De diaeta acutorum
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Original / primary: Spanish Gemini
1
El causos ocurre cuando, al secarse las venas en la estación estival, atraen hacia sí humores acres y biliosos; se apodera entonces una fiebre intensa, y el cuerpo se fatiga y duele como si estuviera bajo el efecto de un esfuerzo. Ocurre, por lo general, tras una larga caminata y una sed prolongada, cuando las venas, al secarse, atraen flujos acres y calientes. La lengua se vuelve áspera, seca y muy negra; el paciente siente dolor y punzadas en la región del vientre; las deposiciones son muy líquidas y pálidas, hay sed intensa, insomnio y, a veces, perturbaciones mentales. A tal paciente dale a beber agua y agua con miel cocida, diluida, tanta como desee; y si la boca se vuelve amarga, conviene provocar el vómito y realizar un enema intestinal; si no se alivia con esto, purga con leche de burra hervida. No le ofrezcas nada salado ni acre, pues no lo tolerará; no le des caldos hasta que esté fuera de los días críticos. Si fluye sangre por la nariz, la afección se resuelve, así como si sobrevienen sudores críticos genuinos junto con orinas blancas, espesas y que sedimentan suavemente, o si aparece algún absceso en alguna parte; pero si se resuelve sin esto, habrá una recaída de la enfermedad, o sobrevendrá dolor en las caderas o en las piernas, y expectorará esputos espesos si ha de sanar. Otro tipo de causos: vientre que se relaja, lleno de sed, lengua áspera, seca, salina; retención de orina; insomnio; extremidades frías. En tal caso, si no fluye sangre por la nariz, o no aparece un absceso alrededor del cuello, o dolor en las piernas, y no expectora esputos espesos( esto ocurre cuando el vientre se ha contraído, o hay dolor de cadera, o amoratamiento de los genitales), no hay crisis; y un testículo tenso es signo crítico. Administra caldos que atraigan los humores.
2
En las afecciones agudas, practica la flebotomía si la enfermedad parece fuerte, si los pacientes están en la plenitud de su edad y poseen vigor. Si se trata de una angina, purga con electuarios, o si es alguna otra de las afecciones pleuríticas; pero si parecen más débiles, o si has extraído demasiada sangre, utiliza un enema para el vientre cada tercer día, hasta que el enfermo esté fuera de peligro, y ayuno, si lo requiere.
3
Las inflamaciones de los hipocondrios sin retención de gases, las tensiones de las membranas, o las obstrucciones de gases, la ortopnea seca, en aquellos en quienes no hay pus, sino que estas afecciones subyacen por una retención de gases, y sobre todo los dolores intensos del hígado, la pesadez del bazo y otras inflamaciones, así como los dolores intensos por encima de las membranas y las torsiones de las enfermedades, no pueden resolverse si uno intenta primero tratar con fármacos; la flebotomía es, en tales casos, el procedimiento principal; después, el enema, si la enfermedad no es grande y fuerte; si no, se requiere fármacos más tarde; pero la flebotomía requiere seguridad y moderación junto con la administración de fármacos. Aquellos que, al principio de las enfermedades, intentan resolver las inflamaciones directamente con fármacos, no eliminan nada de lo tenso e inflamado, pues la afección, al estar cruda, no cede; en cambio, consumen las fuerzas que resisten a la enfermedad y que son saludables; al debilitarse el cuerpo, la enfermedad prevalece; cuando la enfermedad prevalece sobre el cuerpo, tal estado es incurable.
4
La pérdida repentina de la voz es causada por obstrucciones de las venas, si esto ocurre a alguien sano sin causa aparente u otra razón fuerte; por tanto, es necesario flebotomizar la vena interna del brazo derecho y extraer sangre, calculando la cantidad mayor o menor según la constitución y la edad. A la mayoría de ellos les sucede lo siguiente: enrojecimientos del rostro, rigidez de los ojos, distensión de las manos, trismo de los dientes, palpitaciones, contracción de las mandíbulas y enfriamiento de las extremidades, obstrucciones de gases a través de las venas.
5
Cuando sobrevienen dolores, se producen flujos de bilis negra y humores acres; las partes internas duelen al ser mordidas; las venas, al ser mordidas y volverse excesivamente secas, se tensan y, al inflamarse, atraen los flujos; de donde, al corromperse la sangre y no poder los gases seguir sus caminos naturales a través de ella, se producen enfriamientos por la estasis, vértigos, afonía, pesadez de cabeza y convulsiones, si ya llega al corazón, al hígado o a la vena; de ahí se vuelven epilépticos o paralíticos, si los flujos caen en los lugares circundantes y, al no poder pasar los gases, se secan. Pero es necesario flebotomizar a tales pacientes tras aplicar calor, directamente en los inicios, cuando todos los gases y flujos causantes están elevados; pues son más fáciles de tratar; y, tras reponer fuerzas y observar las crisis, administrar fármacos hacia arriba, si no se alivia; y el vientre inferior, si no se evacua con enema, purgar con leche de burra hervida, y que beba no menos de doce cótulas; y si conserva vigor, más, dieciséis.
6
La angina ocurre cuando un flujo abundante y viscoso desde la cabeza fluye en la estación invernal o primaveral hacia las venas yugulares, y estas atraen más flujo debido a su amplitud; cuando, al ser frío y viscoso, se obstruye, bloqueando los pasajes del aire y de la sangre, coagula la sangre cercana, haciéndola inmóvil y estancada, por ser naturalmente fría y obstructiva. Por esto se asfixian, al amoratarse la lengua, redondearse y curvarse hacia atrás debido a las venas que están debajo de la lengua; pues al cortarse la úvula, que llaman campanilla, hay una vena gruesa a cada lado. Cuando, por tanto, estas, al estar llenas, se apoyan sobre la lengua, que es laxa y esponjosa, al recibir por la fuerza el líquido de las venas debido a la sequedad, de plana se vuelve redonda, de color saludable se vuelve amoratada, de blanda se vuelve dura, de flexible se vuelve rígida, de modo que se asfixian rápidamente si uno no ayuda con rapidez. Practica la flebotomía desde los brazos, corta las venas debajo de la lengua, administra fármacos con electuarios, haz gárgaras con líquidos calientes, rapa la cabeza, aplica un emplasto de cera en la cabeza y el cuello, envuelve con lanas y esponjas blandas, exprimiéndolas en agua caliente, para aplicar calor; que beba agua y agua con miel, no frías; ofrece caldo cuando, tras la crisis, esté ya fuera de peligro. Cuando en la estación estival u otoñal el flujo desde la cabeza desciende caliente y es nitroso, al haberse vuelto acre y caliente por la estación, muerde al ser así, ulcera, llena de aire, y sobreviene ortopnea y mucha sequedad, las partes visibles parecen delgadas, los tendones posteriores del cuello se tensan, y le parece que tiene tétanos, la voz se quiebra, el aire es escaso, y sobreviene una contracción del aire frecuente y violenta. A tales pacientes se les ulcera la arteria y se les inflaman los pulmones, al no poder atraer el aire del exterior. En tales casos, si no se desvía voluntariamente hacia las partes externas del cuello, es más terrible y fatal, tanto por la estación como porque proviene de cosas calientes y acres.
7
Si sobreviene fiebre con heces antiguas subyacentes, estando el paciente recién alimentado, ya sea con dolor de costado o no, mantén reposo hasta que los alimentos bajen primero al vientre inferior; como bebida, usa oximiel; cuando la pesadez llegue a la región lumbar, purga abajo con enema o limpia con fármaco; cuando se haya purgado, dieta con caldo primero y bebida de agua con miel; después, con alimentos, pescados hervidos y vino diluido, poco por la noche; durante el día, agua con miel diluida. Cuando los gases sean fétidos, entonces usa supositorio o enema; si no, retén bebiendo oximiel hasta que baje al vientre inferior, y luego, así, evacua con enema. Si estando el paciente delgado sobreviene causos, si te parece conveniente tratar con fármacos, no los administres dentro de los tres días, sino al cuarto. Cuando administres fármacos, usa los caldos, vigilando los paroxismos de las fiebres, de modo que nunca los ofrezcas cuando las fiebres estén por ocurrir, sino cuando disminuyan, cuando hayan cesado, y lo más lejos posible del inicio. Estando los pies fríos, no des ni bebida ni caldo ni ninguna otra cosa, sino considera que esto es lo más importante de vigilar, hasta que se vuelvan muy calientes; luego, así, ofrece lo conveniente. Pues, por lo general, el enfriamiento de los pies es signo de que la fiebre va a tener un paroxismo; si en tal momento ofreces algo, cometerás todos los errores más graves; pues aumentarás la enfermedad no poco. Cuando la fiebre disminuye, por el contrario, los pies se vuelven más calientes que el resto del cuerpo; pues aumenta enfriando los pies, encendiéndose desde el pecho, enviando la llama hacia la cabeza; al haberse concentrado todo el calor arriba y evaporarse hacia la cabeza, naturalmente los pies se enfrían, al ser por naturaleza sin carne y nerviosos; además, al estar lejos de los lugares más calientes, se enfrían, concentrándose el calor en el pecho; y, a la inversa, al disolverse la fiebre y fragmentarse, desciende a los pies; durante este tiempo, la cabeza y el pecho se han enfriado. La razón por la que hay que prestar atención es que, cuando los pies están fríos, es necesario que el vientre esté caliente y lleno de mucha náusea, y perturbado; la mayoría de tales pacientes quitan las pelusas, escarban la nariz, y responden brevemente a lo preguntado, pero por sí mismos no dicen nada coherente; me parece, pues, que tales casos son melancólicos; si, estando así, el vientre está líquido y se deshace, me parece que hay que ofrecer caldos más fríos y espesos, y bebidas estáticas y más vinosas o más astringentes. En aquellos pacientes cuyas fiebres presentan desde el principio vértigos, palpitaciones de cabeza y orinas delgadas, espera que la fiebre se agrave hacia las crisis; no me extrañaría que deliraran. En aquellos en quienes al principio las orinas son nubladas y espesas, purga a tales pacientes, si lo demás también conviene; en aquellos en quienes al principio las orinas son delgadas, no administres fármacos, sino, si parece, aplica enema; a estos conviene ser tratados así, manteniendo el cuerpo en reposo, ungiendo y envolviendo uniformemente; usa como bebida agua con miel diluida, y caldo de tisana hacia la tarde; evacua el vientre al principio con enema; no apliques fármacos a estos; pues si mueves algo en el vientre, la orina no madura, y la fiebre será sin sudor y sin crisis por mucho tiempo. No des caldos cuando esté cerca de las crisis, si hay agitación, pero si cede y mejora, sí; hay que vigilar también las crisis de las otras fiebres y retirar los caldos en este momento. Se ha aprendido que estas fiebres suelen ser largas y tener abscesos, si las partes inferiores están frías, alrededor de las orejas y el cuello; si no están frías, tienen otros cambios; fluye también sangre por la nariz, y los vientres de tales pacientes se perturban; aquellos cuyas fiebres presentan náuseas, y los hipocondrios se tensan, y al estar acostados no soportan estar en la misma posición, y todas las extremidades se enfrían, requieren el mayor cuidado y vigilancia; mantén a estos ofreciendo nada más que oximiel diluido; no ofrezcas caldo hasta que cese y la orina madure; acuesta en habitaciones oscuras, y que estén acostados sobre lechos lo más blandos posible, soportando mucho tiempo en la misma posición, y que se muevan lo menos posible; pues esto es lo que más beneficia a tales pacientes. Sobre el hipocondrio aplica linaza, vigilando que no se estremezca al aplicarla; que esté tibia, hervida en agua y aceite. Juzga por las orinas lo que va a suceder; pues si son más espesas y pálidas, mejor; si más delgadas y negras, peor; si tienen cambios, indica tiempo, y es necesario que el enfermo cambie tanto a peor como a mejor la irregularidad. Deja a las fiebres inestables hasta que se detengan; cuando se detengan, afronta con la dieta y el tratamiento adecuado, observando según la naturaleza.
9
Hay muchas visiones de los enfermos; por ello, el médico debe prestar atención para que no se le escapen las causas, ni las que son por razonamiento, ni las que deben aparecer en número par o impar; sobre todo, hay que ser precavido con el número impar, ya que estos días hacen que los enfermos se inclinen hacia un lado u otro. Hay que vigilar, pues, el primer día en que el enfermo comenzó a estar débil, viendo el inicio desde cuándo y por qué; pues esto es lo primero que hay que saber. Cuando le preguntes y examines todo esto, primero cómo tiene la cabeza, si no tiene dolor y no siente pesadez en ella; después, los hipocondrios y los costados, si no tienen dolor; el hipocondrio, si es doloroso o está elevado o tiene alguna curvatura o plenitud, o si hay dolor de costado, y junto con el dolor, tos o retortijón o dolor de vientre; cuando algo de esto esté presente, sobre todo en el hipocondrio, evacua el vientre con enemas; que beba agua con miel caliente cocida. Observa también en los levantamientos si desfallece, y si tiene facilidad respiratoria, y mira la deposición, si no ha evacuado algo de color negro intenso, y si es limpia, como serían las deposiciones de alguien sano, y la fiebre agravándose hacia el tercer día; habiendo observado bien a tales pacientes en estas enfermedades como tercianas, observa hacia esto también lo demás; y si el cuarto día tiene algo de lo mismo similar al tercer día, la enfermedad se vuelve peligrosa. Los signos: la deposición negra significa muerte, la similar a la del sano cuando aparece todos los días, salvación; cuando no responde al supositorio, pero hay facilidad respiratoria, al levantarse al asiento o allí mismo en la cama, si sobreviene desmayo, cuando esto está presente en el enfermo o enferma al principio, considera que habrá delirio. Hay que prestar atención también a las manos; pues si están temblorosas, espera que en tal paciente ocurra una efusión de sangre por la nariz; hay que mirar también las fosas nasales; si el aire se atrae igual por ambas, y si sale mucho por las fosas nasales, suele ocurrir convulsión; si ocurre convulsión en tal paciente, la muerte es esperable, y es bueno predecirlo.
10
Si en fiebre invernal la lengua se vuelve áspera y hay desmayos, suele haber también una remisión de la fiebre en tal paciente; pero, aun así, vigila a tal paciente con ayuno, bebida de agua y bebida de agua con miel; y vigila con caldos, sin confiar nada en la remisión de las fiebres, pues los que tienen tales signos están en peligro de morir; cuando sepas esto, entonces predice, si te parece bien, tras haber observado muy bien. Cuando en las fiebres ocurre algo temible estando en el quinto día, el vientre evacua repentinamente líquido, y sobreviene desmayo, o afonía, o se vuelve convulsivo o con hipo, tras esto suelen sobrevenir náuseas, y sudores alrededor de la nariz, la frente y el cuello detrás de la cabeza; los que sufren esto mueren al poco tiempo tras haberse asfixiado. Aquellos en quienes en las fiebres las piernas se vuelven tumorosas, y al prolongarse no maduran estando aún en fiebres, si sobreviene asfixia en la faringe, estando delgadas las partes alrededor de la faringe, y no madura, sino que se extingue, suele fluir sangre por la nariz en tal paciente; si fluye mucha, significa resolución de la enfermedad; si no, larga; cuanto menos fluya, tanto peor y más prolongada; si lo demás se vuelve muy fácil, espera en tal paciente dolores en los pies; si toca el pie, y volviéndose doloroso permanece inflamado, y no se resuelve, poco a poco llegará también al cuello, a la clavícula, al hombro, al pecho y a la articulación, y esto requerirá volverse tumoroso; al extinguirse esto, si las manos se contraen o se vuelven temblorosas, la convulsión atrapa a tal paciente y el delirio; además, aparecen pústulas sobre la ceja, y enrojecimientos, y el párpado crece al lado del otro, y una inflamación dura se apodera, y el ojo se hincha fuertemente, y el delirio aumenta mucho; las noches significan más que los días lo referente al delirio. Los signos ocurren sobre todo en el número impar o en el par; a cualquiera de estos números que ocurra, sobreviene la muerte. A tales pacientes, si prefieres tratar con fármacos desde el principio, antes del quinto día, si el vientre hace ruido; si no, déjalos sin fármacos; si hace mucho ruido y las deposiciones son biliosas, purga moderadamente con escamonea; en el resto del tratamiento, ofrece la menor cantidad posible de bebidas y caldos, para que esté mejor, si no superan el decimocuarto día tras haber remitido. Cuando a un febril que está en el decimocuarto día le sobreviene afonía, no suele llegar una resolución rápida, ni ocurre la liberación de la enfermedad, sino que indica tiempo para tal paciente; cuando aparece en este día, resulta más largo. Cuando a un febril en el cuarto día la lengua habla de forma confusa, y el vientre evacua líquido bilioso, suele delirar tal paciente; pero hay que vigilar siguiendo los resultados. En la estación estival y otoñal, en las afecciones agudas, la efusión de sangre repentina indica tensión y mucho tratamiento a través de las venas, y al día siguiente, apariciones de orinas delgadas; y si está en la plenitud de la edad y el cuerpo está bien por ejercicios o buena constitución, o es melancólico, o por bebida las manos están temblorosas, es bueno predecir delirio o convulsión; si ocurre en días pares, mejor, en días críticos, mortal; si mucha sangre acumulada al ser expulsada hace salidas, por exceso al llenarse por la nariz o por el ano, absceso, o dolores en el hipocondrio, o en los testículos, o en las piernas; al resolverse esto, ocurren salidas de esputos espesos, orinas lisas, blancas. Para la fiebre con hipo, da a beber jugo de silfio, oximiel, zanahoria triturada, y gálbano en miel, y comino como electuario, y caldo de tisana para sorber tras esto; es fatal tal caso, si no sobrevienen sudores críticos y sueños uniformes, y orinas espesas y acres descienden, o se asienta en un absceso; bayas y mirra como electuario; dar a beber a estos oximiel lo menos posible; si tienen mucha sed, agua de cebada.
11
Las afecciones perineumónicas y pleuríticas deben considerarse así: si la fiebre es aguda, y hay dolores en un costado o en ambos, y si al respirar siente dolor, y hay tos, y expectora esputos rojos o amoratados, o también delgados y espumosos y brillantes, y si tiene cualquier otra cosa diferente a lo aprendido, con estos hay que proceder así: si el dolor termina arriba hacia la clavícula o alrededor del pecho o alrededor del brazo, hay que cortar la vena interna del brazo, en el lado que sea según esto; extrae más según la constitución del cuerpo, la estación, la edad y el color, y con confianza, si el dolor es agudo, lleva hasta el desmayo; después, aplica enema tras esto. Si el dolor está debajo del pecho y se tensa mucho, purga el vientre al pleurítico; entre la purga no des nada; tras la purga, oximiel; trata con fármacos al cuarto día; los tres primeros días aplica enemas, y si no alivia, entonces purga; que la vigilancia sea hasta que esté sin fiebre y hasta el séptimo día; después, si parece estar fuera de peligro, ofrece caldo poco y delgado al principio, mezclando con miel; si expectora fácilmente, y respira bien y no tiene dolor en los costados, y está sin fiebre, poco a poco más espeso y más cantidad, y dos veces al día; si no se libera fácilmente, menos bebida, y poco caldo, caldo delgado, y una vez, en la estación en que esté mejor; lo sabrás por las orinas. Es necesario ofrecer caldo a los que salen de las enfermedades no antes de que veas que las orinas o los esputos se han vuelto maduros( si tras ser tratado con fármacos se ha purgado mucho, es necesario dar, pero menos y más delgado; pues no podrá dormir por el vacío de los vasos, ni digerir igual, ni soportar las crisis); pero una vez que ocurran las disoluciones de lo crudo, y expulse lo que resiste, no resistirá nada. Maduros son los esputos, cuando se vuelven similares al pus, y las orinas cuando tienen sedimentos rojizos como los de las arvejas. Nada impide aplicar también para los otros dolores de los costados compresas calientes y emplastos de cera; unge las piernas y la región lumbar con algo caliente, y deja grasa; sobre los hipocondrios aplica linaza hasta los pechos; al estar en la plenitud la perineumonía, es difícil de ayudar si no se purga, y es malo si tiene disnea, y orinas delgadas y acres, y sudores alrededor del cuello y la cabeza; tales sudores son malos, por asfixia y ruptura y fuerza al prevalecer las enfermedades, si no fluyen muchas orinas espesas, y llegan esputos maduros; lo que sea de esto que ocurra espontáneamente, resolverá la enfermedad. Para la perineumonía, electuario: gálbano y bayas en miel ática; y abrótano en oximiel, pimienta; da eléboro negro hervido al pleurítico que está al principio con dolor intenso; es bueno también dar a beber panax hervido en oximiel y filtrado, y a los hepáticos y a los dolores por encima de las membranas, y lo que sea necesario para el vientre y para la orina, en vino y miel, y lo que sea para el vientre, dar a beber más con agua con miel diluida.
12
La disentería, al cesar, producirá un absceso o alguna hinchazón, si no aparece en fiebres o sudores y orinas espesas y blancas, o si el dolor no se asienta en tercianas o en varices o en testículo o en piernas o en caderas.
13
En fiebre biliosa, antes del séptimo día, la ictericia que sobreviene tras escalofríos resuelve la fiebre; pero si sobreviene sin escalofríos fuera de los tiempos, es mortal.
14
Para el tétanos de la región lumbar, y cuando hay obstrucciones de gases a través de las venas por melancolía, la flebotomía libera. Cuando por los tendones se contraen fuertemente hacia adelante, y hay sudores alrededor del cuello y el rostro, al ser mordidos por el dolor y secarse los tendones urinarios, que son los más espesos que sujetan la columna, donde los mayores ligamentos están insertados hasta terminar en los pies, en tal paciente, si no sobreviene fiebre y sueño, y las orinas siguientes llegan con digestión y sudores críticos, da a beber vino cretense vinoso, y comer harina hervida, y ungir con emplasto de cera; envuelve las piernas hasta los pies, remojando con calor en una artesa, y envuelve los brazos hasta los dedos, y la región lumbar desde el cuello hasta las caderas, habiendo ungido con cera vellosa, de modo que también sujete por fuera, y tras dejar un intervalo, aplica calor con odres, vertiendo agua caliente, y tensando una sábana, recuéstalo; no evacues el vientre, si no es con supositorio, si hay mucho tiempo sin deposición; y si te da alguna mejora, hacia lo mejor; si no, triturando la raíz de modo en vino fragante y zanahoria, da a beber por la mañana en ayunas antes de remojar, y rápidamente tras esto que coma la harina hervida tibia lo más posible, y vino, cuando quiera, que beba bien mezclado; y si te da mejora, hacia lo mejor; si no, predice.
15
Todas las enfermedades se resuelven o por la boca o por el vientre o por la vejiga o por alguna otra articulación similar; la forma del sudor es común a todas.
16
Es necesario administrar eléboro a aquellos a quienes fluye flujo desde la cabeza; pero a aquellos que se vuelven purulentos por abscesos o hemorragia o por falta de templanza o por alguna otra causa fuerte, no des eléboro a tales pacientes; pues no ayudará en nada, y si le sucede algo, parecerá que el eléboro es la causa; pero si el cuerpo se disuelve, o hay dolor en la cabeza, o los oídos o la nariz están obstruidos, o hay salivación, o pesadez de rodillas, o hinchazón del cuerpo fuera de lo habitual, lo que sea que ocurra ni por bebidas, ni por afrodisíacos, ni por tristeza, ni por preocupaciones, ni por insomnios; si tiene alguna causa de esto, dirige el tratamiento hacia ella.
17
Los dolores por caminata, de costados, espalda, región lumbar, caderas, y los que duelen al respirar teniendo causa, pues muchas veces ha aprendido a aparecer por resacas y alimentos flatulentos dolores en la región lumbar y en las caderas, y aquellos de ellos que tienen esto, orinan con dificultad, de estos la causa es la caminata y los catarros y las ronqueras.
18
En cuanto a lo que proviene de los regímenes, cada uno nota sobre todo lo que se aparta de su costumbre. Pues quienes no están acostumbrados a almorzar, si lo hacen, sienten una gran pesadez en el estómago, somnolencia y plenitud; si además cenan, el vientre se les altera. A estos les conviene dormir después de bañarse; y tras haber dormido, caminar despacio durante un buen rato. Si se produce la digestión, que cenen y beban un poco de vino más puro; si no se produce, que se unjan el cuerpo con algo caliente y, si tienen sed, que beban vino blanco aguado o dulce y descansen; si no logran dormir, que descansen más tiempo; en lo demás, que sigan el mismo régimen que los que tienen resaca. En cuanto a las bebidas, las que son aguadas son de digestión más lenta, se arremolinan, flotan alrededor de los hipocondrios y no descienden hacia la micción. Quien se haya llenado con tal bebida, que no realice ninguna tarea apresurada, de aquellas que implican esfuerzo para el cuerpo por tensión, fuerza o rapidez; que permanezca lo más tranquilo posible hasta que se digiera junto con los alimentos. Las bebidas que son más puras o más astringentes producen palpitaciones en el cuerpo y latidos en la cabeza; para estos casos, es bueno dormir un poco y tomar algo caliente, lo que más les apetezca; el ayuno es perjudicial para el dolor de cabeza y la resaca. Quienes solo hacen una comida al día están vacíos y débiles, y orinan caliente, pues ayunan contra su costumbre; también se les vuelve la boca salada y amarga, tiemblan en cualquier tarea, se les tensan las sienes y no pueden digerir la cena, como si hubieran almorzado. A estos les conviene cenar menos de lo que están acostumbrados, tomar una masa más líquida en lugar de pan, y de verduras, acedera, malva, tisana o acelgas; beber durante la comida una cantidad moderada de vino, más aguado, y después de cenar caminar un poco hasta que la orina descienda y orinen; deben consumir también pescados cocidos. Los alimentos son los que más se notan; el ajo produce flatulencia y calor alrededor del tórax, pesadez de cabeza y náuseas, y si hubiera algún otro dolor previo, podría agudizarlo; es diurético, y esto es una ventaja; lo mejor es comerlo cuando uno va a beber o cuando está ebrio. El queso produce flatulencia, estreñimiento y dificultad para digerir los alimentos, además de ser crudo e indigesto; es pésimo comerlo en la bebida cuando se está lleno. Todas las legumbres son flatulentas, tanto crudas como cocidas o tostadas; menos cuando están remojadas y frescas; no hay que usarlas a menos que sea con las comidas. Cada una de ellas tiene sus propios inconvenientes. El garbanzo, crudo o tostado, produce flatulencia y dolor. La lenteja es astringente y produce ruido intestinal si se toma con la cáscara. El altramuz es el que menos males tiene de todas ellas. El silfio y el jugo son muy útiles para algunos, pero para los inexpertos no pasan por el vientre, sino que provocan lo que se llama cólera seca; esto ocurre sobre todo si se mezcla con mucho queso o con carne de vaca. Pues las afecciones melancólicas podrían agudizarse con la carne de vaca; su naturaleza es insuperable y no es propia de cualquier vientre digerirla; se librarían mejor de ella si la consumieran bien cocida y lo más vieja posible. La carne de cabra tiene todos los males que hay en la de vaca, la indigestión, es más flatulenta, provoca eructos y es generadora de cólera; las más aromáticas, firmes y agradables son las mejores, bien cocidas y frías; las más desagradables, malolientes y duras son las peores, así como las frescas; son mejores en verano y peores en otoño. La carne de cerdo es mala cuando está poco hecha o quemada; sería colérica y perturbadora. La carne de cerdo es la mejor de todas las carnes; las mejores son las que no son ni excesivamente grasas ni excesivamente magras, ni de la edad de un animal viejo; comerla sin la corteza y algo fría.
19
En la cólera seca, el vientre está hinchado, hay ruidos, dolor en los costados y en la región lumbar, y no sale nada hacia abajo, sino que está obstruido. A tal paciente, vigílalo para que no vomite, sino que el vientre se evacúe. Por tanto, hazle un enema lo más rápido posible con agua caliente y lo más grasa posible, y en el agua, ungiéndolo con la mayor cantidad posible, sumérgelo caliente, acostándolo en una artesa, y vierte poco a poco agua caliente, y si al calentarse el vientre se le abre, está curado. A este tipo de paciente le conviene también dormir y beber vino ligero, viejo y más puro, y dale aceite, de modo que con tranquilidad el vientre se relaje y esté curado. Que se abstenga de alimentos y de otras cosas. Si el dolor no cede, dale a beber leche de burra hasta que se limpie. Si el vientre está suelto y sale bilis, y hay retortijones, vómitos, asfixia y pinchazos, para estos lo mejor es estar en reposo; beber hidromiel y no vomitar.
20
Hay dos naturalezas de hidropesía, de las cuales la que es subcutánea, al intentar desarrollarse, es inevitable, mientras que la que va acompañada de flatulencias requiere de mucha fortuna; sobre todo, fatiga, sudoración y moderación; que coma cosas secas y acre; pues así sería más diurético y tendría más fuerza. Si tiene dificultad para respirar, y resulta que la estación es verano, y la edad es la plenitud, y tiene vigor, extraer sangre del brazo; luego, que coma panes calientes mojados en vino negro y aceite; y bebiendo lo menos posible, que se esfuerce lo más posible, y que coma carne de cerdo carnosa cocida con vinagre, para que resista las caminatas cuesta arriba.
21
Quienes tienen el vientre caliente y expulsan deposiciones acre y desiguales debido a la disolución, si son fuertes, contrarrestar con eléboro; si no, el jugo de trigo candeal espeso y frío, el potaje de lentejas, panes cocidos bajo las cenizas, y pescados cocidos si tiene fiebre, y asados si no la tiene, y vino negro si no tiene fiebre; si no, agua de nísperos, de mirtos, de manzanas, de higos, de dátiles o de flor de vid. Si no tiene fiebre y hay retortijones, leche de burra caliente, poca al principio, luego gradualmente más, y que beba semilla de lino, harina de trigo y habas egipcias a las que se les haya quitado lo amargo, trituradas y espolvoreadas; que coma huevos medio cuajados asados, sémola, mijo y grano cocido en leche, comer cocido y frío, y que se le ofrezcan bebidas y alimentos similares a estos.
22
En la dietética es muy importante observar y vigilar en las enfermedades largas tanto las exacerbaciones de las fiebres como las remisiones, de modo que se hayan guardado los momentos en los que no se debe administrar alimento, y saber con seguridad cuándo se debe administrar; esto es cuando están más lejos de la exacerbación.
23
Hay que conocer a los que tienen dolor de cabeza por ejercicios, carreras, caminatas, caza u otro esfuerzo inoportuno, o por relaciones sexuales, a los que están descoloridos, roncos, con el bazo inflamado, anémicos, con dificultad respiratoria, que tienen tos seca y sed, que son flatulentos, con obstrucciones de las venas, con los hipocondrios, costados y espalda tensos, a los que están entumecidos, ven borroso, a quienes les zumban los oídos, a los que tienen incontinencia urinaria, a los que están ictéricos, a los que expulsan alimentos crudos por el vientre, y a los que sangran fuertemente por la nariz o por el ano, si están con flatulencias o les sobreviene un dolor fuerte y no se controlan; a ninguno de estos se le debe administrar fármacos; pues conllevará peligro, no obtendrás ningún beneficio y eliminarás las curaciones y crisis espontáneas.
24
Si a alguien le conviene extraer sangre, primero haz que el vientre esté firme y así extráela, y somételo a ayuno, y retírale el vino; luego, trata el resto con la dieta adecuada y con sudoraciones húmedas. Si te parece que el vientre está muy compacto, límpialo con un enema suave.
25
Si decides administrar fármacos, purga hacia arriba con eléboro de forma segura; hacia abajo, a ninguno de estos. Lo mejor es inducir la micción, el sudor y las caminatas; usa un masaje suave para no endurecer la constitución; si está postrado en cama, que otros lo masajeen; y si la afección molesta en el tórax por encima del diafragma, que se siente lo más posible y que se recuesten lo menos posible hasta que puedan, y mientras está sentado, masajéalo durante mucho tiempo con mucho calor; si los dolores se mantienen en el vientre bajo el diafragma, conviene estar acostado y no hacer ningún movimiento; a tal cuerpo no se le debe aplicar nada, salvo el masaje. Las afecciones que se resuelven desde el vientre bajo a través de la orina y el sudor, si se deslizan moderadamente, se resuelven por sí mismas las pequeñas; las fuertes son malas; pues tales pacientes o mueren o no se curan sin otros males, sino que se producen abscesos y cosas similares.
26
Bebida para el hidrópico: tres cantáridas, quitando la cabeza, las patas y las alas de cada una, triturando los cuerpos en tres ciatos de agua; cuando el que la beba sienta dolor, que se bañe con agua caliente, habiéndose ungido antes, y que la beba en ayunas; que coma panes calientes con aceite.
27
Para la hemorragia: introducir jugo de higuera en lana hacia adentro, hacia la vena, o enrollar cuajo e introducirlo en la nariz, o espolvorear calcantita con el dedo y presionar, y presionar los cartílagos desde fuera por ambos lados; y libera el vientre con leche de burra cocida, y aplica cosas refrescantes a la cabeza rapada, si ocurre en una estación calurosa.
28
El sesamoide purga hacia arriba; la dosis, una dracma y media triturada en oximiel; se mezcla también con los eléboros, y la tercera parte de la dosis ahoga menos.
29
Para la triquiasis: habiendo pasado el hilo por la aguja que tiene el ojo, atraviesa desde la parte aguda de la tensión superior del párpado hacia la inferior, y otro por debajo de este; habiendo tensado los hilos, cose y ata hasta que caiga; si es suficiente, bien; si no, si falta, haz lo mismo por detrás. Y las hemorroides las atravesarás de la misma manera con la aguja, habiendo atado un hilo de lana sucia lo más grueso y grande posible, pues el tratamiento resulta más seguro; luego, habiendo presionado, usa el cáustico y no lo mojes hasta que caiga, y deja siempre uno, y después de esto, tras recuperarse, administrar eléboro. Luego, que haga ejercicio y sude; el ejercicio consiste en masaje y lucha desde el amanecer; que se abstenga de correr, de la embriaguez y de las cosas acre, excepto el orégano; que vomite cada siete días o tres veces al mes; pues así el cuerpo estaría en las mejores condiciones; que beba vino tinto astringente, aguado, y poca cantidad de bebida.
30
Para los que tienen pus: corta rodajas de escila y cuécelas en agua, y tras hervirlas muy bien, escúrrelas, y añadiendo otra agua, cuécelas hasta que al tocarlas parezcan bien cocidas y blandas; luego, triturándolas hasta que estén suaves, mezcla comino tostado, sésamo blanco y almendras nuevas trituradas en miel, dalo como electuario, y después de esto, vino dulce; como caldos, triturando amapola blanca en cantidad de una pequeña taza, diluyéndola con agua de lavado de harina de trigo, hirviéndola, añadiendo miel, tomándola tibia, que pase así el día; luego, calculando según los resultados, dale la cena.
31
Para la disentería: un cuarto de habas limpias y doce ramitas de rubia trituradas, mezcladas y cocidas, darlo graso para lamer.
32
Para los ojos: ceniza lavada, mezclada con algo graso, como una masa no líquida, triturada hasta quedar suave, humedecida con agraz de uva amarga, secada al sol, humedecer como si fuera un ungüento; cuando esté seco, unta los ojos con lo triturado suave y seco, y espolvorea los lagrimales.
33
Para los líquidos: una dracma de ébano, nueve óbolos de cobre quemado triturados en piedra de afilar, tres óbolos de azafrán; habiendo triturado esto hasta que esté suave, vierte una cótila ática de vino dulce, y luego, poniéndolo al sol, tapado; cuando se haya cocido junto, usa esto.
34
Para los dolores intensos: una dracma de calcantita, de uva; cuando se haya cocido durante dos días, exprímelo, tritura mirra y azafrán, y mezclando el mosto, cuécelo al sol, y con esto unta a los que tienen dolores intensos; que esté en un recipiente de cobre.
35
Diagnóstico de las histéricas que se asfixian: presionar con los dedos; si siente, esto es histérico; si no, es espasmódico.
36
Para los que necesitan dormir, meconio, una pequeña taza ática redonda, dosis.
37
Tres sondas de escamas por su parte plana, y cola de harina de trigo; triturando esto hasta que esté suave, haz píldoras y dáselas; purga agua hacia abajo.
38
Limpia el vientre: en higos secos, gotea siete veces el jugo de titímalo en cada uno, luego, poniéndolo en un recipiente nuevo, guárdalo; dalo antes de las comidas.
39
Y triturando el meconio, vertiendo agua y filtrando, amasando harina, horneando tortas, vertiendo miel cocida, dáselo a comer a los que tienen problemas anales, y que beban encima vino dulce, aguado, o hidromiel aguada, la que proviene de los excrementos; o recoge el meconio, guárdalo y trata.