, sino que es posible alimentar de forma más abundante, hay que descender tanto como la enfermedad sea más leve que las extremas. 8. Cuando la enfermedad está en su apogeo, es necesario usar la dieta más delgada. 9. Hay que conjeturar también si el enfermo será capaz de resistir con la dieta hasta el apogeo de la enfermedad, y si él desfallecerá antes y no resistirá la dieta, o si la enfermedad desfallecerá antes y se atenuará. 10. Por tanto, a aquellos cuyo apogeo es inmediato, hay que alimentarlos de forma delgada inmediatamente; a aquellos cuyo apogeo es posterior, hay que retirar la dieta hacia ese momento, y un poco antes de él; antes de eso, alimentar de forma más nutritiva, para que el enfermo pueda resistir. 11. En los paroxismos hay que restringirse; pues añadir es perjudicial; y todo lo que se exacerba por periodos, en los paroxismos hay que restringirse. 12. Las enfermedades, las estaciones del año y la correspondencia de los periodos entre sí, ya sea que ocurran diariamente, en días alternos o en intervalos más largos, revelarán los paroxismos y las condiciones; además, los síntomas que aparecen, como en los pleuríticos, si el esputo aparece inmediatamente, al principio, acorta la enfermedad; si aparece más tarde, la alarga. Y la orina, las deposiciones, los sudores, si son de difícil o fácil juicio, y si las enfermedades son cortas o largas, lo revelan. 13. Los ancianos soportan el ayuno con mayor facilidad; en segundo lugar, los adultos; los adolescentes lo soportan menos, y los niños, sobre todo, especialmente aquellos que por naturaleza son más activos. 14. Los que están en crecimiento tienen el calor innato más abundante; por tanto, necesitan más alimento; si no, el cuerpo se consume. Los ancianos tienen poco calor, por lo que necesitan pocos combustibles; pues por muchos se apaga; por esto, las fiebres en los ancianos no son igualmente agudas; pues el cuerpo está frío. 15. Los intestinos en invierno y primavera son naturalmente más calientes, y los sueños más largos; en estas estaciones, por tanto, hay que dar más alimento; pues tienen el calor innato más abundante; por tanto, necesitan más alimento; una señal de esto son las edades y los atletas. 16. Las dietas húmedas son beneficiosas para todos los que tienen fiebre, especialmente para los niños y para los demás que están acostumbrados a alimentarse así. 17. Y a quienes una o dos veces, y más o menos, y por partes; pero hay que dar algo también a la costumbre, a la estación, al lugar y a la edad. 18. En verano y otoño soportan los alimentos con mayor dificultad, en invierno con mayor facilidad, en primavera en segundo lugar. 19. A los que se exacerban en los periodos, no darles nada ni obligarles, sino retirar los alimentos antes de las crisis. 20. Lo que está en proceso de crisis o lo que ha sido juzgado recientemente, no moverlo ni innovar, ni con fármacos ni con otros estímulos, sino dejarlo. 21. Lo que hay que evacuar, hacia donde más se incline, hacia allí evacuar, a través de los lugares convenientes. 22. Purgar y mover lo maduro, no lo crudo, ni al principio, a menos que esté inflamado; pero la mayoría no está inflamada. 23. No juzgar las evacuaciones por la cantidad, sino por si evacuan como deben y si el paciente lo soporta bien; y donde sea necesario evacuar hasta el desmayo, hacerlo también, si el enfermo lo resiste. 24. En las enfermedades agudas, usar los fármacos pocas veces y al principio, y hacerlo después de haber juzgado bien. 25. Si se evacua lo que debe ser evacuado, es beneficioso y lo soportan bien; lo contrario, con dificultad.
2
SECCIÓN SEGUNDA. 1. En la enfermedad en la que el sueño causa dolor, es mortal; si el sueño beneficia, no es mortal. 2. Donde el sueño detiene el delirio, es bueno. 3. El sueño y el insomnio, ambos cuando superan la medida, son malos. 4. Ni la saciedad, ni el hambre, ni ninguna otra cosa es buena si es más de lo que la naturaleza requiere. 5. Los cansancios espontáneos indican enfermedades. 6. Aquellos que, sufriendo algún dolor en el cuerpo, no sienten la mayor parte de los dolores, en ellos la mente está enferma. 7. Los cuerpos que se adelgazan en mucho tiempo, nutrirlos lentamente; los que en poco tiempo, poco a poco. 8. Si alguien que toma alimento después de una enfermedad no recupera fuerzas, significa que el cuerpo necesita más alimento; si esto ocurre sin que tome alimento, hay que saber que necesita evacuación. 9. Los cuerpos, donde uno quiera purgar, hay que hacerlos fluidos. 10. Los cuerpos que no están limpios, cuanto más los nutras, más los perjudicarás. 11. Es más fácil saciarse de bebida que de comida. 12. Lo que queda en las enfermedades después de la crisis suele causar recaídas. 13. Aquellos en quienes ocurre la crisis, la noche anterior al paroxismo es difícil, pero la siguiente suele ser más llevadera. 14. En las diarreas, los cambios en las deposiciones benefician, si no cambian hacia lo malo. 15. Donde la garganta está enferma o crecen tumores en el cuerpo, observar las secreciones; pues si son biliosas, el cuerpo enferma junto con ellas; si se vuelven similares a las de los sanos, es seguro nutrir el cuerpo. 16. Donde hay hambre, no se debe trabajar. 17. Donde entra más alimento de lo natural, esto causa enfermedad, y el tratamiento lo demuestra. 18. De los que nutren abundante y rápidamente, las evacuaciones también son rápidas. 19. Los pronósticos de las enfermedades agudas no son del todo seguros, ni de la muerte ni de la salud. 20. Aquellos que siendo jóvenes tienen los intestinos húmedos, al envejecer se les secan; aquellos que siendo jóvenes tienen los intestinos secos, al hacerse mayores se les humedecen. 21. El hambre se cura con la saciedad. 22. Las enfermedades que surgen de la saciedad, la evacuación las cura, y las que surgen de la evacuación, la saciedad, y así con las demás, la contrariedad. 23. Las enfermedades agudas se juzgan en catorce días. 24. De las siete, el cuarto es evidente; el octavo es el comienzo de la otra semana, y el undécimo es observable, pues este es el cuarto de la otra semana; el decimoséptimo es observable de nuevo, pues este es el cuarto desde el decimocuarto y el séptimo desde el undécimo. 25. Las tercianas estivales suelen ser cortas, las otoñales largas, y especialmente las que se unen al invierno. 26. Es mejor que la fiebre ocurra después de una convulsión que la convulsión después de la fiebre. 27. No hay que confiar en los que mejoran sin razón, ni temer demasiado los males que ocurren sin razón; pues la mayoría de estos son inestables y no suelen durar ni prolongarse. 28. En los que tienen fiebre, no del todo superficialmente, el persistir y que el cuerpo no ceda, o incluso consumirse más de lo razonable, es malo; pues lo primero indica la duración de la enfermedad, lo segundo, la debilidad. 29. Al principio de las enfermedades, si parece que hay que mover algo, muévelo; pero cuando están en su apogeo, es mejor mantener la calma. 30. Alrededor de los principios y los finales, todo es muy débil; alrededor de los apogeos, muy fuerte. 31. Que el cuerpo no mejore en quien se alimenta bien tras una debilidad es malo. 32. Por lo general, todos los que están mal, al principio se alimentan bien y no mejoran, pero al final vuelven a dejar de comer; los que al principio no comen nada, pero después se alimentan bien, terminan mejor. 33. En toda enfermedad, que la mente esté fuerte y bien dispuesta hacia los alimentos es bueno; lo contrario, malo. 34. En las enfermedades corren menos peligro aquellos en quienes la enfermedad es más acorde a su naturaleza, a su constitución, a su edad y a la estación, que aquellos en quienes no es acorde en alguno de estos aspectos. 35. En todas las enfermedades, es mejor tener grosor alrededor del ombligo y el hipogastrio; lo que está muy delgado y consumido es malo; y tal estado es peligroso también para las purgas inferiores. 36. Los que tienen cuerpos sanos, al purgarse con fármacos, se debilitan rápidamente, y también los que usan mala alimentación. 37. Los que tienen buenos cuerpos son difíciles de purgar. 38. Se debe elegir más bien la bebida y la comida un poco peores, pero más agradables, que las mejores pero más desagradables. 39. Los ancianos enferman menos que los jóvenes; pero cuantas enfermedades crónicas les sobrevienen, la mayoría mueren con ellas. 40. Las ronqueras y los catarros en los muy ancianos no maduran. 41. Los que se debilitan frecuente y fuertemente, sin causa aparente, mueren repentinamente. 42. Curar una apoplejía fuerte es imposible, y una débil, no es fácil. 43. De los que son ahorcados o sofocados, pero aún no han muerto, no se recuperan aquellos que tienen espuma alrededor de la boca. 44. Los que son muy obesos por naturaleza mueren más rápidamente que los delgados. 45. En los epilépticos jóvenes, los cambios de edad, de lugar y de modo de vida producen la curación. 46. Cuando ocurren dos dolores a la vez no en el mismo lugar, el más fuerte oscurece al otro. 47. Alrededor de la formación de pus, los dolores y las fiebres ocurren más que cuando ya se ha formado. 48. En todo movimiento del cuerpo, cuando empieza a doler, descansar inmediatamente es libre de dolor. 49. Los acostumbrados a soportar los dolores habituales, aunque sean débiles o ancianos, los soportan más fácilmente que los fuertes y jóvenes no acostumbrados. 50. Lo que es habitual desde hace mucho tiempo, aunque sea peor que lo no habitual, suele molestar menos; pero hay que cambiar también hacia lo no habitual. 51. Evacuar, llenar, calentar, enfriar o mover el cuerpo de cualquier otra manera en gran cantidad y repentinamente es peligroso, y todo lo excesivo es enemigo de la naturaleza; lo que es poco a poco es seguro, y además, si uno pasa de una cosa a otra. 52. Al hacer todo según la razón, si no ocurren las cosas según la razón, no cambiar a otra cosa, permaneciendo en lo que se pensó desde el principio. 53. Aquellos que tienen los intestinos húmedos, siendo jóvenes, terminan mejor que los que los tienen secos, pero en la vejez terminan peor; pues suelen secarse al envejecer. 54. En cuanto al tamaño del cuerpo, ser grande al crecer es noble y no desagradable; pero envejecer con él es difícil de manejar y peor que ser más pequeño.
3
SECCIÓN TERCERA. 1. Los cambios de las estaciones producen enfermedades, y en las estaciones los grandes cambios de frío o calor, y las demás cosas según la razón. 2. De las naturalezas, unas están bien o mal dispuestas para el verano, otras para el invierno. 3. De las enfermedades, unas están bien o mal dispuestas para otras, y ciertas edades para las estaciones, los lugares y las dietas. 4. En las estaciones, cuando en el mismo día hay calor y luego frío, hay que esperar enfermedades otoñales. 5. Los vientos del sur causan sordera, nubosidad, pesadez de cabeza, pereza y relajación; cuando este domina, tales cosas sufren en las debilidades. Si es del norte, tos, dolores de garganta, intestinos duros, disurias con escalofríos, dolores de costado y de pecho; cuando este domina, tales cosas hay que esperar en las debilidades. 6. Cuando el verano es como la primavera, hay que esperar muchos sudores en las fiebres. 7. En las sequías ocurren fiebres agudas; y si el año es así durante más tiempo, tal como hizo la condición, en su mayor parte tales enfermedades hay que esperar. 8. En los tiempos establecidos, y cuando las estaciones dan lo que les corresponde, las enfermedades son estables y de fácil juicio; en los inestables, inestables y de difícil juicio. 9. En otoño las enfermedades son más agudas y, por lo general, más mortales; la primavera es lo más saludable y lo menos mortal. 10. El otoño es malo para los tísicos. 11. Sobre las estaciones, si el invierno es seco y del norte, y la primavera lluviosa y del sur, es necesario que en verano ocurran fiebres agudas, oftalmias y disenterías, especialmente en las mujeres y en los hombres de naturaleza húmeda. 12. Si el invierno es del sur, lluvioso y templado, y la primavera seca y del norte, las mujeres cuyos partos son en primavera abortan por cualquier causa; las que dan a luz, tienen hijos débiles y enfermizos, de modo que mueren inmediatamente o viven delgados y enfermizos; para los demás mortales, ocurren disenterías y oftalmias secas, y para los ancianos, catarros que los matan rápidamente. 13. Si el verano es seco y del norte, y el otoño lluvioso y del sur, ocurren dolores de cabeza en invierno, tos, ronqueras, catarros y, en algunos, tisis. 14. Si es del norte y sin lluvia, para los de naturaleza húmeda y para las mujeres es beneficioso; para los demás habrá oftalmias secas, fiebres agudas, catarros y, en algunos, melancolías. 15. De las condiciones del año, en general, las sequías son más saludables que las lluvias y menos mortales. 16. Las enfermedades en las lluvias, por lo general, son fiebres largas, diarreas, putrefacciones, epilepsias, apoplejías y anginas; en las sequías, tisis, oftalmias, artritis, estrangurias y disenterías. 17. Las condiciones diarias: las del norte contraen los cuerpos, los hacen vigorosos, ágiles, de buen color y más agudos de oído, secan los intestinos, irritan los ojos y, si hay algún dolor en el pecho, duele más; las del sur relajan los cuerpos, los humedecen, causan sordera, pesadez de cabeza y vértigos, dificultad de movimiento en los ojos y en el cuerpo, y humedecen los intestinos. 18. Según las estaciones, en primavera y a principios de verano, los niños y los que están en esas edades viven mejor y gozan de mejor salud; en verano y otoño, hasta cierto punto los ancianos; el resto, y en invierno, los de edad media. 19. Todas las enfermedades ocurren en todas las estaciones, pero algunas ocurren y se exacerban más en unas que en otras. 20. En primavera, las manías, las melancolías, las epilepsias, las hemorragias, las anginas, los catarros, las ronqueras, la tos, la lepra, los líquenes, los alfitos, las erupciones ulcerosas, los tumores y los dolores articulares. 21. En verano, algunas de estas, fiebres continuas, causos, la mayoría de las tercianas, vómitos, diarreas, oftalmias, dolores de oídos, ulceraciones de boca, putrefacciones de genitales y sudores. 22. En otoño, la mayoría de las estivales, fiebres cuartanas, erráticas, enfermedades del bazo, hidropesías, tisis, estrangurias, lienterías, disenterías, ciáticas, anginas, asmas, íleos, epilepsias, manías y melancolías. 23. En invierno, pleuresías, peripneumonías, catarros, ronqueras, tos, dolores de pecho, dolores de costado, de lomo, dolores de cabeza, vértigos y apoplejías. 24. En las edades ocurre lo siguiente: en los niños pequeños y recién nacidos, aftas, vómitos, tos, insomnios, miedos, inflamaciones del ombligo y humedad de oídos. 25. Hacia la dentición, picor de encías, fiebres, convulsiones, diarreas, especialmente cuando sacan los colmillos, y en los niños más obesos y los que tienen los intestinos duros. 26. Al hacerse mayores, anginas, desviaciones de la vértebra de la nuca hacia adentro, asmas, litiasis, lombrices redondas, áscaris, acrocordones, satiriasis, escrófulas y otros tumores, especialmente los mencionados. 27. En los que son aún mayores y se acercan a la pubertad, la mayoría de estos, fiebres más crónicas y hemorragias nasales. 28. La mayoría de las enfermedades de los niños se juzgan en cuarenta días, otras en siete meses, otras en siete años, otras al acercarse a la pubertad; cuantas persisten en los niños y no se resuelven al llegar a la pubertad, o en las hembras al llegar a la menstruación, suelen hacerse crónicas. 29. En los jóvenes, hemoptisis, tisis, fiebres agudas, epilepsias y las demás enfermedades, especialmente las mencionadas. 30. En los que superan esta edad, asmas, pleuresías, peripneumonías, letargos, frenitis, causos, diarreas crónicas, cóleras, disenterías, lienterías y hemorroides. 31. En los ancianos, disneas, catarros con tos, estrangurias, disurias, dolores articulares, nefritis, vértigos, apoplejías, caquexias, picores de todo el cuerpo, insomnios, humedad de intestinos, ojos y nariz, ambliopías, glaucomas y sorderas.
4
SECCIÓN CUARTA. 1. A las embarazadas se les debe administrar purgantes, si hay urgencia, entre el cuarto mes y hasta los siete meses, pero en menor medida a estas; en cuanto a los niños y a los ancianos, hay que ser precavidos. 2. En las purgas, conviene eliminar del cuerpo sustancias similares a las que se expulsan espontáneamente, y detener las que se expulsan de forma contraria. 3. Si se purgan como es debido, es beneficioso y lo toleran bien; si es al contrario, lo toleran con dificultad. 4. En verano, purgar preferiblemente por arriba; en invierno, por abajo. 5. Bajo la canícula y antes de ella, las purgas son problemáticas. 6. A los delgados que tienen buenas digestiones, purgar por arriba, evitando el invierno. 7. A los de digestión difícil y medianamente carnosos, por abajo, evitando el verano. 8. A los tísicos, evitando las purgas por arriba. 9. A los melancólicos, más vigorosamente por abajo, aplicando el mismo razonamiento a la inversa. 10. Purgar en los casos muy agudos, si hay urgencia, el mismo día; pues demorarse en tales casos es malo. 11. Aquellos que sufren retortijones, dolores alrededor del ombligo y dolor de lomos que no cede ni con purgas ni de otro modo, derivan en hidropesía seca. 12. En quienes tienen vientres lientéricos, purgar por arriba en invierno es malo. 13. Para los eléboros, en aquellos que no se purgan fácilmente por arriba, humedecer previamente los cuerpos con más alimento y reposo. 14. Cuando alguien toma eléboro, si se mueve, el fármaco actúa más; si duerme o no se mueve, menos; el mareo demuestra que el movimiento agita los cuerpos. 15. Cuando quieras que el eléboro actúe más, mueve el cuerpo; cuando quieras detenerlo, haz que duerma y no lo muevas. 16. El eléboro es peligroso para quienes tienen las carnes sanas, pues provoca espasmos. 17. En quien no tiene fiebre, la falta de apetito, el ardor precordial, el vértigo y la boca amarga indican necesidad de purga por arriba. 18. Los dolores por encima del diafragma indican purga por arriba; los que están por debajo, por abajo. 19. Quienes durante la toma de purgantes no sienten sed, no dejan de purgarse hasta que la sienten. 20. En quienes no tienen fiebre, si aparece retortijón, pesadez de rodillas y dolor de lomos, indica necesidad de purga por abajo. 21. Las deposiciones negras, como sangre, que salen espontáneamente, tanto con fiebre como sin ella, son pésimas; y cuanto más numerosas y peores sean los colores, peor es; con fármaco, en cambio, es mejor, y cuantos más colores haya, no es malo. 22. En las enfermedades que comienzan, si aparece bilis negra, ya sea por arriba o por abajo, es mortal. 23. Aquellos que, tras enfermedades agudas o crónicas, o por heridas, o de cualquier otro modo, han quedado debilitados, si aparece bilis negra o algo parecido a sangre negra, mueren al día siguiente. 24. La disentería que comienza con bilis negra es mortal. 25. La sangre por arriba, sea cual sea, es mala; por abajo, es buena, así como las deposiciones negras. 26. Si a quien padece disentería le salen carnes, es mortal. 27. En quienes durante las fiebres hay hemorragia abundante por cualquier parte, en la recuperación sus vientres se humedecen. 28. En quienes las deposiciones son biliosas, si aparece sordera, cesan; y en quienes hay sordera, si las deposiciones se vuelven biliosas, cesa. 29. En quienes durante las fiebres sextanas aparecen escalofríos, el pronóstico es difícil. 30. En quienes ocurren paroxismos, si en la hora en que cesa, vuelve a aparecer a la misma hora al día siguiente, el pronóstico es difícil. 31. En los que tienen fatiga durante las fiebres, las supuraciones ocurren sobre todo en las articulaciones y cerca de las mandíbulas. 32. En quienes, al levantarse de las enfermedades, algo les duele, allí ocurren las supuraciones. 33. Pero si ya había un dolor previo antes de enfermar, allí se asienta la enfermedad. 34. Si a quien tiene fiebre, sin haber inflamación en la faringe, le sobreviene asfixia repentina, es mortal. 35. Si a quien tiene fiebre se le tuerce el cuello de repente y apenas puede tragar, sin haber inflamación, es mortal. 36. Los sudores en los febriles, si comienzan en los días tercero, quinto, séptimo, noveno, undécimo, decimocuarto, decimoséptimo, vigesimoprimero, vigesimoséptimo, trigesimoprimero y trigesimocuarto, son buenos; pues estos sudores resuelven las enfermedades; los que no ocurren así indican dolor, prolongación de la enfermedad y recaídas. 37. Los sudores fríos, si ocurren con fiebre aguda, indican muerte; con fiebre más suave, indican prolongación de la enfermedad. 38. Y donde hay sudor en el cuerpo, allí indica la enfermedad. 39. Y donde hay calor o frío en el cuerpo, allí está la enfermedad. 40. Y donde hay cambios en todo el cuerpo, y si el cuerpo se enfría o se calienta de nuevo, o un color cambia por otro, indica prolongación de la enfermedad. 41. El sudor abundante que ocurre tras el sueño sin causa aparente indica que el cuerpo consume demasiado alimento; si esto ocurre sin que tome alimento, indica que necesita evacuación. 42. El sudor abundante, frío o caliente, que fluye constantemente, el frío indica una enfermedad mayor, y el caliente, una menor. 43. Las fiebres que, sin intermitencia, se vuelven más fuertes cada tercer día, son peligrosas; de cualquier modo que intermitan, indica que no hay peligro. 44. En quienes las fiebres son largas, aparecen tumores o dolores en las articulaciones. 45. En quienes aparecen tumores o dolores en las articulaciones a causa de las fiebres, estos consumen más alimentos. 46. Si sobreviene escalofrío a una fiebre continua, estando ya débil, es mortal. 47. Las expectoraciones en las fiebres continuas, las lívidas, sanguinolentas, fétidas y biliosas, todas son malas; pero si se evacúan bien, son buenas, tanto por las deposiciones como por la orina; si no se excreta nada de lo beneficioso por estas vías, es malo. 48. En las fiebres continuas, si las partes externas están frías pero las internas arden y hay sed, es mortal. 49. En fiebre continua, si un labio, una ceja, un ojo o la nariz se tuerce, si no ve, si no oye, estando el enfermo débil, ocurra lo que ocurra de esto, la muerte está cerca. 50. Donde en fiebre continua ocurre disnea y delirio, es mortal. 51. En las fiebres, las supuraciones que no se resuelven en las primeras crisis indican prolongación de la enfermedad. 52. Quienes durante las fiebres o en otras debilidades lloran voluntariamente, no es nada extraño; pero quienes lo hacen involuntariamente, es más extraño. 53. En quienes durante las fiebres se forma mucosidad viscosa en los dientes, las fiebres se vuelven más fuertes. 54. En quienes hay tos seca prolongada, que irrita levemente, en fiebres ardientes, no tienen mucha sed. 55. Las fiebres con bubones son todas malas, excepto las efímeras. 56. El sudor que sobreviene a un febril, sin que la fiebre cese, es malo; pues la enfermedad se prolonga e indica mayor humedad. 57. La fiebre que sobreviene a quien padece espasmo o tétanos resuelve la enfermedad. 58. A quien padece fiebre ardiente, si sobreviene escalofrío, es resolución. 59. La terciana verdadera se resuelve como máximo en siete periodos. 60. En quienes durante las fiebres los oídos se quedan sordos, si fluye sangre por la nariz o el vientre se altera, resuelve la enfermedad. 61. En un febril, si la fiebre no cesa en los días impares, suele recaer. 62. En quienes durante las fiebres aparecen ictericias antes de los siete días, es malo, a menos que haya deposiciones líquidas por el vientre. 63. En quienes durante las fiebres ocurren escalofríos cada día, las fiebres se resuelven cada día. 64. En quienes durante las fiebres aparecen ictericias el séptimo, noveno, undécimo o decimocuarto día, es bueno, a menos que el hipocondrio derecho esté duro; si no, no es bueno. 65. En las fiebres, el ardor fuerte alrededor del vientre y el ardor precordial es malo. 66. En las fiebres agudas, los espasmos y los dolores fuertes alrededor de las vísceras son malos. 67. En las fiebres, los miedos o espasmos durante el sueño son malos. 68. En las fiebres, la respiración entrecortada es mala; pues indica espasmo. 69. En quienes la orina es espesa, grumosa y escasa, no estando sin fiebre, la evacuación abundante de esta, una vez que se vuelve delgada, beneficia; sobre todo esto ocurre en quienes desde el principio o rápidamente tienen sedimento. 70. En quienes durante las fiebres la orina está turbia como la de una bestia de carga, a estos les sobrevienen o sobrevendrán cefaleas. 71. En quienes la crisis es el séptimo día, la orina presenta una nube roja el cuarto día, y lo demás en proporción. 72. En quienes la orina es transparente y blanca, es malo; sobre todo aparece en los frenéticos. 73. En quienes los hipocondrios están elevados y borborigman, al sobrevenir dolor de lomos, sus vientres se humedecen, a menos que se rompan los gases o salga abundante orina; esto ocurre en las fiebres. 74. En quienes hay esperanza de que la supuración se dirija a las articulaciones, la orina abundante, muy espesa y blanca, que comienza a aparecer en algunos durante las fiebres fatigantes cuartanas, libera de la supuración; y si además hay hemorragia nasal, se resuelve muy rápidamente. 75. Si orina sangre o pus, indica ulceración de los riñones o de la vejiga. 76. En quienes, estando la orina espesa, salen pequeños trozos de carne como cabellos, a estos se les excreta desde los riñones. 77. En quienes, estando la orina espesa, se orinan junto con ella partículas como salvado, a estos les pica la vejiga. 78. Quienes orinan sangre espontáneamente, indica rotura de una pequeña vena de los riñones. 79. En quienes se deposita arena en la orina, a estos les salen cálculos en la vejiga. 80. Si orina sangre y coágulos, y tiene estranguria, y el dolor cae en el hipogastrio y en el perineo, padece de la vejiga. 81. Si orina sangre, pus y escamas, y el olor es fuerte, indica ulceración de la vejiga. 82. En quienes crecen tumores en la uretra, cuando supuran y se rompen, es resolución. 83. La micción abundante durante la noche indica una evacuación escasa.
5
SECCIÓN QUINTA. 1. El espasmo por eléboro es mortal. 2. El espasmo que sobreviene a una herida es mortal. 3. Si se ha perdido mucha sangre, el espasmo o hipo que sobreviene es malo. 4. El espasmo o hipo que sobreviene a una purga excesiva es malo. 5. Si alguien ebrio se queda súbitamente mudo, muere con espasmos, a menos que le sobrevenga fiebre o que, al llegar la hora en que se resuelven las resacas, recupere el habla. 6. Quienes son presa del tétanos mueren en cuatro días; si superan estos, se curan. 7. Los casos epilépticos que ocurren antes de la pubertad tienen metástasis; pero a quienes les ocurre a los veinticinco años, en la mayoría de los casos mueren con ello. 8. Quienes padecen pleuresía y no se limpian en catorce días, derivan en empiema. 9. La tisis ocurre sobre todo en edades desde los dieciocho hasta los treinta y cinco años. 10. Quienes escapan de la angina y esta se les vuelve hacia el pulmón, mueren en siete días; si superan estos, se vuelven empiémicos. 11. En los molestados por la tisis, si el esputo que expectoran huele mal al verterlo sobre brasas, y el cabello se les cae de la cabeza, es mortal. 12. A los tísicos a quienes se les cae el cabello de la cabeza, si les sobreviene diarrea, mueren. 13. Quienes expectoran sangre espumosa, esta expulsión proviene del pulmón. 14. La diarrea que sobreviene a quien padece tisis es mortal. 15. Quienes por pleuresía se vuelven empiémicos, si se limpian en cuarenta días desde que ocurre la rotura, se curan; si no, derivan en tisis. 16. El calor daña a quienes lo usan en exceso: ablandamiento de las carnes, debilidad de los nervios, entumecimiento de la mente, hemorragias, desmayos; esto es muerte para ellos. 17. El frío causa espasmos, tétanos, ennegrecimientos y escalofríos febriles. 18. El frío es enemigo de los huesos, dientes, nervios, cerebro y médula espinal; el calor, en cambio, es beneficioso. 19. Lo que se ha enfriado, hay que calentarlo, excepto lo que sangra o está a punto de hacerlo. 20. En las heridas, el frío es mordiente, endurece la piel, causa dolor sin supuración, ennegrece, causa escalofríos febriles, espasmos y tétanos. 21. Hay casos en que, ante un tétanos sin herida en un joven sano, en pleno verano, la vertida de mucho frío provoca un retorno del calor; el calor resuelve estos casos. 22. El calor es supurativo, no en toda herida, es el mayor signo de seguridad, ablanda la piel, adelgaza, es analgésico, alivia los escalofríos, espasmos y tétanos; también resuelve los dolores de cabeza y la pesadez de cabeza; pero sobre todo difiere en las fracturas de huesos, especialmente en los expuestos, y de estos, sobre todo en los que tienen heridas en la cabeza; y en los que mueren o se ulceran por enfriamiento, y en los herpes que corroen, en el ano, genitales, útero, vejiga, en estos el calor es amigo y resolutivo, mientras que el frío es enemigo y mortal. 23. En estos casos hay que usar el frío donde sangra o está a punto de hacerlo, no sobre ellos, sino alrededor, de donde fluye; y en todas las inflamaciones o erisipelas que tienden al rojo y al color sanguíneo con sangre fresca, sobre estas, pues las antiguas las ennegrece; y en la erisipela que no está ulcerada, pues la ulcerada la daña. 24. Las cosas frías, como la nieve o el hielo, son enemigas del pecho, causantes de tos, hemorragias y catarros. 25. Los tumores y dolores en las articulaciones, sin herida, y los gotosos y espasmos, la mayoría de estos se alivian, se adelgazan y el dolor se resuelve vertiendo mucho frío; un entumecimiento moderado es resolutivo del dolor. 26. El agua que se calienta rápidamente y se enfría rápidamente es la más ligera. 27. A quienes tienen deseos de beber por la noche y están muy sedientos, si se duermen, es bueno. 28. Para el flujo femenino, la fumigación con aromas sería útil en muchos casos, si no causara pesadez de cabeza. 29. A las embarazadas se les debe administrar purgantes, si hay urgencia, entre el cuarto mes y hasta los siete meses en menor medida; en cuanto a los niños y ancianos, hay que ser precavidos. 30. Que una mujer embarazada sea presa de alguna de las enfermedades agudas es mortal. 31. Una mujer embarazada, si se le practica una sangría, aborta; y más cuanto mayor sea el embrión. 32. En una mujer que vomita sangre, si se le han cortado las reglas, es resolución. 33. En una mujer, si las reglas faltan, que fluya sangre por la nariz es bueno. 34. En una mujer embarazada, si el vientre fluye mucho, hay peligro de aborto. 35. En una mujer molestada por ataques histéricos o con parto difícil, si sobreviene estornudo, es bueno. 36. En una mujer, si las reglas son incoloras y no ocurren siempre de la misma manera, indica necesidad de purga. 37. En una mujer embarazada, si los pechos se vuelven súbitamente delgados, aborta. 38. En una mujer embarazada, si un pecho se vuelve delgado, teniendo gemelos, aborta uno; y si el derecho se vuelve delgado, el varón; si el izquierdo, la hembra. 39. Si una mujer que no está embarazada ni ha dado a luz tiene leche, a esta le han faltado las reglas. 40. En las mujeres a quienes se les acumula sangre en los pechos, indica manía. 41. Si quieres saber si una mujer está embarazada, cuando vaya a dormir, estando en ayunas, dale a beber agua con miel; si siente retortijón alrededor del vientre, está embarazada; si no, no. 42. Una mujer embarazada, si lleva un varón, tiene buen color; si una hembra, mal color. 43. Si a una mujer embarazada le sobreviene erisipela en el útero, es mortal. 44. Las que son delgadas contra natura y están embarazadas, abortan antes de engordar. 45. Las que tienen el cuerpo medianamente sano y abortan a los dos o tres meses sin causa aparente, en estas los cotiledones están llenos de mucosidad y no pueden sostener el embrión por el peso, sino que se rompen. 46. Las que son gruesas contra natura y no quedan embarazadas, en estas el epiplón presiona la boca del útero y, antes de adelgazar, no quedan embarazadas. 47. Si un útero alojado en la cadera supura, es necesario poner una mecha. 48. Los embriones varones están más en los lados derechos, y las hembras en los izquierdos. 49. En las caídas de útero, aplicando un estornutatorio, tapa la nariz y la boca. 50. Si quieres detener las reglas de una mujer, aplica una ventosa lo más grande posible en los pechos. 51. Las que están embarazadas tienen la boca del útero cerrada. 52. Si a una mujer embarazada le fluye mucha leche de los pechos, indica que el embrión es débil; si los pechos están firmes, indica que el embrión es más sano. 53. Las que van a perder los embriones, en estas los pechos se vuelven delgados; si vuelven a endurecerse, habrá dolor en los pechos, en las caderas, en los ojos o en las rodillas, y no los pierden. 54. En aquellas cuya boca del útero es dura, es necesario que la boca del útero se cierre. 55. Las que estando embarazadas son presas de fiebres y se adelgazan fuertemente, sin causa aparente, dan a luz con dificultad y peligro, o corren peligro al abortar. 56. Si sobreviene espasmo y desmayo al flujo femenino, es malo. 57. Si las reglas son excesivas, sobrevienen enfermedades, y si no ocurren, las enfermedades provienen del útero. 58. En el ano inflamado y en el útero inflamado sobreviene estranguria, y en los riñones empiémicos sobreviene estranguria, y en el hígado inflamado sobreviene hipo. 59. Si una mujer no queda embarazada y quieres saber si lo hará, cúbrela con mantos y haz una fumigación por abajo; si parece que el olor viaja a través del cuerpo hasta la nariz y la boca, sabe que ella no es estéril por sí misma. 60. Si a una mujer embarazada le fluyen las purgas, es imposible que el embrión esté sano. 61. Si a una mujer no le fluyen las purgas, sin que sobrevenga escalofrío ni fiebre, pero le sobrevienen náuseas, considera que está embarazada. 62. Las que tienen los úteros fríos y densos no conciben; y las que los tienen muy húmedos no conciben, pues el semen se apaga; y las que los tienen más secos y ardientes, pues el semen se corrompe por falta de alimento; las que tienen la complexión equilibrada de ambos, estas son fértiles. 63. De manera similar ocurre en los varones; pues o bien por la laxitud del cuerpo el espíritu se lleva hacia afuera para no enviar el semen; o por la densidad el líquido no pasa hacia afuera; o por la frialdad no se enciende para acumularse en este lugar; o por el calor ocurre esto mismo. 64. Dar leche a los que tienen cefalea es malo; es malo también para los que tienen fiebre, y para aquellos cuyos hipocondrios están elevados y borborigman, y para los sedientos; es malo también para aquellos cuyas deposiciones son biliosas estando en fiebres agudas, y para aquellos en quienes ha habido una evacuación abundante de sangre; pero es adecuado para los tísicos que no tienen fiebre muy alta; dar también en fiebres largas y débiles, sin que esté presente ninguno de los signos mencionados, y cuando están consumidos contra toda lógica. 65. En quienes aparecen tumores en las heridas, no suelen sufrir espasmos ni delirar; pero si estos desaparecen de repente, a unos les sobrevienen espasmos y tétanos por detrás, y a otros delirios, dolores agudos de costado, empiema, disentería, si los tumores son más rojos. 66. Si, siendo las heridas fuertes y malas, no aparece tumor, es muy malo. 67. Las cosas laxas son buenas, las tensas, malas. 68. Al que le duele la parte posterior de la cabeza, la incisión de la vena recta en la frente le beneficia. 69. Los escalofríos comienzan en las mujeres más desde los lomos y a través de la espalda hasta la cabeza; pero también en los hombres más por detrás que por delante del cuerpo, como desde los antebrazos y muslos; pero también tienen la piel laxa, y esto lo demuestra el cabello. 70. Los que son presa de cuartanas no suelen ser presa de espasmo; pero si lo son antes, y luego sobreviene la cuartana, cesan. 71. En quienes la piel se estira seca y dura, mueren sin sudor; en quienes es laxa y laxa, mueren con sudor. 72. Los ictéricos no suelen tener muchos gases.
6
SECCIÓN SEXTA. 1. En las lienterías crónicas, si sobreviene eructo ácido, no habiendo ocurrido antes, es buen signo. 2. Aquellos cuyas narices son más húmedas por naturaleza, y el semen más húmedo, enferman más; aquellos en quienes ocurre lo contrario, enferman menos. 3. En las disenterías largas, la falta de apetito es mala; y con fiebre, peor. 4. Las heridas gangrenosas son malignas. 5. Los dolores en el costado, en el pecho y en otras partes, si difieren mucho, hay que observarlos. 6. Los problemas renales y los que ocurren en la vejiga se curan con dificultad en los ancianos. 7. Los dolores que ocurren en el vientre, los elevados son más leves, los no elevados, más fuertes. 8. En los hidrópicos, las heridas que ocurren en el cuerpo no se curan fácilmente. 9. Las erupciones planas no suelen picar mucho. 10. A quien le duele la cabeza y tiene dolor generalizado, si fluye pus, agua o sangre por la nariz, por la boca o por los oídos, resuelve la enfermedad. 11. En los melancólicos y en los renales, si sobreviene hemorroides, es bueno. 12. A quien se le han curado hemorroides crónicas, si no se conserva una, hay peligro de que sobrevenga hidropesía o tisis. 13. A quien padece hipo, si le sobrevienen estornudos, resuelven el hipo. 14. A quien padece hidropesía, si el agua fluye por las venas hacia el vientre, es resolución. 15. A quien padece diarrea larga, si sobreviene vómito espontáneo, resuelve la diarrea. 16. A quien padece pleuresía o peripneumonía, si sobreviene diarrea, es malo. 17. A quien padece oftalmía, si le sobreviene diarrea, es bueno. 18. Si se corta la vejiga, el cerebro, el corazón, el diafragma, alguno de los intestinos delgados, el vientre o el hígado, es mortal. 19. Cuando se corta un hueso, un cartílago, un nervio, la parte delgada de la mandíbula o el prepucio, ni crece ni se une. 20. Si se derrama sangre en el vientre contra natura, es necesario que supure. 21. En los que padecen manía, si sobreviene varices o hemorroides, es resolución de la manía. 22. Las roturas que descienden desde la espalda hasta los codos, la sangría las resuelve. 23. Si el miedo o la tristeza duran mucho tiempo, es melancólico. 24. Si se corta alguno de los intestinos delgados, no se une. 25. La erisipela, si se vierte desde afuera, que se vuelva hacia adentro no es bueno; pero si desde adentro hacia afuera, es bueno. 26. En quienes durante las fiebres ardientes ocurren temblores, el delirio lo resuelve. 27. Aquellos que, siendo empiémicos o hidrópicos, son cortados o cauterizados, si el pus o el agua fluye de golpe, mueren sin remedio. 28. Los eunucos no padecen gota ni se quedan calvos. 29. Una mujer no padece gota, a menos que le falten las reglas. 30. Un niño no padece gota antes de la actividad sexual. 31. Los dolores de ojos los resuelve la ingesta de vino puro, el baño, la fumigación, la sangría o la purga. 32. Los tartamudos suelen ser presa de diarrea larga. 33. Los que tienen eructos ácidos no suelen padecer pleuresía. 34. Los que son calvos no tienen varices grandes; pero si a los calvos les salen varices, vuelven a tener pelo. 35. En los hidrópicos, si sobreviene tos, es malo. 36. La sangría resuelve la disuria; hay que cortar las venas internas. 37. A quien padece angina, si le aparecen tumores en la garganta por fuera, es bueno. 38. En quienes aparecen cánceres ocultos, es mejor no tratarlos; pues si se tratan, mueren rápidamente, pero si no se tratan, duran mucho tiempo. 39. Los espasmos ocurren por plenitud o por evacuación; así también el hipo. 40. En quienes ocurren dolores alrededor del hipocondrio sin inflamación, si sobreviene fiebre, resuelve el dolor. 41. En quienes algo que supura en el cuerpo no se manifiesta, en estos no se manifiesta por el espesor del lugar. 42. En los ictéricos, que el hígado se vuelva duro es malo. 43. Aquellos que, siendo esplénicos, son presa de disentería, en estos, al sobrevenir una disentería larga, sobreviene hidropesía o lientería, y mueren. 44. En quienes por estranguria ocurren íleos, mueren en siete días, a menos que, al sobrevenir fiebre, fluya suficiente orina. 45. Las heridas que duran un año o más tiempo, es necesario que el hueso se desprenda y que las cicatrices queden hundidas. 46. Aquellos que se vuelven gibosos por asma o tos antes de la pubertad, mueren. 47. A quienes les beneficia la sangría o la purga, es conveniente sangrarlos o purgarlos en primavera. 48. A los esplénicos, si les sobreviene disentería, es bueno. 49. Las enfermedades gotosas que ocurren, estas se restablecen tras desinflamarse en cuarenta días. 50. En quienes se corta el cerebro, es necesario que sobrevenga fiebre y vómito de bilis. 51. En quienes, estando sanos, ocurren dolores repentinos en la cabeza, y al instante quedan mudos y roncan, mueren en siete días, a menos que sobrevenga fiebre. 52. Hay que observar también las apariciones de los ojos durante el sueño; pues si aparece algo, al juntarse los párpados, de la parte blanca, no siendo por diarrea o purga, el signo es malo y muy mortal. 53. Los delirios que ocurren con risa son más seguros; los que ocurren con agitación, más peligrosos. 54. En las afecciones agudas con fiebre, las respiraciones llorosas son malas. 55. Las enfermedades gotosas se mueven sobre todo en primavera y otoño. 56. En las enfermedades melancólicas, son peligrosas las derivaciones hacia estos lugares: indican apoplejía del cuerpo, espasmo, manía o ceguera. 57. Los apopléjicos suelen ser sobre todo de edad entre cuarenta y sesenta años. 58. Si el epiplón sale, es necesario que se pudra. 59. En quienes, molestados por ciática, la cadera se desplaza y vuelve a entrar, en estos sobreviene mucosidad. 60. En quienes, molestados por ciática crónica, la cadera se desplaza, en estos la pierna se consume y quedan cojos, a menos que se cautericen.
7
SECCIÓN SÉPTIMA. 1. En las enfermedades agudas, el enfriamiento de las extremidades es un mal signo. 2. En un hueso enfermo, la carne lívida es un mal signo. 3. En caso de vómito, el hipo y los ojos rojos son un mal signo. 4. En caso de sudor, el escalofrío no es bueno. 5. En caso de manía, la disentería, la hidropesía o el éxtasis son buenos signos. 6. En una enfermedad crónica, la falta de apetito y las deposiciones no digeridas son un mal signo. 7. Tras una ingesta excesiva de vino, el escalofrío y el delirio son un mal signo. 8. Tras la ruptura interna de un tumor, se produce desfallecimiento, vómito y lipotimia. 9. Tras una hemorragia, el delirio o el espasmo son un mal signo. 10. En caso de íleo, el vómito, el hipo, el espasmo o el delirio son un mal signo. 11. En caso de pleuresía, la perineumonía es un mal signo. 12. En caso de perineumonía, la frenitis es un mal signo. 13. En caso de fiebres intensas, el espasmo o el tétanos son un mal signo. 14. Tras un golpe en la cabeza, el estupor o el delirio son un mal signo. 15. Tras la expectoración de sangre, sigue la expectoración de pus. 16. Tras la expectoración de pus, sigue la tisis y la fluxión; cuando la saliva se detiene, mueren. 17. En caso de inflamación del hígado, el hipo es un mal signo. 18. En caso de insomnio, el espasmo o el delirio son un mal signo. 18b. En caso de letargo, el temblor es un mal signo. 19. Tras la denudación de un hueso, sigue la erisipela. 20. Tras la erisipela, sigue la putrefacción o la supuración. 21. Tras un pulso fuerte en las úlceras, sigue la hemorragia. 22. Tras un dolor crónico en la zona abdominal, sigue la supuración. 23. Tras una deposición no digerida, sigue la disentería. 24. Tras la fractura de un hueso, sigue el delirio si se produce un vacío. 25. Tras la ingestión de fármacos, el espasmo es mortal. 26. Tras un dolor intenso en la zona abdominal, el enfriamiento de las extremidades es un mal signo. 27. En una mujer embarazada, el tenesmo que sobreviene provoca el aborto. 28. Cualquier hueso, cartílago o nervio que se corte en el cuerpo, ni crece ni se suelda. 29. Si a quien padece flema blanca le sobreviene una diarrea intensa, esta resuelve la enfermedad. 30. En aquellos cuyas deposiciones son espumosas durante las diarreas, estas fluyen desde la cabeza. 31. En aquellos que tienen fiebre, si en la orina se forman sedimentos en forma de posos, indican una enfermedad larga. 32. En aquellos cuyas sedimentaciones son biliosas, pero claras en la parte superior, indican una enfermedad aguda. 33. En aquellos cuya orina se vuelve discontinua, hay una fuerte perturbación en el cuerpo. 34. En aquellos en cuya orina aparecen burbujas, indican afecciones renales y que la enfermedad será larga. 35. En aquellos cuya sedimentación es aceitosa y abundante, indica afecciones renales y agudas. 36. En aquellos que padecen afecciones renales y presentan los signos mencionados, se producen dolores agudos en los músculos lumbares; si los dolores ocurren en las partes externas, espera que el absceso se produzca hacia afuera; si los dolores ocurren más hacia las partes internas, espera que el absceso se produzca más hacia adentro. 37. Aquellos que vomitan sangre, si es sin fiebre, es salvable; si es con fiebre, es un mal signo; se debe tratar con refrigerantes y astringentes. 38. Los catarros que supuran hacia la cavidad superior se curan en veinte días. 39. Si se orina sangre y coágulos, y hay estranguria, y el dolor cae sobre el perineo y el pubis, indica que la vejiga está enferma. 40. Si la lengua se vuelve repentinamente inerte, o alguna parte del cuerpo queda paralizada, tal afección es melancólica. 41. Si, al purgarse en exceso los ancianos, sobreviene hipo, no es bueno. 42. Si la fiebre no proviene de la bilis, al verter mucha agua caliente sobre la cabeza, se produce la resolución de la fiebre. 43. Una mujer no se vuelve ambidiestra. 44. Aquellos que tienen empiema y son cauterizados o incisos, si el pus fluye puro y blanco, se recuperan; si es sanguinolento, cenagoso y fétido, mueren. 45. Aquellos que tienen el hígado supurado y son cauterizados o incisos, si el pus fluye puro y blanco, se recuperan( pues en estos el pus está en una membrana); si fluye como heces de aceite, mueren. 46. Para los dolores de ojos, tras administrar vino puro y bañar con mucha agua caliente, practica una flebotomía. 47. Si un hidrópico tiene tos, es un caso desesperado. 48. La estranguria y la disuria se resuelven mediante la evacuación y la flebotomía; se deben cortar las venas internas. 49. En quien padece cinanche, si sobreviene edema y eritema en el pecho, es bueno; pues la enfermedad se vuelve hacia afuera. 50. Aquellos cuyo cerebro se gangrena mueren en tres días; si sobreviven a estos, se recuperan. 51. El estornudo proviene de la cabeza, al calentarse el cerebro o al humedecerse el vacío que hay en la cabeza; el aire contenido se desborda y suena, porque su salida es estrecha. 52. Aquellos que tienen dolor intenso en el hígado, si les sobreviene fiebre, esta resuelve el dolor. 53. Aquellos a quienes les conviene extraer sangre de las venas, les conviene ser flebotomizados en primavera. 54. Aquellos en quienes la flema queda atrapada entre el diafragma y el estómago, y causa dolor al no tener salida hacia ninguna de las cavidades, en ellos, al desviarse la flema por las venas hacia la vejiga, se produce la resolución de la enfermedad. 55. Aquellos cuyo hígado, lleno de agua, se rompe hacia el epiplón, en ellos la cavidad se llena de agua y mueren. 56. La inquietud, el bostezo y el escalofrío se resuelven bebiendo vino a partes iguales. 57. Aquellos en quienes se forman tumores en la uretra, en ellos, al supurar y romperse, se resuelve el dolor. 58. Aquellos cuyo cerebro es sacudido por alguna causa, es necesario que se vuelvan mudos al instante. 59. Si a quien padece fiebre, sin haber edema en la faringe, le sobreviene una asfixia repentina y no puede tragar, o apenas puede, es mortal. 59 bis. Si a quien padece fiebre se le tuerce el cuello y no puede tragar, sin haber edema en el cuello, es mortal. 60. A los cuerpos que tienen las carnes húmedas se les debe inducir hambre; pues el hambre seca los cuerpos. 61. Dondequiera que haya cambios en todo el cuerpo, y el cuerpo se enfríe y vuelva a calentarse, o cambie de un color a otro, indica la duración de la enfermedad. 62. El sudor abundante, caliente o frío, que fluye constantemente, indica que hay plenitud de líquido; por tanto, se debe evacuar en el fuerte desde arriba, y en el débil desde abajo. 63. Las fiebres que no remiten, si se vuelven más fuertes cada tercer día, son peligrosas; pero de cualquier modo que remitan, indica que no hay peligro. 64. Aquellos que tienen fiebres largas, en ellos se producen tumores o dolores en las articulaciones. 65. Aquellos en quienes se producen tumores o dolores en las articulaciones a causa de las fiebres, estos consumen más alimentos. 66. Si alguien da a un febril el alimento que daría a uno sano, al sano le da fuerza, pero al enfermo le da enfermedad. 67. Se debe observar lo que sale por la vejiga, si es como lo que evacúan los sanos; lo que menos se parece a esto es más enfermizo, y lo que es parecido a lo de los sanos es menos enfermizo. 68. Y a aquellos cuyas deposiciones, si las dejas reposar y no las mueves, dejan sedimentos como raspaduras, a ellos les conviene purgar la cavidad; pero si das caldos sin haber limpiado, cuanto más alimento des, más daño harás. 69. Aquellos en quienes las deposiciones salen crudas, es por bilis negra; si son más, es por más, si son menos, es por menos. 70. Las expectoraciones en las fiebres que no remiten, si son lívidas, sanguinolentas y fétidas, todas son malas; pero si salen bien, son buenas, tanto por la cavidad como por la vejiga; y dondequiera que algo que debe salir se detenga sin haber limpiado, es malo. 71. Los cuerpos, donde uno quiera purgarlos, deben hacerse fluidos; si quieres hacerlos fluidos hacia arriba, detén la cavidad; si quieres hacerlos fluidos hacia abajo, humedece la cavidad. 72. El sueño y el insomnio, cuando ambos ocurren más allá de lo debido, son enfermedad. 73. En las fiebres que no remiten, si las partes externas están frías y las internas arden, y hay fiebre, es mortal. 74. En una fiebre que no remite, si un labio, la nariz o un ojo se tuerce, si no ve, si no oye, estando ya débil, cualquiera que sea de estos signos, es mortal. 75. Tras la flema blanca sobreviene la hidropesía. 76. Tras la diarrea, la disentería. 77. Tras la disentería, la lientería. 78. Tras la gangrena, la separación del hueso. 79 y 80. Tras el vómito de sangre, la consunción y la purga de pus hacia arriba; tras la consunción, un flujo desde la cabeza; tras el flujo, diarrea; tras la diarrea, la detención de la purga superior; tras la detención, la muerte. 81. Tal como ocurre en las deposiciones de la vejiga y de la cavidad, y en las carnes, y si en cualquier otra parte de la naturaleza el cuerpo se desvía, si es poco, la enfermedad es poca; si es mucho, es mucha; si es muchísimo, tal cosa es mortal. 82. Aquellos que después de los cuarenta años se vuelven frenéticos, no se curan fácilmente; pues corren menos peligro aquellos cuya enfermedad es propia de su naturaleza y de su edad. 83. Aquellos en cuyas enfermedades los ojos lagrimean voluntariamente, es bueno; aquellos en quienes es sin voluntad, es malo. 84. Aquellos que, estando con fiebres cuartanas, sangran por la nariz, es un mal signo. 85. Los sudores son peligrosos si no ocurren en los días críticos, si son violentos y brotan rápidamente de la frente como gotas y chorros, y son muy fríos y abundantes; pues es necesario que tal sudor ocurra con violencia, exceso de dolor y una opresión prolongada. 86. En una enfermedad crónica, la somnolencia de la cavidad es un mal signo. 87. Los fármacos que no curan, los cura el hierro; los que no cura el hierro, los cura el fuego; los que no cura el fuego, estos deben considerarse incurables.

Intertext edge

Open linked passage

Note