De prisca medicina
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Original / primary: Spanish Gemini
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Todos aquellos que han intentado hablar o escribir sobre medicina, habiéndose postulado a sí mismos una hipótesis para su discurso— ya sea lo caliente, lo frío, lo húmedo, lo seco o cualquier otra cosa que deseen—, reduciendo a un principio breve la causa de las enfermedades y de la muerte para los hombres, y postulando la misma para todos, ya sea una o dos, son manifiestamente erróneos en muchas de las cosas que dicen; y es sobre todo digno de reproche que, tratándose de un arte que todos utilizan para los asuntos más importantes y que honran especialmente a los buenos artesanos y creadores, existan creadores mediocres y otros que sobresalen mucho. Esto, si la medicina no existiera en absoluto, ni se hubiera examinado ni descubierto nada en ella, no existiría, sino que todos serían igualmente inexpertos e ignorantes en ella, y todos los asuntos de los enfermos se gestionarían por azar. Pero ahora no es así, sino que, al igual que en todas las demás artes los creadores difieren mucho entre sí en destreza y en juicio, así ocurre también en la medicina. Por ello, yo mismo no consideraba que esta necesitara una hipótesis vacía, como ocurre con las cosas invisibles y problemáticas, sobre las cuales es necesario, si alguien intenta decir algo, utilizar una hipótesis, como sobre las cosas celestes o las que están bajo tierra; pues si alguien hablara y supiera cómo son, ni para el que habla ni para los que escuchan sería evidente si son verdaderas o no. Pues no existe un punto de referencia al cual remitirse para conocer la verdad.
2
En la medicina, todo existe desde antiguo, y se ha encontrado un principio y un camino, a través del cual se han hallado, en mucho tiempo, muchas cosas bellas, y las restantes se encontrarán si alguien, siendo capaz y conociendo lo hallado, parte de ello para investigar. Quien, habiendo desechado y rechazado todo esto, intenta investigar por otro camino y de otra forma, y afirma haber descubierto algo, está engañado y engaña; pues es imposible. Intentaré demostrar las razones por las que es imposible, diciendo y mostrando qué es el arte. A partir de esto, será evidente que es imposible que se descubran de otro modo. Me parece, sobre todo, que quien habla sobre este arte debe decir cosas comprensibles para los profanos. Pues no corresponde investigar ni hablar de otras cosas que no sean las afecciones que ellos mismos padecen y sufren. Que los profanos comprendan por sí mismos sus propias afecciones, cómo nacen, cesan y por qué causas aumentan y disminuyen, no es fácil; pero que sean descubiertas y explicadas por otro, es sencillo. Pues cada uno no hace otra cosa que recordar al escuchar lo que le sucede. Si alguien se aparta del juicio de los profanos y no dispone a los oyentes de este modo, se apartará de la realidad. Y por estas razones, para esto no hace falta ninguna hipótesis.
3
Pues el arte de la medicina ni se habría descubierto ni se habría buscado— ya que no habría necesidad de ella— si a los enfermos les hubiera convenido el mismo régimen y los mismos alimentos que a los sanos, y si no hubiera otros mejores que estos. Pero ahora, la necesidad misma hizo que la medicina fuera buscada y descubierta para los hombres, porque a los enfermos no les convenía lo mismo que a los sanos, como tampoco les conviene ahora. Además, desde antiguo, yo considero que ni siquiera el régimen y la alimentación de los sanos, que ahora utilizan, se habrían descubierto si al hombre le hubiera bastado con comer y beber lo mismo que al buey, al caballo y a todos los demás seres fuera del hombre, como los frutos de la tierra, los granos y la hierba. Pues de estos se alimentan, crecen y viven sin esfuerzo, sin necesitar otro régimen. Y, sin embargo, creo que al principio el hombre también utilizaba tal alimento. Pero los regímenes actuales me parecen haber sido descubiertos y elaborados en mucho tiempo. Pues sufrían muchas y terribles cosas a causa de un régimen fuerte y salvaje, al ingerir alimentos crudos, sin mezclar y con grandes potencias. Tal como sufrirían incluso ahora, cayendo en fuertes dolores, enfermedades y muertes rápidas. Era menos probable que sufrieran esto entonces debido a la costumbre, pero también entonces sufrían fuertemente. Es probable que la mayoría, los que tenían una naturaleza más débil, perecieran, mientras que los que los superaban resistían más tiempo; al igual que ahora, ante los alimentos fuertes, unos se libran fácilmente y otros tras muchos dolores y males. Por esta causa, me parece que también estos buscaron un alimento adecuado a su naturaleza y lo encontraron, el que ahora usamos. Así pues, a partir del trigo, remojándolo, pelándolo, moliéndolo, tamizándolo, amasándolo y horneándolo, hicieron pan, y de la cebada, masa; y tras realizar muchas otras cosas en torno a esto, cocieron, hornearon y mezclaron, y combinaron lo fuerte y sin mezclar con lo más débil, adaptando todo a la naturaleza y fuerza del hombre, pensando que, de lo que sea más fuerte o que la naturaleza no pueda dominar si se ingiere, de eso mismo vendrán dolores, enfermedades y muertes, y de lo que pueda dominar, alimento, crecimiento y salud.¿ Qué nombre más justo o apropiado podría uno dar a este hallazgo y búsqueda que el de medicina? Puesto que ha sido descubierto para la salud, salvación y alimentación del hombre, como un cambio de aquel régimen del que provenían los dolores, las enfermedades y las muertes.
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Y si no se considera que esto es un arte, no es extraño; pues de aquello de lo que nadie es profano, sino que todos son expertos debido al uso y la necesidad, no corresponde llamar a nadie artesano; aunque el hallazgo es grande y fruto de mucha reflexión y arte. Incluso ahora, los que se ocupan de los gimnasios y ejercicios siempre descubren algo más, buscando por el mismo camino qué es lo que, al comer y beber, le permitirá dominar más y ser más fuerte que sí mismo.
5
Examinemos también la medicina reconocida, la descubierta en torno a los enfermos, que tiene nombre y artesanos, si ella misma también desea algo de lo mismo y de dónde ha comenzado. Pues a mí, como dije al principio, me parece que nadie habría buscado la medicina si los mismos regímenes hubieran convenido tanto a los enfermos como a los sanos. Incluso ahora, los que no utilizan la medicina, tanto los bárbaros como algunos de los griegos, se alimentan de la misma manera que los sanos, según el placer, y no se abstendrían de nada de lo que desean ni se limitarían. Pero los que buscaron y encontraron la medicina, teniendo la misma intención que aquellos, sobre los cuales he hablado en el discurso anterior, primero, creo, redujeron la cantidad de estos mismos alimentos, y en lugar de muchos, hicieron poquísimos. Y puesto que esto a veces bastaba para algunos de los enfermos y resultaba evidente que ayudaba, aunque no a todos, sino que había algunos que estaban de tal modo que no podían dominar pocos alimentos, y tales personas parecían necesitar algo más débil, descubrieron los caldos, mezclando pocos alimentos fuertes con mucha agua y eliminando lo fuerte mediante la mezcla y la cocción. Y a los que ni siquiera podían dominar los caldos, les quitaron también estos, y llegaron a las bebidas, cuidando también en estas, mediante las mezclas y la cantidad, que estuvieran moderadas, no ingiriendo ni más de lo necesario ni más fuertes ni más escasas.
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Pero hay que saber bien esto, que a algunos los caldos no les convienen en las enfermedades, sino que, al contrario, cuando los toman, se les agudizan las fiebres y los dolores; y es evidente que lo ingerido se convirtió en alimento y aumento para la enfermedad, pero en consunción y debilidad para el cuerpo. Y cuantos hombres, estando en esta disposición, ingirieran alimento seco, ya sea masa o pan, aunque sea muy poco, se dañarían diez veces más y de forma más evidente que tomando caldos, por ninguna otra razón que por la fuerza del alimento frente a la disposición; y a quien le conviene tomar caldos pero no comer, si comiera más, se dañaría mucho más que si fuera poco; y si fuera poco, también sufriría. Todas las causas del dolor se reducen a lo mismo: que las cosas más fuertes dañan, de forma más intensa y evidente, al hombre, tanto al que está sano como al que está enfermo.
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¿ Qué parece, pues, haber pensado de distinto el llamado médico y artesano reconocido, que descubrió el régimen y la alimentación en torno a los enfermos, que aquel que desde el principio descubrió y preparó para todos los hombres el alimento que ahora usamos, a partir de aquel régimen salvaje y bestial? Pues a mí me parece el mismo discurso y el hallazgo uno y el mismo. Aquel, de lo que la naturaleza humana sana no podía dominar al ingerirlo debido a su bestialidad y falta de mezcla, y este, de lo que la disposición, en la que cada uno se encuentre en cada momento, no pueda dominar, buscó eliminarlo.¿ En qué difiere esto de aquello, sino en que la forma es mayor, y en que es más complejo y de mayor trabajo, siendo aquel el principio que ocurrió primero?
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Y si alguien examinara el régimen de los enfermos frente al de los sanos, encontraría que el de las fieras y los otros animales no es más perjudicial frente al de los sanos. Pues un hombre enfermo de una dolencia que no es de las graves y difíciles, ni tampoco de las totalmente triviales, sino que va a ser evidente para él si se equivoca, si quisiera comer pan y carne u otra cosa de las que los sanos se benefician al comer, no mucho, sino mucho menos de lo que podría un sano, y otro que tiene una naturaleza de los sanos ni totalmente débil ni tampoco fuerte comiera algo de lo que un buey o un caballo al comer se beneficiaría y fortalecería, como vezas o cebada u otra cosa de este tipo, no mucho, sino mucho menos de lo que podría, el sano, al hacer esto, no sufriría menos ni correría menos peligro que aquel enfermo que ingirió el pan o la masa a destiempo. Todas estas son pruebas de que todo este arte de la medicina podría encontrarse buscando por el mismo camino.
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Y si fuera sencillo, como se había sugerido, que lo que era más fuerte dañaba, y lo que era más débil beneficiaba y alimentaba tanto al enfermo como al sano, el asunto sería fácil; pues habría que llevarlo hacia lo más débil abarcando mucho de lo seguro. Pero ahora no es menor error, ni daña menos al hombre, si ingiere menos y más escaso de lo suficiente. Pues el poder del hambre puede fuertemente en la naturaleza del hombre, tanto lisiar como debilitar y matar. Muchos otros males, distintos de los de la plenitud, no menos terribles, provienen también de la evacuación. Por eso es mucho más complejo y requiere mayor precisión. Pues es necesario acertar con una cierta medida. Y una medida, ni número ni otro peso, al cual refiriéndote sepas la precisión, no podrías encontrarla sino la sensación del cuerpo. Por eso es tarea difícil aprenderlo con tanta precisión como para errar poco aquí o allá. Y yo alabaría fuertemente a este médico que erra poco. Pero lo exacto rara vez se puede ver. Puesto que la mayoría de los médicos me parecen sufrir lo mismo que los malos timoneles. Pues también aquellos, cuando timonean en calma y se equivocan, no son evidentes; pero cuando los atrapa una gran tempestad y un viento huracanado, son manifiestamente evidentes para todos los hombres por su desconocimiento y error al haber perdido la nave. Así también los malos y la mayoría de los médicos, cuando tratan a hombres que no tienen nada grave, ante quienes uno podría equivocarse mucho sin causar nada grave— y muchas enfermedades de este tipo ocurren a los hombres, y muchas más que las graves—, al equivocarse en tales casos no son evidentes para los profanos; pero cuando se encuentran con una enfermedad grande, fuerte y peligrosa, entonces sus errores y su falta de arte son evidentes para todos; pues los castigos de cada uno de ellos no tardan en llegar, sino que vienen rápidamente.
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Que las enfermedades para el hombre no provienen menos de una evacuación inoportuna que de la plenitud, es bueno comprenderlo remitiéndose a los sanos. Pues hay algunos a quienes les conviene comer una vez al día, y esto, debido a lo que les conviene, ellos mismos lo establecieron así, y a otros almorzar, debido a la misma necesidad; pues así les conviene. Y, ciertamente, hay quienes por placer o por alguna otra circunstancia practicaron uno u otro. Pues a la mayoría de los hombres no les importa cuál practiquen, si comer una vez o almorzar, al usar esta costumbre. Pero hay algunos que no podrían salir adelante fácilmente haciendo algo fuera de lo que les conviene, sino que a ambos les ocurre, tras un solo día y este no completo, un malestar extraordinario. Pues los que, si almuerzan cuando no les conviene, inmediatamente se sienten pesados y torpes, tanto el cuerpo como el juicio, llenos de bostezos, somnolencia y sed; y si además cenan, hay flatulencia, cólicos y la barriga se les suelta. Y para muchos esto fue el principio de una gran enfermedad, incluso si ingirieron dos veces los alimentos que habían aprendido a consumir una vez, y nada más. Y esto, si alguien que ha aprendido a almorzar— y así le convenía— no almuerza, apenas pasa la hora, inmediatamente hay una debilidad terrible, temblor, desmayo; tras esto, ojos hundidos, orina más amarilla y caliente, boca amarga, y las entrañas le parecen colgar, vértigo, desánimo, dificultad para trabajar. Y todo esto, incluso cuando intenta cenar, el alimento es más desagradable, y no puede consumir tanto como cuando almorzaba y cenaba antes. Y estas mismas cosas, al bajar con cólicos y ruidos, queman la barriga, y duermen mal y tienen sueños perturbados y ruidosos. Y para muchos de ellos esto fue el principio de una enfermedad.
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Hay que examinar por qué causa les sucedieron estas cosas. Al que, creo, había aprendido a comer una vez, porque no esperó el tiempo suficiente hasta que su barriga disfrutara completamente de los alimentos ingeridos el día anterior, los dominara, se vaciara y descansara, sino que sobre lo que estaba hirviendo y fermentando añadió nuevos. Y tales barrigas digieren mucho más lentamente y necesitan más descanso y tranquilidad. Y el que había aprendido a almorzar, porque, tan pronto como el cuerpo necesitó alimento y lo anterior se había consumido y no tenía ningún disfrute, no se le añadió inmediatamente nuevo alimento, se consume y se deshace por el hambre. Pues todo lo que digo que sufre tal hombre, lo atribuyo al hambre. Y afirmo que todos los demás hombres, quienes estando sanos pasen dos o tres días sin comer, sufrirán lo mismo que he dicho de los que no almorzaron.
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Afirmo que tales naturalezas, las que disfrutan rápida y fuertemente de los errores, son más débiles que las otras. El débil está muy cerca del que está enfermo, y aún más débil es el que está enfermo, y más le corresponde sufrir cualquier cosa si falla en el momento. Es difícil, siendo tal la precisión en torno al arte, acertar siempre con lo más exacto. Muchas formas en la medicina han llegado a tal precisión, sobre las cuales se hablará. No digo que por esto deba desecharse el arte antiguo como si no existiera ni se buscara bien, si no tiene precisión en todo, sino que, mucho más, debido a que creo que puede llegar cerca de lo más exacto mediante el razonamiento a partir de un gran desconocimiento, hay que admirar lo descubierto, cómo ha sido descubierto bien y correctamente y no por azar.
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Quiero volver al discurso sobre los que intentan el nuevo modo del arte a partir de una hipótesis. Pues si hay algo caliente o frío o seco o húmedo que daña al hombre, el que cura correctamente debe ayudar con lo frío contra lo caliente, con lo caliente contra lo frío, con lo húmedo contra lo seco, con lo seco contra lo húmedo. Que haya un hombre no de los fuertes por naturaleza, sino de los más débiles; que este coma trigo, el que saque de la era, crudo y sin procesar, y carne cruda, y beba agua. Usando este régimen, sé bien que sufrirá muchas y terribles cosas; pues tendrá dolores, el cuerpo estará débil, la barriga se corromperá y no podrá vivir mucho tiempo.¿ Qué remedio hay que preparar para alguien así?¿ Caliente o frío o seco o húmedo? Pues es evidente que algo de esto. Pues si lo que daña es uno de estos, corresponde resolverlo con lo contrario, como dice su discurso. Pues el remedio más seguro y evidente es, eliminando los regímenes que usaba, dar pan en lugar de trigo, y en lugar de carnes crudas, cocidas, y beber vino tras esto. Al cambiar esto, no es posible que no se vuelva sano, si no está totalmente corrompido por el tiempo y el régimen.¿ Qué diremos, pues?¿ Que al traerle estas cosas calientes, sufriendo por frío, lo beneficiaron, o lo contrario? Pues creo que pondría en gran aprieto al preguntado. Pues el que prepara el pan,¿ eliminó lo caliente o lo frío o lo seco o lo húmedo del trigo? Pues lo que se ha dado al fuego y al agua y se ha trabajado con otras muchas cosas, cada una de las cuales tiene su propia potencia y naturaleza, ha perdido algunas de las que tenía y se ha mezclado y combinado con otras.
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Pues sé también esto, que difiere para el cuerpo del hombre el pan puro o el integral, o el de trigo sin pelar o pelado, o el amasado con mucha agua o con poca, o el fuertemente amasado o sin amasar, o el muy horneado o poco horneado, y otras diez mil cosas además de estas. Y de la misma manera sobre la masa. Y las potencias de cada una son grandes y ninguna es semejante a la otra. Quien no ha examinado esto o, examinándolo, no lo sabe,¿ cómo podría saber algo de las afecciones humanas? Pues por cada una de estas cosas el hombre sufre y se altera de una u otra manera. Y a través de estas es toda la vida, tanto para el que está sano como para el que se recupera de una enfermedad y para el que está enfermo. Por tanto, no habría otras cosas más útiles ni más necesarias de saber, y los primeros que lo descubrieron, al buscar bien y con el razonamiento que corresponde a la naturaleza del hombre, lo encontraron y pensaron que el arte era digno de atribuirse a un dios, como se cree. Pues no pensaron que ni lo seco ni lo húmedo ni lo caliente ni lo frío ni ninguna otra de estas cosas dañara al hombre ni que este necesitara ninguna de ellas, sino que lo fuerte de cada una y lo que supera a la naturaleza humana, lo que no podía dominar, eso pensaron que dañaba y eso buscaron eliminar. Y lo más fuerte de lo dulce es lo más dulce, de lo amargo lo más amargo, de lo ácido lo más ácido, y de cada una de todas las cosas presentes, su apogeo. Pues veían que estas cosas también estaban presentes en el hombre y lo dañaban. Pues hay en el hombre también salado, amargo, dulce, ácido, astringente, insípido y otras diez mil cosas que tienen potencias de todo tipo en cantidad y fuerza. Estas, mezcladas y combinadas entre sí, ni son evidentes ni dañan al hombre. Pero cuando algo de esto se separa y se vuelve por sí mismo, entonces es evidente y daña al hombre; y esto, de los alimentos que nos son inadecuados y dañan al hombre al entrar, cada uno de ellos es o amargo o salado o ácido o alguna otra cosa sin mezclar y fuerte, y por esto nos perturbamos por ellos, al igual que por las cosas que se separan en el cuerpo. Todas las cosas que el hombre come o bebe, tales alimentos son los que menos manifiestamente participan de tal jugo sin mezclar y diferente, como el pan y la masa y lo que sigue a estos, que el hombre está acostumbrado a usar en mayor cantidad y siempre, fuera de los preparados y elaborados para el placer y la saciedad. Y al ingerir la mayoría de estas cosas, la perturbación y separación de las potencias en torno al cuerpo ocurre lo menos posible, y la fuerza, el crecimiento y la alimentación ocurren sobre todo por ninguna otra razón que porque están bien mezcladas y no tienen nada sin mezclar ni fuerte, sino que todo se ha vuelto uno y sencillo.
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Yo me pregunto, los que dicen aquel discurso y llevan el arte desde este camino hacia una hipótesis, de qué manera curan a los hombres, tal como postulan. Pues no tienen, creo, descubierto algo por sí mismo caliente o frío o seco o húmedo que no comparta con ninguna otra forma. Sino que creo que los mismos alimentos y bebidas les son comunes, los que todos usamos. Pero añaden a uno que es caliente, a otro frío, a otro seco, a otro húmedo, puesto que es difícil ordenar al enfermo que ingiera algo caliente. Pues inmediatamente preguntará:¿ qué? De modo que es necesario decir tonterías o refugiarse en alguna de estas cosas conocidas. Pero si resulta que algo caliente es astringente, otro caliente es insípido, otro caliente tiene un sabor fuerte— pues hay también otras muchas cosas calientes y que tienen otras potencias contrarias entre sí—,¿ diferirá en algo ingerir lo caliente y astringente o lo caliente e insípido o a la vez lo frío y astringente— pues hay también tal cosa— o lo frío e insípido? Pues, como yo sé, todo lo contrario resulta de cada una de ellas, no solo en el hombre, sino también en el cuero y en la madera y en otras muchas cosas, que son más insensibles que el hombre. Pues no es lo caliente lo que tiene la gran potencia, sino lo astringente y lo insípido y las otras cosas que he mencionado, tanto en el hombre como fuera del hombre, y al ser comidas y bebidas y aplicadas y puestas desde fuera.
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Considero que la frialdad y la calidez son las que menos dominan entre todas las potencias en el cuerpo por estas razones: el tiempo en que están mezcladas entre sí, tanto lo caliente como lo frío, no daña. Pues la mezcla y la moderación para lo caliente proviene de lo frío, y para lo frío de lo caliente. Pero cuando se separa cada una por separado, entonces daña. Y en este momento, cuando lo frío sobreviene y daña al hombre, rápidamente, primero, por esto mismo, está presente lo caliente desde el propio hombre, sin necesitar ninguna ayuda ni preparación. Y esto lo produce tanto en los hombres sanos como en los enfermos. Esto, si alguien quiere, estando sano, enfriar el cuerpo en invierno, ya sea bañándose con agua fría o de otra manera, cuanto más lo haga, y si no se congela totalmente el cuerpo, cuando toma ropa y llega al refugio, el cuerpo se calienta aún más y por más tiempo; esto, si quisiera calentarse fuertemente ya sea con un baño caliente o con mucho fuego, y tras esto, teniendo la misma ropa, pasar el tiempo en el mismo lugar que cuando estaba enfriado, parece mucho más frío y, por lo demás, más tembloroso; o si alguien, abanicándose por el calor y preparándose él mismo frío, de tal manera cesara de hacer esto, el ardor y el sofoco serán diez veces mayores que para el que no hace nada de eso. Esto es mucho mayor: cuantos, tras caminar por la nieve u otro frío, se entumezcan excesivamente los pies o las manos o la cabeza, lo que sufren en la noche, cuando se envuelven y están en el calor por el ardor y el picor. Y hay a quienes les salen ampollas como a los quemados por el fuego. Y no sufren esto antes de calentarse. Así de fácilmente cada una de ellas llega a la otra. Podría decir diez mil otras cosas. Y sobre los que están enfermos,¿ no es a quienes les da escalofrío a quienes la fiebre estalla más agudamente? Y no solo cómo es fuerte, sino también cesando en poco tiempo, y por lo demás, en su mayoría, inofensiva y, durante el tiempo que esté, muy caliente; y pasando por todo, termina sobre todo en los pies, donde el escalofrío y el frío es más vigoroso y ha permanecido por más tiempo; y de nuevo, cuando suda y la fiebre desaparece, ha enfriado mucho más que si no hubiera tomado el principio. Por tanto, a quien le llega tan rápidamente lo más contrario y lo que elimina la potencia por sí mismo,¿ qué podría provenir de esto de grande o terrible?¿ O qué necesidad hay de mucha ayuda para esto?
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Podría decir alguien: pero los que tienen fiebre con ardores y neumonía y otras enfermedades fuertes no se libran rápidamente del calor, ni está presente allí todavía lo caliente o lo frío. Pero yo considero que esto es la mayor prueba de que los hombres no tienen fiebre solo por lo caliente, ni esto sería la única causa del daño, sino que hay también amargo y caliente lo mismo, y ácido y caliente, y salado y caliente, y otras diez mil cosas, y de nuevo frío con otras potencias. Las cosas que dañan son estas; pero también está presente lo caliente, teniendo fuerza en cuanto a lo que guía y se agudiza y aumenta junto con aquello, pero ninguna potencia mayor de la que le corresponde.
18
Es evidente que esto es así por estas señales: primero, por las más evidentes, de las cuales todos somos expertos muchas veces y lo seremos. Esto, pues, cuantos de nosotros tengamos un resfriado y se mueva un flujo a través de la nariz, esto es, en su mayor parte, más acre que lo que ocurría antes y lo que sale de la nariz cada día, y hace que la nariz se hinche y queme, estando caliente y ardiendo al máximo, si acercas la mano; y si permanece más tiempo, también se ulcera el lugar, estando sin carne y duro. Pero el ardor de la nariz cesa de alguna manera, no cuando ocurre el flujo y hay inflamación, sino cuando fluye más espeso y menos acre, cocido y más mezclado que lo que ocurría antes, entonces ya también el ardor ha cesado. Pero a los que les ocurre por el frío, manifiestamente solo por esto, sin que nada más acompañe, para todos es la misma liberación: del frío calentarse, y del ardor enfriarse, y esto llega rápidamente y no necesita ninguna cocción. Y todas las demás cosas, cuantas ocurren por la acritud y falta de mezcla de los jugos, afirmo que ocurren de la misma manera y se restablecen al cocerse y mezclarse.
19
Asimismo, todos los flujos que se dirigen a los ojos, al poseer una acritud intensa y variada, ulceran los párpados y corroen en algunos casos las mandíbulas y las zonas bajo los ojos, allí donde se viertan, y además rompen y corroen la túnica que rodea la visión. El dolor, el ardor y la inflamación extrema persisten hasta cierto punto, hasta que los flujos se cuecen, se vuelven más espesos y producen legañas. La cocción se produce al mezclarse, combinarse y cocerse conjuntamente. Esto mismo ocurre con todo lo que va a la faringe, de donde surgen ronqueras, anginas, erisipelas y neumonías; todas estas afecciones, al principio, expulsan sustancias saladas, húmedas y acres, y en tales condiciones las enfermedades se fortalecen. Pero cuando se vuelven más espesas y cocidas, y se ven libres de toda acritud, entonces cesan las fiebres y los demás males que afligen al hombre. Es preciso, por supuesto, considerar estas como las causas de cada cosa, de modo que, estando presentes, es necesario que ocurran de tal manera, y al transformarse en otra mezcla, que cesen. Por tanto, todo lo que proviene del calor puro o del frío y no participa de ninguna otra potencia, cesaría de este modo cuando se transforma de lo caliente a lo frío y de lo frío a lo caliente. Y se transforma de la manera que ya he expuesto. Además, todas las demás dolencias que padece el hombre provienen de potencias. Pues, cuando se segrega cierta amargura, a la que llamamos bilis amarilla, sobrevienen náuseas, ardores y debilidades; al liberarse de esto, a veces mediante purgas, ya sea espontáneamente o por medicamentos, si se hace en el momento oportuno, se ven claramente libres tanto de los dolores como del calor. Mientras estas sustancias permanezcan elevadas, crudas y sin mezclar, no hay forma de que cesen ni los dolores ni las fiebres. Y en aquellos en quienes se presentan agudezas acres y biliosas, como rabias, punzadas en las vísceras y en el tórax, y angustia, no cesa nada de esto antes de que sea purgado, calmado y mezclado con los demás; pues la cocción, la transformación, el adelgazamiento y el espesamiento hacia una forma de humores ocurren a través de otras formas variadas— por lo cual las crisis y los tiempos son de gran importancia en tales casos—. De todas estas cosas, lo que menos conviene es sufrir por calor o frío; pues esto no se pudriría ni se espesaría.¿ Qué diremos que es esto? Mezclas que tienen una potencia distinta unas respecto a otras. Pues el calor mezclado con ninguna otra cosa cesará de su calor, ni el frío con el calor. Pero todas las demás cosas que afectan al hombre, cuanto más se mezclan, más suaves y mejores resultan. El hombre se encuentra en el mejor estado de todos cuando todo está cocido y en reposo, sin manifestar ninguna potencia propia, sobre lo cual considero haber dado pruebas.
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Algunos médicos y sofistas dicen que no es posible conocer la medicina si no se sabe qué es el hombre. Pero esto es lo que debe aprender quien pretenda tratar correctamente a los hombres. Su razonamiento se inclina hacia la filosofía, como Empédocles u otros que han escrito sobre la naturaleza desde el principio, sobre qué es el hombre, cómo se originó primero y de dónde se compuso. Yo, por mi parte, considero que lo que alguien, ya sea sofista o médico, haya dicho o escrito sobre la naturaleza, pertenece menos al arte de la medicina que al de la escritura. Considero que no se puede conocer nada claro sobre la naturaleza desde otro lugar que no sea la medicina; y esto es posible aprenderlo cuando uno domina correctamente la medicina misma; hasta entonces, me parece que falta mucho. Me refiero a conocer esta historia: qué es el hombre, por qué causas se origina y las demás cosas con precisión. Pues me parece necesario que el médico sepa sobre la naturaleza y se esfuerce mucho por saberlo, si es que va a hacer algo de lo debido, qué es el hombre en relación con lo que come y bebe, y qué en relación con las demás ocupaciones, y qué sucederá de cada cosa a cada uno, y no simplemente así: el queso es un alimento perjudicial. Pues causa dolor al que se ha llenado de él, pero qué tipo de dolor, por qué y a cuál de los elementos presentes en el hombre le resulta inadecuado. Pues hay muchos otros alimentos y bebidas perjudiciales que afectan al hombre de manera distinta. Que sea así para mí: el vino puro bebido en exceso afecta al hombre de cierta manera; y todos los que saben esto reconocerían que esta es la potencia del vino y él mismo es la causa; y sabemos a cuáles de los elementos del hombre afecta esto más. Deseo que tal verdad aparezca también respecto a las demás cosas. Pues el queso, ya que usé este ejemplo, no daña a todos los hombres por igual, sino que hay quienes, al llenarse de él, no sufren daño alguno, sino que incluso les proporciona una fuerza maravillosa, a quienes les conviene. Pero hay otros que se deshacen de él con dificultad. Por tanto, sus naturalezas difieren. Y difieren en esto, en lo que hay en el cuerpo que es enemigo del queso y es despertado y movido por él; a aquellos en quienes tal humor resulta ser más abundante y predomina más en el cuerpo, es natural que les afecte más. Si fuera un mal para toda la naturaleza humana, habría dañado a todos. Si alguien supiera esto, no sufriría tales cosas.
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En las convalecencias de las enfermedades, y también en las enfermedades largas, ocurren muchas perturbaciones, unas espontáneas y otras por los alimentos ingeridos al azar. Sé que la mayoría de los médicos, al igual que los profanos, si por casualidad han hecho algo nuevo en ese día, ya sea bañarse, caminar o comer algo diferente, aunque todas estas cosas hayan sido beneficiosas o no, no dejan de atribuir la causa a alguna de ellas, ignorando la verdadera causa y eliminando, si da la casualidad, lo más conveniente. Pero no debe ser así, sino que hay que saber qué efecto producirá un baño tomado a destiempo o qué fatiga. Pues nunca la misma dolencia es causada por ninguna de estas cosas, ni por saciedad ni por tal o cual alimento. Por tanto, quien no sepa cómo cada una de estas cosas se relaciona con el hombre, no podrá conocer lo que resulta de ellas ni utilizarlas correctamente.
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Me parece que también es necesario saber qué afecciones del hombre provienen de potencias y cuáles de formas. Digo algo así: que la potencia de los humores son sus extremos y su fuerza, y llamo formas a todo lo que hay en el hombre: unas huecas y estrechadas desde una parte ancha, otras extendidas, otras sólidas y redondas, otras planas y colgantes, otras tensas, otras largas, otras densas, otras ralas y florecientes, otras esponjosas y porosas. Por tanto,¿ cuáles podrían atraer y succionar mejor la humedad del resto del cuerpo, si las huecas y extendidas, las sólidas y redondas, o las huecas y estrechadas desde una parte ancha? Creo que las tales, las estrechadas desde una parte hueca y ancha. Es necesario aprender esto desde fuera, a partir de lo evidente. Pues, con la boca abierta no succionarás ningún líquido; pero al fruncir los labios, contraerlos y apretarlos, y luego introduciendo un tubo, podrías succionar fácilmente lo que quisieras. Asimismo, las ventosas, al ser aplicadas estrechándose desde una parte ancha, han sido diseñadas para esto, para succionar y atraer desde la carne, y muchas otras cosas de este tipo. Las formas dentro de la naturaleza del hombre son tales como la vejiga, la cabeza y el útero en las mujeres; y es evidente que estas atraen más y están siempre llenas de humedad externa. Las huecas y extendidas recibirían mejor que todas la humedad que fluye hacia ellas, pero no succionarían de la misma manera. Las sólidas y redondas ni succionarían ni recibirían la que fluye hacia ellas; pues resbalarían y no tendrían una base sobre la cual permanecer. Las esponjosas y porosas, como el bazo, el pulmón y las mamas, al asentarse, absorberían más y se endurecerían y aumentarían si se añade humedad, especialmente estas. Pues no es como en el estómago, en el que el líquido está contenido y la propia cavidad lo rodea, y se vacía cada día, sino que cuando beben y reciben el líquido en sí mismas, las partes vacías y porosas se llenan y, de ser blandas y porosas, se vuelven duras y densas en todas partes, y ni digieren ni expulsan. Esto lo sufren debido a la naturaleza de la forma. Todo lo que produce gases y distensiones en el cuerpo, en las partes huecas y espaciosas, como el estómago y el tórax, produce ruido y estruendo. Pues cuando no llenan de tal manera que se detengan, sino que tienen cambios y movimientos, es necesario que por ellos se produzcan ruidos y movimientos evidentes. Todo lo que es carnoso y blando, en tales partes se produce entumecimiento y plenitud, como ocurre en los apopléjicos. Y cuando se encuentra con una parte plana y opuesta, y choca contra ella, y esta resulta ser por naturaleza ni fuerte, para poder resistir la fuerza y no sufrir ningún daño, ni blanda y porosa, para recibir y ceder, sino tierna, floreciente, llena de sangre y densa, como el hígado, debido a su densidad y planicie resiste y no cede, pero el gas, al ser retenido, aumenta y se vuelve más fuerte y se lanza especialmente hacia lo que golpea. Y debido a su ternura y su abundancia de sangre, no puede estar sin dolores, y por estas razones se producen en esta zona dolores agudísimos y frecuentes, y muchísimos empiemas y tumores. También ocurre bajo el diafragma con fuerza, pero mucho menos. Pues la distensión del diafragma es plana y opuesta, y su naturaleza es más nerviosa y fuerte, por lo que es menos dolorosa. Pero también se producen dolores y tumores alrededor de estas partes.
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Hay muchas otras formas dentro y fuera del cuerpo que difieren mucho entre sí respecto a las afecciones, tanto en el enfermo como en el sano, como cabezas pequeñas o grandes, cuellos delgados o gruesos, largos o cortos, estómagos largos o redondos, anchuras o estrecheces del tórax y las costillas, y otras miles, que es necesario conocer en qué difieren, para que, conociendo las causas de cada una, uno se cuide correctamente.
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Sobre las potencias de los humores, hay que investigar qué puede hacer cada uno por sí mismo al hombre, como se ha dicho antes, y qué relación tienen entre sí. Digo lo siguiente: si un humor dulce se transformara en otra forma, no por mezcla, sino cambiando por sí mismo,¿ cuál sería el primero en aparecer, amargo, salado, astringente o ácido? Creo que ácido. Por tanto, el humor ácido sería el más inadecuado para administrar entre los demás, si es que el dulce es el más adecuado de todos. Así, si alguien pudiera investigar desde fuera y acertar, podría elegir siempre lo mejor de todo. Y lo mejor es siempre lo que está más alejado de lo inadecuado.