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Hippocrates (V BC)Prae 1 · spanish-geminiMore by Hippocrates (V BC)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
El tiempo es aquello en lo que hay oportunidad, y la oportunidad es aquello en lo que el tiempo no es mucho; la curación se da con el tiempo, pero hay momentos en que también se da con la oportunidad. Es necesario, sin embargo, que quien conoce estas cosas no practique la medicina prestando atención primero a un razonamiento plausible, sino a la experiencia acompañada de la razón. Pues el razonamiento es una especie de memoria sintética de lo que se ha captado mediante la percepción. En efecto, la percepción se representó claramente al ser afectada primero y al transmitir a la mente los objetos subyacentes; y la mente, al haberlos recibido muchas veces, al haber observado cuándo y cómo ocurrían, y al haberlos almacenado en sí misma, los recordó. Por tanto, estoy de acuerdo con el razonamiento, siempre que tome su principio de la observación y encamine su deducción a partir de los fenómenos. Pues si el razonamiento toma su principio de lo que se realiza claramente, se encuentra existiendo en la facultad de la mente, la cual recibe cada cosa de otras. Hay que suponer, pues, que la naturaleza ha sido movida y enseñada por los múltiples y variados acontecimientos, habiendo una fuerza subyacente; y la mente, habiendo tomado de ella, como dije antes, lo llevó después a la verdad. Pero si no es a partir de un acceso claro, sino a partir de una reconstrucción plausible del razonamiento, a menudo ha provocado una disposición grave y dolorosa. Estos manejan un camino sin salida. Pues¿ qué mal habría si los que ejercen mal las obras de la medicina recibieran su merecido? Pero ahora, esto sucede a los que no son culpables entre los enfermos, a aquellos a quienes la fuerza de la enfermedad no parecía ser suficiente, si no se uniera a la inexperiencia del médico. Sobre estos, pues, baste con lo dicho.
2
De los que concluyen solo mediante el razonamiento, no se debe sacar provecho, sino de los que lo hacen mediante la demostración de la obra; pues la insistencia acompañada de palabrería es peligrosa y propensa a errores. Por eso, en general, hay que aferrarse a lo que sucede y no ser negligente en torno a esto, si se pretende tener la disposición fácil y sin errores que llamamos medicina. Pues se obtendrá una gran utilidad tanto para los enfermos como para quienes los tratan. No hay que dudar en preguntar a los profanos si algo parece que contribuirá a la oportunidad del tratamiento. Pues así creo que se ha revelado todo el arte, debido a que se ha observado algo de cada fin y se ha reunido en lo mismo. Por tanto, hay que prestar atención a la observación que ocurre en la mayoría de los casos, y con utilidad y calma más que con promesas y defensas acompañadas de inacción.
3
Es útil y variado también el destino de lo que se ofrece al enfermo, porque solo algo de lo que se ha ofrecido será útil; pues no hace falta insistencia; ya que todas las afecciones se asientan mediante alguna permanencia a través de muchas circunstancias y cambios.
4
También esto requeriría una exhortación de la teoría; pues contribuye en algo al conjunto; ya que si comenzaras a hablar de honorarios, le producirías al que sufre tal pensamiento de que te irás abandonándolo sin haber llegado a un acuerdo, o de que lo descuidarás y no le sugerirás nada a quien está presente. Por tanto, no hay que preocuparse por la cuestión del pago; pues consideramos que tal pensamiento es inútil para quien está siendo molestado, y mucho más en una enfermedad aguda; pues la rapidez de la enfermedad, al no dar oportunidad para el cambio, no incita al que practica bien la medicina a buscar lo lucrativo, sino a aferrarse más bien a la opinión. Es mejor, pues, reprochar a los que se salvan que presagiar a los que están en estado mortal.
5
Y, sin embargo, algunos enfermos, al valorar lo extraño y lo desconocido, son dignos de descuido, aunque no ciertamente de castigo. Por eso, a estos les opondrás razonablemente un cambio al caminar sobre el oleaje. Pues,¿ quién, por Zeus, es un médico fraternal que trata con tanta dureza que, al interrogar al principio toda afección, no sugiere algo conveniente para el tratamiento, y cura al enfermo sin pasar por alto el fruto, sin el deseo que prepara para el aprendizaje?
6
Recomiendo no introducir demasiada inhumanidad, sino mirar hacia la abundancia y los bienes; a veces, gratuitamente, recordando la gratitud anterior o la buena reputación presente. Y si fuera el momento de proveer a alguien que es extranjero y está necesitado, ayudar sobre todo a tales personas; pues si hay filantropía, también hay amor al arte. Pues algunos enfermos, al haber sentido que la afección que los rodea no está en seguridad, se complacen con la benevolencia del médico, cambiando hacia la salud. Y es bueno supervisar a los enfermos por causa de la salud, y cuidar a los sanos por causa de la prevención; cuidar también de uno mismo por causa de la decencia.
7
Los que están en el abismo de la falta de arte no percibirían las cosas dichas anteriormente. Pues estos, al ser incurables, serían refutados desde el pie, siendo falsos, necesitando, sin embargo, de la suerte. Pues por parte de algunos ricos, que aceptan la entrega de los estrechos, cuando tienen éxito en ambos, gozan de buena reputación, y cuando fracasan, se burlan de lo peor, habiendo descuidado las cosas del arte que son irresponsables, sobre las cuales un buen médico florecería siendo llamado colega. Pero el que realiza fácilmente las curaciones sin error no transgrediría nada de esto por falta de capacidad; pues no es indigno de confianza como si estuviera en la injusticia. Pues para el tratamiento no se vuelven observando la disposición venosa, guardándose de la introducción de otros médicos, estando en el odio a la maldad de la ayuda. Y los enfermos, al sufrir, nadan en ambas maldades al no haberse entregado hasta el final al tratamiento más abundante que hay en el arte; pues el alivio de alguna enfermedad proporciona al que sufre una gran protección; por eso, al necesitar la disposición saludable, no quieren aceptar siempre el mismo uso, estando de acuerdo con la variedad del médico. Pues los enfermos carecen de lujo, adorando con mala costumbre y siendo desagradecidos al encontrarse. Siendo capaces de tener recursos, se agotan en honorarios, queriendo estar sanos con precisión por causa del trabajo de los intereses o de la agricultura, descuidando preocuparse por ellos mismos.
8
Sobre tal significado baste; pues el alivio y la tensión del enfermo utilizan la distribución médica. Y no es indecoroso, ni siquiera si un médico, al estar en apuros con el presente en algún enfermo y al estar oscurecido por la inexperiencia, ordena introducir también a otros, con el fin de investigar mediante la consulta común las cosas sobre el enfermo, y convertirse en colaboradores para la abundancia de ayuda. Pues en la presencia del sufrimiento, al intensificarse la afección, por falta de recursos, la mayoría se inclina hacia lo presente; hay que ser audaz, pues, en tal momento; pues nunca definiré tal cosa, porque el arte ha sido juzgado sobre esto. Nunca competir al encontrarse consigo mismos y burlarse; pues lo que diré bajo juramento, nunca el razonamiento de un médico envidiaría a otro; pues parecería débil; sino que más bien los que están cerca de la práctica del mercado hacen estas cosas fácilmente. Y, sin embargo, tampoco se ha observado falsamente; pues en toda abundancia hay falta.
9
Junto con todas estas cosas, un gran testimonio parecería aparecer junto con la esencia del arte, si alguien que practica bien la medicina no se apartara de tal denominación, ordenando a los enfermos que no se molesten en cuanto a la mente al apresurarse a llegar al momento de la salvación; pues consideramos lo que es necesario para la salud. Y al ser ordenado, no se equivocará; pues los mismos enfermos, debido a la disposición dolorosa, al renunciar, se cambian a sí mismos de la vida; pero el que ha sido encargado del enfermo, si demuestra los descubrimientos del arte, salvando sin alterar la naturaleza, se llevará el desánimo presente o la desconfianza inmediata. Pues la buena disposición del hombre es una naturaleza que ha adquirido por naturaleza un movimiento no ajeno, sino muy armonizado, con espíritu, calor y elaboración de humores, y fabricado en todo y por todo régimen y en todas las cosas, a menos que haya alguna carencia desde el nacimiento o desde el principio; pero si ocurre algo, siendo perecedero, intentar asimilarlo a la subyacente; pues contra la naturaleza es el debilitamiento y a través del tiempo.
10
Debe evitarse también la molicie de las cubiertas debido al encuentro de la curación, y el olor curioso; pues debido a la suficiente falta de costumbre, se ganará una mala reputación, y debido a la poca, decencia; pues en parte el trabajo es poco, en todos es suficiente. Pero no elimino la gracia; pues es digna de la dirección médica.
11
Y que esté presente la memoria de la adición mediante instrumentos y la demostración de los significativos, y de los de tal tipo.
12
Y si también por causa de la multitud quieres hacer una audición, no deseas sin gloria, pero no ciertamente con testimonio poético; pues manifiesta la incapacidad de la laboriosidad; pues niego para otro uso la laboriosidad investigada con trabajo, por lo cual, al tener en sí misma sola una elección agradable; pues obtendrás la vanidad del zángano con la transmisión.
13
Debe ser deseable también una disposición que esté fuera de la tardanza en aprender; pues estando presentes no realiza nada; pero estando ausentes la memoria es recuperable. Se convierte, pues, en una desgracia que lucha con todo, con daño reciente, descuidando la apariencia, con definiciones y promesas, y con juramentos grandísimos por causa de los dioses, siendo el médico el que dirige la enfermedad, la lectura continua y la instrucción de los discursos de los profanos que aman la libertad, que son envidiados por metáfora, y antes de que se agoten por la enfermedad, reunidos. De tales personas, pues, dondequiera que yo supervisara, no pediría audazmente ayuda en la reunión de tratamiento; pues la comprensión de la historia decente está dispersa en estos. Por tanto, al ser estos ignorantes por necesidad, recomiendo que la experiencia sea útil, la postergación de la historia de los dogmas. Pues,¿ quién desea la multiplicidad de dogmas queriendo investigar con precisión, pero con la tranquilidad de la experiencia manual? Por eso aconsejo a estos que presten atención a los que hablan, pero que interrumpan a los que hacen.
14
Con un régimen restringido, no intentar el deseo prolongado del enfermo; levanta y la concesión en la enfermedad crónica, si alguien presta atención a lo necesario para el ciego. Cómo debe guardarse un gran miedo, y la terribilidad de la alegría. Debe guardarse la perturbación repentina del aire. El punto culminante de la edad tiene todas las cosas agradables, pero la declinación lo contrario. La falta de claridad de la lengua ocurre o por afección, o por los oídos, o antes de anunciar las cosas anteriores hablar otras, o antes de decir lo pensado pensar otras; esto, pues, sin afección visible dicha, sucede sobre todo a los que aman el arte, de la edad, siendo pequeño lo subyacente, la fuerza a veces es muy grande. El desorden de la enfermedad significa longitud; y la crisis es la liberación de la enfermedad. Una pequeña causa se convierte en curación, si no padece algo sobre un lugar oportuno. Porque la simpatía al estar bajo pena molesta, desde otra simpatía algunos son molestados. La calumnia molesta. La sub- petición de la laboriosidad fuerte. El lugar sin angustia es beneficioso.

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