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De diaeta in morbis acutis
Hippocrates (V BC)Acut 1 · spanish-geminiMore by Hippocrates (V BC)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Quienes escribieron las llamadas sentencias de Cnido describieron correctamente lo que padecen los enfermos en cada una de las enfermedades y cómo terminaban algunas de ellas; y hasta este punto, incluso alguien que no fuera médico podría escribir correctamente si se informara bien de cada uno de los enfermos sobre lo que padecen. Sin embargo, muchas de las cosas que el médico debe conocer de antemano, sin que el enfermo se las diga, han sido omitidas, siendo unas diferentes en otros casos y algunas oportunas para el diagnóstico. Pero cuando se trata de diagnosticar cómo debe tratarse cada caso, en esto discrepo mucho de cómo ellos procedían; y no solo por esto no los alabo, sino porque utilizaban un número reducido de remedios, pues la mayoría de sus prescripciones, salvo en las enfermedades agudas, consisten en administrar purgantes, suero y leche en el momento oportuno. Si, pues, estos fueran buenos y adecuados para las enfermedades para las que aconsejaban administrarlos, serían aún más dignos de elogio por ser pocos y suficientes; pero ahora no es así. Los que los revisaron posteriormente, en cambio, abordaron de forma más médica lo que debe administrarse en cada caso; sin embargo, los antiguos tampoco escribieron nada digno de mención sobre la dieta, aunque descuidaron algo importante. No obstante, algunos no ignoraban las múltiples formas de cada una de las enfermedades ni su complejidad; pero al querer expresar con precisión los números de cada una de las enfermedades, no escribieron correctamente, pues no sería fácil de enumerar si alguien pretendiera señalar con ello la enfermedad de los enfermos, dado que uno difiere de otro en algo y, si no parece ser la misma enfermedad, no tiene el mismo nombre.
2
A mí, en cambio, me agrada prestar atención en todo el arte; pues todas las obras que son bellas o correctas deben hacerse de manera bella y correcta, y las que son rápidas, rápidamente, y las que son limpias, limpiamente, y las que deben realizarse sin dolor, hacerlas de la manera menos dolorosa posible, y todas las demás cosas de este tipo deben hacerse de manera superior a la de los demás, hacia lo mejor. Y alabaría sobre todo al médico que, en las enfermedades agudas, que matan a la mayoría de los hombres, se distinguiera en algo de los demás hacia lo mejor. Estas son las agudas, como las llamaron los antiguos: pleuresía, neumonía, frenitis, letargo, causos y las demás enfermedades que están relacionadas con estas, cuyas fiebres son, por lo general, continuas. Pues cuando no prevalece un tipo común de enfermedad epidémica, sino que las enfermedades son esporádicas y similares, mueren más por estas enfermedades que por todas las demás juntas. Los profanos, pues, no conocen bien a los que se distinguen en esto de los demás, y son más bien alabadores y críticos de otros remedios. Además, este es un gran indicio de que los ciudadanos son los más ignorantes sobre sí mismos respecto a estas enfermedades, de modo que hay que ejercitarse; pues los que no son médicos parecen ser médicos sobre todo debido a estas enfermedades, ya que es fácil aprender de memoria los nombres de lo que se considera que debe administrarse a quienes padecen tales cosas. Pues si alguien nombra el caldo de tisana, tal o cual vino y agua con miel, a todos los ciudadanos les parece que los médicos dicen esto, tanto los mejores como los peores; pero las cosas no son así, sino que en esto precisamente difieren mucho unos de otros.
3
Me parece que son dignas de ser escritas sobre todo aquellas cosas que son difíciles de aprender para los médicos, siendo importante conocerlas, y aquellas que aportan grandes beneficios o grandes daños. Son difíciles de aprender, pues, las siguientes:¿ por qué, acaso, en las enfermedades agudas, algunos de los médicos pasan todo el tiempo administrando tisanas sin filtrar y creen que tratan correctamente, mientras que otros consideran de suma importancia que el enfermo no trague cebada alguna( pues consideran que es un gran daño), sino que administran el caldo filtrado a través de un lienzo? Otros, a su vez, no darían ni tisana espesa ni caldo; unos hasta que el enfermo llega al séptimo día, otros incluso hasta el final, hasta que la enfermedad se resuelve. Ciertamente, los médicos no están acostumbrados ni siquiera a plantear tales cuestiones; y quizás ni siquiera se encuentran al plantearlas; aunque todo el arte tiene una gran mala reputación ante los ciudadanos, hasta el punto de no parecer en absoluto que sea medicina; pues en las enfermedades agudas los profesionales diferirán tanto entre sí que lo que uno administra creyendo que es lo mejor, el otro considera que ya es malo; y casi se podría decir que en este aspecto el arte se asemeja a la adivinación, porque los adivinos consideran que el mismo pájaro, si está a la izquierda, es bueno, y si a la derecha, malo; y en la inspección de las entrañas uno podría encontrar tales cosas en otros casos; pero algunos de los adivinos dicen lo contrario. Afirmo, pues, que este examen es hermosísimo y está emparentado con la mayoría de las cosas más importantes del arte; pues para todos los enfermos puede significar mucho para la salud, y para los sanos para la seguridad, y para los que se ejercitan para el buen estado físico, y para lo que cada uno desee.
4
La tisana, pues, me parece que ha sido elegida correctamente entre los alimentos en estas enfermedades, y ciertamente alabo a quienes la eligieron. Pues su viscosidad es suave, continua, agradable, resbaladiza, moderadamente blanda, no provoca sed y es fácil de evacuar, si se necesitara algo de esto, y no tiene astringencia, ni provoca un ruido molesto, ni se hincha en el vientre; pues ya se ha hinchado en la cocción tanto como estaba destinado a dilatarse. Quienes utilizan tisanas en estas enfermedades, no deben pasar hambre ningún día, por así decirlo, sino que deben usarla y no interrumpirla, a menos que sea necesario interrumpirla por una purga o un enema. Y a los acostumbrados a comer dos veces al día, se les debe dar dos veces; a los acostumbrados a comer una vez, se les debe dar una vez al principio, pero gradualmente, si es posible, también a estos se les debe dar dos veces, si parece necesario. Es suficiente dar una cantidad no muy grande al principio, ni demasiado espesa, sino tanta como para que entre algo por costumbre y no se produzca un hambre excesiva. Sobre el aumento de la cantidad de la bebida, si la enfermedad es más seca de lo que uno pensaría, no se debe dar más, sino beber antes de la bebida agua con miel o vino, lo que sea más adecuado; lo adecuado en cada uno de los casos se dirá. Pero si la boca se humedece y lo que proviene del pulmón es como debe ser, se debe aumentar la cantidad de la bebida, dicho en resumen; pues lo que se ablanda más rápida y mayormente indica rapidez de crisis, mientras que lo que es más lento y menos indica una crisis más lenta. Y estas cosas, por sí mismas, son generalmente así; pero muchas otras cosas importantes han sido omitidas, las cuales deben ser señaladas de antemano y se dirán más adelante. Y cuanto mayor sea la purga, tanto más se debe aumentar hasta la crisis; sobre todo dos días antes de la crisis, a aquellos a quienes parece que se resolverá en el quinto, séptimo o noveno día, para que también se tenga en cuenta lo par y lo impar; después de esto, se debe usar la bebida por la mañana y cambiar a alimentos sólidos por la tarde. Tales cosas convienen, por lo general, a quienes utilizan tisanas completas desde el principio. Pues los dolores en los pleuríticos cesan automáticamente de inmediato cuando comienzan a expectorar algo digno de mención y a limpiarse, y las purgas son mucho más completas, y se forman menos empiemas que si uno se alimentara de otra manera, y las crisis son más sencillas, más fáciles de juzgar y menos propensas a recaídas.
5
Las tisanas deben ser de cebada lo mejor posible y estar cocidas de la mejor manera, y de otra forma si no se va a utilizar solo el caldo. Pues, junto con la otra virtud de la tisana, lo resbaladizo hace que la cebada que se traga no dañe; pues no se adhiere en ninguna parte, ni permanece en la zona del tórax. La mejor cocida es la más resbaladiza, la que menos sed provoca, la más fácil de digerir y la más débil, que es lo que se necesita. Si, pues, uno no ayuda con lo que necesita, el método de tal bebida de tisana será perjudicial en muchos aspectos. Pues a aquellos a quienes se les ha encerrado alimento de inmediato, si uno no da la bebida después de haber evacuado un poco, podría exacerbar el dolor presente, y si no está presente, podría provocarlo de inmediato, y la respiración podría volverse más frecuente; y esto es malo; pues es secante para el pulmón y fatigante para el hipocondrio, el bajo vientre y el diafragma. Esto, si el dolor de costado sigue siendo continuo y no cede ante los fomentos, y el esputo no sube, sino que se vuelve viscoso sin madurar, si uno no resuelve el dolor, ya sea ablandando el vientre o sangrando, lo que sea más conveniente, y administra las tisanas si están así, las muertes de tales personas son rápidas. Por estas razones, pues, y otras similares aún más, los que utilizan tisanas completas mueren al séptimo día o antes; algunos incluso con la mente dañada, otros asfixiados por la ortopnea y el ronquido. Los antiguos consideraban que tales personas estaban golpeadas sobre todo por esto; y no menos porque, al morir, su costado se encuentra lívido, algo parecido a un golpe. La causa de esto es que mueren antes de que se resuelva el dolor; pues rápidamente se vuelven asmáticos; y por el mucho y frecuente aliento, como ya se ha dicho, el esputo, al volverse viscoso sin digerirse, impide que se produzca el retorno, sino que provoca el ronquido al quedar atrapado en los bronquios del pulmón. Y cuando llega a lo mismo, ya es mortal por lo general; pues el propio esputo atrapado impide que el aliento se lleve hacia adentro y obliga a que se lleve rápidamente hacia afuera; y así se ayudan mutuamente hacia el mal; pues el esputo atrapado hace que el aliento sea frecuente, y el aliento, al ser frecuente, hace que el esputo sea más viscoso e impide que se deslice. Esto ocurre no solo si utilizan tisana a destiempo, sino mucho más si comen o beben cualquier otra cosa más inadecuada que la tisana.
6
Ciertamente, la mayoría de los remedios son muy similares para los que utilizan tisanas completas y para los que utilizan solo el caldo; pero para los que no utilizan ninguna de estas, sino solo bebida, hay ocasiones en las que se debe remediar de manera diferente. Se debe hacer lo siguiente en absoluto: si el enfermo está recién alimentado y el vientre aún no ha evacuado, y comienza la fiebre, ya sea con dolor o sin dolor, se debe suspender la administración de la bebida hasta que se piense que el alimento ha pasado a la parte inferior del intestino. Se debe usar bebida, si tiene algún dolor, agua con miel, caliente en invierno y fría en verano; pero si hay mucha sed, agua con miel y agua. Después, si hay algún dolor o aparece algo de los peligrosos, administrar la bebida ni mucha ni espesa, después del séptimo día, si tiene fuerzas. Pero si el alimento anterior no ha pasado estando recién alimentado, si tiene fuerzas y está en la plenitud de la edad, administrar un enema; pero si es más débil, usar un supositorio, si no sale bien por sí mismo. El momento de la administración de la bebida debe observarse sobre todo así, al principio y durante toda la enfermedad: cuando los pies estén fríos, se debe suspender la administración de la bebida, y sobre todo abstenerse también de la bebida; pero cuando el calor baje a los pies, entonces administrar, y considerar que este momento tiene gran poder en todas las enfermedades; y no menos en las agudas, y sobre todo en las más febriles y peligrosas. Se debe usar primero sobre todo caldo, después tisana, observando con precisión según los indicios escritos anteriormente.
7
Si el dolor de costado ocurre al principio o más tarde, no es inadecuado intentar resolver el dolor usando primero fomentos. Lo mejor para los fomentos es agua caliente en un odre, o en una vejiga, o en un recipiente de bronce, o de barro; pero se debe colocar primero algo blando contra el costado, por causa de la suavidad. También es bueno una esponja blanda, grande, exprimida de agua caliente, para aplicar; y se debe cubrir el calor por encima; pues durará más tiempo y permanecerá, y al mismo tiempo para que el vapor no se dirija hacia el aliento del enfermo, a menos que parezca que esto también es útil para algo; pues hay veces que es necesario para algo. Además, también cebada o almortas; en vinagre mezclado un poco más ácido de lo que uno bebería, diluido y hervido, cosido en saquitos para aplicar; y salvado de la misma manera. La estufa seca, sal, mijo tostado en saquitos de lana son los más adecuados; pues el mijo es ligero y suave; tal ablandamiento resuelve también los dolores que llegan hasta la clavícula. Sin embargo, la incisión no resuelve el dolor de la misma manera, a menos que el dolor llegue hasta la clavícula. Pero si el dolor no se resuelve con los fomentos, no se debe calentar durante mucho tiempo; pues esto es secante para el pulmón y causante de empiema; pero si el dolor señala hacia la clavícula o hacia el brazo, pesadez o alrededor del pecho o por encima del diafragma, se debe cortar la vena interna del codo, y no dudar en extraer mucha sangre hasta que fluya mucho más roja, en lugar de pura y roja, lívida; pues ocurren ambas cosas. Pero si el dolor está debajo del diafragma y no señala hacia la clavícula, se debe ablandar el vientre, ya sea con eléboro negro o con peplio, mezclando en el negro dauco o séseli o comino o anís o alguna otra de las aromáticas, y en el peplio jugo de silfio; aunque mezclados entre sí, estos son de naturaleza similar. El negro arrastra mejor y de forma más crítica que el peplio, pero el peplio es más rompedor de gases que el negro; ambos, sin embargo, detienen el dolor; detienen también muchas otras cosas de las que purgan; estos son los mejores que yo conozco. Puesto que también los purgantes administrados en las bebidas ayudan, los que no son demasiado desagradables ya sea por amargura o por alguna otra desagradabilidad, o por cantidad o color o alguna sospecha. De la tisana, cuando beba el medicamento, se debe dar a beber de inmediato nada menos que lo que se acostumbraba; puesto que también es lógico no dar de beber entre la purga; pero cuando cese la purga, entonces que beba menos de lo que se acostumbraba; después de esto, aumentar siempre hacia más, si el dolor ha cesado y nada más se opone. El mismo razonamiento tengo yo, incluso si es necesario usar caldo de tisana( pues afirmo que es mejor comenzar a beber de inmediato, más que haber pasado hambre antes y comenzar con la bebida, o al tercer, cuarto, quinto, sexto o séptimo día, si la enfermedad no se resuelve en este tiempo); las preparaciones también en estos deben hacerse de manera similar a como se ha dicho.
8
Sobre la administración de la bebida, pues, opino así; pero también sobre la bebida, qué es lo que uno va a beber de las que se escribirán, el mismo razonamiento tengo por lo general. Sé que los médicos hacen lo más contrario a lo que deben; pues todos quieren, habiendo salado a los hombres al principio de las enfermedades durante dos o tres días o incluso más, administrar así las bebidas y los líquidos; y quizás les parece que es razonable, habiéndose producido un gran cambio en el cuerpo, que también cambie mucho. Pero cambiar no es malo, no poco; sin embargo, la transición debe hacerse de manera correcta y firme, y a partir de la transición, la administración de los alimentos aún más. Ciertamente, se dañarían más, si no cambiaran correctamente, los que utilizan tisanas completas; se dañarían también los que utilizan solo el caldo; se dañarían también los que utilizan solo la bebida, pero estos los que menos.
9
Se debe también hacer aprendizajes en la dieta de los hombres estando aún sanos, qué es lo que conviene; pues si a los sanos les parecen grandes las diferencias de tales o cuales dietas y en alguna otra cosa también en los cambios,¿ cómo no va a diferir mucho en las enfermedades, y en las más agudas de estas, lo máximo? Pero es fácil de aprender que una dieta pobre de comida y bebida, siempre similar a sí misma, es por lo general más segura para la salud que si uno cambiara repentinamente a otra. Puesto que también para los que comen dos veces al día y para los que comen una vez, los cambios repentinos provocan daños y debilidad. Y a los que no están acostumbrados a almorzar, si almuerzan, los vuelve débiles de inmediato, y pesados en todo el cuerpo, y débiles y perezosos; y si también cenan, con eructos ácidos; a algunos incluso les podría dar diarrea, porque el vientre, acostumbrado a secarse y no a dilatarse dos veces, ni a digerir los alimentos dos veces, ha cargado contra la costumbre. Ayuda, pues, a estos compensar el cambio; pues se debe dormir, como si hubiera pasado la noche después de la cena, en invierno sin frío y en verano sin calor; pero si no puede dormir, caminar una caminata lenta y larga, no de pie, no cenar nada, o poco y no perjudicial; y beber aún menos y no aguado. Además, tal persona sufriría aún más si comiera tres veces al día hasta saciarse; y aún más si más veces; aunque hay muchos que soportan bien comiendo tres veces al día en cantidad, los que se acostumbran así. Pero también los acostumbrados a comer dos veces al día, si no almuerzan, están débiles y enfermos, y cobardes para cualquier trabajo, y con dolor de corazón; pues les parece que las vísceras les cuelgan, y orinan caliente y verde, y la evacuación se quema; hay algunos a quienes la boca se les amarga, y los ojos se hunden, y las sienes palpitan, y las extremidades se enfrían; y la mayoría de los que no han almorzado no pueden comer la cena; y al cenar, cargan el vientre y duermen mal mucho más que si hubieran almorzado. Cuando, pues, tales cosas ocurren a los sanos debido a un cambio de dieta de medio día contra la costumbre, no parece que sea provechoso ni añadir ni quitar. Si, pues, este que ha comido una vez contra la costumbre, habiendo pasado hambre todo el día, cenara lo que estaba acostumbrado, y al cenar estuviera pesado, es razonable que él, si porque no almorzó estaba fatigado y débil, si cenara más de lo que estaba acostumbrado, se cargara mucho más; y si, habiendo pasado hambre por más tiempo, cambiara repentinamente a cenar, se cargaría aún más. Al que ha pasado hambre contra la costumbre, pues, conviene compensar ese día así: sin frío, sin calor y sin fatiga, pues todo esto lo soportaría pesadamente; y hacer la cena mucho menor de lo que estaba acostumbrado, y no seca, sino del tipo más blando; y beber no aguado, ni menos de lo que corresponde a la comida; y al día siguiente almorzar poco, para que llegue gradualmente a la costumbre. Sin embargo, los que tienen bilis amarga en la parte superior soportan tales cosas con más dificultad que ellos mismos; pero la falta de comida contra la costumbre la soportan por lo general mejor los flemáticos en la parte superior, de modo que estos soportarían mejor la comida única contra la costumbre. Es suficiente, pues, también este indicio, que los mayores cambios de lo que sucede en nuestras naturalezas y hábitos provocan enfermedades sobre todo; no es posible, pues, hacer ayunos ni fuertes ni a destiempo, ni administrar cuando las enfermedades están en su apogeo y en inflamación, ni es posible cambiar repentinamente todo el asunto ni hacia un lado ni hacia otro.
10
Muchos podrían decir otras cosas emparentadas con estas sobre el vientre y otras, cómo soportan bien los alimentos a los que están acostumbrados, aunque no sean buenos por naturaleza, y de la misma manera también las bebidas; pero soportan mal los alimentos a los que no están acostumbrados, aunque no sean malos, y de la misma manera también las bebidas. Y lo que provoca mucha carne comida contra la costumbre, o ajos, o silfio o jugo o tallo, u otras cosas que tienen grandes fuerzas propias, uno se sorprendería menos si tales cosas provocan dolores en los vientres más que otras; pero si aprendieras cuánto alboroto, hinchazón, gases y retortijones provoca en el vientre la masa comida contra la costumbre al que no está acostumbrado a comer masa, o qué pesadez y tensión de vientre provoca el pan al que está acostumbrado a comer masa; o el propio pan comido caliente qué sed provoca, y plenitud repentina debido a que es secante y de digestión lenta; y los panes demasiado limpios y los integrales comidos contra la costumbre qué diferencias provocan entre sí; y la masa seca contra la costumbre, o húmeda, o viscosa; y la harina de cebada qué provoca la nueva a los que no están acostumbrados, y la diferente a los que están acostumbrados a la nueva; y el consumo de vino y agua contra la costumbre cambiados repentinamente a lo otro, y el vino aguado y el puro bebido repentinamente contra la costumbre; pues el uno provocará pesadez en el vientre superior y gases en el inferior; el otro palpitación de venas, pesadez de cabeza y sed; y el vino blanco y el negro al que cambia contra la costumbre, aunque ambos sean vinosos, sin embargo, alterarían mucho el cuerpo, de modo que uno diría que es menos sorprendente que el vino dulce y vinoso no pueda hacer lo mismo al ser cambiado repentinamente.
11
Se debe remediar con una parte de este tipo con el razonamiento contrario; el cambio de dieta ocurrió en estos, sin que el cuerpo cambiara ni hacia la fuerza, de modo que fuera necesario añadir alimentos, ni hacia la debilidad, de modo que fuera necesario quitar; se debe diagnosticar también la fuerza y el tipo de enfermedad de cada uno, y la naturaleza del hombre, y el hábito de la dieta del enfermo, no solo de alimentos, sino también de bebidas. Pero se debe ir mucho menos hacia la adición; puesto que quitar por completo es provechoso en muchos casos, donde el enfermo va a resistir hasta que el apogeo de la enfermedad madure; en qué casos se debe hacer tal cosa, se escribirá. Muchos podrían escribir también otras cosas emparentadas con lo dicho; pero el mejor testimonio; pues no está emparentado con el asunto sobre el que he dicho la mayor parte del razonamiento, sino que el propio asunto es el maestro más importante; pues los que comienzan las enfermedades agudas hay veces que unos comieron alimentos el mismo día que ya habían comenzado, otros incluso al día siguiente, otros incluso bebían lo que encontraban, otros incluso bebían una mezcla; y todas estas cosas son peores que si uno se alimentara de otra manera; sin embargo, provocan mucho menos daño si se cometen errores en este tiempo, que si uno pasara hambre por completo los dos o tres primeros días, y estando en el cuarto día se alimentara así, o incluso en el quinto; aún peor, si habiendo pasado hambre todos estos días, en los días siguientes se alimentara así, antes de que la enfermedad se vuelva madura; pues así provoca la muerte claramente a la mayoría, a menos que la enfermedad sea completamente trivial. Pero los errores al principio no son incurables de la misma manera que estos, sino mucho más fáciles de curar. Considero, pues, que este es el mayor maestro, que no se debe privar de la bebida, ya sea de tal o cual tipo, los primeros días a los que van a usar bebidas, ya sea de tal o cual tipo, poco después. Desde la raíz, pues, no saben ni los que utilizan tisanas de cebada que se dañan con ellas cuando comienzan a beber, si pasan hambre dos o tres días o más, ni a su vez los que utilizan el caldo saben que se dañan al beber cuando no comienzan correctamente con la bebida. Esto, sin embargo, lo observan y saben, que provoca un gran daño si, antes de que la enfermedad se vuelva madura, el enfermo bebe tisana de cebada, estando acostumbrado a usar caldo. Todas estas cosas, pues, son grandes testimonios de que los médicos no llevan correctamente a los enfermos a las dietas; sino que en las enfermedades en las que no se debe pasar hambre a los que van a alimentarse con bebidas, pasan hambre; y en las que no se debe cambiar de pasar hambre a bebidas, en estas cambian; y por lo general cambian exactamente en tales momentos a las bebidas desde el pasar hambre, en los que a menudo ayuda acercarse desde las bebidas al pasar hambre, si la enfermedad resulta exacerbada así. A veces incluso atraen humores crudos de la cabeza y de la zona alrededor del tórax, biliosos; les sobrevienen insomnios, por los cuales la enfermedad no se digiere, se vuelven afligidos y amargos, y delirantes, y sus ojos tienen destellos, y los oídos están llenos de ruido, y las extremidades enfriadas, y la orina sin digerir, y los esputos finos y salados y coloreados con color puro, pequeños, y sudores alrededor del cuello, y dudas, y el aliento tropieza en el movimiento superior frecuente o demasiado grande, las cejas participan de la gravedad, desmayos malos, y arrojos de las mantas desde el pecho, y manos temblorosas, a veces incluso el labio inferior tiembla. Estas cosas, al aparecer al principio, son indicativas de delirio fuerte, y por lo general mueren; los que escapan, escapan ya sea con un absceso, o con flujo de sangre de la nariz, o habiendo expectorado pus espeso, de otra manera no. Pues ni siquiera veo que los médicos sean expertos en tales cosas, cómo se debe diagnosticar las debilidades en las enfermedades, las que se debilitan por pasar hambre, las que por alguna otra irritación, las que por dolor y por la agudeza de la enfermedad, cuántos padecimientos y formas de todo tipo engendra nuestra naturaleza y hábito en cada uno; aunque conocer o ignorar tales cosas trae la salvación o la muerte. Pues es un mal mayor si, estando débil por el dolor y la agudeza de la enfermedad, alguien administra bebida o bebida más o alimento, pensando que está débil por pasar hambre. Pero es vergonzoso no conocer que está débil por pasar hambre y presionar con la dieta; pues este error también conlleva algún peligro, pero mucho menor que el otro; pero este error es mucho más ridículo que el otro; pues si otro médico o incluso un profano entrara, y conociendo lo sucedido, diera tanto de comer como de beber, lo que el otro prohibía, parecería claramente haber ayudado. Tales cosas son las más despreciadas de los profesionales por los hombres; pues les parece al médico o profano que entró que ha resucitado a alguien como si estuviera muerto. Se escribirá, pues, también sobre esto los indicios con los que se debe diagnosticar cada una de estas cosas.
12
Sin embargo, estos casos son similares a los relacionados con el vientre; pues, si todo el cuerpo reposa mucho más de lo habitual, no recobra la fuerza de inmediato; pero si, tras un largo periodo de inactividad, se somete repentinamente a esfuerzos, es evidente que sufrirá algún daño. Lo mismo ocurre con cada parte del cuerpo; pues los pies y las demás articulaciones, si no están acostumbradas al esfuerzo, podrían sufrir algún daño si, tras un tiempo, se ven sometidas a él de repente. Esto mismo podrían padecer los dientes, los ojos y cualquier otra parte. Puesto que incluso un lecho blando, cuando no es el habitual, causa fatiga, al igual que uno duro, y dormir al aire libre, si no es la costumbre, endurece el cuerpo. Pero basta con escribir ejemplos de todas estas situaciones. Pues si alguien que tiene una úlcera en la pierna, ni demasiado grave ni demasiado leve, ni muy propensa a sanar ni muy difícil de curar, comenzara a tratarse guardando reposo desde el principio y no levantara la pierna en absoluto, se inflamaría menos y sanaría mucho más rápido que si se tratara moviéndose; sin embargo, si al quinto o sexto día, o incluso más tarde, se levantara y quisiera caminar, sufriría más que si se hubiera tratado moviéndose desde el principio; y si se esforzara mucho de repente, sufriría mucho más que si, tratándose de aquella manera, hubiera realizado esos mismos esfuerzos en esos días. Por tanto, todos estos hechos dan testimonio constante entre sí de que todo cambio repentino y mucho mayor de lo debido, en cualquier dirección, es perjudicial. Por consiguiente, el daño en el vientre es mucho mayor si, tras un largo ayuno, se ingiere repentinamente más de lo debido( y, de igual modo, en el resto del cuerpo, si tras un largo reposo se pasa de repente a un esfuerzo mayor, el daño es mucho más grave) que si se pasara de una alimentación abundante al ayuno; no obstante, el cuerpo también debe reposar en estos casos; y si tras una gran fatiga se cae repentinamente en el ocio y la pereza, también es necesario que el vientre repose de la abundancia de comida; de lo contrario, causará fatiga en el cuerpo y pesadez en todo el organismo.
13
Por tanto, mi discurso se ha centrado principalmente en el cambio en una u otra dirección; es útil conocer esto para todo; pero también respecto a lo que trataba el discurso, que en las enfermedades agudas se cambia a los caldos tras el ayuno; pues se debe cambiar tal como yo prescribo; además, no se deben usar caldos antes de que la enfermedad haya madurado, o aparezca algún otro signo, ya sea en el intestino por ayuno, o por irritación, o en los hipocondrios, tal como se describirá. El insomnio intenso hace que la bebida y la comida sean más difíciles de digerir, y el cambio hacia lo contrario debilita el cuerpo, y provoca pesadez de cabeza y somnolencia.
14
En las enfermedades agudas, se debe distinguir el uso de vino dulce, vinoso, blanco, negro, hidromiel, agua y oximiel según los siguientes signos. El dulce es menos causante de pesadez de cabeza que el vinoso, afecta menos a la mente y es algo más laxante para el intestino, pero provoca hinchazón en el bazo y el hígado; no es adecuado para los biliosos, pues les provoca sed; además, es flatulento para el intestino superior; sin embargo, no es enemigo del intestino inferior, según la naturaleza de su constitución; aunque la flatulencia producida por el vino dulce no se expulsa fácilmente, sino que permanece en los hipocondrios. De hecho, este vino suele ser menos diurético que el blanco vinoso; pero el dulce es más expectorante que el otro. En aquellos a quienes les provoca sed al beberlo, expectorará menos que el otro vino, pero en aquellos a quienes no les provoca sed, expectorará más que el otro. El vino blanco vinoso ha sido elogiado y criticado en la mayor parte de lo expuesto en la descripción del vino dulce; pero al ser más fácil de expulsar hacia la vejiga, ser diurético y laxante, siempre sería de gran ayuda en estas enfermedades; pues aunque por naturaleza sea menos adecuado que el otro para otras cosas, la limpieza de la vejiga que produce ayuda, si se administra como es debido. Estas son buenas pruebas sobre la utilidad y el daño del vino, que eran desconocidas para mis predecesores. En estas enfermedades, usarías vino dorado y negro austero en los siguientes casos: si no hay pesadez de cabeza, ni perturbación mental, ni se impide la subida de la expectoración, ni se retiene la orina, y las deposiciones son más fluidas y con aspecto de restos de tejido; en tales casos, sería muy apropiado cambiar desde el blanco, y en casos similares a estos. También hay que comprender que todo lo superior y lo relacionado con la vejiga sufrirá menos daño si el vino es más aguado, mientras que lo relacionado con el intestino se beneficiará más si es más puro.
15
El hidromiel, bebido durante toda la enfermedad en las afecciones agudas, por lo general es menos adecuado para los biliosos y los que tienen órganos grandes que para los que no son así; aunque no provoca menos sed que el vino dulce; pues es emoliente para el pulmón, expectorante moderado y calmante de la tos; ya que tiene algo detergente que hace que la expectoración sea más viscosa de lo normal. El hidromiel es también bastante diurético, si no hay nada en las vísceras que lo impida. Es más laxante hacia abajo para los biliosos, a veces de forma beneficiosa, pero otras veces de forma más excesiva de lo oportuno y más espumosa; esto ocurre más en los biliosos y en los de órganos grandes. Por tanto, el hidromiel más aguado produce mejor la expectoración y el ablandamiento del pulmón; sin embargo, las deposiciones espumosas y más biliosas de lo oportuno, y más calientes, las provoca más el hidromiel puro que el aguado; y tal deposición conlleva otros grandes daños; pues no apaga el calor de los hipocondrios, sino que lo estimula, causa malestar y agitación de los miembros, y es ulcerante tanto para el intestino como para el ano; los remedios para esto se escribirán. Por tanto, usando hidromiel sin caldos en lugar de otra bebida en estas enfermedades, tendrías mucho éxito y no muchos fracasos; y a quiénes se debe dar y a quiénes no, se ha dicho lo más importante, así como las razones por las que no se debe dar. El hidromiel ha sido condenado por los hombres, bajo la creencia de que debilita a quienes lo beben y, por ello, se considera que causa una muerte rápida; esto se dijo debido a los que se dejan morir de hambre; pues algunos usan solo hidromiel como bebida, como si fuera tal cosa; pero esto no es del todo así; pues es mucho más fuerte que el agua cuando se bebe solo, a menos que perturbe el vientre; además, es más fuerte en unos aspectos y más débil en otros que un vino ligero, de poco efecto y sin aroma. Ciertamente, la pureza del vino y de la miel marca una gran diferencia; pero en cuanto a la fuerza de ambos, si alguien bebiera una medida doble de vino puro que la cantidad de miel que lamiera, sin duda sería mucho más fuerte por la miel, a menos que esta perturbara el vientre; pues también expulsaría una cantidad mucho mayor de excremento. Sin embargo, si se usara con caldo de cebada y se bebiera hidromiel encima, sería demasiado saciante y flatulento, y perjudicial para las vísceras de los hipocondrios; no obstante, beber hidromiel antes del caldo no daña tanto como beberlo después, sino que incluso ayuda algo. El hidromiel hervido es mucho más hermoso a la vista que el crudo; pues se vuelve brillante, ligero, blanco y transparente; pero no encuentro ninguna virtud que añadirle que lo haga superior al crudo; pues ni siquiera es más dulce que el crudo, si la miel resulta ser buena; sin embargo, es más débil que el crudo y menos causante de excrementos; por lo que el hidromiel no necesita ninguna de estas correcciones. Se debe usar de esta manera si la miel resulta ser mala, impura, negra y sin aroma; pues la ebullición eliminaría la mayor parte de sus defectos.
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Encontrarás que la bebida llamada oximiel es muy útil en muchas ocasiones en estas enfermedades; pues es expectorante y facilita la respiración. Sin embargo, tiene sus momentos; pues el que es muy ácido no haría nada intermedio para las flemas que no suben fácilmente; pues si expulsara lo que obstruye, produjera deslizamiento y, por así decirlo, limpiara el bronquio, calmaría el pulmón; ya que es emoliente; y si esto coincidiera, produciría un gran beneficio. Hay veces en que el muy ácido no logra la expectoración, sino que la hace más viscosa y causa daño; esto lo padecen especialmente aquellos que ya de por sí están en peligro y son incapaces de toser y expectorar lo que tienen dentro. Por tanto, en este caso se debe evaluar la fuerza del paciente y, si hay esperanza, administrarlo; pero si lo administras, que sea tibio y en pequeñas cantidades, y no con avidez. Sin embargo, el poco ácido humedece la boca y la faringe; es expectorante y quita la sed; es benigno para el hipocondrio, las vísceras y en ese aspecto; y evita los daños de la miel; pues lo bilioso que hay en la miel es contenido. También es expulsor de flatulencias y estimulante de la orina; sin embargo, en la parte inferior del intestino es más laxante y produce irritación; a veces esto resulta perjudicial en las enfermedades agudas, sobre todo porque impide que la flatulencia pase y hace que retroceda; además, debilita y enfría las extremidades; este es el único daño que conozco que produce el oximiel y que es digno de mención. Es adecuado beber una pequeña cantidad de esta bebida por la noche y en ayunas antes del caldo; además, cuando ha pasado mucho tiempo después del caldo, nada impide beberla. Para aquellos que solo se alimentan de bebida sin caldos, no es adecuado usarla siempre y en todo momento, sobre todo por la irritación o aspereza del intestino( pues al no haber excremento, lo causaría más, y esto con el ayuno presente); además, también eliminaría la fuerza del hidromiel. Sin embargo, si parece ayudar a la enfermedad en su conjunto, al usar esta bebida en gran cantidad, se debe verter poco vinagre, solo lo suficiente para que se note; pues así, lo que suele dañar, dañaría lo menos posible, y lo que necesita ayudar, ayudaría. En resumen, las acideces provenientes del vinagre convienen más a los biliosos que a los melancólicos; pues las cosas amargas se disuelven y se vuelven flemáticas, al ser elevadas por él; mientras que las negras fermentan, se elevan y se multiplican; pues el vinagre es expulsor de las cosas negras. En general, el vinagre es más enemigo de las mujeres que de los hombres; pues causa dolor uterino.
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Respecto al agua como bebida en las enfermedades agudas, no tengo nada más que añadir; pues no es calmante de la tos en los casos de neumonía, ni expectorante, sino menos que las otras, si alguien usara agua como bebida todo el tiempo. Sin embargo, el agua ingerida entre el oximiel y el hidromiel es algo expectorante debido al cambio en la cualidad de las bebidas; pues produce una especie de flujo. Por lo demás, no calma la sed, sino que la vuelve más amarga; pues es biliosa por naturaleza para el bilioso, y mala para el hipocondrio; y es lo peor de sí misma, lo más bilioso y lo más debilitante cuando entra en un estado de vacío; también es aumentadora del bazo y del hígado cuando están inflamados; y es causante de distensión y de acumulación superficial; pues es de tránsito lento debido a que es fría y de difícil digestión; y no es ni laxante ni diurética; además, perjudica un poco por el hecho de que es naturalmente carente de excremento; y si se bebe cuando los pies están fríos, todo esto daña de forma multiplicada, hacia dondequiera que se dirija. Sin embargo, si sospechas en estas enfermedades una pesadez de cabeza intensa o perturbación mental, se debe evitar el vino por completo; en tal caso se debe usar agua, o administrar un vino muy aguado, dorado y totalmente sin aroma, y después de beberlo, tomar un poco de agua; pues así la fuerza del vino afectaría menos a la cabeza y al juicio; en qué casos se debe usar agua como bebida, cuándo en gran cantidad, cuándo en cantidad moderada, cuándo fría y cuándo caliente, algunas cosas ya se han dicho antes, y otras se dirán en los momentos oportunos. De igual modo, respecto a las otras bebidas, como la de cebada, las hechas de hierbas, las de pasas, orujo, trigo, cártamo, mirto, granada y las demás, cuando sea el momento de usar alguna de ellas, se escribirá junto a la enfermedad misma, tal como se hace con los demás medicamentos compuestos.
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El baño ayudaría a muchos de los enfermos si lo usaran, en algunos casos de forma continua, en otros no. Hay veces en que se debe usar menos debido a la falta de preparación de las personas; pues en pocas casas están preparados los utensilios y los asistentes como es debido; y si no se baña de forma excelente, podría causar daños no pequeños; pues se necesita un lugar resguardado sin humo, agua abundante, y un baño frecuente y no demasiado impetuoso, a menos que sea necesario. Y es preferible no frotarse; pero si se frota, usar agua caliente y en cantidad mucho mayor de lo que se acostumbra como detergente, y verter agua encima no en poca cantidad, y verterla rápidamente. También se necesita que el camino hacia la bañera sea corto, y que sea fácil de entrar y salir; que el que se baña sea comedido y silencioso, y que él mismo no haga nada, sino que otros viertan el agua y froten; que se tenga preparada mucha mezcla de agua, y que los vertidos se hagan rápidamente; usar esponjas en lugar de estrígiles, y no untar el cuerpo demasiado seco. Sin embargo, la cabeza debe secarse lo mejor posible frotándola con una esponja, y no dejar que se enfríen las extremidades, ni la cabeza, ni el resto del cuerpo; y no bañarse ni recién comido ni recién bebido, ni comer ni beber rápidamente después del baño. Ciertamente, se debe conceder una gran parte al enfermo si, estando sano, es muy aficionado al baño y está acostumbrado a bañarse; pues tales personas lo desean más, se benefician al bañarse y se perjudican si no se bañan. Por lo general, conviene más en las neumonías que en las fiebres ardientes; pues el baño es calmante del dolor en el costado, el pecho y la espalda, madurativo y expectorante de la flema, facilita la respiración y quita la fatiga; pues es emoliente para las articulaciones y la piel superficial; también es diurético, alivia la pesadez de cabeza y humedece la nariz. Por tanto, el baño tiene tantos beneficios, de los cuales todos son necesarios; sin embargo, si falta alguno de los preparativos, hay peligro de que el baño no sea beneficioso, sino que perjudique más; pues cada uno de ellos conlleva un gran daño si no es preparado por los asistentes como es debido. El momento menos oportuno para bañar es cuando el vientre está más fluido de lo debido en las enfermedades; pero tampoco cuando está más estancado de lo debido y no ha evacuado previamente; tampoco se debe bañar a los que están debilitados, ni a los que tienen náuseas o vómitos, ni a los que eructan bilis, ni a los que sangran por la nariz, a menos que sangren menos de lo debido; ya conoces los momentos; pero si sangra menos de lo debido, báñalo, ya sea que todo el cuerpo ayude en lo demás, o solo la cabeza. Por tanto, si los preparativos son adecuados y el enfermo va a recibir bien el baño, se debe bañar cada día; y a los aficionados al baño, aunque los bañes dos veces al día, no les causarías ningún daño. Es mucho más admisible usar baños en aquellos que se alimentan solo de caldos de cebada que en los que usan solo jugo; pero a veces también es admisible en estos; y menos en los que usan solo bebida; aunque hay algunos de estos en los que es admisible; se debe juzgar según lo escrito anteriormente a quiénes el baño va a beneficiar en cada uno de los modos de dieta y a quiénes no. Pues a aquellos que necesitan mucho de estas cosas que el baño hace bien, y poseen los signos por los cuales se benefician del baño, se les debe bañar; pero a aquellos que no necesitan nada de esto, y poseen los signos por los cuales no conviene bañarse, no se les debe bañar.

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