Funeral Oration
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Sobre los discursos que han de pronunciarse en este sepulcro, tanto acerca de Leóstenes, el general, como de los demás que murieron con él en la guerra, en cuanto a que fueron hombres valientes, el propio tiempo es testigo, el cual, en todo el transcurso de los siglos, no ha visto jamás hombres mejores que los que han muerto, ni acciones más magníficas.
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Por ello, temo sobremanera ahora que me ocurra que el discurso parezca inferior a las hazañas realizadas. Sin embargo, me consuela pensar que lo que yo omita, vosotros, los que escucháis, lo añadiréis; pues los discursos no se pronunciarán ante personas cualesquiera, sino ante los mismos testigos de lo que ellos llevaron a cabo.
3
Es digno alabar a nuestra ciudad por su propósito, al haber elegido metas semejantes e incluso más solemnes y hermosas que las que había alcanzado anteriormente; a los fallecidos, por su valentía en la guerra, al no haber deshonrado las virtudes de sus antepasados; y al general Leóstenes, por ambas cosas: pues fue el instigador del propósito para la ciudad y se convirtió en el caudillo de la expedición para los ciudadanos.
4
Sobre la ciudad, exponer detalladamente cada uno de los beneficios que ha brindado anteriormente a toda Grecia no es tarea para el tiempo presente, ni la ocasión es propicia para un discurso extenso, ni es fácil para uno solo recorrer y recordar tantas y tan grandes acciones; pero no dudaré en hablar de ella en resumen.
5
Pues, al igual que el sol recorre toda la tierra habitada, distinguiendo las estaciones de manera apropiada y disponiendo todo bellamente, y ocupándose de la generación, el sustento, los frutos y todo lo demás útil para la vida de los hombres sensatos y justos, así también nuestra ciudad continúa castigando a los malvados, ayudando a los justos, repartiendo la igualdad frente a la injusticia para todos y, con sus propios peligros y gastos, proporcionando una seguridad común a los griegos.
6
Sobre las acciones comunes de la ciudad, como dije antes, omitiré hablar, y haré mis discursos sobre Leóstenes y los demás. Pero ahora,¿ por dónde empezaré a hablar, o de quién recordaré primero?¿ Acaso recorreré el linaje de cada uno de ellos?
7
Considero que eso sería una necedad; pues quien elogia a otros hombres, que han llegado de muchos lugares para habitar una sola ciudad, aportando cada uno su propio linaje, ese sí debe genealogizar a cada uno individualmente; pero al hablar de hombres atenienses, cuyo origen común, al ser autóctonos, posee una nobleza insuperable, considero que es superfluo elogiar sus linajes por separado.
8
Pero,¿ debería mencionar su educación y cómo, siendo niños, fueron criados y educados con gran sensatez, como algunos acostumbran hacer? Creo que todos saben que educamos a los niños para que se conviertan en hombres de bien; y es evidente que los hombres que han resultado ser superiores en virtud en la guerra fueron bien educados cuando eran niños.
9
Considero, pues, que lo más sencillo es exponer la virtud demostrada en la guerra y cómo han sido causa de muchos bienes para la patria y para los demás griegos. Comenzaré primero por el general; pues es lo justo.
10
Leóstenes, al ver a toda Grecia humillada y abatida, corrompida por quienes aceptaban sobornos de Filipo y Alejandro contra sus propias patrias, y viendo que nuestra ciudad necesitaba un hombre y toda Grecia una ciudad que pudiera ponerse al frente del mando, se entregó a sí mismo a la patria y a la ciudad a los griegos para su libertad.
11
Y habiendo organizado una fuerza mercenaria y convertido en caudillo de la fuerza ciudadana, venció en combate en Beocia a los primeros que se opusieron a la libertad de los griegos: beocios, macedonios, eubeos y sus demás aliados.
12
Desde allí, al llegar a las Termópilas y tomar los pasos por los que anteriormente los bárbaros habían marchado contra los griegos, impidió a Antípatro su avance hacia Grecia, y tras alcanzarlo en esos lugares y vencerlo en batalla, lo sitió después de encerrarlo en Lamia.
13
Hizo aliados a los tesalios, focidios, etolios y a todos los demás en la región, y de aquellos a quienes Filipo y Alejandro se enorgullecían de dirigir contra su voluntad, Leóstenes obtuvo el mando con su consentimiento. Le ocurrió que, si bien logró dominar los asuntos que se propuso, no pudo superar al destino.
14
Es justo no solo estar siempre agradecidos a Leóstenes por lo que hizo, sino también por la batalla que tuvo lugar después de su muerte y por los demás bienes que resultaron de esta expedición para los griegos; pues sobre los cimientos puestos por Leóstenes construyen los actuales las acciones posteriores.
15
Y que nadie suponga que no hablo de los demás ciudadanos, sino que solo elogio a Leóstenes. Pues sucede que el elogio de Leóstenes por las batallas es un elogio de los demás ciudadanos; pues el general es responsable de planificar bien, pero los que están dispuestos a arriesgar sus cuerpos son responsables de vencer al luchar; de modo que, cuando alabo la victoria obtenida, al mismo tiempo que el mando de Leóstenes, elogio también la virtud de los demás.
16
Pues,¿ quién no alabaría justamente a los ciudadanos que murieron en esta guerra, que entregaron sus propias vidas por la libertad de los griegos, considerando que la prueba más clara de querer otorgar la libertad a Grecia era morir luchando por ella?
17
Mucho contribuyó a que lucharan con entusiasmo por Grecia el hecho de que la primera batalla ocurriera en Beocia. Pues veían a la ciudad de los tebanos miserablemente borrada de la faz de la tierra, su acrópolis custodiada por los macedonios, los cuerpos de sus habitantes esclavizados y su territorio repartido por otros, de modo que, al tener ante sus ojos tales horrores, les infundía una audacia incansable para arriesgarse sin vacilar.
18
Es más, la batalla que tuvo lugar en las Termópilas y Lamia no resultó menos gloriosa para ellos que la que libraron en Beocia, no solo por vencer en combate a Antípatro y sus aliados, sino también por el lugar donde ocurrió la batalla. Pues los griegos, al llegar dos veces al año a la Pilea, serán espectadores de las hazañas que ellos realizaron; pues al reunirse en ese lugar, recordarán la virtud de estos hombres.
19
Pues nadie jamás, de los que han existido, luchó por causas más hermosas, ni contra enemigos más poderosos, ni con menos fuerzas, juzgando que la virtud es fuerza y la valentía multitud, y no el gran número de cuerpos. Y depositaron la libertad en común para todos, y la gloria derivada de sus acciones la colocaron como una corona propia para su patria.
20
Es digno, pues, reflexionar también sobre lo que creemos que habría sucedido si no hubieran luchado de esta manera.¿ Acaso no estaría toda la tierra habitada sometida a un solo amo, y Grecia obligada a usar la ley según el modo de este? En resumen, la arrogancia de los macedonios, y no el poder de la justicia, prevalecería en cada lugar, de modo que las afrentas a mujeres, vírgenes y niños serían incesantes para todos.
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Es evidente por lo que nos vemos obligados a hacer aún ahora: ver sacrificios realizados a hombres, y altares, estatuas y templos erigidos descuidadamente para los dioses, pero cuidadosamente para los hombres, y vernos obligados a honrar a los servidores de estos como si fueran héroes.
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Y donde lo sagrado para con los dioses ha sido destruido por la audacia de los macedonios,¿ qué se debe pensar de lo referente a los hombres?¿ Acaso no habría sido completamente abolido? De modo que, cuanto más terribles juzgamos que habrían sido los acontecimientos esperados, tanto mayores elogios debemos considerar que merecen los fallecidos.
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Pues ninguna expedición ha manifestado la virtud de los que combatían más que la que acaba de ocurrir, en la que era necesario formarse en batalla cada día, y luchar más batallas en una sola expedición que todos los demás han recibido golpes en el tiempo pasado, y soportar con tanta firmeza excesos de inviernos y carencias de las necesidades cotidianas, tantas y tan grandes, que incluso es difícil expresarlo con palabras.
24
A Leóstenes, que incitó a los ciudadanos a soportar tales sufrimientos sin vacilar, y a quienes se mostraron dispuestos a luchar con entusiasmo junto a tal general,¿ no debemos considerarlos más afortunados por la demostración de su virtud que desafortunados por la pérdida de la vida? Ellos, que de un cuerpo mortal adquirieron una gloria inmortal, y por su propia virtud aseguraron la libertad común para los griegos.
25
Pues toda felicidad carece de valor sin la autonomía. Pues no la amenaza de un hombre, sino la voz de la ley debe imperar sobre los felices, ni la acusación temerosa debe existir para los libres, sino la prueba, ni la seguridad de los ciudadanos debe depender de quienes adulan a los poderosos y calumnian a los ciudadanos, sino de la confianza en las leyes.
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Por todo esto, ellos, haciendo de los trabajos sucesores de trabajos, y eliminando con los peligros cotidianos los temores de los ciudadanos y de los griegos para todo el tiempo, consumieron su vida para que los demás vivan bien.
27
Gracias a ellos, los padres han llegado a ser gloriosos, las madres admiradas por los ciudadanos, las hermanas han obtenido y obtendrán matrimonios legítimos con los que les corresponden, y los hijos tendrán como provisión para su benevolencia hacia el pueblo la virtud de los que no han perecido; pues no es lícito que quienes han dejado la vida de tal manera por causas nobles reciban ese nombre, sino que tendrán el de quienes han cambiado la vida por un orden eterno.
28
Pues si la muerte, que es lo más doloroso para los demás, ha sido para ellos el origen de grandes bienes,¿ cómo no es justo juzgarlos afortunados, o cómo decir que han dejado la vida, y no que han tenido desde el principio un nacimiento más hermoso que el que tuvieron primero? Pues entonces, siendo niños, eran insensatos, pero ahora se han convertido en hombres de bien.
29
Y entonces, en mucho tiempo y a través de muchos peligros, demostraron su virtud; pero ahora, comenzando desde esta, les corresponde ser conocidos por todos y recordados por su valentía.
30
Pues,¿ qué ocasión habrá en la que no recordemos la virtud de estos?¿ Qué lugar habrá en el que no los veamos recibiendo celo y los elogios más honorables?¿ Acaso no en los bienes de la ciudad? Pero,¿ qué otros que no sean estos harán que las acciones realizadas gracias a ellos sean elogiadas y obtengan memoria?¿ O no en las prosperidades privadas? Pero en la virtud de estos las disfrutaremos con seguridad.
31
¿ Y ante qué edad no serán dignos de ser llamados bienaventurados?¿ Acaso no ante los ancianos, que creen que pasarán el resto de su vida sin miedo y en seguridad gracias a ellos?¿ O no ante sus contemporáneos?¿ O no ante los más jóvenes y los niños?
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Además,¿ no envidiarán su muerte y ellos mismos se esforzarán por imitar como ejemplo la vida de estos, a cambio de la cual han dejado su virtud?
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¿ No es, pues, digno de considerarlos bienaventurados por tal honor?¿ O quiénes de los griegos serán elogiados por la expedición que venció a los frigios? Sino que serán elogiados por todos con discursos y cantos.
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Pues ambas cosas se aplican a Leóstenes y a los que murieron en la guerra. Pues si recuerdan tales sufrimientos por placer,¿ qué podría ser más placentero para los griegos que el elogio de quienes prepararon la libertad frente a los macedonios? Y si tal recuerdo se hace por utilidad,¿ qué discurso beneficiaría más las almas de los que escuchan que el que elogia la virtud y a los hombres de bien?
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Es más, que es necesario que gocen de buena fama entre nosotros y entre todos los demás, es evidente por esto; pero en el Hades es digno reflexionar sobre quiénes recibirán a su caudillo.¿ Acaso no creeríamos ver a Leóstenes siendo recibido y admirado por los llamados semidioses que hicieron la expedición a Troya, de los cuales este realizó acciones hermanas y se distinguió tanto que aquellos, con toda Grecia, tomaron una sola ciudad, mientras que este, con su propia patria solamente, humilló a todo el poder que gobernaba Europa y Asia?
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Y aquellos se defendieron a causa de una sola mujer ultrajada, mientras que este impidió las afrentas que se infligían a todas las griegas, junto con los hombres que ahora son enterrados con él.
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De los que nacieron después de ellos, pero realizaron acciones dignas de su virtud, me refiero a los de Milcíades, Temístocles y los demás, que al liberar a Grecia hicieron honorable a su patria,
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e hicieron gloriosa su propia vida, este los superó tanto en valentía y prudencia, cuanto que aquellos se defendieron del poder de los bárbaros que avanzaba, mientras que este hizo que ni siquiera avanzara. Y aquellos vieron a sus enemigos luchando en su propio territorio, mientras que este prevaleció sobre sus rivales en el territorio de los enemigos.
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Creo también que quienes demostraron de manera más firme su amistad mutua hacia el pueblo, me refiero a Harmodio y Aristogitón, no consideran a nadie más cercano a ellos que a Leóstenes y a quienes lucharon junto a él, ni hay otros con quienes se acercarían más en el Hades. Con razón; pues no realizaron acciones menores que aquellos, sino, si hay que decirlo, incluso mayores. Pues aquellos acabaron con los tiranos de su patria, estos con los de toda Grecia.
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¡ Oh, qué hermosa y paradójica audacia la realizada por estos hombres, qué glorioso y magnífico propósito el que eligieron, qué insuperable virtud y valentía en los peligros, la cual estos ofrecieron para la libertad común de los griegos!
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Es difícil, quizás, consolar a quienes se encuentran en tales sufrimientos. Pues los duelos no se calman ni con palabras ni con leyes, sino que la naturaleza de cada uno y la amistad hacia el fallecido tienen el límite del dolor. Sin embargo, es necesario tener ánimo y aliviar el dolor en la medida de lo posible, y recordar no solo la muerte de los fallecidos, sino también la virtud que han dejado.
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Pues si han sufrido cosas dignas de llanto, han realizado acciones dignas de grandes elogios. Y si no alcanzaron la vejez mortal, han recibido una gloria que no envejece, y han sido afortunados en todo. Pues cuantos de ellos han muerto sin hijos, los elogios de los griegos serán sus hijos inmortales. Y cuantos han dejado hijos, la benevolencia de la patria se convertirá en tutora de sus hijos.
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Además de esto, si morir es semejante a no haber nacido, están libres de enfermedades, dolor y de todo lo demás que sobreviene a la vida humana; y si hay percepción en el Hades y cuidado por parte de la divinidad, como suponemos, es natural que quienes ayudaron a que las honras de los dioses no fueran destruidas reciban el mayor cuidado por parte de la divinidad.