De aere, aquis, locis
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Original / primary: Spanish Gemini
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Quien desee investigar correctamente la medicina debe hacer lo siguiente: primero, considerar las estaciones del año y lo que cada una es capaz de producir; pues no se parecen en nada entre sí, sino que difieren mucho tanto por sí mismas como en sus cambios. Después, los vientos, los cálidos y los fríos, sobre todo los comunes a todos los hombres, y luego también los propios de cada región. También es necesario considerar las propiedades de las aguas; pues así como difieren en sabor y peso, también su potencia difiere mucho en cada caso. Por tanto, cuando alguien llega a una ciudad que le es desconocida, debe examinar su situación, cómo está dispuesta respecto a los vientos y a la salida del sol. Pues no tiene la misma potencia la que está orientada al norte que la que está al sur, ni la que está hacia el sol naciente que la que está hacia el poniente. Es necesario considerar esto con la mayor precisión, así como la naturaleza de las aguas, si son pantanosas y blandas, o duras y procedentes de lugares elevados y rocosos, o salobres y difíciles de cocer; y el terreno, si es árido y sin agua, o frondoso y bien regado, y si está en una hondonada y es sofocante, o elevado y frío; y el modo de vida de los habitantes, qué les agrada, si son bebedores y comilones, perezosos, o aficionados al ejercicio, trabajadores, glotones y abstemios.
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Y a partir de esto es necesario considerar cada cosa. Pues si alguien conociera bien esto, sobre todo todo, y si no, al menos la mayor parte, no le pasarían inadvertidas, al llegar a una ciudad que le fuera desconocida, ni las enfermedades locales ni la naturaleza de las comunes, cuál es su carácter; de modo que no se sentiría perdido en el tratamiento de las enfermedades ni se equivocaría, lo cual es probable que suceda si uno no conoce esto de antemano y reflexiona sobre cada punto. Con el paso del tiempo y del año, podría decir qué enfermedades están a punto de apoderarse de la ciudad, ya sea en verano o en invierno, y cuáles son los riesgos particulares para cada uno por el cambio de dieta. Pues conociendo los cambios de las estaciones y las salidas y puestas de los astros, según cómo ocurre cada uno de estos, podría prever cómo va a ser el año. Así, reflexionando y previendo los momentos oportunos, uno podría saber mejor sobre cada caso, alcanzar la mayor parte de la salud y no tener poco éxito en el arte. Y si a alguien le parece que esto es meteorología, si cambia de opinión, aprendería que la astronomía no contribuye poco a la medicina, sino muchísimo. Pues junto con las estaciones, también cambian en los hombres las enfermedades y los vientres.
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Cómo se debe observar y examinar cada una de las cosas dichas anteriormente, lo diré claramente. La ciudad que está orientada hacia los vientos cálidos— estos son los que están entre el solsticio de invierno y el ocaso de invierno— y tiene estos vientos como propios, y está protegida de los vientos del norte, en esta ciudad las aguas son abundantes y salobres, y es necesario que sean elevadas, cálidas en verano y frías en invierno; los hombres tienen la cabeza húmeda y flemática, y sus vientres se alteran frecuentemente por la flema que desciende de la cabeza; su constitución física es, en general, más débil; y no son buenos para comer ni para beber. Pues cuantos tienen la cabeza débil, no serían buenos para beber; pues la resaca los oprime más. Las enfermedades locales son estas: primero, las mujeres son enfermizas y propensas a flujos; luego, muchas son estériles por enfermedad y no por naturaleza, y abortan frecuentemente; a los niños les sobrevienen convulsiones, asma y lo que consideran que causa el niño y que es la enfermedad sagrada; a los hombres, disenterías, diarreas, fiebres tercianas, fiebres invernales prolongadas, muchas erupciones nocturnas y hemorroides en el ano. Las pleuresías, neumonías, fiebres ardientes y cuantas enfermedades se consideran agudas no ocurren mucho. Pues no es posible que, donde los vientres están húmedos, estas enfermedades tengan fuerza. Las oftalmías ocurren húmedas y no graves, de corta duración, a menos que sobrevenga alguna enfermedad común por un gran cambio. Y cuando superan los cincuenta años, los catarros que sobrevienen del cerebro vuelven a los hombres apopléjicos, cuando de repente se exponen al sol en la cabeza o se enfrían. Estas son las enfermedades locales para ellos. Aparte, si alguna enfermedad común sobreviene por un cambio de las estaciones, también participan de ella.
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Las que están orientadas al contrario, hacia los vientos fríos, los que están entre el ocaso estival del sol y la salida estival, y estos vientos les son propios, y están protegidas del sur y de los vientos cálidos, así es la situación de estas ciudades: primero, las aguas son duras y frías en su mayoría. Los hombres son necesariamente vigorosos y delgados, y la mayoría tiene los vientres inferiores difíciles de evacuar y duros, pero los superiores más fluidos; son más biliosos que flemáticos. Tienen las cabezas sanas y duras; son propensos a las rupturas en su mayoría. Las enfermedades que predominan entre ellos son estas: muchas pleuresías y las enfermedades que se consideran agudas. Es necesario que sea así cuando los vientres son duros; se vuelven muchos purulentos por cualquier causa. La causa de esto es la tensión del cuerpo y la dureza del vientre. Pues la sequedad hace que sean propensos a las rupturas y la frialdad del agua. Es necesario que tales naturalezas sean comedoras y no bebedoras; pues no es posible ser a la vez muy comedor y muy bebedor; las oftalmías ocurren de vez en cuando, pero son duras y fuertes, y los ojos se rompen enseguida; las hemorragias de la nariz ocurren a los más jóvenes de treinta años, fuertes en verano; las enfermedades llamadas sagradas, pocas, pero fuertes. Es más probable que estos hombres sean más longevos que los otros; las úlceras no se vuelven flemáticas ni se vuelven salvajes; los caracteres son más salvajes que mansos. Para los hombres, estas son las enfermedades locales; y aparte, si alguna común sobreviene por el cambio de las estaciones; para las mujeres: primero, muchas se vuelven estériles debido a que las aguas son duras, difíciles de cocer y frías. Pues las limpiezas de las menstruaciones no ocurren adecuadamente, sino que son escasas y malas. Luego, dan a luz con dificultad; pero no abortan mucho. Cuando dan a luz, no pueden alimentar a los niños; pues la leche se extingue por la dureza y la dificultad de cocción de las aguas; las tisis ocurren frecuentemente después de los partos. Pues por la fuerza sufren rupturas y espasmos. A los niños les ocurren hidropesías en los testículos mientras son pequeños; luego, al avanzar la edad, desaparecen; y llegan a la pubertad tarde en esta ciudad.
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Sobre los vientos cálidos y los fríos y estas ciudades, así es como se ha dicho. Las que están orientadas hacia los vientos entre las salidas estivales del sol y las invernales, y las que están en lo contrario a estas, así es respecto a ellas: las que están orientadas hacia las salidas del sol, es probable que sean más saludables que las orientadas hacia el norte y hacia los cálidos, aunque la distancia sea la misma. Primero, tienen el calor y el frío más moderados; luego, las aguas, cuantas están hacia las salidas del sol, es necesario que sean brillantes, fragantes, blandas y agradables en esta ciudad; pues el sol, al salir e iluminar, lo impide. Pues el aire de la mañana lo ocupa él mismo en su mayor parte. La constitución de los hombres es de buen color y floreciente más que en otro lugar, a menos que alguna enfermedad lo impida. Los hombres son de voz clara y mejores en carácter y entendimiento que los del norte, tal como las otras cosas que nacen son mejores. La ciudad así situada se parece mucho a la primavera por la moderación del calor y del frío; las enfermedades son menos y más débiles, y se parecen a las enfermedades que ocurren en las ciudades orientadas hacia los vientos cálidos. Las mujeres allí son muy fértiles y dan a luz fácilmente.
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Sobre esto, así es. Las que están orientadas hacia los ponientes y tienen protección de los vientos que soplan desde el alba, y los vientos cálidos fluyen junto a ellas y los fríos desde el norte, es necesario que estas ciudades tengan la situación más enfermiza. Primero, las aguas no son brillantes; la causa es que el aire ocupa la mañana en su mayor parte, el cual, mezclándose con el agua, hace desaparecer el brillo; pues el sol no ilumina antes de elevarse. En verano, por la mañana soplan brisas frías y caen rocíos; el resto del día, el sol, al ponerse, quema mucho a los hombres, por lo cual es probable que sean descoloridos y enfermizos, y que participen de todas las enfermedades mencionadas anteriormente; pues nada les está excluido. Es probable que sean de voz grave y roncos debido al aire, porque se vuelve impuro en su mayor parte allí y enfermizo; pues no es purificado mucho por los vientos del norte; pues los vientos no llegan a ellos; y los que llegan a ellos y están cerca son muy acuosos; pues tales son los vientos del poniente; y esta situación de la ciudad se parece mucho al otoño según los cambios del día, porque el medio se vuelve grande entre el de la mañana y el de la tarde.
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Sobre los vientos, cuáles son convenientes y cuáles no, así es. Sobre las aguas restantes, quiero explicar cuáles son enfermizas y cuáles las más saludables, y cuántos males es probable que ocurran por el agua y cuántos bienes. Pues contribuye en la mayor parte a la salud. Cuantas son pantanosas, estancadas y lacustres, es necesario que en verano sean cálidas, espesas y tengan olor, al no ser corrientes; sino que, al añadirse siempre agua de lluvia nueva y al quemar el sol, es necesario que sean descoloridas, malas y biliosas, y en invierno, heladas, frías y turbias por la nieve y las heladas, de modo que son muy flemáticas y causan mucha ronquera. A los que las beben, los bazos siempre les están grandes y obstruidos, y los vientres duros, delgados y calientes, y los hombros, las clavículas y el rostro se vuelven delgados; pues las carnes se consumen hacia el bazo, por lo cual son delgados; son comedoras y sedientas; tienen los vientres muy secos y muy calientes, tanto los superiores como los inferiores, de modo que necesitan medicamentos más fuertes. Esta enfermedad les es congénita tanto en verano como en invierno. Además de esto, las hidropesías ocurren en gran número y son muy mortales. Pues en verano sobrevienen muchas disenterías, diarreas y fiebres tercianas prolongadas. Estas enfermedades, al prolongarse, llevan a tales naturalezas a la hidropesía y las matan. Esto les ocurre en verano. En invierno, a los más jóvenes, neumonías y enfermedades maníacas, y a los más ancianos, fiebres ardientes por la dureza del vientre. A las mujeres les ocurren edemas y flema blanca, y quedan embarazadas con dificultad y dan a luz con dificultad; los embriones son grandes e hinchados. Luego, en la alimentación, se vuelven tísicos y malos; la limpieza no ocurre bien a las mujeres después del parto. A los niños les ocurren hernias sobre todo, y a los hombres varices y úlceras en las piernas, de modo que no es posible que tales naturalezas sean longevas, sino que envejecen antes del tiempo debido. Además, las mujeres parecen estar embarazadas, y cuando llega el parto, el llenado del vientre desaparece. Esto ocurre cuando los úteros se vuelven hidrópicos. Considero que tales aguas son malas para todo. En segundo lugar, las que tienen sus fuentes de rocas— pues es necesario que sean duras— o de tierra donde hay aguas calientes, o hay hierro, o cobre, o plata, o oro, o azufre, o alumbre, o asfalto, o nitro. Pues todo esto ocurre por la fuerza del calor. Por tanto, no es posible que de tal tierra salgan aguas buenas, sino duras, ardientes, difíciles de orinar y contrarias a la evacuación. Las mejores son las que fluyen de lugares elevados y colinas de tierra. Pues son dulces, blancas y capaces de soportar poco vino. En invierno se vuelven calientes, y en verano frías. Pues así serían de las fuentes más profundas. Sobre todo alabo las cuyas corrientes han brotado hacia las salidas del sol y más hacia las estivales. Pues es necesario que sean más brillantes, fragantes y ligeras. Cuantas son salobres, difíciles de cocer y duras, todas estas no son buenas para beber; pero hay algunas naturalezas y enfermedades para las que tales aguas son convenientes al ser bebidas, sobre las cuales hablaré enseguida. Sobre esto es así: cuantas fuentes tienen hacia las salidas, estas son las mejores de todas; en segundo lugar, las que están entre las salidas estivales del sol y los ocasos, y más las que están hacia las salidas; en tercer lugar, las que están entre los ocasos estivales e invernales; las peores, las que están hacia el sur y entre la salida invernal y el ocaso. Y estas son muy malas para los que están al sur, pero mejores para los que están al norte. Es conveniente usar esto así: quien está sano y fuerte, no debe distinguir nada, sino beber siempre lo que hay. Quien por causa de enfermedad desea beber lo más conveniente, así lograría mejor la salud: a cuantos tienen los vientres duros y buenos para quemar, a estos les convienen las más dulces, más ligeras y más brillantes; a cuantos tienen los vientres blandos, húmedos y flemáticos, a estos, las más duras, más difíciles de cocer y las salobres; pues así se secarían mejor. Pues cuantas aguas son mejores para cocer y más disolventes, es probable que también disuelvan y consuman el vientre; cuantas son difíciles de cocer, duras y menos cocibles, estas contraen más los vientres y los secan. Pero los hombres se han engañado sobre las aguas saladas por inexperiencia, y porque se considera que son evacuantes; pero son las más contrarias a la evacuación; pues son difíciles de cocer e incocibles, de modo que el vientre se contrae más por ellas que se disuelve.
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Sobre las aguas de fuente, así es. Sobre las de lluvia y las que proceden de la nieve, explicaré cómo es. Las de lluvia son las más ligeras, más dulces, más finas y más brillantes. Pues el sol al principio eleva y arrebata del agua lo más fino y ligero. Es evidente por la sal. Pues lo salado se deja atrás por espesor y peso y se convierte en sal, pero lo más fino lo arrebata el sol por ligereza; y eleva tal cosa no solo de las aguas lacustres, sino también del mar y de todas las cosas en las que hay algo húmedo. Y hay en toda cosa. Y de los mismos hombres extrae lo más fino de la humedad y lo más ligero. La prueba es mayor: cuando un hombre camina o se sienta al sol llevando una prenda, lo que el sol mira de la piel, no sudaría; pues el sol arrebata el sudor que aparece; lo que está cubierto por la prenda o por otra cosa, suda. Pues es extraído por el sol y forzado, pero se salva por la protección, de modo que no desaparece por el sol. Cuando llega a la sombra, todo el cuerpo suda por igual; pues el sol ya no ilumina. Por estas razones, estas aguas se pudren más rápidamente y el agua de lluvia adquiere mal olor, porque se ha reunido de muchísimas cosas y se ha mezclado, de modo que se pudre muy rápidamente. Además de esto, cuando es arrebatada y elevada, circulando y mezclada en el aire, lo turbio y nocturno de ella se separa y se aparta y se convierte en aire y niebla, pero lo más brillante y ligero de ella se queda y se endulza al ser quemado y cocido por el sol. Y todas las otras cosas que se cuecen se vuelven siempre más dulces. Mientras está dispersa y aún no se ha reunido, se lleva elevada. Cuando en algún lugar se reúne y se agrupa en lo mismo por vientos que se oponen entre sí de repente, entonces se rompe, dondequiera que haya ocurrido que se haya reunido más. Pues entonces es probable que esto ocurra más, cuando las nubes, impulsadas por un viento que no tiene posición y moviéndose, chocan de repente con un viento contrario y otras nubes; allí, lo primero de ella se agrupa, lo de atrás se añade y así se espesa, se oscurece y se agrupa en lo mismo y por peso se rompe y ocurren las lluvias. Estas son las mejores según lo probable. Necesitan ser cocidas y pudrirse; si no, adquieren mal olor y ronquera, y tos y voz grave sobrevienen a los que las beben. Las que proceden de la nieve y de los cristales son todas malas. Pues cuando una vez se hielan, ya no se restablecen a la naturaleza original, sino que lo brillante, ligero y dulce de ellas se separa y desaparece, y lo más turbio y pesado se queda. Podrías conocerlo así: si quieres, cuando sea invierno, verter agua en un recipiente por medida y ponerlo al aire libre, donde se hiele más, luego al día siguiente llevarlo a un lugar cálido, donde la helada se afloje más, cuando se disuelva, volver a medir el agua, encontrarás menos en mucho. Esta es la prueba de que por la helada desaparece y se seca lo más ligero y fino, no lo más pesado y espeso; pues no podría. Por tanto, considero que estas aguas procedentes de la nieve y del cristal y las que siguen a estas son las peores para todas las cosas.
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Sobre las aguas de lluvia y las procedentes de la nieve y el cristal, así es. Los hombres padecen cálculos sobre todo y son capturados por nefritis, estranguria y ciáticas, y ocurren hernias, donde beben aguas muy variadas y de grandes ríos, en los que desembocan otros ríos, y de lagos, a los que llegan muchas y variadas corrientes, y cuantos usan aguas traídas de lejos y no de cerca. Pues no es posible que un agua sea parecida a otra, sino que unas son dulces, otras salobres y astringentes, otras fluyen de calientes. Al mezclarse estas en lo mismo, se oponen entre sí y siempre vence la más fuerte. No siempre vence la misma, sino unas veces una y otras otra según los vientos; pues a una le proporciona fuerza el norte, a otra el sur, y sobre las restantes el mismo razonamiento. Por tanto, es necesario que en tales aguas se deposite en los recipientes lodo y arena; y al beber estas, ocurren las enfermedades mencionadas; por qué no a todos, lo explicaré a continuación. Cuantos tienen el vientre fluido y sano y la vejiga no febril ni el cuello de la vejiga obstruido en exceso, estos orinan fácilmente, y en la vejiga no se agrupa nada. Cuantos tienen el vientre febril, es necesario que la vejiga sufra lo mismo. Pues cuando se calienta más de lo natural, su cuello se inflama. Cuando sufre esto, no deja salir la orina, sino que la cuece y quema en sí misma. Y lo más fino de ella se separa y lo más puro lo deja pasar y se orina, pero lo más espeso y turbio se agrupa y se coagula. Y al principio es pequeño, luego se vuelve mayor. Pues al ser rodado por la orina, lo que se agrupa espeso, se ajusta a sí mismo, y así crece y se endurece; y cuando orina, choca contra el cuello de la vejiga al ser forzado por la orina e impide orinar y causa un dolor fuerte; de modo que los niños que padecen cálculos se frotan los genitales y tiran de ellos; pues les parece que la causa de la micción está allí. La prueba de que es así: los que padecen cálculos orinan la orina más brillante, porque lo más espeso y turbio de ella permanece y se agrupa. La mayoría padece cálculos así; ocurre a los niños también por la leche, si no es sana, sino muy caliente y biliosa. Pues calienta el vientre y la vejiga, de modo que la orina al quemarse sufre esto. Y digo que es mejor dar a los niños el vino lo más aguado posible; pues quema y seca menos las venas. A las hembras no les ocurren cálculos de la misma manera; pues el uréter de la vejiga es corto y ancho, de modo que la orina se fuerza fácilmente. Pues ni se frota el genital con la mano como el macho, ni toca el uréter; pues están perforados hacia los genitales, los hombres no están perforados directamente, y porque los uréteres no son anchos; y beben más que los niños.
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Sobre esto, así es o lo más cercano a esto. Sobre las estaciones, así podría alguien, reflexionando, distinguir qué tipo de año va a ser, si enfermizo o sano; pues si los signos ocurren según la razón en los astros al ponerse y salir, y en el otoño ocurren lluvias, y el invierno es moderado y ni muy despejado ni excediendo el momento en el frío, y en la primavera ocurren lluvias oportunas y en el verano, así es probable que el año sea muy saludable. Pero si el invierno se vuelve seco y del norte, y la primavera lluviosa y del sur, es necesario que el verano se vuelva febril y cause oftalmías y disenterías. Pues cuando el bochorno sobreviene de repente estando la tierra húmeda por las lluvias de primavera y por el sur, es necesario que el calor sea doble, tanto por la tierra que está empapada y caliente como por el sol que quema, y al no estar los vientres de los hombres agrupados ni el cerebro secado— pues no es posible que, siendo la primavera así, el cuerpo y la carne no estén flácidos—; de modo que las fiebres sobrevienen muy agudas a todos, sobre todo a los flemáticos. Y es probable que ocurran disenterías tanto a las mujeres como a las constituciones más húmedas. Y si en la salida de la Canícula ocurre lluvia y frío y soplan los etesios, hay esperanza de que cesen y el otoño sea saludable; si no, hay peligro de que ocurran muertes a los niños y a las mujeres, a los ancianos menos, y que los que sobreviven terminen en tercianas y de las tercianas en hidropesías. Pero si el invierno se vuelve del sur, lluvioso y despejado, y la primavera del norte, seca y fría, primero las mujeres, cuantas resulten estar embarazadas y el parto sea hacia la primavera, abortarán; cuantas den a luz, darán a luz niños débiles y enfermizos, de modo que o mueren enseguida, o viven siendo delgados, débiles y enfermizos. Esto para las mujeres; para los demás, disenterías, oftalmías secas y en algunos catarros de la cabeza al pulmón. Por tanto, a los flemáticos es probable que les ocurran disenterías y a las mujeres, al descender flema del cerebro por la humedad de la naturaleza; a los biliosos, oftalmías secas por el calor y la sequedad de la carne; a los ancianos, catarros por la porosidad y el derretimiento de las venas, de modo que de repente unos mueren, otros se vuelven apopléjicos del lado derecho o izquierdo. Pues cuando, siendo el invierno del sur y el cuerpo caliente, el cerebro no se agrupa ni las venas, al sobrevenir la primavera del norte, seca y fría, el cerebro, cuando debía disolverse y limpiarse junto con la primavera por coriza y ronquera, entonces se hiela y se agrupa, de modo que al sobrevenir de repente el verano y el calor y el cambio, sobrevienen estas enfermedades. Y cuantas ciudades están bien situadas respecto al sol y a los vientos y usan buenas aguas, estas sienten menos tales cambios; cuantas usan aguas pantanosas y lacustres y no están bien situadas respecto a los vientos y al sol, estas más. Y si el verano se vuelve seco, las enfermedades cesan más rápido; si es lluvioso, se vuelven prolongadas; y hay peligro de que ocurran fagedenas por cualquier causa, si ocurre una úlcera. Y lienterías e hidropesías sobrevienen al final de las enfermedades; pues los vientres no se secan fácilmente. Pero si el verano se vuelve lluvioso y del sur, y el otoño, el invierno es necesariamente enfermizo y es probable que a los flemáticos y a los mayores de cuarenta años les ocurran fiebres ardientes, y a los biliosos, pleuresías y neumonías. Pero si el verano se vuelve seco y del norte, y el otoño lluvioso y del sur, es probable que ocurran cefaleas hacia el invierno y esfacelos del cerebro, y además ronqueras, corizas y toses, y en algunos también tisis. Pero si es del norte y sin agua y ni bajo la Canícula es lluvioso ni en Arturo, a los flemáticos por naturaleza les conviene sobre todo y a los que tienen las naturalezas húmedas y a las mujeres; pero a los biliosos esto se vuelve lo más enemigo. Pues se secan en exceso y les sobrevienen oftalmías secas, y fiebres agudas y prolongadas, y en algunos también melancolías. Pues de la bilis, lo más húmedo y acuoso se seca y se consume, y lo más espeso y acre se queda, y de la sangre según el mismo razonamiento; de donde les ocurren estas enfermedades. Para los flemáticos, todo esto es beneficioso. Pues se secan y llegan al invierno no flácidos, sino secándose.
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Según esto, alguien reflexionando y observando podría prever la mayor parte de las cosas que van a suceder por los cambios. Se debe tener cuidado sobre todo con los cambios de las estaciones, los mayores, y no dar medicamento voluntariamente ni cauterizar lo que está en el vientre ni cortar, antes de que pasen diez días o incluso más; los mayores son estos cuatro y los más peligrosos: los solsticios de sol ambos, y más los estivales, y los equinoccios que se consideran ambos, pero más los otoñales; es necesario también tener cuidado con las salidas de los astros y sobre todo de la Canícula, luego de Arturo, y aún la puesta de las Pléyades. Pues las enfermedades se juzgan sobre todo en estos días. Y unas se consumen, otras cesan, y todas las demás se trasladan a otra forma y a otra situación.
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Sobre estos asuntos, así es la situación. Deseo mostrar, en cuanto a Asia y Europa, cuánto difieren entre sí en todos los aspectos y en cuanto a la forma de sus pueblos, que es distinta y no se parece en nada. Sobre el conjunto, el discurso sería largo, pero hablaré de lo más importante y de lo que más difiere, tal como me parece que es. Afirmo que Asia difiere muchísimo de Europa en la naturaleza de todo, tanto de lo que nace de la tierra como de los hombres. Pues todo es mucho más hermoso y grande en Asia; la región es más templada que la otra, y las costumbres de los hombres son más suaves y menos irascibles. La causa de esto es la mezcla de las estaciones, porque se encuentra en medio de los ortos hacia el oriente y más lejos del frío. El crecimiento y la suavidad los proporciona sobre todo cuando nada predomina violentamente, sino que la igualdad de todo ejerce el dominio. Pero en Asia no es igual en todas partes, sino que la parte de la tierra que se encuentra en medio del calor y del frío es la más fértil, la de mejores árboles, la más despejada y la que goza de las aguas más hermosas, tanto las celestiales como las de la tierra. Pues no está quemada en exceso por el calor, ni se reseca por las sequías y la falta de agua, ni está oprimida por el frío, ni es húmeda y empapada por muchas lluvias y nieve. Es natural que allí los frutos sean abundantes, tanto los que provienen de semillas como los que la propia tierra produce, de cuyos frutos se sirven los hombres, domesticándolos a partir de los silvestres y trasplantándolos a lugares adecuados. Es natural también que el ganado que allí se cría prospere, y sobre todo que se reproduzca con mucha frecuencia y se críe de la mejor manera. Los hombres son bien nutridos, de formas hermosísimas y de gran estatura, y muy poco diferentes entre sí en cuanto a sus formas y estaturas. Es natural que esta región sea la más cercana a la primavera por su naturaleza y por la moderación de las estaciones. Pero el valor, la resistencia, la laboriosidad y el espíritu fogoso no podrían darse en tal naturaleza, ni en los nativos ni en los extranjeros, sino que el placer debe dominar, debido a que las formas se vuelven muy variadas en los animales.
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Sobre los egipcios y los libios, así me parece que es. Sobre los que están a la derecha de los ortos del sol estival hasta el lago Meótide— pues este es el límite de Europa y Asia—, así es respecto a ellos: estos pueblos son más diferentes entre sí que los anteriormente descritos, debido a los cambios de las estaciones y a la naturaleza de la tierra. Y ocurre lo mismo con la tierra que con los demás hombres. Pues donde las estaciones experimentan cambios mayores y más frecuentes, allí la tierra es más salvaje y desigual, y encontrarás muchísimas montañas, bosques, llanuras y praderas. Donde las estaciones no cambian mucho, allí la tierra es más uniforme. Así ocurre también con los hombres, si uno quiere reflexionar. Pues hay naturalezas que se parecen a montañas boscosas y bien regadas, otras a tierras áridas y sin agua, otras a praderas y pantanos, y otras a llanuras, tierras desnudas y secas. Pues las estaciones que cambian la naturaleza de la forma son diferentes. Y si son muy diferentes entre sí, se producen también mayores diferencias en las formas.
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Omitiré los pueblos que difieren poco, pero hablaré de los que son grandes, ya sea por naturaleza o por ley, tal como son. Y primero sobre los macrocéfalos. Pues no hay otro pueblo que tenga cabezas semejantes a las de ellos. Al principio, la ley fue la causa principal de la longitud de la cabeza, pero ahora la naturaleza también contribuye a la ley. Pues consideran que los que tienen la cabeza más larga son los más nobles. Sobre la ley, es así: cuando nace el niño, mientras su cabeza aún es blanda y tierna, la moldean con las manos y la obligan a crecer en longitud, aplicando ligaduras y artificios adecuados, mediante los cuales la forma esférica de la cabeza se estropea y la longitud aumenta. Así, al principio, la ley logró que, por la fuerza, la naturaleza fuera tal; pero con el paso del tiempo, se convirtió en naturaleza, de modo que la ley ya no necesita forzar. Pues el semen proviene de todas las partes del cuerpo, sano de los sanos y enfermo de los enfermos. Si, por tanto, de los calvos nacen calvos, de los de ojos claros nacen de ojos claros, y de los deformes nacen deformes en la mayoría de los casos, y el mismo razonamiento se aplica a la otra forma,¿ qué impide que de un macrocéfalo nazca un macrocéfalo? Pero ahora ya no nacen igual que antes, pues la ley ya no tiene fuerza debido al trato con otros hombres.
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Sobre estos asuntos, así me parece que es. Sobre los que viven en el Fasis: aquella región es pantanosa, cálida, húmeda y boscosa, y allí se producen lluvias en todas las estaciones, muchas y fuertes. La vida de los hombres transcurre en los pantanos, y las viviendas son de madera y caña, construidas sobre las aguas. Usan poco el caminar por la ciudad y el mercado, sino que navegan arriba y abajo en monóxilos, pues hay muchos canales. Beben aguas cálidas y estancadas, corrompidas por el sol y aumentadas por las lluvias. El propio Fasis es el más estancado de todos los ríos y fluye con mucha suavidad. Los frutos que allí nacen son todos débiles, marchitos e imperfectos por la abundancia de agua; por eso no maduran. Una densa niebla cubre la región debido a las aguas. Por estas causas, los fasianos tienen formas distintas a las de los demás hombres: son grandes de estatura y excesivamente gruesos, sin que se note articulación ni vena alguna; tienen la tez amarillenta, como si estuvieran afectados por ictericia; su voz es la más grave de los hombres, pues usan un aire no puro, sino húmedo y turbio; y son naturalmente más perezosos para fatigar el cuerpo. Las estaciones no cambian mucho ni hacia el calor ni hacia el frío. Los vientos son en su mayoría del sur, excepto una brisa local. Esta sopla a veces violenta, difícil y cálida; llaman a este viento' cencreón'. El bóreas no llega mucho; y cuando sopla, es débil y flojo.
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Sobre la naturaleza de la diferencia y la forma de los que están en Asia y Europa, así es. Sobre la falta de ánimo de los hombres y la cobardía, que los asiáticos son más pacíficos que los europeos y de costumbres más suaves, las estaciones son las principales causas, al no producir grandes cambios ni hacia el calor ni hacia el frío, sino de manera similar. Pues no se producen sobresaltos en la mente ni una fuerte alteración del cuerpo, de donde es natural que la ira se vuelva salvaje y participe más de lo insensato y fogoso que estando siempre en el mismo estado. Pues los cambios de todas las cosas son los que despiertan la mente de los hombres y no la dejan estar tranquila. Por estas causas, me parece que el linaje asiático es cobarde, y además por las leyes. Pues la mayor parte de Asia está bajo reyes. Donde los hombres no son dueños de sí mismos ni autónomos, sino que son dominados, no les importa ejercitarse en las artes de la guerra, sino cómo no parecer belicosos. Pues los peligros no son iguales. Es natural que unos se alisten, se fatiguen y mueran por necesidad por sus amos, lejos de sus hijos, de su mujer y de los demás amigos. Y todo lo bueno y valiente que realicen, los amos se engrandecen y prosperan con ello, mientras que ellos mismos cosechan los peligros y las muertes. Además de esto, es necesario que la tierra de tales hombres quede desierta por los enemigos y por la pereza, de modo que, incluso si alguien es naturalmente valiente y de buen ánimo, su mente es disuadida por las leyes. Un gran testimonio de esto es que cuantos griegos o bárbaros en Asia no son dominados, sino que son autónomos y se fatigan por sí mismos, estos son los más belicosos de todos; pues se arriesgan por sí mismos, y ellos mismos se llevan los premios del valor y, de la misma manera, el castigo de la cobardía. Encontrarás también que los asiáticos difieren entre sí, siendo unos mejores y otros peores. De esto son causa los cambios de las estaciones, tal como he dicho en lo anterior.
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Sobre los que están en Asia, así es. En Europa hay un pueblo escita que habita alrededor del lago Meótide, diferente de los demás pueblos. Se llaman saurómatas. Sus mujeres montan a caballo, disparan flechas y lanzan jabalinas desde los caballos, y luchan contra los enemigos mientras son vírgenes. No dejan de ser vírgenes hasta que matan a tres enemigos, y no conviven con hombres antes de haber realizado los sacrificios legales. La que se toma un marido deja de montar a caballo, a menos que la necesidad de una expedición general lo exija. No tienen el pecho derecho. Pues cuando son niñas pequeñas, sus madres calientan al fuego un instrumento de bronce hecho para esto y lo aplican al pecho derecho, y se quema, de modo que se destruye su crecimiento y toda la fuerza y el volumen se derivan al hombro y al brazo derechos.
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Sobre la forma de los demás escitas, que se parecen a sí mismos y de ninguna manera a otros, el mismo razonamiento se aplica a los egipcios, excepto que unos están oprimidos por el calor y otros por el frío. La llamada soledad de los escitas es una llanura, herbosa, desnuda y moderadamente bien regada. Pues hay grandes ríos que sacan el agua de las llanuras. Allí viven los escitas, llamados nómadas, porque no tienen casas, sino que viven en carros. Los carros son, los más pequeños, de cuatro ruedas, y otros de seis; están cercados con fieltros y construidos como casas, unos dobles y otros triples. Son impermeables a la lluvia, a la nieve y a los vientos. Los carros son tirados por yuntas, unos de dos y otros de tres bueyes sin cuernos. Pues no tienen cuernos debido al frío. En estos carros viven las mujeres. Los hombres, por su parte, montan a caballo. Les siguen también las ovejas, las vacas y los caballos. Permanecen en el mismo lugar tanto tiempo como el pasto baste para el ganado; cuando ya no, van a otra región. Ellos mismos comen carne cocida y beben leche de yegua. Y comen' hipaca'; esto es queso de yegua.
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Sobre su modo de vida y sus leyes, así es; sobre las estaciones y la forma, que el linaje escita es muy diferente de los demás hombres y se parece a sí mismo como el egipcio, y es muy poco prolífico, y la región cría muy pocos animales en cuanto a tamaño y cantidad. Pues se encuentra bajo las mismas osas y los montes Ripeos, de donde sopla el bóreas. El sol se acerca mucho al final cuando llega a los periodos estivales, y entonces calienta poco tiempo y no con fuerza; los vientos que soplan desde los lugares cálidos no llegan, a menos que sea rara vez y débiles, sino que desde las osas soplan siempre vientos fríos de la nieve, el hielo y muchas aguas. Nunca abandonan los montes; por ellos son inhabitables. Una niebla densa cubre las llanuras durante gran parte del día, y en ellas viven; de modo que el invierno es siempre, y el verano dura pocos días y estos no muy intensos. Pues las llanuras son elevadas, desnudas y no están rodeadas de montañas, sino que se inclinan desde las osas; allí los animales no se vuelven grandes, sino que son capaces de protegerse bajo tierra. Pues el invierno lo impide y la desnudez de la tierra, porque no hay abrigo ni protección. Los cambios de las estaciones no son grandes ni fuertes, sino similares y cambian poco; por eso las formas son iguales a sí mismas, usando siempre el mismo alimento y la misma vestimenta en verano y en invierno, respirando un aire húmedo y espeso, bebiendo aguas de nieve y hielo, y estando lejos de la fatiga. Pues no es posible que el cuerpo se fatigue ni el alma donde no se producen cambios fuertes. Por estas necesidades, sus formas son gruesas, carnosas, sin articulaciones, húmedas y sin tono, y sus vientres son los más húmedos de todos los vientres. Pues no es posible que el vientre se reseque en tal región, naturaleza y estado de las estaciones, sino que, por la gordura y la carne desnuda, las formas se parecen entre sí, tanto los machos a los machos como las hembras a las hembras. Pues al ser las estaciones similares, no se producen corrupciones ni daños en la unión del semen, a menos que ocurra alguna necesidad violenta o enfermedad.
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Proporcionaré un gran testimonio de la humedad. Pues a la mayoría de los escitas, a todos los que son nómadas, los encontrarás quemados en los hombros, los brazos, las muñecas, el pecho, las caderas y la cintura, por ninguna otra razón que por la humedad de su naturaleza y su blandura. Pues no pueden tensar los arcos ni lanzar la jabalina con el hombro debido a la humedad y la falta de tono. Cuando se queman, gran parte de la humedad se reseca de las articulaciones, y los cuerpos se vuelven más tensos, mejor nutridos y más articulados. Se vuelven flácidos y anchos, primero porque no se los envuelve en pañales como en Egipto, ni lo acostumbran debido a la equitación, para que estén bien sentados; después, debido a la postura; pues los machos, hasta que no pueden montar a caballo, pasan la mayor parte del tiempo sentados en el carro y usan poco el caminar debido a las migraciones y los desplazamientos; las hembras son asombrosamente flácidas y lentas en sus formas. El linaje escita es pelirrojo debido al frío, al no incidir el sol con fuerza. Por el frío, la blancura se quema y se vuelve pelirroja.
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No es posible que tal naturaleza sea prolífica. Pues al hombre no le viene mucho deseo de unión debido a la humedad de su naturaleza y a la blandura y frialdad del vientre, de donde es muy poco natural que un hombre sea capaz de lujuria; y además, al ser golpeados siempre por los caballos, se vuelven débiles para la unión. Para los hombres, estas son las causas, y para las mujeres, la gordura de la carne y la humedad; pues las matrices no pueden atrapar el semen; pues no tienen la purificación mensual como es debido, sino poca y después de mucho tiempo, y la boca de la matriz se cierra por la gordura y no recibe el semen; ellas mismas son perezosas, gordas, y sus vientres fríos y blandos. Por estas necesidades, el linaje escita no es prolífico. Un gran testimonio lo dan las esclavas; pues no tardan en llegar con un hombre y quedar embarazadas debido a la fatiga y la delgadez de la carne.
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Además de esto, la mayoría de los escitas se vuelven eunucos, realizan trabajos femeninos y viven como las mujeres, y hablan de manera similar; a estos se les llama' anaries'. Los nativos atribuyen la causa a un dios y veneran a estos hombres y los adoran, temiendo cada uno por sí mismo. A mí también me parece que estas afecciones son divinas, como todas las demás, y que nada es más divino ni más humano que otra cosa, sino que todo es igual y todo divino. Cada una de ellas tiene su propia naturaleza y nada sucede sin naturaleza. Diré cómo me parece que ocurre esta afección: por la equitación les sobrevienen dolores, ya que siempre tienen las piernas colgando de los caballos; después se vuelven cojos y se les contraen las caderas, los que enferman gravemente. Se curan a sí mismos de la siguiente manera: cuando comienza la enfermedad, se cortan una vena detrás de cada oreja. Cuando la sangre fluye, el sueño los invade por la debilidad y duermen. Después se despiertan, algunos sanos y otros no. A mí me parece que en esta curación se destruye el semen. Pues hay venas junto a las orejas que, si alguien las corta, los que son cortados se vuelven estériles. Por tanto, me parece que cortan estas venas. Después, cuando llegan a las mujeres y no son capaces de usarlas, al principio no se preocupan, sino que permanecen tranquilos. Pero cuando, tras intentarlo dos, tres o más veces, no sucede nada diferente, pensando que han pecado contra el dios al que culpan, se visten con ropa femenina, condenando su propia cobardía. Se afeminan y trabajan con las mujeres lo que ellas hacen. Esto les sucede a los escitas ricos, no a los peores, sino a los más nobles y a los que poseen mayor fuerza, debido a la equitación, mientras que a los pobres les sucede menos; pues no montan a caballo. Sin embargo, debería ser que, puesto que esta enfermedad es más divina que las demás, no atacara solo a los más nobles y ricos de los escitas, sino a todos por igual, y más a los que poseen poco, si es que los dioses se alegran de ser honrados y admirados por los hombres y a cambio de esto devuelven favores. Pues es natural que los ricos sacrifiquen mucho a los dioses y dediquen ofrendas por tener muchas riquezas y los honren, mientras que los pobres menos por no tener, y además quejándose de que no les dan riquezas, de modo que los que poseen poco deberían llevarse los castigos de tales faltas más que los ricos. Pero, como dije antes, estas cosas también son divinas, igual que las demás; cada cosa sucede según la naturaleza. Y tal enfermedad les sucede a los escitas por tal causa como he dicho. Y ocurre lo mismo con los demás hombres. Pues donde más y más frecuentemente montan a caballo, allí la mayoría son presa de dolores, ciáticas y podagras, y son los peores para la lujuria. Estas cosas acompañan a los escitas, y son los más parecidos a eunucos de los hombres debido a estas causas y a que siempre llevan pantalones y pasan la mayor parte del tiempo sobre los caballos, de modo que ni con la mano tocan el miembro, y por el frío y el cansancio se olvidan del deseo y de la unión, y no se excitan antes de llegar a la edad viril.
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Sobre el linaje de los escitas, así es. El resto del linaje que está en Europa es diferente en sí mismo, tanto en tamaño como en formas, debido a los cambios de las estaciones, porque son grandes y frecuentes, y hay calores fuertes, inviernos duros, muchas lluvias y, a su vez, sequías prolongadas y vientos, de los cuales hay muchos y variados cambios. De esto es natural percibir que la generación en la unión del semen es diferente en cada momento y no es la misma en el verano que en el invierno, ni en época de lluvias que en sequía. Por eso creo que las formas de los europeos han cambiado más que las de los asiáticos y que las estaturas son muy diferentes entre sí en cada ciudad. Pues se producen más corrupciones del semen en la unión cuando los cambios de las estaciones son frecuentes que cuando son similares e iguales. Sobre las costumbres, el mismo razonamiento: lo salvaje, lo insociable y lo fogoso se produce en tal naturaleza. Pues los sobresaltos frecuentes de la mente introducen la salvajería, y oscurecen lo manso y suave. Por eso creo que los que habitan Europa son más valientes que los que habitan Asia. Pues en lo que es siempre similar hay pereza, mientras que en lo que cambia hay fatigas para el cuerpo y el alma. Y de la tranquilidad y la pereza crece la cobardía, mientras que de la fatiga y los trabajos, el valor. Por esto son más belicosos los que habitan Europa, y también por las leyes, porque no están bajo reyes como los asiáticos. Pues donde están bajo reyes, allí es necesario que sean muy cobardes. Ya se ha dicho antes. Pues las almas están esclavizadas y no quieren arriesgarse voluntariamente a la ligera por el poder de otro. Pero los que son autónomos— pues eligen los peligros por sí mismos y no por otros— se esfuerzan voluntariamente y van hacia el peligro. Pues ellos mismos se llevan los premios de la victoria. Así, las leyes no poco contribuyen al valor.
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El conjunto y el todo es así sobre Europa y Asia. Pero hay también en Europa pueblos diferentes unos de otros en tamaño, formas y valentías. Las cosas que difieren son las mismas que se han dicho antes. Lo diré aún más claramente. Cuantos habitan una región montañosa, áspera, elevada y bien regada, y los cambios de las estaciones son muy diferentes para ellos, allí es natural que las formas sean grandes y bien dispuestas para la fatiga y el valor, y tales naturalezas no poco poseen de salvaje y bestial. Pero cuantos habitan lugares cóncavos, herbosos, sofocantes y participan más de los vientos cálidos que de los fríos y usan aguas cálidas, estos no serían grandes ni proporcionados, sino de anchas formas, carnosos, de pelo negro, y ellos mismos más negros que blancos, menos flemáticos que biliosos; el valor y la fatiga no estarían en el alma por naturaleza, pero una ley añadida podría lograrlo. Y si hubiera ríos en la región que sacaran de la tierra el agua estancada y de lluvia, estos serían sanos y brillantes. Pero si no hubiera ríos y bebieran aguas de lago, estancadas y pantanosas, es necesario que tales formas sean más prominentes de vientre y con bazo. Cuantos habitan una región elevada, llana, ventosa y bien regada, serían de formas grandes y similares entre sí; pero sus mentes son más cobardes y suaves. Cuantos habitan tierras delgadas, sin agua y desnudas, no bien templadas por los cambios de las estaciones, en esta región es natural que las formas sean duras, tensas, más rubias que negras, y sus costumbres y caracteres obstinados y de juicio propio. Pues donde los cambios de las estaciones son más frecuentes y muy diferentes entre sí, allí encontrarás que las formas, las costumbres y las naturalezas difieren más. Estas son las mayores diferencias de la naturaleza, y después la tierra en la que uno se cría y las aguas. Pues encontrarás que las formas de los hombres y sus modos siguen a la naturaleza de la tierra en la mayoría de los casos. Pues donde la tierra es fértil, blanda y bien regada, y las aguas están muy elevadas, de modo que son cálidas en verano y frías en invierno, y las estaciones están bien dispuestas, allí los hombres son carnosos, sin articulaciones, húmedos, perezosos y, por lo general, malos de alma. Es posible ver en ellos la pereza y la somnolencia; en las artes son torpes y no finos ni agudos. Pero donde la tierra es desnuda, sin agua, áspera, oprimida por el invierno y quemada por el sol, allí verás hombres duros, delgados, articulados, tensos y velludos. En tal naturaleza hay laboriosidad y vigilancia, y sus costumbres y caracteres son obstinados y de juicio propio, participando más de lo salvaje que de lo manso, y en las artes los encontrarás más agudos, más inteligentes y mejores en las cosas de la guerra; y todo lo demás que nace en la tierra sigue a la tierra. Las naturalezas y formas más opuestas son así. Juzgando a partir de esto, reflexiona sobre lo demás y no te equivocarás.